lunes, 7 de mayo de 2018

Santo Evangelio 7 de Mayo 2018


Día litúrgico: Lunes VI de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 15,26—16,4): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».


«También vosotros daréis testimonio»

Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE 
(Cobourg, Ontario, Canadá)

Hoy, en el evangelio Jesús anuncia y promete la venida del Espíritu Santo: «Cuando venga el Paráclito (…) que procede del Padre, Él dará testimonio de mí» (Jn 15,26). “Paráclito” literalmente significa “aquél que es llamado junto a uno”, y habitualmente es traducido como “Consolador”. De este modo, Jesús nos recuerda la bondad de Dios, pues siendo el Espíritu Santo el amor de Dios, Él infunde en nuestros corazones la paz, la serenidad en las adversidades y la alegría por las cosas de Dios. Él nos hace mirar hacia las cosas de arriba y unirnos a Dios.

Además Jesús dice a los Apóstoles: «También vosotros daréis testimonio» (Jn 15,27). Para dar testimonio es necesario:

1º Tener comunión e intimidad con Jesús. Ésta nace del trato cotidiano con Él: leer el Evangelio, escuchar sus palabras, conocer sus enseñanzas, frecuentar sus sacramentos, estar en comunión con su Iglesia, imitar su ejemplo, cumplir los mandamientos, verlo en los santos, reconocerlo en nuestros hermanos, tener su espíritu y amarlo. Se trata de tener una experiencia personal y viva de Jesús.

2º Nuestro testimonio es creíble si aparece en nuestras obras. Un testigo no es sólo una persona que sabe que algo es verdad, sino que también está dispuesta a decirlo y vivirlo. Lo que experimentamos y vivimos en nuestra alma debemos transmitirlo al exterior. Somos testigos de Jesús no sólo si conocemos sus enseñanzas, sino —y principalmente— cuando queremos y hacemos que otros lo conozcan y lo amen. Como dice el dicho: «Las palabras mueven, los ejemplos arrastran».

El Papa Francisco nos decía: «Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más». Y añadía: «Quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente». Eso es siempre una luz que atrae.


«Cuando venga el Paráclito, (...) el Espíritu de la verdad, (...) Él dará testimonio de mí»

Rev. D. Jordi POU i Sabater 
(Sant Jordi Desvalls, Girona, España)

Hoy, el Evangelio es casi tan actual como en los años finales del evangelista san Juan. Ser cristiano entonces no estaba de moda (más bien era bastante peligroso), como tampoco no lo está ahora. Si alguno quiere ser bien considerado por nuestra sociedad, mejor que no sea cristiano —porque en muchas cosas— tal como los primeros cristianos judíos, le «expulsarán de las sinagogas» (Jn 16,2).

Sabemos que ser cristiano es vivir a contracorriente: lo ha sido siempre. Incluso en épocas en que “todo el mundo” era cristiano: los que querían serlo de verdad no eran demasiado bien vistos por algunos. El cristiano es, si vive según Jesucristo, un testimonio de lo que Cristo tenía previsto para todos los hombres; es un testigo de que es posible imitar a Jesucristo y vivir con toda dignidad como hombre. Esto no gustará a muchos, como Jesús mismo no gustó a muchos y fue llevado a la muerte. Los motivos del rechazo serán variados, pero hemos de tener presente que en ocasiones nuestro testimonio será tomado como una acusación.

No se puede decir que san Juan, por sus escritos, fuera pesimista: nos hace una descripción victoriosa de la Iglesia y del triunfo de Cristo. Tampoco se puede decir que él no hubiese tenido que sufrir las mismas cosas que describe. No esconde la realidad de las cosas ni la substancia de la vida cristiana: la lucha.

Una lucha que es para todos, porque no hemos de vencer con nuestras fuerzas. El Espíritu Santo lucha con nosotros. Es Él quien nos da las fuerzas. Es Él, el Protector, quien nos libra de los peligros. Con Él al lado nada hemos de temer.

Juan confió plenamente en Jesús, le hizo entrega de su vida. Así no le costó después confiar en Aquel que fue enviado por Él: el Espíritu Santo.

