En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed. Pero ya os lo he dicho: Me habéis visto y no creéis. Todo lo que me dé el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré fuera; porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Y esta es la voluntad del que me ha enviado; que no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite el último día. Porque esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna y que yo le resucite el último día».
«El que venga a mí, no tendrá hambre»
Fr. Gavan JENNINGS
(Dublín, Irlanda)
Hoy vemos cuánto le preocupan a Dios nuestro hambre y nuestra sed. ¿Cómo podríamos continuar pensando que Dios es indiferente ante nuestros sufrimientos? Más aún, demasiado frecuentemente "rehusamos creer" en el amor tierno que Dios tiene por cada uno de nosotros. Escondiéndose a Sí mismo en la Eucaristía, Dios muestra la increíble distancia que Él está dispuesto a recorrer para saciar nuestra sed y nuestro hambre.
Pero, ¿de qué "sed" y qué "hambre" se trata? En definitiva, son el hambre y la sed de la "vida eterna". El hambre y la sed físicas son sólo un pálido reflejo de un profundo deseo que cada hombre tiene ante la vida divina que solamente Cristo puede alcanzarnos. «Ésta es la voluntad de mi Padre: que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna» (Jn 6,39). ¿Y qué debemos hacer para obtener esta vida eterna tan deseada? ¿Algún hecho heroico o sobre-humano? ¡No!, es algo mucho más simple. Por eso, Jesús dice: «Al que venga a mí no lo echaré fuera» (Jn 6,37). Nosotros sólo tenemos que acudir a Él, ir a Él.
Estas palabras de Cristo nos estimulan a acercarnos a Él cada día en la Misa. ¡Es la cosa más sencilla en el mundo!: simplemente, asistir a la Misa; rezar y entonces recibir su Cuerpo. Cuando lo hacemos, no solamente poseemos esta nueva vida, sino que además la irradiamos sobre otros. El Papa Francisco, el entonces Cardenal Bergoglio, en una homilía del Corpus Christi, dijo: «Así como es lindo después de comulgar, pensar nuestra vida como una Misa prolongada en la que llevamos el fruto de la presencia del Señor al mundo de la familia, del barrio, del estudio y del trabajo, así también nos hace bien pensar nuestra vida cotidiana como preparación para la Eucaristía, en la que el Señor toma todo lo nuestro y lo ofrece al Padre»
De monje budista a miembro del Opus Dei: la sorprendente conversión de un soldado británico
Siendo monje budista, los crucifijos le perseguían allá donde iba. Foto: National cATHOLIC register
Opus Dei
Stephen Williams procedía de una familia desestructurada y acabó buscando refugio en el Ejército británico, donde el orden y la disciplina le proporcionaron exactamente lo que tanto ansiaba.
Sin embargo, unas décadas después, su regreso a la vida civil desencadenó una crisis personal que lo llevó a convertirse en monje budista zen, luego en católico y, finalmente, a formar parte del Opus Dei. El portal National Catholic Register ha contado su historia.
Recién jubilado, Williams vive ahora con su esposa y su hijo en Macclesfield, una ciudad al noroeste de Inglaterra. Nacido en Stockport, Cheshire, en 1959, este exsoldado tuvo una infancia "desdichada": "Mi padre era distante y propenso a la violencia. Mi madre, cariñosa y amable, le tenía miedo".
Una infancia dolorosa
Cuando William tenía 14 años sus padres se divorciaron, una experiencia que describe como "desgarradora". A partir de entonces, su vida se dividió entre pasar tiempo con su madre y con su padre. Sus estudios se vieron perjudicados y comenzó a abusar del alcohol y a meterse en problemas con la Policía.
Las cosas empeoraron cuando su padre inició una relación con una mujer que tenía tres hijos de un matrimonio anterior. "Tenía 17 años y mi madrastra muy pronto me dejó claro que yo no formaba parte del trato", recuerda.
Llegó el momento entonces de abrirse camino en el mundo, pero ¿dónde? "Mis opciones eran limitadas. Trabajar en la fábrica local de tubos de escape, servir en el Ejército o terminar en el centro de detención para delincuentes juveniles", recuerda.
Decidió probar suerte como soldado y en 1980 se apuntó a un período de servicio por tres años. Williams acabaría sirviendo durante 22 años en el Ejército, un tiempo que, dice, "se pasó volando". Mientras servía en misiones de mantenimiento de la paz en el Golfo Pérsico, Bosnia, Chipre y en las Islas Malvinas, recuerda que no estuvo "involucrado en nada peligroso", pero que "fueron años muy duros".
En ese tiempo, tomaría otra decisión que cambió su vida: en 1982 conoció y se casó con Jeanette. Pero, para casarse en una iglesia episcopal, tenía que ser bautizado. "Lo tomé como una formalidad más a la que no le daba ningún valor", dice.
