En aquel tiempo, Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a Él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?». Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra.
Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?». Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».
«Tampoco yo te condeno»
Pbro. D. Pablo ARCE Gargollo
(Ciudad de México, México)
Hoy vemos a Jesús «escribir con el dedo en la tierra» (Jn 8,6), como si estuviera a la vez ocupado y divertido en algo más importante que el escuchar a quienes acusan a la mujer que le presentan porque «ha sido sorprendida en flagrante adulterio» (Jn 8,3).
Llama la atención la serenidad e incluso el buen humor que vemos en Jesucristo, aún en los momentos que para otros son de gran tensión. Una enseñanza práctica para cada uno, en estos días nuestros que llevan velocidad de vértigo y ponen los nervios de punta en un buen número de ocasiones.
La sigilosa y graciosa huida de los acusadores, nos recuerda que quien juzga es sólo Dios y que todos nosotros somos pecadores. En nuestra vida diaria, con ocasión del trabajo, en las relaciones familiares o de amistad, hacemos juicios de valor. Más de alguna vez, nuestros juicios son erróneos y quitan la buena fama de los demás. Se trata de una verdadera falta de justicia que nos obliga a reparar, tarea no siempre fácil. Al contemplar a Jesús en medio de esa “jauría” de acusadores, entendemos muy bien lo que señaló santo Tomás de Aquino: «La justicia y la misericordia están tan unidas que la una sostiene a la otra. La justicia sin misericordia es crueldad; y la misericordia sin justicia es ruina, destrucción».
Hemos de llenarnos de alegría al saber, con certeza, que Dios nos perdona todo, absolutamente todo, en el sacramento de la confesión. En estos días de Cuaresma tenemos la oportunidad magnífica de acudir a quien es rico en misericordia en el sacramento de la reconciliación.
Y, además, para el día de hoy, un propósito concreto: al ver a los demás, diré en el interior de mi corazón las mismas palabras de Jesús: «Tampoco yo te condeno» (Jn 8,11).
Vías de santidad: el laico To Rot y el obispo Maloyan, mártires, e Ibiapina, sacerdote ex político
Pita To Rot, catequista y padre de familia, fue martirizado en un campo de concentración japonés durante la Segunda Guerra Mundial.
Mártires del islamismo
Este 31 de marzo, la Santa Sede ha dado a conocer varios decretos del Dicasterio de las Causas de los Santos autorizados por el Papa Francisco, entre ellos, dos de canonización de sendos mártires (el arzobispo armenio Ignacio Choukrallah Maloyan y el laico Pedro To Rot, de Papúa-Nueva Guinea), y una declaración de virtudes heroicas, la del sacerdote y antiguo político brasileño José Antonio María Ibiapina.
Pedro To Rot
El beato Peter (Pita) To Rot goza de una fama de santidad arraigada en la Iglesia a raíz de su martirio y de haber sido elegido como patrono de la Jornada Mundial de la Juventud de 2008, celebrada en Sidney.
Nacido en 1912 en Rakunai (Papúa Nueva Guinea), era el tercer hijo de Ángel To Puia, el jefe de una tribu local que se convirtió del metodismo al catolicismo, arrastrando consigo a todos los suyos y creando una comunidad católica muy viva y activa en contacto con los misioneros.
Aunque Pedro se planteó en algún momento la vocación sacerdotal, finalmente descartó que esa fuera la llamada de Dios y se casó en 1936 con su esposa Paula Ia Varpit. Devoto y hombre de oración, se consagró a la labor de catequista tanto de jóvenes como de adultos. Su ejemplo de vida matrimonial ayudó a combatir la poligamia ancestral que los misioneros cristianos intentaban erradicar.
Cuando en 1942, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, los japoneses y ocuparon Papúa Nueva Guinea, los misioneros y sacerdotes fueron recluidos en campos de concentración. Pedro quedó al cargo de su comunidad, con el encargo de uno de los misioneros del Sagrado Corazón de que las personas a su cuidado no se olvidasen de Dios en ausencia de sus pastores.
Los invasores toleraron al principio la práctica cristiana, pero luego la prohibieron, por lo que To Rot organizaba reuniones secretas.
Como forma de combatir el cristianismo, los japoneses reintrodujeron la poligamia con el apoyo de los jefes locales, resentidos contra los misioneros por su insistencia en la monogamia.
"Los japoneses no pueden evitar que amemos a Dios y obedezcamos sus leyes. Debemos ser fuertes y debemos negarnos a ceder ante ellos", proclamó entonces Pedro, enfrentándose incluso a su propio hermano, que tomó una segunda esposa.
Un espía que trabajaba para el enemigo, también bígamo, le denunció, y él resistió todas las presiones par ceder. No dudó de cuál era su destino: "Estoy en prisión por los adúlteros y por los servicios de la iglesia. Estoy listo para morir", confesó a un jefe de la aldea que le visitó, según recoge Aciprensa.
En efecto, en algún momento de julio de 1945, cuando tenía 33 años de edad, fue golpeado y envenenado hasta morir. Enseguida fue considerado mártir por la comunidad católica local, un mártir de la integridad del matrimonio cristiano.
Juan Pablo II lo beatificó el 17 de enero de 1995 elogiando en su homilía que Pedro "se negó a tomar el camino fácil del compromiso moral". Ahora será proclamado santo en la fecha que determine el consistorio que convoque el Papa para ello.
Arzobispo Ignacio Choukrallah Maloyan
El beato Ignacio Choukrallah Maloyan nació en Mardine (Turquía) en 1869. Su vocación fue temprana e ingresó a los 14 años en el convento de Bzommar, en el Líbano. Tras completar su formación, en 1896 fue ordenado sacerdote y enviado en misión a Alejandría y luego El Cairo.
Estudió francés, inglés y hebreo bíblico y en 1904 fue elegido como secretario por el Patriarca Bedros XII. Siete años después, en 1911, durante el sínodo de los obispos armenios reunido en Roma, fue designado arzobispo de Mardine.
El arzobispo Ignacio Maloyan, mártir durante el genocidio armenio.
El arzobispo Ignacio Maloyan, mártir durante el genocidio armenio. Le fue ofrecida la conversión al islam para salvar su vida.
Como obispo, se aplicó en difundir en todas las parroquias la devoción al Sagrado Corazón de Jesús y a la Virgen María.
Mantenía buenas relaciones con las autoridades políticas, pero cuando en 1915 se desató el genocidio armenio a manos del gobierno turco, su arzobispado fue rodeado y atacado, sufriendo la destrucción de archivos y documentos.
A principios de mayo, el arzobispo Maloyan reunió a sus sacerdotes y les advirtió de las amenazas que se cernían sobre la Iglesia, exhortándoles a la oración y la fidelidad y al martirio si llegaba la ocasión.
El 13 de junio de 1915 fue detenido junto a otros sacerdotes y conducido a un tribunal, donde la policía le preguntó por las armas que escondía, falsedad que ya había servido de pretexto para el asalto al arzobispado. El prelado dijo que siempre había sido leal con el sultán, que incluso le había condecorado.
Entonces le ofrecieron convertirse al islam para salvar su vida, a lo que respondió que jamás renegaría de Jesús, aun a precio de su muerte. Los policías turcos empezaron entonces a golpearle violentamente con la culata de la pistola en la cabeza. Luego le aplastaron las uñas de los pies y le forzaron a andar para torturarle.
Finalmente leyeron la sentencia: "El Estado os hizo grandes favores, pero habéis traicionado al país. Por eso se os condena a muerte. Sin embargo, si alguno se hace musulmán, será liberado y volverá a Mardine".
En nobre de todos, Maloyan respondió: "Nunca hemos sido desleales con el Estado. Pero si nos pedís ser infieles a nuestra religión, eso nunca, nunca, nunca", palabra que repitieron los demás cristianos presentes.
