jueves, 5 de febrero de 2026

Santo Evangelio 5 de Febrero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 6,7-13):

 En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.



«Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos (...) Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran»


Rev. D. Josep VALL i Mundó

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio relata la primera de las misiones apostólicas. Cristo envía a los Doce a predicar, a curar todo tipo de enfermos y a preparar los caminos de la salvación definitiva. Ésta es la misión de la Iglesia, y también la de cada cristiano. El Concilio Vaticano II afirmó que «la vocación cristiana implica como tal la vocación al apostolado. Ningún miembro tiene una función pasiva. Por tanto, quien no se esforzara por el crecimiento del cuerpo sería, por ello mismo, inútil para toda la Iglesia como también para sí mismo»

El mundo actual necesita —como decía Gustave Thibon— un “suplemento de alma” para poderlo regenerar. Sólo Cristo con su doctrina es medicina para las enfermedades de todo el mundo. Éste tiene sus crisis. No se trata solamente de una parcial crisis moral, o de valores humanos: es una crisis de todo el conjunto. Y el término más preciso para definirla es el de una “crisis de alma”.

Los cristianos con la gracia y la doctrina de Jesús, nos encontramos en medio de las estructuras temporales para vivificarlas y ordenarlas hacia el Creador: «Que el mundo, por la predicación de la Iglesia, escuchando pueda creer, creyendo pueda esperar, y esperando pueda amar» (san Agustín). El cristiano no puede huir de este mundo. Tal como escribía Bernanos: «Nos has lanzado en medio de la masa, en medio de la multitud como levadura; reconquistaremos, palmo a palmo, el universo que el pecado nos ha arrebatado; Señor, te lo devolveremos tal como lo recibimos aquella primera mañana de los días, en todo su orden y en toda su santidad».

Uno de los secretos está en amar al mundo con toda el alma y vivir con amor la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles y a todos nosotros. Con palabras de san Josemaría, «el apostolado es amor de Dios, que se desborda, con entrega de uno mismo a los otros (...). Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior». Éste ha de ser nuestro testimonio cotidiano en medio de los hombres y a lo largo de todas las épocas.


Manos Unidas y la «guerra al hambre» en su nueva campaña: «Demos a conocer a un Dios de ternura»


Manos Unidas y la «guerra al hambre» en su nueva campaña: «Demos a conocer a un Dios de ternura»

La ONG presenta en Madrid una campaña centrada en la paz y el desarrollo humano.

"Nuestros jóvenes siguen soñando con salir del país", dice Georges Sabe, de Siria.Manos Unidas

La ONG Manos Unidas acaba de lanzar su campaña anual para combatir la pobreza, titulada "Declara la guerra al hambre". Una iniciativa centrada en el vínculo existente entre paz, desarrollo y erradicación del hambre.

Además, la entidad presentó este miércoles en Madrid el estudio "Paz en un mundo en conflicto", un informe que refleja que para el 94% de los españoles la paz es mucho más que ausencia de guerras y exige justicia social, derechos y dignidad humana.

De acuerdo con este informe, el 93% de los encuestados considera que estamos muy desinformados sobre los conflictos "olvidados" y el 90% cree que no interesan ni a medios ni a responsables políticos, un dato clave en un mundo en el que 78 países están involucrados en guerras más allá de sus propias fronteras.

Derecho a tener derechos

Durante la presentación intervinieron socios de Manos Unidas en diferentes lugares del mundo: hermano Georges Sabe (Siria), hermana Sandra Ramos (Sierra Leona) y el padre Jesús Albeiro Parra (Colombia). Que dieron su testimonio sobre la difícil situación que atraviesan las comunidades locales.

"Declarar la guerra al hambre es, por tanto, un imperativo moral. Es un llamamiento a la paz, a la justicia y al desarrollo. Es reclamar alimentos, claro que sí, pero, también, es clamar por los derechos que, teóricamente, a todos nos amparan: a la educación, a la salud, a la tierra, al agua, a la igualdad. Es, en definitiva, derecho a tener derechos", explicó Cecilia Pilar Gracia, presidenta de la ONG.




"Hace unos días me hablaban de utopías. De ese sueño de los que estamos convencidos de que, entre todos, podemos hacer del mundo un lugar más justo y en paz. Y pensé que donde otros ven fronteras, en Manos Unidas vemos horizontes, de paz, de justicia y de desarrollo para todos. Mientras unos hablan de utopía, otros hablamos de responsabilidad compartida, de esfuerzo y, sobre todo, de voluntad", concluye Cecilia Pilar.

