martes, 7 de mayo de 2019

Santo Evangelio 7 de Mayo 2019


Día litúrgico: Martes III de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,30-35): 

En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».


«Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, en las palabras de Jesús podemos constatar la contraposición y la complementariedad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo es figura del Nuevo y en el Nuevo las promesas hechas por Dios a los padres en el Antiguo llegan a su plenitud. Así, el maná que comieron los israelitas en el desierto no era el auténtico pan del cielo, sino la figura del verdadero pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado en la persona de Jesucristo, a quien ha enviado como Salvador del mundo. Moisés solicitó a Dios, a favor de los israelitas, un alimento material; Jesucristo, en cambio, se da a sí mismo como alimento divino que otorga la vida.

«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?» (Jn 6,30), exigen incrédulos e impertinentes los judíos. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué ayer querían proclamar rey a Jesús y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano! Dice san Bernardo de Claraval: «Los impíos andan alrededor, porque naturalmente, quieren dar satisfacción al apetito, y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin». Así sucedía con los judíos: sumergidos en una visión materialista, pretendían que alguien les alimentara y solucionara sus problemas, pero no querían creer; eso era todo lo que les interesaba de Jesús. ¿No es ésta la perspectiva de quien desea una religión cómoda, hecha a medida y sin compromiso? 

«Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,34): que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por mí con la sinceridad que me proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo de alimentarme con Jesucristo y de vivir unido a Él para siempre.

Cuando murió su padre se rebeló contra Dios, pero fue la ocasión que le ha llevado a ser sacerdote

Alejandro Carrara, en el centro de la foto, durante su ordenación de diácono en la catedral de la Almudena de Madrid, en junio de 2017. Foto: Seminario Conciliar de Madrid.

Cuando murió su padre se rebeló contra Dios, pero fue la ocasión que le ha llevado a ser sacerdote

Alejandro Carrara, en el centro de la foto, durante su ordenación de diácono en la catedral de la Almudena de Madrid, en junio de 2017. Foto: Seminario Conciliar de Madrid.

Tras toda una vida dedicada a la banca, Alejandro Carrara Navas, de 47 años, fue ordenado sacerdote este sábado por el cardenal Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, en la catedral de la Almudena, junto a otros tres diáconos. Días antes Carlos González recogió la historia de su vocación en Alfa y Omega:

«La enfermedad y la muerte de mi padre me acercaron a Dios»

«A veces uno tiene la tentación de tirar la toalla, pero lo que yo vivo es un regalo inmerecido del que no me siento digno. Yo no me veo capaz de todo lo que se me viene encima ahora. Sin embargo, me fío de la Iglesia que me ha dicho que sí, y me fío del Señor, que es quien que me va a llevar de la mano». Detrás de esta confesión, declamada con las manos cargadas de sueños y el corazón en la palabra, se encuentra Alejandro Carrara Navas. A tan solo dos días del día más importante de su vida, nos abre las puertas de su casa, de su alma y de su vocación.

Este diácono de 47 años, tras toda una vida dedicada al mundo de la banca, recibió una llamada que, revestida de dolor, de amargura y de incomprensión, trastocaría –de principio a fin– el mapa de todos sus futuros. «En 2003, a mi padre le detectan un cáncer, y fue lo que empezó a cambiar mi vida».

Carrara comenzó a acompañar a sus padres y se aferró a la Iglesia. Dos años más tarde, en un descanso de la quimioterapia de su padre, con San Juan Pablo II recientemente fallecido, se fue con sus progenitores y su hermano a Roma. Un viaje que cambiaría cada uno de sus pasos… «Allí fue mi primer encuentro con el Señor. Mi padre me animó a confesarme en San Pedro. Lo hice, y aquello fue mi punto de inflexión. Me encontré con Cristo por primera vez y me di cuenta de que Cristo me quería, me abrazaba y me amaba como era».

