jueves, 1 de agosto de 2013

Una actriz porno encontró a Dios tras una vida de drogas, prostitución e intentos de suicidio

Una actriz porno encontró a Dios tras una vida de drogas, prostitución e intentos de suicidio


Brittini, o Jenna Preysler

Una actriz porno encontró a Dios tras una vida de drogas, prostitución e intentos de suicidio


Brittini, o Jenna Preysler
 

En 2010, la revista Maxim la catalogó como una de las actrices porno más importantes del año. Y, efectivamente, Brittini -o Jenna Preysler, como se hacía llamar profesionalmente- parecía tenerlo todo y gozar de mucha popularidad en el triste mundo del cine para adultos. Pero lo que casi nadie se imaginaba era que justamente ese año, Brittini comenzó a dar un cambio radical en su vida; un giro inesperado que la condujo a la fe de sus abuelos y a una vida auténticamente feliz.

Los inicios de una carrera exitosa 
Los primeros pasos en la industria del porno se dieron en épocas muy tempranas de su vida. Concretamente, a los 18 años, mientras frecuentaba el Santa Barbara City College en California. Ya antes había empezado a frecuentar los clubes de strippers. Y tal vez por eso, cuando dos hombres se le acercaron y le preguntaron si quería trabajar en "películas románticas", le pareció algo no sólo lógico, sino necesario. Filmó su primera película porno en Los Angeles ese mismo fin de semana.

«Me sentí muy amada ese día -comenta Brittini-. Me arreglaron el pelo, me maquillaron, me dijeron que era hermosa y que sería una estrella». Y todo esto contrastaba con lo que había vivido en casa hasta el momento: una madre muy agresiva verbalmente y un padre pasivo. «La oficina envió mis fotografías a una agencia de adultos... y el resto es historia». 

Los productores le animaron a trabajar duro en la primera fase de su carrera, dada su apariencia fresca y juvenil, que la hacía parecer mucho más joven de lo que realmente era. La hacían vestirse con coletas y vestidos de colegiala. En el fondo, todo esto le disgustaba, pero no le impedía trabajar más de 60 días seguidos, sin descanso, grabando hasta dos o tres escenas diarias: «No sabía cómo decir no». 

Lanzada a la fama
Y fue entonces cuando el éxito tocó a su puerta. En 2006 ganó el segundo lugar en el concurso Jenna´s American Sex Star, conducido por la célebre actriz porno Jenna Jameson y eso le lanzó a la fama. Rodó cientos de películas -según sus palabras- y ganó varios premios en la industria.

No obstante, pronto las consecuencias salieron a flote. Empezó a notarse cansada, como si estuviera drenada por dentro: «Era como un robot o como una muñeca Barbie de caucho. No tenía sentimientos», relata Brittini. Debajo de la segura actriz porno, detrás de esa cara de diablilla, se libraba una batalla en búsqueda de una paz interior que le carcomía el alma.

Se refugió en el alcohol y en las drogas
Su travesía comenzó. Primero se refugió en el alcohol y las drogas -cocaína y heroína- para «adormecer mi dolor, para poder sobrevivir». Como esto no le dio resultado, pasó a métodos más severos: se hizo cortes en el cuerpo e incluso intentó suicidarse varias veces.

«Pasé muchas noches solitarias mientras me cortaba las muñecas. Me gastaba toda mi paga en drogas», comenta una emocionada Brittini.

«Ya me cansé de esto. Ven a buscarme»
Y en medio de esta espiral de autodestrucción, Jenna Preysler comenzó a acordarse de la Brittini que fue y de su familia. Concretamente, recordó a sus abuelos. Cansada de probar de todo, llamó desesperada a su abuela pidiendo ayuda: «Te necesito, abuelita. Ya me cansé de esto. Ven a buscarme». Y regresó a casa.

Durante su estancia con sus abuelos, empezó a frecuentar la iglesia y a leer la Biblia. Devoró el libro del Génesis. Incluso se animó a tener alguna cita con un joven que conoció en la iglesia. 

Pero la Brittini que empezaba a salir a flote no quería dejar atrás del todo a la Jenna Preysler del cine porno. Tras un triste incidente en el que su novio fue asesinado delante suya, su creciente fe volvió a descarrilarse. Huyó.

«Comencé de nuevo a tomar drogas y llegaron una vez más los intentos de suicidio». Cansada, decidió tocar la puerta una vez más y comenzó a salir con un amigo de su difunto novio. Tristemente, el joven era un lobo con piel de oveja. Al principio, le invitó a dejar las drogas y a leer más la Biblia, pero «terminó siendo un chulo y me condujo de nuevo a la industria del cine para adultos».

Viviendo entre dos mundos; un encuentro
Queriendo tranquilizar su conciencia, Brittini intentó vivir al mismo tiempo los dos mundos que ahora conocía. Por un lado, hablaba de su fe a sus compañeros o en algunos de los talk shows; pero, por otro lado, siguió filmando escenas porno durante dos años más. 

Cuando algunos le criticaban esta contradicción en su vida, ella les recordaba el modo como Jesús trató a María Magdalena y les citaba algunos pasajes en los que se recriminaba el juzgar a los demás. Pero, en el fondo de su corazón, ella misma lo admitía: «Era un desastre. El demonio me quería de nuevo dentro de la industria, pero Dios no dejaba de tirarme fuera. El demonio tenía una estrategia, pero Dios tenía un plan». Y ese plan se realizó, curiosamente, en el momento y lugar menos esperado.

«Jesús ama a las estrellas porno»
En una convención porno, encontró un stand de la XXXChurch, un grupo cristiano que envía parte de su staff a esas convenciones para acercar ese mundo a Dios. Entre varias estrategias, regalan Biblias y objetos con el lema impreso «Jesús ama a las estrellas porno». Brittini se quedó impresionada con todo eso y se acercó a ver. 

Ahí conoció a Rachel Collins, una joven que le dio la bienvenida con una gran sonrisa: «Trajo café, Biblias y brillo para los labios. Todo ella transpiraba amor y bondad. Había un resplandor alrededor de ella». 

Ese encuentro le dio las fuerzas para abandonar definitivamente la industria. En noviembre del 2012 rodó su última escena de sexo. Y por fin, después de siete angustiosos años, Jenna Preysler volvió a ser Brittini.

«Hay vida después del porno» 
Dispuesta a no volver la vista atrás, la vida de Brittini parece desarrollarse con normalidad. Encontró trabajo en una empresa de limusinas y recibe un sueldo normal. En ocasiones va a visitar a Rachel Collins y recuerda con gratitud, junto a ella, ese maravilloso primer encuentro. Así lo dijo en una carta dirigida a la XXXChurch, que luego leyó en su video testimonial para ese grupo: 

«No sé si ella es consciente del impacto que causó en mí. Siempre fue amable y nunca me juzgó; eso ayudó. Nunca había sentido amor en mi vida y siempre lo busqué en los lugares equivocados. Por eso fue increíble poder hablar con una mujer tan bella como Rachel que fue capaz de decirme que yo era su favorita y con la que pude tener una charla normal y no de porno. Por favor, díganle que le doy las gracias desde el fondo de mi corazón». 

