sábado, 4 de mayo de 2019

Adicto a la cocaína, delincuente y con ideas suicidas: la conversión de sus padres provocó la suya

Mario logró dejar una vida de drogas, delincuencia y de un vacío que le llevaba a la idea del suicidio

Mario cuenta que al ver el amor de sus padres hacia él fue intrigado a la parroquia

Adicto a la cocaína, delincuente y con ideas suicidas: la conversión de sus padres provocó la suya

Mario logró dejar una vida de drogas, delincuencia y de un vacío que le llevaba a la idea del suicidio

Mario empezó a los 14 años una vida que le llevó al borde del suicidio. Empezó a tomar drogas y acabó teniendo un grave problema con el consumo de cocaína y el tráfico de drogas. Fue detenido varias veces y sus problemas no hacían más que aumentar. Pero cuando todo parecía perdido una luz se iluminó frente a él. Sus padres conocieron el Camino Neocatecumenal, y el amor con el que le trataban pese a ser un delincuente llamó la atención de este joven, que decidió ir a aquella parroquia a ver qué hacían allí.

Mario es ahora un hombre nuevo, está casado con Amelia, ambos pertenecen también a esta realidad eclesial y tras años sin poder tener hijos en un viaje a Tierra Santa delante del Santísimo les salió la palabra de la promesa a Zacarías de que tendría un hijo. Ella está ahora embarazada.

El cobijo de las drogas

En su testimonio que relata a Mater Mundi TV, Mario explica que al inicio de su adolescencia empezó “a rechazar todo tipo de autoridad, y a cambiar mi pensamiento, en ese momento pensaba que la iglesia era algo que me impedía ser libre, como no quería eso pues me cobijaba en las drogas, una manera de llenar ese vacío”.



Pero esto era únicamente el principio, pues su vida iría a mucho peor. Recuerda que “con 19 años empiezo a tener problemas con las drogas bastante serios, con la cocaína con todo tipo de sustancias, empiezo a traficar también con mis amigos y empecé a tener problemas con la justicia y me detienen dos o tres veces. Me estaba convirtiéndome en esclavo de sustancias, de mí mismo y de los demás”.

La idea del suicidio

Esta vida por la que apuesta le hace, sin embargo, completamente infeliz y le deja un vacío que no logra llenar con nada. De hecho, confiesa que “no tenía ganas de vivir, y me planteé el suicidarme porque mi vida no tenía ningún sentido”.

Sin embargo, algo se transformó a su alrededor. Mario cuenta que sus padres no sabían qué hacer, pero entonces conocieron una realidad de la Iglesia, el Camino Neocatecumenal, “en la que vivían su fe de una manera un poco más intensa y eso les daba la capacidad de amarme en este sufrimiento y en esta forma de ser que yo tenía, porque respondía con violencia y robaba en casa”.

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Mario, en una foto con su padre

El cambio en sus padres 

Ante esta situación, un día su madre se le acercó y le dijo: “Hijo mío, no te das cuenta de que todo que te está pasando a lo mejor es porque te has alejado de Dios”. Él le contestó: “¿Y Dios, cuando me estaba alejando dónde estaba? ¿Por qué no me impedía alejarme?”. Pero ella respondió: “porque la libertad que te da Dios es la auténtica y la verdadera”.

Según explica Mario, una de las primeras cosas que le hizo no seguir con su planteamiento del suicidio y que en cierto modo le fue acercando a Dios fue la actitud de sus padres con él en esos momentos: “Empiezo a ver que mis padres me devuelven un amor que yo no reconozco como humano, pero yo pienso que hay un amor que es todavía más fuerte, que es Dios, que es el que me estaba rescatando e impidiendo que hiciera algo que no me convenía”.

Su visita a la parroquia que le cambiaría la vida

Intrigado y sorprendido por el cambio en sus padres decidió acercarse a la parroquia de la Inmaculada de Alcorcón. “Hablé con un sacerdote que comenzó a hablarme de Dios de una manera completamente diferente a como yo nunca había escuchado. Y me doy cuenta claramente que Dios existe, que verdaderamente ha estado haciendo cosas en mi vida y ha permitido ciertos sufrimientos para que esté diciendo esto hoy. Algunos de mis amigos murieron de sobredosis o en accidente de tráfico y otros están en la cárcel”, relata.

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El regalo de una esposa y un hijo: el fruto de la oración

Mario asegura que se sintió salvado pues vio “como el Señor te ha rescatado de todo esto solamente porque has creído que te ama como eres y para mí ha sido lo más grande, porque esto también me ha permitido amar a mi mujer. Yo le pedí a Dios que me diera a alguien que me ayudara en mi vida a salir adelante y a encontrarme con Él y me puso a mi mujer después de orarle mucho tiempo”.

“Mi conversión también es fruto de la oración de mis padres, que rezaron todos los días durante nueve o diez años en los que yo estuve viviendo con estos problemas. Oraban porque no podían hacer otra cosa. Me ofrecieron apoyo psicológico, ir al psiquiatra o a un centro de desintoxicación: Pero yo ni quería ni me servía. Solamente Dios fue el que tuvo poder para sacarme de las drogas. Y descubrí  que verdaderamente Dios está presente y está  actuando en la vida. No es un Dios que está arriba mirándote cómo te estás aquí muriendo en tu sufrimiento y angustia, sino que está pendiente de ti y está actuando en ti, para ti y contigo. Y esto para mí ha sido muy importante: descubrir que Dios está siempre conmigo y comprobarlo en el sufrimiento con mi mujer cuando no venían los niños”, afirma este joven.

Además, Mario afirma que “nuestro hijo es fruto también de la oración. Nos invitaron hace dos años en navidades a ir a Belén y en Tierra Santa, orando ante el Santísimo el Señor nos mostró con una palabra del evangelio que seríamos padres. La lectura que nos salió abriendo la biblia era la promesa de Dios a Zacarías de que tendría un hijo y nos lo tomamos  como una promesa que el Señor nos hacía diciéndonos que había escuchado nuestra plegaria. Nosotros habíamos sufrido porque no venían los hijos. Y lo único que puedo decir es que el Señor cumple, hace lo que dice”.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 3 de mayo de 2019

Santo Evangelio 3 de Mayo 2019


Día litúrgico: Sábado II de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,16-21):

 Al atardecer, los discípulos de Jesús bajaron a la orilla del mar, y subiendo a una barca, se dirigían al otro lado del mar, a Cafarnaúm. Había ya oscurecido, y Jesús todavía no había venido donde ellos; soplaba un fuerte viento y el mar comenzó a encresparse. Cuando habían remado unos veinticinco o treinta estadios, ven a Jesús que caminaba sobre el mar y se acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Pero Él les dijo: «Soy yo. No temáis». Quisieron recogerle en la barca, pero en seguida la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.


«Soy yo. No temáis»

Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez 
(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy, Jesús nos desconcierta. Estábamos acostumbrados a un Redentor que, presto para atender todo tipo de indigencia humana, no dudaba en recorrer a su poder divino. De hecho, la acción transcurre justo después de la multiplicación de los panes y peces a favor de la multitud hambrienta. Ahora, en cambio, nos desconcierta un milagro —el hecho de andar sobre las aguas— que parece, a primera vista, una acción de cara a la galería. ¡Pero no!, Jesús ya había descartado el uso de su poder divino para buscar el lucimiento o el provecho personal cuando al inicio de su misión rechazó las tentaciones del Maligno.

Al andar sobre las aguas, Jesucristo está mostrando su señorío sobre las cosas creadas. Pero también podemos ver una escenificación de su dominio sobre el Maligno, representado por un mar embravecido en la oscuridad.

«No temáis» (Jn 6,20), les decía Jesús en aquella ocasión. «Confiad, yo he vencido al mundo» (Jn 16,33), les dirá después en el Cenáculo. Finalmente, es Jesús quien dice a las mujeres en la mañana de Pascua, después de levantarse del sepulcro: «No tengáis miedo». Nosotros, por el testimonio de los Apóstoles, sabemos de su victoria sobre los enemigos del hombre, el pecado y la muerte. Por esto, hoy, sus palabras resuenan en nuestro corazón con una fuerza especial, porque son las palabras de Alguien que está vivo. 