"Con la misma parsimonia con la que había solicitado a mis superiores los permisos necesarios para la boda, me puse frente a una pila bautismal y dejé que me rociaran la cabeza". Hasta que a los 42 años abandonó el Ejército, y la única forma de vida que había conocido hasta ahora.
La transición resultó muy difícil. "De la noche a la mañana, pasé de tener un lugar en la vida a ser un don nadie", comenta. Pero, estaba a punto de desatarse una crisis personal aún más profunda. Williams se sentía perdido. "Fue frustrante. Me di cuenta de que tenía que hacer algo si no quería perder el rumbo de mi vida".
Comenzó entonces a leer libros sobre religión y a visitar una iglesia local en busca de consuelo. Esto no le proporcionó paz y se inclinó por la meditación budista. Así empezó a considerar el budismo zen como "la respuesta" a su búsqueda.
Williams se refugió en el budismo zen tras una profunda crisis.
Pronto se involucró con un grupo budista con sede en Manchester, vinculado al monasterio Kanshoji de Francia. Allí pasaría largas temporadas, incluso hasta tres meses seguidos. La disciplina era rígida y la jerarquía estaba bien definida. "Era exactamente lo que buscaba después de dejar el Ejército", explica.
Y así, en 2017 fuera ordenado monje zen. Pero, las cosas tomarían un giro aún más misterioso. El monasterio zen se construyó en un lugar donde antes había estado un orfanato católico. Aunque, abandonado a principios del siglo XX, los monjes budistas conservaron algunos de los iconos cristianos que tenía.
Los crucifijos le perseguían
Williams, recuerda: "Había una cruz a la entrada del monasterio y otra en el edificio principal. Un día estaba limpiando una de las habitaciones superiores y encontré una vidriera con una cruz. De repente, sentí un impulso irresistible de rezar un Padrenuestro. Y así lo hice".
"Allí estaba yo, un monje budista rezando al Señor". La región circundante parecía estar repleta de iconos católicos y, a partir de entonces, cada vez que sus ojos se posaban en uno, se encontraba sintiendo una vez más "la necesidad de rezar".
Fue al regresar a Inglaterra cuando se encontró con los escritos de Thomas Merton, el monje trapense del siglo XX que había estudiado el budismo zen. Williams se sintió "intrigado" por la tradición monástica católica y pronto se sintió "profundamente inspirado" por lo que estaba encontrando, por las tradiciones monásticas trapense y cartuja.
En 2018, su esposa y él emprendieron una gira por Italia que incluyó una parada en Roma. Sin darse cuenta, se vio inmerso en un encuentro con el Papa en San Pedro, una experiencia que le dejó una profunda impresión. Un año después, regresó a la Ciudad Eterna, esta vez por una semana entera.
"Un día salí a caminar y me encontré con una pequeña capilla decorada con frescos del siglo IV. Es difícil describir la sensación de calma y quietud que experimenté. En todos mis años de práctica zen, nunca había sentido una paz tan profunda. Volvía todos los días, me sentaba en silencio y disfrutaba de la tranquilidad. Después de algunas investigaciones, descubrí que el edificio pertenecía a unas monjas de clausura. En otra salida, encontré una iglesia con un cuadro de Caravaggio titulado La vocación de San Mateo, que me pareció profundamente conmovedor. Cristo señala a Mateo, y Mateo se señala a sí mismo, con asombro, como si dijera: '¿Me estás llamando?'".
A partir de ese momento, las cosas empezaron a cambiar para Williams. Si bien reconoce que algunos aspectos de su experiencia budista permanecieron con él, el "fervor y la intensidad de esa vida" ya no "resonaban". Se dio cuenta de que el zen no le había dado respuestas a muchas de sus preguntas más profundas.
De regreso a Inglaterra, en 2020, justo cuando comenzaba la pandemia de COVID-19, Williams comenzó a asistir a misa y a explorar la fe católica. "Devoraba homilías y lecturas de la Biblia", recuerda. Su nuevo interés por el catolicismo asombró a su esposa, que todavía era agnóstica, quien, dice, estaba aún más sorprendida por esto que por su flirteo con el budismo.
Fue entonces cuando un amigo le presentó el Opus Dei. Williams se puso en contacto con un centro local para obtener más información, dejando claro que era budista, no católico. A quienes lo atendieron no les importó mucho y, en 2021, fue aceptado en la Iglesia católica.
Con el tiempo, el Opus Dei también pasó a formar parte de su camino espiritual. Un camino muy diferente al anterior que, según dice, ha cambiado su relación no solo con Dios, sino también con su esposa y su familia. "Me hubiera gustado saber más sobre el catolicismo antes. Mi tiempo en el budismo zen no fue en vano, ya que aprendí el valor del silencio y el significado de: 'Quédate quieto y descubre que Yo soy Dios'".
