martes, 24 de diciembre de 2024

Santo Evangelio 24 diciembre 2024

 


Texto del Evangelio (Lc 1,67-79):

 En aquel tiempo, Zacarías, el padre de Juan, quedó lleno de Espíritu Santo, y profetizó diciendo: «Bendito el Señor Dios de Israel porque ha visitado y redimido a su pueblo y nos ha suscitado una fuerza salvadora en la casa de David, su siervo, como había prometido desde tiempos antiguos, por boca de sus santos profetas, que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que nos odiaban haciendo misericordia a nuestros padres y recordando su santa alianza y el juramento que juró a Abraham nuestro padre, de concedernos que, libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de Él todos nuestros días. Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, pues irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación por el perdón de sus pecados, por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas y sombras de muerte y guiar nuestros pasos por el camino de la paz».



«Harán que nos visite una Luz de la altura, a fin de iluminar a los que habitan en tinieblas»


Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents

(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio recoge el canto de alabanza de Zacarías después del nacimiento de su hijo. En su primera parte, el padre de Juan da gracias a Dios, y en la segunda sus ojos miran hacia el futuro. Todo él rezuma alegría y esperanza al reconocer la acción salvadora de Dios con Israel, que culmina en la venida del mismo Dios encarnado, preparada por el hijo de Zacarías.

Ya sabemos que Zacarías había sido castigado por Dios a causa de su incredulidad. Pero ahora, cuando la acción divina es del todo manifiesta en su propia carne —pues recupera el habla— exclama aquello que hasta entonces no podía decir si no era con el corazón; y bien cierto que lo decía: «Bendito el Señor Dios de Israel...» (Lc 1,68). ¡Cuántas veces vemos oscuras las cosas, negativas, de manera pesimista! Si tuviésemos la visión sobrenatural de los hechos que muestra Zacarías en el Canto del Benedictus, viviríamos con alegría y esperanza de una manera estable.

«El Señor ya está cerca; el Señor ya está aquí». El padre del precursor es consciente de que la venida del Mesías es, sobre todo, luz. Una luz que ilumina a los que viven en la oscuridad, bajo las sombras de la muerte, es decir, ¡a nosotros! ¡Ojalá que nos demos cuenta con plena conciencia de que el Niño Jesús viene a iluminar nuestras vidas, viene a guiarnos, a señalarnos por dónde hemos de andar...! ¡Ojalá que nos dejáramos guiar por sus ilusiones, por aquellas esperanzas que pone en nosotros!

Jesús es el “Señor” (cf. Lc 1,68.76), pero también es el “Salvador” (cf. Lc 1,69). Estas dos confesiones (atribuciones) que Zacarías hace a Dios, tan cercanas a la noche de la Navidad, siempre me han sorprendido, porque son precisamente las mismas que el Ángel del Señor asignará a Jesús en su anuncio a los pastores y que podremos escuchar con emoción esta misma noche en la Misa de Nochebuena. ¡Y es que quien nace es Dios!


Ayllón: «Los primeros cristianos transformaron el mundo con su ejemplo, sin tácticas ni campañas»

 


Ayllón: «Los primeros cristianos transformaron el mundo con su ejemplo, sin tácticas ni campañas»

José Ramón Ayllón

"Ser cristiano implica una forma de entender el mundo contraria a las ideologías. El cristianismo es la verdad, y no debemos tener miedo a exponerla", dice el filósofo José Ramón Ayllón.

José Ramón Ayllón es filósofo y autor de El mundo de las ideologías (Homo Legens, 2019). Un libro en el que analiza un mundo como el actual "hiperideologizado". Marxismo o positivismo se mezclan con otras ideologías más recientes como el feminismo o la ideología LGTBI. Todas profundamente anticristianas. Javier Lozano lo acaba de entrevistar para Misión, la publicación de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Sobre la raíz común de las ideologías, Ayllón empieza dando una clave. "Todas son hijas de una, la Ilustración francesa y su Revolución, y todas buscan cambiar la visión vigente en la civilización occidental, que se sustentaba sobre tres pilares: la razón griega, el derecho romano y el cristianismo", explica.

El brazo ejecutor del radicalismo

"Las ideologías son torpedos que van directamente contra estos pilares: la razón griega, pensada para descubrir la verdad leyendo correctamente la realidad; el derecho romano, fundamentado en el derecho natural (si hay una naturaleza, hay un autor y una ley moral natural que no nos la hemos dado nosotros); y el cristianismo, baluarte de la concepción trascendente del hombre y de la vida", añade.

Y, en este punto, menciona a la madre de todas las salsas. "La pretensión de la Ilustración francesa se percibe en todas las ideologías que surgen de ella. La masonería viene a ser el brazo ejecutor del radicalismo ilustrado francés. Mientras las ideologías montan partidos para alcanzar el poder, la masonería se infiltra en todo, también en la Iglesia, en los parlamentos… en todo", relata.  

