martes, 4 de octubre de 2022

Santo Evangelio 4 de Octubre 2022

 


Texto del Evangelio (Lc 10,38-42):

 En aquel tiempo, Jesús entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra, mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Acercándose, pues, dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada»



«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola»


Rev. D. Josep RIBOT i Margarit

(Tarragona, España)

Hoy, como cada día, puedes aprender del Evangelio. Jesús, invitado en el hogar de Betania, nos da una lección de humanidad: Él, que quería a la gente, se deja querer, porque las dos cosas son importantes. Rechazar las muestras de afecto, de Dios y de los demás, sería un grave error, de consecuencias nefastas para la santidad.

¿Marta o María? Pero..., ¿por qué enfrentar a quienes tanto se querían, y querían tanto a Dios? Jesús amaba a Marta y María, y a su hermano Lázaro, y nos ama a cada uno de nosotros.

En el camino de la santidad no hay dos almas iguales. Todos procuramos amar a Dios, pero con estilo y personalidad propios, sin imitar a nadie. Nuestro modelo está en Cristo y la Virgen. ¿Te molesta la manera de tratar a Dios de otros? Intenta aprender de su piedad personal.

«Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude» (Lc 10,40). Servir a los demás, por amor a Dios, es un honor, no una carga. ¿Servimos con alegría, como la Virgen a su prima santa Isabel o en las bodas de Caná, o como Jesús, en el lavatorio de los pies en la Última Cena?

«Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola» (Lc 10,41-42). No perdamos la paz, ni el buen humor. Y para eso, cuidemos la presencia de Dios. «Sabedlo bien: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir (…); o sabemos encontrar en nuestra vida ordinaria al Señor, o no lo encontraremos nunca» (San Josemaría).

«María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada» (Lc 10,42). Dios nos quiere felices. Que nuestra Madre del Cielo nos ayude a experimentar la alegría de la entrega.


lunes, 3 de octubre de 2022

Santo Evangelio 3 de Octubre 2022



 Texto del Evangelio (Lc 10,25-37):

En aquel tiempo, se levantó un maestro de la Ley, y dijo para poner a prueba a Jesús: «Maestro, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Él le dijo: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?». Respondió: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo». Díjole entonces: «Bien has respondido. Haz eso y vivirás».

Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «Y ¿quién es mi prójimo?». Jesús respondió: «Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva. ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?». Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Díjole Jesús: «Vete y haz tú lo mismo».



«¿Qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?»


Rev. P. Ivan LEVYTSKYY CSsR

(Lviv, Ucrania)

Hoy, el mensaje evangélico señala el camino de la vida: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, (…) y a tu prójimo como a ti mismo» (Lc 10,27). Y porque Dios nos ha amado primero, nos lleva a la unión con Él. La beata Teresa de Calcuta dice: «Nosotros necesitamos esta unión íntima con Dios en nuestra vida cotidiana. ¿Y cómo podemos conseguirla? A través de la oración». Estando en unión con Dios empezamos a experimentar que todo es posible con Él, incluso el amar al prójimo.

Alguien decía que el cristiano entra en la iglesia para amar a Dios y sale para amar al prójimo. El Papa Benedicto subraya que el programa del cristiano —el programa del buen samaritano, el programa de Jesús— es «un corazón que ve». ¡Ver y parar! En la parábola, dos personas ven al necesitado, pero no paran. Por esto Cristo reprochaba a los fariseos diciendo: «Tenéis ojos y no veis» (Mc 8,18). Al contrario, el samaritano ve y para, tiene compasión y así salva la vida al necesitado y a sí mismo.

Cuando el famoso arquitecto catalán Antonio Gaudí fue atropellado por un tranvía, algunas personas que estaban de paso no pararon para ayudar a aquel anciano herido. No llevaba documento alguno y por su aspecto parecía un mendigo. Seguramente que si la gente hubiese sabido quién era aquel prójimo, hubiese hecho cola para auxiliarlo.