En el caso de Colombia, por ejemplo, a la pobreza histórica se suman el conflicto armado y otras problemáticas. "Grupos armados ilegales se disputan el control de ríos, caminos y fronteras. Allí donde el Estado no llega con derechos, llegan las armas. Muchas comunidades viven hoy confinadas, sin poder salir a pescar, sembrar o ir al médico por miedo a los combates o a las minas antipersona", afirma el padre Jesús Albeiro Parra, director ejecutivo de la Coordinación Regional del Pacifico Colombiano.

Durante la presentación de la nueva campaña de Manos Unidas.


Mientras que hablar hoy de Sierra Leona es hablar de un país herido. Un país que arrastra dificultades profundas (políticas, económicas y sociales). La guerra civil, el ébola y la pobreza estructural dejaron escuelas destruidas, aprendizajes interrumpidosy generaciones enteras con escasas oportunidades.  

"En medio de este contexto tan complejo, la educación se convierte en una auténtica semilla de paz y esperanza. Educar no es solo enseñar a leer y escribir: es abrir caminos, ofrecer alternativas y romper ciclos de pobreza que se repiten de generación en generación", añade la hermana Sandra Ramos, misionera en el país.

El drama olvidado de Siria

Mientras tanto, y aunque el mundo ya no mira hacia Siria, el final del gobierno de Assad en diciembre de 2024 abrió una nueva etapa en el país. Tras la caída del régimen tomó el poder el yihadista Ahmad Chareh como presidente interino para un periodo de cinco años. Se disolvió el ejército, el parlamento y la constitución.

"La crisis sigue siendo severa, con millones de sirios dependiendo de ayuda humanitaria mientras sufren las secuelas de la guerra. Estamos en una fase de transición inestable, una crisis humanitaria profunda y la esperanza de reconstrucción bajo un nuevo liderazgo, aunque la seguridad y el desarrollo sigue siendo una de nuestras grandes preocupaciones", afirma el hermano Georges Sabe, cofundador de los Maristas Azules.

"Aunque el régimen es de origen muy yihadista, actualmente como cristianos seguimos viviendo como vivíamos en el antiguo régimen. Es decir, tenemos nuestras celebraciones, tenemos nuestra vida, nuestras escuelas, la celebración del domingo, las celebraciones de navidades y la Pascua", afirma Sabe a preguntas de Religión en Libertad.

"Sin embargo, hay también algunos grupos no controlados, que pueden ser del Estado Islámico, que es gente que no acepta de ninguna manera que haya otros que piensen y vivan diferente. Estos sí que son una amenaza. Y, el otro tema, que es bastante grave, y que toca a nuestros jóvenes, es que siguen soñando con salir del país. No sienten que Siria pueda ser para ellos un lugar donde construir su vida", explica el marista.

"Cuando salen ya no vuelven. No vuelven. Si tienen que volver, es solo para vender las propiedades que tienen y se marchan. Ese es un problema para el futuro de la presencia cristiana en Siria. Solo en Alepo, éramos más de 200.000 cristianos y hoy somos 20.000. Es una población como una pirámide, muchas personas mayores, pocos adultos y algún niño", añade.



Sobre la labor de Manos Unidas, Sabe afirma: "Hay que dar a conocer a un Dios de ternura, a un Dios que se ocupa de mí personalmente, a un Dios que me invita a vivir dignamente. Por ejemplo, tenemos 120 niños musulmanes que vienen para un programa de educación infantil. Yo creo que Manos Unidas no es sólo dones, es una manera de vivir y de testimoniar", concluye.

La labor de Manos Unidas

Nacida en 1959, Manos Unidas es la Asociación de la Iglesia católica en España para la ayuda, promoción y desarrollo de los países en vía de desarrollo. Es, a su vez, una Organización No Gubernamental para el Desarrollo (ONGD), de voluntarios, católica y seglar.

Manos Unidas lleva 67 años trabajando con comunidades profundamente vulnerables. De esa experiencia histórica surge la visión de la paz de esta organización, que descansa sobre una triple convicción: la paz es un reto universal y urgente que no puede esperar; es una responsabilidad compartida, aunque diferenciada; y es resultado de un desarrollo que no deja a nadie en el olvido.

