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viernes, 16 de mayo de 2025

San Isidro, esposo y agricultor ejemplar, venerado desde el siglo XII, pero de difícil canonización

 


San Isidro, esposo y agricultor ejemplar, venerado desde el siglo XII, pero de difícil canonización

San Isidro es el patrón de Madrid, pero también de otras muchas localidades y le guardan gran devoción los agricultores.

San Isidro, cuya fiesta se celebra cada 15 de mayo en Madrid por todo lo alto como santo patrón, lo es también de todos los agricultores.

Este patronazgo ha provocado que desde hace siglos sea un santo muy venerado en las zonas de campo y en muchos pueblos españoles. Pues el mismo santo fue labrador entre el siglo XI y XII en el Madrid que le vio nacer.

Junto a su esposa Santa María de la Cabeza, también santa, son un ejemplo de matrimonio santo, algo poco frecuente en la Edad Media, donde era más frecuente que los santos fueran nobles, militares, clérigos o mártires.

San Isidro, un don para encontrar pozos y agua

San Isidro ganó fama, sobre todo, por su habilidad -quizá divina- para encontrar pozos y aguas que ayudaran a los labradores de su época. "Isidro no abría pozo del que no manase abundante caudal, aun tratándose de tierras secas", afirman los códices antiguos. De los 400 milagros que según sus hagiógrafos se le reconocen popularmente, el más común es el que va ligado a encontrar agua.

Es emblemática la escena en la que hace brotar un manantial de un campo seco con solo un golpe de báculo, abasteciendo a Madrid en un año de sequía. El agua es el contexto en el que salva a su único hijo caído en un pozo o cuando Dios permite a su esposa María pasar a pie enjuto sobre el río Jarama para demostrar su santidad y la falsedad de las murmuraciones contra ella.

Niño mozárabe bajo dominio musulmán

Cuando Isidro nació, Madrid aún estaba bajo dominio musulmán y sus habitantes eran cristianos mozárabes bajo el yugo de señores islámicos. Poco después la tomaron las tropas castellanas. Según estos testimonios, la infancia de San Isidro transcurrió en los arrabales de San Andrés, en lo que hoy es el céntrico Barrio de La Latina. Por los ataques musulmanes la familia del joven Isidro se trasladó a Torrelaguna, donde se dice que conoció a su mujer, María Toribia, la cual también alcanzaría la santidad con el nombre de María de la Cabeza.

Isidro Labrador falleció en el año 1172 y su cadáver se enterró supuestamente en el cementerio de la Iglesia de San Andrés dentro del arrabal donde había nacido. Los cristianos medievales creen que fue él quien se apareció para guiar por cierta ruta a las tropas castellanas hacia la victoriosa batalla de Las Navas de Tolosa contra los almohades. Alfonso VIII lo reconocía así al levantar una capilla en su honor en la iglesia de San Andrés y colocar su cuerpo incorrupto en la llamada arca "mosaica".

Una canonización complicada

Aunque tuvo fama de santidad desde su muerte en el siglo XII, su beatificación y canonización formales no llegarían hasta el siglo XVII, y eso pese a los esfuerzos del rey Felipe II, que lo intentó en el siglo XVI.

Isidro subió a los altares en la misma ceremonia de 1622 que otros tres españoles, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús y San Francisco Javier, y el italiano San Felipe Neri (famoso por sus milagros, predicación y su frase "sed buenos si podéis").

En la Edad Media el fundador de los dominicos, Domingo de Guzmán, fue el único español llevado a los altares canónicamente. "La primera vez que se sepa que un Papa hizo una canonización fue la de San Uldarico de Ausburgo por el papa Juan XV, en el año 993; a partir de entonces hay a la par canonizaciones papales y episcopales", según explica Alberto de la Hera, catedrático emérito de Derecho Canónico y de Historia de América.

¿Pocos santos españoles en el siglo XVI?

En pleno siglo XVI, mientras España se desangraba en guerras contra turcos y protestantes y entregaba todo un nuevo continente a la fe católica, el santoral era, oficialmente, escaso en españoles. "No hay, propiamente hablando, un santoral romano oficial con los nombres de los canonizados por los Papas antes del XVII. Por ejemplo, a San Isidoro y San Leandro, que eran objeto de una veneración universal desde mucho tiempo atrás, se les consideraba universalmente santos, y decir que no había santos españoles no es cierto. Lo que no había eran canonizaciones en el sentido moderno de la palabra", aclara Alberto de la Hera en ABC.

Felipe II dedicó varios años de esfuerzo para conseguir la canonización de algún santo español. Logró la primera en España con Diego de Alcalá (1400-1463), en el año 1588. Este se convierte en el único español canonizado oficialmente en el XVI según la normativa entonces vigente. La causa la instruía la Congregación de Ritos en la que ya se pedían milagros. A este le siguió el dominico catalán Raimundo de Peñafort (1175-1275), en 1601, y veinte años después se celebró esa canonización múltiple de los cuatro grandes santos españoles.

San Isidro destacaba como santo laico y casado que había pasado toda su vida en España, mientras que los otros tres canonizados (Ignacio, Teresa y Francisco Javier) eran grandes evangelizadores y viajeros, con el apoyo de las congregaciones religiosas que fundaron y la influencia cultural internacional que eso les aportaba.

La monarquía española encargó a Lope de Vega loar a los nuevos santos priorizando en sus alabanzas a San Isidro, por lo que el poeta dedicó dos poemas en los que discurre, con gran belleza, sobre la niñez y la juventud del santo.

Presencia española en el Vaticano

"Las cartas de los reyes de España y Francia, pidiendo al Papa varias canonizaciones de hombres de sus países son de en torno al 1621. Por San Ignacio se interesaron no sólo el rey de España sino muchos más personajes. Gregorio XV lleva las solicitudes a varios consistorios y allí se deciden las canonizaciones en 1622", aclara Alberto de la Hera.

Durante el resto del siglo XVII se incluyeron en el santoral otros once santos españoles y veintidós beatificaciones. "Hasta el siglo XVII los Papas canonizaban sin previa declaración de beatos; fue Alejandro VII en 1662 quien ya efectuó una beatificación como requisito previo a la canonización", recalca el catedrático.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 17 de septiembre de 2024

¿Quién es San Juan Crisóstomo? ¿Por qué le llaman «piquito de oro»? ¿Por qué es Padre de la Iglesia?


 ¿Quién es San Juan Crisóstomo? ¿Por qué le llaman «piquito de oro»? ¿Por qué es Padre de la Iglesia?

San Juan Crisóstomo es padre y doctor de la Iglesia, destacando especialmente por su predicación.

Juan de Antioquía, conocido ahora universalmente como San Juan Crisóstomo, nació en Antioquía (actual Siria), la segunda ciudad más importante del Imperio Romano de Oriente, entre los años 347 y 349 y murió el 14 de septiembre de 407. Fue patriarca de Constantinopla y es considerado como uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente, así como el más grande predicador del cristianismo. Es el único de los grandes Padres orientales que procede de la Escuela de Antioquía. Además, en la Iglesia Católica es también doctor de la Iglesia y se celebra su fiesta el 13 de septiembre.

 Índice para conocer en profundidad a San Juan Crisóstomo.

¿Quién fue San Juan Crisóstomo?

¿Por qué es padre y doctor de la Iglesia?

¿Por qué llamaban a San Juan Crisóstomo “piquito de oro”?

¿Qué obras y tratados dejó San Juan Crisóstomo?

¿Fue San Juan Crisóstomo precursor de la doctrina social de la Iglesia?

¿Qué obras y tratados dejó San Juan Crisóstomo?

¿Dónde se encuentran los restos de San Juan Crisóstomo?

Citas de San Juan Crisóstomo.

Oración a San Juan Crisóstomo

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¿Quién fue San Juan Crisóstomo?

Nacido entre el 347 y el 249 en Antioquía, fue educado por su madre, Santa Antusa, y desde pequeño llevó una vida monástica en su propia casa, lo cual marcaría su devenir posterior. De hecho, tras fallecer su madre se retiró al desierto donde estuvo alrededor de seis años, los dos últimos en un retiro solitario en una cueva.

Más tarde fue llamado de vuelta a Antioquía y ordenado diácono. Se preparó durante varios para el sacerdocio hasta que finalmente fue ordenado por el obispo Fabián. Fue entonces cuando empezó a destacar en la faceta por la que es hoy más conocido, por su predicación, su oratoria y su vasta cultura. De hecho, se le ha apodado como “Crisóstomo”, es decir, “piquito de oro”, por su elocuencia al hablar y por aportar algo muy novedoso, adecuar la Palabra de Dios a los problemas y situaciones concretas de los fieles.

En el 398 San Juan Crisóstomo fue llamado a suceder al patriarca Netario en la cátedra de Constantinopla. Tal y como explica el padre Ángel Amo, en la capital del imperio de Oriente “emprendió inmediatamente una actividad pastoral y organizativa que suscitó a partes iguales admiración y perplejidad: evangelización en los campos, fundación de hospitales, procesiones antiarrianas bajo la protección de la policía imperial, sermones encendidos en los que reprochaba los vicios y las tibiezas, severas exhortaciones a los monjes perezosos y a los eclesiásticos demasiado amantes de la riqueza. Los sermones de Juan duraban más de dos horas, pero el docto patriarca sabía usar con gran pericia todos los recursos de la oratoria, no para halagar el oído de sus oyentes, sino para instruir, corregir, reprochar”.

