domingo, 4 de agosto de 2019

De «punky» y drogadicto a padre de 9 hijos : una paliza acabó llevándole al hospital y de ahí a Dios

Ricardo pasó de punk a formar una familia numerosa con 9 hijos tras su conversión

De «punky» y drogadicto a padre de 9 hijos : una paliza acabó llevándole al hospital y de ahí a Dios

Ricardo pasó de punk a formar una familia numerosa con 9 hijos tras su conversión

Ricardo Pareja Meseguer es ahora marido, padre de nueve hijos y evangelizador digital. Su vida, como reconoce este catalán de casi 50 años, es un milagro. Sigue vivo por la gracia de Dios, pues antes de conocer la Iglesia era punk, con su estrafalaria estética y su cresta, estaba metido en el mundo de la droga y borracho todo el día en la calle. El empeño de su tía, que rezaba por él en todo momento, y una paliza que le propinaron unos neonazis en la que perdió la visión en un ojo, fueron el desencadenante que acabaron llevándole a Dios.

Unas catequesis del Camino Neocatecumenal lograron que de un día para otro dejara la vida punk, todos los vicios y arreglara las cosas con su familia. Ya estando en esta realidad eclesial conoció a la que hoy es su mujer, ella también entró en la Iglesia, y juntos crearon esta familia numerosa.


“Yo era uno de esos ‘punkies’ de mediados de los 80 que estaba metido en la droga,siempre borracho, iba con una cresta de gallo y encadenado con cadenas gruesas, no me lavaba, andaba con unos colegas donde el amor libre y la homosexualidad eran el ambiente dominante. Realmente estaba hecho un asco y nadie daba un céntimo por mi vida”, explica Ricardo.

Todo estalló cuando estudió en una academia de peluquería. Era una persona muy tímida y pasó una mala experiencia. “En esa situación –cuenta este barcelonés- conocí una chica punk y me fascinó ese mundo. Entrar en él era como salir de golpe de la timidez y echarle cara a todo y como no, para esta hazaña necesitaba la ayuda del alcohol y de las drogas”.

ricado-punki

Así era Ricardo antes de conocer a Dios

La paliza con la que casi le matan

Su vida se convirtió en una espiral de vicios y malas compañías. Su familia temía que cualquier día llegara una llamada diciéndoles que su hijo estaba muerto. Y esto estuvo  a punto de suceder. “Cuando peor estaba, el Señor, que ya había intentado atraerme con lazos de amor sin éxito, me hizo vivir una experiencia que cambió mi vida para siempre… Un día me cogieron un grupo de neonazis, me golpearon con barras de hierro en la cabeza hasta que todo yo era brechas de sangre. Me dejaron medio muerto en mitad de la vía pública mientras la gente deambulaba sin hacer ni decir nada”, recuerda.

Finalmente, una ambulancia le trasladó al hospital. Allí estuvo dos semanas ingresado y le dijeron que nunca más vería con uno de sus ojos.

La convivencia que cambió su vida

Poco antes de que le dieran el alta, su tía que siempre había rezado por él y le hablaba de Dios apareció con un matrimonio. Le invitaron a una convivencia. Y sin nada que perder acabó yendo.

En aquella convivencia quedó fascinado con las catequesis. En una entrevista en Misioneros Digitales explica que “muchas cosas me impactaron. Por ejemplo, descubrir que en las Escrituras estaba mi vida, que no eran solo historias que pasaron, sino que era totalmente actual para mí. Que Dios me amaba tal como yo era a pesar de que era despreciable, que me quería tanto que había muerto y resucitado por mis pecados. Que me esperaba una vida plena de la mano de Cristo, que yo me había pasado la vida buscando el sentido y el sentido era amar y esto no lo podía realizar yo, que es un don de Dios”.

Tras esta convivencia regresó a Barcelona y entró en una comunidad neocatecumenal de la parroquia de San Luis Gonzaga. Su vida dio un vuelco total, y entonces conoció a Merche, que no era creyente, y que acabó siendo su esposa y madre de sus nueve hijos. “El Señor nos permitió un noviazgo santo, ¡qué regalo! Era como un tesoro preciado para mí. El Señor me colmaba con creces… ¿merecía yo ese derroche de gracias? Sentía, sin duda, que no me lo merecía pero el Señor es infinitamente bondadoso. Tiempo después Merche entró a la Iglesia y nos casamos”.

La conversión es diaria

Ricardo recuerda el cambio radical de su vida, pero también las luchas enormes a lo largo de los años. “Después de mi conversión, de casarme con Merche, aunque ya nunca consumí drogas, sí bebía con asiduidad y eso me volvió a traer problemas”, confiesa. Ya han pasado 10 años sin abusar del alcohol. Pero también “he tenido mis crisis de fe, porque la conversión es diaria, aunque en esto, mi esposa ha sido un instrumento de Dios y una ayuda perfecta”.

familia-pareja

Su vida tenía ya un orden. La relación con sus padres experimentó un cambio total. “Estaba recobrando la alegría perdida entre las falsas carcajadas de cuando estás colocado. Ya no necesitaba aparentar ni llamar la atención con una indumentaria. Podía estar limpio y perfumado, era un joven contento con su vida porque hasta lo más oscuro de mi vida pertenecía a mi historia de salvación”.

