sábado, 27 de abril de 2019

Christopher Jarvis fue «obligado» a una Adoración Eucarística y allí fue «tocado»«Quiero que seas sacerdote», le dijo Dios dejándolo pálido: su vida era alcohol, droga y detenciones

Christopher fue tocado fuertemente por Dios por primera vez ante Cristo Eucaristía

Christopher Jarvis fue «obligado» a una Adoración Eucarística y allí fue «tocado»«Quiero que seas sacerdote», le dijo Dios dejándolo pálido: su vida era alcohol, droga y detenciones

Christopher fue tocado fuertemente por Dios por primera vez ante Cristo Eucaristía

Christopher Jarvis es un sacerdote de Michigan, en Estados Unidos. Él no quería serlo. De hecho, vivió una vida bastante alejada de Dios, con alcohol, drogas, sexo y hasta con varias detenciones policiales. No aspiraba a ser cura y estaba muy alejado del ideal de cómo debía ser uno. Lo que no esperaba es que en su alma un día ante una visita a la iglesia a la que su madre le suplicó que le acompañara resonó en su interior una voz que decía: “Quiero que seas sacerdote”. Se escapó muchas veces, pero hoy en día es un feliz sacerdote y un activo evangelizador.

Nació en el seno de una familia católica de fe profunda. Y fue precisamente la constancia y el tesón de su madre el que ayudó a su futura conversión. Aunque estaba en un entorno muy católico, Jarvis asegura que la fe “nunca llegó a florecer en mi corazón”.

No quería que Dios le tocara

En una entrevista en el programa Cambio de Agujas de Euk Mamie, este estadounidense señala que mantenía a Dios alejado de su vida. “Mirando atrás veo que no había mucha apertura para dejar que Dios me tocara. Estaba más interesado en el deporte, los amigos, ser libre y tener coche para conducir”, cuenta.

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Uno de los momentos más críticos se produjo cuando ya en el instituto sus padres decidieron mudarse a otro pueblo situado a más de dos horas en coche de su casa. Una vez allí se sintió “libre” para hacer lo que le diese la gana. Y así fue como comenzó una “relación impura” con una chica ese verano.

Sabía, porque así le habían educado sus padres, que hacía algo que no estaba bien. Pero lejos de recapacitar decidió ir en sentido contrario. “No podía vivir la fe católica y esta vida al mismo tiempo así que empecé a alejarme de la fe”, agrega.

30 días seguido de fiesta y al calabozo

Rápidamente empezó también a emborracharse hasta que al final de ese verano entró en barrena. Decidió hacer un “retiro” fuera de casa de 30 días con sus amigos  pasa salir de fiesta cada día de ese mes. Acabó detenido por la Policía.

Su padre tuvo que ir a recogerlo en comisaría. Ese mismo año comenzó la universidad aunque a diferencia de sus amigos él se quedó viviendo en casa de sus padres. Sin embargo, cada fin de semana se iba de fiesta a alguna de las universidades de sus colegas.



Volvió a tener problemas con la Policía una vez más. Jarvis pensó que lo mejor sería cambiar de ambiente y decidió ir a otra universidad. Pero la situación empeoró aún más. Alquiló un piso con los amigos y siguió bebiendo, drogándose y saliendo de fiesta. No piso ni una sola vez la Iglesia.

La bendita insistencia de su madre

Otro punto importante en su vida fue el hecho de suspender en la universidad, algo que más adelante resultaría providencial. En aquel momento su padre intervino y le dijo que no le estaría pagando un piso y la universidad para que se dedicara a salir de fiesta. Así que este joven decidió volver a casa un tiempo. Empezó a trabajar y los fines de semana salía para seguir con el alcohol y las drogas.

Y en este punto entró en escena su madre, que durante todo ese tiempo había estado rezando sin cesar por su hijo. Un día pidió a Christopher que le acompañara a una Adoración Eucarística, puesto que era adoradora en una capilla de adoración perpetua y tenía que realizar su turno.

Además, aquel día cumplía 23 años. Evidentemente él no quería y menos aquel día. Pero su madre insistió tanto que al final decidió ceder y acompañarla.

“Decidí ir y decidí también rezar. Tuve una pequeña intención de desafiar al Señor. Me arrodillé y le dije: ‘si estás de verdad en el Santísimo Sacramento demuéstramelo’. Esperaba que me hablara o se me apareciera pero lo que en realidad estaba detrás era: ‘si no responde, que no lo va a hacer porque nunca me ha respondido, puedo dejar todo aquí’”.