"Sus consecuencias actualmente son más evidentes que nunca. Hoy hay una concepción del mundo muy materialista, donde el ser humano aparece como un conjunto de células que han surgido al azar. No existe hueco para Dios. El marxismo, el evolucionismo radical, el psicoanálisis freudiano, Nietzsche… todos son profundamente ateos. Y aparte de arrastrar una visión materialista y muy poco esperanzadora, las ideologías quieren sustituir la esperanza religiosa por una utopía que te dice, por ejemplo, que con la revolución sexual, cuando acaben los tabúes y haya amor libre, seremos plenamente felices. Prometen felicidad, pero una felicidad que nunca llega", advierte el filósofo.

Unas ideologías que utiliza cada una mecanismos distintos para implantarse en nuestro mundo. "Todas exigen revoluciones. Hay dos grandes tipos de revolución para lograr este 'mundo feliz': la revolución militar, que implica que haya muertos; y la revolución cultural, que no significa que sea neutra ni pacífica, como son el feminismo y el lobby LGTBI. Sus ideólogos no te van a pegar un tiro, pero te están destrozando a ti y a tus hijos. Estas revoluciones culturales acaban destrozando la sociedad entera con su concepción de la persona y el mundo", comenta.



Ayllón"Somos nietzscheanos, aunque la gente no sepa quién es Nietzsche", dice Ayllón.

"Las montan ideólogos que viven de ellas. Y para conseguir una cuota de poder generan una especie de mesianismo. Pero nunca se cumplirán sus promesas, ni les interesa que así sea. Lo que les interesa es que la sociedad esté medio hundida y en conflicto para venderte su producto. Por eso, saber detectar las ideologías es más importante de lo que parece, pues una juventud ideologizada acaba en un país de rodillas, como tantos y tantos ejemplos de países fallidos", añade.

Un éxito, el de las ideologías entre la gente, que tiene difícil solución. "El marxista italiano Antonio Gramsci se dio cuenta de que no se podía conquistar el mundo sacando el ejército a la calle porque las democracias modernas no admitirían una revolución así. Pero sí podría triunfar una revolución cultural llenando de ideología los libros, las enseñanzas de los profesores, el cine o la música. Hoy lo que se ve y se lee es profundamente ideológico. Es ideología al cien  por cien", dice Ayllón.

Pero, el filósofo da algunas claves para intentar minimizarlo. "No puedes detectar una ideología sin saber lo que es, tienes que saber a lo que te enfrentas, conocer al enemigo. Para eso hay que leer mucho y tener unos profesores y unos padres con gran criterio, porque incluso muchos medios de comunicación están interesados en ocultar su carácter ideológico. Es necesaria una seria labor de información en las aulas, sobre todo por parte de profesores de Filosofía e Historia moderna. Y fiarse poco de lo que te cuentan y, en cambio, preguntar siempre a los expertos, como hacemos en cualquier otro ámbito de la vida porque, al final, hoy este conocimiento sólo está llegando a una minoría, pues es bastante más complejo que saber cómo va la Liga", propone.

"Los ejemplos son constantes en todos los ámbitos de la vida, y se manifiestan en una grave pérdida de las libertades de pensamiento, expresión y acción. Un ejemplo patente: la negación de la evidencia biológica en la multiplicación ridícula de supuestas identidades sexuales. Otro: el acoso a la enseñanza diferenciada, masculina y femenina. O los supuestos modelos de familia, como si también existieran triángulos de 4 o 5 lados. El ostracismo y el linchamiento mediático a los críticos con el pensamiento dominante. Y la sustitución generalizada de la verdad por la opinión. La lista es interminable. Por supuesto, los políticos en el poder llaman 'progreso' a esta calamidad, pero creo que es más apropiado llamar calamidad a este progreso", añade el filósofo.

Ayllón también explica que esa maldad de las ideologías se incrementa cuando la violencia es intelectual. "Si la violencia es física, las hay terroríficas, como los nacionalismos y el marxismo. Si la violencia es intelectual, como una forma de deconstruir la mente de la persona, el feminismo radical o la ideología LGTBI son demoledoras porque van contra la evidencia y la biología. Hoy hay ideologías que no acaban con la vida de ocho millones de personas, pero sí con sus almas", asegura.

"La verdad y la virtud son el ADN del ser humano. Si vas contra la verdad y la virtud, has envenenado al ser humano, te lo has cargado. El ser humano está hecho para la verdad, la virtud y la belleza. Si vendes lo contrario, lo estás deshumanizando", añade.

Tenemos que avisar de su trampa

El filósofo asegura que las conductas sociales revelan nuestras verdaderas creencias. "Hemos aceptado que 'Dios no existe'… Las ideas nietzscheanas han ido calando. El superhombre de Nietzsche no es un tipo que va a un gimnasio y saca músculo; es un tipo que decide por sí mismo lo que está bien y lo que está mal. Esto ha calado profundamente en la cultura occidental. Somos nietzscheanos, aunque la gente no sepa quién es Nietzsche, y somos freudianos, aunque la gente no sepa quién es Freud. Sus tesis sobre el placer, sobre la inversión de valores, llamar bueno a lo que es malo, y represión a lo que es templanza y dominio de sí, ha calado profundamente", dice.

