domingo, 23 de febrero de 2020

Santo Evangelio 24 de Febrero 2020



Día litúrgico: Lunes VII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 9,14-29): En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y, al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?». Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido».

Él les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!». Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?». Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!».

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él». Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie. Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración».


«¡Creo, ayuda a mi poca fe!»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy contemplamos —¡una vez más!— al Señor solicitado por la gente («corrieron a saludarle») y, a la vez, Él solícito de la gente, sensible a sus necesidades. En primer lugar, cuando sospecha que alguna cosa pasa, se interesa por el problema.

Interviene uno de los protagonistas, esto es, el padre de un chico que está poseído por un espíritu maligno: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido» (Mc 9,17-18).

¡Es terrible el mal que puede llegar a hacer el Diablo!, una criatura sin caridad. —Señor, ¡hemos de rezar!: «Líbranos del mal». No se entiende cómo puede haber hoy día voces que dicen que no existe el Diablo, u otros que le rinden algún tipo de culto... ¡Es absurdo! Nosotros hemos de sacar una lección de todo ello: ¡no se puede jugar con fuego!

«He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido» (Mc 9,18). Cuando escucha estas palabras, Jesús recibe un disgusto. Se disgusta, sobre todo, por la falta de fe... Y les falta fe porque han de rezar más: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración» (Mc 9,29).

La oración es el diálogo “intimista” con Dios. San Juan Pablo II afirmó que «la oración comporta siempre una especie de escondimiento con Cristo en Dios. Sólo en semejante “escondimiento” actúa el Espíritu Santo». En un ambiente íntimo de escondimiento se practica la asiduidad amistosa con Jesús, a partir de la cual se genera el incremento de confianza en Él, es decir, el aumento de la fe.

Pero esta fe, que mueve montañas y expulsa espíritus malignos («¡Todo es posible para quien cree!») es, sobre todo, un don de Dios. Nuestra oración, en todo caso, nos pone en disposición para recibir el don. Pero este don hemos de suplicarlo: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» (Mc 9,24). ¡La respuesta de Cristo no se hará “rogar”!

Se fue de casa a los 17 años con un surfista ateo a hacer vida hippy... pero Dios la buscó

Michelle Kerr, surfista entusiasta de Dios, la Iglesia, las olas y la naturaleza

Se fue de casa a los 17 años con un surfista ateo a hacer vida hippy... pero Dios la buscó

Michelle Kerr, surfista entusiasta de Dios, la Iglesia, las olas y la naturaleza

Michelle Kerr, de Glasgow, es una joven deportista y viajera entusiasta. Lo suyo es deslizarse: en tabla de surf, en monopatín, en snowboard, con o sin vela, con o sin remos...

Ha viajado por medio mundo buscando las mejores olas, desde el Mar del Norte a la Polinesia francesa pasando por Indonesia o Biarritz. Pero quizá su viaje más arriesgado ha sido el de su fe. Hoy tiene claro que es posible amar el deporte, la naturaleza y a Dios, y así lo explica a otros jóvenes. Pero hubo un tiempo en que le pareció que Dios la limitaba y lo dejó de lado.

Una familia católica pero alejada de la fe

"Mi padre era protestante, pero se hizo católico para casarse con mi madre. Íbamos a misa juntos, en familia, hasta mi adolescencia. Fui a una escuela católica, hice la Primera Comunión y la Confirmación. Cuando yo tenía 16 años mi madre se enfadó con un vecino, y como no quería cumplir eso de 'así como nosotros perdonamos' dejó de ir a misa, y con ella, el resto de la familia", explica Michelle a ReligionEnLibertad.

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Michelle, con peregrinos de Glasgow ante la Sagrada Familia, camino del LifeTeen 2020

"Yo a los 16 decidí que para divertirme tenía que dejar la fe, que la fe me molestaba, aunque fuera por elegir si ir el domingo a misa o a playa", añade.

Fuera de casa a los 17, surf, fiesta y fumar hierba

Entusiasta del surf y de otros deportes, Michelle empezó a salir a esa edad con un surfista inglés. Y a los 17 años dejó sus estudios en Glasgow y se fue a vivir con su novio a Inglaterra.

"Mi madre quedó con el corazón roto", lamenta hoy. En Inglaterra trabajaba de camarera y con el dinero que conseguían ambos se iban juntos largas temporadas a buscar "la mejor ola", a Indonesia, a Bali, o a hacer snowboard en los Alpes franceses.

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Michelle en Bali en 2014, viviendo al estilo hippy

"Era un estilo de vida y un ambiente muy hippy, y eso incluía mucha fiesta, beber mucho, fumar hierba, rock & roll, etc... En realidad, en esa época nunca dejé de creer en Dios, pero lo encerré en un paréntesis. Creía en Él, pero no le hablaba. Además, mi novio era ateo, creía que la religión era algo tonto, y me ridiculizaba y hacía sentir mal cuando yo decía alguna cosa sobre Dios o la fe", recuerda Michelle.

Al cabo de un tiempo, Michelle rompió con ese novio y volvió a Glasgow, a estudiar en la universidad. La hostilidad de él a su (escasa) religiosidad fue uno de los factores para romper. "Yo sentía que estaba llamada a algo más que a esa vida hippy, empezaba a pensar en explorar la fe, y no me gustaba que él lo criticara", dice.

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Michelle en su época en la Polinesia Francesa

¡Un hostal de surfistas cristianos!

"En mi segundo año de universidad fui a Francia y empecé a trabajar en un lugar peculiar: un hostal para jóvenes surfistas cristianos. Yo hacía tareas de recepción, de limpieza... y conocí a las chicas de allí, surferas, que cada semana se reunían y hablaban de la Biblia. Había franceses y también anglohablantes que estudiaban francés. Era un ministerio evangelizador protestante, no denominacional, de estilo pentecostal. Por primera vez veía gente 'normal', que disfrutaba del surf y la playa, pero con fe y amor a Dios. Entendí que yo podía ser cristiana y surfista a la vez. Íbamos a la Church Surf con un pastor surfero. Eran de estilo carismático en música, alabanza. No había visto nada así antes".

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También le gustan los deportes de invierno

Un día sus padres le visitaron. Su madre le hizo notar que aquello era una iglesia protestante, pero a ella no le importaba. "Yo pensaba entonces que la Iglesia Católica era aburrida. No sabía nada de la Presencia Real de Cristo en la Eucaristía, no sabía de las diferencias doctrinales. Yo era muy inocente y me creía toda la versión protestante de sus enseñanzas. Tampoco entendía nada de María. Mi madre me pidió al menos rezar por nuestra familia, porque la relación entre mis padres iba mal".

Michelle supo algún tiempo después que tras esta visita su madre fue a Lourdes y allí rezó a Dios diciendo: "Señor, toma mi vida si quieres, sólo quiero que mi familia se sane, que esté bien, unida". Después, dice Michelle, "ella sintió una gran paz y supo que todo iría bien. Y mis padres ya no quisieron divorciarse y volvieron a estar felices juntos".

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La vida es un camino y a veces hay que hacer equilibrios

Buscando iglesia

De vuelta a Escocia, Michelle dijo a su madre que necesitaba una iglesia protestante, que no quería ir a nada católico. "A mi madre no le gustó, pero no quiso presionarme mucho. Fui probando en varias iglesias evangélicas, con ministerios juveniles. Pero eran demasiado 'megachurch', insistían mucho en la teología de la prosperidad, y eso a mí me incomodaba. Por otra parte, yo le hacía a mi madre preguntas sobre el Purgatorio, la Virgen, los temas que los protestantes critican".

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Michelle pone una vela en el Santo Sepulcro, en Jerusalén

La madre de Michelle no se rindió y empezó a buscar materiales para explicarle la fe. "Ella y yo nos sentábamos a leer libros de religión, y escuchar CDs de Scott Hahn. Entendí la argumentación católica y decidí probar en la Iglesia Católica. Y al decidirlo, sentí una gran paz".

Se animó a confesarse por primera vez desde que era niña. "Llevaba preparada una lista muy larga de pecados, después de hacer un examen de conciencia con un folleto. Era una confesión cara a cara con el cura, y yo lloraba. Mi madre me acompañó, ella también se tenía que confesar. Y después de confesarme pude comulgar por primera vez tras tantos años. Sentí la presencia abrumadora de Dios y entendí que era Jesús completo que me salvaba con su amor y piedad".

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Michelle en una peregrinación de escoceses a Lourdes

Buscando comunidad de fe

Como parte de sus estudio universitarios hizo un viaje a la Polinesia Francesa donde se sacó un novio del lugar. "Estuve 10 meses saliendo con él, pero fui viendo que es una cultura distinta. Por ejemplo, no entendían mucho el sacramento del matrimonio. Ni el respeto a la esposa. Y había excesos con el alcohol. Rompimos la relación, aunque había estado a punto de casarme con ese chico".

Desconcertada y confusa, se puso a rezar el Rosario. No lo hacía desde los 11 años y sólo recordaba que cada diez avemarías se rezaba un Padrenuestro. "María, esto es muy duro, se ha roto una relación con alguien a quien amaba", rezó. Al terminar el Rosario me di cuenta de que sentía a la Virgen como una Madre, y que estaba ya en paz completa.
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A la derecha, con Students for Life (estudiantes provida)

De vuelta a Escocia, le apenaba ver que no tenía amigos jóvenes católicos. Se puso a rezar en serio durante dos meses pidiéndole a Dios amigos que compartieran su fe y su edad. Dos meses después, en enero de 2018, en unas charlas de Gonzaga Project, "encontré por primera vez católicos jóvenes con fe". "Fui voluntaria en varias parroquias y encontré luego un trabajo en la oficina de la diócesis de Glasgow para los jóvenes". Ahora comparte con otros jóvenes su entusiasmo por la fe, compatible con el deporte y la naturaleza.

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En Montserrat, durante el Encuentro Europeo de LifeTeen 2020

En el Encuentro Europeo de Lifeteen 2020 en Montserrat explicó a ReL que las montañas le gustan tanto como las olas. "Mi santo preferido es el escalador joven Pier Giorgio Frassati. Mira, llevo su lema en el móvil".



Fuente: Religion en Libertad

sábado, 22 de febrero de 2020

Santo Evangelio 23 de Febrero 2020



Día litúrgico: Domingo VII (A) del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 5, 38-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

»Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»

Rev. P. José PLAZA Monárdez
(Calama, Chile)

Hoy, la Palabra de Dios, nos enseña que la fuente original y la medida de la santidad están en Dios: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48). Él nos inspira, y hacia Él caminamos. El sendero se recorre bajo la nueva ley, la del Amor. El amor es el seguro conductor de nuestros ideales, expresados tan certeramente en este quinto capítulo del Evangelio de san Mateo.

La antigua ley del Talión del libro del Éxodo (cf. Ex 21,23-35) —que quiso ser una ley que evitara las venganzas despiadadas y restringir al “ojo por ojo”, el desagravio bélico— es definitivamente superada por la Ley del amor. En estos versículos se entrega toda una Carta Magna de la moral creyente: el amor a Dios y al prójimo.

El Papa Benedicto XVI nos dice: «Solo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama». Jesús nos presenta la ley de una justicia sobreabundante, pues el mal no se vence haciendo más daño, sino expulsándolo de la vida, cortando así su eficacia contra nosotros.

Para vencer —nos dice Jesús— se ha de tener un gran dominio interior y la suficiente claridad de saber por cuál ley nos regimos: la del amor incondicional, gratuito y magnánimo. El amor lo llevó a la Cruz, pues el odio se vence con amor. Éste es el camino de la victoria, sin violencia, con humildad y amor gozoso, pues Dios es el Amor hecho acción. Y si nuestros actos proceden de este mismo amor que no defrauda, el Padre nos reconocerá como sus hijos. Éste es el camino perfecto, el del amor sobreabundante que nos pone en la corriente del Reino, cuya más fiel expresión es la sublime manifestación del desbordante amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por el don del Espíritu Santo (cf. Rom 5,5).

El Papa aprueba un milagro de Carlo Acutis, el ciberapóstol de 15 años

Carlo Acutis murió con 15 años, de leucemia, entusiasta de la informática y de la Eucaristía

Se trataría de la curación milagrosa de un niño en Brasil

El Papa aprueba un milagro de Carlo Acutis, el ciberapóstol de 15 años: será proclamado beato
Carlo Acutis murió con 15 años, de leucemia, entusiasta de la informática y de la Eucaristía

El Papa Francisco recibió el viernes 21 de febrero a Angelo Becciu, prefecto para la Causa de los Santos, y aprobó distintos decretos, entre ellos la declaración de que la curación inexplicable de un niño en Brasil fue causada por la intercesión desde el Cielo de Carlo Acutis, un joven italiano entusiasta de Internet y de la Eucaristía que murió de leucemia con 15 años, en 2006. Este milagro -del que por ahora no han trascendido más datos- permitirá beatificar pronto al joven italiano, que será un santo nacido y fallecido en el siglo XXI y modelo para muchos jóvenes de hoy.

Un joven enamorado de la Eucaristía

Carlo Acutis nació el 3 de mayo de 1991 en Londres (Inglaterra), donde vivía su familia por motivos laborales. Años más tarde se trasladaron a Milán (Italia). Hizo su Primera Comunión a los siete años: ya desde esa edad mostró un constante amor profundo por la Eucaristía. Declararía que para él era su “autopista hacia el cielo”.

Iba a Misa y rezaba el Rosario todos los días, impulsado por su devoción a la Virgen María, a quien consideraba su confidente. También daba clases de catecismo a los niños y ayudaba a los más necesitados.

Su madre, Antonia Acutis, declaró en varias ocasiones que “era un muchacho experto con las computadoras, leía textos de ingeniería informática y dejaba a todos estupefactos, pero este don lo ponía al servicio del voluntariado y lo utilizaba para ayudar a sus amigos. Su gran generosidad lo hacía interesarse en todos: los extranjeros, los discapacitados, los niños, los mendigos. Estar cerca de Carlo era estar cerca de una fuente de agua fresca”.

Respecto a su fe, la madre decía: “Mi hijo, siendo pequeño, y sobre todo después de su Primera Comunión, nunca faltó a la cita cotidiana con la Santa Misa y el Rosario, seguidos de un momento de Adoración Eucarística”.


Su intensa vida espiritual lo llevó a crear lo que algunos llamaron el “kit para hacerse santo”, integrado por 6 actividades:

- la Misa,
- la Comunión,
- el Rosario,
- la lectura diaria de la Biblia,
- la confesión
- y el servicio a los demás.

Acutis también desarrolló un especial talento por la informática y fue considerado un genio por los adultos que lo conocían.

Creó exposiciones virtuales (en Internet) sobre temas de fe como la de los milagros eucarísticos en todo el mundo. La hizo cuando tenía 14 años. Esa exposición se ha difundido mucho y se ha usado con profusión para difundir el interés por los milagros eucarísticos. Todavía hoy se puede consultar a través de internet en la web La exposición de los milagros eucarísticos.

Cuando descubrió que tenía leucemia, Acutis ofreció sus sufrimientos por el Papa y la Iglesia Católica. Se mostraba animoso ante el dolor, incluso intentaba minimizarlo aunque los médicos los calificaban de atroces. “¡Hay gente que sufre mucho más que yo!”, decía él.  

Murió el 12 de octubre de 2006 en la fiesta de la Virgen del Pilar, con solo 15 años de edad.



Los restos mortales del venerable Carlo Acutis, conocido por muchos ya como "el Ciberapóstol de la Eucaristía", reposan desde abril de 2019 en el Santuario della Spogliazione (Despojo), el lugar donde San Francisco de Asís lo dejó todo para seguir al Señor. Antes de morir el joven expresó su deseo de ser sepultado allí, porque se sentía muy ligado a la espiritualidad franciscana.

Ante algunos rumores sobre el hecho de que el cuerpo de Carlo Acutis estaría incorrupto, el postulador dijo en enero de 2019 que “es prematuro cualquier juicio, ya que están en curso oportunas verificaciones de parte del personal médico”.

El 5 de julio de 2018 el Papa Francisco firmó el decreto que reconoce las virtudes heroicas del adolescente, constatando oficialmente que vivió de manera heroica o sobresaliente las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 21 de febrero de 2020

Santo Evangelio 22 de febrero 2020



Día litúrgico: 22 de Febrero: La Cátedra de san Pedro, apóstol


Texto del Evangelio (Mt 16,13-19): En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?». Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles Él: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo».

Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».

«Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos la Cátedra de san Pedro. Desde el siglo IV, con esta celebración se quiere destacar el hecho de que —como un don de Jesucristo para nosotros— el edificio de su Iglesia se apoya sobre el Príncipe de los Apóstoles, quien goza de una ayuda divina peculiar para realizar esa misión. Así lo manifestó el Señor en Cesarea de Filipo: «Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia» (Mt 16,18). En efecto, «es escogido sólo Pedro para ser antepuesto a la vocación de todas las naciones, a todos los Apóstoles y a todos los padres de la Iglesia» (San León Magno).

Desde su inicio, la Iglesia se ha beneficiado del ministerio petrino de manera que san Pedro y sus sucesores han presidido la caridad, han sido fuente de unidad y, muy especialmente, han tenido la misión de confirmar en la verdad a sus hermanos.

Jesús, una vez resucitado, confirmó esta misión a Simón Pedro. Él, que profundamente arrepentido ya había llorado su triple negación ante Jesús, ahora hace una triple manifestación de amor: «Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te amo» (Jn 21,17). Entonces, el Apóstol vio con consuelo cómo Jesucristo no se desdijo de él y, por tres veces, lo confirmó en el ministerio que antes le había sido anunciado: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,16.17).

Esta potestad no es por mérito propio, como tampoco lo fue la declaración de fe de Simón en Cesarea: «No te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos» (Mt 16,17). Sí, se trata de una autoridad con potestad suprema recibida para servir. Es por esto que el Romano Pontífice, cuando firma sus escritos, lo hace con el siguiente título honorífico: Servus servorum Dei.

Se trata, por tanto, de un poder para servir la causa de la unidad fundamentada sobre la verdad. Hagamos el propósito de rezar por el Sucesor de Pedro, de prestar atento obsequio a sus palabras y de agradecer a Dios este gran regalo.

Una pareja católica de EEUU se casa en Santiago tras recorrer el Camino hasta la tumba del Apóstol

Jason y Karla habían realizado el Camino de Santiago por separado en el pasado. Y vieron que debían casarse tras hacerlo juntos / Arlington Catholic Herald

Una pareja católica de EEUU se casa en Santiago tras recorrer el Camino hasta la tumba del Apóstol

Jason y Karla habían realizado el Camino de Santiago por separado en el pasado. Y vieron que debían casarse tras hacerlo juntos / Arlington Catholic Herald

La vida es una peregrinación al cielo. Y así lo han querido vivir y experimentar un nuevo matrimonio, Karla y Jason de los Reyes. Provenientes de Estados Unidos, ambos habían realizado el Camino de Santiago en solitario en el pasado y les había ayudado mucho en su vida de fe. Así fue como decidieron que esta peregrinación hacia la tumba del apóstol fuera la transición entre su noviazgo y su matrimonio cristiano. Hicieron juntos el Camino y una vez en Santiago se casaron en el Pazo de San Lorenzo.

Tal y como relatan al Arlington Catholic Herald, la pareja, feligreses de la Catedral de San Mateo en Washington, Karla realizó el Camino en 2015 y Jason en 2018. Y pensando sobre dónde casarse vieron que debería estar relacionada con esta peregrinación que durante siglos ha atraído a millones de personas a la tumba del apóstol Santiago.

Un Camino antes de la boda

"Nos referimos a nuestra planificación de la boda como un camino", dijo Karla, una maestra de jardín de infantes en la Escuela Basílica de Santa María en Alejandría, en la Diócesis de Arlington.

Finalmente, se casaron el 12 de diciembre, la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, en un antiguo monasterio, el Pazo de San Lorenzo en Santiago. "Recibimos mucho apoyo de nuestras familias", dijo Jason. "Preparamos todo para la boda y lo dejamos con sus padres para que lo trajeran a España". 

Una vez en Sarria, la pareja caminó los más de 100 kilómetros que la separan de Santiago. "Hubo momentos de felicidad cuando pudimos ver salir el sol, o cuando vimos pájaros volando uno al lado del otro, decíamos, 'son como nosotros'", dijo Karla.


El viaje también incluyó cosas que no salieron de acuerdo al plan. El segundo día, solo comieron una vez porque todos los bares donde esperaban descansar estaban cerrados por ser temporada baja. Todo fue parte de la experiencia.

"El plan de Dios para nosotros"

"En condiciones menos que ideales, pudimos aprovecharlo al máximo", dijo Jason. "Aprendí que es muy paciente", agregó Karla. “Aprendí que podíamos confiar mucho el uno en el otro y en Dios. Aprendí que podíamos ser felices en nuestra propia miseria".

"Creo que lo que sea que tengas en tu relación será amplificado por el Camino", agregó Jason. “Si hay algo que te molesta de tu pareja, eso saldrá a la luz. Pero si tienes una base sólida, eso se amplificará”.

La pareja dijo que se alejaron de la experiencia con mucho más que sellos en sus pasaportes y certificados de finalización de Camino. "Creo que si podemos hacer el Camino juntos, podemos superar la vida juntos", dijo Jason. "Simplemente sentí que este era el plan de Dios para nosotros".

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 20 de febrero de 2020

Santo Evangelio 21 de febrero 2020



Día litúrgico: Viernes VI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 8,34-9,1): En aquel tiempo, Jesús llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles». Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios».


«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame»

+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol
(Igualada, Barcelona, España)

Hoy el Evangelio nos habla de dos temas complementarios: nuestra cruz de cada día y su fruto, es decir, la Vida en mayúscula, sobrenatural y eterna.

Nos ponemos de pie para escuchar el Santo Evangelio, como signo de querer seguir sus enseñanzas. Jesús nos dice que nos neguemos a nosotros mismos, expresión clara de no seguir "el gusto de los caprichos" —como menciona el salmo— o de apartar «las riquezas engañosas», como dice san Pablo. Tomar la propia cruz es aceptar las pequeñas mortificaciones que cada día encontramos por el camino.

Nos puede ayudar a ello la frase que Jesús dijo en el sermón sacerdotal en el Cenáculo: «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto» (Jn 15,1-2). ¡Un labrador ilusionado mimando el racimo para que alcance mucho grado! ¡Sí, queremos seguir al Señor! Sí, somos conscientes de que el Padre nos puede ayudar para dar fruto abundante en nuestra vida terrenal y después gozar en la vida eterna.

San Ignacio guiaba a san Francisco Javier con las palabras del texto de hoy: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?» (Mc 8,36). Así llegó a ser el patrón de las Misiones. Con la misma tónica, leemos el último canon del Código de Derecho Canónico (n. 1752): «(...) teniendo en cuenta la salvación de las almas, que ha de ser siempre la ley suprema de la Iglesia». San Agustín tiene la famosa lección: «Animam salvasti tuam predestinasti», que el adagio popular ha traducido así: «Quien la salvación de un alma procura, ya tiene la suya segura». La invitación es evidente.

María, la Madre de la Divina Gracia, nos da la mano para avanzar en este camino.