jueves, 26 de septiembre de 2019

Esta joven de 34 años ha realizado su profesión perpetua como religiosa misionera

Sydney Moss, el día de su profesión religiosa perpetua como hermana salesiana que se celebró el mes pasado / Fotos de las Hermanas Salesianas

Esta joven de 34 años ha realizado su profesión perpetua como religiosa misionera

Con LifeTeen conoció a Cristo y tras ir las misiones dijo «sí»: ya evangeliza a jóvenes como monja

Sydney Moss, el día de su profesión religiosa perpetua como hermana salesiana que se celebró el mes pasado 

El pasado mes de agosto la joven Sydney Moss, natural del estado de Arizona, al fin cumplía su sueño de realizar la profesión solemne como religiosa salesiana. A partir de ahora ya centra su vida totalmente en la oración y a la evangelización de los más jóvenes en cualquier parte del mundo donde pueda ser necesaria su presencia, uniéndose así a un ejército de 13.000 religiosas de la congregación fundada por San Juan Bosco y Santa María Mazzarello.

Ella misma participó desde muy joven en la evangelización juvenil, primero como una adolescente que profundizó en la fe gracias a LifeTeen, un novedoso método de evangelización en las parroquias y que en España en este momento está multiplicándose rápidamente, y después como catequista de este mismo grupo.

Los jóvenes y la misión, sus dos pasiones

“Trabajar con jóvenes y la labor misionera han sido mis dos pasiones desde la escuela secundaria”, afirma esta joven religiosa de 34 años. Y es que además de la evangelización que recibió a través de LifeTeen, las experiencias misioneras que realizó en varias ocasiones fueron forjando en ella la vocación a la que finalmente ha dicho “sí”.

De momento, Sydney realizará su labor en una parroquia del sur de Los Ángeles y además será la directora de un programa que prepara a jóvenes adultos para ir a la misión.


El papel de la parroquia en su adolescencia

En la emocionante ceremonia de sus votos perpetuos estaban además de sus familiares, muchos de sus amigos y numerosas miembros de la parroquia de Nuestra Señora del Monte Carmelo de la ciudad de Tempe, en la que ella creció.

Entre ellos estaba Bill Marcotte, que durante años dirigió el apostolado entre los jóvenes de la parroquia. En declaraciones al Catholic Sun explica que “hacíamos estudios bíblicos los martes por la noche y ahí es donde creo que ella realmente se enamoró de las Escrituras y entendió los conceptos básicos de las enseñanzas de Jesús”. De este modo –explica su antiguo catequista, “ella comenzó a entender lo que decía la Biblia y cómo aplicarla a su vida”.

Experiencias misioneras que marcaron su vida

Con este mismo grupo juvenil de la parroquia realizaron experiencias misioneras en México, los cuales causaron una enorme impresión en la joven Sydney, que sentía una llamada a entregarse. “Realmente esto me abrió los ojos para ver cómo vive el resto del mundo y al ver la pobreza con la que vive la gente, pero la alegría que tenían los niños, yo quería eso”.

Su vida de fe iba avanzando, tenía una relación profunda con Jesús y la experiencia misionera le había marcado. Pronto se desarrolló en ella la otra faceta que acabaría llevando a esta joven a ingresar con 28 años en la comunidad salesiana.

De evangelizada a evangelizadora

De hecho, Sydney pronto se convirtió en un elemento central del equipo de Life Teen de su parroquia mientras era estudiante de la Universidad de Arizona. Aquí descubrió que su otro gran amor era estar con los más jóvenes y acercarles a Cristo.

Sin embargo, no fue hasta unos años después cuando empezó a considerar una posible vocación religiosa. Se dio en ella por primera vez durante el tiempo en el que estuvo viviendo en Washington DC.

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El encuentro con unas monjas alegres

En la capital de Estados Unidos conoció a un grupo de religiosas salesianas que irradiaban vitalidad y alegría mientras realizaban su labor misionera con los niños. Este hecho le impresionó sobremanera.

