domingo, 18 de enero de 2026

Santo Evangelio 18 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Jn 1,29-34):

 En aquel tiempo, vio Juan venir Jesús y dijo: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que Él sea manifestado a Israel».

Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».



«He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»


Rev. D. Joaquim FORTUNY i Vizcarro

(Cunit, Tarragona, España)

Hoy hemos escuchado a Juan que, al ver a Jesús, dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). ¿Qué debieron pensar aquellas gentes? Y, ¿qué entendemos nosotros? En la celebración de la Eucaristía todos rezamos: «Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros / danos la paz». Y el sacerdote invita a los fieles a la Comunión diciendo: «Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo...».

No dudemos de que, cuando Juan dijo «he ahí el Cordero de Dios», todos entendieron qué quería decir, ya que el “cordero” es una metáfora de carácter mesiánico que habían usado los profetas, principalmente Isaías, y que era bien conocida por todos los buenos israelitas.

Por otro lado, el cordero es el animalito que los israelitas sacrifican para rememorar la pascua, la liberación de la esclavitud de Egipto. La cena pascual consiste en comer un cordero.

Y aun los Apóstoles y los padres de la Iglesia dicen que el cordero es signo de pureza, simplicidad, bondad, mansedumbre, inocencia... y Cristo es la Pureza, la Simplicidad, la Bondad, la Mansedumbre, la Inocencia. San Pedro dirá: «Habéis sido rescatados (...) con una sangre preciosa, como de cordero sin tacha y sin mancilla, Cristo» (1Pe 1,18.19). Y san Juan, en el Apocalipsis, emplea hasta treinta veces el término “cordero” para designar a Jesucristo.

Cristo es el cordero que quita el pecado del mundo, que ha sido inmolado para darnos la gracia. Luchemos para vivir siempre en gracia, luchemos contra el pecado, aborrezcámoslo. La belleza del alma en gracia es tan grande que ningún tesoro se le puede comparar. Nos hace agradables a Dios y dignos de ser amados. Por eso, en el “Gloria” de la Misa se habla de la paz que es propia de los hombres que ama el Señor, de los que están en gracia.

San Juan Pablo II, urgiéndonos a vivir en la gracia que el Cordero nos ha ganado, nos dice: «Comprometeos a vivir en gracia. Jesús ha nacido en Belén precisamente para eso (...). vivir en gracia es la dignidad suprema, es la alegría inefable, es garantía de paz, es un ideal maravilloso».

sábado, 17 de enero de 2026

Santo Evangelio 17 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 2,13-17):

 En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo por la orilla del mar, toda la gente acudía a Él, y Él les enseñaba. Al pasar, vio a Leví, el de Alfeo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos, pues eran muchos los que le seguían. Al ver los escribas de los fariseos que comía con los pecadores y publicanos, decían a los discípulos: «¿Qué? ¿Es que come con los publicanos y pecadores?». Al oír esto Jesús, les dice: «No necesitan médico los que están fuertes, sino los que están mal; no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».



«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»


Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart

(Tarragona, España)

Hoy, en la escena que relata san Marcos, vemos cómo Jesús enseñaba y cómo todos venían a escucharle. Es manifiesto el hambre de doctrina, entonces y también ahora, porque el peor enemigo es la ignorancia. Tanto es así, que se ha hecho clásica la expresión: «Dejarán de odiar cuando dejen de ignorar».

Pasando por allí, Jesús vio a Leví, hijo de Alfeo, sentado donde cobraban impuestos y, al decirle «sígueme», dejándolo todo, se fue con Él. Con esta prontitud y generosidad hizo el gran “negocio”. No solamente el “negocio del siglo”, sino también el de la eternidad.

Hay que pensar cuánto tiempo hace que el negocio de recoger impuestos para los romanos se ha acabado y, en cambio, Mateo —hoy más conocido por su nuevo nombre que por el de Leví— no deja de acumular beneficios con sus escritos, al ser una de las doce columnas de la Iglesia. Así pasa cuando se sigue con prontitud al Señor. Él lo dijo: «Y todo el que haya dejado casa, hermanos o hermanas, padre o madre, hijos o campo por mi nombre, recibirá el ciento por uno y gozará de la vida eterna» (Mt 19,29).

Jesús aceptó el banquete que Mateo le ofreció en su casa, juntamente con los otros cobradores de impuestos y pecadores, y con sus apóstoles. Los fariseos —como espectadores de los trabajos de los otros— hacen presente a los discípulos que su Maestro come con gente que ellos tienen catalogados como pecadores. El Señor les oye, y sale en defensa de su habitual manera de actuar con las almas: «No he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mc 2,17). Toda la Humanidad necesita al Médico divino. Todos somos pecadores y, como dirá san Pablo, «todos han pecado y se han privado de la gloria de Dios» (Rm 3,23).

Respondamos con la misma prontitud con que María respondió siempre a su vocación de corredentora.


Scott Adams, el creador de Dilbert, apostó por Jesucristo y por la fe sólo poco antes de morir

 


Scott Adams, el creador de Dilbert, apostó por Jesucristo y por la fe sólo poco antes de morir

Scott Adams, caricaturista ácido, comentarista político, no era creyente, pero al final quiso confiar en Cristo. Y lo explicó.

Scott Adams, con su personaje Dilbert, repasa portadas y curiosidades un año antes de morir

Scott Adams es el caricaturista que creó a Dilbert, ese oficinista no muy avispado, con unos jefes tampoco muy avispados, que se meten en líos absurdos intentando aplicar chaladuras supuestamente empresariales en su oficina. Muchos escribían a Adams contándole estrambóticas anécdotas reales que él llevaba a su tira cómica.

La tira sobre Dilbert se publicó por primera vez en 1989 y llegó a circular en más de mil periódicos y a leerse en 70 países, lo que dio pie a libros, una serie de animación en televisión y más productos.

En los últimos años, también era un comentarista político y satírico en su canal de YouTube con millones de seguidores.

Scott Adams murió el martes 13 de enero de 2026 de cáncer de próstata. Pero pocos días antes anunció que recurría a Jesucristo, "como mi Señor y Salvador y espero pasar la eternidad con Él".

Pero no era el fruto de una larga relación de amor y cercanía con Cristo, sino una reflexión de sus últimos meses.

Dos novelas-experimento sobre religión y un confuso deísmo

Adams era inteligente, agudo, penetrante, incisivo, pero también sarcástico, cáustico, ácido. Aplicó esta inteligencia a la reflexión sobre lo religioso hace dos décadas, cuando ya era famoso por Dilbert. En 2001 publicó una novela, Los escombros de Dios, que describía como "experimento mental", planteando que Dios podía estar hecho de quarks y leptones, que podía haber colapsado y se estaba reconstruyendo poco a poco. Tomaba ideas del filósofo George Lakoff que ve la mente como un "generador de delirios", no una herramienta útil para conocer.

En una segunda novela de tema religioso, en 2004, La guerra de religión, hablaba de una guerra brutal en el futuro entre fundamentalistas cristianos y fundamentalistas islámicos, hasta que una frase sobre ventosidades, burlándose de Dios, se hizo viral y la gente dejó de tomarse tan en serio su religión.

Después, durante dos décadas dejó de prestar atención al tema religioso y se centró más en la sátira política o el análisis de actualidad, mostrando su cercanía a Donald Trump en su primer mandato. Desde la sátira plantó cara a la cultura de la cancelación y a la gran ola woke en los medios cuando muchos se achantaban.

Al saber de su muerte, Donald Trump, le ha mencionado en su red Truth Social: "Era una persona fantástica que me apreciaba y respetaba cuando yo no estaba de moda", ha señalado. "Luchó con valentía durante mucho tiempo contra una terrible enfermedad (...) Lo extrañaremos muchísimo", añade Trump.

