jueves, 3 de noviembre de 2022

Santo Evangelio 3 de Noviembre 2022



 Texto del Evangelio (Lc 15,1-10):

 En aquel tiempo, todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Éste acoge a los pecadores y come con ellos».

Entonces les dijo esta parábola. «¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros; y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido’. Os digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión.

»O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra? Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: ‘Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido’. Del mismo modo, os digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».



«Habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta»


Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous

(Barcelona, España)

Hoy, el evangelista de la misericordia de Dios nos expone dos parábolas de Jesús que iluminan la conducta divina hacia los pecadores que regresan al buen camino. Con la imagen tan humana de la alegría, nos revela la bondad de Dios que se complace en el retorno de quien se había alejado del pecado. Es como un volver a la casa del Padre (como dirá más explícitamente en Lc 15,11-32). El Señor no vino a condenar el mundo, sino a salvarlo (cf. Jn 3,17), y lo hizo acogiendo a los pecadores que con plena confianza «se acercaban a Jesús para oírle» (Lc 15,1), ya que Él les curaba el alma como un médico cura el cuerpo de los enfermos (cf. Mt 9,12). Los fariseos se tenían por buenos y no sentían necesidad del médico, y es por ellos —dice el evangelista— que Jesús propuso las parábolas que hoy leemos.

Si nosotros nos sentimos espiritualmente enfermos, Jesús nos atenderá y se alegrará de que acudamos a Él. Si, en cambio, como los orgullosos fariseos pensásemos que no nos es necesario pedir perdón, el Médico divino no podría obrar en nosotros. Sentirnos pecadores lo hemos de hacer cada vez que recitamos el Padrenuestro, ya que en él decimos «perdona nuestras ofensas...». ¡Y cuánto hemos de agradecerle que lo haga! ¡Cuánto agradecimiento también hemos de sentir por el sacramento de la reconciliación que ha puesto a nuestro alcance tan compasivamente! Que la soberbia no nos lo haga menospreciar. San Agustín nos dice que Jesucristo, Dios Hombre, nos dio ejemplo de humildad para curarnos del “tumor” de la soberbia, «ya que gran miseria es el hombre soberbio, pero más grande misericordia es Dios humilde».

Digamos todavía que la lección que Jesús da a los fariseos es ejemplar también para nosotros; no podemos alejar de nosotros a los pecadores. El Señor quiere que nos amemos como Él nos ha amado (cf. Jn 13,34) y hemos de sentir gran gozo cuando podamos llevar una oveja errante al redil o recobrar una moneda perdida.


Cuando nuestros difuntos no llegan a nacer: crece la conciencia por llevar la fe al duelo prenatal

 


Cuando nuestros difuntos no llegan a nacer: crece la conciencia por llevar la fe al duelo prenatal

Hermanitas del Cordero junto a la sepultura para bebés nonatos 

El pasado 15 de octubre, Día Internacional de la Muerte Gestacional y Neonatal, el sacerdote Avelino Revilla, vicario general de la archidiócesis de Madrid, bendijo una tumba muy especial en el cementerio sacramental San Lorenzo y San José. 

Se trata de una tumba destinada a bebés que nacieron sin vida, o fallecieron muy poco después. "Damos gracias a Dios por esta iniciativa que hoy comienza porque permitirá a tantos bebés concebidos, aunque nacidos sin vida, poder reposar y esperar la vida eterna a la que todos estamos llamados", subrayó Avelino Revilla. En el momento de la bendición, ya descansan en esa tumba los restos de un bebé.

Una funeraria peculiar

La entidad responsable de esta tumba es la funeraria católica María Puerta del Paraíso, que recientemente ha creado una iniciativa para acompañar a las familias de bebés que mueren. Por el momento solo opera en la región de Madrid.

María Puerta del Paraíso se presenta como "una funeraria católica para bebés fallecidos en fase gestacional". Ofrece un proceso de acompañamiento en el duelo, "a través de sencillos gestos, inspirados en la liturgia", que ayudan a los padres a entregar a su hijo a la misericordia de Dios. "En este momento, en el que se desvela parte del misterio del salto al cielo de vuestro hijo desearíamos ayudaros a vivirlo en familia, junto a la oración de toda la Iglesia".

La experiencia de unos padres jóvenes

En su número 65, la revista católica Misión (de suscripción gratuita, se envía en papel a los hogares) explicó la historia de Antonio e Isabel, matrimonio joven, ambos de 26 años. Unos meses después de volver de la luna de miel, supieron que esperaban gemelos, y se alegraron. Pero después las ecografías revelaron que uno de los gemelos ya había muerto y el otro pronto moriría.