El Papa afirma: «La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe»


El Papa afirma: «La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe»

Lo que un padre católico debe enseñar a su hijo para llegar al Cielo: consejos sencillos y claros

Lo que un padre católico debe enseñar a su hijo para llegar al Cielo: consejos sencillos y claros

Lo que un padre católico debe enseñar a su hijo para llegar al Cielo: consejos sencillos y claros

Mi primera labor como padre es enviar a mis hijos al Cielo. Son hijos de Dios, y a Él se los tengo que retornar. Con nuestra primera hija, esa misión ya la cumplimos, ella falleció al día siguiente de nacer, pero con los otros tres, el camino es un poco más largo. El apostolado familiar es siempre el primer apostolado de los padres de familia, mucho más importante que cualquier otro apostolado, explica Andrés D' Angelo, en la web Catholic-Link.

Y para que ese apostolado tenga efecto, con mi esposa tenemos que lograr ser maestros de nuestros hijos. No quiere decir que les tenga que enseñar el teorema de Thales o si el Po es navegable… eso lo pueden aprender en la escuela, lo que le tengo que enseñar es que ellos tienen otro Padre, en el Cielo, que los ama y los espera para amarlos para toda la eternidad. Esa enseñanza no es en una “clase de catecismo” (cuando cumplan la edad adecuada para entenderlo), no, es una enseñanza que comienza el día que nacen y termina el día que ellos mismos encuentren su camino hacia Dios, y se lo enseñen a la vez a sus hijos, naturales o espirituales. Y pienso que esa enseñanza sobre quién es Dios, tiene que concretarse en algunas cosas que ellos tienen que aprender sí o sí de papá y mamá.

El Papa Francisco dijo en su Exhortación Apostólica Amoris Laetitia: “La educación de los hijos debe estar marcada por un camino de transmisión de la fe, que se dificulta por el estilo de vida actual, por los horarios de trabajo, por la complejidad del mundo de hoy donde muchos llevan un ritmo frenético para poder sobrevivir. Sin embargo, el hogar debe seguir siendo el lugar donde se enseñe a percibir las razones y la hermosura de la fe, a rezar y a servir al prójimo”.

Así que aquí va esta galería, pensando en lo que intentamos con mi esposa transmitirles a nuestros hijos para que conozcan a su verdadero Padre.

1. Dios es amor
Esto se aprende viendo amor verdadero, como el que tienen mamá y papá. El amor de mamá y papá da la vida y Dios es una comunidad de amor que da toda vida. De la ternura de mamá se aprende la misericordia divina, y de la firmeza de papá, la justicia divina. Pero sobre todo se aprende que Dios no deja de amarnos nunca, no importa qué difíciles se pongan las circunstancias.


2. La religión es una relación de amor
Así como mamá y papá aman a sus hijos, así Dios nos ama. Pero para tener una relación de amor, es necesario hablar con el Amado, contarle tus problemas y agradecerle tus alegrías. La religión no es una fría lista de prohibiciones, sino una historia de amor hermosa que hay que cultivar todos los días.


3. Sigues a Cristo
Muchas veces vamos a la iglesia porque hay un gran sacerdote, una monjita buenísima o un consagrado que es un campeón y te trata con cariño. Pero hay dificultades y esos “referentes” nos pueden fallar porque son humanos. No seguimos al sacerdote, a la monjita o al consagrado. Seguimos a Jesús, que nunca falla.


4. Hay gente que no ama a Dios
Y hay gente que lo odia. No han llegado a relacionarse con este Padre Amoroso, porque no han aprendido a amar o porque no les han enseñado que Dios es amor. Hay que escucharlos, comprenderlos y convertirse uno mismo en testimonio del amor de Dios.


5. Puedes dudar
¡Por supuesto que la fe admite la duda! Las dudas sobre la fe siempre se tienen que aceptar y agradecer porque nos permiten profundizar un poco más en esa relación de amor que tenemos con nuestro Padre del Cielo. Todos tenemos dudas, todos tenemos derecho a preguntar y a comprender mejor a Dios. Lo mejor de todo es que ese conocimiento nunca termina, porque Dios es infinito amor.


6. Siempre puedes volver a casa
“Dios no se cansa de perdonarnos”, dijo el Papa Francisco. Y verdaderamente no se cansa. ¿Caíste? ¡Levántate! ¿Volviste a caer? ¡Vuelve a levantarte! ¿Te sientes mal por la caída? ¡Dios te ama por tus “levantadas”! ¿No te puedes levantar? ¡Pídele ayuda a tu Padre! ¡Él ama ayudarte y lo alegras con cada una de tus oraciones!