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El beato que llevaba su nombre

Estuvo así media hora sin que pasara nada por lo que fue a su madre para que se fueran de aquella capilla. Pero su madre le dijo que le faltaba otra media hora y le dio a su hijo un ejemplar de Magnificat para que lo leyera.

Buscó en la revista la fecha de su cumpleaños y vio que el santo de aquel día era el beato Christopher Bayles. Se llamaban igual y vio que había sido un mártir inglés. Pero lo que más le sorprendió fue la última frase: “fue ordenado sacerdote a los 23 años”. Los mismos que él cumplía ese día.

“Cuando leí eso no fue que escuchase una voz fuerte pero en mi alma no pude sentirlo con más fuerza: ‘quiero que seas sacerdote’”, recuerda de aquel momento.

Este joven se quedó literalmente pálido. Hasta su madre se percató de su cara. Al final le contó lo sucedido y ésta le dijo que fuera hablar con un sacerdote. Christopher se negó y le propuso un trato a su madre: si no le aceptaban en el curso de la universidad hablaría con un cura.

La recomendación de un sacerdote

Dos días después le llamaron de la universidad para informarle de que no se impartiría el curso por falta de alumnos. No le quedaba más opción que cumplir su palabra. “Fui a hablar con un sacerdote y todo fue genial. Pero me dijo: ‘no creo que debas ir ahora al seminario. Debes dejar de beber, las drogas, confesarte, empezar a rezar, ir a misa y tomarte en serio tu fe. No puedes discernir si no estás en gracia’”, relata.

El joven se sintió muy aliviado de que el religioso no le dijera que tenía que ser sacerdote. Pero sí le dio una oración al Espíritu Santo y le dijo que la rezara todos los días. Sin saber cómo, esto último lo cumplió a rajatabla. Así pasaron 4 años en los que su vida dio un vuelco total.

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Un nuevo encuentro con el Señor

Y finalmente volvió a aquella capilla en la que Dios le habló con fuerza. “Estaba rezando y dije: ‘Señor, no lo entiendo, ¿qué quieres que haga? He dejado las adicciones, intentado asentarme, tener una familia”. En ese momento, Christopher tenía también novia.

Entonces cogió una Biblia y se abrió por el profeta Ezequiel y sus ojos se quedaron fijos en una cita, que decía: “El tiempo de preguntar ha terminado. Ya te lo he dicho”.

"Esto está claro"

Y de nuevo volvió a escuchar en su interior: “Quiero que seas sacerdote”. Pero al igual que cuatro años antes quiso hacer un trato: “si quieres que sea sacerdote tienes que acabar Tú con la relación en la que estoy. Que venga de ella”. Dos semanas después ella le dijo que iban por caminos diferentes y que lo mejor era que lo dejaran.

“Esto está claro”, vio Cristhoper, y finalmente hizo un discernimiento en serio que le llevó al seminario. Entonces fue cuando experimentó –confiesa- “una gran libertad interior y paz”. Y así hasta el presente cuando ya es un sacerdote ordenado y un evangelizador infatigable.
Fuente: Religión en Libertad

viernes, 26 de abril de 2019

Santo Evangelio 26 de Mayo 2019


Día litúrgico: Lunes III de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 6,22-29): 

Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús. 

Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».
«Obrad (…) por el alimento que permanece para la vida eterna»

Abbé Jacques FORTIN 
(Alma (Quebec), Canadá)

Hoy, después de la multiplicación de los panes, la multitud se pone en busca de Jesús, y en su búsqueda llegan hasta Cafarnaúm. Ayer como hoy, los seres humanos han buscado lo divino. ¿No es una manifestación de esta sed de lo divino la multiplicación de las sectas religiosas, el esoterismo?

Pero algunas personas quisieran someter lo divino a sus propias necesidades humanas. De hecho, la historia nos revela que algunas veces se ha intentado usar lo divino para fines políticos u otros. Hoy, en el Evangelio proclamado, la multitud se ha desplazado hacia Jesús. ¿Por qué? Es la pregunta que hace Jesús afirmando: «Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado» (Jn 6,26). Jesús no se engaña. Sabe que no han sido capaces de leer las señales del pan multiplicado. Les anuncia que lo que sacia al hombre es un alimento espiritual que nos permite vivir eternamente (cf. Jn 6,27). Dios es el que da ese alimento, lo da a través de su Hijo. Todo lo que hace crecer la fe en Él es un alimento al que tenemos que dedicar todas nuestras energías.