"Al primero lo perdimos a los tres meses de gestación y el segundo murió a los cuatro", recuerdan. "Hay quien puede pensar que en tres o cuatro meses no puedes querer a ese niño, pero no es verdad, nosotros lo sentimos igual que si alguien pierde a un hijo que ya ha nacido”, cuenta Antonio aún emocionado.

En España, el protocolo para recuperar los bebés fallecidos en fase prenatal es complicado. Si no se dice nada, los bebés nonatos menores de 22 semanas son tratados como miembros amputados o tejidos extirpados: se junta todo ese "material biológico" y se incinera.

Así, esos bebés fallecidos son invisibles, sólo queda de ellos la ecografía y el recuerdo, y parece que no se permite el duelo social porque no hay restos. Muchos médicos no entienden o no saben reaccionar cuando los padres intentan expresar su necesidad de despedirse del bebé y de reconocerlo como hijo.

En el caso de Antonio e Isabel, contactaron con Helena Acín, de María Puerta del Paraíso. "Estábamos desorientados, pero ella se ocupó de absolutamente todo”, cuenta Antonio. Helena insistió e insistió al hospital para conseguir los restos, y mover la documentación necesaria.

Helena preparó los bebés, los envolvió en lienzos, los metió en dos cajitas de madera de pino, y los llevó a la familia, para velarlos, con los padres, abuelos y algún familiar más. "Los velamos con nuestros padres por la tarde y nosotros solos por la noche. Allí estuvimos al lado de nuestros hijos hasta que amaneció", recuerdan. Luego llegó el entierro, con misa en la capilla, procesión al columbario y sepultura de los pequeños féretros.

Helena Acín detalla que "normalmente, después de perder el bebé, la madre se queda en estado de shock durante un tiempo, llega a su casa y allí permanece sin ganas de salir ni de contárselo a nadie. Además, como en muchas ocasiones el aborto se produce en las primeras semanas, es algo que aún nadie sabe y lo viven en silencio”.

El primer caso que acompañó

Helena lamenta que socialmente parezca que se trate de un duelo no permitido. Ella es laica consagrada en la Comunidad del Cordero. En una entrevista con Patricia Navas, en el digital católico Aleteia, explica cómo se inició en este tema.



"Unos padres nos llamaron porque había fallecido su hija con 9 semanas de gestación y querían enterrarla. Pero no sabían cómo hacerlo. Para nosotros era la primera vez que alguien nos llamaba con una hija fallecida en fase de gestación. Y aprendimos con ellos", recuerda.

Descubrió, por ejemplo, que sólo se pueden inscribir bebés fallecidos a partir de cierta semana y "en un libro que se llama 'Legajo de criaturas abortivas'. Solo escuchar esa palabra se te remueve el estómago", lamenta. Y los amigos no pueden ayudar a los padres entristecidos, porque quizá ni les dijeron aún el embarazo.

Helena invita a los padres en duelo a poner nombre a su hijo, a pasar un tiempo con él, velarlo ante los restos si se consiguen. "Les damos un pequeño cuadernito para velar a su hijo, si quieren en su domicilio con una oración inspirada en la Navidad. Les facilitamos enterrarlo". Esta es la función de la tumba bendecida por el vicario de Madrid.

Helena señala lo específico de estos ritos. "No hay féretros de estos tamaños, las sepulturas son para adultos, los coches funerarios son inmensos… Es como si buscas ropa para tu bebé de meses y solo encuentras ropa para niños de un año. Todo queda un poco desproporcionado, no está ajustado. Nosotros hemos adaptado todo a esta realidad de los bebés tan pequeños".

Y hay que cambiar la mentalidad. "Los padres sienten: «¡Es mi hijo, lo quiero enterrar!». Pero la respuesta que encuentran es: «¿Para qué? Es un resto humano». Y si quieren poner su nombre y apellidos a su hijo y que conste así en el registro civil, se encuentran con que no tienen derecho a eso. Cuando se te muere un hijo antes de nacer es un momento difícil en que necesitas acogida y acompañamiento y lo que encuentras es un territorio hostil", lamenta Helena.

En concreto, en España, según la ley, "cuando un niño nace en un hospital, es necesaria una funeraria para recoger el cuerpo y poder enterrarlo o incinerarlo".

Helena empezó a realizar esta tarea en 2020 y dice que "en este tiempo no me he encontrado con nada parecido y no soy consciente de que exista. Si llamas a una funeraria, hará el servicio funerario. Pero es difícil que esté adaptado a la realidad tan pequeña de este niño. Y que incluya el acompañamiento a los padres para acoger al hijo y entregarlo en manos del Padre, con gestos sencillos inspirados en la liturgia".