Sin embargo, ocho meses más tarde, aquel Amor primero que volvía a hacerse tan real como en sus primeros años de catequesis y misas en familia, volvería a verse truncado por la muerte de aquel que era su vida entera. «El 2 de abril de 2006, un año después de morir Juan Pablo II, fallece mi padre. En ese momento, me rebelé contra Dios y contra todo». Durante dos años, dando tumbos y alejado de la Iglesia, Alejandro –que por aquel entonces era director de un banco importante–, acudió a un Cursillo de Cristiandad que le devolvió la esperanza… «Fui con pocas ganas y me encontré con la cruz de Cristo, con la Iglesia y con la figura del sacerdote. Empecé a dirigirme con un sacerdote y mi vida cambió por completo».

Poco a poco, vio todo aquello que tenía –«que era todo»–, pero que no cuajaba. «Me faltaba algo, así que en la oración me planteé la posibilidad de una vocación más entregada a los demás: me planteé ser sacerdote». De esa manera, fue discerniéndolo durante mucho tiempo. «Después me asusté mucho porque, laboralmente, a mis 40 años, me parecía muy, muy, muy complicado, así que comencé a huir de la vocación… Pero, por dentro, sentía un vacío que no se llenaba».

En secreto, acompañado por un sacerdote, Carrara comenzó el curso introductorio en el Seminario de Madrid. «Aquel año me ayudó mucho a tomar la decisión. En unos ejercicios espirituales de Semana Santa, estando muy revuelto porque estaba muy aferrado al mundo material, me dije que no podía ir así, que tenía que dar una oportunidad a eso y que fuera lo que Dios quisiera». Y así fue, pues tras aquellos ejercicios, lo dejó todo: «El 16 de septiembre de 2012 entré en el Seminario, y desde entonces, hasta hoy».

Alejandro guarda a Dios en la mirada, pues sus ojos encierran el misterio generoso de Jesús. Y ahí, donde mora lo más sagrado, habita el recuerdo perenne de su padre. «A veces puede ser duro decirlo, pero la enfermedad de mi padre a mí me salvó de vivir en un mundo egoísta, mirando para mí, y no sé qué me habría deparado la vida si yo hubiese seguido ese camino… Pero la enfermedad y la muerte de mi padre me acercaron a Dios», destaca.

Fuente>: Religión en Libertad

lunes, 6 de mayo de 2019

Santo Evangelio 6 de Mayo 2019


Día litúrgico: Lunes III de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): 

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».
«Obrad (…) por el alimento que permanece para la vida eterna»

Abbé Jacques FORTIN 
(Alma (Quebec), Canadá)

Hoy, después de la multiplicación de los panes, la multitud se pone en busca de Jesús, y en su búsqueda llegan hasta Cafarnaúm. Ayer como hoy, los seres humanos han buscado lo divino. ¿No es una manifestación de esta sed de lo divino la multiplicación de las sectas religiosas, el esoterismo?

Pero algunas personas quisieran someter lo divino a sus propias necesidades humanas. De hecho, la historia nos revela que algunas veces se ha intentado usar lo divino para fines políticos u otros. Hoy, en el Evangelio proclamado, la multitud se ha desplazado hacia Jesús. ¿Por qué? Es la pregunta que hace Jesús afirmando: «Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado» (Jn 6,26). Jesús no se engaña. Sabe que no han sido capaces de leer las señales del pan multiplicado. Les anuncia que lo que sacia al hombre es un alimento espiritual que nos permite vivir eternamente (cf. Jn 6,27). Dios es el que da ese alimento, lo da a través de su Hijo. Todo lo que hace crecer la fe en Él es un alimento al que tenemos que dedicar todas nuestras energías.

