jueves, 1 de enero de 2026

Santo Evangelio 1 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Lc 2,16-21):

 En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.



«Los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre»


Rev. D. Manel VALLS i Serra

(Barcelona, España)

Hoy, la Iglesia contempla agradecida la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para con todos nosotros. Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, el cual está acompañado de María, su Madre, y de José. La discreta presencia de José sugiere la importante misión de ser custodio del gran misterio del Hijo de Dios. Todos juntos, pastores, María y José, «con el Niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16) son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

“El pesebre”: Jesús ya está ahí puesto, en una velada alusión a la Eucaristía. ¡Es María quien lo ha puesto! Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Nueva, verdaderos evangelizadores que pueden dar «a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño» (Lc 2,17).

Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Cristo: «Todos los que lo oyeron se maravillaban» (Lc 2,18). Hemos de pedir la gracia de saber suscitar este “maravillamiento”, esta admiración en aquellos a quienes anunciamos el Evangelio.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce hasta la plegaria de alabanza y de acción de gracias, a la glorificación del Señor.

María, maestra de contemplación —«guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19)— nos da Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Su nombre es también nuestra Paz. ¡Acojamos en el corazón este sagrado y dulcísimo Nombre y tengámoslo frecuentemente en nuestros labios!


miércoles, 31 de diciembre de 2025

Santo Evangelio 31 Diciembre 2025



 Texto del Evangelio (Jn 1,1-18):

 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.



«Y la Palabra se hizo carne»


Rev. D. David COMPTE i Verdaguer

(Manlleu, Barcelona, España)

Hoy es el último día del año. Frecuentemente, una mezcla de sentimientos —incluso contradictorios— susurran en nuestros corazones en esta fecha. Es como si una muestra de los diferentes momentos vividos, y de aquellos que hubiésemos querido vivir, se hiciesen presentes en nuestra memoria. El Evangelio de hoy nos puede ayudar a decantarlos para poder comenzar el nuevo año con empuje.

«La Palabra era Dios (...). Todo se hizo por ella» (Jn 1,1.3). A la hora de hacer el balance del año, hay que tener presente que cada día vivido es un don recibido. Por eso, sea cual sea el aprovechamiento realizado, hoy hemos de agradecer cada minuto del año.

Pero el don de la vida no es completo. Estamos necesitados. Por eso, el Evangelio de hoy nos aporta una palabra clave: “acoger”. «Y la Palabra se hizo carne» (Jn 1,14). ¡Acoger a Dios mismo! Dios, haciéndose hombre, se pone a nuestro alcance. “Acoger” significa abrirle nuestras puertas, dejar que entre en nuestras vidas, en nuestros proyectos, en aquellos actos que llenan nuestras jornadas. ¿Hasta qué punto hemos acogido a Dios y le hemos permitido entrar en nosotros?

«La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Jn 1,9). Acoger a Jesús quiere decir dejarse cuestionar por Él. Dejar que sus criterios den luz tanto a nuestros pensamientos más íntimos como a nuestra actuación social y laboral. ¡Que nuestras actuaciones se avengan con las suyas!

«La vida era la luz» (Jn 1,4). Pero la fe es algo más que unos criterios. Es nuestra vida injertada en la Vida. No es sólo esfuerzo —que también—. Es, sobre todo, don y gracia. Vida recibida en el seno de la Iglesia, sobre todo mediante los sacramentos. ¿Qué lugar tienen en mi vida cristiana?

«A todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). ¡Todo un proyecto apasionante para el año que vamos a estrenar!


martes, 30 de diciembre de 2025

Santo Evangelio 30 Diciembre 2025



 Texto del Evangelio (Lc 2,36-40):

 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.



«Alababa a Dios y hablaba del Niño a todos»


Rev. D. Joaquim FLURIACH i Domínguez

(St. Esteve de P., Barcelona, España)

Hoy, José y María acaban de celebrar el rito de la presentación del primogénito, Jesús, en el Templo de Jerusalén. María y José no se ahorran nada para cumplir con detalle todo lo que la Ley prescribe, porque cumplir aquello que Dios quiere es signo de fidelidad, de amor a Dios.

