jueves, 24 de agosto de 2017

Santo Evangelio 24 de agosto 2017



Día litúrgico: 24 de Agosto: San Bartolomé, apóstol

Texto del Evangelio (Jn 1,45-51): En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».


«Ven y lo verás»
Mons. Christoph BOCKAMP Vicario Regional del Opus Dei en Alemania 
(Bonn, Alemania)


Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. El evangelista san Juan relata su primer encuentro con el Señor con tanta viveza que nos resulta fácil meternos en la escena. Son diálogos de corazones jóvenes, directos, francos... ¡divinos!

Jesús encuentra a Felipe casualmente y le dice «sígueme» (Jn 1,43). Poco después, Felipe, entusiasmado por el encuentro con Jesucristo, busca a su amigo Natanael para comunicarle que —por fin— han encontrado a quien Moisés y los profetas esperaban: «Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1,45). La contestación que recibe no es entusiasta, sino escéptica : «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Jn 1,46). En casi todo el mundo ocurre algo parecido. Es corriente que en cada ciudad, en cada pueblo se piense que de la ciudad, del pueblo vecino no puede salir nada que valga la pena... allí son casi todos ineptos... Y viceversa.

Pero Felipe no se desanima. Y, como son amigos, no da más explicaciones, sino dice: «Ven y lo verás» (Jn 1,46). Va, y su primer encuentro con Jesús es el momento de su vocación. Lo que aparentemente es una casualidad, en los planes de Dios estaba largamente preparado. Para Jesús, Natanael no es un desconocido: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¿De qué higuera? Quizá era un lugar preferido de Natanael a donde solía dirigirse cuando quería descansar, pensar, estar sólo... Aunque siempre bajo la amorosa mirada de Dios. Como todos los hombres, en todo momento. Pero para darse cuenta de este amor infinito de Dios a cada uno, para ser consciente de que está a mi puerta y llama necesito una voz externa, un amigo, un “Felipe” que me diga: «Ven y verás». Alguien que me lleve al camino que san Josemaría describe así: buscar a Cristo; encontrar a Cristo; amar a Cristo.

Cardenal Simoni, 28 años en la cárcel: «Jesús está con quien le ama con mortificación y oración»


«La vía del Paraíso es la vía dulce y luminosa de la Cruz»

Cardenal Simoni, 28 años en la cárcel: «Jesús está con quien le ama con mortificación y oración»

Cardenal Simoni, 28 años en la cárcel: «Jesús está con quien le ama con mortificación y oración»

El cardenal Ernest Simoni en noviembre pasado, y dos años antes, cuando su relato hizo llorar a Francisco.


Es difícil olvidar el momento vivido el 21 de septiembre de 2014 en la catedral de San Pablo en Tirana (Albania), cuando el Papa Francisco lloró y abrazó emocionado al anciano sacerdote Ernest Simoni, después de escuchar el estremecedor relato de sus torturas a manos del régimen comunista y de su doble reclusión de 18 años primero y 10 después en trabajos forzados en una mina y unas alcantarillas.



Dos años después, el 19 de noviembre de 2016, Francisco elevó al cardenalato a Simoni, un gesto hacia un hombre en su condición de testigo de la fe. Gigliola Alfaro le ha entrevistado para la agencia SIR recordando lo que ha sido su vida y para comentar el giro radical que ha vivido el país tras el fin de la pesadilla:

Ha perdonado a sus verdugos y ha dedicado su vida a la reconciliación entre las personas. La suya es una vida entregada a Dios y a los demás.

Hay vidas que se caracterizan por ser un don para los demás. Vidas entregadas en el amor de Dios y por el prójimo. Vidas que no han retrocedido ni un milímetro tampoco ante las torturas y las persecuciones. En Albania, durante la dictadura comunista de Enver Hoxha, sacerdotes, religiosos y fieles fueron un punto de referencia para los otros. Para el régimen su presencia era un peligro, porque daban esperanza a los que sufrían y la entrega de su vida era un ejemplo para el pueblo. Perseguidos por amor a Cristo, sacerdotes, religiosos y laicos no dudaron en morir por no renegar de su fe.

