jueves, 15 de enero de 2026

Santo Evangelio 15 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 1,40-45):

 En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.



«‘Si quieres, puedes limpiarme’ (...). ‘Quiero; queda limpio’»


Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer

(Barcelona, España)

Hoy, durante nuestro tiempo diario de oración deseamos y pedimos oír la voz del Señor. «¡Ojalá oyereis la voz del Señor: ‘No queráis endurecer vuestros corazones’!» (Heb 3,7-8). En esta breve cita, se contienen dos cosas: un anhelo y una advertencia. Ambas conviene no olvidarlas nunca.

Pero, quizá, con demasiada frecuencia nos preocupamos de llenar ese tiempo con palabras que nosotros queremos decirle, y no dejamos tiempo para escuchar lo que el Buen Dios nos quiere comunicar. Velemos, por tanto, para tener cuidado del silencio interior que —evitando las distracciones y centrando nuestra atención— nos abre un espacio para acoger los afectos, inspiraciones... que el Señor, ciertamente, quiere suscitar en nuestros corazones.

Un riesgo, que no podemos olvidar, es el peligro de que nuestro corazón —con el paso del tiempo— se nos vaya endureciendo. A veces, los golpes de la vida nos pueden ir convirtiendo, incluso sin darnos cuenta de ello, en una persona más desconfiada, insensible, pesimista, desesperanzada... Hay que pedir al Señor que nos haga conscientes de este posible deterioro interior. La oración es ocasión para echar una mirada serena a nuestra vida y a todas las circunstancias que la rodean. Hemos de leer los diversos acontecimientos a la luz del Evangelio, para descubrir en cuáles aspectos necesitamos una auténtica conversión.

¡Ojalá que nuestra conversión la pidamos con la misma fe y confianza con que el leproso se presentó ante Jesús!: «Puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’» (Mc 1,40). Él es el único que puede hacer posible aquello que por nosotros mismos resultaría imposible. Dejemos que Dios actúe con su gracia en nosotros para que nuestro corazón sea purificado y, dócil a su acción, llegue a ser cada día más un corazón a imagen y semejanza del corazón de Jesús. Él, con confianza, nos dice: «Quiero; queda limpio» (Mc 1,41).


miércoles, 14 de enero de 2026

Santo Evangelio 14 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 1,29-39):

 En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.



«De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración»


Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)

Hoy vemos claramente cómo Jesús dividía la jornada. Por un lado, se dedicaba a la oración, y, por otro, a su misión de predicar con palabras y con obras. Contemplación y acción. Oración y trabajo. Estar con Dios y estar con los hombres.

En efecto, vemos a Jesús entregado en cuerpo y alma a su tarea de Mesías y Salvador: cura a los enfermos, como a la suegra de san Pedro y muchos otros, consuela a los tristes, expulsa demonios, predica. Todos le llevan sus enfermos y endemoniados. Todos quieren escucharlo: «Todos te buscan» (Mc 1,37), le dicen los discípulos. Seguro que debía tener una actividad frecuentemente muy agotadora, que casi no le dejaba ni respirar.

Pero Jesús se procuraba también tiempo de soledad para dedicarse a la oración: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35). En otros lugares de los Evangelios vemos a Jesús dedicado a la oración en otras horas e, incluso, muy entrada la noche. Sabía distribuirse el tiempo sabiamente, a fin de que su jornada tuviera un equilibrio razonable de trabajo y oración.

Nosotros decimos frecuentemente: —¡No tengo tiempo! Estamos ocupados con el trabajo del hogar, con el trabajo profesional, y con las innumerables tareas que llenan nuestra agenda. Con frecuencia nos creemos dispensados de la oración diaria. Realizamos un montón de cosas importantes, eso sí, pero corremos el riesgo de olvidar la más necesaria: la oración. Hemos de crear un equilibrio para poder hacer las unas sin desatender las otras.

San Francisco nos lo plantea así: «Hay que trabajar fiel y devotamente, sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción, al cual han de servir las otras cosas temporales».

