miércoles, 28 de diciembre de 2022

El dolor de una pérdida acabó de golpe con su fe: Marie, un caso de rescate mediante la confesión



El dolor de una pérdida acabó de golpe con su fe: Marie, un caso de rescate mediante la confesión

La historia de Marie muestra el efecto inmediato en el alma de la confesión cuando se acude a ella con el corazón abierto.

La tragedia de perder inesperadamente (prematuramente, en términos de juicio humano) un ser querido adquiere un sentido en la fe y la confianza en el plan de Dios. Pero en ocasiones es precisamente la fe la que vacila ante la desgracia. Fue el caso de Marie, quien ofreció en L'1visible el testimonio de caída y sanación. Acudir al confesionario siempre compensa...:

María: un vacío abismal

El 20 de junio de 2012, dos de mis hermanos sufrieron un accidente de coche en Estados Unidos. Mi hermano Pierre, de 40 años, padre de cuatro hijos, murió en el acto, y mi otro hermano, de 36 años, padre también de cuatro hijos, quedó gravemente herido. Ello supuso para mí un gran momento de duda, de vacío abismal, de pérdida completa del sentido de la vida, de temor al futuro…

Ir a misa, una tortura

En aquella época yo creía en Dios, había recibido una buena formación cristiana y era practicante. Esa prueba me hijo perder la fe que yo tenía hasta entonces, porque Dios me pareció indiferente o ausente ante esta terrible experiencia.

 La misa dominical se convirtió en un momento molesto en el que volvía una y otra vez la cuestión: ¿está Él ahí? ¿Existe? Ante esta cuestión, me invadía una oleada de tristeza. No ir a misa me permitía evitar ese mal trago, pero implicaba la culpabilidad de separarme voluntariamente de mi familia. Y cuando, a pesar de todo, les acompañaba, verme allí rodeada de gente feliz se me hacía muy difícil.

Palabras que hacen pensar... 

En el verano de 2014, mis hijos y mi marido quisieron participar en un encuentro cristiano. Llegamos a aquel lugar, donde una masa de gente cantaba, alababa y aplaudía. Es alegría me resultaba insoportable y pensaba: “¡No es posible! ¿Nadie entre ellos ha vivido nunca algo tan triste como lo que he vivido yo?”. Además, el primer día un sacerdote dijo que de todo el mal que nos llegaba, Dios podía obtener un bien mayor. En mi desdicha, eso era inadmisible.

Así que le busqué para verle, pero no podía recibirme hasta tres días después. Fueron tres días de gran tristeza y de soledad, a pesar de la cantidad de gente que había…

...y palabras que perdonan

Llega el día de la cita. Lloro todo el rato, o casi. Me siento abrumada por el cansancio. No puedo avanzar. Estoy agotada por la lucha. Comienza la conversación. Le cuento mi historia. Le explico esa alegría de los demás que me agrede, esa ausencia de Dios desde hace dos años.

El sacerdote tiene palabras muy tranquilizadoras. Me insiste en que Pierre, mi hermano, está presente en la otra vida. Me hace comprender igualmente que seguir mirando al pasado no puede devolverme a mi hermano y lo único que hace es impedirme avanzar. Vuelve igualmente sobre la frase que dijo tres días antes: Dios quiere nuestro bien y no ha creado el mal. Puede sacar un bien de cualquier historia, por horrible que sea.

 En el momento del perdón de los pecados, la niebla que pesaba sobre mí como una capa de plomo desde el accidente se disipa de golpe, con una dulzura infinita. Me ha invadido una paz profunda.

¡Jesús está ahí! 

Sentí que Jesús estaba ahí, en mí, y que me amaba a mí, María, personalmente. Me amaba desde siempre y siempre había estado conmigo en mi camino de duelo. De golpe, me sentí reunificada: mi espíritu, mi cuerpo y mi corazón estaban unidos, y tenía una sensación de completitud increíble y muy tranquilizadora.

Al mismo tiempo, recibí una alegría profunda que me llenó de ganas de amar, de amar sin medida. Esta fuente de amor, que estaba casi seca, se abrió con mayor fuerza que antes, con el deseo de dar y de que todos a mi alrededor fuesen felices.

 Yo no he cambiado, pero todo ha cambiado. Nada me da miedo, todo puede suceder. ¡Jesús está ahí! La vida continúa con sus pruebas y sus dificultades, pero esta presencia y esta paz interior me acompañan desde entonces. Mi fe se ha hecho más encarnada: vivo en relación con un Dios vivo, en un corazón a corazón para profundizar cada vez más  y como una presencia en cada una de las personas con las que me encuentro. Quiero compartir con todos esta esperanza que habita en mí desde entonces y que me impulsa a abandonarme, a confiar.

 Insisto cada día en esta oración: “La vida sin ti es invivible. ¡Haz, Señor, que jamás me separe de ti!"

Publicado en ReL el 23 de enero de 2018.

martes, 27 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 27 de Diciembre 2022

 


Texto del Evangelio (Jn 20,2-8):

 El primer día de la semana, María Magdalena fue corriendo a Simón Pedro y a donde estaba el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó.



«Vio y creyó»


Rev. D. Manel VALLS i Serra

(Barcelona, España)

Hoy, la liturgia celebra la fiesta de san Juan, apóstol y evangelista. Al siguiente día de Navidad, la Iglesia celebra la fiesta del primer mártir de la fe cristiana, san Esteban. Y el día después, la fiesta de san Juan, aquel que mejor y más profundamente penetra en el misterio del Verbo encarnado, el primer “teólogo” y modelo de todo verdadero teólogo. El pasaje de su Evangelio que hoy se propone nos ayuda a contemplar la Navidad desde la perspectiva de la Resurrección del Señor. En efecto, Juan, llegado al sepulcro vacío, «vio y creyó» (Jn 20,8). Confiados en el testimonio de los Apóstoles, nosotros nos vemos movidos en cada Navidad a “ver” y “creer”.

