jueves, 31 de agosto de 2017

Santo Evangelio 31 de agosto 2017



Día litúrgico: Jueves XXI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 24,42-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».


«Estad preparados»
+ Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas 
(Barcelona, España)


Hoy, el texto evangélico nos habla de la incertidumbre del momento en que vendrá el Señor: «No sabéis qué día vendrá» (Mt 24,42). Si queremos que nos encuentre velando en el momento de su llegada, no nos podemos distraer ni dormirnos: hay que estar siempre preparados. Jesús pone muchos ejemplos de esta atención: el que vigila por si viene un ladrón, el siervo que quiere complacer a su amo... Quizá hoy nos hablaría de un portero de fútbol que no sabe cuándo ni de qué manera le vendrá la pelota...

Pero, quizá, antes debiéramos aclarar de qué venida se nos habla. ¿Se trata de la hora de la muerte?; ¿se trata del fin del mundo? Ciertamente, son venidas del Señor que Él ha dejado expresamente en la incertidumbre para provocar en nosotros una atención constante. Pero, haciendo un cálculo de probabilidades, quizá nadie de nuestra generación será testimonio de un cataclismo universal que ponga fin a la existencia de la vida humana en este planeta. Y, por lo que se refiere a la muerte, esto sólo será una vez y basta. Mientras esto no llegue, ¿no hay ninguna otra venida más cercana ante la cual nos convenga estar siempre preparados?

«¡Cómo pasan los años! Los meses se reducen a semanas, las semanas a días, los días a horas, y las horas a segundos...» (San Francisco de Sales). Cada día, cada hora, en cada instante, el Señor está cerca de nuestra vida. A través de inspiraciones internas, a través de las personas que nos rodean, de los hechos que se van sucediendo, el Señor llama a nuestra puerta y, como dice el Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20). Hoy, si comulgamos, esto volverá a pasar. Hoy, si escuchamos pacientemente los problemas que otro nos confía o damos generosamente nuestro dinero para socorrer una necesidad, esto volverá a pasar. Hoy, si en nuestra oración personal recibimos —repentinamente— una inspiración inesperada, esto volverá a pasar.

Un obispo de EE UU: los hombres deben descubrir su identidad masculina para salvar a sus familias


Un obispo de EE UU: los hombres deben descubrir su identidad masculina para salvar a sus familias

Un obispo de EE UU: los hombres deben descubrir su identidad masculina para salvar a sus familias

Monseñor Thomas J. Olmsted es el obispo de la Diócesis de Phoenix, en Arizona. Ante todo es un hombre realista que ha decidido afrontar los problemas desde la raíz. Y uno de los más graves es la desaparición del hombre en el seno de la familia, bien porque los hijos nacen fuera del matrimonio, o bien porque ha abandonado sus responsabilidades como esposo y padre. Para el obispo de Arizona, nunca antes se ha visto una crisis como la actual a la hora de vivir el hombre su masculinidad, es decir su compromiso matrimonial y su paternidad, su liderazgo en la familia, su obligación de escuchar el corazón de su mujer y de sus hijos, así como su capacidad de sacrificio personal para sacar adelante su familia.

Esta situación es la que ha motivado a escribir una exhortación pastoral titulada “En la brecha” (Into The Breach) a través de la cual analiza la crisis de masculinidad que existe hoy en la sociedad, y señala una serie de criterios que ayuden a todos, pero principalmente a los hombres, a descubrir de nuevo su identidad como varones.

Olmsted comienza su escrito pidiendo a los hombres católicos que “no duden al entrar en la batalla que se pelea alrededor de ustedes, la batalla que está hiriendo a nuestros niños y familias, la batalla que está distorsionando la dignidad tanto de hombres como mujeres. Esta batalla habitualmente está oculta, pero es muy real. Esta batalla es primordialmente espiritual y está matando progresivamente lo que queda del carácter cristiano de nuestra sociedad y cultura, e incluso en nuestros propios hogares”.

Un panorama desastroso
Se trata de una batalla que ha provocado que desde 2000, 14 millones de católicos dejen la Iglesia, hayan caído un 41% los matrimonios sacramentales o un 28% el bautismo de niños, por señalar algunos de los datos que ofrece el obispo. Ahora bien, ¿en dónde está la raíz del problema?