En Scutari, cerca de la catedral de San Esteban, el 5 de noviembre de 2016 fueron beatificados 38 mártires, asesinados en los tiempos de la dictadura.



Hoy, en el País de las Águilas está garantizada la libertad religiosa y son muchísimos los misioneros que, en las aldeas y montañas, en las que hay muchísima pobreza, afrontan cualquier incomodidad para dar a conocer a Jesús. Una misión que también el cardenal Ernest Simoni ha llevado a cabo hasta avanzada edad, en especial en las parroquias de Barbullush y Trush, en Fushë Arrëz. Como muchos de sus amigos, también el cardenal estaba dispuesto a entregar la vida, pero Dios tenía otros proyectos para él.

A punto de cumplir 89 años (nació en Scutari el 18 de octubre de 1928) y después de sufrir atrozmente durante las persecuciones, el purpurado albanés es hoy un testigo de cómo la fe y el amor por Cristo no pueden ser derrotados por los poderes de este mundo. Asombran su fe granítica, su continuo agradecimiento al Señor por haberle dado la fuerza de superar todas las dificultades y su corazón generoso, que nunca ha cultivado el odio.

-Eminencia, la Iglesia albanesa sufrió grandes persecuciones a causa de Cristo, pero la fe ha resistido. ¿Esto ha sido posible por la obra y el testimonio de sacerdotes y religiosos como usted?
-He tenido amigos sacerdotes asesinados por la fe. Jesús nos dijo: "Os perseguirán, sufriréis adversidades, pero tenéis que confiar. Yo he vencido al mundo". Jesús está con todos los que rezan, los que hacen Su voluntad y lo aman con obras, con la mortificación, la oración diaria; así, todo lo que hacen desciende de la gracia divina, que ilumina la mente y el espíritu de quienes aman a Jesús en la Cruz, porque la vía del Paraíso no es fugaz como la promesa de este mundo, sino que es la vía dulce y luminosa a través de la cruz. Ésta ha sido nuestra meta diaria: acercar a Jesús a los corazones de las personas. Nos ocupábamos cada día en hacer conocer el rostro de Jesús en sus corazones y almas. Esto fue posible por la gracia y el poder del Espíritu Santo.

-El Papa Francisco, después de conocerle en 2014, en el vuelo de vuelta de Albania dijo: "Oír hablar a un mártir del propio martirio es muy fuerte". Háblenos de su experiencia...
-El régimen comunista quería alejarme de Jesús. Me consideraban un "enemigo del pueblo". Al no querer renegar de la fe, en Nochebuena de 1962 me arrestaron mientras celebraba la Santa Misa. Al acabar la celebración me pusieron cadenas y me leyeron el decreto de ahorcamiento con la acusación de haber dicho al pueblo: "Debéis morir por fidelidad a Jesús".

-¿Tuvo miedo?
-Jesús me dio la gracia divina de poder afrontar cada prueba. Hicieron todo lo posible para alejarme de Jesús por la fuerza. Me pidieron que blasfemara contra Jesús, contra la Iglesia y contra el Papa. Nunca lo hice y me encadenaron. Se me paró el corazón, pensé que moría. Cada mártir encuentra la fuerza de afrontar su propio martirio en el amor a Jesús.

-Sin embargo, al final no ejecutaron la condena a muerte...
-Habían puesto en mi celda a un espía. Era un amigo mío, que había venido a comer conmigo muchas veces en la parroquia. Había cambiado e intentaba ponerme en situaciones difíciles. Me provocaba diciéndome: "Estos comunistas son delincuentes, quieren destruir la fe". Yo le respondía: "Estoy dispuesto a dar la vida por Jesús. Jesús nos ha enseñado también a perdonar y a amar a nuestros enemigos. Con su amor hacia todos Jesús ha salvado al mundo". El espía relató lo que había dicho al dictador. Diez días después la condena me fue conmutada en dieciocho años de cárcel en la mina de Spaç. Cuando salí de la cárcel, me condenaron de nuevo a trabajos forzados: durante diez años trabajé en las alcantarillas de Scutari.

-¿Qué le sostuvo en estos largos y dolorosos años?
-La luz, el amor, la gracia divina me acompañaban cada día. Nunca perdí la fe. Seguía celebrando la Santa Misa con hostias cocidas a escondidas en pequeñas estufas; para el vino utilizaba el zumo de los granos de uva. Rezaba el Santo Rosario y confesaba a mis compañeros de cárcel y en la mina. Dios nos protegió y salvó a todos.


El presidente de Albania, Bujar Nishani, concedió en abril al cardenal Simoni la Orden de Honor del país.

-¿Cuál es la situación actual en Albania para los cristianos?
-Hoy todo es hermoso, todo está claro. Ya no hay impedimentos para quien quiera seguir a Jesús; no obstante, hay un gran trabajo que hacer para salvar a las almas, porque son aún muchos los que están lejos de Jesús. En Albania hay actualmente unos 600.000 católicos, pero el número concreto de católicos, ortodoxos y musulmanes albaneses no se sabe porque están diseminados por todo el mundo. De todas formas, en el país los católicos son una minoría.

-¿Cómo es la convivencia?
-En Albania hoy todo es amor, hermandad, consenso y acuerdo. Todos rezan. Ha sido una gracia especial del Señor.

-Cuando terminó el régimen ateo, ¿fue difícil volver a manifestar la fe?
-No, todo lo contrario. Cuando acabó el régimen, todo el pueblo católico buscó a Jesús, rezó a Dios, se volvieron a abrir las iglesias. Y las mezquitas. Con la llegada de la libertad religiosa, el Señor me ayudó a servir a muchas aldeas y a reconciliar a muchas personas deseosas de venganza, alejando el odio de sus corazones.

Traducción de Helena Faccia Serrano.

Día litúrgico: Miércoles XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 4,38-44): En aquel tiempo, saliendo de la sinagoga, Jesús entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con mucha fiebre, y le rogaron por ella. Inclinándose sobre ella, conminó a la fiebre, y la fiebre la dejó; ella, levantándose al punto, se puso a servirles. A la puesta del sol, todos cuantos tenían enfermos de diversas dolencias se los llevaban; y, poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando y diciendo: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él, conminaba y no les permitía hablar, porque sabían que él era el Cristo. 

Al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario. La gente le andaba buscando y, llegando donde Él, trataban de retenerle para que no les dejara. Pero Él les dijo: «También a otras ciudades tengo que anunciar la Buena Nueva del Reino de Dios, porque a esto he sido enviado». E iba predicando por las sinagogas de Judea.


«Poniendo Él las manos sobre cada uno de ellos, los curaba. Salían también demonios de muchos, gritando»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy nos encontramos ante un claro contraste: la gente que busca a Jesús y Él que cura toda “enfermedad” (comenzando por la suegra de Simón Pedro); a la vez, «salían también demonios de muchos, gritando» (Lc 4,41). Es decir: bien y paz, por un lado; mal y desesperación, por otro.

No es la primera ocasión que aparece el diablo “saliendo”, es decir, huyendo de la presencia de Dios entre gritos y exclamaciones. Recordemos también el endemoniado de Gerasa (cf. Lc 8,26-39). Sorprende que el propio diablo “reconozca” a Jesús y que, como en el caso del de Gerasa, es él mismo quien sale al encuentro de Jesús (eso sí, muy rabioso y molesto porque la presencia de Dios perturbaba su vergonzosa tranquilidad).

¡Tantas veces también nosotros pensamos que encontrarnos con Jesús es un estorbo! Nos estorba tener que ir a Misa el domingo; nos inquieta pensar que hace mucho que no dedicamos un tiempo a la oración; nos avergonzamos de nuestros errores, en lugar de ir al Médico de nuestra alma a pedirle sencillamente perdón... ¡Pensemos si no es el Señor quien tiene que venir a encontrarnos, pues nosotros nos hacemos rogar para dejar nuestra pequeña “cueva” y salir al encuentro de quien es el Pastor de nuestras vidas! A esto se le llama, sencillamente, tibieza.