Quizá nos debiéramos organizar un poco más. Disciplinarnos, “domesticando” el tiempo. Lo que es importante ha de caber. Pero más todavía lo que es necesario.


martes, 13 de enero de 2026

Santo Evangelio 13 de enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 1,21-28):

 Llegó Jesús a Cafarnaum y el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: «¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios». Jesús, entonces, le conminó diciendo: «Cállate y sal de él». Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él.

Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen». Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea.



«Quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas»


Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret

(Vic, Barcelona, España)

Hoy, primer martes del tiempo ordinario, san Marcos nos presenta a Jesús enseñando en la sinagoga y, acto seguido, comenta: «Quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas» (Mc 1,21). Esta observación inicial es impresionante. En efecto, la razón de la admiración de los oyentes, por un lado, no es la doctrina, sino el maestro; no aquello que se explica, sino Aquél que lo explica; y, por otro lado, no ya el predicador visto globalmente, sino remarcado específicamente: Jesús enseñaba «con autoridad», es decir, con poder legítimo e irrecusable. Esta particularidad queda ulteriormente confirmada por medio de una nítida contraposición: «No lo hacía como los escribas».

Pero, en un segundo momento, la escena de la curación del hombre poseído por un espíritu maligno incorpora a la motivación admirativa personal el dato doctrinal: «¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!» (Mc 1,27). Sin embargo, notemos que el calificativo no es tanto de contenido como de singularidad: la doctrina es «nueva». He aquí otra razón de contraste: Jesús comunica algo inaudito (nunca como aquí este calificativo tiene sentido).

Añadimos una tercera advertencia. La autoridad proviene, además, del hecho que a Jesús «hasta los espíritus inmundos le obedecen». Nos encontramos ante una contraposición tan intensa como las dos anteriores. A la autoridad del maestro y a la novedad de la doctrina hay que sumar la fuerza contra los espíritus del mal.

¡Hermanos! Por la fe sabemos que esta liturgia de la palabra nos hace contemporáneos de lo que acabamos de escuchar y que estamos comentando. Preguntémonos con humilde agradecimiento: ¿Tengo conciencia de que ningún otro hombre ha hablado jamás como Jesús, la Palabra de Dios Padre? ¿Me siento rico de un mensaje que tampoco tiene parangón? ¿Me doy cuenta de la fuerza liberadora que Jesús y su enseñanza tienen en la vida humana y, más concretamente, en mi vida? Movidos por el Espíritu Santo, digamos a nuestro Redentor: Jesús-vida, Jesús-doctrina, Jesús-victoria, haz que, como le complacía decir al gran Ramon Llull, ¡vivamos en la continua “maravilla” de Ti!

Veronica tiene 90 años, 51 bisnietos, espera un tataranieto... y no se está quieta

 


Veronica tiene 90 años, 51 bisnietos, espera un tataranieto... y no se está quieta

Veronica Daniels, muy activa en su parroquia de Australia, recibió muchos niños en acogida; no deja de hacer cosas y explica su secreto.

Veronica y Len Daniels tienen 6 hijos, 26 nietos, 51 bisnietos y va a nacer su tataranieto, hablan de fe , amor y acogida

Veronica Daniels, católica australiana de 90 años, tiene 26 nietos y 51 bisnietos. Habla de su felicidad a Kymberlee Gomes, del Catholic Leader, de Australia, porque asegura que lo que ella siempre quiso era tener familia y crecer con ella.

Pero en diciembre de 2025 le intrigaba algo nuevo (aunque, a la vez, es algo ya vivido): ¡su primer tataranieto!

La enorme familia de Veronica, a la que todos llaman Von, tiene "truco", pero igual que cualquier otra familia numerosa, se construyó sobre la acogida y la generosidad.

Tuvo seis hijos de sangre, pero también fue madre de acogida de otros 18 niños. Dos de ellos incluso tomaron su apellido familiar. Un niño que llegó en adopción con 12 semanas, ahora tiene 47 años.