Su valentía al hablar y denunciar todo mal le granjeó problemas en los círculos de poder, especialmente en la corte bizantina. Fue depuesto ilegalmente por un grupo de obispos dirigidos por Teófilo, obispo de Alejandría, y desterrado con la complicidad de la emperatriz Eudosia. Pero inmediatamente fue llamado por el emperador Arcadio, porque habían sucedido varias desgracias en palacio. Pero dos meses después era nuevamente desterrado, primero a la frontera de Armenia, y después más lejos a orillas del Mar Negro. Durante este último viaje, el 14 de septiembre del 407, murió. Del sepulcro de Comana, el hijo de Arcadio, Teodosio el Joven, hizo llevar los restos del santo a Constantinopla, a donde llegaron en la noche del 27 de enero del 438 entre una muchedumbre jubilosa.

¿Por qué es padre y doctor de la Iglesia?

San Juan Crisóstomo es considerado como uno de los cuatro grandes Padres de la Iglesia del Oriente. La Iglesia ortodoxa griega lo valora como uno de los más grandes teólogos y uno de los tres pilares de esa Iglesia. Es el único de los grandes Padres orientales que procede de la Escuela de Antioquía. Aunque menos conocido en Occidente, su figura es enorme en la Iglesia Católica, hasta el punto de que san Pío V lo declaró doctor de la Iglesia en 1568. Los Padres de la Iglesia son aquellos aquellos santos que con la fuerza de la fe y la profundidad y riqueza de sus enseñanzas, la engendraron y formaron en el transcurso de los primeros siglos. Son por tanto los principales escritores cristianos de los primeros siglos, cuyas obras forman la base de la doctrina de la Iglesia. Y Juan Crisóstomo es uno de sus grandes exponentes.

De él decía Benedicto XVI: “No fue un teólogo especulativo. Sin embargo, transmitió la doctrina tradicional y segura de la Iglesia en una época de controversias teológicas suscitadas sobre todo por el arrianismo, es decir, por la negación de la divinidad de Cristo. Por tanto, es un testigo fiable del desarrollo dogmático alcanzado por la Iglesia en los siglos IV y V. Su teología es exquisitamente pastoral; en ella es constante la preocupación de la coherencia entre el pensamiento expresado por la palabra y la vivencia existencial. Este es, en particular, el hilo conductor de las espléndidas catequesis con las que preparaba a los catecúmenos para recibir el bautismo. Poco antes de su muerte, escribió que el valor del hombre está en el "conocimiento exacto de la verdadera doctrina y en la rectitud de la vida" (Carta desde el destierro). Las dos cosas, conocimiento de la verdad y rectitud de vida, van juntas: el conocimiento debe traducirse en vida. Todas sus intervenciones se orientaron siempre a desarrollar en los fieles el ejercicio de la inteligencia, de la verdadera razón, para comprender y poner en práctica las exigencias morales y espirituales de la fe”.

¿Por qué llamaban a San Juan Crisóstomo “piquito de oro”?

Juan de Antioquía es el patrono de los predicadores. Se dice de él que no ha habido un orador en la historia de la Iglesia mejor que él. Fue apodado tras su muerte “Crisóstomo”, que se traduce del griego como “pico de oro”, debido a esta gran elocuencia que mostraba al hablar y en la predicación. Su fama como predicador comenzó al poco de regresar a Antioquía y ser ordenado sacerdote. Entonces el obispo Flaviano le pidió que le reemplazara en la predicación. Rápidamente comenzó a deslumbrar a la numerosa comunidad cristiana de la ciudad. Empezó a predicar cada domingo, luego cada día y más tarde varias veces al día. Los templos se llenaban y en ocasiones sus sermones duraban dos horas, sin que nadie se moviese del sitio. Pues además consiguió aterrizar la Escritura a la vida de las personas y a las situaciones cotidianas, sin necesidad de usar alegorías. Y lo mismo ocurría una vez que fue elegido obispo y después patriarca en Constantinopla, ciudad a la que fue llevado con escolta y en principio contra su voluntad. Allí siguió con su predicación de una recta doctrina, denunciando el abuso de los poderosos y de todo aquello que atentaba contra las costumbres de la Iglesia, lo que le granjeó fuertes enemigos tanto fuera como dentro de la Iglesia. Pese a todo, siempre fue valiente y no calló ante las injusticias o los actos que desgradaban a Dios.

¿Qué obras y tratados dejó San Juan Crisóstomo?



San Juan Crisóstomo ha sido uno de los Padres de la Iglesia más prolíficos. De él nos han llegado 17 tratados, más de 700 homilías auténticas, los comentarios a san Mateo y a san Pablo (cartas a los Romanos, a los Corintios, a los Efesios y a los Hebreos) y 241 cartas.

¿Fue San Juan Crisóstomo precursor de la doctrina social de la Iglesia?

En Constantinopla, capital del imperio romano de Oriente, San Juan Crisóstomo propuso, al comentar los Hechos de los Apóstoles, el modelo de la Iglesia primitiva como modelo para la sociedad, desarrollando una especia de ciudad ideal social. Quería -según explicaba Benedicto XVI en una catequesis- “dar un alma y un rostro cristianos a la sociedad”, pues había comprendido que “no basta con dar limosna o ayudar a los pobres de vez en cuando, sino que es necesario crear una nueva estructura, un nuevo modelo de sociedad; un modelo basado en la perspectiva del Nuevo Testamento. Es la nueva sociedad que se revela en la Iglesia naciente”.

Por ello, el Papa alemán consideraba que san Juan Crisóstomo “es uno de los grandes padres de la doctrina social de la Iglesia: la vieja idea de la polis griega se debe sustituir por una nueva idea de ciudad inspirada en la fe cristiana”. De este modo, añadía que San Juan Crisóstomo defendía, como san Pablo, el primado de cada cristiano, de la persona en cuanto tal, incluso del esclavo y del pobre. Su proyecto corrige así la tradicional visión griega de la polis, de la ciudad, en la que amplios sectores de la población quedaban excluidos de los derechos de ciudadanía, mientras que en la ciudad cristiana todos son hermanos y hermanas con los mismos derechos.

¿Qué novedades trajo San Juan Crisóstomo en sus actuaciones pastorales?

Benedicto XVI, en una catequesis de 2007 explicaba que “por su solicitud en favor de los pobres, San Juan fue llamado también ‘el limosnero’. Como administrador atento logró crear instituciones caritativas muy apreciadas. Su espíritu emprendedor en los diferentes campos hizo que algunos lo vieran como un peligroso rival. Sin embargo, como verdadero pastor, trató a todos de manera cordial y paterna. En particular, evidenció un profundo respeto a la mujer y dedicaba una atención especial al matrimonio y a la familia. Invitaba a los fieles a participar en la vida litúrgica, que hizo espléndida y atractiva con creatividad genial”.

¿Dónde se encuentran los restos de San Juan Crisóstomo?

Actualmente los restos de San Juan Crisóstomo se encuentran en la basílica de San Pedro del Vaticano, pese a haber sido patriarca de Constantinopla. Sin embargo, en el siglo XIII sus restos fueron trasladados de Oriente hacia Occidente, concretamente a Roma.

Según explica la Santa Sede, San Juan Crisóstomo murió en el destierro el 14 de septiembre del año 407 y fue sepultado junto a san Basilio mártir, en la homónima capilla de Bizeri, junto a Comana Póntica, en la actual Turquía. Las reliquias del santo fueron trasladadas a Constantinopla por voluntad del emperador Teodosio, a petición del Patriarca Proclo. El 27 de enero del año 438 los restos mortales fueron colocados solemnemente en la iglesia bizantina de los Santos Apóstoles. Posteriormente, en tiempos del imperio latino de Constantinopla (1204-1258), las reliquias fueron llevadas a Roma y depositadas en la antigua basílica vaticana, en la sala situada entre las dos "capillas redondas" de santa Petronila y de san Andrés, dentro de un altar coronado por un ciborio con cuatro columnas de pórfido. Con la construcción de la nueva basílica fueron trasladadas, en 1567, a la capilla circular de San Andrés y colocadas en la capilla de los santos Lamberto y Servacio, que se denominaba "de las reliquias" por las abundantes e importantes reliquias de santos allí conservadas. El Papa Urbano VIII (1623-1644), considerando demasiado humilde y escondido este lugar para un doctor de la Iglesia tan importante, decretó que las preciosas reliquias se pasaran a uno de los lugares más espléndidos de la basílica, el coro de los canónigos, recién acabado.

Citas de San Juan Crisóstomo.

- “La ociosidad mata el cuerpo, la indiferencia mata el alma, sin embargo el ejercicio de las virtudes embellece a ambos”.

 -“La mosca que se posa sobre la miel no puede volar; el alma que está atrapada en el gusto del placer se siente impedida en su libertad y contemplación”.

-"Habiendo Dios dotado a los demás animales de la velocidad en la carrera, o la rapidez en el vuelo, o de uñas, o de dientes, o de cuernos, sólo al hombre lo dispuso de tal forma que su fortaleza no podía ser otra que la del mismo Dios: y esto lo hizo para que, obligado por la necesidad de su flaqueza, pida siempre a Dios cuanto pueda necesitar"

- "La necesidad nos obliga a rogar por nosotros mismos, y la caridad fraterna a pedir por los demás. Es más aceptable a Dios la oración recomendada por la caridad que la que es impulsada por la necesidad".