Cuando practicamos el bien, pensamos que lo hacemos por el prójimo, pero realmente también lo hacemos por Cristo: «Os aseguro que todo lo que hicisteis por uno de los más pequeños de estos mis hermanos, a mi lo hicisteis» (Mt 25,40). Y mi prójimo, dice Benedicto XVI, es cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar. Si cada uno, al ver al prójimo en necesidad, se detuviera y se compadeciera de él una vez al día o a la semana, la crisis disminuiría y el mundo devendría mejor. «Nada nos asemeja tanto a Dios como las obras buenas» (San Gregorio de Nisa).

domingo, 2 de octubre de 2022

Santo Evangelio 2 de Octubre 2022



 Texto del Evangelio (Lc 17,5-10):

 En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor; «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un grano de mostaza, habríais dicho a este sicómoro: ‘Arráncate y plántate en el mar’, y os habría obedecido.

»¿Quién de vosotros tiene un siervo arando o pastoreando y, cuando regresa del campo, le dice: ‘Pasa al momento y ponte a la mesa?’. ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame algo para cenar, y cíñete para servirme hasta que haya comido y bebido, y después comerás y beberás tú?’. ¿Acaso tiene que agradecer al siervo porque hizo lo que le fue mandado? De igual modo vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os fue mandado, decid: ‘Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer’».



«Somos siervos inútiles; hemos hecho lo que debíamos hacer»


+ Rev. D. Josep VALL i Mundó

(Barcelona, España)

Hoy, Cristo nos habla nuevamente de servicio. El Evangelio insiste siempre en el espíritu de servicio. Nos ayuda a ello la contemplación del Verbo de Dios encarnado —el siervo de Yavé, de Isaías— que «se anonadó y tomó la condición de esclavo» (Flp 2,2-7). Cristo afirma también: «Yo estoy entre vosotros como el que sirve» (Lc 22,27), pues «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos» (Mt 20,28). En una ocasión, el ejemplo de Jesús se concretó realizando el trabajo de un esclavo al lavar los pies de sus discípulos. Quería dejar así bien claro, con este gesto, que sus seguidores debían servir, ayudar y amarse unos a otros, como hermanos y servidores de todos, tal como propone la parábola del buen samaritano.

Debemos vivir toda la vida cristiana con sentido de servicio sin creer que estamos haciendo algo extraordinario. Toda la vida familiar, profesional y social —en el mundo político, económico, etc.— ha de estar impregnada de este espíritu. «Para servir, servir», afirmaba san Josemaría Escrivá; él quería dar a entender que para “ser útil” es preciso vivir una vida de servicio generoso sin buscar honores, glorias humanas o aplausos.

Los antiguos afirmaban el “nolentes quaerimus” —«buscamos para los cargos de gobierno a quienes no los ambicionan; a quienes no desean figurar»— cuando había que hacer nombramientos jerárquicos. Ésta es la intencionalidad propia de los buenos pastores dispuestos a servir a la Iglesia como ella quiere ser servida: asumir la condición de siervos como Cristo. Recordemos, según las conocidas palabras de san Agustín, cómo debe ejercerse una función eclesial: «Non tam praeesse quam prodesse»; no tanto con el mando o la presidencia sino, más bien, con la utilidad y el servicio.


«La Teoría Crítica de la Raza debe ser rechazada por los católicos por razones análogas al marxismo»

 


«La Teoría Crítica de la Raza debe ser rechazada por los católicos por razones análogas al marxismo»

Manifestación contra el racismo en Washington.

'Acabemos con el racismo sistémico', dice la pancarta durante una manifestación en Washington. La idea de que todo el sistema es racista independientemente de lo que piensen las personas o de cómo actúen es un punto fundamental de la Teoría Crítica de la Raza. Foto: Clay Banks / Unsplash.

Aparentemente, la Teoría Crítica de la Raza es algo difícilmente comprensible fuera del marco cultural de Estados Unidos, donde lleva tiempo marcando el debate político como parte de la cultura woke y de la cancelación. Esta ideología ha sido asumida prácticamente como oficial por buena parte de las universidades norteamericanas, y la industria mediática y del entretenimiento la promueve abiertamente.

Altavoces ideológicos

Y eso la internacionaliza. En estos días, por ejemplo, Netflix promociona uno de sus últimos estrenos, Final de trayecto, una película interpretada por la actriz y cantante negra Queen Latifah que, con la envoltura de una tópica trama de familia que lucha por su supervivencia al verse envuelta en un problema entre traficantes de drogas, transmite un racismo inmisericorde contra los blancos –incluidos insultos directos- para denunciar el supuesto racismo, irredimible y estructural, del estado de Texas.

Es decir: una versión cinematográfica de la Teoría Crítica de la Raza. En efecto, la Enciclopedia Británica la define como un movimiento social e intelectual basado en la premisa de que la raza no es un dato biológico sino una “construcción social” o “invención cultural” utilizada “para oprimir y explotar a las personas de color”. Para sus adeptos, el racismo sería algo “inherente a la ley y a las instituciones de Estados Unidos en la medida en la que éstas sirven para crear y mantener las desigualdades sociales, económicas y políticas entre blancos y no blancos, en particular afroamericanos”. Dicho de otra forma, hay racismo aunque no haya racistas.

Y así, en Final de trayecto, los protagonistas sienten su raza e interaccionan con su entorno como si viviesen bajo la permanente amenaza del Ku Klux Klan. Poco importa que en Texas, un estado tradicionalmente republicano con solo un 12% de población negra, Barack Obama obtuviese porcentajes de voto similares (entre el 40 y el 45%) a Hillary Clinton o Joe Biden, o que sus tres grandes ciudades (Houston, Dallas y San Antonio) hayan tenido alcaldes negros. Como a toda ideología, a la Teoría Crítica de la Raza la realidad le importa poco.

Resistencia social

Por su potencial para sembrar odio y división y sus pretensiones totalitarias, algunos estados norteamericanos están empezando a tomar medidas para impedir que la Teoría Crítica de la Raza se adueñe del sistema educativo como lo ha hecho la ideología de género.


El gobernador de Florida, Ron de Santis, firmó en abril una ley para proteger la libertad de cátedra de los profesores e impedir el adoctrinamiento del alumnado.

Ron de Santis con Donald Trump.

El gobernador de Florida, Ron de Santis, de 44 años, es católico, historiador por Yale y abogado por Harvard, militar en la reserva (estuvo desplegado en Irak en los servicios jurídicos de los Navy Seal), provida, protector activo de la familia frente al lobby LGTBI y resistente a que las vacunas, mascarillas y pasaportes sanitarios sean obligatorios. Es claro favorito a la reelección este noviembre y la más sólida alternativa republicana para las presidenciales de 2024 si Donald Trump no se presentase. También se especula con la posibilidad de que ambos conformen el ticket republicano.

“Vamos a tomar medidas contra ese racismo impuesto por el estado que es la Teoría Crítica de la Raza", dijo entonces De Santis: "No permitiremos que el dinero de los impuestos de Florida se gaste en enseñar a los niños a odiar a su país o a odiarse unos a otros. Es nuestra responsabilidad garantizar que los padres tienen instrumentos para reclamar sus derechos”.

Para entender bien esta ideología y cómo ha de ser juzgada desde el punto de vista católico, Edward Feser, profesor de Filosofía en el Pasadena City College, en California, ha escrito una obra que es ya referencia en el tema: Todos unos en Cristo. Una crítica católica del racismo y de la Teoría Crítica de la Raza (Ignatius Press).

Las razones católicas contra el racismo

Puede chocar escuchar a De Santis afirmar que la Teoría Crítica de la Raza es racismo impuesto como ideología. Por eso son convenientes las distinciones con las que comienza Feser su libro.

