jueves, 7 de mayo de 2020

Santo Evangelio 7 de mayo 2020


Día litúrgico: Jueves IV de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 13,16-20): Después de lavar los pies a sus discípulos, Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que le envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís. No me refiero a todos vosotros; yo conozco a los que he elegido; pero tiene que cumplirse la Escritura: el que come mi pan ha alzado contra mí su talón. Os lo digo desde ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, creáis que Yo Soy. En verdad, en verdad os digo: quien acoja al que yo envíe me acoge a mí, y quien me acoja a mí, acoge a Aquel que me ha enviado».


«Después de lavar los pies a sus discípulos...»

Rev. D. David COMPTE i Verdaguer
(Manlleu, Barcelona, España)

Hoy, como en aquellos films que comienzan recordando un hecho pasado, la liturgia hace memoria de un gesto que pertenece al Jueves Santo: Jesús lava los pies a sus discípulos (cf. Jn 13,12). Así, este gesto —leído desde la perspectiva de la Pascua— recobra una vigencia perenne. Fijémonos, tan sólo, en tres ideas.

En primer lugar, la centralidad de la persona. En nuestra sociedad parece que hacer es el termómetro del valor de una persona. Dentro de esta dinámica es fácil que las personas sean tratadas como instrumentos; fácilmente nos utilizamos los unos a los otros. Hoy, el Evangelio nos urge a transformar esta dinámica en una dinámica de servicio: el otro nunca es un puro instrumento. Se trataría de vivir una espiritualidad de comunión, donde el otro —en expresión de San Juan Pablo II— llega a ser “alguien que me pertenece” y un “don para mí”, a quien hay que “dar espacio”. Nuestra lengua lo ha captado felizmente con la expresión: “estar por los demás”. ¿Estamos por los demás? ¿Les escuchamos cuando nos hablan?

En la sociedad de la imagen y de la comunicación, esto no es un mensaje a transmitir, sino una tarea a cumplir, a vivir cada día: «Dichosos seréis si lo cumplís» (Jn 13,17). Quizá por eso, el Maestro no se limita a una explicación: imprime el gesto de servicio en la memoria de aquellos discípulos, pasando inmediatamente a la memoria de la Iglesia; una memoria llamada constantemente a ser otra vez gesto: en la vida de tantas familias, de tantas personas.

Finalmente, un toque de alerta: «El que come mi pan ha alzado contra mí su talón» (Jn 13,18). En la Eucaristía, Jesús resucitado se hace servidor nuestro, nos lava los pies. Pero no es suficiente con la presencia física. Hay que aprender en la Eucaristía y sacar fuerzas para hacer realidad que «habiendo recibido el don del amor, muramos al pecado y vivamos para Dios» (San Fulgencio de Ruspe).

10 jóvenes monjas de Iesu Communio hablan de su vocación, sus llamadas, miedos y encuentros con Dios

Estas diez jóvenes de Iesu Communio cuentan al mundo su testimonio vocacional / Iesu Communio

10 jóvenes monjas de Iesu Communio hablan de su vocación, sus llamadas, miedos y encuentros con Dios

Estas diez jóvenes de Iesu Communio cuentan al mundo su testimonio vocacional / Iesu Communio

Son jóvenes, muchas con estudios universitarios y algunas incluso con carreras profesionales. Pero un día decidieron dejar todo para entregarse completamente para el Señor como monjas de vida contemplativa. Son Carla, Irene, Raquel, Carlota, Andrea… chicas que superan por poco los 20 años. Provienen de Madrid, Barcelona, Valencia, de ciudades y pueblos de toda España, y ahora son novicias y postulantes en Iesu Communio, instituto religioso fundado por la Madre Véronica Berzosa, y que con sus más de 200 religiosas en sus dos monasterios representan todo un fenómeno vocacional.

En la localidad valenciana de Godella se encuentra la primera fundación de Iesu Communio, carisma nacido en el burgalés monasterio de La Aguilera. Precisamente, para mostrar al mundo la belleza de la vocación religiosa y la alegría que transmiten estas jóvenes monjas, la Archidiócesis de Valencia pidió el testimonio de algunas de las religiosas y el instituto ha publicado un bonito vídeo en el que intercala esta llamada de diez chicas jóvenes que todavía no han realizado los votos perpetuos.