-"Si no logras encontrar a Cristo en el mendigo a las puertas de la iglesia, no Le encontrarás en el cáliz".

-"No importa lo justas que puedan ser tus palabras, lo arruinas todo si hablas con ira".

"No sientas vergüenza de entrar de nuevo en la Iglesia. Avergüénzate cuando pecas. No te avergüences cuando te arrepientas. Pon atención en lo que te hizo el diablo. Son dos cosas distintas: pecado y contrición. El pecado es una herida; la contrición es una medicina. Al igual que existen para el cuerpo heridas y medicinas, también para el alma existen el pecado y la contrición. Sin embargo, el pecado trae vergüenza y el arrepentimiento aporta valor".

-¿Has pecado? Ven a la Iglesia y dile a Dios: 'He pecado'. No te pido otra cosa, más que esto, sólo esto. Lo dice, pues, la Sagrada Escritura: 'Manifiesta tú primero tus culpas, para justificarte'; confiesa el pecado que has cometido, para liberarte.

En esto no hay fatiga, no hay necesidad de usar giros especiales, ni exige esfuerzo pecuniario ni de otro género. Pronuncia la palabra que evidencia tus rectos sentimientos sobre las culpas cometidas, dilo claramente: 'He pecado'"

-“No te alejes de la Iglesia: nada es más fuerte que ella. Ella es tu esperanza, tu refugio. Ella es más alta que el cielo y más ancha que la tierra. Ella nunca envejece”.

- “El hombre más poderoso es el que ora, porque participa del poder de Dios”.

-“Todo nos parece difícil porque no acudimos a Dios como deberíamos y no siempre lo tenemos presente en nuestros pensamientos”.

- “Dios se toma el tiempo para respondernos, no para rechazar nuestras oraciones, sino para hacernos más fervientes y atraernos hacia Él”.

Oración a San Juan Crisóstomo

Oh Dios, fortaleza de los que en tí esperan,

que has hecho brillar al obispo San Juan Crisóstomo por su admirable elocuencia y su fortaleza en la tribulación,

te pedimos que, instruidos por sus enseñanzas, nos fortalezca el ejemplo de su invencible paciencia.

Por nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios,

por los siglos de los siglos.

Amén.

jueves, 4 de julio de 2024

La «levitación» de los santos: algunos milagros extraordinarios, concretos y bien documentados



 La «levitación» de los santos: algunos milagros extraordinarios, concretos y bien documentados

San José de Cupertino levitando

San José de Cupertino es el santo más conocido por sus levitaciones

En la Iglesia a lo largo de su historia la levitación es uno de los signos más llamativos sobre la posible santidad de la persona. No ha sido muy frecuente, pero se ha escrito mucho y se ha atribuido a grandes santos, aunque la devoción también se ha encargado de extenderla más de lo que probablemente haya sucedido.

La levitación es un hecho muy concreto y visible, pues suspenderse en el aire es algo realmente extraordinario. Pero a diferencia de la incorrupción, sus efectos son muy limitados en el tiempo por lo que en este caso los relatos de los testigos presenciales son de vital importancia.

Precisamente sobre la levitación investiga Adam Blai en su libro de 2021 The Catholic Guide to Miracles: Separating the Authentic from the Counterfeit (La guía católica de los milagros: Separando lo auténtico de lo falso).

El autor es un laico, perito de la Diócesis de Pittsburgh, experto en demonología y exorcismos. Lleva años dedicándose a la formación de sacerdotes, seminaristas y laicos. Es miembro auxiliar de la Asociación Internacional de Exorcistas y colabora con el exorcista diocesano desde hace años.

En un artículo en Catholic Exchange, Blai explica que en todo lo concerniente a lo milagroso y lo extraordinario, como es la levitación, la Iglesia ha estado en guardia contra la exageración o la invención.

Es muy importante contar con el testimonio directo de la persona que levitó, o de aquellos que presenciaron la levitación, e incluso entonces, la Iglesia examina detenidamente la confiabilidad y las motivaciones de los testigos. Un ejemplo de este tipo de investigación se puede encontrar en las afirmaciones sobre San Francisco de Asís.


Una imagen clásica de San Francisco de Asís en oración

1. ¿Levitó San Francisco de Asís?

San Buenaventura nació en 1221, cinco años antes de que Francisco muriera. Ingresó en la Orden de los Frailes Menores (los franciscanos) y se convirtió en el séptimo líder de la orden. Aunque se le conoce principalmente como filósofo, Buenaventura también escribió sobre el fundador de su orden, incluida la afirmación de que a menudo se encontraba a San Francisco levitando en el aire durante los éxtasis espirituales.

Los informes de escritores posteriores se hicieron eco y ampliaron estas afirmaciones, diciendo que San Francisco se elevaba hasta las copas de los árboles y, a veces, al cielo, donde apenas se lo podía ver.

La dificultad es que en 1245 (diecinueve años después de su muerte), la Iglesia había realizado una investigación detallada sobre la vida de Francisco. Las autoridades entrevistaron a muchas personas que lo conocían, y ninguna mencionó la levitación.

Entonces, o San Buenaventura tuvo acceso a materiales que no han sobrevivido, o las historias de levitación fueron una invención que Buenaventura escuchó y repitió como un hecho. A menudo se hace creer que las personas en el pasado, especialmente en la Iglesia, eran fácilmente engañadas o indiferentes a los hechos, pero la Iglesia, a lo largo de su historia, ha aplicado los mejores métodos disponibles para llegar a la verdad de los milagros.

Rara vez el desarrollo de estas afirmaciones se debió al engaño: más bien, los escritores piadosos transmitieron historias que surgieron de los devotos de los santos. Dado este patrón, ¿se deberían descartar todas las afirmaciones de levitación en la vida de los santos? No, parece que no.



2. Santa Teresa de Ávila

El autor explica también que hay buenas razones para creer que santa Teresa de Ávila levitó en varias ocasiones. Sus levitaciones fueron presenciadas repetidamente por muchas personas. También existen los relatos de la propia santa: describió la experiencia en su autobiografía. Aunque prefería no hablar de tales asuntos, escribió el libro obedeciendo a su superior. Aquí describe cómo resistió estos raptos que a veces la llevaron a la levitación:

“Estos efectos son muy llamativos. Uno de ellos es la manifestación del gran poder del Señor: como no somos capaces de resistir la voluntad de Su Majestad, ni en alma ni en cuerpo, y no somos nuestros propios dueños, nos damos cuenta de que, por molesta que sea esta verdad, hay una más fuerte que nosotros, y que estos favores son otorgados por Él, y que nosotros, por nosotros mismos, no podemos hacer absolutamente nada. Esto nos imprime una gran humildad. De hecho, confieso que me produjo un gran miedo, al principio un miedo terrible. Uno ve cómo se levanta el cuerpo del suelo; y aunque el espíritu lo arrastra hacia sí mismo, y si no se ofrece resistencia, lo hace con mucha suavidad, uno no pierde el conocimiento; al menos, yo mismo he tenido lo suficiente para permitirme darme cuenta de que estaba siendo elevada”.



Cuadro de Santa Teresa y San Juan de la Cruz levitando del pintor José García Hidalgo.

El obispo Diego de Yepes la conocía bien y escribió una de sus muchas biografías. Una vez, después de recibir la Comunión de él a través de la reja del convento, ella comenzó a levantarse. El obispo plasmó sus súplicas mientras se agarraba a los barrotes para detener su ascenso: “Señor, por una cosa de tan poca importancia como es que me haya privado de este favor Tuyo, no permitas que una criatura tan vil como yo sea tomada por una mujer santa”.

Hay anécdotas similares contadas por monjas que vieron levitar espontáneamente a Santa Teresa. Después de los hechos, les ordenó que nunca hablaran de ello, pero más tarde, bajo la obediencia de las autoridades superiores durante la investigación de la Iglesia sobre su vida, describieron estos sucesos. Por su parte, Santa Teresa estaba muy avergonzada por sus levitaciones y oró para que se detuvieran, y según todos los informes, disminuyeron enormemente en su vida posterior.

3. San José de Cupertino

Seguramente el santo más famoso por sus levitaciones es José de Cupertino (1603-1663). José tuvo una infancia muy difícil. Hoy probablemente habría sido acusado de sufrir algún tipo de trastorno psiquiátrico. Al parecer, no era inteligente y se le dio el sobrenombre del “boca abierta" porque a menudo miraba al vacío con la boca abierta. Mientras tanto, quizás debido a sus limitaciones y la respuesta de los demás a ellas, desarrolló mal genio. Para empeorar las cosas, su padre murió cuando José era muy joven.

José quería unirse a los franciscanos, pero debido a su falta de educación, no lo aceptaron. Luego fue aceptado por los capuchinos, pero lo expulsaron después de ocho meses. Su madre no quería que volviera a casa, por lo que le pidió a su hermano, un monje franciscano, que lo aceptara como sirviente en su monasterio. Su hermano estuvo de acuerdo y asignó a José a cuidar del ganado.

Con el tiempo, el temperamento de José se suavizó y comenzó a desempeñarse mejor en su trabajo, lo suficientemente bien como para que los franciscanos le permitieran estudiar para convertirse en sacerdote. Fue ordenado sacerdote en 1628.