Desde que su hijo —e Hijo de Dios— ha nacido, José y María experimentan maravilla tras maravilla: los pastores, los magos de Oriente, ángeles... No solamente acontecimientos extraordinarios exteriores, sino también interiores, en el corazón de las personas que tienen algún contacto con este Niño.

Hoy aparece Ana, una señora mayor, viuda, que en un momento determinado tomó la decisión de dedicar toda su vida al Señor, con ayunos y oración. No nos equivocamos si decimos que esta mujer era una de las “vírgenes prudentes” de la parábola del Señor (cf. Mt 25,1-13): siempre velando fielmente en todo aquello que le parece que es la voluntad de Dios. Y está claro: cuando llega el momento, el Señor la encuentra a punto. Todo el tiempo que ha dedicado al Señor, aquel Niño se lo recompensa con creces. —¡Preguntadle, preguntadle a Ana si ha valido la pena tanta oración y tanto ayuno, tanta generosidad!

Dice el texto que «alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén» (Lc 2,38). La alegría se transforma en apostolado decidido: ella es el motivo y la raíz. El Señor es inmensamente generoso con los que son generosos con Él.

Jesús, Dios Encarnado, vive la vida de familia en Nazaret, como todas las familias: crecer, trabajar, aprender, rezar, jugar... ¡“Santa cotidianeidad”, bendita rutina donde crecen y se fortalecen casi sin darse cuenta la almas de los hombres de Dios! ¡Cuán importantes son las cosas pequeñas de cada día!


Se ofreció como vientre de alquiler altruista, pero no vivió un cuento de hadas sino una «pesadilla»

 


Se ofreció como vientre de alquiler altruista, pero no vivió un cuento de hadas sino una «pesadilla»

Su prima Marje, hace 12 años, se presentó en su casa para hacerle una petición inusual 

 Marie-Anne no aceptó a la ligera llevar en su vientre a una hija que no era suya.

Marie-Anne Isabelle sabía poco o nada sobre la maternidad subrogada cuando su prima Marje, hace 12 años, se presentó en su casa para hacerle una petición decididamente inusual: "¿Quieres llevar en tu vientre a mi hija?". Marie-Anne tenía 39 años en 2013 y estaba contenta con su vida, emocionalmente satisfecha gracias a su pareja y a sus dos hijos de 6 y 10 años. Tampoco necesitaba dinero y, de todos modos, nunca se lo habría pedido a Marje: para ella era más que una hermana y, cuando su prima descubrió que tenía cáncer de útero y que necesitaba una histerectomía para sobrevivir, Marie-Anne sufrió mucho, sabiendo lo mucho que Marje deseaba tener un hijo. Lo cuenta Leone Grotti en Tempi.

Marie-Anne había leído algo sobre mujeres indias explotadas para dar a luz bebés en beneficio de parejas ricas occidentales y asiáticas. Pero Marje la tranquilizó de inmediato, diciéndole que en su caso todo sería diferente. No solo porque en el Reino Unido la única maternidad subrogada legal es la altruista, que no implica intercambio de dinero entre el cliente y la gestante, ni explotación, al menos en teoría, sino también porque, le garantizó su prima, Marie-Anne podría estar cerca de la niña, convirtiéndose en su madrina y permaneciendo para siempre como una figura importante y presente en su vida.

"Quería ayudar a mi prima, así que creí en la imagen que se tiene de la gestación subrogada en nuestro mundo moderno de cuento de hadas: un maravilloso regalo de amor, una experiencia positiva. Quería a mi prima y por eso acepté. No pensé que esta decisión arruinaría mi vida".

"No podría vivir sin verla"

Marie-Anne es una de las pocas madres subrogadas que ha aceptado contar públicamente su historia: muchas mujeres se arrepienten, pero al haber firmado contratos leoninos que incluyen cláusulas de confidencialidad, no pueden exponerse. A otras, sobre todo en el Reino Unido, los jueces les imponen una orden restrictiva que les prohíbe comunicarse con los periódicos. Otras son amenazadas o sienten vergüenza. 

Marie-Anne, en cambio, ha decidido denunciar que "en la maternidad subrogada los únicos ganadores son los explotadores, mientras que las gestantes y los niños salen perdiendo" y que "se trata de un negocio que debería prohibirse en todo el mundo". 