En aquel tiempo, la gente dijo a Jesús: «¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, según está escrito: Pan del cielo les dio a comer». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: No fue Moisés quien os dio el pan del cielo; es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo». Entonces le dijeron: «Señor, danos siempre de ese pan». Les dijo Jesús: «Yo soy el pan de la vida. El que venga a mí, no tendrá hambre, y el que crea en mí, no tendrá nunca sed».
«Es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García
(Rubí, Barcelona, España)
Hoy, en las palabras de Jesús podemos constatar la contraposición y la complementariedad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento: el Antiguo es figura del Nuevo y en el Nuevo las promesas hechas por Dios a los padres en el Antiguo llegan a su plenitud. Así, el maná que comieron los israelitas en el desierto no era el auténtico pan del cielo, sino la figura del verdadero pan que Dios, nuestro Padre, nos ha dado en la persona de Jesucristo, a quien ha enviado como Salvador del mundo. Moisés solicitó a Dios, a favor de los israelitas, un alimento material; Jesucristo, en cambio, se da a sí mismo como alimento divino que otorga la vida.
«¿Qué señal haces para que viéndola creamos en ti? ¿Qué obra realizas?» (Jn 6,30), exigen incrédulos e impertinentes los judíos. ¿Les ha parecido poco el signo de la multiplicación de los panes y los peces obrada por Jesús el día anterior? ¿Por qué ayer querían proclamar rey a Jesús y hoy ya no le creen? ¡Qué inconstante es a menudo el corazón humano! Dice san Bernardo de Claraval: «Los impíos andan alrededor, porque naturalmente, quieren dar satisfacción al apetito, y neciamente despreciar el modo de conseguir el fin». Así sucedía con los judíos: sumergidos en una visión materialista, pretendían que alguien les alimentara y solucionara sus problemas, pero no querían creer; eso era todo lo que les interesaba de Jesús. ¿No es ésta la perspectiva de quien desea una religión cómoda, hecha a medida y sin compromiso?
«Señor, danos siempre de este pan» (Jn 6,34): que estas palabras, pronunciadas por los judíos desde su modo materialista de ver la realidad, sean dichas por mí con la sinceridad que me proporciona la fe; que expresen de verdad un deseo de alimentarme con Jesucristo y de vivir unido a Él para siempre.
Soñaba de niño con ser misionero y hoy lo es un recóndito rincón del Himalaya: nuevo Asalto al Cielo
Esta imagen del padre Highton celebrando el Corpus Christi ha dado la vuelta al mundo
Los locos existen. El Padre Federico Highton, misionero en lo más recóndito e inaccesible del Himalaya, dedica su vida a anunciar allí a Jesucristo, movido únicamente por un ideal: su amor loco a Jesucristo y a aquellos que allí no conocen el amor de Dios y su salvación. Contará su impresionante testimonio en Asalto al Cielo el próximo 16 de junio.
Misionero de 36 años, argentino, perteneciente a la congregación “San Elías”, un pequeño instituto religioso que tiene por carisma anunciar la Buena Nueva en las más recónditas periferias, en aquellos pueblos remotos en los que no existe aún ningún católico, en zonas lejanas, remotas y difícilmente accesibles en donde jamás han oído hablar de Jesucristo Salvador. Realiza su misión en el Extremo Oriente, en el lado indio de la Meseta Tibetana, en el Norte de Sikkim, en el borde del Tíbet chino, Nepal y Bhutan.
Fascinado desde niño con ir a anunciar el Evangelio a tierras lejanas
Cuando a la edad de nueve años se preparaba para recibir su Primera Comunión, quedó deslumbrado por el ideal de anunciar el Evangelio en tierras lejanas, allí donde jamás se ha oído hablar de Jesucristo Salvador... Ese era y es el anhelo profundo que llena su vida y la colma de sentido.
Poco a poco fue creciendo, olvidando ese ideal misionero y orientando su vida lejos de aquel ideal. Muchos años más tarde aquel ideal renació en su alma con una vivísima fuerza sobrenatural. ¿Qué sucedió? ¿Cómo renació este ideal en su alma?
Estaba estudiando Derecho cuando se empezó a plantear qué iba a hacer de su vida. Se le presentaban diversas opciones, todas muy valiosas desde el punto de vista humano. Tenía una familia de profundas raíces cristianas, muchos y buenos amigos, una hermosa novia, jugaba al rugby, trabajaba, viajaba bastante, estudiaba algo que le gustaba. Tenía todo lo que se puede desear para ser feliz... pero en su interior latía una aspiración hacia algo mucho más alto, hacia un gran ideal de heroísmo. Pero desconocía el heroísmo al que Dios le invitaba.
Llamado al heroísmo misionero
Reflexionó mucho sobre ello hasta que descubrió con claridad cuál era el heroísmo que Dios había pensado para él desde toda la Eternidad: ¡la épica misionera! Quería vivir una existencia heroica para Dios y para bien de los demás.