La solidez de la posición católica contra el racismo, explica, deriva de su propia concepción del hombre, y por tanto va más allá de lo que la propia biología pueda establecer en torno a qué es una raza o qué diferencias hay entre unas y otras. Se basa “en la afirmación de la filosofía y la teología católica tradicionales de que la inteligencia y la voluntad son inmateriales, potencias del alma", un alma "creada específicamente por Dios para cada nuevo ser humano" y que "solo es cognoscible mediante la argumentación filosófica y la revelación divina".

Ahora bien, recuerda Feser, "la dignidad humana y los derechos humanos fundamentales se fundamentan en esas potencias del alma, porque gracias a esas potencias podemos conocer y amar a Dios. Puesto que todos los seres humanos de cualquier raza tienen alma, se sigue que todos tienen la misma dignidad y derechos fundamentales”.



Portada de 'All one in Christ'.

El segundo fundamento de la condena del racismo por la Iglesia es otra verdad teológica, y es que, del mismo modo que todos los seres humanos han pecado, "por todos se ha ofrecido la redención por medio del sacrificio de Cristo" y para todos existe la posibilidad "de la visión beatífica": "Esta finalidad sobrenatural se añade a la dignidad que nos otorga nuestra naturaleza como criaturas racionales, y puesto que ha sido otorgada a todos los seres humanos de cualquier raza, se sigue que todos los seres humanos tienen igualmente esta dignidad añadida”.

¿Quién es racista?

Feser hace estas y otras consideraciones sobre los contenidos de su libro en una entrevista de Carl E. Olson en Catholic World Report, donde se explaya sobre los contenidos de la Teoría Crítica de la Raza, tal como la han formulado dos fundadores del movimiento, el profesor Derrick Bell (1930-2011) y la profesora Kimberlé Crenshaw (n. 1959), y dos de sus divulgadores, Ibram X. Kendi (n. 1980), considerado por Time en 2020 una de las 100 personas más influyentes del país, y Robin DiAngelo (n. 1956), también profesora y la única de los cuatro que es de raza blanca.

Según estos teóricos, el racismo en la sociedad occidental va mucho más allá de lo que la gente piensa cuando escucha esa palabra.

"Cuando la mayor parte de la gente oye 'racismo', está pensando en la segregación, el Ku Klux Klan, la discriminación laboral, etc. Según los defensores de la Teoría Crítica de la Raza, incluso si eliminamos completamente todo ese tipo de cosas, apenas habríamos rascado la superficie. Sostienen que el racismo empapa cada rincón y cada rendija de la sociedad: empapa todo el sistema legal, la cultura popular e incluso la mentalidad y la actuación de personas que se consideran a sí mismas antirracistas".

Cualquier desigualdad de cualquier tipo es automáticamente considerada racismo, y quien proponga una explicación alternativa (cultural, económica o cualquier otra) ya demuestra con ello ser racista: "Así de simplificador y dogmático", apunta Feser.

Es irrelevante que alguien se considere antirracista o incluso luche contra el racismo, es irrelevante incluso que sea negro: si no acepta esta ideología, le serán achacados 'prejuicios' y 'microagresiones' inconscientes y será considerado tanto más racista cuantas más alegaciones haga de no serlo y más se esfuerce en demostrarlo.

"Naturalmente, esto es una receta para el fanatismo", afirma Feser, porque esas pruebas tan sutiles de racismo son invisibles para cualquiera, salvo para quien se ponga las gafas ideológicas de la Teoría Crítica de la Raza.

La consecuencia es inmediata: no tener en cuenta el color de la piel, hasta ahora algo evidente para cualquier no-racista, pasa a ser un signo de racismo, y afirmar la igualdad de las razas ya no es suficiente. Pero tampoco lo es la 'discriminación positiva' (beneficiar a las minorías raciales), sino que autores como Kendi abogan por la discriminación a la inversa, esto es, perjudicar activamente a los blancos.

"Para nada de ello hay argumentos", lamenta Feser: "Simplemente, se afirma como si hubiese sido revelado de lo alto, y toda posible discrepancia es demonizada precisamente como racista... Es una ideología tan extrema que incluso muchos votantes progresistas la consideran inquietante cuando conocen su contenido".

