sábado, 31 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 31 de Diciembre 2022

 


Texto del Evangelio (Jn 1,1-18):

 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por Él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz.

La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.



«Y la Palabra se hizo carne»


Rev. D. David COMPTE i Verdaguer

(Manlleu, Barcelona, España)

Hoy es el último día del año. Frecuentemente, una mezcla de sentimientos —incluso contradictorios— susurran en nuestros corazones en esta fecha. Es como si una muestra de los diferentes momentos vividos, y de aquellos que hubiésemos querido vivir, se hiciesen presentes en nuestra memoria. El Evangelio de hoy nos puede ayudar a decantarlos para poder comenzar el nuevo año con empuje.

«La Palabra era Dios (...). Todo se hizo por ella» (Jn 1,1.3). A la hora de hacer el balance del año, hay que tener presente que cada día vivido es un don recibido. Por eso, sea cual sea el aprovechamiento realizado, hoy hemos de agradecer cada minuto del año.

Pero el don de la vida no es completo. Estamos necesitados. Por eso, el Evangelio de hoy nos aporta una palabra clave: “acoger”. «Y la Palabra se hizo carne» (Jn 1,14). ¡Acoger a Dios mismo! Dios, haciéndose hombre, se pone a nuestro alcance. “Acoger” significa abrirle nuestras puertas, dejar que entre en nuestras vidas, en nuestros proyectos, en aquellos actos que llenan nuestras jornadas. ¿Hasta qué punto hemos acogido a Dios y le hemos permitido entrar en nosotros?

«La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo» (Jn 1,9). Acoger a Jesús quiere decir dejarse cuestionar por Él. Dejar que sus criterios den luz tanto a nuestros pensamientos más íntimos como a nuestra actuación social y laboral. ¡Que nuestras actuaciones se avengan con las suyas!

«La vida era la luz» (Jn 1,4). Pero la fe es algo más que unos criterios. Es nuestra vida injertada en la Vida. No es sólo esfuerzo —que también—. Es, sobre todo, don y gracia. Vida recibida en el seno de la Iglesia, sobre todo mediante los sacramentos. ¿Qué lugar tienen en mi vida cristiana?

«A todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios» (Jn 1,12). ¡Todo un proyecto apasionante para el año que vamos a estrenar!

Sor Bernadette, septuagésimo milagro en Lourdes: «Para los médicos era imposible que me curase»

 


Sor Bernadette, septuagésimo milagro en Lourdes: «Para los médicos era imposible que me curase»

Bernadette Moriau.

¿Por qué yo? Sor Bernadette Moriau terminó aceptando su curación como un misterio de Dios. En la imagen, durante la entrevista que le hizo la CBS en diciembre de 2022.

El 11 de febrero de 2018, festividad de la Virgen de Lourdes, el obispo de Beauvais, Noyon y Senlis, Jacques Benoit-Gonnin, se dirigió a los fieles de su diócesis para anunciarles "una hermosa gracia que el Señor ha hecho en la diócesis": la curación milagrosa de Sor Bernadette Moriau, que se convietió así en la septuagésima certificada por la exigente comisión médica de Lourdes.

Recientemente, el programa 60 Minutes de CBS News dedicó un reportaje conducido por Bill Whitaker a los milagros de Lourdes, que incluye una entrevista a Sor Bernardette y a varios médicos que analizaron el caso.



Sor Bernadette es una religiosa de 83 años, nacida cerca de Valenciennes, junto a la frontera belga. Religiosa de las Franciscanas Oblatas del Sagrado Corazón de Jesús, ingresó en la congregación a los 19 años en Nantes, donde fueron fundadas a finales del siglo XIX por la Madre María Teresa de la Cruz (Sophie-Victorine Gazeau de La Brandanière, 1829-1911).

Incurable

Padecía una patología en la llamada cola de caballo o cauda equina, agrupación nerviosa en el extremo de la médula espinal fundamental para la movilidad de las extremidades inferiores y la funcionalidad de los órganos pélvicos. Fue operada cuatro veces de la columna vertebral, la primera en 1968 y la última en 1975. No hubo ninguna mejoría y a partir de 1988 fue quedando progresivamente inválida por las consecuencias neurológicas de su enfermedad. En 1994 empezó a tomar morfina para paliar su dolor incapacitante. Llevaba un corsé lumbar, y además a partir del año 2000 le pusieron una sonda para orinar, dado que la parálisis le afectaba también a la vejiga. En 2004 un pie se le torció a consecuencia de lo mismo, y tenía que llevar una prótesis día y noche para intentar corregirlo.