Fuente: Religión en Libertad

El discernimiento de Espiritus se adquiere por el gusto espiritual



 De los capítulos de Diadoco de Foticé, obispo, sobre la perfección espiritual

(Capítulos 6. 26. 27. 30: PG 65, 1109. 1175-1176)

EL DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS SE ADQUIERE POR EL GUSTO ESPIRITUAL


El auténtico conocimiento consiste en discernir sin error el bien del mal; cuando esto se logra, entonces el camino de la justicia, que conduce al alma hacia Dios, sol de justicia, introduce a aquella misma alma en la luz infinita del conocimiento, de modo que, en adelante, va ya segura en pos de la caridad. Conviene que, aun en medio de nuestras luchas, conservemos siempre la paz del espíritu, para que la mente pueda discernir los pensamientos que la asaltan, guardando en la despensa de su memoria los que son buenos y provienen de Dios, y arrojando de este almacén natural los que son malos y proceden del demonio. El mar, cuando está en calma, permite a los pescadores ver hasta el fondo del mismo y descubrir dónde se hallan los peces; en cambio, cuando está agitado, se enturbia e impide aquella visibilidad, volviendo inútiles todos los recursos de que se valen los pescadores. Sólo el Espíritu Santo puede purificar nuestra mente; si no entra él, como el más fuerte del evangelio, para vencer al ladrón, nunca le podremos arrebatar a éste su presa. Conviene, pues, que en toda ocasión el Espíritu Santo se halle a gusto en nuestra alma pacificada, y así tendremos siempre encendida en nosotros la luz del conocimiento; si ella brilla siempre en nuestro interior, no sólo se pondrán al descubierto las influencias nefastas y tenebrosas del demonio, sino que también se debilitarán en gran manera, al ser sorprendidas por aquella luz santa y gloriosa. Por esto, dice el Apóstol: No apaguéis el Espíritu, esto es, no entristezcáis al Espíritu Santo con vuestras malas obras y pensamientos, no sea que deje de ayudaros con su luz. No es que nosotros podamos extinguir lo que hay de eterno y vivificante en el Espíritu Santo, pero sí que al contristarlo, es decir, al ocasionar este alejamiento entre él y nosotros, queda nuestra mente privada de su luz y envuelta en tinieblas. La sensibilidad del espíritu consiste en un gusto acertado, que nos da el verdadero discernimiento. Del mismo modo que, por el sentido corporal del gusto, cuando disfrutamos de buena salud, apetecemos lo agradable, discerniendo sin error lo bueno de lo malo, así también nuestro espíritu, desde el momento en que comienza a gozar de plena salud y a prescindir de inútiles preocupaciones, se hace capaz de experimentar la abundancia de la consolación divina y de retener en su mente el recuerdo de su sabor, por obra de la caridad, para distinguir y quedarse con lo mejor, según lo que dice el Apóstol: Y ésta es mi oración: Que vuestro amor siga creciendo más y más en penetración y en sensibilidad para apreciar los valores.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Santo Evangelio 4 de Febrero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 6,1-6):

 En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguieron. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se asombró de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.



«¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?»


Rev. D. Miquel MASATS i Roca

(Girona, España)

Hoy el Evangelio nos muestra cómo Jesús va a la sinagoga de Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado es el día dedicado al Señor y los judíos se reúnen para escuchar la Palabra de Dios. Jesús va cada sábado a la sinagoga y allí enseña, no como los escribas y fariseos, sino como quien tiene autoridad (cf. Mc 1,22).

Dios nos habla también hoy mediante la Escritura. En la sinagoga se leen las Escrituras y, después, uno de los entendidos se ocupaba de comentarlas, mostrando su sentido y el mensaje que Dios quiere transmitir a través de ellas. Se atribuye a san Agustín la siguiente reflexión: «Así como en la oración nosotros hablamos con Dios, en la lectura es Dios quien nos habla».

El hecho de que Jesús, Hijo de Dios, sea conocido entre sus conciudadanos por su trabajo, nos ofrece una perspectiva insospechada para nuestra vida ordinaria. El trabajo profesional de cada uno de nosotros es medio de encuentro con Dios y, por tanto, realidad santificable y santificadora. Con palabras de san Josemaría Escrivá: «Vuestra vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina. Ésta es la razón por la cual os tenéis que santificar, contribuyendo al mismo tiempo a la santificación de los demás, de vuestros iguales, precisamente santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente: esa profesión u oficio que llena vuestros días, que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad humana, que es vuestra manera de estar en el mundo; ese hogar, esa familia vuestra; y esa nación, en que habéis nacido y a la que amáis».

Acaba el pasaje del Evangelio diciendo que Jesús «no podía hacer allí ningún milagro (...). Y se maravilló de su falta de fe» (Mc 6,5-6). También hoy el Señor nos pide más fe en Él para realizar cosas que superan nuestras posibilidades humanas. Los milagros manifiestan el poder de Dios y la necesidad que tenemos de Él en nuestra vida de cada día.


