jueves, 25 de julio de 2019

Rezar por los demás es la tarea número uno del evangelizador.

Rezar por los demás es la tarea número uno del evangelizador.

Una propuesta de Marcel LeJeune para un mejor discipulado

Tres tácticas nefastas para los cristianos en la evangelización y tres de las que Jesús fue modelo
Rezar por los demás es la tarea número uno del evangelizador.

En uno de sus recientes posts sobre evangelización y discipulado, Marcel LeJeune, presidente de Catholic Missionary Disciples y colaborador de varias diócesis en la formación de responsables eclesiales de apostolado y misión, señala tres tácticas que nunca deberían usarse y tres que sí. El modelo, en negativo o en positivo, es, naturalmente, Jesús.

En negativo, porque “los discípulos de Jesús no pueden actuar como los demás”. Aunque pudiesen dar resultado, tácticas como “el palo y la zanahoria, o el divide y vencerás, o el hacerse la víctima” no deben ser utilizadas por los cristianos como propias "y esperar los mismos resultados” que funcionan en el mundo.

¿Por qué? Porque, en positivo, “Jesús nos ha dado las tácticas que valen” y nuestro cometido es poner en práctica lo que él “nos enseñó”.


Marcel Lejeune, durante una de sus charlas de formación de evangelizadores.

LeJeune señala tres ejemplos de tácticas que los cristianos deben y no deben emplear en sus labores de evangelización.

Tácticas que no deben usarse

1. El palo y la zanahoria. Si alguna vez alguien te ha invitado a comer solo para “ponernos al día” y luego ha intentado venderte algo, ya sabes de qué va esta táctica, explica Marcel: “Esto también puede suceder en la evangelización. Y no podemos hacerlo. Debemos ser honestos. Mantener una conversación sobre la religión o la fe es algo natural y bueno”. Lo que hay que entender es que no podemos caer con eso por sorpresa sobre alguien “y esperar que no reaccione negativamente”.

2. Divide y vencerás. O, dicho de otra forma, “que los otros parezcan malos y nosotros parezcamos buenos”. “Nuestros adversarios no son nuestros enemigos”, dice LeJeune: “Sí lo son el demonio y sus secuaces. Así que no debemos considerar a quienes nos odian como enemigos, sino como hermanos alejados de su Padre Eterno del Cielo”. Esta perspectiva puede cambiar nuestra forma de actuar, porque “si vemos a los demás como enemigos, querremos mantenerlos separados de nosotros y ‘conquistarles’. Esta es la obra de Satanás, que es el padre de la mentira y de la división entre las personas. Dios es un Dios de unidad y comunión”.

3. Molestar y coaccionar. “Molestar o coaccionar a alguien para que piense como tú no es una forma cristiana de intentar cambiar a alguien”, y sin embargo recurren mucho a ello quienes “pretenden que todos los que están en desacuerdo con ellos parezcan fanáticos radicales”. Pero “los cristianos no podemos usar esta táctica”, explica Marcel, “porque no cambia el corazón del otro, sino que solo busca su conformidad con nosotros en el comportamiento exterior, así que termina fracasando y no tiene nada que ver con amar verdaderamente al otro”.

Tácticas que Jesús enseñó y de las que fue modelo

1. Ama y reza por los demás. “Y esto incluye a tus enemigos”, algo “difícil” pero que “convence a muchos”: “Esto no significa que para amar a alguien tengas que aprobar su comportamiento o su forma de vida. Pero no podemos pretender ganar el mundo si no estamos dispuestos a amar a quienes están alejados de Dios".

2. Concede el beneficio de la duda. Algo también “duro de vivir”, pero no se trata de convertirse en víctima de personas “con una patrón de conducta tóxico”, sino más bien de “intentar concederles el beneficio de la duda más caritativo que puedas en los motivos a los que atribuyes su comportamiento”.

