sábado, 4 de septiembre de 2021

Hadjadj: hemos pasado de la libertad sexual a la hipervigilancia de «meter un notario en la cama»



 Hadjadj: hemos pasado de la libertad sexual a la hipervigilancia de «meter un notario en la cama»

Fabrice Hadjadj 

El Congreso Internacional “50 años de mayo del 68. Una época de cambios, un cambio de época” tuvo lugar en noviembre de 2018 en la Universidad Francisco de Vitoria, en Madrid. Entre los principales ponentes se encontraba Fabrice Hadjadj, brillante y provocador pensador católico, que intervino con una conferencia titulada “La restauración de la carne”. En ella, con una rabiosa actualidad, reivindicó el "papel de la carne" frente a filosofías espiritualistas, puesto que la carne es el lugar en donde descubre la miseria y de la misericordia, la donación y perdón, y que Dios usó para la salvación del hombre.

Hadjadj se ha negado a mirar el pasado con nostalgia afirmando que por algo “Dios me ha puesto aquí y ahora, en este tiempo, con una misión concreta”. De hecho comentó que él es hijo de padres del 68, incluso militantes maoístas. Ya previamente, el presentador de Fabrice Hadjadj en el Congreso, el profesor Angel Barahona, lo había comentado al igual que es converso del judaísmo y tiene 8 hijos.

La cultura de la muerte

El pensador francés comento que el mayo del 68 trajo también cosas positivas, al menos de forma indirecta: “Necesitamos herejías para ayudarnos a crecer. El Mayo 68 nos ayudó a plantearnos preguntas más profundas sobre épocas anteriores”. “El 68 es un síntoma, no es el problema en sí mismo -explicó-. La cultura de la muerte ya existía antes del 68. Y existía en familias católicas”, y señaló el ejemplo clásico de la hija que se queda embazada fuera del matrimonio. Situaciones de estas eran vistas como una desgracia: ya entonces era la cultura de la muerte.



Fabrice Hadjadj, durante su presentación en el Congreso

Lo mismo sucede con la ideología de género. Es también un síntoma o una consecuencia del algo anterior y explosiona ahora. La realidad es que las mujeres han llevado un combate de un problema que ya existía antes y que comienza con el liberalismo, al cual no le importa los hombres o las mujeres, sino solo que haya personas que trabajen. Se trata, por tanto, de una sociedad sin sexo o con un solo sexo, y en donde se olvida la diferencia sexual.

De hecho en la Iglesia sucede algo similar. Dios se plantea siempre en masculino y los creyentes en femenino. En nuestra relación con Dios, él toma la iniciativa de acercarse y los fieles lo hacen como acogida, luego Dios es visto en clave masculina y los fieles en femenino.

Los 'muros' del siglo XXI

Hoy como en mayo del 68 –ha subrayado Hadjadj- se sigue escribiendo en los muros, aunque los nuevos muros son los de Facebook y Twitter. Es sorprendente, eso sí, que hayamos pasado de una liberalización extrema de la sexualidad a querer controlarlo todo, a la hipervigilancia del acto sexual. Y, en este sentido, ha puesto el ejemplo de una aplicación para móvil dedicada a contactos en el que cada perfil detalla qué parte del cuerpo se puede tocar y cual no: para cual sí se da un consentimiento, y para cual no. En el marco de la revolución sexual del 68 se ha pasado de la liberalización sexual “a meter al notario en la relación íntima”, con una total “hipervigilancia”.

Dentro de estas paradojas también habló que la liberalización sexual lo que realmente hace es convertir a la mujer en objeto. En 1967, en Francia, se legalizan los anticonceptivos con la idea de controlar la fertilidad, pero lo que verdaderamente consigue es someter a la mujer a la tecnología con las graves consecuencias que tiene y que ya se han presentado en este mismo congreso.

Carne, donación y apertura

Hadjadj ha concluido haciendo un alegato en favor de la carne. La carne es donde se da la donación y la apertura, es donde se dan los sentimientos, donde descubrimos el mundo exterior y a uno mismo. Es también el lugar de la vulnerabilidad, y en donde se produje el dolor y el placer.