La espiritualidad de la Navidad en la muerte

Atendiendo a aquella primera familia, después de enterrar aquel primer bebé, Helena acudió a una iglesia a la misa de la Virgen del Carmen con las Hermanitas del Cordero. Sin que nadie lo preparara, en la liturgia se cantó -en pleno verano- un canto de Navidad que decía:

«En las grietas de la roca encontré

el amor de mi alma,

un niño recién nacido

como sepultado en un sepulcro Virgen,

su rostro irradiaba

la divina ternura del Padre»

Ella sintió que había una enseñanza ahí, una invitación a que los padres vivan "el nacimiento del hijo al Cielo como María y José vivieron el Nacimiento de Jesús: desde el primer minuto sabían que ese hijo no era propiamente suyo sino Hijo del Padre, llamado a una vida de intimidad con Dios. Por eso en muchos iconos de Navidad se representa al Niño Jesús enfajadito en un pesebre que parece un féretro".



En un icono clásico de la Navidad, el Niño enfajado es una prefiguración de su mortalidad, su futura muerte.

Señala además la belleza de los gestos físicos en la liturgia.

"Cuando los padres depositan a su hijo en una sepultura o en un columbario (si se incinera), no es solo un gesto exterior físico, sino que tiene el sentido de entregarlo en manos del Padre. Todos los padres están llamados a acompañar a sus hijos en su camino hacia Dios, pero en estos padres es evidente porque su hijo ya se ha ido al Padre", añade. "Ser padre es acoger a tu hijo sin poseerlo, acompañándolo en su vocación, que siempre te va a sorprender".

Considera que también la Iglesia tiene que dar pasos litúrgicos al respecto.

"No existe un ritual específico para los niños que fallecen en el seno materno. Existe uno para niños no bautizados pero no se ajusta totalmente", comenta Helena.

Hay palabras poderosas que se pueden recitar. Por ejemplo: "tú eres mi hijo amado", las palabras del Padre al Hijo Unigénito... pero también a cada uno de nosotros, hijos por adopción.

"Esto no contradice lo que viven, no es discordante. En la liturgia hay espacio para expresar el dolor, la alegría, la ira, la angustia; se pone palabras. Y es importante que haya tiempo para eso, que se acoja, que se grite a alguien, que puede ser a Dios o a quien te está acompañando. Y que experimentes la ternura. Porque si no, todo eso queda enquistado dentro, porque socialmente no estás autorizado a formularlo".

Además, si los padres viven juntos esta experiencia, su relación de pareja probablemente ganará fortaleza. "En la alegría, y en la tristeza, en la salud, y en la enfermedad..."

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Santo Evangelio 2 de Noviembre 2022

 


Texto del Evangelio (Lc 23,33.39-43):

 Cuando los soldados llegaron al lugar llamado Calvario, crucificaron allí a Jesús y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. Uno de los malhechores colgados le insultaba: «¿No eres tú el Cristo? Pues ¡sálvate a ti y a nosotros!». Pero el otro le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, éste nada malo ha hecho». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso».



«Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino»


Fra. Agustí BOADAS Llavat OFM

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio evoca el hecho más fundamental del cristiano: la muerte y resurrección de Jesús. Hagamos nuestra, hoy, la plegaria del Buen Ladrón: «Jesús, acuérdate de mí» (Lc 23,42). «La Iglesia no ruega por los santos como ruega por los difuntos, que duermen en el Señor, sino que se encomienda a las oraciones de aquéllos y ruega por éstos», decía san Agustín en un Sermón. Una vez al año, por lo menos, los cristianos nos preguntamos sobre el sentido de nuestra vida y sobre el sentido de nuestra muerte y resurrección. Es el día de la conmemoración de los fieles difuntos, de la que san Agustín nos ha mostrado su distinción respecto a la fiesta de Todos los Santos.

Los sufrimientos de la Humanidad son los mismos que los de la Iglesia y, sin duda, tienen en común que todo sufrimiento humano es de algún modo privación de vida. Por eso, la muerte de un ser querido nos produce un dolor tan indescriptible que ni tan sólo la fe puede aliviarlo. Así, los hombres siempre han querido honrar a los difuntos. La memoria, en efecto, es un modo de hacer que los ausentes estén presentes, de perpetuar su vida. Pero sus mecanismos psicológicos y sociales amortiguan los recuerdos con el tiempo. Y si eso puede humanamente llevar a la angustia, cristianamente, gracias a la resurrección, tenemos paz. La ventaja de creer en ella es que nos permite confiar en que, a pesar del olvido, volveremos a encontrarlos en la otra vida.

Una segunda ventaja de creer es que, al recordar a los difuntos, oramos por ellos. Lo hacemos desde nuestro interior, en la intimidad con Dios, y cada vez que oramos juntos, en la Eucaristía, no estamos solos ante el misterio de la muerte y de la vida, sino que lo compartimos como miembros del Cuerpo de Cristo. Más aún: al ver la cruz, suspendida entre el cielo y la tierra, sabemos que se establece una comunión entre nosotros y nuestros difuntos. Por eso, san Francisco proclamó agradecido: «Alabado seas, mi Señor, por nuestra hermana, la muerte corporal».