Hijos de Gramsci



Feser descubre fácilmente la esencia marxista de esta ideología, y en particular la influencia del comunista Antonio Gramsci (1891-1937), quien afirmó la hegemonía de los presupuestos culturales en la 'opresión capitalista' y por tanto abogó por combatirlos con mayor ahínco que las tradicionales causas económicas o sociales. La Teoría Crítica de la Raza se limita a sustituir el 'poder económico burgués' por la 'supremacía blanca'. Y de ahí la obsesión de sus ideólogos por dominar el ámbito académico y el ocio, lo que en buena parte están consiguiendo. 

Estamos, pues, ante una nueva forma de materialismo dialéctico e histórico, donde el conflicto entre clases (como entre sexos en el feminismo marxista o la ideología de género) se traslada a un conflicto entre razas. El esquema de opresores (burgueses/hombres/blancos) y oprimidos (trabajadores/mujeres/negros) es exactamente el mismo.

Incompatible con la doctrina de la Iglesia

Por este motivo, "como en el caso del marxismo, la Teoría Crítica de la Raza es una grave perversión de la buena causa que dice representar, y es totalmente incompatible con la doctrina social de la Iglesia”, anuncia Feser: "La Iglesia ha condenado fuerte y continuamente este tipo de actitud. Condena la tesis de que la vida social y la historia sean fundamentalmente una lucha entre clases inherentemente hostiles, e insiste en que los grupos sociales deben verse en colaboración, y no intrínsecamente en conflicto. Condena la tendencia a juzgar las ideas en términos del interés ideológico al que sirven más que apelando a estándares objetivos como la verdad y la racionalidad. Condena la actitud vengativa hacia los supuestos opresores, como es la discriminación inversa".

Edward Feser.

Edward Feser es autor de diversos libros sobre metafísica aristotélica y tomista, como 'Cinco pruebas de la existencia de Dios', y de títulos que abordan cuestiones de actualidad, como 'Otro hombre derramará su sangre. Una defensa católica de la pena de muerte'.

Feser emparenta la Teoría Crítica de la Raza con los sistemas gnósticos de pensamiento: la realidad más inocente queda ensuciada al considerarse manifestación de "un poder siniestro", y plantea una "división simplista y maniquea de la sociedad entre la fuerzas combatientes de la oscuridad [la supremacía blanca] y de la luz [estos ideólogos]". 

Lo cierto es que "las pretensiones de la Teoría Crítica de la Raza no tienen ningún apoyo en pruebas reales de las ciencias sociales, y de hecho están en conflicto con la ellas". Esta ideología adolece además de ser "esencialmente relativista", "superficial" e "intelectualmente débil... Las personas a quienes atrae están absolutamente obsesionadas con la raza, hierven de ira y son incapaces de enlazar un argumento coherente. Es una visión profundamente irracional y desagradable de la vida humana".

Y esto alimentó la explosión de odio con la que Black Lives Matter atizó la violencia en las calles estadounidenses en la primavera y verano de 2020.

Católicos: precaución

Sin embargo, muchos católicos no son conscientes de hasta qué punto esta ideología es peligrosa para la sociedad: "Hay una estúpida tendencia entre algunas personas a pensar que, puesto que este movimiento se envuelve en una noble retórica y en palabras inocentes como 'anti-racismo', debe haber algo bueno en él. Esto es tan ingenuo como pensar que debe haber algo bueno en el marxismo por el hecho de que los marxistas hablen mucho de la situación de los pobres".

"La Iglesia no va detrás de nadie en preocupación por los pobres", concluye Feser, "pero siempre ha enseñado que el marxismo es una ideología perversa y que los católicos no pueden colaborar con ella, sino rechazarla de arriba abajo. Como demuestro en el libro, la Teoría Crítica de la Raza no es menos nociva y debe ser firmemente rechazada por los católicos por razones análogas. Solo puede empeorar las cosas, no mejorarlas".