Entonces comprendemos por qué el Papa nos anima a esforzarnos para re-evangelizar nuestro mundo que frecuentemente no acude a Dios por los buenos motivos. En la constitución "Gaudium et Spes" ("La Iglesia en el mundo actual") los Padres del Concilio Vaticano II nos recuerdan: «Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solo los alimentos terrenos». Y nosotros, ¿por qué continuamos siguiendo a Jesús? ¿Qué es lo que nos proporciona la Iglesia? ¡Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II! ¿Estamos convencidos del bienestar que proporciona este alimento que podemos dar al mundo?
«La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado»

Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera 
(Ripollet, Barcelona, España)

Hoy contemplamos los resultados de la multiplicación de los panes, resultados que sorprendieron a toda aquella multitud. Ellos bajan de la montaña, al día siguiente, hasta la orilla del lago, y se quedan allí mirando Cafarnaúm. Se quedan allí porque no hay ninguna barca. De hecho, sólo había habido una: aquella que en la tarde anterior había marchado sin Jesús.

La pregunta es: ¿Dónde se encuentra Jesús? Los discípulos han marchado sin Jesús, y, sin duda, Jesús allá no está. ¿Dónde está, pues? Afortunadamente, la gente puede subir a unas barcas que han ido llegando, y zarpan en busca del Señor a Cafarnaúm.

Y, efectivamente, al llegar a la otra orilla del lago, le encuentran. Se sorprenden de su presencia allí, y le preguntan: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» (Jn 6,25). La realidad es que la gente no sabía que Jesús había caminado por encima de las aguas de manera milagrosa, y Jesús tampoco da respuesta directa a las preguntas que le hacen.

¿Qué dirección y qué esfuerzo llevan a encontrar a Jesús verdaderamente? Nos lo dice el mismo Señor: «Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello» (Jn 6,27).

Detrás de todo esto continúa estando la multiplicación de los panes, signo de la generosidad divina. La gente insiste y continúa preguntando: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6,28). Jesús responde claramente: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado» (Jn 6,29).

Jesús no pide una multiplicación de obras buenas, sino que uno tenga fe en aquel que Dios Padre ha enviado. Porque con fe, el hombre realiza la obra de Dios. Por esto designó la fe misma como obra. En María tenemos el mejor modelo de amor manifestado en obras de fe.

El Rosario me salvó»: de las terribles torturas y un campo de exterminio nazi a monja de clausura

«El Rosario me salvó»: de las terribles torturas y un campo de exterminio nazi a monja de clausura

La joven Milena Zambon, de 22 años, fue parte de la resistencia católica

El Rosario me salvó»: de las terribles torturas y un campo de exterminio nazi a monja de clausura

Milena Zambon estuvo presa en el campo de Ravensbrück hasta que fue liberado por el Ejército Rojo

La de Milena Zambon es una de las muchas historias prácticamente desconocidas de vidas entregadas al amor, que vieron muy de cerca el mal y en lugar de dejarse llevar por el odio decidieron dar el paso contrario.

Durante la II Guerra Mundial perteneció a la resistencia en una red clandestina dirigida por un sacerdote franciscano que se dedicó a salvar judíos y soldados capturados en la zona nazi y fascista. Finalmente, fue detenida y enviada a campos de concentración en Italia y luego al de exterminio nazi de Ravensbrück.

En ayuda del prójimo

Milagrosamente salió viva de allí y este lugar de muerte se convirtió para ella en un lugar para profundizar su relación con Dios. Tras recuperarse de un durísimo viaje de vuelta a Italia debido a su lamentable estado de salud decidió ingresar en un convento de clausura sin que casi nadie supiera su historia. Tuvieron que pasar muchos años hasta que al final el testimonio de la hermana Rosaria fuera conocido más allá de los muros del convento.

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Milena cumplió 22 años en el campo de concentración de Ravensbrück

Con apenas 20 años Milena era una de las miles de mujeres que se unió a la resistencia que en Italia luchó contra el nazismo y el fascismo. No tenía un perfil político sino que decidió arriesgar su vida por amor al prójimo. Así ayudó a muchas personas a dejar el país.

