jueves, 6 de febrero de 2020

Santo Evangelio 6 de Febrero 2020



Día litúrgico: Jueves IV del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 6,7-13): En aquel tiempo, Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, fuera de un bastón: ni pan, ni alforja, ni calderilla en la faja; sino: «Calzados con sandalias y no vistáis dos túnicas». Y les dijo: «Cuando entréis en una casa, quedaos en ella hasta marchar de allí. Si algún lugar no os recibe y no os escuchan, marchaos de allí sacudiendo el polvo de la planta de vuestros pies, en testimonio contra ellos». Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.


«Jesús llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos (...) Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran»

+ Rev. D. Josep VALL i Mundó
(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio relata la primera de las misiones apostólicas. Cristo envía a los Doce a predicar, a curar todo tipo de enfermos y a preparar los caminos de la salvación definitiva. Ésta es la misión de la Iglesia, y también la de cada cristiano. El Concilio Vaticano II afirmó que «la vocación cristiana implica como tal la vocación al apostolado. Ningún miembro tiene una función pasiva. Por tanto, quien no se esforzara por el crecimiento del cuerpo sería, por ello mismo, inútil para toda la Iglesia como también para sí mismo»

El mundo actual necesita —como decía Gustave Thibon— un “suplemento de alma” para poderlo regenerar. Sólo Cristo con su doctrina es medicina para las enfermedades de todo el mundo. Éste tiene sus crisis. No se trata solamente de una parcial crisis moral, o de valores humanos: es una crisis de todo el conjunto. Y el término más preciso para definirla es el de una “crisis de alma”.

Los cristianos con la gracia y la doctrina de Jesús, nos encontramos en medio de las estructuras temporales para vivificarlas y ordenarlas hacia el Creador: «Que el mundo, por la predicación de la Iglesia, escuchando pueda creer, creyendo pueda esperar, y esperando pueda amar» (san Agustín). El cristiano no puede huir de este mundo. Tal como escribía Bernanos: «Nos has lanzado en medio de la masa, en medio de la multitud como levadura; reconquistaremos, palmo a palmo, el universo que el pecado nos ha arrebatado; Señor, te lo devolveremos tal como lo recibimos aquella primera mañana de los días, en todo su orden y en toda su santidad».

Uno de los secretos está en amar al mundo con toda el alma y vivir con amor la misión encomendada por Cristo a los Apóstoles y a todos nosotros. Con palabras de san Josemaría, «el apostolado es amor de Dios, que se desborda, con entrega de uno mismo a los otros (...). Y el afán de apostolado es la manifestación exacta, adecuada, necesaria, de la vida interior». Éste ha de ser nuestro testimonio cotidiano en medio de los hombres y a lo largo de todas las épocas.

Era ateo y descreído, pero Cristo le salió al encuentro de forma asombrosa en 3 ocasiones seguidas

William Rocha cuenta su testimonio de encuentro con Cristo en una adoración eucarística... hoy es misionero

Era ateo y descreído, pero Cristo le salió al encuentro de forma asombrosa en 3 ocasiones seguidas

William Rocha cuenta su testimonio de encuentro con Cristo en una adoración eucarística... hoy es misionero

William Rocha es hoy un joven misionero brasileño de la comunidad Shalom que empieza una temporada de misión en Suecia, uno de los países menos religiosos del mundo.

Pero no le va a costar tanto entender a los suecos, porque él también fue durante unos años un ateo convencido. Fue en 2007 cuando su vida cambió.

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William Rocha, contento al empezar su vida como misionero en Estocolmo

"Cuando yo era más joven no creía ni en Dios, ni en los ángeles, ni en los santos, ni en la vida tras la muerte, ni en el Juicio Final, ni nada de eso. Nada", insiste al contar su testimonio. "Yo pensaba que la vida era aquí en la tierra, y cuando te mueres te entierran y los insectos te comen y ya está", explica el joven.

"En esa mentalidad, yo no tenía a Dios para rendirle cuentas, ni a nadie que me mirase. La mirada de mis padres, de mis profesores, no me alcanzaba. Y yo no creía en una Mirada Superior, que lo sabe todo, que lo conoce todo. Y como nadie me miraba, yo me creía con derecho a hacer cualquier pecado", recuerda.