La propia Sydney relata que “me encantaba pasar tiempo con ellas. Pensaba, ‘son como yo’, pero entonces no tenía ganas de de ser una hermana. Me escapé de esa idea que vino a mi cabeza. Así que pasaron unos cinco años hasta que finalmente estuve lista para decir ‘Ok’, esto es lo que quiero”.

Dos años en América Central antes de decir sí

Mientras tanto, el Señor siguió trabajando en ella todo el tiempo, y ella iba conociendo más y más a las hermanas salesianas. De hecho, volvió a unir su espíritu misionero y su amor a los jóvenes pasando dos años en el programa de voluntariado que las salesianas tenían en América Central.  “Estando allí con los jóvenes fui feliz, y me di cuenta de que quería hacer esto”, recuerda ella.

Al final, la llamada de Dios a la vida religiosa fue abriéndose hueco en su interior mientras que la alegría y el espíritu familiar de las religiosas de esta congregación le cautivaron totalmente el corazón.  Con 28 años ingresaría en la comunidad salesiana.


En su parroquia se han dado más vocaciones estos años como la del pare Sperry (segundo por la izquierda) o la hermana Kim, situada junto a Sydney

Una parroquia fuente de vocaciones

Durante seis años ha sido también maestra de Religión en Secundaria en institutos de Texas hasta que el pasado mes de agosto llegó su profesión perpetua. “Fue un momento poderoso. Ahora pertenezco para siempre a esta hermosa familia que es mi congregación”, afirma contenta.

Por su parte, el padre Don Kline, el párroco que acompañó desde niña a Sydney estuvo en la celebración y emocionado recordaba que “cuando era adolescente en nuestro grupo juvenil, era una joven humilde. Era agradable y equilibrada con fuertes convicciones. Ella siempre fue una luz brillante de la bondad de Dios. No me sorprendió que ella respondiera a la invitación de Nuestro Señor de seguirlo como una hermana religiosa consagrada”.

Y es que durante esos años y gracias a este grupo juvenil, la de Sydney es la cuarta vocación religiosa nacida en la parroquia en esos años. En la profesión perpetua le acompañaron la hermana Kim y el padre Sperry, que compartieron grupo con ella desde que eran niños.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 25 septiembre 2019



Día litúrgico: Miércoles XXV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 9,1-6): En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.


«Convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades»

Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala 
(Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)

Hoy vivimos unos tiempos en que nuevas enfermedades mentales alcanzan difusiones insospechadas, como nunca había habido en el curso de la historia. El ritmo de vida actual impone estrés a las personas, carrera para consumir y aparentar más que el vecino, todo ello aliñado con unas fuertes dosis de individualismo, que construyen una persona aislada del resto de los mortales. Esta soledad a la que muchos se ven obligados por conveniencias sociales, por la presión laboral, por convenciones esclavizantes, hace que muchos sucumban a la depresión, las neurosis, las histerias, las esquizofrenias u otros desequilibrios que marcan profundamente el futuro de aquella persona.

«Convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades» (Lc 9,1). Males, éstos, que podemos identificar en el mismo Evangelio como enfermedades mentales.

El encuentro con Cristo, que es la Persona completa y realizada, aporta un equilibrio y una paz que son capaces de serenar los ánimos y de hacer reencontrar a la persona con ella misma, aportándole claridad y luz en su vida, bueno para instruir y enseñar, educar a los jóvenes y a los mayores, y encaminar a las personas por el camino de la vida, aquella que nunca se ha de marchitar.

Los Apóstoles «recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva» (Lc 9,6). Es ésta también nuestra misión: vivir y meditar el Evangelio, la misma palabra de Jesús, a fin de dejarla penetrar en nuestro interior. Así, poco a poco, podremos encontrar el camino a seguir y la libertad a realizar. Como ha escrito San Juan Pablo II, «la paz ha de realizarse en la verdad (...); ha de hacerse en la libertad».

Que sea el mismo Jesucristo, que nos ha llamado a la fe y a la felicidad eterna, quien nos llene de su esperanza y amor, Él que nos ha dado una nueva vida y un futuro inagotable.