Una imagen tipo estampa de San José de Cupertino volando sobre edificios

Después de su ordenación, José realizó muchas penitencias, incluido un ayuno riguroso, y por lo general solo comía alimentos sólidos dos veces por semana. Luego comenzó a sentir éxtasis espiritual cuando decía Misa o miraba imágenes devocionales.

Durante estos éxtasis, a menudo levitaba a unos pocos centímetros del suelo. Sus levitaciones eran tan frecuentes que la gente empezó a ir a verle. Durante la investigación de su causa de santidad, las autoridades corroboraron al menos setenta ocasiones en las que levitó en presencia de testigos.

Un ejemplo notable ocurrió durante una visita a Italia del embajador español. El embajador había visitado a José en su celda monástica y estaba tan impresionado que quiso regresar con su esposa. José entró en la iglesia donde la pareja esperaba encontrarse con él y, al ver una estatua de María, elevada tres metros en el aire, voló sobre la multitud hacia la estatua, oró, voló de regreso a la puerta y regresó a casa. Más tarde, la Iglesia tomó declaraciones de varias personas que estaban allí ese día, y sus historias fueron consistentes.

Hubo muchos otros casos que fueron investigados de manera similar, incluido uno frente al Papa Urbano VIII. En ese momento era costumbre besar los pies del Papa, en señal de respeto al Santo Padre. Cuando José lo hizo, se elevó en el aire y pudo volver a bajar solo cuando su superior le ordenó que lo hiciera. El Papa Urbano VIII dijo que si José moría mientras él vivía, testificaría de la levitación que ocurrió en su presencia.

Después de un tiempo, las levitaciones de José se convirtieron en un problema para el monasterio. Algunos pensaron que los episodios eran demoníacos, y fue denunciado por brujería e investigado por la Inquisición.

Lo enviaron a un monasterio en Asís para observación. Se le ordenó que no dijera misas públicas y que cesara por completo las apariciones públicas. Pero sus levitaciones continuaron en el monasterio, y pronto fue relegado a su celda y ni siquiera se le permitió comer con los otros frailes. José usó este aislamiento para acercarse a Dios en oración.

Finalmente, la Inquisición determinó que no estaba practicando la brujería y le permitió regresar a la vida monástica normal. José de Cupertino murió en 1663 a la edad de sesenta años y fue canonizado en 1767 por el Papa Clemente XIII.




La hermana Mariam Baouardy fue canonizada por Francisco en 2015

4. Santa María de Jesús Crucificado (Mariam Baouardy)

Un ejemplo más reciente de levitación es Santa María de Jesús Crucificado (1846-1878), quien fue canonizada el 17 de mayo de 2015 por el Papa Francisco. El 22 de junio de 1873, la santa no estaba en la cena y sus compañeras monjas fueron a buscarla. La encontraron en equilibrio sobre un gran tilo, cantando. La maestra de novicias le ordenó que bajara sin lastimarse, y ella obedeció de inmediato.

Las monjas documentaron siete ocasiones más en las que levitó. Como es habitual en estos casos, algunos sospecharon de ella por engaños, por lo que la espiaron y observaron, pero no se pudo descubrir una explicación natural.

Hay una maravillosa inocencia, incluso infantil, -afirma el autor- en las historias de las levitaciones de la hermana María. Ella pasaba de rama en rama del árbol mientras cantaba el amor de Dios. Al final de su vida, los testigos dieron fe de ocho episodios de este tipo, todos en el patio de su monasterio.

En ella se puede ver cómo un amor simple y fiel a Dios a veces puede hacer que se supere cualquier limitación. Por lo general, esto sucede interiormente a través de la conversión del alma por la gracia, pero a veces, en circunstancias extraordinarias, puede ocurrir externamente a través del cuerpo.

(Artículo publicado originariamente el 21 de mayo de 2021 en ReligionEnLibertad).

jueves, 18 de enero de 2024

¿Quién es San Antón? ¿Por qué es el patrón de los animales y aparece representado junto a un cerdo?

 


¿Quién es San Antón? ¿Por qué es el patrón de los animales y aparece representado junto a un cerdo?

San Antonio Abad, cuya fiesta se celebra el 17 de enero, es considerado el padre del monacato

FacebookTwitterTelegramLinkedinWhatsappEmailJ.L.N.17 enero 2024 10:07TAGS:Historia de la IglesiaSantos

San Antonio Abad es uno de los grandes santos de la Iglesia por su enorme influencia entre los Padres de la Iglesia y por ser considerado como el padre de monasticismo, debido a que él mismo se retiró al desierto para llevar una vida ascética y de oración. Pese a ello numerosos discípulos siguieron sus pasos, para los que fue guía y maestro.

Actualmente su fiesta se celebra en la Iglesia el 17 de enero, siendo además muy popular, pues en este día de San Antón hay una tradición muy arraigada en algunos lugares en la que los sacerdotes bendicen los animales domésticos y de granja, de los que es su santo patrón.

Índice para conocer mejor la figura de San Antonio

¿Quién fue San Antonio Abad?

¿Por qué es considerado el padre de la vida monástica?

San Antonio, las tentaciones y la lucha contra el demonio

¿Por qué es San Antón el patrón de los animales?      

¿Qué es la Hermandad Hospitalaria de San Antonio?

Citas de San Antonio Abad

Oración a San Antonio Abad

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¿Quién fue San Antonio Abad?

Gracias a que San Atanasio escribió sobre San Antonio se conocen muchos detalles de la vida de este santo. San Antonio fue un ermitaño egipcio que vivió en el siglo III. Se cree que nació en torno al año 251 en el Alto Egipto y que vivió 105 años falleciendo en el Monte Colzim dejando tras de sí un fuerte ejemplo de vida cristiana.

Antonio pertenecía a una familia cristiana que trabajaba el campo y que vivía con cierta holgura, donde fue educado en la fe. Una cita del Evangelio cambiaría su vida: “vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”. Lo creyó y en cuanto pudo lo llevó a la práctica. A los veinte años de edad murieron sus padres y decidió donar todo lo que poseía a los pobres y confió a su hermana a unas vírgenes consagradas para que se hicieran cargo de ella.

Fue entonces cuando eligió vivir como un ermitaño. Al principio empezó a llevar una vida apartada en su propia aldea pero pronto decidió irse al desierto. En un primer momento buscando la total soledad fijó su residencia entre unas antiguas tumbas.



Bendición de las mascotas el día de San Antón

Rápidamente su fama de santidad se fue propagando por lo que se le fueron uniendo numerosos seguidores que querían seguir su ejemplo. Otros también le visitaban por la fama de sanación que atesoraba.

Fue así como empezó a organizar a estos futuros monjes, aunque buscando este ideal de soledad para el encuentro con el Señor decidió retirarse solo al desierto para vivir una vida más estricta y radical en pos de este fin.

Sin embargo, nunca llegó a apartarse del mundo por completo, pues volvió compaginar su vida eremítica con la dirección de los monjes que querían seguir esta forma de vida. Incluso llegó a viajar a Alejandría para apoyar a San Atanasio en la lucha contra el arrianismo.

Con una vida que pondría los cimientos del monacato, Antonio llegaría a la ancianidad viviendo incluso hasta los 105 años, cuando le llegó la muerte en el año 356 con esta fama de santidad que se extendería por todo el orbe cristiano hasta convertirse en uno de los santos más conocidos y relevantes del santoral.

¿Por qué es considerado el padre de la vida monástica?

Desde muy temprano y debido a la cantidad de seguidores que tuvo se ha considerado a San Antonio padre del monacato. No fue seguramente el primer ermitaño cristiano. De hecho, San Jerónimo habla de Antonio en la biografía que escribe de otro ermitaño de nombre Pablo. Incluso Pacomio, contemporáneo del santo, propuso unas reglas para el monacato. Aún así se le considera a Antonio el padre de esta forma de vida religiosa.

Una regla monástica muy temprana practicada en Egipto y Oriente, conservada en formas arábigas y latinas, lleva su nombre. Es la que siguen hoy los monjes uniatos de Siria y Armenia, sesenta monasterios maronitas y también algunos coptos. En Occidente, el monacato de San Antonio se corresponde bastante bien con el observado por los cartujos.

San Antonio, las tentaciones y la lucha contra el demonio.

Uno de los elementos característicos más importantes de San Antonio y que han tenido un importante reflejo en el arte fue su dura lucha contra el demonio durante su vida eremítica. Fue atacado, halagado y tentado fuertemente por Satanás, pero su fortaleza le llevó siempre a agarrarse a Dios. De ahí, su fuerte predicación acerca de la tentación, sin la cual afirmaba que no podría haber salvación.

Las tentaciones de San Antonio Abad, de El Bosco / Museo Nacional del Prado



El propio San Antonio contaba que el demonio lo tentaba constantemente para que dejara su vida de oración y pobreza. Después de las tentaciones que sufrió, le preguntó a Dios dónde estaba cuando el enemigo lo atacaba tan duramente y este le respondió que estaba presenciando el combate y dándole fuerzas para resistir.

El demonio le tentó constantemente susurrándole recuerdos de su riqueza, el afecto por su hermana, el amor al dinero y a la gloria, los placeres de la mesa y comodidades de la vida. Y una noche adoptó forma de mujer para seducirlo. El lugar se llenó de repente de formas de leones, osos, leopardos, escorpiones, lobos, toros, víboras y cada uno de esos animales se movía según su naturaleza. San Antonio les dijo: “Si habéis recibido poder contra mí, estoy dispuesto a dejarme devorar, pero si habéis sido enviados contra mí por los demonios, marchaos porque soy siervo de Cristo”. Y así ahuyentó a las bestias.