Hay un diagnóstico para esto: atonía, falta de tensión en el alma, angustia, curiosidad desordenada, hiperactividad, pereza espiritual con las cosas de la fe, pusilanimidad, ganas de estar solo con uno mismo... Y hay también un antídoto: dejar de mirarse a uno mismo y ponerse manos a la obra. Hacer el pequeño compromiso de dedicar un rato cada día a mirar y a escuchar a Jesús (lo que se entiende por oración): Jesús lo hacía, ya que «al hacerse de día, salió y se fue a un lugar solitario» (Lc 4,42). Hacer el pequeño compromiso de vencer el egoísmo en una pequeña cosa cada día por el bien de los otros (a eso se le llama amar). Hacer el pequeño-gran compromiso de vivir cada día en coherencia con nuestra vida cristiana.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Santo Evangelio 23 de agosto 2017



Día litúrgico: Miércoles XX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, Jesús dijo a los discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo’. Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontrar a otros que estaban allí, les dice: ‘¿Por qué estáis aquí todo el día parados?’. Dícenle: ‘Es que nadie nos ha contratado’. Díceles: ‘Id también vosotros a la viña’.

»Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: ‘Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros’. Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, diciendo: ‘Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor’. Pero él contestó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».


«Los últimos serán primeros y los primeros, últimos»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, la Palabra de Dios nos invita a ver que la “lógica” divina va mucho más allá de la lógica meramente humana. Mientras que los hombres calculamos («Pensaron que cobrarían más»: Mt 20,10), Dios —que es Padre entrañable—, simplemente, ama («¿Va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?»: Mt 20,15). Y la medida del Amor es no tener medida: «Amo porque amo, amo para amar» (San Bernardo).

Pero esto no hace inútil la justicia: «Os daré lo que sea justo» (Mt 20,4). Dios no es arbitrario y nos quiere tratar como hijos inteligentes: por esto es lógico que haga “tratos” con nosotros. De hecho, en otros momentos, las enseñanzas de Jesús dejan claro que a quien ha recibido más también se le exigirá más (recordemos la parábola de los talentos). En fin, Dios es justo, pero la caridad no se desentiende de la justicia; más bien la supera (cf. 1Cor 13,5).

Un dicho popular afirma que «la justicia por la justicia es la peor de las injusticias». Afortunadamente para nosotros, la justicia de Dios —repitámoslo, desbordada por su Amor— supera nuestros esquemas. Si de mera y estricta justicia se tratara, nosotros todavía estaríamos pendientes de redención. Es más, no tendríamos ninguna esperanza de redención. En justicia estricta no mereceríamos ninguna redención: simplemente, quedaríamos desposeídos de aquello que se nos había regalado en el momento de la creación y que rechazamos en el momento del pecado original. Examinémonos, por tanto, de cómo andamos de juicios, comparaciones y cálculos cuando tratamos con los demás.

Además, si de santidad hablamos, hemos de partir de la base de que todo es gracia. La muestra más clara es el caso de Dimas, el buen ladrón. Incluso, la posibilidad de merecer ante Dios es también una gracia (algo que se nos concede gratuitamente). Dios es el amo, nuestro «propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña» (Mt 20,1). La viña (es decir, la vida, el cielo...) es de Él; a nosotros se nos invita, y no de cualquier manera: es un honor poder trabajar ahí y podernos “ganar” el cielo.

Difunden en cámara rápida su «imperfecto» Rosario en familia... y muchos se animan a empezar


Un simpático vídeo que envuelve importantes lecciones

Difunden en cámara rápida su «imperfecto» Rosario en familia... y muchos se animan a empezar

Cuesta mantener a los niños en su sitio... pero rezar, rezan.