Uno puede revivir estos mismos “ver” y “creer” a propósito del nacimiento de Jesús, el Verbo encarnado. Juan, movido por la intuición de su corazón —y, deberíamos añadir, por la “gracia”— “ve” más allá de lo que sus ojos en aquel momento pueden llegar a contemplar. En realidad, si él cree, lo hace sin “haber visto” todavía a Cristo, con lo cual ya hay ahí implícita la alabanza para aquellos que «creerán sin haber visto» (Jn 20,29), con la que culmina el vigésimo capítulo de su Evangelio.

Pedro y Juan “corren” juntos hacia el sepulcro, pero el texto nos dice que Juan «corrió más aprisa que Pedro, y llegó antes al sepulcro» (Jn 20,4). Parece como si a Juan le mueve más el deseo de estar de nuevo al lado de Aquel a quien amaba —Cristo— que no simplemente estar físicamente al lado de Pedro, ante el cual, sin embargo —con el gesto de esperarlo y de que sea él quien entre primero en el sepulcro— muestra que es Pedro quien tiene la primacía en el Colegio Apostólico. Con todo, el corazón ardiente, lleno de celo, rebosante de amor de Juan, es lo que le lleva a “correr” y a “avanzarse”, en una clara invitación a que nosotros vivamos igualmente nuestra fe con este deseo tan ardiente de encontrar al Resucitado.


El demonio existe, el reiki lo atrae y hay cosas peores: los curas de «Red de Redes» hablan del mal

 


El demonio existe, el reiki lo atrae y hay cosas peores: los curas de «Red de Redes» hablan del mal

Los padres Bronchalo, Silva y Domenech en Red de Redes, en un capítulo sobre el demonio y los exorcismos

¿El demonio existe? Siguiendo el Catecismo de la Iglesia, los sacerdotes interneteros Jesús Silva, Patxi Bronchalo y Antonio María Domenech están seguros de que sí, pero no se quedan ahí. Con ánimo de ayudar y aclarar, Silva, Bronchalo y Domenec dedican al tema el nuevo capítulo de Red de Redes, el programa de catequesis desenfadada de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP).

Aquí recogemos las principales conclusiones del episodio:

1) El demonio existe: tiene mente y voluntad

La primera pregunta es sobre la propia existencia del diablo. ¿Está ahí o es sólo un concepto, o una especie de energía negativa?

Los tres sacerdotes dicen que tiene mente, personalidad. Es un ser personal. "Existe y tiene libertad, actividad, intenciones, métodos”, recuerda Domenech.

Los sacerdotes recuerdan el Catecismo: el demonio es una criatura, un ángel caído. Silva recuerda que aquel a quien llamamos “demonio” habitualmente es Satanás, que es el “cabecilla”, pero que hay un número determinado de demonios: ángeles que han dado la espalda a Dios. ¿Y esto qué significa? Señalan que la caída de Satanás es haber dicho a Dios “No serviré”, y que esto corrompió su esencia. “El demonio odia nuestra felicidad”, apunta Domenech, y Bronchalo advierte: “Lo que quiere es tu destrucción, tu condenación”.

“El demonio odia a Dios, a las criaturas y a sí mismo, y quiere arrastrar a todos los seres posibles a la condenación, para herir el corazón de Dios”, insiste Silva, para quien es importante hablar del demonio, pero teniendo claro que no es el protagonista.

“El protagonista es Jesucristo, que derrota al demonio”, dice. “Hablamos del demonio -añade- para conocer y comprender al enemigo, para poderle vencer y resistir”.

2) La brujería o el reiki abren la puerta a la acción diabólica

Los sacerdotes detallan que hay tres maneras en las que el demonio puede afectarnos: la posesión, la opresión y la tentación, y pasan a detallar cada una, empezando por la más cinematográfica. “En una posesión, una persona abre alguna puerta de su libertad al demonio y este entra en su cuerpo y lo domina”, detalla Silva.

¿Y cómo se abren estas puertas? Silva da algunos ejemplos: a través del satanismo, la brujería, el reiki, las terapias de invocación de energías cósmicas… “Toda brujería o terapias de este tipo son intentos de influir y manipular lo sobrenatural; es lo contrario de la relación que tenemos los cristianos con lo sobrenatural, que es decir a Dios ‘Hágase tu voluntad’”, apunta Bronchalo.

Silva concluye: “Nosotros solo podemos rezar, que es pedir; todo lo que vaya más allá puede abrir una puerta al enemigo”.

Los tres clérigos detallan algunos síntomas de la posesión -desasosiego, un odio especial a lo sagrado…-, pero insisten en que no hay que obsesionarse buscándolos. “Se sabe si una persona está poseída en un exorcismo, donde el sacerdote -debidamente delegado por el obispo- increpa al demonio con una oración litúrgica”, explica Silva, y dice que muchas veces hace falta más de un exorcismo para sacar al demonio, pero que al final, es un proceso que -en su experiencia- ha llevado siempre a una mayor conversión de la persona que lo atraviesa.

