jueves, 22 de mayo de 2025

Santo Evangelio 22 de Mayo 2025

 


Texto del Evangelio (Jn 15,9-11):

 En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».



«Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros»


Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés

(Tarragona, España)

Hoy escuchamos nuevamente la íntima confidencia que Jesús nos hizo el Jueves Santo: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros» (Jn 15,9). El amor del Padre al Hijo es inmenso, tierno, entrañable. Lo leemos en el libro de los Proverbios, cuando afirma que, mucho antes de comenzar las obras, «yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo» (Prov 8,30). Así nos ama a nosotros y, anunciándolo proféticamente en el mismo libro, añade que «jugando por el orbe de su tierra, mis delicias están con los hijos de los hombres» (Prov 8,31).

El Padre ama al Hijo, y Jesús no deja de decírnoslo: «El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él» (Jn 8,29). El Padre lo ha proclamado bien alto en el Jordán, cuando escuchamos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido» (Mc 1,11) y, más tarde, en el Tabor: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle» (Mc 9,7).

Jesús ha respondido, «Abbá», ¡papá! Ahora nos revela, «como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros». Y, ¿qué haremos nosotros? Pues mantenernos en su amor, observar sus mandamientos, amar la Voluntad del Padre. ¿No es éste el ejemplo que Él nos da?: «Yo hago siempre lo que le agrada a Él».

Pero nosotros, que somos débiles, inconstantes, cobardes y —por qué no decirlo— incluso, malos, ¿perderemos, pues, para siempre su amistad? ¡No, Él no permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas! Pero si alguna vez nos apartásemos de sus mandamientos, pidámosle la gracia de volver corriendo como el hijo pródigo a la casa del Padre y de acudir al sacramento de la Penitencia para recibir el perdón de nuestros pecados. «Yo también os he amado —nos dice Jesús—. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,9.11).


Gaudí o cómo mostrar a Dios con la naturaleza: un bello paseo por la Creación a través de sus obras

 


Gaudí o cómo mostrar a Dios con la naturaleza: un bello paseo por la Creación a través de sus obras

Detalles de las torres de la Sagrada Familia, en la que se muestra claramente la influencia de la Creación en la obra de Gaudí

Gaudí, fuera de la fe cristiana siempre será incomprendido. Si su obra lo atestigua en muchísimos detalles, como la cruz con la que remata gran parte de sus edificios, las permanentes alusiones a la Virgen María, los símbolos que expresan la lucha contra el mal, su vida lo atestigua también.

Desde su nacimiento, su existencia está marcada por una llamada, bien a través de la cruz (la enfermedad, las muertes de sus seres queridos, los rechazos recibidos de las mujeres de las que se enamoró) o bien a través de los dones muy fuera de lo común que Dios le concedió y que él mismo supo interpretar como un designio de Dios, para anunciarle a través de la arquitectura, especialmente su obra cumbre, el Templo de la Sagrada Familia.

Antonio, nacido el 25 de junio de 1.852, fue el menor de cinco hermanos, y el único que vivió una larga vida, aunque siempre fue muy enfermizo, propenso a las fiebres reumáticas que de niño curaba pasando largas temporadas en la casa Pairal, conocida como el “Mas de la Calderera” en Riudoms. Murió el 10 de junio de 1.926 a los 73 años de edad, a 15 días de cumplir los 74 años.




Riudoms grabó en su mente esta luz diáfana del mediterráneo, luz que por su especial inclinación es capaz de realzar el color y el volumen de todos los objetos. En este rincón amable y sereno, el pequeño Gaudí, impedido para jugar normalmente, pasaba las horas, en cama y a lomos de un borrico, contemplando la naturaleza, aprendiendo de ella. Allí permanecía horas y horas con los ojos muy abiertos contemplando la naturaleza que le rodeaba, la estructura de una hoja, la rigidez o elasticidad de sus pequeños nervios y la suavidad de sus ondulados planos, de allí saldrían muchas de las formas de su arquitectura.

Gaudí procedía de una familia humilde, su padre vendió el taller de calderería para poder dar estudios sus hijos Francisco y a Antonio. Siendo estudiante, Gaudí hubo de trabajar para ganarse la vida, colaborando como delineante en los estudios de otros arquitectos, como Josep Fontserè Mestres, Francisco de Paula del Villar y Joan Martorell, a quien Gaudí admiraba como persona y arquitecto. Fue Martorell quien le propuso para hacerse cargo de las obras de la Sagrada Familia cuando Francisco de Paula renunció a aquellas al año de su comienzo, en 1.883, con solo treinta y un años de edad y se mantuvo, cada vez con más intensidad, hasta el final de sus días.