Además, en la escuela veía que los profesores nunca hablaban de la Iglesia ni de la historia de la Iglesia. La escuela reforzó más su ateísmo convencido.

Un encuentro de oración, invitado por su tía

Fue su tía quien lo llevó a una misa de oración por los enfermos de la Comunidad Shalom. Fue en 2007, en el centro Shalom, en Fortaleza, Brasil, en un encuentro con cientos y cientos de personas.

Una vez allí, durante la adoración, ella le dijo: "William, ya sé que no crees en Dios. Pero cierra los ojos, y aunque pienses que no hablas con nadie, pídele que te muestre que existe".

Él pensó: "Está bien. Bajé la cabeza, cerré los ojos". Y rezó así: "'Dios, o al que lllaman Dios, en quien no creo, si existes, pruébalo. Si no veo, si no toco, no voy a creer en Ti'. Y en cuanto hice esa oración- que no sabía que era una oración, que la inventé yo sólo- miré alrededor. Y la gente estaba en adoración al Santísimo, y todo el mundo estaba brazos en alto, cantando, llorando, gritando 'Señor Jesús'."

Unas palabras que lo dejaron perplejo... ¿casualidad?

Pasó un rato esperando mientras la gente a su alrededor rezaba con intensidad. Después, una mujer con un micrófono proclamó, como inspirada por Dios: "Hay un joven aquí que no cree en Dios; está en el lado izquierdo, al final, cerca de la capilla. Joven, Dios te dice, ahora, que Él no necesita tu fe para existir". William se quedó perplejo al comprender que él cumplía todas esas condiciones.

Poco después, se acercó el sacerdote que recorría el lugar con el Santísimo. El cura e puso a su lado, trazó el signo de la cruz con la custodia, y puso su mano sobre el hombro del joven. "En ese momento, algo tocó mi corazón. Sentí algo distinto. Recordé mi infancia y mi pasado en mi escuela católica, cuando iba de procesiones".

Pero al acabar la oración, con su música y su emoción, William reflexionó: "¿cuánta gente habrá aquí que no cree en Dios? No es tan raro que salga esa señora y diga 'aquí hay alguien que no cree en Dios'. La mujer dijo cualquier cosa, y yo estaba ahí por casualidad". Así se convenció para no verlo como una acción de Dios. 

Una segunda experiencia: ¿otra vez casualidad?

Una semana después, William volvió a la oración, de nuevo invitado por su tía. Había tenido una charla burlándose de la idea de que la Virgen María fuera virgen. Le gustaba hablar de los detalles biológicos, o del vocabulario, acerca de cómo no podía darse partenogénesis en el ser humano.

Y esta vez, en el momento de la adoración final, la mujer de nuevo habló con el micrófono: "Hay un joven aquí, en el medio, cerca de la imagen de Nuestra Señora, que le decía a alguien que no cree en la pureza de Nuestra Señora, en su virginidad, pero, hijo mío, Ella de verdad es Virgen y es la Madre de Dios, y la Virgen es pura, santa y casta; cree en ella, porque tu felicidad e intimidad con Dios, tu relación con Él, llegará por tu relación con Nuestra Señora".

Y también en esta ocasión, se acercó el sacerdote con el santísimo y le hizo la señal de la cruz. "Yo me puse a llorar. 'Nuestra Señora me perdona, Dios me perdona, ahora creo en Ti', sollozaba. Y al final sintió "una gran paz, exquisita".

Pero, de nuevo, pasado el momento de emoción, volvió a dudar de todo. "¿Será que mi tía le está pasando mensajes a esa mujer, para que ella sepa qué ha de decir? ¿Le estará pasando mensajes por móvil?", se planteó. Y tomó el teléfono celular de su tía, lo revisó, "y nada de nada". Pero decidió que él no iba a creer, no iba a cambiar de visión de la vida "sólo" por "otra casualidad".