"Yo sabía que no podría mejorar", explica Sor Bernadette en un vídeo difundido entonces por la diócesis.


En diciembre de 2006 se trasladó desde Nantes de nuevo al norte, al departamento de L'Oise donde hoy vive, y comenzó a tratarla el doctor Christophe Fumery, quien en febrero de 2008 le propuso ir a Lourdes como enferma. "Yo había estado ya allí acompañando a otros, en la época en la que aún podía caminar, pero nunca había pensando en ir para mí", recuerda: "Pero me dije, ¿por qué no? Me llamo Bernadette [como la santa vidente, Bernadette Soubiroux], y es el 150º aniversario de las apariciones [1858], podría ser una gracia". Se apuntó para la peregrinación de julio.

"Jesús pasaba entre nosotros"

Espiritualmente fue una experiencia intensa: "Me impactó pasar por la gruta, esa presencia misteriosa de María y de la pequeña Bernadette. Realmente me impactó. Luego participé en el sacramento de la reconciliación y recibí junto a los enfermos el sacramento de la Unción, que para mí supuso una fuerza para continuar el camino”.

Luego tuvo lugar la procesión del Santísimo y la bendición de los enfermos en la basílica de San Pío X: "Realmente me impactó, porque yo estaba en una silla, no podía ir muy lejos. Era Jesús quien pasaba entre nosotros y nos bendecía por mediación de nuestro obispo. Y en mi oración sentí como una voz que me decía: ‘Estoy ahí, veo tus sufrimientos y el de tus hermanos y hermanas enfermos. Ofrécemelo todo’. Yo recé mucho por los enfermos, pero nunca había pedido mi curación, porque no se me ocurrió, pensaba que terminaría mis días así. Pero realmente sentí esa presencia de Jesús”.

En Lourdes, junto a un sacerdote, en la peregrinación donde fue curada.


El día 8 de julio regresaron: “Volví muy cansada del viaje y muy dolorida, pero realmente feliz".

Tres días después tuvo lugar el milagro.

"Es costumbre hacer una Adoración todas las semanas", explica: "El día 11 estaba en la capilla con una hermana, Sor María Albertina. La adoración era a las cinco de la tarde, y a las 17.45 reviví la experiencia de la presencia de Jesús que había vivido en la basílica, en la bendición de los enfermos. ¡Yo estaba en comunión con Lourdes, no podía ser de otra manera! Sentí un bienestar en todo mi cuerpo".

Sor Bernadette concluyó su turno de adoración y regresó a su celda: "Volví a mi habitación sobre las seis, y allí una voz me dijo: ‘Quítate tus aparatos’. Yo, sin saber qué me pasaba, sin plantearme nada, me lo quité todo, en un acto de fe, como cuando en el Evangelio Jesús le dice al paralítico: ‘Levántate, toma tu camilla y vete’. Para mi sorpresa, podía moverme. Mi pie, que estaba torcido, se recolocó. Fui a donde estaba la hermana y le dije: ‘Mira lo que me está pasando’".

La religiosa no lo dudó. Cortó el circuito de neuroestimulación que llevaba, dejó de tomar morfina de golpe y dejó de sondarse. "No tuve ningún síndrome de abstinencia de la morfina", añade.

Su conmoción personal fue intensa: "Me derrumbé, estuve llorando varios días. Me preguntaba qué me pasaba, porque no me lo podía ni imaginar". Su cuñada vio a verla y salieron de paseo por el bosque: "Anduve varios kilómetros, algo que no había podido hacer desde hacía años".

Perplejidad médica

Era un fin de semana. El lunes acudió al médico: "Llegué a las siete de la mañana, llorando, diciéndole ‘No sé qué me pasa’. Él vio el cambio. Me dijo que se sentía feliz. Me examinó y no encontró ningún signo clínico".