Difunden en cámara rápida su «imperfecto» Rosario en familia... y muchos se animan a empezar

Una historia sencilla a partir de un simpático vídeo doméstico está animando a miles de familias a rezar el Rosario juntos. Lo cuenta Cari Filii News:

El rezo comienza con un cierto orden, pero luego la situación comienza a desmadrarse, pivotando en torno a la figura del padre, que guía la oración: es la escena hogareña del Rosario en familia de Ted, Kristin y sus seis hijos, que difundieron en un vídeo en cámara rápida (time lapse) en su perfil de Facebook que está siendo muy bien recibido como muestra simpática y realista de lo que puede y debe ser ese momento común.


"Así es como rezamos cada noche en familia: nuestro imperfecto Rosario familiar. Requiere paciencia, flexibilidad y sobre todo perseverancia", explican en la página One Hail Mary at a Time [Un avemaría cada vez], creada en dicha red social hace seis meses.

Ted y Kristin llevan nueve años casados y sus hijos oscilan en edades oscilan entre los ocho años y los siete meses. “Esta es la primera vez que realizamos un vídeo de nosotros rezando, pero ya habíamos grabado hace unos cinco años unos audios de toda la familia rezando el Rosario y los publicamos en iTunes”, declara Kristin a Aciprensa.

Llevan cinco años guardando esta costumbre durante media hora al día. La iniciativa surgió a partir de una sugerencia de su madre, con la que rezaba el Rosario frecuentemente antes de casarse. Su esposo nunca lo había hecho porque su familia, aunque también católica, no practicaba la fe.

“Cuando nació nuestro tercer hijo decidimos comenzar a rezar el Rosario cada noche porque estábamos atravesando por un periodo muy estresante y pensamos que era un buen ritual que podríamos poner en práctica. Lo hicimos durante cuarenta días y nos dimos cuenta que era algo genial. Por lo tanto, decidimos continuar”, cuenta Kristin: “Los niños fueron los que nos impulsaron a hacerlo, porque cuando estábamos ya casados y sin hijos no rezábamos el Rosario. Lo más importante es que tratamos de incluir a los niños y consideramos valiosa esa disciplina”.

 Ted, Kristin y sus seis hijos, en una imagen que ofrecen en su perfil de Facebook.

Los mayores (8, 7 y 5 años) ya lo rezan completo por sí solos, pero los más pequeños están aprendiendo aún el avemaría: “El rezo del Rosario da paz a los niños y ellos saben que en ese momento sus padres y su familia están juntos. Esta práctica trae paz y alegría a todos”.

"Tenemos como norma que los niños permanezcan sentados", explica... aunque el vídeo muestra que, al fin y al cabo, son niños: "Nos ayuda encender una vela, darles el Rosario y que a veces lo dirijan ellos".

“Una de las experiencias que genera rezar el Rosario es que parece que nada sucediera. Pero cuando perseveras te das cuenta de todo lo que ocurre y de que no puedes vivir sin él. Rezar en familia es posible: tal vez difícil, pero vale la pena hacerlo", concluye.

Anima a la maternidad

Ted tiene un negocio propio, y Kristin, de 35 años, trabaja dos días a la semana desde su propia casa para una entidad bancaria, para la cual diseña "estructuras financieras". En la misma página de Facebook donde difundió el vídeo publicó una entrada el 4 de agosto para animar a la maternidad a todas las mujeres que no quieren tener hijos por temor a no alcanzar el éxito profesional.

"Un bebé no arruinará tu carrera... Alguien me dijo en 2016 que nunca triunfaría en mi carrera con un sexto hijo en camino", cuenta: "Este comentario realmente me molestó, como una bomba mental llena de dudas... Sin embargo, por algún milagro, estoy teniendo el mejor año de rendimiento en mi carrera. ¡Gracias a Dios! No solo demostré que estábamos equivocados, sino -lo más importante- demostré que yo misma estaba equivocada”.