La tercera experiencia, escondiéndose tras un árbol

Pero acudió aún una tercera vez a la semana siguiente. "Ahí ya iba yo atento, esperando, mirando a ver qué pasaba... Y allí nadie proclamó nada". Esta vez asistían unas 5.000 personas, y él se había escondido detrás de un árbol. No quería que el cura fuera a por él, si es que se había quedado con su cara. Incluso llevaba una ropa distinta.

"El sacerdote pasó con el Santísimo entre la gente. Ya había pasado de largo de donde yo estaba y casi estaba de vuelta en el altar". De repente, el sacerdote cambió de dirección y sin pararse ni tocar a nadie, se acercó moviéndose entre las sillas exactamente hacia donde estaba William. "Yo me encogí y me escondí detrás del árbol, pero él giró, y allí estaba yo. Hizo la señal de la cruz con la custodia y me tocó".

"Desde ese momento en adelante descubrí que, aunque ni vi ni toqué a Dios, sí creía que ese pedazo de pan no era un pedazo de pan, era el verdadero Jesucristo, que en el aquel pan lo podía tocar y comer, que ya no era pan. ¡Ese Jesús fue hacia mí 3 veces! Él no depende de mi fe o falta de fe para actuar, en mi vida. Él vino a mí y me hizo una persona nueva, una persona feliz que ya no sigue las modas del mundo".

Tras su conversión, empezó a participar en un grupo de oración semanal de Comunidad Shalom, y desde 2011 fue asumiendo pasos de compromiso en la comunidad. Desde enero de 2020 vive con otros dos jóvenes misioneros brasileños en Suecia, primero en Uppsala, más adelante en Estocolmo, invitados por el cardenal Anders Arborelius y la pequeña iglesia católica del país.

William contó la historia de su conversión ya en este vídeo de 2013, invitando a campamentos juveniles de Comunidad Shalom

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 5 de febrero de 2020

Santo Evangelio 5 de febrero 2020



Día litúrgico: Miércoles IV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 6,1-6): En aquel tiempo, Jesús salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguieron. Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: «¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos? ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, José, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?». Y se escandalizaban a causa de Él. Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio». Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos. Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

«¿De dónde le viene esto?, y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?»

Rev. D. Miquel MASATS i Roca
(Girona, España)

Hoy el Evangelio nos muestra cómo Jesús va a la sinagoga de Nazaret, el pueblo donde se había criado. El sábado es el día dedicado al Señor y los judíos se reúnen para escuchar la Palabra de Dios. Jesús va cada sábado a la sinagoga y allí enseña, no como los escribas y fariseos, sino como quien tiene autoridad (cf. Mc 1,22).

Dios nos habla también hoy mediante la Escritura. En la sinagoga se leen las Escrituras y, después, uno de los entendidos se ocupaba de comentarlas, mostrando su sentido y el mensaje que Dios quiere transmitir a través de ellas. Se atribuye a san Agustín la siguiente reflexión: «Así como en la oración nosotros hablamos con Dios, en la lectura es Dios quien nos habla».

El hecho de que Jesús, Hijo de Dios, sea conocido entre sus conciudadanos por su trabajo, nos ofrece una perspectiva insospechada para nuestra vida ordinaria. El trabajo profesional de cada uno de nosotros es medio de encuentro con Dios y, por tanto, realidad santificable y santificadora. Con palabras de san Josemaría Escrivá: «Vuestra vocación humana es parte, y parte importante, de vuestra vocación divina. Ésta es la razón por la cual os tenéis que santificar, contribuyendo al mismo tiempo a la santificación de los demás, de vuestros iguales, precisamente santificando vuestro trabajo y vuestro ambiente: esa profesión u oficio que llena vuestros días, que da fisonomía peculiar a vuestra personalidad humana, que es vuestra manera de estar en el mundo; ese hogar, esa familia vuestra; y esa nación, en que habéis nacido y a la que amáis».

Acaba el pasaje del Evangelio diciendo que Jesús «no podía hacer allí ningún milagro (...). Y se maravilló de su falta de fe» (Mc 6,5-6). También hoy el Señor nos pide más fe en Él para realizar cosas que superan nuestras posibilidades humanas. Los milagros manifiestan el poder de Dios y la necesidad que tenemos de Él en nuestra vida de cada día.

