jueves, 23 de mayo de 2019

Santo Evangelio 23 de Mayo 2019


Día litúrgico: Jueves V de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».


«Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros»

Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés 
(Tarragona, España)

Hoy escuchamos nuevamente la íntima confidencia que Jesús nos hizo el Jueves Santo: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros» (Jn 15,9). El amor del Padre al Hijo es inmenso, tierno, entrañable. Lo leemos en el libro de los Proverbios, cuando afirma que, mucho antes de comenzar las obras, «yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo» (Prov 8,30). Así nos ama a nosotros y, anunciándolo proféticamente en el mismo libro, añade que «jugando por el orbe de su tierra, mis delicias están con los hijos de los hombres» (Prov 8,31).

El Padre ama al Hijo, y Jesús no deja de decírnoslo: «El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él» (Jn 8,29). El Padre lo ha proclamado bien alto en el Jordán, cuando escuchamos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido» (Mc 1,11) y, más tarde, en el Tabor: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle» (Mc 9,7).

Jesús ha respondido, «Abbá», ¡papá! Ahora nos revela, «como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros». Y, ¿qué haremos nosotros? Pues mantenernos en su amor, observar sus mandamientos, amar la Voluntad del Padre. ¿No es éste el ejemplo que Él nos da?: «Yo hago siempre lo que le agrada a Él».

Pero nosotros, que somos débiles, inconstantes, cobardes y —por qué no decirlo— incluso, malos, ¿perderemos, pues, para siempre su amistad? ¡No, Él no permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas! Pero si alguna vez nos apartásemos de sus mandamientos, pidámosle la gracia de volver corriendo como el hijo pródigo a la casa del Padre y de acudir al sacramento de la Penitencia para recibir el perdón de nuestros pecados. «Yo también os he amado —nos dice Jesús—. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,9.11).

Elena y su madre con Alzheimer: «El Señor me la pone como compañía para ayudarme a elevar la mirada»

Helena Faccia, colaboradora de ReL, ofrece un bello y profundo testimonio sobre su experiencia junto a su madre desde que ella sufre Alzheimer.

«Aprendes, aunque te cueste, que no pasa nada por renunciar a tu vida de antes»


Elena y su madre con Alzheimer: «El Señor me la pone como compañía para ayudarme a elevar la mirada»

Helena Faccia, colaboradora de ReL, ofrece un bello y profundo testimonio sobre su experiencia junto a su madre desde que ella sufre Alzheimer.

Vincent Lambert, Alfie Evans, Charlie Gard... son muchos los casos que son utilizados para defender la eutanasia, en nombre de un buenismo que esconde una lógica pérfida basada en los supuestos "derecho a decidir" y "derecho a una muerte digna".

Todos estos casos se han convertido, como escribe Laurence de Charette en Le Figaro respecto a Vicent Lambert, en "el emblema de una nueva exigencia: el 'derecho' a morir 'cuando yo quiera' y 'como yo quiera' (es decir, 'si yo quiero'). Quienes reclaman la soberanía sobre los cuerpos desde la concepción a su extinción  y pretenden regentar el misterio que los habita, los desposeen de su singularidad y de su humanidad para hacer de ellos el instrumento de esta reivindicación. Es la escapatoria de un nuevo brote de este higienismo hostil a todas las formas de debilidad, consideradas como afrentas al desarrollo y obstáculos a la propia realización. Vicent Lambert es la víctima de esta gran operación de negación que ha emprendido el hombre moderno, que cree que puede vencer a la muerte procurándosela él mismo, o negándola mediante la expulsión de los moribundos de las casas, como antes se expulsaba a los leprosos por temor al contagio".

Hace unas semanas se emitió un programa en La Sexta sobre la eutanasia. Siendo la cadena que es, no es de extrañar que todos los casos que presentaba fueran de enfermos con familiares partidarios de la eutanasia. Evidentemente, es demasiado pedir hoy en día que un programa que quiere abordar un tema de tanto espesor y relevancia intente, por lo menos, ser objetivo, e incluya a familiares y enfermos contrarios a la eutanasia.

"La mayor parte del tiempo es una niña feliz"

Mi madre tiene Alzheimer. Es el primer caso en nuestra familia. Y no ha sido fácil. En 2008, cuando tenía 71 años, tuvo un ictus del que se recuperó. Dos años más tarde tuvo la primera de una serie de crisis que los médicos diagnosticaron como epilepsia residual. Empezó un proceso degenerativo que, al principio, era lento (pequeños cambios de carácter, olvidos, dificultad en manejar el dinero), para acelerarse al cabo de un tiempo.


Tardaron en diagnosticarle el Alzheimer porque, como nos explicaron los médicos, su inteligencia y su riqueza de lenguaje les despistaba, pues aunque se daban cuenta de que no respondía exactamente a lo que ellos le preguntaban, tenía un discurso lógico.

Aunque físicamente está genial –análisis perfectos, camina, sube escaleras (vivimos en un segundo piso sin ascensor)– mi madre, mujer independiente donde las haya, artista, viajera en solitario, ahora depende totalmente para necesidades básicas como ir al baño, aseo personal, vestirse y, a veces, comer. No entiende las indicaciones, lleva braga-pañal día y noche y cinco de cada siete noches se suele hacer todo, o casi todo, encima. No se da ni cuenta.

Inventa palabras, a menudo mezclando italiano y español (mi padre era italiano), y a veces se pone nerviosa viendo una película, porque piensa que las personas están físicamente en casa. Y eso que solemos ver películas antiguas, muchas en blanco y negro. De manera esporádica, tiene alguna crisis epiléptica. Y también periodos de gran agresividad, como el que tuvo a principio de este año y que ha durado dos meses largos. En estos periodos pega, patalea y muerde (o lo intenta).

Sin embargo, la mayor parte del tiempo es una niña feliz a la que haces reír con cualquier tontería. Digamos que mi hija y yo vivimos con una niña de 3-4 años en un cuerpo de una señora de 81, que a mí me llama "mamá" desde hace tiempo.


Marisol, en el centro, flanqueada por su nieta Irene y su hija Elena.

¿Es mi madre menos por estar ella así? Lo pregunto porque es lo que solemos oír cuando las personas que defienden la eutanasia hablan de sus familiares enfermos. Oyes decir: "Es que ya no es ella", "él ya no está allí".

"Ahora soy yo su álbum de los recuerdos"

¿Somos sólo cuando nuestras facultades están intactas? Es decir, ¿sólo si nuestras facultades están intactas somos? ¿Sólo si podemos llevar una vida "normal" si somos útiles, somos?

Creo que somos más, mucho más. Mi madre es mi madre, su persona y su personalidad están intactas, aunque ya no controle los esfínteres y haga mucho que se ha olvidado de nuestros nombres, del mío y de mi hija, que somos las que vivimos con ella.

La diferencia es que ahora soy yo su álbum de los recuerdos, su diario, la que le recuerda lo que ha vivido antes de mí, porque me lo había contado en el pasado, y a partir de mí porque llevamos 56 años juntas. Me he convertido en su madre y en su memoria.

En una sociedad que limita la humanidad de la persona a la utilidad que tiene (valorada siempre en términos del beneficio económico aportado a la sociedad, que es inversamente proporcional al gasto que ocasiona a esta misma sociedad), yo defiendo el inmenso valor de mi madre, y la aportación que hace.

Sin mi madre y su Alzheimer, yo no sería la persona paciente que soy ahora. Y mi hija Irene no sería la niña -bueno, la adolescente, ya que tiene 17 años- que es ahora, a la que no le importa limpiarle las cacas a su abu.


Abuela y nieta, dos "niñas" que sonríen a la vida.

Que ha sido difícil, claro, es imposible negarlo. Al haber sido el primer caso en la familia, íbamos a ciegas, cada día había algo que superar, cada paso adelante que hacía la enfermedad, con el consiguiente retroceso en sus facultades, era un luto.

"No pasa nada por renunciar a tu vida de antes"

No es fácil vivir con una persona a la que quieres y ver que pierde facultades, que se olvida de tu nombre, de los recuerdos que te unían a ella. Mientras yo aún voy almacenando ideas, frases, conceptos, recuerdos, mi madre se va liberando de ellos porque los va perdiendo. Lloras, lloras mucho porque no sabes qué hacer, te encuentras perdida, echas de menos a este ser amado. Sin embargo, aprendes a apreciar algo tan simple como que, de repente y sin saber por qué -es el misterio de esta enfermedad- pronuncie una palabra que no ha dicho hace tiempo, o que te diga: "Me llamo Marisol", aunque haga tiempo que no se acuerde del nombre de mi hermano, su hijo. Aprendes, aunque te cueste, que no pasa nada por renunciar a tu vida de antes, en la que ibas al cine cada semana, o al teatro, o viajabas siempre que podías juntar dos días, porque hay alguien que depende de ti. Y aunque tengo un hermano maravilloso, Iván, que viene siempre que puede, tu vida ya no es tan "libre".

Aprendes que hay belleza en pasar los fines de semana viendo películas antiguas (porque nos gustan y porque las caras de los actores "le suenan"), cogidas de la mano, aunque no se entere. O escuchando música, porque la música siempre ha formado parte de nuestras vidas. ¡Cuántas veces volvía del instituto y encontraba a mi madre tejiendo -hacía tapices y esculturas textiles- y escuchando a Bach, el summum para ella!

"Un camino marcado por el encuentro con el Señor"

Aprendes a amar la debilidad y la fragilidad de la persona que siempre has considerado la más fuerte que has conocido en tu vida, porque aprendes a mirarla con ojos compasivos y, a la vez, con los ojos de la realidad. Pero para conseguir esto hay que emprender un camino, al menos yo he tenido que emprenderlo. Un camino marcado por el encuentro con el Señor, por los amigos que Él ha puesto a mi lado que, en los momentos iniciales más agudos de la enfermedad (cuando mi madre se negaba a ducharse durante cinco días, o no dormía por las noches, por lo que no dormía nadie en casa, o era de una violencia increíble, una persona que ha sido de lo más pacífico en su vida), han sido mi apoyo, los que me han ayudado a elevar la mirada hacia Él, a no perder el centro. Porque el quid de la cuestión, muchas veces, es este: la compañía. La compañía del Señor y, también, la compañía "encarnada" que el Señor te da y que tiene nombres propios y rostros distintos. Como, por poner un único ejemplo, el de una amiga mía que, una vez que tenía una reunión aquí, en ReL, se ofreció a ocuparse de mi madre. Y, en un segundo que había ido a la cocina a buscar agua, se la encontró desnuda en su patio y metida en la piscina de plástico de sus hijos. A la pobre le costó Dios y ayuda convencerla para que se vistiera.