Tras años como protestante y ateo, los grandes santos (en los que no creía) le llevaron a la Iglesia


Tras años como protestante y ateo, los grandes santos (en los que no creía) le llevaron a la Iglesia

Matrimonio rezando a los santos. 

Adam se crio como protestante, luego fue ateo, vivió durante décadas creyendo mitos de los católicos y rechazando rezar a la Virgen y los santos... hasta que muchos de ellos le ayudaron a llegar a la Iglesia.

Durante más de tres décadas, la vida de Adam Seiler osciló entre el protestantismo, el ateísmo y el disfrute "sin restricciones" de las disipaciones que el mundo le ofrecía. Educado en el Sínodo Evangélico Luterano de Wisconsin -una denominación conservadora cristiana- desde los 12 años, se formaba con el Catecismo Menor de Lutero y cursó sus estudios en una universidad también luterana.

Allí recibió "una excelente formación" en historia, teología, filosofía y literatura pero, conforme crecía, comenzaron a acosarle preguntas sin respuesta, especialmente en torno a la lectura e interpretación de las Escrituras, el precepto de la Sola Scriptura - la creencia básica de que la Biblia es la única autoridad e inspiración para el Cristiano- o la literalidad casi total de la misma, dificultando en su situación uno de sus mayores intereses, la conciliación entre ciencia y fe.

Por eso le llamó especialmente la atención un libro que recomendaron en sus clases de Filosofía, The Great Conversation, de Norman Melchert.

Allí conoció  a San Agustín, quedó asombrado por su interpretación de las Escrituras y empezó a observar como desde la Iglesia católica obtenía muchas más respuestas a preguntas siempre silenciadas en su círculo luterano.

"Al igual que yo, San Agustín tuvo una lucha interna con la interpretación de la Biblia y leer sobre sus dudas me llenó de Esperanza", confiesa.

También quedó impactado por la conversión que suscitaría San Ambrosio de Milán en el santo de Hipona, así como las dotes intelectuales y espirituales del primero. El hecho de que santos así en la Iglesia realizasen "una interpretación alegórica de las Escrituras" le llamó profundamente la atención, haciéndole entender que "uno  puede ser un cristiano devoto y discípulo de Cristo y aún así defender la fe con sabiduría e inteligencia".

Los santos eran su "mayor obstáculo"

Mientras tanto, durante todos aquellos años, si bien nunca odió a los católicos, se generó en él cierta aversión e incomprensión ante multitud de "mitos" y mentiras que serían su "mayor obstáculo" para abrirse a conocer la Iglesia.

"Me inculcaron la sensación de que los católicos añadían aspectos innecesarios y dudosos a la espiritualidad cristiana. En lugar de cultivar una relación con Jesús, por ejemplo, los católicos rezaban demasiado a María y a los santos, veneraban más las palabras de un hombre (el Papa) que las palabras de Cristo, y añadían a la fe cosas que no estaban en el Biblia (purgatorio)", enumera.

Pero Adam no fue capaz de resistir un ambiente universitario al que se refiere como "posrrevolucionario". Fue sumido en un mundo que detestaba la mera mención de las verdades espirituales y que estaba entregado al vicio y lo sensible hasta que finalmente se alejó del cristianismo y siguió a la multitud.

"Había abandonado a Dios como el hijo pródigo abandonó a su padre", explica en Catholic Stand.



Adam Seiler con su familia. 

Hoy, Adam es un fiel católico y devoto de los santos, escritor y  profesor de inglés en Texas. En la imagen, con su esposa, Rebekah, y sus hijos Nathaniel y Naomi, una familia conversa gracias a la intercesión de los santos. 

Disfrutaba sin límite... pero Santo Tomás estaba ahí

Durante su juventud, especialmente al concluir sus estudios, cayó en la cuenta de que sus conocidos "no actuaban como si de el cristianismo fuese real, muchos evitaban hablar de la fe, tenían relaciones sexuales, bebían demasiado alcohol y se drogaban".

Y él mismo Adam no tardó en caer. "Disfrutaba sin restricciones de las recreaciones que nuestro mundo ofrece. No estoy orgulloso. Como el hijo pródigo, llevé una vida de disipación que duró años", confiesa.

Pero también recuerda algunos "faros" que o bien le mantuvieron en la fe en aquella época oscura o bien se la presentaron.

Uno de ellos fue su propia universidad luterana, donde pudo aprender nociones básicas sobre Santo Tomás. Algo que le permitió, incluso estando alejado del cristianismo, salir en su defensa ante el argumento de que "creer en Dios es lo mismo que creer en Santa Claus".