¿Por qué es San Antón el patrón de los animales?          

Otro de los aspectos más reconocibles de San Antonio en cuadros y esculturas es verle acompañado de un cerdo, pues San Antonio es el gran patrón de los animales, especialmente de los domésticos y de granja

San Jerónimo relata que en una ocasión que San Antonio fue a visitar a Pablo el ermitaño había un cuervo que según la tradición alimentaba a este anacoreta dándole una hogaza de pan y dio la bienvenida a Antonio dándole dos hogazas. Más tarde San Antonio pudo enterrar a Pablo con la ayuda de dos leones y otros animales.

Otra historia que recoge la tradición y que es quizás la más conocida tiene que ver con una jabalina y sus pequeños jabatos que se acercaron a él en una actitud de súplica pues estaban ciegos. El santo curó a los animales y desde entonces la madre no se separó de él y le protegió de cualquier alimaña que se le acercara.

¿Qué es la Hermandad Hospitalaria de San Antonio?

Aunque San Antonio no fundó ningún tipo de orden y congregación siglos después de su muerte se creó una que recogía su advocación y parte de su legado espiritual. Eran los Hermanos Hospitalarios de San Antonio, conocidos popularmente como Antonianos o la Orden de San Antonio.

San Antonio fue enterrado en una tumba anónima pero sus restos fueron encontrados y llevados en el año 561 a Alejandría donde fueron venerados varios siglos hasta ser trasladados a Constantinopla. Tras la caída de la ciudad las reliquias del santo fueron llevadas a Francia, a la zona del Delfinado.

La congregación fundada hacia 1095 por Gastón de Valloire, un noble del Delfinado (en el Reino de Arlés, uno de los tres reinos del Sacro Imperio Romano Germánico), y por su hijo Girondo, en agradecimiento por la cura milagrosa de este último, pues padecía de "fuego de San Antón" y fue sanado gracias a las reliquias de San Antón. Se extendería por varios países hasta que siglos después, en 1777 fue canónicamente unida a la Orden de Malta por orden del Papa Pío VI.

San Antonio Abad, representado junto a un cerdo



Citas de San Antonio Abad

San Antonio no dejó escritos pero en los Apotegmas de los Padres del Desierto se recogen pensamientos y reflexiones de este santo. Estas son algunas:

-“Quien no ha sufrido la tentación no puede entrar en el Reino de los Cielos. Suprime las tentaciones y nadie se salvará.”

-"Cuando pedimos al Señor: 'No nos dejes caer en la tentación' (Mt 6,13), no pedimos que no seamos tentados, pues sería imposible, sino que no seamos engullidos por la tentación, y hagamos algo que desagrada a Dios. Eso quiere decir no caer en tentación"

-“Este es el gran quehacer del hombre: reconocer su pecado en presencia de Dios y esperar la tentación hasta el último respiro.”

-“Vi las redes del enemigo extendidas sobre la tierra, y dije gimiendo: “ ¿Quién será capaz de sortear estos lazos? Y oí una voz que me decía: “La humildad.”

Oración a San Antonio Abad

Oh verdadero milagro de los Anacoretas,

gloriosísimo San Antonio Abad nuestro patrón,

aquí estamos postrados ante ti para venerarte

con tus otras virtudes heroicas

esa prodigiosa fortaleza con la que

resististe las tentaciones del diablo

y las venciste después de un largo trabajo.


Liberaste sólo con el poder de tu nombre

el aire, la tierra, el fuego, los animales

de sus malas influencias. 


Haz que, imitando también tu firmeza invencible

en los asaltos de nuestros espirituales

enemigos, obtenemos de Dios de participar

en Tu gloria en el Cielo, y aquí en la tierra en

tus bendiciones, que invocamos en el aire,

en la tierra, en el fuego y en los animales

que se utilizan para nuestra nutrición.


 Padre Nuestro, Ave y Gloria.

(Publicado originariamente en ReligionEnLibertad en enero de 2023)

martes, 5 de diciembre de 2023

¿Quién fue San Francisco Javier? ¿Resucitó a muertos? ¿Por qué de su corazón salen llamas de fuego?

 


¿Quién fue San Francisco Javier? ¿Resucitó a muertos? ¿Por qué de su corazón salen llamas de fuego?

Francisco Javier, lienzo de Bartolomé Esteban Murillo

A San Francisco Javier le ardía el corazón por anunciar el Evangelio, por amor a Dios. Así lo representó en este lienzo Bartolomé Esteban Murillo en 1670.

San Francisco Javier (1506-1552) es, sin ningún tipo de dudas, uno de los santos más universales de la Iglesia. Proveniente de Occidente prendió el fuego del Evangelio por todo Oriente, desde la India hasta Japón, aunque no pudo llegar a cumplir su sueño de evangelizar China, en cuyas puertas falleció con tan sólo 46 años. Fue el primer misionero jesuita y gracias a sus cartas desde Oriente sirvió de inspiración a multitud de futuros sacerdotes y misioneros. Fue además uno de los siete religiosos que fundarían la Compañía de Jesús. Es desde 1927 patrono universal de las misiones.

¿Quién es San Francisco Javier?

¿Cómo conoció San Francisco Javier a San Ignacio de Loyola?

¿Por qué es patrono universal de las misiones?

¿Dónde murió San Francisco Javier?

¿Dónde está enterrado San Francisco Javier?

¿Está incorrupto el cuerpo de San Francisco Javier?

¿Hizo en vida milagros San Francisco Javier?

San Francisco Javier, protagonista de la canonización más importante de la historia.

¿Por qué se representa a San Francisco Javier con un corazón ardiente?

¿Qué es la Novena de la Gracia en honor a san Francisco Javier?

***

¿Quién es San Francisco Javier?

Francisco nació en el castillo familiar de Javier, en Navarra, en el norte de España, y allí aprendió las primeras letras, en el seno de una buena familia. En 1525 se trasladó a París para sus estudios universitarios en el Colegio de Santa Bárbara. Allí tuvo como compañero de habitación a Pedro Fabro (futuro beato jesuita) y más adelante a San Ignacio de Loyola, un compañeros mucho mayor que ellos.

Francisco Javier era un joven líder, talentoso, deportista, aventurero, atractivo, conquistador y con mucho arrojo; se dice que también era un joven arrogante, vanidoso y un tanto orgulloso. Se cuenta que, antes de su conversión, no soportaba la presencia de Ignacio y muy a menudo se burlaba de él, de su edad y de su cojera. "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”, le repetía Ignacio, algo que no le gustaba a Javier. Pero poco a poco fue calando en él hasta que logró que Francisco hiciera lo que hoy se conoce como “ejercicios espirituales”.

Francisco Javier e Ignacio de Loyola forjaron una gran amistad y comenzaron a estudiar teología en1534. Dos años más tarde partieron a Venecia con el objetivo de poder viajar a Tierra Santa. En la península itálica serían ordenados sacerdotes ellos dos más sus cuatro compañeros. Más tarde se trasladaron a Roma para ponerse a servicio del Papa. Javier sería enviado a la colonia portuguesa de la India junto a su compañero Simón Rodríguez a petición del rey de Portugal.

Según explica la Compañía de Jesús, Javier y Rodríguez dejaron Roma el 15 de marzo de 1540 y llegaron a Lisboa a fines de junio. La flota había zarpado ya, de modo que los dos sacerdotes tuvieron que quedarse en Lisboa hasta la primavera siguiente. Se dedicaron a predicar y a asistir a los presos. Al rey le entusiasmó tanto su trabajo que pidió que uno de ellos se quedase y diese comienzo a un colegio. El elegido fue Rodríguez, haciendo así que Javier partiese como primer jesuita misionero. Cuando Javier se estaba embarcando en la nave Santiago, un mensajero real le entregó una carta en la que el Papa le nombraba nuncio apostólico, lo cual le daba autoridad sobre todo el clero de Goa.

La nave partió el 7 de abril de 1541, el mismo día en que Javier cumplía 35 años y tardó 13 meses en llegar a Goa. Nada más llegar comenzó a predicar a los portugueses, visitando las cárceles y sirviendo a los leprosos. Los habitantes del lugar eran conversos al cristianismo, pero no tenían sacerdotes, de modo que Javier tuvo que volver a instruirles en la fe, bautizar a los que estaban preparados, y preparar catequistas para que se quedaran con ellos mientras él pasaba de un poblado a otro.

A finales de 1544 alcanzó la costa occidental de la India en Travancore; entre noviembre y diciembre de aquel año se tienen noticias de que bautizó 10.000 personas. Siguiendo hacia el norte llegó a Cochín, y luego navegó hasta la ciudad portuguesa de Malaca en Malasia, desde donde se dirigió hacia el que era su objetivo, las Molucas o islas de las especias, a donde llegó el 14 de febrero de 1546. Hizo una visita a los poblados cristianos y bautizó más de 1.000 personas en Serán. Emprendió luego una expedición de reconocimiento a las islas de Ternate y del Moro, conocidas por sus cazadores de cabezas. Volvió a Malaca en julio de 1547 y tomó medidas para que otros dos jesuitas ocuparan su puesto.