El 4 de octubre, la mujer, junto con otras tres chicas, prestó su dramático testimonio en el Senado de París con la ayuda de la asociación francesa Ciams y la inglesa Stop Surrogacy Now UK. Luego aceptó repasar su historia con Tempi:

A pesar de estar bien dispuesta hacia su prima y contar con el apoyo de toda la familia, Marie-Anne no aceptó a la ligera llevar en su vientre a una hija que no era suya y le puso una condición precisa a Marje: "Le dije que estaba de acuerdo, que lo haría por ella, pero le precisé que quería tener relación con la niña después del nacimiento. De hecho, la miré directamente a los ojos y le dije: 'Recuerda que no podría vivir sin verla'".

Prisionera en mi propio cuerpo

Marie-Anne obtuvo las garantías que necesitaba y se sometió a la fecundación in vitro. Antes de la histerectomía, su prima había congelado unos embriones producidos con sus óvulos y el esperma de su marido. Con la implantación de los dos embriones, uno de los cuales sobrevivió, comenzó el calvario para Marie-Anne: "La inseminación fue invasiva, dolorosa y agotadora. Tenía que hacerme análisis de sangre y inyecciones especiales continuamente para no correr el riesgo de perder al bebé. Me hice tantas que desarrollé una fobia a las agujas".


Los nueve meses de gestación también fueron difíciles, y no solo porque durante los tres primeros tuvo "fuertes dolores y náuseas" que la obligaron a quedarse en casa sin poder ir a trabajar. "Durante el embarazo de mis dos hijos tenía el control total de mi cuerpo y yo decidía qué comer y qué hacer", continúa Marie-Anne. "La gestación subrogada, en cambio, fue una pesadilla. Desde el primer minuto, mi prima empezó a controlarme: me llamaba continuamente para preguntarme cómo estaba, me decía qué comer, era como si quisiera apoderarse de mi cuerpo, como si esa niña no fuera mía, sino suya. Viví nueve meses bajo presión. Mi prima no tenía el control del embarazo, así que intentó ejercerlo sobre mí para que viviera la vida que ella quería. Por primera vez, sentí que era prisionera de mi propio cuerpo".

El lúgubre aparcamiento del hospital

Marie-Anne asegura que "nunca se sintió realmente la madre de esa niña, quizá porque no tenía ningún vínculo biológico con ella". Pero durante los nueve meses de embarazo "inevitablemente desarrollé un apego y, aunque en aquel momento no quería tener un tercer hijo y sabía que nunca me la quedaría, no estaba preparada para separarme de ella para siempre. Y sigo sin estarlo ahora, diez años después". 


Durante los tres primeros tuvo fuertes dolores. 


Marie-Anne se dio cuenta enseguida de que algo no iba bien. La relación con su prima Marje, que antes era maravillosa, empeoró rápidamente. Ella "estaba cada vez más obsesionada con el control y me trataba con hostilidad. No sé por qué, pero estoy bastante segura de que estaba celosa porque yo llevaba a su hija en mi vientre y porque le recordaba en todo momento que ella no podía hacerlo".

Fue cuando Marje le dijo que no era "feliz" y que, si hubiera tenido dinero, habría pagado a otra persona, una desconocida, para que diera a luz a la niña en su lugar, cuando Marie-Anne comprendió que "querían deshacerse de mí". Sin embargo, no podía imaginar cómo iba a suceder. 

"Durante el embarazo pensé muchas veces en cómo me separaría de la niña: lo haría ya en la cama del hospital, en un ambiente tranquilo, con un ramo de flores en la mesita de noche, confiando a esa criatura al cuidado amoroso de mi prima". Pero no había tenido en cuenta la legislación inglesa, que considera a la parturienta como la única madre legal, al menos hasta que declare explícita y voluntariamente que abandona al niño en favor de la familia comitente.

Al no haberse completado aún los trámites legales ante un juez, el hospital, a pesar de saber que se trataba de una maternidad subrogada, no permitió hipócritamente que Marie-Anne confiara la niña a su prima. El traspaso tuvo lugar en un lugar muy poco romántico, sin flores y sin música de fondo: en el lúgubre aparcamiento del hospital. 