Olmsted responde que “una de las razones claves por las que la Iglesia está vacilando bajo los ataques de Satanás es que muchos hombres católicos no han estado dispuestos a “mantenerse firmes sobre la brecha” –dejando ese espacio abierto y vulnerable al ataque. Un tercio ha dejado la fe y muchos de los que todavía son ‘católicos’ practican la fe con timidez y con un compromiso mínimo de transmitirles la fe a sus hijos”.

El problema no es sólo para ahora, a juicio del prelado “las crecientes pérdidas de hombres católicos jóvenes tendrán un impacto devastador en la Iglesia en EE.UU. en las siguientes décadas, a medida que los hombres ancianos mueran y los hombres jóvenes no permanezcan ni se casen en la Iglesia, acelerando así las pérdidas que ya han ocurrido”.


Corto de En la brecha, Una llamada a la batalla, con subtítulos en español.

Recuperar la vocación de ser hombre
Con este panorama el obispo de Phoenix ha escrito esta exhortación para animar a “sacerdotes y diáconos, padres e hijos, abuelos y viudos, hombres jóvenes” para que comprendan y asuman su vocación de hombres. Y para ello articula su escrito en tres provocadoras preguntas: “¿Qué significa ser un hombre católico?” “¿Cómo ama un hombre católico?” Y “¿por qué la paternidad, adecuadamente entendida, es tan crucial para cada hombre?”

¿Qué significa ser un hombre católico?
La ideología de género está creando mucha confusión en las personas. Todos deberíamos entender lo que significa ser hombre: “Esto pareciera obvio, pero en nuestro mundo hay muchas imágenes distorsionadas y evidencia de confusión sobre lo que es la masculinidad verdadera –explica el prelado-. Podemos decir con certeza que por primera vez en la historia, la gente está tan confundida o es tan arrogante que ahora intenta determinar su propia masculinidad o feminidad”.

Olmsted pone como modelo para los hombres al propio Jesucristo, el Hijo que vino al mundo enviado por el Padre para dar la vida por los hombres: “Aquí está la masculinidad en su totalidad; cada hombre católico debe estar preparado para mantenerse firme sobre la brecha, entrar en combate espiritual, defender a la mujer, a los niños y demás contra la adversidad y asechanzas del demonio”.

Sin embargo el riesgo que corre el hombre es el de buscar otros objetivos por los que dar la vida: “Las opiniones de los demás, nuestras carreras, posesiones, juguetes, deportes, aficiones, ropa, tatuajes, casas y carros son caminos con los que somos tentados a identificarnos. Pero aunque algunas de éstas son parte de la vida, no constituyen el centro de nuestro ser”.

La realidad de la vida se impone ante las estas tentaciones, por eso Olmsted, citando al Beato Pier Giorgio Frassati, afirma: “Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, sin una lucha estable por la verdad, eso no es vivir, es existir”. Y al Papa Emérito Benedicto XVI: “No habéis sido creados para la comodidad sino para la grandeza”.


7 hábitos necesarios en un hombre católico
Si un hombre quiere perseverar en esta lucha por su masculinidad debe vivir los siguientes pasos:
Orar todos los días. “¡Sin oración, un hombre es como un soldado sin comida, agua, o munición!”.
Examinar su conciencia antes de ir a dormir, y hacer el acto de contrición.
Ir a Misa.
Leer la Biblia.
Santificar las fiestas.
Confesarse.
Construir fraternidad con otros hombres católicos.
¿Cómo ama un hombre católico?
Si es fundamental entender lo que es un hombre católico y cuál es su modelo, igual de importante es saber cómo debe ser el amor masculino. Una aclaración previa señala el obispo de Phoenix: “Cristo dejó claro que en el centro de su misión está el amor. ‘Ámense los unos a los otros, como yo los he amado’ (Juan 15:12). Cristo amó con pasión pero sin la más mínima señal de sentimentalismo: “Todas las enseñanzas de nuestro Señor se reducen a este mandamiento. El amor, no es un asunto adicional, es la misión”.

Olmsted señala tres ámbitos en los que el hombre debe amar: como amigo, como esposo y como padre.

El amor a los amigos es fundamental: “¿Cómo son sus amigos? ¿Tienen amigos con quienes comparten la misión de santidad?” “Una renovada masculinidad no será posible sin que los hombres primero se unan como hermanos y verdaderos amigos”.