Podemos tener una buena relación con la carne, explicó Hadjadj, sobre todo después de conocer el misterio de la Encarnación y la Resurrección de Cristo. La carne es el lugar de la miseria y de la misericordia, no como los ángeles caídos con los cuales no hubo misericordia. El cuerpo es, por tanto, el lugar de la donación y perdón.

De la actual crisis antropológica del mayo del 68 no podemos salir con el espiritualismo ni de la mano de ningún tipo de filosofía, hay que restablecer la esperanza en las personas y entender que si el Verbo se hizo carne, es porque la carne es buena.

Este artículo fue publicado en Religión en Libertad el 10 de noviembre de 2018

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 3 de septiembre de 2021

Santo Evangelio 3 de Septiembre 2021

 


Texto del Evangelio (Lc 5,33-39):

 En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».



«¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?»


Rev. D. Frederic RÀFOLS i Vidal

(Barcelona, España)

Hoy, en nuestra reflexión sobre el Evangelio, vemos la trampa que hacen los fariseos y los maestros de la Ley, cuando tergiversan una cuestión importante: sencillamente, ellos contraponen el ayunar y rezar de los discípulos de Juan y de los fariseos al comer y beber de los discípulos de Jesús.

Jesucristo nos dice que en la vida hay un tiempo para ayunar y rezar, y que hay un tiempo de comer y beber. Eso es: la misma persona que reza y ayuna es la que come y bebe. Lo vemos en la vida cotidiana: contemplamos la alegría sencilla de una familia, quizá de nuestra propia familia. Y vemos que, en otro momento, la tribulación visita aquella familia. Los sujetos son los mismos, pero cada cosa a su tiempo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán...» (Lc 5,34).

Todo tiene su momento; bajo el cielo hay un tiempo para cada cosa: «Un tiempo de rasgar y un tiempo de coser» (Qo 3,7). Estas palabras dichas por un sabio del Antiguo Testamento, no precisamente de los más optimistas, casi coinciden con la sencilla parábola del vestido remendado. Y seguramente coinciden de alguna manera con nuestra propia experiencia. La equivocación es que en el tiempo de coser, rasguemos; y que durante el tiempo de rasgar, cosamos. Es entonces cuando nada sale bien.

Nosotros sabemos que como Jesucristo, por la pasión y muerte, llegaremos a la gloria de la Resurrección, y todo otro camino no es el camino de Dios. Precisamente, Simón Pedro es amonestado cuando quiere alejar al Señor del único camino: «¡Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» (Mt 16,23). Si podemos gozar de unos momentos de paz y de alegría, aprovechémoslos. Seguramente ya nos vendrán momentos de duro ayuno. La única diferencia es que, afortunadamente, siempre tendremos al novio con nosotros. Y es esto lo que no sabían los fariseos y, quizá por eso, en el Evangelio casi siempre se nos presentan como personas malhumoradas. Admirando la suave ironía del Señor que se trasluce en el Evangelio de hoy, sobre todo, procuremos no ser personas malhumoradas.

Era atea, «amargada y molesta» hasta que Dios la llamó: «Voy a ser misionera hasta que me muera»

 


Era atea, «amargada y molesta» hasta que Dios la llamó: «Voy a ser misionera hasta que me muera»

Ivone Mieles. 

De un profundo ateísmo, Ivone Mieles pasó a dedicar su vida como misionera después de consagrarse a la Virgen.

Ivone Mieles tiene 25 años y hasta enero vivía en su Ecuador natal, donde tenía un buen trabajo como politóloga. Siempre le gustó estudiar y quería a su familia, sin embargo, en la escuela, conoció algunas corrientes filosóficas que le cambiaron por completo: quería ser independiente y se volvió triste, depresiva y se alejó de la fe hasta volverse atea por completo.

El divorcio de sus padres le hizo acudir desolada a Cristo y con 16 años, escuchó una llamada que ha venido a seguir desde Madrid: es misionera, y cómo cuenta en Mater Mundi, lo será para siempre.

Cautivada por una peligrosa corriente filosófica

Ivone nació y se crio en Ecuador. En su país natal, dice, “la mayoría de las familias son católicas pero no practican su fe”.