Uno de los bebés que acogió era una niña de 18 meses con una grave discapacidad. Los médicos dijeron que no viviría mucho... pero acompañó a la gran familia hasta que murió con 28 años.

Creció en familia grande y ve a todos como hijos de Dios

Ella cuenta que la clave de gestionar y acoger a tantos niños fue su convicción de que todos somos hijos de Dios. "Hay suficiente amor en el mundo para todos. Todos son bienvenidos. Somos una gran familia de Dios en este mundo", proclama. Su experiencia repite aquello que decía Madre Teresa de Calcuta: el amor es una de esas cosas que cuanto más das, más tienes. También ella dice que "cuanto más amas, más amor tienes".



Veronica Daniels, de 90 años, en diciembre de 2025, con su bisnieto 51, pero ahora espera una novedad, un primer tataranietoKymberlee Gomes - The Catholic Leader

Los hijos de Veronica dicen que ella siempre fue "una persona desinteresada, divertida, enérgica y acogedora", que vivía los valores del Evangelio y "ama como Jesús".

Veronica explica que siendo ella niña, ya vivió en una familia numerosa, alborotadora y acogedora. "Aunque éramos 13 en mi casa, siempre había lugar para uno más", dice al Catholic Leader, recordando cómo su madre acogió a un niño.

No le interesaba un empleo, solo la familia... y fue enorme

A la joven Von la escuela no le interesaba, y los trabajos que hizo de joven le parecían aburridos. "Todo lo que quería era casarme y tener una familia", recuerda. Y lo hizo... a lo grande.

Con 20 años de edad, se casó con Len, que estaba en la Marina y luego trabajó en telecomunicaciones. Se mudaron unas cuantas veces por su país, Australia.

Von no sólo se volcó en su propia familia, sino que colaboraba con las parroquias o escuelas católicas de su zona. Su hija Cathy explica: "Mamá solía ayudar con la recaudación de fondos, con rifas y bailes, además de la limpieza de la escuela", dijo. Y vendía pasteles. Así surgió la primera escuela católica del lugar. Von también era catequista en una escuela pública.

Fe, amor por la vida, espacio en la mesa para más gente

Habla también sobre Von una religiosa, Sandra Lupi, de las Sisters of Mercy, quien alaba su "profunda fe y amor por la vida". "No habría sobrevivido mis primeros años como religiosa joven sin el apoyo y la hospitalidad de Von", explica. Destaca que fue Von quien la enseñó a conducir y que siempre tenía espacio para uno más en la mesa. "Nadie se quedaba con hambre ni sentía que estorbara", detalla.



Boda a los 20 años y momentos familiares de Veronica Daniels

Como si atender la familia no fuera suficiente, sirvió también en el cargo de ministro extraordinario para repartir la Comunión, acompañó en el apostolado funerario y militó en las Conferencias de San Vicente de Paúl (con su intensa actividad caritativa) y la Liga de Mujeres Católicas (CWLA).

En cierto momento, ella misma se vio algo saturada con seis niños menores de seis años. Su receta: "Simplemente sigue adelante, haces lo que tienes que hacer. Dios te lleva por el camino que tienes que recorrer”.

Juli y Montse han acogido en estos ocho años a ocho bebés, que luego han vuelto con sus madres o han sido dados en adopción.

Juli y Montse, familia de acogida, «un hogar luminoso y alegre» para bebés que reciben como a Jesús

El poder de la oración y los santos que ayudan en familia

Cada día rezaba, y considera que la oración a veces es "lo único que tienes". Su hija Cathy confirma que su madre oraba por todos y a todas horas.

En cierta ocasión Von tenía a una hija grave en la unidad de cuidados intensivos. "Mi esposo tenía una gran devoción por Santa Teresa [de Calcuta]; solíamos rezarle todas las noches. Siempre nos enseñaron que ella te dará lo que quieras: una rosa, pero hay que llevarse las espinas".

Caminaban desde la capilla hacia la habitación del hospital, cuando una rosa cayó frente a ellos. Len la recogió y dijo: "Todo irá bien, tenemos esta rosa". No cayó del cielo, pero fue una señal, dijo.

También habla de otros santos que le ayudan en el día a día. “Cuando nuestras hijas van a tener hijos, siempre les regalo una medalla de San Gerardo Majella [o Mayela]. Cuando no encuentro dónde aparcar, digo 'Bendito San Antonio, encuéntrame un sitio'. A veces me encuentra tres”, dijo Von.

Con 90 años: cocina, cose, visita ancianos

A sus 90 años aún cocina casi cada mañana. "Se lo regalo a mis nietos porque están trabajando. Preparo espaguetis a la boloñesa, pastel de patata con guisantes, caramelos de mermelada, galletas y pastelitos", enumera Von.

También hace faldas y pantalones para los niños pequeños, se los regala en Navidad. "Me mantengo ocupada. No tengo tiempo para tonterías".

También visita a otros ancianos del barrio y la parroquia, a veces con recados, otras con pasteles. Y aún le queda tiempo para organizar encuentros para tomar el té por la mañana con las amigas y hasta juega al croquet por las tardes (deporte tranquilo en el que se golpean bolas con un mazo para hacerlas pasar por una serie de aros colocados en el césped).

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 12 de enero de 2026

Santo Evangelio 12 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 1,14-20):

 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva». Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo: «Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres». Al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca arreglando las redes; y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras Él.



«Convertíos y creed en la Buena Nueva»


Rev. D. Joan COSTA i Bou

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio nos invita a la conversión. «Convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15). Convertirse, ¿a qué?; mejor sería decir, ¿a quién? ¡A Cristo! Así lo expresó: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí» (Mt 10,37).

Convertirse significa acoger agradecidos el don de la fe y hacerlo operativo por la caridad. Convertirse quiere decir reconocer a Cristo como único señor y rey de nuestros corazones, de los que puede disponer. Convertirse implica descubrir a Cristo en todos los acontecimientos de la historia humana, también de la nuestra personal, a sabiendas de que Él es el origen, el centro y el fin de toda la historia, y que por Él todo ha sido redimido y en Él alcanza su plenitud. Convertirse supone vivir de esperanza, porque Él ha vencido el pecado, al maligno y la muerte, y la Eucaristía es la garantía.

Convertirse comporta amar a Nuestro Señor por encima de todo aquí en la tierra, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. Convertirse presupone entregarle nuestro entendimiento y nuestra voluntad, de tal manera que nuestro comportamiento haga realidad el lema episcopal del Santo Padre, San Juan Pablo II, Totus tuus, es decir, Todo tuyo, Dios mío; y todo es: tiempo, cualidades, bienes, ilusiones, proyectos, salud, familia, trabajo, descanso, todo. Convertirse requiere, entonces, amar la voluntad de Dios en Cristo por encima de todo y gozar, agradecidos, de todo lo que acontece de parte de Dios, incluso contradicciones, humillaciones, enfermedades, y descubrirlas como tesoros que nos permiten manifestar más plenamente nuestro amor a Dios: ¡si Tú lo quieres así, yo también lo quiero!

Convertirse pide, así, como los apóstoles Simón, Andrés, Santiago y Juan, dejar «inmediatamente las redes» e irse con Él (cf. Mc 1,18), una vez oída su voz. Convertirse es que Cristo lo sea todo en nosotros.

domingo, 11 de enero de 2026

Santo Evangelio 11 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mt 3,13-17):

 En aquel tiempo, Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado por él. Pero Juan trataba de impedírselo diciendo: «Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?». Jesús le respondió: «Déjame ahora, pues conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces le dejó. Bautizado Jesús, salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre Él. Y una voz que salía de los cielos decía: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».



«Jesús vino de Galilea al Jordán donde estaba Juan, para ser bautizado»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy contemplamos al Mesías —el Ungido— en el Jordán «para ser bautizado» (Mt 3,13) por Juan. Y vemos a Jesucristo como señalado por la presencia en forma visible del Espíritu Santo y, en forma audible, del Padre, el cual declara de Jesús: «Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco» (Mt 3,17). He aquí un motivo maravilloso y, a la vez, motivador para vivir una vida: ser sujeto y objeto de la complacencia del Padre celestial. ¡Complacer al Padre!