Las mismas palabras que Jesús dirigía a Pedro y a los Apóstoles las repetía San Juan Pablo II, sucesor de Pedro, al inicio de su pontificado: «No tengáis miedo». Era una llamada a abrir el corazón, la propia existencia al Redentor para que con Él no temamos ante los embates de los enemigos de Cristo.

Ante la personal fragilidad para llevar a buen puerto las misiones que el Señor nos pide (una vocación, un proyecto apostólico, un servicio...), nos consuela saber que María también —criatura como nosotros— oyó las mismas palabras de parte del ángel antes de afrontar la misión que el Señor le tenía encomendada. Aprendamos de ella a acoger la invitación de Jesús cada día, en cada circunstancia.

Olivia : « Je prenais les croyants pour de doux rêveurs ! »

jueves, 2 de mayo de 2019

Santo Evangelio 2 de Mayo 2019


Día litúrgico: Jueves II de Pascua

Santoral 2 de Mayo: San Atanasio, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Jn 3,31-36): 

El que viene de arriba está por encima de todos: el que es de la tierra, es de la tierra y habla de la tierra. El que viene del cielo, da testimonio de lo que ha visto y oído, y su testimonio nadie lo acepta. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Porque aquel a quien Dios ha enviado habla las palabras de Dios, porque da el Espíritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él.


«El que cree en el Hijo tiene vida eterna»

Rev. D. Melcior QUEROL i Solà 
(Ribes de Freser, Girona, España)

Hoy, el Evangelio nos invita a dejar de ser “terrenales”, a dejar de ser hombres que sólo hablan de cosas mundanas, para hablar y movernos como «el que viene de arriba» (Jn 3,31), que es Jesús. En este texto vemos —una vez más— que en la radicalidad evangélica no hay término medio. Es necesario que en todo momento y circunstancia nos esforcemos por tener el pensamiento de Dios, ambicionemos tener los mismos sentimientos de Cristo y aspiremos a mirar a los hombres y las circunstancias con la misma mirada del Verbo hecho hombre. Si actuamos como “el que viene de arriba” descubriremos el montón de cosas positivas que pasan continuamente a nuestro alrededor, porque el amor de Dios es acción continua a favor del hombre. Si venimos de lo alto amaremos a todo el mundo sin excepción, siendo nuestra vida una tarjeta de invitación para hacer lo mismo.

«El que viene de arriba está por encima de todos» (Jn 3,31), por esto puede servir a cada hombre y a cada mujer justo en aquello que necesita; además «da testimonio de lo que ha visto y oído» (Jn 3,32). Y su servicio tiene el sello de la gratuidad. Esta actitud de servir sin esperar nada a cambio, sin necesitar la respuesta del otro, crea un ambiente profundamente humano y de respeto al libre albedrío de la persona; esta actitud se contagia y los otros se sienten libremente movidos a responder y actuar de la misma manera.

Servicio y testimonio siempre van juntos, el uno y el otro se identifican. Nuestro mundo tiene necesidad de aquello que es auténtico: ¿qué más auténtico que las palabras de Dios?, ¿qué más auténtico que quien «da el Espíritu sin medida» (Jn 3,34)? Es por esto que «el que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz» (Jn 3,33).

“Creer en el Hijo” quiere decir tener vida eterna, significa que el día del Juicio no pesa encima del creyente porque ya ha sido juzgado y con un juicio favorable; en cambio, «el que rehúsa creer en el Hijo, no verá la vida, sino que la cólera de Dios permanece sobre él» (Jn 3,36)..., mientras no crea.

Le aconsejaron abortar cuando le diagnosticaron un cáncer porque la niña moriría: hoy tiene 10 años

Sarah con su pequeño. La detección del cáncer le llegó al año siguiente de su conversión, y la fe fue determinante para las decisiones que tuvo que tomar.

Le aconsejaron abortar cuando le diagnosticaron un cáncer porque la niña moriría: hoy tiene 10 años

Sarah con su pequeño. La detección del cáncer le llegó al año siguiente de su conversión, y la fe fue determinante para las decisiones que tuvo que tomar.

La facilidad con la que algunos médicos aconsejan a una madre que aborte en caso de un diagnóstico de cáncer choca una y otra vez con la abundancia de errores en la previsión: niños que, o bien nacen sanos tras haberse presionado para que fuesen abortados por supuestas enfermedades; niños que nacen efectivamente enfermos pero se convierten en la alegría y razón de vivir de sus padres y no en la anunciada carga imposible de sobrellevar; o, como en el caso de Sarah Wickline Hull, niños que debían morir para que se le aplicase a su madre un tratamiento teóricamente incompatible con la supervivencia del bebé.