«Contrabandistas de la fe»: la migración filipina que evangeliza el mundo sin llamar la atención


 «Contrabandistas de la fe»: la migración filipina que evangeliza el mundo sin llamar la atención

Los migrantes filipinos abarrotan las iglesias de países como Estados Unidos o Baréin.

Filipinos en misa rezan con las manos levantadas el Padrenuestro.

Los católicos filipinos repartidos por el mundo se han convertido en lo que el Papa Francisco describió como "contrabandistas de la fe": personas que transmiten el Evangelio no tanto mediante argumentos, sino a través de la esperanza, la constancia y la simple presencia. CNA cuenta este fenómeno.

Lo que comenzó como una migración por simple necesidad económica ha terminado convirtiéndose en toda una forma inesperada de evangelización, realizada por familias comunes que viven su fe de manera abierta, comunitaria y alegre.

Se encargan de la pastoral

Para muchos trabajadores filipinos en el extranjero, migrar nunca fue una misión religiosa, sino una obligación hacia sus familias. Para personas como Fulgencio Abuan —quien pasó décadas en Oriente Medio—, la fe, sin embargo, ha ido desplazándose hasta ocupar el centro de su vida. 


La fe de los católicos filipinos es muy fervorosa.

Su encuentro con movimientos laicales como Parejas para Cristo en Baréin profundizó su espiritualidad mediante reuniones de oración y formación.

Su modo de evangelizar consistía en acoger a recién llegados, invitar a rezar, organizar convivencias y humanizar la vida parroquial. En contextos donde la expresión religiosa era muy limitada, los filipinos aprendieron a dar testimonio de manera constante pero discreta.

Un fenómeno semejante ocurre en Asia. En Japón, la misionera laica Erlyn Regondon lleva más de diez años acompañando a inmigrantes filipinos y feligreses internacionales en la Archidiócesis de Tokio. Observa que muchos filipinos, en el extranjero, asumen papeles como catequistas, monaguillos, coordinadores, miembros del coro.

El cardenal Tarcisio Isao Kikuchi ha reconocido que los filipinos no solo ofrecen acompañamiento pastoral, sino que también aportan dinamismo, estabilidad y juventud a las parroquias japonesas.

Parroquias que resucitan

En Estados Unidos se repite el mismo patrón. El obispo auxiliar de Filadelfia, Efren Esmilla, ha visto cómo parroquias casi vacías recuperan vida gracias a la llegada de inmigrantes filipinos. Suele resumirlo con una frase en tagalo: "Si hay un filipino, la parroquia revive".

En 2023 unos 2.16 millones de filipinos trabajaban en el extranjero.

Para Esmilla, las procesiones, las fiestas marianas y la espiritualidad no solo preservan identidad cultural: reavivan la alegría y la participación comunitaria. La convivencia después de misa, la música y la hospitalidad atraen tanto a filipinos como a feligreses que se habían alejado.

Según la Autoridad de Estadísticas de Filipinas, en 2023 unos 2.16 millones de filipinos trabajaban en el extranjero. La mayoría se encuentra en Asia, seguida de América, Europa, Australia y África. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos siguen siendo los destinos principales.  

La Conferencia de Obispos Católicos de Filipinas reconoce desde hace años la dimensión misionera de la inmigración. A través de su Comisión para Migrantes e Itinerantes, ofrece acompañamiento pastoral, formación y apoyo a quienes enfrentan soledad, choque cultural o riesgo de perder la fe.

El Santo Niño de Cebú cuenta con una procesión fluvial anual en el estrecho de Mactán, con barcos, cánticos y réplicas de la imagen

Más de 5,2 millones de fieles con el Santo Niño en Cebú, Filipinas: cinco siglos de devoción

Las diócesis de acogida colaboran cada vez más con instituciones filipinas, entendiendo que la pastoral migratoria no es solo asistencia, sino misión. Sacerdotes, religiosos y laicos filipinos sirven hoy en regiones que, siglos atrás, fueron evangelizadas por misioneros occidentales.

Cinco siglos después de que el cristianismo llegara a Filipinas, la historia se ha invertido. Los descendientes de quienes fueron evangelizados ahora llevan la fe más allá de sus fronteras, no por estrategia, sino por las exigencias de la vida.

