viernes, 24 de septiembre de 2021

Beatriz, la joven monja que ha descubierto su convento en Youtube: «Sentí que podría ser mi camino»

 



Beatriz, la joven monja que ha descubierto su convento en Youtube: «Sentí que podría ser mi camino»

Beatriz, en un momento de su toma de hábito en las benedictinas de Sahagún (León)

El pasado sábado 11 de septiembre, la joven Beatriz Berne tomó los hábitos como benedictina en el Monasterio de Santa Cruz en Sahagún (León). De este modo, esta zaragozana de 31 años deja atrás un año como postulante para ser novicia y convivir junto a una docena más de religiosas.

En una ceremonia todavía marcada por los límites que impone la pandemia, pero no por ello exenta de emoción, Beatriz continua este recorrido vocacional que inició gracias a la actividad que este monasterio realiza a través de las redes sociales y que propició que esta joven haya acabado en Sahagún.

De hecho, la última vez que se celebró una vestición de hábito en este monasterio fue hace siete años cuando llegó Sor Marta, conocida como la “monja youtuber”, y en buena parte causante de que esta maestra de Zaragoza que sentía la llamada a la vida contemplativa acabara allí y no en otro convento.

De profesión maestra, Beatriz asegura, tal y como recoge el Diario de León, que siempre tuvo clara la llamada de Dios, pero confiesa que estaba un poco perdida. Cuenta que “nada de lo que me ofrecía la vida en ese momento me satisfacía, y no sabía muy bien porqué”.




Afirma que llevaba una vida normal, como la de cualquier chica de su edad: “salía con mis amigos, íbamos de cena, pero no encontraba felicidad en nada de eso, me faltaba algo y no sabía muy bien el qué”.

Buscando ese sentido, esa felicidad que anhelaba empezó a percatarse que quizás Dios la estaba llamando para entregarse a Él. Beatriz pasó por un tiempo de discernimiento y fue en ese proceso como casi por casualidad conoció a las benedictinas de Sahagún. “En ese momento tiré un poco de Youtube para conocer testimonios de chicas con inquietud vocacional y lo conocí así”, relata en un vídeo publicado por su ahora comunidad.

Le llamó mucho la atención y se decidió a escribir un correo electrónico, “pero sorprendentemente –explica la joven novicia- no recibí respuesta. Me sentí un poco ignorada”. Pero lejos de desanimarse o darse por vencida dos días después encontró un teléfono móvil y escribió un mensaje de Whatsapp. “Yo no sabía a quién escribía, pero entré en contacto con la madre abadesa y sí encontré respuesta”, afirma.

“Sentí que ese podría ser mi camino", apreciación que confirmó Beatriz al desplazarse a Sahagún para conocer a la abadesa. Sin embargo, todo el proceso estuvo muy marcado por la pandemia. Recuerda que “la primera vez que visitó el monasterio “fue la semana anterior a que se declarara el estado de alarma” y que posteriormente para la entrada como postulante ella hubiera querido que fuera el 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar, porque es de Zaragoza. Pero tampoco pudo ser por la situación del virus en Sahagún. Al final todo se adelantó de manera precipitada pero ella es feliz de haber tomado esta decisión de entregarse a Cristo.



Belén, antes de la toma de hábitos / Foto: Diario de León

“Mi familia al principio se lo tomó mal, acababa de sacar la oposición de profesora y tenía más o menos la vida resuelta, no lo entendían del todo”, agrega Beatriz, contenta de haber estado acompañada por su familia en un día tan especial, aunque su abuela, “a la que en parte debo mi fe”, reconoce ella, no pudo estar presente físicamente en Sahagún.

Sus amigos no se sorprendieron tanto de su decisión de convertirse en religiosa. Es más, cuenta Beatriz que cuando se lo anunció “no les extrañó para nada, porque siempre me vieron muy cerca del Señor, parece incluso que ellos lo sabían antes que yo”.

Beatriz anima a otros jóvenes que están en búsqueda a que no tengan miedo, que sean valientes. “Muchos se lo plantean, pero no lo hacen por miedo, por no romper su vida, no arriesgan, buscan lo fácil”, asegura esta novicia, que lamenta que “muchas vidas se pierden al buscar la felicidad y tomar el camino equivocado”.

La llegada de esta joven supone un espaldarazo a estas benedictinas que durante un tiempo han visto la importancia de internet y de los testimonios para ayudar a chicas que sientan esa inquietud vocacional.

Sor Marta, cuyo vídeo vio Beatriz, se encarga de las redes sociales y es incluso una “monja youtuber”. Esa presencia y estos testimonios pueden servir de faro a otros, y esta nueva novicia es un claro ejemplo de ello.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 23 de septiembre de 2021

Santo Evangelio 23 de Septiembre 2021

 


Texto del Evangelio (Lc 9,7-9):

 En aquel tiempo, se enteró el tetrarca Herodes de todo lo que pasaba, y estaba perplejo; porque unos decían que Juan había resucitado de entre los muertos; otros, que Elías se había aparecido; y otros, que uno de los antiguos profetas había resucitado. Herodes dijo: «A Juan, le decapité yo. ¿Quién es, pues, éste de quien oigo tales cosas?». Y buscaba verle.



«Buscaba verle»


Rev. P. Jorge R. BURGOS Rivera SBD

(Cataño, Puerto Rico)

Hoy el texto del Evangelio nos dice que Herodes quería ver a Jesús (cf. Lc 9,9). Ese deseo de ver a Jesús le nace de la curiosidad. Se hablaba mucho de Jesús por los milagros que iba realizando a su paso. Muchas personas hablaban de Él. La actuación de Jesús trajo a la memoria del pueblo diversas figuras de profetas: Elías, Juan el Bautista, etc. Pero, al ser simple curiosidad, este deseo no trasciende. Tal es el hecho que cuando Herodes le ve no le causa mayor impresión (cf. Lc 23,8-11). Su deseo se desvanece al verlo cara a cara, porque Jesús se niega a responder a sus preguntas. Este silencio de Jesús delata a Herodes como corrupto y depravado.

Nosotros, al igual que Herodes, seguramente hemos sentido, alguna vez, el deseo de ver a Jesús. Pero ya no contamos con el Jesús de carne y hueso como en tiempos de Herodes, sin embargo contamos con otras presencias de Jesús. Te quiero resaltar dos de ellas.

En primer lugar, la tradición de la Iglesia ha hecho de los jueves un día por excelencia para ver a Jesús en la Eucaristía. Son muchos los lugares donde hoy está expuesto Jesús-Eucaristía. «La adoración eucarística es una forma esencial de estar con el Señor. En la sagrada custodia está presente el verdadero tesoro, siempre esperando por nosotros: no está allí por Él, sino por nosotros» (Benedicto XVI). —Acércate para que te deslumbre con su presencia.

Para el segundo caso podemos hacer referencia a una canción popular, que dice: «Con nosotros está y no lo conocemos». Jesús está presente en tantos y tantos hermanos nuestros que han sido marginados, que sufren y no tienen a nadie que “quiera verlos”. En su encíclica Dios es Amor, dice el Papa Benedicto XVI: «El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial». Así pues, Jesús te está esperando, con los brazos abiertos te recibe en ambas situaciones. ¡Acércate!


5 años de la muerte del Padre Amorth: «Era paternal con las personas poseídas, duro con el demonio

 



5 años de la muerte del Padre Amorth: «Era paternal con las personas poseídas, duro con el demonio»

El padre Amorth ha sido el sacerdote exorcista más conocido del mundo

Este jueves 16 de septiembre se cumplen justamente cinco años de la muerte a los 91 años del padre Gabriel Amorth, el sacerdote que se convirtió en el exorcista más conocido en la Iglesia Católica durante décadas abriendo así camino a otros muchos en un momento en el que este no existía ya en la mayoría de diócesis del mundo.

En su trayectoria el padre Amorth llegó a realizar decenas de miles exorcismos en su lucha contra el demonio, de la que habló en varios libros que fueron grandes éxitos editoriales.

Un lustro después de su fallecimiento sus hijos espirituales y también otros exorcistas están recordando una figura importante en la Iglesia que sacó de lo oculto a Satanás. Y precisamente acaba de ver la luz en Italia la biografía oficial de este religioso. Se titula Don Amorth Continua y ha sido publicado por la editorial San Paolo.

Escrito por el vaticanista de La Stampa Domenico Agasso, en la presentación participan discípulos suyos, hijos espirituales y compeñeros exorcistas, que relatarán la influencia del padre Amorth en sus vidas y en la lucha contra Satanás.

Precisamente uno de ellos es el padre Francesco Bamonte, exorcista en la Diócesis de Roma y presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas, donde sucedió precisamente a Gabriel Amorth. En una entrevista con Famiglia Cristiana explica que “fue sin duda un instrumento que Dios usó para sacar a la superficie, en la pastoral ordinaria de la Iglesia, todo lo que concierne a la práctica exorcista”.



Francesco Bamonte, presidente de la Asociación Internacional de Exorcistas

El padre Bamonte recuerda que Amorth “vivió su ‘aprendizaje’ con el siervo de Dios Cándido de la Inmaculada, quien ejercía su ministerio en el santuario de la Scala Santa, en Roma. De él aprendió importantes nociones teológico-vivenciales, así como la necesidad de hacer que la Iglesia redescubra la presencia de un sufrimiento oculto, muchas veces incomprendido, precisamente porque no se conoce: el sufrimiento de los fieles perturbados por la acción extraordinaria del diablo”. Y bien que lo consiguió.

En su opinión, el principal aportación para el ministerio de exorcista que aportó Amorth fue la “importancia que dio a la formación experiencial de los exorcistas, a través de una visión pastoral en la que la teología y la praxis convergen. De hecho, solía comparar la celebración del exorcismo con una operación quirúrgica, para la cual no solo se necesitan conocimientos teóricos, sino también conocimientos experienciales. En Don Gabriele, el conocimiento experiencial fue ante todo una experiencia de Dios: el sacramental del exorcismo en sí mismo, de hecho, es una experiencia de Dios, que puede conducir a una verdadera experiencia mística”.

Otro aspecto que destaca del gran exorcista italiano es la correlación que introdujo entre exorcismo y caridad, “una visión del exorcismo –agrega el padre Bamonte- que podríamos enmarcar en una clave mística: el exorcismo en función de la caridad. Bueno, en este aspecto me siento fuertemente ligado a él. Y es precisamente a partir de esta correlación de don Gabriele como sentí el deseo de ayudar a los hermanos atormentados por el Maligno, hasta el punto de aceptar con amor el liderazgo de una presidencia tan delicada como la de la Asociación Internacional de Exorcistas”.

Elisabetta Fezzi y Fabrizio Penna son dos periodistas que conocieron al padre Amorth por motivos profesionales pero con el que acabaron teniendo una profunda amistad. También en Famiglia Cristiana hablan de sus experiencias con él.



El padre Amorth realizó decenas de miles de exorcismos

Fabrizio llegó a estar presente en algún exorcismo y relata que Amorth “estaba seguro de que los resultados de su actividad no dependían de él, sino de lo Alto… Estaba seguro de la protección de María. Parecía muy paternal y dulce cuando hablaba del sufrimiento de las personas que sufrían a las que trataba”.

De hecho, señala que antes de comenzar el exorcismo, este religioso “quería conocer a las personas que se presentaban por primera vez. Podía establecer rápidamente una fuerte empatía con ellos, tratando de enmarcar de inmediato el mal que padecían. Lo sustentaba una memoria impresionante, recordaba a las personas que ya había recibido y los males que padecían. Por eso nunca tomó notas. Era muy paternal con las personas, a menudo bromeaba con ellas para eliminar cualquier barrera psicológica. Con Satanás y los espíritus inmundos, sin embargo, fue muy duro, hasta el punto que incluso cambiaba su fisonomía durante el rito. Cuestionó el espíritu con calma, pero siempre con mucha firmeza. Nunca respondió al contrainterrogatorio de este último ni a sus insultos. Siempre supo lo que era correcto hacer. Participar en exorcismos fue para mí como ir a una clase de teología. Una vez el diablo le dijo: ‘Tú tienes poder sobre mí’. Y él, en respuesta: ‘No tengo poder, lo que hago viene solo de Dios’. Él nunca apartó el centro de gravedad de Dios".

Como ya se ha indicado anteriormente, una de las características que más destacan del padre Amorth fue no sólo su actuación en miles de exorcismos sino también saber comunicar al mundo adecuadamente la existencia de Satanás, sus límites y el poder sanador de Dios.

Este periodista asegura que “Don Gabriele era un comunicador completo. Supo expresarse sobre este asunto tan delicado con particular claridad, dando un orden preciso de prioridad a lo que quería decir. En definitiva, fue un excelente paulino e hijo de Don Alberione, fundador de la Sociedad de San Pablo, congregación que se ocupa de la comunicación en la Iglesia. Hizo una gran contribución a la sistematización de los tipos de acciones demoníacas extraordinarias - posesión, obsesión, embrujo o vejación diabólica – y esto proviene de su pensamiento analítico, que primero necesitaba ser aclarado dentro de él y luego expresado de una manera comprensible al público en general”.

 Si quiere profundizar más en la figura de este sacerdote lea el reportaje que ReL publicó tras su muerte:

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Santo Evangelio 22 de Septiembre 2021

 


Texto del Evangelio (Lc 9,1-6):

 En aquel tiempo, convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades; y los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar. Y les dijo: «No toméis nada para el camino, ni bastón, ni alforja, ni pan, ni plata; ni tengáis dos túnicas cada uno. Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta que os marchéis de allí. En cuanto a los que no os reciban, saliendo de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos». Saliendo, pues, recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva y curando por todas partes.




«Convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades»


Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala

(Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)

Hoy vivimos unos tiempos en que nuevas enfermedades mentales alcanzan difusiones insospechadas, como nunca había habido en el curso de la historia. El ritmo de vida actual impone estrés a las personas, carrera para consumir y aparentar más que el vecino, todo ello aliñado con unas fuertes dosis de individualismo, que construyen una persona aislada del resto de los mortales. Esta soledad a la que muchos se ven obligados por conveniencias sociales, por la presión laboral, por convenciones esclavizantes, hace que muchos sucumban a la depresión, las neurosis, las histerias, las esquizofrenias u otros desequilibrios que marcan profundamente el futuro de aquella persona.

«Convocando Jesús a los Doce, les dio autoridad y poder sobre todos los demonios, y para curar enfermedades» (Lc 9,1). Males, éstos, que podemos identificar en el mismo Evangelio como enfermedades mentales.

El encuentro con Cristo, que es la Persona completa y realizada, aporta un equilibrio y una paz que son capaces de serenar los ánimos y de hacer reencontrar a la persona con ella misma, aportándole claridad y luz en su vida, bueno para instruir y enseñar, educar a los jóvenes y a los mayores, y encaminar a las personas por el camino de la vida, aquella que nunca se ha de marchitar.

Los Apóstoles «recorrían los pueblos, anunciando la Buena Nueva» (Lc 9,6). Es ésta también nuestra misión: vivir y meditar el Evangelio, la misma palabra de Jesús, a fin de dejarla penetrar en nuestro interior. Así, poco a poco, podremos encontrar el camino a seguir y la libertad a realizar. Como escribió san Juan Pablo II, «la paz ha de realizarse en la verdad (...); ha de hacerse en la libertad».

Que sea el mismo Jesucristo, que nos ha llamado a la fe y a la felicidad eterna, quien nos llene de su esperanza y amor, Él que nos ha dado una nueva vida y un futuro inagotable.

La lección de alegría y paz de Fátima antes de entrar al convento: «Creo que puedo cambiar el mundo»



 La lección de alegría y paz de Fátima antes de entrar al convento: «Creo que puedo cambiar el mundo»

Este sábado 18 de septiembre, la joven pamplonica Fátima Cecilia Sánchez Izquierdo, ingresará en el Monasterio del Buen Pastor de Zarautz. A pocos días de su ingreso en el Carmelo, ella y su familia explican cómo ha sido el camino que le ha traído hasta aquí y cuáles son sus sensaciones en la misma puerta de la clausura.

Fátima tiene diecisiete años y una sonrisa permanente. De Pamplona de toda la vida, nos recibe en su modesta casa, en el popular municipio de Barañáin, donde vive junto a su hermano, dos años más joven, y sus padres Carlos e Inma.

Esta joven se expresa de forma espontánea, ágil y natural y posee un brillo en los ojos, propio de quien tiene toda una vida por delante. Estudiante aplicada y responsable, finalizó el curso pasado su etapa escolar en el Colegio Miravalles de Pamplona con una media muy alta.

-Fátima, cuéntanos cómo has llegado a tener fe, si es algo que lo has vivido con naturalidad en tu casa o cómo a sido.

-En mi familia siempre me han transmitido la fe, desde hace años hemos compartido vivencias con los Focolares, el Opus Dei, Equipos de Nuestra Señora… y desde hace más de dos años participamos también semanalmente en las alabanzas que organiza el Grupo de Renovación Carismática “Torre de David”.

Fe he tenido siempre, pero unos años más que otros, en el sentido de que, de pequeña estuve muy cerca de Dios, pero después lo dejé un poco de lado, no estaba muy pendiente de Jesús. Hace un par de años empezamos a participar en las alabanzas y poco a poco redescubrí el amor de Dios y mi vida empezó a centrarse, de nuevo, en Él.

-Estás a punto días de ingresar en las Carmelitas Descalzas, una de las órdenes contemplativas con más tradición y carisma de la Iglesia, cuéntanos cómo y cuándo empezó este anhelo tuyo.

-Yo creo que lo primero que recuerdo en torno a la vocación se remonta a cuando estaba en 2º de la Eso. Leí un libro de Santa Teresa de Calcuta y aquello de irse a cuidar a los más pobres entre los pobres, por amor a Dios me parecía que era lo máximo a lo que un cristiano puede llegar, lo más radical y extremista, y entonces sí que me pregunté si tal vez el Señor querría que yo fuera misionera de la caridad, porque yo también quería llevar a Dios a todas las almas. Pero esa idea se quedó un poco olvidada porque otra idea se hizo fuerte en mí: la de que podía llegar a todas las personas del mundo desde un mismo lugar, a través de la oración.



Fátima. con sus padres y su hermano, a pocos días de ingresar en el convento / Marta León

-Y esa idea, ¿de dónde la sacaste, la leíste en algún sitio?

-No lo sé, creo que Dios me la inspiró en aquel momento en el que pensaba que irse por el mundo a evangelizar era lo más.

-¿Y cómo sigue la historia?

-Bueno, eso se quedó ahí y lo olvidé. Ha sido hace muy poco cuando lo recordé. El tiempo pasó y yo empecé a llevar una vida de fe más frívola. Dios no estaba en mi vida demasiado presente, rezaba pensando en los exámenes y poco más, aunque nunca abandoné la misa del domingo y me confesaba de vez en cuando. Pero al comenzar bachillerato, empecé a acudir con mi padre a las alabanzas carismáticas del grupo “Torre de David” y casi al mismo tiempo, empecé a ir a catequesis con un grupo de jóvenes, en la Parroquia de Ermitagaña. Fui retomando mi trato con Dios, en la oración y si que fui sintiendo que quizá el Señor me llamaba a una entrega total.

-Entrega total… ¿de qué modo?

-No tenía ni idea que podía ser...así que un día busqué en Google “tipos de monjas”. Di con una web donde aparecían muchísimos nombres de congregaciones y fui leyendo: Agustinas, Franciscanas, no sé que… no, no, no, Carmelitas Descalzas… Me llamó la atención y busqué a ver quiénes eran, porque no sabía nada de ellas, nunca había tenido contacto con ninguna. No recuerdo lo que leí, pero sí que me encantó y a partir de ahí fui pensando, en la oración, en esa posibilidad.

-¿En serio? ¿Google?

-Bueno... es lo que hacemos todos cuando queremos saber algo ¿no? Como  te digo, lo fui pensando poco a poco y creo que me di cuenta de que podía ser algo serio, porque pensé que sería bueno hablarlo con un sacerdote. En Enero (2020) empecé a hablar con el sacerdote del colegio que nos había dado una charla que me gustó. Le dije lo que me estaba pasando y él me preguntó si se lo había dicho a mis padres. Por entonces yo tenía pensado hacer un retiro con los carismáticos y le dije que a la vuelta hablaría con ellos. Volví del retiro súper contenta y tal como acordamos, se lo dije a mis padres en cuanto tuve ocasión, en el coche de vuelta a casa.

-Carlos, el padre de Fátima, interviene en la conversación recordando ese momento:

-Fue una bomba nuclear con onda expansiva. Venía del retiro totalmente feliz y en una auténtica nube, si me hubiera dicho que quería hacer algo relacionado  con la Renovación Carismática no me hubiera sorprendido, pero dijo  Carmelita Descalza y aquello fue algo totalmente inesperado, de hecho, nunca  habíamos tenido contacto con ninguna de ellas. Hemos participado en  muchos grupos y de muchos carismas de la Iglesia a lo largo de la vida, pero nunca habíamos tenido relación alguna con monjas contemplativas.

Tengo que decir que nosotros creemos mucho en la Providencia y cuando nos lo dijo pensé que por algo sería. No me lo tomé a broma, ni mucho menos, pensé que ya iríamos viendo. Como católicos practicantes, el tema de la vocación fue algo a lo que estábamos abiertos, es decir, siempre pensamos que podría ser una posibilidad más, tanto con Fátima como con su hermano. Lo que nunca hubiéramos esperado es que nos lo dijera en ese momento, tan joven… y a Carmelita Descalza.

-Se lo dices a tus padres, no reaccionan mal, y ¿qué pasa entonces?

-Cada semana hablaba con el sacerdote que me ayudaba con el tema de la vocación pero también me ayudaba a rezar con más profundidad, haciendo meditación y me enseño también a utilizar el breviario, etc. Durante el curso, había que leer un libro para subir nota en religión y de la lista que me ofrecían cogí uno sin ningún motivo en particular. Escogí Historia de un alma', que resulta que fue escrito por Santa Teresa de Lisieux, una santa Carmelita importante. El libro me encantó y con muchas cosas que allí aparecen me sentí identificada.

Fátima y su hermano


Fátima es una enamorada de la música, pero aún más de Dios / Marta León

-Espera… me parece una casualidad increíble que escogieras precisamente ese libro, que resulta que es un clásico de la espiritualidad carmelita.

-Pues es exactamente lo que pasó…¡ sí, es increíble!

-Continúa, ¿qué pasó luego?

-Pues que yo tenía esa inquietud dentro pero seguía con mi vida normal. En casa no era una cosa de la que habláramos todo el tiempo ni mucho menos, al principio nada, pero como yo seguía con eso dentro, de vez en cuando sí que hablábamos algo. El sacerdote del cole, con el que yo hablaba, conocía a otro sacerdote que tenía relación con las carmelitas de Zarautz y un día me pasó el teléfono por si queríamos llamar y hablar con ellas. Cuando terminó el confinamiento y el curso ya estaba terminando, un día les llamamos mis padres y yo y recuerdo que fue una llamada muy bonita.

-Vale. ¿Qué les dices en esa llamada: 'Buenos días, creo que quiero ser Carmelita'?

-Hablamos con la priora, la madre María Almudena, y mis padres le dijeron que yo tenía alguna inquietud vocacional o algo así… yo tampoco sabía muy bien qué decir. Estuvimos hablando un rato y nos dijo que podíamos visitarlas cuando quisiéramos.

Ese verano, cuando estuvimos en Valencia, donde viven mis tíos y mis primos,  fuimos un día a Godella, a visitar a las monjas de Iesu Comunio. Son muchas y  muy jóvenes y a mis padres les pareció que podía ser interesante que las conociera, por aquello de conocer otras congregaciones. Estuve allí y lo cierto es que me encontré con unas monjas muy felices. Obviamente que aquella felicidad la quería también para mí, pero en ningún momento tuve la sensación de que fuera mi sitio. De hecho, estuvimos mis padres y yo con ellas un rato y me ofrecieron la posibilidad de quedarme a hablar un rato más yo sola con ellas, pero les dije educadamente que no, que no tenía más interés.

A la vuelta de las vacaciones, justo antes de empezar 2º de bachiller fuimos un día toda la familia a pasar el día a Zarautz y por la tarde nos acercamos al monasterio a visitar a las monjas.

-Y, ¿cómo fue esa primera visita, que impresión te causaron?

-Al principio no sentí nada especial, fui allí pensando que tal vez fuera mi sitio o que tal vez no… no tenía muchas expectativas. En mi cabeza pensaba en las carmelitas pero no tenía ni idea. Estuvimos allí con ellas y sí que me fijé que en la pared, justo detrás de ellas, había una cruz. Esto me cuesta un poco explicarlo, porque no es que oyera ninguna voz, ni nada de eso, pero, mirando la cruz se me vino a la cabeza una frase: “Aquí estoy…, aquí te espero”. Las monjas hablaban, mis padres hablaban y yo como ausente pensando en esa frase. Después me ofrecieron quedarme un rato más, yo sola hablando con ellas y me pareció una idea genial. No recuerdo de qué hablamos, supongo que les haría alguna pregunta. Salí muy contenta de aquella primera visita.

La priora me dio su teléfono y a partir de ahí yo la llamaba cada dos o tres semanas. Me gustaba hablar con ella y tenía ganas de volver pero con más tiempo. Pero había empezado 2º de bachillerato y mis padres me decían que tenía que estudiar… aunque yo quería volver a ir y un poco sí que insistí. Un día en oración hablaba con el Señor y le decía: “Señor, si tú quieres que sea Carmelita Descalza, mueve los hilos para que pueda ir a pasar el fin de semana de mi cumpleaños”. Pedía eso sabiendo que era muy difícil porque tenía exámenes de subida de nota justo la semana siguiente, mi cumpleaños tocaba en domingo y habría que celebrarlo en familia, además de que por el tema del Covid, no podíamos salir de Navarra. Vamos, que era prácticamente imposible. Esa semana no di mucho la lata en casa pero sorprendentemente me dieron permiso para ir y además obtuve un permiso para poder viajar.

-Y ¿qué tal fue?

-Aquel primer fin de semana conocí a toda la comunidad, nueve monjas en total y fui un viernes por la tarde hasta el sábado por la noche. Como no podía entrar en la clausura, compartía con ellas los ratos de oración en la iglesia y mientras ellas trabajaban yo me quedaba en mi cuarto estudiando o pasaba algún rato en el locutorio hablando con alguna de ellas. Volví a casa súper contenta y convencida de que volvería de nuevo. De hecho, yo no paraba de preguntar a mis padres cuándo podría volver otra vez…

 Pasadas las Navidades yo seguía pidiendo permiso para volver a Zarautz otro  fin de semana pero había que estudiar un montón y mis padres solo me decían que tal vez en Semana Santa. A mí la verdad es que se me hacía larguísimo… Llegó enero/febrero y tenía que estudiar muchísimo, pero yo no hacía más que pensar en las monjas y en mi vocación. No conseguía concentrarme bien en lo que hacía.



Fátima, en su habitación, que ha cambiado por la celda del convento carmelita de Zarautz / Marta León

-¿Llegaste a pensar que era una obsesión que se te estaba yendo de las manos?

-Un poco sí. Lo pase mal, me agobié bastante y además mi hermano dio positivo por covid y nos confinaron a todos en casa. Me pilló justo en los exámenes así que a la vuelta del confinamiento tendría que hacer los exámenes atrasados además de ponerme al día con la nueva materia. Estaba agotada y cansada de la situación. Así que medio pensé: “Señor, o me ayudas Tú o yo no sigo adelante...”. Durante ese tiempo dejé de hablar con el sacerdote que me dirigía y también dejé de llamar a la madre Maria Almudena. Es como que quería ignorar la llamada que sentía dentro, porque me estaba frustrando. Lo cierto es que no fue muy buena idea porque pasé una temporada muy triste y sin ganas de nada.

-¿Volviste a estar alegre de nuevo?

-Sí, volvió la alegría y la paz. Deje de estar triste y angustiada, yo solo esperaba que mis padres despejaran sus dudas. Terminé el curso bien y en mayo pude volver a Zarautz a pasar un fin de semana. Fue precioso, porque entonces sí que tuve una sensación de mucha paz, yo no sabía que se podía sentir tanta paz, una paz brutal, ¡tanta que no podía respirar! Como aún quedaba un mes para selectividad, pude pasar más rato con la madre María Almudena en el locutorio y disfruté mucho de los recreos con las  hermanas.

-Entonces pasas ese segundo fin de semana con ellas, ¿qué pasa después?

-Pues que yo vuelvo con una mezcla de paz, de alegría...no sé, y vuelvo a casa pensando en que ya no voy a volver a pasar una noche allí, si no es, para quedarme. Lo peor de ir allí era que luego tenía que volver a Pamplona, aunque suene horrible. Me marchaba a casa, pero se me desgarraba el corazón y un trozo se quedaba allí con las monjas. Volví muy centrada en hacer la selectividad y luego, en el verano, que fuera lo que fuera... La selectividad me fue bien, aunque yo no tenía ninguna intención de empezar la universidad.

-¿Para entonces tus padres ya estaban decididos a dejarte ir a Zarautz o aún no?

-Ellos seguían pensando en la universidad. Durante todo este tiempo que te he ido contando, ellos fueron hablando con sacerdotes y con personas que podían aportarles luz sobre este tema. Yo creo que han tenido opiniones y consejos de todo tipo. Hablaron con la universidad y expusieron mi situación. Como las carreras escogidas por mi no tienen mucha demanda, les dijeron que no había problema en matricularme más tarde, en agosto, si al final decidía estudiar. Así que aún no había una decisión en firme, todas las puertas estaban abiertas.

-Entonces… ¿cómo se deshace el nudo?

-Un día, mis padres y yo fuimos a hablar con el Arzobispo Don Francisco (arzobispo de Pamplona), para ver qué opinaba él. Don Francisco nos dijo que, según su experiencia, lo que yo necesitaba era poder discernir desde dentro de la clausura. Que si me ponía a estudiar una carrera no lo podría hacer. Que si después de un tiempo veía que no era mi camino podría ponerme a estudiar, mucho más centrada. Entonces cuando volvimos de vacaciones, a finales de julio, mis padres, ya por fin, me dijeron que, si lo tenía tan claro y Dios me estaba llamando realmente, ellos no querían pone trabas y que ¡adelante! Fue una alegría inmensa.

-¿Te da miedo, incertidumbre, ilusión... la inminente entrada en Zarautz? ¿Cómo te sientes?

-Pues la verdad es que tengo muchas ganas de entrar, estoy bastante ilusionada. También hay días que tengo un poquito de miedo, pero luego me pongo a rezar y, como en realidad me tiro a los brazos de Dios…, pues se me pasa el miedo, porque sé que me quiere muchísimo. Hay gente que me dice que soy muy valiente, pero yo no lo creo, el valiente es Dios que me ha elegido.

-Escuchándote, y viendo el brillo en tus ojos, dan ganas de ir a la clausura a probar… sin embargo, hay muy pocas vocaciones. ¿Por qué pasa esto? ¿Es que Dios no llama?

-No es eso, Dios sí que llama, pero ante todo, está la libertad de cada uno. La gente de mi edad, por ejemplo, está muy preparada, son muy buena gente, con ganas de cambiar el mundo... pero igual les falta fe o no sé y piensan en otros caminos para humanizar el mundo.

-¿Crees que, en la clausura, puedes cambiar el mundo?

-¡Sí, lo creo! Rezando mucho por todos, desde el corazón del mundo, a través de la oración.

Fuente Religión en Libertad

martes, 21 de septiembre de 2021

Santo Evangelio 21 de Septiembre 2021



 Texto del Evangelio (Mt 9,9-13):

  En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando Él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».



«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»


Rev. D. Joan PUJOL i Balcells

(La Seu d'Urgell, Lleida, España)

Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.

Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».

En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).

¿Cómo se discierne sobre la vocación? Interesante lección del rector del seminario de Tierra Santa



 ¿Cómo se discierne sobre la vocación? Interesante lección del rector del seminario de Tierra Santa

El padre Poggy es desde el pasado mes de agosto rector del Seminario Patriarcal de Beit Jalá

La vida del padre Bernard Poggi se ha dividido entre Estados Unidos y Tierra Santa. El nuevo rector del Seminario del Patriarcado Latino de Beit Jalá nació en California, donde creció y acabó sus estudios universitarios.

Pero en 2010 decidió entregarse completamente a Dios y decidió ingresar en el seminario, pero lo hizo en el del Patriarcado Latino de Jerusalén, donde fue ordenado sacerdote en 2014 a manos del entonces patriarca Twal.

De hecho su ministerio sacerdotal quedó unido a California, donde durante años se encargó de la atención de la comunidad católica de lengua árabe. Finalmente, en 2018 regresó de nuevo a Tierra Santa como formador del seminario, del cual fue nombrado rector el pasado mes de agosto por el arzobispo Pizzaballa.

En una profunda entrevista con el Patriarcado Latino de Jerusalén habla de esta nueva responsabilidad, del papel de este seminario en esta tierra y la importancia de la formación y el discernimiento de los candidatos:

-Desde 2018 está en el Seminario Patriarcal Latino de Beit Jala. Ahora es el rector, ¿cómo se siente en este nuevo rol?

-Mi nombramiento como nuevo rector del seminario es una oportunidad por la que estoy muy agradecido a Dios y a Su Beatitud el Patriarca. Cuando me pidieron que viniera al seminario en 2018, sentí una gran responsabilidad. Tuve la suerte de trabajar bajo la hábil dirección de Abuna Yacoub Rafidi, en coordinación con un maravilloso grupo de sacerdotes. Siento que ahora, con mi nombramiento, estoy llamado a continuar el buen trabajo iniciado en años anteriores. Espero que, con la gracia de Dios, las cosas en el seminario vayan bien.

Cuando salí de San Francisco (EEUU) en 2018, solo había estado allí durante 4 años. Le pregunté a Dios por qué me permitió quedarme allí por tan poco tiempo: fue difícil para mí dejar una comunidad que amaba y en la que crecí, así como a mi familia. Pero cuando regresé a Beit Jala, tuve grandes consuelos, gracias a la presencia de los seminaristas y también a las relaciones que pude profundizar con mis hermanos sacerdotes. En este sentido, no confío en mis débiles esfuerzos, sino en el apoyo de los sacerdotes; los de nuestro querido Patriarcado y, más de cerca, los que conviven conmigo en el seminario: Abouna Butrus, Abouna Tony y Abouna Khaled. No puedo olvidar la colaboración activa de todos los demás: seminaristas, religiosas, educadoras y personal, que hacen posible la actividad del seminario.

-¿Puedes hablar un poco sobre el discernimiento vocacional en el seminario? ¿Qué necesitan los seminaristas durante su formación?

-San Ignacio de Loyola habla mucho de discernimiento, sobre todo de lo que tiene que ver con la vocación religiosa. Dice: “nuestro único deseo y nuestra única elección debe ser esta: “quiero y elijo lo que mejor conduce a la vida más profunda de Dios en mí”. Para responder a la pregunta de cómo elegir lo que nos lleva a hacer mejor la voluntad de Dios, debemos escuchar lo que nos dice nuestro corazón. Más que ningún otro, Ignacio quiere que escuchemos lo que llamamos, en palabras cotidianas, “nuestros sentimientos”. Pero el discernimiento va más allá de nuestros sentimientos, porque cuando tienes ganas de hacer algo o lo quieres, tienes que preguntarte “¿qué tengo que hacer para poder lograr ese objetivo?” y en segundo lugar, “¿tengo los dones y las habilidades para poder llevar a cabo la elección que estoy tomando?”.



Ordenación en el Seminario en Beit Jalá

En el seminario esta es nuestra principal tarea. Intentamos ayudar a los jóvenes a descubrir si tienen los dones y las habilidades para lograr el objetivo de ser sacerdotes. El primer año del seminario mayor (lo que llamamos el año de la espiritualidad) está dedicado a anteponer a los seminaristas a la imagen de un párroco; queremos que vean quién es, cómo vive, cómo ora, sus desafíos y dificultades y, finalmente, qué tipo de relación tiene con su comunidad / parroquia. El segundo paso, una vez que entienden con más claridad quién es el párroco, es preguntarles a cada uno de ellos: ¿es éste en quien quieres llegar a ser? Si el seminarista puede decir que sí a esa pregunta, sigue pasando por otros 8 años de formación que lo ayudan a prepararse para poder cumplir su deseo. La pregunta no surge ni solo una vez en esos 8 años, de hecho, se repite todos los días. Ignacio también habla de esto cuando dice que frente a las dos vocaciones, la matrimonial y la sacerdotal, una persona, ya sea que desee el matrimonio o desee el sacerdocio, debe seguir discerniendo hasta el día en que deba ser ordenado o casado. Una vez que esté ordenado o casado deja de hacerse la pregunta “¿es esto indicado para mí?” y empieza a preguntarse “¿cómo puedo vivir esta vocación al máximo?”. Deja de hacer la pregunta “¿esto es para mí?” y empieza a preguntarse “¿cómo puedo vivir esta vocación al máximo?”.

Pero este discernimiento no concierne sólo al seminarista mismo. También tiene que ver con los sacerdotes formadores que buscan señales que nos ayuden a entender si lo que dice el seminarista está realmente ahí o no. Si bien no podemos ver lo que hay dentro de una persona, podemos ver cómo vive día a día: ¿es feliz?, ¿cuida bien la vida comunitaria?, ¿está dispuesto a vivir una vida de sacrificio? , ¿sus relaciones son saludables? La segunda cosa es que, a través de la dirección espiritual, el seminarista comienza a confiar en un sacerdote que le ayuda a comprender lo que pasa en su interior: sus pensamientos, sus sentimientos, sus emociones, sus deseos, sus pecados, su debilidad, etc. El seminarista debe decir estas cosas libre, abierta y completamente, con confianza, para ayudar al director espiritual a comprender el mundo interior del seminarista.

Para responder a la pregunta de qué necesita un seminarista durante su formación, la respuesta es simple: honestidad y voluntad de formarse. Ser honesto significa abrirse a otra persona que puede ayudarte a comprenderte mejor a ti mismo y “disposición para entrenar” significa que aceptas que alguien te diga lo que debes y no debes hacer, a qué hora despertar y dormir, qué estudiar, dónde ir y finalmente cómo mejorar las cosas que necesitan ser mejoradas en ti. La honestidad y la voluntad de educar son las dos cosas más importantes que necesita una persona. Finalmente, debe existir una capacidad intelectual para aprender y abordar los temas que estudiamos. La teología y la filosofía no son temas “fáciles”, el seminarista es alguien que tiene que lidiar con el mundo moderno y tratar de comprender lo que está sucediendo a través del lente de la fe. Es una fe “en busca de comprensión”, parafraseando a san Agustín.

-¿Cuáles son los problemas que comparten las personas que ingresan al seminario a temprana edad y las que deciden ingresar más tarde? ¿Y cuáles en cambio los diferencian?

-Siempre me impresionan los niños que vienen al seminario. Su sacrificio es muy grande. En el mundo de hoy no hay demasiadas personas que puedan responder a la pregunta “¿qué quieres ser de mayor?” Esa pregunta, que es tan simple pero que marca el comienzo de una vida ocupada, parece volverse cada vez más difícil. Por supuesto, uno de los desafíos de quienes llegan al seminario a una edad temprana es el de dejar la familia para vivir en un lugar donde realmente no conoces a nadie, donde hay un estilo de vida disciplinado. Pero el seminario menor es también un lugar de gran fraternidad, es fuente de muchas cosas buenas en la vida de los seminaristas; ya sea que continúen en el seminario mayor o decidan dejar el seminario, la formación que reciben sigue siendo suya.

Para aquellos seminaristas que vienen al seminario más tarde, hay diferentes desafíos que enfrentar. El más grande es el de “no tener más tu libertad”. No es que realmente perdamos nuestra libertad, sino que adoptamos un estilo de vida en el que no somos los únicos en determinar las cosas, como solemos hacer cuando vivimos fuera. Es una forma diferente de vivir, comer, rezar, hacer actividades y comunicarse. Recuerdo que cuando entré al seminario, no tener mi coche y poder ir a donde y cuando quería fue una de las mayores dificultades. Esto es lo que significa “renunciar voluntariamente a la propia libertad”. Pero cuando lo piensas, cada vez que alguien decide ir a la universidad o encontrar un nuevo trabajo, tiene que hacer este tipo de sacrificio. Al final, por supuesto, vale la pena y honestamente se convierte en una segunda naturaleza, una nueva forma normal de vivir. Tanto es así que cuando nuestros alumnos regresan a casa para visitar a sus familias, después de haber estado aquí durante cierto tiempo, están felices de volver al seminario donde realmente hay tiempo para hacer todo.

Finalmente, escucho a menudo que quienes llegan al seminario a una edad avanzada tienen una “verdadera vocación” porque dan más que los que ingresan a una edad temprana. Pero la experiencia no es realmente cierta. Una verdadera vocación no se trata de lo que renuncies, sino de lo que ganas. La idea, como explicamos anteriormente, es encontrar una forma de vida que lleve a la persona a una unión más estrecha con Dios. Esto queda claro en el Evangelio, cuando San Pedro, su discípulo, le pregunta a Jesús: “¿Qué ganamos nosotros que hemos renunciado a todo?”. Jesús es claro en su respuesta: “No hay quien se haya ido de casa ni haya dejado hermanos ni  hermanas ni madre ni padre ni hijos ni campos por mí y por el Evangelio, que no reciba el ciento por uno”

-¿Cómo aborda el seminario la introversión y la extroversión en la formación de nuevos seminaristas? ¿Tiene una persona introvertida que ha recibido su vocación un lugar en la vida religiosa? ¿O el sacerdocio está reservado solo para los extrovertidos?

-Muchos piensan que los introvertidos no pueden convertirse en sacerdotes diocesanos, piensan más clásicamente como monjes, llamados a una vida silenciosa y retraída. Pero eso no siempre es cierto. Es cierto que un sacerdote diocesano es aquel que debe saber relacionarse con las personas para construir relaciones significativas y duraderas, no solo entre él y las personas a las que sirve, sino también entre él, la comunidad y Jesús. Creo que eso es realmente en lo que debemos enfocarnos, más que en cómo podemos atraer a las personas hacia nosotros mismos con nuestro temperamento ingenioso y personalidad extrovertida. Necesitamos pensar en formas de hacer que las personas quieran tener una relación con Dios: conocerlo, seguirlo y amarlo.

De esta manera, entonces, el nivel en el que una persona es introvertida o extrovertida realmente depende de su capacidad para establecer relaciones. Una de las principales cosas que buscamos como formadores es ver cómo una persona es capaz de desarrollar y mantener relaciones con sus compañeros, con las personas que conoce en nuestras parroquias y también con los sacerdotes que lo acompañan. Nos damos cuenta cuando una persona es incapaz de formar esas relaciones, cuando no ha asumido roles de liderazgo, y realmente tratamos de ayudarlo a discernir si ese rasgo de personalidad corresponde al sacerdocio diocesano. Nunca es malo cuando una persona descubre durante la formación que el sacerdocio diocesano no es para él.



Seminario del Patriarcado Latino de Jerusalén de Beit Jalá

-El clericalismo es un problema común que existe hoy en Tierra Santa, ¿cómo abordaría este problema? ¿Qué importancia tiene el papel del seminario en este campo?

-El Papa Francisco ha puesto la cuestión del clericalismo entre los principales temas sobre los que quiere concienciar. La principal tendencia que se encuentra en el clericalismo es la ideología que el sacerdote sabe más y que vive un estilo de vida diferente al de las personas a las que sirve. El Santo Padre recuerda a los sacerdotes que asuman “el olor de las ovejas”, es decir, por ejemplo, que vivan una vida libre de la hipocresía de hacer una promesa de pobreza y, en cambio, vivir como los ricos. Dice: “el hipócrita tiene miedo de la verdad. Es mejor fingir que ser uno mismo. Es como maquillarse el alma, inventarse el comportamiento, inventar el camino a seguir: esa no es la verdad. “No, tengo miedo de seguir como estoy…, intentaré dar una buena impresión adoptando este comportamiento”.

La segunda cosa que puede provocar clericalismo en nuestro contexto es que, en general, existe un gran respeto por las personas “religiosas o de costumbre”. Aquí vivimos en un contexto en el que la mayoría de las personas pertenecen a una religión, que es parte de la cultura, más aún, es necesario que una persona pertenezca a una fe, aunque no crea completamente. En este tipo de sociedad en la que la afiliación religiosa es necesaria para la vida diaria, existe el peligro de que un sacerdote se vuelva “superpoderoso”. El permiso para entrar a Israel también pasa por la Iglesia… Esto significa que si un sacerdote no es consciente de que estas son oportunidades para servir a nuestro pueblo en lugar de oportunidades para controlarlo, podemos abusar de nuestro poder.

Para concienciar sobre este tema del clericalismo y subrayar la importancia de una vida de servicio, este año hemos elegido nuestro lema del Evangelio de Marcos donde Jesús dice a los discípulos: “Dadles vosotros de comer” (ref. Mt 14 : 16) En este diálogo entre Jesús y sus seguidores, los discípulos quieren ahuyentar a la multitud porque no pueden satisfacer su necesidad de comida. Pero Jesús ve a la multitud con corazón de pastor, ve su hambre como su problema y rechaza la iniciativa de los discípulos de despedirlos. Creo que esto es lo que el Santo Padre nos pide que seamos conscientes cuando dice: “el seminario no debe alejar a sus alumnos de la realidad, de los peligros y de los demás”, sino, al contrario, acercarte a Dios ya tus hermanos

-¿Cuál es su máxima prioridad como rector en este momento?

-Mi máxima prioridad son, sin duda, los seminaristas. Pero esto también significa que debes conocer el tipo de formación que les ofrecemos y cómo lo hacemos. Creo que además de trabajar en estrecha colaboración con los seminaristas y sacerdotes, con las hermanas y el personal, nuestra prioridad también es abrir el seminario al entorno circundante y al mismo tiempo abrirnos a los demás.

Además, creo que los antiguos rectores han realizado una gran cantidad de proyectos en los últimos años, y ahora tenemos una lista completa de cosas que todavía tenemos que hacer. Antes de hacer cualquier otra cosa, necesitamos desarrollar un plan de acción de cinco y diez años, que servirá como una hoja de ruta para indicar hacia dónde queremos ir y cómo llegar allí.

También espero incluir otras “voces autorizadas” en el seminario. Quiero que otros sacerdotes, laicos y religiosos tengan voz en lo que quieren ver en el sacerdote del mañana. Necesito la colaboración de profesionales que puedan pensar con nosotros en lo que se necesita para ofrecer una experiencia de formación integral. Confío en que en el próximo año podremos reiniciar el seminario menor, después de su cierre temporal debido al Covid, y que trabajaremos duro por las vocaciones con Abouna Khaled y otros sacerdotes que estén dispuestos a ayudar.

Finalmente, quiero hacer algo con los seminaristas para ayudar a los menos afortunados. También quiero fomentar y nutrir su vida devocional y de oración y ayudarlos a amar los Santos Lugares y agradecer a Dios por haberlos llamado a ser sacerdotes en esta Tierra Santa. Hay mucho trabajo, pero sé que el lema de este año no es solo para los seminaristas, también es para mí, alimentarlos y apoyar su hambre y sed de conocimiento de Dios y amor al prójimo.

Publicado originariamente en la web de la Fundación Tierra Santa