3. Sé un factor de unión e iniciación en las relaciones. Lo cual es “también duro”, en particular “con personas que quieren insultarte o destruir o denigrar aquello en lo que crees”. Pero míralo de esta forma, sugiere LeJeune: “Jesús acudió a quienes estaban lejos de Dios, conversó con quienes buscaban activamente matarle. También nosotros debemos buscar oportunidades para unirnos a otros, crear relaciones, salir a encontrar a quienes están perdidos, curar a los heridos…”

Nada de esto es fácil, remata Marcel, pero… “es lo que tenemos que hacer”.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 24 de julio de 2019

Santo Evangelio 24 de julio 2019



Día litúrgico: Miércoles XVI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 13,1-9): 

En aquel tiempo, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».


«Una vez salió un sembrador a sembrar»

P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)

Hoy, Jesús —en la pluma de Mateo— comienza a introducirnos en los misterios del Reino, a través de esta forma tan característica de presentarnos su dinámica por medio de parábolas.

La semilla es la palabra proclamada, y el sembrador es Él mismo. Éste no busca sembrar en el mejor de los terrenos para asegurarse la mejor de las cosechas. Él ha venido para que todos «tengan vida y la tenga en abundancia» (Jn 10,10). Por eso, no escatima en desparramar puñados generosos de semillas, sea «a lo largo del camino» (Mt 13,4), como en «el pedregal» (v. 5), o «entre abrojos» (v. 7), y finalmente «en tierra buena» (v. 8). 

Así, las semillas arrojadas por generosos puños producen el porcentaje de rendimiento que las posibilidades “toponímicas” les permiten. El Concilio Vaticano II nos dice: «La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega» (Lumen gentium, n. 5). 

«Los que escuchan con fe», nos dice el Concilio. Tú estás habituado a escucharla, tal vez a leerla, y quizá a meditarla. Según la profundidad de tu audición en la fe, será la posibilidad de rendimiento en los frutos. Aunque éstos vienen, en cierta forma, garantizados por la potencia vital de la Palabra-semilla, no es menor la responsabilidad que te cabe en la atenta audición de la misma. Por eso, «el que tenga oídos, que oiga» (Mt 13,9).

Pide hoy al Señor el ansia del profeta: «Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos» (Jr 15,16).

Deja su vida de ingeniero para ser misionero: «Antes trabajaba por dinero y ahora lo haré por amor»

Javier Martínez es un joven de Baza, de 33 años, y parte como misionero de la Diócesis de Guadix (Andalucía)

Javier, de 33 años, irá a Honduras al proyecto que dirige un sacerdote español

Deja su vida de ingeniero para ser misionero: «Antes trabajaba por dinero y ahora lo haré por amor»

Javier Martínez es un joven de Baza, de 33 años, y parte como misionero de la Diócesis de Guadix (Andalucía)

Javier Martínez es un joven de Baza, de 33 años e ingeniero de profesión, que ha tomado la decisión de darle otro rumbo a su vida: lo deja todo para dedicarse a ayudar a los demás como misionero. Y lo hará junto a Patricio Larrosa, en Tegucigalpa, en la misión que este sacerdote de la diócesis de Guadix tiene emprendida desde hace más de 25 años. Cuando ya prepara las maletas, le hemos entrevistado.

- Cambias de manera radical en tu vida: lo dejas todo y marchas a Honduras como misionero. ¿Por qué?

- Me he dado cuenta que el mundo en el que vivimos es muy distinto al que nos intentan vender. La inmensa mayoría de la gente pasa hambre, no pueden estudiar, hay muchísimas desigualdades y cuando viajas a países tercermundistas y convives con estas personas te das cuenta de que, a pesar de tanta pobreza, se respira más amor que en el primer mundo, por lo que esto no es una decisión de sólo ayudar sino de intentar ayudar a integrarse sin perder ese amor por los demás. Al fin y al cabo, los niños no tienen culpa de haber nacido en esos países con tantísimas desigualdades.

- ¿Tu paso por Centroamérica como ingeniero suscitó en ti una vocación misionera?

- Por supuesto, el vivir entre familias con escasos recursos me hizo ver el verdadero mundo en el que vivimos. Somos seres humanos llenos de amor, pero que intentan despojarnos de él para así no tener sentimientos por el resto y que sea más fácil mirar hacia otro lado. No se entiende igual ver a los inmigrantes desde un país primermundista que desde uno tercermundista. Cualquiera podríamos haber nacido en un país de éstos y entonces, seguro, lo veríamos distinto.


- ¿Cómo se toma una decisión así, dejarlo todo e irse tan lejos? Imagino que no es fácil

- La verdad que no, han sido muchas horas pensando y dando vueltas. Esto es un estilo de vida. Antes trabajaba por dinero y ahora lo haré por amor. No es fácil de entender y menos cuando estamos acostumbrados a que nuestra meta sea tener una casa, dos coches y una vida en la que no te falte nada material, pero creo que me llenará mucho más el que un niño, en vez de llegar a ser sicario, sea un profesional intentando sacar su país adelante y sobre todo, repartiendo amor, porque ahí es donde creo que está la clave de la vida.

- Tu familia, tus padres, tus amigos ¿cómo ven esta decisión tuya?

- Es una decisión muy difícil para todos, no es fácil de entender, dejarlo todo para irte a ayudar sabiendo que además es un lugar muy peligroso, pero lo aceptan y me apoyan al 100%. Saben que no cualquiera hace esto y más por amor a los más desfavorecidos, por lo que están muy orgullosos a pesar de todo.

Por quien me duele más es por mis sobrinos, se me parte el corazón saber que no podré verlos tan continuo…. los amo.

- Vas a la misión que tiene Patricio Larrosa en Tegucigalpa ¿Cómo conociste a Patricio? ¿Qué esperas encontrar allí?

- A Patricio lo conocí estando en Honduras, cuando intentaba recaudar fondos para arreglar unas escuelas en la montaña. Contacté con un antiguo profesor mío de religión, Ángel Bocanegra, para pedirle ayuda a ver si había alguna forma de recaudar fondos de la Cruz Roja u otro organismo y entonces él me facilitó el contacto de Patricio.

Ya conozco la situación que vive Honduras por lo que no creo sorprenderme cuando llegue. Sí es verdad que ahora trabajaré mucho más cerca de las zonas más desfavorecidas, lo que me hace muy feliz el saber que tendré medios y tiempo para dedicarme a ellos plenamente.

- ¿Tu labor como misionero en qué consistirá, cuando llegues?

- Yo soy de campo, la montaña me apasiona y por tanto voy para intentar echar una mano en las zonas más alejadas de la ciudad, haciendo reparto de material escolar, colaborando con un proyecto ya existente, “maestro en casa”, el cual intenta escolarizar a todos aquellos que por sus medios económicos no pueden, y en definitiva, ayudar en todo lo que pueda y sea beneficioso para los más necesitados.

- ¿Vas por un tiempo o piensas que puede ser una decisión para toda la vida?

- Esto no lo sé, sólo Dios sabe… La vida da muchas vueltas y lo que hoy crees que puede ser definitivo mañana no lo es, por eso aprendí a vivir el día a día repartiendo el máximo amor y dejando que todo fluya. Sí es verdad que esto de ayudar me apasiona y más aún el hecho de intentar que las personas cada día sean más buenas, difundir los valores que hoy en día se están perdiendo por culpa de la envidia, el egoísmo, etc.

- ¿Cuándo marchas? ¿Estás nervioso o con ganas de estar ya allí? ¿Llevarás algo especial en la maleta?

- No llegaré a Honduras hasta mediados de agosto. Ahora me voy a EEUU para comprarme una moto e irme hasta Honduras en ella, ya que esta será mi medio de transporte principal. Así que, esta aventura no puede empezar mejor, realizando un sueño que tengo desde niño, viajar en moto.

Estos últimos días se me están haciendo bastante difíciles, despedirte de la gente que quieres no es fácil y más cuando no sabes la fecha de regreso.

Lo que me llevo especial es haberme encontrado con Dios. Después de haber recorrido muchos lugares perdidos y haber conocido muchísima gente de distintas clases sociales sé que, si todos repartiésemos más amor, otro mundo habría.

Publicado en la web de la Diócesis de Guadix

martes, 23 de julio de 2019

Santo Evangelio 23 de julio 2019



Día litúrgico: Martes XVI del tiempo ordinario

Santoral 23 de Julio: Santa Brígida, religiosa, patrona de Europa


Texto del Evangelio (Mt 12,46-50): En aquel tiempo, mientras Jesús estaba hablando a la muchedumbre, su madre y sus hermanos se presentaron fuera y trataban de hablar con Él. Alguien le dijo: «¡Oye! ahí fuera están tu madre y tus hermanos que desean hablarte». Pero Él respondió al que se lo decía: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?». Y, extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: «Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre».