"Salté en defensa del cristianismo, citando a Tomás de Aquino y su doctrina de que Dios no es otro ser en el universo, sino la fuente del ser mismo. Mi amigo quedó atónito", explica.

El hijo pródigo cooperando con la Gracia 

Y pronto se encendió otro faro. Se trataba de Rebekah, una bautista no practicante madre de un niño, Nathaniel.

Con ella Adam compartía sus nociones sobre la fe y el cristianismo, así como las crecientes dudas que crecían en su interior y para las que solo los autores católicos tenían respuesta.

Tras muchos años debatiendo sobre la fe y el catolicismo, "decidimos preguntar sobre RICA (el Rito de Iniciación Cristiana para Adultos) y poder convertirse a la fe junto a sus hijos".  

"Poco después Nathaniel se bautizó y se confirmó, bautizaron a Naomi y Rebekah y yo nos confirmamos y casamos", rememora.

Cuando explica los motivos profundos por los que se ha hecho católico, los resume fundamentalmente en dos, "Gracia y Verdad".

"Dios ofrece Su Gracia a todos, pero debemos cooperar con ella y responder a la llamada de Dios. A mí me ofreció muchas veces la gracia, pero durante años la evité, la ignoré y me apegué a las cosas del mundo. Pero como el hijo pródigo que reconoce su humillación, comencé a cooperar con ella. Le respondí a través de la sabiduría que aprendí de los padres de la Iglesia y los santos, pero también escuchando a los demás", menciona.  

"Tremendamente agradecido" a la intercesión de los santos

Sin embargo, el mismo Adam confiesa que aún después de haberse convertido y de pasar a formar parte de la Iglesia, aún permanecían dificultades como la veneración a la Virgen o la devoción a los santos, a los que rechazó durante años.

Cuenta que fueron los mismos santos los que, una vez convertido, acudieron en su ayuda: "Leer las Confesiones de San Agustín y la Historia de un alma de Santa Teresa de Lisieux hizo más profunda mi propia devoción a la oración, la misa y los sacramentos, y pronto comencé a reconocer a los santos como cristianos modelo, las personas que mejor ejemplificaban una vida dedicada a imitar a Cristo".

Una conclusión a la que también llegó por un profundo conocimiento de las Escrituras.

"Empecé a reconocer cómo comparan la buena imitación con la mala imitación. Cristo nos llama a imitarlo en la caridad y la humildad, a tomar nuestra cruz y seguirlo. Por contra, imitándose unos a otros en su odio a Cristo, una turba lo crucifica", explica.

En este sentido, llama a "seguir" a San Maximiliano de Kolbe cuando cambió su vida por un condenado, a la Madre Teresa dedicándose a "los más pobres entre los pobres" o a Santa Mónica, que se entregó en oración a la conversión esperanzada de su hijo, el futuro San Agustín". 

Destaca, por último, la oración como algo crítico en la búsqueda de la propia santidad.

"Cuando era luterano, nunca me dijeron que rezara por eso porque ya estaba salvado solo por la fe. A través de mi conversión y crecimiento en la fe, en la vida de los santos y en el estudio de la Teología, he aprendido a rezar diariamente por la gracia de vivir mi fe con caridad hacia Dios y el prójimo. Hoy estoy eternamente agradecido de rezar pidiendo la intercesión de aquellos que oran por nosotros en el cielo", concluye.

Fuente: Religión en libertad

martes, 1 de noviembre de 2022

Santo Evangelio 1 de Noviembre 2022

 


Texto del Evangelio (Mt 5,1-12a):

 En aquel tiempo, viendo Jesús la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos».



«Alegraos y regocijaos»


+ Mons. F. Xavier CIURANETA i Aymí Obispo Emérito de Lleida

(Lleida, España)

Hoy celebramos la realidad de un misterio salvador expresado en el “credo” y que resulta muy consolador: «Creo en la comunión de los santos». Todos los santos, desde la Virgen María, que han pasado ya a la vida eterna, forman una unidad: son la Iglesia de los bienaventurados, a quienes Jesús felicita: «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8). Al mismo tiempo, también están en comunión con nosotros. La fe y la esperanza no pueden unirnos porque ellos ya gozan de la eterna visión de Dios; pero nos une, en cambio el amor «que no pasa nunca» (1Cor 13,13); ese amor que nos une con ellos al mismo Padre, al mismo Cristo Redentor y al mismo Espíritu Santo. El amor que les hace solidarios y solícitos para con nosotros. Por tanto, no veneramos a los santos solamente por su ejemplaridad, sino sobre todo por la unidad en el Espíritu de toda la Iglesia, que se fortalece con la práctica del amor fraterno.

Por esta profunda unidad, hemos de sentirnos cerca de todos los santos que, anteriormente a nosotros, han creído y esperado lo mismo que nosotros creemos y esperamos y, sobre todo, han amado al Padre Dios y a sus hermanos los hombres, procurando imitar el amor de Cristo.