Al poco tiempo acudió a Nantes a una cita prevista desde hacía tiempo en la unidad del dolor: "Me vieron cuatro médicos, que se sorprendieron de verme así. Ninguno puso en duda lo que me pasaba. Fueran o no cristianos, para ellos era imposible que yo me curase".

Sor Bernadette explica que, del mismo modo que acudió a Lourdes por indicación del doctor Fumery, fue él mismo quien se tomó "muy a pecho" lograr el reconocimiento de la curación: "Enseguida hizo un informe. Yo tenía un informe médico completo con cartas de los hospitales e historia clínica de todos los sitios por los que había pasado", que eran varios porque "en la vida religiosa se viaja, no se está siempre en el mismo lugar. Así que pude aportar todos esos documentos".

El reconocimiento

Ese dossier se envió a Lourdes el 11 de diciembre de 2008, y en julio de 2009, durante una nueva peregrinación, Sor Bernadette compareció en una gran sala ante "unas ochenta personas del mundo médico". Tras ser interrogada y examinada la documentación, el doctor Alessandro de Franciscis, quien ese mismo año había sido nombrado por el obispo de Tarbes y Lourdes como 15º Médico Permanente del santuario y presidente de la Oficina de Constataciones Médicas que examina cada caso de posible curación, preguntó a todos los científicos presentes y se abría o no el dossier. No hubo dudas.



El doctor Alessandro de Franciscis.

El doctor Alessandro de Franciscis, desde 2009 al frente de la certificación de las curaciones extraordinarias en Lourdes. El proceso es exigente desde el punto de vista científico e incluso molesto para quien ha de pasar por él, por la multiplicación de revisiones y controles a lo largo del tiempo.

"El dossier se abrió, y a partir de ahí todos los años me vieron expertos y pasé controles de todo tipo, incluso de psiquiatría", explica la religiosa: "A partir de ese momento tuve que someterme a muchos controles, porque es muy estricto. Pero al mismo tiempo ha sido una experiencia, porque he conocido gente muy comprensiva, ha sido un descubrimiento. Es cierto que hay que querer pasar por ello, y yo he querido porque la gracia que he recibido no la podía guardar para mí, significaba poder dar testimonio de las maravillas de Dios y de los beneficios de Dios".

La gran pregunta y su respuesta

Sor Bernadette vive "con emoción" el hecho de que su curación haya sido el septuagésimo milagro reconocido oficialmente en Lourdes. Pero una pregunta le rondó la cabeza desde el principio, y aún hoy: "¿Por qué se hizo misericordia conmigo? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, Señor? ¿Por qué yo? ¡Hay tantas personas que son más jóvenes que yo, personas con discapacidades o enfermas, y yo soy una persona anciana que podía terminar mis días así!".

Pero no hay respuesta: "Poco a poco, en la oración he descubierto finalmente que es el misterio de Dios, tal vez lo comprenda más adelante".

Y tiene claro para qué ha de servir: "Para el servicio de la misión. Me he dicho, 'He recibido este don en la Iglesia, y es en la Iglesia donde debo vivirlo, en la misión'. No es para mí, para Bernadette, yo no soy una vedette, eso no me interesa. Es para que yo lo dé a mi vez".

Ha seguido yendo a Lourdes acompaando enfemos, algunos terminales, y a sus familias.  He acompañado luego a grandes enfermos, en el final de la vida, he acompañado familias. Oigo muchas cosas. He oído a personas decirme que hago un bien cuando paso. Estoy habitada por esta gracia, no puedo mirar para mí misma".

Publicado en ReL el 12 de febrero de 2018 y actualizado.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 30 de Diciembre 2022



 Texto del Evangelio (Mt 2,13-15.19-23):

 Después que se fueron los Magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Muerto Herodes, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel; pues ya han muerto los que buscaban la vida del niño». El se levantó, tomó consigo al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allí; y avisado en sueños, se retiró a la región de Galilea, y fue a vivir en una ciudad llamada Nazaret; para que se cumpliese el oráculo de los profetas: «Será llamado Nazareno».



«Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel»


+ Rev. D. Joan Ant. MATEO i García

(Tremp, Lleida, España)

Hoy contemplamos el misterio de la Sagrada Familia. El Hijo de Dios inicia su andadura entre los hombres en el seno de una familia. Es el designio del Padre. La familia será siempre el hábitat humano insustituible. Jesús tiene un padre legal que le “lleva” y una Madre que no se separa de Él. Dios se sirvió en todo momento de san José, hombre justo, esposo fiel y padre responsable para defender a la Familia de Nazaret: «El Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto’» (Mt 2,13).

Hoy, más que nunca, la Iglesia está llamada a proclamar la buena noticia del Evangelio de la Familia y la vida. Hoy más que nunca, una cultura profundamente inhumana intenta imponer un anti-evangelio de confusión y de muerte. San Juan Pablo II nos lo recordaba en su exhortación Ecclesia in Europa: «La Iglesia ha de proponer con fidelidad la verdad sobre el matrimonio y la familia. Es una necesidad que siente de manera apremiante, porque sabe que dicha tarea le compete por la misión evangelizadora que su Esposo y Señor le ha confiado y que hoy se plantea con especial urgencia. El valor de la indisolubilidad matrimonial se tergiversa cada vez más; se reclaman formas de reconocimiento legal de las convivencias de hecho, equiparándolas al matrimonio legítimo...».

«Herodes va a buscar al niño para matarle» (Mt 2,13). Herodes ataca de nuevo, pero no temamos, porque la ayuda de Dios no nos faltará. ¡Vayamos a Nazaret! Redescubramos la verdad de la familia y de la vida. Vivámosla gozosamente y anunciémosla a nuestros hermanos sedientos de luz y esperanza. El Papa nos convoca a ello: «Es preciso reafirmar dichas instituciones [el matrimonio y la familia] como provenientes de la voluntad de Dios. Además es necesario servir al Evangelio de la vida».

De nuevo, «el Ángel del Señor se apareció en sueños a José en Egipto y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre, y ponte en camino de la tierra de Israel’» (Mt 2,19-20). ¡El retorno de Egipto es inminente!

Francisco pide «una oración especial» por Benedicto XVI: «Está muy enfermo»



 Francisco pide «una oración especial» por Benedicto XVI: «Está muy enfermo»

Papas

"Quisiera pedirles a todos una oración especial por el Papa emérito Benedicto, que en silencio está sosteniendo a la Iglesia. Acuérdense de él -está muy enfermo- pidiendo al Señor que lo consuele, y lo sostenga en este testimonio de amor a la Iglesia, hasta el final", dijo el Papa Francisco.

El Papa celebró este miércoles la habitual Audiencia General en el Vaticano y al término pidió oraciones especiales por Benedicto XVI: "Para que el Señor lo consuele, y lo sostenga en este testimonio de amor a la Iglesia, hasta el final".

"Quisiera pedirles a todos una oración especial por el Papa emérito Benedicto, que en silencio está sosteniendo a la Iglesia. Acuérdense de él -está muy enfermo- pidiendo al Señor que lo consuele, y lo sostenga en este testimonio de amor a la Iglesia, hasta el final", dijo el Papa Francisco al dirigirse en sus saludos a los peregrinos de lengua italiana, congregados en el Aula Pablo VI del Vaticano.

El director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, ha confirmado el agravamiento del estado de salud del emérito: "Respecto a las condiciones de salud del Papa emérito, para quien el Papa Francisco ha pedido una oración al final de la Audiencia General de esta mañana, puedo confirmar que en las últimas horas se ha producido un agravamiento debido a su avanzada edad. Por el momento, la situación está bajo control, bajo seguimiento constante de los médicos", recalcó Bruni.

Y añadió: "Al término de la Audiencia General, el Papa Francisco se ha desplazado al monasterio Mater Ecclesiae para visitar a Benedicto XVI. Nos unimos a él en la oración por el Papa emérito".

Una vida de oración

Benedicto XVI cumplió 95 años de edad el pasado 16 de abril. En febrero de 2013, tras su renuncia, se trasladó al monasterio Mater Ecclesiae, en los Jardines Vaticanos, donde reside actualmente. En todo este tiempo está asistido por las consagradas de la Asociación Memores Domini y su secretario personal, monseñor Georg Gänswein. El Papa emérito ha seguido de cerca los acontecimientos de la Iglesia, desde una vida dedicada a la oración, la música, el estudio y la lectura.