Antes de discernir su vocación misionera, llevado de su ideal heroico, se alistó a los Bomberos Voluntarios. Lo rechazaron porque vivía muy lejos del cuartel. Poco tiempo después, pensó en casarse y formar una familia santa de muchísimos hijos. Quería tener 15 hijos. Se lo dijo a la que era su novia. ¡Y le dijo que sí!… Esa era una obra grande... Pero aquello seguía sin llenar su corazón: “Mi alma quería más… Algo más… Dios me sacudió y me convocó a santificarme en las lides apostólicas del esfuerzo misional”.
Desde muy joven soñaba con convertir al mundo pagano
Desde joven le horrorizaba la posibilidad de vivir una vida acomodada y para el mundo: “me agobiaba la sola idea de vivir una vida gris, mercantil o acomodada. No quería dedicarme a buscar las recompensas del mundo sino entregarme por entero a convertir al mundo “con la locura de la predicación”. Quería ser un instrumento de Dios para llevar su salvación allí donde no había llegado aún: “Si bien soy un pecador, mi sueño era, y es, ser instrumento de Dios en una epopeya evangelizadora en los dominios del mundo pagano”. Se sentía poderosamente atraído por Cristo y por su vida, en palabras del salmista, “siempre en peligro”.
Sabía que todo buen cristiano, tenga el oficio que tenga, coopera a la salvación de los demás y, al mismo tiempo, se daba cuenta de que el supremo heroísmo es dedicarse por entero a llevar al Paraíso, al Cielo, a los demás:
“Descubrí que el mayor servicio que le podemos hacer al prójimo es ayudarlo a conocer a Cristo para que vaya un día al Cielo y pueda gozar eternamente de la visión de Dios. Lo que más necesitan los demás, mucho más que ayudas materiales, corporales o sanitarias, es conocer y amar a Cristo para poder salvar eternamente sus almas y gozar para siempre de la inconmensurable felicidad del Cielo, donde los Ángeles todos se extasían de dicha al contemplar al buen Dios, cuyo amor no conoce límites”.
“¡Dios me llamaba al heroísmo misionero! El ideal es fascinante en extremo: ¡ser Misionero! ¡Y serlo para toda la vida!”. Entra en el Seminario. Allí van creciendo sus fervientes deseos de ir a la Misión. Fue enviado a estudiar a Roma y el 1 de diciembre de 2012 fue ordenado sacerdote.
Pide a sus Superiores ir como misionero a algún país donde jamás se halla anunciado a Cristo, para ir a ganarlos para la Iglesia y para Dios, y así conducirlos al Paraíso. “Pedí ir al Tíbet o a La Meca. Me enviaron a Taiwán (antaño llamada China Nacionalista) donde estuve casi dos años misionando y aprendiendo el chino mandarín. Me encontraba muy feliz en Taiwán, pero en la oración, desde el Sagrario y el Altar, Dios me invitó a ir lo más cerca posible del Tíbet a plantar la Cruz y proclamar bien en alto que no hay otro nombre bajo el cual podemos ser salvados que nuestro Señor Jesucristo”.
Anunciando a Jesucristo en el corazón mismo del Himalaya
Descubre el antiguo Reino Budista de Sikkim, convertido en 1975 en el vigésimo segundo Estado de la India, un enclave ignoto en el medio de la Cordillera del Himalaya, donde habita la tribu Rong y la tribu Buthia, a la vez que algunos Pariahs e Indio-nepalíes. Desde entonces, misiona en el Norte de Sikkim. Es el único sacerdote que vive en el distrito Norte de Sikkim.
“Estoy feliz de misionar en el Extremo Oriente pues la misión es esencialmente adoración a Dios y caridad apostólica para con los más pobres de los más pobres, los que aún están privados del conocimiento y de la gracia de Quien es “la Verdad, el Camino y la Vida”, nuestro Señor Jesucristo”.
Allí entrega su vida para librar a aquellos pueblos del paganismo idolátrico y supersticioso.
Llamado a los jóvenes
Con su testimonio, el Padre Federico invita particularmente a los jóvenes a desear ser grandes héroes en la conquista espiritual de los pueblos para Dios y para la Virgen. Les recuerda aquello que escribió el poeta Paul Claudel: “la juventud no está hecha para el placer, sino para el heroísmo”, invitándoles a no olvidar las palabras de Cristo: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos” (Jn 15, 13). “No se olviden que un solo misionero puede ser instrumento de Dios para llevar millones de almas al Cielo. Pero, lamentablemente, hay muy pocos jóvenes que abracen la vocación misionera, la cual es una vocación a una aventura apasionante: la aventura de la salvación de las almas.”