Ese buen rendimiento laboral "en realidad es resultado del trabajo duro y los sacrificios de años anteriores. Ningún acontecimiento, especialmente un bebé, va a terminar con todo eso”. Y añade: “Ahora me presentan ante los nuevos clientes con un ‘Ella tiene seis hijos’, en lugar de decir mi nombre. Me llena de orgullo”.

Así que da un consejo a todas las mujeres que no quieren abrirse a la maternidad por temor a perder su carrera: "No escuches a quienes no pueden subir la montaña. Solo mantén la cabeza baja y sigue subiendo o avanzando a poquitos. Aquí que vivir en Grande y permanecer fuerte".


Fuente: Religión en Libertad

martes, 22 de agosto de 2017

Santo Evangelio 22 de agosto 2017



Día litúrgico: Martes XX del tiempo ordinario

Santoral 22 de Agosto: Santa María Reina
Texto del Evangelio (Mt 19,23-30): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Yo os aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos. Os lo repito, es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los Cielos». Al oír esto, los discípulos, llenos de asombro, decían: «Entonces, ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dijo: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible». 

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué recibiremos, pues?». Jesús les dijo: «Yo os aseguro que vosotros que me habéis seguido, en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, os sentaréis también vosotros en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y todo aquel que haya dejado casas, hermanos, hermanas, padre, madre, hijos o hacienda por mi nombre, recibirá el ciento por uno y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros».


«Un rico difícilmente entrará en el Reino de los Cielos... Entonces, ¿quién se podrá salvar?»
Rev. D. Fernando PERALES i Madueño 
(Terrassa, Barcelona, España)



Hoy contemplamos la reacción que suscitó entre los oyentes el diálogo del joven rico con Jesús: «¿Quién se podrá salvar?» (Mt 19,25). Las palabras del Señor dirigidas al joven rico son manifiestamente duras, pretenden sorprender, despertar nuestras somnolencias. No se trata de palabras aisladas, accidentales en el Evangelio: veinte veces repite este tipo de mensaje. Lo debemos recordar: Jesús advierte contra los obstáculos que suponen las riquezas, para entrar en la vida...

Y, sin embargo, Jesús amó y llamó a hombres ricos, sin exigirles que abandonaran sus responsabilidades. La riqueza en sí misma no es mala, sino su origen si fue injustamente adquirida, o su destino, si se utiliza egoístamente sin tener en cuenta a los más desfavorecidos, si cierra el corazón a los verdaderos valores espirituales (donde no hay necesidad de Dios).

«¿Quién se podrá salvar?». Jesús responde: «Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible» (Mt 19,26). —Señor, Tú conoces bien las habilidades de los hombres para atenuar tu Palabra. Tengo que decírtelo, ¡Señor, ayúdame! Convierte mi corazón.

Después de marchar el joven rico, entristecido por su apego a sus riquezas, Pedro tomó la palabra y dijo: —Concede, Señor, a tu Iglesia, a tus Apóstoles ser capaces de dejarlo todo por Ti.

«En la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria...» (Mt 19,28). Tu pensamiento se dirige a ese “día”, hacia ese futuro. Tú eres un hombre con tendencia hacia el fin del mundo, hacia la plenitud del hombre. En ese tiempo, Señor, todo será nuevo, renovado, bello.

Jesucristo nos dice: —Vosotros, que lo habéis dejado todo por el Reino, os sentaréis con el Hijo del Hombre... Recibiréis el ciento por uno de lo que habéis dejado... Y heredaréis la vida eterna... (cf. Mt 19,28-29).

El futuro que Tú prometes a los tuyos, a los que te han seguido renunciando a todos los obstáculos... es un futuro feliz, es la abundancia de la vida, es la plenitud divina.

—Gracias, Señor. ¡Condúceme hasta ese día!

A los 16 años perdió una pierna: «Agradezco el accidente, creo que soy instrumento de Dios»

A los 16 años perdió una pierna: «Agradezco el accidente, creo que soy instrumento de Dios»

A los 16 años perdió una pierna: «Agradezco el accidente, creo que soy instrumento de Dios»

La fe ha permitido a Covadonga dejar en manos de Dios las razones de todo lo que perdió en el accidente: sus amigos, su pierna, cuatro meses de juventud...