Los santos apóstoles, los santos mártires, los santos confesores que han existido a lo largo de la historia son, por tanto, nuestros hermanos e intercesores; en ellos se han cumplido estas palabras proféticas de Jesús: «Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,11-12). Los tesoros de su santidad son bienes de familia, con los que podemos contar. Éstos son los tesoros del cielo que Jesús invita a reunir (cf. Mt 6,20). Como afirma el Concilio Vaticano II, «su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad» (Lumen gentium, 49). Esta solemnidad nos aporta una noticia reconfortante que nos invita a la alegría y a la fiesta.


Los mozárabes mantuvieron la fe durante la dominación musulmana gracias a las raíces visigodas

 


Los mozárabes mantuvieron la fe durante la dominación musulmana gracias a las raíces visigodas

Monje visigodo escribiendo.

Una escena del documental 'La pérdida de Hispania', dirigido por Luis E. Togores y producido en 2018 por el Instituto CEU de Estudios Históricos.

Pablo Sierra López (Madrid, 1972) es párroco de Gerindote (Toledo), licenciado en Estudios Eclesiásticos, Antropología Social y Cultural y Máster en Filosofía. Ha impartido clases tanto de Religión Católica como de Filosofía en varios centros de Toledo. Es también miembro de Escritores.red.

Recientemente ha publicado Las raíces de nuestra fe. Espiritualidad y santidad en la España visigoda (Edibesa), donde podemos encontrar unas breves semblanzas de varios santos visigodos y, finalmente, algunos textos y oraciones de la época que pueden ser alimento para nuestra vida interior. 

-¿Cuáles han sido las mayores aportaciones de la espiritualidad visigoda a la fe católica en España? 

 -Aunque podamos hablar con toda razón de espiritualidades diversas según épocas o familias religiosas, no menos cierto es que hay una sola espiritualidad que es la vida en Cristo animada por el Espíritu Santo. Desde ese fundamento encontramos acentos y subrayados que nos van haciendo crecer hasta llegar a la plenitud en el amor que es la santidad.


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'Las raíces de nuestra fe. Espiritualidad y santidad en la España visigoda', de Pablo Sierra López.

»Aunque es la segunda parte del libro, la reseña de los santos visigodos ha sido el inicio de esta aventura. Primero me acerqué a la figura de San Julián, titular de la parroquia toledana en la que estaba destinado, y preparé una biografía novelada. Después, ya en el confinamiento, estando en la parroquia de Santa María de Majadahonda, hice lo mismo con San Eugenio, que había sido maestro de Julián. Y al prolongarse las semanas de confinamiento continué leyendo y escribiendo sobre todos estos santos y seleccionando fragmentos de sus escritos, que serán publicados más adelante, si Dios quiere. En el blog que publico en Infocatólica voy escribiendo acerca de esta época de nuestra historia tan desconocida.

-¿Qué podemos recuperar hoy de su legado?

-A la luz de la vida de los santos, quedaron iluminados algunos rasgos de la vida espiritual, importantes para ellos entonces y para nosotros hoy:

• la conversión como inicio de la vida cristiana;

• la importancia de la propia formación en el camino de conversión continua y de la formación de los demás en el proceso de transmisión de la fe, entendiendo la formación no sólo como transmisión de conocimientos sino como formar la imagen de Cristo en nosotros;

• el sentido de nuestra vida como consagración, de lo cual es un testimonio la vida en los monasterios, tan importantes en la época visigoda;

• la liturgia como expresión y alimento para la espiritualidad del Pueblo de Dios;

• y el ejemplo de los santos, con la Virgen y los mártires en primer lugar, que nos ayudan y estimulan en nuestro camino hacia la misma santidad en nuevas formas.

»No pretendo ser exhaustivo… Seguro que al acercarse a la vida cristiana de esta época, se pueden descubrir otros aspectos también interesantes y estimulantes.

»Sí que me atrevo a sostener la hipótesis de que los cristianos mozárabes mantuvieron la fe en el ambiente hostil de la dominación musulmana gracias a las profundas y fuertes raíces de vida cristiana de sus antepasados visigodos. 


Pablo Sierra López, sacerdote de la archidiócesis de Toledo.

-¿Cómo se produjo la conversión del rey Recaredo al catolicismo en el 589 con el III Concilio de Toledo? 

-Tanto en este libro como en los tratados de Historia de la Iglesia, se puede encontrar con más o menos amplitud la situación de tensión en la sociedad de la época por la fusión de visigodos e hispano-romanos. Mientras que los primeros profesaban el cristianismo arriano (herejía del siglo IV), los segundos eran cristianos católicos que profesaban el Credo de Nicea. Hubo momentos de tolerancia y libertad, pero también de tensión y cierta persecución como se ve en la vida de San Masona de Mérida o de San Leandro.