El último año

A Adams le diagnosticaron cáncer de próstata en 2025. Avanzado el año, anunció que su cuerpo no le dejaba dibujar a Dilbert, pero aún lo guionizaba con sus ideas. Se dio cuenta de que ya no le quedaba mucho tiempo para tomarse en serio una opción religiosa. Al empezar 2026 se encontró ya paralizado de cintura para abajo.

Murió el martes 13 de enero de 2026, con 68 años. Antes de hacerlo, dejó un mensaje final para sus lectores y oyentes, que difundió su (segunda) ex-esposa.

"Si lees esto, es que las cosas no me han ido bien"

"Si estás leyendo esto, significa que las cosas no me han ido bien. Antes de irme, tengo algunas cosas que decir. Mi cuerpo me falló antes que mi mente. Escribo estas palabras el 1 de enero de 2026, en mi sano juicio: 'Acepto a Jesucristo como mi Señor y Salvador y espero pasar la eternidad con Él…'"



Scott Adams, en sus últimos años, con su personaje Dilbert... sólo habló de Cristo y conversión en sus últimas semanasinstagram scott adams

Una semana antes, el 4 de enero, en su podcast "Real Coffee with Scott Adams", ya anunció que tenía la intención de hacerse cristiano. Explicó que sus amigos cristianos le recordaban repetidamente que aún tenía tiempo de aceptar a Jesús.

Se describió a sí mismo como una persona que “no era creyente” pero que siempre respetó a los cristianos. “También respeto a todo cristiano que hace todo lo posible por convertirme”, dijo en su podcast. Y, sonriendo, añadió: "¿Cómo podría creer que realmente crees en tu religión si ni siquiera intentas convertirme?”.

"Respeto a los que desean que me convierta"

"Por eso, tengo un gran respeto por quienes se preocupan tanto por mí que desean que me convierta y que están haciendo todo lo posible para convencerme", dijo. “Por eso hoy, por primera vez, oirán que planeo convertirme. Por lo que tengo entendido, nunca es demasiado tarde".

Él sabía que "teoría cristiana dominante" dice que iría al cielo si "vivía una buena vida" y abrazaba la fe. "Así que, amigo cristiano: sí. Ya viene. No tienes que convencerme", dijo. "He llegado a la conclusión de que el balance de riesgos y posibles beneficios es perfectamente razonable. Si resulta que no hay nada, no pierdo nada. Pero respeto tus deseos y quiero hacerlo". Adams continuó: “Si resulta que hay algo ahí, y el modelo cristiano es el más cercano a la verdad, entonces gano”.

Muchos considerarán que el caso de Scott Adams muestra que la llamada "apuesta de Pascal" (vale la pena apostar por Cristo, puedes ganar mucho, incluso todo, la eternidad, sin perder nada) resuena con fuerza en las personas que afrontan en serio la cercanía de la muerte.


Mesa redonda sobre Malos Argumentos en el II Congreso de Científicos Católicos en la UFV de Madrid

Ciencia y Fe

Cuando filósofos ateos van al Congreso de Científicos Católicos y hablan de los malos argumentos

"Lo que suceda es asunto entre Jesús y yo"

Mucha gente le respondió por escrito y por redes al respecto, pero él ya tenía clara su opción, y así lo dijo: "Aprecio las muchas sugerencias y preguntas, pero lo que suceda después es asunto entre Jesús y yo".

«Acepto a Jesucristo como mi Señor y Salvador, y espero con ilusión pasar una eternidad con él», declaró Adams, agregando que esperaba seguir «calificado para entrar» al cielo al morir.

En el mensaje escrito que ha difundido su ex-esposa, pensando en sus seguidores en los medios de comunicación, escribió: "Tuve una vida increíble. Le di todo lo que tenía. Si obtuviste algún beneficio de mi trabajo, te pido que lo compartas lo mejor que puedas. Ese es el legado que quiero". Y añadió: "Sed útiles. Y, por favor, sabed que os amé a todos hasta el final".