Las jóvenes muestran de manera sencilla y amorosa cómo conocieron a Dios, el momento que cambió sus vidas, la llamada a la vida religiosa, los miedos y por último la alegría que se transmite cuando se vive en la voluntad de Dios. Aunque en el vídeo los testimonios de estas diez chicas se van intercalando, en ReL hemos agrupado cada uno de ellos para así mostrar cada historia con un rostro y un nombre.

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La primera de ellas es Carla, una joven madrileña de 24 años. “A los 15 años tras la muerte repentina de mi padre decidí alejarme de la Iglesia y de Jesús, le eché la culpa de su muerte y del sufrimiento”, afirma. Sin embargo, años después acabó yendo a la JMJ de Cracovia de 2016 y a la vuelta hacia Madrid su grupo paró en Lourdes. “Ahí cambió mi vida”, confiesa.

Recuerda la canción que dice que “nadie te ama como yo”. En ese momento tuvo la “certeza” de que nadie la amaba como Dios, “que Él siempre había estado ahí, que en todo ese sufrimiento que había pasado Él estaba, que me conocía y que iba a amar siempre”. Visitando a las que son hoy sus hermanas a Carla le llamó la atención la mirada que tenían. “Dije: ‘esa mirada la quiero para mí’. Eran muchas miradas en una sola, la de Jesús”.

Sin embargo, esta madrileña no fue ajena al “miedo a la vocación” porque “era una renuncia a poder ser madre. Pero cuando llegué a esta casa descubrí que esto no era así, que la maternidad que me regalaba Jesús era inimaginable con lo que yo podía pensar”. Y finalmente, “arrasada por Él decidí seguirlo y feliz hasta hoy”.

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María tiene 23 años, es también madrileña y tan sólo lleva ocho meses en Iesu Communio. Esta joven estaba acabando Enfermería cuando empezó a sentir esta llamada. Pero un domingo en misa en el Evangelio escuchó como Jesús miraba a Pedro. “Sentí en ese momento que miraba a mí y sentí que sabía toda mi historia y que me quería para Él”.

Un momento crucial se produjo escuchando al Papa que dijo que el designio de Dios hace a esa persona bailar y cantar al corazón. “Es verdad que ahí lo reconocí. Fue como: ‘María, ya sabes dónde canta y baila tu corazón’. Y es el único lugar”, explica. Así fue como dijo sí al Señor y a esta vida religiosa, que la define “como si te hubiera tocado la lotería, mucho mejor”.

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Irene tiene 25 años y lleva ya año y medio en este monasterio. Antes de ingresar en Iesu Communio cursó una Ingeniería e incluso llegó a trabajar en una empresa. Desde siempre la Física y la Matemáticas le encantaban, y cree que “visto ahora siento que el universo, las planetas me hablaban de alguien pero entonces no lo conocía”.

En su día a día entró –según cuenta- “en un mundo superficial, para así no sufrir”. Pero Irene asegura que en una Eucaristía, en la consagración, cayó de rodillas por primera vez y “alguien dentro de mí y que yo ahora creo que son mis hermanas oró: ‘Hágase’”.

Antes de dar el paso definitivo esta joven trabajaba en una empresa de pararrayos, justo en el proceso de duda sobre su vocación. ¿Para qué sirve la vida contemplativa?, se preguntaba. Y la respuesta la encontró en su trabajo: “El rayo impacta en el pararrayos, y para que no dañe a nadie se introduce en la tierra. Yo entonces vi cómo Dios me explicaba la vida contemplativa. El amor de todo un Dios poderoso se quiere derramar para que así llegue la vida a tantos que no lo conocen”.

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Otra de las jóvenes que cuenta su experiencia es Ione. Sentía un “vacío muy grande”, con muchas preguntas en su vida y en el mundo a las que no encontraba respuesta. Y entonces se encontró con Dios, “un amor que no había sentido en mi vida”, y que estaba por encima de todas las cosas que ella no aceptaba de sí misma.

Ella también estudió Enfermería y un suceso la tocó profundamente. Una camilla entró a toda prisa con una mujer que se había intentado suicidar, estaba inconsciente pero cuando la recuperaba únicamente gritaba: ‘¡dejad que me muera!’. Y a mí esto me atravesó”.

Un año después fue a la JMJ de Madrid y en la peregrinación pasó por La Aguilera. “Para mí fue como un golpe, un shock de repente. Pensé: ‘no estoy loca, lo mismo que me pasa a mí le ha pasado a estas mujeres’”, recuerda. Y en aquel instante sintió un “deseo enorme” de seguir a Jesús. Y confiesa que “desde ese momento tuve la certeza de que nunca en mi vida iba a sentirme sola y que tenía un Amor al que recurrir”.