El amor conyugal es un amor que reclama a cada hombre un compromiso y una entrega por completo. Sin embargo “en nuestros días, ese compromiso es habitualmente visto como la elección de algo convencional incluso aburrido; algo que limita la libertad o amenaza el amor. ¡Nada podría estar más lejos de la verdad!”, exclama monseñor. “La juventud no fue hecha para el placer, sino para el heroísmo”, señala citando a Paul Claudel, por lo que anima a los jóvenes a prepararse para el matrimonio incluso desde antes de conocer a quien será su novia, de forma que algún día puedan decirle: “Antes de conocerte, ya te era fiel”.

El amor conyugal alcanza el infinito
Y es que el matrimonio es una llamada a la dignidad y belleza de la unión que simboliza el amor de Cristo como esposo por la Iglesia, tal y como explica san Pablo en las instrucciones que da a los esposos (Efesios 5:25-32). Es más, “en el sacramento del matrimonio el amor humano es atrapado en el amor infinito y eterno de Dios. Hombres, ¡esa es la gloria! Llamados al matrimonio, ustedes son llamados a ser Cristo para su esposa. Debido a que este amor los une sacramentalmente al amor infinito que Cristo tiene por cada uno, su matrimonio sacramental se sobrepone a los límites del matrimonio natural y alcanza el infinito y eterno carácter al que todo amor aspira”.

Ahora bien, también pone en guardia contra todo aquello que lo ataca: “La discordia, el espíritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura… ensimismamiento, egoísmo, la búsqueda del placer propio”, señala citando al Catecismo de la Iglesia Católica, a lo que también añade la pornografía y otras desviaciones.



En conclusión, con un amor con estos principios “ustedes, hombres, no sólo verán a Dios en las mujeres de su vida sino también en ustedes mismos ¡la imagen de Dios!”.

¿Por qué la paternidad es tan crucial para cada hombre?
A la tercera y última pregunta, Olmsted explica que “convertirse en papá y mamá significa realizarse plenamente, porque es llegar a ser semejantes a Dios. Esto no se dice en los periódicos, no aparece, pero es la verdad del amor. Convertirse en papá y mamá nos hace mucho más semejantes a Dios”.


Y hoy hay un ataque a la paternidad y a la maternidad. El obispo aporta datos: el 41% de los niños nacen fuera del matrimonio, un aumento del 700% desde 1950, cuando el índice de nacimientos fuera del matrimonio era de solo 6%. No son niños huérfanos por una guerra: “Se trata de ausencia voluntaria del propio padre a una escala masiva. El niño debe preguntar: ‘¿Dónde está mi papá?’ ¿Cuál es el impacto en el corazón de un niño, en su entendimiento del mundo, el amor, y del Padre Celestial, cuando la respuesta a esa pregunta es: ‘Nos dejó’, o ‘No lo sé’, o ‘Fue el donante en un banco de esperma, y así es como tu vida empezó, y pues, no dejó ninguna dirección’?”

Por eso, Olmsted clama: “Hombres, su presencia y misión en la familia es irremplazable; despierten y con amor retomen su lugar, dado por Dios, como protectores, proveedores, y líderes espirituales de su hogar”.

A continuación puede ver una entrevista en español a Monseñor Thomas J. Olmsted explicando algunos aspectos de su exhortación.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 30 de agosto de 2017

Santo Evangelio 30 de agosto 2017


Día litúrgico: Miércoles XXI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 23,27-32): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia! Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: ‘Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!’. Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!».


«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!»
+ Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué 
(Manresa, Barcelona, España)


Hoy, como en los días anteriores y los que siguen, contemplamos a Jesús fuera de sí, condenando actitudes incompatibles con un vivir digno, no solamente cristiano, sino también humano: «Por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad» (Mt 23,28). Viene a confirmar que la sinceridad, la honradez, la lealtad, la nobleza..., son virtudes queridas por Dios y, también, muy apreciadas por los humanos.

Para no caer, pues, en la hipocresía, tengo que ser muy sincero. Primero, con Dios, porque me quiere limpio de corazón y que deteste toda mentira por ser Él totalmente puro, la Verdad absoluta. Segundo, conmigo mismo, para no ser yo el primer engañado, exponiéndome a pecar contra el Espíritu Santo al no reconocer los propios pecados ni manifestarlos con claridad en el sacramento de la Penitencia, o por no confiar suficientemente en Dios, que nunca condena a quien hace de hijo pródigo ni pierde a nadie por el hecho de ser pecador, sino por no reconocerse como tal. En tercer lugar, con los otros, ya que también —como Jesús— a todos nos pone fuera de sí la mentira, el engaño, la falta de sinceridad, de honradez, de lealtad, de nobleza..., y, por esto mismo, hemos de aplicarnos el principio: «Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie».