Repasando los obituarios de la prensa generalista que mencionan su deceso, se observa que muchos recogen esas palabras de despedida a sus lectores, pero omiten la parte en la que habla de Jesús.

Brian Welch, de Korn, habla de Santa Teresa, experiencias místicas, oración diaria y música cristiana con ReL

«Dios no es aburrido: a quien lo piense, le animo a orar y leer su Palabra cada día durante un año»

Fuente: Religion en Libertad

viernes, 16 de enero de 2026

Santo Evangelio 16 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 2,1-12):

 Entró de nuevo en Cafarnaum; al poco tiempo había corrido la voz de que estaba en casa. Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio, y Él les anunciaba la Palabra.

Y le vienen a traer a un paralítico llevado entre cuatro. Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo encima de donde Él estaba y, a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

Estaban allí sentados algunos escribas que pensaban en sus corazones: «¿Por qué éste habla así? Está blasfemando. ¿Quién puede perdonar pecados, sino Dios sólo?». Pero, al instante, conociendo Jesús en su espíritu lo que ellos pensaban en su interior, les dice: «¿Por qué pensáis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate, toma tu camilla y anda?’ Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados -dice al paralítico-: ‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’».

Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos, de modo que quedaban todos asombrados y glorificaban a Dios, diciendo: «Jamás vimos cosa parecida».



«Hijo, tus pecados te son perdonados (...). A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»


Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido

(Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España)

Hoy vemos nuevamente al Señor rodeado de un gentío: «Se agolparon tantos que ni siquiera ante la puerta había ya sitio» (Mc 2,2). Su corazón se deshace ante la necesidad de los otros y les procura todo el bien que se puede hacer: perdona, enseña y cura a la vez. Ciertamente, les dispensa ayuda a nivel material (en el caso de hoy, lo hace curando una enfermedad de parálisis), pero —en el fondo— busca lo mejor y primero para cada uno de nosotros: el bien del alma.

Jesús-Salvador quiere dejarnos una esperanza cierta de salvación: Él es capaz, incluso, de perdonar los pecados y de compadecerse de nuestra debilidad moral. Antes que nada, dice taxativamente: «Hijo, tus pecados te son perdonados» (Mc 2,5). Después, lo contemplamos asociando el perdón de los pecados —que dispensa generosa e incansablemente— a un milagro extraordinario, “palpable” con nuestros ojos físicos. Como una especie de garantía externa, como para abrirnos los ojos de la fe, después de declarar el perdón de los pecados del paralítico, le cura la parálisis: «‘A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’. Se levantó y, al instante, tomando la camilla, salió a la vista de todos» (Mc 2,11-12).

Este milagro lo podemos revivir frecuentemente nosotros con la Confesión. En las palabras de la absolución que pronuncia el ministro de Dios («Yo te absuelvo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo») Jesús nos ofrece nuevamente —de manera discreta— la garantía externa del perdón de nuestros pecados, garantía equivalente a la curación espectacular que hizo con el paralítico de Cafarnaum.

Ahora comenzamos un nuevo tiempo ordinario. Y se nos recuerda a los creyentes la urgente necesidad que tenemos del encuentro sincero y personal con Jesucristo misericordioso. Él nos invita en este tiempo a no hacer rebajas ni descuidar el necesario perdón que Él nos ofrece en su alcoba, en la Iglesia.


De Liébana a Roma sin dinero: el malagueño que partió con fe y una simple mochila en busca del Papa

 


De Liébana a Roma sin dinero: el malagueño que partió con fe y una simple mochila en busca del Papa

Adrián Ruiz Pelayo acaba de encontrarse con León XIV durante el final del Jubileo

Adrián Ruiz llegó a Roma tras una larga caminata de 3000 kilómetros iniciada en Palermo.

Adrián Ruiz Pelayo es un joven de Marbella (España) y trabajaba en una empresa de marketing cuando decidió emprender una peregrinación a pie hasta el monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria (España), famoso por custodiar el mayor fragmento del Lignum Crucis. El portal Vatican News cuenta su historia.