7. La Iglesia somos nosotros
Los edificios son parroquias, catedrales, capillas, etc. Pero la Iglesia somos todos. Especialmente los más pecadores. Muchos grandes santos comenzaron siendo grandes pecadores y encontraron misericordia en la Iglesia se convirtieron en grandes santos. Es importante alegrarnos, como en el Cielo, por cada pecador que se arrepiente y no por noventa y nueve justos que no necesitan penitencia.


8. No todo es tan sencillo como parece
Como la Iglesia está formada por pecadores, yo el primero, hay que comprender a la gente antes que juzgarla. Dios actúa en modos misteriosos y pone pruebas a la gente de las que no podemos saber nada. Nuestro primer deber es estar, como decía San Francisco, “más prestos a consolar que a ser consolados”, porque no todas las preguntas tienen una respuesta simple y directa.


9. Dios no se deja ganar en generosidad
Cuando somos mezquinos, Dios es generoso. Pero cuando somos generosos, Dios es mucho más generoso. Claro que no siempre su generosidad se traduce en bienes materiales, sino en abundancia de dones espirituales. El Papa Francisco dijo que Dios es tan generoso que su generosidad da miedo, y es que a veces nos asustamos por tanta generosidad, y tememos donarnos a Dios, porque Él es mucho más generoso.


10. Dios no siempre está a la vista
Muchas veces Dios juega “a las escondidas”. Es que muchas veces buscamos los consuelos de Dios y no al Dios de los consuelos. Y entonces Dios se esconde, porque es un Dios celoso y no quiere que lo busquemos por los beneficios que nos da, sino por amor verdadero. Si nos pasa que no vemos la mano de Dios en nuestras vidas, es tal vez porque nos alejamos de su amor. ¡Hay que volver a Dios!


Fuente: Religión en libertad

domingo, 6 de mayo de 2018

Santo Evangelio 6 de Mayo 2018


Día litúrgico: Domingo VI (B) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,9-17): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

»Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».


«A vosotros os he llamado amigos»

Rev. D. Francesc CATARINEU i Vilageliu 
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy celebramos el último domingo antes de las solemnidades de la Ascensión y Pentecostés, que cierran la Pascua. Si a lo largo de estos domingos Jesús resucitado se nos ha manifestado como el Buen Pastor y la vid a quien hay que estar unido como los sarmientos, hoy nos abre de par en par su Corazón.

Naturalmente, en su Corazón sólo encontramos amor. Aquello que constituye el misterio más profundo de Dios es que es Amor. Todo lo que ha hecho desde la creación hasta la redención es por amor. Todo lo que espera de nosotros como respuesta a su acción es amor. Por esto, sus palabras resuenan hoy: «Permaneced en mi amor» (Jn 15,9). El amor pide reciprocidad, es como un diálogo que nos hace corresponder con un amor creciente a su amor primero.

Un fruto del amor es la alegría: «Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros» (Jn 15,11). Si nuestra vida no refleja la alegría de creer, si nos dejamos ahogar por las contrariedades sin ver que el Señor también está ahí presente y nos consuela, es porque no hemos conocido suficientemente a Jesús.

Dios siempre tiene la iniciativa. Nos lo dice expresamente al afirmar que «yo os he elegido» (Jn 15,16). Nosotros sentimos la tentación de pensar que hemos escogido, pero no hemos hecho nada más que responder a una llamada. Nos ha escogido gratuitamente para ser amigos: «No os llamo ya siervos (...); a vosotros os he llamado amigos» (Jn 15,15).

En los comienzos, Dios habla con Adán como un amigo habla con su amigo. Cristo, nuevo Adán, nos ha recuperado no solamente la amistad de antes, sino la intimidad con Dios, ya que Dios es Amor.

Todo se resume en esta palabra: “amar”. Nos lo recuerda san Agustín: «El Maestro bueno nos recomienda tan frecuentemente la caridad como el único mandamiento posible. Sin la caridad todas las otras buenas cualidades no sirven de nada. La caridad, en efecto, conduce al hombre necesariamente a todas las otras virtudes que lo hacen bueno».