"Nunca olvidaré ese momento. Salí del hospital con la niña en brazos y, junto a la entrada, prácticamente en medio de la calle, mi prima cogió a la pequeña, me dijo 'Hasta pronto' y se marchó. Yo me quedé allí aturdida y no podía dejar de repetirme: 'Esto no es justo'. Debido a esa situación, desarrollé una fobia a los hospitales y, aún hoy, no soy capaz de entrar en ellos".

"Acabé en un manicomio"

Era mayo de 2014 cuando nació Sienna. Marie-Anne se vio en casa, de baja por maternidad, con mil pensamientos dando vueltas en su cabeza y dos hijos a los que cuidar y atender. Pero era a la pequeña a quien quería ver constantemente. Y su prima cada vez se dejaba ver menos. "Tenía altibajos desde el punto de vista físico y emocional. Fingía estar feliz delante de mis hijos, quería recuperar el tiempo perdido con ellos. Pero no lo conseguía: no me encontraba bien. Solo quería volver a abrazar a Sienna, pero Marje no me dejaba verla".

Los contactos se redujeron casi a cero y, en lugar de la niña, Marie-Anne se encontró con todos los documentos previstos por la ley para completar el trámite y de los que nadie le había hablado nunca. De hecho, la madre subrogada debe dar su consentimiento ante un juez firmando el formulario A101A para la cesión de los derechos parentales a través de una Orden Parental. "Me había pasado nueve meses repitiéndome que no era la madre. Y luego me encontré con estos documentos que afirmaban que era la madre. Sin embargo, mi prima ya no me dejaba ver a la niña. Como resultado, acabé en el hospital por problemas psiquiátricos y Marje intentó aprovecharse de ello alegando ante el juez que no era necesario que firmara esos documentos porque era incapaz de entender y actuar con discernimiento".

Marie-Anne no quería obtener la custodia de la pequeña Sienna, estaba dispuesta a ceder sus derechos parentales: solo deseaba que el juez le reconociera por escrito que tenía derecho a ver a la niña, al menos de vez en cuando. Pero esto era imposible "porque la maternidad subrogada, para ser altruista, debe ser completamente libre. Por tanto, no podía poner condiciones".

Tras un año de juicio, Marje prometió que le permitiría establecer una relación con Sienna y Marie-Anne cedió, firmando todos los documentos. Pero su prima no cumplió su promesa y ya son diez años los que la madre subrogada lleva sin ver a la pequeña que dio a luz. "Estoy consternada, me han utilizado como una máquina de fabricar bebés, me han tratado como un objeto, una alternativa barata a la maternidad subrogada comercial. Es repugnante, no pensaba que la ley no protegiera de ninguna manera mis derechos. Yo llevé a Sienna en mi vientre durante nueve meses, ¿cómo pueden pretender que no tenga más contacto con ella?".

Por esa niña a la que ya no puede ver, Marie-Anne ha sufrido y sigue sufriendo. "Me diagnosticaron un trastorno por estrés postraumático y tuve que someterme a sesiones de EMDR [Eye Movement Desensitization and Reprocessing, Desensibilización y Reprocesamiento por Movimientos Oculares]. Debido a mis problemas, rompí la relación con mi pareja y, durante un breve periodo de tiempo, los asistentes sociales me quitaron a mis hijos, aunque luego me devolvieron la custodia", cuenta. "Trabajaba como profesora de primaria y tuve que dejar mi empleo, porque ya no puedo ocuparme de niños". Para sus hijos también ha sido duro: "Uno de ellos ha desarrollado una forma de autismo y parte de sus problemas están sin duda relacionados con esta situación".

Los derechos del niño

Después de haber experimentado la maternidad subrogada, en su forma teóricamente más aceptable, Marie-Anne cambió completamente de opinión sobre esta práctica: "Siento una gran simpatía por quienes no pueden tener hijos, de lo contrario nunca me habría sometido a todo esto. Pero un niño nunca debería ser un proyecto. Hay quien dice que la subrogación emancipa a las mujeres, pero cuando tu cuerpo es explotado por otra persona, ¿dónde está el empoderamiento? Sigo pensando que las mujeres pueden usar su cuerpo como quieran, pero no a costa de su salud. Los derechos de las mujeres son importantes, pero también hay que equilibrarlos con los del niño".