Puedes ver aquí las palabras del Papa Francisco sobre su antecesor. 

La cercanía entre el Papa y Benedicto XVI, desde la renuncia de este último, ha sido muy estrecha. Francisco lo llamó "padre" y "hermano" en el Ángelus del 29 de junio de 2021, con ocasión del 70 aniversario de ordenación sacerdotal del alemán. También han sido varias las visitas de Francisco a su antecesor en el monasterio donde vive.

La primera visita tuvo lugar al inicio de su pontificado, cuando el Papa Francisco llegó en helicóptero a Castel Gandolfo, donde Benedicto permaneció unas semanas antes de trasladarse al monasterio Mater Ecclasiae en el Vaticano. En vísperas de las vacaciones de Navidad o Pascua, o con ocasión de los consistorios con los nuevos cardenales, el Papa Francisco ha acudido al monasterio vaticano para saludarlo y expresarle sus mejores deseos.

Benedicto-XVI



Una de las últimas apariciones públicas de Benedicto XVI tuvo lugar el uno de diciembre durante el encuentro con el arzobispo ucraniano Shevchuk, y con los galardonados del último premio Ratzinger de teología.

Fuente: Religión en libertad

jueves, 29 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 29 de Diciembre 2022



Texto del Evangelio (Lc 2,22-35):

 Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.

Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y en él estaba el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al Niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él. Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción -¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!- a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».



«Ahora, Señor, puedes (...) dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación»


Chanoine Dr. Daniel MEYNEN

(Saint Aubain, Namur, Bélgica)

Hoy, 29 de diciembre, festejamos al santo Rey David. Pero es a toda la familia de David que la Iglesia quiere honrar, y sobre todo al más ilustre de todos ellos: ¡a Jesús, el Hijo de Dios, Hijo de David! Hoy, en ese eterno “hoy” del Hijo de Dios, la Antigua Alianza del tiempo del Rey David se realiza y se cumple en toda su plenitud. Pues, como relata el Evangelio de hoy, el Niño Jesús es presentado al Templo por sus padres para cumplir con la antigua Ley: «Cuando se cumplieron los días de la purificación según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor» (Lc 2,22-23).

Hoy, se eclipsa la vieja profecía para dejar paso a la nueva: Aquel, a quien el Rey David había anunciado al entonar sus salmos mesiánicos, ¡ha entrado por fin en el Templo de Dios! Hoy es el gran día en que aquel que San Lucas llama Simeón pronto abandonará este mundo de oscuridad para entrar en la visión de la Luz eterna: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos» (Lc 2,29-32).

También nosotros, que somos el Santuario de Dios en el que su Espíritu habita (cf. 1Cor 3,16), debemos estar atentos a recibir a Jesús en nuestro interior. Si hoy tenemos la dicha de comulgar, pidamos a María, la Madre de Dios, que interceda por nosotros ante su Hijo: que muera el hombre viejo y que el nuevo hombre (cf. Col 3,10) nazca en todo nuestro ser, a fin de convertirnos en los nuevos profetas, los que anuncien al mundo entero la presencia de Dios tres veces santo, ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo!

Como Simeón, seamos profetas por la muerte del “hombre viejo”! Tal como dijo el Papa San Juan Pablo II, «la plenitud del Espíritu de Dios viene acompañada (…) antes que nada por la disponibilidad interior que proviene de la fe. De ello, el anciano Simeón, ‘hombre justo y piadoso’, tuvo la intuición en el momento de la presentación de Jesús en el Templo».

«En mi vida no hubo un Big Bang, pero Dios me ha conducido progresivamente para conocerle de cerca»

 


«En mi vida no hubo un Big Bang, pero Dios me ha conducido progresivamente para conocerle de cerca»

Frédéric no estaba dispuesto bajo ningún concepto a contarle a un sacerdote su vida en la confesión.