"Moriremos, pero moriremos por Cristo", proclamó el obispo. Todos se pusieron de rodillas y los sacerdotes se absolvieron unos a otros. El jefe policial se aproximó a Maloyan y volvió a proponerle la conversión al islam.
"Tu petición me sorprende", respondió el armenio: "Ya te he dicho que vivo y muero por mi fe verdadera. Me glorifico en la Cruz de mi Señor y mi Dios". Inmediatamente recibió un tiro en la nuca, pero aún se le pudo escuchar, antes de morir: "Señor, ten piedad de mí. A tus manos encomiendo mi espíritu".
Fue beatificado por Juan Pablo II en 2021.
José Antonio María Ibiapina
José Antônio Pereira Ibiapina (1806-1883) fue un sacerdote brasileño de vocación tardía. Estudió Derecho y fue profesor de universidad, juez y miembro de la Cámara de Diputados entre 1834 y 1837.
Tras un proceso de conversión espiritual, decidió romper con una vida que le alejaba de lo importante y consagrarse totalmente a Dios. En 1853, cuando tenía 47 años, fue ordenado sacerdote y comenzó una intensa labor misionera por cinco estados del noreste de Brasil.
El padre Ibiapina, un misionero brasileño que fue profesor, juez y político.
El padre Ibiapina, un misionero brasileño que fue profesor, juez y político.
Con lo que había aprendido en su profesión civil, impulsó la construcción de acequias y pozos al servicio de las comunidades donde atendía a los más pobres y para ellas construyó también capillas, cementerios, ambulatorios de salud e instituciones de caridad. Fomentó el crecimiento del tejido social en torno a la caridad y la redención personal a través del trabajo.
Su intensa labor de treinta años dejó una profunda huella en la región que misionó, a pesar de que su nombre es menos conocido que otros sacerdotes y religiosos de la misma época. Su fama de santidad, sin embargo, persistió y se ve ahora reconocida con la declaración de virtudes heroicas, preludio de una posible beatificación futura.
En aquel tiempo, muchos entre la gente, que habían escuchado a Jesús, decían: «Éste es verdaderamente el profeta». Otros decían: «Éste es el Cristo». Pero otros replicaban: «¿Acaso va a venir de Galilea el Cristo? ¿No dice la Escritura que el Cristo vendrá de la descendencia de David y de Belén, el pueblo de donde era David?».
Se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él. Algunos de ellos querían detenerle, pero nadie le echó mano. Los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y los fariseos. Estos les dijeron: «¿Por qué no le habéis traído?». Respondieron los guardias: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre». Los fariseos les respondieron: «¿Vosotros también os habéis dejado embaucar? ¿Acaso ha creído en Él algún magistrado o algún fariseo? Pero esa gente que no conoce la Ley son unos malditos».
Les dice Nicodemo, que era uno de ellos, el que había ido anteriormente donde Jesús: «¿Acaso nuestra Ley juzga a un hombre sin haberle antes oído y sin saber lo que hace?». Ellos le respondieron: «¿También tú eres de Galilea? Indaga y verás que de Galilea no sale ningún profeta». Y se volvieron cada uno a su casa.
«Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre»
Abbé Fernand ARÉVALO
(Bruxelles, Bélgica)
Hoy el Evangelio nos presenta las diferentes reacciones que producían las palabras de nuestro Señor. No nos ofrece este texto de Juan ninguna palabra del Maestro, pero sí las consecuencias de lo que Él decía. Unos pensaban que era un profeta; otros decían «Éste es el Cristo» (Jn 7,41).
Verdaderamente, Jesucristo es ese “signo de contradicción” que Simeón había anunciado a María (cf. Lc 2,34). Jesús no dejaba indiferentes a quienes le escuchaban, hasta el punto de que en esta ocasión y en muchas otras «se originó, pues, una disensión entre la gente por causa de Él» (Jn 7,43). La respuesta de los guardias, que pretendían detener al Señor, centra la cuestión y nos muestra la fuerza de las palabras de Cristo: «Jamás un hombre ha hablado como habla ese hombre» (Jn 7,46). Es como decir: sus palabras son diferentes; no son palabras huecas, llenas de soberbia y falsedad. El es “la Verdad” y su modo de decir refleja este hecho.
Y si esto sucedía con relación a sus oyentes, con mayor razón sus obras provocaban muchas veces el asombro, la admiración; y, también, la crítica, la murmuración, el odio... Jesucristo hablaba el “lenguaje de la caridad”: sus obras y sus palabras manifestaban el profundo amor que sentía hacía todos los hombres, especialmente hacia los más necesitados.
Hoy como entonces, los cristianos somos —hemos de ser— “signo de contradicción”, porque hablamos y actuamos no como los demás. Nosotros, imitando y siguiendo a Jesucristo, hemos de emplear igualmente “el lenguaje de la caridad y del cariño”, lenguaje necesario que, en definitiva, todos son capaces de comprender. Como escribió el Santo Padre Benedicto XVI en su encíclica Deus caritas est, «el amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa (...). Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre».
Desde el santuario de Lord, en la montaña, «Hagan Lío» explora la fuerza de la oración
Carlota Valenzuela habla sobre la oración con la ermitaña del santuario mariano de Lord en la serie Haga Lío
Santuarios marianos
La serie Hagan Lío, de Juan Manuel Cotelo e Infinito+1, llega a su capítulo 12, titulado El poder de la oración, que será el último de esta serie de vídeos.
Con el apoyo de miles de pequeños donantes, Infinito+1 ha producido y difundido doce historias de fe, milagros, conversiones, perdón, superación con Dios y acogida a los pobres, enfermos y necesitados.
Ahora buscan traducir y subtitular en distintos idiomas estas historias, que tocan mentes y corazones y acercan a muchos a Dios. Por eso, siguen contando con los donativos de quienes quieren evangelizar a través de testimonios hermosos y bien recogidos con buenas imágenes.
El capítulo 12 lleva a los espectadores a los Pirineos de Lérida, al santuario mariano de Lord, en un monte al cual sólo se puede llegar a pie en su tramo final. Allí llegan personas que buscan pararse, pensar, a veces simplemente poder respirar, contemplar una naturaleza impresionante, de montañas, valles, lagos y nubes. Y eso les abre a escuchar a Dios.
Este capítulo es ideal para animar a rezar a jóvenes y mayores que antes no lo hayan hecho nunca o casi nunca. Anima a buscar a Dios... y a dar tiempo a Dios para poderle escuchar. El capítulo no detalla distintas formas de orar para distintos tipos de persona o situaciones: se centra en que orar es posible, es muy bueno, es necesario y sanador y no es difícil.
En Lord está un sacerdote, el padre Joan Durbán, que ha recibido y escuchado a cientos de personas con sus historias. Muchos dicen que hablar con el padre Joan les ha ayudado a ordenar su vida, y enfocarla con más paz, hacia Dios.
Lo primero es pararse, escuchar, y hacerse preguntas
"La gente no viene con problemas de 'no saber rezar' sino con problemas de la vida que le impiden un acercamiento a ese Dios al que han de rezar. Lo primero que hay que valorar en el camino de la oración es la escucha", explica el sacerdote a Carlota Valenzuela, la joven conductora de Hagan Lío. "¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¿Qué pretendes? Con eso nos acercamos a una realidad personal auténtica y que desde la autenticidad de la persona nos permite dirigirnos y acercarnos a la autenticidad de Dios. Ahí empieza el camino de la oración", explica.
Su experiencia es que muchas personas tienen falta de autoestima. Otras muchas, simplemente, se desconocen a sí mismas.
Todo requiere una cierta inversión en tiempo. También la paz y conectar con Dios.
"Lo mismo que cuidas a tu cuerpo y buscas tiempo para atenderlo, porque si no se muere, has de buscar tiempo y has de ser consciente de que tu espíritu necesita su alimento espiritual. Si no, se muere. Los virus que corren por la sociedad, que son muchos, enseguida te infectarán. Has debilitado tanto tu espíritu, está tan flaco y tan perdido, que ya no sabe encontrar el sentido de la existencia. Lo importante es que seas auténtico contigo mismo y digas 'esto no me hace feliz'. ¡Pues mueve pieza!", propone el padre Joan.