Sus hijos conocen su historia

Tampoco ha ocultado nunca a sus hijos cuál ha sido su pasado. Ricardo afirma que “siempre les he hablado con franqueza de mi historia” porque “la vida es un misterio de alegrías y sufrimientos, de vigor y enfermedad, de luchas y noches oscuras. Pero todo es historia de salvación”.


“Mis hijos –agrega este padre- me conocen, saben que muchas veces me equivoco, que a veces soy duro, cabezón, gritón y muchas más cosas, y aunque siempre hay un tiempo en la adolescencia en el que parece que yo soy como el enemigo, la verdad es que es un tiempo que pasa y a la luz de la fe ellos también descubren que lo que a su padre le pasa también en parte les pasa a ellos. Para nada somos perfectos, una familia tan numerosa la hace grande el Señor, porque nos reconciliamos, rezamos los unos por los otros y eso es lo más”.

El mundo necesita apóstoles

Ricado Pareja es consciente de la necesidad de Dios que hay en el mundo y por ello evangeliza también a través de Internet. A tiempo y a destiempo. En la entrevista explica que “los divorcios superan en muchos países a las bodas, los jóvenes han perdido el sentido del esfuerzo, la capacidad de sufrimiento, no saben lo que es el amor. Todo es sexo y libertinaje. No podemos estar impasibles a este terrorismo que nos sacude. Los ancianos nadie los quiere porque ya no producen sólo son un gasto y cuidarlos nos destruye. Estamos construyendo una sociedad individualista donde todo se realiza a través de una pantalla, sin el trato humano, sin que se puedan conocer personalmente al otro y amarlo. Donde sólo hay un dios que es el dinero. En nuestra mano está decir la verdad, y la verdad es que el que tiene el Espíritu de Jesucristo tiene un corazón dispuesto a amar. Esto es lo que esta sociedad necesita, porque si tú has experimentado que Cristo te ama, tú ya no abortas, ni metes a tus padres en el asilo, ni dejas a tu mujer por otra más joven. El problema está en el corazón y Dios es un renovador de corazones. Por eso, que mejor aprovechar estos medios que llegan a tanta gente”.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 3 de agosto de 2019

Santo Evangelio 3 de agosto 2019



Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,1-12):

En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús, y dijo a sus cortesanos: «Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas».
Es que Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, mujer de su hermano Filipo, porque Juan le decía que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta. El día del cumpleaños de Herodes, la hija de Herodías bailó delante de todos, y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que pidiera. 

Ella, aconsejada por su madre, le dijo: «Dame, ahora mismo, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».

El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre.

Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús.

¡No hay amores infieles! (sobre el matrimonio)

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy vemos al Bautista ser decapitado por defender la verdad sobre el matrimonio. También hoy, los abusos legislativos —que etiquetan como "matrimonio" vivencias afectivas variopintas— deforman el rostro del amor conyugal, hasta hacerlo irreconocible para muchos. ¡La vida humana no es un experimento, ni un contrato de arrendamiento! Sólo un ámbito de fidelidad realmente sólido es adecuado para la dignidad de la convivencia matrimonial y para la educación de los hijos.

El matrimonio —instituido por Dios— es el lugar para el amor total entre un hombre y una mujer. La genuina medida de su amor es la "totalidad". Lo demás es "comercio" (donde los contratos ni obligan de "por vida" ni exigen "exclusividad"). Sólo darme por entero, sin reservarme una parte ni aspirar a una revisión / rescisión, responde plenamente a la dignidad humana. 

—Jesús, María y José: iluminad a la humanidad para defender el amor hermoso, porque casarse con el "paracaídas" del divorcio no es casarse; es, simplemente, engañarse.

Soldado soviético, católico clandestino, padre y después abuelo: ahora ya viudo es sacerdote

Víctor Pogrebnii, ahora como sacerdote y antes como militar en la URSS

Víctor Pogrebnii arrastra tras de sí una impresionante historia

Soldado soviético, católico clandestino, padre y después abuelo: ahora ya viudo es sacerdote

Víctor Pogrebnii, ahora como sacerdote y antes como militar en la URSS

La historia del padre Víctor Pogrebnii comienza en el pueblo de Slobozia-Rascov, en el corazón del actual territorio separatista de Transnistria, que todavía compite con la República de Moldavia, la cual, después de la caída de la Unión Soviética, aún reclama a día de hoy su jurisdicción. Este sencillo pueblo ha dado a luz a muchos sacerdotes católicos y a un obispo a lo largo de los años, gracias a una comunidad católica viva y de la que el joven Victor Pogrebnii también era miembro. Una comunidad que nunca a temido dar testimonio de la fe, hasta el punto de construir una iglesia sin ninguna autorización, y todo esto en los años setenta, es decir, en el corazón del régimen comunista.