Con poco más de 20 años, Covadonga Sanz atesora, encarna y difunde algunas de las verdades de la vida más profundas: que rendirse a la adversidad no es una opción, que perder a alguien querido nunca es para siempre, que la fe en el Dios que nos ama infinitamente confía a Sus manos el porqué de las cosas que nos pasan... Mirada 21, periódico de la Universidad Francisco de Vitoria, recogió su testimonio en forma de entrevista:

Era un 19 de noviembre de 2011. Como otro sábado cualquiera, quedó con sus amigos en la biblioteca de siempre, pero, al estar cerrada, acabaron yendo a otra cercana. Cogieron el coche por la avenida del Monasterio de Silos, en Mirasierra (Madrid), y, justo debajo del puente que queda cercano a Ventisquero de la Condesa, el piloto perdió el control, se saltó la mediana y chocó contra un BMW X5. El resultado: dos muertos, dos heridos graves y dos leves. Covadonga Sanz Gutiérrez fue una de las que más sufrió.

Perdió a dos de sus amigos en el accidente y la pierna derecha, y estuvo en coma durante cuatro meses en el Hospital La Paz. Hoy, es una nueva persona. Del Atlético de Madrid. Muy cercana, como para pedir que la tuteen. Tiene una prótesis -que le gusta dejar junto a su zapato la noche de Reyes- y una vitalidad que transmite desde su mirada y sonrisa. En parte, propiciada por su afán a la bicicleta, con la que se hace 30 km semanales, aunque también hay que decir que tiene una gran familia, con seis hermanas.

-Han pasado cinco años del accidente. Estuviste cuatro meses en coma y te las viste cara a cara con la muerte. ¿Qué recuerdas de cuando despertaste?
-He estado en ninguna parte durante cuatro meses. Yo salí del accidente con un daño cerebral. Al despertar, reconocía a mi familia y mi casa, pero no tenía un pensamiento claro. Por ejemplo, cuando hablaba con mis hermanas, no era capaz de mirarles a los ojos y una conversación normal me agotaba. Me distraía fácilmente y no era capaz de mantener la atención en algo. Como decían mis hermanas: estaba en el mundo Disney. Eso sí, mi familia estaba muy pendiente de mí.

-Perdiste la pierna derecha en el accidente y, como es habitual en estos casos, comenzaste un período de rehabilitación. ¿Cómo fue el proceso?
-El proceso ha sido muy largo. Sigue estando, de hecho. Solo pesaba 30 kg y no podía caminar. Empecé la rehabilitación física y terapia ocupacional en La Paz. Poco a poco, empecé a moverme y a poder estirar la pierna, tumbarme, mantener el equilibrio. Como salí con la mano izquierda y la cara dañadas, me enseñaron a desarrollar la movilidad y a vocalizar con distintos ejercicios. Así estuve casi un año.

-Hoy, ¿cómo es tu día a día?
-Todo el mundo cree que lo duro ha pasado, pero ahora sigue siéndolo igualmente. No aguanto todo el día con la prótesis, pero tengo que acostumbrar al muñón. Es difícil, tengo 21 años y me cuesta estudiar y seguir luchando. Cada día es un reto. Sobre todo, por pensar que lo puedo hacer mejor que ayer. Hay que levantarse con decisión, porque la vida vale y hay que seguir hacia adelante.


-Te voy a enseñar una fotografía… (arriba) ¿Es así todos los días?
-¡Claro! -dice con una sonrisa- Son los nueve zapatos de los Reyes. Pero sí, es así todos los días. Los médicos no se explican cómo estoy viva y así de bien, a nivel físico y de ánimo. Es un regalo que esté aquí: estoy viva y puedo trabajar con la prótesis. Es una cosa que no se me ha dado porque valga mucho o porque me lo merezca.

