lunes, 23 de septiembre de 2019

Dejó la cátedra por la calle: «No vine a Brasil para ser cura sepulturero, sino para salvar vidas»


Dejó la cátedra por la calle: «No vine a Brasil para ser cura sepulturero, sino para salvar vidas»

El P. Renato Chiera abraza a un 'niño de la calle' de las favelas de Brasil

Renato Chiera es un agricultor, hijo de agricultores. Nació hace 77 años en una familia pobre, pero unida, con 8 hijos. Viene de Roracco, un pequeño pueblo de Piamonte. A la edad de 8 años quería ser como Giovannino Bosco. A los 12 años entró en el seminario para hacerse sacerdote. Quería vivir para los demás. Ahora, explica el periodista Silvonei Protz, en Vatican News, el padre Renato Chiera es un sacerdote de la calle que trata de ser cristiano en los suburbios del mundo, junto a aquellos que no son amados por nadie. Trabaja desde 1978 en las favelas de Brasil, y fundó la "Casa do Minor" en 1986.

Tan pronto como fue ordenado, sintió que su corazón estaba "inquieto", que quería "espaciar" en el mundo. "Tuve el privilegio de vivir el pre-Concilio, el Concilio y el post-Concilio. Me sentí un poco apretado en mi diócesis. Soñé con horizontes más amplios".

El obispo de Mondovì le propuso ir como misionero a Brasil, a la diócesis de Nova Iguaçu, un suburbio grande y violento de Río, como sacerdote de Fidei Donum. Fue en 1978. Desde entonces, el corazón del Padre Renato late por el mundo de los descartados y por Brasil.

Dejó la cátedra de filosofía para adentrarse en las periferias geográficas y existenciales de la Baixada Fluminense, "atraído -revela- por Jesús que sufre y grita su abandono en un pueblo desarraigado, desesperanzado y sin amor". Inmediatamente sintió que había encontrado su lugar y su Iglesia.

El P. Renato Chiera abraza a un 'niño de la calle' de las favelas de Brasil

Padre Renato Chiera ha dedicado su vida a los jóvenes y niños de las calles de Río de Janeiro

El evento que marca un punto de inflexión

"Me encontré con el drama y la tragedia de los no amados, los heridos, los condenados a la violencia, las drogas y los niños que mueren prematuramente", explica el Padre Chiera. Algunos acontecimientos le han marcado profundamente: había acogido en su casa a un adolescente, "el Pirata", cuando fue herido y perseguido por la policía y que un día fue asesinado en la pared de la casa. "No vine a Brasil para ser un sacerdote sepulturero, sino para salvar vidas", dice, con una sensación de impotencia.

En otra ocasión, aparece otro chico que lo pone frente a una realidad brutal: "En su parroquia en este mes ya han matado a 36 chicos" y dice que es el primero de una lista de "marcados para morir", o "candidatos a la muerte". "¿Dejarás que nos maten a todos? Nadie hará nada", pregunta el niño. Por la noche, a los ojos del Padre Chiera, el rostro de este niño se confunde con el rostro de Jesús: "Tú me lo hiciste a mí". El sacerdote reconoce en estos niños que no quieren morir a Jesús mismo. Y para ser la presencia de Dios, padre y madre, familia para aquellos que no son amados por nadie, comienza una nueva aventura, difícil pero convincente.



P. Chiera con niños de la casa del Menor

Niños abandonados

Estos jóvenes son hijos de muchos abortos: de la familia, de la escuela, de la sociedad, de los gobiernos y también de las Iglesias. Son hijos de muchas ausencias: fruto de un "aborto comunitario". Vagan por las calles con los ojos perdidos en la nada, como muertos vivientes, rechazados por todos, extranjeros en su propia tierra, desarraigados, sin referencias, sin dirección, sin sueños ni futuro.

Para ellos, el camino representa al mismo tiempo toda y ninguna dirección. Son el resultado de una sociedad cruel y exclusiva, que no ama, que les roba sus derechos fundamentales, los condena y los mata para silenciar voces que suenan como acusaciones. Les han robado todo. También el derecho a ser niños, adolescentes, a tener una cama, a comer, a jugar, a soñar, a tener perspectivas y un futuro. Son el espejo de una sociedad con relaciones profundamente enfermas. Son un grito. Estoy entrando en pánico. Es la fotografía la que revela el lado oscuro de la sociedad. Hoy, sin embargo, estos jóvenes ya no viven en las calles como antes: buscan seguridad, pertenencia y visibilidad en el tráfico de drogas. Allí dan su vida y matan, y son asesinados: porque esa es la ley de esos ambientes criminales.