Estaba en la Biblioteca Nacional y una joven le espetó «¿Quieres ser santa?»; así nació su vocación

Isabel Orellana es ahora misionera idente en Sevilla

Isabel Orellana es misionera idente en Sevilla y relata este curioso encuentro

Estaba en la Biblioteca Nacional y una joven le espetó «¿Quieres ser santa?»; así nació su vocación

Isabel Orellana es ahora misionera idente en Sevilla

Isabel Orellana Vilches ha cumplido cincuenta años consagrada a la vida religiosa y como misionera idente llevando el mensaje del Evangelio por toda la geografía española. Y lo hace también desde una perspectiva intelectual, pues como doctora en Filosofía y licenciada en Ciencias de la Educación ha sido docente en diferentes instituciones y ha publicado numerosos libros, desde biografías y santorales hasta libros infantiles y juveniles.

En estos momentos, Isabel es misionera idente en Sevilla, instituto de vida consagrada fundado por Fernando Rielo, y en la propia web de la Archidiócesis sevillana ella misma cuenta cómo se produjo este profundo encuentro con Dios tras el que acabaría dejando todo para servir al Señor.

El inesperado encuentro en la Biblioteca Nacional

“No hay mirada en el mundo que traspase las entrañas como la de Cristo. Que es Él quien nos elige es un hecho  innegable en mi vida. Siempre sorprendente escoge el momento y lugares que, a veces, como en mi caso concreto, podrían considerarse inoportunos”. Así inicia Isabel un testimonio, en el que da cuenta de cómo hasta en un inesperado lugar dentro de una biblioteca Dios puede aparecer de repente y transformar una vida para siempre.

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Según relata, a ella le cambió “el pulso de la vida en los servicios de la Biblioteca Nacional, donde ese septiembre de 1969 realizaba la prestación voluntaria del Servicio Social”.

“En ese espacio íntimo, doméstico, recoleto, tan opuesto a un templo cualquiera, -explica Isabel- se hallaba una joven leyendo el Nuevo Testamento. Habrían sobrepasado uno o dos minutos las 20:00 cuando me dirigía a asomarme al espejo (no había más necesidad, lo cual pone de manifiesto que Cristo, sin yo saberlo, me instó a entrar en ese lugar), cuando la vi de espaldas, reposados sus brazos sobre un pequeño e incómodo ventanuco cercano al suelo”.

"¿Tú quieres ser santa?"

Isabel conocía de vista a aquella joven, que estudiaba Medicina y que también trabajaba en la Biblioteca Nacional. Recuerda nítidamente como “al verme entrar giró su cabeza y le pregunté directamente qué hacía. Dándose la vuelta con el Nuevo Testamento abierto respondió señalándolo: ‘Estoy leyendo esto. Me ayuda mucho’”.

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Las dos estaban en este curioso lugar y entonces aquella chica se incorporó por completo y de manera muy directa y rotunda preguntó a Isabel: “¿Tú quieres ser santa?”.  La respuesta fue inmediata: “sí”.  Entonces –recuerda esta misionera- “me dio un abrazo entrañable y me invitó a tomar algo en la cafetería de la Biblioteca. No añadió nada más. Ni una palabra evangélica. Solamente en el bar me habló de una ‘chica’ que me quería presentar. Era el decisivo y segundo apóstol que iba a tener en unos días”.

Ella era jovencita y al llegar a casa contó a su madre lo ocurrido. Y como se produjo en la Biblioteca Nacional le dio confianza y permitió que quedara con aquella ‘chica’. “Ni mi madre ni yo sospechamos que ese momento sería el que iba a dar un vuelco total a mi existencia. Tenía 17 años, una volcánica pasión, un idealismo anclado en la realidad, habiendo existido un pequeño hueco para el amor juvenil, una joven decidida y moderna de la época que tuvo la intuición de que algo grande había sucedido aquella tarde sin poder darle entonces el alcance que ya tenía”, cuenta.

"Quería ser como ella"

Llegó aquella tarde y pacientemente esperó que ese “nuevo apóstol” apareciese. Casi dos horas estuvo esperando, hasta que al fin no una sino tres mujeres jóvenes entraron en aquella cafetería madrileña. Una de ellas, era Esperanza, que marcaría su vida.