La belleza, la naturaleza, ayuda a elevar la mirada
Algunos de los peregrinos que acoge dicen que la belleza y grandeza de Lord (como en muchos otros sitios hermosos) ya hace elevar la vista. Sentirse acogido con sonrisas también ayuda. "La gente llega aquí con una expresión triste en la cara y se van con otro tipo de expresión, con una sonrisa", dicen.
El programa recoge varios testimonios. Varios dicen que se habían dedicado a la fiesta, o a las ideologías, y nada de verdad les hacía felices. Hablan de dar un paso: hacer "un reset", un nuevo inicio. "Corté con muchas cosas que me ataban y que no no me hacían jugar limpio", dice uno.
Otros llegaron con depresión. "Yo creo que no nos enseñan a parar. Toda la vida parece una carrera a más, a conseguir cosas. En Lord aprendí a parar", explica otro testimonio.
Un peregrino en el santuario de Lord con el hacha y la leña... a veces piden hacer cosas concretas, físicas, que ayudan a pararse
Andreu, un joven de Manresa de 20 años, reconoce que estaba adicto al móvil. La primera regla al llegar era entregar su dispositivo. Después de unos días pensando que perdía el tiempo y de gritar de frustración, pidió a Dios "paciencia y paz". "Ese día yo recé de verdad por primera vez", señala.
Una mujer que declara ser "perfeccionista" y "exigente", que quería agradar a Dios "haciendo" cosas buenas, ahora da un consejo para cambiar de enfoque y dar todo el protagonismo a Dios.
"Quítate de exigencias, quítate de obligaciones, saca tu corazón, saca tus preocupaciones, ponlo todo en manos de Dios para abrirte al amor, suelta tú todo lo que tienes dentro. Cuando te quitas y comprendes que el Señor te quiere, y te quiere como tú eres, ya estás abierto, ya empiezas a vislumbrar", explica.
Rezar es como ir al gimnasio, como estar con un amigo...
"Orar es como estar con un amigo", explica Patty, una joven que se levanta muy pronto para ver amanecer, las nubes y las montañas. "Muchas veces vengo y digo 'Señor, estoy muy aburrida', 'pues vamos a aburrirnos los dos juntos, ¿no?'", explica.
Otros lo comparan con el gimnasio, no por el esfuerzo y cansancio, pero sí por la constancia que requiere el trato con Dios. El mismo padre Joan habla del atleta olímpico que, antes de hacer maravillas en las anillas, "ha hecho el patoso mil veces y se ha caído y ha hecho. Paulatinamente irás cogiendo ritmo".
Otro de los peregrinos explica que con la constancia en la oración empezó a encontrar "como pequeñitas iluminaciones en las que yo veía una correspondencia, a base de repetir mi corazón se iba como iluminando por flashes donde el Señor de una forma clara me iba hablando y toda mi vida se iba empezando a conectar". Y los primeros frutos de oración llevan a querer más.
Otro comenta que "rezar con la cabeza" cansa, pero "orar con el corazón" no, porque se parece a "estar acompañado", a "estar en relación" con Dios, cuando "puedes expresar lo que tienes, puedes descargar con Él, confiando en que Él te escucha, Él te ama. Confía, eso es orar".
El joven Andreu lo explica así: "Para mí, rezar es hablar con los que están en el Cielo, como si estuvieran aquí delante nuestro, pero al estar allí nos escuchan aún mejor".
La ermitaña y las ovejas que se escapan
En Lord está también María Eugenia Lastras, una ermitaña diocesana, que pone ejemplos espirituales a partir de lo que vive con las ovejas que cuida. "Cuando estás en este entorno y ves que se te dilata el corazón, alguien te dice 'eso es Dios, créete que eso es Dios', y ya está, es así de simple, esa paz en el corazón, esa es la presencia de Dios, Él se quiere mostrar así", explica.
Un día, ayudándose con cuerdas y otros voluntarios, se descolgó por un risco para rescatar a una oveja perdida. La oveja luego la seguía, agradecida. "Las personas llegan así, como perdidas, con necesidad de ser rescatadas. Realmente no sabemos lo que hacemos cuando nos lanzamos por el precipicio o cuando nos vamos por caminos desviados. No sé qué tienen los zarzales que les atraen tanto, pero luego vienen a que les quitemos las espinas", comenta.
Anima al que duda a atreverse a rezar, y dice que todos hemos sido creados para eso. "Puedes cerrar los ojos y abrir esa parte de ti que trasciende, que no se cierra en este mundo. Levanta la cabeza, mira para arriba y pide, da gracias, abre tu corazón. A ver si tienes respuesta. Yo te aseguro que tienes respuesta", afirma la ermitaña.
Unos rezan el rosario mientras van en moto. Otros dicen que Dios es ya el copiloto de su vida: es quien les guía por la ruta. Al abrirse a Dios, ganan en paz, pero también aprender a aportar paz a los demás, a ser generosos, no se escapan de las situaciones complicadas del mundo, aprenden a ayudar al otro desde cerca.
"La oración no te quita del sufrimiento, pero te lo hace experimentar de una manera más profunda, con paz y sobre todo con amor", dice el padre Joan. Esa paz se notará en uno y llamará la atención de los demás, dice. "Es meterse en el mejor lío del planeta
En aquel tiempo, Jesús estaba en Galilea, y no podía andar por Judea, porque los judíos buscaban matarle. Se acercaba la fiesta judía de las Tiendas. Después que sus hermanos subieron a la fiesta, entonces Él también subió no manifiestamente, sino de incógnito.
Mediada ya la fiesta, subió Jesús al Templo y se puso a enseñar. Decían algunos de los de Jerusalén: «¿No es a ése a quien quieren matar? Mirad cómo habla con toda libertad y no le dicen nada. ¿Habrán reconocido de veras las autoridades que éste es el Cristo? Pero éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es». Gritó, pues, Jesús, enseñando en el Templo y diciendo: «Me conocéis a mí y sabéis de dónde soy. Pero yo no he venido por mi cuenta; sino que me envió el que es veraz; pero vosotros no le conocéis. Yo le conozco, porque vengo de Él y Él es el que me ha enviado». Querían, pues, detenerle, pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
«Nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora»
Fr. Matthew J. ALBRIGHT
(Andover, Ohio, Estados Unidos)
Hoy, el Evangelio nos permite contemplar la confusión que surgió sobre la identidad y la misión de Jesucristo. Cuando la gente es puesta cara a cara ante Jesús, hay malentendidos y presunciones acerca de quién es Él, cómo en Él se cumplen o no las profecías del Antiguo Testamento y sobre lo que Él realizará. Las suposiciones y los prejuicios conducen a la frustración y a la ira. Esto ha sido así siempre: la confusión alrededor de Cristo y de la enseñanza de la Iglesia despierta controversia y división religiosa. ¡El rebaño se dispersa si las ovejas no reconocen a su pastor!
La gente dice: «Éste sabemos de dónde es, mientras que, cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde es» (Jn 7,27), y concluyen que Jesús no puede ser el Mesías porque Él no responde a la imagen del “Mesías” en la que ellos habían sido instruidos. Por otra parte, saben que los Príncipes de los Sacerdotes quieren matarle, pero al mismo tiempo ven que Él se mueve libremente sin ser arrestado. De manera que se preguntan si quizá las autoridades «habrán reconocido de veras que éste es el Cristo» (Jn 7,26).
Jesús ataja la confusión identificándose Él mismo como el enviado por el que es “veraz” (cf. Jn 7,28). Cristo es consciente de la situación, tal como lo retrata Juan, y nadie le echa mano porque todavía no le ha llegado la hora de revelar plenamente su identidad y misión. Jesús desafía las expectativas al mostrarse, no como un líder conquistador para derrocar la opresión romana, sino como el “Siervo Sufriente” de Isaías.