Luis de Moya, sacerdote tetrapléjico: «Dios es Padre bueno de los hombres en toda circunstancia»

Dios no pone a sus hijos ante sufrimientos que no puedan sobrellevar y es siempre Su ayuda la que permite sobrellevarlos, dice el sacerdote Luis Moya.

Luis de Moya, sacerdote tetrapléjico: «Dios es Padre bueno de los hombres en toda circunstancia»

Dios no pone a sus hijos ante sufrimientos que no puedan sobrellevar y es siempre Su ayuda la que permite sobrellevarlos, dice el sacerdote Luis Moya.

El sacerdote Luis de Moya quedó tetrapléjico en 1991 a consecuencia de un accidente de automóvil. No quiso que esa circunstancia, por grave que fuese, mermase su vocación sacerdotal, y ha escrito diversos textos contando su historia o reflexionando sobre su significación moral y espiritual. En El sentido del dolor reunió tres de ellos: Sobre la marcha, publicado un tiempo después del accidente, donde analiza lo que pasó y sus repercusiones en su vida; Vía Crucis con María, una meditación sobre la Pasión de Cristo vista con los ojos de su Madre; y una conferencia sobre el valor del sufrimiento que pronunció en Santiago de Compostela.

Sobre ese sentido del dolor que unifica su obra hemos conversado con Don Luis:



El sacerdote Luis de Moya quedó  tetrapléjico tras un accidente en 1991.

-Usted escribió un libro sobre El sentido del dolor. ¿Qué le impulsó a ello?

-El deseo de continuar con mi actividad de sacerdote. No dejar que la limitación física frenara en mí la tarea emprendida hacía años de dar a conocer las grandezas de Dios, en particular que Dios es Padre bueno de los hombres en toda circunstancia.

-Tras el accidente que sufrió en 1991, ¿qué fue lo más difícil de asumir de su nueva vida "sobre ruedas”?

-Posiblemente la necesidad de depender de un modo muy tangible de los demás.

-Han transcurrido muchos años desde que despertó después de ese fatídico accidente. En ese momento, ¿fue consciente de las nuevas pruebas que debía afrontar?

-Inmediatamente. Nada más recobrar el conocimiento me di cuenta de que había perdido la movilidad y, por tanto, todo lo que ello suponía.


-¿Qué sentido tiene el dolor para un católico, un cristiano? ¿Por qué permite Dios el sufrimiento?

-Un católico, un cristiano, como cualquiera, tanto ama como está dispuesto a sufrir por quien ama. Como Jesucristo, que nos muestra su amor en la Cruz: sufriendo.

-¿Qué lecciones puede extraer un cristiano de la contemplación del Vía Crucis?

-En realidad el viacrucis es una permanente lección para un cristiano en cada una de sus estaciones. En este sentido escribí unas reflexiones hace algunos años.

-¿Qué les diría a los políticos que utilizan el dolor para defender la eutanasia? ¿Qué le diría a un enfermo que desea morir?

-Que Dios no pone a sus hijos, los hombres, en situaciones insufribles. Para cada momento Dios nos brinda su ayuda para vivir esa situación de un modo digno en su presencia. También en las situaciones más dolorosas que podamos imaginar. Por otra parte, ésta es mi experiencia desde el año 1991.

-Hoy en día, la visión de que solo se puede ser feliz teniendo unas buenas condiciones económicas y de salud se encuentra muy extendida. ¿Cómo combatir esta concepción nihilista de la vida?

-Cualquier situación, por favorable que sea en esta vida, está destinada a terminar, y por tanto no es verdadera felicidad. La verdadera felicidad sólo es posible en la otra vida, que nunca termina.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 4 de febrero de 2020

Santo Evangelio 11 de Febrero 2020



Día litúrgico: Martes V del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 7,1-13): En aquel tiempo, se reunieron junto a Jesús los fariseos, así como algunos escribas venidos de Jerusalén. Y vieron que algunos de sus discípulos comían con manos impuras, es decir no lavadas, -es que los fariseos y todos los judíos no comen sin haberse lavado las manos hasta el codo, aferrados a la tradición de los antiguos, y al volver de la plaza, si no se bañan, no comen; y hay otras muchas cosas que observan por tradición, como la purificación de copas, jarros y bandejas-.

Por ello, los fariseos y los escribas le preguntan: «¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados, sino que comen con manos impuras?». Él les dijo: «Bien profetizó Isaías de vosotros, hipócritas, según está escrito: ‘Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinden culto, ya que enseñan doctrinas que son preceptos de hombres’. Dejando el precepto de Dios, os aferráis a la tradición de los hombres». Les decía también: «¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición! Porque Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre y: el que maldiga a su padre o a su madre, sea castigado con la muerte’. Pero vosotros decís: ‘Si uno dice a su padre o a su madre: Lo que de mí podrías recibir como ayuda lo declaro "Korbán" -es decir: ofrenda-’, ya no le dejáis hacer nada por su padre y por su madre, anulando así la Palabra de Dios por vuestra tradición que os habéis transmitido; y hacéis muchas cosas semejantes a éstas».


«¿Por qué tus discípulos no viven conforme a la tradición de los antepasados?»

Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu
(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy contemplamos cómo algunas tradiciones tardías de los maestros de la Ley habían manipulado el sentido puro del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. Aquellos escribas enseñaban que los hijos que ofrecían dinero y bienes para el Templo hacían lo mejor. Según esta enseñanza, sucedía que los padres ya no podían pedir ni disponer de estos bienes. Los hijos formados en esta conciencia errónea creían haber cumplido así el cuarto mandamiento, incluso haberlo cumplido de la mejor manera. Pero, de hecho, se trataba de un engaño.

«¡Qué bien violáis el mandamiento de Dios, para conservar vuestra tradición!» (Mc 7,9): Jesucristo es el intérprete auténtico de la Ley; por eso explica el justo sentido del cuarto mandamiento, deshaciendo el lamentable error del fanatismo judío.

«Moisés dijo: ‘Honra a tu padre y a tu madre’» (Mc 7,10): el cuarto mandamiento recuerda a los hijos las responsabilidades que tienen con los padres. Tanto como puedan, les han de prestar ayuda material y moral durante los años de la vejez y durante las épocas de enfermedad, soledad o angustia. Jesús recuerda este deber de gratitud.

El respeto hacia los padres (piedad filial) está hecho de la gratitud que les debemos por el don de la vida y por los trabajos que han realizado con esfuerzo en sus hijos, para que éstos pudieran crecer en edad, sabiduría y gracia. «Honra a tu padre con todo el corazón, y no te olvides de los dolores de tu madre. Recuerda que por ellos has nacido. ¿Qué les darás a cambio de lo que han hecho por ti?» (Sir 7,27-28).

El Señor glorifica al padre en sus hijos, y en ellos confirma el derecho de la madre. Quien honra al padre expía los pecados; quien glorifica a la madre es como quien reúne un tesoro (cf. Sir 3,2-6). Todos estos y otros consejos son una luz clara para nuestra vida en relación con nuestros padres. Pidamos al Señor la gracia para que no nos falte nunca el verdadero amor que debemos a los padres y sepamos, con el ejemplo, transmitir al prójimo esta dulce “obligación”.

Santo Evangelio 4 de febrero 2020




Día litúrgico: Martes IV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 5,21-43): En aquel tiempo, Jesús pasó de nuevo en la barca a la otra orilla y se aglomeró junto a Él mucha gente; Él estaba a la orilla del mar. Llega uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verle, cae a sus pies, y le suplica con insistencia diciendo: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Y se fue con él. Le seguía un gran gentío que le oprimía.

Entonces, una mujer que padecía flujo de sangre desde hacía doce años, y que había sufrido mucho con muchos médicos y había gastado todos sus bienes sin provecho alguno, antes bien, yendo a peor, habiendo oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás entre la gente y tocó su manto. Pues decía: «Si logro tocar aunque sólo sea sus vestidos, me salvaré». Inmediatamente se le secó la fuente de sangre y sintió en su cuerpo que quedaba sana del mal. Al instante, Jesús, dándose cuenta de la fuerza que había salido de Él, se volvió entre la gente y decía: «¿Quién me ha tocado los vestidos?». Sus discípulos le contestaron: «Estás viendo que la gente te oprime y preguntas: ‘¿Quién me ha tocado?’». Pero Él miraba a su alrededor para descubrir a la que lo había hecho. Entonces, la mujer, viendo lo que le había sucedido, se acercó atemorizada y temblorosa, se postró ante Él y le contó toda la verdad. Él le dijo: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Mientras estaba hablando llegan de la casa del jefe de la sinagoga unos diciendo: «Tu hija ha muerto; ¿a qué molestar ya al Maestro?». Jesús que oyó lo que habían dicho, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe». Y no permitió que nadie le acompañara, a no ser Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegan a la casa del jefe de la sinagoga y observa el alboroto, unos que lloraban y otros que daban grandes alaridos. Entra y les dice: «¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida». Y se burlaban de Él. Pero Él después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: «Talitá kum», que quiere decir: «Muchacha, a ti te digo, levántate». La muchacha se levantó al instante y se puso a andar, pues tenía doce años. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer.


«Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad»

Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas
(Girona, España)

Hoy el Evangelio nos presenta dos milagros de Jesús que nos hablan de la fe de dos personas bien distintas. Tanto Jairo —uno de los jefes de la sinagoga— como aquella mujer enferma muestran una gran fe: Jairo está seguro de que Jesús puede curar a su hija, mientras que aquella buena mujer confía en que un mínimo de contacto con la ropa de Jesús será suficiente para liberarla de una enfermedad muy grave. Y Jesús, porque son personas de fe, les concede el favor que habían ido a buscar.

La primera fue ella, aquella que pensaba que no era digna de que Jesús le dedicara tiempo, la que no se atrevía a molestar al Maestro ni a aquellos judíos tan influyentes. Sin hacer ruido, se acerca y, tocando la borla del manto de Jesús, “arranca” su curación y ella enseguida lo nota en su cuerpo. Pero Jesús, que sabe lo que ha pasado, no la quiere dejar marchar sin dirigirle unas palabras: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5,34).

A Jairo, Jesús le pide una fe todavía más grande. Como ya Dios había hecho con Abraham en el Antiguo Testamento, pedirá una fe contra toda esperanza, la fe de las cosas imposibles. Le comunicaron a Jairo la terrible noticia de que su hijita acababa de morir. Nos podemos imaginar el gran dolor que le invadiría en aquel momento, y quizá la tentación de la desesperación. Y Jesús, que lo había oído, le dice: «No temas, solamente ten fe» (Mc 5,36). Y como aquellos patriarcas antiguos, creyendo contra toda esperanza, vio cómo Jesús devolvía la vida a su amada hija.

Dos grandes lecciones de fe para nosotros. Desde las páginas del Evangelio, Jairo y la mujer que sufría hemorragias, juntamente con tantos otros, nos hablan de la necesidad de tener una fe inconmovible. Podemos hacer nuestra aquella bonita exclamación evangélica: «Creo, Señor, ayuda mi incredulidad» (Mc 9,24).

Convertir España en tierra de María»: cientos de jóvenes evangelizan puerta a puerta en Misión País

Los jóvenes dedican parte de sus vacaciones y de su tiempo libre para evangelizar a otros jóvenes / Fotos Diócesis de Córdoba

«Convertir España en tierra de María»: cientos de jóvenes evangelizan puerta a puerta en Misión País

Los jóvenes dedican parte de sus vacaciones y de su tiempo libre para evangelizar a otros jóvenes

Jóvenes evangelizadores precedidos por la Virgen María. Este es el espíritu central de Misión País, un proyecto iniciado por un grupo de universitarios católicos que tiene como objetivo poner a la juventud al servicio de la Iglesia y de las personas más necesitadas a través del voluntariado y la oración.

Este apostolado de Misión País nació en Chile, donde cada año miles de universitarios católicos recorren el país evangelizando durante sus vacaciones. La Hermana Lucía, de la Hermanas de María de Schoenstatt lleva siete años en España y acompaña a los jóvenes en esta misión de llevar “el mensaje de Cristo” por pueblos y ciudades.

Esta religiosa afirma convencida que Misión País es “una onda expansiva que va ayudando a que España sea cada vez más una tierra mariana”. En estos momentos, Córdoba es uno de los lugares donde los jóvenes están desarrollando esta evangelización y así lo recoge el propio obispado cordobés.


La misión tiene una duración de tres años. Comienza con el acogimiento, posteriormente la transformación y en último lugar, el envío de misioneros y misionados. Así lo explica Antonio Beteré (21 años), encargado de Misión País en España y estudiante de Economía. Antonio pertenece a la juventud de Shoenstatt, que a su vez es el movimiento que se encarga de articular el proyecto.

Esta iniciativa chilena llegó a nuestro país en 2014 y en Villanueva del Duque tuvo su primer destino misionero. Desde aquel momento se ha seguido desarrollando la misión por otras provincias españolas, extendiéndose por nueve pueblos de Córdoba y Sevilla y en las comunidades asturiana y cántabra.


Todo es posible gracias a los trescientos misioneros que se ofrecen voluntariamente a dedicar parte de sus vacaciones a evangelizar a otros jóvenes que no conocen todavía a Jesucristo y a su madre, María.

Según Beteré este es uno de sus objetivos “convertir España en una tierra de María de la mano de los jóvenes”. De aquella juventud que recibió la misión en Villanueva hace seis años queda José Manuel Granados (25 años), responsable ahora de la misión en Aguilar de la Frontera.


Allí ha comenzado este año la misión, que continúa en la poblaciones de Añora, El Viso, Hinojosa del Duque, Fuente Palmera y Cabra.

Durante la semana que los jóvenes están en cada localidad se instalan en casas de vecinos que los acogen voluntariamente. Su jornada empieza cada mañana con una oración en común, posteriormente se separan por grupos para visitar colegios, institutos, residencias de ancianos y enfermos, dando testimonio y explicando la labor de Misión País.

Por las tardes, realizan el “puerta por puerta”, es decir, visitan casas espontáneamente, por parejas, para dar a conocer el proyecto y acompañar un rato a los vecinos que voluntariamente les abren sus puertas.


Esta es la actividad que más trabajo cuesta al principio, pero luego “es la que más gusta”, asegura Marta García, una joven madrileña de veintidós años, estudiante de Biomedicina, que se encuentra este año realizando su quinta misión. Para ella lo más admirable es ver cómo los jóvenes se sorprenden de ser misionados por otros jóvenes.

La espiritualidad mariana es una de las grandes cualidades de Misión País y del movimiento Schoenstatt, de ahí que con los jóvenes vaya siempre “La Mater”, la Madre, Reina y Victoriosa tres veces admirable de Schoenstatt. La Virgen peregrina ofrece tres gracias a quienes la reciben: cobijamiento, de transformación interior y de fecundidad apostólica.

Misión País se lleva a cabo cada año entre enero y febrero, coincidiendo con el fin de los exámenes de los universitarios. Cada año son más los misioneros y los pueblos, algunos de ellos inmersos ya en alguna de las tres etapas y, otros arrancando con la iniciativa. Sin lugar a dudas las localidades que reciben a estos jóvenes no quedan indiferentes, acogiendo su alegría y testimonio de evangelización.


Bladimir Navarro es el sacerdote cubano encargado de fundar Misión País en Cuba en 2015. Actualmente se encuentra en España estudiando la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid. Para él Misión País “es una de sus pasiones como sacerdote” ya que le gusta mucho la idea de llegar a jóvenes universitarios y poder evangelizar a través de la juventud.

Carmen Osuna es profesora de religión en el IES Vicente Núñez de Aguilar de la Frontera y destaca de la misión la gran experiencia que ha supuesto para los alumnos conocer, de primera mano, el testimonio de fe de otros jóvenes, así como la alegría que han transmitido los misioneros en las aulas del centro.

Publicado en Cari Filii News

Fuente: Religión en Libertad