Fuente: Religión en Libertad

Cristo, primicia de nuestra resurrección

 


Del tratado de san Ireneo, obispo, contra las herejías

(Libro 3,19,1. 3-20,1: SC 34, 332. 336-338)

CRISTO, PRIMICIA DE NUESTRA RESURRECCIÓN


El Verbo de Dios se hizo hombre y el Hijo de Dios se hizo Hijo del hombre para que el hombre, unido íntimamente al Verbo de Dios, se hiciera hijo de Dios por adopción.

En efecto, no hubiéramos podido recibir la incorrupción y la inmortalidad, si no hubiéramos estado unidos al que es la incorrupción y la inmortalidad en persona. ¿Y cómo hubiésemos podido unirnos al que es la incorrupción y la inmortalidad, si antes él no se hubiese hecho uno de nosotros, a fin de que nuestro ser corruptible fuera absorbido por la incorrupción, y nuestro ser mortal fuera absorbido por la inmortalidad, para que recibiésemos la filiación adoptiva?

Así, pues, este Señor nuestro es Hijo de Dios y Verbo del Padre por naturaleza, y también es Hijo del hombre, ya que tuvo una generación humana, hecho Hijo del hombre a partir de María, la cual descendía de la raza humana y a ella pertenecía.

Por esto, el mismo Señor nos dio una señal en las profundidades de la tierra y en lo alto de los cielos, señal que no había pedido el hombre, porque éste no podía imaginar que una virgen concibiera y diera a luz, y que el fruto de su parto fuera Dios con nosotros, que descendiera a las profundidades de la tierra para buscar a la oveja perdida (el hombre, obra de sus manos), y que, después de haberla hallado, subiera a las alturas para presentarla y encomendarla al Padre, convirtiéndose él en primicias de la resurrección. Así, del mismo modo que la cabeza resucitó de entre los muertos, también todo el cuerpo (es decir, todo hombre que participa de su vida, cumplido el tiempo de su condena, fruto de su desobediencia) resucitará, por la trabazón y unión que existe entre los miembros y la cabeza del cuerpo de Cristo, que va creciendo por la fuerza de Dios, teniendo cada miembro su propia y adecuada situación en el cuerpo. En la casa del Padre hay muchas moradas, porque muchos son los miembros del cuerpo.

Dios se mostró magnánimo ante la caída del hombre y dispuso aquella victoria que iba a conseguirse por el Verbo. Al mostrarse perfecta la fuerza en la debilidad, se puso de manifiesto la bondad y el poder admirable de Dios.

martes, 3 de febrero de 2026

Santo Evangelio 3 de Febrero 2026

 




Texto del Evangelio (Mc 5,21-43):

 En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.

«Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»



Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas

(Girona, España)

Hoy el Evangelio nos presenta dos milagros de Jesús que nos hablan de la fe de dos personas bien distintas. Tanto Jairo —uno de los jefes de la sinagoga— como aquella mujer enferma muestran una gran fe: Jairo está seguro de que Jesús puede curar a su hija, mientras que aquella buena mujer confía en que un mínimo de contacto con la ropa de Jesús será suficiente para liberarla de una enfermedad muy grave. Y Jesús, porque son personas de fe, les concede el favor que habían ido a buscar.

La primera fue ella, aquella que pensaba que no era digna de que Jesús le dedicara tiempo, la que no se atrevía a molestar al Maestro ni a aquellos judíos tan influyentes. Sin hacer ruido, se acerca y, tocando la borla del manto de Jesús, “arranca” su curación y ella enseguida lo nota en su cuerpo. Pero Jesús, que sabe lo que ha pasado, no la quiere dejar marchar sin dirigirle unas palabras: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5,34).

A Jairo, Jesús le pide una fe todavía más grande. Como ya Dios había hecho con Abraham en el Antiguo Testamento, pedirá una fe contra toda esperanza, la fe de las cosas imposibles. Le comunicaron a Jairo la terrible noticia de que su hijita acababa de morir. Nos podemos imaginar el gran dolor que le invadiría en aquel momento, y quizá la tentación de la desesperación. Y Jesús, que lo había oído, le dice: «No temas, solamente ten fe» (Mc 5,36). Y como aquellos patriarcas antiguos, creyendo contra toda esperanza, vio cómo Jesús devolvía la vida a su amada hija.

Dos grandes lecciones de fe para nosotros. Desde las páginas del Evangelio, Jairo y la mujer que sufría hemorragias, juntamente con tantos otros, nos hablan de la necesidad de tener una fe inconmovible. Podemos hacer nuestra aquella bonita exclamación evangélica: «Creo, Señor, ayuda mi incredulidad» (Mc 9,24).