En su caso, su familia iba a misa tan solo en las fiestas importantes o tras el fallecimiento de un ser querido. “Hicimos los sacramentos porque era parte del ritual familiar. De hecho, yo hice la comunión obligada, y lo último que tenía en la cabeza cuando recibí a Jesús era precisamente Él”, explica.

Durante su adolescencia, a Ivone siempre le gustó mucho estudiar, y atendía especialmente a las explicaciones en su clase de filosofía. “Durante una explicación, me enamoré de una corriente que me volvió atea”, explica. “Era un colegio católico, y cuando rezábamos, yo no decía nada. Primero dejé de creer en la Iglesia y finalmente de rezar, incluso las pocas oraciones que mis padres me habían enseñado”.

Creía que siendo independiente podría ser su propio dios

“Aquella filosofía me hacía pensar que yo era mi propio Dios, independiente, capaz de decidir todo lo que pasase en mi vida. Me rodeé de un grupo de amigos que apoyaban ese abandono de la fe, y me volví depresiva, triste y solitaria”, confiesa.

“En el colegio, tenía un compañero muy bueno que siempre me invitaba a apostolados con niños, pero por mi nueva forma de pensar era tan materialista que siempre le decía que no. `Los domingos son para descansar´”, pensaba irónicamente.

Sin embargo, tras la separación de sus padres, se desvanecieron aquellas promesas de independencia. “Mi nueva forma de pensar no me daba ningún consuelo. Pensaba que era mi propio Dios, pero no podía manejar todo lo que me ocurría”.

Vio el rostro de Dios reflejado en los pobres

Ivone pensó que lo último que necesitaba era estar en casa encerrada. "Acabé acercándome a Dios, pero por necesidad. No regresé por echarle de menos, sino porque le necesitaba para sobrellevar el divorcio de mis padres y por huir de casa”.

Cuando Ivone accedió y se preparaba para ir, “no tenía expectativas de nada. Allí vi a muchísimos niños y familias pobres, y cuando llegábamos a visitarlos tenían una alegría indescriptible”.

“Yo pensaba: `¿por qué se alegran, si solo somos… nosotros?´ Me impactó que fuesen felices con tan poco. Yo veía el rostro de Dios reflejado en esos niños, y ellos me llevaron a la Iglesia, a Roma. En ese apostolado conocí a Jesús”. Aquella experiencia transformó su vida.

Ivone, que había abandonado la poca práctica religiosa de la escuela, comenzó a frecuentar todo tipo de doctrinas. “Mormones, evangélicos, Testigos de Jehová… pero nadie tenía respuesta a mis preguntas hasta que volví a la Iglesia". 

El catecismo se convirtió en mi mejor amigo

Para la joven, que solo se había confesado una vez en toda su vida, “nada fue de la noche a la mañana, fue un proceso: volver a confesarme, entender por qué tenía que ir a misa los domingos… fueron muchas cosas. Tenía tantas ideas en la cabeza por aquellas filosofías de la escuela que tenía grandes dudas de fe, y entender lo que enseñaba la Iglesia me costaba mucho. Por eso, el catecismo se convirtió en mi mejor amigo”.

Desde entonces, comenzó a ir a misa sin si quiera saber las oraciones de los fieles. “Le pedí a una amiga una chuleta con las oraciones para poder leerlas en la Iglesia y desde aquel momento, decidí meterme de lleno en la Iglesia”.

“Cambió toda mi vida”, explica. “Continué yendo al apostolado con niños todos los domingos durante años, y me di cuenta del cambio. Cuando entré era una persona amargada y molesta, y dos años después, salí feliz”.

Ivone en Lazos de Amor Mariano. 



María para llegar a Jesús: "Lo que yo estaba buscando"

Un día, en la escuela, se fijó en que la misma amiga que le había hecho la chuleta con oraciones estaba muy rara. “Había ido a un retiro. Le había tocado tanto el corazón que seguía reflexionando, y comenzó un curso de consagración a la Virgen con Lazos de Amor Mariano. Empezó a invitarnos a todas las amigas, y de 18 que éramos en el curso, nos apuntamos siete para consagramos”.