A partir de esta triste "fotografía", se abre paso un proyecto de "nacimiento comunitario", para ofrecerles la presencia de una familia, de amor, de escuela, de profesión, de futuro, de protagonismo y dignidad. Nace la "Casa do menor".


En las calles de un barrio de Río

Sin arrepentimientos

Padre Renato Chiera no se arrepiente de haber dejado la cátedra de filosofía, al contrario. En el camino se sienta en otra silla y aprende otra filosofía. Se siente realizado como sacerdote de la calle, como sacerdote de la "cracolandie" (ndr: ciudad del crac, de las drogas) que son sus nuevas catedrales. Allí encontró a Dios, que abrazó la carne viva de Cristo, se puso en adoración de "hostias sangrantes" que clamaban por el abandono y buscaban la presencia del amor, de las perspectivas, del futuro. A veces se contentan con un abrazo o un caramelo. En la calle y en la "cracolandie" reconocen diariamente el resultado y las consecuencias de una sociedad dividida, de la decadencia de una civilización.

La "Casa do menor", madre comunitaria

La "Casa del menor" está ahora presente en 4 estados de Brasil, es una "madre comunitaria" que no abandona a los niños de la calle, sino que los ayuda a levantarse de nuevo como hijos amados de Dios. En 33 años, más de 100.000 niños han sido acogidos, 70.000 tienen un trabajo y un futuro hoy. El Padre Renato dice a menudo que daría su vida "para salvar a un solo niño o adolescente". La "Casa do menor" ya ha dado a luz a una familia de personas consagradas llamada "Familia Vida". Una familia para los que no tienen la voluntad de nadie. Varios miembros de esta "Familia Vida" también han sido abandonados, pero ahora se convierten en padres y madres abandonados. Esta nueva comunidad representa una garantía de futuro para los niños, mantiene viva el alma evangelizadora, "pero no puede reducirse a una simple ONG", dice el P. Renato, refiriéndose a los numerosos discursos del Papa Francisco sobre el papel y la misión de la Iglesia.

Un acto de amor

Detrás del grito de los niños y jóvenes hay una fuerte necesidad de sentirse amados como hijos. Los que no se sienten como hijos no se aman y están dispuestos a destruirlo todo y a destruirse a sí mismos. Por consiguiente, no pueden ser padres ni construir perspectivas de futuro. La "Casa do menor" trata de recoger el grito de aquellos que no se sienten amados dándoles un hogar, una familia, un trabajo y luego la oportunidad de encajar en la sociedad y en el mundo del trabajo. En los hogares familiares muchos jóvenes son capaces de regenerarse verdaderamente en su encuentro con Dios que es amor, una presencia fiel que nunca abandona.

El Padre Chiera recuerda a un joven que tenía heridas en la cabeza: su padre trató de matarlo cerrándolo en una alcantarilla en la calle. Fue acogido en la "Casa do menor". Un día -era el Día de la Madre- quiso visitar a su madre. "¿Puedo ir?", le preguntó al Padre Renato. "Le compré un regalo, porque la amo. Cuando regresó estaba muy triste: su madre había muerto. "Ya no tengo a nadie", dijo ella. Luego, entregando la camisa al sacerdote, añadió: "Tú eres mi madre".

Cuando le pides al Padre Renato que te hable de los niños que un día lograron sentirse como niños amados en la "Casa do menor", el sacerdote se convierte en una fuente inagotable de historias. Durante horas, por ejemplo, nos habla de sus encuentros con un joven dedicado al narcotráfico en los barrios de Río. Durante seis años fue a visitarlo a la cracolandia donde vivía. Y entonces, un día, el niño llega a la "Casa do menor": "Padre, estoy aquí. Quiero ayudarte y quiero empezar una nueva vida". Hoy es miembro de la Familia Vida, responsable de una comunidad de moradores de calle, los sin casa, víctimas de las drogas.

Fuente: Religión en Libertad

domingo, 22 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 22 de septiembre 2019



Día litúrgico: Domingo XXV (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 16,1-13): En aquel tiempo, Jesús decía también a sus discípulos: «Había un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda; le llamó y le dijo: ‘¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando’. Se dijo a sí mismo el administrador: ‘¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas’. 

»Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: ‘¿Cuánto debes a mi señor?’. Respondió: ‘Cien medidas de aceite’. El le dijo: ‘Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta’. Después dijo a otro: ‘Tú, ¿cuánto debes?’. Contestó: ‘Cien cargas de trigo’. Dícele: ‘Toma tu recibo y escribe ochenta’.

»El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz. Yo os digo: Haceos amigos con el dinero injusto, para que, cuando llegue a faltar, os reciban en las eternas moradas. El que es fiel en lo mínimo, lo es también en lo mucho; y el que es injusto en lo mínimo, también lo es en lo mucho. Si, pues, no fuisteis fieles en el dinero injusto, ¿quién os confiará lo verdadero? Y si no fuisteis fieles con lo ajeno, ¿quién os dará lo vuestro? Ningún criado puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero».


«No podéis servir a Dios y al dinero»

Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach 
(Vilamarí, Girona, España)

Hoy el Evangelio nos presenta la figura del administrador infiel: un hombre que se aprovechaba del oficio para robar a su amo. Era un simple administrador, y actuaba como el amo. Conviene que tengamos presente:

1) Los bienes materiales son realidades buenas, porque han salido de las manos de Dios. Por tanto, los hemos de amar.

2) Pero no los podemos “adorar” como si fuesen Dios y el fin de nuestra existencia; hemos de estar desprendidos de ellos. Las riquezas son para servir a Dios y a nuestros hermanos los hombres; no han de servir para destronar a Dios de nuestro corazón y de nuestras obras: «No podéis servir a Dios y al dinero» (Lc 16,13).

3) No somos los amos de los bienes materiales, sino simples administradores; por tanto, no solamente los hemos de conservar, sino también hacerlos producir al máximo, dentro de nuestras posibilidades. La parábola de los talentos lo enseña claramente (cf. Mt 25,14-30).

4) No podemos caer en la avaricia; hemos de practicar la liberalidad, que es una virtud cristiana que hemos de vivir todos, los ricos y los pobres, cada uno según sus circunstancias. ¡Hemos de dar a los otros!

¿Y si ya tengo suficientes bienes para cubrir mis gastos? Sí; también te has de esforzar por multiplicarlos y poder dar más (parroquia, diócesis, Cáritas, apostolado). Recuerda las palabras de san Ambrosio: «No es una parte de tus bienes lo que tú das al pobre; lo que le das ya le pertenece. Porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha sido dada para todo el mundo, y no solamente para los ricos».

¿Eres un egoísta que sólo piensa en acumular bienes materiales para ti, como el administrador del Evangelio, mintiendo, robando, practicando la cicatería y la dureza de corazón, que te impiden conmoverte ante las necesidades de los otros? ¿No piensas frecuentemente en las palabras de san Pablo: «Dios ama al que da con alegría» (2Cor 9,7)? ¡Sé generoso!

sábado, 21 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 21 de septiembre 2019



Día litúrgico: 21 de Septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».

«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»

Rev. D. Joan PUJOL i Balcells 
(La Seu d'Urgell, Lleida, España)

Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.

Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».

En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).

El obispo Munilla, Premio ReL 2019, ofrece cinco consejos para ser «misioneros» en el día a día

Monseñor José Ignacio Munilla es obispo de San Sebastián desde 2010

El obispo Munilla, Premio ReL 2019, ofrece cinco consejos para ser «misioneros» en el día a día

Monseñor José Ignacio Munilla es obispo de San Sebastián desde 2010

Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, ha sido reconocido con el Premio ‘Impulso Misionero’ de Religión en Libertad, que esté 2019 celebrará la segunda edición de unos galardones que reconocen a personas volcadas con la nueva evangelización, la cultura cristiana así como con la defensa de la familia, la vida y la libertad religiosa.

El prelado vasco será uno de los premiados de esta nueva edición por su constante preocupación por la evangelización no sólo a través de su misión como pastor en San Sebastián sino también por la labor que realiza para llevar el mensaje de Jesucristo de una manera amable y novedosa a través de las redes sociales, llegando a un público amplio y muy diverso. Monseñor Munilla dirige también el programa Sexto Continente de Radio María, en el que dos veces por semana trata temas de total actualidad que preocupan a los católicos, ofreciéndoles luz y argumentos para enfrentarse a ellos.

