miércoles, 23 de abril de 2025

Santo Evangelio 23 de Abril 2025

 


Texto del Evangelio (Lc 24,13-35):

 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran.

Él les dijo: «¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?». Ellos se pararon con aire entristecido. Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: «¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?». Él les dijo: «¿Qué cosas?». Ellos le dijeron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. Nosotros esperábamos que sería Él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que Él vivía. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a Él no le vieron». Él les dijo: «¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?». Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre Él en todas las Escrituras.

Al acercarse al pueblo a donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le forzaron diciéndole: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado». Y entró a quedarse con ellos. Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.

Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero Él desapareció de su lado. Se dijeron uno a otro: «¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?». Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían: «¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!». Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.



«¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?»


P. Luis PERALTA Hidalgo SDB

(Lisboa, Portugal)

Hoy el Evangelio nos asegura que Jesús está vivo y continúa siendo el centro sobre el cual se construye la comunidad de los discípulos. Es precisamente en este contexto eclesial —en el encuentro comunitario, en el diálogo con los hermanos que comparten la misma fe, en la escucha comunitaria de la Palabra de Dios, en el amor compartido en gestos de fraternidad y de servicio— que los discípulos pueden realizar la experiencia del encuentro con Jesús resucitado.

Los discípulos cargados de tristes pensamientos, no imaginaban que aquel desconocido fuese precisamente su Maestro, ya resucitado. Pero sentían «arder» su corazón (cf. Lc 24,32), cuando Él les hablaba, «explicando» las Escrituras. La luz de la Palabra disipaba la dureza de su corazón y «sus ojos se abrieron» (cf. Lc 24, 31).

El icono de los discípulos de Emaús nos sirve para guiar el largo camino de nuestras dudas, inquietudes y a veces amargas desilusiones. El divino Viajante sigue siendo nuestro compañero para introducirnos, con la interpretación de las Escrituras, en la comprensión de los misterios de Dios. Cuando el encuentro se vuelve pleno, la luz de la Palabra sigue a la luz que brota del «Pan de vida», por el cual Cristo cumple de modo supremo su promesa de «yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20).

El Papa Emérito Benedicto XVI explicó que «el anuncio de la Resurrección del Señor ilumina las zonas oscuras del mundo en el que vivimos».


Judío tibio, bebedor en la universidad, se reía de los cristianos hasta que investigó sobre Cristo



 Judío tibio, bebedor en la universidad, se reía de los cristianos hasta que investigó sobre Cristo

Phillip Seeberg explica su viaje del judaísmo al catolicismo en CHNetwork

Phillip Seeberg ha contado a CHNetwork su testimonio de conversión desde su origen judío a la plena fe católica, en versión escrita y también en un diálogo en vídeo.

Nació en 1960 y creció en el suroeste de Chicago en una familia de padres judíos y un barrio de mayoría católica, descendientes de polacos e irlandeses. "Yo no sabía la diferencia entre católicos y protestantes. De hecho, no sabía nada del cristianismo, punto. Sabía que los cristianos creían en Jesús, pero no sabía qué significaba eso ni sabía nada del Nuevo Testamento", dice de su infancia.

Aunque su familia iba a veces a una sinagoga más bien conservadora, en casa se consideraban judíos reformados: no cumplían las normas kosher sobre pureza y alimentos, ni la fiesta del sabbat. "Mis padres no sabían hebreo ni asistían a los servicios religiosos, que eran mayoritariamente en hebreo", recuerda. A él sí lo llevaban a la escuela hebrea los martes, jueves y domingos durante 4 años.

"Y mientras estudiaba para mi Bar Mitzvá también asistí a servicios religiosos los viernes por la noche y los sábados por la mañana durante dos de esos años". Celebró la ceremonia con 13 años, "el primero en mi familia en más de 20 años. Dirigí casi todo el servicio del sábado por la mañana".

Poco después, su sinagoga se fusiono con otra, lejana. Ahora los oficios estaban a 5 kilómetros, acudir allí era muy incómodo y dejó de participar en la sinagoga.

Coche, fiesta y alcohol en la universidad

Fue el primero de su círculo de amigos en conseguir un coche (el viejo Chevelle de su padre) y eso le hizo popular en las fiestas nocturnas. Lleva a sus amigos a patinar, al cine, al béisbol... En su último año de educación secundaria ya bebía demasiado, casi cada noche en verano.