Además, se trata de una amenaza que hay que denunciar. "Cuando he dado clases en distintas universidades y lo explico me dicen: 'Tengo la sensación de que me han estado engañando toda mi vida'. Y cuando lo has descubierto, tienes que actuar. Cada uno desde su ámbito. Yo soy profesor y tú, periodista. Somos servidores de la verdad. En la medida en que la ideología es una gigantesca mentira, tenemos que avisar de su trampa. Es un suicidio colectivo", explica Ayllón.

Para el filósofo, los cristianos tienen un papel muy importante en esta sociedad tan ideologizada. "Ser cristiano implica una forma de entender el mundo contraria a las ideologías. El cristianismo es la verdad, y no debemos tener miedo a exponerla. No la imponemos con cañonazos, al estilo de Napoleón, sino con el ejemplo y la palabra. Ahí viene una cita de San Agustín: 'Se nos llena la boca con el sonoro nombre de Platón y no con el sonoro nombre de Nuestro Señor Jesucristo'…", asegura.

"El consejo a los cristianos que no quieran ser manipulados por las ideologías, es fácil: conocer bien su religión y conocer las ideologías. La Iglesia católica repite, desde hace siglos que la ignorancia es uno de sus principales enemigos. Se refiere, sobre todo, al desconocimiento del propio mensaje cristiano. Un mensaje enormemente rico, presidido por un Dios creador, en el polo opuesto al origen materialista del Universo y del hombre. Un Dios que se hizo Hombre y que murió en una Cruz por nosotros", añade.


"Además del Catecismo –diría que de obligado conocimiento–, un resumen excelente del cristianismo lo ofrece Julián Marías en el breve ensayo La perspectiva cristiana. Habla de la respuesta de los cristianos, y creo que ahí está el secreto. Los primeros cristianos transformaron un mundo pagano con el ejemplo de sus vidas, sin tácticas ni campañas. Merecería la pena volver a intentarlo, siendo cada uno sal y luz en su casa, entre sus amigos, en su lugar de trabajo, en sus vacaciones, el fin de semana…".

"Uno de mis lemas favoritos es de Julián Marías: 'Por mí que no quede'. ¿Qué podemos hacer? Aplicar esto. Un amigo mío dice que quiere que en su tumba ponga el epitafio: 'Hizo lo que pudo'. ¡Pues qué bien! Si de verdad haces todo lo que puedes y luego se demuestra, la Iglesia te puede canonizar", concluye.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 23 de diciembre de 2024

Santo Evangelio 23 diciembre 2024

 


Texto del Evangelio (Lc 1,57-66): 

Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues, ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.



«‘¿Qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él»


Rev. D. Miquel MASATS i Roca

(Girona, España)

Hoy, en la primera lectura leemos: «Esto dice el Señor: ‘Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de Mí’» (Mal 3,1). La profecía de Malaquías se cumple en Juan Bautista. Es uno de los personajes principales de la liturgia de Adviento, que nos invita a prepararnos con oración y penitencia para la venida del Señor. Tal como reza la oración colecta de la misa de hoy: «Concede a tus siervos, que reconocemos la proximidad del Nacimiento de tu Hijo, experimentar la misericordia del Verbo que se dignó tomar carne de la Virgen María y habitar entre nosotros».

El nacimiento del Precursor nos habla de la proximidad de la Navidad. ¡El Señor está cerca!; ¡preparémonos! Preguntado por los sacerdotes venidos desde Jerusalén acerca de quién era, él respondió: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’» (Jn 1,23).

«Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20), se lee en la antífona de comunión. Hemos de hacer examen para ver cómo nos estamos preparando para recibir a Jesús el día de Navidad: Dios quiere nacer principalmente en nuestros corazones.

La vida del Precursor nos enseña las virtudes que necesitamos para recibir con provecho a Jesús; fundamentalmente, la humildad de corazón. Él se reconoce instrumento de Dios para cumplir su vocación, su misión. Como dice san Ambrosio: «No te gloríes de ser llamado hijo de Dios —reconozcamos la gracia sin olvidar nuestra naturaleza—; no te envanezcas si has servido bien, porque has cumplido aquello que tenías que hacer. El sol hace su trabajo, la luna obedece; los ángeles cumplen su misión. El instrumento escogido por el Señor para los gentiles dice: ‘Yo no merezco el nombre de Apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios’ (1Cor 15,9)».

Busquemos sólo la gloria de Dios. La virtud de la humildad nos dispondrá a prepararnos debidamente para las fiestas que se acercan.

Elio Gallego: «El cristiano se ha acomodado a la mentalidad dominante y a lo que dicta el poder»

 


Elio Gallego: «El cristiano se ha acomodado a la mentalidad dominante y a lo que dicta el poder»

Elio Gallego

"Si no se reconoce la verdad de lo humano, el buenismo no puede resultar sino en más violencia. Es un buenismo forzado porque la libertad sólo se nutre y vive en la verdad", comenta Gallego.

Pareciera que en los últimos tiempos, al menos en Occidente, una polarización "mala" se estuviera adueñando de todos los ámbitos. O conmigo o contra mí. No solo debemos ser respetuosos con las ideas de los contrarios sino que estamos obligados a comulgar con ruedas de molino so pena de ser tachados de "loquesea-fobos".

