lunes, 31 de agosto de 2026

Santo Evangelio 31 de agosto 2026

 


Texto del Evangelio (Lc 4,16-30):

 En aquel tiempo, Jesús se fue a Nazaret, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura. Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor».

Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en Él. Comenzó, pues, a decirles: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Y todos daban testimonio de Él y estaban admirados de las palabras llenas de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es éste el hijo de José?». Él les dijo: «Seguramente me vais a decir el refrán: ‘Médico, cúrate a ti mismo’. Todo lo que hemos oído que ha sucedido en Cafarnaúm, hazlo también aquí en tu patria». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es bien recibido en su patria. Os digo de verdad: muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; y a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda de Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, y ninguno de ellos fue purificado sino Naamán, el sirio».

Oyendo estas cosas, todos los de la sinagoga se llenaron de ira; y, levantándose, le arrojaron fuera de la ciudad, y le llevaron a una altura escarpada del monte sobre el cual estaba edificada su ciudad, para despeñarle. Pero Él, pasando por medio de ellos, se marchó.



«Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír»


Rev. D. David AMADO i Fernández

(Barcelona, España)

Hoy, «se cumple esta escritura que acabáis de oír» (Lc 4,21). Con estas palabras, Jesús comenta en la sinagoga de Nazaret un texto del profeta Isaías: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido» (Lc 4,18). Estas palabras tienen un sentido que sobrepasa el concreto momento histórico en que fueron pronunciadas. El Espíritu Santo habita en plenitud en Jesucristo, y es Él quien lo envía a los creyentes.

Pero, además, todas las palabras del Evangelio tienen una actualidad eterna. Son eternas porque han sido pronunciadas por el Eterno, y son actuales porque Dios hace que se cumplan en todos los tiempos. Cuando escuchamos la Palabra de Dios, hemos de recibirla no como un discurso humano, sino como una Palabra que tiene un poder transformador en nosotros. Dios no habla a nuestros oídos, sino a nuestro corazón. Todo lo que dice está profundamente lleno de sentido y de amor. La Palabra de Dios es una fuente inextinguible de vida: «Es más lo que dejamos que lo que captamos, tal como ocurre con los sedientos que beben en una fuente» (San Efrén). Sus palabras salen del corazón de Dios. Y, de ese corazón, del seno de la Trinidad, vino Jesús —la Palabra del Padre— a los hombres.

Por eso, cada día, cuando escuchamos el Evangelio, hemos de poder decir como María: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38); a lo que Dios nos responderá: «Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír». Ahora bien, para que la Palabra sea eficaz en nosotros hay que desprenderse de todo prejuicio. Los contemporáneos de Jesús no le comprendieron, porque lo miraban sólo con ojos humanos: «¿No es este el hijo de José?» (Lc 4,22). Veían la humanidad de Cristo, pero no advirtieron su divinidad. Siempre que escuchemos la Palabra de Dios, más allá del estilo literario, de la belleza de las expresiones o de la singularidad de la situación, hemos de saber que es Dios quien nos habla.


Como conseguir buenos amigos

 


Como conseguir buenos amigos

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Sitio web: Un mensaje al corazón


¡La amistad es un gran tesoro! No se puede vivir la vida sólo. Es necesario tener amigos, por eso hoy le daremos 12 pasos para ayudarle a conquistar y mantener buenos amigos:

1.- Tenga una apertura con los demás. Acéptelos con sus defectos y virtudes. Nadie es totalmente perfecto ya que estamos en un proceso de superación.

2.- Sea asequible en el trato. Nunca demuestre una postura de superioridad, ni por su cargo, ni por su posición social. Todos somos esencialmente iguales, diferentes en nuestras funciones. Sea asequible, humilde y sencillo .

3.- Demuestre siempre interés por lo que los demás le quieren comunicar. Atienda al otro con respeto sabiendo que lo merece.

4.- Fuera todo complejo de inferioridad. Nunca demuestre sentirse inferior a los demás. Sienta que usted vale mucho y mantenga la confianza en sí mismo.

