viernes, 24 de enero de 2020

Era político, protestante, poco interesado en Dios... y hoy es diácono católico

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Una experiencia en un santuario hispano de Nuevo México... y la cercanía del cáncer

Era político, protestante, poco interesado en Dios... y hoy es diácono católico

Michael Hawker fue diputado del Estado de Alaska y protestante poco religioso... pero su vida cambió en 2010

Si hace diez años hubieran dicho a Michael Hawker, entonces político y protestante, que sería diácono católico y se volcaría en acompañar enfermos de cáncer y en fomentar la belleza litúrgica no se lo habría creído.

Hacia 2010, Michael Hawker era una persona poco interesada en la religión. Él venía de una familia presbiteriana y siempre creyó en Dios, pero sin apasionamientos. Su esposa Carol sí era una cristiana luterana devota.

Michael era de Petersburg (Iowa), pero empezó a trabajar en Alaska en temas empresariales del sector petrolero. Más adelante fue político (diputado) en este Estado, de 2002 a 2016.


Michael Hawker en su época de diputado del Estado de Alaska

La enfermedad golpea en la vida

Las cosas cambiaron en 2010, cuando le diagnosticaron un cáncer de próstata neuroendocrino, una versión de la enfermedad que rápidamente se extiende y puede matar en semanas o meses. Durante los ciclos agotadores de quimioterapia, Michael empezó a pensar en Dios en serio.

"Estaba tan mareado que cerraba los ojos y no podía dormir; oía a Dios discutir mi destino", ha explicado en The Witness, la revista de la diócesis de Dubuque en Iowa.

Los tratamientos no daban fruto y Hawker estaba a punto de rendirse, pero su esposa Carol insistió en animar a los médicos a buscar "una última oportunidad". Exploraron posibilidades experimentales. Encontraron un inmunólogo especializado en urología que propuso usar bloqueadores hormonales para frenar el crecimiento del cáncer.

Primera oración real de entrega a Dios

El 7 de diciembre de 2010 Hawker rezó a Dios, el día antes de recibir los resultados. "Fue la noche que por primera vez me entregué a las manos de Dios. Cuando recibí los resultados, el doctor dijo: 'tienes tu milagro de Navidad'".

El cáncer se frenó, y después una cirugía eficaz reparó su vejiga (dos intentos previos fracasaron). Desde entonces ha habido un par de rebrotes más que ha ido tratando. Hawker entiende que vivimos tiempo prestado.

En esa época en que Dios y la fe se hicieron algo cercano e importante, incluso urgente, Hawker se declaró buscador espiritual. Quería saber más. Y le interesaba el catolicismo. Recuerda perfectamente cuándo 'optó' por la fe católica.

En una iglesia hispana de adobe: el Santuario de Chimayó

Él hoy dedica dinero y esfuerzo a fomentar la belleza en las iglesias, y le gusta especialmente el estilo neogótico. Pero su conversión católica sucedió en una humilde iglesita de abobe en Nuevo México, en una población fundada por españoles hacia 1740: el Santuario de Chimayó.

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El santuario de Chimayó en Nuevo México surgió a partir de un crucifijo hallado milagrosamente hacia 1810; en Viernes Santo recibe multitud de peregrinos

Chimayó tiene unos 3.000 habitantes y está en la antigua ruta que une los pueblos españoles de Nuevo México, entre Taos y Santa Fe, en las montañas Sangre de Cristo. Y su santuario cada año recibe cientos de miles de visitantes que buscan la "arena curativa" de El Pocito, especialmente en Viernes Santo. En este pozo de arena apareció hacia 1810 un crucifijo. Lo encontró un fraile que había visto una luz allí y fue a cavar al lugar. Lo llevó a Santa Cruz, pero tres veces desapareció de donde lo colocaron y volvió milagrosamente a su agujero. Así construyeron allí en Chimayó una capilla para el crucifijo, después una misión de adobe más grande en 1816. Hubo muchas curaciones asombrosas y se fue extendiendo su fama. El crucifijo está hoy junto al altar de la capilla.

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Y allí se sentó Hawker. En esa capilla, dice, sintió con fuerza la Presencia de Jesús. "Entré allí como buscador... y en cuanto me levanté del banco era católico", dice.

La hermosura de los templos católicos

Por sus tratamientos visitaba Petersburg, en Iowa, a menudo. Allí se enamoró de la iglesia católica de San Pedro y San Pablo, y del altar impresionante del artista Egid Hackner. Con el tiempo Hawker y su esposa dedicarían mucho dinero a ayudar en las reparaciones del hermoso templo.

"Cuando entré en San Pedro y san Pablo sentí que estaba en casa. Pude sentir el Espíritu Santo", declara. Por sus experiencias, sabe lo importante que es mantener los lugares sagrados como algo especial, sacro, de reverencia y misterio.