Elio Gallego es catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad CEU San Pablo y director del Centro de Estudios, Formación y Análisis Social (CEFAS). En una reciente entrevista de Javier Lozano para Misión, la publicación de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España, se analiza las causas de esta situación y el papel que los cristianos están llamados a desempeñar en este momento histórico.

Apostar siempre por la verdad

"La polarización no es mala per se. Hay una polarización que supone discordia y enfrentamiento, y no cabe duda de que es mala. Pero hay otra buena, porque significa que una parte de la sociedad es capaz de plantarse y no convivir con una mentira sistematizada", comienza diciendo el catedrático.

Para el profesor, esa polarización buena se ve todavía en algunos rincones de la sociedad. "En una minoría que dice que no se puede llamar blanco a lo que es negro, a lo 'políticamente correcto'. Si tenemos que elegir entre no polarizar y optar por la verdad, debemos apostar siempre por la verdad", añade.

Elio entiende que la raíz de esta división es muy profunda. "Es una crisis espiritual que se remonta a las guerras de religión. Europa viene de guerras terribles que han sido un espectáculo para mal. De esas guerras llegará más adelante una clase ilustrada que creía que llevando la religión a la esfera privada se iba a lograr la convivencia. Pero la historia ha demostrado que no es la religión la causa del conflicto, sino pasiones humanas como el poder, la codicia o la soberbia… Eliminar la religión en Europa no ha impedido que haya guerras. En el siglo xx tenemos guerras con una crueldad sin precedentes donde la religión no era el factor determinante", asegura.  

"Hannah Arendt decía que la última guerra mundial la llevaron a cabo personas que ya no creían en un destino último y no tenían miedo al infierno. Cuando se pierde el sentido último de la vida se abre el camino al horror", comenta el profesor, sobre si hay más crueldad en todas estas guerras debido a la ausencia de Dios.


Y, para Elio, uno de los grandes culpables de la situación actual es el llamado "buenismo". "Este buenismo impone una moralidad que no se corresponde con la verdad del hombre, de su destino último y del pecado original, que debe ser redimido por la gracia. Es un buenismo que bajo una capa de tolerancia esconde una profunda intolerancia", explica.

Un buenismo que también sacrifica la verdad y la libertad. "Si no se reconoce la verdad de lo humano, el buenismo no puede resultar sino en más violencia. Es un buenismo forzado porque la libertad sólo se nutre y vive en la verdad", comenta. Un ambiente –asegura– que ha calado en todos nosotros. "Veo muchos jóvenes que se ven a sí mismos como cristianos en los que se han infiltrado muchos elementos que contradicen su fe. Es una especie de lluvia fina, de atmósfera que nos envuelve, y de la cual estamos respirando a diario", añade.

"Aquí sólo cabe una pedagogía basada en la verdad y en la caridad. San Agustín preguntaba si era más importante el amor o la doctrina, y decía que primero iba el amor. Estamos llamados a amar a quienes queremos llevar la verdad, porque si se sienten amados y hay en ellos deseo de buscar la verdad, pueden llegar a la verdad", explica.

De hecho, el propio sistema en el que vivimos termina cuestionando el orden y la autoridad. "Massimo Recalcati habla de un síndrome psicológico en los adolescentes. Hay una nostalgia de un principio de orden y autoridad simbólica que sepa mostrar el orden perdido de lo humano, ese orden construido sobre evidencias muy elementales del bien y del mal. Pero debe ser un orden que tenga como punto de referencia la trascendencia", analiza.

Un poder discreto y difuso

Elio asegura saber quién está detrás de esta división. "Hay un claro pensamiento ideológico anticristiano, una agenda con muchos actores. Proviene de ese pensamiento ilustrado en el que unas élites se convencen de que hay que marginar la fe cristiana. Y esas élites encontraron sucesores en personas de diversas ideologías, a veces contrapuestas, pero que parten de que la fe es un elemento de alienación y que la gran 'redención' de la humanidad pasa por eliminar la dimensión sobrenatural y espiritual".

"Élites que dominan los grandes resortes del poder, tanto en el ámbito educativo como mediático, o en las grandes corporaciones. Es un poder difuso", advierte.

Todo esto provoca una gran inestabilidad social que se agrava por la descristianización. "No tengo duda de que la actual desintegración social, la pérdida de vínculos y la erosión de las relaciones entre generaciones están vinculadas a la desaparición de la fe y del sentido religioso. Un ateo tan recalcitrante como Michel Onfray dice que las civilizaciones nacen y mueren con una religión. La historia siempre ha sido así y esto no va a ser una excepción. Este proyecto que tiene sus orígenes en una Ilustración radical, pensada para construir una comunidad sin Dios, está llamado al fracaso. Ya lo estamos comprobando, y me temo que lo vamos a comprobar más", apunta.

"Las dos cosas. El fracaso de la unidad religiosa en Europa dio origen con la modernidad a un movimiento de secularización, y lo que comprobamos ahora es que ese movimiento también está fracasando. Esta sustitución nos lleva a una descomposición. La alternativa no es el abandono del sentido religioso, sino una recuperación de la fe verdadera y auténtica". 

Para Elio, además, Occidente se dirige a un lugar muy concreto. "Primero, a la culminación del fracaso ilustrado. Y aquí interviene ahora un factor que no es optimismo ni pesimismo: la esperanza como virtud teologal. Tras el fracaso del proyecto ilustrado va a haber un retorno a la fe y al sentido religioso", confía.

Un hecho que, seguramente, sea por simple pragmatismo. "Piense en la parábola del hijo pródigo. El hijo le pide al padre la herencia y acaba dilapidándola. Y aquí hay un momento extraordinario: no vuelve a casa por un sentido de honor, sino por un argumento puramente material: los que trabajan en casa de su padre se hartan de pan. Es genial porque demuestra un conocimiento muy fino de la naturaleza humana", recuerda.

"Todavía no hemos terminado de dilapidar la herencia. Estamos en un proceso acelerado en términos morales y espirituales, y ya también económicos y de futuro. Iremos a peor durante un tiempo. Ahora bien, es un pesimismo limitado y condicionado por la esperanza de que habrá un punto de inflexión, como en esta parábola. Un monje amigo dice que a cada ola de mal le sobreviene una ola de bien más abundante".



El Hijo pródigo de Murillo.El Hijo pródigo de Murillo.

Para Elio estamos inmersos en un momento histórico en el que los cristianos siguen teniendo un papel fundamental. "Frente a la tentación lógica de pensar que esto no tiene remedio tenemos que ver que el hombre no se salva a sí mismo. Este es el error del pensamiento ilustrado y de las ideologías que han derivado de él, creer que el hombre se salva a sí mismo. Sólo Dios salva".

Y, para sobrevivir, el profesor propone algunas tareas. "Nos toca hacer cuatro cosas. Vivir en torno a los sacramentos; rezar, tanto personal como comunitariamente; hacer comunidades, pues el cristiano no puede ser un solitario; y por último, adoptar un estilo de vida guiado por nuestra fe. No vale cualquier forma de vivir", comenta.

Margen para la esperanza

"La verdad nos hace libres. Decía Joseph Ratzinger que la esperanza del cristianismo y la suerte de la fe dependen de su capacidad de decir la verdad. Y que la verdad puede ser oscurecida y pisoteada, pero jamás destruida. Esta capacidad de decir la verdad no es algo solamente conceptual, sino que nos libera y nos conduce a una experiencia de lo humano más profunda y alegre", añade el profesor.

"El cristiano que se ha acomodado a la mentalidad dominante y a lo que el poder dicta, vive una experiencia cristiana muy pobre que le conduce a una experiencia humana empobrecida", dice el catedrático, y añade: "Nunca se está del todo preparado. No somos conscientes todavía de lo que puede conllevar una persecución o la muerte civil. Pero, una vez más, no tenemos que poner el foco en nosotros. Sólo Dios nos prepara para su obra".

Elio Gallego concluye animando a la familia a ser ese faro de la sociedad. "Rafael Rubio de Urquía dice que las familias hoy son como salmones a los que han soltado en el río Manzanares. No vivimos en un ecosistema adecuado. Sólo la Iglesia, el ámbito donde se devuelve a la familia a su verdad, es capaz de generar el ecosistema adecuado para que las familias crezcan sanas y vigorosas. En esto las comunidades y movimientos de la Iglesia están llamados a jugar un papel fundamental. Las familias tienen que unirse a otras; solas no pueden".

"Tampoco tenemos que ser impacientes. Dios es el protagonista de la Historia y no nosotros. La educación de una comunidad y de una civilización no se da de un día para otro, pero sabemos que este proyecto de la Ilustración radical está llamado al fracaso y que los cristianos vamos a ser con seguridad quienes estemos en la vanguardia de la reconstrucción de las murallas derruidas. A esto estamos llamados y para eso nos tenemos que preparar", concluye

Fuente. Religión en Libertad

domingo, 22 de diciembre de 2024

Santo Evangelio 22 diciembre 2024

 


Texto del Evangelio (Lc 1,39-45):

 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».



«¡Feliz la que ha creído!»


Mons. Ramon MALLA i Call Obispo Emérito de Lleida

(Lleida, España)

Hoy es el último domingo de este tiempo de preparación para la llegada de Dios a Belén. Por ser en todo igual a nosotros, quiso ser concebido —como cualquier hombre— en el seno de una mujer, la Virgen María, pero por obra y gracia del Espíritu Santo, ya que era Dios. Pronto, en el día de Navidad, celebraremos con gran alegría su nacimiento.

El Evangelio de hoy nos presenta a dos personajes, María y su prima Isabel, las cuales nos indican la actitud que ha de haber en nuestro espíritu para contemplar este acontecimiento. Tiene que ser una actitud de fe, y de fe dinámica.

Isabel, con sincera humildad, «quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: ‘(...) ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?’» (Lc 1,41-43). Nadie se lo había contado; sólo la fe, el Espíritu Santo, le había hecho ver que su prima era madre de su Señor, de Dios.

Conociendo ahora la actitud de fe total por parte de María, cuando el Ángel le anunció que Dios la había escogido para ser su madre terrenal, Isabel no se recató en proclamar la alegría que da la fe. Lo pone de relieve diciendo: «¡Feliz la que ha creído!» (Lc 1,45).

Es, pues, con actitud de fe que hemos de vivir la Navidad. Pero, a imitación de María e Isabel, con fe dinámica. En consecuencia, como Isabel, si es necesario, no nos hemos de contener al expresar el agradecimiento y el gozo de tener la fe. Y, como María, además la hemos de manifestar con obras. «Se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,39-40) para felicitarla y ayudarla, quedándose unos tres meses con ella (cf. Lc 1,56).

San Ambrosio nos recomienda que, en estas fiestas, «tengamos todos el alma de María para glorificar al Señor». Es seguro que no nos faltarán ocasiones para compartir alegrías y ayudar a los necesitados.

En «Barioná», Sartre «se tomó en serio la Navidad y la confrontó con su existencialismo ateo»

 


En «Barioná», Sartre «se tomó en serio la Navidad y la confrontó con su existencialismo ateo»

Jean-Paul Sartre.

Que en la bibliografía de Jean-Paul Sartre (1905-1980), uno de los pensadores ateos más influyentes del siglo XX, figure una preciosa obra sobre la Navidad, descolocó tanto a sus seguidores que el texto se hizo inencontrable.

La editorial Bookman ha sacado a la imprenta una nueva edición de la obra que hace dos décadas descubrió José Ángel Agejas y se publicó por primera vez en español en 2004: Barioná. El hijo del trueno de Jean-Paul Sartre. Una pieza de teatro  inspirada en la Navidad (en la Navidad real, el nacimiento de Cristo) absolutamente sorprendente en la bibliografía del filósofo ateo y activista comunista, uno de los padres intelectuales de Mayo del 68.

Agejas, doctor en Filosofía, es catedrático de Ética y Deontología en la Universidad Francisco de Vitoria y periodista con muchos años de ejercicio. Encontrar Barioná fue fruto de una ardua investigación. 

-¿Qué le parece si empezamos por la pregunta que formula usted al inicio de la introducción a la nueva edición de Barioná? Dice así: ¿puede un reconocido intelectual ateo escribir una obra de teatro sobre la Navidad?

-Rotundamente, sí. Lo cual sorprende a quien encasilla al cristianismo como una especie de senda iniciática al margen de la razón y de la historia. Pero si algo tiene el hecho cristiano es, precisamente, eso: es un hecho histórico que apela a la persona en lo más íntimo de su ser. Cristo no vino a predicar una doctrina o iniciar un camino esotérico espiritualista. Cristo es la Palabra de Dios hecha carne para que todos los seres humanos podamos escucharla, contemplarla… y abrazarla. La propuesta de Cristo es incondicional y, por lo mismo, accesible a todo el que quiera acercarse a ella, desde donde se encuentre y desde su experiencia.

»En ese sentido uno puede acercarse, confrontarse con la propuesta de Cristo… y luego optar: abrazar la salvación que se le propone o rechazarla. Salvando las distancias, el ejercicio de Sartre en Barioná me recuerda al del libro Un rabino habla con Jesús de Jacob Neusner, con el que a su vez entraba en diálogo el Papa Benedicto XVI a través de su libro sobre Jesús de Nazaret. En ese texto, el rabino y profesor, judío observante, se tomaba en serio a Jesús, sus hechos y palabras, su enseñanza para luego tomar su propia decisión. Y del mismo modo que de ese diálogo sale luz para todos, como nos hizo ver Benedicto XVI, pues de ese contraste todos aprendemos, también aquí. Sartre se tomó en serio la Navidad y la confrontó con su existencialismo ateo… de ahí salió una obra radicalmente novedosa y apasionante.

-¿Qué motivó su interés por una obra de teatro de Sartre inspirada en la Navidad? ¿Cómo la descubrió?

-El mayor experto católico en el estudio de los llamados “evangelios de la Infancia de Jesús”, esto es, de los relatos evangélicos relativos a los primeros años de la vida de Cristo, citaba en un tratado sobre la Virgen María unas líneas de esta obra, al mismo tiempo que hacía dos cosas: agradecer a Sartre que le dejara citarlas, por un lado, y por otro, afirmar que era el texto que más le había ayudado a entender la Navidad.

»Dos afirmaciones, cuando menos, extrañas. La primera, porque para citar un texto ya publicado no necesitas autorización, pues basta con poner la referencia. Lo cual apuntaba a que, precisamente, había un texto pero que no contaba con una edición pública. Y dos: que un ateo fuera tan elogiado por el mayor experto católico en la Navidad… Eso, junto con la sospecha de algunos amigos de que fuera una atribución espuria me impulsaron a buscar la obra.



'Barioná' de Jean-Paul Sartre.

»La historia del descubrimiento es más tortuosa, pues hube de dar muchas vueltas. Su rastro aparecía y desaparecía constantemente en referencias, estudios y biografías, incluso con datos contradictorios. Había quienes negaban que se hubiera escrito, quienes negaban la autoría plena de Sartre, quienes la daban por desaparecida… Conseguí reconstruir la historia del manuscrito y encontrar en la Universidad de Indiana un ejemplar de la segunda impresión que hicieron artesanalmente los prisioneros que la habían representado. Finalmente, y después de localizar ese texto, apareció el cuaderno original manuscrito en un archivo cedido a la Biblioteca Nacional Francesa. Así se disiparon todas las dudas sobre la verdadera autoría de la obra y quedó fijo el texto definitivamente.

-Han pasado más de 80 años desde que Sartre escribió esta obra y casi veinte desde que publicó usted la primera edición de Barioná en español. ¿Sigue siendo un texto vigente para la sociedad del siglo XXI?

-La mayoría de los jóvenes ya no han oído hablar de Sartre ni lo han estudiado en el bachillerato. No es el último youtuber ni instagramer de moda. Pero no se dan cuenta de hasta qué punto su manera de verse a sí mismos, de ver sus relaciones y de concebir la sociedad está radicalmente configurada por el pensamiento de un ateo que aleccionó a sus abuelos europeos. Es impresionante comprobar que lo que en Barioná era un pensamiento revolucionario hoy es moneda de cambio común: el menosprecio de la vida humana, el rechazo de la tradición, el desprecio de la conciencia, el desapego de la libertad respecto de la verdad…

-¿Podemos hablar de Barioná como un texto profético?

-En el sentido que acabo de apuntar, sí. Por desgracia. Porque podía haber sucedido que, ochenta años después del conflicto de la libertad y los totalitarismos en la Segunda Guerra Mundial hubiéramos aprendido la lección. Y entonces, estaríamos leyendo esta obra como una reliquia del pasado, con la curiosidad de quien se sorprendiera de qué cosas tan extravagantes llegaron a proponer unos filósofos amargados. Sin embargo, los totalitarismos no han desaparecido, su germen sigue agazapado dispuesto a rebrotar a la primera de cambio, como el dinosaurio de Monterroso. En este sentido considero que esta obra, lejos de ser una reliquia, es una especie de anuncio profético. Sus proclamas revolucionarias desesperanzadas han configurado un modo muy extendido y difuso de pensar y de vivir. Es un claro ejemplo de que las ideas tienen consecuencias. Europa se suicida. Los hijos del baby boom no tienen hijos. Y sus nietos tampoco parece que tengan ganas de vivir. La religión de la nada propuesta por Barioná gana adeptos cada día.



José Ángel Agejas.

José Ángel Agejas es actualmente director editorial de la revista 'Misión' y de la revista interdisciplinar de filosofía y humanidades 'Relectiones'.

-Habla en su introducción de la ausencia del padre. Camus y Sartre compartían la misma carencia, perdieron a su padre antes de cumplir los dos años. Una cosa es que un padre fallezca y otra muy diferente es la muerte de la identidad del padre en vida o como dice en su texto “el padre ausente”. ¿Por qué incide en este aspecto?

-El padre ausente es otro de los grandes temas de nuestro tiempo… profético también entonces, hoy batalla cultural de muchas maneras. Explícitas unas, con la obsesión de la ideología de género por la caricatura del heteropatriarcado, o como el interés de muchos psicólogos y psiquiatras por recuperar y defender la figura y el papel del padre como aportación clave de la cultura occidental al desarrollo de la civilización. O implícitas otras, como sucede en infinidad de películas y series audiovisuales.

»Son muchos los amigos y conocidos algo mayores que yo, que protagonizaron la juventud del 68 y sus derivados, como la transición española, que llegados a la madurez “necesitan” ajustar las cuentas con un padre al que rechazaron. El último conocido, por ejemplo, Joaquín Sabina en el documental Sintiéndolo mucho, donde llega a afirmar que cuando se mira en el espejo, ve a su padre mirándole. Es una especie de regreso a Ítaca, solo que aquí es Telémaco quien regresa a buscar a Ulises, y no al revés. Pero no hay duda de que, en ese encuentro, ambos, se juegan el pleno reconocimiento de su identidad personal. 

-Hay también una referencia a Europa y a la cultura que ha heredado el culto a la fealdad. ¿Dónde reside la belleza de Barioná?

-Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, Claudel ya denunciaba la fealdad de las iglesias que se construían en Europa en aquel momento, como expresión de los pecados y defectos de una cultura mortecina, pagada de sí misma y que rechazaba la trascendencia. La Europa de las catedrales había derivado hacia el feísmo. La belleza de Barioná aparece, precisamente, a través de las rendijas por las que penetra la luz en el ateo Sartre: en la ternura de Dios hecho niño, en la pasión de una libertad que apuesta por el sentido y la esperanza, en el amor que puede recuperar una vida y una entrega hechas familia. En esos pasajes Sartre no pudo resistirse a dejar que la belleza se abriera camino. Como en la historia humana, la belleza irrumpe con la luz y el brillo de la vida y la esperanza.

-Me viene a la mente una reflexión de Pedro Salinas: “Todo poema digno acaba en iluminaciones” ¿Es Barioná una obra que ilumina a los hombres?