Aquella tarde, cuenta Isabel, “la palabra de Cristo se abría poderosamente ante mí con la fuerza de un ciclón a través de Esperanza, que casi lindaba la treintena. No tuve duda. Quería ser como ella. Aún tenía que enamorarme de Cristo, lo cual no tardó en suceder. Pero en ese primer instante supremo, único e inolvidable, supe lo que deseaba fuese mi vida”.

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Isabel Orellana, junto a Fernando Rielo, fundador de los misioneros identes

Sus padres, personas de fe profunda, “nunca se opusieron a mi decisión de seguir a Cristo” como misionera idente.

"No tuve miedo a seguir a Cristo"

Echando 50 años la vista atrás, Isabel considera todo esto “fruto del milagro cotidiano, de la oración y el cariño de tantas personas que han ido marcando mi quehacer. Han transcurrido como un suspiro. Son compendio de una maravillosa aventura, un sueño del que nunca he querido despertar cuya materialización debo a la misericordia y a la gracia divinas, junto al aliento e incesante tutela de mi padre fundador, Fernando Rielo, y de todos lo que me han ido formando y acompañando durante estas décadas”.

Por ello, Isabel afirma que da gracias a Dios porque “no tuve miedo de seguir a Cristo y le entregué mi futuro sin vacilar. Porque con todas mis flaquezas creí en Él, soñé y sigo haciéndolo con llegar al culmen de mi vida habiendo alcanzado la santidad”, que precisamente la pregunta que aquella joven le hizo medio siglo atrás en los servicios de la Biblioteca Nacional.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 24 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 7 de Octubre 2019



Día litúrgico: Viernes XXVI del tiempo ordinario


4 de Octubre: San Francisco de Asís

Texto del Evangelio (Lc 10,13-16): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que se han hecho en vosotras, tiempo ha que, sentados con sayal y ceniza, se habrían convertido. Por eso, en el Juicio habrá menos rigor para Tiro y Sidón que para vosotras. Y tú, Cafarnaúm, ¿hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás! Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza al que me ha enviado».

«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha»


Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy vemos a Jesús dirigir su mirada hacia aquellas ciudades de Galilea que habían sido objeto de su preocupación y en las que Él había predicado y realizado las obras del Padre. En ningún lugar como Corazín, Betsaida y Cafarnaúm había predicado y hecho milagros. La siembra había sido abundante, pero la cosecha no fue buena. ¡Ni Jesús pudo convencerles...! ¡Qué misterio, el de la libertad humana! Podemos decir “no” a Dios... El mensaje evangélico no se impone por la fuerza, tan sólo se ofrece y yo puedo cerrarme a él; puedo aceptarlo o rechazarlo. El Señor respeta totalmente mi libertad. ¡Qué responsabilidad para mí!

Las expresiones de Jesús: «¡Ay de ti, Corazín! ¡Ay de ti, Betsaida!» (Lc 10,13) al acabar su misión apostólica expresan más sufrimiento que condena. La proximidad del Reino de Dios no fue para aquellas ciudades una llamada a la penitencia y al cambio. Jesús reconoce que en Sidón y en Tiro habrían aprovechado mejor toda la gracia dispensada a los galileos.

La decepción de Jesús es mayor cuando se trata de Cafarnaúm. «¿Hasta el cielo te vas a encumbrar? ¡Hasta el Hades te hundirás!» (Lc 10,15). Aquí Pedro tenía su casa y Jesús había hecho de esta ciudad el centro de su predicación. Una vez más vemos más un sentimiento de tristeza que una amenaza en estas palabras. Lo mismo podríamos decir de muchas ciudades y personas de nuestra época. Creen que prosperan, cuando en realidad se están hundiendo.

«Quien a vosotros os escucha, a mí me escucha» (Lc 10,16). Estas palabras con las que concluye el Evangelio son una llamada a la conversión y traen esperanza. Si escuchamos la voz de Jesús aún estamos a tiempo. La conversión consiste en que el amor supere progresivamente al egoísmo en nuestra vida, lo cual es un trabajo siempre inacabado. San Máximo nos dirá: «No hay nada tan agradable y amado por Dios como el hecho de que los hombres se conviertan a Él con sincero arrepentimiento».