5.- Si al conversar con sus nuevos amigos llegan temas impropios o inmorales, recháselos y en última instancia evite esa amistad porque lo empobrece en vez de enriquecerlo. Las formas demasiado familiares en el trato no son convenientes en la amistad. Con el buen amigo hay que mantener una sutil distancia para evitar lo que se llama la ofensa por "excesiva familiaridad".Es importante que usted sepa corregir desde el principio. No dé una imagen de ligereza porque con el tiempo le faltarán al respeto.

6.- Sepa estar presentable en su forma de vestir, en sus gestos y en su vocabulario. Su imagen debe ser correcta, digna y adecuada. Vestir correctamente no significa tener lujos, sino hacerlo con decencia y limpieza. Su imagen exterior dice mucho de usted ; es parte de su personalidad.

7.- Hay cosas en su vida que son sólo suyas. Allí nadie puede llegar, sólo Dios, su consejero espiritual, un psicólogo o alguien de mucha confianza. Nadie puede llegar a las cosas íntimas de su corazón, sino después de un proceso de acercamiento, confianza, diálogo y convivencia. No todo el mundo puede ser su confidente.

8.- Póngase en el lugar del otro. Intente comprenderlo. No haga el papel de juez, sino de amigo. Aprenda a escuchar. Eso es lo que hace Dios con nosotros.

9.- Diga siempre la verdad. Sepa corregir con amor y oportunamente. Un buen amigo es aquél que no detiene la marcha de su amigo hacia la cumbre, pero si lo ve caer sí detiene la marcha para que no caiga más.

10.- Una buena amistad se mantiene si en medio de ella Dios está presente. Ore con su amigo.

11.- Tenga metas en común. Los amigos comparten ideales, luchan juntos, se animan, se ayudan mutuamente para realizar sus metas y nunca detiene al otro en la consecución de sus ideales.

12.- Evite discusiones y resentimientos estériles. Sepa perdonar y olvidar.

Amplíe su círculo de amistades y sepa que la amistad es un gran tesoro, que vale la pena cultivar. Jesús dijo: "Ya no os llamo siervos sino amigos". Además de nuestra relación filial con Dios Padre, cultive la amistad con Jesús que también es nuestro hermano mayor y quien mejor que El Señor con todo su poder para que usted vierta sus preocupaciones y descanse en El. Coloque su dolor, y su frustración a los pies del Salvador y El le ayudará. Jesús es el único en quien hay garantía plena de que le amará, lo comprenderá , guardará sus secretos, y siempre estará con usted acompañándolo en el camino de la vida. Cultive la amistad con El y no se olvide que ¡CON DIOS SOMOS INVENCIBLES!             

domingo, 30 de agosto de 2026

Santo Evangelio 30 de agosto 2026

 


Texto del Evangelio (Mt 16,21-27):

 En aquel tiempo, empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los senadores, sumos sacerdotes y letrados y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte». Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios».

Entonces dijo a los discípulos: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. ¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si malogra su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del Hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta»



«El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga»


Fr. Vimal MSUSAI

(Ranchi, Jharkhand, India)

Hoy, consideramos que ver a Jesús y seguirle requiere tener una obediencia madura que nos permita escuchar y ser responsables (capaces-de-responder). Y esto sólo es posible en las personas que verdaderamente se han liberado de los caprichos infantiles y de las pasiones: «El que quiera venirse conmigo que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mt 16,24). Escuchar y responder a la llamada de Dios en nuestras vidas cotidianas significa ser capaces de olvidarnos de nosotros mismos y de servir a los demás. Sólo el amor hace factible este “riesgo” (cf. Heb 5:8-9).

Buda dice que «para vivir una vida pura de entrega uno no debe reputar nada como propio en medio de la abundancia». Un ejemplo es la vida familiar donde los padres se entregan total y generosamente al bienestar de la familia, quizás hasta el punto de olvidarse de sí mismos. Ellos procuran actuar así para que sus hijos estén bien preparados para que tengan mejor futuro. Si es así, además, la familia será una y unida.

