Padre Moisés, del Congo: «Estamos encerrados, tenemos miedo y hambre, si se alarga vamos a morir»
"Matan a la gente sin piedad, uno se despierta y ve muertos en la carretera", asegura el padre Moisés.Youtube
Los rebeldes del grupo M23, apoyados por la vecina Ruanda, tomaron a mediados del mes de febrero la ciudad de Bukavu, la segunda urbe más grande del este de la República Democrática del Congo, con 1,3 millones de personas.
El Ejército regular huyó y los rebeldes se hicieron con el control de la oficina administrativa de la provincia de Kivu Sur, a la que pertenece Bukavu. Los miembros de M23 habían llegado a pie desde Goma, la ciudad más importante de la región, a unos 10 kilómetros de distancia, que capturaron un mes antes.
De los más poderosos entre los cerca de 100 grupos armados que compiten por el control de los valiosos minerales que hay en esta zona del país, el M23 cuenta con el apoyo de unos 4.000 soldados de la vecina Ruanda, según fuentes de la ONU.
Su presencia en el centro de Bukavu –prácticamente paralizada en estos momentos, sin apenas actividad económica y con la gente escondida en sus casas– supone una expansión sin precedentes. A diferencia de 2012, cuando sólo se apoderaron de Goma, los analistas aseguran que los rebeldes esta vez tienen la mira puesta en el poder político.
Muertos en la carretera
ReligiónEnLibertad ha logrado contactar con un sacerdote que vive en uno de los barrios de Bukavu. El padre Moisés estudió cinco años en España y ahora es vicario de la parroquia de San Juan Bautista.
Entre el miedo a los rebeldes y a las bandas de ladrones armados, y con la amenaza de un hambre generalizado si lo que él llama "confinamiento" no termina pronto, Moisés recibe con voz esperanzadora y deseos de paz a este medio.
Situación geográfica de Bukavu, en la frontera con Ruanda."La situación no ha cambiado, seguimos en guerra. Vivimos en un confinamiento que nos han impuesto. No hay movimiento. No hay trabajo. Muchas tiendas están cerradas, si uno abre no tiene seguridad, abren y cierran a ratos. La gente sale para comprar, pero no hay movimiento, el dinero no está circulando", comienza diciendo el sacerdote.
El padre Moisés asegura que el horror se extiende por todos lados. "Matan a la gente sin piedad, uno se despierta y ve muertos en la carretera, o en las puertas de las parroquias, son cosas dramáticas. Hay ladrones armados que con la inseguridad aprovechan. Vienen a tu casa a pedir algo y si no tienes nada te matan", dice el sacerdote.
Gracias a Dios, confiesa Moisés, su parroquia todavía no ha sido "visitada" por los rebeldes. "Aunque hay inseguridad, miedo, pánico, estrés... la gente, aunque no mucha, sigue viniendo a misa. Todavía los guerrilleros no han visitado las parroquias de la ciudad", comenta.
El sacerdote asegura que la fe es clave para resistir. "La verdadera paz no viene de las armas. La verdadera paz pasará por las personas pero, sobre todo, bajará del cielo. Ponemos nuestra confianza más en Dios, que puede enviarnos personas de buena voluntad que nos saquen de esta situación. Tenemos fe y esperanza, y los feligreses no pierden la alegría de rezar y de ir a la iglesia, es lo que más anima sus corazones", relata Moisés.
Para el sacerdote, uno de los grandes problemas es el miedo. "La gente tiene miedo del otro, uno no sabe quién es el otro. Como los soldados del Gobierno han huido, han abierto las cárceles y la gente está mezclada. Si ves una cara que no conoces eso provoca un pánico tremendo. A mí me pasa, cuando estoy con una persona que no conozco no puedo decir todo lo que quiero", reconoce el padre.
El pánico de los seminaristas
Además de vicario parroquial, Moisés da clases en uno de los tres seminarios de la ciudad. "Muchos son seminaristas que vienen de diferentes zonas y que tienen también pánico. Como están encerrados, siguen las clases, pero con miedo. El otro día, unos ladrones visitaron la parroquia de al lado del seminario. El rector llamó diciendo que rezáramos por los seminaristas, que tenían miedo esa noche", cuenta.
El drama se extiende a todos por igual, incluida la propia familia de Moisés. "Somos seis hermanos y mi hermana ha estado muy enferma en el hospital de la ciudad. Llevarle comida era un problema, estuvo dos días sin comer porque no había forma de llegar al hospital. Mi familia está como las demás, con pánico. Un miembro de mi familia perdió su casa en Goma porque se la quemaron", relata el sacerdote.
Los rebeldes del M23 han tomado las ciudades de Bukavu y Goma. youtubePero, ni el peligro ni el miedo le impiden cumplir con su misión. "Como sacerdote no hay otro remedio que salir a la calle. Si hay alguien que necesita un sacramento tenemos que acercarnos, arriesgarnos. Tenemos miedo, porque uno no puede ir en coche, lo hacemos en moto o andando. Hubo un tiempo en el que atacaban a los coches", cuenta Moisés.
Con los bancos de la ciudad cerrados, la amenaza del hambre se cierne sobre la gente. "Estamos esperando que vuelva el Ejército, pero no sabemos cuándo ni a donde, no es fácil. No lo puede hacer de un momento a otro, tiene que haber un diálogo y un Ejército fuerte, y el nuestro no lo es", reconoce.
"Dios ha bendecido esta parte del país con minerales, pero tenemos conflictos entre tribus, pueblos contra pueblos. La base del conflicto son los minerales, pero, también, está el problema de los hutus, que son un peligro además para Ruanda. Nuestro deseo es que se lleven los minerales pero que no maten a la gente, la gente vale más que el coltán y que los diamantes", pide Moisés.
Sus feligreses rezan cada día para volver a una cierta normalidad que les permita al menos comer. "La mayoría vive de lo que cultivan, del comercio, son profesores, tienen tiendas pequeñas, y muchos de la providencia, no tienen trabajo, viven de la generosidad de la gente", cuenta sobre la gente de su parroquia.
Moisés alerta de que "como no hay trabajo ni hay nada, el hambre matará a mucha gente. Lo primero que se necesita es comida. Han saqueado supermercados, centros de salud, han quemado casas y todas esas familias no tienen ropa y tienen que empezar de nuevo".
En las manos del Señor
Y, a los hermanos católicos, les pide algunas cosas muy concretas. "Como sacerdote pido la ayuda espiritual, que nos pongan entre las manos del Señor, que recen por nosotros. La verdadera paz viene del Señor, si uno tiene paz tendrá todo. Pido a los católicos del mundo que lleven al Congo en sus oraciones y que tengan generosidad, con ayuda material si se puede", dice.
Fuente: Religión en Libertad