Santo Evangelio 24 de septiembre 2019



Día litúrgico: Martes XXV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 8,19-21): En aquel tiempo, se presentaron la madre y los hermanos de Jesús donde Él estaba, pero no podían llegar hasta Él a causa de la gente. Le anunciaron: «Tu madre y tus hermanos están ahí fuera y quieren verte». Pero Él les respondió: «Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen».


«Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen»

Rev. D. Xavier JAUSET i Clivillé 
(Lleida, España)

Hoy leemos un hermoso pasaje del Evangelio. Jesús no ofende para nada a su Madre, ya que Ella es la primera en escuchar la Palabra de Dios y de Ella nace Aquel que es la Palabra. Al mismo tiempo es la que más perfectamente cumplió la voluntad de Dios: «He aquí la esclava del Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), responde al ángel en la Anunciación.

Jesús nos dice lo que necesitamos para llegar a ser sus familiares, también nosotros: «Aquellos que oyen...» (Lc 8,21) y para oír es preciso que nos acerquemos como sus familiares, que llegaron a donde estaba; pero no podían acercarse a Él a causa del gentío. Los familiares se esfuerzan por acercarse, convendría que nos preguntásemos si luchamos y procuramos vencer los obstáculos que encontramos en el momento de acercarnos a la Palabra de Dios. ¿Dedico diariamente unos minutos a leer, escuchar y meditar la Sagrada Escritura? Santo Tomás de Aquino nos recuerda que «es necesario que meditemos continuamente la Palabra de Dios (...); esta meditación ayuda poderosamente en la lucha contra el pecado».

Y, finalmente, cumplir la Palabra. No basta con escuchar la Palabra; es preciso cumplirla si queremos ser miembros de la familia de Dios. ¡Debemos poner en práctica aquello que nos dice! Por eso será bueno que nos preguntemos si solamente obedezco cuando lo que se me pide me gusta o es relativamente fácil, y, por el contrario, si cuando hay que renunciar al bienestar, a la propia fama, a los bienes materiales o al tiempo disponible para el descanso..., pongo la Palabra entre paréntesis hasta que vengan tiempos mejores. Pidamos a la Virgen María que escuchemos como Ella y cumplamos la Palabra de Dios para andar así por el camino que conduce a la felicidad duradera.

Alicia Beauvisage ha conseguido que países y parlamentos enteros se consagren Una reliquia cambió su vida:

Alicia Beauvisage muestra la reliquia de Santa Margarita María de Alacoque que encontró en un mercadillo en Francia

Alicia Beauvisage ha conseguido que países y parlamentos enteros se consagren Una reliquia cambió su vida: 

ahora es testigo de los «milagros» y «maravillas» del Corazón de Jesús

Alicia Beauvisage muestra la reliquia de Santa Margarita María de Alacoque que encontró en un mercadillo en Francia

Sin buscarlo ni pretenderlo y en un ejemplo más de cómo Dios se manifiesta a los hombres de las formas más sorprendentes, Alicia Beauvisage se convirtió de la noche a la mañana en una misionera del Corazón de Jesús que ha llevado, y sigue haciendo todavía hoy, el fuego del Corazón de Cristo a todo el mundo consiguiendo que hasta parlamentos nacionales y países enteros se hayan consagrado a esta devoción.

Esta salvadoreña que reside en país desde hace cuatro décadas nunca habría imaginado cómo Dios se haría el encontradizo con ella de tal manera que la llevara a recorrer el mundo. La devoción al Corazón de Jesús, una reliquia de Santa Margarita María encontrada en un mercadillo y la muerte de San Juan Pablo II fueron la mezcla perfecta para que Alicia se convirtiera en un pequeño instrumento, que junto al padre Edouard Marot, está cambiando el mundo a lo grande con conversiones y todo tipo de curaciones espirituales e incluso físicas.