Entonces comprendemos por qué el Papa nos anima a esforzarnos para re-evangelizar nuestro mundo que frecuentemente no acude a Dios por los buenos motivos. En la constitución "Gaudium et Spes" ("La Iglesia en el mundo actual") los Padres del Concilio Vaticano II nos recuerdan: «Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solo los alimentos terrenos». Y nosotros, ¿por qué continuamos siguiendo a Jesús? ¿Qué es lo que nos proporciona la Iglesia? ¡Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II! ¿Estamos convencidos del bienestar que proporciona este alimento que podemos dar al mundo?
«La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado»

Rev. D. Josep GASSÓ i Lécera 
(Ripollet, Barcelona, España)

Hoy contemplamos los resultados de la multiplicación de los panes, resultados que sorprendieron a toda aquella multitud. Ellos bajan de la montaña, al día siguiente, hasta la orilla del lago, y se quedan allí mirando Cafarnaúm. Se quedan allí porque no hay ninguna barca. De hecho, sólo había habido una: aquella que en la tarde anterior había marchado sin Jesús.

La pregunta es: ¿Dónde se encuentra Jesús? Los discípulos han marchado sin Jesús, y, sin duda, Jesús allá no está. ¿Dónde está, pues? Afortunadamente, la gente puede subir a unas barcas que han ido llegando, y zarpan en busca del Señor a Cafarnaúm.

Y, efectivamente, al llegar a la otra orilla del lago, le encuentran. Se sorprenden de su presencia allí, y le preguntan: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?» (Jn 6,25). La realidad es que la gente no sabía que Jesús había caminado por encima de las aguas de manera milagrosa, y Jesús tampoco da respuesta directa a las preguntas que le hacen.

¿Qué dirección y qué esfuerzo llevan a encontrar a Jesús verdaderamente? Nos lo dice el mismo Señor: «Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello» (Jn 6,27).

Detrás de todo esto continúa estando la multiplicación de los panes, signo de la generosidad divina. La gente insiste y continúa preguntando: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6,28). Jesús responde claramente: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado» (Jn 6,29).

Jesús no pide una multiplicación de obras buenas, sino que uno tenga fe en aquel que Dios Padre ha enviado. Porque con fe, el hombre realiza la obra de Dios. Por esto designó la fe misma como obra. En María tenemos el mejor modelo de amor manifestado en obras de fe.

Santo Evangelio 26 de abril 2019



Día litúrgico: Viernes de la octava de Pascua

Santoral 26 de Abril: San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Jn 21,1-14):

 En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


«Ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos»

Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart 
(Tarragona, España)

Hoy, Jesús por tercera vez se aparece a los discípulos desde que resucitó. Pedro ha regresado a su trabajo de pescador y los otros se animan a acompañarle. Es lógico que, si era pescador antes de seguir a Jesús, continúe siéndolo después; y todavía hay quien se extraña de que no se tenga que abandonar el propio trabajo, honrado, para seguir a Cristo.

¡Aquella noche no pescaron nada! Cuando al amanecer aparece Jesús, no le reconocen hasta que les pide algo para comer. Al decirle que no tienen nada, Él les indica dónde han de lanzar la red. A pesar de que los pescadores se las saben todas, y en este caso han estado bregando sin frutos, obedecen. «¡Oh poder de la obediencia! —El lago de Genesaret negaba sus peces a las redes de Pedro. Toda una noche en vano. —Ahora, obediente, volvió la red al agua y pescaron (...) una gran cantidad de peces. —Créeme: el milagro se repite cada día» (San Josemaría).

El evangelista hace notar que eran «ciento cincuenta y tres» peces grandes (cf. Jn 21,11) y, siendo tantos, no se rompieron las redes. Son detalles a tener en cuenta, ya que la Redención se ha hecho con obediencia responsable, en medio de las tareas corrientes.

Todos sabían «que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da» (Jn 21,12-13). Igual hizo con el pescado. Tanto el alimento espiritual, como también el alimento material, no faltarán si obedecemos. Lo enseña a sus seguidores más próximos y nos lo vuelve a decir a través de San Juan Pablo II: «Al comienzo del nuevo milenio, resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús (...) invitó al Apóstol a ‘remar mar adentro’: ‘Duc in altum’ (Lc 5, 4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo (...) y ‘recogieron una cantidad enorme de peces’ (Lc 5,6). Esta palabra resuena también hoy para nosotros».