Elección militar sin renunciar a la fe

El deseo de Víctor de ser sacerdote se rompe el día en que fue llamado a realizar el servicio militar en la marina soviética, dejando Slobozia-Rascov. Fue una separación definitiva, porque después de haber llevado a cabo el período de servicio militar y haber sido reconocido por tener buenas cualidades, comenzó una carrera militar, hasta los más altos grados como oficial, y después de haber asistido a la escuela militar de Kaliningrado, y no el seminario, que era su verdadera aspiración. Lejos de su pueblo natal y aún más lejos de su deseo de ser sacerdote, su vida dio un giro radical. Él mismo cuenta: "No perdí la fe y mantuve todo lo que mis padres me enseñaron, pero a esas alturas me había embarcado en una carrera militar, me estimaban y también me daban responsabilidades. Mi vida había cambiado y también había conocido a una buena chica, que se convirtió en mi esposa en 1970, así que al altar llegué, pero para ser un buen esposo".

Victor, primeros pasos en la marina soviética.

 Victor, primeros pasos en la marina soviética.

Miedo a ser descubierto rezando

El padre Víctor relata su fe, difícil de conciliar con el régimen comunista siempre sospechoso y dentro de la rigurosa estructura militar. Él mismo cuenta: “Fue un mal momento cuando estando de guardia en una instalación militar en el polo norte mis superiores encontraron el texto del Evangelio”. Y también cuando la policía me encontró ayudando en la construcción de la iglesia de Slobozia-Rascov. Por este episodio, fui informado a los superiores y me interrogaron. Cuando podía asistía a una iglesia católica que estaba frente a las oficinas de la KGB, para entrar tuve que tener cuidado de no ser descubierto. Era un católico clandestino, escondido y con miedo. También intenté entender si entre mis compañeros había algún otro católico, pero era imposible exponerse".

“Mi vida ya estaba trazada – continúa el padre Víctor – y amaba a mi esposa, de hecho, de nuestro vínculo nacieron dos hijos, y luego sus matrimonios, y más tarde me convertí en abuelo gracias al regalo de tres nietos. Pero también tuve la alegría de seguir el camino de mi hermano, que se convirtió en sacerdote”.

Finalmente libre para creer

Con la caída del régimen comunista, la vida de Víctor experimentó un cambio radical y, sobre todo, volvió a encontrar la serenidad de la fe, la posibilidad de educar a sus hijos a la vida cristiana sin temor. Su vida fue la de un militar y posteriormente, con el paso de los años, la de un pensionista, ahora tranquilo con su familia y dedicado al cuidado de sus hijos y nietos. Pero en 2008 su esposa fallece y Victor, que se encontraba solo, comienza a repensar en su vocación inicial, nunca abandonada, de ser sacerdote. De hecho, el Obispo de Kiev lo recibió en el Seminario en el mismo año y cuatro años después, en 2012, precisamente el 7 de enero, se presentó nuevamente ante el altar del Señor, pero esta vez para recibir la unción sacerdotal, rodeado de familiares y de su hermano menor, ya sacerdote desde hacía varios años.

Victor, con su mujer y su primer hijo.

Victor, con su mujer y su primer hijo.


"No puedo explicar la emoción de ese momento - explica padre Víctor - y sobre todo esta inmersión con la fe en mi pasado, a una edad temprana con la comunidad de Slobozia-Rascov. Pero al mismo tiempo pensaba en mi esposa y en el hecho de que ella estaba feliz, allí en el cielo, con esta nueva elección mía. Antes de embarcar mi formación en el seminario, quise escuchar a mis hijos y entender cómo ellos veían esta decisión mía. Encontré en ellos una comprensión maravillosa, que me hizo sentirme aún más convencido de mi elección, que de ninguna manera anulaba mi pasado como esposo y padre, sino que hacía posible una vocación que tenía que esperar sus tiempos y pasar por el difícil juicio de un régimen sufrido".Después de la ordenación sacerdotal, el Obispo de Kiev lo insertó en algunas parroquias, de manera que volvió a ser padre, con una familia más amplia, y con la responsabilidad de verlo día tras día dedicarse a las comunidades que se le confiaron, con la juventud interior de un sacerdote feliz.

Un pasado que le persigue

Pero aún le esperaban tiempos nuevos y difíciles, de hecho, su pasado como militar soviético y también como ciudadano ruso no le permitieron permanecer en Ucrania cuando las relaciones de Rusia con este país se deterioraron hasta el conocido conflicto. Entonces, el padre Víctor reunió sus pertenencias, abandonó la diócesis de Kiev y se refugió en Crimea, que recientemente había regresado a ser territorio ruso. El Obispo de Odessa, de quien dependía Crimea, lo insertó en una parroquia en Sinferopoli, y así volvió a servir a otra comunidad, siempre con el espíritu del buen padre.

P. Victor (al centro) concelebrando en la Catedral de ChişinăuP. Victor (al centro) concelebrando en la Catedral de ChiÅŸinău

P. Victor (al centro) concelebrando en la Catedral de Chişinău


A principios de 2019, con setenta y tres años, pero con un espíritu juvenil, sus pensamientos corrieron hacia la patria, la pequeña Slobozia-Rascov, y sintió la necesidad, ahora con una cierta edad, de regresar. De hecho, se puso en contacto con el Obispo de Chisinau, Mons. Anton Cosa, y le pidió que evaluara la posibilidad de regresar a la tierra de su familia de origen.

"Me conmovió la historia de este sacerdote – dice el Obispo Anton Cosa – y su deseo de regresar al pueblo de Slobozia-Rascov, para encontrar su comunidad de origen. Le invité a que viniera para conocerlo y hablar, vivir juntos durante unos días, hacerle conocer el clero de mi diócesis. Descubrí a un hombre ciertamente probado por su larga y dolorosa historia, pero feliz de entregarse y dar testimonio de su experiencia como sacerdote. Lo vi llegar con pocas cosas, con el espíritu esencial de los militares, pero con el corazón grande y servicial del sacerdote y del padre".

Padre Victor Pogrebnii con el Obispos de Chişinău S.E. Anton Cosa

Padre Victor Pogrebnii con el Obispos de Chişinău S.E. Anton Cosa

La amistad con el Obispo de Chişinău

Durante su estancia inicial en Chişinău, Moldavia, el padre Victor quería ir a Slobozia-Rascov para poner en orden el lugar donde están enterrados sus padres, como si quisiera revivir una historia pasada y comenzar de nuevo desde la comunidad donde había desarrollado el deseo de ser sacerdote, pero desde donde en realidad había comenzado su peregrinación que con el tiempo le había pedido que viviera diferentes experiencias, para luego regresar al origen de su fe y vocación.

Mirando algunas fotos que lo retratan como militar y otras que lo ven celebrar la Eucaristía, el Padre Víctor admite hoy con emoción que en la vida de fe uno debe dejarse sorprender por el buen Dios, de hecho, él mismo dice: "todo podía pensar, menos de ser sacerdote. Pero es verdad, Dios escucha la oración de los pobres. ¡Mi oración!".

"Ahora regreso al Obispo de Odessa, a quien presentaré mi humilde solicitud de regresar a la tierra de mi familia, y si el buen Dios quiere, recogeré –  continúa – mis pocas cosas para luego regresar a casa a Slobozia-Rascov, y como el viejo Simeón poder decir “ahora, Señor, que tu siervo vaya en paz". Aquí sé que me espera el buen Obispo Anton Cosa, a quien he entragado mi historia y él, con la sabiduría del pastor, sabrá confiar a este sacerdote, a pesar de su edad, un rincón para seguir siendo un buen padre".

Publicado en Vatican News

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 2 de agosto de 2019

Santo Evangelio 2 de agsoto 2019



Lectura del santo Evangelio según san Mateo
(13,54-58):

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: «¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿No es el hijo del carpintero? ¿No es María su madre, y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿No viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?»

Y se negaban a creer en él. 

Entonces Jesús les dijo: «Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa».

Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos.


La nueva evangelización: necesidad de redescubrir la fe

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy, sucede a menudo que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. Pero, en realidad, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado.

Necesitamos redescubrir el camino de la fe. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5,13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en Él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4,14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6,51).

—Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.

Sin fe, herida por drogas y amarguras, reiki y masonería, rezó a Jesús «y Él apareció a mi lado»


Asombroso y emocionante testimonio en vídeo de Marcela Araya

Sin fe, herida por drogas y amarguras, reiki y masonería, rezó a Jesús «y Él apareció a mi lado»

Marcela Araya cuenta su testimonio de conversión, desde una vida sin fe, reiki y new age

Masonería Nueva Era Reiki Historias de conversión Marcela Araya, madre de familia, cuenta su testimonio en Barcelona, ante Nazaret.Tv, unos tres años después de su conversión.

Durante toda su vida, la sensación de falta de amor le condujo a comportamientos destructivos, adicción, intentos de suicidio y después los vacíos vaporosos de la espiritualidad New Age. Hasta que un día de invierno se dirigió a Jesucristo: "si existes, si de verdad eres 'eso que dicen', ven y sálvame". Cuenta su testimonio cuando se lo piden sacerdotes, por obediencia y con permiso de su director espiritual. Así fue su historia de conversión.

Una familia atea comunista
"Yo nací en Chile, en una familia atea, comunista, que apoyaba a Allende por el sueño de un mundo mejor para los trabajadores, una familia muy solidaria pero muy atea. Estaban en un espíritu de división: los buenos y los malos", explica Marcela.

Era una familia grande y con muchos parientes. Su madre trabajaba en el Ministerio de Agricultura "con mucha gente a sus órdenes" y tenían una gran casa, y vacaciones en las montañas. 

Con la llegada del régimen de Pinochet, y con amigos y parientes detenidos, torturados o desaparecidos, la familia escapa de Chile y llega, casi sin posesiones, a Menorca, invitados por un amigo de la infancia del padre. Marcela tenía 9 años y "aunque Menorca era muy bonita", ella se sentía sola y desarraigada. "Tenía mucho dolor, no dormía de noche, lo odiaba todo, era muy pequeña y vengativa", recuerda. 