Una noche de verano de 1978 se dedicó con un amigo a conducir mientras disparaban piedras con un tirachinas a las ventanas de los vecinos. La policía le detectó y le detuvo una noche. Él mintió a sus padres asegurando no tener nada que ver, y ellos le creyeron. "Eso solo me hizo sentir peor. No merecía su apoyo. Estaba muy feliz de ir a la universidad ese otoño, porque no soportaba mirar a mi madre a los ojos y mentirle".

Tras unos meses en la universidad, viendo que sus padres habían contratado a un abogado para que le defendiera, decidió contarles la verdad. Se llegó a un acuerdo extrajudicial, pero la relación con sus padres quedó dañada un tiempo.

En el campus de la Universidad de Illinois había bastante gente hablando de Dios por los jardines y Phillip entendía que él debía poner orden en su vida. "Al escuchar a los predicadores, me di cuenta de que mi conocimiento de la Biblia era mínimo. Hablaban de profecías cumplidas, pero yo no sabía nada de profecías. Intenté convencerme de su autenticidad y de su inevitabilidad", recuerda.

"De niño, me habían dicho que los judíos no creíamos en Jesús como el Mesías, pero nunca me explicaron por qué. Desarrollé curiosidad por el cristianismo", explica. 

Escuchaba a los predicadores de los jardines y patios de la universidad: era gratis y le parecía divertido cuando la gente les abucheaba.

Nuevo Testamento gratis, explorar la figura de Cristo

El Miércoles de Ceniza de 1979, la organización cristiana Los Gedeones, que dejan biblias en las habitaciones de hotel, repartió Nuevos Testamentos en el campus. "Tomé uno. Como judío, nunca había leído el Nuevo Testamento y me habría dado vergüenza comprar uno. Mi lado oscuro pensaba que podría usarlo para burlarme de los predicadores. Pero por un tiempo, ni siquiera lo leí".

Luego, un conocido le recomendó empezar por el Evangelio de Juan. Y lo leyó. Le pareció complejo y profundo y le llamó la atención Juan 5, 45-47: "No penséis que yo os voy a acusar ante el Padre, hay uno que os acusa: Moisés, en quien tenéis vuestra esperanza. Si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero, si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?"

Al curso siguiente, le tocó un compañero de habitación que era un cristiano sincero. Un predicador del campus le dejó una tarjeta con una frase curiosa: "Si tras encontrarnos me olvidas, no has perdido nada. Si tras encontrarte con Jesús lo olvidas, lo has perdido todo".

Por primera vez, Phillip decidió consultar a Dios. "Comencé a orar a Dios todos los días para que me mostrara el verdadero camino. Quería ser un buen judío y comprender lo que decían las Escrituras. Yo le rezaba al Dios del Antiguo Testamento. Me pregunté lo mismo que muchos judíos del primer siglo: '¿Es este Jesús el Mesías profetizado?'".

Era de origen judío en EEUU, se hizo cristiano y con los pobres de Israel encontró su vocación

Una experiencia del Espíritu Santo

El 28 de agosto de 1979 acudió a un encuentro de oración y estudio de la Biblia con uno de los predicadores del campus. "Durante nuestras oraciones, sentí algo así como una descarga eléctrica y no pude moverme. No sabía qué era entonces, pero ahora creo que era el Espíritu Santo", recuerda. "La noche siguiente me senté en medio del patio y oré unos 40 minutos, pidiendo a Dios perdón y guía. Me invadió tal sensación de satisfacción y paz que considero que esa fue la noche de mi conversión. Jesús había venido a mí y yo lo había aceptado. La noche siguiente, me bauticé en la piscina de un patio trasero".

¿Qué hacer con la tradición judía?

Pero Phillip ahora tenía que decidir qué aspectos de la tradición judía aún quería vivir o aplicar, y cuáles pensaba que ya no se le aplicaban. Por ejemplo, ¿debía acudir a los servicios judíos de Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío? ¿Y al Yom Kippur, día de expiación de los pecados? "Después de reflexionar y orar un poco, decidí que creía que mis pecados fueron perdonados por Jesús en la cruz, y que no necesitaba asistir a esos servicios. Concluí que Rosh Hashaná y Yom Kipur habían quedado obsoletos".