Otro paso importante en su vida fue que logró reconciliarse con sus padres, con quienes tiene ahora una relación maravillosa y a los que acompaña regularmente a la iglesia. Después de todo, es consciente de Quién es el que le ha llevado hasta aquí:

«Veo con esperanza el poder despertarme cada mañana. Hay vida después del porno. Hay vida después de las drogas y la prostitución. Dios está vivo y trabaja. Dios está en la industria de los milagros. Por fin, he encontrado el amor incondicional de Dios y ya nunca daré marcha atrás».

Fuente: Religión en libertad

Santo Evangelio 1 de Agosto de 2013



Día litúrgico: Jueves XVII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 13,47-53): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí». Y Él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo». Y sucedió que, cuando acabó Jesús estas parábolas, partió de allí.


Comentario: Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)
Recogen en cestos los buenos y tiran los malos


Hoy, el Evangelio constituye una llamada vital a la conversión. Jesús no nos ahorra la dureza de la realidad: «Saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos y los echarán en el horno de fuego» (Mt 13,49-50). ¡La advertencia es clara! No podemos quedarnos dormidos.

Ahora debemos optar libremente: o buscamos a Dios y el bien con todas nuestras fuerzas, o colocamos nuestra vida en el precipicio de la muerte. O estamos con Cristo o estamos contra Él. Convertirse significa, en este caso, optar totalmente por pertenecer a los justos y llevar una vida digna de hijos. Sin embargo, tenemos en nuestro interior la experiencia del pecado: vemos el bien que deberíamos hacer y en cambio obramos el mal; ¿cómo intentamos dar una verdadera unidad a nuestras vidas? Nosotros solos no podemos hacer mucho. Sólo si nos ponemos en manos de Dios podremos lograr hacer el bien y pertenecer a los justos.

«Por el hecho de no estar seguros del tiempo en que vendrá nuestro Juez, debemos vivir cada jornada como si nos tuviera que juzgar al día siguiente» (San Jerónimo). Esta frase es una invitación a vivir con intensidad y responsabilidad nuestro ser cristiano. No se trata de tener miedo, sino de vivir en la esperanza este tiempo que es de gracia, alabanza y gloria.

Cristo nos enseña el camino de nuestra propia glorificación. Cristo es el camino del hombre, por tanto, nuestra salvación, nuestra felicidad y todo lo que podamos imaginar pasa por Él. Y si todo lo tenemos en Cristo, no podemos dejar de amar a la Iglesia que nos lo muestra y es su cuerpo místico. Contra las visiones puramente humanas de esta realidad es necesario que recuperemos la visión divino-espiritual: ¡nada mejor que Cristo y que el cumplimiento de su voluntad!

San Alfonso María de Ligorio, 1 de agosto


 

1 de agosto

SAN ALFONSO MARIA DE LIGORIO

(† 1787)


Nace en Marianella de Nápoles en 1696. Primer vástago de don José de Ligorio y doña Ana Cavalieri, de vieja sangre napolitana. Desde su misma cuna lleva el signo y la misión de su vida. "Este niño llegará a viejo, será obispo y realizará grandes obras por Jesucristo", profetizó de él un santo misionero.

La instrucción y formación de Alfonso es la del noble de su siglo. A los siete años estudia humanidades clásicas. A los doce se matricula en la universidad. A los dieciséis es revestido con la toga de doctor en ambos Derechos. Completan su formación el estudio de las lenguas modernas, la esgrima y las artes, particularmente la música y pintura, que más tarde pondrá al servicio del apostolado. Alfonso encarna el joven noble del siglo, educado para vivir, disfrutar y triunfar en el mundo. Hay en sus obras y vida pasajes que recuerdan este aspecto mundano de su formación. El Santo nos dirá "que en todo esto no hacía más que obedecer a su padre".

La formación religiosa y moral de la niñez y adolescencia la comparten su padre, que le da la seguridad y tenacidad de ideas, la fuerza de la voluntad; su madre, de la cual hereda su exquisita sensibilidad, y el Oratorio de los nobles de San Felipe Neri. Aquí ingresa a los nueve años, haciendo la comunión al año siguiente. Aquí encuentra el ambiente propicio y un director para sus años de adolescente en la persona del padre Pagano. "Cuando un seglar me pregunta cómo se ha de santificar en el mundo, le respondo: Hazte congregante y cumple con la Congregación", escribirá siendo misionero y recordando los años pasados en la Congregación de nobles y de doctores.

Los años que corren entre los dieciséis y veintiséis (1713,1723) marcan su decenio más interesante y crucial. Alfonso entra de lleno en el mundo. Después de tres años de ampliación de estudios empieza su vida de abogado y va conquistando distinguida clientela. Frecuenta el teatro y los salones. Su padre ha creído llegada la hora de casarlo con la hija de los príncipes de Presicio. Es un partido ventajoso que propone a Alfonso mientras éste se mantiene entre indiferente y "lunático". Sigue una vida de sociedad intensa, querida y mantenida por su padre. Todavía vuelve éste a la carga, presentándole ahora la hija de los duques de Presenzzano. Ha decidido encumbrar a su hijo Alfonso, con la gloria de la sangre y de la nobleza. No lo conseguirá Alfonso había vencido por primera vez.

Todo este mundo napolitano, paraíso de diablos, como le llamó un turista de la época, no hizo cambiar en nada la vida de piedad de Alfonso. Nos dice él que, gracias a la visita al Santísimo, pudo dejar el mundo. Jesús sacramentado le enseñó la vanidad de las cosas. "Créeme, todo es locura: festines, comedias, conversaciones..., tales son los bienes del mundo. Cree a quien de ello tiene experiencia y llora su desengaño". Todos los años practica los ejercicios espirituales en completo retiro. Recordará siempre los ejercicios del año 1722, en que el padre Cútica presenta ante los ejercitantes un cuadro impresionante de Cristo crucificado en el que aparecen impresas las manos de un condenado. Frecuenta asiduamente la Congregación de doctores, en la que trabaja enseñando el catecismo y visitando enfermos. Por esta época su sola presencia convierte a un criado de su casa, musulmán. "La fe del señor tiene que ser la verdadera, pues su conducta es la mejor prueba", fue la razón que dio.

A esta edad de veintiséis años ha llegado Alfonso a unas cuantas ideas fijas que le preocupan: el pecado, la conciencia, el mundo, la salvación del alma. Es un introspectivo terrible. Estas ideas ya no le dejarán en toda la vida. Abundan los testimonios de este primer contacto con el mundo que nos lo presentan insatisfecho. "Amigo —dice un día a un compañero de profesión—, corremos el riesgo de condenarnos." Esta insatisfacción y desasosiego culminará en aquel desahogo o comprobación de lo que ya estaba convencido: "¡Oh mundo, ahora te conozco bien!".