Tenemos cientos de conmovedores ejemplos de profesores, médicos, agentes sociales, personas consagradas y santos. El Papa Francisco nos empuja a “ver” a Jesús en nuestra vida corriente, pues «aunque la vida de una persona se mueva en un terreno lleno de espinas y malezas, hay siempre espacio en el cual la buena semilla puede crecer. ¡Tenéis que confiar en Dios!».

Un grano de trigo puede liberar toda su vitalidad sólo cuando se rompe y muere, como Jesús el cual muriendo mostró todo su amor dando la vida. El ejemplo del grano de trigo es la vida misma de Jesús y de cada discípulo que le sirve, que da testimonio de Él y que tiene vida en Él: «El que pierda su vida por mí, la encontrará» (Mt 16,25). ¡Amén!

Carta a un joven

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Carta a un joven

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.

Sitio web: Un mensaje al corazón


Hola muchacho: 

Una de las cosas que quisiera hoy decirte es que tienes el deber de ir descubriendo tu vocación, tu misión en la tierra. Dios te hizo con un gran propósito, con una tarea que realizar. Y es importante que valores al máximo tu persona, que no te sientas inferior a nadie. No cultives complejos. Valórate por lo que eres: un ser humano, hijo de Dios y con una misión importante que cumplir en la vida. 

Nunca te arrodilles ante nadie. Mantén en alto tu dignidad. Sólo de rodillas ante Dios. Escucha y acepta el consejo de los mayores. La experiencia es sabia. Aprecia el buen ejemplo de ellos y comprende las debilidades y fallos que tengan. No te olvides que somos simplemente seres humanos. 

Ten siempre a Dios en tu corazón. Acostúmbrate a orar. Lee la Palabra de Dios y vive plenamente ese gran sacramento que es la Eucaristía. Ten cuidado con la maldad que hay en el mundo. Abre tus ojos. No seas ingenuo. No todo lo que se presente en tu vida será bueno para ti. No te dejes confundir por malos amigos. Cuidado con los lobos con piel de oveja. Te quieren llevar a la ruina. Sé valiente y di ¡NO! a tiempo. La droga y el licor han hecho estragos en la humanidad y tú no serías una excepción. Mira a tu alrededor. Observa la cantidad de gente que ha destruido su vida envenenándose con el licor, asesinadas muchas de sus neuronas cerebrales, consumido su hígado, fracasando en el trabajo, en la familia, mucha gente que ha caído en la trampa del alcoholismo son todo un mensaje para ti. Cuídate muchacho, muchacha... La ruina mental, emocional y espiritual es espantosa. Di ¡NO! a tiempo. 

Valora el amor. Es un don de Dios. Lo puedes vivir en la familia, con los amigos, siguiendo ideales nobles, adorando al Señor. Pero no confundas el amor con el sexo. Éste es expresión del amor en el marco matrimonial. No profanes tu cuerpo usando tus instintos como los animalitos. Sé dueño de ti mismo. Respétate y haz que te respeten los demás. Y cuando tengas pareja, el gran regalo que puedes darle es tu atención, cariño, compañía y respeto . 

Si tuvieras vocación sacerdotal, te necesitamos. ¡Somos tan pocos! Si en tu alma existe esa llamada, di sí al Señor. Deja todo y síguelo. 

En tus estudios, sé perseverante. Es el estudio tu trabajo ahora. San Pablo dice: "El que no trabaja que no coma". Gánate el pan de cada día estudiando y si ya tienes un trabajo, esmérate en hacer las cosas bien. Sólo así te irás superando y alcanzando poco a poco el nivel que te corresponde en el mundo laboral. El ocio es madre de muchos vicios. Practica algún deporte. Mente sana, cuerpo sano. Esta interrelación entre espíritu y materia es muy profunda. Si tus pensamientos están limpios, en tu cuerpo influirán y si éste está sano, en tu mente tendrá repercusión. El deporte mantiene tus músculos ágiles y tu mente despierta .