Lo cuenta Diego López Marina en ACI Prensa tras hablar con la protagonista de los hechos, que tiene hoy 40 años y vive en Luisiana (Estados Unidos) junto a su marido Patrick y sus dos hijas. La mayor, la co-protagonista de la historia.

Dos propuestas de aborto

En 2008, a Sarah le diagnosticaron un “linfoma de células grandes anaplásico” poco frecuente y agresivo: "Yo estaba embarazada y no podía respirar. Se pensó que era bronquitis o neumonía, pero terminó siendo un linfoma no Hodgkin. No podía creerlo porque era mi primer hijo. Estaba muy asustada, por mí y por mi bebé”.

Sarah se había convertido al catolicismo en 2007 y cuenta que su fe la ayudó a salir adelante y afrontar los momentos más difíciles: “Si no hubiera tenido fe no sé cómo hubiera logrado atravesar todo esto, especialmente por la enseñanza de la Iglesia sobre el sufrimiento: el saber ofrecerlo por otros”.

Dio a conocer esta historia una década después a raíz de aprobarse en el estado de Nueva York el aborto hasta el día antes del nacimiento. En su perfil de Facebook, Sarah ofrecía una foto suya con su hija recién nacida (ver abajo), y una clara toma de posición: "Se está hablando de la necesidad médica del aborto para salvar la vida de la madre. Yo fui una de esas madres".

En efecto, como cuenta a ACI Prensa, había luchado contra la infertilidad durante años, por fin había logrado quedarse embarazada, y el cáncer le fue diagnosticado en la vigésima semana de gestación. 

“Nunca olvidaré cuando el primer médico, un oncólogo, mencionó el aborto”, que habría sido un aborto denominado tardío. Ella rechazó la idea: "Preferiría morir y dar a luz”. Un segundo médico le insistió en considerar el aborto tras enumerar los problemas que podría tener su bebé: “Me mantuve firme y me negué. Él dijo: ‘Eso está bien. El bebé probablemente será abortado espontáneamente de todos modos'”.

Tratamiento compatible

Por fin, una tercera opinión médica fue la de un doctor que conocía casos similares y le explicó el alto índice de bebés que sobreviven a tratamientos de quimioterapia: “Fue difícil conseguir un médico obstetra debido a mi enfermedad y el embarazo. Pero encontré a uno que había visto un caso similar al mío. Pasé a través de diferentes retos, pero Dios puso a las personas correctas en el momento preciso”.


Definieron un tratamiento de quimioterapia seleccionando los medicamentos compatibles con la vida del bebé: “Cada vez que tenía una quimio oraba a Nuestra Señora de Guadalupe, ante su imagen. Pedía que tome a mi bebé y la proteja”. Su esposo la acompañaba en las quimioterapias y su madre la atendía a tiempo completo.

A las 34 semanas de gestación nació la niña. Ella necesitó un año para reponerse del todo: "Aún sigo enferma. Mi sistema inmune no funciona correctamente y no puedo salir mucho, pero, al final, el cáncer fue una bendición. Cambió mis prioridades, mis pensamientos y ahora sé que lo más importante que les puedo dar a mis hijos es la fe y estoy agradecida por todo el tiempo que tenga para cumplir con eso”.

Hope for Two

“Si más doctores fueran preparados para saber que es posible que un bebé esté bien inclusive en terribles enfermedades como el cáncer, más gente lo intentaría. Hay muchas mujeres con las que he estado en contacto y hay una organización maravillosa de ayuda y sin fines de lucro llamada Hope for Two [Esperanza para los dos]”, explicó Sarah a ACI Prensa.

Hope for Two fue fundada en 1997 por tres mujeres que habían pasado la experiencia de un embarazo unido al cáncer. Se define como una red para brindar "apoyo y esperanza" a madres a quienes se les diagnostica la enfermedad durante la gestación.

