sábado, 7 de enero de 2023

¿Quiénes fueron los Reyes Magos? Una investigación los identifica como diplomáticos nabateos

 


¿Quiénes fueron los Reyes Magos? Una investigación los identifica como diplomáticos nabateos

Los Reyes Magos ante Herodes, en el documental italiano de 2016 de Sydonia Productions

En los Evangelios, solamente San Mateo habla de los Reyes Magos, que están entre los personajes más enigmáticos de la Sagrada Escritura: “Después de oír al rey (Herodes), se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo en el lugar donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron: abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran a Herodes, se retiraron a su país por otro camino” (Mt 2, 9-12).

Arrojar más luz al escrito evangélico

De este relato evangélico se pueden conocer pocos datos. Mateo hablaba de “unos magos que venían de Oriente” pero en ningún momento se dice que eran reyes, ni que eran tres, ni cuáles eran sus nombres. Ni siquiera se sabe de dónde venían.

La tradición ha ido alimentando este relato y al hablar de Oriente se dio por hecho de que llegaron de Persia o Arabia.



Adoración de los Magos, por Edward Burne Jones y William Morris en 1894

Adoración de los Magos, diseño de Edward Burne Jones y detalles de William Morris, tapiz para la Corporación de Manchester en 1894; sigue la imagen clásica: representan los tres continentes (Asia, Europa y África) y las tres edades del hombre (juventud, madurez, ancianidad) con los tres regalos bíblicos (oro, incienso, mirra)

Los Reyes Magos existieron de verdad

El sacerdote Dwight Longenecker, es un conocido autor de numerosos libros de teología, espiritualidad, apologética y de testimonios, entre ellos uno que puede levantar ampollas o arrojar luz a este relato de Mateo sobre los Magos que adoraron al Niño.

El origen de este libro, The Mystery of the Magi—The Quest for the True Identity of the Three Wise Men (El misterio de los magos: la búsqueda de la verdadera identidad de los tres sabios), cuenta este sacerdote, es la opinión generalizada entre muchos estudiosos del Nuevo Testamento de que la historia de los Reyes Magos no es más que una ficción piadosa.

Un experto en esta materia le dijo una vez que cualquiera que quisiera hacerse un nombre en el mundo académico en este ámbito ni siquiera puede insinuar la idea de que piensa que la historia de los magos puede ser cierta.

Y así fue como este sacerdote, fascinado desde niño por la Navidad decidió lanzarse. “Sin tener una carrera académica por la que preocuparme, pensé que sería interesante investigar el tema yo mismo y comprobar si podría haber alguna base histórica para el antiguo cuento de los Reyes Magos que vinieron de Oriente para adorar a Cristo niño”, afirmó.

Mucho más de lo que esperaba

“Lo que descubrí estaba más allá de mis más locas esperanzas. Una vez que empecé a investigar, fue sorprendente cómo todas las piezas del rompecabezas comenzaron a juntarse. Debo decir que las leyendas y los mitos fantásticos que se han desarrollado en torno a la historia de los Reyes Magos no pueden justificarse históricamente, pero la breve y simple descripción de Mateo se ajusta perfectamente a lo que sabemos de la geografía, la economía, la política y la cultura de la época”, afirmó en una entrevista en Catholic World Report.

En su relato, explica Longenecker, “ahondé en geografía, historia antigua, arqueología, religión y cultura del Imperio romano de tiempos del nacimiento de Jesús y me maravilló resolver una explicación perfectamente buena sobre quiénes fueron los Reyes Magos, de dónde venían y por qué viajaron para rendir homenaje al recién nacido Rey de los judíos”.

Diplomáticos pero no reyes

¿A qué conclusión llegó? Este sacerdote propone que los Magos de Oriente eran diplomáticos del reino de los árabes nabateos.

En su teoría, asegura que estos representantes viajaron “para rendir homenaje al recién nacido Rey de los Judíos, que pensaban que sería un nieto o bisnieto de Herodes el Grande. También fueron buscadores espirituales que buscaban al Mesías”.



Camellos en Petra, una de las capitales nabateas

Camellos en Petra, una de las capitales nabateas; según el calculador de rutas romanas Orbis, si los Magos salieron de Petra y pasaron por la costa, por Gaza y Ascalón -que no eran ciudades bajo dominio de Herodes- les habría costado 10 días y 300 kilómetros llegar a Belén

Explica además que “con su capital en la famosa ciudad de Petra, el rey nabateo Aretas IV tenía toda la motivación de comentar una alianza con Herodes el Grande. Cuando los magos de su corte discernieron que había nacido un nuevo heredero al trono judío, Aretas los envió como emisarios a la corte de Herodes para rendir homenaje”.

Un arqueólogo de la Autoridad de Antigüedades Israelí explica en español quienes eran los nabateos, mostrando una de sus ciudades en el desierto del Negev; del Sinaí a Petra y luego a Hegra en Arabia tenían un reino fuerte en la época de Jesús, fronterizo con Judea




La ayuda de la ciencia y de nuevos descubrimientos

De esta manera, los Magos procedían de un reino cercano y no de uno lejano tal y como se pensaba hasta ahora. “Sus presentes de oro, incienso y mirra eran ofrendas diplomáticas representativas del reino. Con un trasfondo judío y conociendo las profecías del Antiguo Testamento, también estarían buscando al Mesías venidero”, añade.

Se sirvió de varios descubrimientos y fuentes en distintos ámbitos para llegar a esta conclusión: “En la década de 1930, el arqueólogo Nelson Glueck descubrió un zodíaco de piedra en el templo nabateo de Khirbet et Tannur que data del siglo primero. Esto indica que los nabateos seguían una religión astral y eran expertos en astrología".

Longenecker añade: "La nueva ciencia de la arqueoastronomía ha demostrado que las ciudades y templos nabateos se construyeron en alineación con las constelaciones y los ciclos estelares. Esto también muestra que los nabateos fueron observadores de estrellas. Los descubrimientos textuales relacionados con los Rollos del Mar Muerto, el cada vez más detallado Antiguo Testamento y la erudición histórica también ayudaron a llenar los espacios en blanco”.

Hegra, otra capital nabatea



Hegra, otra capital nabatea, en la frontera oriental de su reino; como en Petra, excavan la roca para crear fachadas asombrosas

Tres explicaciones de por qué no se había escrito antes

Según avanzaba en sus investigaciones se preguntaba por qué nadie había escrito sobre lo que él iba descubriendo pero nadie lo había hecho. Según él, hay tres motivos:

En primer lugar, los Magos serían diplomáticos nabateos y “durante mucho tiempo, la civilización nabatea se había perdido para los historiadores. Su cultura al noroeste de Arabia se ocultaba en ruinas bajo en las arenas del desierto y, como no dejaron historia escrita, se sabía muy poco de ellos. Solamente en los últimos 50 o 60 años hemos aprendido más sobre este fabuloso y misterioso reino del desierto. Más recientemente, las avanzadas técnicas de arqueología y estudios forenses, combinadas con nuevas ciencias como la arqueoastronomía, han ofrecido más pistas para identificar a los Reyes Magos”.

En segundo lugar, los cristianos habían aceptado las elaboradas tradiciones que se han acumulado en torno a la historia de los Reyes Magos y no se sintieron obligados a cuestionarlas. Una de estas suposiciones era que los Magos venían de Persia o India. Nadie lo investigó. Simplemente asumieron que Mateo dijo que venían de “Oriente" y dieron por hecho que eran de Persia o Arabia.

En tercer lugar está la suposición entre los estudiosos del Nuevo Testamento de que toda la historia era una fábula piadosa les impidió mirar más allá en las posibilidades históricas. "¿Por qué?", ​​podrían preguntarse, "¿alguien buscaría la base histórica de Blancanieves y los siete enanitos?".

Este cúmulo de cosas habría hecho, según Longenecker, lo que habría provocado que no se conociera quiénes eran en realidad los Magos de Oriente.

"Importa porque la historia importa"

En su opinión, hay que ir siempre hasta el final. “Importa porque la historia importa y la historia importa porque la verdad importa. Mucha gente considera que el evangelio cristiano es un tejido de leyendas, mitos e historias mágicas. Este libro es importante porque basa esta historia, que se percibe más ampliamente como un cuento de hadas, en la política, la economía, la geografía, la religión y la cultura del Imperio Romano en el momento del nacimiento de Cristo”, agrega Longenecker.

Además añade que “si estoy en lo cierto al decir que la historia de los Reyes Magos está enraizada en la historia, entonces esta es una prueba más que se une al creciente cuerpo de evidencia que respalda la confiabilidad histórica de los evangelios. En otras palabras, si podemos confiar en que Mateo nos cuente la historia de los Magos, podemos tener mucha más confianza en el resto de la historia del evangelio”.





(Artículo de Hemeroteca, publicado en ReL originariamente en enero de 2018, con actualizaciones) 


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viernes, 6 de enero de 2023

Santo Evangelio 6 de Enero 2023

 


Texto del Evangelio (Mt 2,1-12):

 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.



«Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron»


+ Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll

(Barcelona, España)

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.

jueves, 5 de enero de 2023

Santo Evangelio 5 de Enero 2023

 


Texto del Evangelio (Jn 1,43-51):

 En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme». Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».



«Ven y lo verás»


Rev. D. Rafel FELIPE i Freije

(Girona, España)

Hoy, Felipe nos da una lección cabal al acompañar a Natanael hasta el Maestro. Actúa como el amigo que desea compartir con otro el tesoro recién descubierto: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1,45). Rápidamente, con ilusión, quiere compartirlo con los demás, para que todos puedan recibir sus beneficios. El tesoro es Jesucristo. Nadie como Él puede llenar el corazón del hombre de paz y felicidad. Si Jesús vive en tu corazón, el deseo de compartirlo se convertirá en una necesidad. De aquí nace el sentido del apostolado cristiano. Cuando Jesús, más tarde, nos invite a tirar las redes nos dirá a cada uno de nosotros que debemos ser pescadores de hombres, que son muchos los que necesitan a Dios, que el hambre de trascendencia, de verdad, de felicidad... hay Alguien que puede colmarla por completo: Jesucristo. «Solamente Jesucristo es para nosotros todas las cosas (…). ¡Dichoso el hombre que espera en Él!» (San Ambrosio).

Nadie puede dar lo que no tiene o no ha recibido. Antes de hablar del Maestro, es necesario haber hablado con Él. Sólo si lo conocemos bien y nos hemos dejado conocer por Él, estaremos en condiciones de presentarlo a los demás, tal como hace Felipe en el Evangelio de hoy. Tal como han hecho tantos santos y santas a lo largo de la historia.

Tratar a Jesús, hablar con Él como un amigo habla con su amigo, confesarlo con una fe convencida: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel» (Jn 1,49), recibirlo a menudo en la Eucaristía y visitarlo con frecuencia, escuchar atentamente sus palabras de perdón... todo ello nos ayudará a presentarlo mejor a los demás y a descubrir la alegría interior que produce el hecho de que muchas otras personas le conozcan y le amen

Los tres regalos que pidió por Navidad el niño Ratzinger... y «la risa de felicidad» por un peluche

 


Los tres regalos que pidió por Navidad el niño Ratzinger... y «la risa de felicidad» por un peluche

Ratzinger

El fallecido Papa emérito escribió una tierna carta en 1934 en la que le pedía tres cosas a Jesús: "Querido Niño Jesús, pronto descenderás a la tierra. Quieres traer alegría a los niños. También a mí me traerás alegría...".

CatólicaVaticano

Cuando el pasado uno de enero el mundo vio las primeras imágenes del cuerpo sin vida de Benedicto XVI en su residencia de Mater Eclessiae... hubo un par de detalles, no muy habituales en un contexto como aquel, que llamaron la atención. Flanqueando el altar de la capilla del monasterio se encontraba el árbol de Navidad y un nacimiento. Algo, probablemente, pensado por el propio emérito: un enamorado de las fiestas navideñas, como buen alemán.

Fue precisamente en una Navidad, la de 1934, con solo siete años, cuando el futuro Papa escribió una carta muy especial pidiendo tres regalos al Niño Jesús.

Encontrada en 2012, en la casa de la familia Ratzinger en Baviera, la carta fue conservada por María, la hermana del Papa, ya fallecida. Este valioso documento se conserva en la casa-museo del municipio del sudeste alemán de Marktl am Inn.

Así rezaba la carta del niño Joseph:

"Querido Niño Jesús, pronto descenderás a la tierra. Quieres traer alegría a los niños. También a mí me traerás alegría. Quisiera el Volks-Schott, una casulla verde y un Corazón de Jesús. Siempre quiero ser bueno. Saludos de Joseph Ratzinger".




La carta está escrita en caligrafía gótica manuscrita, que empezó a caer en desuso a mediados del siglo XX.

En la carta, escrita en Sütterlin, antigua caligrafía alemana que ya no se utiliza, el futuro Papa pide a Jesús un Volks-Schott ("Misal del pueblo"), misal alemán que se usaba en 1934. Un misal con dos columnas, una en alemán y otra en latín. Una petición que reflejaba una curiosa y piadosa diversión del pequeño Joseph.

Georg Ratzinger, hermano de Benedicto XVI, ya fallecido, siempre recordaba cómo jugaba con Joseph: "Los dos hacíamos el pesebre juntos, y luego entre los juegos más frecuentes estaban los juegos espirituales, lo llamábamos el 'juego del párroco' y lo hacíamos los dos, nuestra hermana no participaba". 

Amor a la liturgia 

Los hermanos, ya desde niños, "celebraban" misa o, visto desde ahora, "practicaban" para ser párrocos. "Recreábamos misas con casullas confeccionadas por la costurera de nuestra madre solo para nosotros. A veces yo era el sacerdote o el monaguillo. Desde muy pequeños vivimos con amor la liturgia y esto continuó paulatinamente en el seminario".



Georg Ratzinger, que se ordenó junto a su hermano en 1951, falleció en Alemania en julio de 2020, poco después de recibir la visita de su hermano Joseph. 

"El Papa se ha alegrado mucho de descubrir la carta y su contenido le ha hecho sonreír", comentó Georg Gaenswein, secretario personal del Papa emérito, después de comunicar el hallazgo de la carta a Benedicto XVI.

Sin embargo, las anécdotas del difunto Papa con la Navidad no se detienen ahí. Como contaba el hermano de Benedicto XVI en un libro titulado Mi hermano, el Papa, un día Joseph, junto a sus hermanos María y Georg, acudieron a una tienda de su Marktl am Inn natal para ver qué regalos querían pedir por Navidad.

Joseph vio un osito de peluche y le cogió mucho cariño. Cuando unos días después regresaron al establecimiento para ver de nuevo a Teddy, este ya no estaba. "Mi hermano lloró amargamente; intentamos consolarlo pero estaba muy triste", recuerda Georg.



Familia Ratzinger: Georg (de pie, a la izquierda), Joseph (de pie, a la derecha), María (sentada, a la izquierda), la madre María (sentada, en medio) y el padre Joseph (sentado a la derecha).

Todo se solucionó cuando llegó la hora de abrir los regalos unos días después. "Joseph entró en la sala festivamente adornada con el árbol de Navidad, se echó a reír de felicidad: en medio de los regalos para los niños estaba el osito de peluche, ocupando el espacio que correspondía a mi hermano. El Niño Jesús se lo había traído. Este hecho le deparó la alegría más grande de su niñez".

Georg comenta en el libro que Joseph no siempre pedía regalos de corte religioso. Como le gustaban mucho los animales, solía recibir también peluches: un caballo, un pato, un perro… y también un tren. "No recibíamos grandes regalos, sino sobre todo cosas que necesitábamos, por ejemplo ropa, calcetines que mamá tejía para nosotros, gorros, o lo que en ese momento nos faltara", recuerda.

Fuente: Religión en Libertad

Messori evoca a Ratzinger: «Nunca he conocido a un hombre tan bueno, tan disponible, tan humilde»

 


Messori evoca a Ratzinger: «Nunca he conocido a un hombre tan bueno, tan disponible, tan humilde»

Cardenal Ratzinger con Vittorio Messori.

El cardenal Ratzinger con Vittorio Messori, en la época en la que preparaban el 'Informe sobre la fe'.

Se reían de Vittorio Messori cuando dijo que quería entrevistar al cardenal Joseph Ratzinger, a la sazón prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, por su carácter retraído y su entrega total a su trabajo.

Aquella entrevista, sin embargo, tuvo lugar, y no solo daría lugar a la publicación del Informe sobre la fe, uno de los libros religiosos más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, sino a la buena amistad entre ambos. Riccardo Cascioli, director de La Nuova Bussola Quotidiana, ha entrevistado al periodista italiano para recordar aquellos tiempos y también su encuentro con el que ya era Papa emérito:



Riccardo Cascioli, junto a Vittorio Messori en un acto de 2019.

“Nunca he conocido una persona tan buena y humilde”. Vittorio Messori recuerda así a Joseph Ratzinger, el Papa emérito Benedicto XVI, pocas horas después de su muerte. Al teléfono desde su casa de Desenzano sul Garda, convertida ahora en eremitorio tras la muerte el pasado 16 de abril de su esposa Rosanna, Messori recorre sintéticamente las etapas de su amistad con Ratzinger, iniciada en 1984 cuando insistió en hacerle una entrevista que se convertiría luego en el Informe sobre la fe, un libro que “hizo mucho ruido en todo el mundo”.

La "bomba"

La primera edición (en Paulinas) salió en 1985 y fue una auténtica bomba: era la primera vez que un prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe hablaba con un periodista y aquél era asimismo el año del Sínodo de los obispos, llamado a reflexionar sobre el Concilio Vaticano II a los veinte años de su clausura. Ratzinger formuló juicios muy claros sobre todas las temáticas más calientes del postconcilio, desde la concepción de la Iglesia, la liturgia, el drama de la moral o la crisis del sacerdocio, hasta la Teología de la Liberación y el ecumenismo.

Las reacciones, como se puede imaginar, fueron violentas por parte del ala progresista y de los teólogos de moda, que ya habían digerido mal el pontificado de Juan Pablo II, que arrancó en 1978. Precisamente Wojtyla fue quien en 1981 quiso junto a él a un reticente Ratzinger, en una relación que siempre fue muy estrecha, y aquel libro puede también ser considerado como un manifiesto de aquel pontificado.

“Me tomaban el pelo”, cuenta Messori, “cuando decía que iba a hacer una entrevista al cardenal Ratzinger. En la Congregación para la Doctrina de la Fe decían que no lo conseguiría, que él no salía nunca de la Congregación. Por otra parte, también tenía fama de ser muy cerrado y poco hablador. Yo sin embargo insistí y finalmente nos recluimos en la montaña durante tres días junto a dos religiosas alemanas que nos preparaban la comida”.

Fue en Bressanone, en el seminario local, en agosto de 1984. Allí nació el libro que supondría un evento de gran importancia para la Iglesia.

Un hombre "bueno, disponible y humilde"

Probablemente, la confianza que el cardenal Ratzinger tuvo con él se debe a Hipótesis sobre Jesús, escrito por Messori en 1976, que tuvo un éxito mundial y sigue siendo muy leído. El hecho es que Ratzinger se abre completamente en Informe sobre la fe. “Tuve la convicción de estar ante un hombre que buscaba cualquier cosa menos esconderse o escabullirse”, continúa Messori: “Lo que me sorprendía era que le hacía las preguntas más embarazosas, pensando que evitaría responder, y sin embargo respondía”.



Ratzinger y Messori.

Una conversación de tres días que dio dos frutos: un libro y una amistad.

“De aquello nació una auténtica amistad. Cada vez que iba a Roma nos veíamos e íbamos a comer a un restaurante. Y pude confirmar que nunca he conocido a un hombre tan bueno, tan disponible, tan humilde. Me confiaba su sufrimiento por haber sido llamado a Roma como cabeza de la Congregación para la Doctrina de la Fe: ‘Lo que más me amarga’, me decía, ‘es tener que controlar el trabajo de mis colegas, que se dedican a la teología. A mí me gustaba ser profesor, estar con los alumnos. Cuando me llamaron a Roma para hacer este trabajo, lo acepté por obediencia, pero para mí fue un sufrimiento’”.

En realidad ya había sufrido cuando Pablo VI decidió en 1977 nombrarle arzobispo de Múnich y Frisinga, “una de las realidades más difíciles para los católicos”. “Le sorprendió mucho aquel nombramiento”, recuerda Messori, citando las confidencias de Ratzinger: “Fue su primer sufrimiento, su primera obediencia. Después de aquello, pensaba poder dejar esa tarea y volver a la universidad, y sin embargo llegó Juan Pablo II y se lo llevó a Roma, para una carga aún más pesada. Pero obedeció hasta el fondo, fue siempre un hombre dispuesto a obedecer a lo que se le pedía”.

Una obediencia ciertamente dolorosa: “Por tres veces pidió a Juan Pablo II que le permitiese renunciar. Pero él le dijo que no. Ratzinger quería volver a sus libros, a la universidad, a los estudiantes”. Y fue llamado nada menos que al papado en abril de 2005.

La llamada del Papa emérito

¿Y esa imagen de hombre rígido, censor y controlador implacable de todo pensamiento libre en la Iglesia? “Él se sonreía cuando le acusaban de controlarlo todo. En realidad jamás intervino con dureza contra nadie”, replica Vittorio Messori, y añade: “Conociéndole, estoy tan convencido de que ha ido directamente al Paraíso que no rezo por él, sino que le rezo por mí. Estoy segurísimo de que ha ido al Cielo, no rezaré por él, sino que desde hoy lo añado como un santo al que rezar para que me ayude. Él no me necesita".

Benedicto XVI y Vittorio Messori.


Un cordial saludo de Joseph Ratzinger, ya Benedicto XVI, a Vittorio Messori.

¿Cambió algo tras la renuncia de 2013? “Hay una anécdota por la cual le quise aún más”, responde Messori esbozando una sonrisa al evocarla: “Cuando se retiró, yo no quise molestarle más. Pero un buen día, un año y medio después, me llamó su secretario diciendo que a Su Santidad le gustaría volver a verme. Por supuesto, al día siguiente partí para Roma, y en seguida me recibió e hizo algo muy raro en él: me dio un beso cuando me abrazó, no creo que lo haya hecho muchas veces. Luego me pidió que me acomodara y me dijo: ‘Mire, tenía gana de verle y de charlar un poco con usted, pero, por favor, olvídese de que es periodista’. Y, en efecto, yo no le pregunté nada, fue él quien me hizo muchas preguntas: sobre lo que estaba pasando en la Iglesia, mis impresiones sobre el nuevo Papa, etc. Escuchó con atención. Al final, no me dijo nada, solamente ‘Yo seguiré rezando’”.

El primado de la oración es, sin duda, el legado más importante que nos deja, pero además está esa enorme cantidad de escritos y discursos que habría que releer uno a uno porque siguen siendo actuales. Empezando por aquel Informe sobre la fe, la entrevista concedida a Vittorio Messori, quien, en efecto, dice: “Es sorprendente releer hoy aquellas respuestas de hace casi cuarenta años. Siguen siendo dramáticamente actuales”.

Fuente: Religiòn en Libertad

miércoles, 4 de enero de 2023

Santo Evangelio 4 de Enero 2023



 Texto del Evangelio (Jn 1,35-42):

 En aquel tiempo, Juan se encontraba de nuevo allí con dos de sus discípulos. Fijándose en Jesús que pasaba, dice: «He ahí el Cordero de Dios». Los dos discípulos le oyeron hablar así y siguieron a Jesús. Jesús se volvió, y al ver que le seguían les dice: «¿Qué buscáis?». Ellos le respondieron: «Rabbí —que quiere decir, “Maestro”— ¿dónde vives?». Les respondió: «Venid y lo veréis». Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día. Era más o menos la hora décima. Andrés, el hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan y habían seguido a Jesús. Éste se encuentra primeramente con su hermano Simón y le dice: «Hemos encontrado al Mesías» —que quiere decir, Cristo—. Y le llevó donde Jesús. Jesús, fijando su mirada en él, le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas» —que quiere decir, “Piedra”.



«‘Maestro, ¿dónde vives?’. Les respondió: ‘Venid y lo veréis’»


+ Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio nos recuerda las circunstancias de la vocación de los primeros discípulos de Jesús. Para prepararse ante la venida del Mesías, Juan y su compañero Andrés habían escuchado y seguido durante un tiempo al Bautista. Un buen día, éste señala a Jesús con el dedo, llamándolo Cordero de Dios. Inmediatamente, Juan y Andrés lo entienden: ¡el Mesías esperado es Él! Y, dejando al Bautista, empiezan a seguir a Jesús.

Jesús oye los pasos tras Él. Se gira y fija la mirada en los que le seguían. Las miradas se cruzan entre Jesús y aquellos hombres sencillos. Éstos quedan prendados. Esta mirada remueve sus corazones y sienten el deseo de estar con Él: «¿Dónde vives?» (Jn 1,38), le preguntan. «Venid y lo veréis» (Jn 1,39), les responde Jesús. Los invita a ir con Él y a mirar, contemplar.

Van, y lo contemplan escuchándolo. Y conviven con Él aquel atardecer, aquella noche. Es la hora de la intimidad y de las confidencias. La hora del amor compartido. Se quedan con Él hasta el día siguiente, cuando el sol se alza por encima del mundo.

Encendidos con la llama de aquel «Sol que viene del cielo, para iluminar a los que yacen en las tinieblas» (cf. Lc 1,78-79), marchan a irradiarlo. Enardecidos, sienten la necesidad de comunicar lo que han contemplado y vivido a los primeros que encuentran a su paso: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41). Los santos también lo han hecho así. San Francisco, herido de amor, iba por las calles y plazas, por las villas y bosques gritando: «El Amor no está siendo amado».

Lo esencial en la vida cristiana es dejarse mirar por Jesús, ir y ver dónde se aloja, estar con Él y compartir. Y, después, anunciarlo. Es el camino y el proceso que han seguido los discípulos y los santos. Es nuestro camino.

Los santos preferidos de Benedicto, su ritmo de oración y sus puntos fuertes, revelados por Gänswein


 Los santos preferidos de Benedicto, su ritmo de oración y sus puntos fuertes, revelados por Gänswein

Georg Gänswein entrevistado por EWTN 40 días antes de morir Benedicto XVI revela muchos aspectos de su personalidad

El pasado 22 de noviembre de 2022, Andreas Thonhauser, de la oficina de EWTN en el Vaticano, entrevistó en profundidad al arzobispo Georg Gänswein, prefecto de la Casa Pontificia y secretario personal de Benedicto XVI, sobre su día a día, el legado del Papa emérito y aspectos de su Pontificado y su espiritualidad. Trabajó con él desde 1995, y vivió con él en el monasterio Mater Ecclesiae tras su renuncia. A sus 66 años, la perspectiva de Ganswein sobre Benedicto XVI es única, cercana y profunda.

La vida de oración de Benedicto

"Lo que experimenté con él como cardenal, pero también como Papa -después de todo, vivía con él- es que siempre teníamos tiempos fijados para la oración. Había excepciones, claro, como estando de viaje. Pero los tiempos de oración eran sacrosantos", explica Gänswein.

En concreto, detalla, "eso significaba Santa Misa, breviario, Rosario, meditación". Eran tiempos fijados. "Él decía: 'lo más importante es que Dios siempre va primero. Primero, debemos buscar el Reino de Dios, todo lo demás vendrá por añadidura".

Gänswein comenta: "Es una simple frase, y suena bien. Pero no es tan fácil seguirla". Precisamente, el Papa le pedía a su secretario que le ayudara a conseguir que se cumpliera así, coordinando su agenda y actividades.

Sus santos favoritos: de San José a Santa Teresita

Preguntado por los santos favoritos de Benedicto XVI, Gänswein no duda: "Su santo preferido era San José, pero pronto le añadió a San Agustín y San Buenaventura. Y eso es simplemente porque había estudiado a estas dos grandes figuras de la Iglesia muy intensamente y podía ver cómo fecundaban su vida espiritual e intelectual".

En cuanto a mujeres santas, Gänswein detalla que "la Virgen María es la número 1, por supuesto, y yo diría que Santa Teresa de Ávila, que en su potencia espiritual e intelectual dio un testimonio que él encontraba muy impresionante. Y, no te lo creerás, también la pequeña Santa Teresa del Niño Jesús".

De las figuras más modernas, el secretario del Papa emérito añade a "Madre Teresa, por su simplicidad y convicción. De hecho, lo que ella vivió fue más que una conferencia de teología. Ella vivió el Evangelio y eso, para él, era decisivo".

Detalla que el teólogo Ratzinger conoció a Madre Teresa en el “Katholikentag” [Día Católico] de Freiburg en 1978. "Él llevaba un año de arzobispo y yo llevaba un año en el seminario. La Madre Teresa estaba allí, en la catedral de Freiburg, y también él, el cardenal de Múnich, Joseph Ratzinger".

Georg Ganswein entrevistado en EWTN 40 Días antes de la Muerte de Benedicto XVI


La debilidad de la edad avanzada

Gänswein detalló que Benedicto pensaba que sólo viviría un año más tras su renuncia. "Al contrario de lo que pensaba, ha vivido hasta una edad avanzada. Estaba convencido de que, tras su dimisión, el Buen Dios le concedería sólo un año más. Probablemente, nadie se sorprendió más que él al ver que este “un año más” resultó ser bastantes años más", explica. Fueron casi diez años más.

"Hacia el final estaba físicamente muy débil, muy frágil, por supuesto, pero —gracias a Dios— su mente estaba tan clara como siempre. Lo que le dolía era ver que su voz se volvía más baja y más débil. Toda su vida había dependido del uso de su voz, y esta herramienta se había perdido gradualmente para él. Pero su mente siempre estaba clara, estaba sereno, y nosotros, los que siempre estábamos a su alrededor, los que vivíamos con él, podíamos sentir que estaba en la recta final".

Gänswein detalla que nunca habló de miedo a morir. "Hablaba siempre del Señor, de su esperanza de que, cuando por fin se presentara ante él, le mostraría mansedumbre y misericordia, sabiendo, por supuesto, de sus debilidades y de sus pecados, de su vida. ... Pero, como decía San Juan: Dios es más grande que nuestro corazón". 

Dulzura y siempre compostura

"Lo que siempre me impresionó, e incluso me sorprendió, fue su dulzura; lo sereno y jovial que era, incluso en situaciones muy agotadoras, muy exigentes y, a veces, incluso muy tristes desde el punto de vista humano", detalla el arzobispo.

"Nunca perdió la compostura; nunca perdía los estribos. Al contrario: cuanto más lo desafiaban, más callado y pobre en palabras se volvía. Pero esto tuvo efectos muy buenos y benévolos en quienes lo rodeaban.

"Sin embargo, no estaba acostumbrado a las grandes multitudes. Por supuesto, como profesor, estaba acostumbrado a hablar frente a una audiencia grande, incluso muy grande, de estudiantes. Pero ese era él como profesor hablando a los estudiantes. Después, como Papa, todos estos encuentros con personas de diferentes países, su alegría y entusiasmo, fueron, por supuesto, una experiencia muy diferente. Tuvo que acostumbrarse".

Gänswein recuerda una reunión siendo Ratzinger prefecto de Doctrina de la Fe, con muchos clérigos italianos que hablaban muy rápido, fuerte y gesticulando, incluso airados, con la ventaja de usar su idioma nativo. Ratzinger buscó pasar del tono al contenido. "Simplemente dijo: “Los argumentos son convincentes o no son convincentes; el tono puede ser molesto o útil. Sugiero que nos ayudemos a bajar el tono y fortalecer los argumentos”".

El reto de ser Pontífice

"Lo último que deseaba era convertirse en Papa a la edad de 78 años. Pero cuando se convirtió en Papa, lo abrazó, lo vio como la voluntad de Dios y asumió esta tarea. Hubo una inseguridad inicial, momentánea: las cámaras de televisión y los fotógrafos estaban por todas partes, y ya no era posible una vida privada, una vida normal. Pero pude sentir como él, simplemente, se ponía en esta situación, confiando firmemente en la ayuda de Dios, que le daría los dones que le faltaban y ahora necesitaba; confiando en que con sus dones naturales, pero también con la ayuda de Dios".

El legado que deja: encíclicas y libros populares

Benedicto publicó 3 encíclicas, y la mayor parte de una cuarta, Lumen Fidei, que terminó el Papa Francisco. Gänswein cree que de todas sus encíclicas la que "ganará la carrera" y tendrá más recorrido es "Spe Salvi", sobre la esperanza, que también, confiesa, es la que a él, Gänswein, le ha alimentado más espiritualmente.

También cree que quedará con gran influencia su "Trilogía de Jesús", publicada ya como Papa. "Originalmente, se suponía que era solo un volumen. Lo comenzó cuando era cardenal y terminó el primer volumen como Papa. Y pensó que el Buen Dios sólo le daría fuerzas suficientes para el primer libro".

"Le duraron las fuerzas , empezó el segundo volumen, y así sucesivamente. Estos tres volúmenes contienen todo su ser personal como sacerdote, obispo, cardenal y papa, pero también toda su investigación teológica, toda su vida de oración, en una forma que, gracias a Dios, se puede comprender fácilmente; una forma que está escrita al más alto nivel académico, pero que será también, para los fieles, su testimonio personal duradero".

Gänswein cree que la clave del libro sobre Jesús es entender que Jesús sigue vivo. "Joseph Ratzinger, el Papa Benedicto, no minimiza, quita ni salta nada de lo que la Iglesia profesa en cuanto a la fe. Y eso, para mí, es algo que queda. El primer volumen lo he leído varias veces, lo he leído una y otra vez para acompañar ciertas temporadas de mi vida. Solo puedo recomendarlo; es muy útil, un verdadero alimento espiritual".

"Era rápido en detectar problemas"

Llegó al papado sin un programa porque veía que "los eventos se movían a una velocidad sin precedentes, incluso en situaciones difíciles. Y poder adaptarse a eso fue sin duda una de sus mayores fortalezas. Era rápido en detectar problemas y sabía que había que responderlos con una respuesta de fe", detalla Gänswein. Se apoyó mucho en su don de la palabra, con la que "podía inspirar a la gente y llenar sus corazones".

Veía, además, que el mayor reto era el relativismo. "El relativismo al final dice: “La verdad que proclamas está en contra de la tolerancia. No toleras otras convicciones, es decir, dentro del cristianismo, en lo que se refiere a la cuestión del ecumenismo, no toleras otras religiones, las piensas poco”. Y eso no es cierto, por supuesto. Tolerancia significa que tomo en serio a cada uno en su fe, en sus convicciones, y las acepto. Pero eso no significa que simplemente devalúe mi propia fe: la fe de la que estoy convencido, la fe que he recibido para transmitirla. ¡Todo lo contrario!"

La lucha contra los abusos

Antes de ser Papa, ya tuvo que enfrentar temas de abusos sexuales por consultas que llegaba de Estados Unidos a Doctrina de la Fe. "Yo ya había servido en la Congregación para la Doctrina de la Fe durante dos años, por lo que recuerdo muy bien cómo abordó esto y también cómo tuvo que vencer una cierta resistencia desde adentro. No fue fácil, pero manejó muy bien este desafío, y de una manera decidida y valiente, que luego le sería útil en su pontificado".

Recientemente, ya muy anciano, salieron denuncias sobre su época de arzobispo de Múnich. Gänswein responde: "Cuando fue acusado personalmente de manejar mal los casos de abuso sexual durante su tiempo como arzobispo de Munich y Freising, de 1977 a 1982, realmente fue una sorpresa para él. Se le preguntó si aceptaría responder preguntas sobre la investigación, que revisó la gestión de una sucesión de arzobispos, desde el cardenal [Michael von] Faulhaber hasta el arzobispo actual. Y él dijo: "Me apunto, no tengo nada que ocultar"".

"Nos enviaron muchas preguntas y él las respondió. Sabía que no había hecho nada malo. Dijo todo lo que pudo recordar; todo está en el informe. Durante la redacción de nuestra declaración, cometimos un pequeño error: no fue un error por parte del Papa Benedicto, sino un descuido de uno de nuestros colaboradores, quien inmediatamente se disculpó con él (Benedicto). Dijo que fue su error, que se equivocó de fecha en cuanto a la presencia o ausencia en una reunión. Fue inmediatamente publicado e inmediatamente corregido. Pero la narrativa de que el Papa había mentido, lamentablemente permaneció. Y eso fue lo único que realmente lo impactó: que lo llamaran mentiroso".

"Luego escribió una carta personal. Dijo que esta sería la última palabra sobre el asunto, y que, después de esa carta, ya no comentaría más. Quien no le cree o no quiere creerle, no tiene porque hacerlo. Pero quien mire los hechos con honestidad y sin prejuicios, tiene que decir: La acusación de ser un mentiroso es simplemente falsa. ¡Y es infame! Fue una acusación que realmente lo conmocionó. Sobre todo porque venía de un lado que no destaca precisamente por hacer grandes cosas en el ámbito moral, sino todo lo contrario".

Satisfecho por lo que logró hacer

Gänswein constata que Benedicto se sentía satisfecho de las cosas que había decidido hacer y había conseguido. "Decidió dedicar su vida al sacerdocio. Su primera vocación, su primer amor, fue la enseñanza, por supuesto. Y por eso se convirtió en profesor. Era simplemente su destino. Y luego se convirtió en obispo, y finalmente vino a Roma. Todo estaba en consonancia con su naturaleza, su estructura intelectual. Que se convirtiera en Papa era, como ya dije, lo último que esperaba o deseaba. Pero él lo aceptó, y en todas sus tareas, por lo que pude ver, estaba realmente realizado y dispuesto a darlo todo".

"Noté que dio algo de sí mismo, dio lo que era más importante para él. Lo que estaba transmitiendo no era algo que hubiera recogido en alguna parte alguna vez: estaba transmitiendo algo de sí mismo, algo que provenía de su propia vida, su honestidad intelectual, su fe. Volviendo a la imagen de la chispa: para hacerla salpicar y encender un fuego".

El día que Gänswein desesperó

Un día, ya con Benedicto XVI como emérito, Gänswein estalló por un asunto que le desesperaba sobre la Iglesia. “¡Santo Padre, esto no puede ser! ¡No puedo con eso! ¡La Iglesia corre contra una pared de ladrillos! No sé: ¿el Señor está dormido, no está allí? ¿Que está pasando?" Y él dijo: “Tú conoces un poco el Evangelio, ¿no? El Señor estaba dormido en la barca en el Mar de Galilea, según cuenta la historia. Los discípulos tenían miedo, venía una tormenta, venían olas. Y lo despertaron porque no sabían qué hacer. Y él simplemente dijo: '¿Qué está pasando?' Jesús solo tuvo que dirigirle unas pocas palabras a la tempestad, para dejar claro que él es el Señor, incluso sobre el tiempo y las tempestades”. Y entonces Benedicto me dijo: “¡Mira, el Señor no duerme! Entonces, si, incluso en su presencia, los discípulos tenían miedo, es bastante normal que los discípulos de hoy puedan tener miedo, aquí y allá. Pero nunca olvides una cosa: Él está aquí y permanece aquí".

Gänswein recuerda también que en circunstancias muy difíciles, el Papa intentaba aportar "una pizca de humor" para “desintoxicar” las cosas.

Entrevista de la EWTN con Georg Gänswein, realizada 40 días antes de la muerte del Papa, en alemán e ingles.


Fuente: Religión en Libertad