Un noble japonés, de nombre Ajiro, que quería ser cristiano, le habló de Japón. Pero antes de ir allí tuvo que volver a Goa. Pero finalmente partió para Japón en 1549. Llegó de nuevo a Malaca, pero no encontró un capitán que estuviera dispuesto a arriesgarse a surcar aguas desconocidas. Javier, pues, contrató a un pirata para que los llevase. Partieron en junio de 1549 y arribaron el 15 de agosto a Kangoshima, al sur del Japón. La tarea en Japón no fue nada sencilla, pero aunque le costó muchos esfuerzos finalmente pudieron abrir una brecha en la evangelización del Japón.

Francisco Javier partió en septiembre de 1551 y logró un barco que iba a Malaca. Esperaba poder volver a Japón al año siguiente, pero el barco fue presa de un tifón que lo desvió de su ruta unas mil millas. El 17 de diciembre la nave entraba en el puerto de Cantón y echaba anclas ante la isla de Sancian. Cuando Javier vio China tan cercana, sintió que aquel continente le llamaba. Los dos jesuitas pudieron subir a un barco que se dirigía a Singapur, a donde llegaron a fines de aquel mes. Allí encontró Javier una carta de Ignacio que le nombraba provincial de “las Indias y países más allá de ellas”.

En enero de 1552 estaba de vuelta en la India, donde encontró otra carta que le pedía que volviese a Roma para informar de la misión. Creyó que esta visita podía esperar hasta que regresara a China. Javier dejó la India en abril de 1552, y llegó a la bahía de Cantón en septiembre. Desembarcó en la isla de Sancian, que era a la vez un refugio de contrabandistas chinos y una base para los mercaderes portugueses. No hubo ninguno de los contrabandistas que quisiera arriesgarse a trasportar a aquel jesuita hasta China; uno que se ofreció se llevó el dinero de Javier y desapareció. El 21 de noviembre cayó con fiebre y no fue capaz de dejar su choza en la playa de la isla. Siete días después caía en coma, aunque el 1 de diciembre recuperó la conciencia y se entregó a la oración durante las horas de vigilia. Falleció la mañana del 3 de diciembre y fue enterrado en la isla, pero sus restos fueron llevados más tarde a Malaca y desde allí a Goa, donde recibieron sepultura en la iglesia del Buen Jesús. En 1622 fue canonizado y en 1927, nombrado patrón universal de las misiones.




Milagro de San Francisco Javier, obra del genial pintor Rubens

¿Cómo conoció San Francisco Javier a San Ignacio de Loyola?

San Francisco Javier, navarro, y San Ignacio de Loyola, vasco, no se conocieron en España, sino que fue en París, donde ambos estudiaban donde se concretó una amistad que acabaría cambiando la historia del mundo y de la Iglesia.

En 1525, con poco más de 18 años, fue a París para comenzar sus estudios universitarios en el Colegio de Santa Bárbara. Allí tuvo como compañero de habitación a Pedro Fabro, beato y que también sería jesuita. Cuatro años más tarde todo cambió con la llegada de un estudiante mayor que ellos, Ignacio de Loyola (Iñigo López de Loyola), un fracasado cortesano vasco que ahora se dedicaba a la oración. Loyola despertó pronto en Fabro el deseo de ser sacerdote y de trabajar por la salvación de las almas, pero Javier tenía aspiraciones de hacer carrera en el mundo y no sentía ningún interés por ser sacerdote. Obtuvo el título de licenciado durante la primavera de 1530 y comenzó a enseñar Aristóteles en el colegio de Dormans-Beauvais. En ese tiempo siguió compartiendo habitación con Fabro y Loyola. Aprovechando la ausencia de Fabro, que había ido a visitar a su familia en 1533.

Al principio Francisco había rehusado la influencia de Ignacio, que le repetía continuamente: "¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?". Poco a poco fue calando en él hasta que San Ignacio logró que Francisco se apartara un tiempo para hacer un retiro especial, los hoy conocidos como “ejercicios espirituales”. Y así fue como Javier comprendió las palabras de Ignacio: "Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente". 

¿Por qué es patrono universal de las misiones?

San Francisco Javier fue proclamado en 1927 junto a Santa Teresita de Lisieux como patrono universal de las Misiones. Ya en 1748 la Santa Sede le había nombrado patrón de Oriente, y en 1904 de la Obra de Propaganda Fide.

San Francisco Javier fue el primer misionero jesuita y el prototipo que sirvió de inspiración para que muchos entraran en la Compañía de Jesús y evangelizaran naciones lejanas. A través de sus cartas en las que hablaba de manera arrolladora sobre las misiones muchos jóvenes sintieron la llamada a la misión, propiciando que un ejército de misioneros recorriera el mundo teniendo como ejemplo a San Francisco Javier, incansable evangelizador, amante de aquellos a los que evangelizaba e incansable haciendo el bien.

¿Dónde murió San Francisco Javier?

Como no podía ser de otro modo, San Francisco Javier dio su vida por entero por la evangelización. Tras haber llevado el Evangelio por las Indias, distintas islas y a Japón, Javier soñaba con evangelizar China. Tras fracasar una embajada portuguesa para facilitarle el acceso al emperador de China, se hizo trasladar a la isla Sancián, a fin de tratar de alcanzar secretamente la playa de Canton. Pero el 3 de diciembre de 1552, con tan sólo 46 años, fallecía debido a una pulmonía en esta isla (conocida como Shangchuan), que hoy pertenece a China y que se encuentra situada a frente a la costa de este país asiático a escasos kilómetros de Hong Kong. En su vida había recorrido 120000 kilómetros, tres veces la tierra, anunciando a Cristo.

En cuanto murió, rápidamente llegaron los portugueses del barco de "Santa Cruz". Junto a su compañero en la misión, la tripulación introdujo el cuerpo en una caja de madera y la llevaron en una barca al otro lado del puerto. Introdujeron cal en el ataúd para que se pudriera pronto la carne y se pudiera llevar más fácilmente el esqueleto. Pasaron tres meses y el navío "Santa Cruz" se preparaba a volver a Malaca. Cuando desenterraron el cuerpo se quedaron admirados porque no estaba descompuesto, por lo que lo metieron en una caja mejor que untaron de brea y lo llevaron hasta Malaca (Malasia) Allí le recibieron con gran entusiasmo, pues el santo había evangelizado allí en vida. Cesó en la ciudad la gran mortandad que había. Un enfermo le besó y quedó curado. Y más adelante llegó a Goa, donde le hicieron un gran recibimiento.

¿Dónde está enterrado San Francisco Javier?

A diferencia de la inmensa mayoría de los santos de su época, los restos de san Francisco Javier reposan todavía hoy en el lugar donde realizó gran parte de su misión. El santo está enterrado en la basílica del Buen Jesús en Goa, en la India, en la costa occidental del país asiático. Millones de personas van cada año en peregrinación, incluso no católicos.

Goa fue la primera escala que realizó en su misión a Oriente. Allí hizo una enorme labor apostólica y al morir el santo a las puertas de China, intentando cumplir su gran sueño de evangelizar a este gigante, sus compañeros trasladaron su cuerpo hasta Goa, en esos momentos capital de la India portuguesa.

Sin embargo, no todos sus restos se encuentran entregados en Roma. La gran reliquia del santo, su brazo incorrupto, se encuentra en la iglesia jesuita del Gesú de Roma, donde se encuentra expuesta en un bello relicario, por lo que todos los devotos del santo que no pueden viajar hasta Goa para venerarlo tienen en Roma una gran reliquia suya.



Cuerpo incorrupto de San Francisco Javier expuesto en la catedral de Goa (India).

¿Está incorrupto el cuerpo de San Francisco Javier?

Efectivamente. El cuerpo de San Francisco Javier se conserva incorrupto, a pesar de que tras su muerte sus restos fueron cubiertos de cal para que se descompusiera y así poder trasladarlo. Este es un signo que muestra la santidad del santo navarro, y que se puede ver Goa, donde cada diez años las reliquias del santo son expuestas públicamente en la catedral para su veneración, percibiéndose la conservación del cuerpo del santo jesuita.

Este hecho tan llamativo sobre su cuerpo también puede percibirse en su brazo derecho incorrupto -con el que no se cansaba de bautizar-, y que se expone en un relicario de plata en la iglesia del Gesù, de Roma; concretamente, en la capilla de San Francisco Javier.

¿Hizo en vida milagros San Francisco Javier?

San Francisco Javier fue un incansable evangelizador y enamorado de Jesucristo que se acabaría convirtiendo en el gran apóstol de las Indias y del Japón. Siguiendo la misión de “prender” el mundo a su paso con el fuego del Evangelio bautizó a millares y propició la conversión al catolicismo de extensas zonas que no conocían a Jesús, y las crónicas sobre su vida rescatan numerosos milagros que habría realizado a su paso en vida por lo que hoy es Asia y Oceanía. Los más llamativos, recogidos por el padre Guillermo Ubillos, son la resurrección de más de veinte personas. Uno de ellos había sido enterrado en la iglesia de Coulán. El santo navarro ordenó que fuera desenterrado, mostró el cadáver descompuesto, rezó y le devolvió a la vida. En ese instante, una multitud pidió ser bautizada. En otra ocasión un niño había muerto ahogado en un pozo, y Javier compadecido cuando su madre se lo llevó entre lágrimas lo revivió.