Visitando a su familia en San Diego, sus padres encontraron que llevaba una Biblia en el bolsillo. "Les dije que solo la estaba leyendo", detalla. Pero poco después supieron que se había hecho cristiano. "Mis padres, en shock, amenazaron con sacarme de la universidad, pero después de la primera llamada, hablamos de la situación con calma, aunque un poco incómodos".

Phillip les comentó que Jesús estaba profetizado en el Antiguo Testamento. Sus padres pensaban que había un "Antiguo Testamento judío y otro cristiano y le enviaron una Biblia judía, pero cuando Phillip la leyó comprobó que eran prácticamente el mismo texto.

Peleas y divisiones entre los cristianos

Poco después, vio que varios grupos cristianos en los que participaba se habían enemistado. "Empecé a tener serias dudas sobre Cristo y los grupos en los que participaba. Se suponía que los cristianos debían ser amorosos, y la guerra de palabras que presenciaba parecía ir en contra de todo lo que había aprendido sobre la religión cristiana. Mi creencia en el cumplimiento de Cristo de muchas de las profecías del Antiguo Testamento me impidió recaer en mi origen judío, porque creía que las profecías debían cumplirse. Sin embargo, la presión de intentar encontrar mi identidad religiosa, sumada a mi carga de trabajo escolar, me hizo alejarme por un tiempo de toda afiliación religiosa".

Fue entonces, en 1980, cuando conoció en la universidad a Lisa, que era católica, y sería su novia y su esposa.

"Yo no quería unirme a la Iglesia Católica, en parte porque mi futuro suegro, de carácter firme, era un católico muy anticuado, y mi ego masculino no quería que pareciera que me sometía a él", recuerda. Buscaba una iglesia donde poder cantar a Dios, algo que siempre le acercó al Señor. Por otra parte, en algunas iglesias protestantes veía poco fervor y le parecían un mero evento social. Y veía iglesias que cedían ante el mundo en temas que la Biblia claramente condena, como las prácticas homosexuales. Tampoco le gustaban las iglesias que daban consejos sobre inversiones financieras.


Phillip Seeberg ha contado su testimonio de descubrimiento de Cristo y luego del catolicismo en CHNetwork

Phillip Seeberg ha contado su testimonio de descubrimiento de Cristo y luego del catolicismo en CHNetworkchnetwork

El catolicismo empezó a parecerle sensato y bien fundamentado. "Yo estaba de acuerdo con el Papa Juan Pablo II en la mayoría de los temas morales, y sentía que era muy importante que Lisa y yo rindiéramos culto juntos. El padre de Lisa era católico, pero su madre metodista. Por ello, Lisa nunca iba a la iglesia con su madre". Phillip acompañaba a Lisa a una iglesia católica que celebraba algunas misas en el gimnasio del colegio adyacente. "Yo disfrutaba del ambiente sencillo de ese gimnasio. Debido a mi origen judío y a la prohibición de los ídolos en esa fe, siempre me he sentido más cómodo adorando en un ambiente sin adornos", señala hoy.

Ulf Ekman y su esposa Birgitta explican las razones de su entrada en la Iglesia Católica - Foto de Livets Ord

Los "padres" y la Virgen María

Entre las cosas que le inquietaron al principio estaba el mandato de Mateo 23,9: "No llaméis padre a nadie en la tierra". Los católicos llamaban "padre" a los sacerdotes. Tardó años en descubrir el versículo siguiente: "Ni seáis llamados 'maestro', porque uno solo es vuestro maestro, Cristo". "Nadie parece tener problemas en llamar 'maestro' a otros. ¿No se refiere a 'padre' en la misma línea?"

Hacia 1999 y el año 2000 empezó a ir a más retiros y actividades de fe. En 2011, a través del biblista converso Scott Hahn y sus libros, vio la relación entre la Virgen María y el Arca de la Alianza. "A través de esta lectura, desarrollé un aprecio por ella que antes no tenía. También habló del Apocalipsis de una manera completamente nueva que me abrió los ojos a su esencia. No es futurista, sino eucarístico", descubrió.

También fue creciendo su apreciación por la Eucaristía y la Confesión. "Podemos llegar a ser santos como Él es santo (véase Levítico 19:2 y Mateo 5:48). Hay gracia suficiente incluso para ese cambio profundo, siempre que sigamos caminando en amistad con Él", dice hoy Phillip.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 22 de abril de 2025

Santo Evangelio 22 de Abril 2025



 Texto del Evangelio (Jn 20,11-18):

 En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní», que quiere decir “Maestro”». Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras.



«Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor»


Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret

(Vic, Barcelona, España)

Hoy, en la figura de María Magdalena, podemos contemplar dos niveles de aceptación de nuestro Salvador: imperfecto, el primero; completo, el segundo. Desde el primero, María se nos muestra como una sincerísima discípula de Jesús. Ella lo sigue, maestro incomparable; le es heroicamente adherente, crucificado por amor; lo busca, más allá de la muerte, sepultado y desaparecido. ¡Cuán impregnadas de admirable entrega a su “Señor” son las dos exclamaciones que nos conservó, como perlas incomparables, el evangelista Juan: «Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto» (Jn 20,13); «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré»! (Jn 20,15). Pocos discípulos ha contemplado la historia, tan afectos y leales como la Magdalena.

No obstante, la buena noticia de hoy, de este martes de la octava de Pascua, supera infinitamente toda bondad ética y toda fe religiosa en un Jesús admirable, pero, en último término, muerto; y nos traslada al ámbito de la fe en el Resucitado. Aquel Jesús que, en un primer momento, dejándola en el nivel de la fe imperfecta, se dirige a la Magdalena preguntándole: «Mujer, ¿por qué lloras?» (Jn 20,15) y a la cual ella, con ojos miopes, responde como corresponde a un hortelano que se interesa por su desazón; aquel Jesús, ahora, en un segundo momento, definitivo, la interpela con su nombre: «¡María!» y la conmociona hasta el punto de estremecerla de resurrección y de vida, es decir, de Él mismo, el Resucitado, el Viviente por siempre. ¿Resultado? Magdalena creyente y Magdalena apóstol: «Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor» (Jn 20,18).

Hoy no es infrecuente el caso de cristianos que no ven claro el más allá de esta vida y, pues, que dudan de la resurrección de Jesús. ¿Me cuento entre ellos? De modo semejante son numerosos los cristianos que tienen suficiente fe como para seguirle privadamente, pero que temen proclamarlo apostólicamente. ¿Formo parte de ese grupo? Si fuera así, como María Magdalena, digámosle: —¡Maestro!, abracémonos a sus pies y vayamos a encontrar a nuestros hermanos para decirles: —El Señor ha resucitado y le he visto.


 Pablo García, 26 años, antiguo «mini-dios», se bautiza ahora en Getafe



Pablo García Martel, de 26 años, se bautiza este sábado por la noche, en la Vigilia Pascual en Getafe. Dice que durante un tiempo se consideró una especie de "mini-dios", "individualista exacerbado" que vivía "sujeto a los impulsos, sin una trascendencia". Un compañero de clase cautivó su atención: su amigo Andrés vivía con paz y tranquilidad, y era capaz de escuchar. Una noche, Pablo se arrodilló y rezó... y pasó algo. Lo cuenta en La Linterna de la Iglesia, en Ecclesia COPE.


Este año se bautizan unos 30 adultos en la diócesis de Getafe, como

lunes, 21 de abril de 2025

Santo Evangelio 21 de Abril 2025





 Texto del Evangelio (Mt 28,8-15):

 En aquel tiempo, las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos. En esto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «¡Dios os guarde!». Y ellas se acercaron a Él, y abrazándole sus pies, le adoraron. Entonces les dice Jesús: «No temáis. Id, avisad a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Mientras ellas iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad a contar a los sumos sacerdotes todo lo que había pasado. Estos, reunidos con los ancianos, celebraron consejo y dieron una buena suma de dinero a los soldados, advirtiéndoles: «Decid: ‘Sus discípulos vinieron de noche y le robaron mientras nosotros dormíamos’. Y si la cosa llega a oídos del procurador, nosotros le convenceremos y os evitaremos complicaciones». Ellos tomaron el dinero y procedieron según las instrucciones recibidas. Y se corrió esa versión entre los judíos, hasta el día de hoy.