Unas amigas le pidieron ayuda para la red clandestina del franciscano Plácido Cortese, sacerdote detenido más tarde por la Gestapo y ejecutado. Este grupo de resistencia se denominaba “Cadena de Salvación”, y en las memorias que la madre superiora le hizo escribir décadas después confesaba, tal y como recoge Avvenire, que “la propuesta me emocionó más allá de las palabras”.

Detenida y torturada primero en Italia y luego en Alemania

Se dedicaba a escoltar y ayudar a escapar hasta la frontera a presos del bando aliado, judíos y perseguidos políticos a pesar de la caza a la que eran sometidos por las temibles SS. “Me había metido en esa peligrosa empresa para la caridad cristiana. Me encomendé a Nuestra Señora recurriendo a ella con confianza ciega en todas mis necesidades” pidiendo la salvación más para los otros que para ella, explicaba la religiosa en sus memorias.

Milena, la última de ocho hermanos, fue detenida en 1944 y duramente torturada en las cárceles de Venecia y Bolzano. Pese a las palizas que sufría no reveló ningún nombre de la red clandestina. También fue detenido junto a ella el padre Cortese, aunque a él lo asesinaron.

El Rosario salvó su vida

A esta joven la enviaron finalmente al campo de concentración femenino de Ravensbrück. Allí logró esconder su Rosario hasta que le fue arrancado. En aquel lugar vio las atrocidades más horribles, como madres que eran obligadas a matar a sus hijos y otras enviadas a los crematorios. “Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no creería a dónde puede llegar la ferocidad humana”, confesaba esta mujer.

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El 13 de diciembre de 1944 cumplió 22 años en este campo de exterminio. El regalo que recibió fue la piel de una patata, lo que supuso el ayuno de la persona que se lo regaló. Mientras tanto, Milena logró sobrevivir rezando una y otra vez a la Virgen. De hecho, confesaba que “me salvé gracias al Rosario”.

Finalmente, el Ejército Rojo liberó el campo de concentración logrando huir y evitando las violaciones que se reprodujeron durante ese momento. En la ciudad de Wittemberg logró conseguir un Rosario y algo de pan. Era lo que necesitaba para sobrevivir.

Un largo y peligroso regreso a su casa

Entonces empezó el largo y peligroso viaje de regreso a Italia. Enferma por su situación en el campo de Ravensbrück vivió un periplo de película viajando en muchos casos escondida en carros, camiones y trenes a través de Berlín, Dresde, Praga, Viena y Verona donde pudo ver en primera persona la tremenda devastación producida en esta guerra.

Il monastero di Sant'Antonio in Polesine a Ferrara dove suor Rosaria ha vissuto la sua vita di monaca di clausura

Convento de San Antonio de Polesine en Ferrara, lugar en el que Rosaria pasó más de medio siglo

Al llegar a su casa su abuela no era capaz de reconocerla. Primero físicamente y después tras meses de pesadillas pudo volver a ser la joven que años antes fuera llevada a Alemania. Pero no encontraba la paz que anhelaba. Dios la llamaba a otra cosa y finalmente en 1948 ingresó en el monasterio de clausura benedictino de San Antonio en Ferrara.

"Siempre escuché al Señor a mi lado"

En este monasterio adoptó el nombre de hermana Rosaria. Esta religiosa asegura que pese al indescriptible mal del que fue testigo y que sufrió en sus propias carnes nunca sintió que Dios no estuviera a su lado. “En este terror continuo siempre escuché al Señor a mi lado como si fuésemos dos, como una ayuda sobrenatural para no apagar la voz de la conciencia”, afirmaba esta monja.

Ya nunca más salió de este convento hasta que falleció en 2005. Fue ejemplo de profunda espiritualidad para su comunidad y para todos aquellos que visitaban el monasterio, donde ella ejercía de portera. Fue gracias a Dios como logró curar tantas y tantas heridas con las que llegó y que logró transformar en luz.