Estas tres actitudes —que podemos considerar de sentido común— las hemos de hacer nuestras para no caer en la hipocresía, y hacernos cargo de que necesitamos la gracia santificante, debido al pecado original ocasionado por el “padre de la mentira”: el demonio. Por esto, haremos caso de la exhortación de san Josemaría: «A la hora del examen ve prevenido contra el demonio mudo»; tendremos también presente a Orígenes, que dice: «Toda santidad fingida yace muerta porque no obra impulsada por Dios», y nos regiremos, siempre, por el principio elemental y simple propuesto por Jesús: «Sea vuestro lenguaje: ‘Sí, sí’; ‘no, no’» (Mt 5,37).

María no se pasa en palabras, pero su sí al bien, a la gracia, fue único y veraz; su no al mal, al pecado, fue rotundo y sincero.

Es religiosa y enfermera, la conocen como Soro Gnenetcho, "mujer del cielo"


Es religiosa y enfermera, la conocen como Soro Gnenetcho, "mujer del cielo"

La monja que salva enfermos mentales en Costa de Marfil, donde los niños «endemoniados» desaparecen

Mercedes García Hurtado es hermana de la Caridad de Santa Ana y enfermera. Trabajó durante 25 años en un hospital psiquiátrico en Tarragona y en 2012 llegó hasta Costa de Marfil “porque siempre quise ser misionera, pero me quedé en España más de 20 años para cuidar a mi madre enferma”. Además de atender el dispensario, Soro Gnenetcho –que quiere decir mujer del cielo, como la llaman en su aldea– atiende y hasta en ocasiones salva la vida a las personas con discapacidad intelectual o enfermedades psiquiátricas en un país lleno de tabús y creencias animistas que las consideran espíritus a los que hacen desaparecer. Mercè, como la llaman en su tierra, pide ayuda, porque se necesitan medios para las personas con discapacidad intelectual puedan tener las mismas oportunidades que los demás. Cristina Sánchez Aguilar, de Alfa y Omega, la ha entrevistado.


- ¿Cómo que desaparecen?
- Los marfileños consideran que los enfermos mentales tienen demonios dentro porque han hecho algo mal. Sus familias los llevan a curanderos, cuando no los abandonan en el campo. El marabú practica un ritual místico y los hace desaparecer.

- Pero… ¿dónde van a parar?
- El ritual consiste en aplicar unas hierbas y esparcir agua sobre su cuerpo. Si es una serpiente, la persona comenzará a moverse y se transformará en una cobra, y entonces desaparecerá. Si es un genio comenzará a dar vueltas sobre sí mismo como un remolino y desaparecerá también. En cambio, si se trata de un hombre se quedará quieto, aunque, eso sí, el espíritu no desaparecerá de su cuerpo, pero su familia deberá aceptarlo y llevarlo de nuevo a casa. La gente que ha ido a estos curanderos nunca más aparece… no sabemos dónde están, nadie los vuelve a ver. Y la familia tiene que estar contenta, porque si no, al próximo embarazo también caerá la maldición.

- ¿Los matan?
- No lo sabemos.


- ¿Y cómo trabaja una enfermera experta en psiquiatría entre tanta creencia mágica?
- Es difícil, porque cambiar el mundo de las creencias es casi imposible. Por ejemplo, a las personas con síndrome de Down o a los epilépticos ni se los toca porque creen que son contagiosos, los echan de la escuela o el trabajo… Es todo un estigma.

- Se quedarán pasmados cuando la ven a usted acercarse a los personas con enfermedades mentales.
- Tanto que me llaman Soro Gnenetcho, que significa mujer del cielo. Ven extraordinario –pero en positivo– que me acerque a esos espíritus que echan espuma por la boca y los atienda con cariño y atención.

- En un entorno así la parte evangelizadora también tiene pinta de ser difícil.
- Es otro buen desafío. Aquí el cristianismo lleva 100 años, está muy poco arraigado. Pero, eso sí, en sus creencias también hay un solo dios, y además es mujer.