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Iglesia de San Pedro y San Pablo en Petersburg, Iowa: "allí sentí el Espíritu Santo"

Michael Hawker y su esposa Carol se hicieron católicos y él fue ordenado diácono permanente en la dióceasis de Anchorage (Alaska) en mayo de 2018. La prensa local recogió que a la ordenación fue mucha gente pero pocos políticos, excepto un par de ex-diputados.

Hawker hoy pide conservar la belleza de los elementos tradicionales de los templos católicos. "Una de las grandes tragedias de los espacios sagrados en Estados Unidos es la destrucción de muchos altares, púlpitos, reclinatorios y confesionarios magníficos y hermosos, algo que ocurrió en el fervor iconoclástico por la 'simplicidad' que siguió al Vaticano II", lamenta hoy.

También le gusta la misa "ad orientem". Le entristece que "mucho del rico simbolismo que manifiesta se ha extinguido en las rúbricas contemporáneas".

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La espiritualidad del buen morir

El diácono Hawker y su esposa trabajan hoy pastoralmente con enfermos de cáncer, buscando dar luz y esperanza en el tiempo de vida que se nos concede. Por su trabajo con enfermos, y por sus propias experiencias de dolor y hospital, al diácono le gusta reflexionar sobre "el arte de morir".

"La muerte es simplemente parte de tu territorio cuando tienes un cáncer terminal y ya has vivido más de lo que puede explicar la ciencia médica convencional. Gracias, Señor. Nuestra sociedad se ha distanciado y ha escondida la muerte de las compañías 'educadas'. Un hospicio [para enfermos terminales] es bueno, pero es un almacén antiséptico de muerte estructurada. Podemos hacerlo mejor con los moribundos. Restauremos la espiritualidad a la entrega del espíritu".

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 23 de enero de 2020

Santo Evangelio 23 de Enero 2020



Día litúrgico: Jueves II del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,7-12): En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.


«Le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón»

Rev. D. Melcior QUEROL i Solà
(Ribes de Freser, Girona, España)

Hoy, todavía reciente el bautismo de Juan en las aguas del río Jordán, deberíamos recordar el talante de conversión de nuestro propio bautismo. Todos fuimos bautizados en un solo Señor, una sola fe, «en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo» (1Cor 12,13). He aquí el ideal de unidad: formar un solo cuerpo, ser en Cristo una sola cosa, para que el mundo crea.

En el Evangelio de hoy vemos cómo «una gran muchedumbre de Galilea» y también otra mucha gente procedente de otros lugares (cf. Mc 3,7-8) se acercan al Señor. Y Él acoge y procura el bien para todos, sin excepción. Esto lo hemos de tener muy presente durante el octavario de oración para la unidad de los cristianos.

Démonos cuenta de cómo, a lo largo de los siglos, los cristianos nos hemos dividido en católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, y un largo etcétera de confesiones cristianas. Pecado histórico contra una de las notas esenciales de la Iglesia: la unidad.

Pero aterricemos en nuestra realidad eclesial de hoy. La de nuestro obispado, la de nuestra parroquia. La de nuestro grupo cristiano. ¿Somos realmente una sola cosa? ¿Realmente nuestra relación de unidad es motivo de conversión para los alejados de la Iglesia? «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21), ruega Jesús al Padre. Éste es el reto. Que los paganos vean cómo se relaciona un grupo de creyentes, que congregados por el Espíritu Santo en la Iglesia de Cristo tienen un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32-34).

Recordemos que, como fruto de la Eucaristía —a la vez que la unión de cada uno con Jesús— se ha de manifestar la unidad de la Asamblea, ya que nos alimentamos del mismo Pan para ser un solo cuerpo. Por tanto, lo que los sacramentos significan, y la gracia que contienen, exigen de nosotros gestos de comunión hacia los otros. Nuestra conversión es a la unidad trinitaria (lo cual es un don que viene de lo alto) y nuestra tarea santificadora no puede obviar los gestos de comunión, de comprensión, de acogida y de perdón hacia los demás.

Los hijos tienen que seguir su camino, pero si les educamos con amor, volverán


Los hijos tienen que seguir su camino, pero si les educamos con amor, volverán«Mi hijo se ha alejado de Dios», 11 cosas que un padre debe entender y, sobre todo, ¡paciencia!

Cuando te enteras que tu esposa está embarazada, o cuando te enteras que te darán un niño en adopción, te cambia la vida para siempre. ¡Tú y tu cónyuge van a ser padres! ¡Y de pronto te vuelves loco de amor! Escribe Andrés D’Angelo en Catholic-Link. Te prometes que vas a hacer por esa pequeña personita que Dios puso en tu camino, todos los sacrificios posibles, todos los esfuerzos imaginables y que siempre vas a ser un padre o una madre presente, paciente, amoroso y genial. Pero… 


1. Luego los niños comienzan a crecer

Y te das cuenta de que… las cosas no son tan sencillas. Los niños tienen una extraordinaria capacidad de trabajar la paciencia de la gente mayor casi desde el primer día. Por eso, Dios en su infinita sabiduría puso un papá y una mamá, para que tomen turnos cuidando al pequeñajo.

 Las mamás lo hacen instintivamente, y los papás… no tanto, pero ¡podemos aprender! Cuando logramos hacer un gran equipo, los niños se desarrollan plenos y felices.

2. Y entonces llega la temida adolescencia

No podemos creer que ese pequeño, que era el sol de nuestras vidas, que tantas alegrías nos dio, de pronto se convierta en un ser huraño, protestón, aburrido, peleón y muchas veces tan tonto, que parece que no hay instrumentos para medirlo.

 Nos busca, y generalmente nos encuentra, y esos encontronazos no son siempre lindos. La relación se desgasta, nos peleamos, nos amargamos y pensamos: “qué lindo será todo después de la adolescencia, cuando mi hijo o mi hija se comporten como adultos serios y responsables”. Pero entonces… ¡Tampoco sucede!

 Nos preguntamos: ¿Por qué esta serie de desencuentros entre el hijo ideal que siempre nos imaginamos y la realidad tan dura?


3. ¡Nuestros hijos son libres!

Así es, ¡Porque nuestros hijos son seres libres! Dios no solo los creó libres: ¡los quiere libres! ¿Y por qué Dios querría ese disparate? ¿Por qué no los hizo obedientes, buenos, sencillos, manejables y dulces como siempre los imaginamos?

 Porque Dios quiere hijos, y no esclavos. El amor es una decisión libre, y por eso, la libertad es tan importante para Dios. El problema es que nuestros hijos los “tenemos” nosotros, y su libertad muchas veces choca con nuestra idealización del hijo. Contra nuestras normas de convivencia, y a veces ¡contra el mismo Dios!

 ¿Cómo puede ser que ese chiquitín o esa chiquitina que participó en su primera comunión con tanto fervor, de pronto no quiera ir más a Misa? Muchas veces esa revisión de “qué pasó”, puede desembocar en una acusación implícita o explícita a nosotros mismos, a nuestra misión como padres.

 ¿Qué hice, o qué hicimos mal para que este pequeño que era tan dócil de pronto se convierta en un rebelde sin causa, que se revuelva contra la autoridad de papá y mamá y quiera “hacer su vida” o que “lo dejemos tranquilo”?


4. ¡No pasó nada, ni hicimos nada mal!

Nuestros hijos están “haciendo” su camino, y para ello deberán dejarnos, por más que muchas veces les duela a ellos y nos duela más a nosotros. Ellos necesitan resolver sus problemas por sí mismos, porque es una herramienta que necesitan para enfrentar la vida por sus propios medios.

 Saben instintivamente que no vamos a estar durante toda su vida, y necesitan enfrentar los problemas que generan sus propias conductas en libertad. Podemos pensar en ellos como en pequeñas plantas que hemos mantenido en un invernadero, y que debemos sacar a las condiciones naturales para que se templen, y desarrollen su propias raíces y follajes.

 El invernadero estuvo muy bien mientras fueron frágiles, ahora es tiempo de que prueben (y especialmente que se prueben a sí mismos) en “condiciones reales”. De ese modo, cuando vengan las tormentas de la vida, ya tendrán herramientas para enfrentarlas, porque dejamos que desplieguen sus alas y vuelen.

 5. ¿Cómo comportarnos ante ese hijo desafiante?

Pero mientras tanto, mientras todavía chocamos, mientras nos desesperan con sus actitudes y desafíos, tendremos que saber cómo comportarnos. Qué cosas les ayudan en esta exploración, qué cosas podemos hacer para otorgarles confianza, tal vez para hacer más corto este “recorrido divergente” y este crecimiento, y en última instancia, para no perder la paciencia y perjudicarnos mutuamente en esta etapa de su desarrollo.

 Para ello me gusta mucho fijarme en la parábola del Hijo Pródigo (o como le gusta llamarla al papa Francisco, la parábola del “Padre Misericordioso”). Viendo la actitud del padre, podremos ver algunas pistas para saber qué hacer en estas circunstancias.

6. Tus hijos te van a “pedir la herencia”

Como vimos, tarde o temprano, tus hijos van a pedirte “que no te metas más en sus vidas”, que te hagas a un lado y te apartes, que ellos necesitan “que los dejes en paz”. Te lo garantizo, la primera vez que te pase se te va a partir el corazón en pedazos.

 No es fácil, no es lindo y es casi seguro que va a suceder, más temprano que tarde. La tendencia natural sería de decirles “mientras dependas de nosotros, cumplirás nuestras reglas”. Pero el Padre Misericordioso no hace eso. Al contrario, accede al pedido de su hijo y lo deja ir con “su parte de la herencia” y probablemente con los pedazos de su corazón destrozado.

 Como te dije en la introducción: ellos necesitan abrirse camino por sus propios medios, necesitan equivocarse y golpearse para poder crecer. Puedes ofrecerle a Dios esos pedazos de tu corazón, para que esa “ruptura” sea fructífera y no tan dolorosa.


7. Tus hijos se van a ir a tierras extrañas

Cuando se vayan de casa, cuando se vayan a estudiar lejos, o cuando comiencen su vida, habrá tiempos en los que no querrán hablar con ustedes, y sentirás que el corazón se te cae de nuevo a pedazos. ¿Cómo puede ser que no nos quieran llamar, que no quieran pasar su cumpleaños con nosotros, que quieran alejarse voluntariamente de la casa que los vio crecer?

 Precisamente, porque necesitan ampliar sus horizontes. Conocer gente nueva, experimentar otras formas de ver el mundo, hablar de otros temas, crecer y conocer nuevas experiencias, tal vez algunas que nosotros no nos animamos a su edad… Y también harán algunas cosas que van en contra de nuestras convicciones y creencias.

 Van a buscarse en tierras extrañas, con la ilusión de descubrirse y encontrarse, pero también… con el riesgo de perderse. ¿Qué hace el Padre Misericordioso?, ¿va a buscarlo?, ¿va a pedirle que vuelva y que no haga lo que está haciendo? ¡No! El padre se mantiene a una respetuosa distancia.

 Respeta la decisión de su hijo, a pesar de que probablemente haya tenido el corazón hecho trizas. Se mantiene apartado, deja que su hijo busque lo que quiera buscar, incluso con riesgo de que se pierda.


8. Puede ser que se equivoquen. Y mucho. Y muy feo

El Hijo Pródigo malgasta su herencia en una vida libertina. Nuestros hijos pueden ser, que en esa búsqueda de sí mismos, en esa exploración, se equivoquen. Y esas equivocaciones hasta pueden tener consecuencias graves. La herencia del padre se perdió… aparentemente.

 El hijo, a raíz de sus decisiones equivocadas termina alimentando a cerdos, y deseando comer las bellotas que comen estos animales. Muchas veces, como consecuencia de sus decisiones erróneas, nuestros hijos la van a pasar realmente mal. Nuestra tentación como padres puede ir en dos direcciones, y (en mi opinión) ambas son decisiones equivocadas.

 En una primera dirección, podremos resolverles el problema, diciendo: “mi hijo no va a comer bellotas de los cerdos”, e intervenir con nuestro dinero, recursos o “poder”, para que nuestro hijo “no sufra”. La otra decisión equivocada sería enfrentarlo y recriminarle por sus errores. “Te lo advertí”, “Te lo mereces”. La actitud correcta es la del padre. Y ya veremos cuál es.

9. Puede ser que pierdan la fe

En el sentido simbólico de la parábola, el derroche de la herencia y la vida con los cerdos significan la pérdida de la fe. En esa búsqueda, puede ser que nuestros hijos también la pierdan, y que dejen de practicar la oración diaria, la misa dominical, la confesión.

 ¡Nos desesperamos cuando pasa eso! ¿Por qué, si nosotros les enseñamos bien?, ¿por qué si nosotros rezamos constantemente por ellos?, ¿qué hicimos mal?, ¿qué podemos hacer?

 La fe es un don de Dios, y nosotros podremos pedirla para ellos, pero nunca podremos reemplazarla forzándolos a hacer prácticas piadosas, por más que a nosotros nos parezca que es lo que tenemos que hacer. Dios quiere hijos, no esclavos.

 Y tal vez, si los forzamos a hacer cosas contra su voluntad, empeoremos la situación. Paz, y ciencia. Es decir: paciencia. Tengamos paz, sepamos que esto puede suceder y recemos al Buen Dios por la fe de nuestros hijos, que Él nunca deja caer una lágrima de madre o padre en vano.

10. El hijo recuerda cómo vivía en la casa de su padre

Una de las claves de la parábola es que el hijo, antes de volver, recuerda con cariño la experiencia de su vida como hijo amado. Ahí es donde tenemos que concentrar nuestras energías. El amor de familia, el recuerdo del hogar son la verdadera herencia del Padre Misericordioso.

 Y eso se forja antes, mucho antes de que nuestros hijos decidan seguir su rumbo. Por eso es tan importante que durante su infancia y adolescencia nos enfoquemos en que su experiencia filial sea lo más benéfica posible. Que sepamos que el amor que les damos durante su infancia y adolescencia va a moldear su carácter, su modo de ver la vida y su modo particular de amar en el futuro a su esposa e hijos, o a sus hijos espirituales en el caso de que Dios suscite la vocación religiosa o sacerdotal en tu hijo.

 El amor de los padres es reflejo del amor de Dios, y como tal también moldea la fe de tus hijos. No solo el amor que los padres tienen a los hijos, sino el amor que los padres tienen entre sí, así que ¡A cuidar a tu cónyuge, para beneficio de tus hijos!


11. El hijo que vuelve

Y un día, el hijo que se rebeló, el que se fue a estudiar lejos, el que no quería saber nada con nosotros, el que incluso nos despreció, vuelve. Me corrijo: no vuelve ese hijo, vuelve una persona renovada, un nuevo hijo. Y generalmente, ese hijo templado por las tormentas de su vida va a ser extraordinariamente mejor que el que se fue.

 Y tenemos que hacer como el Padre Misericordioso: devolverle inmediatamente y sin preguntar nada, la dignidad de hijo. Nuestro hijo sigue siendo nuestro hijo, pero con una ventaja: ya es un adulto probado por la vida, y va a poder acercarse y comprendernos mucho mejor a nosotros como padres.

 Ya vamos a poder hablar de igual a igual, de adulto a adulto, de persona fogueada a persona fogueada. Nuestro amor de padres se va a ver engrandecido por lo que nuestro hijo logró por sus propios medios.

 Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 22 de enero de 2020

Santo Evangelio 22 de Enero 2020



Día litúrgico: Miércoles II del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 3,1-6): En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.


«¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Rubí, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos enseña que hay que obrar el bien en todo tiempo: no hay un tiempo para hacer el bien y otro para descuidar el amor a los demás. El amor que nos viene de Dios nos conduce a la Ley suprema, que nos dejó Jesús en el mandamiento nuevo: «Amaos unos a otros como yo mismo os he amado» (Jn 13,34). Jesús no deroga ni critica la Ley de Moisés, ya que Él mismo cumple sus preceptos y acude a la sinagoga el sábado; lo que Jesús critica es la interpretación estrecha de la Ley que han hecho los maestros y los fariseos, una interpretación que deja poco lugar a la misericordia.

Jesucristo ha venido a proclamar el Evangelio de la salvación, pero sus adversarios, lejos de dejarse convencer, buscan pretextos contra Él: «Había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle» (Mc 3,1-2). Al mismo tiempo que podemos ver la acción de la gracia, constatamos la dureza del corazón de unos hombres orgullosos que creen tener la verdad de su parte. ¿Experimentaron alegría los fariseos al ver aquel pobre hombre con la salud restablecida? No, todo lo contrario, se obcecaron todavía más, hasta el punto de ir a hacer tratos con los herodianos —sus enemigos naturales— para mirar de perder a Jesús, ¡curiosa alianza!

Con su acción, Jesús libera también el sábado de las cadenas con las cuales lo habían atado los maestros de la Ley y los fariseos, y le restituye su sentido verdadero: día de comunión entre Dios y el hombre, día de liberación de la esclavitud, día de la salvación de las fuerzas del mal. Nos dice san Agustín: «Quien tiene la conciencia en paz, está tranquilo, y esta misma tranquilidad es el sábado del corazón». En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del domingo.

En plena selva se curó tras leer la Biblia y decidió hacerse católico: ahora sueña con ser diácono

Aiku conoció a Dios y se enamoró de tal modo que ahora dedica su vida a anunciar el Evangelio / Vatican News

En plena selva se curó tras leer la Biblia y decidió hacerse católico: ahora sueña con ser diácono

Aiku conoció a Dios y se enamoró de tal modo que ahora dedica su vida a anunciar el Evangelio / Vatican News

Los ríos son para la Guayana Francesa como las autopistas bien asfaltadas y las carreteras nacionales lo son para la Francia metropolitana: vías principales que conectan los pueblos y las comunidades más aisladas de este territorio tan grande como Irlanda. Cubierto casi en su totalidad por la selva amazónica, todo es desproporcionado. Maripasoula, de hecho, el municipio más grande de Francia, supera en superficie a muchos departamentos metropolitanos. Sin embargo, sólo un poco más de doce mil habitantes viven en esa zona, dispersos entre varios pueblos escondidos bajo el verde manto de la Amazonía.

En dos horas y media en canoa se puede llegar a Ipokan Ëutë, también conocida como “Ciudad de la Libertad”, la aldea creada hace seis años por Aikumale Alemin, comúnmente conocido como Aiku. Nacido hace cuarenta y tres años, este padre de cuatro hijos – un amerindio wayana, uno de los seis pueblos indígenas de la Guayana – es originario de Antecume Pata, un pueblo fundado en 1961 por un nativo de Lyon. Sus padres son cristianos evangélicos. Esto no le ha impedido creer en el espíritu del bosque y del agua, los dos elementos esenciales de la región.

Enfermedad y sanación después de haber leído la Biblia

Hace más de diez años, Aiku se enfermó y no podía recuperarse, tanto físicamente como moralmente. “Porque todo se había vuelto negativo para mí, todo se había vuelto negro, me dije a mí mismo que debía confiar en algo invisible”, confiesa Aiku. “Por primera vez en mi vida, abrí la Biblia traducida al Wayana por pastores americanos”. Es la Biblia de su padre. Lo leyó desde el inicio hasta el final, durante toda una semana. “Fue un gran alivio. Me sentí renovado en el espíritu y recuperado físicamente, recomencé a jugar con mis hijos de nuevo, y empecé a olvidar todo lo que había pasado”. Aiku se siente curado.
El río Maroni cerca de Ipokan Ëutë

Una semana más tarde, el Obispo Emmanuel Lafont de Cayena, por casualidad o por providencia, se dirige a Antecume Pata. No era la primera vez que llegaba a este lugar perdido en la selva. Pero ni siquiera es algo tan normal, porque los sacerdotes católicos no son bien vistos a lo largo de las orillas del río. “Habían sido algunos amigos comunistas, maestros de escuela, conocidos en París, que me invitaron a visitarlos por primera vez en 2004”, recuerda el Obispo Lafont. “Me presentaron a Aiku, que trabajaba en el centro de salud. Nos miramos un poco, nos medimos, no fue muy lejos”. Wayana y el Obispo de Cayena se encuentran de nuevo, sin que se aborden las cuestiones religiosas.

Cuando el Obispo regresó después de su sanación, el nuevo encuentro inicia de un modo un poco hostil: Monseñor Lafont fue mordido por el perro del amerindio, episodio que hoy hace sonreír a los dos hombres. Aiku atiende a aquel que era un sacerdote fidei donum en Sudáfrica, lo invita a comer en su casa y descubre la función de su huésped. “Le pedí que me explicara un poco más la Biblia”, dice Aiku, y el Obispo le ofrece la suya, que Aiku lee y relee.

Un largo camino de conversión

Al año siguiente, Aiku invita al Obispo de Cayena a pasar diez días con su familia en la selva pluvial. Esto se convierte en una oportunidad de intercambio entre los dos hombres. “Por la noche – recuerda Monseñor Lafont – les pedía a ellos un relato de Wayana y luego les narraba una historia de la Biblia. Su esposa hablaba en el idioma de Wayana y Aiku traducía”. Poco después, estamos en 2009, el amerindio fue invitado por el “Secours catholique de Guyane” a participar en el Foro Social de Belem, en Brasil, como representante de los pueblos amerindios. En 2010 el Obispo lo llama, junto con su esposa y otros amerindios, al Sínodo de la Iglesia Diocesana de Guyana, sin que Aiku haya sido nunca bautizado. Incluso Monseñor Lafont lo admite: “Nunca le pregunté si quería recibir el Bautismo”.

Mientras tanto, la idea de la conversión se abre paso en el corazón de Aiku. “Mi vida ha cambiado”, explica recordando los días posteriores a su sanación. Al principio se dirige a los evangélicos, que estaban muy presentes a su alrededor, pero no le acogen. Aiku se dirige entonces a la Iglesia Católica y pide el Bautismo. Le propuso a su esposa que lo acompañara en este camino de conversión. La mujer realmente estaba más cerca a los evangélicos, con quienes canta durante el servicio dominical, también sin ser bautizada. Hasta cuando acepta unirse a su marido.

El Obispo Lafont en 2012 en Antecume Pata

“Hemos vivido algo extraordinario”. El Obispo Lafont regresa con su memoria al viaje en el bosque y al 24 de diciembre de 2012. “Esa mañana, Aiku y su esposa se casaron en la municipalidad, por la tarde los bauticé y por la noche celebré la Misa de medianoche en su casa; éramos siete u ocho. Y al día siguiente, durante la celebración Eucarística, Aiku pidió casarse religiosamente”. Eso fue sin duda una Navidad excepcional para Aiku, su familia y su Obispo.

Hacia el diaconado

Esta conversión no es en sí misma algo automático. Dentro de la misma familia pueden coexistir más religiones. El hijo mayor de Aiku, que tiene 25 años, es Adventista, habiendo adoptado la confesión de su esposa. Sin embargo, la transición de una fe a otra no siempre es fácil. Aiku lo experimenta en sí mismo. “No fuimos bien recibidos porque era la primera vez que se fundaba una comunidad católica en el río. Nadie había visto uno antes”, explica. “Duró un año y medio. Los Evangélicos y los Testigos de Jehová dijeron que la Iglesia Católica era satánica. Han perseguido a los jóvenes del internado de Maripasoula que habían decidido seguirme. Su líder, un pastor estadounidense presente en Surinam, había cruzado el río para detenerlos porque no tenía sentido perseguir a sus propios hermanos”.

Aiku en la capilla que ha construido en Ipokan Ëutë

Incluso dentro de su familia, al final sus padres aceptaron esta conversión al catolicismo. “Ahora vienen a nuestra capilla todos los domingos”, dice Aiku, que desde entonces ha dejado atrás a Antecume Pata y ha fundado otro pueblo, donde ha construido un lugar de culto abierto a todos. Y su camino de fe no terminó con el Bautismo. Continuó su catecismo con una religiosa y siente la necesidad de involucrarse más en la Iglesia. Se formó para ser diácono, apoyado por su esposa. Una experiencia no fácil, considerando el largo viaje, varias horas en canoa y en avión, para llegar a Cayena. Una aventura única en su género en la Amazonía.

Es un nuevo paso en un largo camino. “Las cosas no han ido de prisa”, dice el Obispo Lafont hablando de la conversión de Aiku. “El Señor lo ha tocado de manera especial en un momento de dolor y la Palabra de Dios se ha manifestado como fuente de sanación. Este caso personal es también representativo de la forma en que se evangeliza la Amazonía: con paciencia, con encuentros, con el testimonio de la fe. Poco a poco, la Iglesia Católica va subiendo los ríos sin salida al mar, integrándose en el corazón de los pueblos de la región.

Publicado en Vatican News

Fuente: Religión en Libertad

martes, 21 de enero de 2020

Santo Evangelio 21 de Enero 2020



Día litúrgico: Martes II del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 2,23-28): Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».


«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado»

Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents
(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy como ayer, Jesús se las ha de tener con los fariseos, que han deformado la Ley de Moisés, quedándose en las pequeñeces y olvidándose del espíritu que la informa. Los fariseos, en efecto, acusan a los discípulos de Jesús de violar el sábado (cf. Mc 2,24). Según su casuística agobiante, arrancar espigas equivale a “segar”, y trillar significa “batir”: estas tareas del campo —y una cuarentena más que podríamos añadir— estaban prohibidas en sábado, día de descanso. Como ya sabemos, los panes de la ofrenda de los que nos habla el Evangelio, eran doce panes que se colocaban cada semana en la mesa del santuario, como un homenaje de las doce tribus de Israel a su Dios y Señor.

La actitud de Abiatar es la misma que hoy nos enseña Jesús: los preceptos de la Ley que tienen menos importancia han de ceder ante los mayores; un precepto ceremonial debe ceder ante un precepto de ley natural; el precepto del reposo del sábado no está, pues, por encima de las elementales necesidades de subsistencia. El Concilio Vaticano II, inspirándose en la perícopa que comentamos, y para subrayar que la persona ha de estar por encima de las cuestiones económicas y sociales, dice: «El orden social y su progresivo desarrollo se han de subordinar en todo momento al bien de la persona, porque el orden de las cosas se ha de someter al orden de las personas, y no al revés. El mismo Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado (cf. Mc 2,27)».

San Agustín nos dice: «Ama y haz lo que quieras». ¿Lo hemos entendido bien, o todavía la obsesión por aquello que es secundario ahoga el amor que hay que poner en todo lo que hacemos? Trabajar, perdonar, corregir, ir a misa los domingos, cuidar a los enfermos, cumplir los mandamientos..., ¿lo hacemos porque toca o por amor de Dios? Ojalá que estas consideraciones nos ayuden a vivificar todas nuestras obras con el amor que el Señor ha puesto en nuestros corazones, precisamente para que le podamos amar a Él.

Padre Mike Schmitz alerta sobre la «herejía de las buenas obras», de nada sirven sin contemplación

El Padre Mike Schmitz

Padre Mike Schmitz alerta sobre la «herejía de las buenas obras», de nada sirven sin contemplación

El Padre Mike Schmitz 

“El primer campo de misión es tu propio corazón. No será obvio e inmediato, y aunque lo sea, el fruto del trabajo no será fulminante. Es muy probable que lleve mucho tiempo y sea muy difícil, por tanto, lo primero a cultivar es esa vida interior”, afirma el sacerdote Mike Schmitz, un sacerdote con una potente historia de conversión personal y que ahora trabaja en cuerpo y alma acompañando a jóvenes.

La web Portaluz ha presentado la siguiente entrevista a raíz del encuentro anual de jóvenes universitarios católicos que se reúnen regularmente en Phoenix, Arizona, organizado por FOCUS (Asociación de Estudiantes Universitarios Católicos de Estados Unidos), y que tuvo como lema este año “You Were Made for Mission” (Tú has sido hecho para la Misión). El encuentro celebrado en esta ocasión entre el 1 y el 3 de enero de este año, reunió a 9 mil universitarios venidos de todo Estados Unidos y, ante ellos, el P. Mike les habló de la importancia de recuperar el sentido del “ser discípulos” de Cristo.

Este encuentro es una amalgama de profunda oración, charlas inspiradoras, adoración eucarística, misas, momentos de discernimiento en solitario y otros de compartir fraterno.

- Últimamente se habla mucho en la Iglesia sobre el “ser discípulo”, ¿qué podemos hacer, en esta vida, para crecer en unión con Dios más allá de un sí inicial?

- Hace un par de años estaba caminando con un estudiante de ingeniería en el campus y me preguntó: “¿Cómo crees que va el año hasta ahora?” Y yo le respondí: “Muy bien”. Preguntó: “¿Cómo mides eso?” Y le expliqué que mi indicador es el grado en el que los estudiantes comienzan a tomar responsabilidad personal por sus vidas espirituales. No sólo vienen a la misa o al estudio de la Biblia, sino que se dedican a la oración personal. Una vez que han aprendido a orar, no hay virtualmente nada que pueda surgir en sus vidas que los pueda alejar del Señor.

» Si alguien elige orar, decir ‘sí’ a la gracia de Dios, a la invitación de unirse con Él, entonces no tiene de qué preocuparse. Estarán bien, aunque asistan a una parroquia estéril en su ofrenda o sin una comunidad de jóvenes adultos. No significa que puedan prescindir de la comunidad, sino que pueden soportar cualquier cosa.

» Una de las cosas que FOCUS nos recuerda una y otra vez es la unión del discípulo, en la intimidad, con Dios. La intimidad con Dios es la llamada suprema en el seguimiento de Cristo.


- ¿Cómo ayuda usted a un laico a comenzar a aprender el arte de la oración?

- Uno de mis amigos tiene un dicho: “A los católicos no se les enseña a rezar. Se les enseña a repetir”. Aunque es una buena manera de empezar, pues después de todo Jesús aprendió con los salmos, no es suficiente. Incluso a muchos seminaristas no se les enseña a rezar. El P. Jacques Philippe habla de cómo la oración no puede ser sólo una técnica. Si es una técnica, entonces habrá gente que será mejor o peor en ella. La oración es algo más que un método.

» ¿Cómo la enseñamos? En forma similar al camino del discípulo: de manera relacional. Puedes tener clases y entrenamiento, pero realmente creo que aprendes cualquier cosa en la vida cristiana solo a través de la relación. Ya sea un sacerdote de la parroquia, una madre con experiencia o cualquier persona con un conocimiento profundo.

- San Francisco Javier es el patrón de este encuentro de FOCUS porque es el patrón de las misiones. Pero hay otra patrona de las misiones…

- Sí, santa Teresa del Niño Jesús.

- ¡Sí! Al respecto de ella, ¿por qué necesitamos tanto la contemplación como la acción?

- Esto está bien recogido en el libro “El alma del apostolado”, de Jean-Baptiste Chautard, (O.C.S.O.) Existe algo llamado “herejía de las buenas obras” donde la acción sin contemplación está “condenada a la ineficacia”, en última instancia. Cuando tenemos una jornada en la que deseamos que la gente se encuentre con Cristo, lo que esperamos es nada menos que un milagro. Debemos prepararnos bien para cada charla o conferencia ayunando, con oración, rogando al Señor. Es lo que Santa Teresa plantea: que sin una profundidad en lo íntimo y esa confianza completa en Jesús y su gracia, serán estériles nuestros anhelos.

- ¿Qué aconsejaría a un joven -o a cualquiera- hoy en día para descubrir dónde está su campo de misión particular?

- En primer lugar, volver a casa y rezar. El primer campo de misión es tu propio corazón. No será obvio e inmediato, y aunque lo sea, el fruto del trabajo no será fulminante. Es muy probable que lleve mucho tiempo y sea muy difícil, por tanto, lo primero a cultivar es esa vida interior.

» En segundo lugar, aunque no sepan a dónde los va a enviar Dios, sí saben lo que Él quiere que hagan: quiere que profundices en tu relación con Él en la oración, quiere que te conviertas y que vivas una vida de gracia y virtud. Muchas veces usamos lo que no conocemos para posponer el hacer lo que sí conocemos. Empieza con lo que sabes, cosas que a menudo son menos glamorosas o cautivantes, pero que son esenciales.

» Lo que significa que debes empezar donde estás. Todo lo que me encuentro haciendo ahora es porque respondí a una invitación. Es poco frecuente que me proponga hacer que algo suceda. Cuando me ordené, el obispo decidió a dónde debía ir e hice mis deberes en el lugar donde me habían plantado. Poco a poco empezamos a grabar mis homilías y a partir de ahí empezaron a pasar cosas. Todo lo demás que ha dado fruto desde entonces se debe a la fidelidad con el terreno exacto en el que el Señor me ha colocado.

» En otras palabras, ¡haga lo que es posible para usted!

Fuente: Religión en Liberta