Una vida sencilla y de oración

Únicamente sus hermanas eran conocedoras de la impresionante historia de la hermana Rosaria. Ella no tenía necesidad de hablar de su valentía y heroísmo, pero finalmente sus superioras la instaron a que dejara por escrito una historia que mostraba la bondad de Dios.

De hecho, los miles de turistas que cada año por este monasterios con el objetivo de observar los frescos de la Pasión de Cristo y de la Historia de María de la Escuela de Giotto no tenían ni idea de que la humilde monja que les guiaba por aquella iglesia era en realidad la protagonista y testigo de la historia del siglo XX.

Fuente: Religión en Libertad

domingo, 5 de mayo de 2019

Santo Evangelio 5 de Mayo 2019



Día litúrgico: Domingo III (C) de Pascua

Ver 1ª Lectura y Salmo

Texto del Evangelio (Jn 21,1-19): En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos. 

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».

«Jesús les dice: ‘Venid y comed’»

Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós 
(Barcelona, España)

Hoy, tercer Domingo de Pascua, contemplamos todavía las apariciones del Resucitado, este año según el evangelista Juan, en el impresionante capítulo veintiuno, todo él impregnado de referencias sacramentales, muy vivas para la comunidad cristiana de la primera generación, aquella que recogió el testimonio evangélico de los mismos Apóstoles.

Éstos, después de los acontecimientos pascuales, parece que retornan a su ocupación habitual, como habiendo olvidado que el Maestro los había convertido en “pescadores de hombres”. Un error que el evangelista reconoce, constatando que —a pesar de haberse esforzado— «no pescaron nada» (Jn 21,3). Era la noche de los discípulos. Sin embargo, al amanecer, la presencia conocida del Señor le da la vuelta a toda la escena. Simón Pedro, que antes había tomado la iniciativa en la pesca infructuosa, ahora recoge la red llena: ciento cincuenta y tres peces es el resultado, número que es la suma de los valores numéricos de Simón (76) y de ikhthys (=pescado, 77). ¡Significativo!

Así, cuando bajo la mirada del Señor glorificado y con su autoridad, los Apóstoles, con la primacía de Pedro —manifestada en la triple profesión de amor al Señor— ejercen su misión evangelizadora, se produce el milagro: “pescan hombres”. Los peces, una vez pescados, mueren cuando se los saca de su medio. Así mismo, los seres humanos también mueren si nadie los rescata de la oscuridad y de la asfixia, de una existencia alejada de Dios y envuelta de absurdidad, llevándolos a la luz, al aire y al calor de la vida. De la vida de Cristo, que él mismo alimenta desde la playa de su gloria, figura espléndida de la vida sacramental de la Iglesia y, primordialmente, de la Eucaristía. En ella el Señor da personalmente el pan y, con él, se da a sí mismo, como indica la presencia del pez, que para la primera comunidad cristiana era un símbolo de Cristo y, por tanto, del cristiano.

La eutanasia ha empezado a aplicarse a menores en todos los países donde se ha legalizado, incluso apelando a su «consentimiento».

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Bélgica, Holanda, Canadá, Australia, Reino Unido... el mismo patrónEutanasia, una bola de nieve inexorable: la caída progresiva en el abismo en 5 países donde es legal

La eutanasia ha empezado a aplicarse a menores en todos los países donde se ha legalizado, incluso apelando a su «consentimiento».