Y precisamente para que nadie más tenga que pasar por una 'pesadilla' similar, Marie-Anne pide hoy la abolición universal de la maternidad subrogada: "Yo realmente quería hacer algo bueno, pero me explotaron. Sin embargo, la ley nunca debería haber permitido algo así. La gestación subrogada es un engaño, no es segura para nadie. Se dicen muchas cosas bonitas, pero todo es falso. La realidad es simplemente diferente de los cuentos de hadas que quieren hacernos creer y la gente debe entenderlo. Por eso he decidido hablar".


"La inmensa mayoría de las mujeres que se prestan a esta práctica son mujeres pobres en países pobres, o mujeres a las que les viene muy bien recibir un ingreso económico por esta vía", se lee en "¿Gestar hijos para otros?".

Por qué los vientres de alquiler no pueden ser considerados un derecho humano: 6 razones legales

Marie-Anne sigue intentando reconstruir su vida. Ha cambiado de trabajo, cuida de sus dos hijos y el año que viene se casará con su nueva pareja. Pero su mente sigue volviendo a aquel lúgubre aparcamiento de un hospital, cuando tuvo que entregar a la pequeña Sienna a otros brazos, que la traicionaron: "Estoy intentando aceptar el hecho de que, probablemente, nunca volveré a verla. No es fácil. Solo quería ayudar a otra familia, pero al hacerlo destruí la mía".

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 29 de diciembre de 2025

Santo Evangelio 29 Diciembre 2025



 Texto del Evangelio (Lc 2,22-35):

 Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».



«Ahora, Señor, puedes (...) dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación»


Chanoine Dr. Daniel MEYNEN

(Saint Aubain, Namur, Bélgica)

Hoy, 29 de diciembre, festejamos al santo Rey David. Pero es a toda la familia de David que la Iglesia quiere honrar, y sobre todo al más ilustre de todos ellos: ¡a Jesús, el Hijo de Dios, Hijo de David! Hoy, en ese eterno “hoy” del Hijo de Dios, la Antigua Alianza del tiempo del Rey David se realiza y se cumple en toda su plenitud. Pues, como relata el Evangelio de hoy, el Niño Jesús es presentado al Templo por sus padres para cumplir con la antigua Ley: «Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor» (Lc 2,22-23).

Hoy, se eclipsa la vieja profecía para dejar paso a la nueva: Aquel, a quien el Rey David había anunciado al entonar sus salmos mesiánicos, ¡ha entrado por fin en el Templo de Dios! Hoy es el gran día en que aquel que San Lucas llama Simeón pronto abandonará este mundo de oscuridad para entrar en la visión de la Luz eterna: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos» (Lc 2,29-32).

También nosotros, que somos el Santuario de Dios en el que su Espíritu habita (cf. 1Cor 3,16), debemos estar atentos a recibir a Jesús en nuestro interior. Si hoy tenemos la dicha de comulgar, pidamos a María, la Madre de Dios, que interceda por nosotros ante su Hijo: que muera el hombre viejo y que el nuevo hombre (cf. Col 3,10) nazca en todo nuestro ser, a fin de convertirnos en los nuevos profetas, los que anuncien al mundo entero la presencia de Dios tres veces santo, ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Como Simeón, seamos profetas por la muerte del “hombre viejo”! Tal como dijo el Papa San Juan Pablo II, «la plenitud del Espíritu de Dios viene acompañada (…) antes que nada por la disponibilidad interior que proviene de la fe. De ello, el anciano Simeón, ‘hombre justo y piadoso’, tuvo la intuición en el momento de la presentación de Jesús en el Templo».

domingo, 28 de diciembre de 2025

Santo Evangelio 28 Diciembre 2025



 Texto del Evangelio (Mt 2,13-15.19-23):

 Después que se fueron los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».