«El que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es (...) mi madre»

P. Pere SUÑER i Puig SJ 
(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio se nos presenta, de entrada, sorprendente: «¿Quién es mi madre?» (Mt 12,48), se pregunta Jesús. Parece que el Señor tenga una actitud despectiva hacia María. No es así. Lo que Jesús quiere dejar claro aquí es que ante sus ojos —¡ojos de Dios!— el valor decisivo de la persona no reside en el hecho de la carne y de la sangre, sino en la disposición espiritual de acogida de la voluntad de Dios: «Extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: ‘Éstos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre’» (Mt 12,49-50). En aquel momento, la voluntad de Dios era que Él evangelizara a quienes le estaban escuchando y que éstos le escucharan. Eso pasaba por delante de cualquier otro valor, por entrañable que fuera. Para hacer la voluntad del Padre, Jesucristo había dejado a María y ahora estaba predicando lejos de casa.

Pero, ¿quién ha estado más dispuesto a realizar la voluntad de Dios que María? «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Por esto, san Agustín dice que María, primero acogió la palabra de Dios en el espíritu por la obediencia, y sólo después la concibió en el seno por la Encarnación.

Con otras palabras: Dios nos ama en la medida de nuestra santidad. María es santísima y, por tanto, es amadísima. Ahora bien, ser santos no es la causa de que Dios nos ame. Al revés, porque Él nos ama, nos hace santos. El primero en amar siempre es el Señor (cf. 1Jn 4,10). María nos lo enseña al decir: «Ha puesto los ojos en la humildad de su esclava» (Lc 1,48). A los ojos de Dios somos pequeños; pero Él quiere engrandecernos, santificarnos.

Jaime, un universitario español, misionero durante el pasado verano en Chile


Las misiones cambian el corazón de los jóvenes: «Ahora, a llevar a Jesús a los amigos y a la uni»

Jaime, un universitario español, misionero durante el pasado verano en Chile

Cada día más jóvenes dedican todas sus vacaciones o gran parte de ellas a salir de su tierra y de su comodidad para colaborar en la evangelización de lugares, algunos tan lejanos para Jaime Fernández-Martos y sus 19 compañeros, como Villarica, en Chile. Los jóvenes de este grupo son de las diócesis españolas de Getafe y Córdoba, y la mayoría también son universitarios. Hemos querido conocer más de cerca la experiencia que tuvo el verano pasado Jaime y sus compañeros tras un mes entre huérfanos, prostitutas, drogadictos, ancianos abandonados…

Como nos cuenta Jaime, “la experiencia de misión duró 28 días. Contábamos con un grupo de 19 misioneros junto con el P. Miguel Luengo, de Getafe. Durante este tiempo nos ubicamos en Villarrica y en otros lugares como Lican Ray, y visitamos todo tipo de personas incluidas algunas comunidades mapuches”. Y ahora, llegando a casa, la situación ha cambiado: “Ahora toca asimilar la misión y llevarla al día a día, a nuestra casa, amigos y a la universidad”.

- ¿Qué busca un joven que dedica lo mejor de su descanso de verano a una misiones?

- Lo primero que se nos viene a los jóvenes en general es una oportunidad de cambio, una experiencia nueva al salir de casa y respirar otro aire. Esto es muy normal y es lo común en todos, pero esta sensación la aporta tanto un viaje a Hawái, como un día de piscina en el pueblo vecino. Al fin y al cabo, ambos son salir de la rutina. Sin embargo, la experiencia de misión incluye algo más: conocer gente nueva, ayudar a los demás…

» Yo personalmente pienso, como hijo de Dios, que Él tiene una misión para cada uno de nosotros y que nos quiere apasionadamente, y es por ello por lo que no podemos guardarnos ese Amor solo para nosotros sino repartirlo a los demás. Y con esto en mente, se me planteó la oportunidad de ir a Chile. Cuento con la gran suerte de tener un tío sacerdote de misión allí en Villarrica.