La entrega de premios, el próximo 16 de octubre

Religión en Libertad irá desvelando en los próximos días los nombres del resto de premiados, personas e instituciones que en su día a día trabajan de manera infatigable para llevar el Evangelio al mundo. La entrega de estos galardones se producirá el próximo 16 de octubre a las 19.30 horas en el Auditorio de la Facultad de Económicas de la Universidad San Pablo CEU de Madrid (Calle Julián Romea 23, Madrid). La entrada será totalmente libre hasta completar aforo.


Así fue la I Edición de los Premios Religión en Libertad que se celebró en septiembre de 2018 en Madrid

En declaraciones a ReL, el obispo de San Sebastián habla de cómo él mismo evolucionó sobre la conveniencia de utilizar las nuevas tecnologías para evangelizar hasta llegar al convencimiento de que era una necesidad. “Al principio fui reticente a la utilización de las redes sociales. Pensaba que la radio era más que suficiente como altavoz complementario a nuestra predicación directa… Pero la experiencia me ha demostrado que existen personas en todo tipo de situaciones, y que se encierra una gran intuición en aquel versículo del evangelio de San Juan: “Echad las redes al otro lado de la barca y encontraréis” (Jn 21, 6). No podemos contentarnos con llegar solo a algunos; ya que la sed de Jesús alcanza a todos”, explica monseñor Munilla.

Además, el prelado de 57 años asegura haber “entendido que existen diversas órbitas concéntricas, que permiten que las redes sociales sirvan como ‘lanzaderas’ de aproximación a los contenidos más profundos…”.

¡Por tierra, mar y aire!

Preguntado sobre la evangelización en una sociedad secularizada como la de España y con muchos jóvenes que ya no han tenido contacto con la Iglesia, Munilla lo tiene claro: ¡¡Por tierra, mar y aire!! Para empezar, es un error hablar de los jóvenes en general. La familia será siempre un vínculo imprescindible para llegar a muchos de ellos, sin olvidar las amistades y los compañeros de estudio y de trabajo”.


Pero igualmente, recalca el obispo, “es importante el encuentro con los jóvenes en el ámbito de la reivindicación de la justicia social, en las propuestas y experiencias concretas de solidaridad con los más necesitados, en el continente digital, en la música, en la naturaleza, en el arte… Es clave que hagamos entender a nuestros jóvenes que el auténtico antídoto del conservadurismo no es el progresismo, sino la extroversión misionera”.

Cinco útiles consejos

Por último, José Ignacio Munilla ofrece cinco consejos a los católicos para ser “misioneros” en su día a día:

1- Priorizar la conversión personal.

2- Cultivar la sensibilidad para escuchar las voces de un mundo que gime.

3- Hacer nuestro el lema ignaciano de “En todo amar y servir”, hasta el olvido de nosotros mismos.

4- Hablar de Jesús hasta por los poros, sin excluir por la lengua.

5- Dirigirle de vez en cuando a Dios, con la máxima sinceridad, la siguiente pregunta: “Señor, ¿qué quieres de mí?”


Acto de entrega de los Premios ReL: 16 de octubre a las 19.30 horas en el Auditorio de la Facultad de Económicas de la Universidad San Pablo CEU de Madrid (Calle Julián Romea 23, Madrid). La entrada será totalmente libre hasta completar aforo.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 20 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 20 de septiembre 2019



Día litúrgico: Viernes XXIV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.


«Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios»

Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells 
(Salt, Girona, España)

Hoy, nos fijamos en el Evangelio en lo que sería una jornada corriente de los tres años de vida pública de Jesús. San Lucas nos lo narra con pocas palabras: «Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva» (Lc 8,1). Es lo que contemplamos en el tercer misterio de Luz del Santo Rosario.

Comentando este misterio dice el Papa San Juan Pablo II: «Misterio de luz es la predicación con la que Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con fe humilde, iniciando así el misterio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia».

Jesús continúa pasando cerca de nosotros ofreciéndonos sus bienes sobrenaturales: cuando hacemos oración, cuando leemos y meditamos el Evangelio para conocerlo y amarlo más e imitar su vida, cuando recibimos algún sacramento, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, cuando nos dedicamos con esfuerzo y constancia al trabajo de cada día, cuando tratamos con la familia, los amigos o los vecinos, cuando ayudamos a aquella persona necesitada material o espiritualmente, cuando descansamos o nos divertimos... En todas estas circunstancias podemos encontrar a Jesús y seguirlo como aquellos doce y aquellas santas mujeres.

Pero, además, cada uno de nosotros es llamado por Dios a ser también “Jesús que pasa”, para hablar —con nuestras obras y nuestras palabras— a quienes tratamos acerca de la fe que llena de sentido nuestra existencia, de la esperanza que nos mueve a seguir adelante por los caminos de la vida fiados del Señor, y de la caridad que guía todo nuestro actuar.

La primera en seguir a Jesús y en “ser Jesús” es María. ¡Que Ella con su ejemplo y su intercesión nos ayude!

Libera a los enfermos psíquicos encadenados, les da tratamiento y transforma así África

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Libera a los enfermos psíquicos encadenados, les da tratamiento y transforma así África

Grégoire iba a matarse; «como una voz me dijo: no tienes derecho»; y después salvó a 70.000 enfermos

Grégoire Ahongbonon ha puesto en marcha docenas de centros para recuperar enfermos psíquicos y reintegrarlos en sus familias

"El Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres, me ha enviado a sanar a los de corazón quebrantado, a anunciar la libertad a los cautivos, vista a los ciegos, liberar a los oprimidos". Jesús, en su sinagoga de Nazaret, anunció que esas palabras se cumplían en Él. Y también se cumplen en Grégoire Ahongbonon, un hombre sencillo de familia campesina de Benín, que trabajaba en Costa de Marfil como reparador de neumáticos, y se vio movido por Dios a trabajar con los discapacitados mentales.

En los países pobres de África, muchas familias encierran y encadenan a sus enfermos mentales. Son cautivos, porque están atados. Son ciegos, porque están encerrados en lugares oscuros, ocultos. Están oprimidos y son pobres. Sus familias y vecinos creen a menudo que están poseídos por demonios, y que sólo con tocarlos, o tocar el suelo donde yacen, uno se contagia.

En realidad tienen las mismas enfermedades mentales que en el resto del mundo: epilepsias, esquizofrenias, bipolaridad, depresión... "Cuando les damos los 7 psicofármacos clásicos y genéricos, de bajo precio, los que Europa ya no usa, controlan sus síntomas, mejoran y hacen vida perfectamente normal", explica Grégoire.

Grégoire Ahongbonon ha puesto en marcha docenas de centros para recuperar enfermos psíquicos y reintegrarlos en sus familias

Las escenas en que Grégoire quita cadenas a los enfermos encadenados a árboles por sus familias o por curanderos son un icono de lo que hace: sana y libera, como hacía Jesús

Como Cristo baja al sheol

Ver a Grégoire entrar en un chamizo oscuro, romper unas cadenas y sacar a la luz al prisionero, que pestañea cegado por la luz, es como visualizar la parábola de la caverna de Platón, es como ver a Cristo bajar al sheol, a los infiernos, a sacar a sus presos. Es liberación en estado primigenio.

El periodista Rodolfo Casadei cuenta su historia con detalle en un libro-reportaje emocionante, transformador, que publica ahora en español Ediciones Encuentro: Grégoire, cuando la fe rompe las cadenas. En Grégoire, hombre sencillo y sin estudios, se unen la fe, la oración, el sentido común, la acción, la profecía, el fruto real, la lucha contra la superstición que esclaviza, la ciencia al servicio del hombre...

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De intentar suicidarse a ayudar a multitud de enfermos

"Yo una vez casi me suicidé", recuerda. "Me encerré en la habitación con agua y pastillas para acabar con todo, pero cuando estaba a punto de tomármelas sentí como una corriente que atravesaba mi brazo y se me cayó todo al suelo. Me pareció escuchar una voz: 'la vida que tienes no te pertenece, no tienes derecho a quitarte la vida'. Y me entregué a Dios. Salía de la ciudad y pasaba el día leyendo la Biblia y rezando. Y decidí volver a la Iglesia".

Un misionero francés lo escuchó y cuidó. "Él me ayudó a ir a un viaje a Tierra Santa, y allí, en una homilía, entendí que cada cristiano debe construir una piedra en el gran edificio que es la Iglesia", explica Grégoire. Fue en 1982. Volvió de Tierra Santa buscando escuchar a Dios y servirle.

Rezando por una chica, se curó... ¡y era musulmana!

Empezó con otras nueve personas creando un grupo de oración llamado Emmanuel. Se reunían en casas y rezaban por sus habitantes. Su barrio en Bouaké -la segunda mayor ciudad de Costa de Marfil- era de mayoría musulmana y un día unos vecinos musulmanes les invitaron a rezar por su hija. Había vuelto del hospital semiinconsciente, muy mal, temían que la chica muriera. El grupo acudió y rezó junto a la cama de la muchacha. Al día siguiente, la madre llegó llorando de alegría a casa de Grégoire: la chica despertó, pidió de comer, estaba mucho mejor. Todo empezó con la curación de una chica musulmana.

Pero Grégoire desde un principio entiende que no todo se reduce a orar por la curación. Empiezan a visitar enfermos en hospitales, los ven sucios, abandonados, solos, muy pobres. Ellos se suman a acompañar, a cuidar, a limpiar, a escuchar, a tratar humanamente antes de rezar. Y buscan dinero para pagar medicinas".

Su grupo buscó un nombre, el ejemplo de un santo. Pensaron en San Vicente de Paúl, en San Juan de Dios... pero había ya grupos con ese nombre. Grégoire leyó una vida de San Camilo de Lelis, fundador de los camilos. Le asombró su frase: "los enfermos son la pupila y el corazón de Dios, respetadlos". Y fundaron la asociación San Camilo de Lelis.

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Una y otra vez Grégoire explica que la enfermedad mental se cura o mejora muchísimo con fármacos, que es algo natural, que también los blancos en Europa las sufren y las controlan, y no tienen que ver con demonios, brujerías ni maldiciones; enseña a cuidar al enfermo, como Jesús y los santos

Jesús en el enfermo mental desnudo y abandonado

Un día de 1990, al salir de misa, después de comulgar, Grégoire vio a un enfermo mental desnudo, buscando comida entre la basura. "Era algo normal, algo que había visto muchas veces antes, pero ahora mi mirada era distinta: yo buscaba a Cristo y lo vi en el enfermo que sufre. Una voz interna me dijo: "Si Cristo se muestra en ellos, ¿por qué les tienes miedo?" Vi que querían ser amados. Con mi mujer, compramos un refrigerador, enfriábamos agua y comida, y luego los visitábamos por la calle y se la dábamos".

Después empezaron a llevar a los enfermos mentales a una capilla de la parroquia. Y en 1993 "el Ministro de Sanidad, al ver lo que hacíamos, nos dio un terreno junto a un Hospital para construir el primer centro para estos enfermos. Los maristas de allí y los de España nos ayudaron mucho", recuerda.

Se multiplican los centros San Camilo

Así empezaron a surgir los centros para enfermos psíquicos de San Camilo... En todo Benín (11 millones de habitantes) sólo hay 1 hospital psiquiátrico. En toda Costa de Marfil (24 millones de habitantes), sólo hay 2. Y son caros, de pago. Pero la asociación San Camilo ya ha abierto 26 centros para acoger enfermos en Benín, 30 en Costa de Marfil, 4 en Togo, 1 en Burkina Faso... Los terrenos suelen cederlos los obispados locales o parroquias o congregaciones.

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Grégoire (con chaleco y gafas negras) impulsa una red en la que colaboran misioneros, enfermos ya curados, enfermos en tratamiento, voluntarios...

La asociación distribuye cada año medicinas de bajo coste por valor de 600.000 euros. Muchos enfermos que se curan (al medicarse sus síntomas se controlan) se convierten en enfermeros y asistentes en estos centros. Unos enfermos dialogan y acompañan a otros pacientes. Hay compañerismo y amistad, que ayudan a perseverar en el tratamiento, a reconstruir vidas rotas. Muchos colaboran para construir los centros. Cuando el enfermo mejora, se le puede reintegrar en su familia.

A menudo, gente de una parroquia cercana llega al centro y cuenta el número de internos. Al día siguiente, voluntarios de la parroquia vienen con ollas y comida para todos los internos. Misioneros y párrocos supervisan y apoyan los proyectos. Por sus centros han pasado más de 70.000 pacientes. Gregoire no confía casi nada en los políticos, porque casi nunca han hecho nada por los enfermos. Sí confía en la Iglesia, y le pide hacer más: "es una vergüenza que en nuestra época moderna siga habiendo miles de personas con enfermedades mentales tratables, encerradas con cadenas", insiste.

Un nuevo reto: los drogadictos

Los enfermos psíquicos son los más abandonados de África, pero los drogadictos pueden ser aún peores: ellos introducen a otras personas (incluyendo a enfermos psíquicos) en el consumo de drogas, para "engancharlos" y convertirlos a su vez en clientes. El psicótico no crea otros psicóticos, pero el drogadicto, sí. Y la droga es un disparador para muchas enfermedades mentales. Por eso, ahora el gran reto que plantea Grégoire es construir en Dassa (Benín) un centro especializado en tratar a drogadictos, con todas sus fases para desengancharlos de la adicción y transformar su estilo de vida.

La diócesis ha dado el terreno, que está cerca del santuario mariano de Santa María d'Arigbo. Gregoire cuenta para este proyecto con la ayuda desde España de la ONG Cesal, que colabora con sus obras desde 2016 y busca donantes españoles. Es posible ayudar en español a la obra de Gregoire desde la web de CESAL, aquí. La web recoge algunos testimonios de vidas transformadas aquí.

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Grégoire con el libro de Casadei en español, que recoge no sólo los elementos sociales de su obra, sino también los espirituales de su obra; es un testimonio que ensancha el alma

Rezar y actuar y confiar en los enfermos

El libro de Casadei recoge la espiritualidad profunda y orante de Grégoire Ahongbonon, que reza en sus viajes, reza con los enfermos, reza con los voluntarios. Una y otra vez escucha al Espíritu Santo, que parece animarle a iniciar proyectos más o menos alocados en lugares remotísimos, que luego la Providencia y la generosidad de donantes y voluntarios consiguen estabilizar. Ahora, de la asociación ha surgido la Fraternidad Oasis de Amor con consagrados (14 por el momento): todos ellos son antiguos enfermos, de Benín, Costa de Marfil, Togo, Burkina Faso... Cuando estaban enfermos, hicieron cosas terribles. Ahora, con su enfermedad controlada, ayudan a los demás.

"Son personas que se aman, que trabajan gustosamente en los centros, que ayudan a los enfermeros y algunos de ellos han llegado a dirigir los centros. Esto significa que hay que tener confianza en ellos y no dejar nunca de confiarles responsabilidades: este es el secreto". Gregoire practica aquello que San Pablo pedía a Timoteo (2 Tim 2,2): "lo que te he enseñado, transmítelo a otros capaces de enseñar". Y así se multiplica el bien. Leer el libro de Casadei ayuda a querer ser mejor y a querer participar en esta obra de liberación auténtica.

Grégoire cuenta su testimonio en Barcelona este viernes 20 de septiembre a las 19 horas en el Amfiteatro de la Biblioteca Jaume Fuster (Plaza Lesseps, 20-22) 




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jueves, 19 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 19 de septiembre 2019


Día litúrgico: Jueves XXIV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 7,36-50): En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume. 

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra». 

Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».


«A los pies de Jesús, comenzó a llorar»

Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas 
(Chachapoyas, Perú)

Hoy, Simón fariseo, invita a comer a Jesús para llamar la atención de la gente. Era un acto de vanidad, pero el trato que dio a Jesús al recibirlo, no correspondió ni siquiera a lo más elemental.

Mientras cenan, una pecadora pública hace un gran acto de humildad: «Poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume» (Lc 7,38).

El fariseo, en cambio, al recibir a Jesús no le dio el beso del saludo, agua para sus pies, toalla para secarlos, ni le ungió la cabeza con aceite. Además el fariseo piensa mal: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora» (Lc 7,39). ¡De hecho, el que no sabía con quién trataba era el fariseo!

El Papa Francisco ha insistido mucho en la importancia de acercarse a los enfermos y así “tocar la carne de Cristo”. Al canonizar a santa Guadalupe García, Francisco dijo: «Renunciar a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús; amar la pobreza, para poder amar más a los pobres, enfermos y abandonados, para servirles con ternura y compasión: esto se llama “tocar la carne de Cristo”. Los pobres, abandonados, enfermos y los marginados son la carne de Cristo». Jesús tocaba a los enfermos y se dejaba tocar por ellos y los pecadores. 

La pecadora del Evangelio tocó a Jesús y Él estaba feliz viendo cómo se transformaba su corazón. Por eso le regaló la paz recompensando su fe valiente. —Tú, amigo, ¿te acercas con amor para tocar la carne de Cristo en tantos que pasan junto a ti y te necesitan? Si sabes hacerlo, tu recompensa será la paz con Dios, con los demás y contigo mismo.