Diez formas sencillas de consagrarse a la Virgen María y «cambiar radicalmente tu vida entera»



Una propuesta del «Padre Escobita» para mayo, el mes de María

Diez formas sencillas de consagrarse a la Virgen María y «cambiar radicalmente tu vida entera»

La Iglesia y el pueblo cristiano consagra de forma especial el mes de mayo a la Virgen María.

Diez formas sencillas de consagrarse a la Virgen María y «cambiar radicalmente tu vida entera»


El mes de mayo es tradicionalmente para la Iglesia "el mes de María". Un artículo en Cari Filii News recoge cómo vivirlo en ese espíritu con algunos métodos muy sencillos:

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El padre Ed Broom, OMV (Oblato de la Virgen María), conocido también como Padre Escobita, fue ordenado sacerdote por Juan Pablo II en 1986. Es asistente del párroco en la iglesia de San Pedro Chanel en Hawaiian Gardens (California). Allí imparte retiros, predica los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola y organiza y dirige su propio programa de radio y televisión en Guadalupe Radio (Barriendo Conciencias).



El Padre Ed Broom es un incansable predicador de la consagración al Inmaculado Corazón de María.

Los oblatos de la Virgen María son una congregación fundada por el Venerable Bruno Lanteri (1759-1830) precisamente en torno a la devoción a la Madre de Dios, a quien fue consagrado por su padre cuando quedó huérfano de madre a los cuatro años de edad. "A partir de ahora, ella será tu madre", le dijo llevándole ante una imagen de Nuestra Señora. Vocacionalmente misioneros, los oblatos llegaron a Estados Unidos en 1976, tras recibir varias vocaciones de aquel país.

Al llegar ahora el mes de mayo, el padre Broom ha propuesto, en un artículo en Catholic Exchange, "Diez formas de celebrar Mayo, el mes de María", y así “manifestar nuestro amor y devoción a la Santísima Virgen María en el mes consagrado a ella”.

Éstas son:

1. Consagración
“El primer gesto que deberíamos hacer cada mañana es una oración: la oración de consagración a Jesús por medio del Corazón Inmaculado. ¡Arranca bien el día por medio de María”, afirma el Padre Escobita.


Y recuerda la oración que le dirigía Santa Teresa de Calcuta: “María, dame tu corazón, tan hermoso, puro e inmaculado, tan pleno de amor y humildad que yo pueda recibir a Jesús en el Pan de Vida, amarle como tú le amas y servirLe en el rostro angustiado de los pobres”.

2. Rezar el Angelus o el Regina Caeli
Aunque rezada tradicionalmente a mediodía, el padre Broom recuerda que puede hacerse en cualquier momento de la jornada, estando establecidos sobre todo tres momentos: las 9.00, las 12.00 y las 18.00 horas. “De esta forma santificaremos las horas de la mañana, de la tarde y de la noche por medio de la santa y dulce presencia de María”.

Y nos anima a ello con una frase del Santo Cura de Ars, San Juan María Vianney: “Solo después del Juicio Final podrá María descansar. Desde ahora y hasta entonces, está demasiado ocupada con sus hijos. Servir a la Reina del Cielo es reinar allí, vivir bajo sus órdenes es mejor que gobernar”.

3. Consagrar el hogar y la familia al Corazón Inmaculado de María
El Padre Escobita propone hacerlos mediante una novena de nueve días de Rosarios y oraciones que culminarían “con la bendición, por parte de un sacerdote, de la imagen, el hogar y los miembros de la familia. Con esta bendición y consagración, Dios Padre derramará un aluvión de bendiciones sobre y sobre cada miembro de la familia”

4. Consagración de uno mismo
Nos insta a iniciar ese proceso según las distintas formas conocidas: la de San Maximiliano Kolbe, la de San Luis María Grignion de Montfort, la más moderna del padre Michael Gaitely. “Esa consagración cambiará radicalmente tu vida entera. Y si ya la has hecho, ¡puedes renovarla cada año para profundizar en el tesoro infinito de amor de Dios que obtenemos por medio de María! María tiene poder sobre nosotros en formas que van más allá de nuestra más rebuscada imaginación”.