-En el accidente, también perdiste a dos amigos: José Luis y Antonio. ¿Cómo eran?
-Yo es que era muy cateta, e iba a la biblioteca a estudiar y disfrutar de los descansos. Antonio me sacaba tres años y era colega de biblioteca y cervezas. Nos teníamos mucho cariño, pero no dejaba de ser un colega de biblioteca. En cambio, José Luis es el hermano que nunca tuve. Con esto, te digo todo.

-Como sabrás, tu lucha en el hospital ayudó a otras personas a acercarse a Dios, según han dicho estas. ¿Qué puedes decir?

-Eso se lo pregunto mucho a mi familia, porque, a veces, cuando voy por la calle caminando con la prótesis o en silla de ruedas, algunas personas se me han acercado para decirme que habían rezado por mí y darme las gracias. Pero yo hago lo normal, camino y sonrío, como siempre he hecho. No he ayudado, he sido instrumento. Los médicos se sorprendieron, porque no había coche donde estaba, el accidente lo destrozó.

-¿De quién eras instrumento?
-Tengo fe, y creo que soy instrumento de Dios. Estoy aquí por algo. Lo sabré cuando esté con Él, que le pediré una explicación, no lo dudes -dice con cierto tono de humor-.

-Tus amigos crearon una cuenta en Twitter para informar sobre tu estado y pedir oraciones. Para esa fecha, una de las mayores movilizaciones que esta red social había visto…
-Más que mis amigos, fue mi padre. Le pregunté el porqué, y me dijo que no había otra forma de informar sobre mi estado y de pedir oraciones.

-Cuando a uno le pasa todo esto, ¿merece la pena vivir?
-Con más razón. No estaba en mi mano quedarme o no quedarme. Después de haber pasado por esta experiencia, solo puedo aprovechar al máximo mi vida. Por las mañanas, me levanto con el propósito de hacer las cosas mejor que ayer. Me pueden salir mal, pero lo vuelvo a intentar. Yo tengo un lema: lo importante es intentarlo otra vez. La vida es un regalo, no tiene sentido otra cosa.

-¿Alguna vez te has preguntado por qué a ti?
-En su momento, me lo pregunté. ¡Claro que sí! Pero como sé que no voy a conseguir respuestas, para qué perder el tiempo. Por lo que yo doy el máximo de mí misma cada día. El sufrimiento es necesario, nos pone las pilas.

-En 2011, tenías 16 años y apenas habías empezado Bachillerato. Y hoy, con 21, has podido terminar tus estudios y empezar otros nuevos.
-Soy feliz. Quería normalidad en mi vida. Quería volver a estudiar para hacer algo que escogiera. Estoy muy contenta. No me gustan los despachos y quería hacer algo con los demás. Por eso, estoy estudiando un Ciclo Formativo de Grado Superior de Mediación Comunicativa en la Confederación Estatal de Personas Sordas. Con mi vida, quiero ayudar a los demás.


 

-Ahora montas en bicicleta…
-Sí, conozco la handbike gracias a Irene Villa. Me animó a conocer la Fundación También, para que descubriera deportes que puedo practicar. La probé y me gustó tanto que decidí comprarme una. Ahora, como mínimo, salgo una vez a la semana y hago 30 km. Es alucinante, me da una vitalidad…

-¿Desearías que nada de esto te hubiese pasado?
-Me lo preguntan mucho, pero qué va. Agradezco haber tenido el accidente. Por las personas que he conocido y por todo lo que me ha enseñado. Lo he pasado muy mal, pero en esas situaciones he sabido cómo seguir adelante, de dónde sacar las fuerzas y encontrar la esperanza que todos tenemos. Ahora estoy tan bien porque he trabajado durante estos cinco años. Hay que ser decididos. He perdido a mi mejor amigo, y está la faceta de por qué yo sí y él no, pero me ayuda saber que hay un cielo, un más allá. Tengo fe. Mi amigo José Luis no ha desaparecido.

Fuente: Religión en Libertad