En efecto, este mismo año comprueba definitivamente lo que es el mundo. Pierde el célebre pleito entre el duque de Orsini y el gran duque de Toscana. Es un fracaso ruidoso que todo Nápoles vive y comenta. El suceso local de 1723, que diríamos hoy. Alfonso lo siente en lo más vivo. Llora encerrado durante tres días, sin querer probar bocado. Pero de esta encerrona no sale el resentido del mundo, sale el convencido y resuelto a dejar los tribunales y a dar una orientación más alta a su vida. Pasan unos meses de tremenda lucha interior, meses de espera de algo definitivo, porque "así no se puede vivir".

Dios estaba esperándole detrás de todo esto. Un día, cuando visitaba a los enfermos en el hospital de los incurables, oyó una voz, dirigida a él. Le llamaba por su nombre: "Alfonso, deja el mundo y vive sólo para mí". Salió corriendo del hospital. En la puerta vuelve a oír las mismas palabras: "Alfonso, deja..." Rendido a la evidencia exclama: "Señor: ya he resistido bastante a vuestra gracia. Heme aquí. Haced de mí lo que queráis".

En su camino encuentra la iglesia de la Merced. Entra, se arrodilla y hace voto de dejar el mundo. Se dirige luego al altar de Nuestra Señora y en prenda de su promesa deja allí su espada de caballero. Tenía ahora que ganar su segunda batalla con su padre. No sería fácil.

En este momento decisivo se dirige a su director, padre Pagano, quien aprueba su voto de dejar el mundo. ¿Y su padre? Cuando Alfonso, tembloroso, le comunica su resolución, su padre esgrime el mejor argumento: las lágrimas. No lo había usado nunca. Se le echa al cuello y, abrazándole, le dice: "Hijo, hijo mío, ¿me vas a abandonar?" Tres horas duró esta lucha de la sangre y el espíritu. Termina con la victoria del hijo. Alfonso viste el hábito eclesiástico en 1723, a la edad de veintisiete años. Tres años más tarde sube al altar. Estos tres años de estudio ha estado en contacto con excelentes profesores de teología y moral que siempre recordará con afecto, ha trabajado en parroquias y, sobre todo, ha vivido en un ambiente, en la Congregación de la Propaganda, en que se cultivan las virtudes clericales.

Ahora con la ordenación se abre la puerta a la actividad apostólica. Siguen dos años de experiencias y gozos sacerdotales en los suburbios de Nápoles y en los pueblos y aldeas del reino. Su experiencia mejor en este período son las capelle serotine o reuniones al aire libre con gente de los barrios bajos para enseñarles el catecismo. Como miembro de las Misiones apostólicas se lanza en seguida al campo de las misiones y predicación, orientando en esta dirección definitivamente su vida.

Este mismo ambiente misionero precipita su vocación de fundador. En 1732 se encuentra con unos compañeros en las montañas de Amalfi. Aquí capta por sí mismo el estado de abandono religioso de cabreros y campesinos. Y aquí hace suyo el lema evangélico: "He sido enviado a evangelizar a estos pobres".

La intervención sobrenatural se deja sentir otra vez. Dios le quería fundador y maestro de misioneros. Así lo había manifestado a una santa religiosa, la venerable sor Celeste Crostarosa, que vivía en Scala, centro de irradiación de los misioneros. Asesorado por su director y seguido de algunos compañeros, funda el 9 de noviembre de 1732 la Congregación del Santísimo Redentor. Su fin será "seguir a Jesucristo por pueblos y aldeas, predicando el Evangelio por medio de misiones y catecismos". Una tarea exclusivamente apostólica. Excluye desde el primer momento toda otra obra que le impida seguir a Cristo predicador del Evangelio en caseríos y aldeas.

Se abre ahora la época más fecunda y plena de Alfonso. Durante más de treinta años recorre las provincias del reino con sus equipos de misioneros, que distribuye por todos los pueblos. Toma por asalto pueblos y ciudades y no sale de allí hasta después de doce, quince días y un mes, Mantiene con sacerdotes, párrocos, obispos y misioneros una correspondencia numerosa que nos lo hace presente en todas las misiones. No faltan en ella detalles de organización, de enfoque, de preparación de la misión. Le preocupa dotar a su Congregación de un cuerpo de doctrina orgánico y definido de misionar. Lo va perfilando en sus circulares, en el Reglamento para las Santas Misiones, los Ejercicios de la Santa Misión y en sus célebres Constituciones del año 1764, que encauzan la actividad y espíritu misionero alfonsino. Tannoia nos ha dejado en sus Memorias la actividad misionera de San Alfonso año tras año. Resulta sencillamente sorprendente.

Descubrimos también en esta época al escritor. La pluma es su segunda arma, más poderosa y permanente que la palabra. Está convencido de que el pueblo necesita mucha instrucción religiosa, necesita, sobre todo, aprender a rezar y meditar. Para el pueblo van saliendo las Visitas al Santísimo y Las Glorias de María, libros clásicos en el pueblo cristiano. Siguen la Preparación para la muerte, el Gran medio de la oración, Práctica del amor a Jesucristo e infinidad de opúsculos que va regalando en sus misiones. Con la Teología moral, la Práctica del confesor, el Homo Apostolicus y otros estudios de apologética se descubre San Alfonso como el moralista y el gran maestro de la pastoral de su tiempo. Sólo con un voto de no perder un minuto de tiempo y una gran capacidad de trabajo pudo escribir en estos cuarenta años de su plenitud más de ciento veinte obras.

En 1762 es nombrado obispo de Santa Agueda de los Godos. Su pontificado dura hasta 1775. Durante este tiempo lleva por dos veces la Santa Misión a todos los pueblos de la diócesis. El mismo predica el sermón grande de la Misión, o el de la Virgen. Todos los sábados predica en la catedral en honor de Nuestra Señora. Reforma el seminario y el clero. Para los pobres que le asedian vende su coche y anillo. Prosigue su actividad literaria, dirigida ahora a deshacer los ataques de la nueva filosofía contra la fe, la Iglesia y el Papa. Sus pastorales son modelo de preocupación pastoral por los problemas del clero y de los fieles. Su defensa de la Iglesia es constante y eficaz: habla y actúa en favor de la Compañía de Jesús, asiste por un prodigio extraordinario de bilocación a la muerte de Clemente XIII, atormentado en esta hora. Mientras todas las cortes de Europa presionan y persiguen a la iglesia, no cesará de pedir oraciones a los suyos y repetir: "¡Pobre Papa, pobre Jesucristo!".

Tras repetidas instancias el papa Pío VI le alivia de su cargo pastoral en 1755. Vuelve a los suyos pobre, como pobre había salido, según reza el Breviario. Se recluye en su casa de Pagani para esperar la muerte. La estará esperando todavía doce años entre achaques que van desmoronando su cuerpo. Este período significa el eclipse de una vida entre resplandores de ternura, devoción, ingenuidad inefables. En esta postración obligada siente la sequedad, el abandono de Dios que había sentido de joven. Experimenta también el gozo y la exaltación de las realidades sobrenaturales. Las anécdotas abundan: "Hermano, yo quiero ver a Jesús; bájeme a la iglesia, se lo suplico". Monseñor —dice el hermano—, allí hace mucho calor." "Sí, hermano, pero Jesús no busca el fresco." Otro, día: "Hermano, ¿hemos rezado el rosario?" "Sí, padre." "No me engañe, que del rosario pende mi salvación."

La prueba más dura viene con la persecución y división de su Congregación. El será separado y excluido temporalmente de ella. Mientras se hace la verdad espera repitiendo: "Voluntad del Papa, voluntad de Dios".

Muere en Pagani el miércoles 1 de agosto de 1787, al toque del Angelus. Tenía noventa años, diez meses y cinco días. Tannoia, su secretario, hace de él este retrato:

"Era Alfonso de mediana estatura, cabeza ligeramente abultada, tez bermeja. La frente espaciosa, los ojos vivos y azules, la nariz aquilina, la boca pequeña, graciosa y sonriente. El cabello negro y la barba bien poblada, que él mismo arregla con la tijera. Enemigo de la larga cabellera, pues desdecía del ministro del altar. Era miope, quitándose los lentes siempre que predicaba o trataba con mujeres. Tenía voz clara y sonora, de forma que, aunque fuese espaciosa la iglesia y prolongado el curso de las misiones, nunca le faltó, aun en su edad decrépita. Su aire era majestuoso, su porte imponente y serio, mezclado de jovialidad. En su trato, amable y complaciente con niños y grandes.

Estuvo admirablemente dotado. Inteligencia aguda y penetrante, memoria pronta y tenaz, espíritu claro y ordenado, voluntad eficaz y poderosa. He aquí las dotes con que pudo llevar a cabo su obra literaria y hacer tanto bien en la Iglesia de Cristo" (TANNOIA, Vita, IV c.37).

"En su larga carrera no hubo minuto que no fuera para Dios y para trabajar en su divina gloria. Juzgaba perdido todo lo que no fuera directamente a Dios y a la salvación de las almas" (TANNOIA, ib.).

Este testimonio explica la clave de la vida de Alfonso; la gloria de Dios por la salvación de las almas. Es un hombre que busca en todo lo esencial. Todo lo que no va a Dios y a las almas le estorba. Esto explica sus votos de hacer lo más perfecto y de no perder un minuto de tiempo. Parece que tiene prisa y le falta tiempo para estas dos grandes ideas: Dios y las almas.

Sus cuadernos espirituales, notas y cartas nos lo muestran preocupado de su perfección. Controla sus movimientos hasta el exceso. Consulta siempre con sus directores las cosas de su alma. Desde su niñez hasta su muerte seguirá fiel al director.

La austeridad y medida exacta de sus movimientos no han secado su corazón y su sensibilidad. Se acerca a Dios con la mente y el corazón. Jesucristo, imagen del Padre, le ofrece la manera de acercarse totalmente a Dios. Recorre todas las etapas de la vida del Señor, lleno de amorosa ternura en las Meditaciones de la Infancia y de la Pasión del Señor. Insiste en la parte que tiene el corazón y los afectos en la vida espiritual, porque el corazón manda. "Amemos a Jesús. ¡Qué vergüenza si en el día del juicio una pobre vieja ha amado a Jesús más que nosotros!" Esta ternura afectiva no tiene otro fin que adentrarnos en Jesús para conocerlo e imitarlo. El amor es en San Alfonso principio de conocimiento e imitación en cuanto el amor nos acucia y estimula a asemejarnos al amado.

Este mismo lenguaje de ternura y confianza emplea con María. Para María compone poesías y canciones de honda inspiración. Nunca, sin embargo, sacrifica la verdad al corazón, Su célebre libro de Las Glorias de María asienta las grandes verdades de la fe sobre María: Madre de Dios, intercesora, medianera, inmaculada, que dan lugar a este lenguaje del corazón. Hace resaltar el aspecto práctico de la devoción a María en la vida de los cristianos. Formula este gran principio: "El verdadero devoto de la Virgen se salva". En sus misiones no deja nunca el sermón de la Señora, "porque la experiencia ha probado ser necesario para inspirar confianza al pecador". Sin duda el mayor secreto de su doctrina y de su pervivencia es el haberla vivido él antes intensamente.

No concibe su vida sino para Dios y las almas. Esta segunda faceta la ha realizado minuto a minuto más de sesenta años. Repite muchas veces como su mayor timbre de gloria haber predicado misiones durante más de cuarenta años. No ha perdonado nada para acercarse a las almas. Le preocupan sobre todo el pueblo abandonado —"en las capitales tienen muchos medios de salvarse"—, los sacerdotes y las almas consagradas.

Habla al pueblo con sencillez. Su oratoria no reviste la ampulosidad de la época. Es digna, clara, ordenada, eminentemente práctica. Enseña el catecismo. Habla de las ocasiones de pecado, las verdades eternas, los sacramentos, los medios de perseverancia. Insiste en que la oración es fácil y que todos pueden rezar. Hay que hacérselo creer así al pueblo. La oración es, además, el medio universal de todas las gracias. Todos tienen la gracia suficiente para rezar y rezando alcanzarán las gracias eficaces para salir del pecado y para perseverar. De ahí su gran principio: "El que reza se salva, el que no reza se condena".

Le preocupan especialmente los sacerdotes y directores de almas. Vive una época de rigor moral que le tortura. Tampoco le convence la demasiada libertad. El viejo problema de coordinar la libertad y la ley —los derechos de Dios y del hombre— no ha encontrado aún solución. Su espíritu ordenador, sintético y práctico encuentra una fórmula: se pueden coordinar la libertad y la ley. El equiprobabilismo es una defensa tanto de la ley como de la libertad. Su honradez y seriedad científica le obligan a perfeccionar su sistema, a compulsar más de ochenta mil citas. Desde 1753, en que aparece su Teología moral hasta su muerte no cesa de corregir su obra. Todos los problemas de moral encuentran en él una solución concreta. Su moral es una unión admirable del teólogo y moralista con el confesor y misionero. Ahora y después de dos siglos se nos hace imprescindible. "Ahí tienes a tu Ligorio", dirá el Papa a un moralista que le presenta un caso difícil.

Esta es la vida de Alfonso de Ligorio. Esta es su obra en la Iglesia de Dios. "Abrió su boca en medio de la Iglesia y le llenó el Señor del espíritu de sabiduría e inteligencia." A pesar del tiempo San Alfonso sigue hablando un lenguaje de confianza en Jesús y María para el pueblo fiel, un lenguaje seguro y definitivo para los conductores de almas en los problemas de conciencia. Y, sobre todo, el lenguaje de las obras. La Iglesia ha consagrado su vida y su obra elevándole a los altares en 1838, nombrándole el doctor apostólico y celoso en 1870 y, finalmente, patrono de confesores y moralistas en 1952. "El que hiciere y enseñare, ése será grande en el reino de los cielos."

PEDRO R. SANTIDRIÁN, C. SS. R.



DOMINICOS 2003

Sabiduría y discernimiento
Alfonso María de Ligorio vivió en los años 1696-1787. 

Fue napolitano de nacimiento en ilustre familia. Orientado hacia la carrera de Leyes, en su juventud estudió intensamente.

Dicen las crónicas que, al final de la carrera, y dado el ambiente en que se movía, tenía gran porvenir humano. Por ello, comenzó a ejercer la abogacía con ilusión, y alcanzó notable prestigio. Pero a medida que aumentaba su experiencia y conocía los intereses del hombre y de la sociedad, fue percibiendo muy claro que por aquel camino él no llegaría a sentirse feliz. Algo le inducía a pensar que su vocación definitiva iría por otros derroteros, todavía confusos.

Dejó, pues, obrar a Dios, y, tras madura deliberación, optó por desistir del servicio a la sociedad por medio del bufete de abogados, y se determinó a emprender la carrera sacerdotal. Ordenado sacerdote, y entregado a nuevo proyecto de vida, comenzó a gustar la felicidad, y se puso al servicio de la enseñanza, de la palabra, de la bendición y del libro. Todo a la vez. No era hombre de medias tintas.

Las cosas y su programa de acción apostólica y docente le salieron muy, y su acción contagiosa atrajo hacia él un grupo de maestros y apóstoles. Ellos fueron la semilla de una gran obra eclesial religiosa: la Congregación del Santísimo Redentor, redentoristas, hoy dispersa por todo el mundo. 

El magisterio de san Alfonso tuvo una vertiente doctrinal en Teología Moral, pues su juicio de conciencia fue tan certeros que durante muchos años, tratándose de la orientación de las conciencias, su dictamen se tomó como una pauta siempre luminosa, utilizable con provecho por los demás; y tuvo también otra vertiente espiritual, de mística unión con Dios. 

En su memoria, rumiemos este párrafito de su Tratado sobre la práctica del amor a Jesucristo:

‘Toda la santidad y la perfección del alma consiste en el amor a Jesucristo, nuestro Señor, nuestro sumo bien, nuestro redentor. 

La caridad es la que da unidad y consistencia a todas las virtudes que hacen al hombre perfecto. 


¿Por ventura no merece eso Dios, nuestro amor? Él nos ha amado desde toda la eternidad. ‘Considera, oh hombre –así nos habla-, que yo he sido el primero en amarte. Aún no habías nacido, ni siquiera existía el mundo, y yo ya te amaba. Desde que existo, yo te amo’.

miércoles, 31 de julio de 2013

Pasó de vender drogas a ser predicador evangélico. Hoy es seminarista católico tras leer Jesús Shock

Pasó de vender drogas a ser predicador evangélico. Hoy es seminarista católico tras leer Jesús Shock

Siervos del Hogar de la Madre

Pasó de vender drogas a ser predicador evangélico. Hoy es seminarista católico tras leer Jesús Shock

Brian Alexander Jackson



Con 24 años de edad, Brian Alexander Jackson tomó la decisión más importante de su vida: ser sacerdote. Su activa participación en la pastoral universitaria en Florida, Estados Unidos y experiencia como catequista en la Parroquia de la Asunción en Jacksonville, lo motivaron a dejarlo todo por Cristo. 

Sin embargo, en él se cumple aquello de que Dios tiene especial predilección por los más pecadores. Sí, mucho pecado trajo luego el don del amor.

De presbiteriano a católico
Lo bautizaron en la Iglesia Presbiteriana. Pero la gracia decidió relacionarlo desde pequeño con la fe católica. “Mis padres se divorciaron antes de que yo caminase, pero mi madre, por la gracia de Dios, conoció a un hombre, mi segundo padre, él era católico”.

La confesión: Un destello de su deseo cristiano
El año 2002, durante un campamento de verano en Cherry Lake, siendo apenas un púber, fue consciente de que Dios lo amaba. “Por primera vez en mi vida la confesión era algo más que hablar con el sacerdote, sentí el arrepentimiento y la paz por el perdón de mis pecados”.

Pero pronto olvidó aquél regalo y estrenó la adolescencia “abrazando los placeres del mundo, la popularidad, las chicas, drogas, bebida y todo lo que pudiese caer en mis manos para llenar el agujero que no me daba cuenta que sólo podía llenarse con Dios”.

Borracho de jueves a sábado
Aquel hartazgo que ningún apego hedonista satisfacía continuó luego mientras realizaba los estudios de Psicología en la Universidad Florida Norte. Necesitaba más y aumentó la ingesta de alcohol viviendo absolutamente “borracho de jueves a sábado”. 

Finalmente lo suspendieron en la universidad, le quitaron la beca, contrajo deudas. “La solución que opté -señala- fue comenzar a vender drogas”. 

Una visión en la ventanilla del auto 
Este encrucijada que tenía trastocada su alma y su vida cambiaría drásticamente durante una salida con amigos, tres días antes de año nuevo. Brian aún recuerda aquel extraordinario momento: “En la ventanilla del auto pude ver una visión de mí mismo, en oscuridad. Lo único visible eran los rasgos de mi rostro y una mano estirada hacia una nube blanca, y otra mano saliendo de ella hacia abajo. ¡Pero las dos manos no se encontraban! Dios me habló claro en ese momento y escuché… «te quedas corto en la gracia de Dios». Supe allí mismo que de seguir viviendo como lo hacía, ardería en el infierno por toda la eternidad.”

Jesús crucificado como fondo de pantalla
Horrorizado, Brian no comentó a nadie aquella visión. Regresó a casa y pasado el primero de enero, vivió un nuevo remezón de conciencia, que – según dice- “me obligó a poner a Jesús crucificado como fondo de pantalla de mi computador portátil”. 

Experiencia de gracia
Estos hechos lo transformaron y en los días siguientes lloró amargamente por sus pecados. “Estaban todos en mi mente, pero pude hundirme en el vasto océano de la misericordia de Dios. Experimenté la gracia y el dolor al mismo tiempo. Lloré por mi familia, y por lo que yo sabía que estaba produciendo con mi pobre ejemplo”. 
Tal como San Pablo, pero en el lugar equivocado
Con el tiempo, la felicidad de Brian fue vista como una “locura” por algunas personas de su círculo de amistades. 

Se sintió “llamado” a proclamar el Evangelio en la ciudad, pero su falta de cultura –dice- le llevó a vincularse con la iglesia protestante. “No había momento en el que pudiese estar sin el Espíritu Santo. La cumbre de este espíritu evangélico llegó siete días después de mi conversión, cuando casi me arrestan por ir predicando en un autobús escolar. En aquél estado de euforia y sin una sólida formación fui arrastrado por la Iglesia Cristiana Evangélica. Me re-bauticé con ellos dejando a un lado mi vida católica”.

Las diferencias de la fe católica y protestante se hacían palpables en el hogar de Brian. No obstante, su hermana menor, Emily, le tenía preparada una peculiar invitación, que sacó a la luz el verdadero sentido religioso del joven. “Mi hermana de catorce años, junto a quien es hoy mi líder de estudio de la Biblia Católica, Keegan, me convencieron para rezar sobre mi situación. Así asistía a los cultos evangélicos, pero también a la Misa todos los domingo”. 

“Ve a la que sientes que es tu casa”
Brian no olvida su segunda conversión. A sus manos llegó un libro del estadounidense Peter Kreft, uno de los escritores católicos más destacados del último tiempo. Fue el texto “Jesús Shock” -que expone en profundidad el milagro de Cristo a través de la Eucaristía- lo que guió y dio argumentos al muchacho al punto que enfrentó al pastor evangélico de su culto. 

“Si no experimentas que ésta es la Iglesia para ti- me dijo, recuerda Brian-, entonces ve a la que sientes que es tu casa”.

Dejó entonces hablar al corazón y hoy cursa el tercer año de seminario en los Siervos del Hogar de la Madre, en Estados Unidos. “Ahora mi fe me consume y pongo a Cristo y a su bella Iglesia por encima de todo. Le debo todas estas cosas al Espíritu Santo, y a las gracias derramadas en mí, a través de nuestra madre, cuyas oraciones constantes me han ayudado a volver a casa”.

Santo Evangelio 31 de julio de 2013



Día litúrgico: Miércoles XVII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 13,44-46): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.
»También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra».


Comentario: Rev. D. Enric CASES i Martín (Barcelona, España)
Vende todo lo que tiene y compra el campo


Hoy, Mateo pone ante nuestra consideración dos parábolas sobre el Reino de los Cielos. El anuncio del Reino es esencial en la predicación de Jesús y en la esperanza del pueblo elegido. Pero es notorio que la naturaleza de ese Reino no era entendida por la mayoría. No la entendían los sanedritas que le condenaron a muerte, no la entendían Pilatos, ni Herodes, pero tampoco la entendieron en un principio los mismos discípulos. Sólo se encuentra una comprensión como la que Jesús pide en el buen ladrón, clavado junto a Él en la Cruz, cuando le dice: «Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino» (Lc 23,42). Ambos habían sido acusados como malhechores y estaban a punto de morir; pero, por un motivo que desconocemos, el buen ladrón reconoce a Jesús como Rey de un Reino que vendrá después de aquella terrible muerte. Sólo podía ser un Reino espiritual.

Jesús, en su primera predicación, habla del Reino como de un tesoro escondido cuyo hallazgo causa alegría y estimula a la compra del campo para poder gozar de él para siempre: «Por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel» (Mt 13,44). Pero, al mismo tiempo, alcanzar el Reino requiere buscarlo con interés y esfuerzo, hasta el punto de vender todo lo que uno posee: «Al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra» (Mt 13,46). «¿A propósito de qué se dice buscad y quien busca, halla? Arriesgo la idea de que se trata de las perlas y la perla, perla que adquiere el que lo ha dado todo y ha aceptado perderlo todo» (Orígenes).

El Reino es paz, amor, justicia y libertad. Alcanzarlo es, a la vez, don de Dios y responsabilidad humana. Ante la grandeza del don divino constatamos la imperfección e inestabilidad de nuestros esfuerzos, que a veces quedan destruidos por el pecado, las guerras y la malicia que parecen insuperables. No obstante, debemos tener confianza, pues lo que parece imposible para el hombre es posible para Dios.

San Ignacio de Loyola, 31 de julio


31 de julio

SAN IGNACIO DE LOYOLA

(† 1556)


El fundador de la Compañía de Jesús fue un español que nació en la casa-torre de Loyola (Azpeitia) el año 1491. Su niñez pertenece al siglo XV, siglo de otoño medieval con restos feudales y luces nuevas de humanismo, descubrimientos, aventuras; su juventud y madurez, al siglo XVI, a la época de Lutero, de Carlos V y del concilio de Trento. Algo medieval latirá siempre en el corazón de Loyola, aunque su espíritu será siempre moderno, hasta el punto de ser tenido por uno de los principales forjadores de la moderna catolicidad, organizada, práctica y apostólica.

En el verde valle que baña el río Urola, entre Azcoitia y Azpeitia, corrieron los primeros pasos de aquel niño de cara redonda y sonrosada, último vástago —el decimotercero— de una familia rica y poderosa en el país. Diéronle por nombre de bautismo Iñigo, que él cambiará en París por el de Ignacio.

Pronto murió su madre. Quizá ya estaba muy débil cuando Iñigo nació, pues, no pudiéndolo criar ella, lo puso en brazos de una nodriza campesina, cuyo marido trabajaba en las herrerías de los señores de Loyola. Allí se familiarizaría Iñigo con la misteriosa lengua vasca, de la que, siendo mayor, no pudo hacer mucho uso; allí aprendería las costumbres tradicionales del país, fiestas populares, cantos y danzas, como el zorcico y el aurresku, etc. Sabemos que siempre fue aficionado a la música, y una vez, siendo de cuarenta años, no tuvo reparo en bailar un aire de su tierra para consolar a un melancólico discípulo espiritual que se lo pedía. La educación que el niño recibió en su casa fue profundamente religiosa, si bien alguna vez llegarían a su conocimiento ciertos extravíos morales de sus parientes. Parece que su padre quería enderezarlo hacia la carrera eclesiástica, pero al niño le fascinaba mucho más la vida caballeresca y aventurera de sus hermanos mayores. Dos de ellos habían seguido las banderas del Gran Capitán en Nápoles. Un tercero se embarcó después para América, siendo comendador de Calatrava. Otro se estableció en un pueblo de Toledo, después de participar, como capitán de compañía, en la lucha contra los moriscos de Granada. Y otro, finalmente, acaudilló tropas guipuzcoanas al servicio del duque de Alba contra los franceses.

Poco antes de morir su padre, pidióle el caballero don Juan Velázquez de Cuéllar que le enviase el más joven de sus hijos, para educarlo en palacio y abrirle las puertas de la corte. Don Juan, pariente de los Loyola por parte de su mujer, María de Velasco, era contador mayor, algo así como ministro de Hacienda, del Rey Católico, y recibió a Iñigo entre sus hijos, dándole una educación exquisitamente cortesana y caballeresca, que admirarán después en el fundador de la Compañía cuantos se le acerquen: distinción en el porte, en la conversación, en el trato, hasta en el comer. En Arévalo, provincia de Avila —su residencia ordinaria—, y también en Medina del Campo, Valladolid, Tordesillas, Segovia, Madrid, en dondequiera que se hallase la corte, estaría frecuentemente don Juan Velázquez, y con él su paje Iñigo de Loyola. Toda la inmensa llanura de la vieja Castilla la pasearía éste a caballo, acostumbrando sus ojos a la redonda lejanía de los horizontes. Ejercitábase en la caza, en los torneos, en tañer la viola, en correr toros, en servir y participar en los opíparos banquetes que su señora doña María de Velasco preparaba a la reina Doña Germana de Foix, segunda esposa de Don Fernando. Devoraba ávidamente las novelas de caballerías, como el Amadís, y las poesías amatorias de los Cancioneros. "Aunque era aficionado a la fe —nos dirá más tarde su secretario—, no vivió nada conforme a ella ni se guardaba de pecados, antes era especialmente travieso en juegos y cosas de mujeres y en revueltas y cosas de armas"; mas todos reconocían en él eximias cualidades naturales: valor, magnanimidad, desinterés, fina destreza en gobernar a los hombres. Se ha dado excesiva importancia a un proceso criminal que en 1515 se entabló en Azpeitia "contra don Pero López de Loyola, capellán, e Iñigo de Loyola, su hermano, sobre cierto exceso, por ellos diz que el día de carnestuliendas últimamente pasado cometido e perpetrado". Ignoramos en qué consistió aquel exceso, que acaso se redujo a una nocturna asechanza frustrada contra alguna persona eclesiástica.

Caballerescamente se enamoró de una alta dama que "no era de vulgar nobleza; no condesa ni duquesa, mas era su estado más alto" (¿quizá la reina Doña Germana o la infanta doña Catalina?). Muerto don Juan Velázquez en 1517, Iñigo, que había pasado en Arévalo más de doce años, se acogió a otro alto pariente suyo, don Antonio Manrique, duque de Nájera y virrey de Navarra. Sirviendo al duque participó en sosegar los tumultos durante la revolución de los comuneros —espada en mano en la toma de Nájera, diplomáticamente en Guipúzcoa—, y peleó animosamente defendiendo el castillo de Pamplona contra los franceses, hasta caer herido en las piernas por una bala de cañón (20 de mayo de 1521). Impropiamente se le llama "capitán", era un caballero cortesano, o, mejor, un gentilhombre de la casa del duque.

Mientras le curaban en Loyola se hizo aserrar un hueso, encabalgado sobre otro, sólo porque le afeaba un poco, impidiéndole llevar una media elegante, y estirar con instrumentos torturadores la pierna, a fin de no perder la gallardía en el mundo de la corte; todo lo cual sufrió con estoica imperturbabilidad. En la convalecencia, no hallando las novelas de caballerías que él deseaba, se puso a leer las Vidas de los santos y la Vida de Cristo, lo cual le encendió en deseos de imitar las hazañas de aquellos héroes y de militar al servicio no de un "rey temporal", sino del "Rey eterno y universal, que es Cristo Nuestro Señor". Reflexionando sobre las desolaciones y consolaciones que experimentaba, aprendió a discernir el buen espíritu del malo con fina psicología sobrenatural. Su conversión y entrega a Dios fue perfecta.

A principios de 1522 sale de Loyola en peregrinación a Jerusalén. Detiénese unos días en el santuario de Montserrat, donde cambia sus ropas lujosas por las de un pobre; conságrase a la Santísima Virgen, hace confesión general y recibe de un monje benedictino las primeras instrucciones espirituales. Pasa un año en Manresa, llevando al principio vida de continua oración y penitencia; luego, de apostolado y asistencia a los hospitales. En una cueva de los contornos escribe, iluminado por Dios, sus primeras experiencias en las vías del espíritu, normas y meditaciones que, redondeadas más adelante, formarán el inmortal librito de los Ejercicios espirituales, "el código más sabio y universal de la dirección espiritual de las almas", como dijo Pío XI. Ya en Manresa el Espíritu Santo le transformó en uno de los místicos más auténticos que recuerda la historia. La ilustración más alta que entonces tuvo, y que le iluminó aun los problemas de orden natural, fue junto al río Cardoner. Prosiguiendo su peregrinación se embarca en Barcelona para Italia. De Roma sube a Venecia, siempre mendigando; el mismo dux veneciano le procura pasaje en una nave que va a Chipre, de donde el Santo sigue hasta Palestina. Visita con íntima devoción los santos lugares de Jerusalén, Belén, el Jordán, el Monte Calvario, el Olivete. A su vuelta, persuadido de que para la vida apostólica son necesarios los estudios, comienza a los treinta y tres años a aprender la gramática latina en Barcelona, pasa luego a las universidades de Alcalá y Salamanca, juntando los estudios con un ardiente proselitismo religioso. Falsamente le tienen por "alumbrado". No la Inquisición, como a veces se ha dicho, sino los vicarios generales de esas dos ciudades le forman proceso y le declaran inocente.

En febrero de 1528 se presenta en la célebre universidad de París, adonde confluyen estudiantes y maestros de toda Europa. Obtiene el grado de maestro en artes o doctor en filosofía (abril de 1534) y reúne en torno de sí algunos universitarios, que serán los pilares de la Compañía de Jesús: Fabro, Javier, Laínez, Salmerón, Rodrigues, Bobadilla, con quienes hace voto de apostolado, en pobreza y castidad, a ser posible en Palestina, y, si no, donde el Vicario de Cristo les ordenare (Montmartre, 15 de agosto de 1534).

De hecho el viaje a Tierra Santa resulta irrealizable, e Ignacio de Loyola va con sus compañeros a Roma, a ofrecerse enteramente al Sumo Pontífice. Una honda experiencia mística, recibida en el camino (La Storta, noviembre de 1537), le confirma en la idea de fundar una Compañía o grupo de apóstoles, que llevará el nombre de Jesús. Paulo III, el mismo que abrirá el concilio de Trento, aprueba el instituto de la Compañía de Jesús, innovador en la historia del monaquismo (27 de septiembre de 1540). Mientras los compañeros de Ignacio y sus primeros discípulos salen con misiones pontificias a diversas tierras de Italia, de Alemania y Austria, de Irlanda, de la India, de Etiopía, el fundador permanece fijo en Roma, como en su cuartel general, recibiendo órdenes inmediatas del Papa y comunicándolas a sus hijos en innumerables cartas, de las que hoy conservamos 6.795. No por eso deja de predicar, dar ejercicios, enseñar el catecismo en las plazas de Roma, remediar las plagas sociales, fundando instituciones y patronatos para atender a los pobres, a los enfermos, a las muchachas en peligro, a las ya caídas que querían redimirse, etc. Con razón ha sido llamado "el apóstol de Roma". Y no se contenta con regenerar moralmente la Ciudad Eterna. Quiere que la capital del catolicismo sea un centro de ciencia eclesiástica, con un plantel de doctores, de los que pueda disponer cuando quiera el Sumo Pontífice. Y con este fin crea el Colegio Romano (1551), que después se llamará, como en nuestros días, Universidad Gregoriana, madre fecunda de alumnos ilustres y de maestros que enseñarán en todas las naciones. A su lado surge desde 1552 el Colegio Germánico, primer seminario de la Edad Moderna, prototipo de los tridentinos, cuya finalidad era educar romanamente a los jóvenes sacerdotes alemanes que habían de reconquistar a su patria para la Iglesia. Sus estatutos fueron redactados por el mismo San Ignacio.

A sus hijos esparcidos por todo el mundo los exhortaba a dar los ejercicios espirituales, método eficaz de reforma individual; a enseñar el catecismo a los ignorantes, a visitar los hospitales. Los últimos años de su vida despliega increíble actividad, fundando colegios, orientados principalmente a la formación del clero, para lo cual se enseñará en ellos desde la gramática latina hasta la teología y los casos de conciencia. Dicta sabias normas de táctica misional para los que evangelizan tierras de infieles, para Javier en la India y Japón, Andrés de Oviedo en Abisinia, etc., y no menos prudentes reglas propone a Pedro Canisio para la restauración católica en Alemania, y a Carlos V y Felipe II para el aniquilamiento de la media luna en el Mediterráneo.

Pocas figuras de la Contrarreforma son comparables a la de Ignacio de Loyola. Su devoción al Vicario de Cristo y a "nuestra Santa Madre la Iglesia jerárquica" brota naturalmente de su apasionado amor al Redentor, "nuestro común Señor Jesús", "nuestro Sumo Pontífice", "Cabeza y Esposo de la Iglesia". Sus Reglas para sentir con la Iglesia serán siempre la piedra de toque del buen católico.

El fundador de la Compañía de Jesús murió en Roma el 31 de julio de 1556. Su magnitud histórica impone admiración a todos los historiadores, a los protestantes tanto o más que a los católicos. Quizá su misma excelsitud haya impedido que su culto popular cundiese tanto como el de otros santos, al parecer, más amables. Preciso es reaccionar contra ciertos retratos literarios que nos lo presentan tétrico y sombrío. Sus coetáneos nos lo pintan risueño y sereno siempre, tierno y afectuoso, con extraordinaria propensión a las lágrimas. "El padre Ignacio —decía Gaspar Loarte— es una fuente de óleo." Sabía hacerse amar, aunque es verdad que todos sus afectos, aun los que parecían más espontáneos, iban gobernados por la reflexión. El "reflectir" (verbo de prudencia) le brota a cada paso de la pluma; pero no menos frecuente en sus labios era el "señalarse" (verbo de audacia), es decir, el distinguirse y descollar por el heroísmo y por las aspiraciones hacia lo más alto y perfecto: Ad maiorem Dei gloriam. Nunca fue un gran especulativo, pero sí un genio práctico y organizador, grande entre los grandes. Reduciendo a esquemas simplistas sus consejos espirituales, muchos interpretaron falsamente su doctrina como un ascetismo voluntarista y árido. No era ésa su alma. Basta leer su Diario espiritual, donde con palabras entrecortadas y realistas, no destinadas al público, descubre las intimidades de su alma y las altas experiencias místicas de cada día, para persuadirnos que estamos ante una de las almas más privilegiadas con dones y carismas del Señor.

RICARDO GARCÍA-VILLOSLADA, S. I.


martes, 30 de julio de 2013

Una ministra finlandesa lamenta que los animales estén más protegidos que los no nacidos

Una ministra finlandesa lamenta que los animales estén más protegidos que los no nacidos

Compara el aborto con una «carnicería»

Una ministra finlandesa lamenta que los animales estén más protegidos que los no nacidos


La Ministra del Interior de Finlandia, Päivi Räsänen


La Ministra del Interior de Finlandia, Päivi Räsänen, ha causado un pequeño revuelo con declaraciones en las cuales compara el aborto con una “carnicería” y lamenta que los animales están mejor protegidos por la ley que los seres humanos no nacidos.

“Los animales no pueden sacrificarse de manera dolorosa, pero ni siquiera está permitido discutir lo doloroso del aborto”, dijo Räsänen, quien es médico además de líder del Partido Demócrata Cristiano, en un evento de la Iglesia Luterana en Kankaanpää.

Describió el aborto como un “tabú silenciado y una caja de Pandora”, y añadió que “se temen las consecuencias de abrirla”.

Dijo que el aborto no debería ser permitido en ninguna etapa del embarazo. “Un niño en edad de ser abortado no es un pedazo de tejido insensible, sino una persona que puede sentir dolor”, dijo. Räsänen también lamentó que Finlandia y Suecia son los únicos países de Europa donde no se les permite a los médicos negarse a participar en un aborto.

“Tenemos que reflexionar si tenemos la valentía de actuar en contra de la opinión pública o las normas, la presión de grupo e incluso a veces la ley, si éstas contradicen la palabra de Dios”, dijo Räsänen. Añadió: “Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres”, cuando la ley está en conflicto con la conciencia.

Al día siguiente, los periódicos finlandeses informaron que 960 personas habían renunciado formalmente a la Iglesia Luterana en respuesta a sus comentarios.

Culpar por renuncias a iglesias es un arma comúnmente usada en contra de políticos conservadores en Finlandia.

En 2010, Räsänen apareció en un programa de televisión hablando en contra del “matrimonio” homosexual. Al día siguiente, los medios de comunicación atribuyeron a sus comentarios – cuando explicó que ella entiende las relaciones homosexuales como pecaminosas – las 40.000 renuncias repentinas a la iglesia, según el monitoreo del sitio secular www.eroakirkosta.fi.

La táctica es efectiva ya que los miembros registrados de las dos iglesias oficiales de Finlandia, la Iglesia Evangélica Luterana y la Iglesia Ortodoxa de Finlandia, pagan impuestos eclesiásticos que ascienden a alrededor del uno por ciento de sus ingresos anuales. Los que desean salirse de una iglesia pueden hacerlo por internet, y tales renuncias de protesta masiva se dan con frecuencia después de comentarios de políticos, lo que hace perder tanto al gobierno como a las iglesias el impuesto sobre la renta.

El arzobispo luterano Kari Mäkinen, el primer arzobispo luterano en el país en expresar públicamente apoyo al “matrimonio” homosexual, escribió en Twitter: “Se puede estar de acuerdo con ella o bien tener una opinión diferente, pero sus puntos de vista no deben ser confundidos con la posición de la Iglesia. No es más que la opinión de cualquier otro miembro de la iglesia”.

En una entrevista con la compañía de radiodifusión nacional finlandesa YLE, Räsänen expresó su sorpresa por el escándalo que causaron sus comentarios en los medios de comunicación. Dijo que de los miles de emails que ha recibido la mayoría fueron positivos y de apoyo.

“Estaban preocupados por los cristianos devotos que creen que no hay total libertad para practicar la religión y para ser francos en sus puntos de vista en esta sociedad”, dijo.

Añadió que no es el único miembro del gobierno que tiene reparos sobre la falta de protecciones de conciencia, apuntando a las observaciones formuladas por el Ministro de Relaciones Exteriores Erkki Tuomioja, un socialdemócrata. Erkki escribió en su blog que los trabajadores de la salud podrían estar justificados para usar desobediencia civil y negarse a participar en un aborto. Pero Tuomioja, ateo y socialista, agregó que esto no debería incluir la negativa basada en creencias religiosas.

“La convicción que lleva a esto [tipo de acción] sólo puede basarse en normas éticas humanas universales, no en directivas impuestas desde el cielo, como en el caso de la Biblia, el Corán, o el Mein Kampf”, dijo Tuomioja.

Räsänen también dijo a YLE que su casa ha sido objeto de vandalismo, pero dijo que mantiene sus creencias y que quiere continuar con su responsabilidad en asuntos de la iglesia, ya que pertenecen a su cartera como ministro del Interior.

El periódico Savon Sanomat publicó una encuesta que muestra que el 55% de los 1.100 encuestados desea que los asuntos de la iglesia sean removidos de la cartera del Ministro del Interior. El número, sin embargo, se redujo a alrededor del 10% de los votantes del Partido Demócrata Cristiano.

Fuente. Religión en Libertad