3) No es lo mismo exorcismo y oración de liberación

El segundo modo de actuar del demonio es la opresión, que es cuando no posee el cuerpo pero sí lo ronda. “Es una situación en la que estás más influenciado por el demonio que el resto: es más que una tentación, a veces parece que te han quitado la libertad, o no conoces qué estás haciendo”, explica Domenech.

Silva, además, distingue entre opresión -cuando el demonio está a tu alrededor-, obsesión -que tiene que ver con los pensamientos malignos, y que va más allá de lo psicológico- e infestación, que es cuando un demonio posee un lugar o una cosa.

El sacerdote apunta que este tipo de casos pueden requerir de una oración de liberación, que no es lo mismo que los exorcismos. 

En una oración de liberación lo se le habla ni increpa al demonio, sino que se le habla a Dios: se suplica a Dios que libere a esa persona del Maligno -como se pide en el Padrenuestro-. Además, un exorcismo requiere un ministerio concreto, mientras que una oración de liberación la puede hacer cualquier sacerdote (o de hecho cualquier laico: todos pueden suplicar a Dios).

El Balrog de Moria y Gandalf el Blanco, versiones cabezonas de la escena de El Señor de los Anillos, en Red de Redes



El Balrog de Moria y Gandalf el Blanco, versiones cabezonas de la escena de El Señor de los Anillos, en Red de Redes: el arte, la teología y el buen humor pueden apoyarse mutuamente.

4) La tentación, lo más peligroso

“Parece que lo peor es la posesión, pero en realidad lo más peligroso es la tentación, porque es la obra del demonio que de manera ordinaria nos afecta a todos”, señala Bronchalo. Silva añade que la tentación puede llevar al pecado, y el pecado sin arrepentimiento, a la condenación.

¿Pero quién tentó al demonio? Los tres curas añaden que la tentación diabólica no es la única causa de pecado: también puedo pecar por el mundo -la incitación de los otros, del ambiente social- o porque me deje llevar por mí mismo.

“Y cuidado con hacer las paces con el pecado, porque va a más: el demonio en el Génesis aparece como una culebra y en el Apocalipsis ya es un dragón”, advierte Bronchalo.

Para resistir a la tentación, añaden, hay que conocer “las argucias del enemigo”. La primera es que busca atacar el punto más débil; la segunda, que obra con insistencia para lograr su objetivo -y hay que decir “No” de entrada-, y la tercera, que obra ocultando sus intenciones y sin querer salir a la luz.

“La tentación, explicada al confesor, ya está vencida”, apunta Domenech.

5) El demonio es “profundamente mentiroso”

Bronchalo pide tener mucho cuidado con frases como “es que el demonio le ha dicho a tal exorcista que…”. “Mucho cuidado, porque el demonio es profundamente mentiroso, y todo lo que diga hay que ponerlo en tela de juicio”, señala Bronchalo.

“Y cuidado, porque muchas de sus mentiras -como en el Génesis- están rodeadas de verdad: cuanta más verdad tenga una mentira, más daño hace”, añade Domenech.

El episodio termina, como todos, con tres recomendaciones: un santo -el padre Pío de Pietrelcina-, un libro -en este caso dos: Habla un exorcista, de Gabriele Amorth, y Jesús está vivo, de Emiliano Tardif- y una película. O dos: El rito y El exorcismo de Emily Rose, “que enfocan el tema desde un punto de vista adecuado”, dice Bronchalo.


Fuente: Religión en Libertad

lunes, 26 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 26 de Diciembre 2022

 


Texto del Evangelio (Mt 10,17-22):

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus Apóstoles: «Guardaos de los hombres, porque os entregarán a los tribunales y os azotarán en sus sinagogas; y por mi causa seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio ante ellos y ante los gentiles. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo o qué vais a hablar. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros. Entregará a la muerte hermano a hermano y padre a hijo; se levantarán hijos contra padres y los matarán. Y seréis odiados de todos por causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el fin, ése se salvará».



«Os entregarán a los tribunales y os azotarán»


+ Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM

(Barcelona, España)

Hoy, recién saboreada la profunda experiencia del Nacimiento del Niño Jesús, cambia el panorama litúrgico. Podríamos pensar que celebrar un mártir no encaja con el encanto navideño… El martirio de san Esteban, a quien veneramos como protomártir del cristianismo, entra de lleno en la teología de la Encarnación del Hijo de Dios. Jesús vino al mundo para derramar su Sangre por nosotros. Esteban fue el primero que derramó su sangre por Jesús. Leemos en este Evangelio como Jesús mismo lo anuncia: «Os entregarán a los tribunales y (…) seréis llevados ante gobernadores y reyes, para que deis testimonio» (Mt 10,17.18). Precisamente “mártir” significa exactamente esto: testigo.

Este testimonio de palabra y de obra se da gracias a la fuerza del Espíritu Santo: «El Espíritu de vuestro Padre (…) hablará en vosotros » (Mt 10,19). Tal como leemos en los “Hechos de los Apóstoles”, capítulo 7, Esteban, llevado a los tribunales, dio una lección magistral, haciendo un recorrido por el Antiguo Testamento, demostrando que todo él converge en el Nuevo, en la Persona de Jesús. En Él se cumple todo lo que ha sido anunciado por los profetas y enseñado por los patriarcas.

En la narración de su martirio encontramos una bellísima alusión trinitaria: «Esteban, lleno del Espíritu Santo, miró fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios» (Hch 7,55). Su experiencia fue como una degustación de la Gloria del Cielo. Y Esteban murió como Jesús, perdonando a los que lo inmolaban: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (Hch 7,60); rezó las palabras del Maestro: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc, 23, 34).