A veces, cuando miro a mi madre, me acuerdo del retrato que hace Philip Roth de su padre, diagnosticado de tumor cerebral, en su maravillosa obra Patrimonio. En un momento del libro, Roth cuenta que su padre se levanta de la mesa para ir al baño. Al cabo de bastante tiempo se da cuenta de que aún no ha regresado y va a ver qué pasa. Su padre, que llevaba días con estreñimiento, literalmente dice: "Me he cagado". Lo que sigue es una descripción del baño, cubierto de heces por todas partes, cómo Roth vuelve a duchar a su padre, que ya había intentado limpiarse, cómo limpia todo el baño, lo airea, etc. Y en un momento dado escribe: "Me hacía sentirme a disgusto que hubiera tenido que luchar con tanto heroísmo y tan poca fortuna por lavarse antes de que yo subiera al cuarto de baño; también comprendía su vergüenza, el bochorno que había tenido que sentir; y, no obstante, ahora que todo había terminado, viéndolo tan profundamente dormido, pensé que no habría podido pedir más para mí antes de su muerte: esto también está bien y era lo que tenía que ser. Uno limpia la mierda de su padre porque no hay más remedio que limpiarla, pero después de haberla limpiado, todo lo que hay que sentir se siente como jamás antes se había sentido. […] Este era mi patrimonio: no el dinero, ni los tefelines, ni el cuenco de afeitar, sino la mierda".


Elena Faccia, colaboradora de ReL, junto a Marisol, su madre.

Es también el patrimonio que me deja mi madre, junto a su fragilidad, su dependencia, la posibilidad de ser, a la vez, su hija y su madre y la conciencia de que ella también es parte de esa compañía que el Señor me ha dado: lo era cuando nací de ella, pero durante muchos años no fui plenamente consciente porque lo daba por descontado. Siempre damos por descontados a los padres. Sin embargo, ahora que ella es la frágil, la más débil, la más necesitada, el Señor me la pone como compañía de manera nueva, para ayudarme a elevar la mirada.

Fuente: Religión en Libertad

«Sí, soy autista», un sacerdote comparte su diagnóstico y pide a acoger a los autistas en la Iglesia



«Sí, soy autista», un sacerdote comparte su diagnóstico y pide a acoger a los autistas en la Iglesia

Con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, celebrado recientemente, el P. Matthew Schneider, L.C., decidió hacer público su diagnóstico de autismo y la “necesidad de evangelizar este segmento de la población”, pues como explica a través de un vídeo publicado en su canal de Youtube, “somos alrededor del 1,5% al 2% de la población. Tenemos una posibilidad mucho mayor de ser ateos, una probabilidad mucho menor de asistir a los servicios religiosos semanalmente... necesitamos que alguien se comunique con esa comunidad, que inculque el Evangelio a la mente autista".

También señaló, como recoge la agencia de noticias Aciprensa, que decidió publicar su historia con un deseo de transparencia y una esperanza de evangelización. Señaló que "tenemos que llevar a esas personas a la comunidad", sugiriendo que una comprensión cristiana de la caridad debería fomentar esta inclusión.

Las personas autistas pueden tener dificultades para trasladar el concepto o las ideas al lenguaje humano, mientras esperan que otras personas entiendan el punto que intentan expresar, dijo el sacerdote. "Pero con Dios en oración, puedo compartir directamente mis ideas con Dios, sin llevarlo al lenguaje humano", aseguró.


El P. Matthew Schneider, L.C.

En diálogo con CNA -agencia en inglés del Grupo ACI-, Scheinder habló sobre su vida durante la intersección entre el autismo y el sacerdocio católico, y su esperanza de llevar la fe católica a más personas que comparten este diagnóstico.

"El autismo es principalmente una distinción en una forma de pensar, una diferencia neurológica", indicó. De igual manera, el autismo presenta desafíos, incluida la dificultad para captar señales sutiles y no verbales. Para el sacerdote, esto significa poner un esfuerzo extra al sociabilizar.

El sacerdote relató que al “darse cuenta de que iba a tener estas dificultades, intenta esforzarse al máximo, incluso si eso le cansa”. "Tengo lo que es una especie de memoria autista estereotipada, que es una muy buena memoria de detalles y hechos, que ha sido útil de diferentes maneras como sacerdote", aseguró.

Asimismo, descubrió que puede superar algunos de los desafíos asociados con el autismo mediante el uso de un método llamado Teoría de la Mente, con el que adivina lo que otra persona está pensando mientras habla con ella. También le ayuda a preparar homilías y escribir artículos, anticipando cómo puede reaccionar su audiencia cuando leen o escuchan su trabajo.

"Eso es algo consciente que hago, mientras que la mayoría de la gente simplemente lo hace inconscientemente", explicó.


El P. Schneider pide que se ayude a integrar a los autistas en la Iglesia y ayudarles a normalizar su vida

Dificultades para un sacerdote autista

Sin embargo, incluso con esas herramientas, hay algunas tareas que serían especialmente difíciles para un sacerdote autista, dijo el P. Schneider. Una asignación o rol típico de la parroquia como capellán de una escuela le presentaría problemas, dada la dificultad que las personas autistas suelen tener para captar las señales no verbales, particularmente durante las conversaciones cara a cara.

Como muchas personas en la comunidad autista, el P. Schneider tiene una memoria aguda y una buena mente para los hechos. Tiende a ser un pensador, escritor y predicador concreto. Se describe a sí mismo como "impulsado intelectualmente" y siempre ha sido un buen estudiante.

El P. Matthew Schneider recordó cuando se le pidió que continuara como capellán de la escuela y líder del ministerio juvenil. "No lo esperaba. Sabía que era un nuevo rol y había cometido algunos errores, pero pensé, bueno, hay una curva de aprendizaje, y casi cualquiera va a cometer algunos errores si se le asigna un nuevo rol como ese", recordó.

Si bien la experiencia fue frustrante en ese momento, hoy lo recuerda como una bendición, porque eventualmente lo llevó a ser diagnosticado con autismo. Esto lo ayudó a entenderse mejor a sí mismo y, en última instancia, a encontrar roles en los ministerios en los que mejor se adaptaba.

"Podemos presentar la fe de una manera emocional que es buena para mucha gente, pero los autistas tendemos a pensar mucho más lógicamente. Así que simplemente una explicación más lógica es más útil... para que entendamos por qué”, dijo.

Apoyo y proyección para un sacerdote autista

Por otro lado, comentó que sus superiores en la Legión de Cristo lo han apoyado mucho, y que "no estaba seguro de qué tipo de actitud tendrían o qué tipo de cosas querrían cuando fui diagnosticado". Sin embargo, aseguró que fue recibido con apoyo y aliento, el cual se manifestaba desde "cosas simples, como ayudarme a avanzar hacia ministerios en los que es más probable que tenga éxito como persona autista”.

"No hay una barita mágica, y no hay un momento en que deje de ser autista, en el que pueda entender perfectamente esas señales sociales. Puedo esforzarme en comprenderlas mejor, pero no será exactamente lo mismo como en el caso de las personas no autistas", expresó.

El P. Schneider espera ver materiales y programas catequéticos desarrollados para abordar mejor estas características de la mente autista. También indicó que las personas con autismo "tienden a tener una memoria muy fuerte a largo plazo, y que eso puede ser una ventaja para aprender sobre fe, ya que nunca olvidamos lo que se nos enseña, por lo que no tenemos que hacer tanta repetición".

Actualmente está trabajando en una tesis doctoral en Teología, mientras ayuda en el centro de retiros de Maryland donde vive. Dijo que su objetivo es convertirse en un profesor de seminario o escritor, ya que "estos son campos que, como autista, creo que voy a tener éxito más que en muchos otros ministerios sacerdotales más estereotipados, como parroquias o capellanías".

“Jesús nos ama, Jesús quiere lo mejor para nosotros, cualquiera que sea nuestra situación esta es la vida, y como autistas, tenemos la oportunidad de experimentar el amor de Dios de una manera autista. No tenemos que conformar nuestra propia experiencia con Dios, en oración y en la liturgia, a cómo piensan los demás, pero podemos experimentarla a nuestra manera, que es 100% válida”, afirmó.

El P. Schneider no había hablado ampliamente sobre su diagnóstico fuera de su comunidad. Tiene dos cuentas de Twitter: una pública con su nombre y otra anónima con el usuario @AutisticPriest, donde publica sobre fe y autismo. Planea lanzar vídeos en YouTube sobre temas como la oración y la teología cristiana, presentados de una manera que sea más propicia para la mente autista.

Si quieres ver el testimonio del P. Schneider, L.C., entra en este vídeo.


Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 22 de mayo de 2019

Santo Evangelio 22 de Mayo 2019


Día litúrgico: Miércoles V de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,1-8):

En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos».


«Permaneced en mí, como yo en vosotros»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy contemplamos de nuevo a Jesús rodeado por los Apóstoles, en un clima de especial intimidad. Él les confía lo que podríamos considerar como las últimas recomendaciones: aquello que se dice en el último momento, justo en la despedida, y que tiene una fuerza especial, como si de un postrer testamento se tratara.

Nos los imaginamos en el cenáculo. Allí, Jesús les ha lavado los pies, les ha vuelto a anunciar que se tiene que marchar, les ha transmitido el mandamiento del amor fraterno y los ha consolado con el don de la Eucaristía y la promesa del Espíritu Santo (cf. Jn 14). Metidos ya en el capítulo decimoquinto de este Evangelio, encontramos ahora la exhortación a la unidad en la caridad.

El Señor no esconde a los discípulos los peligros y dificultades que deberán afrontar en el futuro: «Si me han perseguido a mí, también a vosotros os perseguirán» (Jn 15,20). Pero ellos no se han de acobardar ni agobiarse ante el odio del mundo: Jesús renueva la promesa del envío del Defensor, les garantiza la asistencia en todo aquello que ellos le pidan y, en fin, el Señor ruega al Padre por ellos —por todos nosotros— durante su oración sacerdotal (cf. Jn 17).

Nuestro peligro no viene de fuera: la peor amenaza puede surgir de nosotros mismos al faltar al amor fraterno entre los miembros del Cuerpo Místico de Cristo y al faltar a la unidad con la Cabeza de este Cuerpo. La recomendación es clara: «Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5).

Las primeras generaciones de cristianos conservaron una conciencia muy viva de la necesidad de permanecer unidos por la caridad. He aquí el testimonio de un Padre de la Iglesia, san Ignacio de Antioquía: «Corred todos a una como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, a un solo Jesucristo que procede de un solo Padre». He aquí también la indicación de Santa María, Madre de los cristianos: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).

«Si se conoce a Bernadette, es imposible no enamorarse de ella y no pensar en el Paraíso»

Bernadette murió el 16 de abril de 1879, cuando apenas tenía 35 años

Este gran pensador católico explica por qué el mensaje de Lourdes es más actual que nuncaMessori: 

«Si se conoce a Bernadette, es imposible no enamorarse de ella y no pensar en el Paraíso»

Bernadette murió el 16 de abril de 1879, cuando apenas tenía 35 años

Hace unos días ha llegado a Orio al Serio (Bergamo), una reliquia de Bernadette Soubirous, que en los próximos meses recorrerá treinta y cuatro diócesis italianas. Pues bien, ¿qué es lo que nos quiere decir hoy esta extraordinaria santa? Se lo ha preguntado Costanza Signorelli a Vittorio Messori en una entrevista de La Nuova Bussola Quotidiana, que nos revela por qué el mensaje de la Virgen de Lourdes es más actual que nunca:



Como el Cielo, o como un espacio sin límites ni obstáculos: así fue Bernadette Soubirous para la Virgen. Fue su pedazo de Cielo en la tierra, donde Ella pudo moverse en total libertad con el fin de llevar a cabo su plan de Salvación por las almas y el mundo entero. Tal vez fue por esto que, con la pequeña santa de Lourdes, "la Señora" se sintió como si estuviera en casa.

Además, "si se conoce a Bernadette, es imposible no enamorarse de ella y no pensar en el Paraíso", afirma Vittorio Messori que, en relación a las dieciocho apariciones de la Santa Virgen en Lourdes, ha escrito uno de los ensayos más completos que se han publicado nunca en materia. Es más: Messori sigue siendo, por propia admisión, uno de los más fervientes devotos del Santuario mariano y, también, de la "pequeña analfabeta sobre cuyos hombros pesa toda la verdad de este acontecimiento sobrenatural». 

Por todo esto, le hemos pedido que nos hable de esta extraordinaria Santa, en vista de que su reliquia -una costilla de su cuerpo incorrupto- recorrerá nuestro país.

- Messori, en estos días una reliquia de santa Bernadette recorre las diócesis italianas. Esto me lleva a preguntarle: en su opinión, ¿qué quiere decirnos, hoy, Bernadette?

- Le respondo con una anécdota. Cuando, en plena noche, Bernadette llegó al convento de Nevers, donde vivió encerrada hasta el final de sus días, elevó la mirada al cielo y dijo: "He venido aquí a esconderme, la Santa Virgen se ha servido de mí y después me ha puesto, justamente, en mi lugar y yo soy feliz por ello". Después de años de clausura, un día le propusieron a Bernadette volver durante un tiempo a su amada Lourdes. Rápidamente respondió: "No volveré nunca. Yo no soy importante, sólo la Señora es importante, por eso no quiero quitarle la luz a la Señora, ni siquiera por un día. Mi lugar está aquí, no entre la multitud". Por eso no sé si a Bernadette le gustará que una parte de su cuerpo incorrupto esté dando vueltas. Sin embargo, ciertamente estará contentísima si esto sirve para atraer toda la atención posible sobre la Virgen de Lourdes y sus mensajes. Por lo demás, a Bernadette lo único que le gustaría es desaparecer.

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-¿Se puede decir que este permanecer en la sombra fue uno de los signos más grandes de su santidad?

- Ocultarse fue, sin duda, uno de los caracteres principales de la santidad de Bernadette. Decía que ella sólo era un instrumento, "la escoba que ha utilizado la Virgen para, después, ocultarme detrás de la puerta", y ni tan siquiera comprendía por qué había sido elegida una persona como ella. Bernadette, una vez dicho lo que le habían pedido que dijera, habría querido callar para siempre. De hecho, en Nevers obtuvo la garantía de que no habría vuelto a hablar de Lourdes. El día después de su llegada al convento, la superiora reunió a todas las monjas del monasterio y de los pueblos cercanos; la santa entonces contó su encuentro con la Virgen de Lourdes, tras lo cual todos fueron obligados a permanecer en silencio, con gran alivio por su parte. A pesar de que muchos iban a Nevers para verla, Bernadette recibía, obligada por las monjas, sólo a los obispos. Y a sus preguntas, sólo repetía: "Haced referencia a las cosas que he dicho en cuanto las he escuchado". Mantuvo esta voluntad de ocultación incluso después de su muerte.

- ¿Qué quiere decir?

-Todo el que entre en la iglesia del convento de Nevers, no verá enseguida a Bernadette. De hecho, sólo buscándola podrá ver su cuerpo incorrupto, en un altar lateral: "Si realmente me queréis enterrar en la iglesia, dijo poco antes de morir, ponedme en un lugar escondido". Y ciertamente no está contenta con la urna en la que la han puesto, demasiado lujosa para ella.    

- Pasemos al mensaje de Lourdes. Lo primero que la Virgen le dijo a Bernadette fue: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro...".

-Y así fue. Bernadette pasó su vida en el dolor físico. Murió con 35 años, entre grandes sufrimientos, pero nunca se quejó. Nunca buscó el dolor, desde luego no era masoquista, pero siempre lo aceptó y acogió. En una ocasión, en los últimos momentos de su vida, en los que le costaba tanto respirar, se le escapó decir: "Me gustaría que alguien me abriera el pecho para poder respirar mejor". Se arrepintió inmediatamente porque pensó que se había quejado. Otro día, que transcurrió por enésima vez en la enfermería, Bernadette dijo: "Mi oficio es estar enferma". Bernadette vivió en la fe verdadera, es decir, aceptó siempre y voluntariamente todo lo que el Cielo le pedía, sin pedir nunca ni más ni menos.

-Volviendo a la aparición: la Virgen habló de la Vida eterna -el "otro  mundo"- como promesa de felicidad...

-Un día, una hermana le dijo a Bernadette: "Sufres mucho, pero de todas formas estás segura de que irás al Paraíso, porque la Santísima Virgen te lo prometió". Bernadette, que había ocasiones en los que sabía ser severa, respondió secamente: "¿El Paraíso?", ya que no estaba segura de merecérselo. Esto demuestra con qué conciencia de la Vida eterna vivió Bernadette cada día en este tierra.

-A menudo se considera que Lourdes es un lugar de sanación física; sin embargo, en realidad la Virgen no habló nunca de "enfermos o enfermedades" del cuerpo...

-La Virgen ha venido para ayudarnos a sanar en el espíritu. Lourdes, en su esencia, no es una clínica del cuerpo, sino una clínica del espíritu. La misma Bernadette no pidió nunca la curación física, sino que pedía sin cesar la de su alma. Sin embargo, una cosa tiene que quedar clara: las curaciones físicas concedida por el Cielo son valiosas y son la prueba material de la veracidad de estas apariciones marianas. Además, hay que decir que Lourdes es el único santuario en el mundo que tiene un dispensario medico en su interior, donde se han verificado muchos milagros. A pesar de lo cual, es necesario subrayar que la Virgen, en sus dieciocho apariciones, habló de pecado, de penitencia como reparación al mal espiritual, y nunca habló de enfermedad y curación física. A este respecto, es muy significativo lo que le sucede al cuerpo de Bernadette después de su muerte.

- ¿Qué sucedió?

- Cuando murió en 1879, a los 35 años de edad, parecía que tenía más de 70 de lo consumido que estaba su cuerpo a causa de los males que lo habían destrozado. Pues bien, no sólo la muerte no consiguió nunca corromper su cuerpo, sino que lo transformó, haciendo que fuera bellísima. Las monjas ancianas que habían vivido con ella y asistieron a la exhumación de su cuerpo, se quedaron asombradas porque vieron con sus ojos que la muerte la había transfigurado. Dos de ellas se desmayaron por la emoción.

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- Volvamos a las palabras que la "Señora" profirió durante las apariciones. El miércoles 24 de febrero de 1858 dijo: "Penitencia, penitencia, penitencia. Reza por la conversión de los pecadores". ¿Qué significaba "hacer penitencia" para Bernadette?

- El Papa Bergoglio ha dicho en varias ocasiones que quiere que la Iglesia sea como un hospital de campaña. Pues bien, Lourdes es exactamente un hospital, pero (¡no lo olvidemos!), sobre todo y en primer lugar para las enfermedades espirituales. La Virgen, en Lourdes, vino para ayudarnos en el espíritu, para curar el alma. Entonces, esta "penitencia" invocada tres veces sirve para recordarnos esto precisamente: tenemos que rezar mucho, tenemos que alejarnos con firmeza del pecado y tenemos que cuidar los bienes del espíritu. Hoy existe la peligrosa tendencia a concebir la Iglesia como una realidad horizontal y no vertical; se quiere reducirla a una ONG, es decir, a una organización comprometida en sanar los males materiales del mundo. Pues bien, la Virgen, en Lourdes, a través de Bernadette nos recuerda que la misión principal de la Iglesia es conducirnos a la Vida eterna. Las obras de caridad materiales son necesarias y valiosas, pero sólo si son una consecuencia de la fe.

- Una última pregunta: ¿por qué, entre todas las apariciones marianas, la que está más cerca de su corazón es precisamente Lourdes, y santa Bernadette?