«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel»


Rev. D. Joan Ant. MATEO i García

(Tremp, Lleida, España)

Hoy contemplamos el misterio de la Sagrada Familia. El Hijo de Dios inicia su andadura entre los hombres en el seno de una familia. Es el designio del Padre. La familia será siempre el hábitat humano insustituible. Jesús tiene un padre legal que le “lleva” y una Madre que no se separa de Él. Dios se sirvió en todo momento de san José, hombre justo, esposo fiel y padre responsable para defender a la Familia de Nazaret: «El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto’» (Mt 2,13).

Hoy, más que nunca, la Iglesia está llamada a proclamar la buena noticia del Evangelio de la Familia y la vida. Hoy más que nunca, una cultura profundamente inhumana intenta imponer un anti-evangelio de confusión y de muerte. San Juan Pablo II nos lo recordaba en su exhortación Ecclesia in Europa: «La Iglesia ha de proponer con fidelidad la verdad sobre el matrimonio y la familia. Es una necesidad que siente de manera apremiante, porque sabe que dicha tarea le compete por la misión evangelizadora que su Esposo y Señor le ha confiado y que hoy se plantea con especial urgencia. El valor de la indisolubilidad matrimonial se tergiversa cada vez más; se reclaman formas de reconocimiento legal de las convivencias de hecho, equiparándolas al matrimonio legítimo...».

«Herodes va a buscar al niño para matarle» (Mt 2,13). Herodes ataca de nuevo, pero no temamos, porque la ayuda de Dios no nos faltará. ¡Vayamos a Nazaret! Redescubramos la verdad de la familia y de la vida. Vivámosla gozosamente y anunciémosla a nuestros hermanos sedientos de luz y esperanza. El Papa nos convoca a ello: «Es preciso reafirmar dichas instituciones [el matrimonio y la familia] como provenientes de la voluntad de Dios. Además es necesario servir al Evangelio de la vida».

De nuevo, «el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel’» (Mt 2,19-20). ¡El retorno de Egipto es inminente!

sábado, 27 de diciembre de 2025

Santo Evangelio 27 Diciembre 2025

 


Texto del Evangelio (Jn 20,2-8):

 El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.



«Vio y creyó»


Rev. D. Manel VALLS i Serra

(Barcelona, España)

Hoy, la liturgia celebra la fiesta de san Juan, apóstol y evangelista. Al siguiente día de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta del primer mártir de la fe cristiana, san Esteban. Y el día después, la fiesta de san Juan, aquel que mejor y más profundamente penetra en el misterio del Verbo encarnado, el primer “teólogo” y modelo de todo verdadero teólogo. El pasaje de su Evangelio que hoy se propone nos ayuda a contemplar la Navidad desde la perspectiva de la Resurrección del Señor. En efecto, Juan, llegado al sepulcro vacío, «vio y creyó» (Jn 20,8). Confiados en el testimonio de los Apóstoles, nosotros nos vemos movidos en cada Navidad a “ver” y “creer”.

Uno puede revivir estos mismos “ver” y “creer” a propósito del nacimiento de Jesús, el Verbo encarnado. Juan, movido por la intuición de su corazón —y, deberíamos añadir, por la “gracia”— “ve” más allá de lo que sus ojos en aquel momento pueden llegar a contemplar. En realidad, si él cree, lo hace sin “haber visto” todavía a Cristo, con lo cual ya hay ahí implícita la alabanza para aquellos que «creerán sin haber visto» (Jn 20,29), con la que culmina el vigésimo capítulo de su Evangelio.

Pedro y Juan “corren” juntos hacia el sepulcro, pero el texto nos dice que Juan «corrió más aprisa que Pedro, y llegó antes al sepulcro» (Jn 20,4). Parece como si a Juan le mueve más el deseo de estar de nuevo al lado de Aquel a quien amaba —Cristo— que no simplemente estar físicamente al lado de Pedro, ante el cual, sin embargo —con el gesto de esperarlo y de que sea él quien entre primero en el sepulcro— muestra que es Pedro quien tiene la primacía en el Colegio Apostólico. Con todo, el corazón ardiente, lleno de celo, rebosante de amor de Juan, es lo que le lleva a “correr” y a “avanzarse”, en una clara invitación a que nosotros vivamos igualmente nuestra fe con este deseo tan ardiente de encontrar al Resucitado.