Estas crónicas dejaban de manifiesto igualmente un gran don de profecía. Durante una misa afirmó: "Juan de Araujo ha muerto y he ofrecido la misa por él. Os recomiendo que lo recéis por él". En realidad, esta persona residía a 500 kilómetros de donde vivía Javier y la noticia tardó un par de semanas en llegar.

Incluso el don de lenguas habría sido uno de los regalos que recibió San Francisco Javier. Los que lo acompañaban aseguraban que era materialmente imposible que aprendiera un idioma en tan poco espacio de tiempo como él hacía. Pero incluso lo que predicaba era comprendido por personas de lenguas diferentes, lo que dejaba boquiabiertos a los allí presentes.

San Francisco Javier fue canonizado el 12 de marzo de 1622 en la considerada como una de las canonizaciones más importantes de la historia.



San Francisco Javier fue canonizado el 12 de marzo de 1622 en la considerada como una de las canonizaciones más importantes de la historia. En la imagen de izquierda a derecha: Santa Teresa de Jesús, San Ignacio, San Isidro Labrador, San Francisco Javier y San Felipe Neri.

San Francisco Javier, protagonista de la canonización más importante de la historia.

San Francisco Javier fue canonizado en 1622 en una ceremonia que pasó a la historia y que todavía hoy puede considerarse como la canonización más importante de la historia. Aquel 12 de marzo subieron a los altares en Roma cinco santos, en una ceremonia sin parangón, pues era algo inédito que fueran varios los protagonistas de esta ceremonia. Se trataba de San Isidro Labrador, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Jesús, San Felipe Neri y el propio San Francisco Javier. Cuatro siglos después siguen siendo algunos de los santos más queridos y conocidos de la Iglesia. Para saber más de esta canonización, histórica y todo un logro de la diplomacia puede leer el siguiente artículo: 1622, una canonización para la historia: ¿triunfo de la Reforma católica o del poderío de España?

¿Por qué se representa a San Francisco Javier con un corazón ardiente?

Tradicionalmente se ha representado en el arte a San Francisco Javier con un corazón ardiente en su pecho, con una llama de fuego brotando de su corazón. Simboliza, tal y como quedó patente en su vida y así se fue transmitiendo durante generaciones, el gran amor que tuvo a Dios y a tantas almas a las que anunció el Evangelio. Ignacio de Loyola le dijo al enviarle a Oriente: “Prende fuego al mundo”. Y lo hizo con este ardiente corazón lleno de amor.

Oraciones de San Francisco Javier.                   

Estas son algunas oraciones compuestas y atribuidas al propio san Francisco Javier

A las cinco llagas

Señor mío Jesucristo, en cuya mano están todas las cosas, y no hay nadie que pueda resistir vuestra voluntad, que os habéis dignado nacer, morir y resucitar: por el misterio de vuestro Santísimo Cuerpo, y por las cinco llagas, y el derramamiento de vuestra preciosísima sangre, compadeceos de nosotros, como vos sabéis lo necesitamos en nuestras almas y en nuestros cuerpos; libradnos de las tentaciones del demonio y de todo lo que veis que nos aflige; y conservadnos y fortalecednos hasta el fin, en vuestro servicio, y dadnos una verdadera enmienda, y espacio de verdadera penitencia, y el perdón de todos los pecados después de la muerte; y haced que amemos a nuestros hermanos, hermanas, amigos y enemigos; y que con todos los Santos gocemos eternamente en vuestro reino, que con Dios Padre y el Espíritu Santo vivís y reináis, Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Afectos de amor

Para serviros, Dios mío, no me mueve el terror de vuestra mano arrojando rayos, ni el horror del fuego del infierno ardiendo eternamente: Tú me mueves, Dios mío, por ti mismo: Tú, Jesucristo, atravesado, me atraes, la Cruz me obliga, y me enciende, oh Jesús; la sangre que brota de tus llagas. Si no existiese el fuego del infierno y se quitase la esperanza de la gloria, yo, sin embargo, oh Criador mío, prendado de vuestras bondades, admirando vuestra sublime divinidad, santa y próbida, proseguiré en el amor ya comenzado. A ti, Jesús, Hijo de Dios, a ti, Hijo de la Virgen, manso, fuerte, inocente, que te dignaste morir por nosotros, que todo lo mereces, te amaré sin recompensa.

Acto de amor

¡Oh Dios mío! Yo os amo; y no os amo porque me salvéis, o porque castiguéis con fuego eterno a los que no os aman. Vos, vos, Jesús mío, habéis abrasado todo mi ser en la Cruz; sufristeis los clavos, la lanza, las ignominias, innumerables dolores, sudores, angustias, y la muerte: y esto, por mí y por mí pecador. ¿Por qué, pues, no te he de amar, oh Jesús amantísimo? No porque me lleves al cielo, o porque me condenes al infierno, ni por esperanza de algún premio; sino así como vos me amasteis, así os amo y os amaré: sólo porque sois mi Rey y sólo porque sois mi Dios. Amén.

¿Qué es la Novena de la Gracia en honor a san Francisco Javier?

La web católica de Javier explica esta antigua y extendida devoción relacionada con el santo y que tiene su origen precisamente en un milagro por intercesión del propio San Francisco Javier.

Con ocasión de adornar un altar en Nápoles para una fiesta de la Inmaculada Concepción en 1633, cayó desde los andamios un martillo de dos libras de peso que hirió gravemente al Padre Marcelo Mastrilli, de la Compañía de Jesús, destrozándole el parietal derecho. Llegó a agravarse tanto su enfermedad, que iban a darle ya la extrema unción, pues era imposible administrarle el Viático, por no poder el enfermo ni tomar una gota de agua. Pero cuando  estaban pensando en esto el sacerdote se levantó totalmente curado. La herida había desaparecido, la cicatriz no se notaba y el religioso jesuita se sentía restablecido de repente.

Rápidamente subió al púlpito, y por su propia voz explicó al pueblo de Nápoles el secreto. Viéndose herido y sin esperanza de vida, había hecho voto en honor de San Francisco Javier de ir a las misiones de Indias, si le concedía la salud. La noche última se le había aparecido el santo animándolo a cumplir su voto y recibir el martirio en el Japón (como así sucedió). Mastrilli prometió la especial ayuda del santo a cuantos le invoquen y también recomendó hacerle una novena. Más tarde, el P. Alejandro Filipucci, también curado por el santo en 1658, compuso la novena y fijó como fecha para su realización del 4 al 12 de marzo (aniversario de su canonización), aunque puede hacerse en cualquier época del año. Desde entonces, esta devoción se ha divulgado rápidamente por todas partes. Se la conoce con el nombre de Novena de la Gracia "por su grande y comprobada eficacia en las necesidades de la vida presente" (S. Pío X). Los Romanos Pontífices han concedido una indulgencia plenaria si se cumplen los siguientes requisitos:

Así se realiza esta novena:

-Por la señal, etc. Señor mío Jesucristo...

ORACIÓN

-Amabilísimo y amantísimo Santo, adoro con Vos, humildemente, a la Divina Majestad y le doy gracias por los singulares dones de gracia que os concedió en vida y por la gloria de que ya gozáis. Suplicoos, con todo el afecto de mi alma, me consigáis por vuestra poderosa intercesión, la gracia importantísima de vivir y morir santamente. Os pido también me alcancéis... (aquí se hace la petición espiritual o temporal) Y si lo que pido, no conviene a mayor gloria de Dios, y bien de mi alma, quiero alcanzar lo que para eso fuere más conveniente. Amén.

(Un Padrenuestro, Avemaría y Gloria).

Oración que compuso y decía el Santo:

-Eterno Dios, Creador, de todas los cosas, acordaos que Vos creasteis las almas de los infieles, haciéndolos a vuestra imagen y semejanza. Acordaos, Padre Celestial, de vuestro Hijo Jesucristo que, derramando tan liberalmente su sangre padeció por ellas. No permitáis que sea vuestro Hijo por más tiempo menospreciado de los infieles, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos y de la Iglesia, Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo; acordaos de vuestra misericordia y, olvidando su idolatría e infidelidad, haced que ellos conozcan también al que enviásteis Jesucristo, Hijo vuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos, a quien sea dada la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.

ORACIÓN

-Oh, Dios, que quisiste agregar a tu Iglesia las naciones de los Indias por la predicación y por los milagros de San Francisco Javier. Concédenos que, pues veneramos la gloria de sus insignes merecimientos, imitemos también los ejemplos de sus heroicas virtudes: Por Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en los siglos de los siglos. Amén.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 2 de noviembre de 2023

10 santos de Munilla «para amar más a Dios» cultivando la intuición, la alegría o la pobreza



 10 santos de Munilla «para amar más a Dios» cultivando la intuición, la alegría o la pobreza

Munilla

"Discernir es estar en continua búsqueda de lo que Dios quiere de nosotros (...). El primer consejo para crecer en el amor de Dios es buscar y cultivar el don del discernimiento", dice Munilla.

El obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, en su canal de YouTube "En ti confío" y coincidiendo con la festividad de Todos los Santos, enumera diez santos de la Iglesia que nos pueden ayudar a crecer en la cercanía con Dios.

"Dice un refrán que 'a quien buen árbol se arrima buena sombra le cobija'. Es importante acercarse a quienes han amado o vivido el amor a Dios en plenitud (...). El drama de hoy es que hemos dejado de tomar a los santos como nuestras referencias", comenta Munilla.

A continuación, diez santos y diez claves particulares de cada uno de ellos que nos pueden ayudar a acercarnos más a Dios:

1- San Ignacio de Loyola y el don del discernimiento

"Ser cristiano es discernir", esa es una frase de Kiko Argüello. Discernir es estar en continua búsqueda de lo que Dios quiere de nosotros; conocer la voluntad de Dios. Dice Jesús a la samaritana "si conocieras el don de Dios". El primer consejo para crecer en el amor de Dios es buscar y cultivar el don del discernimiento.

San Ignacio es el santo que más ha cultivado las reglas de discernimiento; el cómo discernir lo que Dios quiere de mí. Y, ¿es muy difícil saberlo? No es difícil, no está reservado para mentes capaces de descubrir mensajes ocultos. Dios no juega al ocultismo, Dios se muestra siempre a quien lo busca con un corazón sincero.

Pero, hace falta un conocimiento de cómo se discierne. Hay una confusión reinante entre no darle importancia a buscar la voluntad de Dios, hacer siempre lo que me apetece, que es lo que practica una gran parte de la población, y, también, existe otro error contrario que es el del iluminista; el pensar: Dios me ha dicho esto para ti.

San Ignacio de Loyola es el santo que Dios nos ofrece para ponernos en un camino en el que debamos integrar la razón bien utilizada y las mociones del Espíritu Santo. 

San Ignacio"San Ignacio es el santo que más ha cultivado el cómo discernir lo que Dios quiere de mí".



2- San Juan de la Cruz y el camino ascético hacia la santidad

San Juan es paradigmático a la hora de hablar del itinerario ascético y místico hacia la santidad. Hay un camino hacia la santidad que es el que San Juan expresa en Subida al monte Carmelo -que es su obra cumbre, magistral, en la que replica la doctrina tradicional de la teología espiritual-. En ella hay tres fases: la vía purificativa, la iluminativa y la unitiva. Para poder subir a la cumbre del monte hace falta purificación, iluminación y unión.

San Juan de la Cruz habla de la purificación activa (la mortificación) y la pasiva (las noches oscuras) de nuestros sentidos (el olfato, el gusto...) y de las potencias (la voluntad y el entendimiento). Puede parecer muy elevado, pero consiste en que nuestros sentidos sean capaces de ser purificados.

Esto responde a ese tirón de orejas que Jesús le hace a Pedro: "Tú, Pedro, piensas como los hombres y no como Dios". Tu entendimiento tiene que aprender a ver las cosas desde el Evangelio y no desde la carnalidad.

3- Santa Teresita de Lisieux y el caminito de la confianza

La confianza es una clave muy especial que descubrió Santa Teresita de Lisieux; que no es un camino distinto al de San Juan de la Cruz. Es solo una formulación distinta en la que, de una manera muy sencilla, Santa Teresita llevó adelante lo que San Juan explica en Subida al monte Carmelo.

Teresita de Jesús tuvo la intuición de que en la vida espiritual se daba un salto de gigante haciendo el acto de confianza: yo confío en Dios, veo que la obra de santidad es superior a mis fuerzas, intento purificarme y me mancho más de lo que me purifico, tengo una sensación de fragilidad, de pequeñez...

Ella encuentra el método de saberse pequeña y nos habla del "ascensor"; utiliza esa imagen para decir que ella que es tan pequeña que confía en que Jesús, por su misericordia, como a un niño, la coja en brazos y la levante para darle un beso. Ella pone el énfasis en el acto de la confianza en la misericordia de Dios: yo no me fío de mí misma ni de mis obras, me fío en la misericordia de Dios.

Dice algo precioso: que cuando se presente delante de Dios no quiere ir cargando con sus buenas obras, porque va a tener las manos ocupadas y no va poder abrazar a Jesús. 


4- Santa Teresa de Jesús y la fidelidad en la oración 

Teresa se prodiga en explicar lo que Dios hizo con ella en los distintos grados de oración. Explica, con mucho detalle, cómo Dios va conduciendo al alma hacia una oración más perfecta. Explica de manera gráfica cómo hay un momento en el que mucha gente se pierde; cuando se pasa de la oración mental discursiva a la oración afectiva.

En el momento en el que a uno le estorba el discurso para estar con Dios y tiene una oración afectiva, en la que tiene la experiencia del amor de Dios, dice ella que a uno le parece que ha llegado a la cumbre de la oración. Pero ocurre que esa oración afectiva es un regalo en un momento determinado, pero, luego, Dios te lo retira y tienes que volver a la sequedad, a una oración mas discursiva, me distraigo pero vuelvo a ella.

Hay mucha gente se pierde y no se da cuenta de que hay que mantenerse fiel, sin hacer depender mi vida de oración de mis sensaciones afectivas en la oración. Si tengo un compromiso de hacer oración, éste no depende de mi estado de ánimo, de si la gozo más o menos. No puedo supeditar mi vida de oración a mi percepción afectiva.  

Santa Teresa cuenta que durante muchísimo tiempo, en el coro del monasterio, tenía todas las baldosas contadas, porque se distraía muchísimo. El que no está dispuesto a aburrirse haciendo oración quiere decir que se ha resignado a no hacer oración. 

Santa Teresa"Santa Teresa explica cómo Dios va conduciendo al alma hacia una oración más perfecta".

5- San Francisco de Sales y el discernimiento desde la paz y la alegría

De San Francisco me quedo con que para él, cuando algo es de Dios, y obramos conforme al querer de Dios, se nos permite hacerlo con paz y alegría. La paz y la alegría son el sello definitivo de la presencia de Dios en nuestra alma. 

6- San Josemaría Escrivá de Balaguer y santificarse en la vida ordinaria

Lo elijo por la santificación del trabajo y la vida ordinaria. Que, obviamente, está presente en otros santos. San Francisco de Sales también insiste en la santificación de la vida cotidiana. Pero, San Josemaría, ha brillado especialmente en ese subrayado, porque ha concretado la llamada universal a la santidad propuesta en el Concilio Vaticano II.

La espiritualidad de San Josemaría ha subrayado mucho qué medios hay que utilizar para poder tener una vida espiritual ordinaria, ordenada. San Josemaría se caracteriza por ser muy ordenado, está recordando el "abc" de los medios ordinarios para la santidad, y subraya siempre que ésta debe darse en mi estado de vida, en mi trabajo... en el escenario donde Dios quiere que me santifique. Aquí, ahora, en esta situación Dios te está esperando. 

7- Santa Teresa de Calcuta y la santidad por los pobres

Menciono a Santa Teresa de Calcuta por cómo los pobres nos llaman a la conversión. La Madre Teresa subraya, en ese camino de crecimiento en el amor a Dios, el reconocer a Jesucristo en todos los sufrientes del mundo y, especialmente, entre los más pobres de los pobres.

Santa Teresa apunta a un método de practicar la caridad que es sencillo y práctico; el de "uno a uno", con aquel que me ponga Dios cerca en mi vida, como el buen samaritano. Es una inmensa aportación el hecho de que la caridad cristiana se hace movida por el amor de Dios. Ella dice: "yo solo soy un lápiz con el que Dios escribe". Y, además, la caridad está dirigida al mismo Cristo, que está en las personas sufrientes.

8- San Juan Pablo II y la llamada a la evangelización 

Lo selecciono por la importancia de que para crecer en el amor de Dios debemos estar centrados en la evangelización, crecer en el amor de Dios es tener celo apostólico. Juan Pablo II señala que tenemos una vocación misionera inherente a nuestro bautismo, que existimos para evangelizar, que tenemos que tener esos sentimientos del corazón de Cristo cuando veía multitudes y los tenía como ovejas sin pastor.

San Juan Pablo II es el padre de la nueva evangelización y pastor de pastores. Si uno no tiene hambre y sed de las almas y no tiene deseo de dar su vida por la evangelización es imposible que crezca en el amor de Dios.

9- San Francisco de Asís y la pobreza evangélica

En ese camino de acercamiento a Dios, San Francisco de Asís tiene una centralidad en la primera bienaventuranza: bienaventurados los pobres de espíritu. La clave de Francisco de Asís es la de pobreza evangélica, el despojamiento, porque, en el fondo, nos apoyamos en tantas cosas materiales y de mediaciones humanas que nos acabamos apegando a ellas y no tenemos a Dios como nuestro tesoro.

La pobreza es necesaria para que mi corazón ame a Dios. Esto pasa también por el desposarse con Cristo crucificado. San Francisco lleva los estigmas en su propia carne. Pero hay otro santo que señala la pobreza evangélica: San Carlos de Foucauld. Quien se enamora del misterio de Nazaret, de la Sagrada Familia, él siempre busca el penúltimo puesto, porque el último está ocupado, es el de Jesús.



Puedes ver aquí la charla completa del obispo Munilla.

10- San Agustín y la intuición del corazón enamorado

Si se dice eso de que "hay que conocer para amar", San Agustín remataría diciendo "pero hay que amar para conocer". San Agustín aporta esa intuición del corazón enamorado. Es el maestro de la gracia y cómo la gracia está presente en todo. Es el gran batallador contra la tendencia pelagiana, que se olvida de que todo es un don de Dios. Es básico confiar en que Dios culmina siempre su obra. 

Fuente;Religión en Libertad