En Colmenar del Arroyo el sábado 16 de junio
Dará testimonio el sábado 16 de junio en la vigilia de testimonio, adoración y alabanza "Asalto al Cielo", en la parroquia Asunción de Nuestra Señora de Colmenar del Arroyo (Plaza de España, s/n).
Programa:
17h. Rosario;
18h. Testimonio;
19h. Adoración;
20h. Misa.
Cómo llegar
En coche: tomar la carretera M-501 en dirección San Martín de Valdeiglesias, y continuar por ella hasta la salida 37, dirección Chapinería, Colmenar del Arroyo y Valdemorillo; luego se toma el desvío hacia Colmenar del Arroyo, y se continúa recto hasta la Plaza de España, donde se encuentra la Parroquia. En autobús desde Madrid: tomar el autobús 642 en el Intercambiador de Moncloa.
Asalto al cielo es una iniciativa evangelizadora y misionera desarrollada desde el año 2015 por el sacerdote de la diócesis de Getafe y párroco de Colmenar del Arroyo, Álvaro Cárdenas, como respuesta al desafío de nuestra sociedad moderna y secularizada y como expresión del anuncio misionero que reclama particularmente nuestro tiempo, tan necesitado de testigos de la fe para encontrar a Cristo. Es una vigilia mensual de testimonio, adoración y alabanza cuyo centro es Jesucristo vivo y presente en aquellos que se han encontrado con Él, y en su presencia viva en la Eucaristía. El fin de esta vigilia es el encuentro con Él en el testimonio de los suyos, en la adoración y la alabanza, y en la celebración eucarística.
Han compartido su testimonio de encuentro con Cristo, de conversión, y de misión en la Iglesia y en el mundo, escritores, historiadores, periodistas, directores de cine, evangelizadores laicos, mujeres que se vieron abocadas al aborto y que ahora son defensoras de la maternidad y de la vida, miembros de la Iglesia perseguida en Oriente Medio, jóvenes que se han encontrado con Cristo y se entregan ahora a los demás, etc. Personas, todas ellas, que se han encontrado con la Misericordia de Cristo a través de un encuentro sobrenatural con él, de la investigación, de un grave accidente, de una ruptura matrimonial, o en la desesperación y el vacío de existencial, las drogas, las sectas de la Nueva Era o de ciertas “terapias alternativas”, muchos de ellos desde la indiferencia o el ateísmo.
Texto del Evangelio (Jn 6,22-29):Después que Jesús hubo saciado a cinco mil hombres, sus discípulos le vieron caminando sobre el agua. Al día siguiente, la gente que se había quedado al otro lado del mar, vio que allí no había más que una barca y que Jesús no había montado en la barca con sus discípulos, sino que los discípulos se habían marchado solos. Pero llegaron barcas de Tiberíades cerca del lugar donde habían comido pan. Cuando la gente vio que Jesús no estaba allí, ni tampoco sus discípulos, subieron a las barcas y fueron a Cafarnaúm, en busca de Jesús.
Al encontrarle a la orilla del mar, le dijeron: «Rabbí, ¿cuándo has llegado aquí?». Jesús les respondió: «En verdad, en verdad os digo: vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Obrad, no por el alimento perecedero, sino por el alimento que permanece para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello». Ellos le dijeron: «¿Qué hemos de hacer para realizar las obras de Dios?». Jesús les respondió: «La obra de Dios es que creáis en quien Él ha enviado».
«Obrad (…) por el alimento que permanece para la vida eterna»
Abbé Jacques FORTIN
(Alma (Quebec), Canadá)
Hoy, después de la multiplicación de los panes, la multitud se pone en busca de Jesús, y en su búsqueda llegan hasta Cafarnaúm. Ayer como hoy, los seres humanos han buscado lo divino. ¿No es una manifestación de esta sed de lo divino la multiplicación de las sectas religiosas, el esoterismo?
Pero algunas personas quisieran someter lo divino a sus propias necesidades humanas. De hecho, la historia nos revela que algunas veces se ha intentado usar lo divino para fines políticos u otros. Hoy, en el Evangelio proclamado, la multitud se ha desplazado hacia Jesús. ¿Por qué? Es la pregunta que hace Jesús afirmando: «Vosotros me buscáis, no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado» (Jn 6,26). Jesús no se engaña. Sabe que no han sido capaces de leer las señales del pan multiplicado. Les anuncia que lo que sacia al hombre es un alimento espiritual que nos permite vivir eternamente (cf. Jn 6,27). Dios es el que da ese alimento, lo da a través de su Hijo. Todo lo que hace crecer la fe en Él es un alimento al que tenemos que dedicar todas nuestras energías.
Entonces comprendemos por qué el Papa nos anima a esforzarnos para re-evangelizar nuestro mundo que frecuentemente no acude a Dios por los buenos motivos. En la constitución "Gaudium et Spes" ("La Iglesia en el mundo actual") los Padres del Concilio Vaticano II nos recuerdan: «Bien sabe la Iglesia que sólo Dios, al que ella sirve, responde a las aspiraciones más profundas del corazón humano, el cual nunca se sacia plenamente con solo los alimentos terrenos». Y nosotros, ¿por qué continuamos siguiendo a Jesús? ¿Qué es lo que nos proporciona la Iglesia? ¡Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II! ¿Estamos convencidos del bienestar que proporciona este alimento que podemos dar al mundo?
Hay miles de cristianos esclavos en Pakistán: la dramática denuncia de un misionero argentino
Hay miles de campos de trabajo en donde se recluyen a los esclavos cristianos junto con sus familias.orden san elías
En pleno siglo XXI sigue habiendo cientos de miles de esclavos en el mundo. En concreto, en Pakistán. Y la mayoría son cristianos. Esta es la dramática denuncia del padre Federico Highton, misionero argentino de la Orden de San Elías, que ya lleva rescatados 93 personas de las garras de los esclavistas, ante la total ignorancia de Occidente, y el silencio llamativo de la mayoría de los medios de comunicación que ocultan este doloroso drama.
Prácticamente la mitad de los esclavos liberados por el padre Federico Highton han recobrado su libertad tras pagar a los esclavistas que los mantenían cautivos, un modo de actuar que se asemeja a lo que se hacía unos siglos atrás, en donde los católicos sometidos en tierras musulmanas eran liberados gracias a la labor de misioneros, como los redentoristas o los trinitarios, que pagaban por su libertad gracias a las limosnas de sus comunidades religiosas de origen.
"En Pakistán tenemos cientos de miles de esclavos cristianos que están en garras de personas siniestras. También hay esclavos musulmanes, pero el estatus es diferente al esclavo cristiano, ya que el esclavo musulmán está mucho mejor tratado".
En los viajes que el padre Federico Highton ha realizado a Pakistán, junto con un grupo de voluntarios, donde también hay españoles, "vimos esclavos cristianos que los torturaron con arena caliente que ponían sobre su piel. Y esclavas cristianas que de modo sistemático son violadas en los campos de esclavos".
Pakistán, ¿un país esclavista?
"A pesar de que Pakistán ha firmado todos los tratados internacionales en defensa de los derechos humanos y contra la tortura, la verdad es que la esclavitud es algo visible en todo el país y, del alguna manera, aceptado. Hay miles de campos de trabajo, la mayoría fábricas de ladrillos, en donde se recluyen a los esclavos cristianos junto con sus familias, algunos de varias generaciones, por la perversa realidad de la usura".
"Conocí a una familia de cuatro generaciones de esclavos, esclavos por deuda, por no poder devolver lo equivalente a 500 dólares. Cuatro generaciones de esclavos, y el patriarca de esa familia llegó a vender su riñón para tratar de pagar esa deuda. Y aun así no pudo pagarla. Ese señor se llama Pola y está en mi corazón. Nos dijo: 'Sáquenme de acá. Lléveme con usted al infierno, pero sáquenme de acá'. Prefería ir al infierno que quedarse en ese campo de reclusión. Finalmente lo rescatamos y hoy en día el señor Pola es un hombre libre".
El padre Federico Highton en Pakistán.orden san elías
La esclavitud en Pakistán… un secreto a voces
"La esclavitud en Pakistán es un secreto a voces. Es un crimen tolerado", señala el padre Highton. No hay estadísticas oficiales pero se calcula que hay entre medio millón y dos millones de esclavos, tanto cristianos como musulmanes.
Hay miles de campos de trabajo esparcidos por todo el país. "Uno aterriza en Pakistán, te movilizas unos kilómetros y comienzas a ver las fábricas de esclavos. Generalmente suelen ser fábricas de ladrillos. Están a plena luz del día. Todo el mundo sabe. Los esclavos no están en túneles subterráneos, están en la superficie, a la vista de todos. Y el esclavismo es práctica común".
Así es la vida en un campo de trabajo para esclavos
Los esclavos viven y trabajan en la misma fábrica, generalmente de ladrillos, recibiendo "ranchos miserables. El esclavo no puede salir de ese campo", como norma, aunque depende del "grado de de maldad de los explotadores. En algunos hay un poco más de libertad, otros menos".
Y en ese campo vive toda la familia pero como "un sistema de rehenes. Los esclavistas siempre quieren rehenes. Si sale una parte de la familia del campo, por ejemplo, las señoras a comprar tomates al mercado, que está cerca, eso se permite generalmente porque hay una parte de la familia que está dentro. Si no vuelven al campo, el precio lo paga los que se quedaron".