Una visión de la Creación a través de sus obras

Gaudí afirma que la naturaleza es su maestra, no en un sentido romántico sino entendida en un sentido profundo, la naturaleza salida de las manos del Creador y por tanto, una teofanía o manifestación de Dios, la antesala de la revelación. Si Gaudí no tenía ojos más que para mirar la naturaleza, la misma naturaleza nos permitirá también penetrar en el alma de Gaudí, conocerle mejor.

Una forma muy original y expresiva de ver la obra de Gaudí es unir imágenes de la naturaleza junto a detalles de sus obras:




Planta del Girasol y cerámica que recubre la casa Vicens

La reflexión más profunda que surge de la contemplación de la casa Vicens es el símbolo que Gaudí encuentra en el girasol, que bien puede considerarse una imagen del alma humana, una planta que se abre al amanecer, que va girando buscando el sol y que vuelve a cerrarse al ponerse aquel. Si el sol es imagen de Jesucristo, el alma humana debe aprender del girasol a mirarle a Él. Será ésta la primera y última obra que Gaudí producirá sin estar firmemente enraizada en la fe católica, aunque el simbolismo del girasol hace entrever que Gaudí mira de reojo el lado trascendente de la vida, más adelante lo hará más descaradamente.



Arco Catenario y Sección por los pasillos de las Teresianas de Barcelona

Las ventanas y las secciones de los pasillos del edificio de Las Teresianas reproducen la silueta de estilizadas catenarias que Gaudí tomó de la naturaleza. La perspectiva de esos pasillos de sección parabólica son los espacios más espirituales que Gaudí creó, parecían repetir la silueta de las religiosas en color blanco. A partir de este edificio, Gaudí comienza a expresar abiertamente sus profundas creencias y sentimientos religiosos. La sección parabólica de los pasillos espiritualiza el transitar por ellos. Su esbeltez apunta hacia arriba, para inflamar el corazón del deseo de caminar hacia el cielo.




Planta en las proximidades de las bodegas de Garraf y trama metálica sobre el altar

El altar de la capilla del edificio de viviendas de las bodegas de Garraf está rematado con una trama metálica trabando cruces, cuyo diseño puede asegurarse que está tomado de las plantas que rodean la construcción, la “Portuaria Afra” o árbol de la abundancia. La naturaleza siempre está presente en cualquiera de los detalles de las obras de Gaudí.




Cruz en la naturaleza y en el Parque Güell de Gaudí

Gaudí no da puntada sin hilo, su insistencia en presentar la cruz en sus obras no es gratuita; es más bien la cruz la que está presente en la naturaleza y Gaudí se hace eco de ello. Si la cruz fue el instrumento utilizado por Dios para restaurar al hombre, no es extraño que aparezca en la naturaleza, al frente de la cual pone al hombre. La caída del hombre arrastró a la naturaleza que con él quedó también caída, y la restauración final será una restauración universal. Todo el universo prolonga nuestro cuerpo, si el mundo es el cuerpo de la humanidad, la humanidad es el alma del universo.




Fruto del ciprés y cruz de Bellesguard

La cruz que remata la torre de la casa Bellesguard está inspirada en el Gálbulo, fruto del ciprés que en el momento de soltar las semillas se abre adoptando la forma que aparece en la imagen anterior. En el fruto abierto se pueden apreciar cinco brazos que pudieron servir de inspiración a Gaudí para su conocida cruz. Emociona pensar que la cruz y la vida (un fruto con semillas es imagen de la vida) ya estaban relacionados en la naturaleza, solo un observador enamorado de la naturaleza como Gaudí supo encontrar esta lectura. El fruto del ciprés se resquebraja para poder entregar la semilla, y curiosamente lo hace en forma de cruz. El fruto muere para que surja la vida: “Si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere da mucho fruto”. Estas palabras de San Juan desvelan el secreto de la vida, Jesucristo está hablando de sí mismo, Él es el grano de trigo, está anunciando su muerte para la vida del mundo.




Caverna y Cripta de la Colonia Güell

Las primeras arquitecturas fueron las cavernas, un espacio imagen del útero materno, donde el hombre se encontraba seguro. No se usaban exclusivamente para resolver la necesidad habitacional, la gruta fue también el primer templo natural. Los primeros monasterios, fueron excavados en la roca con alguna construcción añadida, como en el caso del Monasterio de Suso.

Se inicia así una paulatina liberación de la tierra para construir el templo exento mediante diversos estilos arquitectónicos, hasta llegar a la máxima expresión de la liberación de la piedra con la catedral gótica. Este camino sagrado, que parte de la madre tierra (la caverna) para ascender hacia el cielo (la catedral gótica), es imagen del proceso que nos hace pasar de lo humano a lo divino, de la oscuridad a la luz. Gaudí realiza este mismo proceso a través de los proyectos que la providencia pone en sus manos.




Piña abierta y vitral de la cripta de la Colonia Güell

La naturaleza para Gaudí debe ser la fuente de toda inspiración. Cuando le preguntan por el significado de las formas de los vitrales de la cripta de la Colonia Güell, se sonríe. Se ha especulado mucho con ese tema, pero contra lo que puede pensarse, no se trata de margaritas ni de mariposas. Un día contestó trayendo en la mano una piña abierta que reproducía fielmente la forma de las vidrieras. Con razón decía constantemente que el hombre no crea nada, solo descubre aquello que Dios ha creado antes.




La sierra de Prades y La Pedrera

Gaudí ha tomado como modelo del edificio de La Pedrera, los paisajes de la Sierra de Prades a la espalda de Riudoms por los que él, como buen excursionista que fue siempre, paseaba con mucha frecuencia. En esas grandes y curvadas piedras se inspira para plasmar la casa Milá, ese enorme bloque de piedra caliza amarillenta de Vilafranca, que se estratifica en planos horizontales y se ondulan como las olas del mar, sapicado con las crestas de espuma de forja metálica de los antepechos de los balcones realizados por Josep María Jujol. La razón de ser de este edificio no era otra que servir de pedestal a una imagen de 4,5 m. de altura, la Virgen del Rosario, patrona del barrio de Gracia, ese era el alma de este espectacular edificio.





Ala de mariposa y puerta de la casa Milá


Si la casa nos proporciona una identidad, salir de ella nos permite poner en valor esa identidad. La casa no debe ser una burbuja donde refugiarse, sino el trampolín donde tomar impulso para volar alto, tanto más alto cuanto más amor hayamos recibido en ella.

Esta es la síntesis de la vida humana, todos fuimos hijos y algún día acabamos siendo padres. Esa cadena vital genera y transmite la vida, la del cuerpo y la más importante aún, la del espíritu. Del padre al hijo, y de este al suyo, y así sucesivamente, estando el Señor al comienzo de esa cadena, pues sin Él la cadena se desmorona o cuesta un gran esfuerzo mover: “Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los constructores; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas... Un don del Señor son los hijos, son como flechas en manos de un guerrero los hijos de la juventud, dichoso el hombre que tiene llena su aljaba, no temerá cuando lleguen a la puerta sus enemigos” (Salmo 127).

La puerta de la casa Milá ofrece hacia el exterior un aspecto muy parecido a las alas de una mariposa ya madura, deja entrever el exterior a través de una trama llena de vericuetos, como los que nos esperan al cruzar el umbral, todo un símbolo para expresar la desazón que encuentramos en ese momento crucial de la vida, el de dar el salto a nuestra independencia de la casa paterna. De este lado, nuestras seguridades; del otro la vida multicolor y llena de atractivos; la puerta nos impulsa a volar alto, como la mariposa.




Montaña de Monserrat y torres de la Sagrada Familia

Siendo estudiante, Gaudí trabajó en el estudio del arquitecto Francisco de Paula del Villar, profesor de la escuela de arquitectura a quien sucedió como arquitecto en la construcción del Templo de la Sagrada Familia al año de la colocación de su primera piedra. Trabajando en el estudio de Del Villar, diseñó el camarín de la Virgen de Monserrat, por lo que debió conocer a fondo este paisaje que más adelante tendría una repercusión en obras tan geniales como el edificio de La Pedrera o la Sagrada Familia.

Las formas parabólicas de esas peñas verticales de Monserrat, arriostradas unas en otras y dejando pasar el viento entre sus remates superiores, debieron inspirar a Gaudí la solución estructural de las torres de la Sagrada Familia. Los peñascos erectos de Montserrat, aquellas agujas de piedra aguantándose a sí mismas, le mostraron abiertamente el perfil del templo que comenzó a tomar forma en su imaginación. La naturaleza le marcaba siempre el camino.




Yemas florales y remates de los pináculos de la Sagrada Familia

Las torres de la Sagrada Familia las remata Gaudí con pináculos decorados mediante cerámicas coloreadas y troceadas mediante la técnica del trencadís. El material que mejor podría adaptarse a formas tan complejas es la cerámica troceada que adopta el volumen que se desee con colores tan cambiantes como se pueda imaginar. Esas formas pueden resultar muy caprichosas, pero no menos que lo es la propia naturaleza en la infinita variedad de flores y frutos, riquísima en formas y colores.

Para Gaudí, la luz y el color son elementos tan esenciales en sus obras como lo son las formas, las dimensiones, los materiales y las proporciones del edificio. Gaudí es consciente de que el color es expresión de la vida, él mismo dice que la muerte hace perder todo el color. Y en cuanto a la luz, es el origen del color, pues no existiría sin un foco de luz que lo hiciera visible.





Piedra de la Cruz y Cruz de piedra en la Sagrada Familia

El mineral de la lámina anterior es de rara belleza, es conocido con el nombre de “Piedra de la Cruz”, por la forma esculpida de forma natural en el centro del mismo. La Piedra de la Cruz es utilizada en diferentes técnicas terapéuticas para la curación de diversas enfermedades, y debido a las connotaciones religiosas de la forma dibujada en su interior, se ha utilizado para promover la paz espiritual de aquellas personas que están sufriendo por influencias negativas en el alma, como miedos o angustias del corazón. Gaudí corona la fachada del Nacimiento de la Sagrada Familia con una cruz de piedra de estilo muy personal, pero con cierto parecido a la de la imagen precedente en el ensanchamiento de los extremos de los brazos.





La luz penetrando en el bosque y en el interior de la Sagrada Familia


La luz penetra al interior del templo de la Sagrada Familia como los rayos de sol lo hacen entre los árboles del bosque donde Gaudí pasaba los veranos buscando la inspiración y soluciones para su obra. Gaudí hace penetrar la luz por las vidrieras coloreadas de los ventanales de las fachadas laterales inundándolo todo de color y también cenitalmente a través de las aberturas circulares de los hiperboloides de la cubierta.




Luz solar y luz penetrando sobre el ábside de la Sagrada Familia

ice Gaudí que la vista es el sentido de la gloria, como el oído lo es de la fe. La luz dorada que penetra por el ábside del Templo, lo hace por debajo de la torre que representa a la Virgen María, casualmente ella ocupa en la Sagrada Familia, el lugar que el Espíritu Santo ocupa en la Trinidad. El Espiritu Santo es la luz de Dios, María se encuentra en cuerpo y alma ante esa luz, allí nos espera contemplando la gloria de Dios.

La Sagrada Familia, la última de las catedrales o la primera de una nueva era, como decía Gaudí, aleja totalmente la idea de la religión como algo arcano, oscuro, solo ideado para someter a los pueblos. El poso que deja su visita es la capacidad del hombre, como don de Dios, para transformar la naturaleza en una obra de arte partiendo de ella misma.

Unos opinan que Gaudí ha hecho católica su obra cumbre y otros creen que ha sido esa obra la que ha convertido a Gaudí en ferviente católico. Los grandes detractores de Gaudí han achacado siempre a su conversión espiritual su punto débil, cuando en el fondo Gaudí fue siempre un místico, incluso antes de abrazar la fe de una forma definitiva, como cuando de niño deambulaba solo, por los alrededores de Riudoms en busca de fósiles, contemplando plantas y animales.




Antonio Gaudí, durante una procesión como uno más del pueblo

Final de Gaudí, un gran místico

Gaudí participaba públicamente de todos los acontecimientos religiosos, era habitual ver su participación como uno más del pueblo. Comenzaba la jornada participando en la Eucaristía, ocupando el primer banco del lado de la epístola, y tras un frugal alimento iba caminando hacia el templo a iniciar su trabajo. Gaudí podría haber ganado muchísimo dinero, pero eligió una vida austera, sencilla, humilde y hasta pobre, con una entrega prolongada a la oración. Renunció a las 200 pts. mensuales que cobraban los auxiliares por media jornada. La falta de recursos le obligó a salir personalmente a pedir limosna; causaba asombro y movía los corazones ver al gran arquitecto mendigando por las calles.

Gaudí había pedido al Señor abandonar este mundo como un pobre y ser asistido por la Sagrada Familia. Iría absorto en sus meditaciones caminando hacia San Felipe Neri, cuando el 7 de junio de 1.926, intentando esquivar un tranvía que le venía de frente, dio un paso hacia atrás y fue arroyado por el que circulaba en sentido contrario. Nadie le asistió, ni los transeúntes ni el conductor del tranvía, y tres taxis solicitados por un asistente eludieron el compromiso de llevarle.




Por toda documentación, llevaba encima solamente un rosario y un libro con la interpretación de los evangelios en sus bolsillos. Por ello y debido a su sencillo aspecto, fue tomado por un vagabundo y llevado al hospital de la Beneficencia, en la cama nº 19, imagen de San José, cumpliéndose así el primero de sus últimos deseos.


Su muerte se produjo tres días más tarde, el 10 de junio. Al descubrirse su identidad, se le dieron las pompas de un auténtico monarca, todo Barcelona acudió a expresarle su reconocimiento, pese a que Gaudí había pedido que se le diera un entierro sencillo.



Gaudí y Lorenzo Matamala habían encomendado a la Sagrada Familia a un moribundo que ayudaron a bien morir en ese mismo hospital anteriormente, imagen que Matamala representó en la capilla del Rosario. El rostro del anciano es el de Gaudí, toda una premonición que plasma su último deseo, deseo que se produjo al obtenerse permiso de la Santa Sede para ser enterrado en la Sagrada Familia.

La sepultura se encuentra ante el altar de la Virgen del Carmen, en la cripta del Templo. La iniciativa de iniciar el proceso de beatificación partió del sacerdote Ignasi Segarra en la Semana Santa del año 1992, cuando predicaba en la localidad de Riudoms y en los ratos libres leía una biografía de Gaudí. La idea le entusiasmó y la transmitió al joven arquitecto José Manuel Almuzara, quien aceptó presidir la Asociación que creó junto a otras personas.

Hago mía la máxima de Gaudí: “la auténtica construcción del templo no se ve, sino que está dentro de cada uno de los que lo observa, y que el único camino para construir el futuro es dejarnos construir a nosotros mismos”.

* Enrique Solana es arquitecto y presidente del Centro Gaudí Madrid


miércoles, 21 de mayo de 2025

Santo Evangelio 21 de Mayo 2025

 


Texto del Evangelio (Jn 15,1-8):

 En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».



«Permaneced en mí, como yo en vosotros»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy contemplamos de nuevo a Jesús rodeado por los Apóstoles, en un clima de especial intimidad. Él les confía lo que podríamos considerar como las últimas recomendaciones: aquello que se dice en el último momento, justo en la despedida, y que tiene una fuerza especial, como si de un postrer testamento se tratara.

Nos los imaginamos en el cenáculo. Allí, Jesús les ha lavado los pies, les ha vuelto a anunciar que se tiene que marchar, les ha transmitido el mandamiento del amor fraterno y los ha consolado con el don de la Eucaristía y la promesa del Espíritu Santo (cf. Jn 14). Metidos ya en el capítulo decimoquinto de este Evangelio, encontramos ahora la exhortación a la unidad en la caridad.

El Señor no esconde a los discípulos los peligros y dificultades que deberán afrontar en el futuro: «Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,20). Pero ellos no se han de acobardar ni agobiarse ante el odio del mundo: Jesús renueva la promesa del envío del Defensor, les garantiza la asistencia en todo aquello que ellos le pidan y, en fin, el Señor ruega al Padre por ellos —por todos nosotros— durante su oración sacerdotal (cf. Jn 17).

Nuestro peligro no viene de fuera: la peor amenaza puede surgir de nosotros mismos al faltar al amor fraterno entre los miembros del Cuerpo Místico de Cristo y al faltar a la unidad con la Cabeza de este Cuerpo. La recomendación es clara: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).

Las primeras generaciones de cristianos conservaron una conciencia muy viva de la necesidad de permanecer unidos por la caridad. He aquí el testimonio de un Padre de la Iglesia, san Ignacio de Antioquía: «Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre». He aquí también la indicación de Santa María, Madre de los cristianos: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).

La Iglesia reconoce las virtudes heroicas de Gaudí: si se verifica un milagro, será beato

 

La Iglesia reconoce las virtudes heroicas de Gaudí: si se verifica un milagro, será beato

Antonio Gaudí en su plenitud de fuerzas, sus últimos años fueron de vida austera, devota y santa

Con su firma, el Papa Francisco ha ratificado el decreto que reconoce que Antonio Gaudí (Reus, 1852 - Barcelona, 1926) vivió las virtudes cristianas en grado heroico. Si se reconociera un milagro atribuible a su intercesión celestial, el genial arquitecto catalán sería declarado beato.

Enrique Solana, arquitecto y presidente del Centro Gaudí Madrid, explicaba en un artículo que la iniciativa de intentar la beatificación de Gaudí surgió en la Semana Santa de 1992, el año de los Juegos Olímpicos de Barcelona, cuando el sacerdote Ignasi Segarra predicaba en la localidad de Riudoms (donde Gaudí pasó su infancia y cuya naturaleza le inspiró siempre). El arquitecto José Manuel Almuzara aceptó entonces presidir la asociación para impulsar esta beatificación.

Parece sintomático que se anuncie este decreto al día siguiente de que la liturgia recuerde las palabras de Jesús a sus enemigos mientras los niños cantaban hosanna: "Os digo que si estos callaran, gritarían las piedras". También vale la pena recordar que el centenario de su muerte se celebrará en junio del año que viene.

Así es la belleza que se muestra en el interior de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona diseñada por Antonio Gaudí

Cultura

«Todo en Gaudí es providencial, y así sucede en todos los aspectos de su vida y de su obra»

Solana recuerda una frase de Gaudí: "La auténtica construcción del templo no se ve, sino que está dentro de cada uno de los que lo observa, el único camino para construir el futuro es dejarnos construir a nosotros mismos".

Solana detalla que "en el fondo Gaudí fue siempre un místico, incluso antes de abrazar la fe de una forma definitiva, como cuando de niño deambulaba solo, por los alrededores de Riudoms en busca de fósiles, contemplando plantas y animales".

Pero en sus años de madurez fue creciendo en humildad y austeridad, y también en fe. Comenzaba la jornada participando en la Eucaristía, ocupando el primer banco del lado de la epístola, y tras un frugal alimento iba caminando hacia el templo a iniciar su trabajo. Renunció a ganar dinero, vivía como un pobre y se dedicaba a la construcción y a la oración.

Había pedido a Dios morir como un pobre, y murió con 73 años, atropellado por un tranvía: uno le golpeó cuando intentaba esquivar otro. Nadie le asistió, ni los transeúntes ni el conductor del tranvía, y tres taxis solicitados por un testigo eludieron el compromiso de llevarle, detalla Solana. Por toda documentación, llevaba encima solamente un rosario y un libro con la interpretación de los evangelios en sus bolsillos. Lo llevaron a un hospital de pobres, confundiéndolo con un vagabundo y tardaron 3 días en reconocerlo.

Gaudí: la inspiración «le venía de Dios»

Una fe que fue creciendo

El biblista y sacerdote Armand Puig, en una entrevista con motivo de su biografía sobre Gaudí, explicaba que "la fe cristiana es el eje de su vida, que se irá clarificando y haciéndose más firme con el paso del tiempo".

Así, a los 31 años pensaba que podría hacer la Sagrada Familia en diez años, estaba muy centrado en su ego y capacidades. Pero sus 30 años de trabajo en el templo le fueron modelando y haciendo sabio y humilde.

"Creo que, especialmente en los últimos 12 años de su vida, hay elementos suficientes, de vivencia heroica de las virtudes cardinales y teologales, como para afirmar que Gaudí es santo. «Santidad» es una palabra gruesa, pero un santo no surge como una seta, sino que se va construyendo intentando entender qué quiere Dios de él. Hablar de la santidad de Gaudí no es exagerar, sino simplemente decir que, en su inocencia, este hombre afirmó su fe de una manera muy sólida y la vivió de manera heroica", explicaba Armand Puig en esa entrevista.

Gaudí, ya superados los 70 años, con barba blanca, rodeado de autoridades civiles y eclesiásticas en Barcelona

Gaudí, ya superados los 70 años, en la década de los años 20, con barba blanca, rodeado de autoridades civiles y eclesiásticas en Barcelona

Armand Puig cree que un cristiano puede imitar de Gaudí "la gran fe que tenía en la providencia de Dios, su autenticidad y también su sentido del sacrificio: él cree en el trabajo, en el esfuerzo y en la donación, algo que choca en un mundo replegado sobre los valores del mercado y la ganancia. Gaudí no hace las cosas para hacerse rico, sino por la gloria de Dios: de hecho, cuando murió lo hizo sin prácticamente nada".

Detalles de las torres de la Sagrada Familia, en la que se muestra claramente la influencia de la Creación en la obra de Gaudí

Gaudí o cómo mostrar a Dios con la naturaleza: un bello paseo por la Creación a través de sus obras

Otro libro para entender al Gaudí artista y cristiano es De la piedra al Maestro (Palabra), escrito conjuntamente por el arquitecto José Manuel Almuzara y el premiado escultor japonés de la Sagrada Familia Etsuro Sotoo, converso al catolicismo en gran parte por su admiración a la mirada mística de Gaudí hacia la belleza en la naturaleza.

"La Sagrada Familia no puede entenderse si no se entrevé la dirección que ha querido darle su creador. Ahora he entendido que no debo mirar a Gaudí, sino mirar hacia donde él miraba", explicaba Etsuro Sotoo. 

El escultor japonés Etsuro Sotoo se sintió cautivado por Gaudí y su mirada espiritual a la Creación

Benedicto XVI consagró el templo en 2010. El papa alemán había escrito y reflexionado mucho sobre la ligazón entre verdad y belleza, entre tradición y novedad, su crecimiento orgánico. Y la obra de Gaudí le dio pie a hablar de ello. Dijo: “Gaudí hizo algo que es una de las tareas más importantes hoy: superar la escisión entre conciencia humana y conciencia cristiana, entre la belleza de las cosas y Dios como Belleza. Esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres. Él mismo, abriendo su espíritu a Dios ha sido capaz de crear en Barcelona un espacio de belleza, de fe y de esperanza, que lleva al hombre al encuentro con quien es la Verdad y la Belleza misma”.


Homilía de Benedicto XVI durante la misa de consagración de la basílica de la Sagrada Familia

Fuente: Religión en Voluntad

martes, 20 de mayo de 2025

Santo Evangelio 20 de Mayo 2025

 


Texto del Evangelio (Jn 14,27-31a):

 En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».


«Mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo»



Rev. D. Enric CASES i Martín

(Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos habla indirectamente de la cruz: nos dejará la paz, pero al precio de su dolorosa salida de este mundo. Hoy leemos sus palabras dichas antes del sacrificio de la Cruz y que fueron escritas después de su Resurrección. En la Cruz, con su muerte venció a la muerte y al miedo. No nos da la paz «como la da el mundo» (cf. Jn 14,27), sino que lo hace pasando por el dolor y la humillación: así demostró su amor misericordioso al ser humano.

En la vida de los hombres es inevitable el sufrimiento, a partir del día en que el pecado entró en el mundo. Unas veces es dolor físico; otras, moral; en otras ocasiones se trata de un dolor espiritual..., y a todos nos llega la muerte. Pero Dios, en su infinito amor, nos ha dado el remedio para tener paz en medio del dolor: Él ha aceptado “marcharse” de este mundo con una “salida” sufriente y envuelta de serenidad.

¿Por qué lo hizo así? Porque, de este modo, el dolor humano —unido al de Cristo— se convierte en un sacrificio que salva del pecado. «En la Cruz de Cristo (...), el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido» (San Juan Pablo II). Jesucristo sufre con serenidad porque complace al Padre celestial con un acto de costosa obediencia, mediante el cual se ofrece voluntariamente por nuestra salvación.

Un autor desconocido del siglo II pone en boca de Cristo las siguientes palabras: «Mira los salivazos de mi rostro, que recibí por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido».

«Debemos esperar un 80 por ciento de novedad en el pontificado», dice el cardenal Semeraro



 «Debemos esperar un 80 por ciento de novedad en el pontificado», dice el cardenal Semeraro

El cardenal Semeraro, de Causa de los Santos, junto a León XIV en los días iniciales de su pontificado

El cardenal Marcello Semeraro, de 77 años, responsable de las Causas de los Santos, ha admitido en Avvenire, el diario propiedad de los obispos italianos, que "cuando el Colegio Cardenalicio comenzó a reunirse para preparar el Cónclave, todos estábamos preocupados. Los diferentes orígenes, la falta de conocimiento mutuo, las diferentes sensibilidades podrían haber llevado a la hipótesis de días difíciles".

Pero en apenas 24 horas, la Iglesia ya tenía un nuevo Papa. "Y estoy realmente feliz de que hayamos elegido a Robert Prevost como Papa. Un hombre al que respeto mucho", asegura. Durante los últimos dos años se lo ha encontrado en el ascensor y las escaleras porque trabajan en el mismo edificio, el Palacio de las Congregaciones en la Plaza Pío XII, donde se encuentran el Dicasterio para los Obispos (que dirigía Prevost) y el Dicasterio para las Causas de los Santos, de Semeraro.

"Seguramente habrá continuidad entre los dos pontificados, pero yo añadiría que debemos esperar al menos un ochenta por ciento de novedad", concreta. Habrá una catolicidad, dice, de "encuentro de variedades valoradas armoniosamente".

"[Prevost] Tiene un estilo amable y delicado, a veces apacible. Pero al mismo tiempo es una persona fuerte, capaz de tomar decisiones cuando tiene el deber de hacerlo. Lo demostró como prefecto del Dicasterio para los Obispos; ya lo había revelado como prior general. de los Agustinos", avisa Semeraro, casi como previniendo a los que quieran probar temerariamente el margen de tolerancia del nuevo Pontífice.

Semeraro dice que los cardenales decidieron empezar escuchando. "En un Colegio Cardenalicio tan diverso hemos hecho exactamente lo que dice San Benito cuando, hablando del abad, pide que él escuche a todos. Pienso que fue una oportunidad celestial. Y, al mismo tiempo, el Espíritu nos guió a través de largos días de discusión sobre la Iglesia actual y futura. Luego comenzó el Cónclave. Cuando llegamos tarde a la primera votación, pensé: «Me pregunto qué dirán afuera porque no sale humo. A lo mejor piensan que nos estamos peleando…». En realidad, el horario de votación se había ampliado, ya que era el primer día".

Luego, el cardenal revela que "la mayoría que permitió la elección de León XIV se creó paso a paso, gradualmente, no de repente. Y todo esto lo considero un regalo del Señor. Así como fue un don la docilidad que lleva en cierto punto incluso a desistir cuando uno entiende que el viento sopla en otra dirección. La mayoría necesaria se alcanzó poco después". 

Los rasgos de León XIV

De León XIV quiere recordar que es "un 'hijo' de la inmigración" y que parece ser "un signo que el Señor envía al mundo a través de la Iglesia: la atención a los migrantes, a aquellos que deben abandonar todo para tener una vida mejor. Tal vez algunos políticos no apreciaron su elección", detalla. "No es casualidad que eligiera hablar también en español desde la Logia central", apunta el cardenal italiano.

Destaca también su dimensión misionera y su visión de la promoción humana y social. "Como él mismo dijo al encontrarse con nosotros, los cardenales, se refiere a León XIII, el Papa de la Rerum novarum . Hoy, como hace casi siglo y medio, estamos en medio no de una era de cambio, sino de un cambio de era, diría el Papa Francisco. La inteligencia artificial es el emblema de una cuestión antropológica que nos interpela". 

También lo presenta como agustino, con "habilidades teológicas" y "un experto en patrística y licenciado en derecho canónico".

Implementar el Concilio Vaticano II

Añade que "hay muchas intuiciones del Concilio [Vaticano II] que aún esperan ser implementadas. Para ello es necesaria también la virtud de la prudencia, que exige discernimiento, paciencia, esfuerzo de investigación y consejo".

Sobre la reforma de la Curia, donde Semeraro fue secretario del Consejo de Cardenales, cree que aún queda mucho por hacer, "puede adaptarse a las necesidades". Destaca que para eso se necesitará recurrir al derecho canónico... que es una forma de sugerir que no se estaba haciendo, o se hacía poco.

Aclarar la sinodalidad y sus confusiones

Semeraro distingue entre las palabras "Sínodo" y sinodal" (que "forman parte de la historia de la Iglesia") y "la abstracción de la 'sinodalidad', un concepto tan vago que puedes poner en él lo que quieras. Yo prefiero la idea del encuentro a la idea de caminar juntos: el Sínodo sería un encuentro en Cristo".

"La colegialidad, en cambio, es propia de los obispos. El proceso de desarrollo de ideas ahora se está confundiendo con el proceso de toma de decisiones. Nos guste o no, debemos recurrir al Evangelio: el Señor eligió a María para llevar en su seno al Verbo hecho carne y hacerla nuestra abogada; quiso que María Magdalena fuera la primera testigo de la Resurrección; pero llamó a los apóstoles para dirigir la Iglesia. Por eso la Iglesia misma no puede sentirse autorizada a cambiar la práctica de Cristo. El riesgo es una lectura sociológica del tesoro sinodal, acompañada de la conjetura de que alguien pueda ser quien decida, en lugar de los obispos. Creo que el Papa León establecerá cómo conviene proceder. Y debemos tener en cuenta una frase de San Agustín que pronunció en su primer saludo: “Con vosotros soy cristiano y para vosotros obispo”". 

En la serie de ficción El Juego del Calamar, muchos firman un documento en el que autorizan a que les maten... la eutanasia, como los gladiadores, es volver al paganismo.

Semeraro se dedica a beatificar y canonizar. le preguntan por dos italianos muy admirados que murieron jóvenes, Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, que esperan una nueva fecha de canonización. Semeraro detalla que la debe decidir el Papa.

Y plantea otros nombres que le interesan a él. "Pienso en el estadista Alcide De Gasperi, cuya fase diocesana del proceso de beatificación y canonización acaba de concluir, o en el arquitecto español Antoni Gaudí, recientemente declarado Venerable. Tanto los jóvenes como la política y el mundo del arte necesitan urgentemente modelos de santidad", explica el cardenal que precisamente se dedica a buscarlos y valorarlos. 

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 19 de mayo de 2025

Santo Evangelio 19 de Mayo 2025



 Texto del Evangelio (Jn 14,21-26):

 En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él». Le dice Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué pasa para que te vayas a manifestar a nosotros y no al mundo?». Jesús le respondió: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho»



«El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho»


Rev. D. Norbert ESTARRIOL i Seseras

(Lleida, España)

Hoy, Jesús nos muestra su inmenso deseo de que participemos de su plenitud. Incorporados a Él, estamos en la fuente de vida divina que es la Santísima Trinidad. «Dios está contigo. En tu alma en gracia habita la Trinidad Beatísima. —Por eso, tú, a pesar de tus miserias, puedes y debes estar en continua conversación con el Señor» (San Josemaría).

Jesús asegura que estará presente en nosotros por la inhabitación divina en el alma en gracia. Así, los cristianos ya no somos huérfanos. Ya que nos ama tanto, a pesar de que no nos necesita, no quiere prescindir de nosotros.

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14,21). Este pensamiento nos ayuda a tener presencia de Dios. Entonces, no tienen lugar otros deseos o pensamientos que, por lo menos, a veces, nos hacen perder el tiempo y nos impiden cumplir la voluntad divina. He aquí una recomendación de san Gregorio Magno: «Que no nos seduzca el halago de la prosperidad, porque es un caminante necio aquel que ve, durante su camino, prados deliciosos y se olvida de allá donde quería ir».

La presencia de Dios en el corazón nos ayudará a descubrir y realizar en este mundo los planes que la Providencia nos haya asignado. El Espíritu del Señor suscitará en nuestro corazón iniciativas para situarlas en la cúspide de todas las actividades humanas y hacer presente, así, a Cristo en lo alto de la tierra. Si tenemos esta intimidad con Jesús llegaremos a ser buenos hijos de Dios y nos sentiremos amigos suyos en todo lugar y momento: en la calle, en medio del trabajo cotidiano, en la vida familiar.

Toda la luz y el fuego de la vida divina se volcarán sobre cada uno de los fieles que estén dispuestos a recibir el don de la inhabitación. La Madre de Dios intercederá —como madre nuestra que es— para que penetremos en este trato con la Santísima Trinidad.