«Las mujeres partieron a toda prisa del sepulcro, con miedo y gran gozo, y corrieron a dar la noticia a sus discípulos»

Rev. D. Joan COSTA i Bou

(Barcelona, España)

Hoy, la alegría de la resurrección hace de las mujeres que habían ido al sepulcro mensajeras valientes de Cristo. «Una gran alegría» sienten en sus corazones por el anuncio del ángel sobre la resurrección del Maestro. Y salen “corriendo” del sepulcro para anunciarlo a los Apóstoles. No pueden quedar inactivas y sus corazones explotarían si no lo comunican a todos los discípulos. Resuenan en nuestras almas las palabras de Pablo: «La caridad de Cristo nos urge» (2Cor 5,14).

Jesús se hace el “encontradizo”: lo hace con María Magdalena y la otra María —así agradece y paga Cristo su osadía de buscarlo de buena mañana—, y lo hace también con todos los hombres y mujeres del mundo. Y más todavía, por su encarnación, se ha unido, en cierto modo, a todo hombre.

Las reacciones de las mujeres ante la presencia del Señor expresan las actitudes más profundas del ser humano ante Aquel que es nuestro Creador y Redentor: la sumisión —«se asieron a sus pies» (Mt 28,9)— y la adoración. ¡Qué gran lección para aprender a estar también ante Cristo Eucaristía!

«No tengáis miedo» (Mt 28,10), dice Jesús a las santas mujeres. ¿Miedo del Señor? Nunca, ¡si es el Amor de los amores! ¿Temor de perderlo? Sí, porque conocemos la propia debilidad. Por esto nos agarramos bien fuerte a sus pies. Como los Apóstoles en el mar embravecido y los discípulos de Emaús le pedimos: ¡Señor, no nos dejes!

Y el Maestro envía a las mujeres a notificar la buena nueva a los discípulos. Ésta es también tarea nuestra, y misión divina desde el día de nuestro bautizo: anunciar a Cristo por todo el mundo, «a fin que todo el mundo pueda encontrar a Cristo, para que Cristo pueda recorrer con cada uno el camino de la vida, con la potencia de la verdad (...) contenida en el misterio de la Encarnación y de la Redención, con la potencia del amor que irradia de ella» (San Juan Pablo II).


domingo, 20 de abril de 2025

Santo Evangelio 20 de Abril 2025

 


Texto del Evangelio (Jn 20,1-9):

 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: «Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.



«Entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó»


Mons. Joan Enric VIVES i Sicília Obispo de Urgell

(Lleida, España)

Hoy «es el día que hizo el Señor», iremos cantando a lo largo de toda la Pascua. Y es que esta expresión del Salmo 117 inunda la celebración de la fe cristiana. El Padre ha resucitado a su Hijo Jesucristo, el Amado, Aquél en quien se complace porque ha amado hasta dar su vida por todos.

Vivamos la Pascua con mucha alegría. Cristo ha resucitado: celebrémoslo llenos de alegría y de amor. Hoy, Jesucristo ha vencido a la muerte, al pecado, a la tristeza... y nos ha abierto las puertas de la nueva vida, la auténtica vida, la que el Espíritu Santo va dándonos por pura gracia. ¡Que nadie esté triste! Cristo es nuestra Paz y nuestro Camino para siempre. Él hoy «manifiesta plenamente el hombre al mismo hombre y le descubre su altísima vocación» (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes 22).

El gran signo que hoy nos da el Evangelio es que el sepulcro de Jesús está vacío. Ya no tenemos que buscar entre los muertos a Aquel que vive, porque ha resucitado. Y los discípulos, que después le verán Resucitado, es decir, lo experimentarán vivo en un encuentro de fe maravilloso, captan que hay un vacío en el lugar de su sepultura. Sepulcro vacío y apariciones serán las grandes señales para la fe del creyente. El Evangelio dice que «entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó» (Jn 20,8). Supo captar por la fe que aquel vacío y, a la vez, aquella sábana de amortajar y aquel sudario bien doblados eran pequeñas señales del paso de Dios, de la nueva vida. El amor sabe captar aquello que otros no captan, y tiene suficiente con pequeños signos. El «discípulo a quien Jesús quería» (Jn 20,2) se guiaba por el amor que había recibido de Cristo.

