La historia de la comunidad de Fontem en Camerún en los años 60 sigue inspirando hoy a comunidades y misioneros
Fons y mafuas (reyes y reinas) bangwa, de Camerún, visitan a los focolares en Roma en 2016 y recuerdan a Chiara Lubich
En el movimiento de los Focolares, fundado en Italia por Chiara Lubich en 1943, aún en plena Guerra Mundial, se ha relatado con frecuencia un caso de su capacidad transformadora de comunidades en África en los años 60, la creación de la ciudadela o comunidad de Fontem. Es la historia de cómo este movimiento católico salvó un pueblo en Camerún y empezó a crecer por el continente. Esa historia fundacional sigue inspirando el trabajo de los Focolares en África y en otros países. Lo cuenta Victor Gaetan en National Catholic Register y lo traducimos para ReL.
Incluso antes de que Chiara Lubich recibiera el reconocimiento del Vaticano (el Papa Pablo VI concedió la aprobación formal) por el movimiento laico que fundó en 1943 en Trento (Italia), hombres y mujeres comprometidos con la "espiritualidad de la unidad" del Movimiento de los Focolares viajaban al remoto suroeste de Camerún para ayudar a salvar a los bebés nacidos del pueblo bangwa. El 90% de los niños menores de 10 años morían de la enfermedad del sueño y la malaria.
Milagro en el bosque es un documental que describe el hospital Mary Health of Africa en Fontem (Camerún), la primera pequeña ciudad de África fundada por Lubich a petición de un obispo misionero local. Ella vino a inaugurarlo en 1966.
"El Movimiento de los Focolares nos salvó a mí y a mi pueblo", relata Nkem Khumbah, matemático nacido en Camerún y director de la Academia Africana de Ciencias en Nairobi. "Abrieron un hospital cuando las moscas tse-tsé estaban matando a los niños. La tasa de mortalidad era astronómica. Nací en 1968. Mi madre tuvo ocho hijos y todos sobrevivimos", continúa Khumbah.
El movimiento de Fontem ha influido en todo el continente, aunque la ubicación de la comunidad en una región devastada por la guerra ha obligado a muchos miembros a trasladarse.
Zona Centro para los focolares en Kenia
Una casa para los focolarini en Nairobi (Kenia) sirve como "zona centro", coordinando actividades para 25 países del este y sur de África. (El movimiento tiene miembros en cada país, no necesariamente una comunidad consagrada de hombres o mujeres; el centro ayuda a conectar a los miembros entre países mientras organiza actividades nacionales). Dos mujeres consagradas en la casa tienen conexiones directas con Fontem.
Anne Plantard asistió a un encuentro juvenil en Bretaña, Francia, donde un joven mostró fotos del hospital de Fontem, que necesitaba una enfermera, la profesión de Plantard.
"Sentí la llamada al servicio humanitario sin saber mucho sobre el Movimiento de los Focolares", declara al Register.
Se mudó a Fontem en 1984 con un compromiso de un año, dejando atrás a su prometido, Pascal, piloto de avión. En África, Anne "encontró a Dios de una manera diferente", sin distracciones.
Para confirmar que debía comprometerse a largo plazo, Plantard escribió una carta a Chiara -dentro del movimiento, siempre se hace referencia a Lubich por su nombre de pila, como si estuviera a la vuelta de la esquina o a solo una llamada de distancia- pidiéndole consejo.
La fundadora respondió: "Reza para que tú y Pascal descubráis lo que Dios quiere. La unidad con la gente os dará la Luz".
Plantard vivió en Fontem durante 20 años -"los años más hermosos de mi vida"- y luego se trasladó a una comunidad del Movimiento de los Focolares en Madagascar, donde permaneció durante 11 años. Fue la enfermera de Lubich durante los últimos meses de su vida. Pascal se convirtió en monje católico.
Impacto de una escuela cristiana
Además del hospital, el movimiento construyó la primera escuela secundaria de la región, Our Lady Seat of Wisdom College, en Fontem.
Mariline Nkafu, miembro consagrado del movimiento, recuerda que rezó durante tres años, desde los 10 hasta los 13, para que la aceptaran en la escuela, que estaba en su pueblo, "una perla para toda la tribu", pero muy competitiva. No solo la aceptaron, sino que entabló una correspondencia personal con Chiara.
A los 18 años, su compromiso de convertirse en miembro consagrado la llevó a Nigeria (Kenia) y luego a Italia para su formación.
"Descubrí que el Evangelio es Vida: puede ser vivido, es Luz y es una guía para la vida", afirma. Finalmente, Nkafu regresó a Fontem, donde enseñó en el Seat of Wisdom College durante quince años, llegando a ser directora de la escuela. Pero la tragedia de la violencia política la arrancó de esa comunidad: en 2016, el conflicto entre el suroeste de Camerún (una región anglófona), donde se encuentra Fontem, y el gobierno central francófono obligó a la escuela a cerrar durante ocho años. Se volvió a abrir en 2024.
Las comunidades Mariápolis en África
En Juja (Kenia), a unos 40 minutos al noroeste de Nairobi, se encuentra la Mariapolis Piero, inaugurada por Lubich en 1992. Las casas, la capilla, el auditorio y las zonas comunes de la comunidad están diseñadas para parecerse a una aldea tradicional africana.
He recorrido los terrenos con Anny Keymeulen, una profesora belga de 87 años que conoció a Lubich en Roma en 1960 y que me ha dicho: "Podía sentir que ella estaba llena de Dios".
Keymeulen quería ser una de las primeras en tomar los votos de consagración una vez que el movimiento obtuviera el reconocimiento de la Santa Sede. Llegó a Fontem en 1964 y luego se trasladó a Kenia en 2010. Está muy ilusionada porque la comunidad acaba de poner en marcha una nueva escuela primaria para niños.
"Que todos sean uno (Juan 17, 21), vivimos para eso", explica Keymeulen al salir de la capilla, y advierte: "Cierra bien la puerta o entrarán las ovejas".
Unas sesenta personas viven en comunidad en la Mariapolis Piero, jóvenes y mayores, blancos y negros. "Nos amamos unos a otros, por eso tenemos paz en el corazón, y eso no se puede comprar en Carrefour", afirma Anny.
Focolares nativos
Incluso antes de que se creara la Mariapolis Piero, el movimiento ya estaba creciendo en África Oriental.
En Burundi, Triphonie Barumwete era una joven que estudiaba en una escuela católica y se vio impulsada a unirse a un movimiento laical. Lo que le intrigaba del Movimiento de los Focolares era su énfasis en la unidad, ya que su familia, aunque católica, estaba dividida.
Mientras ayudaba en un centro para niños con la enfermedad de Hansen (lepra), un hermano religioso le explicó la idea evangélica de que lo que se hace por los más pequeños, se hace por Cristo: "Y cuando toqué a ese leproso, vi a Jesús en su sonrisa, y eso me transformó", recuerda.
Barumwete obtuvo su título de enfermería y trabajó durante dos años en el hospital de los Focolares de Fontem. A continuación, se trasladó a Italia para cursar dos años de formación, donde conoció a Lubich. Después se trasladó a Douala (Camerún), y luego a Kinshasa, capital de Zaire (1971-1997, hoy República Democrática del Congo), donde vivió una experiencia traumática.
Cuando estalló la guerra en 1996 entre Zaire y Burundi, el nuncio (embajador) de la Santa Sede insistió en que escapara, con solo un pasaporte en el bolsillo, en barco desde Kinshasa cruzando el río hasta Brazzaville (Congo).
"Muchos de los que iban en el barco cayeron al agua y se ahogaron", recuerda con aire grave. Pero Dios bendijo su viaje y voló de Brazzaville a Roma, dejando atrás los certificados que acreditaban que era enfermera.
"Durante dos años, ayudé a personas mayores en sus hogares en Trento. Fue una experiencia muy bonita. Luego, me necesitaron en Costa de Marfil para poner en marcha una actividad para niños desnutridos. Permanecí allí durante 12 años, 10 de los cuales viví en la Mariapolis Victoria", relata Barumwete.
En Costa de Marfil, volvió a vivir una experiencia muy estresante: unos insurgentes islamistas tomaron un centro de formación del Movimiento de los Focolares y el ejército francés ordenó a todos los miembros blancos del Movimiento que evacuaran el lugar, pero debido a su "pacto de amor recíproco", no quisieron marcharse, explica Barumwete al Register.
Llegó la Cruz Roja y unas 4.000 personas se refugiaron con el Movimiento de los Focolares. "Chiara dijo: 'Sois libres de iros. Seguid vuestro corazón', pero no podíamos irnos, así que empezamos a enseñar a los niños. Los refugiados permanecieron allí durante nueve meses", recuerda Barumwete. Más tarde, ayudó a reabrir un importante hospital.
Durante más de una década, Barumwete ha vivido en la Mariápolis Piero, en Kenia, donde el enfoque explícito es la inculturación y el diálogo interreligioso.
Chiara Lubich, fundadora de los Focolares, en 1992 visita la Mariápolis Piero en Kenia
Vuelta a Camerún
Una vez que entras en el círculo de los Focolares, te sientes elevado y transportado como si estuvieras haciendo crowd surfing. Mis nuevos amigos focolarinos de Kenia me pusieron en contacto con "el corazón de nuestro movimiento" en Camerún: Marcellus Nkafu Nkeze.
Entre otras responsabilidades, Nkeze dirige una librería religiosa en Douala, el centro económico de Camerún, su ciudad más grande y el puerto más importante de África Central. Está situada en el patio de la catedral. En la esquina trasera de la librería, sobre su escritorio, hay una foto de Chiara Lubich. [Nota para la sede central de los Focolares en Rocca di Papa (Italia): ¡Marcellus se merece más espacio!]
Insistió en venir a recogerme al aeropuerto cuando llegué a Douala y reorganizó su agenda para ayudarme durante toda la semana. Es una prueba de esa excepcional generosidad que observé repetidamente entre los miembros del movimiento.
Nkeze creció cerca de Fontem, hijo de funcionarios cristianos. Una tarde, sus padres enviaron al adolescente a una reunión de los Focolares: "Estaban tan alegres, hablando de la unidad y poniendo en práctica el Evangelio", recuerda. "Me dije a mí mismo que quería profundizar en mi conocimiento de este grupo".
Después de dos años en Fontem para la preformación, Nkeze se fue con otros tres a Florencia (Italia), donde, tras aprender italiano, estudiaron espiritualidad y la doctrina social de la Iglesia.
Su itinerario incluye 10 años en Kenia coordinando la ayuda humanitaria destinada a Sudán del Sur; dos años y medio en Suiza como instructor espiritual del Movimiento de los Focolares para los nuevos miembros masculinos; nueve años en Burundi gestionando New Hope, un programa para pacientes con sida; y luego Douala, donde es "corresponsable" del movimiento en África Central (principalmente en Camerún, Chad, Guinea Ecuatorial, Gabón y Santo Tomé y Príncipe) .
Nkeze es un agudo analista de las tendencias políticas y sociales africanas, con conexiones que van desde los líderes eclesiásticos hasta el mejor cambista musulmán de la calle. Pero cuando le presiono sobre los conflictos en la región suroeste del país, me recuerda: "Vengo del suroeste, pero estoy por encima de eso. Soy un hombre consagrado", afirma: "Pídeme hoy que vaya a Egipto y lo haré. Si sigo a Jesús, el mundo es mío".
Eso es exactamente lo que presencié en el movimiento de los Focolares: amor sin límites, dedicación sin fin. Que este fascinante milagro de conexión humana siga prosperando.
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