sábado, 4 de marzo de 2023

Mons. Léonard: tras el Concilio se activó «la agenda oculta de algunos teólogos» para interpretarlo

 


Mons. Léonard: tras el Concilio se activó «la agenda oculta de algunos teólogos» para interpretarlo

Monseñor André Léonard.

Monseñor André Léonard afirma que los seminarios, para formar adecuadamente a los seminaristas, deben basarse en una intensa vida de oración y litúrgica, una doctrina irreprochable y un buen contacto pastoral con la realidad.

Aunque han pasado ocho años desde su retiro, el arzobispo emérito de Malinas-Bruselas, André Léonard (n. 1940), sigue siendo una referencia para muchos católicos dentro y fuera de Bélgica, y en incansable actividad intelectual y pastoral.

Recientemente, Christophe Geffroy le entrevistó en La Nef con motivo de la publicación de su último libro, La Iglesia en todos sus estados. Cincuenta años de debates en torno a la fe . Entre los temas que trata, destaca el Concilio Vaticano II y lo que pasó después.

-Usted habla de una "agenda oculta" y de un "metaconcilio" en relación con el Concilio Vaticano II: ¿a qué se refiere? ¿Es el Concilio una de las causas de la crisis de la Iglesia?

 -Todos los textos del Concilio son doctrinalmente correctos, de lo contrario no habrían podido ser adoptados por una amplia mayoría. Pero el contacto con expertos y periodistas me hizo pensar que ciertos textos serían interpretados más tarde de manera tendenciosa. Esto fue confirmado más tarde por mi obispo, secretario de la Comisión Doctrinal [André-Marie Charue, obispo de Namur].

»Él había contribuido sabiamente a que la constitución sobre la Iglesia [Lumen Gentium] hablara de todo el Pueblo de Dios y solo después de la jerarquía. Comprendió después del Concilio que la agenda oculta de algunos teólogos era concluir que la autoridad de los obispos derivaba democráticamente del pueblo y no del propio Cristo. Este fue el comienzo de lo que algunos llamaron el "metaconcilio", es decir, el concilio revisado y corregido "después" (significado de meta en griego).

 -¿Qué es lo que más recuerda de su formación filosófica? ¿Cuál es el estado de los estudios de filosofía en los seminarios y qué se puede hacer para que sean más "atractivos" para las futuras vocaciones?

-Lo más importante para mí era confrontar el pensamiento de Tomás de Aquino con la filosofía moderna (Descartes, Kant, Hegel) y contemporánea (Sartre, Husserl, Heidegger). Lo hice en un libro titulado: Fe y filósofos. Guía para un discernimiento cristiano. Muchos seminarios de Europa siguen utilizando este libro para confrontar el pensamiento cristiano con la cultura contemporánea. [En español está publicada otra obra suya: Pensamiento contemporáneo y fe en Jesucristo.]

»Los seminarios deben tener tres cualidades para atraer a los jóvenes de hoy: una intensa vida litúrgica y espiritual, una doctrina irreprochable y una iniciación práctica en el contacto pastoral con creyentes y no creyentes.

-Usted explica la importancia de la Humanae vitae (1968): ¿por qué esta encíclica supuso un punto de inflexión? ¿En qué sentido fue la anticoncepción "artificial" una revolución infravalorada?

-Para Pablo VI, lo esencial era proteger el estrecho vínculo entre el amor conyugal y el don de la vida. Su error fue acertar demasiado pronto. Hoy vemos el gran peligro de una disociación entre los dos aspectos: por una parte, una vida sexual que gira sobre sí misma y, por otra, la procreación sin ningún vínculo con una unión conyugal concreta.



Portada del libro de monseñor Léonard.

En su última obra, monseñor Léonard resume cinco décadas de debates en la Iglesia en torno a la fe.

»Pablo VI y Juan Pablo II no condenaron la contracepción por ser "artificial". Los métodos no anticonceptivos, muy fiables hoy en día, para practicar una paternidad responsable, son también "artificiales" a su manera, y requieren algunas observaciones. Pero tienen el gran mérito de poner al hombre y a la mujer en pie de igualdad, mediante la colaboración, mientras que la anticoncepción hormonal es siempre responsabilidad exclusiva de la mujer... 

-¿Cómo analiza la reforma litúrgica de Pablo VI y la situación actual, con un movimiento tradicionalista firmemente apegado a la misa de San Pío V?

-Las Iglesias orientales tienen varios ritos. La Iglesia latina de Occidente tiene dos formas, la derivada del Vaticano II y la fijada por San Pío V. Fue un acierto de Benedicto XVI conservar ambas.

»No se puede proscribir un rito que ha sido fuente de alimento de tantas vidas santas y sigue atrayendo a los católicos de hoy que aman el recogimiento, el silencio y el canto gregoriano. El nuevo misal es perfectamente correcto. Incluso tiene la ventaja de contar con una liturgia de la Palabra muy rica. Celebrada la mayoría de las veces por un sacerdote de cara a la congregación (lo que no estaba previsto por el Concilio y nunca había existido antes y sigue sin existir en Oriente), conlleva el peligro del "clericalismo", la individualidad del sacerdote corre el riesgo de ser demasiado importante.

»Lo ideal sería que un cierto número de sacerdotes de ambas partes estuvieran dispuestos a celebrar en las dos formas del rito romano según las necesidades pastorales. Un poco de flexibilidad...

-¿Qué ha aprendido de su experiencia como obispo? ¿Cómo se puede ser obispo en nuestra Europa descristianizada, con diócesis cuyo número de fieles y sacerdotes sigue disminuyendo?

-No tengo lecciones que dar. Pero recibí la inspiración de poner en práctica lo que el Concilio de Trento pedía a los obispos: la visita regular de todas las parroquias. Durante mis veinticinco años como obispo (diecinueve en Namur y seis en Bruselas), pasé casi cinco años fuera del obispado, visitando, mientras vivía allí, todos los decanatos y casi todas las parroquias de ambas diócesis. Fueron oportunidades espléndidas para conocer a la gente, creyentes y no creyentes, aprender mucho, enseñar y evangelizar.

Traducido por Helena Faccia Serrano.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 3 de marzo de 2023

Santo Evangelio 3 de Marzo 2023

 


Texto del Evangelio (Mt 5,20-26):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos. Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘No matarás; y aquel que mate será reo ante el tribunal’. Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano "imbécil", será reo ante el Sanedrín; y el que le llame "renegado", será reo de la gehenna de fuego.

»Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda. Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo».



«Deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano»


Fr. Thomas LANE

(Emmitsburg, Maryland, Estados Unidos)

Hoy, el Señor, al hablarnos de lo que ocurre en nuestros corazones, nos incita a convertirnos. El mandamiento dice «No matarás» (Mt 5,21), pero Jesús nos recuerda que existen otras formas de privar de la vida a los demás. Podemos privar de la vida a los demás abrigando en nuestro corazón una ira excesiva hacia ellos, o al no tratarlos con respeto e insultarlos («imbécil»; «renegado»: cf. Mt 5,22).

El Señor nos llama a ser personas íntegras: «Deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano» (Mt 5,24), es decir, la fe que profesamos cuando celebramos la Liturgia debería influir en nuestra vida cotidiana y afectar a nuestra conducta. Por ello, Jesús nos pide que nos reconciliemos con nuestros enemigos. Un primer paso en el camino hacia la reconciliación es rogar por nuestros enemigos, como Jesús solicita. Si se nos hace difícil, entonces, sería bueno recordar y revivir en nuestra imaginación a Jesucristo muriendo por aquellos que nos disgustan. Si hemos sido seriamente dañados por otros, roguemos para que cicatrice el doloroso recuerdo y para conseguir la gracia de poder perdonar. Y, a la vez que rogamos, pidamos al Señor que retroceda con nosotros en el tiempo y lugar de la herida —reemplazándola con su amor— para que así seamos libres para poder perdonar.

En palabras de Benedicto XVI, «si queremos presentarnos ante Él, también debemos ponernos en camino para ir al encuentro unos de otros. Por eso, es necesario aprender la gran lección del perdón: no dejar que se insinúe en el corazón la polilla del resentimiento, sino abrir el corazón a la magnanimidad de la escucha del otro, abrir el corazón a la comprensión, a la posible aceptación de sus disculpas y al generoso ofrecimiento de las propias».

¿Puede la Virgen, como ser humano, responder a millones de peticiones? La Biblia tiene las claves

 


¿Puede la Virgen, como ser humano, responder a millones de peticiones? La Biblia tiene las claves

La Virgen María es la gran mediadora entre Dios y los hombres, es la mejor intercesora que puede tener cualquier persona: "Las oraciones son siempre a través de María a Dios, no a través de Dios a María" (Fotografía: Película 'La Pasión de Cristo').

La Virgen María es la criatura más importante en la historia, así como la mujer más relevante de todo el género humano. A ella se le invoca, se le reza y se le confía todo tipo de necesidades personales. Pero, ¿cómo puede un ser humano como Ella escuchar y atender tantas peticiones? ¿No es esa una labor exclusiva de Dios? Pueden pensar algunos.

El apologeta católico Dave Armstrong ha publicado un interesante artículo en la web National Catholic Register en el que responde a los reparos de un amigo calvinista.

La gran mediadora 

La Virgen María es la gran mediadora entre Dios y los hombres, es la mejor intercesora que puede tener cualquier persona. Los católicos sabemos que las oraciones son siempre a través de María a Dios, no a través de Dios a María. Así dice Santiago 5:16: "La oración ferviente del justo tiene un gran poder".

En este sentido, es interesante descubrir que hasta el propio Dios, en su infinito poder, puede parecer que se convierta en un "mediador". Fue el propio Dios el que le dijo a Abimelec que Abraham oraría por él, para que pudiera vivir (Génesis 20:6-7). Dios también le dijo a los "amigos" de Job que "mi siervo Job oraría por ellos, aunque no hablaron bien de mí, yo les perdonaré en consideración a él" (Job 42:8). ¿Fue Dios el "mediador" de Job?




zLa Virgen María es la criatura más importante en la historia, así como la mujer más relevante de todo el género humano.

San Pablo, incluso nosotros mismos funcionamos como "mini-mediadores" de la gracia y de la salvación de Dios, tal como lo hace María:

"Pues ¿qué sabes tú, mujer, si salvarás a tu marido? Y ¿qué sabes tú, marido, si salvarás a tu mujer?" (1 Corintios 7:16).

"Me he hecho todo para todos con el fin de salvar, por todos los medios, a algunos" (1 Corintios 9:22).

"Obrando así te salvarás a ti mismo y a los que te escuchen" (1 Timoteo 4:16).

"Si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres" (1 Pedro 3:1).

Colaboradores con Él

La Biblia también enseña que somos sus "colaboradores" y que sus obras son las nuestras y viceversa:

"Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban" (Marcos 16:20).

"Ya que somos colaboradores de Dios y vosotros, campo de Dios, edificación de Dios" (1 Corintios 3:9).

"He trabajado más duro que cualquiera de ellos, aunque no soy yo, sino la gracia de Dios que está conmigo" (1 Corintios 15:10)

"Dedíquense a la obra del Señor en todo momento, conscientes de que con él no será estéril su trabajo" (1 Corintios 15:58).

"Hemos sido creados en Cristo Jesús con miras a las buenas obras que Dios dispuso de antemano para que nos ocupáramos en ellas" (Efesios 2:10).

"Trabajad con temor y temblor por vuestra salvación, pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece" (Filipenses 2:12-13).

No es problema para Dios

Siendo así, no resulta raro o extraordinario creer que Dios eligió a María para interceder y distribuir gracias. ¡Dios puede hacer lo que quiera! Una vez usó hasta un burro para hablar en Balaam, apareció en una zarza ardiente, en una nube... y eligió venir a la tierra como un bebé. 

María es una ayudante, la más importante, como lo fue Moisés, Juan el Bautista, Elías, Pablo, Pedro o Juan. De ninguna manera esto interfiere con las prerrogativas únicas del poder de Dios, simplemente está usando a una de sus criaturas, la más bella, para sus propósitos divinos. 

Dios hace posible que María escuche millones de oraciones de intercesión y luego las presente a Dios en nuestro nombre. ¡No es ningún problema para Dios! Para Él es simplemente una parte de todo lo que puede hacer continuamente en cada nanosegundo. Pablo dice: "En Él vivimos, nos movemos y existimos" (Hechos 17:28).

Y, en esta presentación que hace de nuestras oraciones, estaría acompañada de un ángel. Así lo dice el Apocalipsis: "Y la nube de perfumes, con las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios" (Apocalipsis 8:4). La Biblia dice que Jesús es "el que sostiene todo con su palabra poderosa" (Hebreos 1:3) y que "todo tiene en él su consistencia" (Colosenses 1:17).

Entonces, ¿podemos creer que Dios no puede habilitar a una persona, María, para escuchar las intercesiones? Es curioso tal reparo, viniendo de un calvinista, que pone un énfasis extremo (y loable) en la soberanía y causalidad de Dios.

La Biblia enseña que no hay ningún problema, es más, los seguidores de Cristo están "unidos con Él" (Romanos 6:5), son "un espíritu con Él" (1 Corintios 6:17), "transformados en imagen suya" (2 Corintios 3). :18), "llenos de la plenitud de Dios" (Efesios 3:19) y "de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13); de hecho, "participan de la naturaleza divina" (2 Pedro 1:4).


Estamos "en" el Padre y el Hijo (Juan 17:21; 1 Juan 2:24), y "en" Jesús (Juan 6:56; 14:20; 15:4-7; 16:33; 2 Corintios 5:21; Filipenses 4:13; Colosenses 2:6-7, 10; 1 Juan 2:24, 28; 5:20). Dios está en nosotros (1 Juan 3:24; 4:13, 15) y nosotros estamos "en" Dios (Colosenses 3:3; 1 Juan 2:5, 24; 3:6, 24; 4:13, 15). Jesús está "en" nosotros (Juan 14:20).

 Artículo publicado en español en el portal mariano Cari Filii.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 2 de marzo de 2023

Santo Evangelio 2 de Marzo 2023

 


Texto del Evangelio (Mt 7,7-12):

 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Porque todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿O hay acaso alguno entre vosotros que al hijo que le pide pan le dé una piedra; o si le pide un pez, le dé una culebra? Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan! Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos; porque ésta es la Ley y los Profetas».



«Todo el que pide recibe; el que busca, halla»


Rev. D. Joaquim MESEGUER García

(Rubí, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos habla de la necesidad y del poder de la oración. No podemos entender la vida cristiana sin relación con Dios, y en esta relación, la oración ocupa un lugar central. Mientras vivimos en este mundo, los cristianos nos encontramos en un camino de peregrinaje, pero la oración nos acerca a Dios, nos abre las puertas de su amor inmenso y nos anticipa ya las delicias del cielo. Por esto, la vida cristiana es una continua petición y búsqueda: «Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá» (Mt 7,7), nos dice Jesús.

Al mismo tiempo, la oración va transformando el corazón de piedra en un corazón de carne: «Si, pues, vosotros, siendo malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¡cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que se las pidan!» (Mt 7,11). El mejor resumen que podemos pedir a Dios se encuentra en el Padrenuestro: «Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo» (cf. Mt 6,10). Por tanto, no podemos pedir en la oración cualquier cosa, sino aquello que sea realmente un bien. Nadie desea un daño para sí mismo; por esto, tampoco no lo podemos querer para los demás.

Hay quien se queja de que Dios no le escucha, porque no ve los resultados de manera inmediata o porque piensa que Dios no le ama. En casos así, no nos vendrá mal recordar este consejo de san Jerónimo: «Es cierto que Dios da a quien se lo pide, que quien busca encuentra, y a quien llama le abren: se ve claramente que aquel que no ha recibido, que no ha encontrado, ni tampoco le han abierto, es porque no ha pedido bien, no ha buscado bien, ni ha llamado bien a la puerta». Pidamos, pues, en primer lugar a Dios que haga bondadoso nuestro corazón como el de Jesucristo.

Ross Douthat alerta en el «New York Times»: inquietantes datos sobre la tristeza de los adolescentes

 


Ross Douthat alerta en el «New York Times»: inquietantes datos sobre la tristeza de los adolescentes

Joven apoyado sobre sus brazos en una mesa esconde su rostro.

La disgregación familiar, el abandono de la religión, las formas destructivas de socialización... muchas causas confluyen a un resultado: cada vez los jóvenes sufren más la depresión y se suicidan con mayor frecuencia. Foto: Jose Pena / Unsplash.

Ross Douthat (San Francisco, 1979) es uno de los creadores de opinión de referencia en el ámbito conservador estadounidense, columnista en The New York Times desde 2009.  De orígenes familiares pentecostales, se convirtió al catolicismo en su adolescencia.

Una adolescencia que vivió cuando estaban vigentes unos parámetros sociales que han cambiado mucho. Y no para bien, a tenor de las estadísticas sobre tristeza y depresión juveniles que analiza en su último artículo en el diario neoyorquino:

Los adolescentes estadounidenses son realmente tristes. ¿Por qué?

Los adolescentes estadounidenses, y especialmente las adolescentes, son cada vez más desgraciados: más propensos a tener pensamientos suicidas y a actuar en consecuencia, más propensos a sufrir depresión, más propensos a sentirse acosados por "sentimientos persistentes de tristeza o desesperanza", por citar un informe de una encuesta de los Centers for Disease Control and Prevention [Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades].

Los adultos de todas las épocas tendemos a preocuparnos por el estado de la juventud en relación con los buenos tiempos en que nosotros mismos éramos jóvenes y llenos de promesas. Pero en el debate sobre estas tendencias psicológicas, los alarmistas llevan las de ganar: como ha referido Jonathan Haidt, de la Universidad de Nueva York, uno de los principales alarmistas, en un indicador tras otro se puede ver un punto de inflexión a principios de la década de 2010, donde comienza un oscurecimiento que continúa hasta hoy.

Haidt cree que el principal instigador es el auge de las redes sociales.

Otros candidatos causales, enumerados por Derek Thompson de The Atlantic en sus útiles ensayos sobre el tema, tienden a tener un sesgo ideológico más fuerte: un progresista podría apuntar a la ansiedad de los adolescentes sobre el cambio climático o los tiroteos en las escuelas o el ascenso de Donald Trump; un conservador podría insistir en que son los efectos nefastos de las políticas de identidad o del aislamiento creado por el confinamiento debido al covid.

En general, creo que si buscas una única explicación, Haidt expone las mejores razones.

El momento justo de esa tendencia en la salud mental encaja con la creciente sustitución de la socialización personal en favor del teléfono inteligente, mientras que el Gran Despertar [el movimiento woke] y el trumpismo son cronológicamente posteriores. Y el coronavirus exacerbó el problema sin ser un cambio decisivo.



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Muchos adolescentes socializan cada vez más a través del teléfono móvil, en detrimento de las relaciones personales reales: Daria Neprakhina / Unsplash.

Dejando a un lado los datos, habiendo vivido la revolución on line como participante y , al mismo tiempo, como padre, parece obvio que las redes sociales han empeorado la experiencia de la entrada en sociedad en comparación con los felices años 90, creando una "sensación de otra conciencia que está soldada a la tuya y que tiene voz y voto todo el tiempo", como escribió recientemente mi  amigo Freddie deBoer, adolescente también en los 90, lo que hace que la autoconciencia general de la adolescencia sea mucho más brutal.

Pero cuando se analizan los efectos de un choque tecnológico también es útil analizar la sociedad que existía justo cuando llegó el choque.

En Internet "podríamos haber construido cualquier tipo de mundo", escribe Thompson. "Pero hemos construido este. ¿Por qué nos hemos hecho esto a nosotros mismos?". Una respuesta es que las redes sociales entraron en un mundo que estaba experimentando el triunfo de un cierto tipo de progresismo social, al que la nueva tecnología sometió a una prueba de estrés en la que ha fracasado de forma notoria.

Por "progresismo social" no me refiero al progresismo que despegó en la era Trump: antirracismo y diversidad-igualdad-inclusión y #MeToo. Me refiero al progresismo más individualista que surgió en la década de 1960 y experimentó un segundo despegue a lo largo de la primera década del 2000.

Sus rasgos definitorios fueron la rápida secularización (el declive de la identificación cristiana se aceleró a partir de la década de 1990) y la creciente permisividad social y sexual, que se extendió más allá del apoyo al matrimonio entre personas del mismo sexo a las creencias sobre el sexo prematrimonial pasando por el divorcio, la maternidad fuera del matrimonio, el consumo de marihuana y más.

En los primeros años de la administración Obama, muchos progresistas asumieron que estas tendencias eran positivas y saludables, o al menos sostenibles y manejables. No estaban produciendo el desorden social que los conservadores siempre temen, la delincuencia era baja y el declive de la familia biparental podía tratarse principalmente como un problema económico, y los Estados Unidos demócratas (o al menos los Estados Unidos demócratas de clase media alta) parecían estar equilibrando con éxito la libertad moral y la responsabilidad personal.

Pero entonces la revolución de los teléfonos inteligentes pidió a las personas crecidas en estas condiciones -crecidas con menos estabilidad familiar y escaso apego a la religión, con un fuerte énfasis en la 'creación' de sí mismos y una fuerte hostilidad a la "normatividad"- que entraran y forjaran un nuevo mundo social.

Y salieron y crearon el mundo en línea que conocemos hoy, con su movimiento que, de una punta a otra, se movía entre los extremos del narcisismo tóxico y la solidaridad de la turba, su lenguaje terapéutico desvinculado de la comunidad real, su conspiracionismo y sus manías ideológicas, su miseria mimética y su catastrofismo desesperado.

Todo ello ha hecho que el progresismo social parezca mucho más insostenible y autodestructivo que en 2008. Está amenazado, no solo por el radicalismo político y el retorno del desorden, sino también por un colapso de las relaciones familiares y sentimentales e incluso sexuales, una terrible atomización y temor existencial, una búsqueda de dioses cada vez más extraños.

Si usted se sentía cómodo con el mundo de los primeros años de la era Obama, tiene mucho sentido centrarse en el choque tecnológico que nos ha traído hasta aquí, lamentarlo e intentar alterar sus efectos.

Pero esos efectos también deberían dar lugar a un escrutinio más profundo, porque lo que parecía estable y exitoso hace quince años ahora se parece más a un árbol ahuecado que se mantiene en pie sólo porque los vientos eran suaves, y está esperando que el iPhone se levante, reluciente, como un hacha.

Traducido por Helena Faccia Serrano.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 1 de marzo de 2023

Santo Evangelio 1 de Marzo 2023

 


Texto del Evangelio (Lc 11,29-32):

 En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente, Jesús comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».



«Así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación»


Fr. Roger J. LANDRY

(Hyannis, Massachusetts, Estados Unidos)

Hoy, Jesús nos dice que la señal que dará a la “generación malvada” será Él mismo, como la “señal de Jonás” (cf. Lc 11,30). De la misma manera que Jonás dejó que lo arrojaran por la borda para calmar la tempestad que amenazaba con hundirlos —y, así, salvar la vida de la tripulación—, de igual modo permitió Jesús que le arrojasen por la borda para calmar las tempestades del pecado que hacen peligrar nuestras vidas. Y, de igual forma que Jonás pasó tres días en el vientre de la ballena antes de que ésta lo vomitara sano y salvo a tierra, así Jesús pasaría tres días en el seno de la tierra antes de abandonar la tumba (cf. Mt 12,40).

La señal que Jesús dará a los “malvados” de cada generación es su muerte y resurrección. Su muerte, aceptada libremente, es la señal del increíble amor de Dios por nosotros: Jesús dio su vida para salvar la nuestra. Y su resurrección de entre los muertos es la señal de su divino poder. Se trata de la señal más poderosa y conmovedora jamás dada.

Pero, además, Jesús es también la señal de Jonás en otro sentido. Jonás fue un icono y un medio de conversión. Cuando en su predicación «dentro de cuarenta días Nínive será destruida» (Jon 3,4) advierte a los ninivitas paganos, éstos se convierten, pues todos ellos —desde el rey hasta niños y animales— se cubren con arpillera y cenizas. Durante estos cuarenta días de Cuaresma, tenemos a alguien “mucho más grande que Jonás” (cf. Lc 11,32) predicando la conversión a todos nosotros: el propio Jesús. Por tanto, nuestra conversión debiera ser igualmente exhaustiva.

«Pues Jonás era un sirviente», escribe san Juan Crisóstomo en la persona de Jesucristo, «pero yo soy el Maestro; y él fue arrojado por la ballena, pero yo resucité de entre los muertos; y él proclamaba la destrucción, pero yo he venido a predicar la Buena Nueva y el Reino».

La semana pasada, el Miércoles de Ceniza, nos cubrimos con ceniza, y cada uno escuchó las palabras de la primera homilía de Jesucristo, «Arrepiéntete y cree en el Evangelio» (cf. Mc 1,15). La pregunta que debemos hacernos es: —¿Hemos respondido ya con una profunda conversión como la de los ninivitas y abrazado aquel Evangelio?


Manuel Vargas: el clero joven está «con el Corazón de Cristo, la Adoración y la devoción mariana»



 Manuel Vargas: el clero joven está «con el Corazón de Cristo, la Adoración y la devoción mariana»

se ha formado en la espiritualidad del Sagrado Corazón y ejerce hoy su ministerio en el Cerro de los Ángeles, centro neurálgico de esta devoción.

Le conocí casi recién nacido. Pasados los años, seguí con oración esperanzada su enfermedad de leucemia a los 14 años. Su curación fue un milagro (remisión completa y definitiva desde el primer ciclo de quimioterapia). Creo que a varios santos se les puede atribuir la intercesión (Santa Maravillas de Jesús, San Josemaría Escrivá, la Virgen de la Medalla Milagrosa…).

Manuel Vargas Cano de Santayana es sacerdote de la diócesis de Getafe. Hace seis años defendió brillantemente su doctorado en teología espiritual en la Pontificia Universidad de Comillas. La tesis fue publicada después como Vocación y libertad. El estilo ignaciano (Monte Carmelo, Burgos 2021). Después escribimos (en realidad el autor fue él, pues lo mío fue corregir, apuntar temas y precisar algunas cosas) la primera biografía sobre el padre Luis María Mendizábal, el gran apóstol del Corazón de Cristo: Luis María Mendizábal, SJ. Testigo y apóstol del Corazón de Cristo (BAC, Madrid 2021).

Actualmente es vicario episcopal para el Cerro de los Ángeles (Getafe, Madrid). Acaba de sorprendernos con un libro sencillo, rico y jugoso sobre el Corazón de Jesús: Al menos tú ámame. Espiritualidad del Corazón de Jesús hoy (Nueva Eva). El hecho no está asociado necesariamente a su cargo diocesano. Ya antes vivía y profundizaba este gran misterio nuclear de la vida cristiana. La editorial Nueva Eva sigue apostando por nuevas plumas jóvenes y abriendo nuevos caminos editoriales. Es de agradecer.

Manuel Vargas, 'Al menos tú amame'.



La ocasión de la publicación nos permite no sólo hablar del libro ("He venido a hablar de mi libro", que diría aquél), sino de la espiritualidad que se recoge en él.

-¿Cómo surge la publicación de este libro? ¿Tiene "deudores", dependencias?

-Cuando era joven conocí JRC (Jóvenes por el Reino de Cristo), y allí escuché hablar del Corazón de Jesús por primera vez en 1991.  En 1994 tuve la suerte de estrenar junto a mis compañeros el seminario de Getafe, que se encuentra en el Cerro de los Ángeles, el Santuario donde España fue consagrada al Sagrado Corazón. A principios de este siglo, las religiosas de la Fraternidad Reparadora (que nos ayudaron mucho en la zona rural de Pelayos de la Presa, Rozas de Puerto Real y Cenicientos) me introdujeron en la espiritualidad del Corazón de Cristo. Y, a través de ellas, llegué en 2005 al padre Mendizábal, el jesuita que empleó su vida en dar a conocer este misterio. Él nos ha abierto a muchas personas este tesoro espiritual de la Iglesia. El libro se lo debo a él, que me mostró en el Corazón de Jesús "la entrañable misericordia de nuestro Dios". 

[Lee también en ReL: «El padre Mendizábal nos ayudaba a intuir el Corazón del Señor», dice el teólogo Manuel Vargas]

-Según deduzco de algo leído, la elaboración tiene algo de "coral"...

-Así es. El libro lo han enriquecido las Misioneras de las Doctrinas Rurales, y en varios capítulos hay aportaciones de otras personas (religiosas y laicos) que tomaron este asunto con mucho interés. Las ilustraciones, que son muy originales, han sido tarea de Abril Isela Armendáriz, una joven creativa con gran sensibilidad religiosa. 

-¿Qué has pretendido escribiendo este libro? 

-Me ilusionaba mostrar la actualidad del Corazón de Cristo y reunir en un único  texto cuestiones que encontré esparcidas en otros libros: referencias bíblicas, el mensaje de Paray-Le-Monial, las expresiones de devoción, la actualidad del Apostolado de la Oración, los santuarios dedicados al Sagrado Corazón, bibliografía para profundizar, etc. 

-Llama la atención que gran parte del clero joven entiende, propaga y vive esta espiritualidad sin las alergias de los años 70… 

-En el postconcilio algunos pensaron que la Iglesia "volvía a empezar desde cero", como si debiera haber una ruptura con lo anterior: la liturgia, la religiosidad popular, las enseñanzas morales tradicionales, los autores clásicos de espiritualidad, etc. Me parece que esa postura fue errónea. En la actualidad, por el contrario, reconocemos la Tradición como el patrimonio espiritual que hemos recibido, la riqueza que podemos disfrutar, custodiar y transmitir. Así lo entendió el Concilio (Dei Verbum 8). Me alegra que la espiritualidad del Corazón de Cristo, como la adoración eucarística y la devoción mariana, sean estimadas y vividas actualmente por muchos sacerdotes jóvenes... ¡y no solamente el clero: también muchísimos laicos y consagrados! 




El impresionante Cerro de los Ángeles, donde España fue consagrada al Sagrado Corazón de Jesús en 1919.

-Brevemente, ¿en qué centrarías lo nuclear de esta espiritualidad? 

-Jesucristo vive hoy. Nos ama apasionadamente. Es sensible a nuestra respuesta. Tiene deseos de comunicar su amor al mundo entero. Hemos de confiar en Él; entregarnos a Él (eso es consagrarse); aprender de Él, que es "manso y humilde de corazón"; reparar las heridas de su Corazón; y colaborar con Él en la gran obra de la redención. 

-¿Qué frutos pastorales recoge la evangelización desde el Corazón de Cristo? 

-Evangelizar desde el Corazón de Cristo es introducir a las personas en la vida divina, ponerles con Cristo vivo: la fe cristiana no es principalmente una doctrina que tenemos que aprender, ni unas normas morales que hay que cumplir: es una Persona viva, Dios mismo hecho hombre, que ha venido para salvarnos. Entenderlo así nos permite vivir nuestra religión no como una teoría, ni como una carga, sino como una amistad que llena interiormente. 

-Dos palabras para motivar la lectura [compra (risas): por aquello que decía el padre Migual Nicoláu, SJ, de que la gloria de Dios pide que se escriban libros pero la gloria de Dios también pide que se vendan] del libro y el acercamiento a esta espiritualidad. 

-Creo que el resultado del libro es positivo: de una forma breve, sabrosa y sencilla, te adelanta un tesoro espiritual que podrás vivir en tu parroquia o en tu movimiento: el Corazón de Jesucristo. 

-Efectivamente. Y la Cuaresma desemboca en Él…

Fuente: Religión en Libertad