Durante aquella experiencia, Adrián decidió caminar sin dinero, confiando en la hospitalidad de las personas que encontraba. La acogida recibida, la ayuda espontánea y los encuentros que se dieron fueron mostrándole que la bondad está presente incluso donde no se la espera. El camino dejó de ser solo una prueba personal para convertirse en una demostración de que la Providencia actúa cuando hay confianza.

El origen de su proyecto

Años después, esa intuición inicial se consolidó en un proyecto con nombre propio. Un camino por descubrir busca mostrar, a través del testimonio, que es posible vivir con sencillez, abrirse al otro y avanzar sin miedo, incluso en contextos marcados por la incertidumbre. Tiene cerca de 14.000 seguidores en Instagram.

Adrián Ruiz Pelayo durante su reciente encuentro con el Papa.



En el marco del cierre del Jubileo de la Esperanza, Adrián llegó a Roma tras una larga caminata de 3000 kilómetros iniciada en Palermo (Italia). El miércoles 7 de enero de 2026, tras la Audiencia General, Adrián pudo saludar al Papa León XIV y pedirle la bendición de una pequeña planta de ciprés que había llevado consigo desde España.

El gesto tenía un significado concreto. El ciprés, explica Adrián, representa un camino de fe, paz y reconciliación, y simboliza también la unión entre dos lugares sagrados: el Vaticano y el monasterio de Santo Toribio de Liébana. La intención es que esa planta, una vez bendecida, sea llevada de regreso a España y plantada allí como signo visible de un camino recorrido y compartido.


Durante el breve intercambio, Adrián se presentó ante el Papa como un "peregrino de esperanza", en sintonía con el sentido del Jubileo. Para él, el encuentro fue el punto culminante de un itinerario vivido desde el abandono confiado y la gratuidad, más que un logro personal.

"Cuando llego a un sitio, si es necesidad, lógicamente, pues voy a una pastichería, cafetería o un bar, y pido humildemente, pues, un trozo de pan y agua", comenta en COPE. Su lema es no ser una carga: "Yo voy con una tienda, yo no quiero molestar a la gente".


Más allá del recorrido físico, Adrián subraya que su peregrinación ha sido un proceso de transformación interior. Caminar sin recursos, aceptar la ayuda de desconocidos y enfrentarse a la incertidumbre cotidiana le permitió, dice, perder el miedo y redescubrir lo esencial.

Desde esa experiencia, su mensaje a quienes dudan antes de emprender un proyecto personal es directo y concreto: no se trata de grandes teorías, sino de dar un primer paso posible. Para algunos, puede ser una peregrinación breve; para otros, un tiempo de pausa, silencio o cambio. Lo importante es salir de la inmovilidad que paraliza.

Los Reyes de España, este martes en el santuario de la Vera Cruz

os Reyes ganan el jubileo en la Vera Cruz y completan su visita a los tres santos lugares de España

Adrián insiste en que el camino ayuda a enfrentar los miedos de forma gradual. Al avanzar, aparecen encuentros, gestos sencillos y apoyos inesperados que devuelven la confianza. En un mundo acostumbrado al control y a la seguridad inmediata, su experiencia propone una alternativa pastoral clara: caminar, confiar y dejarse acompañar.

En lo inmediato, Adrián continuará su camino a pie por Italia, prolongando esta experiencia de peregrinación como parte del mismo itinerario espiritual que dio origen al proyecto. 

Fuente: Religión en libertad

jueves, 15 de enero de 2026

Santo Evangelio 15 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 1,40-45):

 En aquel tiempo, vino a Jesús un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio». Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio».

Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a Él de todas partes.



«‘Si quieres, puedes limpiarme’ (...). ‘Quiero; queda limpio’»


Rev. D. Xavier PAGÉS i Castañer

(Barcelona, España)

Hoy, durante nuestro tiempo diario de oración deseamos y pedimos oír la voz del Señor. «¡Ojalá oyereis la voz del Señor: ‘No queráis endurecer vuestros corazones’!» (Heb 3,7-8). En esta breve cita, se contienen dos cosas: un anhelo y una advertencia. Ambas conviene no olvidarlas nunca.