Infancia de amargura: un bloqueo al amor
Empezaron pobres: su padre trabajando en el hotel de su amigo, su madre en tiendas de bisutería y luego en una importante empresa de viajes. "Enseguida remontamos", explica. Sus padres, viendo rotos sus sueños de Chile, sintiéndose abandonados también por el Partido Comunista, se llenaron de amargura. "Mi padre se volvió muy amargo, y era bruto conmigo y con mi hermana. Luego se arrepentía, porque era buen hombre, pero tenía demasiado dolor. Ateo, no tenía donde acudir. Mi madre estaba volcada en el trabajo y solo nos daba amargura. En cuanto pudimos, las hijas nos fuimos de casa". 

"A los 13 años me fui de casa, y con mi hermana, de 19, nos fuimos a Londres, a Brighton, a estudiar inglés. El viaje, vivir solas, nos espabiló mucho, a mí, desde luego, demasiado. Yo sentía que me habían echado de casa. Mis padres no estaban para mí". 

Porros, ácidos, heroína...
"A los 14, de vuelta a Menorca, empecé con los porros, las drogas. Te hacen reir, olvidar. Y después los ácidos, y con 17 en la heroína. Era fantástico: te morías y no sentías dolor. Éramos niños bien, que robábamos a los padres".

Marcela empezó a ver a algunos amigos de la droga que les iba muy mal. Empezó a asustarse y pensar en dejarlo. Pero, ¿cómo? No se atrevía a decirlo a sus padres. Para llamar la atención, intentó suicidarse "pero de una manera muy tonta, con un cuchillo que casi no cortaba. Me pilló la madre de un amigo y me llevó a casa". Marcela reconoció antes sus padres que necesitaba ayuda... Durante unos meses sus padres de volcaron en ayudarla, con tratamientos, medicinas y atención.


Pero al cumplir los 18 años decidió irse "a descubrir mundo" con otra amiga. Era también una forma de evitar sus antiguas amistades de adicta. Dejaron Mahón, fueron a Ciudadela, conocieron más gente, fiestas... y otras vez drogas (esta vez cocaína, en vez de heroína).

Después, "haciendo todas las trampas posibles" se colocó a estudiar Económicas en la universidad en Londres. Descubrió que era buena estudiante. También hacía cortos y videoclips en una escuela de cine.

Desilusión, aborto, suicidio casi exitoso
"Aprendí a hacer producción y lo hacía bastante bien, con mi novio de entonces, que era director. Pero me desilusionó ese mundo, y mi novio. No les interesaba tanto el cine como la fiesta. Y quedé embarazada, y aborté, porque la carrera era más importante". 

A Marcela le tiembla la voz cuando llega a este punto y se detiene un instante. "Dios me ha perdonado. Pero si una se da cuenta... es terrible, claro, es un asesinato. Y yo asesiné a mi hijo". 

Después de eso intentó suicidarse otra vez. No recuerda mucho, pero el doctor, después del quirófano, le dijo: "has tenido mucha suerte, te cortaste hasta los tendones, podrías haberte quedado sin manos". "Yo pensé: ¡es que estoy como una cabra, loca perdida!". Su familia había vuelto a Chile. Las autoridades la colocaron en el psiquiátrico de Sabadell, cerca de Barcelona, esperando que alguien se responsabilizara de ella. 



Por primera vez, conoce el amor
Una amiga de Inglaterra vino a sacarla del hospital y se la llevó a Londres, a su casa. En una cena allí conoció a Phillip, su marido. "Me quedé en casa de él. Vio que yo estaba fatal, porque era listo, pero me amaba de verdad. Yo descubrí que ¡hay gente que te ama! Yo estaba alucinada: era amable, respetuoso... Y quedé embarazada. Pensé que él no querría el niño, que me dejaría... Pero él se alegró, me abrazó. Yo no lo esperaba: por primera vez alguien estaba alegre por algo mío. Nos casamos por lo civil. Teníamos un niño, esperábamos el segundo. Por primera vez tenía amor, daba amor, recibía amor".

El reiki y la new age
En lo material estaban bien y vivían ahora en Barcelona. Pero ahora una amiga la inició en el reiki para "sanar más". Se inició en distintos tipos de reiki, la supuesta técnica para canalizar una indetectable energía vital sanadora. Lo combinaba con otras prácticas new age. 

"Empecé a adorar piedras, yo que sé, tonterías, que uno se lo quiere creer por buena voluntad... y el yoga, la meditación, y yo le daba lecciones a los demás... cuando en realidad yo estaba fatal, y no podía ni con mis niños". 

Marcela explica así su herida: "Yo tenía esa barrera de dolor y no podía darles a mis hijos lo que no había recibido; si no lo había recibido, ¿cómo iba a dárselo? ¡Las piedras tampoco podían dármelo!" 

Masonería y esoterismo
"Y me metí en la masonería, a leer muchos libros en contra de la Iglesia Católica, algunos libros muy bonitos, pero que hoy los veo y digo 'madre mía, ¿cómo es posible que yo me creyera esto?'. Y hablar, y hablar con el psicólogo, etc... Pero esas miserias, aunque las puedes airear un poco, siguen ahí".

Mientras tanto, a Philip, su marido, todo le iba mal: salud, problemas de trabajo... "Claro, hoy lo veo: si yo me dedicaba a abrirle la casa al Maligno, ¿cómo no?"