Los padres de Frédéric era profesores de los llamados “húsares negros”, denominación debida al escritor Charles Péguy para referirse a los maestros prototípicos de la III República Francesa, con su laicismo característico. Funcionarios moldeados por las leyes de enseñanza de finales del siglo XIX y principios del XX, eran adalides de una supuesta neutralidad religiosa, concebida con la única finalidad de sustituir a la educación católica tradicional en el país.

Al describirles así, Frédéric quiere decir que, provenientes de las escuelas públicas, como profesores “habían conservado el carácter laico de su educación, y eran defensores de la neutralidad religiosa en el ámbito de la escuela”.

En consecuencia, y por seguir “las costumbres de  la época”,  le bautizaron cuando tenía un mes e hizo la Primera Comunión al cumplir los 10 años. Pero nada más: “De vez en cuando iba a misa con mi abuela ‘para contentarla’, me decían, pero eso y poco más fueron mis puntos de contacto con la Iglesia en mi infancia”.

En busca de la felicidad

Frédéric empezó a pensar en Dios en la adolescencia, al reflexionar sobre “la búsqueda de la felicidad”: “Mi propia experiencia moral del bien y del mal me había hecho plantearme esa cuestión, y llegué a la conclusión de que si esa bondad y esa belleza podían existir de forma permanente y plena, eso debía ser lo que se denominaba ‘Dios’. Es decir, hice un recorrido intelectual hacia la noción de Dios”.

Años después conoció a quien hoy es su esposa. “Ella se había 'cocinado' desde pequeña en la olla cristiana”, bromea Frédéric, al contar esta historia a Découvrir Dieu: “Iba a misa, había hecho escultismo católico… Para ella, evidentemente, ir a misa era una costumbre, y yo la acompañaba”.

En su casa, donde conocían la poca religiosidad de su hijo, estaban sorprendidos.

-Pero ¿por qué va a misa? -se interrogaba su madre.

-Bueno, ¡van a casarse! ¡No querrás que no hagan las cosas juntos! –respondía su padre.

Organista

Frédéric no se aburría en misa porque había estudiado piano y pronto le asignaron al órgano, donde acompañaba los himnos. Y esa belleza en ese lugar empezó a cambiarle: “Aquello me dulcificaba, por decirlo de alguna manera. Enseguida me di cuenta de que las cuestiones que me planteaba encontraban allí su respuesta”.

Pasaron los años, su novia y él se casaron, tuvieron hijos y se instalaron en Rambouillet, a unos treinta kilómetros al suroeste de París. Allí se intensificó su participación en la vida de la Iglesia, siempre por razón musical, y eso le daba a él en su parroquia una relevancia cada vez mayor.

Como él no ocultaba su poca formación y escasa práctica –aunque a misa iba todos los domingos para tocar-, algunos fieles comentaban: “¡Este Fréderic…! Hace muchas cosas, pero no ha concluido su educación cristiana”.

La confesión, un obstáculo

En efecto, nunca había llegado a recibir el sacramento de la Confirmación. Cuando se lo propusieron, se mostró de acuerdo. Le explicaron que debía prepararse, para lo cual en el mes de mayo acudiría a un retiro al efecto convocados por los obispos del departamento de Yvelines. 




Ya allí cuando llegó la fecha, surgió el problema: “Había una etapa de esa preparación que no me obligaban a hacer, pero yo sabía que formaba parte del pack. Había que ir a un sacerdote y confiarse a él, contarle todo lo que uno había hecho mal, comentar con él cómo encauzar la propia vida. Y dije que no estaba dispuesto: todo lo demás que quisieran, sí, pero contarle mi vida a un sacerdote… renegaba de ello. Así que me confirmé… pero sin haber pasado por esa etapa”.

Que, a pesar de su buena disposición hacia la religión, él lograse sortear el sacramento de la Penitencia en un camino de asentamiento y fortalecimiento de la fe, no dejaba de ser una grave anomalía espiritual, y la Providencia se iba a encargar de resolverla.

Un empujón

Ese mismo año, su esposa le propuso otro retiro espiritual.

-Pero ¿qué es esto? –protestó–. ¿Es que aún no he hecho bastantes cosas?