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María es una joven valenciana que dice que desde niña siempre había dicho que nunca sería monja. Ahora lo es. Antes de llegar a Iesu Communio tras ser llamada por Dios afirma que “me he pasado la vida buscando el amor”. Y así fue como hizo una experiencia en las misiones. A la vuelta sintió que “Dios me pedía algo diferente pero no sabía lo que quería, y entonces yo estaba perdida y desorientada”.

Empezó a rezar todos los días con las hermanas pidiendo a Dios que le dijera qué quería de ella, hasta que un día mientras oraba recibió contestación: “bienvenida a esta casa, que era mi casa”. Y así fue el proceso de ir “rindiéndose” ante el Señor hasta que por primera vez pudo decir: “Lo que tú quieras”.

andrea

Andrea es de Barcelona y tiene 23 años. “Siento que conocía al Señor de oídas pero un día hizo luz en mi corazón. Su vida era una exigencia constante. Se ponía metas “intentando encontrar la felicidad, el amor”, pero cuando las alcanzaba “veía que había puesto todo mi ser en una cosa que de repente me dejaba vacía, no me daba respuesta”.

Como a otras muchas de las hermanas, una peregrinación fue un punto de inflexión. Y así llegó igualmente a conocer de verdad a las religiosas de Iesu Communio. “Estaba acostumbrada a las redes sociales, ver imágenes de vidas aparentemente perfectas, escaparates donde pones tus sueños, pero al final eran sólo imágenes que no llevaban a nada real. Pero por primera vez veía a gente feliz, de carne y hueso. Y aquello me fascinó, ya no me podía conformar con la vida que estaba llevando”.

popi

Popi lleva en la comunidad tan sólo 10 meses. Esta joven confiesa que “tenía fe pero para mí era como una especie de carga de la que tienes que tirar, una serie de normas que tienes que cumplir o una talla que dar frente a Dios y los demás”.

Poco a poco, Dios fue trabajando en ella y le fue mostrando que la quería en este monasterio. “¿Cómo voy a tener vocación?”, se preguntaba también. Y entonces un día Dios habló: “Te quiero así, como estás ahora”. Y este fue el punto definitivo para dar este paso en su vida.

carmen

Carmen tiene 20 años. “Empecé a salir de fiesta muchísimo, buscaba la vida en mis amigas, en los viajes, en mis estudios…”, relata esta joven. En una peregrinación se sintió por primera vez “amada de arriba abajo” por el Señor, y su vida fue cambiando. A su alrededor había gente sufriendo mucho, jóvenes que no encontraban sentido a su vida, drogas, depresiones… “Esto me cuestionaba todo”, confiesa.

“Me ayudó mucho el testimonio de una monja que era joven y que quería vivir con radicalidad, entregárselo todo a Jesús. Y su lema era ‘todo o nada’. Me cautivó y dije: ‘yo también quiero entregar todo a Jesús”, destaca Carmen.

carlota

Carlota es una barcelonesa de 22 años que asegura que “no entendía por qué teniéndolo todo sentía que no tenía nada, sino un vacío enorme”. Buscaba llenarlo ayudando en comedores sociales, dando clases de refuerzo y comida a gente sin techo. Incluso empezó Enfermería.

No quería ser monja, y sonriendo asegura que como mucho misionera. Su mejor amigo le propuso que hiciera una experiencia de fin de semana con unas monjas para así “descartar” la vocación. Pero lo que descartó fue la vida que había fuera pues allí había encontrado lo que anhelaba, no sin miedo porque en su vida hasta entonces no cabía la posibilidad de ser religiosa.

raquel

Por último Raquel es una joven de 23 años que lleva siete meses en Iesu Communio. Proviene de una familia cristiana pero al final en su vida “el Señor era una cosa más, sin importancia, porque tocaba y ya está”.

Igualmente, en una peregrinación Dios la “traspasó con una Palabra”. Sentía que la llamaba y ella le amaba pero confiesa que le daba “muchísimo miedo” poder equivocarse.

Sin embargo, Raquel relata que “Dios no ha forzado absolutamente nada, sino que a través de la Iglesia todo ha sido libertad en mi vida. Esto te sobrecoge y te atrae de una manera que no puedes negarle. Decirle que no sería como negar lo mejor que me ha pasado en la vida”.