De alguna manera ya lo pedimos en la oración colecta de la misa de hoy: «Dios todopoderoso y eterno (...), concede a tus hijos adoptivos, nacidos del agua y del Espíritu Santo, llevar siempre una vida que te sea grata». Dios, que es Padre infinitamente bueno, siempre nos “quiere bien”. Pero, ¿ya se lo permitimos?; ¿somos dignos de esta benevolencia divina?; ¿correspondemos a esta benevolencia?

Para ser dignos de la benevolencia y complacencia divina, Cristo ha otorgado a las aguas fuerza regeneradora y purificadora, de tal manera que cuando somos bautizados empezamos a ser verdaderamente hijos de Dios. «Quizá habrá alguien que pregunte: ‘¿Por qué quiso bautizarse, si era santo?’. ¡Escúchame! Cristo se bautiza no para que las aguas lo santifiquen, sino para santificarlas Él» (San Máximo de Turín).

Todo esto —inmerecidamente— nos sitúa como en un plano de connaturalidad con la divinidad. Pero no nos basta a nosotros con esta primera regeneración: necesitamos revivir de alguna manera el Bautismo por medio de una especie de continuo “segundo bautismo”, que es la conversión. Paralelamente al primer Misterio de la Luz del Rosario —el Bautismo del Señor en el Jordán— nos conviene contemplar el ejemplo de María en el cuarto de los Misterios de Gozo: la Purificación. Ella, Inmaculada, virgen pura, no tiene inconveniente en someterse al proceso de purificación. Nosotros le imploramos la sencillez, la sinceridad y la humildad que nos permitirán vivir de manera constante nuestra purificación a modo de “segundo bautismo”.


sábado, 10 de enero de 2026

Santo Evangelio 10 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Lc 4,14-22):

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos.

Vino a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca.«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido»



Rev. D. Jordi POU i Sabater

(Sant Jordi Desvalls, Girona, España)

Hoy recordamos que «quien ama Dios, ame también a su hermano» (1Jn 4,21). ¿Cómo podríamos amar a Dios a quien no vemos, si no amamos a quien vemos, imagen de Dios? Después que san Pedro renegara, Jesús le preguntó si le amaba: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo» (Jn 21,17), respondió. Como a san Pedro, también a nosotros nos pregunta Jesús: «¿Me amas?»; y queremos responderle ahora mismo: «Tú lo sabes todo, Señor, tú sabes que te amo a pesar de mis deficiencias; pero ayúdame a demostrártelo, ayúdame a descubrir las necesidades de mis hermanos, a darme de verdad a los otros, a aceptarlos tal como son, a valorarlos».

La vocación del hombre es el amor, es vocación a darse, buscando la felicidad del otro, y encontrar así la propia felicidad. Como dice san Juan de la Cruz, «al atardecer seremos juzgados en el amor». Vale la pena que nos preguntemos al final de la jornada, cada día, en un breve examen de conciencia, cómo ha ido este amor, y puntualizar algún aspecto a mejorar para el día siguiente.

«El Espíritu del Señor está sobre mí» (Lc 4,18), dirá Jesús, haciendo suyo este texto mesiánico. Es el Espíritu del Amor que así como hizo del Mesías el «ungido para llevar la buena nueva a los pobres» (cf. Lc 4,18), también “reposa” encima nuestro y nos conduce hacia el amor perfecto: como dice el Concilio Vaticano II, «todos los fieles, de cualquier estado o condición, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad». El Espíritu Santo nos transformará como hizo con los Apóstoles, para que podamos actuar bajo su moción, otorgándonos sus frutos y, así, llevarlos a todos los corazones: «El fruto del Espíritu es: caridad, paz, alegría, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, templanza» (Gal 5,22-23).