Pero, quizá, con demasiada frecuencia nos preocupamos de llenar ese tiempo con palabras que nosotros queremos decirle, y no dejamos tiempo para escuchar lo que el Buen Dios nos quiere comunicar. Velemos, por tanto, para tener cuidado del silencio interior que —evitando las distracciones y centrando nuestra atención— nos abre un espacio para acoger los afectos, inspiraciones... que el Señor, ciertamente, quiere suscitar en nuestros corazones.

Un riesgo, que no podemos olvidar, es el peligro de que nuestro corazón —con el paso del tiempo— se nos vaya endureciendo. A veces, los golpes de la vida nos pueden ir convirtiendo, incluso sin darnos cuenta de ello, en una persona más desconfiada, insensible, pesimista, desesperanzada... Hay que pedir al Señor que nos haga conscientes de este posible deterioro interior. La oración es ocasión para echar una mirada serena a nuestra vida y a todas las circunstancias que la rodean. Hemos de leer los diversos acontecimientos a la luz del Evangelio, para descubrir en cuáles aspectos necesitamos una auténtica conversión.

¡Ojalá que nuestra conversión la pidamos con la misma fe y confianza con que el leproso se presentó ante Jesús!: «Puesto de rodillas, le dice: ‘Si quieres, puedes limpiarme’» (Mc 1,40). Él es el único que puede hacer posible aquello que por nosotros mismos resultaría imposible. Dejemos que Dios actúe con su gracia en nosotros para que nuestro corazón sea purificado y, dócil a su acción, llegue a ser cada día más un corazón a imagen y semejanza del corazón de Jesús. Él, con confianza, nos dice: «Quiero; queda limpio» (Mc 1,41).


miércoles, 14 de enero de 2026

Santo Evangelio 14 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 1,29-39):

 En aquel tiempo, Jesús, saliendo de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. Simón y sus compañeros fueron en su busca; al encontrarle, le dicen: «Todos te buscan». El les dice: «Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido». Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.



«De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración»


Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)

Hoy vemos claramente cómo Jesús dividía la jornada. Por un lado, se dedicaba a la oración, y, por otro, a su misión de predicar con palabras y con obras. Contemplación y acción. Oración y trabajo. Estar con Dios y estar con los hombres.

En efecto, vemos a Jesús entregado en cuerpo y alma a su tarea de Mesías y Salvador: cura a los enfermos, como a la suegra de san Pedro y muchos otros, consuela a los tristes, expulsa demonios, predica. Todos le llevan sus enfermos y endemoniados. Todos quieren escucharlo: «Todos te buscan» (Mc 1,37), le dicen los discípulos. Seguro que debía tener una actividad frecuentemente muy agotadora, que casi no le dejaba ni respirar.

Pero Jesús se procuraba también tiempo de soledad para dedicarse a la oración: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35). En otros lugares de los Evangelios vemos a Jesús dedicado a la oración en otras horas e, incluso, muy entrada la noche. Sabía distribuirse el tiempo sabiamente, a fin de que su jornada tuviera un equilibrio razonable de trabajo y oración.

Nosotros decimos frecuentemente: —¡No tengo tiempo! Estamos ocupados con el trabajo del hogar, con el trabajo profesional, y con las innumerables tareas que llenan nuestra agenda. Con frecuencia nos creemos dispensados de la oración diaria. Realizamos un montón de cosas importantes, eso sí, pero corremos el riesgo de olvidar la más necesaria: la oración. Hemos de crear un equilibrio para poder hacer las unas sin desatender las otras.

San Francisco nos lo plantea así: «Hay que trabajar fiel y devotamente, sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción, al cual han de servir las otras cosas temporales».

Quizá nos debiéramos organizar un poco más. Disciplinarnos, “domesticando” el tiempo. Lo que es importante ha de caber. Pero más todavía lo que es necesario.