El Papa Francisco escribió: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús». Es urgente que nosotros ayudemos a cada uno a ir más allá de las suposiciones y prejuicios sobre quién es Jesús y qué es la Iglesia, y a la vez facilitarles el encuentro con Jesús. Cuando una persona llega a saber quién es realmente Jesús, entonces abundan la alegría y la paz.
Pell y el fundador de los Caballeros de Colón, intercesores en la sorprendente salvación de un niño
El cardenal George Pell falleció a principios de 2023 a consecuencia de un infarto durante una operación de cadera.
El pasado 2 de marzo, Caitlin y Wesley Robinson, un matrimonio católico de Phoenix (Arizona, Estados Unidos) padres de ocho hijos con el noveno en camino, se encontraron al menor de ellos, de 15 meses, flotando boca abajo en la piscina familiar.
52 minutos de reanimación
Los bomberos de una estación cercana fueron los primeros en llegar tras la llamada de emergencia. El pequeño Vincent apenas tenía un pulso débil e intermitente. Se iniciaron unas labores de reanimación que finalizaron los médicos en el hospital y duraron 52 minutos. Consiguieron estabilizarlo, pero el niño quedó intubado con oxígeno y sedación intravenosa a la espera de que lograra sobrevivir y, en caso de conseguirlo, con qué secuelas.
Era domingo y durante los tres días siguientes la familia y los doctores temieron lo peor: "Nos preparamos para un funeral. Estuvimos tres días de rodillas rezando sin cesar", explica su madre a Our Sunday Visitor.
Rezando al cardenal Pell
Entre los intercesores a quienes pidieron por la salvación de Vincent está el cardenal George Pell (1941-2023), el que fuera arzobispo de Sidney (Australia), quien pasó trece meses en prisión por uno supuestos abusos por los que finalmente fue absuelto por decisión unánime del Tribunal Supremo australiano. Falleció el 10 de enero de 2023 por un fallo cardiaco durante una operación de cadera.
Pell: «Fue difícil, pero una vez que tomé la decisión de perdonar todo vino como consecuencia»
Pell había estado en Phoenix en 2021 presentando su Diario en prisión (Palabra), una obra espiritual escrita en la cárcel. Los Robinson habían acudido al acto, le habían conocido y le apreciaban mucho. Como ha confirmado el actual arzobispo de Sidney, Anthony Fisher, un tío del niño, sacerdote, contactó con el padre Joseph Hamilton, antiguo secretario del cardenal Pell en Roma, para pedirle que rezara por el pequeño, como ellos iban a hacer también. Hamilton pidió las oraciones, entre otros, del propio Fisher.
El sacerdote tío del niño es Dan Connealy, hermano de Caitlin y párrodo en Flagstaff, una localidad a dos horas de Phoenix. Él acompañó a los padres rezando en el hospital e inició una cadena de oración.
La reliquia
La cadena llegó hasta un sacerdote de Connecticut cuya hermana es la madrina del niño, y envió a la familia una reliquia de primera clase del venerable Michael McGivney (1852-1890), el sacerdote fundador de los Caballeros de Colón, una de las organizaciones católicas más influyentes en Estados Unidos por su acción social, cultural y caritativa.
Michael McGivney, fundador de los Caballeros de Colón.
La madre de Vincent, Caitlin, comenzó una novena al padre McGivney, pero confiesa que sin demasiadas expectativas, porque se preparaba para lo peor: "Estaba segura de que yo sabía que la voluntad de Dios era que perdiésemos a nuestro hijo, me avergüenzo de no haber confiado más".
La novena empezó el 5 de marzo, Miércoles de Ceniza. Pusieron la reliquia en el pecho del niño y esa misma noche los médicos les dijeron que Vincent había sufrido una mejoría "notable" y ya no le consideraban en situación terminal.
El milagro del padre McGivney
Cada día de la novena pusieron la reliquia en distintas partes del cuerpo del niño, y cada día sucedía algo en su mejoría, ya fuese una prueba favorable, quitarle el oxígeno, pasarlo a planta, empezar a comer por sí mismo... Al noveno día de la novena, le dieron el alta.
El padre de Vincent, un abogado de 39 años especializado en adquisiciones y fusiones empresariales, considera esta curación como "un regalo" para "dar nuevas fuerzas a la fe" de la familia. Él y su esposa afirman que nunca tuvieron tan clara "la realidad de la Iglesia triunfante" como en estos días de oración, los más intensos de su vida.
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido. Otro es el que da testimonio de mí, y yo sé que es válido el testimonio que da de mí. Vosotros mandasteis enviados donde Juan, y él dio testimonio de la verdad. No es que yo busque testimonio de un hombre, sino que digo esto para que os salvéis. Él era la lámpara que arde y alumbra y vosotros quisisteis recrearos una hora con su luz. Pero yo tengo un testimonio mayor que el de Juan; porque las obras que el Padre me ha encomendado llevar a cabo, las mismas obras que realizo, dan testimonio de mí, de que el Padre me ha enviado. Y el Padre, que me ha enviado, es el que ha dado testimonio de mí. Vosotros no habéis oído nunca su voz, ni habéis visto nunca su rostro, ni habita su palabra en vosotros, porque no creéis al que Él ha enviado.
»Vosotros investigáis las escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí; y vosotros no queréis venir a mí para tener vida. La gloria no la recibo de los hombres. Pero yo os conozco: no tenéis en vosotros el amor de Dios.
»Yo he venido en nombre de mi Padre, y no me recibís; si otro viene en su propio nombre, a ése le recibiréis. ¿Cómo podéis creer vosotros, que aceptáis gloria unos de otros, y no buscáis la gloria que viene del único Dios? No penséis que os voy a acusar yo delante del Padre. Vuestro acusador es Moisés, en quién habéis puesto vuestra esperanza. Porque, si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?».
«Si yo diera testimonio de mí mismo, mi testimonio no sería válido»
Rev. D. Miquel MASATS i Roca
(Girona, España)
Hoy, el Evangelio nos enseña cómo Jesús hace frente a la siguiente objeción: según se lee en Dt 19,15, para que un testimonio tenga valor es necesario que proceda de dos o tres testigos. Jesús alega a favor suyo el testimonio de Juan el Bautista, el testimonio del Padre —que se manifiesta en los milagros obrados por Él— y, finalmente, el testimonio de las Escrituras.
Jesucristo echa en cara a los que le escuchan tres impedimentos que tienen para reconocerle como al Mesías Hijo de Dios: la falta de amor a Dios; la ausencia de rectitud de intención —buscan sólo la gloria humana— y que interpretan las Escrituras interesadamente.
El Santo Padre San Juan Pablo II nos escribía: «A la contemplación del rostro de Cristo tan sólo se llega escuchando en el Espíritu la voz del Padre, ya que nadie conoce al Hijo fuera del Padre (cf. Mt 11,27). Así, pues, se necesita la revelación del Altísimo. Pero, para acogerla, es indispensable ponerse en actitud de escuchar».
Por esto, hay que tener en cuenta que, para confesar a Jesucristo como verdadero Hijo de Dios, no es suficiente con las pruebas externas que se nos proponen; es muy importante la rectitud en la voluntad, es decir, las buenas disposiciones.
En este tiempo de Cuaresma, intensificando las obras de penitencia que facilitan la renovación interior, mejoraremos nuestras disposiciones para contemplar el verdadero rostro de Cristo. Por esto, san Josemaría nos dice: «Ese Cristo, que tú ves, no es Jesús. —Será, en todo caso, la triste imagen que pueden formar tus ojos turbios...—Purifícate. Clarifica tu mirada con la humildad y la penitencia. Luego... no te faltarán las limpias luces del Amor. Y tendrás una visión perfecta. Tu imagen será realmente la suya: ¡Él!».
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo» Por eso los judíos trataban con mayor empeño de matarle, porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a sí mismo igual a Dios.
Jesús, pues, tomando la palabra, les decía: «En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre: lo que hace Él, eso también lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre quiere al Hijo y le muestra todo lo que Él hace. Y le mostrará obras aún mayores que estas, para que os asombréis. Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie; sino que todo juicio lo ha entregado al Hijo, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo ha enviado. En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna y no incurre en juicio, sino que ha pasado de la muerte a la vida.
»En verdad, en verdad os digo: llega la hora (ya estamos en ella), en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán. Porque, como el Padre tiene vida en sí mismo, así también le ha dado al Hijo tener vida en sí mismo, y le ha dado poder para juzgar, porque es Hijo del hombre. No os extrañéis de esto: llega la hora en que todos los que estén en los sepulcros oirán su voz y saldrán los que hayan hecho el bien para una resurrección de vida, y los que hayan hecho el mal, para una resurrección de juicio. Y no puedo hacer nada por mi cuenta: juzgo según lo que oigo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado».
«En verdad, en verdad os digo: el que escucha mi Palabra y cree en el que me ha enviado, tiene vida eterna»
Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas
(Girona, España)
Hoy, el Evangelio nos habla de la respuesta que Jesús dio a algunos que veían mal que Él hubiese curado a un paralítico en sábado. Jesucristo aprovecha estas críticas para manifestar su condición de Hijo de Dios y, por tanto, Señor del sábado. Unas palabras que serán motivo de la sentencia condenatoria el día del juicio en casa de Caifás. En efecto, cuando Jesús se reconoció Hijo de Dios, el gran sacerdote exclamó: «¡Ha blasfemado! ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Acabáis de oír la blasfemia, ¿qué os parece?» (Mt 26,65).
Muchas veces, Jesús había hecho referencias al Padre, pero siempre marcando una distinción: la Paternidad de Dios es diferente si se trata de Cristo o de los hombres. Y los judíos que le escuchaban le entendían muy bien: no era Hijo de Dios como los otros, sino que la filiación que reclama para Él mismo es una filiación natural. Jesús afirma que su naturaleza y la del Padre son iguales, aun siendo personas distintas. Manifiesta de esta manera su divinidad. Es éste un fragmento del Evangelio muy interesante de cara a la revelación del misterio de la Santísima Trinidad.
Entre las cosas que hoy dice el Señor hay algunas que hacen especial referencia a todos aquellos que a lo largo de la historia creerán en Él: escuchar y creer a Jesús es tener ya la vida eterna (cf. Jn 5,24). Ciertamente, no es todavía la vida definitiva, pero ya es participar de la promesa. Conviene que lo tengamos muy presente, y que hagamos el esfuerzo de escuchar la palabra de Jesús, como lo que realmente es: la Palabra de Dios que salva. La lectura y la meditación del Evangelio ha de formar parte de nuestras prácticas religiosas habituales. En las páginas reveladas oiremos las palabras de Jesús, palabras inmortales que nos abren las puertas de la vida eterna. En fin, como enseñaba san Efrén, la Palabra de Dios es una fuente inagotable de vida.
Padre Moisés, del Congo: «Estamos encerrados, tenemos miedo y hambre, si se alarga vamos a morir»
"Matan a la gente sin piedad, uno se despierta y ve muertos en la carretera", asegura el padre Moisés.Youtube
Los rebeldes del grupo M23, apoyados por la vecina Ruanda, tomaron a mediados del mes de febrero la ciudad de Bukavu, la segunda urbe más grande del este de la República Democrática del Congo, con 1,3 millones de personas.
El Ejército regular huyó y los rebeldes se hicieron con el control de la oficina administrativa de la provincia de Kivu Sur, a la que pertenece Bukavu. Los miembros de M23 habían llegado a pie desde Goma, la ciudad más importante de la región, a unos 10 kilómetros de distancia, que capturaron un mes antes.
De los más poderosos entre los cerca de 100 grupos armados que compiten por el control de los valiosos minerales que hay en esta zona del país, el M23 cuenta con el apoyo de unos 4.000 soldados de la vecina Ruanda, según fuentes de la ONU.
Su presencia en el centro de Bukavu –prácticamente paralizada en estos momentos, sin apenas actividad económica y con la gente escondida en sus casas– supone una expansión sin precedentes. A diferencia de 2012, cuando sólo se apoderaron de Goma, los analistas aseguran que los rebeldes esta vez tienen la mira puesta en el poder político.
Muertos en la carretera
ReligiónEnLibertad ha logrado contactar con un sacerdote que vive en uno de los barrios de Bukavu. El padre Moisés estudió cinco años en España y ahora es vicario de la parroquia de San Juan Bautista.
Entre el miedo a los rebeldes y a las bandas de ladrones armados, y con la amenaza de un hambre generalizado si lo que él llama "confinamiento" no termina pronto, Moisés recibe con voz esperanzadora y deseos de paz a este medio.
Situación geográfica de Bukavu, en la frontera con Ruanda.
"La situación no ha cambiado, seguimos en guerra. Vivimos en un confinamiento que nos han impuesto. No hay movimiento. No hay trabajo. Muchas tiendas están cerradas, si uno abre no tiene seguridad, abren y cierran a ratos. La gente sale para comprar, pero no hay movimiento, el dinero no está circulando", comienza diciendo el sacerdote.
El padre Moisés asegura que el horror se extiende por todos lados. "Matan a la gente sin piedad, uno se despierta y ve muertos en la carretera, o en las puertas de las parroquias, son cosas dramáticas. Hay ladrones armados que con la inseguridad aprovechan. Vienen a tu casa a pedir algo y si no tienes nada te matan", dice el sacerdote.
Gracias a Dios, confiesa Moisés, su parroquia todavía no ha sido "visitada" por los rebeldes. "Aunque hay inseguridad, miedo, pánico, estrés... la gente, aunque no mucha, sigue viniendo a misa. Todavía los guerrilleros no han visitado las parroquias de la ciudad", comenta.
El sacerdote asegura que la fe es clave para resistir. "La verdadera paz no viene de las armas. La verdadera paz pasará por las personas pero, sobre todo, bajará del cielo. Ponemos nuestra confianza más en Dios, que puede enviarnos personas de buena voluntad que nos saquen de esta situación. Tenemos fe y esperanza, y los feligreses no pierden la alegría de rezar y de ir a la iglesia, es lo que más anima sus corazones", relata Moisés.
Para el sacerdote, uno de los grandes problemas es el miedo. "La gente tiene miedo del otro, uno no sabe quién es el otro. Como los soldados del Gobierno han huido, han abierto las cárceles y la gente está mezclada. Si ves una cara que no conoces eso provoca un pánico tremendo. A mí me pasa, cuando estoy con una persona que no conozco no puedo decir todo lo que quiero", reconoce el padre.
El pánico de los seminaristas
Además de vicario parroquial, Moisés da clases en uno de los tres seminarios de la ciudad. "Muchos son seminaristas que vienen de diferentes zonas y que tienen también pánico. Como están encerrados, siguen las clases, pero con miedo. El otro día, unos ladrones visitaron la parroquia de al lado del seminario. El rector llamó diciendo que rezáramos por los seminaristas, que tenían miedo esa noche", cuenta.
El drama se extiende a todos por igual, incluida la propia familia de Moisés. "Somos seis hermanos y mi hermana ha estado muy enferma en el hospital de la ciudad. Llevarle comida era un problema, estuvo dos días sin comer porque no había forma de llegar al hospital. Mi familia está como las demás, con pánico. Un miembro de mi familia perdió su casa en Goma porque se la quemaron", relata el sacerdote.
Los rebeldes del M23 han tomado las ciudades de Bukavu y Goma. youtube
Pero, ni el peligro ni el miedo le impiden cumplir con su misión. "Como sacerdote no hay otro remedio que salir a la calle. Si hay alguien que necesita un sacramento tenemos que acercarnos, arriesgarnos. Tenemos miedo, porque uno no puede ir en coche, lo hacemos en moto o andando. Hubo un tiempo en el que atacaban a los coches", cuenta Moisés.
Con los bancos de la ciudad cerrados, la amenaza del hambre se cierne sobre la gente. "Estamos esperando que vuelva el Ejército, pero no sabemos cuándo ni a donde, no es fácil. No lo puede hacer de un momento a otro, tiene que haber un diálogo y un Ejército fuerte, y el nuestro no lo es", reconoce.
"Dios ha bendecido esta parte del país con minerales, pero tenemos conflictos entre tribus, pueblos contra pueblos. La base del conflicto son los minerales, pero, también, está el problema de los hutus, que son un peligro además para Ruanda. Nuestro deseo es que se lleven los minerales pero que no maten a la gente, la gente vale más que el coltán y que los diamantes", pide Moisés.
Sus feligreses rezan cada día para volver a una cierta normalidad que les permita al menos comer. "La mayoría vive de lo que cultivan, del comercio, son profesores, tienen tiendas pequeñas, y muchos de la providencia, no tienen trabajo, viven de la generosidad de la gente", cuenta sobre la gente de su parroquia.
Moisés alerta de que "como no hay trabajo ni hay nada, el hambre matará a mucha gente. Lo primero que se necesita es comida. Han saqueado supermercados, centros de salud, han quemado casas y todas esas familias no tienen ropa y tienen que empezar de nuevo".
En las manos del Señor
Y, a los hermanos católicos, les pide algunas cosas muy concretas. "Como sacerdote pido la ayuda espiritual, que nos pongan entre las manos del Señor, que recen por nosotros. La verdadera paz viene del Señor, si uno tiene paz tendrá todo. Pido a los católicos del mundo que lleven al Congo en sus oraciones y que tengan generosidad, con ayuda material si se puede", dice.
Era el día de fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la Probática, una piscina que se llama en hebreo Betsaida, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres curarte?». Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo». Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda». Y al instante el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.
Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permitido llevar la camilla». Él le respondió: «El que me ha curado me ha dicho: ‘Toma tu camilla y anda’». Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: ‘Tómala y anda?’». Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús le encuentra en el Templo y le dice: «Mira, estás curado; no peques más, para que no te suceda algo peor». El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que lo había curado. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.
«Jesús, viéndole tendido (...), le dice: ‘¿Quieres curarte?’»
Rev. D. Àngel CALDAS i Bosch
(Salt, Girona, España)
Hoy, san Juan nos habla de la escena de la piscina de Betsaida. Parecía, más bien, una sala de espera de un hospital de trauma: «Yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos» (Jn 5,3). Jesús se dejó caer por allí.
¡Es curioso!: Jesús siempre está en medio de los problemas. Allí donde haya algo para “liberar”, para hacer feliz a la gente, allí está Él. Los fariseos, en cambio, sólo pensaban en si era sábado. Su mala fe mataba el espíritu. La mala baba del pecado goteaba de sus ojos. No hay peor sordo que el que no quiere entender.
El protagonista del milagro llevaba treinta y ocho años de invalidez. «¿Quieres curarte?» (Jn 5,6), le dice Jesús. Hacía tiempo que luchaba en el vacío porque no había encontrado a Jesús. Por fin, había encontrado al Hombre. Los cinco pórticos de la piscina de Betsaida retumbaron cuando se oyó la voz del Maestro: «Levántate, toma tu camilla y anda» (Jn 5,8). Fue cuestión de un instante.
La voz de Cristo es la voz de Dios. Todo era nuevo en aquel viejo paralítico, gastado por el desánimo. Más tarde, san Juan Crisóstomo dirá que en la piscina de Betsaida se curaban los enfermos del cuerpo, y en el Bautismo se restablecían los del alma; allá, era de cuando en cuando y para un solo enfermo. En el Bautismo es siempre y para todos. En ambos casos se manifiesta el poder de Dios por medio del agua.
El paralítico impotente a la orilla del agua, ¿no te hace pensar en la experiencia de la propia impotencia para hacer el bien? ¿Cómo pretendemos resolver, solos, aquello que tiene un alcance sobrenatural? ¿No ves cada día, a tu alrededor, una constelación de paralíticos que se “mueven” mucho, pero que son incapaces de apartarse de su falta de libertad? El pecado paraliza, envejece, mata. Hay que poner los ojos en Jesús. Es necesario que Él —su gracia— nos sumerja en las aguas de la oración, de la confesión, de la apertura de espíritu. Tú y yo podemos ser paralíticos sempiternos, o portadores e instrumentos de luz.
Preso, su compañero ateo le recomendó un libro que cambió su vida: «Descubrí que no estaba solo»
"Compré la Biblia y comencé a leerla. Fue un encuentro directo con la Palabra", comenta.Misyjne
Grzegorz Czerwicki es polaco y pasó 12 años en prisión. Hasta que un día decidió cambiar de vida y ayudar a los demás. Hoy es un esposo y padre feliz, que se reúne con presos y niños en colegios dando testimonio de que es posible cambiar.
Autor del libro No estás condenado, su historia es una prueba de que la conversión es un proceso que puede tener éxito incluso cuando requiere mucho esfuerzo y tiempo. "La conversión dura hasta la muerte. Para mí, este proceso lleva ya 14 años y ocurre todos los días, ocurre en mi corazón, en mi cabeza", comenta al portal Misyjne.
"Mi conversión comenzó por un impulso, ese impulso fue las Sagradas Escrituras. El proceso de conversión no es uniforme ni siempre el mismo. Hay momentos mejores y otros más difíciles, pero cada día es un camino de transformación", añade.
Su compañero de celda
Para Czerwicki, descubrir la historia de Jesús le hizo descubrir que su vida valía algo. En los momentos de crisis, "me gustaba volver al pasaje del Evangelio en el que el paralítico es llevado ante Jesús por sus amigos. Su conversión comenzó gracias a otro hombre, gracias a la ayuda de sus amigos. Fueron ellos quienes lo llevaron hasta Jesús".
Precisamente, fue un compañero de celda el que le hizo empezar a cambiar. "Conocí a un amigo ateo que me recomendó la Biblia, mi compañero en la celda. Él sabía que yo buscaba una esperanza, la amistad, el amor. Un día me recomendó un libro inspirador que pensó que era lo que estaba buscando. Resultó ser la Biblia. Fue él quien puso en marcha mi conversión".
"Compré la Biblia y comencé a leerla. Fue un encuentro directo con la Palabra. Pero, todo en este proceso de conversión estaba en mi contra. Mis otros compañeros de celda no me ayudaron. Al contrario, intentaron desmentirlo todo, ridiculizarlo, diciendo que era un mito".
"Un día me recomendó un libro inspirador que pensó que era lo que estaba buscando", dice Czerwickimisyjne
"Este proceso de formación y construcción de una relación con Dios, basada en las Escrituras, duró cuatro años. Más tarde tuve el coraje de arrodillarme junto a esa cama para orar. Aquel tiempo de conversión me mostró que podía ser más valiente porque alguien estaba conmigo en todo esto, que no estaba solo".
"Un aspecto muy importante del proceso es que alguien nos acompañe. Ese camarada era este amigo ateo. Me acompañó, aunque no creo que fuera plenamente consciente de que lo hacía. Él no entendía lo que me pasaba cuando lloraba, cuando me enfadaba".
Pero, salir de la cárcel también fue duro. "Hubo un choque con la realidad: mis creencias, planes, sueños... Antes, el mundo en el que vivía me era conocido. Y cuando salí, tenía una pizarra limpia y muchos desafíos por delante. Estaba empezando de nuevo, era como un niño pequeño", reconoce.
Czerwicki estaba bautizado, había hecho la Primera Comunión y fue ya en libertad cuando recibió el sacramento de la Confirmación. "Hay un período, aproximadamente un año después de salir de prisión, en el que es especialmente difícil. En este momento es cuando aparecen la mayoría de las tentaciones, y, a menudo, también, se acumulan los desafíos".
"En los encuentros con presos, a los que asisto desde hace muchos años, trato de transmitirles lo que es la conversión. Les explico que este es un proceso en el que hay éxitos, pero también fracasos. Lo cuento utilizando un fragmento de la Carta de San Santiago, en el que escuchamos la llamada a tratar de alegrarnos en cada momento".
"Durante estas reuniones (he visitado casi todas las cárceles de Polonia) les digo que después de salir de prisión se enfrentarán a diversas situaciones de la vida, como falta de dinero, trabajo, conflictos en casa. Intento convencer a la gente de que vale la pena adoptar una actitud humilde y tratar de aprender nuevos comportamientos, y que la paciencia da sus frutos".
"Durante estas conversaciones, incluso los no creyentes aprecian cómo mi relación con Jesús me ayudó en mi proceso de adaptación después de salir de prisión".
"Si te acercas a la Biblia como a un simple libro, la dejarás de lado. Si te acercas a la Biblia como una Palabra viva y construyes una relación con ella, existe la posibilidad de que tengas una relación más a menudo. Es como en un matrimonio. Cuando la rutina se instala, la relación puede desmoronarse. Lo más importante es cuidar la relación, encontrar una relación viva en la Palabra de Dios", asegura el ex convicto.
"Hasta ahora he visitado más de cien cárceles. Cuando un preso empieza a trabajar conmigo, para prepararse para ser puesto en libertad, suelo decirle que se necesita al menos un año para estar debidamente preparado para ello. Por supuesto, no rechazo a las personas que tienen menos tiempo para salir, pero un año dedicado a cambiar tu forma de pensar, creencias, romper estereotipos, resetear tu cabeza y tu corazón te da la oportunidad de salir y que esa salida sea exitosa", concluye.
En aquel tiempo, Jesús partió de Samaría para Galilea. Jesús mismo había afirmado que un profeta no goza de estima en su patria. Cuando llegó, pues, a Galilea, los galileos le hicieron un buen recibimiento, porque habían visto todo lo que había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían ido a la fiesta. Volvió, pues, a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino.
Había un funcionario real, cuyo hijo estaba enfermo en Cafarnaúm. Cuando se enteró de que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue donde Él y le rogaba que bajase a curar a su hijo, porque se iba a morir. Entonces Jesús le dijo: «Si no veis señales y prodigios, no creéis». Le dice el funcionario: «Señor, baja antes que se muera mi hijo». Jesús le dice: «Vete, que tu hijo vive».
Creyó el hombre en la palabra que Jesús le había dicho y se puso en camino. Cuando bajaba, le salieron al encuentro sus siervos, y le dijeron que su hijo vivía. El les preguntó entonces la hora en que se había sentido mejor. Ellos le dijeron: «Ayer a la hora séptima le dejó la fiebre». El padre comprobó que era la misma hora en que le había dicho Jesús: «Tu hijo vive», y creyó él y toda su familia. Esta nueva señal, la segunda, la realizó Jesús cuando volvió de Judea a Galilea.
«Jesús partió de Samaría para Galilea»
Rev. D. Ramon Octavi SÁNCHEZ i Valero
(Viladecans, Barcelona, España)
Hoy volvemos a encontrar a Jesús en Caná de Galilea, donde había realizado el conocido milagro de la conversión del agua en vino. Ahora, en esta ocasión, hace un nuevo milagro: la curación del hijo de un funcionario real. Aunque el primero fue espectacular, éste es —sin duda— más valioso, porque no es algo material lo que se soluciona con el milagro, sino que se trata de la vida de una persona.
Lo que llama la atención de este nuevo milagro es que Jesús actúa a distancia, no acude a Cafarnaúm para curar directamente al enfermo, sino que sin moverse de Caná hace posible el restablecimiento: «Le dice el funcionario: ‘Señor, baja antes que se muera mi hijo’. Jesús le dice: ‘Vete, que tu hijo vive’» (Jn 4,49.50).
Esto nos recuerda a todos nosotros que podemos hacer mucho bien a distancia, es decir, sin tener que hacernos presentes en el lugar donde se nos solicita nuestra generosidad. Así, por ejemplo, ayudamos al Tercer Mundo colaborando económicamente con nuestros misioneros o con entidades católicas que están allí trabajando. Ayudamos a los pobres de barrios marginales de las grandes ciudades con nuestras aportaciones a instituciones como Cáritas, sin que debamos pisar sus calles. O, incluso, podemos dar una alegría a mucha gente que está muy distante de nosotros con una llamada de teléfono, una carta o un correo electrónico.
Muchas veces nos excusamos de hacer el bien porque no tenemos posibilidades de hacernos físicamente presentes en los lugares en los que hay necesidades urgentes. Jesús no se excusó porque no estaba en Cafarnaúm, sino que obró el milagro.
La distancia no es ningún problema a la hora de ser generoso, porque la generosidad sale del corazón y traspasa todas las fronteras. Como diría san Agustín: «Quien tiene caridad en su corazón, siempre encuentra alguna cosa para dar».
Un hombre intenta rescatar una forma de ser profanada durante la misa satánica de Kansas
Michael Stewart, el líder de los satanistas, arrojó la forma al suelo y atacó violentamente al valiente.youtube
Un valiente impidió este viernes que los satanistas profanaran una forma como parte de la "misa negra" que querían celebrar a las puertas del Capitolio de Kansas (EE.UU). El portal Life Site acaba de contar lo ocurrido.
El vídeo muestra cómo una persona corre decidida hacia lo que parece ser una forma (se desconoce si consagrada o no, pero algunos medios aseguran que fueron compradas en Amazon y no estaban consagradas).
Michael Stewart, el líder de los satanistas, arrojó la forma al suelo y atacó violentamente a esta persona, golpeándola varias veces mientras yacía en el suelo. Otro satanista presente comenzó entonces a arrastrar al valiente antes de que interviniera finalmente la Policía.
Gritos de "¡Cristo es Rey!"
"Durante el acto satánico se podía escuchar a otro hombre rezar: Sancta María, Mater Dei, mientras sostenía un crucifijo lo más cerca que podía del satanista Stewart", relata la Sociedad Americana para la Defensa de la Tradición, la Familia y la Propiedad (TFP).
Stewart fue encarcelado por alteración del orden público y reunión ilegal, antes de ser liberado bajo una fianza de 1000 dólares. Otros dos satanistas también fueron arrestados.
El evento fue organizado por la "Gruta Satánica", un grupo con sede en Kansas, y fue respondida con un acto católico de desagravio dirigido por TFP en el que participaron cientos de locales y otros de todo el país, incluidos Pensilvania, California, Texas, Florida y Missouri.
El acto de desagravio a las puertas del capitolio de Kansas (EE.UU). life site
TFP había recogido anteriormente más de 95.000 firmas instando a la gobernadora demócrata de Kansas a impedir que la "misa negra" se celebrara dentro del capitolio. Ante la indignación pública, Kelly revocó el permiso a la Gruta Satánica, aunque les permitió reunirse fuera.
Según cuenta TFP, los satanistas "maldecían y blasfemaban sin parar, aprovechando cualquier oportunidad para ofender la dignidad de Nuestro Señor". Mientras, los católicos respondían con gritos de "¡Cristo es Rey!", con el rezo de rosarios y cantando himnos marianos.
Decenas de católicos respondieron con rosarios y cantos marianos. life site
"El conmovedor sonido de las gaitas y los tambores infundía mucha energía y entusiasmo. Después del rosario, la multitud rezó la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús, pidiendo a Dios que protegiera al estado de Kansas de la influencia demoníaca", informa TFP.
Los católicos portaban carteles con mensajes como "Alto a la blasfemia", "Satanás no tiene derechos" y "Cristo es Rey y su Madre es Reina". Cuatro miembros de los heraldos del Evangelio portaban una gran estatua de Nuestra Señora de Fátima.
Por su parte, el arzobispo Joseph Naumann de Kansas City, Kansas (EE.UU), condenó la "misa negra", que calificó de "incitación al odio". También reconsagró Kansas a Jesús por medio del Inmaculado Corazón de María en una misa para futuros padres celebrada el martes.
El mismo viernes, el arzobispo dirigió una Hora Santa y celebró una misa abarrotada en la Iglesia de la Asunción, justo al edificio del capitolio, en respuesta al evento satánico. El fiscal general de Kansas, Kris Kobach, ha denunciado la manifestación blasfema.
En aquel tiempo, viendo que todos los publicanos y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle, los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos». Entonces les dijo esta parábola. «Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo al padre: ‘Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde’. Y él les repartió la hacienda. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros’. Y, levantándose, partió hacia su padre.
Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: ‘Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo’. Pero el padre dijo a sus siervos: ‘Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado’. Y comenzaron la fiesta.
»Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. El le dijo: ‘Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano’. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. Pero él replicó a su padre: ‘Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!’ Pero él le dijo: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado’»
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«Padre, pequé contra el cielo y ante ti»
Rev. D. Joan Ant. MATEO i García
(Tremp, Lleida, España)
Hoy, domingo Laetare (“Alegraos”), cuarto de Cuaresma, escuchamos nuevamente este fragmento entrañable del Evangelio según san Lucas, en el que Jesús justifica su práctica inaudita de perdonar los pecados y recuperar a los hombres para Dios.
Siempre me he preguntado si la mayoría de la gente entendía bien la expresión “el hijo pródigo” con la cual se designa esta parábola. Yo creo que deberíamos rebautizarla con el nombre de la parábola del “Padre prodigioso”.
Efectivamente, el Padre de la parábola —que se conmueve viendo que vuelve aquel hijo perdido por el pecado— es un icono del Padre del Cielo reflejado en el rostro de Cristo: «Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente» (Lc 15,20). Jesús nos da a entender claramente que todo hombre, incluso el más pecador, es para Dios una realidad muy importante que no quiere perder de ninguna manera; y que Él siempre está dispuesto a concedernos con gozo inefable su perdón (hasta el punto de no ahorrar la vida de su Hijo).
Este domingo tiene un matiz de serena alegría y, por eso, es designado como el domingo “alegraos”, palabra presente en la antífona de entrada de la Misa de hoy: «Festejad a Jerusalén, gozad con ella todos los que la amáis, alegraos de su alegría». Dios se ha compadecido del hombre perdido y extraviado, y le ha manifestado en Jesucristo —muerto y resucitado— su misericordia.
San Juan Pablo II decía en su encíclica Dives in misericordia que el amor de Dios, en una historia herida por el pecado, se ha convertido en misericordia, compasión. La Pasión de Jesús es la medida de esta misericordia. Así entenderemos que la alegría más grande que damos a Dios es dejarnos perdonar presentando a su misericordia nuestra miseria, nuestro pecado. A las puertas de la Pascua acudimos de buen grado al sacramento de la penitencia, a la fuente de la divina misericordia: daremos a Dios una gran alegría, quedaremos llenos de paz y seremos más misericordiosos con los otros. ¡Nunca es tarde para levantarnos y volver al Padre que nos ama!
Takumi murió con 17 años, pero llevó a su padre hacia Dios: «Lo veré en el lugar en el que él creía»
Akira se bautizó el pasado mes de mayo en Obama (Japón). ucanews
Las historias de conversión
Takumi falleció a los 17 años a causa de un tumor cerebral tras pasar cinco años en coma. Akira Doi, su padre, de 53 años, anhelaba "reencontrarse" con su hijo y decidió bautizarse. UCA News acaba de contar su historia de conversión.
Doi conoció a su esposa Jocelyn, que es filipina, en el hotel en el que trabajaban en Obama (Japón). Su primer hogar tras casarse fue un apartamento a tan solo un minuto a pie de la iglesia. Entre sus vecinos se encontraba la hermana Michiko Harada, de las Hermanas de la Visitación, quien tenía su comunidad en el mismo edificio de apartamentos en el que la pareja vivía.
El niño que amaba a la Iglesia
"No me importaba que mi esposa fuera católica. Tenía una estatua de Cristo que trajo consigo cuando salió de Filipinas, y pensé: 'es cristiana'", reconoce Doi.
El 8 de abril de 2006, la pareja tuvo a su hijo Takumi. Antes de cumplir un año, Takumi ya había aprendido a abrir la puerta de su apartamento en el primer piso para ir a diario a ver a las monjas que vivían en el segundo piso.
Takumi falleció después de cinco años en coma.ucanews
Cuando Takumi estaba todavía en la primaria, disfrutaba mucho estudiando, tocando instrumentos musicales, jugando con amigos o preparando comidas. Además de ser monaguillo y lector en la Iglesia de Obama, regaba las plantas del jardín de la iglesia.
Cuando las Hermanas de la Visitación se mudaron de Obama a Kioto, Takumi viajaba solo durante 50 minutos para quedarse con ellas. La hermana Harada comenta: "Era un niño que amaba la Iglesia".
Hasta que en agosto de 2018, cuando cursaba sexto grado, Takumi enfermó repentinamente durante un campamento, y los médicos descubrieron que tenía un tumor avanzado en el cerebro.
Tras una cirugía muy complicada —que duró tres días —, Takumi no recuperó el conocimiento. A pesar de repetidas cirugías, quimioterapia y radioterapia, Takumi nunca despertó y murió cinco años después, el 9 de junio de 2023.
De hecho, cuando Takumi quedó inconsciente, después de la operación, al escuchar su nombre y la música, mostraba una onda cerebral, aunque débil, e incluso movía el cuerpo.
Con el tiempo, Akira comenzó a rezar por la recuperación de su hijo junto con su esposa todas las noches, y a las oraciones se sumaba por teléfono la hermana Harada.
En noviembre de 2019, Jocelyn asistió a una misa con el Papa Francisco en el Tokyo Dome. Antes de la ceremonia, Francisco vio a Jocelyn, entre las más 50.000 personas presentes, sosteniendo una foto de Takumi, quien entonces tenía 13 años. El Papa le indicó que se acercara y bendijo la foto de Takumi.
La anécdota en el Tokyo Dome convenció a Akira de que "lo que sucedió con mi hijo es un milagro. Mi principal motivación para bautizarme fue que, después de mi muerte, quiero volver a ver a Takumi en el reino de Dios en el que él creía".
Pero, el "milagro" de la recuperación no ocurrió, y el dolor de Akira por la pérdida de su hijo todavía es profundo. "No puedo ver la foto del funeral de Takumi. Solo puedo ver los bordes de la foto y negar a Dios con toda mi alma". Aunque, al ver a su esposa llorar, sabe "que Dios está cerca".
De hecho, ver a Jocelyn rezar con alegría, a la vez que con ira y tristeza, y con una sensación de cercanía y profunda confianza en Nuestra Señora, conmueve a Akira. Gracias a su esposa y a la hermana Harada, ahora cree que "la Virgen nos rodea con amor y nos perdona sin importar nuestras quejas".
La hermana Harada, Doi y su mujer, Jocelyn.ucanews
Akira asegura: "He llegado a creer en Dios, que me perdona todo". "Espero poder llenar ese tiempo sin mi hijo creyendo en Dios. Espero que mi hijo esté ahora en un mundo maravilloso como este, donde recibió el amor de tanta gente".
Precisamente, ese deseo fue la principal motivación de Doi para recibir el bautismo el pasado mes de mayo en la iglesia de la ciudad de Obama, en la prefectura japonesa de Fukui.