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 1 de octubre de 2022

Santo Evangelio 1 de Octubre 2022



 Texto del Evangelio (Lc 10,17-24):

 En aquel tiempo, regresaron alegres los setenta y dos, diciendo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del enemigo, y nada os podrá hacer daño; pero no os alegréis de que los espíritus se os sometan; alegraos de que vuestros nombres estén escritos en los cielos».

En aquel momento, se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito. Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; y quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».

Volviéndose a los discípulos, les dijo aparte: «¡Dichosos los ojos que ven lo que veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, pero no lo vieron, y oír lo que vosotros oís, pero no lo oyeron».



«Se llenó de gozo Jesús en el Espíritu Santo, y dijo: ‘Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra’»


+ Rev. D. Josep VALL i Mundó

(Barcelona, España)

Hoy, el evangelista Lucas nos narra el hecho que da lugar al agradecimiento de Jesús para con su Padre por los beneficios que ha otorgado a la Humanidad. Agradece la revelación concedida a los humildes de corazón, a los pequeños en el Reino. Jesús muestra su alegría al ver que éstos admiten, entienden y practican lo que Dios da a conocer por medio de Él. En otras ocasiones, en su diálogo íntimo con el Padre, también le dará gracias porque siempre le escucha. Alaba al samaritano leproso que, una vez curado de su enfermedad —junto con otros nueve—, regresa sólo él donde está Jesús para darle las gracias por el beneficio recibido.

Escribe san Agustín: «¿Podemos llevar algo mejor en el corazón, pronunciarlo con la boca, escribirlo con la pluma, que estas palabras: ‘Gracias a Dios’? No hay nada que pueda decirse con mayor brevedad, ni oír con mayor alegría, ni sentirse con mayor elevación, ni hacer con mayor utilidad». Así debemos actuar siempre con Dios y con el prójimo, incluso por los dones que desconocemos, como escribía san Josemaría Escrivá. Gratitud para con los padres, los amigos, los maestros, los compañeros. Para con todos los que nos ayuden, nos estimulen, nos sirvan. Gratitud también, como es lógico, con nuestra Madre, la Iglesia.

La gratitud no es una virtud muy “usada” o habitual, y, en cambio, es una de las que se experimentan con mayor agrado. Debemos reconocer que, a veces, tampoco es fácil vivirla. Santa Teresa afirmaba: «Tengo una condición tan agradecida que me sobornarían con una sardina». Los santos han obrado siempre así. Y lo han realizado de tres modos diversos, como señalaba santo Tomás de Aquino: primero, con el reconocimiento interior de los beneficios recibidos; segundo, alabando externamente a Dios con la palabra; y, tercero, procurando recompensar al bienhechor con obras, según las propias posibilidades.


Cinco claves para llegar a Dios a través del «ocio»: «Cuando sales de la rutina es más fácil verlo»


 Cinco claves para llegar a Dios a través del «ocio»: «Cuando sales de la rutina es más fácil verlo»

Steve Smith enumera una serie ideas sobre el verdadero ocio, aquel que sirve como puerta de entrada al propio Dios.

La sociedad de hoy lleva un ritmo tan frenético que, a veces, se antoja necesario detenerse un rato para reformular ciertos conceptos. Uno de ellos es el de "ocio", justo lo contrario que el neg-ocio, el "Dios" de este tiempo. El divulgador Steve Smith ha ofrecido en la web Catholic Stand una serie de claves para comprender cristianamente la importancia de disfrutar de Dios y de su creación, "sin tener que estar produciendo constantemente". 

El hemisferio norte va diciendo adiós al verano y "toca volver al trabajo". Algo que, reconoce Smith, no es malo en sí mismo, ya que "todo trabajo es un testimonio de la dignidad del hombre". Sin embargo, el trabajo no es el fin de todo, "el trabajo es 'para el hombre' y no el hombre 'para el trabajo'". El trabajo siempre debe apuntar a algo más grande. San Josemaría Escrivá afirma que "el trabajo nunca puede ser considerado lo principal de la vida".