Así lo pudieron experimentar el padre Highton y su grupo de colaboradores. En un campo de esclavos les abordaron para que llevaran al hospital a varios de ellos. Una mujer embarazada a punto de dar a luz, una mujer paralítica que podía recuperar la movilidad de sus piernas con un determinado tratamiento y otros enfermos. En total eran cinco esclavos que se les permitió salir del complejo esclavista ya que el capataz del sitio mantenía como rehenes al resto de sus familias.
Después de 48 horas les llamó el capataz para que volvieran inmediatamente "o de lo contrario iba a mutilar a los niños. Esa amenaza todavía resuena en mi alma. Cortar a los niños".
Tres tipos de esclavitud
Hay tres tipos de esclavitud en Pakistán. La primera es la esclavitud sexual. "Consiste en que muchos musulmanes secuestran mujeres cristianas. Las fuerzan a hacerse musulmanas, las fuerzan a casarse con el secuestrador, y luego las transforman en esclava sexual. El mismo esposo la pone disponibilidad de familiares o de amigos o de vecinos para que la violen".
A la derecha, el padre Federico Highton en Pakistán.orden san elías
En otras ocasiones entra la seducción. "Las van engañando, son mujeres analfabetas, las van seduciendo, entonces la mujer se enamora y se cree que ese es un buen hombre y no. Se casan y cuando termina la luna de miel empieza la pesadilla".
"Nos pasó con una de las mujeres que conocimos en Pakistán que estaba a punto de ser vendida como esclava a Arabia Saudita. Se enteró, escuchó las llamadas por teléfono y se escapó".
La segunda modalidad de esclavitud es por deuda. "Aparentemente no tiene nada que ver con la primera modalidad, pero sí".
Esta esclavitud por deuda se suele producir por situaciones desesperadas. "Imagínate que tu mamá necesita con urgencia un tratamiento médico y no tienes dinero. Tomas un préstamo y si después no puedes pagar el préstamo, que es de un usurero, en Pakistán la manera de pagarlo es haciéndote esclavo del acreedor pero no solo tú. También toda tu familia".
"Se convierten en esclavos del acreedor por una deuda pequeña. Son deudas impagables porque tienen un sistema de usura en donde se les agregan los intereses y hay esclavos de generación en generación. Yo lo vi con mis ojos".
La tercera modalidad de esclavitud es la integral. "Esto quiere decir que hay esclavos por deuda que también son simultáneamente esclavos sexuales de los esclavistas".
"Rescatamos a cinco matrimonios. Las cinco mujeres de esos cinco matrimonios durante 10 años fueron violadas sistemáticamente hasta que les rescatamos. Y con su permiso fueron entrevistadas. Sus testimonios son espeluznantes. Sabíamos que los hombres habían sido torturados, pero no conocíamos la historia de mujeres. No sabíamos que eran esclavas integrales".
El padre Federico Highton (en el centro) con algunos rescatados.orden san elías
"Una de ellas se quedó embarazada de la violación del esclavista, y le obligaron a abortar. Ella quería tener al bebé, pero fue abortado".
Las lágrimas del Papa Francisco
Antes de embarcarse en esa misión de riesgo en Pakistán, el padre Highton fue a ver al Papa. "Le conté la situación de estos esclavos y le di la lista con los nombres de las esclavas sexuales que teníamos. El Papa casi se pone a llorar. Nos dio su bendición y emprendimos el viaje".
Un barrio cristiano para esclavos liberados
El objetivo del padre Highton y de sus colaboradores es "fundar un barrio cristiano para esclavos liberados, como un pequeño pueblo, pero que esté bajo la supervisión del párroco del lugar, y en la medida de lo posible con presencia de algún convento de religiosas".
De esos 93 liberados hasta la fecha, algunos lograron salir adelante sin ayuda, pero otros muchos -la mayoría son analfabetos- necesitan tener un trabajo y alquilar casas. "A algunos les podemos comprar un Tuc tuc, un pequeño taxi, pero había que trasladarlos a otra zona del país para garantizar su seguridad".
El sacerdote argentino es miembro de la Orden San Elías y ha vivido durante algunos años en las aldeas del Himalaya.
Bautizar a los esclavos
Tampoco en lo religioso. "No conocen la diferencia entre religión católica y protestante. Otros muchos son cristianos por tradición familiar y porque creen en Cristo y rezan, pero no están todavía bautizados, no porque no quieran, sino porque no han tenido esa posibilidad".
"Elegimos un campo de esclavos casi al azar porque hay muchísimos, y ponemos presión al esclavista para que nos deje poner un toldo de cara a tener un encuentro con los cristianos. No nos querían dejar, pero finalmente, por providencia, nos dieron permiso ante la sorpresa del evento".
Y en esto encuentro improvisado se reúnen los cristianos del campo de trabajo y se bautiza a todo aquel que no lo esté. "Los bautizamos al estilo de San Francisco Javier: unos pocos minutos y se hicieron católicos. En este sentido, si hay sacerdotes que quieran en sus vacaciones ir a bautizar a estos esclavos, y catequizarlos, es una obra de bien gigante". Y para ello pueden comunicarse directamente con el padre Highton en el correo electrónico que viene más abajo.