Poco después, la misma amiga le regaló el Tratado de la Verdadera Devoción a la Virgen María, de San Luis María Grignion de Montfort. “Empecé a leerlo antes de comenzar el curso de consagración. Me impactaron las palabras sobre la necesidad de María para llegar a Jesús y pensé: esto es lo que yo estoy buscando”.

Tras conocer a Jesús, no pudo esperar: misionera para siempre

Entonces Ivone sentía que “quería seguir siendo más de María”, y comenzó a hacer la consagración con Lazos de Amor Mariano. “Veía a mis preparadoras y me encantaba su forma de vivir, e hice el curso con ellos”.

Al terminar, quedó impactada por la consagración. Tanto, que se hizo misionera de Lazos de Amor Mariano. “Conocí a Dios cuando tenía 16 años y no pude esperar. Ahora tengo 25 y no me arrepiento de ningún instante. En Ecuador tenía un buen trabajo junto a un político, y renuncié a eso porque Dios me lo pedía. Ahora soy feliz dedicándome a las misiones, y voy a ser misionera hasta que me muera”, concluye.




Testimonio completo de Ivone Mieles en Mater Mundi. 

jueves, 2 de septiembre de 2021

Santo Evangelio 2 de Septiembre 2021

 


Texto del Evangelio (Lc 5,1-11):

 En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.




«Boga mar adentro»


Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez

(Rubí, Barcelona, España)

Hoy día todavía nos resulta sorprendente comprobar cómo aquellos pescadores fueron capaces de dejar su trabajo, sus familias, y seguir a Jesús («Dejándolo todo, le siguieron»: Lc 5,11), precisamente cuando Éste se manifiesta ante ellos como un colaborador excepcional para el negocio que les proporciona el sustento. Si Jesús de Nazaret nos hiciera la propuesta a nosotros, en nuestro siglo XXI..., ¿tendríamos el coraje de aquellos hombres?; ¿seríamos capaces de intuir cuál es la verdadera ganancia?.

Los cristianos creemos que Cristo es eterno presente; por lo tanto, ese Cristo que está resucitado nos pide, no ya a Pedro, a Juan o a Santiago, sino a Jorge, a José Manuel, a Paula, a todos y cada uno de quienes le confesamos como el Señor, repito, nos pide desde el texto de Lucas que le acojamos en la barca de nuestra vida, porque quiere descansar junto a nosotros; nos pide que le dejemos servirse de nosotros, que le permitamos mostrar hacia dónde orientar nuestra existencia para ser fecundos en medio de una sociedad cada vez más alejada y necesitada de la Buena Nueva. La propuesta es atrayente, sólo nos hace falta saber y querer despojarnos de nuestros miedos, de nuestros “qué dirán” y poner rumbo a aguas más profundas, o lo que es lo mismo, a horizontes más lejanos de aquellos que constriñen nuestra mediocre cotidianeidad de zozobras y desánimos. «Quien tropieza en el camino, por poco que avance, algo se acerca al término; quien corre fuera de él, cuanto más corra más se aleja del término» (Santo Tomás de Aquino).

«Duc in altum»; «Boga mar adentro» (Lc 5,4): ¡no nos quedemos en las costas de un mundo que vive mirándose el ombligo! Nuestra navegación por los mares de la vida nos ha de conducir hasta atracar en la tierra prometida, fin de nuestra singladura en ese Cielo esperado, que es regalo del Padre, pero indivisiblemente, también trabajo del hombre —tuyo, mío— al servicio de los demás en la barca de la Iglesia. Cristo conoce bien los caladeros, de nosotros depende: o en el puerto de nuestro egoísmo, o hacia sus horizontes.


«Lo primero, antes que las medallas, glorificar a Dios», afirma atleta paralímpica norteamericana

 


«Lo primero, antes que las medallas, glorificar a Dios», afirma atleta paralímpica norteamericana

Jenna Fasemayer, deportista paralímpica y conversa al catolicismo

Jenna Fesemyer es una atleta norteamericana de 24 años en silla de ruedas que participa en los Juegos Paralímpicos de Tokio. Es originaria de Ravenna, Ohio, aunque vivió en una residencia católica, la Newman Hall, cuando estudiaba Kinesiología y Comunicación en la Universidad St. John, en Illinois. En la Newman Hall, además de por ser deportista de élite, se la conoce como “nuestra Jenna” por su actitud alegre, académica, de liderazgo y de testimonio por su recién descubierta fe católica. En palabras del capellán del centro a The Catholic Post, el periódico de la Diócesis de Peoria, Illinois, el padre Chase Hilgenbrinck, “ella está viviendo la plenitud de la vida”.

Fesemyer, que nació sin la pierna izquierda y la cavidad de la cadera debido a una rara enfermedad congénita, confiesa que “debo mucho de mi éxito al apoyo que he recibido durante mi tiempo en el centro Newman de la universidad de St. John”, en donde ha vivido y trabajado hasta el pasado mes de junio, momento en el que logró el objetivo de clasificarse  para acudir a Tokio a competir en las carreras de 1.500 metros, 5.000 metros y maratón.


Jenna Fasemayer, corriendo en su silla de ruedas

Entre sus primeras declaraciones nada más clasificarse, Jenna explicó a The Catholic Post, que “puedo decir con confianza que mi fe y el apoyo que he recibido del personal y los estudiantes de St. John han sido fundamentales en este viaje”. Y el Newman Center también ha sido fundamental en su periplo hacia la fe.

Descubriendo la fe católica

Jenna se educó en la fe en una iglesia evangélica y eligió la residencia universitaria de Newman Center porque era accesible y estaba cerca del lugar donde entrenaban los deportistas de su universidad. Pero no supo hasta que llegó que era una organización católica: “Fue una gran sorpresa cuando llegamos y vimos sacerdotes y religiosos moviendo cajas. Mi familia, todos, nos miramos y pensamos: ‘¿Qué hemos hecho?’”. Ahora reconoce que fue Dios quien hizo algo.

En el segundo semestre de su primer año, ella y su compañera de cuarto participaron en un retiro de Koinonía. Fue su primera experiencia con la adoración y la Misa, y su curiosidad por la fe católica se encendió. El fuego fue avivado por el sentido de comunidad que ya había experimentado en Newman Hall. Era el Señor que la llamaba a estar más cerca. Jenna asistió al programa Rito de Iniciación Cristiana para Adultos en la Universidad e ingresó a la Iglesia Católica el Domingo de la Divina Misericordia de 2017, una semana después que sus compañeros de clase, porque competía en el Maratón de Boston durante el fin de semana de Pascua. Como ella misma afirma: “El Domingo de la Divina Misericordia ocupa un lugar muy especial en mi corazón”.

Por el deporte hacia la fe

Su madre era una atleta universitaria y más tarde profesora de gimnasia y entrenadora de secundaria, y Jenna heredó su espíritu competitivo. Con su prótesis, la joven Jenna jugó voleibol, baloncesto y lanzó el disco en la escuela secundaria, y también se convirtió en una buena golfista.

Cuando Ohio abrió su pista estatal a las carreras en silla de ruedas, Jenna se convirtió en una pionera, ganando 12 medallas de oro. “No sabía que esto sería una puerta abierta para venir a la Universidad de Illinois y, en última instancia, a mi vida como católica”.




Conversa y apóstol

“No podría estar más feliz por Jenna, ya que ha logrado una meta que ha estado apuntando durante mucho tiempo”, explica el padre Robert Lampitt, capellán del Newman Center, al semanario católico The Catholic Post. “Y, sin embargo, la forma en que da un testimonio fiel a los estudiantes es lo que realmente me impresiona”. “Ella nos muestra a todos lo que la verdadera perseverancia y la fe en Cristo pueden lograr, ya sea compitiendo en eventos o creciendo en santidad. Y lo hace todo con mucha gracia y humildad…”.

Lo más importante para esta deportista

Fesemyer ha entrenado innumerables horas para hacerlo bien en Tokio y se siente honrada de representar a los Estados Unidos allí. Pero las medallas no son su mayor meta: “Glorificar a Cristo es lo primero, siempre. No estaría donde estoy hoy si no mirara a Cristo en mi momento de necesidad o duda. Cuando nos volvemos a Cristo, nuestras alegrías se multiplican”, explica Jenna, quien a veces reza el rosario mientras participa en un maratón.

“Ella es nueva en el catolicismo, pero no es nueva en su amor por Jesús”, dijo el padre Hilgenbrinck. “Ese amor, su relación con el Señor, siempre ha estado presente y ella siempre ha buscado profundizar”.



Ser una inspiración

Algo que Fesemyer no le gusta mucho es que la consideren una inspiración. “Tengo sentimientos encontrados sobre la palabra 'inspiración'”. “Aprecio los comentarios y los atesoro, pero quiero preguntarle a la gente ‘¿Por qué?’ ¿Es porque tengo una discapacidad y otros están eligiendo tan abiertamente verme de manera diferente? No me percibo a mí mismo como diferente. Sé que tengo una discapacidad, pero prefiero ser una inspiración debido a las adversidades que he superado como atleta, estudiante… equilibrando todas“.

Y así es exactamente como se la ve en Newman Hall. Pero Jenna omitió algunas razones adicionales. “Tiene una personalidad realmente contagiosa”, explica el padre Hilgenbrinck. “Ella es muy alegre”. Ella también es una evangelizadora, incluso liderando, y animando a otros a asistir al retiro de Koinonía que significó tanto para ella.

El siguiente paso es la escuela de posgrado y estudios en Organización y Liderazgo de políticas educativas con un enfoque en asuntos estudiantiles. Fesemyer espera ser un recurso para los estudiantes en el campus. No le preocupa el cómo, cuándo o dónde, sabiendo que está en el camino correcto: “Dios nunca me ha defraudado en el pasado cuando se trata de averiguar mi camino”, dijo con esa sonrisa característica de la medalla de oro.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 1 de septiembre de 2021

Santo Evangelio 1 de Septiembre 2021

 


Texto del Evangelio (Lc 4,38-44):

 En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo.

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.



«Poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy nos encontramos ante un claro contraste: la gente que busca a Jesús y Él que cura toda “enfermedad” (comenzando por la suegra de Simón Pedro); a la vez, «salían también demonios de muchos, gritando» (Lc 4,41). Es decir: bien y paz, por un lado; mal y desesperación, por otro.

No es la primera ocasión que aparece el diablo “saliendo”, es decir, huyendo de la presencia de Dios entre gritos y exclamaciones. Recordemos también el endemoniado de Gerasa (cf. Lc 8,26-39). Sorprende que el propio diablo “reconozca” a Jesús y que, como en el caso del de Gerasa, es él mismo quien sale al encuentro de Jesús (eso sí, muy rabioso y molesto porque la presencia de Dios perturbaba su vergonzosa tranquilidad).

¡Tantas veces también nosotros pensamos que encontrarnos con Jesús es un estorbo! Nos estorba tener que ir a Misa el domingo; nos inquieta pensar que hace mucho que no dedicamos un tiempo a la oración; nos avergonzamos de nuestros errores, en lugar de ir al Médico de nuestra alma a pedirle sencillamente perdón... ¡Pensemos si no es el Señor quien tiene que venir a encontrarnos, pues nosotros nos hacemos rogar para dejar nuestra pequeña “cueva” y salir al encuentro de quien es el Pastor de nuestras vidas! A esto se le llama, sencillamente, tibieza.

Hay un diagnóstico para esto: atonía, falta de tensión en el alma, angustia, curiosidad desordenada, hiperactividad, pereza espiritual con las cosas de la fe, pusilanimidad, ganas de estar solo con uno mismo... Y hay también un antídoto: dejar de mirarse a uno mismo y ponerse manos a la obra. Hacer el pequeño compromiso de dedicar un rato cada día a mirar y a escuchar a Jesús (lo que se entiende por oración): Jesús lo hacía, ya que «al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario» (Lc 4,42). Hacer el pequeño compromiso de vencer el egoísmo en una pequeña cosa cada día por el bien de los otros (a eso se le llama amar). Hacer el pequeño-gran compromiso de vivir cada día en coherencia con nuestra vida cristiana.

Hubo boda a pesar del coronavirus pero les cancelaron el convite, el viaje y gran parte de invitados


 Hubo boda a pesar del coronavirus pero les cancelaron el convite, el viaje y gran parte de invitados

Carmen y Gus se han casado con apenas 25 y 27 años respectivamente. Lo hicieron el 14 de marzo de 2020, el mismo día que se decretó el estado de alarma en toda España, en el Monasterio de Sant Cugat, en Barcelona. En esta entrevista nos cuentan cómo fueron llegando las cancelaciones de los invitados, qué pasó con el viaje de novios y muchos detalles más. Pero sobre todo brillan unas palabras referidas al Evangelio de la Misa (Mt 6, 25-34), el de los no estar agobiados por la vida y ser como las aves del cielo o los lirios del campo: “Al sacerdote le explicamos que habíamos elegido esta lectura porque en nuestro noviazgo había sido especialmente importante la confianza en Dios y el seguir sus planes y no los nuestros, y era algo que queríamos tener especialmente presente en nuestro matrimonio”, nos comentan.

Vosotros teníais fecha y decidisteis no cambiarla a riesgo de que no acudieran muchos invitados. Todo un riesgo social, ¿no creéis?

- La verdad es que sí. Pero en nuestro caso, la evolución de los hechos se dio rapidísimo y casi no nos dio tiempo a asimilar lo que iba pasando. Cinco días antes de la boda teníamos que confirmar al restaurante el número de comensales y hasta ese momento nadie nos había cancelado o expresado su preocupación por el COVID-19, y nuestra única preocupación era que pudiesen cerrar la frontera del país al que nos íbamos a ir de viaje de novios. No fue hasta el jueves 12 a media tarde, a menos de dos días de la boda, que empezó el aluvión de cancelaciones, llegando a cancelar en una tarde 30 o 40 personas.

- ¿Cómo tomasteis la decisión? ¿Cómo fue el ‘¡Venga, pues nos casamos!’ a lo Romeo y Julieta los dos solos y el sacerdote?

- Por suerte para nosotros, el primer día de crisis por las cancelaciones teníamos prevista una adoración con familiares y amigos para rezar por nuestro futuro matrimonio, y fue el momento en el que pudimos rezar y discernir que íbamos a seguir adelante con la boda, aunque tuviese que ser en el jardín de casa con el sacerdote y dos testigos.


- ¿Puedes explicarme un poco más qué era lo importante para vosotros?

- Te explico. Durante el viernes por la mañana, seguían llegando las cancelaciones y los que no cancelaban nos escribían para confirmar si la boda seguía en pie. Nos vimos en la situación de tener que hacer un comunicado a todos los invitados para informar de nuestra decisión de seguir adelante y transmitir tranquilidad a los que estuviesen planteándose no asistir. A las 11 de la mañana habíamos quedado en la finca para reorganizar las mesas tras las cancelaciones. Pero una vez reorganizadas, y ya en el salón colocando los nombres y detalles para los invitados, volvían a producirse tantas cancelaciones nuevas que teníamos que reorganizar las mesas otra vez…

- En ese momento decidimos hacer sitios libres en el banquete, dejar de preocuparnos por el número de invitados que iban a venir, la logística, y centrarnos y prepararnos para el paso que íbamos a dar.

- ¿No se os pasó por la cabeza, aunque fuera por un momento, aplazar la ceremonia?

- Cuando el jueves tuvimos que decidir qué íbamos a hacer, obviamente una de las opciones fue aplazarla. Principalmente, porque con la situación de incertidumbre, no podíamos valorar la gravedad de la situación. También nos pesaba el desprendernos de la presencia de amigos y familiares que no iban a poder acompañarnos en ese día y nos inquietaba la posibilidad de que pudiese haber contagios entre los invitados. Por ese motivo, también, en el comunicado que hicimos quisimos recalcar que no queríamos que nadie viniese por compromiso con nosotros o angustia ante el contagio, y que libremente decidiesen si querían venir o no.

- ¿Qué os dijeron en el restaurante?

- Los días previos a la boda estuvimos muy en contacto con el restaurante y por ambas partes estábamos decididos a seguir adelante. Unas horas antes de empezar la ceremonia, a pesar de no haberse decretado el estado de alarma aún, la policía se presentó en el restaurante ordenando un cese de actividad, y sobre las 10 de la mañana nos informaron de que no iban a poder recibirnos.



Banquete de bodas de Carmen y Gus, aún era impensable la distancia social o el uso de mascarillas

- ¿Y el convite dónde fue, entonces? ¿Cómo salisteis al paso?

- Al comunicarnos que no iban a poder recibirnos en la finca, el padre de Carmen pidió que llevasen la comida prevista para la boda a modo de catering a su casa. Una vez finalizó la ceremonia, se informó a los invitados de que no había convite en la finca prevista y que el que quisiera estaba invitado a celebrarlo en casa de Carmen.

» Los invitados que vivían cerca, tras la ceremonia, fueron a buscar mesas, sillas y altavoces y lo prepararon todo mientras nosotros acabábamos con el reportaje fotográfico. Fue muy bonito ver cómo los invitados se volcaban e involucraban en preparar todo para que pudiésemos celebrar la boda y nos sentimos súper acompañados en todo momento. Tanto por los que estaban allí como por los que, aunque no pudieron venir, nos mostraron su afecto con oraciones, mensajes y detalles de apoyo.

» A pesar de las circunstancias, pudimos invitar a comer a todos los que vinieron y hacer una fiesta improvisada.

- El viaje de novios, claro, también se vería trastocado…

- Iba a ser a Sri Lanka, pero dadas las circunstancias tuvimos que cancelarlo. Ahora mismo no sabemos cuándo podremos hacerlo, pero la idea es aplazarlo para cuando toda esta situación haya pasado.

- Supongo que, junto a la alegría de casaros, también estaría la pena por no haber tenido entre vosotros a familiares que no pudieran llegar…

- Por supuesto. Fue muy duro no contar con muchos familiares y amigos, y ver que ellos también lo estaban pasando mal al tener que tomar esa decisión.

- ¿Qué os dijo el sacerdote en la homilía sobre esta boda tan preparada y a la vez tan distinta a lo que pensabais?

- Preparando unos meses antes la ceremonia, el P. Rafel nos preguntó por qué habíamos escogido ese Evangelio para nuestra boda (Mt 6, 25-34). Le explicamos que en nuestro noviazgo había sido especialmente importante la confianza en Dios, seguir sus planes y no los nuestros, y era algo que queríamos tener especialmente presente en nuestro matrimonio.

» Por ese motivo, en la homilía, el P. Rafael subrayó que algo que habíamos escogido tantos meses atrás se había hecho tan presente en la celebración de nuestro matrimonio. La confianza en que nuestro matrimonio era fruto de los planes de Dios y no de los propios fue lo que nos animó y nos dio también paz para seguir adelante.



- ¿Y vuestros padres?

- Nos apoyaron al 100%. Nos transmitieron que estarían con nosotros decidiésemos seguir adelante o atrasar. Fueron un apoyo muy importante para nosotros.

- ¿Qué lecciones sacas de esta boda? Se supone que es el “día más feliz de vuestras vidas”…

- La verdad es que aunque los nervios y la incertidumbre que pasamos los dos días antes de la boda fueron intensos, una vez pasada la boda, nos dimos cuenta de que gracias a esta situación nos habíamos visto forzados a desprendernos de todo lo accesorio al sacramento: desde cosas como la celebración, la fiesta o el viaje, hasta cosas como tener a ciertos amigos y familiares junto a nosotros.

» Esta situación nos permitió centrarnos en el sacramento y en el paso que íbamos a dar. Además, gracias a Dios, tuvimos la gran suerte de que, a pesar de las circunstancias, pudimos casarnos y celebrarlo con muchos familiares y amigos y nos ha quedado un recuerdo inolvidable de ese día.

Este artículo fue publicado en Religión en Libertad el 17 de junio de 2020