Cultiva buenas amistades. Éstas son una bendición de Dios en tu vida. Los que hemos tenido de jóvenes buenos amigos, nunca los olvidamos. Ama la naturaleza. Los montes, los ríos, las excursiones por los verdes campos, el respirar el aire fresco de las montañas, te hace mejor y te humaniza. 

Acostúmbrate a decir la verdad. Que tu lenguaje sea decente. Que tu comportamiento sea ejemplar. Sigue al "Maestro", Jesús de Nazaret. Que Él sea tu modelo y tu guía. Lee historias de hombres y mujeres célebres. Ellos te dirán mucho sobre cómo puede ser tu futuro. 

Y si caes en algún pecado, si te derrumba en algún momento la maldad, ¡LEVÁNTATE! Sí, no te quedes caído en la vida. ¡LEVÁNTATE! y sigue adelante. Sube hacia la cumbre. No te quedes en el camino. Sigue a lo más alto. No te detengas. No te contentes con la mediocridad. Lucha hasta el final por tus ideales.

Quiero que convivas más con tus papás. Ahora los tienes. Aprovecha su compañía. Mírales como tus más grandes amigos ahora, porque mañana ya no estarán. Y quizás te duela no haber estado más con ellos. Y recuerda que también tienes otro papá. Éste es eterno. Él te creó, te dio la vida. Él está contigo, te cuida, te ama y con Él tú serás, ¡INVENCIBLE! 



sábado, 29 de agosto de 2026

Santo Evangelio 29 de agosto 2026

 



 Texto del Evangelio (Mc 6,17-29):

 En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto.

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista». El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.



«Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’»


Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)

Hoy recordamos el martirio de san Juan Bautista, el Precursor del Mesías. Toda la vida del Bautista gira en torno a la Persona de Jesús, de manera que sin Él, la existencia y la tarea del Precursor del Mesías no tendría sentido.

Ya, desde las entrañas de su madre, siente la proximidad del Salvador. El abrazo de María y de Isabel, dos futuras madres, abrió el diálogo de los dos niños: el Salvador santificaba a Juan, y éste saltaba de entusiasmo dentro del vientre de su madre.

En su misión de Precursor mantuvo este entusiasmo -que etimológicamente significa "estar lleno de Dios"-, le preparó los caminos, le allanó las rutas, le rebajó las cimas, lo anunció ya presente, y lo señaló con el dedo como el Mesías: «He ahí el Cordero de Dios» (Jn 1,36).

Al atardecer de su existencia, Juan, al predicar la libertad mesiánica a quienes estaban cautivos de sus vicios, es encarcelado: «Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’» (Mc 6,18). La muerte del Bautista es el testimonio martirial centrado en la persona de Jesús. Fue su Precursor en la vida, y también le precede ahora en la muerte cruel.

San Beda nos dice que «está encerrado, en la tiniebla de una mazmorra, aquel que había venido a dar testimonio de la Luz, y había merecido de la boca del mismo Cristo (…) ser denominado "antorcha ardiente y luminosa". Fue bautizado con su propia sangre aquél a quien antes le fue concedido bautizar al Redentor del mundo».

Ojalá que la fiesta del Martirio de san Juan Bautista nos entusiasme, en el sentido etimológico del término, y, así, llenos de Dios, también demos testimonio de nuestra fe en Jesús con valentía. Que nuestra vida cristiana también gire en torno a la Persona de Jesús, lo cual le dará su pleno sentido.

¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!

 


Del libro de las Confesiones de san Agustín, obispo

(Libros 7,10.18;10, 27: CSEL 33,157-163. 255)

¡OH ETERNA VERDAD, VERDADERA CARIDAD Y CARA ETERNIDAD!