Por la obediencia, como la de María, pedimos al Señor que siga otorgando frutos apostólicos a toda la Iglesia.

De joven se alejó de Dios, pero volvió gracias a una enfermedad: dejó novio y trabajo para ser monja

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Sara pertenece a una nueva comunidad que es apostólica y contemplativa

De joven se alejó de Dios, pero volvió gracias a una enfermedad: dejó novio y trabajo para ser monja

Elvira y Sara estudian en estos momentos en la Universidad de la Santa Cruz de Roma para formarse mejor para su misión

Sara Catalina Betancur Marín y Elvira Arango Garcés son dos religiosas colombianas de la Comunidad de las Hijas del Fiat, fundada en 1996 con una vida apostólica y contemplativa. El espíritu misionero es fundamental para estas religiosas cuyo fin es la evangelización.

Ambas se encuentran en estos momentos estudiando en Roma con Sara cursando el Bachillerato en Teología y Elvira Derecho Canónico, como una ayuda concreta a su misión. Esto ha sido posible gracias a las becas del Centro Académico Romano Fundación (CARF) por lo que ambas han podido trasladarse a Europa para completar su formación.

Un alejamiento de Dios

La de Sara es la historia de una joven que se alejó completamente de la fe de su infancia y que se agarró nuevamente a Dios a raíz de un grave sufrimiento en su familia. “Vengo de una familia católica, pero no particularmente practicante”, explica. De niña asistió a un colegio religioso e iba a misa los domingos, pero con el tiempo cada miembro de la familia decidió vivir la fe a su manera. Confiesa que “yo decidí vivir la mía como lo hace la mayoría, sabiendo que Dios existe pero teniéndolo al margen de todo”.

Elvira y Sara estudian en estos momentos en la Universidad de la Santa Cruz de Roma para formarse mejor para su misión

El inicio de la universidad no ayudó en su fe, al contrario. Sara asegura que era una universidad publica en la que se fomentaba el ateísmo, lo que acabó produciendo en ella “un distanciamiento más profundo con mi fe”. Esto se tradujo –señala esta joven religiosa- “en una pérdida del sentido de la vida”.

La enfermedad de su madre

Pero uno de los elementos claves que propiciarían posteriormente su vuelta a la fe fue cuando a su madre le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa. “Comenzamos a buscar diferentes maneras de afrontar la situación, medicina tradicional, medicina alternativa y, finalmente, buscamos ayuda espiritual. Ese fue mi momento para volver a Dios”, confiesa Sara.

Curiosamente, afirma que aquellos que la evangelizaron en aquel momento eran “cristianos no católicos”. Pese a ello, respetaron el hecho de que fuera católica y la invitaron a vivir su fe con “excelencia”. Esto despertó en ella el deseo de aprender sobre la Iglesia y de empezar a vivir una vida seria y sacramental.

La llamada para entregarse totalmente a Dios

“Comencé a asistir a Misa diaria con mi novio, que era católico practicante y que fue de gran ayuda en todo este proceso. Poco a poco me fui adentrando en una vida de oración, de búsqueda constante de la presencia de Dios y de evangelización, ya que nació en mí el fuerte deseo de que todos experimentaran lo que yo, que se acercaran a Dios, que pudieran encontrar esa paz que hacía desaparecer la tristeza y esa sensación constante de vacío y sin sentido”, cuenta esta religiosa.

El hecho de llevar una vida de fe de esta manera fue transformando su interior. De hecho, Sara señala que “en el silencio de la oración volví a escuchar la voz de Dios que me llamaba a unirme a Él de una manera más plena”.

Su respuesta no fue inmediata sino que asegura que hizo esperar al Señor “hasta terminar mis estudios de postgrado e, incluso, haber cumplido cierto tiempo de experiencia profesional, terminar mi noviazgo no fue tampoco algo fácil pero, finalmente, con el valor y la gracia que sólo Dios puede dar, fui capaz de dejar todo atrás e iniciar un camino de unión perfecta con Él”.

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Ahora, tanto Sara como Elvira tienen como objetivo esencial “adquirir una formación integral que después pondremos al servicio de la comunidad en la formación de sus miembros, en nuestros apostolados y en aquello que nos solicite la Iglesia”.

"Una evangelización dinámica"

Cuando acaben sus estudios en la Universidad de la Santa Cruz gracias a la beca de CARF ambas volverán a Colombia. Sobre su país, aseguran que “es paradójico, rico y a la vez pobre, piadoso y a la vez violento, un país tradicionalmente católico, pero en ocasiones esa fe es superficial, se debe entonces profundizar y evitar una religiosidad que no transforma estructuras. El gran desafío es que, sin renunciar a esa tradición y a esa riqueza, se ofrezca una profunda vida espiritual hoy, que permee la familia, la vida pública, las instituciones, que sea coherente y dé una consistencia verdaderamente cristiana”.

Además, agregan que “a nivel religioso se vive un contraste entre una Iglesia vital, con muchos agentes de pastoral y con una vida religiosa muy bien establecida y la proliferación de grupos religiosos no católicos, anti-cristianos e, incluso fuertemente contrarios a la fe”.

De este modo, estas dos religiosas añaden que “vivimos facetas contradictorias, estamos en la realidad del primer mundo sin pertenecer al mismo. La tecnología y la globalización han traído todos los retos del mundo actual y esto requiere una evangelización dinámica, presente en los medios, que llegue a un gran número de jóvenes, con nuevos lenguajes, pero sin perder la originalidad y los contenidos más profundos de la fe”.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 25 de abril de 2019

Santo Evangelio 25 de Abril 2019



Día litúrgico: 25 de Abril: San Marcos, evangelista

Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): 

En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien». 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»

Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat 
(Barcelona, España)

Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.

Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.

El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente. 

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.

¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).

José Ángel Zubiaur será ordenado sacerdote en Pamplona en junioTenía novia y sufrió depresión en la universidad: ante el Santísimo lanzó una clara pregunta a Dios

José Ángel será ordenado sacerdote el próximo mes de junio

José Ángel Zubiaur será ordenado sacerdote en Pamplona en junioTenía novia y sufrió depresión en la universidad:

ante el Santísimo lanzó una clara pregunta a Dios

José Ángel será ordenado sacerdote el próximo mes de junio


El próximo 30 de junio José Ángel Zubiaur será sacerdote de la Archidiócesis de Pamplona, la misma ciudad que le vio nacer. El todavía diácono navarro nació en una familia católica, pero la vida le fue llevando por caminos inesperados. Alejamiento de la fe, una fuerte depresión e incluso un noviazgo firme. Nada presagiaba que este joven pudiera algún día ser sacerdote, hasta que un día delante del Santísimo Dios le habló con una claridad total. Y fue entonces cuando supo que había sido llamado a servirle a través del sacerdocio.

En su testimonio que relata a la Delegación de Juventud de su Archidiócesis, José Ángel explica que tuvo una infancia normal en la que sus padres eran personas de fe. Creció y recuerda un momento concreto de su vida en el que tuvo “un encontronazo con una persona de la Iglesia y ese momento fue justo anterior al viaje del Papa en 2003 a Madrid”.

Las palabras de San Juan Pablo II

De aquel viaje hubo unas palabras de San Juan Pablo II que penetraron en su corazón. Fueron una semilla que acabaría germinando años más tarde. Aquella frase era: “Si sientes la llamada de Dios que te dice ven y sígueme, que tu sí sea gozoso como el de la Virgen”.

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José Ángel, junto al arzobispo de Pamplona, el día de su ordenación sacerdotal

En aquel instante, José Ángel explica que recibió las palabras del santo polaco “con mucho gozo, con lágrimas, pero aquello quedó aparcado atrás, en lo más profundo de mi corazón, porque a partir de ese momento tuve una crisis con la Iglesia: decidí ser el señor de mi vida. Ahí empezó un periodo de baches”.

Ese hueco vacío que dejó Dios al expulsarlo de su vida lo intentó llenar “con el amor que el mundo nos ofrece” y que pasaba por salir de fiesta y otro tipo de actividades.  “Al final es intentar saciar ese anhelo de amor y de sed que tiene el hombre y que la sociedad actual te dice que seas tú el señor de tu vida”.

Una depresión que le hizo replantearse su vida

José Ángel empezó a estudiar Derecho en la Universidad y además tenía novia, una relación que duró bastante tiempo. Pero entonces en la universidad sufrió una depresión por ansiedad que le hizo replantearse totalmente su vida. “¿Por qué Dios permite esto y tengo que sufrir?”, fue la pregunta que se realizó en ese momento.

Sin embargo, este pamplonés confiesa que “me ayudó mucho ver a familiares, mis padres y hermanos, amigos que tienen hijos con minusvalías tanto físicas como psíquicas y plantearme: ¿por qué esta gente que está tan necesitada de los demás sonríe y yo no?”.



Según reconoce, esta fue una de las semillas que Dios fue poniendo en su camino. Otra –explica- “fue aprender a amar a los enfermos, cuidar de mi abuelo y de otra gente mayor. Me descubrió que salir de uno mismo es algo fundamental y es lo que Dios quiere”.

La pregunta ante el Santísimo

Un día estaba en una capilla de adoración perpetua y se le ocurrió preguntarle directamente a Dios: “¿Qué quieres de mí?”. José Ángel recuerda que en aquel instante “vino a mi cabeza una frase que un sacerdote me dijo cuando tuve aquel bache con la Iglesia: ‘¿has pensado en ser sacerdote?’”.

Este joven quedó aterrado con este recuerdo. Tenía novia y durante ese tiempo cada vez que iba a la adoración venía a él esa pregunta sobre el sacerdocio. “Una vez me planteo que Dios me puede estar llamando, surge el primer miedo: ¿Cómo te va a llamar a ti si eres un gran pecado, si hay gente infinitamente mejor que tú, un millón de personas? ¿Cómo me va a llamar a mí si lo he dejado de lado mil veces? ¿Por qué quiere Dios que tú le sirvas?”.

Prosiguiendo con su testimonio, este navarro admite que todas las trabas que ponía el Señor las iba desanudando. Cuenta que “son como nudos grandes que yo hacía para que no pudiera salir adelante. Y el último miedo que pude llegar a tener es el que buscamos seguridades: tienes una novia, unos padres, unos amigos y sabes que los tienes. Si yo dejo todo eso, ¿a quién me voy a sujetar?”.


El monasterio de Leyre

Sin embargo, José Ángel sabe por experiencia propia que Dios pide que “saltes a la piscina sin manguitos y Él te dice: ‘yo te voy a coger’. Pero si no te fías es imposibles que saltes”.

Inmerso en este proceso de discernimiento José Ángel Zubiaur suspendió varias asignaturas en la universidad y se planteó que iba a ser de su vida. Necesitaba desconectar y pensó en el monasterio benedictino de Leyre. “Ahí fue cuando el Señor realmente derribó todas las barreras”, asegura.

Los miedos y las inseguridades no desaparecían, sino  pero poco a poco fue venciendo y le llevó a servir a la Iglesia. Pudo cuidar a los enfermos en el Hospital de Navarra y a los sacerdotes mayores en la Residencia del Buen Pastor. “Aquello me ayudó muchísimo”, afirma. Y así hasta hoy cuando está a apenas dos meses de ser ordenado sacerdote.

Fente: Religión en Libertad

miércoles, 24 de abril de 2019

Santo Evangelio 24 de Abril 2019



Dia litúrgico: Miércoles de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Lc 24,13-35): 

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 

Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras. 

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.


«¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»

P. Luis PERALTA Hidalgo SDB 
(Lisboa, Portugal)

Hoy el Evangelio nos asegura que Jesús está vivo y continúa siendo el centro sobre el cual se construye la comunidad de los discípulos. Es precisamente en este contexto eclesial —en el encuentro comunitario, en el diálogo con los hermanos que comparten la misma fe, en la escucha comunitaria de la Palabra de Dios, en el amor compartido en gestos de fraternidad y de servicio— que los discípulos pueden realizar la experiencia del encuentro con Jesús resucitado. 

Los discípulos cargados de tristes pensamientos, no imaginaban que aquel desconocido fuese precisamente su Maestro, ya resucitado. Pero sentían «arder» su corazón (cf. Lc 24,32), cuando Él les hablaba, «explicando» las Escrituras. La luz de la Palabra disipaba la dureza de su corazón y «sus ojos se abrieron» (cf. Lc 24, 31).

El icono de los discípulos de Emaús nos sirve para guiar el largo camino de nuestras dudas, inquietudes y a veces amargas desilusiones. El divino Viajante sigue siendo nuestro compañero para introducirnos, con la interpretación de las Escrituras, en la comprensión de los misterios de Dios. Cuando el encuentro se vuelve pleno, la luz de la Palabra sigue a la luz que brota del «Pan de vida», por el cual Cristo cumple de modo supremo su promesa de «yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

El Papa Benedicto XVI explica que «el anuncio de la Resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en el que vivimos».