En febrero de 2012, la revista médica The Lancet publicó una serie de artículos con estudios que avalan la compatibilidad de algunos tratamientos de quimioterapia con la vida del feto después del primer trimestre. En la misma línea aportó otros datos un artículo de noviembre de 2015 en The New England Journal of Medicine.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 1 de mayo de 2019

Santo Evangelio 1 de Mayo 2019



Día litúrgico: Miércoles II de Pascua

Santoral 1 de Mayo: San José, obrero

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21): 

n aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

«Vino la luz al mundo»

Fr. Damien LIN Yuanheng 
(Singapore, Singapur)

Hoy, ante la miríada de opiniones que plantea la vida moderna, puede parecer que la verdad ya no existe —la verdad acerca de Dios, la verdad sobre los temas relativos al género humano, la verdad sobre el matrimonio, las verdades morales y, en última instancia, la verdad sobre mí mismo.

El pasaje del Evangelio de hoy identifica a Jesucristo como «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Sin Jesús sólo encontramos desolación, falsedad y muerte. Sólo hay un camino, y sólo uno que lleve al Cielo,que se llama Jesucristo.

Cristo no es una opinión más. Jesucristo es la auténtica Verdad. Negar la verdad es como insistir en cerrar los ojos ante la luz del Sol. Tanto si le gusta como si no, el Sol siempre estará ahí; pero el infeliz ha escogido libremente cerrar sus ojos ante el Sol de la verdad. De igual forma, muchos se consumen en sus carreras con una tremenda fuerza de voluntad y exigen emplear todo su potencial, olvidando que tan solo pueden alcanzar la verdad acerca de sí mismos caminando junto a Jesucristo.

Por otra parte, según Benedicto XVI, «cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,32)» (Encíclica "Caritas in Veritate"). La verdad de cada uno es una llamada a convertirse en el hijo o la hija de Dios en la Casa Celestial: «Porque ésta es la voluntad de Dios: tu santificación» (1Tes 4,3). Dios quiere hijos e hijas libres, no esclavos.

En realidad, el “yo” perfecto es un proyecto común entre Dios y yo. Cuando buscamos la santidad, empezamos a reflejar la verdad de Dios en nuestras vidas. El Papa lo dijo de una forma hermosísima: «Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios» (Exhortación apostólica "Verbum Domini").

Se criaron en familias sin fe, se hicieron musulmanes, se casaron... y en Pascua se bautizaron

Christopher, su esposa Kristin y sus dos hijos: toda la familia se bautizó esta Pascua en Florida.

Se criaron en familias sin fe, se hicieron musulmanes, se casaron... y en Pascua se bautizaron

Christopher, su esposa Kristin y sus dos hijos: toda la familia se bautizó esta Pascua en Florida.

Christopher Booty, de 28 años, y su esposa Kristin, de 27, se bautizaron esta Pascua en su parroquia de Florida. Hasta hace un par de años, se consideraban conversos al Islam, al que llegaron cada uno por su cuenta, uno en Estados Unidos, la otra en Canadá, buscando sentido, orden y comunidad. Pero al tener hijos y complicarse en la vida cotidiana las reglas islámicas del día a día se plantearon ¿cómo cumplir con Dios? ¿Cómo lograr el perdón de Dios? Más en concreto: ¿cómo saber lo que Dios pide? Eso acabó llevándoles a la fe católica.

Es un viaje muy infrecuente para dos norteamericanos: del agnosticismo al Islam, y de allí al catolicismo. Pero es la búsqueda de guía moral y de comunidad ética la que los acabó llevando a la investigación histórica acerca del Evangelio.

Kristin, de un hogar agnóstico al Islam

Kristin explica al The Florida Catholic que nació en una familia agnóstica en un pueblecito en las montañas canadienses. Le enseñaron, básicamente, que es imposible saber si existe Dios o vida tras la muerte. Pero ella quería una guía firme, sólida. Y comunidad.

En la universidad de British Columbia tanteó varios grupos. "Probé con una comunidad atea. Y el budismo. Encontré la comunidad musulmana del campus". Ahí se quedó y se hizo musulmana. Para ello basta con pronunciar ante testigos tres veces la shahada, la frase de entrada en el Islam: "No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta".