Habiéndome convencido de que debía volver a mí mismo, penetré en mi interior, siendo tú mi guía, y ello me fue posible porque tú, Señor, me socorriste. Entré, y vi con los ojos de mi alma, de un modo u otro, por encima de la capacidad de estos mismos ojos, por encima de mi mente, una luz inconmutable; no esta luz ordinaria y visible a cualquier hombre, por intensa y clara que fuese y que lo llenara todo con su magnitud. Se trataba de una luz completamente distinta. Ni estaba por encima de mi mente, como el aceite sobre el agua o como el cielo sobre la tierra, sino que estaba en lo más alto, ya que ella fue quien me hizo, y yo estaba en lo más bajo, porque fui hecho por ella. La conoce el que conoce la verdad.

¡Oh eterna verdad, verdadera caridad y cara eternidad! Tú eres mi Dios, por ti suspiro día y noche. Y, cuando te conocí por vez primera, fuiste tú quien me elevó hacia ti, para hacerme ver que había algo que ver y que yo no era aún capaz de verlo. Y fortaleciste la debilidad de mi mirada irradiando con fuerza sobre mí, y me estremecí de amor y de temor; y me di cuenta de la gran distancia que me separaba de ti, por la gran desemejanza que hay entre tú y yo, como si oyera tu voz que me decía desde arriba: "Soy alimento de adultos: crece, y podrás comerme. Y no me transformarás en substancia tuya, como sucede con la comida corporal, sino que tú te transformarás en mí." Y yo buscaba el camino para adquirir un vigor que me hiciera capaz de gozar de ti, y no lo encontraba, hasta que me abracé al mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, el que está por encima de todo, Dios bendito por los siglos, que me llamaba y me decía: Yo soy el camino de la verdad, y la vida, y el que mezcla aquel alimento, que yo no podía asimilar, con la carne, ya que la Palabra se hizo carne, para que, en atención a nuestro estado de infancia, se convirtiera en leche tu sabiduría por la que creaste todas las cosas. ¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva tarde te amé! Y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, mas yo no estaba contigo. Reteníanme lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían. Me llamaste y clamaste, y quebrantaste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseé con ansia la paz que procede de ti.


viernes, 28 de agosto de 2026

Santo Evangelio 28 de agosto 2026

 


Texto del Evangelio (Mt 25,1-13):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».



«En verdad os digo que no os conozco»


Rev. D. Joan Ant. MATEO i García

(Tremp, Lleida, España)

Hoy, Viernes XXI del tiempo ordinario, el Señor nos recuerda en el Evangelio que hay que estar siempre vigilantes y preparados para encontrarnos con Él. A media noche, en cualquier momento, pueden llamar a la puerta e invitarnos a salir a recibir al Señor. La muerte no pide cita previa. De hecho, «no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13).

Vigilar no significa vivir con miedo y angustia. Quiere decir vivir de manera responsable nuestra vida de hijos de Dios, nuestra vida de fe, esperanza y caridad. El Señor espera continuamente nuestra respuesta de fe y amor, constantes y pacientes, en medio de las ocupaciones y preocupaciones que van tejiendo nuestro vivir.

Y esta respuesta sólo la podemos dar nosotros, tú y yo. Nadie lo puede hacer en nuestro lugar. Esto es lo que significa la negativa de las vírgenes prudentes a ceder parte de su aceite para las lámparas apagadas de las vírgenes necias: «Es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis» (Mt 25,9). Así, nuestra respuesta a Dios es personal e intransferible.

No esperemos un “mañana” —que quizá no vendrá— para encender la lámpara de nuestro amor para el Esposo. Carpe diem! Hay que vivir en cada segundo de nuestra vida toda la pasión que un cristiano ha de sentir por su Señor. Es un dicho conocido, pero que no estará de más recordarlo de nuevo: «Vive cada día de tu vida como si fuese el primer día de tu existencia, como si fuese el único día de que disponemos, como si fuese el último día de nuestra vida». Una llamada realista a la necesaria y razonable conversión que hemos de llevar a término.

Que Dios nos conceda la gracia en su gran misericordia de que no tengamos que oír en la hora suprema: «En verdad os digo que no os conozco» (Mt 25,12), es decir, «no habéis tenido ninguna relación ni trato conmigo». Tratemos al Señor en esta vida de manera que lleguemos a ser conocidos y amigos suyos en el tiempo y en la eternidad.