Durante los recientes debates electorales en España, tanto el presidente del Gobierno y ganador de las elecciones, Pedro Sánchez (PSOE), como Albert Rivera (Ciudadanos) y Pablo Iglesias (Podemos), mostraron su voluntad de legalizar la eutanasia. Actualmente pocos países disponen de una legislación permisiva, pero allí donde existe se verifica su creciente estandarización y ampliación, lejos de la excepcionalidad ("enfermedades muy graves") con la que el mismo Sánchez la justificaba). En Bélgica, muchos neonatólogos piden la puesta en marcha de la eutanasia activa (con inyección letal) en recién nacidos. En Holanda, se puede pedir la eutanasia por las normales dolencias debidas a la edad. En Australia piensan ya en limitar la objeción de conciencia. Y después está el Reino Unido de los pequeños Alfie, Charlie e Isaiah, recordándonos que la mentalidad de la eutanasia se está difundiendo con rapidez, con toda su carga de muerte y desesperación. Es el análisis de Ermes Dovico en La Nuova Bussola Quotidiana:

Australia, Bélgica, Canadá, Holanda, Reino Unido, y la lista podría continuar. Cinco países, de una parte a la otra del mundo, que demuestran cómo la mentalidad de quiénes apoyan la eutanasia se está difundiendo con rapidez, a veces también en ausencia de una ley específica, como en el caso inglés, donde bastó la adopción de un protocolo médico en varios hospitales (el denominado, "protocolo de Liverpool", luego sustituido por directrices aún peores) para convertir en habitual la eutanasia en las últimas dos décadas: primero en enfermos terminales, después en personas con discapacidad, ancianos o recién nacidos. Incluso sin petición explícita, como nos recuerdan los casos de los pequeños Charlie Gard, Isaiah Haastrup y Alfie Evans, convertidos en noticia -entre quién sabe cuantos más- sólo por la rebelión de sus padres. 

Presentamos algunos datos y hechos recientes de estos cinco países, que deberían hacer reflexionar a todos aquellos que, en Italia, desde los Radicales al Tribunal Constitucional, desearían ampliar la ya eutanásica ley del testamento vital (declaración anticipada de tratamiento) para incluir en ella el suicidio asistido. 

Australia

Aquí, el Estado de Victoria ha legalizado la eutanasia en 2018, pero el debate está abierto también en otras partes del país y se manifiesta en posiciones cada vez más extremas. En Queensland, por ejemplo, el presidente del Comité por las libertades civiles, Michael Cope, dijo en una comisión parlamentaria que la voluntad de los "menores maduros" de ser sometidos a eutanasia tendría que ser respetada.

¿Cómo de maduros? Incluso niños de 12 años o poco más. "Definimos un menor maduro como el niño de más de 12 años de edad que... tiene una comprensión e inteligencia suficientes para permitirle comprender plenamente lo que se le propone", ha afirmado Cope, añadiendo la habitual serie de matices para que no se perciba el veneno en la comida. Es interesante observar que Cope ha dicho que se inspira en los casos de Bélgica, donde tres menores han pedido la eutanasia desde 2014, y de Holanda, donde los menores asesinados por propia voluntad serían 12 desde 2002. En su opinión, además, un médico no debería verse obligado a practicar la eutanasia, pero tendría que remitir al paciente a un colega dispuesto a ofrecer el "servicio": en resumen, la idea es limitar la objeción de conciencia. 

Bélgica

La eutanasia se despenalizó en 2002 para los mayores de edad con una enfermedad terminal, ampliando después sus tentáculos mortales. En 2014 se extendió a los menores "capaces" de pedirla. Además, el consentimiento del paciente ya no se considera necesario por parte de muchos médicos y, a veces, por parte de los mismos enfermeros, que proceden autónomamente. Basta recordar el estudio publicado en el New England Journal of Medicine, donde se indicaba que el 1,7% (más de mil) de las muertes registradas en 2013 en la región de Flandes había sucedido sin petición expresa. Un porcentaje parecido, el 1,8%, se observó en el año 2007, siempre en referencia a Flandes, en otro estudio publicado en el Canadian Medical Association Journal, que confirma una tendencia ya arraigada.

Por el último informe público sobre la eutanasia se sabe, además, que en 2018 se declararon 2.357 casos (de los cuales, 83 correspondían a personas con simple malestar psíquico), que equivalen a un incremento del 147% respecto a los 953 casos de 2010.