Christopher: familia sin fe, pero abuelo católico

Christopher tuvo abuelos católicos devotos. "Siempre tuve cierta simpatía por el catolicismo. Recuerdo ir a misa de navidad de niño con mis abuelos", explica. De hecho, un bisabuelo suyo participó como supervisor en la construcción de la Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington.



Sin embargo, su padre no era religioso y no le transmitió ninguna fe. Tampoco su madre, que era de origen metodista. Lo criaron en Pembroke Pines, una ciudad de casi 200.000 habitantes en Florida.

"Crecí sin religión, sin una comunidad de gente y quería ser parte de algo", explica. "Hice un semestre de universidad y lo dejé. Me puse a trabajar en empleos que no llevaban a nada. Me faltaba visión, un propósito. Buscaba a alguien que me dijera cómo llevar una vida moral. Y en 2012 me hice musulmán".

Novios por Internet

Christopher y Kristin, hijos de esta época, separados por miles de kilómetros, se conocieron por Facebook. Hablaban mucho, y después pasaron a Skype, donde podían verse las caras. En 2013 organizaron una cita presencial, para verse en persona en terreno "casi neutral", cerca de la frontera entre EEUU y Canadá. Fue amor a primera vista y sintieron que encajaban. ¡Dos conversos al Islam de casi la misma edad e itinerario!

Meses después se casaron y Kristin se mudó a vivir con su marido a Florida, y se incorporó a su comunidad musulmana.

Fueron tiempos difíciles. Por un lado, ella venía de un pueblecito de montaña y ahora vivía en una ciudad grande y ajetreada. Por otro, él sólo tenía pequeños empleos de sueldo bajo. Quería mejorar su educación, pero mientras tanto vivían en la casa de los padres de él. Y tenían un bebé y esperaban otro.

¿Dios de normas o Dios de amor y perdón?

Espiritualmente, cumplir con las exigencias cotidianas del Islam era difícil. Las cinco oraciones al día, los tabúes respecto a la comida y la bebida, el vestir femenino... Era difícil también socializar y hacer amistades adecuadas.

Ambos habían deseado una vida moral y ordenada, pero ahora se sentían atrapados en aspectos rituales. Y, si no cumplían, si pecaban... ¿cómo lograr el perdón de Dios? No había nada parecido al sacramento de la confesión.

Kristin explica: "Empiezas a sentirte desesperado. No hay una forma de arrepentirse. Yo decía: 'por favor, perdóname, no me envíes al infierno'".

Christopher se hizo preguntas sobre Dios y empezó a leer sobre Mahoma. "Muchas cosas de las cosas que leí no son las que se dicen hoy", explica. Quiso profundizar en la historia e investigó las raíces del cristianismo. Encontró a Jesús, con sus obras de sanación, de amor, compasión y piedad.
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"Aunque sucedió hace dos mil años, los documentos históricos están ahí. Ves que algo pasó. Hablan de Cristo", señala.

Se hizo una pregunta sobre el Islam: ¿de verdad eso era lo que quería transmitir después a sus hijos?

A la parroquia, porque su web era acogedora

Kristin -embarazada de 5 meses- y Christopher buscaron por Internet y encontraron una parroquia cercana con una web muy acogedora, que invitaba. Acudieron, les gustó, se sintieron bien recibidos. "La gente nos hablaba", explica Christopher. Perseveraron en acudir a la parroquia y sus actividades. En septiembre empezaron su curso de iniciación cristiana para adultos.

"Me siento mucho más en paz con Dios. Si miras la historia y el Antiguo Testamento, ves que no nos merecemos [el amor y perdón de Dios]. No hicimos las cosas que se supone que nos darían la salvación. Es Él quien sigue dándonos oportunidades", explica Christopher.

Recientemente, ya en la recta final de preparación para el bautismo, visitó la Basílica de la Inmaculada Concepción de Washington y vio allí el nombre de su abuelo y de otros católicos devotos que colaboraron en esta obra. "Fuimos a misa allí, fue un gran momento para mí. Me qudé allí de pie llorando", explica.

"Vivimos en una cultura muy peligrosa. Kristin y yo crecimos sin guía, sin identidad ni fe. Las cosas han mejorado mucho desde que llegamos a la parroquia. La forma en que nos miramos, a nuestra vida personal. Tenemos un futuro más brillante, tenemos esperanza", concluye.

Fuente: Religión en Libertad