- Nací el 16 de abril, que es precisamente el día en que Bernadette nació al cielo. También es el cumpleaños del papa emérito, Joseph Ratzinger, con el que siempre nos hemos alegrado de haber nacido el mismo día que la santa de Lourdes. Pero, aparte de estas anécdotas, lo que siempre me ha atraído de Lourdes es esta evidencia, que se impone: los planes de Dios no son los de los hombres. Pensemos en esto: cuando nosotros, los hombres, queremos anunciar algo verdaderamente importante, elegimos al personaje más cotizado, más conocido, con más títulos. Al contrario, cuando María ha querido hablarnos, ha elegido de verdad a la última entre los últimos: no había ninguna más ignorante, más enferma, más pequeña, más ignorada, menos apreciada, más sospechada: su padre había sido denunciado por hurto, su madre tenía fama de borracha. Ella misma, en sus oraciones a la Virgen, dijo: "Si hubiera habido en la tierra una niña más ignorante y estúpida, Tú habrías elegido a esa". Conociéndola de verdad, es imposible no enamorarse de ella: en Bernadette vive el Evangelio en estado puro. Es la más pobre, pero a la que se le da todo lo que importa. Yo veo en Bernadette la realización más radical del Evangelio. Por esto, cada noche le pido que interceda por todos nosotros.

Traducido por Elena Faccia Serrano.

Publicado en Cari Filii News

Fuente: Religión en Libertad

martes, 21 de mayo de 2019

Santo Evangelio 21 de Mayo 2019


Día litúrgico: Martes V de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 14,27-31a): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros’. Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado».


«Mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo»

Rev. D. Enric CASES i Martín 
(Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos habla indirectamente de la cruz: nos dejará la paz, pero al precio de su dolorosa salida de este mundo. Hoy leemos sus palabras dichas antes del sacrificio de la Cruz y que fueron escritas después de su Resurrección. En la Cruz, con su muerte venció a la muerte y al miedo. No nos da la paz «como la da el mundo» (cf. Jn 14,27), sino que lo hace pasando por el dolor y la humillación: así demostró su amor misericordioso al ser humano.

En la vida de los hombres es inevitable el sufrimiento, a partir del día en que el pecado entró en el mundo. Unas veces es dolor físico; otras, moral; en otras ocasiones se trata de un dolor espiritual..., y a todos nos llega la muerte. Pero Dios, en su infinito amor, nos ha dado el remedio para tener paz en medio del dolor: Él ha aceptado “marcharse” de este mundo con una “salida” sufriente y envuelta de serenidad.

¿Por qué lo hizo así? Porque, de este modo, el dolor humano —unido al de Cristo— se convierte en un sacrificio que salva del pecado. «En la Cruz de Cristo (...), el mismo sufrimiento humano ha quedado redimido» (San Juan Pablo II). Jesucristo sufre con serenidad porque complace al Padre celestial con un acto de costosa obediencia, mediante el cual se ofrece voluntariamente por nuestra salvación.

Un autor desconocido del siglo II pone en boca de Cristo las siguientes palabras: «Mira los salivazos de mi rostro, que recibí por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido».

«Yo estaba lejos de Dios y mi amiga me dice que tiene una posesión diabólica muy, muy fuerte»

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Begoña Rosado había abortado, vivía una vida mundana... y todo cambió al reencontrar a su amiga

«Yo estaba lejos de Dios y mi amiga me dice que tiene una posesión diabólica muy, muy fuerte»

Begoña Rosado explica cómo la experiencia de una amiga poseída le abrió los ojos a la vida sobrenatural y de gracia

Begoña Rosado ha contado su testimonio de fe en HM Televisión, en el veterano programa Cambio de Agujas. Ella se convirtió cuando retomó el contacto con una amiga de la adolescencia después de veinte años sin tratarse. Su amiga le dijo algo asombroso: estaba poseída. Cuando Begoña consiguió visitarla, ya no lo pudo dudar. 

Una infancia con fe, y una amiga especial

"Nací en una familia católica por costumbre; mi padre era muy creyente, mi madre no tanto. Los domingos, obligados por el ambiente, practicábamos la fe, pero sin una base de fe firme. Mi educación en una escuela de las carmelitas fue una etapa muy bonita, pero luego en la adolescencia, al dejar el colegio, me alejé muchísimo de Dios".

Al empezar la adolescencia, de los 11 a 13 años, hizo una amiga especial en las carmelitas. Recuerda que conectaron bien en un campamento en Tarazona. Era una niña con problemas para hacer amistades, mientras que Begoña era muy social y extrovertida. Y congeniaron durante esos dos o tres años de relación.

Alejándose de Dios... y un aborto

Begoña era la séptima de ocho hermanos. Al ir creciendo, sus padres, ya mayores, no la vigilaban mucho. "Yo salía con las amigas y no me sentía feliz en ningún ambiente". Ya no se relacionaba con nada de la Iglesia, su vida era plenamente mundana.

A los 18 años conoció a quien sería su marido. A los 19 años, aún sin planes de casarse, quedó embarazada de él. "Tomé la decisión, yo sola, de abortar. Él lo sabía, pero no participó en la decisión".

Explica como fue el día del aborto, en el centro abortista: "No te dejan ver los monitores, no te dejan pensar... ni te permites ni te permiten pensar que estás haciendo algo malo. Pero es lo que es, estás quitando vidas". Aquello le dejó una herida profunda.