“Ver y creer” de los discípulos que han de ser también los nuestros. Renovemos nuestra fe pascual. Que Cristo sea en todo nuestro Señor. Dejemos que su Vida vivifique a la nuestra y renovemos la gracia del bautismo que hemos recibido. Hagámonos apóstoles y discípulos suyos. Guiémonos por el amor y anunciemos a todo el mundo la felicidad de creer en Jesucristo. Seamos testigos esperanzados de su Resurrección.


Resurrección de Cristo: ¿nos lo creemos o no?

 


Resurrección de Cristo: ¿nos lo creemos o no?

Los creyentes que rezamos el Credo en misa y celebramos el fin de la Semana Santa con el Domingo de Resurrección, ¿nos creemos de verdad que Jesús resucitó? ¿Estamos dispuestos a defender en el siglo XXI y en cualquier sitio la veracidad de ese acontecimiento? ¿Tenemos algún argumento para hacerlo?

Para el cristianismo es fundamental. Pablo escribió: “Y si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe” (1 Cor 15, 17). O es el hecho más importante de la historia o uno de los mayores fraudes de la humanidad.

El concepto de 'resurrección' es muy difícil de admitir hoy, tanto como en el siglo I de nuestra era. La experiencia a lo largo de la historia nos dice que la muerte es algo definitivo, que no tiene marcha atrás.

No podemos reproducir la crucifixión, muerte y resurrección de Jesús, tampoco podemos viajar al pasado y comprobar in situ lo que pasó. Pero sí podemos evaluar los hechos disponibles y tratar de hallar la mejor explicación posible a lo que sabemos que ocurrió allí.

Los hechos

En la actualidad, es una realidad incuestionable que Cristo existió y murió crucificado en tiempos de Pilatos y de Tiberio. Algo que confirman los cuatro evangelios, las epístolas de Pablo, Josefo (en Antigüedades de los Judíos), Tácito, Mara Bar Serapion, Luciano de Samosata, Tallus, Flegón y el Talmud.

No creyentes como Bart D. Ehrman, Gerd Lüdemann, E.P. Sanders e incluso, en general, la escéptica asociación Jesus Seminar aceptan los siguientes hechos:

Jesús falleció crucificado por los romanos. No consta que nadie sobreviviera a una crucifixión y menos si fue también previamente flagelado.

Fue enterrado en una tumba privada, no por sus seguidores directos, que estaban escondidos.

Los discípulos (apóstoles) estaban asustados, decepcionados y abatidos.

Muy pronto encuentran la tumba vacía. Ninguna autoridad negó la desaparición del cadáver, ni pudo encontrarlo.

Los discípulos y otros muchos testigos creyeron que se les había aparecido Jesús.

Sus seguidores se transformaron, perdieron el miedo y estuvieron dispuestos a sufrir torturas y morir por lo que creían haber visto.

La proclamación pública de la Resurrección se hizo muy pronto (cincuenta días después de su muerte) y en la misma ciudad (Jerusalén) donde lo crucificaron, y lograron ese día miles de conversiones (Hechos 2, 4).

Santiago el Menor, un escéptico, y Pablo, un perseguidor del cristianismo, se convirtieron al creer haber visto a Jesús resucitado.

Estas creencias se extienden de forma rápida por todo el imperio romano, en un medio hostil, con la oposición de todas las autoridades.

¿Cómo podemos explicar todos esos hechos? ¿Por qué existe el cristianismo? ¿Son los millones de creyentes en la resurrección a lo largo y ancho del planeta y durante veinte siglos unos fanáticos indocumentados? ¿Cuál es la explicación alternativa a estas realidades?

Las alternativas

Robo del cadáver

Lo primero que se les ocurrió a las autoridades judías de la época fue decir que habían robado el cadáver. Pero nunca se encontró, ni se probó esa hipótesis. Los discípulos estaban asustados y escondidos por el miedo en el momento de la crucifixión. No estaban en condiciones de enfrentarse a la guardia romana que guardaba la tumba. Además, si lo hubieran robado, sabrían que no resucitó y no hubieran estado dispuestos a sufrir torturas y morir por una mentira: nadie muere por defender algo que sabe no es verdad, los mentirosos y falsos no son valientes ni íntegros.

