viernes, 27 de agosto de 2021

Entró en una iglesia con sensación de estar haciendo algo malo y una certeza: «¡Éste es mi sitio!» Manon.


 Entró en una iglesia con sensación de estar haciendo algo malo y una certeza: «¡Éste es mi sitio!»

Manon sintió desde pequeña una especial atracción por la Cruz, que en su entorno le presentaban sin embargo como un signo prohibido.

Manon nació en una familia de testigos de Jehová, con una visión de Dios muy distinta de la cristiana y un ideal de perfección que la trastornaba: “Crecí con el temor a la desaprobación de Dios. Al mínimo pensamiento que surcaba mi cabeza y no se ajustaba a lo que me enseñaban, pensaba que iba a morir”.

No celebraba los cumpleaños, ni hacía amistad con “personas mundanas”, ni le estaba permitido adornar el árbol de Navidad. De esta forma, explica a Lætitia d’Hérouville en un testimonio que recoge el portal de la diócesis de Fréjus-Toulon, se mantuvo alejada de otros niños durante toda su etapa escolar.

Algo en el cristianismo, sin embargo, la atraía. Las iglesias y la Cruz “representaban lo prohibido, pero yo sentía que algo vibraba en mí cuando pasaba ante una iglesia o veía una cruz en el cuello de alguien”. Ahora interpreta esas vibraciones como una primera llamada de Dios: “Durante todos aquellos años, el Señor debía estar ahí, pequeño, oculto, esperando a que yo estuviese dispuesta a abrirle la puerta”.

El encuentro con Cristo

Contrajo matrimonio con otro joven testigo de Jehová, y paradójicamente eso sirvió para liberarla de ataduras. Se distanciaron de la comunidad y dejaron de practicar sus costumbres. Tuvieron dos hijos, pero también conocieron el sinsabor del divorcio.

Al finalizar el proceso, su alejamiento del grupo era total y para Manon empezaba una nueva oportunidad de orientar espiritualmente su vida. Experimentaba una gran sed de Dios y necesitaba respuestas.

Una mañana, tras dejar a los niños en el colegio, decidió hacer algo que hasta ahora consideraba prohibido: entrar en una iglesia católica. Lo hizo con un nudo en el estómago, con la sensación de una acción transgresora. Estaban en misa y se sentó al fondo del templo.

“Tuve una revelación en mi corazón: ¡éste es mi sitio!” explica. Era la parroquia de San Jorge en Toulon, en la Riviera francesa. Allí ofrecen la posibilidad de realizar un Curso Alpha. Se apuntó a él.

El cambio por Cristo

“Al igual que yo”, recuerda, “otras personas venían para comprender. Mi primer impulso del corazón, sin conocer nada de la religión católica, se puso de manifiesto durante las reuniones. ¡Al fin encontraba la respuesta a los interrogantes espirituales que había tenido siempre!”


Manon, en su bautizo.

Manon, a la derecha de la foto, en el día de su reciente bautizo. En el centro de la imagen, junto a la pila bautismal, el padre François, párroco de la iglesia de San Jorge en Toulon (Francia).

Al cabo de un tiempo pidió el bautismo, y cada semana se formaba con un catequista para adultos. Aprendió a leer la Biblia con ojos nuevos: “Algunos pasajes los conocía muy bien, pero no entendía su verdadero sentido. Descubrí una religión de libertad, de apertura y de amor”.

Manon se fue integrando en la parroquia, estructurada, según es característico en la diócesis del obispo Dominique Rey, en torno a una gran actividad evangelizadora: “Conocí personas muy amables con las que trabé vínculos muy fuertes”.

Y llegó el día del bautizo: “¡Un momento muy fuerte! ¡Me sentía tan feliz de entrar en la gran familia de los hijos de Dios…! Para mí era el comienzo del verdadero camino”.

Su relación con Dios ha cambiado: “Necesito hablar con Él para empezar serenamente el día. Mi encuentro con Cristo me ha descubierto a mí misma. Ese encuentro llena mi vida, y la de mi novio, y la de mis hijos. Hoy camino tranquila, sin dudas ni miedos".

"Sé que mi futuro será hermoso, porque mi fin es el cielo", concluye: "Ésa es mi esperanza, y ante eso poco importa lo que me pueda pasar en esta tierra. Me gusta meditar estos versículos: «Haceos tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que los roen, ni ladrones que abren boquetes y roban. Porque donde está tu tesoro, allí estará tu corazón» (Mt 6, 20-21)”.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 26 de agosto de 2021

Santo Evangelio 26 de Agosto 2021

 


Texto del Evangelio (Mt 24,42-51): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».