»La guerra entre Leovigildo y su hijo Hermenegildo también estuvo marcada por el arrianismo del padre y el catolicismo del hijo, que murió en la cárcel y es venerado como santo mártir. Más tarde, al llegar al trono Recaredo se produjo la unidad católica en el Concilio toledano del año 589, aunque su conversión y entrada en la Iglesia es anterior. 

'La conversión de Recaredo' (1888), óleo de Antonio Muñoz Degrain que se conserva en el Senado de España.


'La conversión de Recaredo' (1888), óleo de Antonio Muñoz Degrain que se conserva en el Senado de España.

-¿De qué modo la Iglesia influía o controlaba el poder visigodo o contribuía a la armonía entre facciones de nobles con intereses contrapuestos?

-Al hilo de la vida de los santos obispos visigodos podemos descubrir en el libro lo diferente que era su sociedad de la nuestra. No existía la separación entre el Estado y la Iglesia como la entendemos hoy día. Por eso fue tan importante la unidad religiosa, que Leovigildo intentó en el arrianismo y Recaredo consiguió en el catolicismo. Los reyes y nobles intervenían en la vida religiosa convocando concilios, nombrando obispos, exigiendo colaboración, etc., y los obispos y concilios dictaban leyes para el Reino, coronaban reyes, juzgaban en los conflictos, imponían penas, etc.

»Claro que había problemas y abusos, pero también hubo frutos abundantes de esa cristianización y humanización del poder político. Pienso que es importante no juzgar la historia desde nuestra mentalidad… 

-¿Cuál fue la causa de la crisis interna de la monarquía visigoda, la decadencia moral y debilidad de su pueblo, ejército y política también, y cómo contribuyeron las figuras destacadas en su libro a retrasarla o evitarla?

 -Toca a los historiadores responder a esas cuestiones… Yo me he acercado desde el campo de la espiritualidad y la hagiografía para buscar alimento para el alma… No creo que haya explicaciones simples a sucesos tan complejos como la caída de los reinos o las civilizaciones sino que habría una multitud de factores, como el empuje del Islam, las luchas de poder, la fragilidad de la monarquía electiva visigoda, las tensiones entre los nobles, las intrigas de pequeños grupos sociales, etc.

»Los santos que presentamos en el libro y tantos cristianos anónimos de aquella época seguro que pusieron su esfuerzo al servicio tanto de la ciudad terrena como de la eterna. El fruto de sus vidas no se mide en éxitos sociales o militares, sino en Gloria eterna. San Julián de Toledo murió solo veintiún años antes de que el ejército musulmán derrotara al rey don Rodrigo, que estaba en guerra civil con los descendientes de su antecesor Witiza… Pues este santo obispo había escrito poco antes su Prognosticon Futuri Saeculi acerca de las verdades eternas de nuestra fe, un importante tratado sobre escatología, que nos enseña a no temer la muerte y a esperar en los bienes de la Eternidad.

La Madonna de los bombardeos de Kiev: una joven madre con bebé se convierte en un icono católico



 La Madonna de los bombardeos de Kiev: una joven madre con bebé se convierte en un icono católico

Tetyana, la Madonna del Metro de Kiev

Tetyana Blizniak posa con su hijita, nacida 2 meses antes de la invasión rusa... ella es la Madonna del Metro de Kiev

Se cumplen 9 meses de guerra en Ucrania, una guerra que empezó en invierno y a la que vuelve de nuevo el invierno. Según Naciones Unidas, son ya 6.374 los civiles ucranianos que han muerto, y otros 9.776 han sido heridos. Los bombardeos contra población civil e instalaciones civiles de electricidad y gas se han multiplicado en octubre. Miles de ucranianos no pueden volver a sus casas.

Se cumplen también 9 meses de una foto icónica del inicio de la guerra, que ahora se ha convertido en un icono de verdad en iglesia católica.

Es la historia de una foto que se hizo viral, una mujer joven amamantando a su bebé en el metro de Kiev, huyendo de las bombas. Esta historia tiene un final razonablemente feliz, por ahora.

La joven madre se llama Tetyana Blizniak. El bebé es su hijita Marichka, que tenía 2 meses cuando empezó la guerra. Le hizo la foto el periodista húngaro Andras Feldes, de Telex, el mismo 25 de febrero, nada más empezar todo.



Tetiana Blizniak en el metro de Kiev, foto de Andras Feldes



Tetiana Blizniak amamanta en el metro de Kiev, foto de Andras Feldes que se convertiría en "La Madonna de Kiev".

El periodista la publicó en su Instagram. Era una madre amamantando a su bebé, sentada contra la fría pared de mármol del metro. Era como un signo de la vida que nutre, de la fuerza que protege, frente a la frialdad de la guerra que mata.