Una devoción desde niña

En una conversación con Cari Filii, Alicia recuerda que gracias a su madre y a su abuela ya desde niña era muy devota del Corazón de Jesús en El Salvador. Ver en un lugar preeminente de su casa esta tradicional imagen de Jesús la hizo comprender desde pequeña la grandeza que representaba, que “era el Rey de la casa, que era importante”.



Pero fue cuando tenía 8 años ocurrió algo que sacudió su vida. “Algo que me impactó mucho –recuerda- es cuando mi papá fue asesinado. Mi mamá se quedó sola con tres hijas y creyó no poder salir adelante. Entonces le pidió al párroco que le dejara ir todas las noches a la iglesia después de trabajar a rezar una novena al Corazón de Jesús. Y, ¿a quién llevaba? A mí. ¿Qué vi? Que mi mamá estaba mal, que le pidió al Corazón de Jesús y salió adelante”.

Su fe es sencilla, marcada por una experiencia de Dios en su vida que la ha llevado hacia adelante. “Yo no soy una mujer intelectual o que sepa mucho de Teología, el Corazón de Jesús me ha buscado, y lo que me ha dado es entendimiento sobre lo que hay en su Corazón. Y esto –considera Alicia- me viene desde niña”.

Su llegada a París

Sin embargo, siendo todavía muy joven se trasladó a vivir a París, en un país, una lengua y una cultura totalmente ajena para ella. “Allí me olvido del Corazón de Jesús”, confiesa. Pero poco tiempo después volvió a este amor después de que en su parroquia pidieran voluntarios para acoger a los peregrinos que iban al santuario del Sagrado Corazón de París.

Allí, en el templo volvió a intimar con Dios, a rezarle, a contar a Jesús su vida. Entonces se dio cuenta de que el Corazón de Jesús la había protegido en todo momento en París y de todos los peligros para su alma. “Veo detallitos, y veo milagritos, aunque en realidad un milagrito ya es algo enorme. Veo también que Jesús está conmigo las 24 horas. Y en mi pequeña medida empiezo a hacer cosas como distribuir la novena o llamar a su madre para que hiciera lo mismo en El Salvador. Esto era en mi vida normal mientras trabajaba”, cuenta Alicia.

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Alicia, junto al padre Marot en su misión de propagar el fuego del Corazón de Jesús por todo el mundo

La vida de esta mujer experimentó el gran cambio casi de casualidad. Sería el punto de inflexión y el inicio de lo que ahora es una enorme obra de apostolado. Explica que su marido le hizo descubrir unos mercadillos especiales que hay en Francia, donde los alcaldes de las localidades dan permiso una vez al año para que las familias vendan cosas de sus casas en la calle, y que para muchos es una forma de quitarse de en medio cosas sobrantes.

El horror que vio en el mercadillo

“Fui muy contenta, pero vi con horror que numerosas estampas, cuadros y estatuas del Corazón de Jesús estaban a la venta. Cuando lo vi en el suelo me quedé horrorizada. Y yo decía: ‘no te preocupes, te compraré, te llevaré a mi casa y allí yo te voy a mimar’. Así fue como empecé a comprar todo lo que encontraba del Corazón de Jesús”, relata esta mujer.

Y entonces se produjo el momento culminante. El 2 de abril de 2005 falleció San Juan Pablo II. “Para mí fue un choque, sentía que era un Papa que no tenía miedo y decía siempre lo que Dios quería, y yo estaba llorando y muy triste”, recuerda de aquel momento.

El hallazgo de la reliquia

Al día siguiente, 3 de abril y domingo de la Divina Misericordia, su marido insistió para que fueran a alguno de estos mercadillos que tanto le gustaban. Ella no quería, pero al final acabó cediendo. Una vez allí vio cómo había kilómetros de personas vendiendo cosas.

Alicia explica que iba desanimada, pero de repente a lo lejos y entre miles de cosas vio un pequeño cuadrito que le llamó la atención. “Era muy normal, pero me sentía atraída y cuando lo cogí vi que era un Corazón de Jesús. Yo que estaba triste me puse muy contenta. Pero de repente vi que ponía también ‘Beta Margarita María de Alacoque’, de la que yo era muy devota desde niña”.