Al poco, yendo a recoger a un familiar en una iglesia, y sintiendo un dolor interior, emocional, paró a hablar con un sacerdote. Le habló de su reciente aborto... y el sacerdote le dio la absolución. Aún algo desconcertada, se dio cuenta de que era la primera vez que se confesaba desde su Primera Comunión.

Había recibido el perdón de Dios, pero aún así no se perdonaba a sí misma y, lejos de Dios, tardaría en hacerlo. Hoy, dice, habla "con libertad y mucha paz" de su vivencia dolorosa con el aborto, para ayudar a otras mujeres, animando a todas a reconocer los hechos, hacer la paz con el hijo muerto y confesarse.

Pero entonces no podía hacer nada de eso. Finalmente se casaron, "por la Iglesia, por nuestros padres, porque yo no me quería casar por la Iglesia".

Al principio, "vivía bien, una vida muy cómoda, encauzada", pensaba. Creía que con su marido, su familia, los hijos que fueron llegando, encontraría un amor que la llenara. Y sin embargo, no parecía suficiente. "Hoy veo que buscaba un amor más grande", considera Begoña.

Y después llegó una época de problemas personales, familiares... "Todo se desvanecía, era duro y no veía salida".

Begoña Rosado explica cómo la experiencia de una amiga poseída le abrió los ojos a la vida sobrenatural y de gracia

"Y me confiesa que tiene una posesión diabólica"

En esa época triste, a través de Internet, reencontró a su antigua amiga de adolescencia, después de 20 años sin contacto. Le hizo mucha ilusión. Se contaban sus vidas por Internet y teléfono casi cada semana. Pero no conseguían quedar en persona. La amiga contó a Begoña que había tenido una vida muy caótica y desordenada, que le habían diagnosticado fibromialgia crónica, que tenía dolores muy fuertes, pasaba en su cama mucho tiempo.

Begoña vio que su amiga hablaba mucho de Dios. Pensó: "supongo que es normal, se aferra a lo que puede en su enfermedad".

Pero en 2012 su amiga le dijo algo asombroso. "Ella me confiesa que tiene una posesión diabólica de un grado muy, muy fuerte, y yo la verdad me quedé un poco asombrada. De hecho, mi reacción al principio fue de total incredulidad".

Ella era escéptica al respecto pero la curiosidad le movió. Se puso a leer sobre el tema, a interesarse. Y a hablar con ella.

Según explica Begoña, el origen de la acción diabólica en su amiga estaba en "un 'trabajo' que hicieron a su madre", es decir, que su madre acudió a una bruja estando embarazada de ella. "Echando la vista atrás, hoy entiendo los problemas de esta chica en el colegio, su dificultad para socializar". Estudiaban en un colegio carmelita y ella rehuía todas las cosas religiosas. También estaba a menudo indispuesta.

En 2011, después de haber pasado por todo tipo de médicos y de especialistas psicológicos, la amiga se había dado cuenta de que sentía un rechazo peculiar por las cosas de Dios. Un día vio un vídeo de un exorcista en YouTube "y se puso fatal". Después se "puso en tratamiento", explica Begoña; es decir, contactó con un exorcista que la atendió.

Visitar a una amiga poseída

Begoña por fin logró ir a visitar a su amiga. Antes, precavida, y ya acercándose a las cosas de Dios, se confesó. Luego lo haría otras dos veces más "porque veinte años de pecado dan para mucho que contar".

Begoña quiso hacer una prueba ("una trampa", dice ella). "Pedí a mi suegra que me comprase un colgante religioso bendecido. Lo llevé en una caja. Estando con ella en el sofá, le entregué el regalo, y ella, al tomarlo, sin saber lo que había dentro, tuvo una reacción de rechazo absoluto. Entonces me quedé paralizada: yo no podía moverme. Su madre me dijo, sonriendo: no pasa nada, es 'él'". Volviendo con mi marido, en el coche, le dije: "¿has visto lo que yo he visto?; por favor, vámonos enseguida a una iglesia".

Desde entonces Begoña ha visto "cosas muy duras" en la experiencia de su amiga. Luego conocería a otras personas en una situación similar, explica. Toda su visión del mundo, cambió. Se dio cuenta que su vida había sido narcisista, mundana... y lloró recordando su pasado.

Creciendo en la vida cristiana

Varias cosas desde entonces han ayudado a Begoña en la vida cristiana, como leer la vida de los santos y tener dirección espiritual. Cuenta que después llegó "un encuentro con el Señor, maravilloso; ya le conocí, me enamoré de Él, me llenó la vida, plena, por completo. Me siento tan feliz... encontré ese amor lleno, que crece, del que hablaba al principio".

Hoy es muy devota del Padre Pío, y vive su espiritualidad en el movimiento internacional de Siervos del Sufrimiento, que en Madrid pastorea el padre Isaac Parra. "La película del padre Pío fue de las primeras que vi cuando me convertí", explica.

Anima a todos a vivir en gracia de Dios y a evitar los engaños de la Nueva Era, el reiki, la ouija... "Todo eso es un caramelo envenenado", avisa. Explica que su amiga y otras personas en situación similar ofrecen sus sufrimientos por el bien del mundo. De esa entrega, aprende también ella.