Jaime, un universitario español, misionero durante el pasado verano en Chile

- ¿Qué ambiente es el que os encontrasteis allí?

- Allí, en Villarrica, la gente supera la bondad. Una cosa que destaca de los chilenos es eso, su simpatía, cordialidad y respeto. Suena muy poético, pero es tal cual. Podíamos hablar con ellos prácticamente de cualquier tema y era agradable mantener una conversación con tal respeto.

» El ambiente religioso y de fe en Villarrica era más o menos variado en cuanto a la religión cristiana. Me impresionó el gran número de iglesias y edificios pertenecientes a evangélicos, adventistas y mormones que había en la ciudad. En general la gente era muy respetuosa con este tema.

» En las casas por las que íbamos misionando de puerta en puerta, nos acogían personas de las cuales un 80 – 90 % se identificaban como creyentes: bien católicos, protestantes o adventistas. Raro era conocer a alguien que no se identificara con una confesión.

- ¿Qué es lo que os pidieron hacer en las misiones?

- La labor de misión la dividimos principalmente en dos zonas. Una semana en un punto llamado Lican Ray, donde, con mayor intensidad, nos dedicamos a misionar casa por casa, bendiciéndolas e invitando a actividades de jóvenes y actos eucarísticos. Las otras semanas las pasamos en la ciudad de Villarrica, incluyendo algunos pueblos o zonas de la diócesis. La misión aquí incluía visitas a colegios de personas con discapacidad, comedores sociales, residencias de mayores y la cárcel donde organizamos misa e impartimos catequesis a presos dispuestos a recibir sacramentos.

» Una de las experiencias más impactantes fue la llamada “ruta del pansito” que consistía en ir con una furgoneta repartiendo bocadillos y leche en los barrios más marginales.

» La última semana se centró especialmente en el “Colegio de Humanidades”. Allí dábamos charlas sobre diversos temas: afectividad, amistad, sentido de vida, etc., y compartíamos la eucaristía y adoración. Además, se llevó a cabo la labor de misión en una comunidad de Mapuches, con los que organizamos una Hora Santa y tuvimos momentos de “compartir” con las familias.

- ¿Cómo es el día a día de un misionero?

- Cada día, el P. Miguel o algún misionero nos avisaba de las actividades que iríamos a realizar, el lugar y la hora. Generalmente, nos dividiríamos en grupos según la labor.

» El día en Villarrica comenzaba en la Casa San Jorge. El horario consistía en un rato de oración por la mañana, seguida de la misa. A partir de aquí, todos los días fueron más o menos distintos, repletos de actividades y labores diferentes para cada grupo, que hacía variar la hora de llegada a la comida, o incluso el lugar para cada misionero.


- Seguro que hay algo que te ha costado especialmente en las misiones, ¿el qué?

- Es verdad que el frío y las duchas mañaneras de agua fría, en contraste con el calor que dejábamos en España, se hacían notar generosamente… Pero esto está dentro de los planes de El de Arriba, entonces ¡Uno le buscaba el lado bueno! En esta experiencia de misión, también ha habido momentos llevados con mucha vitalidad, y otros no tanto. Muchos días se notaba más el cansancio, así como momentos impactantes ante las situaciones penosas de personas con las que tratábamos, que se juntaban con una misión bajo la lluvia o con un mal día.

Esto cuesta llevarlo, pues somos humanos, pero, y aunque suene muy poético, sabíamos todos que contábamos con una Ayuda mayor, y al no estar en nuestras manos, debíamos confiar en Él. Y, ciertamente, uno experimentaba el fruto de esta confianza en primera persona. ¡Realmente no nos damos cuenta de la Compañía tan grande con la que contamos!

- ¿De dónde sacáis los jóvenes la fuerza para seguir adelante?

- La oración. Es la clave para seguir adelante. En la misión no repartimos pelotas de fútbol ni muñecas para jugar… sin embargo damos lo que tenemos, que es la experiencia de fe y de encuentro con Cristo. Y esta experiencia de Dios requiere una amistad con Él.

» Aunque muchas veces no nos demos cuenta externamente, la oración, el acto de abrir el corazón de par en par a Dios y crecer en amistad con Él, nos hace humildes y nos permite aceptar aquello que venga como voluntad de Él, permitiéndole que viva en nosotros. Y es así como “sacamos fuerzas” para cada día que se nos ponía por delante.

- Cuando te entregas recibes mucho más de lo que das… ¿Es esa tu experiencia?

- Es así. Y me atrevería a decir que todos los misioneros, sin exclusión, lo hemos experimentado. Lo podamos explicar o no, usted lector y yo sabemos que cuando uno se da a los demás experimenta una alegría y una satisfacción muy grande.

» El corazón del ser humano está hecho para cosas grandes. Pero cuando uno dedica a invertir parte de su tiempo a los demás, a ayudar, a acompañar, a compartir… su corazón se llena y se agranda.

» Además, ¿cómo no vas a recibir mucho más si, cuando te entregas al otro, también te estás entregando a Cristo, quien afirma dar el ciento por uno? Es una gozada…



- Las misiones acaban y ya estás en tu casa… ¿Y ahora qué? ¿Qué te queda? ¿Va a cambiar algo en tu vida?

- El ultimo día hablaba con algunos de los misioneros sobre la labor que habíamos hecho y de los días tan buenos que habíamos pasado, y al final llegamos a una conclusión: “La misión acaba de empezar”. Y sinceramente es lo que pienso. En esta misión hemos ido sembrando semillas para que un día, lo veamos o no, den fruto. Pero, como decía al principio, somos hijos de Dios y como tal, cada uno tiene una misión aquí en la Tierra. Y la misión es para realizarla durante toda la vida: en Chile, o en casa, allí o aquí. Por tanto, habiendo contado con el gran regalo de una experiencia misionera en Chile, y cómo a cada uno, en la medida que fuere, nos ha moldeado por fuera y por dentro, ahora toca asimilarla y llevarla al día a día, a nuestra casa, amigos y universidad, confiando en el que mueve todo esto, e intentando en cada momento asemejarnos más a Él, que es la verdadera Felicidad.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 22 de julio de 2019

Santo Evangelio 22 de julio 2019



Día litúrgico: 22 de Julio: Santa María Magdalena

Texto del Evangelio (Jn 20,1-2.11-18): 

El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Estaba María junto al sepulcro, fuera, llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní» —que quiere decir: “Maestro”—. Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.


«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy celebramos con gozo a santa María Magdalena. ¡Con gozo y provecho para nuestra fe!, porque su camino muy bien podría ser el nuestro. La Magdalena venía de lejos (cf. Lc 7,36-50) y llegó muy lejos… En efecto, en el amanecer de la Resurrección, María buscó a Jesús, encontró a Jesús resucitado y llegó al Padre de Jesús, el “Padre nuestro”. Aquella mañana, Jesucristo le descubrió lo más grande de nuestra fe: que ella también era hija de Dios. 

En el itinerario de María de Magdala descubrimos algunos aspectos importantes de la fe. En primer lugar, admiramos su valentía. La fe, aunque es un don de Dios, requiere coraje por parte del creyente. Lo natural en nosotros es tender a lo visible, a lo que se puede agarrar con la mano. Puesto que Dios es esencialmente invisible, la fe «siempre tiene algo de ruptura arriesgada y de salto, porque implica la osadía de ver lo auténticamente real en aquello que no se ve» (Benedicto XVI). María viendo a Cristo resucitado “ve” también al Padre, al Señor.

Por otro lado, al “salto de la fe” «se llega por lo que la Biblia llama conversión o arrepentimiento: sólo quien cambia la recibe» (Papa Benedicto). ¿No fue éste el primer paso de María? ¿No ha de ser éste también un paso reiterado en nuestras vidas?

En la conversión de la Magdalena hubo mucho amor: ella no ahorró en perfumes para su Amor. ¡El amor!: he aquí otro “vehículo” de la fe, porque ni escuchamos, ni vemos, ni creemos a quien no amamos. En el Evangelio de san Juan aparece claramente que «creer es escuchar y, al mismo tiempo, ver (…)». En aquel amanecer, María Magdalena arriesga por su Amor, oye a su Amor (le basta escuchar «María» para re-conocerle) y conoce al Padre. «En la mañana de la Pascua (…), a María Magdalena que ve a Jesús, se le pide que lo contemple en su camino hacia el Padre, hasta llegar a la plena confesión: ‘He visto al Señor’ (Jn 20,18)» (Papa Francisco).

Se drogan, roban, matan… pero la mejor salida para los pandilleros pasa por la iglesia

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La pandilla respeta la decisión de buscar a Dios en la iglesia: allí las madres oran por sus hijos

Se drogan, roban, matan… pero la mejor salida para los pandilleros pasa por la iglesia

Felipe y Wendy en la iglesia que ahora les acoge

Felipe y Wendy en la iglesia que ahora les acoge

Frente a la vía punitiva, cristianos católicos o protestantes buscan a través del arte y la educación de calle un cambio de mentalidad para lograr la reinserción de los pandilleros. Pero en todo esto hay algo muy importante: las iglesias y los templos son lugares respetados por todos, incluso por los propios pandilleros. Lo explica Rodrigo Moreno Quicios, en Alfa y Omega.

En el distrito madrileño de Arganzuela, uno de los territorios que la banda de los Trinitarios reclama como suyo, el Centro de Ayuda Cristiano se erige como un espacio neutral al que los pandilleros pueden acudir para cambiar de vida. “Algunos vienen a la Iglesia a ver si consiguen obtener paz. No lo dicen de forma abierta a la pandilla y poco a poco ponen orden en sus vidas”, explica Alberto Díaz, el pastor evangélico responsable del complejo.

Allí puede acudir cualquiera de los 400 pandilleros que, según los Cuerpos de Seguridad del Estado, viven en Madrid y sus alrededores. La cifra real, estima el Centro de Ayuda Cristiano, es tres veces superior. Para hacer este cálculo se sirven del testimonio de antiguos líderes como Felipe, quien llegó a ser rey juramentado de los Latin Kings y pasó por cuatro prisiones por, entre otros delitos, coordinar el atraco a una joyería y dejar tetrapléjica a una persona en una pelea. Con tal hoja de servicios, ha sido muy complicado para él abandonar la banda, pues sus superiores no estaban dispuestos a perder un fichaje así. “No sé cómo, pero averiguan tu casa y te esperan en el portal. Acabas con miedo hasta para comprar el pan”, cuenta este joven procedente de Ecuador.

Por suerte, Felipe salvó el pellejo acogiéndose al único terreno que sus antiguos compañeros tienen vedado: la iglesia. En su caso, una evangélica. “En las pandillas se respeta la decisión de buscar a Dios en una iglesia porque es donde están las madres orando por sus hijos”, explica Alberto Díaz. Según este pastor, a pesar de las maldades que cometen, muchos pandilleros intentan mantener una buena relación con los sacerdotes y pastores porque saben que, el día que quieran dejar atrás su pasado, “en una iglesia van a tener esa tregua”.


Una nueva familia

El Centro de Ayuda Cristiano pretende servir como lugar de referencia a jóvenes que han caído en las redes de las bandas callejeras. Los detonantes pueden ser muchos pero, según Pablo Llano, director de CESAL, el que más se repite es el de la desestructuración familiar. Ante esa carencia “la banda les da un sentido de pertenencia”, analiza el dirigente de esta ONG católica. Es el caso de Felipe, quien llegó a España desde Ecuador con 15 años y pasaba las tardes solo. “Mi madre salía a trabajar y no llegaba hasta la noche. Entonces empecé a salir porque no tenía quien me prestara atención”, cuenta.

Todo lo que Felipe quería era nuevos amigos y la calle se los dio. Jugando al fútbol, empezó a juntarse con chavales a los que todo el barrio temía y respetaba. Rápidamente le invitaron a fiestas, “pero hay algunas a las que no puedes ir porque no perteneces a la banda. Yo quería saber lo que sucedía ahí y le pregunté a un amigo cómo hacer para ser “de la gente”. Es decir, cómo convertirse en un Latin King.

Su historia coincide en aspectos fundamentales con la de Wendy, quien llegó de República Dominicana a España con 12 años. Superada por los problemas con sus padres, comenzó a frecuentar las discotecas de menores que las bandas empleaban como lugares de captación y reclutamiento. Allí conoció a los Trinitarios, quienes se convirtieron enseguida en su nueva familia. “En la discoteca eran los más famosos y si iba con ellos me volvía alguien popular. Entré en ese mundo, empecé a salir con uno de ellos y a mandar”, recuerda.

La pendiente de la violencia

Al principio, escalar dentro de una banda es fácil. “Nunca te dicen ‘vente, que vas a pelear’. Primero se hacen tus amigos”, explica Wendy. Además, las primeras tareas son pequeñas. “Hacíamos atracos. Había que reunir una cantidad de dinero para poder comprar las pistolas, entonces les quitábamos la cadena o los móviles a los chicos que encontrábamos”, añade.

Sin embargo, a medida que ascienden en la escala interna de estas bandas, las cosas se complican para sus miembros. Así le pasó a Felipe, quien tuvo que mancharse las manos de sangre en cuanto ascendió a rey juramentado. “Mi misión era acorralar a los rivales. Siempre tenía que asestar alguna puñalada para que salieran corriendo adonde yo quisiera”, explica. Después del envite, sus víctimas huían hacia un callejón donde los subordinados de Felipe las esperaban para terminar la faena.

Durante esta época, Felipe se veía continuamente asaltado por “el cargo de conciencia y muchas pesadillas en las que te sucede lo mismo que hiciste”. Encontró alivio en las drogas y pasaba días enteros sin dormir gracias a la cocaína. Cuando quería conciliar el sueño, necesitaba fumar marihuana hasta perder la consciencia. Tampoco podía dormir su madre, aunque tenía otros motivos. “Yo podía estar cinco días sin pasar por casa y ella ya se esperaba que llamaran desde la Policía para decirle que me habían matado”, confiesa el antiguo Latin King.


Convertidos por sus madres

Desconsolada por la situación en casa, la madre de Felipe buscó apoyo en el Centro de Ayuda Cristiano, donde aprendió a afrontar el problema de otro modo. “Antes de convertirse era muy agresiva conmigo. Yo vi que cambió un montón y ya no me pegaba ni me gritaba. Al ver ese cambio pensé que también lo podía haber en mí”, cuenta su hijo. Finalmente, ella le invitó a conocer su sede. “Allí comenzaron a orientarme y dejé las malas amistades. Por el simple hecho de venir aquí, ellos también empezaron a alejarse de mí”, narra Felipe.

Para Wendy, el dolor de su madre también fue fundamental para dejar los Trinitarios, aunque en su caso se combinaron también otros elementos. “La pareja que tenía me pegaba y me quedé embarazada. Él no quería saber nada y me vi sola con 14 años y sin saber qué hacer. Caí en depresión y vi que tenía que cambiar”, confiesa.

Se convenció por completo el día que apuñalaron en Vallecas a su mejor amiga. “Podría haber sido yo”, piensa ahora, pues por aquel entonces Wendy no tenía planes mucho mejores. “Me imaginaba muerta, en un hospital o mendigando por las calles”, reconoce. Sin embargo, ahora tiene cimas más altas: “Mi mente cambió y me dije, ¿por qué tengo que robar si puedo trabajar para ganar dinero?”.

Alternativas a la violencia

CESAL gestiona el Centro de Integración y Participación de Inmigrantes (CEPI) de Tetuán. En este barrio, conocido popularmente como el pequeño Caribe de Madrid por el número de vecinos dominicanos que alberga, son frecuentes los enfrentamientos entre Trinitarios y Dominicans Don’t Play, por lo que “es fundamental dar una alternativa a los chavales de entre 18 y 20 años”, explica Pablo Llano. Dentro del CEPI, CESAL celebra todo tipo de actividades culturales, pero su labor no queda allí.

Apoyados por la Secretaría de Estado de Migraciones, sacan a sus educadores a las canchas deportivas y a los institutos para tener contacto con los jóvenes que pasan el día en la calle. También les ofrecen cursos breves tutorizados y adaptados a sus necesidades, es decir, con una inserción laboral muy rápida. “Hemos tenido experiencias muy positivas y en algunos cursos nos hemos encontrado con miembros de dos bandas enfrentadas que querían salir de ese mundo”, celebra el director del CESAL.

Fuente: Religión en Libertad