«Estad preparados»


+ Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas

(Barcelona, España)

Hoy, el texto evangélico nos habla de la incertidumbre del momento en que vendrá el Señor: «No sabéis qué día vendrá» (Mt 24,42). Si queremos que nos encuentre velando en el momento de su llegada, no nos podemos distraer ni dormirnos: hay que estar siempre preparados. Jesús pone muchos ejemplos de esta atención: el que vigila por si viene un ladrón, el siervo que quiere complacer a su amo... Quizá hoy nos hablaría de un portero de fútbol que no sabe cuándo ni de qué manera le vendrá la pelota...

Pero, quizá, antes debiéramos aclarar de qué venida se nos habla. ¿Se trata de la hora de la muerte?; ¿se trata del fin del mundo? Ciertamente, son venidas del Señor que Él ha dejado expresamente en la incertidumbre para provocar en nosotros una atención constante. Pero, haciendo un cálculo de probabilidades, quizá nadie de nuestra generación será testimonio de un cataclismo universal que ponga fin a la existencia de la vida humana en este planeta. Y, por lo que se refiere a la muerte, esto sólo será una vez y basta. Mientras esto no llegue, ¿no hay ninguna otra venida más cercana ante la cual nos convenga estar siempre preparados?

«¡Cómo pasan los años! Los meses se reducen a semanas, las semanas a días, los días a horas, y las horas a segundos...» (San Francisco de Sales). Cada día, cada hora, en cada instante, el Señor está cerca de nuestra vida. A través de inspiraciones internas, a través de las personas que nos rodean, de los hechos que se van sucediendo, el Señor llama a nuestra puerta y, como dice el Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20). Hoy, si comulgamos, esto volverá a pasar. Hoy, si escuchamos pacientemente los problemas que otro nos confía o damos generosamente nuestro dinero para socorrer una necesidad, esto volverá a pasar. Hoy, si en nuestra oración personal recibimos —repentinamente— una inspiración inesperada, esto volverá a pasar.

Perdió a dos hijas de corta edad, pero no la paz interior que le da la fe: «El amor gana al dolor»


 Perdió a dos hijas de corta edad, pero no la paz interior que le da la fe: «El amor gana al dolor»

Anne-Dauphine Julliand afronta la enfermedad de sus hijas con coraje, fe, una sonrisa y un gran testimonio de superación muy contagioso

Anne-Dauphine Julliand, periodista parisina nacida en 1973, ha tenido cuatro hijos, dos chicos y dos chicas, pero las dos niñas murieron. Una no llegó a cumplir los cuatro años: una devastadora enfermedad acabó con la niña. Su vida fue corta pero hermosa... una vida que se convirtió en la luz que necesitaba Anne para enseñar al mundo lo que son el amor y la felicidad.

Fue así: un día vio que la pequeña Thäis cojeaba y la llevó al médico sin esperar que fuera nada grave. Sin embargo, le diagnosticaron leucodistrofia metacromática, una feroz enfermedad degenerativa, causada por la ausencia de unas moléculas imprescindibles para el funcionamiento del sistema nervioso.

Decidió hacerle a su “princesita” una promesa que, por supuesto, cumplió: "Vas a tener una vida bonita. No será como la de las demás niñas, pero será una vida de la que podrás sentirte orgullosa. Y en la que nunca te faltará amor".

Tras la muerte de la pequeña en 2007, Anne escribió Llenaré tus días de vida, un libro que se convirtió en un bestseller en Francia rápidamente, consiguiendo los premios Parole de patients y Pèlerin du témoignage.

Luego publicó en 2015 un segundo título, Un día especial, donde parte del hecho de que Thäis nació el 29 de febrero, una fecha que solo se repite cada cuatro años. Por eso Anne se regala un paréntesis de cuatro años, libre de trabajo y obligaciones porque quiere vivir plenamente ese día especial. Su hija cumpliría ocho años y nota cómo el pasado se mezcla con el presente y cada gesto, cada palabra adquieren un color único.

Obras de Anne-Dauphine Juilland.


Además, la escritora cuenta su vida familiar con su marido, sus dos hijos y su otra hija Azylis, de ocho años, que tuvo la misma enfermedad que Thäis y que en la época en la que escribió el libro ya no podía hablar, ni caminar, ni comer sola. No era una vida como la de los demás, sino una maravillosa historia de amor y una lección de lucha constante, hasta que también Azylis falleció.

Anne-Dauphine estuvo en España en octubre de 2013 para participar en el congreso Lo que de verdad importa. En Valencia habló ante 1300 jóvenes sobrecogidos.


También lo hizo en Madrid, en Barcelona... El periodista Paco Cerdá la entrevistó en el Faro de Vigo.  

Una decisión: sonreír

"Hay distintas formas de actuar cuando te enfrentas a una dura prueba como la mía. Una manera es pensar que solo vas a sufrir durante el resto de tu vida. En cambio, yo he encontrado la forma de ser feliz en este camino diciéndome que tengo una cosa tremenda, pero que siempre quedan momentos de felicidad, y yo he elegido vivirlos. Por supuesto que a veces lloro y estoy triste. Pero se puede reír y sonreír. Porque sonreír es una decisión. Si la vida no te sonríe, sonríele tú a la vida", explicó Anne-Dauphine.

Admite que "al principio no pensé que fuera posible ser feliz en esta situación. Pero luego, al ver a mis hijos que sonreían, vi que era posible. Ellos viven el presente. Yo aprendí de ellos".

Frente al dolor, el amor

Ante el misterio del dolor, Anne tiene una propuesta: "Hay que evitar sentir el dolor como un fracaso. Un drama nunca es un fracaso en la vida. Es una prueba, una montaña que hemos de subir. Y la mejor forma de superar el dolor es amar. El amor es lo que te permite curar la herida. A mí, este Amor con mayúscula me viene del Cielo. Yo soy católica y me ha ayudado mucho mi fe. Creer en Dios no me evita el sufrimiento, pero es como una lámpara que me permite ver el camino de la montaña. Tengo que subirla y la senda no es más fácil, pero me permite verla de otro modo".

Por eso, cuando le preguntan qué es lo que de verdad importa en la vida, responde sin dudarlo: "El amor. Y compartirlo todo. Si lo guardas para ti mismo, nada vale la pena. Por eso yo cuento mi experiencia".

Enferma, pero feliz

Esta madre animosa describía así la realidad de su hija Azylis, que ya caminaba hacia la muerte (que tendría lugar en 2017) cuando le hicieron esta entrevista: "Físicamente, Azylis está muy mal: no habla, no anda, apenas mueve los brazos, ve poco y no puede comer sola. Pero estaría mintiendo si me quedara ahí. Porque esa no es mi hija. Azylis es una niña feliz.

 


Anne-Dauphine, durante una entrevista de 2021 a "Famille Chrétienne".

 "Y no lo digo para engañarme como una madre loca", insistió: "Te lo prometo: es feliz. Su sonrisa es mi victoria de cada día. Y como dice su hermano mayor Gaspard, Azylis tiene suerte. Porque la gente la ama".

"No importa el por qué, importa el cómo"

Hay preguntas que no son edificantes en estas situaciones, una vez tienes ya la base de la fe y la superación. "A veces, al ver a una niña caminar por la calle, me surge la pregunta del porqué. Pero enseguida la aparto. Porque sé que no he de perder tiempo en ello. Esa pregunta conduce a buscar culpables o a sentirte víctima. Eso solo hace daño. No me importa el porqué. Me importa el cómo: cómo subir la montaña".

 En 2018, Juilland se adentró en el mundo audiovisual y rodó un documental para transmitir todos estos sentimientos: Ganar al viento. En la película, se muestra a cinco niños con enfermedades graves que son felices y aprovechan cada minuto del día. Anne-Dauphine los convirtió en nuestros maestros.

  


Aprender en el dolor

En una entrevista de 2021 en Famille Chrétienne, Anne-Dauphine da las claves de cómo la ha subido ella: "En los momentos más espantosos, Jesús me dice «Yo te sigo amando»".

 "Sé que sufriré toda la vida. Hay momentos en que mis dos hijas me faltan y siento un vacío como en el momento de su muerte. Soy consciente de que sufriré toda la vida, pero lo haré con una sonrisa. Hay que aprender a vivir con ese dolor y aprender de ese dolor", explica.

 Ha conseguido la "paz interior" porque sabe que los momentos de las lágrimas duran más o menos, pero se acaban y hay que seguir viviendo: "Todo esto nos obliga a volvernos hacia algo más grande que nosotros, hay una dimensión espiritual... La gran respuesta a este sufrimiento es el amor: el amor de los demás, el amor de Dios que consuela... En los momentos más dolorosos y espantosos de mi vida me he sentido amada, casi escuchaba a Jesús decirme 'Yo te sigo amando'... Cuando te sientes sin fuerzas y vacía, esa voz interior que te dice 'Yo te amo' te vuelve invencible".

 Artículo publicado en ReL el 17 de febrero de 2015 y actualizado tras la muerte de su hija y posteriores entrevistas.

miércoles, 25 de agosto de 2021

Santo Evangelio 25 de Agosto 2021

 


Texto del Evangelio (Mt 23,27-32): 

En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».



«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!»


+ Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué

(Manresa, Barcelona, España)

Hoy, como en los días anteriores y los que siguen, contemplamos a Jesús fuera de sí, condenando actitudes incompatibles con un vivir digno, no solamente cristiano, sino también humano: «Por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad» (Mt 23,28). Viene a confirmar que la sinceridad, la honradez, la lealtad, la nobleza..., son virtudes queridas por Dios y, también, muy apreciadas por los humanos.

Para no caer, pues, en la hipocresía, tengo que ser muy sincero. Primero, con Dios, porque me quiere limpio de corazón y que deteste toda mentira por ser Él totalmente puro, la Verdad absoluta. Segundo, conmigo mismo, para no ser yo el primer engañado, exponiéndome a pecar contra el Espíritu Santo al no reconocer los propios pecados ni manifestarlos con claridad en el sacramento de la Penitencia, o por no confiar suficientemente en Dios, que nunca condena a quien hace de hijo pródigo ni pierde a nadie por el hecho de ser pecador, sino por no reconocerse como tal. En tercer lugar, con los otros, ya que también —como Jesús— a todos nos pone fuera de sí la mentira, el engaño, la falta de sinceridad, de honradez, de lealtad, de nobleza..., y, por esto mismo, hemos de aplicarnos el principio: «Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie».

Estas tres actitudes —que podemos considerar de sentido común— las hemos de hacer nuestras para no caer en la hipocresía, y hacernos cargo de que necesitamos la gracia santificante, debido al pecado original ocasionado por el “padre de la mentira”: el demonio. Por esto, haremos caso de la exhortación de san Josemaría: «A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo»; tendremos también presente a Orígenes, que dice: «Toda santidad fingida yace muerta porque no obra impulsada por Dios», y nos regiremos, siempre, por el principio elemental y simple propuesto por Jesús: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’» (Mt 5,37).

María no se pasa en palabras, pero su sí al bien, a la gracia, fue único y veraz; su no al mal, al pecado, fue rotundo y sincero.


De origen protestante, ateo en realidad, curioseó una misa por interés histórico: algo «le provocó»

 


De origen protestante, ateo en realidad, curioseó una misa por interés histórico: algo «le provocó»

Mark de Vries con Kitty, su mujer. 

A sus 38 años, Mark de Vries es un bloguero católico de Groningen (Países Bajos) cuyas publicaciones se han difundido en grandes medios de comunicación católicos como National Catholic Register, EWTN, The Remnant o Rorate Coeli.

Miembro de la Latin Liturgy Society, le apasiona la historia, la fotografía y la actualidad de la Iglesia, pero cuenta en su blog, In Caelo et in Terra, que no siempre fue así. Tras años de un profundo agnosticismo, encontró la fe movido por la curiosidad y una compañera de la universidad.

Una vida religiosa estancada y sin fe durante la juventud

El primer contacto de Mark con la religión tuvo lugar durante su infancia y educación en una escuela protestante. “Aunque eso me dio un conocimiento práctico de la Biblia y los fundamentos del cristianismo, no resultó en una fe viva en mi vida”.

“Me consideraba ateo cuando empecé la secundaria, aunque eso no me impidió interesarme por algunos elementos de las clases de educación religiosa”, escribe Mark.

Frecuentemente participaba en las celebraciones escolares de Pascua y Navidad y asistía a los servicios protestantes, pero explica que todo aquello “no condujo a ninguna forma de conversión, y me dejaron con una imagen seca del cristianismo”.

“¡Que diferente sería aquello de mis primeras impresiones del catolicismo!”, exclama Mark, que siempre estuvo abierto e interesado a la idea de saber más sobre el cristianismo.

La curiosidad y la amistad motivaron su acercamiento a la fe

“Aunque probablemente se remontase lejanamente a este periodo, mi conversión propiamente dicha comenzó en Adviento de 2005, cuando le pregunté a una amiga católica si podía acompañarla a misa de lunes a viernes”.

Inicialmente, todo comenzó como un juego para satisfacer su propia curiosidad, ya que siempre tuvo un profundo interés por la historia y las iglesias antiguas fueron durante años uno de sus destinos turísticos preferidos.

Sin embargo, todo lo que para Mark comenzó con la curiosidad continuó como algo personal. “En alguna parte, algo me provocó. Es difícil precisar exactamente lo que fue, pero me llevó a ir con más frecuencia”. Cuenta que entonces seguía en la universidad, y que en lugar de ir a la cafetería durante los descansos buscaba el modo de ir a misa.

El mensaje de los fieles y la Iglesia derribaron sus prejuicios

“¿Por qué seguí yendo?”, se pregunta. “Un aspecto importante fue que, de una manera muy normal, me sentí bienvenido por las decenas de fieles que iban a misa a diario, también por el párroco y cada vez por más católicos al margen de la parroquia”.

Sin embargo, Mark seguía apegado a un cierto ateísmo que le generaba algunas preguntas. “¿Quién soy yo para decir que todas estas personas, inteligentes y educadas, están equivocadas? ¿Qué hay del párroco, historiador del arte que transmite la Palabra de Dios y lleva 25 años administrando los sacramentos?” se preguntaba.

No tardó en mirar atrás y plantearse los pasos que ya había dado. “¿Fue solo una diversión, curiosidad o para conocer gente nueva?”, se preguntaba.

Sin embargo, pensaba que todo lo que veía durante las misas y en conversaciones con otros católicos encajaba muy bien con su forma de ver la vida.

“La importancia del amor, la responsabilidad de las propias acciones o como debería ser la relación entre Dios y las personas. En todo eso estaba de acuerdo. La sociedad fría y dura en la que vivimos no ofrecía una vida satisfactoria y supe que coincidía también con la Iglesia en eso”.



Mark de Vries y su esposa Kitty.

"¿Por qué católico?"

Intrigado y motivado con cómo se desarrollaban los acontecimientos, Mark siguió involucrándose en su parroquia y profundizó en el pensamiento católico. “Un año después de mi primera experiencia en la misa, a finales de 2006, le dije al párroco que quería comenzar el camino hacia el bautismo”.

Mark preguntó a su amiga católica de la universidad si quería ser su madrina de bautismo y accedió. “El 7 de abril de 2007 –con 24 años– me bauticé, me confirmé y recibí la primera comunión en la catedral de San José en Groningen, en una ceremonia realizada por el obispo –ahora cardenal– Wim Eijk. Desde el 24 de marzo de 2017, Mark está felizmente casado con la que fue su novia y prometida durante cuatro años, Kitty. 

Años después se pregunta los motivos por los que se convirtió a la fe católica y no a cualquiera de las muchas confesiones presentes en los Países Bajos. “La fe católica no se presenta solo como una cuestión de palabras y pensamiento, sino que se refiere a toda la persona, cuerpo, alma, cabeza y corazón”; escribe.

“Me encontré un lugar –la Iglesia– en el que me sentía cada vez mejor a medida que aprendía más sobre ella. Ese estudio de la fe no solo significaba adquirir un mayor conocimiento, sino una relación creciente con la fuente de esa fe: Dios”, escribe Mark.

Contra los tópicos anticristianos

Años después de su conversión, destaca la necesidad de vivir la fe como un compromiso en lugar de un sentimiento.

“Cuando me siento en la Iglesia y no parezca que sucede mucho, no es razón para rendirme. El bautismo es de por vida, también los votos que hice entonces y la fe que expresé en el Credo. El mensaje de Cristo es una promesa, incluso en los días más oscuros y puede parecer que está ausente. Él está ahí para mí, pero yo también tengo que estar ahí para Él”.

Recapitulando los motivos por los que mantiene día a día su fe, son toda una negación de los grandes tópicos contra los creyentes.

“No creo en Dios por miedo: la cosmovisión secular no funciona, y no temo al mundo en que vivimos, pero creo que son mejores con Dios en ellos”.

¿Tener la fe te hace la vida más fácil? Al contrario, opina, “no tener fe es más fácil, la mayoría de las personas admiten que no tienen fe y se les anima a mantenerla en privado si la tienen”.

Lejos de creerse una mejor persona por tener fe, admite que gracias a ella sabe que hay una forma de mejorar. “Tener fe no me convierte en buena persona. La fe sin buenas obras es inútil”, concluye.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 24 de agosto de 2021

Santo Evangelio 24 de Agosto 2021

 


Texto del Evangelio (Jn 1,45-51): 

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».



«Ven y lo verás»


Mons. Christoph BOCKAMP Vicario Regional del Opus Dei en Alemania

(Bonn, Alemania)

Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. El evangelista san Juan relata su primer encuentro con el Señor con tanta viveza que nos resulta fácil meternos en la escena. Son diálogos de corazones jóvenes, directos, francos... ¡divinos!

Jesús encuentra a Felipe casualmente y le dice «sígueme» (Jn 1,43). Poco después, Felipe, entusiasmado por el encuentro con Jesucristo, busca a su amigo Natanael para comunicarle que —por fin— han encontrado a quien Moisés y los profetas esperaban: «Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1,45). La contestación que recibe no es entusiasta, sino escéptica : «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Jn 1,46). En casi todo el mundo ocurre algo parecido. Es corriente que en cada ciudad, en cada pueblo se piense que de la ciudad, del pueblo vecino no puede salir nada que valga la pena... allí son casi todos ineptos... Y viceversa.

Pero Felipe no se desanima. Y, como son amigos, no da más explicaciones, sino dice: «Ven y lo verás» (Jn 1,46). Va, y su primer encuentro con Jesús es el momento de su vocación. Lo que aparentemente es una casualidad, en los planes de Dios estaba largamente preparado. Para Jesús, Natanael no es un desconocido: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¿De qué higuera? Quizá era un lugar preferido de Natanael a donde solía dirigirse cuando quería descansar, pensar, estar sólo... Aunque siempre bajo la amorosa mirada de Dios. Como todos los hombres, en todo momento. Pero para darse cuenta de este amor infinito de Dios a cada uno, para ser consciente de que está a mi puerta y llama necesito una voz externa, un amigo, un “Felipe” que me diga: «Ven y verás». Alguien que me lleve al camino que san Josemaría describe así: buscar a Cristo; encontrar a Cristo; amar a Cristo.


Así lloró San Pío X el inicio de la Primera Guerra Mundial, según la única película sobre su vida


Así lloró San Pío X el inicio de la Primera Guerra Mundial, según la única película sobre su vida

Henri Vidon interpretó a San Pío X en el único largometraje que se ha consagrado a su vida.

En 1952 Umberto Scarpelli rodó Gli uomini non guardano il cielo [Los hombres no miran al cielo: en España, Cónclave secreto], la única película de difusión comercial estándar que se ha hecho sobre San Pío X [ver abajo la película entera], cuya festividad litúrgica se celebra el 21 de agosto.

Giuseppe Sarto, Papa entre 1903 y 1914, había sido beatificado un año antes y sería canonizado dos años después, convirtiéndose en el primer pontífice elevado a los altares desde San Pío V (1566-1572). El actor londinense Henry Vidon dio vida al personaje, retratando en su papel a un Vicario de Cristo atormentado por el empeño de las potencias europeas en desatar la que sería Primera Guerra Mundial.

Las consecuencias del belicismo

De hecho, ésta estalló el 28 de julio de 1914 con la declaración de guerra de Austria a Serbia y San Pío X murió el 20 de agosto, apenas tres semanas después, consumido por el dolor ante el espanto que preveía. El título del film alude precisamente a la ceguera de los gobiernos, enardecidos a cada paso que se daba adelante en el estallido de las hostilidades tras el asesinato en Sarajevo, el 28 de junio, del archiduque Francisco Fernando.

El Papa Giuseppe Sarto alerta en el film sobre las consecuencias del belicismo, sobre el sufrimiento que se desatará sobre los pueblos, sobre la neutralidad de la Santa Sede como instancia sólo interesada en la paz.

De hecho, hacia el final de la película San Pío X rechaza la pretensión del embajador austriaco de que el Santo Padre respalde su posición ante Serbia (aunque, obviamente, había condenado el crimen) y bendiga a las tropas en trance de movilización, con lo cual Francisco José I buscaba presentar al Papa como su aliado.

Un cónclave agitado

Curiosamente, fue el mismo emperador quien allanó el indeseado e imprevisto camino de Giuseppe Sarto, a la sazón patriarca de Venecia, hacia la sede de Pedro. Es el célebre episodio del veto, reflejado también por extenso en la película durante las escenas del cónclave de 1903, a la muerte de León XIII.


Carteles de la película sobre San Pío X.

Carteles de la única película comercial existente sobre San Pío X.

El cardenal Mariano Rampolla del Pindaro, secretario de Estado del recién fallecido Papa León XIII, se perfilaba como su sucesor, y en la película se aprecia su escalada de votos, con el cardenal Girolamo Maria Gotti, prefecto de la congregación De Propaganda Fide, como alternativa. Sarto sólo obtenía algunas papeletas.

Pero entonces se alzó el arzobispo de Cracovia, Jan Puzyna -tembloroso ante el atentado a la libertad de la Iglesia del que era instrumento- para proclamar el veto de Francisco José a Rampolla, considerado antiaustriaco.

Los cardenales reaccionaron reafirmando su independencia y el vetado sumó todavía más votos, pero aún lejos de los dos tercios requeridos, al tiempo que Sarto desplazaba a Gotti como alternativa. Para desbloquear la situación, el mismo Rampolla rechazó la posibilidad de ser elegido. Las tornas se volvieron entonces hacia el futuro San Pío X. Los datos precisos de este cónclave se conocieron años después por la indiscreción de uno de los cardenales, tras cuyo fallecimiento se hallaron entre sus efectos las notas que, imprudentemente, no destruyó.

Amplía la información sobre el pontificado de San Pío X con estos artículos sobre dos de sus colaboradores:

Umberto Benigni, un sacerdote al servicio de San Pío X en la lucha contra la infiltración modernista

Licinio Refice, uno de los hombres de San Pío X para depurar la música litúrgica de toda profanidad]

"No odiéis"

Cónclave secreto arranca y termina con el tormento del Papa ante la inevitable guerra, con un emotivo encuentro con los alumnos extranjeros de los colegios pontificios, donde le explica que su variopinta nacionalidad es signo de la universalidad de la Iglesia. Sabe que muy pronto sus países respectivos entrarán en combate e incluso muchos de ellos serán llamados a filas, y por eso les pide: "No odiéis ni traicionéis la ley del amor y la caridad".

Entre esos dos momentos de arranque y colofón, y con el cónclave en medio, la pelicula hace un breve resumen de la vida del santo contada por su sobrino sacerdote, con episodios bien conocidos, como el hecho de que acudiese a la escuela descalzo para no gastar su único par de botas, o el sustento económico anónimo que suministró al autor de un libelo contra él, o su firmeza ante la condesa que quería divorciarse (a quien le dice: "Ante Dios no hay derechos, sino deberes, sólo deberes").

La Europa cristiana, destruida por el nacionalismo

En los inicios de la película, en conversación con su secretario de Estado, el español Rafael Merry del Val (1865-1930), San Pío X proclama cuál es la tragedia que se cierne sobre Europa: "Para nosotros, para la Iglesia, Europa es lo espiritual, el sagrado y pacífico imperio que los mártires y los santos crearon y unificaron en Cristo sobre las ruinas del paganismo y de la barbarie".

Le responde el purpurado: "Los nacionalismos exacerbados se han desencadenado y amenazan destruir la unidad cristiana de Europa".

Y concluye el Papa: "Al desencadenamiento del odio debemos responder con la movilización del amor y de la caridad".

Momentos destacables de la película

10:45 - San Pío X describe la Europa cristiana y el daño que le causa el nacionalismo.

25:10 - El pequeño Giuseppe Sarto acude descalzo a la Iglesia.

36:46 - Como obispo de Mantua, ayuda económicamente al autor de un libelo contra él.

38:45 - Como patriarca de Venecia, le recuerda a la condesa la santidad del matrimonio y la aceptación de las cruces de la vida a imitación de Cristo.

49:13 - Desarrollo del cónclave y de las votaciones.

1:00:00 - Veto imperial contra el cardenal Rampolla y elección de San Pío X.

1:20:50 - Reunión del Papa con los alumnos de los colegios pontificios de Roma, con la guerra ya como inevitable.

1:28:45 - Muerte del Papa mientras dice misa.





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