El padre Federico Highton en Pakistán.orden san elías
La Iglesia en Pakistán
"La Iglesia hace un gran trabajo en Pakistán. Pero ante todas estas calamidades no pueden lidiar con todo. Es imposible". Algunos sacerdotes locales colaboran en estas misiones especiales que se hacen en los campos de esclavistas, pero están desbordados por tantos frentes que atender.
"El clero hace lo que puede en un contexto de persecución, una situación en donde en cualquier momento viene un grupo terrorista y te puede poner una bomba en un jardín infantil católico… Hay que recordar que en Pakistán hay más de 40 grupos terroristas islamistas".
¿Qué se puede hacer para liberar a cristianos en Pakistán?
El padre Federico Highton propone tres formas de colaborar para liberar a estos cautivos:
La primera es "rezar el Rosario por la liberación de los esclavos cristianos en Pakistán: También pedir misas, así como uno pide misas por su abuelito que falleció, pedir misas por la redención de los esclavos cristianos en Pakistán".
La segunda es contar con voluntarios. "Jóvenes solteros católicos y mayores de edad que quieren venir a redimir esclavos, me pueden escribir al mail que viene más abajo".
La tercera es colaborar económicamente. Para poder pagar esas deudas que tienen esclavizadas a las familias y, también, para ayudar a comprar terrenos de cara a la creación de este barrio católico donde puedan tener una mejor vida las familias cristianas que recuperen su libertad. "Los terrenos son muy caros en Pakistán. Necesitamos unos 60.000 euros para comprar el terreno".
"Pero también hay otra colaboración y es que haya familias de Occidente que adopten familias rescatadas. No se trataría de aportar una cuota aproximada, sino que la familia que adopta una familia de exesclavos de Pakistán pueda tener un cierto vínculo. Que la familia que adopta llama a la familia adoptada a través de un traductor nuestro, y en ese diálogo que la familia adoptante vea qué necesita la otra familia".
Los cristianos son perseguidos en Pakistán sistemáticamente.orden san elías
"Yo creo en la importancia de la ayuda personal. El que se establezca un vínculo que se entiende que sea personal".
Colaboración económica con la Asociación San Elías-España
Para ponerse en contacto con el padre Federico Highton: federicojuanhighton@gmail.com
Para ayudar económicamente y colaborar en rescatar a cristianos de la esclavitud:
En aquel tiempo, se apareció Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Al oír Simón Pedro que era el Señor se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.
Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Esta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.
Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos». Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me amas?». Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas». Le dice por tercera vez: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero». Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras». Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios. Dicho esto, añadió: «Sígueme».
«Jesús les dice: ‘Venid y comed’»
Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós
(Barcelona, España)
Hoy, tercer Domingo de Pascua, contemplamos todavía las apariciones del Resucitado, este año según el evangelista Juan, en el impresionante capítulo veintiuno, todo él impregnado de referencias sacramentales, muy vivas para la comunidad cristiana de la primera generación, aquella que recogió el testimonio evangélico de los mismos Apóstoles.
Éstos, después de los acontecimientos pascuales, parece que retornan a su ocupación habitual, como habiendo olvidado que el Maestro los había convertido en “pescadores de hombres”. Un error que el evangelista reconoce, constatando que —a pesar de haberse esforzado— «no pescaron nada» (Jn 21,3). Era la noche de los discípulos. Sin embargo, al amanecer, la presencia conocida del Señor le da la vuelta a toda la escena. Simón Pedro, que antes había tomado la iniciativa en la pesca infructuosa, ahora recoge la red llena: ciento cincuenta y tres peces es el resultado, número que es la suma de los valores numéricos de Simón (76) y de ikhthys (=pescado, 77). ¡Significativo!
Así, cuando bajo la mirada del Señor glorificado y con su autoridad, los Apóstoles, con la primacía de Pedro —manifestada en la triple profesión de amor al Señor— ejercen su misión evangelizadora, se produce el milagro: “pescan hombres”. Los peces, una vez pescados, mueren cuando se los saca de su medio. Así mismo, los seres humanos también mueren si nadie los rescata de la oscuridad y de la asfixia, de una existencia alejada de Dios y envuelta de absurdidad, llevándolos a la luz, al aire y al calor de la vida. ¿De qué vida? De la vida de Cristo, que él mismo alimenta desde la playa de su gloria, figura espléndida de la vida sacramental de la Iglesia y, primordialmente, de la Eucaristía. En ella el Señor da personalmente el pan y, con él, se da a sí mismo, como indica la presencia del pez, que para la primera comunidad cristiana era un símbolo de Cristo y, por tanto, del cristiano.