Pidamos a este mártir que sepamos vivir como él, llenos del Espíritu Santo, a fin de que, fijando la mirada en el cielo, veamos a Jesús a la diestra de Dios. Esta experiencia nos hará gozar ya del cielo, mientras estamos en la tierra.

En «Barioná», Sartre «se tomó en serio la Navidad y la confrontó con su existencialismo ateo»

 


En «Barioná», Sartre «se tomó en serio la Navidad y la confrontó con su existencialismo ateo»

Jean-Paul Sartre.

Que en la bibliografía de Jean-Paul Sartre (1905-1980), uno de los pensadores ateos más influyentes del siglo XX, figure una preciosa obra sobre la Navidad, descolocó tanto a sus seguidores que el texto se hizo inencontrable.

La editorial Voz de Papel acaba de sacar de la imprenta una nueva edición de la obra que hace casi veinte años descubrió José Ángel Agejas y se publicó por primera vez en español en 2004: Barioná. El hijo del trueno, de Jean-Paul Sartre. Una pieza de teatro  inspirada en la Navidad (en la Navidad real, el nacimiento de Cristo) absolutamente sorprendente en la bibliografía del filósofo ateo y activista comunista, uno de los padres intelectuales de Mayo del 68.

Agejas, doctor en Filosofía, es catedrático de Ética y Deontología en la Universidad Francisco de Vitoria y periodista con muchos años de ejercicio. Encontrar Barioná fue fruto de una ardua investigación. 

-¿Qué le parece si empezamos por la pregunta que formula usted al inicio de la introducción a la nueva edición de Barioná? Dice así: ¿puede un reconocido intelectual ateo escribir una obra de teatro sobre la Navidad?

-Rotundamente, sí. Lo cual sorprende a quien encasilla al cristianismo como una especie de senda iniciática al margen de la razón y de la historia. Pero si algo tiene el hecho cristiano es, precisamente, eso: es un hecho histórico que apela a la persona en lo más íntimo de su ser. Cristo no vino a predicar una doctrina o iniciar un camino esotérico espiritualista. Cristo es la Palabra de Dios hecha carne para que todos los seres humanos podamos escucharla, contemplarla… y abrazarla. La propuesta de Cristo es incondicional y, por lo mismo, accesible a todo el que quiera acercarse a ella, desde donde se encuentre y desde su experiencia.

»En ese sentido uno puede acercarse, confrontarse con la propuesta de Cristo… y luego optar: abrazar la salvación que se le propone o rechazarla. Salvando las distancias, el ejercicio de Sartre en Barioná me recuerda al del libro Un rabino habla con Jesús de Jacob Neusner, con el que a su vez entraba en diálogo el Papa Benedicto XVI a través de su libro sobre Jesús de Nazaret. En ese texto, el rabino y profesor, judío observante, se tomaba en serio a Jesús, sus hechos y palabras, su enseñanza para luego tomar su propia decisión. Y del mismo modo que de ese diálogo sale luz para todos, como nos hizo ver Benedicto XVI, pues de ese contraste todos aprendemos, también aquí. Sartre se tomó en serio la Navidad y la confrontó con su existencialismo ateo… de ahí salió una obra radicalmente novedosa y apasionante.

-¿Qué motivó su interés por una obra de teatro de Sartre inspirada en la Navidad? ¿Cómo la descubrió?

-El mayor experto católico en el estudio de los llamados “evangelios de la Infancia de Jesús”, esto es, de los relatos evangélicos relativos a los primeros años de la vida de Cristo, citaba en un tratado sobre la Virgen María unas líneas de esta obra, al mismo tiempo que hacía dos cosas: agradecer a Sartre que le dejara citarlas, por un lado, y por otro, afirmar que era el texto que más le había ayudado a entender la Navidad.

»Dos afirmaciones, cuando menos, extrañas. La primera, porque para citar un texto ya publicado no necesitas autorización, pues basta con poner la referencia. Lo cual apuntaba a que, precisamente, había un texto pero que no contaba con una edición pública. Y dos: que un ateo fuera tan elogiado por el mayor experto católico en la Navidad… Eso, junto con la sospecha de algunos amigos de que fuera una atribución espuria me impulsaron a buscar la obra.



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»La historia del descubrimiento es más tortuosa, pues hube de dar muchas vueltas. Su rastro aparecía y desaparecía constantemente en referencias, estudios y biografías, incluso con datos contradictorios. Había quienes negaban que se hubiera escrito, quienes negaban la autoría plena de Sartre, quienes la daban por desaparecida… Conseguí reconstruir la historia del manuscrito y encontrar en la Universidad de Indiana un ejemplar de la segunda impresión que hicieron artesanalmente los prisioneros que la habían representado. Finalmente, y después de localizar ese texto, apareció el cuaderno original manuscrito en un archivo cedido a la Biblioteca Nacional Francesa. Así se disiparon todas las dudas sobre la verdadera autoría de la obra y quedó fijo el texto definitivamente.

-Han pasado más de 80 años desde que Sartre escribió esta obra y casi veinte desde que publicó usted la primera edición de Barioná en español. ¿Sigue siendo un texto vigente para la sociedad del siglo XXI?

-La mayoría de los jóvenes ya no han oído hablar de Sartre ni lo han estudiado en el bachillerato. No es el último youtuber ni instagramer de moda. Pero no se dan cuenta de hasta qué punto su manera de verse a sí mismos, de ver sus relaciones y de concebir la sociedad está radicalmente configurada por el pensamiento de un ateo que aleccionó a sus abuelos europeos. Es impresionante comprobar que lo que en Barioná era un pensamiento revolucionario hoy es moneda de cambio común: el menosprecio de la vida humana, el rechazo de la tradición, el desprecio de la conciencia, el desapego de la libertad respecto de la verdad…

-¿Podemos hablar de Barioná como un texto profético?

-En el sentido que acabo de apuntar, sí. Por desgracia. Porque podía haber sucedido que, ochenta años después del conflicto de la libertad y los totalitarismos en la Segunda Guerra Mundial hubiéramos aprendido la lección. Y entonces, estaríamos leyendo esta obra como una reliquia del pasado, con la curiosidad de quien se sorprendiera de qué cosas tan extravagantes llegaron a proponer unos filósofos amargados. Sin embargo, los totalitarismos no han desaparecido, su germen sigue agazapado dispuesto a rebrotar a la primera de cambio, como el dinosaurio de Monterroso. En este sentido considero que esta obra, lejos de ser una reliquia, es una especie de anuncio profético. Sus proclamas revolucionarias desesperanzadas han configurado un modo muy extendido y difuso de pensar y de vivir. Es un claro ejemplo de que las ideas tienen consecuencias. Europa se suicida. Los hijos del baby boom no tienen hijos. Y sus nietos tampoco parece que tengan ganas de vivir. La religión de la nada propuesta por Barioná gana adeptos cada día.

José Ángel Agejas.



José Ángel Agejas es actualmente director editorial de la revista 'Misión' y de la revista interdisciplinar de filosofía y humanidades 'Relectiones'.

-Habla en su introducción de la ausencia del padre. Camus y Sartre compartían la misma carencia, perdieron a su padre antes de cumplir los dos años. Una cosa es que un padre fallezca y otra muy diferente es la muerte de la identidad del padre en vida o como dice en su texto “el padre ausente”. ¿Por qué incide en este aspecto?

-El padre ausente es otro de los grandes temas de nuestro tiempo… profético también entonces, hoy batalla cultural de muchas maneras. Explícitas unas, con la obsesión de la ideología de género por la caricatura del heteropatriarcado, o como el interés de muchos psicólogos y psiquiatras por recuperar y defender la figura y el papel del padre como aportación clave de la cultura occidental al desarrollo de la civilización. O implícitas otras, como sucede en infinidad de películas y series audiovisuales.

»Son muchos los amigos y conocidos algo mayores que yo, que protagonizaron la juventud del 68 y sus derivados, como la transición española, que llegados a la madurez “necesitan” ajustar las cuentas con un padre al que rechazaron. El último conocido, por ejemplo, Joaquín Sabina en el documental Sintiéndolo mucho, donde llega a afirmar que cuando se mira en el espejo, ve a su padre mirándole. Es una especie de regreso a Ítaca, solo que aquí es Telémaco quien regresa a buscar a Ulises, y no al revés. Pero no hay duda de que, en ese encuentro, ambos, se juegan el pleno reconocimiento de su identidad personal. 

-Hay también una referencia a Europa y a la cultura que ha heredado el culto a la fealdad. ¿Dónde reside la belleza de Barioná?

-Cuando terminó la Primera Guerra Mundial, Claudel ya denunciaba la fealdad de las iglesias que se construían en Europa en aquel momento, como expresión de los pecados y defectos de una cultura mortecina, pagada de sí misma y que rechazaba la trascendencia. La Europa de las catedrales había derivado hacia el feísmo. La belleza de Barioná aparece, precisamente, a través de las rendijas por las que penetra la luz en el ateo Sartre: en la ternura de Dios hecho niño, en la pasión de una libertad que apuesta por el sentido y la esperanza, en el amor que puede recuperar una vida y una entrega hechas familia. En esos pasajes Sartre no pudo resistirse a dejar que la belleza se abriera camino. Como en la historia humana, la belleza irrumpe con la luz y el brillo de la vida y la esperanza.

-Me viene a la mente una reflexión de Pedro Salinas: “Todo poema digno acaba en iluminaciones” ¿Es Barioná una obra que ilumina a los hombres?

-Precisamente en el sentido que acabo de apuntar. Como en el momento de inflexión de la obra dice Sara, la mujer de Barioná a la que el rebelde zelote quiere obligar a abortar, en el portal de Belén está “una mujer feliz y plena, una madre que ha dado a luz por todas las madres del mundo y lo que ella me ha dado es como un permiso: el permiso de traer mi hijo al mundo. Quiero ver a esa madre feliz y sagrada, quiero verla. Y sé también que Dios está conmigo”. Citando a otro gran escritor, Dostoievski , “la Belleza salvará al mundo”. Esa es la luz que ilumina desde Barioná.

-Sartre escribió una especie de disculpa o justificación en la que dejaba claro que, a pesar de haber escrito un texto sobre la Navidad, su pensamiento “no había cambiado ni siquiera por un momento” ¿Cree que esto era del todo cierto o se vio “obligado” a defender su posición al hacerse pública su autoría?

-Es muy peligroso hacer juicios de intenciones. No hay ninguna duda de que, en la década de los sesenta, cuando se hacen las primeras copias de la obra a petición de los soldados que la representaron, Sartre vivía a cuerpo de rey gracias al partido comunista de la Unión Soviética. Era un claro activista de las ideas de Moscú durante la Guerra Fría, aunque a eso él lo llamaba apostar por el acercamiento entre los dos bloques. Bueno, el comunismo siempre ha actuado así: caricaturizando a todo el que no es comunista como si fuera un monigote desalmado, carente de juicio y de libertad. Y sorprendentemente siguen haciéndolo todavía hoy, aunque la historia y los hechos lo contradicen. Son magos de la propaganda. Sartre funcionó así y no podía permitir que ese discurso propagandístico se viera “manchado” por una obra como ésta en la que Dios se propone como el único que da sentido a la libertad humana. 

-Teniendo en cuenta que es usted profesor universitario ¿por qué le recomendaría esta obra a su alumnado? ¿Se trata de una obra para todos los públicos, jóvenes, adultos, creyentes, ateos…?

-Hace poco hablé de la obra en clase, casi de pasada. El caso es que tras el examen una alumna me escribió para darme las gracias, y lo que destacó del curso fue, precisamente, la mención a esa obra. Le había llamado tanto la atención que ese mismo día la consiguió para leérsela. Por lo menos a ella, me decía, le había conmovido y despertado. Barioná es así: al buscador, le abre horizontes. Al creyente, le ayuda a contemplar con una belleza inusitada el misterio de la encarnación. Al descreído o al ateo, al menos, le interpela porque le enfrenta radicalmente ante la opción del sentido o del absurdo… Logra lo que supuso Belén: toda la humanidad fue convocada a adorar al Niño, y todos acudieron: pastores y reyes, propios y extraños, judíos y extranjeros. 

-Cuéntenos Barioná en diez palabras.

-Te doy dos opciones. Se pueden hacer muchos tuits así: “Dios se ha encarnado: la indiferencia no es una opción”. “Dios es un niño tierno, abrázalo: te llenará de amor”.

Fuente: Religión en libertad

domingo, 25 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 25 de Diciembre 2022

 


Texto del Evangelio (Lc 2,1-14):

 Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento.

Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El Ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». Y de pronto se juntó con el Ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes Él se complace».



«Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor»


Rev. D. Ramon Octavi SÁNCHEZ i Valero

(Viladecans, Barcelona, España)

Hoy, nos ha nacido el Salvador. Ésta es la buena noticia de esta noche de Navidad. Como en cada Navidad, Jesús vuelve a nacer en el mundo, en cada casa, en nuestro corazón.

Pero, a diferencia de lo que celebra nuestra sociedad consumista, Jesús no nace en un ambiente de derroche, de compras, de comodidades, de caprichos y de grandes comidas. Jesús nace con la humildad de un portal y de un pesebre.

Y lo hace de esta manera porque es rechazado por los hombres: nadie había querido darles hospedaje, ni en las casas ni en las posadas. María y José, y el mismo Jesús recién nacido, sintieron lo que significa el rechazo, la falta de generosidad y de solidaridad.

Después, las cosas cambiarán y, con el anuncio del Ángel —«No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo» (Lc 2,10)— todos correrán hacia el portal para adorar al Hijo de Dios. Un poco como nuestra sociedad que margina y rechaza a muchas personas porque son pobres, extranjeros o sencillamente distintos a nosotros, y después celebra la Navidad hablando de paz, solidaridad y amor.

Hoy los cristianos estamos llenos de alegría, y con razón. Como afirma san León Magno: «Hoy no sienta bien que haya lugar para la tristeza en el momento en que ha nacido la vida». Pero no podemos olvidar que este nacimiento nos pide un compromiso: vivir la Navidad del modo más parecido posible a como lo vivió la Sagrada Familia. Es decir, sin ostentaciones, sin gastos innecesarios, sin lanzar la casa por la ventana. Celebrar y hacer fiesta es compatible con austeridad e, incluso, con la pobreza.

Por otro lado, si nosotros durante estos días no tenemos verdaderos sentimientos de solidaridad hacia los rechazados, forasteros, sin techo, es que en el fondo somos como los habitantes de Belén: no acogemos a nuestro Niño Jesús.


Navidad, ¿por qué el 25 de diciembre? ¿Qué dice y que no dice el Evangelio? ¿Hubo buey y mula?

 


Navidad, ¿por qué el 25 de diciembre? ¿Qué dice y que no dice el Evangelio? ¿Hubo buey y mula?

"Adoración de los pastores", obra de Murillo realizada hacia el año 1650 y expuesta en el Museo Nacional del Prado.

La Navidad, que los católicos celebran el 25 de diciembre, es una de las grandes fiestas para los cristianos y fuente de un gran número de tradiciones que se llevan celebrando desde hace siglos. El nacimiento de Cristo cambió el rumbo de la historia y transformó la humanidad. Como dijera San Juan Pablo II en 1998, "desde la noche de Belén hasta hoy, la Navidad continúa suscitando himnos de alegría, que expresan la ternura de Dios sembrada en el corazón de los hombres. En todas las lenguas del mundo se celebra el acontecimiento más grande: el Emmanuel, Dios con nosotros para siempre".

Índice para conocer mejor todo lo relacionado con la fiesta de Navidad

-¿Qué es la Navidad?

-¿Cuál es el origen de la palabra Navidad?

-¿Qué dicen los Evangelios sobre la Navidad?

-¿Qué dice el Catecismo sobre la Navidad?

-¿Por qué la Navidad se celebra el 25 de diciembre?

-¿Qué es la Misa de Gallo?

-¿Por qué el Papa imparte la bendición “Urbi et Orbi” en Navidad?

-¿Cuándo comenzó la tradición de colocar el Nacimiento en Navidad?

-¿El árbol de Navidad es de origen cristiano?

-¿Hubo un buey y una mula en el lugar en el que nació Jesús?

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-¿Qué es la Navidad?

La Navidad es la gran fiesta con la que se conmemora el nacimiento de Jesucristo, por lo que es un día de gran importancia para los cristianos. De este modo se celebra, tal y como recoge el Credo Niceno-Constantinopolitano que Jesucristo, el Hijo de Dios “por nosotros los hombres y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María la Virgen y se hizo hombre”.

-¿Cuál es el origen de la palabra Navidad?

En español la palabra Navidad procede del latín tardío “natitivitas, -atis”, cuyo significado es nacimiento. La Navidad es, por tanto, la festividad del nacimiento de Cristo, pero también el tiempo que comprende entre la noche del 24 de diciembre hasta la Epifanía, la manifestación del Señor al mundo.

-¿Qué dicen los Evangelios sobre la Navidad?

De los cuatro evangelios sólo dos de ellos, el de Mateo y el de Lucas, hacen mención al nacimiento de Jesús, mientras que los de Juan y Marcos no entran en este momento de la vida de Cristo.

En el Evangelio de Lucas, en el segundo capítulo, el evangelista escribe: "Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando que se empadronase todo el mundo. Este primer empadronamiento tuvo lugar siendo gobernador de Siria Cirino. Iban todos a empadronarse, cada uno a su ciudad. Subió también José desde Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y familia de David para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, se le cumplieron los días del alumbramiento, y dio a luz a su hijo primogénito, le envolvió en pañales y le acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en el alojamiento. Había en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno durante la noche su rebaño. Se les presentó el Angel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz; y se llenaron de temor. El ángel les dijo: ‘No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre’. Y de pronto se juntó con el ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: ‘Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se complace’. Y sucedió que cuando los ángeles, dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: ’Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha manifestado’. Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho”.

Por su parte, Mateo recoge el relato de la Navidad en los capítulos primero y segundo de su Evangelio: "La generación de Jesucristo fue de esta manera: su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto. Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ‘José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados’. Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: ‘Dios con nosotros’. Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús”. Y a continuación añade que Jesús nació “en Belén de Judea, en tiempos del Rey Herodes”.



Papa Francisco, en la misa de Gallo, besando al Niño Jesús.

- ¿Qué dice el Catecismo sobre la Navidad?

El Catecismo de la Iglesia Católica, que expone de manera oficial la fe, la doctrina y la moral de la Iglesia, recoge en sus puntos 525 y 526 el “Misterio de la Navidad”. De este modo, indica que “Jesús nació en la humildad de un establo, de una familia pobre (cf. Lc 2, 6-7); unos sencillos pastores son los primeros testigos del acontecimiento. En esta pobreza se manifiesta la gloria del cielo (cf. Lc 2, 8-20). La Iglesia no se cansa de cantar la gloria de esta noche” y para ello cita a San Romano Melodo: “Hoy la Virgen da a luz al Transcendente. Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible. Los ángeles y los pastores le alaban. Los magos caminan con la estrella: Porque ha nacido por nosotros, Niño pequeñito el Dios eterno”.

Además, el Catecismo señala que “‘hacerse niño’ con relación a Dios es la condición para entrar en el Reino (cf. Mt 18, 3-4); para eso es necesario abajarse (cf. Mt 23, 12), hacerse pequeño; más todavía: es necesario "nacer de lo alto" (Jn 3,7), "nacer de Dios" (Jn 1, 13) para ‘hacerse hijos de Dios’ (Jn 1, 12). El misterio de Navidad se realiza en nosotros cuando Cristo ‘toma forma’ en nosotros (Ga 4, 19). Navidad es el misterio de este ‘admirable intercambio": ‘¡Oh admirable intercambio! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de la Virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad’ (Solemnidad de la Santísima Virgen María, Madre de Dios, Antífona de I y II Vísperas: Liturgia de las Horas)”.

-¿Por qué la Navidad se celebra el 25 de diciembre?

Los Evangelios no dicen nada sobre la fecha de nacimiento de Jesús, por lo que se ha estudiado e investigado mucho sobre qué día pudo haber nacido. Hasta el siglo III no hay constancia sobre la fecha, y los primeros testimonios señalan, de hecho, días diferentes.

Acerca del 25 de diciembre, fecha en la que los católicos y otros muchos cristianos celebran la Navidad, el primer testimonio indirecto que cita la natividad este día lo ofreció Sexto Julio Africano en el año 221. Por su parte, la primera referencia directa de su celebración es la del calendario litúrgico filocaliano del año 354 (MGH, IX,I, 13-196): VIII kal. Ian. natus Christus in Betleem Iudeae (“el 25 de diciembre nació Cristo en Belén de Judea”). A partir del siglo IV los testimonios de este día como celebración del nacimiento de Cristo son comunes en la tradición occidental, pero no tanto en Oriente, donde prevalecía, y a día de hoy sigue siendo así entre los ortodoxos, el 6 de enero.

-¿Qué es la Misa de Gallo?

Uno de los elementos más característicos y que da inicio a la Navidad es la que se conoce popularmente como la Misa de Gallo, que se celebra a medianoche y que según se cree tiene su origen en el Papa Sixto III en el siglo V. La tradición cuenta que este pontífice introdujo en Roma la costumbre de celebrar una vigilia nocturna previa a la Navidad en la capilla del pesebre, en la basílica romana de Santa María la Mayor.

Esta misa recibe este peculiar nombre porque se celebraba “mox ut gallus cantaverit”, en seguida de cantar el gallo, pues para los antiguos romanos este era el momento en el que daba inicio un nuevo día.