De la foto al icono

La foto se difundió mucho. La artista ucraniana Marina Solomennikova, que vio la foto en redes y en los noticiarios, sin saber nada del fotógrafo, la relacionó con un icono de la Virgen y el Niño. "Esta niña con un niño era un símbolo de todas las madres ucranianas que se ven obligadas a esconderse de las armas rusas en los refugios antiaéreos. La imagen de la mujer de la fotografía era tan inocente que, en mi opinión, brilla incluso sin ilustración", dice la artista.



Marina Solomennikova ilustra a Tetyana como una Virgen Madre, con el metro en su halo.

La pintora entonces le añadió el contexto de los trenes del metro de Kiev, con un halo sobre su cabeza. La pintora escribe en la imagen: "Mujeres ucranianas, las más valientes y fuertes".

Del icono civil a la capilla católica

La imagen llegó a Italia. Allí la vio un sacerdote jesuita ucraniano, Vyacheslav Okun, que estudia en Roma. Él animó a que esa imagen iconizada se colocara en una capilla de San Blas, en Nápoles, en la capilla lateral de un colegio de religiosas franciscanas. Así, ella enmarca un relicario, como un símbolo de maternidad protectora sobre la débil humanidad amenaza por el mal. Las niñas del colegio la ven en misa y en sus rezos.



El padre Vyacheslav, ucraniano en Roma, impactado por la simbología del icono.

Madonna de Kiev en la iglesia de San Blas en Nápoles


Madonna de Kiev en la iglesia de San Blas en Nápoles.

Lo que pasó después

La mamá del metro de Kiev, Tetyana Blizniak, se refugió en los túneles con su marido, su bebé y su perrito. La joven familia consiguió pronto huir y ubicarse en el oeste de Ucrania.

Pudo luego contar su historia en una serie de documentales cortos sobre mujeres en la guerra que ha difundido la TV greco-católica. En el documental explica que la niña nació el 8 de diciembre de 2021. "Fuimos una familia joven absolutamente feliz durante dos meses", dice Tetyana Blizniak.

En la mañana del 24 de febrero, como el resto de los kievitas, Tatiana y su esposo escucharon las explosiones, especialmente las del cercano aeropuerto de Boryspil. Esa noche, como tantos otros, se refugiaron en el metro. "Solo pude sentirme tranquila y segura una vez en el metro. Allí, con la manta en el suelo, entre la gente, comencé a alimentar al bebé", recuerda Tetyana.



Tetyana, su marido, su perrito, la bebé... en los andenes del metro.

La historia se difundió mucho y el jesuita considera (en declaraciones a la TV greco-católica ucraniana) que "fue obra de Dios, porque el icono se hizo popular entre la gente local, muchos italianos venían a rezarle. Quedó en uno de los altares laterales, donde permanece hasta el día de hoy”, dice el sacerdote.

"Yo trabajaba con iconos, y ahora mi imagen es el icono"

Resulta que Tetyana ¡sabe de iconos! Estudió en la Academia de Artes de Leópolis, aprendió a dibujar iconos y se graduó en restauración de obras de arte. Eso le parece divertido: "Antes yo trabajaba con iconos y ahora mi imagen se ha convertido en un icono".

Tetyana hace una interpretación del simbolismo en clave de nación. "La imagen de una madre que protege a un niño es la imagen de todas las madres ucranianas que sufrieron esta guerra. Esta es la imagen de Ucrania como nuestra madre", considera.

A 23 de octubre, la Fiscalía General de Ucrania daba cifras de niños muertos y heridos en la guerra: 430 niños muertos, 820 heridos. Algunos de los niños heridos se recuperan en el Hospital Infantil del Papa, en Roma. Allí sus madres hablan con la prensa italiana. Detrás de la simbología hay dolor real.

Pero el padre Vyacheslav recuerda un simbolismo más amplio. "La imagen de Tetyana con su hija refleja la imagen de la Madre de Dios con Jesús. Por eso es cercano a los cristianos. En un tiempo, María con Jesús y su padre terrenal José también se vieron obligados a huir del peligro por la agresión del rey Herodes, quien temía por su trono. También eran refugiados”, recuerda. Quien ha sufrido con María y el pequeño Jesús, está llamado a sufrir con todos los que sufren y huyen de la violencia.

Tetyana Blizniak, la "Madonna de Kiev", cree que esta advocación, como la función de ser madre, es honorable, pero, en estos días, es triste y dolorosa.

Documental en 8 minutos en ucraniano sobre la historia de Tetyana; ella, en pijama con la niña, y en la iglesia, explica lo que vivió; el padre Vyacheslav cuenta su significación en Italia.



(Publicado originariamente en el portal de noticias marianas CariFilii)