Dos partes inseparables

Entonces, "¿qué es lo 'fundamental' en la vida?", se pregunta Smith. Para los budistas, puede ser escapar del sufrimiento. Para los cristianos, en cambio, lo "fundamental" es la unión con Dios. Y, el trabajo, como el ocio, son dos partes inseparables de ello. De hecho, según el profesor Josef Pieper: "El ocio está en un orden superior al mundo del trabajo". Pieper es una de las principales voces contemporáneas que habla del valor espiritual del ocio.


RezandoPara Smith, lo fundamental de la vida es la unión con Dios, que puede darse a través del ocio.

En este sentido, Smith señala que la naturaleza caída del hombre juega un papel muy importante a la hora de intentar mantenerse siempre alejados de Dios. La naturaleza caída provoca no comprender bien la función del trabajo, aunque se tengan sanas intenciones. "El querer salir adelante económicamente impulsa a muchas personas a dedicar cada vez más tiempo al trabajo", comenta.

La auténtica pregunta

El divulgador afirma que muchas veces se descuida la auténtica pregunta: ¿Por qué trabajo? Y, se suele contestar, que para "salir adelante". Smith señala que, para mucha gente, incluso, las vacaciones, se convierten en un "hacer algo", experimentar algo o cumplir deseos de una lista interminable.

"Si el ocio no es placentero, el hombre lo acabará eliminando", comenta Smith. Y, apunta, que hasta 2020, la mayoría de los indicadores mostraba que las personas cogían cada vez menos vacaciones. 

En este punto, Smith vuelve a mencionar la obra del profesor Pieper: "El ocio es esencialmente una 'no actividad'; es una forma de silencio. El ocio puede ser un requisito previo para escuchar".  Para Pieper, además, "el ocio implica una actitud de receptividad e inmersión en la realidad; una apertura del alma, a través de la cual surgen esas grandes y benditas intuiciones, que el 'trabajo mental' nunca podrá lograr".

La realidad tal y como es

La obra de Pieper, señala Smith, valora, también, el ocio como la actitud de no desear cambiar las cosas imperiosamente. "A menudo, juzgamos el valor de nuestro tiempo por la productividad. En el ocio, en cambio, nos permitimos aceptar la realidad tal y como es", afirma.

JóvenesEl ocio permite al cristiano un momento para aceptar la realidad tal y como es (Foto:Pixibay).



En este sentido, Smith se pregunta: "¿Cuándo fue la última vez que fuiste tú mismo?". Y, contesta que "ser uno mismo es estar alerta a los acontecimientos que nos rodean y, al mismo tiempo, sintonizados con los impulsos del Espíritu". Para el divulgador, "ser tú mismo es no preocuparte inútilmente por el futuro ni arrepentirte sin remedio del pasado".

Por esto mismo, el divulgador señala que Dios está diciendo algo fundamental sobre el ocio, cuando afirma: 'Estad quietos y sabed que yo soy Dios'." Es un mandato afirmativo, no negativo. "Dios no nos dice: 'Dejad de trabajar y sabed que yo soy Dios'", relata. La directriz de Dios no se encamina a lo que no deberíamos estar haciendo, sino a lo que deberíamos llegar a ser.

Para Smith, "aquietarse" es "el verdadero arte del ocio, simplemente estar presente, ser completamente tú mismo, estar completamente con Dios, sin necesidad de hacer, lograr o cambiar nada".

Una puerta de entrada

"Las olas del océano son relajantes y fascinantes. A menudo, pueden ser una puerta de entrada a la contemplación. Sin darnos cuenta, nuestras mentes son llevadas a cuestiones más profundas de la vida, como puede ser llegar a Dios", explica Smith.

El divulgador señala que, una vez que acaban las vacaciones de verano, se pueden tener unas 'mini vacaciones' cada día con Jesús. "No podemos ir a la playa todos los fines de semana, pero durante nuestro tiempo de meditación, podemos volver a 'saborear' eso mismo nuevamente. Nuestra oración diaria debe ser un tiempo de 'ocio', tanto o más que con nuestra familia de vacaciones", comenta.