Alucinaciones

De entrada, los discípulos no creyeron que la tumba estaba vacía: primero fueron a comprobarlo y se convencieron definitivamente con las apariciones posteriores. Pero las apariciones necesitan que la tumba esté vacía, ya que, de lo contrario, al decir alguno que había visto a Jesús resucitado le habrían dicho: “No digas estupideces, ven a la tumba y mira el cadáver”.

Al hablar de las apariciones, los escépticos recurren a la teoría de que aquellos primeros cristianos tuvieron alucinaciones. Analicemos este fenómeno. Una alucinación es una proyección de la mente, no puede contener nada que no esté previamente en ella. Por lo tanto, si esos judíos experimentaran visiones o alucinaciones, estarían en consonancia con sus creencias en la resurrección de todos al final de los tiempos, no de una sola persona y antes de tiempo: eso no le pasaba a nadie por su cabeza. 

Son experiencias individuales y subjetivas, que no se pueden inducir. Según el psicólogo Gary Collins: "Por su propia naturaleza, sólo una persona a la vez puede sufrir una alucinación determinada”. Es imposible una misma alucinación simultánea en muchas personas a la vez. Únicamente personas susceptibles tienen alucinaciones, Pedro era un testarudo y Tomás, Santiago el Menor y Pablo eran escépticos, o sea, personas no predispuestas a las alucinaciones. 

Además, las apariciones fueron físicas: tocaron a Jesús, hablaron y comieron con Él. Todos diferenciamos sin problemas un sueño de una realidad. Vieran lo que vieran esos cristianos, no eran alucinaciones. Esa teoría está descartada y además no explicaría la tumba vacía.

Una invención

Entonces los detractores de la resurrección recurrieron a que los seguidores se inventaron esa historia, teoría que tampoco explica la tumba vacía. 

Pensemos un poco: todos los autores del Nuevo Testamento eran judíos, menos Lucas, se creían el pueblo elegido y poseedores de la única religión verdadera. ¿Por qué inventar una nueva religión sabiendo que así renunciaban a la exclusiva relación de los judíos con Dios y se arriesgaban a ser perseguidos, torturados hasta la muerte y después irían a la condenación eterna? No tiene sentido sufrir martirio y entregar la vida por una invención, es decir, por una mentira. 

Además, inventar un mito, una leyenda, requiere que pasen generaciones, que no existan testigos directos que negarían la invención. En una historia inventada, los primeros testigos no serían mujeres, consideradas en aquella sociedad personas de segunda categoría y cuyo testimonio carecía de valor.

La lógica

Hay que admitir que algo muy especial pasó. ¿Cuál es la explicación alternativa a todo lo que he descrito? Una civilización entera surgió de la reflexión que hizo un grupo de judíos, no precisamente ilustres ni ilustrados, sobre lo sucedido en las semanas posteriores a la crucifixión. ¿Por qué tantos testigos directos murieron por defender que habían visto a Jesús resucitado? La única explicación coherente a todo lo que ocurrió y la rápida expansión del cristianismo con todo en contra es la Resurrección. Si alguien tiene otra alternativa, que la exponga.

El materialismo, que yo sepa, no explica nada al respecto, sólo la niega. No acepta lo que sería un milagro, aunque sea la hipótesis más plausible y la mejor explicación a lo que aconteció.

Pensemos en el Big Bang, aceptado por todos los físicos modernos y confirmado de varias formas con las tecnologías disponibles. Resumiendo: hace unos 14.500 millones de años se creó el tiempo, el espacio y la materia, o sea el universo. La teoría de los creyentes es que un Logos, una mente (Dios) lo creó, lo que sería un gran milagro. La teoría de los no creyentes es que todo se creó de la nada. Pero se sabe desde los griegos que la nada... nada puede crear. Es decir, la segunda posibilidad sería un milagro todavía mayor. Si ya existió el milagro del Big Bang, ¿por qué no aceptar el milagro de la resurrección?