Había encontrado una reliquia de primer grado de la santa que alguien había puesto a la venta. Evidentemente la compró y se dispuso durante mucho tiempo a comprobar si era auténtica. Este fue el inicio de un camino que la llevaría a ser la misionera del Corazón de Jesús que es hoy.

"No puede ser casualidad"

En aquel momento pensó: “No puede ser casualidad que este día, fiesta de la Divina Misericordia, y un día después de la muerte de Juan Pablo II me encuentre una reliquia de Santa Margarita María de Alacoque”.

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Así fue como –cuenta Alicia- Jesús “empieza a llevarme, de una manera totalmente providencial, a donde Él quería que fuera”, que no era otro sitio que el santuario de Paray-Le-Monial, el santuario en el que el Corazón de Jesús se apareció a la santa, una monjita francesa de la Orden de la Visitación de la Virgen María.

El inicio de una misión inesperada

Llamó al monasterio para intentar averiguar si la reliquia era real, tiempo después se confirmó, pero descubrió otra cosa. Allí conoció otra religiosa enamorada del Corazón de Jesús, que al saber que Alicia era salvadoreña le informó que las reliquias que se conservaban en Paray-Le-Monial se encontraban en ese momento en Argentina.

Aunque Argentina está bastante lejos de El Salvador, pensó que las reliquias podían ir a su país.  Y de manera inconsciente, o más bien confiada en que Dios hace posible lo imposible, Alicia creyó que sería fácil conseguirlo aunque la realidad decía lo contrario.

Preguntó las condiciones y aunque no tenía dinero ni contactos se lanzó a la aventura de que la santa que tanto amaba visitase su país. Al final un obispo aceptó. “La pobre gente allá (en América) no tenía como ir a Francia y quería compartir con ellos la gracia que yo tenía de poder ir a ver a Santa Margarita. Y le dije al Corazón de Jesús: ‘donde lleve a Santa Margarita te traeré muchos enamorados’”.

“Esto no era cosa mía, era del Señor, es Él el que crea enamorados”, confiesa ella, que también cuenta que “toda esta misión no la busqué, no el Padre Marot tampoco, el Señor nos la dio”.

Un instrumento pequeño para hacer cosas grandes

El fuego del Corazón de Jesús estaba a punto de desatarse de nuevo por América. Al final las reliquias llegaron a El Salvador, y hoy “la expansión del amor al Sagrado Corazón en el país es algo excepcional”.

Es más, logró que el país se consagrase. Hubo luchas, sufrimientos e incomprensiones en este proceso, pero finalmente el obispo recibió a Alicia y al padre Marot y le dijo: “Alicia, quería pedirla perdón porque no entendí la importancia de su misión’”. Ella le perdonó, pero le dijo bromeando: “con el perdón viene la penitencia, y le dije que el Corazón de Jesús quería la fundación de un convento de la Visitación en El Salvador”. Poco después, se abrió y ahora tiene 19 religiosas.




Pero todavía quedaban más “maravillas” por verse en El Salvador. En una imagen impresionante y sorprendente se vio a todos los diputados de la Asamblea Nacional, conservadores, socialdemócratas e incluso comunistas, consagrándose al Corazón de Cristo en el propio Congreso. Alicia, que habló desde el estrado les dijo: “¿Quién iba a curar las heridas de El Salvador? Pues el Corazón de Jesús”.

"Hemos visto maravillas"

Entonces pensó que las reliquias debían ir a Panamá, y luego a México. Y lo que parecían ideas disparatadas se iban cumpliendo allanándose de repente todos los caminos. Y así fue como gracias a Alicia como instrumento México también se consagró, participando incluso el entonces presidente Vicente Fox. Y así hasta 35 países ha visitado en esta misión Alicia en un apostolado que empezó de la nada con el hallazgo de una pequeña reliquia.

Alicia confiesa que en estos años “hemos visto maravillas y cuando uno ve maravillas, ve ese Corazón de Jesús que está presente 24 horas esperando que el mundo conteste a su llamado de amor”.