5. Imita a María
“Cuando queremos de verdad a alguien, queremos conocerle mejor, seguirle más de cerca e imitar sus buenas cualidades, a las que llamamos virtudes”. San Luis María Grignion de Monfort, en su Tratado de la Verdadera Devoción a María, recuerda cuáles son las diez principales virtudes de Nuestra Señora que debemos imitar a modo de utilizarlas luego como “autopista hacia el cielo”. Son éstas:

-Profunda humildad
-Fe viva
-Obediencia ciega
-Oración incesante
-Negación de sí mismo
-Pureza absoluta
-Amor ardiente
-Paciencia heroica
-Amabilidad angelical
-Sabiduría celestial

Como dice el mismo San Luis María Grignon de Monfort, “los mayores santos, los más ricos en gracia y virtud, serán quienes recen con mayor frecuencia a la Santísima Virgen, contemplándola como un perfecto modelo a imitar y como una ayuda poderosa”.

6. En las tentaciones, acude a María
“Nuestra vida es una constante zona de combate, ¡hasta la muerte!”, recuerda el Padre Escobita: “No debemos rezar solos contra el demonio, el mundo y la carne. Al revés: en el fragor de la tentación, cuanto todo parezca perdido, ¡pronuncia el Nombre de María, reza el Avemaría! Si lo haces, todos los poderes del infierno quedarán vencidos”.

María, explica, es “el general del ejército”. A sus órdenes, el enemigo se desvanece. Como decía San Buenaventura, “los hombres no temen tanto a un poderoso ejército enemigo como temen los poderes del infierno el nombre y la protección de María”.

7. María y el año litúrgico
El padre Broom nos invita a conocer la presencia de María en el Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia a través de su presencia en el año litúrgico, en el que la Virgen tiene un lugar especial. Para ello propone que leamos la carta apostólica Marialis Cultus de Pablo VI, “una obra maestra espiritual, ¡algo que debes leer!”.

8. Leer sobre María
Y hablando de leer, el Padre Escobita recuerda que “una mariología integral y bien fundamentada debe cultivar tanto la doctrina como la devoción”, pues “así como la doctrina sin devoción resulta árida y seca, la devoción sin doctrina puede degenerar fácilmente en sentimentalismo”.

Como remedio, y además del texto antes citado, sugiere la carta apostólica de San Juan Pablo II sobre el Rosario, Rosarium Virginis Mariae, donde invita al mundo a “contemplar el rostro de Jesús a través de los ojos y el corazón de María”. “María es la forma más rápida, breve, fácil y eficaz de llegar a Jesús”, añade el sacerdote.

9. Apostolado mariano
“Conviértete en un ardiente, ferviente y apasionado Apóstol de María”: como San Maximiliano Kolbe, uno de cuyos métodos para difundir la devoción a la Inmaculada era la Medalla Milagrosa, que él regalaba a todos los que podía, a la menor ocasión que se le presentaba, como si fuesen lo que él denominaba “balas espirituales” para ese combate. Explicarla es toda una catequesis sobre la Inmaculada, y si se llama “Milagrosa” “es por la cantidad de milagros que le han atribuido quienes la han usado con fe, amor y confianza en la intercesión de María”.



¿Por qué no ser un apóstol de María siguiendo los pasos de Kolbe? El santo polaco aseguraba que “solo a la Inmaculada le ha sido prometida por Dios la victoria sobre Satanás. Ella busca almas que se le consagren enteramente, y que en sus manos se conviertan en poderosos instrumentos para la derrota de Satanás y la difusión del Reino de Dios”.

10. El Santo Rosario
​​​​Las seis veces (los días 13 de mayo a octubre de 1917) que la Virgen se apareció en Fátima a Lucía, Jacinta y Francisco les insistió en el rezo del Rosario. En la carta citada, San Juan Pablo II le atribuye al Rosario la capacidad de salvar la familia y la paz mundial. El padre Patrick Peyton consagró la frase: “Familia que reza unida, permanece unida”, y esta otra, menos conocida: “Un mundo que reza es un mundo en paz”.

¿Por qué no obedecer a la Madre de Dios, a las peticiones de Nuestra Señora de Fátima? “Si lo hacemos, la familia se salvará y alcanzaremos la paz que el corazón humano tanto anhela”, concluye el Padre Escobita su plan para mayo.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 5 de mayo de 2018

Santo Evangelio 5 de mayo 2018


Día litúrgico: Sábado V de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,18-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».


«Todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado»

Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell 
(Agullana, Girona, España)

Hoy, el Evangelio contrapone el mundo con los seguidores de Cristo. El mundo representa todo aquello de pecado que encontramos en nuestra vida. Una de las características del seguidor de Jesús es, pues, la lucha contra el mal y el pecado que se encuentra en el interior de cada hombre y en el mundo. Por esto, Jesús resucitado es luz, luz que ilumina las tinieblas del mundo. Karol Wojtyla nos exhortaba a «que esta luz nos haga fuertes y capaces de aceptar y amar la entera Verdad de Cristo, de amarla más cuanto más la contradice el mundo».

Ni el cristiano, ni la Iglesia pueden seguir las modas o los criterios del mundo. El criterio único, definitivo e ineludible es Cristo. No es Jesús quien se ha de adaptar al mundo en el que vivimos; somos nosotros quienes hemos de transformar nuestras vidas en Jesús. «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre». Esto nos ha de hacer pensar. Cuando nuestra sociedad secularizada pide ciertos cambios o licencias a los cristianos y a la Iglesia, simplemente nos está pidiendo que nos alejemos de Dios. El cristiano tiene que mantenerse fiel a Cristo y a su mensaje. Dice san Ireneo: «Dios no tiene necesidad de nada; pero el hombre tiene necesidad de estar en comunión con Dios. Y la gloria del hombre está en perseverar y mantenerse en el servicio de Dios».

Esta fidelidad puede traer muchas veces la persecución: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). No hemos de tener miedo de la persecución; más bien hemos de temer no buscar con suficiente deseo cumplir la voluntad del Señor. ¡Seamos valientes y proclamemos sin miedo a Cristo resucitado, luz y alegría de los cristianos! ¡Dejemos que el Espíritu Santo nos transforme para ser capaces de comunicar esto al mundo!

De familia en misión toda su vida en Japón a carmelita descalza en Huesca: «Este era mi sitio»

De familia en misión toda su vida en Japón a carmelita descalza en Huesca: «Este era mi sitio»

La joven Teresa Cordero profesó los votos perpetuos el pasado 1 de mayo

De familia en misión toda su vida en Japón a carmelita descalza en Huesca: «Este era mi sitio»


Teresa realizó los votos perpetuos el pasado 1 de mayo en las carmelitas descalzas de Huesca


Teresa Cordero ha pasado de la vida de misión a la de contemplación. De ser familia misionera en Japón con sus padres y sus otros nueve hermanos a dejar todo para seguir radicalmente a Cristo como carmelita descalza en Huesca.

Esta joven del Camino Neocatecumenal es originaria de la parroquia de San Roque de Madrid, aunque en realidad partió a Japón con poco más de dos años. Su familia fue enviada como familia en misión por Juan Pablo II en 1989 al país asiático, primero en Hiroshima y luego cerca de Yokohama. 

Su madre es misionera y viuda
En una entrevista publicada en ReL, Maite, su madre, explicaba esta vocación y cómo tras tener diez hijos a través de siete cesáreas ha seguido como misionera en Japón pese a quedar viuda después de que su marido falleciera por un cáncer en 2004.


Teresa, con su madre y sus hermanos, junto al féretro de su padre cuando falleció en 2004

Teresa realizó el pasado 1 de mayo los votos perpetuos en España, acompañada de más de 250 personas, 50 de ellas llegadas desde Japón. En una experiencia que dio a través de las rejas un día antes de esta profesión esta joven explicó cómo se produjo la llamada de Dios.

El camino hacia el convento
La sexta de diez hermanos aseguraba estar profundamente enamorada de Jesucristo y que fue fuera del convento como sintió “la llamada del Señor progresivamente, poniéndome personas que me fueron abriendo el corazón”.

Esta joven madrileña recordaba en primer lugar que “fue el testimonio de una monja de vida activa que me daba catequesis de primera comunión”, pues para ella “fue muy importante ver la alegría con la que vivía ella siendo monja”. Esta religiosa le dio a conocer esta entrega a Dios.

Pasó el tiempo y llegó la Jornada Mundial de la Juventud de Toronto, donde Teresa aseguraba que “recibí ese fuego interior para servir al Señor, me quemaba, me ardía y veía cómo el Señor me tiraba hacía Él”.

Ser monja era ser una "fracasada"
Sin embargo, ella apagó esa llamada llegándose a convencer de que una monja era una “fracasada” que no había encontrado pareja y que por ello acababa en el convento. “Yo quería ser como las demás chicas, quería tener novio, y no quería sentirme fracasada”, relataba a los que acudieron a visitarla al convento.


Entonces, explicaba Teresa, Dios tuvo que ir dándole palabras y acontecimientos porque era muy “testaruda y cabezona”.

 Quizás el más importante fue la enfermedad y muerte de su padre. “Me ayudó mucho ver cómo aceptaba su enfermedad por amor al Señor, a la Iglesia y al pueblo de Japón, y cómo quiso morir allí”.

Al principio rechazaba esta enfermedad y le aterraba pensar qué sería de la familia sin su padre, pero fue así como Dios tumbó los muros que ella había levantado. “Esto fue salir a las periferias, yo lo experimenté saliendo de mi misma, haciéndome salir de mi cuarto, romper ese muro que había con mi madre, porque yo vivía en mi mundo”, contaba.

Las monjas que conoció en la JMJ de Madrid
Fue entonces en la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de 2011 cuando pidió al Señor que la ayudara para saber qué quería de ella: “A través de unas monjas que visitamos vi como detrás de las rejas estaban contentísimas sirviendo sólo al Señor y viviendo para Él”.

Se volvía a despertar en ella ese fuego interior, que no era otra cosa que la llamada ardiente de Dios. Aquella visita al convento “me tocó el corazón y pensé que era mi sitio”. De nuevo, tuvo que vencer todas las dudas que surgían de nuevo en ella y finalmente hizo la experiencia en un convento carmelita.

Allí se dio cuenta de que había estado viviendo con un amor muy egoísta hacia Dios, tirando de Él para unas cosas pero olvidándole para otras muchas.

"Ha derramado su sangre por mí"
En el convento finalmente encontró este lugar y por fin se pudo enamorar.  “Aquí he conocido a un hombre, que ha nacido, que tiene un corazón que comprende al hombre. Tiene su mirada, sus ojos, y no mira el pecado del hombre sino la posibilidad de ser santo”.

Teresa afirmaba a los presentes que Jesús “es el único que ha derramado su sangre por mí, ni ningún chico ni chica, sólo Él ha muerto por mí, y no se ha escandalizado de mis debilidades”.

"El Señor está vivo"
Por ello, la consagración de los votos perpetuos es para ella una “entrega” para al igual que Cristo se dio del todo, ella ha dicho sí a entregarse entera para Él. Y es en este silencio en el Sagrario, pero también en el de la huerta o la cocina donde alimenta este amor.

“Mi experiencia es que el Señor está vivo, que me invita a dejarme a hacer, que Él ya lo ha hecho todo y lo lleva adelante. Su gracia vale más que la vida. Sé de quién me he fiado y no me arrepiento y si naciera otra vez volvería a ser carmelita descalza”, concluyó esta joven monja.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 4 de mayo de 2018

Santo Evangelio 4 de mayo 2018


Día litúrgico: Viernes V de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».


«Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado»

Rev. D. Carles ELÍAS i Cao 
(Barcelona, España)

Hoy, el Señor nos invita al amor fraterno: «Que os améis los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 15,12), es decir, como me habéis visto hacer a mí y como todavía me veréis hacer. Jesús te habla como a un amigo, pues te ha dicho que el Padre te llama, que quiere que seas apóstol, y que te destina a dar fruto, un fruto que se manifiesta en el amor. San Juan Crisóstomo afirma: «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacería de él una infinidad de bienes».

Amar es dar la vida. Lo saben los esposos que, porque se aman, hacen una donación recíproca de su vida y asumen la responsabilidad de ser padres, aceptando también la abnegación y el sacrificio de su tiempo y de su ser a favor de aquellos que han de cuidar, proteger, educar y formar como personas. Lo saben los misioneros que dan su vida por el Evangelio, con un mismo espíritu cristiano de sacrificio y de abnegación. Y lo saben religiosos, sacerdotes y obispos, lo sabe todo discípulo de Jesús que se compromete con el Salvador.

Jesús te ha dicho un poco antes cuál es el requisito del amor, de dar fruto: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12,24). Jesús te invita a perder tu vida, a que se la entregues a Él sin miedo, a morir a ti mismo para poder amar a tu hermano con el amor de Cristo, con amor sobrenatural. Jesús te invita a llegar a un amor operante, bienhechor y concreto; así lo entendió el apóstol Santiago cuando dijo: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y hartaos’, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (2,15-17).