La celebración, como parte del ocio, es también un aspecto muy importante de la vida. Porque, la verdadera celebración, se centra en el momento presente. "La cultura solo florece sobre el suelo del ocio, siempre que entendamos por 'cultura' lo que va más allá de las meras necesidades vitales... Si el ocio no tiene significado en sí mismo, entonces es claramente imposible de lograr", señala Pieper.

FiestaLa verdadera celebración se centra en el momento presente de la vida (Foto: Pixibay).

El escritor pone su mirada en la fiesta auténtica. "La fiesta combina los tres elementos que constituyen el ocio: la inactividad o el reposo, la ausencia de esfuerzo y  salir de lo cotidiano. Todo el mundo sabe lo difícil que es para los modernos alcanzar todo esto", apunta. 

El mayor "ocio" de todos 

Si se vincula "ocio" con celebración, la celebración por excelencia es la Eucaristía. "Celebrar es proclamar que el mundo está bien hecho. Aquellos que no creen que esto sea así, no son capaces de lograr el 'ocio.' Este depende de si concebimos o no al mundo como algo agradable. La forma más alta de aprobación del mundo se encuentra en el culto a Dios, en la alabanza del Creador, en la liturgia", apunta Pieper.

Para terminar, el escritor asegura que "no podemos alcanzar el 'ocio', si depende de nuestra propia naturaleza. El ocio solo se puede lograr, en la medida en que poseemos la chispa divina en nosotros. Nuestro Dios continuará llamándonos siempre en el ocio de nuestra meditación, en las celebraciones, en nuestro descanso diario y en la Eucaristía", asegura.

Fuente: Religíon en Libertad

viernes, 30 de septiembre de 2022

Santo Evangelio 30 de septiembre 2023



 Texto del Evangelio (Lc 10,13-16):

 En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».



«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha»


Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga

(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy vemos a Jesús dirigir su mirada hacia aquellas ciudades de Galilea que habían sido objeto de su preocupación y en las que Él había predicado y realizado las obras del Padre. En ningún lugar como Corazín, Betsaida y Cafarnaúm había predicado y hecho milagros. La siembra había sido abundante, pero la cosecha no fue buena. ¡Ni Jesús pudo convencerles...! ¡Qué misterio, el de la libertad humana! Podemos decir “no” a Dios... El mensaje evangélico no se impone por la fuerza, tan sólo se ofrece y yo puedo cerrarme a él; puedo aceptarlo o rechazarlo. El Señor respeta totalmente mi libertad. ¡Qué responsabilidad para mí!

Las expresiones de Jesús: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!» (Lc 10,13) al acabar su misión apostólica expresan más sufrimiento que condena. La proximidad del Reino de Dios no fue para aquellas ciudades una llamada a la penitencia y al cambio. Jesús reconoce que en Sidón y en Tiro habrían aprovechado mejor toda la gracia dispensada a los galileos.

La decepción de Jesús es mayor cuando se trata de Cafarnaúm. «¿Hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás!» (Lc 10,15). Aquí Pedro tenía su casa y Jesús había hecho de esta ciudad el centro de su predicación. Una vez más vemos más un sentimiento de tristeza que una amenaza en estas palabras. Lo mismo podríamos decir de muchas ciudades y personas de nuestra época. Creen que prosperan, cuando en realidad se están hundiendo.

«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha» (Lc 10,16). Estas palabras con las que concluye el Evangelio son una llamada a la conversión y traen esperanza. Si escuchamos la voz de Jesús aún estamos a tiempo. La conversión consiste en que el amor supere progresivamente al egoísmo en nuestra vida, lo cual es un trabajo siempre inacabado. San Máximo nos dirá: «No hay nada tan agradable y amado por Dios como el hecho de que los hombres se conviertan a Él con sincero arrepentimiento».