Se mudaron a Berlín. "Allí fue la explosión del esoterismo: cada semana un curso nuevo, gastando dinero, energía e ilusiones."

Una amiga católica y un vídeo-testimonio
Sin embargo, mantenía contacto con algunas amigas de Barcelona que también estaban en su propio viaje de exploración espiritual por la Nueva Era. Y entonces supo que una de ellas se estaba haciendo católica. 

"Yo pensé: está loca, qué le pasa, me habla de Vírgenes, de curaciones, que si se aparece..." Pero la veía más tranquila y mejor. "Y ella fue a Medjugorje y allí rezó por mí".

"Yo me dedicaba a la meditación trascendental, que no funcionaba, me ponía de mal humor aunque todo nos iba bien materialmente". Y por esas fechas su amiga le mandó un vídeo con el testimonio de Gloria Polo, una mujer alejada de la fe que recibió un rayo y volvió de una experiencia cercana a la muerte. "Lo miré por respeto con mi amiga, para al menos decir que lo había visto". 

Gloria Polo hablaba de sus pecados pasados, del Purgatorio, del infierno... "y me parecía una locura, pero me creó la duda; 'yo iría al infierno directo, seguro'". 

Día de nieve: la primera oración a Jesús
Un tiempo después, en un día de nieve, Marcela se encontró llorando, sintiéndose muy mal pese a todos sus cursos de New Age. Y decidió dirigirse a Jesucristo, por primera vez. "Y le dije a Jesús que si existe, que si es 'eso que dicen', que venga y me salve, porque ya está bien, porque con mi dolor iba a hacer algo que lo perdería todo, mis hijos, mi familia..."

"Y me aparece Él, me aparece Jesús"
Al día siguiente, entró en su "cuarto de meditación, con todas mis piedras y esas cosas". "Me puse a meditar. Y me aparece Él, me aparece Jesús. Está a mi lado, me está mirando. Está ocupado, como rodeado de jóvenes. Y me miraba como diciendo: 'tenemos trabajo'. Lo entendí todo, vi todos mis pecados. Me iluminó y lo vi, no había donde esconder nada. Vi que todo lo que había hecho era herirlo". 

"Él es puro, purísimo, todo amor, y yo lloraba de vergüenza, por todo lo que había hecho, que era terrible. Y pensaba: ahora me va a juzgar. Pero él me miraba y me amaba. Y en ese momento yo vivía su misericordia. Me estaba dando mucho amor. Casi oía caer las cadenas que me ataban. Y lloraba y lloraba. Para mí fue eterno, no sé si 10 minutos o tres horas. Le dije: ¿qué quieres? Y me dijo: ve a mi Iglesia. Y le dije: pídeme otra cosa, eso pídemelo cuando esté mejor. Yo me había leído todos esos libros contra la Iglesia y los curas me caían muy mal. Pero Él insistía: ve a mi Iglesia. Y fui al momento a buscar una iglesia, en Berlín. Pensé: será la católica, que es la que yo conozco". 

Le costó un rato, pero finalmente encontró una parroquia católica. 

"Cuando entré, me senté, y sentí una paz que no había sentido nunca. Sentí que era mi casa. Fue muy hermoso". 

"Ahora sí que estoy chalada..." 
Y empezó así su amistad con Jesús. "Yo estaba asustada: 'ahora sí que estoy chalada, ahora hablo con Jesús. No puedo decírselo a mi marido, porque me la juego, con mis antecedentes'. Pero rompí con muchas amistades, con el reiki... Jesús me perdonaba con la mirada pero yo sabía que faltaba algo. En Internet leí lo de los pecados de pensamiento, obra, palabra y omisión... Pensé: 'de omisión lo he hecho todo'. Los amigos, cuando les contaba 'creo que soy católica', pensaban "Marcela y sus locuras". 

En su primera confesión vio, asombrada, que el sacerdote se emocionaba. "Solo me confesé una vez en el colegio, y no era nada real. Hice la comunión mal, por ponerme a la cola", le iba explicando al sacerdote. Y luego todo lo demás, su vida desastrosa, lo del aborto y muchas lágrimas. Cuando el sacerdote dijo las palabras poderosas de la absolución ("Yo te absuelvo en nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo"), ella sintió "un calor, que de repente se me iba todo eso que me dañaba. Y lloré por la sanación que sentía. Y me maravillaba. Volví a casa cantando como una niña". 


Ir a misa diaria, a escondidas
A partir de entonces necesitaba ir a misa cada día. Del Rosario sólo sabía que tenía bolitas. Y buscó por Intenet y empezó a rezarlo cada día. En Berlín hay pocas misas de diario: según el día era en un sitio u otro. En casa la misa diaria causaba trastornos, iba a misa a escondidas, escapándose de casa. Pero "yo sabía que toda mi fuerza vendría solo del Señor y sin ella volvería a caer". Aún no podía comulgar, ella misma lo sentía.