Y la deriva no acaba aquí, porque muchos neonatólogos están pidiendo ahora una modificación de la ley para poder practicar la eutanasia activa en los recién nacidos; es decir, aplicándoles la inyección letal. Entre los defensores de esta modificación está Wim Distelmans, médico implicado en diversos casos extremos de "muerte dulce" y, a pesar de ello, copresidente del comité de control belga sobre la eutanasia: "Todo aquel que ponga fin activamente a la vida de un recién nacido puede ser acusado de infanticidio. Esto difiere mucho de los Países Bajos, donde hay un protocolo en vigor. Allí, cuando se cumplen todas las condiciones para poner fin a una vida, la acusación es rechazada".

Será así, pero la cuestión es que estamos hablando de infanticidio. Distelmans está apoyado por el político Jean-Jacques De Gucht, promotor de la ampliación de la normativa de 2014, y que hoy en día dice: "Ya se hace en los hospitales, lo que pasa es que nos falta un marco legal para esto". Es inútil decir que lo que siempre se utiliza como excusa es la falsa idea de "compasión".

Canadá

Eufemísticamente llamada Medical Assistance in Dying (MAID: muerte médicamente asistida), incluye tanto la eutanasia como el suicidio asistido, y es legal en todo el país desde junio de 2016. Limitándonos a los primeros dos años completos desde la aplicación de la nueva ley, en 2017 hubo 2704 "muertes asistidas" oficiales; en 2018, según cuanto ha referido en marzo del año pasado Jocelyn Downie, una activista pro eutanasia, hubo 4235. Un aumento de más del 56%. Según Downie, todos los pacientes que se han beneficiado -es una manera de hablar- de la muerte médicamente asistida cumplían los requisitos previstos por la ley. Pero como indica el activista provida Alex Schadenberg, los datos la desmienten: el informe provisional para la provincia de Québec indica que el 3% de los casos, equivalente a 19 personas, no cumplían los criterios establecidos; cinco de estas personas no tenían una "enfermedad seria e incurable" y dos no estaban en situación terminal.

Holanda

Tras la despenalización en 2002 de la eutanasia para los mayores de edad, le siguió el Protocolo de Groning, aprobado en 2005 por la Asociación de Pediatras de Holanda, con el que se daba la posibilidad a los menores con edades comprendidas entre los 12 y los 16 años de pedir la eutanasia con el permiso de los padres. Se ha pasado de las 1882 personas asesinadas con la muerte asistida en 2002 a las 6585 de 2017, un incremento de casi el 250%. En el mismo año, unos 1900 holandeses obtuvieron el suicidio asistido, mientras que otros 32.000 murieron con sedación extrema, con el resultado de que una cuarta parte de las muertes ocurridas en los Países Bajos en 2017 (casi 150.000) son el resultado de la difundida mentalidad eutanásica.

Si al principio el requisito para la eutanasia era ser un enfermo terminal, hoy se puede pedir por una variedad enorme de razones, desde la demencia a la depresión o los normales achaques debido a la edad. El código de conducta de 2018, elaborado por la comisión de control de la eutanasia, prevé de hecho que un paciente que "quiera recibir la eutanasia [...] no tiene necesariamente que estar afectado por una patología terminal. La suma de las dificultades típicas de la vejez como problemas de vista, de oído, osteoporosis, artritis, problemas de equilibrio, declive cognitivo, pueden causar sufrimientos insoportables sin perspectivas de mejoría". Basta una sola de estas condiciones para autorizar la eutanasia y, además, en el documento se subraya que el criterio para valorar el sufrimiento "insoportable" hay que considerarlo "totalmente subjetivo", es decir, que depende de la percepción del paciente. A esto hay que añadir que también en la super progresista Holanda la idea de autodeterminación es una ilusión: en 2015 un estudio reveló que, en ese año, había habido 431 casos de eutanasia no solicitada.