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Alicia, en la Asamblea de El Salvador el día en el que los diputados se consagraron al Corazón de Jesús

Según explica, esta espiritualidad “es un camino de santidad que nos lleva con toda nuestra debilidad” y recuerda que Él pide sólo “un poco de amor, pero nos da ese camino donde podemos ir soltando aquello que nos impide avanzar. La santidad no es fácil, pero tenemos al Corazón de Jesús, y por supuesto a la Virgen, que está feliz de que vayamos al Corazón de su Hijo, y nos ayuda para que no nos salgamos del camino”.

El milagro de la vida

Durante estos años de misión, asegura haber sido testigos de muchos milagros, no sólo conversiones, y cuenta uno de los últimos que ha vivido en el mismo París.

Alicia explica que junto al padre celebró misa en una capilla lateral del Sagrado Corazón de París. Un matrimonio argentino estaba en la ciudad como turistas y al ver al padre por la nave lateral le pidió una bendición explicándole que no podían tener hijos. Tras la bendición, el padre Marot les dijo que fueran a hablar con Alicia.

Cuando le contaron su historia, ella les dijo: “Han caído con una especialista en esto: Santa Margarita María”.  Asegura que “he visto muchísimos casos en el mundo como el de ellos, y les dije: ‘¿aceptan ustedes pedirle a la Santa que interceda ante el Corazón de Jesús si es su voluntad?’”. Ellos accedieron. Y luego se pusieron el relicario en el vientre. Dos meses después llamaron a Alicia. Estaban embarazados. Aquella niña ya ha nacido y se llama Margarita María.

Una película sobre el Corazón de Jesús

El testimonio de Alicia, como el del propio padre Marot, y otros muchos testigos y expertos sobre el Sagrado Corazón aparecen en la película Corazón Ardiente, producida por Goya Producciones, y que en breve será estrenada en los cines.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 23 de septiembre de 2019

Santo Evangelio 23 de septiembre 2019



Día litúrgico: Lunes XXV del tiempo ordinario

Ver santoral 23 de Septiembre: San Pío de Pietrelcina, religioso

Texto del Evangelio (Lc 8,16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará».


«Pone (la lámpara) sobre un candelero, para que los que entren vean la luz»

+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol 
(Igualada, Barcelona, España)

Hoy, este Evangelio tan breve es rico en temas que atraen nuestra atención. En primer lugar, “dar luz”: ¡todo es patente ante los ojos de Dios! Segundo gran tema: las Gracias están engarzadas, la fidelidad a una atrae a otras: «Gratiam pro gratia» (Jn 1,16). En fin, es un lenguaje humano para cosas divinas y perdurables.

¡Luz para los que entran en la Iglesia! Desde siglos, las madres cristianas han enseñado en la intimidad a sus hijos con palabras expresivas, pero sobre todo con la “luz” de su buen ejemplo. También han sembrado con la típica cordura popular y evangélica, comprimida en muchos refranes, llenos de sabiduría y de fe a la vez. Uno de ellos es éste: «Iluminar y no difuminar». San Mateo nos dice: «(...) para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres para que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,15-16).

Nuestro examen de conciencia al final del día puede compararse al tendero que repasa la caja para ver el fruto de su trabajo. No empieza preguntando: —¿Cuánto he perdido? Sino más bien: —¿Qué he ganado? Y acto seguido: —¿Cómo podré ganar más mañana, qué puedo hacer para mejorar? El repaso de nuestra jornada acaba con acción de gracias y, por contraste, con un acto de dolor amoroso. —Me duele no haber amado más y espero lleno de ilusión, estrenar mañana el nuevo día para agradar más a Nuestro Señor, que siempre me ve, me acompaña y me ama tanto. —Quiero proporcionar más luz y disminuir el humo del fuego de mi amor.

En las veladas familiares, los padres y abuelos han forjado —y forjan— la personalidad y la piedad de los niños de hoy y hombres de mañana. ¡Merece la pena! ¡Es urgente! María, Estrella de la mañana, Virgen del amanecer que precede a la Luz del Sol-Jesús, nos guía y da la mano. «¡Oh Virgen dichosa! Es imposible que se pierda aquel en quien tú has puesto tu mirada» (San Anselmo).