Vea aquí el vídeo testimonial de estas jóvenes de Iesu Communio



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miércoles, 6 de mayo de 2020

Santo Evangelio 6 de mayo 2020


Día litúrgico: Miércoles IV de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 12,44-50): En aquel tiempo, Jesús gritó y dijo: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; y el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo, la luz, he venido al mundo para que todo el que crea en mí no siga en las tinieblas. Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, ya tiene quien le juzgue: la Palabra que yo he hablado, ésa le juzgará el último día; porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que el Padre que me ha enviado me ha mandado lo que tengo que decir y hablar, y yo sé que su mandato es vida eterna. Por eso, lo que yo hablo lo hablo como el Padre me lo ha dicho a mí».


«El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado»

P. Julio César RAMOS González SDB
(Mendoza, Argentina)

Hoy, Jesús grita; grita como quien dice palabras que deben ser escuchadas claramente por todos. Su grito sintetiza su misión salvadora, pues ha venido para «salvar al mundo» (Jn 12,47), pero no por sí mismo sino en nombre del «Padre que me ha enviado y me ha mandado lo que tengo que decir y hablar» (Jn 12,49).

Todavía no hace un mes que celebrábamos el Triduo Pascual: ¡cuán presente estuvo el Padre en la hora extrema, la hora de la Cruz! Como ha escrito San Juan Pablo II, «Jesús, abrumado por la previsión de la prueba que le espera, solo ante Dios, lo invoca con su habitual y tierna expresión de confianza: ‘Abbá, Padre’». En las siguientes horas, se hace patente el estrecho diálogo del Hijo con el Padre: «Padre, perdónales porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34); «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).

La importancia de esta obra del Padre y de su enviado, se merece la respuesta personal de quien escucha. Esta respuesta es el creer, es decir, la fe (cf. Jn 12,44); fe que nos da —por el mismo Jesús— la luz para no seguir en tinieblas. Por el contrario, el que rechaza todos estos dones y manifestaciones, y no guarda esas palabras «ya tiene quien le juzgue: la Palabra» (Jn 12,48).

Aceptar a Jesús, entonces, es creer, ver, escuchar al Padre, significa no estar en tinieblas, obedecer el mandato de vida eterna. Bien nos viene la amonestación de san Juan de la Cruz: «[El Padre] todo nos lo habló junto y de una vez por esta sola Palabra (...). Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo sería una necedad, sino que haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, evitando querer otra alguna cosa o novedad».

Ricardo, el joven con cáncer cuyo testimonio provoca conversiones y que impresiona hasta a su obispo


Ricardo, el joven con cáncer cuyo testimonio provoca conversiones y que impresiona hasta a su obispo


Ricardo Pareja es un joven de Barcelona de tan sólo 21 años y que está viviendo la mayor prueba de su vida en medio de la pandemia de coronavirus. Se trata de un cáncer que detectaron entre los pulmones y que le mantiene hospitalizado. Perteneciente al Camino Neocatecumenal es el quinto de nueve hermanos de una familia que sabe lo que es tener intensos encuentros con Dios, pues su padre vivió una impresionante experiencia de conversión que le llevó de “punky” y drogadicto a católico y padre de familia numerosa. De hecho, esta historia fue la más leída en ReL en el año 2019.

En todo momento este joven se ha agarrado a la fe y a su alrededor se ha creado una enorme cadena de oración que ha traspasado fronteras e incluso religiones. Ha llegado también al obispo auxiliar de Barcelona, Antoni Vadell, que quedó muy impresionado con su testimonio de fortaleza, habló con él y de la impresión que le causó centró su homilía en la catedral de Barcelona en Ricardo y la lucha que desde la fe está haciendo contra el cáncer desde su cama del hospital.

"Bombardear el cielo con oraciones"

“Bien vale un tumor maligno para la hermosura de lo que estoy viviendo”, dijo Ricardo a su padre, que lo recoge en las redes sociales y que además añade que “mi hijo está espiritualmente a tope, el Señor lo está haciendo pequeño para que sea Cristo quien se manifieste a través suyo”. 

A continuación, el padre de este joven pedía “bombardear el cielo a oraciones”, especialmente el Rosario en este mes de mayo, por lo que a través de las redes se está expandiendo esta campaña para rezar diariamente este Rosario y se ofrezca por este joven deportista.

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Ricardo, en el centro con una camiseta blanca y azul, junto a sus padres y sus ocho hermanos

La historia del joven Ricardo la ha dado a conocer su novia Mónica, lo que ha permitido viralizar esta historia y conseguir esta auténtica “ola de oración y comunión”, como la define el obispo Vadell.

Una enfermedad en medio de la pandemia

Todo comenzó hace algo más de tres meses cuando Ricardo empezó a tener una sensación de malestar, flojera y fiebre. Fue al médico en varias ocasiones pero tras varias pruebas y análisis le decían que no había nada anormal.

“Cuando empezó el confinamiento la situación era la misma y su salud empeoraba. Ahora estamos en medio de una pandemia mundial y quiso esperar pensando que lo suyo no era tan urgente como lo de los contagiados por el coronavirus”, cuenta Mónica.

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Al final se pasaba todo el día recostado en la cama sin fuerzas, y tras una nueva prueba quedó ingresado en el hospital. Cuatro días después de haber sido hospitalizado le hicieron un TAC y le detectaron un tumor maligno entre los pulmones.

Ricardo habla de de Dios a tiempo y a destiempo

“Desde ese preciso instante comenzamos a combatir orando intensa y masivamente toda su familia, su comunidad, su parroquia, el grupo del rosario, seminarios enteros, congregaciones, etc. La historia de Ricardo está llegando a muchas partes de España y del mundo. Hermanos y hermanas de Italia, Latinoamérica, África, Francia, etc. Amigos y hasta conocidos musulmanes que rezan ahora en el Ramadán. Incluso hay gente alejada de Dios que ahora está rezando por él”, explica su novia.

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Mónica asegura que en el hospital le acompaña por las noches: “Puedo ver cada día que paso a su lado cómo Dios está con Ricardo y él con Dios. A cada enfermera, médico o paciente que pasa por su habitación le da una palabra de parte de Dios y le muestra la alegría que lleva dentro por todo lo que Dios le está regalando a través de esta enfermedad, la unión con su familia, la oración y la intimidad tan profunda que tiene con el Señor. Todo el que cruza una palabra con él no se queda indiferente, se va contento y más cerca de Dios”.

El obispo Vadell, impresionado con el testimonio de Ricardo

De la misma opinión que Mónica es ahora el obispo Vadell tras haber hablado con este joven. Tanto que decidió centrar su homilía en la catedral en el testimonio de Ricardo.

“Ayer pude hablar con él y al final me quedé con este agradecimiento en el corazón diciendo: pero, ¿cuál es el secreto de este chico? ¿Cómo está viviendo esta situación de dolor que está pasando? Porque él es muy consciente de lo que está pasando”, explicaba el obispo auxiliar de Barcelona.



Y se repetía, “¿cómo es posible que lo viva con esta esperanza, con esta sencillez en el corazón, con esa alegría? ¿Cuál es el secreto de Ricardo? ¿Es una persona superdotada, con cualidades excepcionales? No, él me decía: ‘sólo soy un pobre de 21 años, un pecador’”.

Para el obispo, Ricardo Pareja lo que tiene es “una gran intimidad con el Señor, este es su secreto”. En su opinión, “este secreto” no es que sea un “superhéroe” y pueda “afrontar la enfermedad con mucha fortaleza”. Y entonces, ¿de dónde le viene esta fuerza? “De la intimidad con el Señor, de ser discípulo”, señala.

El secreto de Ricardo

Monseñor Vadell recordaba su conversación con el joven, y esto le decía Ricardo: “El Señor me quiere mucho, el Señor me cuida mucho y la Virgen me sostiene”. Y todo esto a sus 21 años, en el hospital y con su vida en juego..

Según el prelado “este es el secreto de Ricardo y de tantas personas que en la oscuridad de la vida son capaces de vivir mirando esta luz”. Y es que recordó que Jesús sabe que las personas no son perfectas. Él quiere que “vivamos en comunión, y el secreto para la comunión es tener al Señor en el centro”.



Para ello puso de nuevo el ejemplo de Ricardo, donde “el Señor ha generado a su alrededor a través de su enfermedad una ola de comunión y oración impresionante, de muchas personas… Él me decía que hay personas alejadas de la fe que han vuelto a rezar y se han vuelto a encontrar con Jesús sirviéndose de este frágil joven”.

"Pon un Ricardo en tu vida"

“¿Te gustaría vivir con esta clave que Ricardo ha descubierto en esta situación de cruz y dolor? Pídele al Señor que quieres ser su discípulo”, indicó el obispo Vadell en su homilía.

Quien haga esto –añadió- “encontrará un Ricardo en su vida y se preguntará ‘por qué él vive así” produciéndose esa “atracción” hacia Jesús que provocan estas personas. Por ello animó a todos: ¡Pon un Ricardo en tu vida, a alguien que esté tan cerca del Señor!”.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 5 de mayo de 2020

Santo Evangelio 5 de mayo 2020



Día litúrgico: Martes IV de Pascua


Texto del Evangelio (Jn 10,22-30): Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno. Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón. Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas a tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente». Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí; pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno».

«Yo y el Padre somos uno»

Rev. D. Miquel MASATS i Roca
(Girona, España)

Hoy vemos a Jesús que se «paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón» (Jn 10,23), durante la fiesta de la Dedicación en Jerusalén. Entonces, los judíos le piden: «Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente», y Jesús les contesta: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis» (Jn 10,24.25).

Sólo la fe capacita al hombre para reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios. San Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.

Pero, aunque Dios quiere que todo el mundo crea y se salve, sólo los hombres humildes están capacitados para acoger este don. «Con los humildes está la sabiduría», se lee en el libro de los Proverbios (11,2). La verdadera sabiduría del hombre consiste en fiarse de Dios.

Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía».

Jesús les dice que si no creen, al menos crean por las obras que hace, que manifiestan el poder de Dios: «Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí» (Jn 10,25).

Jesús conoce a sus ovejas y sus ovejas escuchan su voz. La fe lleva al trato con Jesús en la oración. ¿Qué es la oración, sino el trato con Jesucristo, que sabemos que nos ama y nos lleva al Padre? El resultado y premio de esta intimidad con Jesús en esta vida, es la vida eterna, como hemos leído en el Evangelio.

El secreto de las dominicas de Nashville: por qué les llegan vocaciones jóvenes incluso desde Europa

La oración, la adoración eucarística, los sacrificios y penitencias, la entrega a los demás en sus necesidades y su vocación a una enseñanza de identidad católica plena: razones por las que no faltan vocaciones a las dominicas de Santa Cecilia.

El secreto de las dominicas de Nashville: por qué les llegan vocaciones jóvenes incluso desde Europa

La oración, la adoración eucarística, los sacrificios y penitencias, la entrega a los demás en sus necesidades y su vocación a una enseñanza de identidad católica plena: razones por las que no faltan vocaciones a las dominicas de Santa Cecilia.

Irene nació en Bolonia (Italia), y actualmente es novicia en las Dominicas de Santa Cecilia en Nashville (Tennessee), donde se forma en el espíritu de la congregación: alegría, oración y fidelidad. Con motivo de haber hablado con su compatriota, Ermes Dovico explica en Il Timone cuáles son los atractivos de esta comunidad:

La secularización avanza y a muchas órdenes religiosas les cuesta atraer nuevas vocaciones, sufriendo desde hace decenios un descenso, a veces drástico, de las mismas, hasta casi desaparecer. Sin embargo, en este escenario desolador, hay una institución, con 160 años de vida a sus espaldas, que rema totalmente en sentido contrario: se trata de las Dominicas de la Congregación de Santa Cecilia, conocidas como "Dominicas de Nashville", nombre de la capital del estado de Tennessee, donde tiene su sede la casa madre. Presente también fuera de Estados Unidos, la congregación consta de casi 300 religiosas, el número más alto en su historia, con un crecimiento igual a dos tercios de 2000 a hoy. Edad media: más o menos 40 años.


Los orígenes

En la primavera de 1860, el obispo de Nashville, James Whelan, le pidió a las Dominicas de Santa María de las Fuentes, con sede en Ohio, si podían enviar algunas hermanas a su ciudad para crear una escuela de enseñanza superior para chicas y mujeres jóvenes, especializada en música y bellas artes. El 17 de agosto, después de un largo viaje en diligencia, barco a vapor y tren, llegaron a Nashville cuatro religiosas. En 1862 nació la Saint Cecilia Academy, en honor de la mártir romana patrona de la música. Los primeros años de la nueva comunidad, entre la Guerra de Secesión y distintos problemas económicos, fueron sumamente difíciles. En el momento más crítico, la fe en la Providencia y 30 días consecutivos de rosarios completos (15 misterios) salvaron la escuela.

Mientras tanto las religiosas se desvivieron atendiendo a los huérfanos; y durante la epidemia de cólera que asoló Nashville en 1886, asistieron a los enfermos, ganándose la gratitud de la población. Lo mismo hicieron más tarde, heroicamente, con los habitantes de Memphis: mientras miles de personas abandonaban la ciudad debido a la misma epidemia, 50 religiosas prestaron su servicio como enfermeras, 30 de las cuales murieron. A caballo entre los siglos XIX y XX la congregación se expandió, asumiendo la dirección de varias escuelas, y en 1913 se afilió formalmente a la Orden Dominica.

Fidelidad a la oración

Con toda probabilidad, muchas de las buenas semillas plantadas en los primeros cien años de las Dominicas de Nashville se habrían frustrado si la congregación no hubiera encontrado una guía llena de virtud como fue, en la época conciliar y posconciliar, la madre Marie William MacGregor (priora de 1964 a 1976).


La Madre Marie William McGregor: su claridad de ideas durante la confusión postconciliar salvó la congregación y la proyectó hacia el futuro. Pocas asociaciones religiosas anteriores al Concilio pueden presumir hoy de tener más miembros que entonces.

Esto escribía a sus hermanas de comunidad en 1969: "Os ruego que intensifiquéis vuestra vida de oración. No evitéis los sacrificios y las mortificaciones. La Congregación ha prosperado gracias a ellas: ha crecido y se ha desarrollado a pesar de los obstáculos insuperables que han ido surgiendo [...]. En la tensión de la Guerra Civil, en los dolorosos desastres económicos, en la peste, en los interminables y agotadores días y noches, la Congregación se ha mantenido fiel a la oración. En la vigilia de su nacimiento, las hermanas se dirigieron a la Virgen del Rosario y siempre han puesto este lugar bajo su amparo. Hermanas, si se lo permitimos, esta comunidad aún produce santas. De hecho, vivimos en medio de ellas y estoy convencida de que he enterrado a algunas. Que siempre pueda ser así".


Por consiguiente, en la época del decreto conciliar sobre la renovación de la vida religiosa, Perfectae Caritatis (1965), que las órdenes acogieron de manera distintas, la madre Marie William -fiel al carisma de Santo Domingo-, instó a sus hermanas a no dejar nunca de cultivar la devoción a la Virgen y el espíritu contemplativo. "Sobre todo", escribía en una carta a la comunidad, "cultivad una confianza constante y firme en la Presencia de Cristo en el Santísimo Sacramento". Adoración eucarística y centralidad de la misa son los pilares de la congregación. La madre Marie Williams insistía, además, en otro aspecto: el hábito religioso, que "es un símbolo de nuestra consagración de por vida [...]. Es nuestra responsabilidad hacer de él un signo eficaz, un signo digno de Aquel al que significa".

Un apostolado fecundo

Otros rasgos dominicos custodiados por esta comunidad son el estudio y la reverencia al Magisterio de la Iglesia, con el consiguiente apostolado según la máxima de Santo Tomás: "Contemplar y transmitir a los demás las cosas contempladas". Hoy, las dominicas de Nashville enseñan, desde la primaria a la  universidad, en 43 escuelas de Estados Unidos y en otras 15 de Australia, Canadá y Europa, donde están presentes en Irlanda, Holanda, Escocia e Italia (en Bracciano).

El buque insignia de la congregación es el Aquinas College de Nashville, donde la teología y la filosofía son centrales y cuyo objetivo es formar a los profesores del futuro. Su identidad católica es un punto de fuerza, también a nivel de atracción: entre 2011 y 2016 los estudiantes católicos aumentaron del 35% al 63%, a pesar de que el College se encuentre situado en una zona donde los católicos son apenas el 6%. El enfoque es considerar que "la enseñanza es más que una elección de profesión", decía sor Mary Sarah Galbraith en 2017: "Es tanto un don como una misión". Estas religiosas, como ha dicho Jeannette Wolfe, directora de una escuela católica, al National Catholic Register, "están siempre alegres -sonríen mucho-, son pacientes, sabías y es inherente en ella un sentimiento de paz".

La vocación

Esa alegría es lo que más ha atraído a una joven de Bolonia, Irene Taioli, de 28 años, que el 8 de agosto de 2019, fiesta de santo Domingo, recibió el hábito de las novicias y adoptó su nuevo nombre: sor Caterina Joy. Il Timone habló con ella el 9 de marzo, pocos días después del tornado que asoló Tennessee causando 26 muertos y daños graves, de los que la casa madre de las dominicas "milagrosamente se ha salvado, porque el tornado ha pasado muy cerca de nosotras". Pero, ¿cómo ha acabado sor Caterina Joy en Nashville? "La primera vez que vi a una dominica de Santa Cecilia fue en YouTube, mientras miraba un canal de homilías de un sacerdote estadounidense. Esa vez él había invitado a sor Maris Stella y ella, de manera muy sencilla, contó su vida y su vocación. Recuerdo que me quedé muy sorprendida".



En ese momento Irene, que ha crecido en una familia devota vinculada a Comunión y Liberación, estaba en Nottingham, haciendo un doctorado en Literatura Inglesa Medieval. Fue en Nottingham, precisamente, donde poco antes ("yo tenía 24 años"), había descubierto la riqueza de la adoración eucarística, que "para mí fue una revelación porque cambió totalmente mi vida. El capellán de la universidad nos hizo esa propuesta en Cuaresma. Yo no sabía qué era la adoración eucarística, pero poco a poco descubrí la presencia tangible de Jesús y para mí fue impresionante ver a tantos jóvenes de mi edad -ingleses como procedentes de otros lugares-, permanecer tanto tiempo de rodillas delante de Jesús, enamorados de Él".

Después de escuchar el testimonio de sor Maris Stella y por una serie de coincidencias, Irene llegó a conocer a la pequeña comunidad de Dominicas de Santa Cecilia presentes, desde 2013, en Elgin (Escocia) y "allí encontré la respuesta al deseo que siempre había tenido, el de pertenecer totalmente a Jesús". A partir de ese momento, guiada por un director espiritual, hizo un breve pero intenso retiro vocacional en Nashville y tomó la decisión de abandonar su sueño, la carrera universitaria, porque "no conseguí resistirme a Su Amor".


Sor Caterina Joy, una de las 36 postulantes, novicias y profesas no perpetuas de 1º y 2º año que hay hoy en Nashville, nos revela que "una de nuestras oraciones más recurrentes es la que hacemos por las vocaciones. Para mí fue decisivo ver la alegría de estas religiosas, hoy mis hermanas de comunidad; verlas tan llenas de deseo por la salvación de las almas, ver su fidelidad a la Iglesia y la belleza de pertenecer al Señor. Esta ha sido la atracción fundamental".

Traducido por Elena Faccia Serrano.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 4 de mayo de 2020

Santo Evangelio 4 de mayo 2020



Día litúrgico: Lunes IV (A) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 10,11-18): En aquel tiempo, Jesús habló así: «Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.

También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor. Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre».

«Yo soy el buen pastor»

+ Rev. D. Josep VALL i Mundó
(Barcelona, España)

Hoy, nos dice Jesús: «Yo soy el buen pastor» (Jn 10,11). Comentando santo Tomás de Aquino esta afirmación, escribe que «es evidente que el título de “pastor” conviene a Cristo, ya que de la misma manera que un pastor conduce el rebaño al pasto, así también Cristo restaura a los fieles con un alimento espiritual: su propio cuerpo y su propia sangre». Todo comenzó con la Encarnación, y Jesús lo cumplió a lo largo de su vida, llevándolo a término con su muerte redentora y su resurrección. Después de resucitado, confió este pastoreo a Pedro, a los Apóstoles y a la Iglesia hasta el fin del tiempo.

A través de los pastores, Cristo da su Palabra, reparte su gracia en los sacramentos y conduce al rebaño hacia el Reino: Él mismo se entrega como alimento en el sacramento de la Eucaristía, imparte la Palabra de Dios y su Magisterio, y guía con solicitud a su Pueblo. Jesús ha procurado para su Iglesia pastores según su corazón, es decir, hombres que, impersonándolo por el sacramento del Orden, donen su vida por sus ovejas, con caridad pastoral, con humilde espíritu de servicio, con clemencia, paciencia y fortaleza. San Agustín hablaba frecuentemente de esta exigente responsabilidad del pastor: «Este honor de pastor me tiene preocupado (...), pero allá donde me aterra el hecho de que soy para vosotros, me consuela el hecho de que estoy entre vosotros (...). Soy obispo para vosotros, soy cristiano con vosotros».

Y cada uno de nosotros, cristianos, trabajamos apoyando a los pastores, rezamos por ellos, les amamos y les obedecemos. También somos pastores para los hermanos, enriqueciéndolos con la gracia y la doctrina que hemos recibido, compartiendo preocupaciones y alegrías, ayudando a todo el mundo con todo el corazón. Nos desvivimos por todos aquellos que nos rodean en el mundo familiar, social y profesional hasta dar la vida por todos con el mismo espíritu de Cristo, que vino al mundo «no a ser servido, sino a servir» (Mt 20,28).