jueves, 4 de enero de 2018

Otra conexión entre Padre Pío y Fátima: la devoción de la familia de los pastorcitos por este santo


Juan Marto, hermano de San Francisco y Santa Jacinta, estuvo en las apariciones con 11 años

Otra conexión entre Padre Pío y Fátima: la devoción de la familia de los pastorcitos por este santo

Juan Marto, hermano de los pastorcitos de Fátima -a la derecha- fue devoto del Padre Pío

Otra conexión entre Padre Pío y Fátima: la devoción de la familia de los pastorcitos por este santo

Fátima y el Padre Pío están relacionados por el gran amor y devoción que el santo de los estigmas tenía hacia esta advocación de la Virgen. De hecho, la imagen peregrina original estuvo presente en San Giovanni Rotondo, produciéndose una curación milagrosa del fraile capuchino.

Durante estas semanas, aquella misma imagen de la Virgen de Fátima ha estado en el monasterio del Padre Pío. Y también en este momento se ha vuelto a conocer otra relación entre el santo y Fátima.

El hermano de San Francisco y Santa Jacinta, devoto del Padre Pío
En un reportaje para Padre Pío TV, Jacinta Pereiro Marto, la sobrina de los santos Francisco y Jacinta, ha asegurado que su padre era un gran devoto del Padre Pío, y que en su cartera siempre llevaba una estampa del santo de Pieltrecina.

Su padre no era otro que Juan Marto, el quinto de los siete hijos que tuvieron Manuel y Olimpia, y que estaba justamente por encima de Francisco y Jacinta. De hecho, estuvo en una de las apariciones con sus hermanos pequeños y  su prima Lucía, aunque  él no pudo ver nada.


La familia Marto, ya tras la muerte de Francisco y Jacinta. Juan aparece en la segunda fila junto a su hermana.
Presente en una de las apariciones
Juan tenía 11 años cuando se produjeron las apariciones y falleció en el 2000 a los 94 años, 15 días antes de la beatificación de sus hermanos. No se sentía digno para ir a aquella ceremonia ni para saludar a Juan Pablo II, que presidió aquel importante acto.

En muchas ocasiones, Juan había contado que él estuvo presente en la cuarta aparición que se produjo en los Valiños y no en Fátima puesto que los pequeños habían sido apresados con el objetivo de revelar el secreto. “Yo estaba con ellos en los Valiños. Pero yo no vi nada”.

Este joven fue el último superviviente de los hermanos Marto y vivió en la casa donde nacieron Jacinta y Francisco. Poco antes de morir recordaba que sus hermanos “eran chiquillos normales, chiquillos absolutamente normales”. Quizás por esa normalidad, “nosotros no les creíamos” hasta que se produjo el conocido como milagro del sol el 13 de octubre de 1917, cuando el sol danzó ante decenas de miles de personas.

Juan lloró mucho tras la muerte de sus hermanos
Jacinta, hija de Juan, recuerda que su padre no acudió al milagro del sol como si hicieran sus abuelos y otros familiares y “se quedó en casa porque tenía miedo a morir”.  Un rumor que corría en este tiempo entre adultos y niños era que “si el milagro del sol no sucedía, toda la familia moriría”.



El milagro del sol fue visto por miles de personas
Con apenas 11 años a Juan le costaba entender todo lo que estaba sucediendo alrededor pero que después de la muerte de sus hermanos Francisco y Jacinta “mi padre decía que lloró mucho, mucho”, recuerda su hija, “porque vio que todo lo que decían estaba sucediendo”.

“Mi abuelo siempre creyó”
Hablando de sus abuelos, los padres de los santos, asegura que al principio ellos tampoco entendían nada. En aquel entonces “pensaban que sus hijos eran un poco diferentes a los demás, pero no sabían exactamente de qué forma” pero, no obstante, “mi abuelo siempre creyó”.

“Jacinta fue la primera en decir que Nuestra Señora se había aparecido y cuando le preguntaban a mi abuela por el tema siempre respondía: ‘Mis hijos no son unos mentirosos, yo los he educado, por lo tanto, si dicen que la vieron, yo creo que sí la vieron”.


Jacinta es hija de Juan Marto y sobrina de San Francisco y San Jacinta Marto
A pesar de que su abuelo nunca vio a la Virgen, su nieta Jacinta recuerda que “estuvo en algunas apariciones y aunque decía que no veía nada, si se percataba de que algo sucedía. El decía que escuchaba un sonido, como de una abeja dentro de un cántaro, de un recipiente. Pero el milagro del sol él si lo vio. Así que, si ya creía antes, siguió creyendo”.

Todo como un don de Dios
Juan siguió como pastor toda su vida en su pueblo y hasta trabajó como peón de albañil para construir el santuario donde él antes jugaba con sus hermanos ahora santos. Nunca dejó atrás la humildad ni su fe sabiendo que todo era un don de Dios.


 El padre Pío y Juan Marto, hermano de San Francisco y Santa Jacinta, los pastorcillos videntes de Fátima

Y así es como lo define su hija Jacinta, sobrina de estos dos videntes: “Toda la familia, mis abuelos y mis padres, todos nosotros, siempre lo hemos aceptado como un don de Dios. Dios escogió a mis tíos porque así lo quiso. Tanto, que mi abuelo decía que la Virgen quería venir a Fátima y había escogido a sus hijos, pero que  nosotros no merecíamos nada. Por lo tanto, nosotros siempre lo hemos vivido con mucha sencillez porque Dios ha escogido y escoge a quien quiere”.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 3 de enero de 2018

Santo Evangelio 3 de enero 2018



Día litúrgico: 3 de Enero (Feria del tiempo de Navidad)

Texto del Evangelio (Jn 1,29-34): Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».

«Yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios»
Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE 
(Cobourg, Ontario, Canadá)


Hoy, san Juan Bautista da testimonio sobre el Bautismo de Jesús. El Papa Francisco recordaba que «el Bautismo es el sacramento en el cual se funda nuestra fe misma, que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia»; y agregaba: «No es una formalidad. Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Un niño bautizado o un niño no bautizado no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos».

Hemos escuchado los dos efectos principales del Bautismo enseñados en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1262-1266):

1º «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Un efecto del Bautismo es la purificación de los pecados, es decir, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales así como todas las penas del pecado. 

2º «Baja el Espíritu», «bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1,34): el bautismo nos hace "una nueva creación", hijos adoptivos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, miembros de Cristo, coherederos con Él y templos del Espíritu Santo. 

La Santísima Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— nos da la gracia santificante, que nos hace capaces de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo; de vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo mediante sus dones; de crecer en el bien por medio de las virtudes morales.

Pidamos, como nos exhorta el Papa Francisco, «despertar la memoria de nuestro Bautismo», «vivir cada día nuestro Bautismo, como realidad actual en nuestra existencia».

«Eres psicólogo, inteligente, ¿cómo te has hecho católico?» Dios le habló en un retiro en silencio


Brent Robbins despreciaba la fe, como fantasía... hasta que oyó la voz de Dios

«Eres psicólogo, inteligente, ¿cómo te has hecho católico?» Dios le habló en un retiro en silencio

Brent Robbins, doctor en psicología clínica, explica cómo encontró a Dios en un retiro, en un rato de silencio


Brent Dean Robbins es profesor de psicología en Point Park University en Pittsburgh, Pensilvania (aquí está su ficha) y participa en varias publicaciones y asociaciones dedicadas a la investigación psicológica. Es doctor en psicología clinica por la Universidad de Duquesne y recibió un premio por el inicio de su carrera en la Society for Humanistic Psychology. 

Ha explicado recientemente en un vídeo-testimonio en CHNetwork, en inglés, cómo llegó a la fe católica, para asombro de muchos de sus colegas. Básicamente, Dios le habló.

Una familia sin fe
Brent nació en una familia nominalmente católica, pero en realidad sin fe. "Mis padres eran menos que tibios". Apenas fueron alguna vez a misa y su padre, sus hermanos y sus hermanas, siempre estaban criticando a la Iglesia. 

Su padre había leído a Joseph Campbell, un experto en mitología y religión comparada, de quien había tomado la idea de que todas las religiones venían a enseñar más o menos los mismos mitos. Era más bien sincrético. 

Su madre tenía más fe. Pero sus padres se divorciaron, ella se casó después con un presbiteriano y el catolicismo desapareció del todo de su vida. 

En la universidad: Freud, Nietszche, Marx...
"En la universidad seguí el camino de mi padre, de sincretismo, y empecé a estudiar budismo, hinduismo. Y después a los maestros de la sospecha: Freud, Marx, Nietszche... Yo era parte de la Liga Intelectual que sabía 'la verdad', es decir, que Dios es solo un mecanismo que unos usan para controlar a la gente, o que usamos para resolver nuestras ansiedades sobre la muerte o sobre problemas de parentalidad". 

Hizo una tesis doctoral sobre "el gozo" o la "alegría", que él mismo define como un "anti-C.S.Lewis". "Si la lees ves que es bastante obvio que trata del ateísmo", dice. "Básicamente yo decía que cuando nos libremos de la idea de Dios, entonces lograremos el gozo, la alegría". 

«Eres psicólogo, inteligente, ¿cómo te has hecho católico?» Dios le habló en un retiro en silencio

Y su esposa se convirtió
El catolicismo volvió a meterse en su casa a través de su esposa. Ella se convirtió, "guiada por una especie de intuición profunda", e hizo su curso de formación para adultos y empezó a ir a misa cada domingo. Al principio, iba a misa sola. Luego, empezó a invitarlo: "estaría bien si me acompañas", "¿por qué no vienes conmigo a misa mañana?", etc... Él la acompañaba en varias ocasiones, a veces solo para señalar fallos o reconfirmar su ateísmo.

Se cambiaron de ciudad y él se animó un día a acompañarla a la nueva iglesia, la catedral. La gente en misa era poco acogedora, se alejaban cuando ellos se sentaban cerca. "¿Ves? Ya lo sabía, los católicos son así", decía él a su mujer, al verlo. Pero después encontraron otra parroquia "muy family-friendly" (tenían dos hijas) y perseveraron en ella.

Un retiro, con 3 horas de silencio: Dios habló
"Cuando llevábamos un año, el ujier, que era muy amigable, nos invitó a un retiro. Y allí fuimos. Era un retiro de día completo, y había un rato de 3 horas solo para la oración en silencio. El silencio no es algo que tengamos muy a disposición en nuestra sociedad. Yo estaba bastante espantado. ¿Qué iba a hacer en silencio 3 horas? Tenía algunas oraciones para leer pero las acabé en diez minutos".

"Me senté allí, en silencio. Y rompiendo ese silencio oí la voz clara de Dios. Supe que era Dios porque decía cosas a las que yo reaccionaba diciendo: '¿Cómo? ¿Estás de broma?'"

Dios le daba instrucciones, "más bien proféticas". Por ejemplo, no le decía "deberías volver a Pittsburg", sino "vas a volver a Pittsburg". Y también: "vas a volver a tu investigación sobre el gozo". Y todo eso se cumplió. "Quedé transformado, con mi corazón sacudido". Más adelante dice: "fue como un contacto directo con Dios, me asustó". 

"Poco después fui a confesarme, por primera vez en 20 años. Y me quebranté, con lágrimas. El cura me decía: 'vale, está bien, no pasa nada'. Yo sentía un arrepentimiento extremo por haberme alejado de Dios".

Conectar la fe y la vida intelectual
Ahora ya Brent Robbins vivía una gran alegría, un gozo enorme de haber enlazado su vida con Dios. Y tenía un reto: poder entenderlo y explicar intelectualmente. "Cuando le hablo a alguien de mi fe, casi siempre me responde: 'eres inteligente, eres doctor en psicología, ¿cómo puedes ser católico?'. Es genial, porque me da pie para evangelizar. Reconocen que soy inteligente y se rompe el estereotipo que tienen y me preguntan mis razones intelectuales". 

"Tuve una conversión de corazón, pero he tenido que trabajar la parte intelectual. Me costó un tiempo reconciliar mi experiencia directa con Dios con mi parte intelectual. Creo que ya he llegado a ese punto, en que mi formación como profesor y mi fe están más y más integradas". 

Fuente: Religión en Libertad

martes, 2 de enero de 2018

Santo Evangelio 2 de enero 2018


Día litúrgico: 2 de Enero (Feria del tiempo de Navidad)

Santoral 2 de Enero: Santos Basilio el Grande y Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia
Texto del Evangelio (Jn 1,19-28): Éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron adonde estaba él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: «¿Quién eres tú?». El confesó, y no negó; confesó: «Yo no soy el Cristo». Y le preguntaron: «¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?». El dijo: «No lo soy». «¿Eres tú el profeta?». Respondió: «No». Entonces le dijeron: «¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?». Dijo él: «Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías». 

Los enviados eran fariseos. Y le preguntaron: «¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?». Juan les respondió: «Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia». Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.

«En medio de vosotros está uno (…) que viene detrás de mí»
Mons. Romà CASANOVA i Casanova Obispo de Vic 
(Barcelona, España)


Hoy, en el Evangelio de la liturgia eucarística, leemos el testimonio de Juan el Bautista. El texto que precede a estas palabras del Evangelio según san Juan es el prólogo en el que se afirma con claridad: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros» (Jn 1,14). Aquello que en el prólogo —a modo de gran obertura— se anuncia, ahora en el Evangelio, paso a paso, se manifiesta. El misterio del Verbo encarnado es misterio de salvación para la humanidad: «La gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo» (Jn 1,17). La salvación nos viene por Jesucristo, y la fe es la respuesta a la manifestación de Cristo.

El misterio de la salvación en Cristo está siempre acompañado por el testimonio. Jesucristo mismo es el «Amén, el Testigo fiel y veraz» (Ap 3,14). Juan Bautista es quien da testimonio, con su misión y mirada de profeta: «En medio de vosotros está uno (…) que viene detrás de mí» (Jn 1,26-27). Y los Apóstoles así entienden la misión: «A este Jesús, Dios le resucitó; de lo cual todos nosotros somos testigos» (Hch 2,32).

La Iglesia toda ella, y por tanto todos sus miembros, tenemos la misión de ser testigos. El testimonio que nosotros traemos al mundo tiene un nombre. El Evangelio es el mismo Jesucristo. Él es la “Buena Nueva”. Y la proclamación del Evangelio a lo largo de todo el mundo hay que entenderla también en clave de testimonio que une inseparablemente el anuncio y la vida. Es conveniente recordar aquellas palabras del papa Pablo VI: «El hombre contemporáneo escucha mejor a quienes dan testimonio que a quienes enseñan (…), o, si escuchan a quienes enseñan, es porque dan testimonio».

«María es la escuela de la humildad», dice Anna Sila, la actriz que la interpreta en París

«María es la escuela de la humildad», dice Anna Sila, la actriz que la interpreta en París

Reflexiona sobre la Virgen en el musical «Jesús de Nazareth en Jerusalén»

«María es la escuela de la humildad», dice Anna Sila, la actriz que la interpreta en París

Anne Sila interpreta a María en el musical de Pascal Obispo sobre Jesús en Jerusalén


Anna Sila es una cantante francesa (y violonchelista) que ha reflexionado mucho sobre la Virgen María en los últimos meses. La interpreta en “Jesús de Nazareth en Jerusalén“, un musical, más bien ortodoxo en doctrina, que triunfa en París y a partir de enero estará de gira por otras ciudades francesas. El compositor es Pascal Obispo y el escenógrafo, muy cinematográfico, es Christophe Barratier.

Y Anna es María.

“Para trabajar este papel necesitas silencio verdadero”, insiste en una entrevista en el diario normando Tendance Ouest. 

Dar espacio al silencio y la quietud
Reflexionando sobre María, ha llegado a la conclusión de que debe dar “un gran espacio al silencio y a la ausencia de movimiento”.

Es también un gesto contracultural. “Tendemos a hacer demasiado, a movernos a todas partes, a gritar, a decir demasiado y creo que es allí donde podemos perdernos. Ahí me perdería interpretando el papel de María. No hay que olvidar el aspecto sagrado que hay que proteger. Intento mantenerme ahí tanto como puedo, en silencio interior. Así he trabajado el papel“.

María, escuela de humildad
Le preguntan qué ha aprendido de María interpretándola.

“María es la escuela de la humildad”, dice Anna Sila. “Ella sabe lo que va a pasar en la historia, en los tres años que se representan. Va hacia algo que conoce, pese a que sufrirá con la pasión de su hijo Jesús. Es como si sufriera un dolor que otros no tienen, un dolor que debe vivir. Eso requiere que la actriz dé un paso atrás“.

De las distintas escenas del musical, ella destaca la del Gólgota.

“Es una de las escenas más fuerte. Es una escena difícil de interpretar porque requiere todos nuestros estados de ánimo. Y después hay que cantar. Pero es una escena hermosa. Son escenarios espirituales que resonarán en cada uno: ‘la esperanza de una vida más fuerte que la muerte, un nuevo comienzo'”.

Y sobre la Resurrección: “Es un signo de esperanza simbolizado por una llama que vacila, un vislumbre de la fragilidad del silencio”.


Superarse con algo más grande que uno mismo
Anna Sila empezó su carrera como violonchelista y cantante. Participó en la edición francesa del concurso televisivo La Voz, en su cuarta temporada. Dice que lo vivió como “el superarse haciendo algo más grande que uno mismo”, algo que también experimenta en este musical bíblico. Afirma que es un musical “hermoso y atrevido, que atrae al público“.

Señala que las palabras y actos de Jesús siempre permanecen. “Y encarnar el papel de María me desafía, entre la esperanza, la fe y las preguntas”.


Sobre su trasfondo religioso personal, explica que sus abuelos maternos eran muy religiosos. “Creo que por eso este espectáculo es más fuerte para mí”, añade. “Me conmueve mucho leer los diálogos, cantar las canciones, vivir el guión”.

Fuente Religión en Libertad


lunes, 1 de enero de 2018

Evangelio 1 de enero 2018





Día litúrgico: 1 de Enero: Santa María, Madre de Dios (Día octavo de la octava de Navidad)

Texto del Evangelio (Lc 2,16-21): En aquel tiempo, los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.


«Los pastores fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre»
Rev. D. Manel VALLS i Serra 
(Barcelona, España)


Hoy, la Iglesia contempla agradecida la maternidad de la Madre de Dios, modelo de su propia maternidad para con todos nosotros. Lucas nos presenta el “encuentro” de los pastores “con el Niño”, el cual está acompañado de María, su Madre, y de José. La discreta presencia de José sugiere la importante misión de ser custodio del gran misterio del Hijo de Dios. Todos juntos, pastores, María y José, «con el Niño acostado en el pesebre» (Lc 2,16) son como una imagen preciosa de la Iglesia en adoración.

“El pesebre”: Jesús ya está ahí puesto, en una velada alusión a la Eucaristía. ¡Es María quien lo ha puesto! Lucas habla de un “encuentro”, de un encuentro de los pastores con Jesús. En efecto, sin la experiencia de un “encuentro” personal con el Señor no se da la fe. Sólo este “encuentro”, el cual ha comportado un “ver con los propios ojos”, y en cierta manera un “tocar”, hace capaces a los pastores de llegar a ser testigos de la Buena Nueva, verdaderos evangelizadores que pueden dar «a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel Niño» (Lc 2,17).

Se nos señala aquí un primer fruto del “encuentro” con Cristo: «Todos los que lo oyeron se maravillaban» (Lc 2,18). Hemos de pedir la gracia de saber suscitar este “maravillamiento”, esta admiración en aquellos a quienes anunciamos el Evangelio.

Hay todavía un segundo fruto de este encuentro: «Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto» (Lc 2,20). La adoración del Niño les llena el corazón de entusiasmo por comunicar lo que han visto y oído, y la comunicación de lo que han visto y oído los conduce hasta la plegaria de alabanza y de acción de gracias, a la glorificación del Señor.

María, maestra de contemplación —«guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón» (Lc 2,19)— nos da Jesús, cuyo nombre significa “Dios salva”. Su nombre es también nuestra Paz. ¡Acojamos en el corazón este sagrado y dulcísimo Nombre y tengámoslo frecuentemente en nuestros labios!

Embarazada del octavo hijo tuvo cáncer y rechazó el tratamiento para así salvarlo: murió en Navidad


Memorable respuesta a los médicos que pidieron que abortara

Embarazada del octavo hijo tuvo cáncer y rechazó el tratamiento para así salvarlo: murió en Navidad

Sapna Tracy se ha convertido en un testimonio de amor y entrega en toda la India

Embarazada del octavo hijo tuvo cáncer y rechazó el tratamiento para así salvarlo: murió en Navidad

Sapna Tracy ha dado su vida para salvar la de su hija. Esta mujer india de 43 años murió  el día de  25 de Navidad debido a un cáncer de mama, que le fue detectado durante el embarazo de su octavo hijo. Rechazó el tratamiento para que el bebé no muriera y finalmente la pequeña nació sana aunque el cáncer se extendió durante ese tiempo provocando ahora su muerte.

Este caso se ha convertido en un testimonio en toda la India y está copando páginas y artículos en la prensa nacional. 

Familia católica y provida, ejemplo para toda India
Esta familia católica tenía claras sus convicciones provida, y las ha llevado hasta el final. Desde jóvenes, tanto Tracy como su esposo Joju pertenecían a la Renovación Carismática. Ella trabajaba como enfermera en el Instituto de Ciencias Médicas de la India y él como trabajador social de la Diócesis de Delhi.

Durante los últimos años, el matrimonio estaba completamente volcado en el movimiento provida dentro de la Iglesia, donde trabajaba contra el aborto y ayudando a las familias numerosas. Ahora han mostrado estas convicciones al mundo entero.


La familia al completo. Tracy sostiene en sus brazos a la pequeña Filomena, a la que se negó a abortar

"Sólo yo puedo dar a luz a este niño que crece en mi vientre"
“A Tracy le diagnosticaron cáncer de mama cuando estaba en el tercer mes de su octavo embarazo. Los médicos querían que abortara y que se sometiera a una cirugía inmediatamente para salvar su vida. Amigos y hasta parientes le recomendaron que siguiera los consejos médicos. Pero ella estaba decidida a no matar a su hijo. Los médicos le advirtieron de que dejaría huérfanos a sus otros siete hijos si no comenzaba el tratamiento”, cuenta su marido a Indian Express, tras haber quedado viudo.

Sin embargo, Tracy contestó al médico: “Sólo yo puedo dar a la luz a este niño que está creciendo en mi  vientre. Hay muchas personas de buen corazón que pueden cuidar de mis otros siete hijos”.

Manteniéndose firme en su fe y en la sacralidad de la vida humana, Tracy siguió adelante y dio a luz a Filomena, que en la muerte de su madre, tiene un año y medio.

Tracy, una "bendición" en su barrio de Delhi
Al sexto mes de embarazo se sometió a una mastectomía, que consiste en una operación quirúrgica en la cual se extirpa la glándula mamaria. Los médicos insistieron en comenzar de manera inmediata la radioterapia y la quimioterapia. Tracy dijo que estaba de acuerdo, pero únicamente después de dar a luz.

“Unos meses después del parto recibió la radio y la quimio. Ella tenía una fuerte convicción de que no debíamos acabar con una vida, incluso aunque ello pusiera en riesgo la suya propia. Dando a luz a ocho hijos y criándolos a todos mientras trabajaba, Tracy fue una bendición en nuestro barrio de Delhi”, agrega Joju, su marido.

El viudo ni juzga a Dios ni se arrepiente de haberla apoyado
Hace aproximadamente un año que comunicaron a esta valiente mujer que tenía metástasis y que el cáncer se había extendido a los pulmones. Se moría. Toda la familia se trasladó a Kerala, lugar natal del matrimonio.


El viudo no juzga a Dios ni se arrepiente de haber apoyado la decisión de Tracy, aunque le haya costado la vida. “Consideramos que la vida es muy valiosa. No tenemos derecho a acabar con ella. No tuve reparos en respaldar su decisión de no abortar para comenzar el tratamiento del cáncer. No podríamos haber salvado dos vidas”, confiesa Joju, que cree que si su mujer se hubiera sobrepuesto a la enfermedad hubieran ido a por el noveno hijo.

Preparar a los hijos para la muerte de su madre
Pese a que la enfermedad avanzaba ella siguió con su frenética actividad de madre y activista provida y católica hasta que el último mes quedó definitivamente postrada en cama. Durante este último tiempo, tanto ella como su marido fueron preparando a sus hijos sobre la inminente muerte. “Se dieron cuenta de que su madre se iría algún día pero Dios y la gente de buen corazón se encargarían de ellos. Les hemos educado como personas con esperanza por lo que no hay lugar a la desesperación”.

El 25 de diciembre, día de Nacimiento de Cristo, era también el “dies natalis” de esta madre católica. Además de a su marido dejó aquí a sus hijos Jaime (15 años), Teresa (14), José (11), Sebastián (9), Francisco (8), María (6), Antonio (4) y Filomena, con apenas año y medio.

Inspiración del mensaje evangélico
El arzobispo de la eparquía de Faridabad. Mar Kuriakose Bharanikulangara, recuerda en AsiaNews la heroicidad de esta mujer que “dijo a los médicos que si su vida era digna de valor, entonces eso mismo también valía para su hija por nacer”.

“Sapna Tracy fue un poderoso testigo del movimiento provida. Para su testimonio, esta pareja católica recibió su inspiración del mensaje del Evangelio”, dijo el prelado. Junto a este arzobispo también asistió al entierro el arzobispo de Thrissur así como numerosos fieles y sacerdotes.

Fuente: Religión en Libertad