"Yo veía al Señor conmigo en mis momentos malos del pasado, bendiciendo, poniendo amor en situaciones que habían sido terribles. Yo sentía amor y sanación. Veía esas cadenas, las llevaba a la confesión, y allí las soltaba. Y lloraba siempre en confesión. Mi marido empezó a ver el cambio. Mi hijo mayor, que le gusta la historia, viendo la película "Karol", sobre Juan Pablo II, me dijo: ahora lo entiendo, mamá. Mi marido empezó a acompañarme a misa". 

- ¿Tú te casarías conmigo otra vez? - le dijo ella.
- Claro -dijo él. 
- Pues lo vas a hacer, ahora por la Iglesia.  

Con la ayuda de un sacerdote de Gerona el matrimonio se preparó. Ella vivió su boda eclesial sintiéndose "la hija bonita de nuestro Padre Celestial". Cuando preguntaban a su marido por su fe, decía que viendo el cambio en Marcela, era indudable que eran cosas que hacía Dios. Más adelante, un viaje a Lourdes la ayudó a sanar aspectos de su relación con su madre terrenal.

"Así pasé de no conocer el amor a llenarme de amor de manera absoluta. Soy plenamente feliz, estoy con Dios, que es el más guapo, es inmenso. No lo cambio por nada".


Fuente: Religión en Libertad

jueves, 1 de agosto de 2019

Santo Evangelio 1 de agosto 2019



Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,47-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos les contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Cuando Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.


Lo "nuevo" y lo "viejo" en la Iglesia

REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) 
(Città del Vaticano, Vaticano)

Hoy la historia corre a una velocidad meteórica: en un solo día se descubren y producen más cosas que "antes" en un siglo. ¿Y la Iglesia? Es una familia que tiene su "patrimonio cultural". Sin dejar de ser ella misma, está llamada a la "dinámica de la fidelidad": una comprensión actualizada (cosas "nuevas") del perenne tesoro de la Revelación (cosas "viejas").

Es necesario que la doctrina —verdadera e inmutable— a la que se debe prestar fielmente obediencia, se profundice y exponga según las exigencias de nuestro tiempo. En efecto, una cosa es el "depósito de la fe", es decir, las verdades que contiene nuestra venerable doctrina, y otra distinta el modo como se enuncian estas verdades, conservando a la vez el mismo sentido y significado. 

—Señor, te pido luz particularmente para el Papa y los Obispos. Ellos son los administradores de los misterios de Dios y los principales responsables de esta exigente "síntesis de fidelidad y dinamismo", que debe vivir todo tu Pueblo.


Gabriel Muscarelli se dio cuenta que Dios no le pedía tanto dar comidas como estar con los pobres dándoles esperanza

Imagen relacionada

«Chespi» Muscarelli, fundador del Movimiento Sembradores, contra la soledad del pobre

Daba comida a los pobres hasta que no quedó ni para su familia: después, Dios lo fue guiando

Gabriel Muscarelli se dio cuenta que Dios no le pedía tanto dar comidas como estar con los pobres dándoles esperanza

Gabriel “Chespi” Muscarelli se crió en una familia de 5 hermanos que pasaba muchas necesidades, incluso para comer. En 2002 puso en marcha el Movimiento Sembradores, para dar comidas a los más necesitados de Montevideo. Cuando empezaron, entregaban unos veinte platos por salida. Hoy realizan salidas los lunes, martes y domingos, con 40 voluntarios que entregan unos 200 o 300 platos de comida semanales. Ayudan también con ropa y en temas de higiene. Felicitan los cumpleaños. Rezan con los pobres.

Gabriel aprendió algunas cosas en estos años. La más importante: que en realidad, no luchaba contra el hambre, sino contra la soledad, tristeza y desesperación de muchos. Y por eso descubrió que su función era parte de la función de la Iglesia y de Cristo mismo: dar esperanza y sentido.

Lo ha contado en una entrevista en el número 453 de la revista Entre Todos y se ha hecho eco la web de la diócesis. La reproducimos aquí.

- ¿Cómo fueron tu infancia y tus primeros años de fe?

- Me crié en una familia pobre donde el día a día era muy complicado. Mi padre siempre salía a buscar la comida y nosotros nos quedábamos en casa esperando. Mi madre estaba siempre al firme, cumpliendo su función, manteniéndonos limpitos y tratando de estar siempre al lado de mí y de mis hermanos, educándonos. Se formó una solidez muy evangélica en la familia. Creo que Dios me dio la preparación que recibí en la infancia.

sembradores_chespi

Cuando uno empieza a crecer se va haciendo más fuerte en todo, te preguntás quién es Dios y dónde está. También empezás a ver a los demás y las necesidades que pasa una familia, como nosotros, para sobrevivir. Siempre hubo una lucha, pero con un límite: la honestidad. Veíamos que había cosas que quizá nos facilitaban el camino, pero no era el camino que debíamos tomar.

- ¿Cómo comenzó la idea de Sembradores?

- Éramos cinco hermanos y veíamos las necesidades del día a día. Tenía un hermano que jugaba muy bien al fútbol y siempre pensábamos que iba a llegar a las grandes ligas. Además, pensábamos que las obras se hacían solo con plata y yo le dije: “El día que vos llegues, vamos a hacer una olla de comida bien grande para darle a la gente”.

Mi hermano no llegó en el fútbol, pero Dios escuchó eso de la olla de comida y no se lo olvidó. Por eso recalco a Dios y a la Iglesia.

En la Parroquia San Vicente estaban saliendo a dar buñuelos por las mañanas temprano y me invitaron. Cuando fui les conté esa idea que algún día tuvimos con mi hermano, se entusiasmaron y así surgió Sembradores. Comenzó muy chiquito, con 20 o 30 platos.

buscadores_oreja

Yo, que creía que había visto mucho porque había pasado hambre y un montón de necesidades, vi una cantidad de cosas más, como la soledad, el frío, la indiferencia de los demás... eso era mucho más duro. Cuando volvíamos a casa luego de eso nos teníamos que quedar un rato hablando para poder contenernos. Es difícil, te queda un nudo en la garganta.

Por ejemplo, mirás la silla de tu casa, a la que nunca le diste corte, y decís “tengo una silla, una mesa para comer y ellos comen en el piso [el suelo]”. O vas a lavarte las manos y agradecés tener agua y lavarte. Empezás a ver cosas que parecían ocultas y aparecen ahí.

- ¿Qué cambios has visto en Sembradores a lo largo de estos años?

- Llevo 17 años en esto y, si Dios me da salud, posiblemente siga hasta que me muera. Los primeros años creí que era una cosa y luego Dios me fue mostrando que la obra era otra, eso es lo lindo. Fui aprendiendo que en el transcurso de la vida uno no para de adquirir enseñanzas. Yo creía que ellos necesitaban un plato de comida para poder sobrevivir, pero hay otras cosas que son más importantes. A Dios no se le escapa nada, Él tiene todo bajo control.

La Iglesia cumple una función fundamental, es la que transmite esa esperanza y esa fe de la buena nueva. Dios me fue puliendo, mostrando y enseñando la humildad.

Si vos estás, ellos comen, pero si no estás, ellos igual comen. Lo que nosotros tenemos que hacer es ir y transmitirles esperanza.

Cuando empecé a salir no veía lo de la soledad y el abandono. Jesús predicó con la palabra, pero corroboraba con los hechos. La fe sin obras está muerta... creer me lleva a poner esa responsabilidad de la Iglesia de ver la realidad y decir "acá estamos".

sembradores_aniversarioo

Llevando un pastel de cumpleaños a un conocido que duerme en las calles (y compartiendo con él una lectura de la Biblia)

- Si tuvieras que señalar los momentos difíciles de estos 17 años de Sembradores, ¿cuáles serían?

- Hay varios. Uno fue cuando, por un tiempo, malentendí lo que Dios quería de mí. Yo tenía un minimercado grande, me iba bien y empecé a “ocupar” el lugar de Dios. Todo el que venía y me decía que necesitaba algo, yo se lo daba. Llegó un momento en que el buen negocio que tenía colapsó y fue un momento difícil que repercutió en Sembradores. Yo la pasé mal, tenía plata en estructura, pero no me alcanzaba para comer. Yo salí a repartir comida a personas en situación de calle y mis hijos me decían “no tenemos comida nosotros”. Ahí vi que, aunque estuve equivocado, eso era un proceso de aprendizaje y una prueba donde yo tenía que salir adelante y Él me iba a mostrar el camino.

El “clic” fue cuando en mi casa una vez no teníamos para comer. Y yo le habría podido ir a pedir a muchas personas que me querían y que me podrían haber dado, pero decidí ir a golpear en la Iglesia a pedir un paquete de fideos para comer. Dios me demostró que Él es Dios, yo soy un instrumento, nada más. Esa fue una de las etapas difíciles de Sembradores.

sembradores_indiferencia

También, he visto cambio en la calle. Hoy en día hay mucha más gente en situación de calle de la que nosotros podemos atender. La demanda es grande. Dios, sabiendo la demanda de gente en la calle, fue formando grupos que salen. El Papa Francisco, con la idea de que la Iglesia salga al encuentro con los demás, ha animado, al igual que el Cardenal Daniel Sturla [arzobispo de Montevideo], a que los jóvenes salgan.

- Luego de esas enseñanzas, ¿cómo te sentís?

- Yo estoy feliz. Cuando en la Misa se dice “yo no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”, eso es lo que siento. Esa actitud es la mía. Yo de repente estoy bañando a una persona de la calle y al rato estoy en una fiesta con las personas más ricas del país. Sé que existen las dos cosas, sé que todos somos hijos de Dios y que nos ama a todos. Dios me ha mostrado mucho en estos años de mi vida. Mi función es anunciar el camino de la Verdad y la Vida.

- ¿Un mensaje para la gente que anhela la búsqueda de la felicidad?

- La felicidad es amar y confiar. Jesús tuvo un pasaje de la vida terrenal en el que tuvo que amar y confiar. Ese es un proceso que se tiene que dar en la vida de todos, aunque todo alrededor parezca que no acompaña. El enemigo puede hacernos creer que está todo perdido, pero no está todo perdido. Doy fe de que no lo está y de que Dios tiene todo bajo control.

Fuente: Religión en Libertad