-Precisamente en el sentido que acabo de apuntar. Como en el momento de inflexión de la obra dice Sara, la mujer de Barioná a la que el rebelde zelote quiere obligar a abortar, en el portal de Belén está “una mujer feliz y plena, una madre que ha dado a luz por todas las madres del mundo y lo que ella me ha dado es como un permiso: el permiso de traer mi hijo al mundo. Quiero ver a esa madre feliz y sagrada, quiero verla. Y sé también que Dios está conmigo”. Citando a otro gran escritor, Dostoievski , “la Belleza salvará al mundo”. Esa es la luz que ilumina desde Barioná.

-Sartre escribió una especie de disculpa o justificación en la que dejaba claro que, a pesar de haber escrito un texto sobre la Navidad, su pensamiento “no había cambiado ni siquiera por un momento” ¿Cree que esto era del todo cierto o se vio “obligado” a defender su posición al hacerse pública su autoría?

-Es muy peligroso hacer juicios de intenciones. No hay ninguna duda de que, en la década de los sesenta, cuando se hacen las primeras copias de la obra a petición de los soldados que la representaron, Sartre vivía a cuerpo de rey gracias al partido comunista de la Unión Soviética. Era un claro activista de las ideas de Moscú durante la Guerra Fría, aunque a eso él lo llamaba apostar por el acercamiento entre los dos bloques. Bueno, el comunismo siempre ha actuado así: caricaturizando a todo el que no es comunista como si fuera un monigote desalmado, carente de juicio y de libertad. Y sorprendentemente siguen haciéndolo todavía hoy, aunque la historia y los hechos lo contradicen. Son magos de la propaganda. Sartre funcionó así y no podía permitir que ese discurso propagandístico se viera “manchado” por una obra como ésta en la que Dios se propone como el único que da sentido a la libertad humana. 

-Teniendo en cuenta que es usted profesor universitario ¿por qué le recomendaría esta obra a su alumnado? ¿Se trata de una obra para todos los públicos, jóvenes, adultos, creyentes, ateos…?

-Hace poco hablé de la obra en clase, casi de pasada. El caso es que tras el examen una alumna me escribió para darme las gracias, y lo que destacó del curso fue, precisamente, la mención a esa obra. Le había llamado tanto la atención que ese mismo día la consiguió para leérsela. Por lo menos a ella, me decía, le había conmovido y despertado. Barioná es así: al buscador, le abre horizontes. Al creyente, le ayuda a contemplar con una belleza inusitada el misterio de la encarnación. Al descreído o al ateo, al menos, le interpela porque le enfrenta radicalmente ante la opción del sentido o del absurdo… Logra lo que supuso Belén: toda la humanidad fue convocada a adorar al Niño, y todos acudieron: pastores y reyes, propios y extraños, judíos y extranjeros. 

-Cuéntenos Barioná en diez palabras.

-Te doy dos opciones. Se pueden hacer muchos tuits así: “Dios se ha encarnado: la indiferencia no es una opción”. “Dios es un niño tierno, abrázalo: te llenará de amor”.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 21 de diciembre de 2024

Santo Evangelio 21 diciembre 2024

 


Texto del Evangelio (Lc 1,39-45):

 En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena de Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».



«¡Feliz la que ha creído!»


Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch

(Salt, Girona, España)

Hoy, el texto del Evangelio corresponde al segundo misterio de gozo: la «Visitación de María a su prima Isabel». ¡Es realmente un misterio! ¡Una silenciosa explosión de un gozo profundo como nunca la historia nos había narrado! Es el gozo de María, que acaba de ser madre, por obra y gracia del Espíritu Santo. La palabra latina “gaudium” expresa un gozo profundo, íntimo, que no estalla por fuera. A pesar de eso, las montañas de Judá se cubrieron de gozo. María exultaba como una madre que acaba de saber que espera un hijo. ¡Y qué Hijo! Un Hijo que peregrinaba, ya antes de nacer, por senderos pedregosos que conducían hasta Ain Karen, arropado en el corazón y en los brazos de María.

Gozo en el alma y en el rostro de Isabel, y en el niño que salta de alegría dentro de sus entrañas. Las palabras de la prima de María traspasarán los tiempos: «¡Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!» (cf. Lc 1,42). El rezo del Rosario, como fuente de gozo, es una de las nuevas perspectivas descubiertas por San Juan Pablo II en su Carta apostólica sobre El Rosario de la Virgen María.

La alegría es inseparable de la fe. «¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí?» (Lc 1,43). La alegría de Dios y de María se ha esparcido por todo el mundo. Para darle paso, basta con abrirse por la fe a la acción constante de Dios en nuestra vida, y recorrer camino con el Niño, con Aquella que ha creído, y de la mano enamorada y fuerte de san José. Por los caminos de la tierra, por el asfalto o por los adoquines o terrenos fangosos, un cristiano lleva consigo, siempre, dos dimensiones de la fe: la unión con Dios y el servicio a los otros. Todo bien aunado: con una unidad de vida que impida que haya una solución de continuidad entre una cosa y otra.