-¿Por qué el Papa imparte la bendición “Urbi et Orbi” en Navidad?

Otra de las tradiciones más conocidas y arraigadas para los católicos en Navidad es la tradicional bendición “Urbi et Orbi” que imparte el Papa cada 25 de diciembre. Proviene de los términos en latín que significan “a la ciudad (en este caso Roma) y al mundo”, pues era la fórmula habitual con las que se iniciaban las proclamas en el Imperio Romano.

En estos momentos, esta bendición solemne es impartida por el Santo Padre a la ciudad de Roma, de la cual es obispo, y al mundo entero. Únicamente se imparte al año en dos ocasiones: el día de Navidad y el Domingo de Pascua de Resurrección. En otros momentos, esta bendición también es ofrecida por el Papa en el momento de su elección.

La bendición “Urbi et Orbi” se lleva a cabo desde el balcón de las bendiciones de la basílica de San Pedro. Con ella, los fieles católicos que la reciben obtienen la remisión por las penas de los pecados ya perdonados. La culpa por el pecado es remitida por el Sacramento de la Reconciliación, de manera que la persona vuelve a estar en gracia de Dios, por lo cual se salvará si no vuelve a caer en pecado mortal. Dado que la indulgencia plenaria remite completamente esa pena debida el fallecido, sin haber caído nuevamente en pecado no ha de pasar por el purgatorio y accede directamente al cielo.


Gruta de la Natividad, en Greccio

Gruta de la Natividad, en Greccio, el lugar en el que San Francisco montó el primer Nacimiento.

-¿Cuándo comenzó la tradición de colocar el Nacimiento en Navidad?

Sin ningún género de dudas, la colocación del Belén es una de las tradiciones más importantes y extendidas de la Navidad. Y todo ello se debe a San Francisco de Asís, uno de los santos más importantes y relevantes de la Iglesia.

Su origen data concretamente de 1223 en Greccio (Italia), donde se sitúa uno de los cuatro santuarios que fundaría el santo de Asís. En este pueblo cercano a Rieti Francisco se detuvo para ver a Giovanni Vellita, amigo y seguidor suyo. Al ver las cuevas que había allí se le vino a la mente la imagen de Belén, pueblo que visitó cuando peregrinó a Tierra Santa.

San Francisco, inspirado a celebrar la memoria del “Niño que nació en Belén”, expresó este deseo a su amigo y organizó lo que fue el primer Nacimiento. En una cueva colocaron un pesebre, así como un buey y un asno de carne y hueso. Seguidores de Francisco y vecinos se dieron cita el 25 de diciembre en torno a este escenario llevando flores y antorchas. Y allí junto a la Virgen, San José y el niño conformaron lo que hoy se coloca en multitud de hogares.

-¿El árbol de Navidad es de origen cristiano?

Sí, el árbol de Navidad tiene una significación cristiana, aunque tradicionalmente no ha sido tan común en los países católicos mediterráneos o iberoamericanos como en los países centroeuropeos. Sin embargo, fue San Juan Pablo II quien introdujo en 1982 la tradición de colocar un gran árbol de Navidad en la Plaza de San Pedro del Vaticano, costumbre que han seguido adoptando tanto Benedicto XVI como Francisco.

En 2004, el Papa polaco afirmaba: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

El origen de esta tradición se remonta al siglo IV cuando San Bonifacio evangelizó el territorio que hoy es Alemania. El escritor y periodista Luis Antequera, colaborador de ReL, lo explicaba así en Trece TV: “Existía una tradición de veneración y adorno de los árboles por parte de los celtas. San Bonifacio, preso de un ataque de indignación, liquida uno de estos árboles, y lo sustituye por un pino de hoja perenne, como perenne es el mensaje de Jesucristo”. Además, los adornos tienen también una simbología: “Primero se colocaban manzanas, que representan el pecado, ahora sustituidas por las famosas bolas del árbol. Y segundo las luces, que empezaron siendo velas y representan la luz de Cristo”.

-¿Hubo un buey y una mula en el lugar en el que nació Jesús?

En los Evangelios de Lucas y Mateo, que son los que se hacen eco del nacimiento de Jesús, sí que son citados ya sean los pastores o los magos, pero no así el buey y la mula. Sin embargo, estos animales están siempre presentes en los nacimientos que se colocan en millones de hogares e iglesias de todo el mundo, tal y como ya hiciera San Francisco.

El buey y la mula forman parte de una tradición muy arraigada y son específicamente estos animales porque son mencionados en el evangelio apócrifo de Pseudomateo. "Los Evangelios son breves al narrar la realidad histórica del nacimiento de Jesús, por lo que la tradición añade información que complementa desde un punto de vista humano el momento del nacimiento del Niño en Belén", explica la doctora y profesora de Historia del Arte de la Universidad CEU San Pablo, Sirga de la Pisa. Recuerda además que "el buey y la mula están mencionados en el Evangelio Apócrifo del Pseudomateo, texto no considerado canónico por la Iglesia, escrito en el siglo VII por un autor desconocido".

En Isaías 1, 3 se dice: “Conoce el buey a su dueño, y el asno el pesebre de su amo; pero Israel no conoce, mi pueblo no discierne”. La profecía del profeta se relaciona con el nacimiento humilde de Jesús y por tanto con estos animales que la tradición ha introducido en el portal de Belén. Pero De la Pisa recuerda igualmente que los textos apócrifos "no pretenden ser históricos sino que atienden la curiosidad popular que quería conocer la vida cotidiana de la Sagrada Familia en todos sus detalles".

 Fuente: Religión en Libertad