La protesta no sirvió de mucho, y el matrimonio, acompañado por los cuatro hijos que tenían entonces, se puso en marcha: “Pasó día y medio durante el cual ni me acordé de esa historia de ir a contarle mi vida a un sacerdote. Cuando, de repente, sentí una imperiosa necesidad de hacerlo, como si una fuerza me hubiese propinado un golpe en la espalda para empujarme, diciéndome: ‘Frédéric, no te irás de aquí sin haberlo hecho’. Se había convertido en una urgencia”.

“Es lo que en la jerga cristiana llaman la ‘confesión’”, cuenta, algo que él no conocía en la práctica pero que supuso “una liberación enorme”: “Comprendí que Dios podía renovarme, otorgarme de nuevo toda su confianza, fuese cual fuese lo que yo hubiese hecho”.

Comunicando la fe

La gracia le renovó tanto, en efecto, que cambió su concepción de la fe de pasiva a activa: “A partir de ese momento, sentía el deseo de anunciar esta alegría a los demás, en particular en mi ámbito profesional”.

Frédéric trabaja en el sector del automóvil y suele hacer frecuentes viajes en avión: “Sentado junto a un compañero durante una hora o dos horas surgen las palabras. Y he podido constatar que las cuestiones de la fe, del sentido de la vida, están presentes en el corazón de muchos hombres y que la conversación se dirige de forma natural hacia esos temas”.

“¡Y éste es el resumen de mis 63 años de existencia!”, concluye Frédéric: “No ha habido un Big Bang ni grandes cambios de la noche a la mañana. Han sido etapas progresivas en las que el Señor ha intervenido en mi vida y me ha conducido para conocerle cada vez más de cerca”.

fuente. Reigion en libertad

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Santo Evangelio 28 de Diciembre 2022

 


Texto del Evangelio (Mt 2,13-18):

 Después que los magos se retiraron, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al Niño para matarle». Él se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el oráculo del Señor por medio del profeta: «De Egipto llamé a mi hijo».

Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos. Entonces se cumplió el oráculo del profeta Jeremías: «Un clamor se ha oído en Ramá, mucho llanto y lamento: es Raquel que llora a sus hijos, y no quiere consolarse, porque ya no existen».



«Se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto»


Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu

(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy celebramos la fiesta de los Santos Inocentes, mártires. Metidos en las celebraciones de Navidad, no podemos ignorar el mensaje que la liturgia nos quiere transmitir para definir, todavía más, la Buena Nueva del nacimiento de Jesús, con dos acentos bien claros. En primer lugar, la predisposición de san José en el designio salvador de Dios, aceptando su voluntad. Y, a la vez, el mal, la injusticia que frecuentemente encontramos en nuestra vida, concretado en este caso en la muerte martirial de los niños Inocentes. Todo ello nos pide una actitud y una respuesta personal y social.

San José nos ofrece un testimonio bien claro de respuesta decidida ante la llamada de Dios. En él nos sentimos identificados cuando hemos de tomar decisiones en los momentos difíciles de nuestra vida y desde nuestra fe: «Se levantó, tomó de noche al Niño y a su madre, y se retiró a Egipto» (Mt 2,14).

Nuestra fe en Dios implica a nuestra vida. Hace que nos levantemos, es decir, nos hace estar atentos a las cosas que pasan a nuestro alrededor, porque —frecuentemente— es el lugar donde Dios habla. Nos hace tomar al Niño con su madre, es decir, Dios se nos hace cercano, compañero de camino, reforzando nuestra fe, esperanza y caridad. Y nos hace salir de noche hacia Egipto, es decir, nos invita a no tener miedo ante nuestra propia vida, que con frecuencia se llena de noches difíciles de iluminar.

Estos niños mártires, hoy, también tienen nombres concretos en niños, jóvenes, parejas, personas mayores, inmigrantes, enfermos... que piden la respuesta de nuestra caridad. Así nos lo dice San Juan Pablo II: «En efecto, son muchas en nuestro tiempo las necesidades que interpelan a la sensibilidad cristiana. Es la hora de una nueva imaginación de la caridad, que se despliegue no sólo en la eficacia de las ayudas prestadas, sino también en la capacidad de hacernos cercanos y solidarios con el que sufre».

Que la luz nueva, clara y fuerte de Dios hecho Niño llene nuestras vidas y consolide nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad.