viernes, 20 de junio de 2025

Santo Evangelio 20 de Junio 2025

 


Texto del Evangelio (Mt 6,19-23):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.

»La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!».



«Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben»


Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés

(Tarragona, España)

Hoy, el Señor nos dice que «la lámpara del cuerpo es el ojo» (Mt 6,22). Santo Tomás de Aquino entiende que con esto —al hablar del ojo— Jesús se refiere a la intención del hombre. Cuando la intención es recta, lúcida, encaminada a Dios, todas nuestras acciones son brillantes, resplandecientes; pero cuando la intención no es recta, ¡que grande es la oscuridad! (cf. Mt 6, 23).

Nuestra intención puede ser poco recta por malicia, por maldad, pero más frecuentemente lo es por falta de sensatez. Vivimos como si hubiésemos venido al mundo para amontonar riquezas y no tenemos en la cabeza ningún otro pensamiento. Ganar dinero, comprar, disponer, tener. Queremos despertar la admiración de los otros o tal vez la envidia. Nos engañamos, sufrimos, nos cargamos de preocupaciones y de disgustos y no encontramos la felicidad que deseamos. Jesús nos hace otra propuesta: «Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben» (Mt 6,20). El cielo es el granero de las buenas acciones, esto sí que es un tesoro para siempre.

Seamos sinceros con nosotros mismos, ¿en qué empleamos nuestros esfuerzos, cuáles son nuestros afanes? Ciertamente, es propio del buen cristiano estudiar y trabajar honradamente para abrirse paso en el mundo, para sacar adelante la familia, asegurar el futuro de los suyos y la tranquilidad de la vejez, trabajar también por el deseo de ayudar a los otros... Sí, todo esto es propio de un buen cristiano. Pero si aquello que tú buscas es tener más y más, poniendo el corazón en estas riquezas, olvidándote de las buenas acciones, olvidándote de que en este mundo estamos de paso, que nuestra vida es una sombra que pasa, ¿no es cierto que —entonces— tenemos el ojo oscurecido? Y si el sentido común se enturbia, «¡qué oscuridad habrá!» (Mt 6,23).


Atea, de familia sin fe y del país más ateo de Europa, Zdenka se enamoró de Jesucristo

 


Atea, de familia sin fe y del país más ateo de Europa, Zdenka se enamoró de Jesucristo

Zdenka, el día de su bautismo.

La joven Zdenka María Turková nació y creció en una familia sin fe en la República Checa, el país menos religioso de toda Europa. Su familia no creía en Dios, ni su novio, y ella se se declaraba atea en la universidad. "Si alguien me hubiera dicho: ´¡oye!, y si un día fueses monja, ¿qué pasaría?´, le habría dicho que estaba loco, loco, rematadamente loco", recuerda. Sin embargo, como ella dice, "los planes del Señor y sus pensamientos están muy por encima de los nuestros". Hoy es religiosa de las Siervas del Hogar de la Madre, en España. Ella misma explica en este testimonio como una checa atea se enamoró de Jesucristo, se bautizó en 2004 y fue consagrada.

»Nací en una familia no religiosa de la República Checa. En mi infancia todo el país estaba sumido en el comunismo puro y duro. Mis padres jamás nos hablaban de Dios. Por supuesto que en el colegio tampoco se nombraba a Dios, ni en las conversaciones, ni en la tele, nada... Todavía me acuerdo del ambiente de opresión y de miedo que reinaba. »Sólo mi abuela me habló unas pocas veces sobre Jesucristo y lo que sufrió por nosotros, pero casi me parecía parte de un cuento. »Cuando tenía nueve años cayó el régimen comunista en mi país, lo cual, para mi familia, supuso un gran alivio. Pese a la caída del comunismo mis padres seguían sin fe, seguramente por su educación laicista.

A los 15 años, de discotecas

»Cuando cumplí los 15 años, mi vida dio otro giro, pero esta vez negativo. Una de mis amigas me invitó a ir por primera vez a una discoteca. Fui y algo cambió en mí. Antes tampoco es que fuera una joven modelo, ni mucho menos, pero conservaba una cierta inocencia. Pero después de empezar a ir semanalmente a las discotecas cambió mi manera de pensar, de vestir, de ser y de relacionarse con los demás. Las discotecas los sábados se convirtieron en el centro de mi vida. »Después de unos años acabé cansándome, pero el ambiente ya me había marcado. Si cuando era más pequeña me dolía el escuchar sobre la Pasión del Señor, en esa época, cuanto más me abría al pecado, más fría me volvía religiosamente.

Atea e indiferente a Dios

»Cuando fui a la universidad tenía un novio estable que era ateo convencido y también yo me empecé a declarar atea. »De la doctrina católica sabía poco o nada, ni sé si hubiera sido capaz de decir los diez mandamientos. La Iglesia me caía mal, me parecían todos unos hipócritas. Dios no tenía nada que decir en mi vida, no estaba en contra de Él, más bien me sentía indiferente. Simplemente pensaba que no existía.

Santander no le gustaba

»Me ofrecieron una beca de Erasmus para ir a estudiar a Santander (Cantabria, España) durante nueve meses que acepté y a punto de cumplir los 23 años llegué a España. Al principio me lo pasé muy mal, no conocía a nadie, echaba de menos a mi novio, mis amigos, mi familia, mi tierra, todo. Santander no me gustaba para nada. »En una de las primeras clases conocí a la que es ahora la Hermana Sara que entonces era candidata a las Siervas del Hogar de la Madre (www.hogardelamadre.org). Hablamos de algo de estudios y luego ella vio que yo llevaba una pequeña cruz de oro,regalo de mi hermana. »Me preguntó: “¿Eres católica?”. Yo queriendo decir que no y que no me interesaba para nada serlo me oí decir a mí misma: “No, pero estoy buscando.” No lo quería decir, simplemente me salió. Era el Señor que iba haciéndose más y más presente en mi vida aunque yo todavía no me daba cuenta.

El libro del padre Loring

»Sara me presentó a la Hermana Mª Luisa, que se convirtió luego en mi guía hacia la conversión. Ella me dejó el libro del padre Jorge Loring “Para salvarte”. »Y yo, leyéndolo muy poco a poco, intentando reflexionar y absorber lo que ponía, empecé a creer en Dios. Empecé a descubrir en mí un deseo cada vez más grande de conocer a este gran Misterioso para mí, de conocer la Verdad, no miles de verdades, sino la Verdad, la única. »Más tarde conocí la comunidad de las Siervas del Hogar de la Madre con su fundador, don Rafael Alonso. Conocerlos significó para mí la apertura de un mundo nuevo, un mundo mucho más limpio, mucho más sencillo, mucho más transparente y mucho más lleno de amor de verdad que el que había conocido hasta entonces. »Luego todo fue un proceso más o menos rápido, los conocí en octubre, en diciembre pedí el bautismo y empecé a tener catequesis intensiva porque el gran día iba a ser en la Vigilia de la Resurrección que aquel año caía en 10 de abril. »Tuve muchas luchas, por un lado Dios me atraía muchísimo, descubría cosas antes desconocidas que me llenaban hasta lo más hondo de mi alma, sentía que Dios me llamaba a la vida cristiana de verdad y que allí iba a encontrar mucha más felicidad, pero…

Miedo a vivir según los Diez Mandamientos

»Tenía mucho apego a mi vida de antes, mis vicios, mis comodidades, mis independencias, en fin, no estaba todavía dispuesta a dejar tantas cosas por Dios. Y tenía miedo, mucho miedo. Quizá de lo desconocido, de lo que Dios me pudiera pedir. Unos pocos días antes de bautizarme decidí no hacerlo, porque no estaba dispuesta a vivir según los diez mandamientos. »Como las Siervas, unos días antes, me habían invitado a una peregrinación de unos días a Roma, y no podía negarme por compromiso, tuve que ir pero con la disposición de olvidarme de Dios y de todo cuando regresase. El último día entramos en una iglesia, nos arrodillamos, y yo, que ni siquiera sabía rezar, sentí en el corazón que tenía hambre y sed de Dios, que no podía vivir sin Él.

Jesús, más guapo que cualquier hombre

»Las chicas que venían conmigo me preguntaron: “¿Conoces la Divina Misericordia?” Y es que hasta ese momento nunca había oído nada de la Divina Misericordia, ni había visto la imagen. Me llevaron a una pequeña capillita con esa imagen y me impactó lo guapo que era el Señor. Sólo repetía dentro de mí: “¡Está guapísimo, más guapo que cualquier hombre!”, y experimenté que Él me acogía a pesar de que era una pecadora y que me amaba personalmente y con gran intensidad. »Salí de la iglesia con muchos esquemas completamente cambiados, sólo deseando bautizarme y vivir la vida cristiana en serio, costara lo que costase. »El 10 de abril del año 2004 el padre Rafael me bautizó y yo me quedé con un gran deseo de hacer lo que Dios quisiera. Todavía no había sentido la llamada a la vida religiosa. Sí me sentí llamada a entregar un año de mi vida viviendo cerca de las hermanas y trabajando junto al Hogar de la Madre.

Dejar al novio, ser sólo de Dios

»Apoyada en la gracia del Señor y en Nuestra Madre dejé a mi novio que era una de las cosas más duras y volví a España. Unos dos meses después, de repente, en la oración sentí con fuerza que el Señor me amaba, pero no como antes, sino como si yo fuese para Él, sólo para Él y Él para mí.

»Era como si hubiese cogido su manto y me hubiera escondido debajo de Él y así me quería convertir en posesión suya. Aquel día me hubiera gustado decirle que yo no quería, pero no me atrevía, era consciente de que Él es Dios… Aún así iba a suponer todavía mucha lucha el aceptar mi vocación. ¡Lo increíble se hace realidad por la gracia de Dios! »El 8 de diciembre del 2004 entré en las Siervas del Hogar de la Madre y ahora soy más feliz que nunca y también estoy más enamorada que nunca. Tengo la absoluta certeza que sigue siendo Él quien va llevando mi vida, a veces suavemente, que casi ni se nota, y otras veces con fuerza, cambiando de rumbo. Conocer a Dios es sin duda lo mejor que me ha pasado en la vida.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 19 de junio de 2025

Santo Evangelio 19 de Junio 2025



 Texto del Evangelio (Mt 6,7-15):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo.

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».



«Vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo»


Rev. D. Emili MARLÉS i Romeu

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, el Señor nos quiere ayudar a crecer en un tema central de nuestra vida cristiana: la oración. Nos advierte que no recemos como los paganos que intentan convencer a Dios sobre aquello que quieren. Muchas veces pretendemos conseguir lo que deseamos a través de la insistencia, haciéndonos “pesados” a Dios, creyendo que conseguiremos hacernos escuchar con nuestra verborrea. El Señor nos recuerda que el Padre está constantemente solícito de nuestra vida y que, en todo momento, él sabe lo que necesitamos antes de que se lo pidamos (cf. Mt 6,8). ¿Vivimos con esta confianza? ¿Tengo la conciencia de que el Padre me lava los pies continuamente y que sabe mejor que nadie lo que necesito en cada momento (en las cosas grandes y en las pequeñas)?

Jesús nos abre un nuevo horizonte de plegaria: la oración de quienes se dirigen a Dios con la conciencia de hijos. El tipo de relación que tengo con una persona determina la manera en la que le pido las cosas, y también aquello que puedo esperar de ella. De un padre, y especialmente del Padre celestial, lo puedo esperar todo y sé que tiene cuidado de mi vida. Por eso Jesús, que vive siempre como un auténtico hijo, nos dice «no estéis preocupados por vuestra vida: qué vais a comer» (Mt 6,25). ¿Realmente tengo esta conciencia de hijo? ¿Me dirijo a Dios con la misma familiaridad con que lo hago con mi padre o mi madre?

Después, Jesús nos abre su corazón, y nos enseña cómo es su relación/plegaria con el Padre para que la hagamos también nuestra. Con la oración del “Padrenuestro” Jesús nos enseña a vivir como hijos. San Cipriano tiene un conocido comentario al “Padrenuestro”, en el que nos dice: «Debemos recordar y saber que, cuando llamamos “Padre” a Dios, tenemos que obrar como hijos suyos, a fin de que él se complazca en nosotros, como nosotros nos complacemos de tenerlo por Padre».

Pensaba ser bombero pero, de erasmus, supo que «debía entregar la vida»: este sábado será diácono



 Pensaba ser bombero pero, de erasmus, supo que «debía entregar la vida»: este sábado será diácono

Iñaki Suárez, próximo diácono.

Este sábado 21 de junio, la Iglesia de Santa María de Villaviciosa de Odón acogerá la ordenación diaconal de tres seminaristas del Seminario Mayor Nuestra Señora de los Apóstoles.

Uno de ellos es Iñaki Suárez, que a sus 28 años cuenta las últimas horas para este “paso definitivo” que supone su ordenación como diácono. Un proceso que comenzó hace años y que le llevaría desde su Madrid natal a Toledo, San Sebastián y Getafe, donde ultima los preparativos y formación que le llevarán al sacerdocio.

Tal y como ha contado el madrileño al canal de la diócesis de Getafe, su vinculación vocacional con sus primeros años de la infancia es innegable. Entonces, sus padres, católicos devotos y practicantes, acostumbraban a leer vidas de santos a Iñaki y sus dos hermanos. Una práctica extendida y muy asociada al surgimiento de vocaciones, como también le ocurrió a su hermana, consagrada.

Con deseos de santidad, de la infancia a las misiones

“Desde pequeño me inculcaron no solo la fe, sino un anhelo de santidad y una grandeza no solo humana, sino espiritual. De querer ser santo”, expresa el joven. Admite que leer la vida de los santos en familia le llevó a querer ser desde muy pequeño “alguien grande en la vida” y a tener una inquietud y deseo de entrega que lo llevaría a tratar de desempeñarse como bombero.

Acababa de terminar el colegio cuando decidió tomarse un año de descanso antes de comenzar las oposiciones y no dudó en aceptar cuando surgió la posibilidad de irse de misiones a Hispanoamérica.

“Iba a las parroquias y ofrecía a los sacerdotes mi ayuda a cambio de comer y una cama donde dormir”, admite. Tras muchas parroquias y varios países visitados como misionero, un sacerdote le invitó a misionar durante un mes a las selvas de Puyo (Ecuador).



“Yo no me veía siendo sacerdote, pero acompañándole me di cuenta de que la vida de sacerdote merecía la pena”, mencionó. Estaba conmovido por la atención espiritual que ofrecía el sacerdote, pero aún quería ser bombero.

La primera vez que consideró seriamente que podía estar llamado al sacerdocio fue durante una noche de oración, comenzando un periodo de duda y sin terminar de atreverse a dar el paso de entrar al seminario.

Iñaki había comenzado los estudios de Filosofía. Estaba en el segundo año cuando le ofrecieron ir de erasmus a un pueblo al sur de Polonia, donde vería despejadas todas sus dudas.

Atea, de familia sin fe y del país más ateo de Europa, Zdenka se enamoró de Jesucristo

“Estando allí descubrí la situación de la gente que me rodeaba”, cuenta el joven seminarista, entonces rodeado de jóvenes “abandonados a la moda, el alcohol, el sexo y las drogas. Allí descubrí que, a través de esa situación, Dios me estaba gritando: `Tengo sed de que esta gente me quiera y conozca el amor que tú conoces´”.

"Entregar la vida"

Entonces fue consciente de que Dios se sirvió de ese grito para desencadenar una firme resolución en su fuero interno. “Tengo que hacer algo por ellos”, pensó.

Siguiendo el consejo de un conocido, Iñaki comenzó el curso de discernimiento en Toledo, donde confirmaría su vocación al sacerdocio, que hoy celebra. Especialmente de cara a poder paliar “la necesidad espiritual en la gente” que, a su juicio, es “cada vez mayor”.

También influyó en su decisión su propia vocación de servicio escuchada como bombero y que hoy define como un llamado a “entregar la vida”.

“Al fin y al cabo hay relación entre un bombero y un sacerdote. Tú te haces sacerdote para entregar la vida. Hay gente que me dice: `Si es lo que te hace feliz…´ Les contesto que no me meto a sacerdote para ser feliz. Me meto a sacerdote para entregar la vida, y fruto de la entrega de la vida uno es feliz”, explica.

En Getafe, el primer anuncio es "urgente"

Suárez remarca como su ilusión crece conforme se acercan sus últimos meses como seminarista. Especialmente de cara a una evangelización que considera urgente en su actual destino, una parroquia de Fuenlabrada. Allí hay hermandades, mucha tradición de Semana Santa, pasos y cofradías.

Pero sobre toda esa riqueza observa “un reto” que considera “apasionante”, el de una evangelización a llevar a cabo en los residentes asociados a su parroquia.

“Tenemos mucha gente que viene, sí, pero mucha más que no viene y hay un primer anuncio muy necesario”, remarca con emoción.

El diácono habla de su familia como un apoyo incondicional en un periplo que lo ha llevado por “tres cambios muy duros” de ubicación, como fueron los traslados de Madrid a Toledo, de Toledo a San Sebastián, donde eran solo dos seminaristas, y de San Sebastián a Getafe, en el marco de la clausura de su anterior seminario.

Buscando imitar a los santos y "en manos de Dios"

Habla también de todos los santos que le han inspirado y acompañado en el camino. De entre todos ellos destaca al padre Damián de Molokai, de quien tomó la inspiración para “entregar la vida”.

“Uno se mete al sacerdocio y está en manos de Dios. No sabes dónde vas a acabar. La gente me pregunta: `¿Y vas a elegir alguna parroquia en concreto?´ Yo no elijo parroquia, la elige el obispo por mí. Yo estoy en manos de Dios”, comenta.

También habla de Santa Teresita, buscando poder decir como ella que busca “ser el amor de Dios” para los demás, sabiendo que este “tiene que ser acogido para cambiar”. Y se encomienda también a San Francisco Javier, San Ignacio, San Juan de Ávila o Juan María Vianney, Santo cura de Ars, como patrono de los sacerdotes.

El escenario, "donde Dios quiera, con mucha ilusión"

Preguntado por sus escenarios más esperados como diácono y sacerdote, concluye admitiendo con sinceridad que no se plantea ninguno.

“Prefiero pensar que estoy en manos de Dios, y que donde Dios me quiera, ahí me entregaré”, concluye. “Es muy atractivo estar con jóvenes, con matrimonios jóvenes… pero no deja de ser menos atractivo estar con ancianos. De hecho, personalmente, tengo una inquietud hacia los enfermos muy grande. Me encantaría una capellanía hospitalaria, pero no me proyecto en escenarios concretos. Donde Dios quiera, donde sea, con muchísima ilusión”. 

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 18 de junio de 2025

Santo Evangelio 18 de Junio 2025

 


Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

»Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».



«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos invita a obrar para la gloria de Dios, con el fin de agradar al Padre, que para eso mismo hemos sido creados. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia: «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». Éste es el sentido de nuestra vida y nuestro honor: agradar al Padre, complacer a Dios. Éste es el testimonio que Cristo nos dejó. Ojalá que el Padre celestial pueda dar de cada uno de nosotros el mismo testimonio que dio de su Hijo en el momento de su bautizo: «Éste es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,17).

La falta de rectitud de intención sería especialmente grave y ridícula si se produjera en acciones como son la oración, el ayuno y la limosna, ya que se trata de actos de piedad y de caridad, es decir, actos que —per se— son propios de la virtud de la religión o actos que se realizan por amor a Dios.

Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.

Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).


Jesús Moliné, muchos años de obispo misionero en Perú: «En misiones hay que ir al ritmo de la gente»

 


Jesús Moliné, muchos años de obispo misionero en Perú: «En misiones hay que ir al ritmo de la gente»

Jesús Moliné, obispo emérito de Chiclayo, habla a ReL de su experiencia misionera

Jesús Moliné Labarte, obispo emérito de Chiclayo, es aragonés y ha sido misionero la mayor parte de su vida en Perú, desde 1965 en Piura, y desde 1997 como obispo en Chiclayo. Su predecesor allí durante 20 años fue Ignacio María de Orbegozo y Goicoechea, bilbaíno y del Opus Dei. Moliné ha escrito recientemente un libro sobre él.

Su sucesor es un caso insólito: el agustino de Chicago Robert Francis Prevost, desde septiembre cardenal y desde hace un año Prefecto del Dicasterio para los Obispos en Roma. Pasar de Chiclayo (1,3 millones de habitantes en el norte de Perú) al Vaticano es un salto peculiar, y Chiclayo, por ahora, sigue sin obispo titular.

Jesús Moliné está a punto de cumplir 85 años, y casi diez como obispo retirado. Nos atiende por teléfono desde Zaragoza, y hablamos de vocación, experiencia misionera, evangelización y un poco de actualidad eclesial (incluyendo su opinión de Fiducia Supplicans).


Jesús Moliné, presentando en 2023 su libro sobre su predecesor, el obispo Orbegozo.

- ¿Cómo sintió usted la llamada al sacerdocio, don Jesús?

- Nací en una familia cristiana donde ya había sacerdotes, como mi tío abuelo, y otros parientes. A los 7 años yo ya era acólito, me gustaba ayudar en la casa parroquial. Veía lo que hacía el sacerdote, visitar enfermos, ayudar a gente pobre, la misa, y me gustaba.

- ¿No le daba miedo eso de visitar enfermos o pobres de niño?

- Era en mi pueblo, en La Puebla de Alfindén, en Zaragoza. En esa época había pobreza, austeridad, pero no situaciones extremas. Todos buscábamos cuidar de los otros, era algo normal. Como eso me gustaba, entré con 11 años en el seminario menor, en 1950. Pasé allí cuatro años. Era un lugar muy frío, sin calefacción ni estufas ni nada. En la hora del recreo te hacían correr para entrar en calor, con juegos o con distintos métodos. Luego en 1965 fui ordenado sacerdote.

- ¿Cómo llegó usted a las misiones en Perú?

- El arzobispo de Zaragoza en esa época era Casimiro Morcillo. Llevaba el tema de enviar sacerdotes a Latinoamérica desde España, porque en esa época había muchísimos sacerdotes en España. Me gustó la idea de ir a misiones a remediar la escasez de sacerdotes allí. Tras unos años de experiencia pastoral en España, un amigo desde Perú me propuso ir, y acepté, y así me fui enamorando de Perú. En esa época habría un sacerdote por cada 20.000 fieles en Chiclayo, pero cuando me fui serían ya uno cada diez mil.

- ¿Cuál fue su experiencia más dura en misiones?

- Los más duro fueron las condiciones materiales en los primeros años. Eran pueblos de arena, con plagas de mosquitos e insectos, circunstancias complicadas. Pero cuando eres joven lo sobrellevas bien, lo ofreces al Señor, y entiendes que estás allí con la gente, que vive así.

- ¿Algo que le diera miedo?

- Las carreteras de la sierra a Santa Cruz eran impresionantes, muy estrechas: a un lado el cerro y al otro el abismo. Cruzarte con otro coche que subiera, dar marcha atrás... ahí sí que te daba miedo, porque te desbarrancabas y ya nadie recogería tu cuerpo.

- Tras su etapa en Piura, fue obispo en Chiclayo. ¿Por qué le llaman 'capital de la amistad`?

- Es que es verdad que la gente de Chiclayo es muy abierta y acogedora, alegre en todo momento. Quizá por su cultura de acogida. Es una zona que en 1900 tenía 60.000 habitantes y en el 2000 tenía medio millón, un crecimiento enorme. Quizá por ser tanta gente de fuera, a menudo de la Sierra norte de Perú, crearon una cultura de acoger, de recibir gente amistosamente.




- Como obispo durante 16 años vería usted crecer la Iglesia...

- Estoy satisfecho de las visitas pastorales que hacía a las parroquias, fueran de la costa o de la sierra. Estuve al menos dos veces en cada rincón, o casi. Eran visitas que duraban 3 días. Quería lograr esa cercanía, porque los obispos anteriores a mí, por diversas razones, habían viajado muy poco. En esas visitas pude ver como crecía la vida de fe y religiosa, con los sacerdotes y grupos parroquiales, a los que escuchaba. También recibí un buen seminario del obispo Orbegozo. Intenté que siguiera creciendo y llegamos a tener 115 seminaristas.

- ¿Más ejemplos de ese crecimiento?

- Quizá lo más vistoso fue poner en marcha la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo. En realidad, la empezó a impulsar mi predecesor, el obispo Orbegozo, pero no llegó a verla realizada, murió antes. Yo puse la última firma. Cuando empezó tenía 230 alumnos, pero cuando me fui ya tenía 10.000 y ahora tiene más y es un centro prestigioso. Insistí en que en la Universidad hubiera coherencia con la fe cristiana y que tuviera excelencia académica. Y por lo que he sabido los profesores siguen cumpliendo eso.

- ¿Qué nos puede decir de las vocaciones nativas?

- Hay que rezar mucho pidiendo al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Desde España se puede también apoyar económicamente a los seminarios de misiones, porque muchas vocaciones son de familias pobres. Chiclayo es peculiar, porque la mayoría de sus seminaristas no eran de campo, sino de la ciudad, pero aún así muchos son de familias pobres. A mantener los seminarios ayudan donativos de la Conferencia Episcopal Alemana, a veces también de la española. También ayudan algunas parroquias españolas y se puede ayudar con estipendios de misas.

- ¿Qué diría para animar a sacerdotes españoles a hacer una experiencia misionera en las misiones en Hispanoamérica?

- Hay que dejar claro que la Iglesia necesita apoyo allí apoyo. Hay allí un resurgir cristiano, pero también dificultades. No le pido a nadie que se vaya 35 años como hice yo, pero sí animo a que hagan una experiencia de 5 ó 6 años. Creo que les irá muy bien para su vida espiritual y sacerdotal. Además, se sentirán realizados porque la gente allí busca al sacerdote, y cuenta con él.

- ¿Cómo ve a los misioneros jóvenes de hoy?

- En los últimos años he conocido pocos, pero una cosa que pasaba antes, y también hoy, es que el misionero llega allí con muchos planes, lleno de ganas de cambiar muchas cosas rápido, y luego ve que todo requiere ir paso a paso. La gente allí va a su ritmo, pero piden al misionero que les acompañe. Al misionero le digo que tenga ilusión por seguir a Cristo.

- ¿Hay algo que los católicos de España no entienden bien de las misiones en países hispanos?

- A veces encuentras gente que piensa que en las misiones van con plumas y flechas, jajaja. En Hispanoamérica hay mucha práctica religiosa, hay vocaciones, hay movimientos católicos muy vivos... pero es verdad que faltan sacerdotes porque falta la tradición de Iglesia fuerte que ha tenido Europa durante siglos.

- ¿Qué piensa usted del documento Fiducia Supplicans y sus bendiciones?

- Me parece una equivocación. Hay que corregir eso. La nota aclaratoria no aclara nada. Es algo que levanta mucha polvareda. Este tema es muy delicado y no se ha valorado suficientemente en Roma. Ha salido así, espontáneamente y sin sinodalidad. Ahora cada obispo dice lo suyo, y a veces son conferencias episcopales enteras las que hablan. Hay que rezar mucho por el Papa y sus colaboradores. Habrá que esperar a que el polvo desaparezca, rezando y rezando.

- Su sucesor, Robert Francis Prevost, ha pasado de ser un obispo misionero en Perú a cardenal y Prefecto para los Obispos. No es algo que suceda con frecuencia...

- Sí, que lo envíen a un dicasterio vaticano así es asombroso. Ya veíamos venir algo, pero no tan gordo. Hubo una entrega de un Honoris Causa que le hicieron, con misa llena en la catedral, le pusieron la medalla de la ciudad, estaba muy contento.

»Pero no ha estado solamente en Perú. Fue superior general de los agustinos y en ese cargo recorrió medio mundo. Por ahora, los nombramientos que el dicasterio ha ido anunciando eran los que ya se esperaban, los que ya venían de más atrás. Para ver su estilo, tendremos que ver los nuevos nombramientos que vaya haciendo. Por cierto, que Chiclayo sigue sin obispo, porque el actual administrador es el obispo auxiliar de Lima.

- ¿Tiene algún mensaje para sacerdotes y evangelizadores desanimados por la falta de religiosidad en España?

- Yo digo que si el sacerdote trabaja medianamente bien, el católico practicante quiere al sacerdote. Tenemos que animar a los pequeños grupos, las pequeñas comunidades. Sí, en Semana Santa vemos grandes masas en procesiones, pero en España los practicantes son pocos. Por eso vale la pena fomentar comunidades vivas, eso atraerá también a los alejados, con el "mirad como se quieren", que vean grupos que se entregan y viven su fe, comprometidos con Jesucristo. Esto vale para todos, sacerdotes y laicos.

»Hay que decir que en España, entre los católicos practicantes, el espíritu misionero va justito, un aprobado raspado. ¡Debe fomentarse mucho más! Y la parroquia ha de ser, de verdad, comunidad de comunidades, como decía San Juan Pablo II. Así dejaremos de lamentarnos, con comunidades vivas que, desde la vida, traten de ser misioneras.

Para conocer más del obispo Moliné, esta entrevista de media hora en vídeo del año 2022 aporta muchas de sus ideas y testimonios.




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Fuente: Religion en Libertad

martes, 17 de junio de 2025

Santo Evangelio 17 de Junio 2025



 Texto del Evangelio (Mt 5,43-48):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».



«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»


Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu

(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial» (Mt 5,45). ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿y nuestros compañeros de trabajo? ¿y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿cómo los amamos? ¿qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?

Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...

Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros.