miércoles, 6 de marzo de 2019

Santo Evangelio 6 de Marzo 2019



Día litúrgico: Miércoles de Ceniza

Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): 

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».


«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»

Pbro. D. Luis A. GALA Rodríguez 
(Campeche, México)

Hoy comenzamos nuestro itinerario hacia la Pascua, y el Evangelio nos recuerda los deberes fundamentales del cristiano, no sólo como preparación hacia un tiempo litúrgico, sino en preparación hacia la Pascua Eterna: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). La justicia de la que habla Jesús consiste en vivir conforme a los principios evangélicos, sin olvidar que «si vuestra justicia no supera la justicia de los doctores de la ley y de los fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos» (Mt 5,20). 

La justicia nos lleva al amor, manifestado en la limosna y en obras de misericordia: «Cuando hagas limosna que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha» (Mt 6,3). No es que se deban ocultar las obras buenas, sino que no debe pensarse en la alabanza humana al hacerlas, ni desear algún otro bien. En otras palabras, debo dar limosna de tal modo que ni yo tenga la sensación de estar haciendo una cosa buena que merece una recompensa por parte de Dios y elogio por parte de los hombres. 

Benedicto XVI insistía en que socorrer a los necesitados es un deber de justicia, aun antes que un acto de caridad: «La caridad va más allá de la justicia (…), pero nunca carece de justicia, la cual lleva a dar al otro lo que es "suyo", lo que le corresponde en virtud de su ser y de su obrar». No debemos olvidar que no somos propietarios absolutos de los bienes que poseemos, sino administradores. Cristo nos ha enseñado que la auténtica caridad es aquella que no se limita a "dar" la limosna, sino que lleva a "darse" uno mismo, a ofrecerse a Dios como culto espiritual (cf. Rom 12,1). Ése sería el verdadero gesto de justicia y caridad cristiana, «y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,4).

«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»

Rev. D. Manel VALLS i Serra 
(Barcelona, España)

Hoy iniciamos la Cuaresma: «He aquí el día de la salvación» (2Cor 6,2). La imposición de la ceniza —que debiéramos recibir— es acompañada por una de estas dos fórmulas. La antigua: «Acuérdate de que eres polvo y al polvo volverás»; y la que ha introducido la liturgia renovada del Concilio: «Conviértete y cree en el Evangelio». Ambas fórmulas son una invitación a contemplar de manera diversa —normalmente tan superficial— nuestra vida. El papa san Clemente I nos recuerda que «el Señor quiere que todos los que ama se conviertan».

En el Evangelio, Jesús pide practicar la limosna, el ayuno y la oración alejados de toda hipocresía: «No lo vayas trompeteando por delante» (Mt 6,2). Los hipócritas, enérgicamente denunciados por Jesucristo, se caracterizan por la falsedad de su corazón. Pero, Jesús advierte hoy no sólo de la hipocresía subjetiva sino también de la objetiva: cumplir, incluso de buena fe, todo lo que manda la Ley de Dios y la Escritura Santa, pero realizándolo de manera que quede en la mera práctica exterior, sin la correspondiente conversión interior.

Entonces, la limosna —reducida a “propina”— deja de ser un acto fraternal y se reduce a un gesto tranquilizador que no cambia la mirada sobre el hermano ni hace sentir la caridad de prestarle la atención que se merece. El ayuno, por otra parte, queda limitado al cumplimiento formal, que ya no recuerda en ningún momento la necesidad de moderar nuestro consumismo compulsivo ni la necesidad que tenemos de ser curados de la “bulimia espiritual”. Finalmente, la oración —reducida a estéril monólogo— no llega a ser auténtica apertura espiritual, coloquio íntimo con el Padre y escucha atenta del Evangelio del Hijo.

La religión de los hipócritas es una religión triste, legalista, moralista, de una gran estrechez de espíritu. Por el contrario, la Cuaresma cristiana es la invitación que cada año nos hace la Iglesia a una profundización interior, a una conversión exigente, a una penitencia humilde, para que dando los frutos pertinentes que el Señor espera de nosotros, vivamos con la máxima plenitud de alegría y el gozo espiritual de la Pascua.

Cuando no pisas la iglesia desde bebé... y tu hija de 8 años te pide ir a misa con su amigo de judo

Fabien se encontró con Dios por tres caminos insospechados: su hija, su trabajo y su mujer.

El sencillo pero improbable camino a la fe que recorrió Fabien

Cuando no pisas la iglesia desde bebé... y tu hija de 8 años te pide ir a misa con su amigo de judo

Fabien se encontró con Dios por tres caminos insospechados: su hija, su trabajo y su mujer.

La de Fabien no es la historia de un hombre al borde del abismo personal o militantemente alejado de Dios y que vive un espectacular camino de Damasco. Es la historia de un hombre normal en una familia feliz, pero donde Dios no estaba. Y su forma de aparecer fue de lo más cotidiano, según el propio testimonio del implicado, recogido por Laurence Meurville para L'1visible:

Dios se invitó a nuestra vida

Todo iba bien en nuestra vida: trabajo, pareja, familia… Con mi mujer Karine y nuestras dos hijas, éramos felices. A los 8 años, nuestra hija mayor, Liana, nos dice que quiere ir a catecismo con uno de sus amigos de judo. Para nosotros, que no teníamos ningún contacto con la Iglesia, es una gran sorpresa, pero ni nos planteamos contrariarla. Ella se compromete a ir a misa una vez al mes. Nosotros la dejamos en la iglesia y esperamos en la cafetería de enfrente a que la misa termine.

Conductor de peregrinos

Un día, el cura de la parroquia me pide si puedo llevar a los jóvenes en peregrinación. Yo era conductor, así que acepto. ¡Tengo un buen número de peregrinaciones en mi haber y respeto a las personas creyentes!

Una vez allí, pienso que, como de costumbre, mi trabajo ha terminado hasta el trayecto de vuelta. Pronto me doy cuenta de que el sacerdote cuenta conmigo para ayudarle a controlar a los jóvenes… Acepto por cortesía, y así me entero del programa: vigilia, adoración, confesión…Vamos con los jóvenes a una capilla y me explican en términos sencillos en qué consiste la adoración eucarística: “Pasar una hora sentado en un banco mirando una hostia…”

"Aquí estoy"

Curiosamente, enseguida me encuentro a gusto. Sentado en ese banco, me siento bien. Al cabo de un cierto tiempo, se me presenta como evidente que tengo que confesarme para pedir perdón a Dios por primera vez en mi vida. Al sacerdote que me recibe le explico que, a pesar de tener 40 años, va a escuchar mi primera confesión. Me dedica todo el tiempo necesario. Siento entonces como una mano sobre el hombro y alguien que me dice: “Aquí estoy. Y ¿si continuamos juntos?”

Tras esta confesión y el descubrimiento de la adoración, las cosas no pueden ser en mi vida como eran antes. Está clarísimo. Me bautizaron a los 13 días de nacer, pero no recibí ninguna educación cristiana. Voy camino a lo desconocido, pero muy confiado. Presionado interiormente por todo lo que me sucede, me planteo muchas preguntas, pero no tengo miedo.

La sorpresa

A mi regreso, no sé cómo contarle a mi esposa lo que acabo de vivir. Aunque la conozco bien, no tengo ni idea de cómo puede reaccionar…

Al cabo de una o dos semanas, me decido a lanzarme. Recibo entonces la sorpresa y la alegría de escuchar cómo me responde: “Yo también tengo algo que decirte…” En efecto, un domingo, durante uno de mis desplazamientos, había terminado por ir a misa con nuestra hija. Se había sentido muy bien y se había echado a llorar. En resumen, ella también había vivido un encuentro con Dios.

Ese momento de intercambio de nuestras experiencias espirituales respectivas quedó grabado en nuestro corazón. Para nosotros es una suerte increíble haber hecho el camino al mismo tiempo, cada uno por su lado. Ya éramos felices juntos, pero al hacernos descubrir Su presencia a nuestro lado, Dios nos colmó de alegría y reforzó nuestra unión.

Los sacramentos

Karine y yo comenzamos entonces a ir a misa los domingos. No comprendemos nada. Es como un universo extraño. Quiero saber por qué se hace tal gesto en tal o cual momento, etc. Los fieles responden con paciencia a todas nuestras preguntas o, cuando no lo saben, nos lo dicen con franqueza. Se nos propone prepararnos para la confirmación y la primera comunión. Una gran felicidad.

Hoy, cada uno de nosotros tiene una tienda. Yo he puesto una cruz encima de la caja registradora y eso da lugar a conversaciones muy hermosas. Muchos no conocen a Dios. No se les puede reprochar no tener sed, porque jamás han gustado de Su amor. Somos nosotros, los cristianos, quienes tenemos que suscitar en ellos el deseo de conocerLe a través de nuestros actos y de toda nuestra vida.

Traducción de Carmelo López-Arias.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 5 de marzo de 2019

Santo Evangelio 5 de Marzo 2018



Día litúrgico: Martes VIII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mc 10,28-31): En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús: «Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido». Jesús dijo: «Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora en el presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna. Pero muchos primeros serán últimos y los últimos, primeros».


«Nadie que haya dejado casa (...) por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno (...) y en el mundo venidero, vida eterna»

Rev. D. Jordi SOTORRA i Garriga 
(Sabadell, Barcelona, España)

Hoy, como aquel amo que iba cada mañana a la plaza a buscar trabajadores para su viña, el Señor busca discípulos, seguidores, amigos. Su llamada es universal. ¡Es una oferta fascinante! El Señor nos da confianza. Pero pone una condición para ser discípulos, condición que nos puede desanimar: hay que dejar «casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio» (Mc 10,29).

¿No hay contrapartida? ¿No habrá recompensa? ¿Esto aportará algún beneficio? Pedro, en nombre de los Apóstoles, recuerda al Maestro: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido» (Mc 10,28), como queriendo decir: ¿qué sacaremos de todo eso?

La promesa del Señor es generosa: «El ciento por uno: ahora en el presente (...) y en el mundo venidero, vida eterna» (Mc 10,30). Él no se deja ganar en generosidad. Pero añade: «Con persecuciones». Jesús es realista y no quiere engañar. Ser discípulo suyo, si lo somos de verdad, nos traerá dificultades, problemas. Pero Jesús considera las persecuciones y las dificultades como un premio, ya que nos ayudan a crecer, si las sabemos aceptar y vivir como una ocasión de ganar en madurez y en responsabilidad. Todo aquello que es motivo de sacrificio nos asemeja a Jesucristo que nos salva por su muerte en Cruz.

Siempre estamos a tiempo para revisar nuestra vida y acercarnos más a Jesucristo. Estos tiempos y todo tiempo nos permiten —por medio de la oración y de los sacramentos— averiguar si entre los discípulos que Él busca estamos nosotros, y veremos también cuál ha de ser nuestra respuesta a esta llamada. Al lado de respuestas radicales (como la de los Apóstoles) hay otras. Para muchos, dejar “casa, hermanos, hermanas, madre, padre...” significará dejar todo aquello que nos impida vivir en profundidad la amistad con Jesucristo y, como consecuencia, serle sus testigos ante el mundo. Y esto es urgente, ¿no te parece?

¿Cuál es el secreto del tremendo éxito de esta parroquia? «Abre todo el día, el Señor hará el resto»

El padre José Manuel Horcajo, párroco de San Ramón Nonato de Vallecas (Madrid) tuvo como primera decisión abrir todo el día las puertas del templo de par en par / J.L.

José Manuel Horcajo ha aunado en Vallecas de manera efectiva evangelización y atención social

¿Cuál es el secreto del tremendo éxito de esta parroquia? «Abre todo el día, el Señor hará el resto»

El padre José Manuel Horcajo, párroco de San Ramón Nonato de Vallecas (Madrid) tuvo como primera decisión abrir todo el día las puertas del templo de par en par / J.L.

Una carga policial, contenedores ardiendo y jóvenes encapuchados corriendo. Este fue el panorama que encontró el sacerdote José Manuel Horcajo al llegar al que iba a ser su nuevo barrio, Puente de Vallecas, zona obrera y una de las más pobres de Madrid. El horizonte que se presentaba no era halagüeño por la mala fama de Vallecas, pero tampoco ayudó el que una feligresa anciana le diera como primer regalo de bienvenida una navaja advirtiéndole de que la necesitaría. De aquello han pasado casi 10 años y ahora la parroquia de San Ramón Nonato se ha convertido en una de las más punteras de Madrid.

El incansable trabajo de este párroco ha conseguido convertir este templo en toda una institución social en Vallecas, con un comedor que da más de 300 comidas diarias y con 40 proyectos que incluyen residencias para mujeres con problemas, familias pobres, para hombres en dificultad, de ayuda a personas discapacitadas, mujeres embarazadas, otras que viven el síndrome post-aborto y así un largo etcétera. Una auténtica obra social que atiende a miles de personas con sus más de 300 voluntarios, de los que la mitad son los propios pobres, que además va totalmente unida a la evangelización. En la parroquia se han producido numerosas e impresionantes conversiones. Vagabundos, drogadictos, ludópatas, prostitutas que llegaron pidiendo auxilio, y que ahora son ellos los que evangelizan a través de los numerosos grupos de evangelización.

Entran pobres y salen santos. La historia de la parroquia San Ramón Nonato y la ejemplar conjunción entre la ayuda material y la espiritual la cuenta José Manuel Horcajo en el libro Al cruzar el puente (Palabra), donde muestra cómo el Espíritu actúa a través de numerosos testimonios concretos de personas del barrio. En esta entrevista con Religión en Libertad habla de esta maravillosa obra  que se está desarrollando en Vallecas:

- El día que llegó a la parroquia se encontró atrapado por cargas policiales y contenedores ardiendo, el primer regalo que recibió de sus feligreses fue una navaja y el párroco saliente le dijo: ‘Prepárate para la que te espera’. Con este panorama, ¿cómo entró en el barrio?

- Guiado por el Espíritu santo y por el Cura de Ars, que para mí siempre ha sido un referente, él que iba dispuesto a dejarse llevar por Dios. En ese momento tuve un gran impulso del Espíritu Santo para tomarme un poco a broma o con un espíritu sobrenatural todo lo que sucedía. Pero visto con el tiempo no sé cómo tuve tantas ganas. Dios me iba haciendo descubrir cosas. Entonces uno no se da cuenta del drama que hay. El Señor te da una fuerza especial: ‘Estoy aquí a tu lado’. Hay una fama de Vallecas que luego no es así, pero es verdad que hay momentos dramáticos, cosas que te duelen, como ver que los jóvenes están en pandillas, a uno que le dan un tiro en la nuca, a otro que le cortan el brazo…

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La parroquia San Ramón Nonato está situada en el barrio de Puente de Vallecas, una de las zonas de Madrid con mayor pobreza, tasa de inmigración e inseguridad.

- La parroquia está en un barrio obrero y tradicionalmente de izquierdas. ¿Cómo le perciben en el barrio a usted, que va siempre con alzacuellos, y a la parroquia en general?

- La gran mayoría muy positivamente. Aquí no hace falta poner carteles, la gente ve dónde van los pobres, dónde acuden las personas con necesidad, a qué puerta llaman. La misma gente del barrio, cuando ve que alguien, por necesidad, no tiene casa o qué comer le dice: ‘Ve a la parroquia’. Para mí esa es la mejor publicidad. Los vecinos no les dicen que vayan al Ayuntamiento o a los servicios sociales, sino a la parroquia. Esto es signo de que la gente sabe dónde se ayuda.

Este es el mejor cartel de la caridad, ese mirad cómo se quieren. Saben que aquí se quiere a la gente. No tenemos muchos recursos, pero tenemos mucho cariño. Damos apoyo, escucha, amistad, y eso es ya mucho para estas personas. Saben que les van a escuchar, acoger, buscar soluciones, y esto mismo el barrio lo sabe. Ayer mismo por la tarde vino una madre con su hija, porque se quedaban sin casa y vimos qué podemos poner en marcha. Nos han enviado personas de Segovia, Alcalá, Getafe, Villaverde. 

- En el libro cuenta que una de las primeras cosas que hizo fue abrir la parroquia todo el día y que las puertas estuvieran bien abiertas, también los portones. ¿Por qué es tan importante?

-  No solo hay que abrir el templo, sino parecerlo. El primer punto de la pastoral misionera es abrir la iglesia todo el día. Nosotros lo hacemos de 7.30 a 21.30 y los jueves hasta las 00.00 y además que se vea bien visible, con las grandes puertas abiertas.

Punto dos. El Señor hará el resto. Esto es verdad. Si abres la iglesia, la gente entra para llorar, para desahogarse, para rezar, para cargar el móvil o para descansar, porque pueden estar tranquilos. Muchos duermen en terrazas, en el sofá del comedor, o no pueden estar en casa porque hay peleas, y aquí en la iglesia están tranquilos. Se sienten muy contentos. Además, la gente de la parroquia está acostumbrada a ir a hablar con aquellos que ven tristes o llorando y así hablan, se desahogan y todo esto se acaba convirtiendo en una evangelización en el mismo templo. Hay que abrir la iglesia y luego Dios hará el resto.

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La labor del padre Horcajo y de la parroquia de San Ramón Nonato fue reconocida con el galardón de "Caridad en Acción" en la I Edición de los Premios Religión en Libertad.

- Para los políticos y organismos la pobreza son sobre todo datos y estadísticas, pero en su parroquia son rostros e historias concretas. En el libro aparecen numerosos casos...

- Uno muy concreto es Ángel. Dormía en el callejón entre cartones, los jóvenes le orinaban, pero el hombre no quería venir al comedor, y eso que estaba a 20 metros. Estaba tan desesperado que no quería ni comer, solo morirse. Esta pobreza no aparece en las estadísticas. Es una pobreza espiritual y humana. Al final confió en una voluntaria y vino al comedor. Entró en contacto con una familia, veía amistad, comía bien, se sentía útil, valorado, y él, que era un perro tirado, empezó a ser una persona. Esto le animó a resolver sus problemas personales, y de ahí experimentó una conversión grandísima a la fe. Ahora trabaja, paga su alquiler, está contento y nos ayuda mucho. Esto no se puede valorar económicamente.

- Detrás de muchos de estos casos hay heridas muy profundas del pasado. ¿Cómo ayudáis a curarlas?

- Una mujer que sale en el libro consideraba que la prostitución, el abuso de los hombres sobre ella era lo normal, siempre lo había vivido así. Una persona que ve esto en su vida como normal y que es una semiesclava es una persona que tiene una herida profunda que hasta que no sane da igual que le des un trabajo o un piso. En el fondo, su oscuridad interna le impide tener una luz para vivir.

Hay que empezar con ese tema. Y esa herida profunda no se cura en dos sesiones, ni con una sola persona que la ayude, sino con una familia que la envuelve, que la protege, le da un cimiento, una raíz, y le da una ilusión de vivir. Para asumir la propia dignidad hace falta un recorrido, una comunidad que te lo haga creer. Porque estas heridas son las que provocan los desastres humanos y económicos. Debajo de su falta de estabilidad humana están sus heridas del pasado, que son las que hay que solucionar.

- Entonces, ¿la mera ayuda económica no es suficiente?

Hoy en día se dice en las instituciones sociales: ‘Da a los pobres, pero no les pidas nada a cambio’. En parte es cierto, porque la ayuda es gratis, pero esto encierra una mentira. Lo que hay que dar al pobre es responsabilidad. Si no se hace responsable de su vida, los bienes que le des los perderá y acabará todavía peor.

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- Pero, ¿cómo se le da esa responsabilidad?

- Haciéndoles responsables de una tarea. Y para mí la mejor terapia para un pobre es hacerle voluntario. Él se siente responsable, útil porque puede ayudar a los demás. Así está sanando y construyendo su responsabilidad, saliendo adelante. Esto es un bien espiritual, es la capacidad de ayudar a los demás, y esta es precisamente la mejor ayuda social que se le pueda dar. ¿Hay que dar bienes a los pobres? Sí, pero también responsabilidad para que puedan seguir adelante, y esto no se trata de dinero.

- En la parroquia hay ahora numerosos proyectos sociales unidos a los de evangelización. ¿Cómo ha logrado transformar esta parroquia en apenas 10 años y convertirla en un pulmón para el barrio en todos los aspectos?

- Por la iniciativa de la gente. La gente tiene grandes ideas, concretamente de los buenos cristianos que vienen a la parroquia. Se notan que no son suyas, sino del Espíritu Santo. Si alguna iniciativa pastoral tengo, es decir que sí a todo. Luego ya veremos.

Por ejemplo, te cuento una exclusiva. Hace dos semanas ha nacido el proyecto María Magdalena de atención a personas víctimas de la explotación sexual. A mí no se me hubiera ocurrido nunca meterme en esto. Dos voluntarios plantearon el proyecto, veremos dónde llegamos… Los proyectos, unos  40, han surgido casi todos por iniciativa de las personas que en su oración ven que Dios les pide algo más: programas para niños discapacitados, para los que no tienen piso, los que no tienen para comer… Y así han ido surgiendo iniciativas. Yo tengo la responsabilidad de no cortar las alas al Espíritu Santo.

- A grandes rasgos, ¿cómo conseguís compaginar tanto proyecto social y de atención familiar con la evangelización, y que además sea tan exitoso?

- Después de observar lo que había, vimos que hay una primera fase social de atención a las necesidades más urgentes y visibles, como ropa, comida, trabajo, vivienda, cuidado de los niños. Luego hay una serie de proyectos que entraban más a fondo en las necesidades familiares, es decir, del amor. Es ahí donde surgen los talleres afectivo sexuales, la escuela de padres, grupos de  matrimonios, jóvenes, niños con capacidades diferentes, el proyecto Raquel para el síndrome post aborto, el proyecto Ángel para la atención a mamás embarazadas… Y por último está la franja espiritual, que es la que está debajo de todo, como es la formación cristiana, peregrinaciones, los retiros espirituales, que son un elemento clave y un punto de inflexión, y luego están ya los grupos de neocatecumenales, carismáticos, Acción Católica, cursos Alpha...

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Visita del cardenal Osoro a la parroquia de San Ramón Nonato.

Todo esto en conjunto da la estabilidad a esas personas que entran pidiendo un plato de comida, encuentran a Dios y se quedan en la comunidad cristiana sirviendo a los más pobres. Nuestro lema es el de ‘pobres que sirven a otros pobres’. Son personas que quieren servir, ayudar y evangelizar a otros pobres.

- En la Iglesia cuesta ver casos como este. Hay parroquias o instituciones que hacen una labor social impresionante, pero no van más allá. En San Ramón Nonato, sin embargo, ha creado un puente entre lo social y lo espiritual…

- Así surgió la caridad. ¿Qué ha pasado hoy en día? Yo comprendo a las parroquias o voluntarios que dicen que si una persona va a pedirles comida cómo van a decirle que rece el Rosario. Es un salto mortal. Si llega con una necesidad material, ¿cómo llevarle a misa?

Esto en nuestra parroquia es algo natural gracias a la intermediación de la pastoral familiar. En muchas parroquias no hay pastoral familiar consolidada. Si hay una pastoral familiar seria, cuando una persona viene a pedir comida puedes preguntar con quién vive, cómo están tus hijos, su pareja. Entonces puedes invitarle al grupo de matrimonios, al niño llevarle a este otro grupo. Se atiende familiarmente a la pareja, a los hijos, y de ahí naturalmente surge la atención espiritual. ¿Por qué se omite lo espiritual en muchos ámbitos de ayuda social? Porque falta la atención familiar.

-Uno de los aspectos más llamativos del libro es el retiro espiritual de fin de semana para los pobres. A muchos de los que acuden a pedir ayuda se les invita y van. ¿Cómo está funcionando?

- En todas las parroquias hay retiros espirituales una vez al año, que es lo que yo hacía. Pero nos dimos cuenta de que el formato clásico no estaba pensado para la gente necesitada y con problemas sociales. Entonces pensamos en hacer un cambio. Proponer a estas personas que vienen heridas no el clásico retiro sino una cosa muy afectiva, emotiva, de sanación y desahogo de sus graves problemas, que es lo que te cuentan en el despacho y se desmoronan.

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El comedor San José da de comer a más de 300 personas al día, y en él colaboran numerosos voluntarios.

Esta gente necesita desahogarse y volcar lo que tiene dentro. Es algo sencillo y acogedor y la primera vez que lo hicimos nos quedamos asombrados. Nos dimos cuenta de que era lo que la gente necesitaba. Llorando nos daban las gracias.

Eso es precisamente lo que estas personas sin saberlo estaban buscando. Cuando venían a la parroquia, detrás del problema económico en el fondo necesitaban que alguien les consolara, les diera esperanza. Todos los meses hay uno y se les invita a ir. Este retiro ha transformado muchísimas vidas. Bastantes se han confesado por primera vez en su vida, o después de 30 años, o han contado lo que nunca habían podido decir a nadie. Se han abierto a casarse, bautizarse, a incorporarse a la Iglesia. Las conversiones son la mayoría.

- ¿Cómo acogen los pobres la Palabra de Dios?

- Les consuela, les ilumina y les da una esperanza. Los pobres ven que se les van cerrando puertas, y cuando observan que Dios se la abre se encuentran muy bien porque se les quiere. Muchas veces la gente no tiene quien les quiera. A ellos les hace un gran bien. Todos necesitamos que nos amen. Y cuando un pobre ve que aquí le quieren se abren a la Palabra. Este es un primer paso. Hay más: ordenar su vida, la responsabilidad de la que hablábamos antes… Unos dan más pasos, otros menos, pero sentirse amados en la Iglesia es fundamental.

-En su libro habla del Cura de Ars y de San Juan Pablo II como referentes para usted en su misión. ¿En qué le ayudan concretamente?

- El Cura de Ars, por lo de salvar a las almas. Estaba ahí para salvar a las almas, y cualquier sacrificio era pequeño para salvar una más. Todos los sufrimientos eran para salvar a las almas y así aguantó todo lo que aguantó.

De Juan Pablo II es la fuerza del amor a cada uno. Toda la gente que se ha encontrado con él, aunque sea unos segundos, dice que les miraba como si fueran únicos y especiales. Tenía un magnetismo porque valoraba a cada uno como un hijo de Dios único y esto me ayuda para no tratar a las masas o a los pobres como cifras sino como alguien único. 


Fuente: Religión en Libertad

lunes, 4 de marzo de 2019

Sato Evangelio 4 de Marzo de 2019



Texto del Evangelio (Mc 10,17-27): Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

«Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (...); luego, ven y sígueme»


P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. 
(Barcelona, España)

Hoy, la liturgia nos presenta un evangelio ante el cual es difícil permanecer indiferente si se afronta con sinceridad de corazón.

Nadie puede dudar de las buenas intenciones de aquel joven que se acercó a Jesucristo para hacerle una pregunta: «Maestro bueno: ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?» (Mc 10,17). Por lo que nos refiere san Marcos, está claro que en ese corazón había necesidad de algo más, pues es fácil suponer que —como buen israelita— conocía muy bien lo que la Ley decía al respecto, pero en su interior había una inquietud, una necesidad de ir más allá y, por eso, interpela a Jesús.

En nuestra vida cristiana tenemos que aprender a superar esa visión que reduce la fe a una cuestión de mero cumplimiento. Nuestra fe es mucho más. Es una adhesión de corazón a Alguien, que es Dios. Cuando ponemos el corazón en algo, ponemos también la vida y, en el caso de la fe, superamos entonces el conformismo que parece hoy atenazar la existencia de tantos creyentes. Quien ama no se conforma con dar cualquier cosa. Quien ama busca una relación personal, cercana, aprovecha los detalles y sabe descubrir en todo una ocasión para crecer en el amor. Quien ama se da.



En realidad, la respuesta de Jesús a la pregunta del joven es una puerta abierta a esa donación total por amor: «Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (…); luego, ven y sígueme» (Mc 10,21). No es un dejar porque sí; es un dejar que es darse y es un darse que es expresión genuina del amor. Abramos, pues, nuestro corazón a ese amor-donación. Vivamos nuestra relación con Dios en esa clave. Orar, servir, trabajar, superarse, sacrificarse... todo son caminos de donación y, por tanto, caminos de amor. Que el Señor encuentre en nosotros no sólo un corazón sincero, sino también un corazón generoso y abierto a las exigencias del amor. Porque —en palabras de san Juan Pablo II— «el amor que viene de Dios, amor tierno y esponsal, es fuente de exigencias profundas y radicales».

«La misa es una cita», dice un sacerdote, y lo demuestra cotejando fases de una y partes de otra

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Convincente comparación del padre Espinosa de los Monteros

«La misa es una cita», dice un sacerdote, y lo demuestra cotejando fases de una y partes de otra

Los frutos espirituales de la asistencia misa guardan proporción con la participación interior en ella, conscientes de su importancia.

Hoy es un hecho que la mayor parte de quienes se confiesan católicos no van a misa casi nunca. Y que tampoco muchos de quienes cumplen con el precepto dominical son conscientes de la importancia del acontecimiento al que asisten.

El padre Ángel Espinosa de los Monteros combate en sus predicaciones esa inconsciencia con una comparación tan efectista como eficaz para transmitir el mensaje: la misa "es una cita" y es, además, "la cita más importante". Solo con que acudiésemos a esa cita cumpliendo las normas que aplicamos de forma habitual a las citas de la vida mundana, ya se avanzaría mucho.


El padre Ángel Espinosa de los Monteros es mexicano y un predicador muy seguido en su país y en todo el mundo a través de internet.

En un vídeo que sintetiza esa idea (ver abajo), el padre Espinosa de los Monteros recuerda las fases de las que consta una cita de cierto relieve: revisarse para cerciorarse de que va uno correctamente ataviado, saludar, dialogar, intercambiar regalos, concretar el compromiso adquirido y despedirse. Desde un encuentro entre jefes de Estado a un paseo de novios, la mecánica es muy parecida. 

También en la misa, que es "lo más importante que te puede pasar en tu vida, el momento en que puedes recibir a Dios Nuestro Señor, a Jesús, llevártelo dentro de ti, hablar con Él personalmente... Si la misa es un encuentro con Jesús, la misa es una cita", recuerda el sacerdote: "Yo todos los días tengo una cita con Dios".

¿Cómo funcionan las citas importantes?

Te revisas

Lo primero antes de una cita importante es comprobar que uno va bien vestido y arreglado.

En la misa, es el momento en el que el oficiante nos pide que "reconozcamos nuestros pecados", y es donde muchos empiezan a perder el tiempo y se pierden la belleza de la misa, en vez de hacer exactamente eso: "Si tengo un pecado mortal, me tengo que confesar con un sacerdote, pero si tengo pecados veniales, bastaría con entrar en mi conciencia, reconocer 'Señor, te ofendí' y después declararlo a todos los hermanos con el Yo confieso, y entonces ya estoy justificado y puedo participar dignamente en estos misterios".

Saludas

El siguiente paso en una cita es decir algo agradable a quien nos recibe, alabar algo que ha hecho, preparar el momento del diálogo posterior.

En la misa, esa fase la ocuparía el Gloria: "¿Qué es el Gloria? Decirle a Dios Nuestro Señor cosas bonitas, que la Gloria es al Creador... Por eso ha que rezar o cantar el Gloria con todo el corazón".

Dialogas

A continuación, las personas que se han citado inician un diálogo en el que intercambian palabras.

"Una vez que he reconocido que yo soy miserable y que Dios es grande", llega el momento de hablar. "Las lecturas son un momento de auténtico diálogo con Dios", explica el padre Espinosa de los Monteros. Él habla con la primera lectura, respondemos con un salmo. Habla en la segunda, respondemos con el Aleluya. Para el Evangelio nos ponemos de pie porque entra Alguien: "El Evangelio no es un libro, es una persona, Jesús te habla cada vez que lees el Evangelio". Y si en las lecturas hablaba a través de la historia del pueblo de Israel, o de sus profetas, o de San Pablo y los apóstoles, ahora es Él mismo quien habla. Por tanto, "ha sido un diálogo", a misa "vienes a escuchar la Palabra de Dios": "¿Cómo voy a vivir esa Palabra si no la escuché?"

Intercambias regalos

Ya sean algunos presentes entre jefes de Estado, o una botella de vino que se lleva a una cena donde somos convidados, el final del diálogo va a acompañado de un intercambio de regalos.

¿Qué llevamos nosotros en la misa? "Agua, vino y pan, y cuando pasen la canastita", algo de dinero: "Solo Dios y tú saben cuánto puedes dar cada domingo. De lo que se trata es de que seas generoso con Dios, con las vocaciones, con el seminario, con la atención a tu parroquia, con la atención a los sacerdotes, a los apostolados..." Eso es lo que ponemos nosotros, pero ¿qué recibimos a cambio? "El Cuerpo, la Sangre y la Palabra de Dios. ¡Vaya diferencia! Nadie puede pagar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, ni su palabra. Solo hay una manera de que lo que me llevo se parezca un poquito a lo que traje: que cuando el sacerdote eleva la patena y ofrece el pan, tú te ofrezcas también", y no solo no hacer el mal, sino hacer el bien y "hacer apostolado".

Te comprometes

En los últimos momentos de cualquier cita, se renuevan los compromisos adquiridos durante el diálogo.

En la misa, "Jesús se presenta en el altar para que yo pueda recibirlo. Cada misa es Viernes Santo. Lo que va a suceder en misa es lo que sucedió el Viernes Santo", aunque sea de forma incruenta. Jesús vuelve a ofrecerse: "Vuelvo a bajar al altar por mis hermanos", le dice al Padre, "para limpiarlos con mi sangre". Además, nuestros pecados no son como los de quienes mataron a Jesús (Él dijo "no saben lo que hacen"), porque nosotros tenemos detrás dos mil años de cristianismo y sí sabemos lo que hacemos: "Yo soy más pecador que ellos, yo necesito el perdón, el Cuerpo, la Sangre de Cristo para poder vivir una vida cristiana auténtica". Así que, después de comulgar, "¿cuál es mi compromiso? ¿Qué voy a hacer esta semana, este mes, este día?".

Te despides

Lo que empezó con un saludo en el encuentro entre dos personas, termina con un adiós.

¿Y en la misa? "El sacerdote nos bendice" pero... "la misa no ha terminado, ¡vayamos ahí fuera a vivir todo lo que hemos vivido acá dentro!"

El padre Espinosa de los Monteros concluye pidiendo "menos distracciones y menos preocupaciones, menos atención a las tonterías": "Ojalá cuando entraras en misa supieras que estás en una cita y todo lo demás se queda al lado para que goces de la presencia de Dios en su Palabra, en su Cuerpo y en su Sangre". Debemos ir a misa como si fuese "nuestra primera misa, nuestra última misa, nuestra única misa".



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«Mamá, no es tan malo el cáncer: ¡estamos juntitas todo el día!»

Después de dejarlo todo para cuidar a Candela, su madre afronta su pérdida ayudando a otras familias

Su hija falleció por sarcoma de Ewing, ahora ayuda a otras familias a buscar la curaciónFe, alegría y una enfermedad rara: 

«Mamá, no es tan malo el cáncer: ¡estamos juntitas todo el día!»

Después de dejarlo todo para cuidar a Candela, su madre afronta su pérdida ayudando a otras familias

El pasado jueves se ha celebrado el Día Mundial de las Enfermedades Raras. La muerte o el diagnóstico de uno de estos trastornos a un hijo supone un duro golpe para sus padres. En vez de dejarse llevar por la tristeza, tal y como explica Rodrigo Moreno Quicios, en Alfa y Omega, muchas familias han creado asociaciones para ayudar a otras. Es el caso de Carmen Diaz, cuya hija Candela sufrió un sarcoma de Ewing. Evidentemente el dolor llamó a la puerta de la familia, pero Candela supo llevar su enfermedad con fe: “A veces hay que creer para ver”, y con alegría: “Mamá, no es tan malo tener cáncer. Fíjate, ¡así estamos juntitas todo el día!”.

“A veces me preguntan si, sabiendo todo lo que iba a pasar, volvería a tener a Candela. La respuesta es que sí. No me perdonaría haberme perdido esa alegría inmensa aunque tenga que estar triste el resto de mi vida”, cuenta Carmen Díaz. Su hija, Candela Riera, falleció en 2018 a causa de un sarcoma de Ewing, un cáncer poco frecuente que genera múltiples tumores en los huesos. Tenía 12 años.

Apenas han pasado diez meses desde la muerte de Candela y su madre sigue triste. “Pienso en todos los besos que le daría si estuviera aquí ahora”, confiesa. Aunque acompañó a su hija día y noche mientras luchaba contra la enfermedad, cree que todo lo que hizo para estar con ella fue poco.

Al poco de nacer la niña, Carmen dejó su trabajo de economista para cuidarla. Cuando la pequeña cayó enferma, durante los últimos años no se separó ya de ella “ni cinco minutos, porque estar lejos era horrible”.


Esta madre reconoce ahora su tristeza. No la oculta, pero lucha por transformarla en alegría a través del servicio a los demás. Para ello ha creado la Asociación Candela Riera, que, con el nombre de su hija, busca fondos para la investigación de una cura para el sarcoma de Ewing. Un avance científico del que Candela no se podrá beneficiar, pero que servirá a otras muchas familias. “Yo no tengo nada que ganar porque a ella ya la perdí, pero nos hemos empeñado en que la menor gente posible pase por esta experiencia”, explica Díaz.

El legado de una hija

La implicación de Carmen Díaz con la investigación de una cura le hace “revivir constantemente muchos momentos malos”, pero está dispuesta a pasar por ellos porque dan sentido a su vida y a la de Candela. “No voy a permitir que mi hija de 12 años haya pasado por el mundo para nada. Ha vivido para dejar huella porque luchó y sufrió mucho”, sentencia la madre.

De hecho, Candela ya ha dejado una marca indeleble en quienes la conocieron: la alegría con la que se enfrentó a la enfermedad. “Ese es el legado que nos ha dejado”, presume su madre, quien, aunque creía conocer muy bien a su hija, se quedó “a cuadros” el día que le dijo: “Mamá, no es tan malo tener cáncer. Fíjate, ¡así estamos juntitas todo el día!”.

La enfermedad y la fe

Otra de las lecciones que Candela le dio a su madre tiene que ver con la fe. Ellas dos, que eran las únicas personas religiosas de su familia, visitaban frecuentemente la capilla del Hospital del Niño Jesús y hablaban sobre Dios.

Los últimos días de su enfermedad, Candela sentía una presencia que la abrazaba y, cuando se lo contó a su madre, esta lo achacó a algún efecto secundario de la medicación que tomaba. Sin embargo, como no terminaba de tomarla en serio, Candela le dijo una cita de su película favorita, El orfanato: “A veces hay que creer para ver”. Estas palabras se han quedado fijadas en la memoria de Carmen Díaz. De ellas saca el ánimo para rehacer su relación con Dios, con quien discute a menudo porque se niega a “que me haya enviado a Candela solo para quitármela y hacerme sufrir”.

“Perder la vida para darla a otros”

Pero el mejor regalo de Candela está por llegar. “Cuando nos dieron el diagnóstico, me habría encantado que me dijeran que, con un tratamiento de nueve meses, el cáncer se acabaría. Vamos a darle esa buena noticia a otra familia”, promete Carmen Díaz.

Es una tarea para la que cuenta con su hija porque, a pesar de su muerte, “es ella la que sigue luchando” y dando fuerza a los investigadores que buscan una cura. Y aunque preferiría tenerla a su lado, en el fondo está orgullosa de su sacrificio. Al fin y al cabo, según sus palabras, “si Candela ha tenido que perder su vida para salvar la de otros, qué bonita misión es aunque sea también triste y dolorosa”.

Candela expresó sus sentimientos y emociones en una colección de dibujos realizados durante el tiempo que luchó contra un Sarcoma de Ewing. Ahora sus dibujos servirán para recaudar fondos dedicados a la investigación de este tipo de sarcomas, y puedes verlos en el siguiente vídeo.

Fuente: Religión en Libertad