Reino Unido

En el país donde se cumple un año de la muerte del pequeño Alfie, que subió al Cielo el 28 de abril de 2018 tras haber sido "eutanasiado" por el Estado, la agenda eugenésica avanza. Entre los últimos hechos que hay que señalar está la dimisión del presidente del comité ético del Royal College of Physicians (RCP, Colegio Real de Médicos), Albert Weale, que ha decidido dejar el cargo después de que la importante asociación de médicos cambiara su posición respecto a la eutanasia, que ha pasado de ser "contraria" a "neutral" tras una votación entre los miembros -la tercera desde 2006- definida en los ambientes provida como una "falsedad", vistas las reglas, cambiadas a propósito para aprobar la posición neutral, minoritaria (ver aquí y aquí): respondió sólo el 25%, de los cuales el 31,6% era favorable a la eutanasia y el 43,4% contrario. Weale, en ruptura con el RCP, ha dimitido junto con otros dos miembros del comité ético y ha definido "injusto" el procedimiento del sondeo. La posición neutral del RCP es claramente útil para los defensores de la eutanasia, que podrían aumentar su presión sobre los parlamentarios ingleses, para así llegar a una ley, por ellos deseada, y que empeoraría ulteriormente la situación.

En resumen, podemos decir esto: el tristemente plano inclinado que ve a una sociedad precipitándose en el abismo de la normalización de actos malvados, extendiéndolos progresivamente también al uso de un lenguaje engañoso ("muerte dulce", "muerte compasiva", "mejor interés del paciente", "autodeterminación", etc.), funciona por doquier, y sólo una marcha atrás cultural (lo que puede suceder sólo si volvemos a Dios), puede detener y cambiar sus efectos.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 4 de mayo de 2019

Santo Evangelio 4 de Mayo 2019



Texto del Evangelio (Jn 6,16-21): 

Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: «Soy yo. No temáis». Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.


«Soy yo. No temáis»

Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez 
(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy, Jesús nos desconcierta. Estábamos acostumbrados a un Redentor que, presto para atender todo tipo de indigencia humana, no dudaba en recorrer a su poder divino. De hecho, la acción transcurre justo después de la multiplicación de los panes y peces a favor de la multitud hambrienta. Ahora, en cambio, nos desconcierta un milagro —el hecho de andar sobre las aguas— que parece, a primera vista, una acción de cara a la galería. ¡Pero no!, Jesús ya había descartado el uso de su poder divino para buscar el lucimiento o el provecho personal cuando al inicio de su misión rechazó las tentaciones del Maligno.

Al andar sobre las aguas, Jesucristo está mostrando su señorío sobre las cosas creadas. Pero también podemos ver una escenificación de su dominio sobre el Maligno, representado por un mar embravecido en la oscuridad.

«No temáis» (Jn 6,20), les decía Jesús en aquella ocasión. «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), les dirá después en el Cenáculo. Finalmente, es Jesús quien dice a las mujeres en la mañana de Pascua, después de levantarse del sepulcro: «No tengáis miedo». Nosotros, por el testimonio de los Apóstoles, sabemos de su victoria sobre los enemigos del hombre, el pecado y la muerte. Por esto, hoy, sus palabras resuenan en nuestro corazón con una fuerza especial, porque son las palabras de Alguien que está vivo. 

Las mismas palabras que Jesús dirigía a Pedro y a los Apóstoles las repetía San Juan Pablo II, sucesor de Pedro, al inicio de su pontificado: «No tengáis miedo». Era una llamada a abrir el corazón, la propia existencia al Redentor para que con Él no temamos ante los embates de los enemigos de Cristo.

Ante la personal fragilidad para llevar a buen puerto las misiones que el Señor nos pide (una vocación, un proyecto apostólico, un servicio...), nos consuela saber que María también —criatura como nosotros— oyó las mismas palabras de parte del ángel antes de afrontar la misión que el Señor le tenía encomendada. Aprendamos de ella a acoger la invitación de Jesús cada día, en cada circunstancia.