- Entonces predican con sus obras.
- Atendemos un pequeño dispensario al que vienen enfermos de todas las aldeas de alrededor. Son muy pobres, pero es curioso el culto a los muertos tan desarrollado que tienen. Cuando fallece alguien de la familia hacen un gran despliegue de actos, gastan todo lo que tienen en comidas… de hecho, no hay fecha para enterrarlos. Yo sé de familias que tienen un miembro sin enterrar desde hace 20 años porque no se han reunido todavía todos. Este momento es crucial para ellos, porque se tiene que hacer bien el traspaso a la otra orilla.

- La clave, aunque parezca un lugar común, es la educación.
- Sí, pero no creas, es difícil con los jóvenes. Aquí hay un rito, el del bosque sagrado, una iniciación en la que el muchacho entra en la edad adulta. Los jóvenes se pasan casi un año dentro del bosque sin poder salir. Si se ponen enfermos, tienen que curarse a base de hierbas, y muchos mueren en el intento. Si la novia o la madre va a ponerle un plato de comida y al día siguiente está intacto es que ha muerto. Las religiosas que están en la escuela están enfadadísimas porque, claro, los muchachos dejan durante mucho tiempo de ir a clase.

- ¿Y las mujeres?
- No van al colegio. Aquí la mujer está para trabajar en el campo, para tener hijos –varones, porque si no corre el riesgo de ser abandonada– y para casarse de niñas con hombres mucho más mayores. Son un cero a la izquierda, son esclavas. Por ponerte un ejemplo de lo más cotidiano, en los funerales preparan comida para cientos de personas y, si hay solo una silla, el hombre nunca permitirá que ella se siente a descansar. Se sienta él.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 29 de agosto de 2017

Santo Evangelio 29 de agosto 2017


Día litúrgico: 29 de Agosto: El martirio de san Juan Bautista

Texto del Evangelio (Mc 6,17-29): En aquel tiempo, Herodes había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: «No te está permitido tener la mujer de tu hermano». Herodías le aborrecía y quería matarle, pero no podía, pues Herodes temía a Juan, sabiendo que era hombre justo y santo, y le protegía; y al oírle, quedaba muy perplejo, y le escuchaba con gusto. 

Y llegó el día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, dio un banquete a sus magnates, a los tribunos y a los principales de Galilea. Entró la hija de la misma Herodías, danzó, y gustó mucho a Herodes y a los comensales. El rey, entonces, dijo a la muchacha: «Pídeme lo que quieras y te lo daré». Y le juró: «Te daré lo que me pidas, hasta la mitad de mi reino». Salió la muchacha y preguntó a su madre: «¿Qué voy a pedir?». Y ella le dijo: «La cabeza de Juan el Bautista». Entrando al punto apresuradamente adonde estaba el rey, le pidió: «Quiero que ahora mismo me des, en una bandeja, la cabeza de Juan el Bautista».El rey se llenó de tristeza, pero no quiso desairarla a causa del juramento y de los comensales. Y al instante mandó el rey a uno de su guardia, con orden de traerle la cabeza de Juan. Se fue y le decapitó en la cárcel y trajo su cabeza en una bandeja, y se la dio a la muchacha, y la muchacha se la dio a su madre. Al enterarse sus discípulos, vinieron a recoger el cadáver y le dieron sepultura.


«Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy recordamos el martirio de san Juan Bautista, el Precursor del Mesías. Toda la vida del Bautista gira en torno a la Persona de Jesús, de manera que sin Él, la existencia y la tarea del Precursor del Mesías no tendría sentido.

Ya, desde las entrañas de su madre, siente la proximidad del Salvador. El abrazo de María y de Isabel, dos futuras madres, abrió el diálogo de los dos niños: el Salvador santificaba a Juan, y éste saltaba de entusiasmo dentro del vientre de su madre.

En su misión de Precursor mantuvo este entusiasmo -que etimológicamente significa "estar lleno de Dios"-, le preparó los caminos, le allanó las rutas, le rebajó las cimas, lo anunció ya presente, y lo señaló con el dedo como el Mesías: «He ahí el Cordero de Dios» (Jn 1,36).

Al atardecer de su existencia, Juan, al predicar la libertad mesiánica a quienes estaban cautivos de sus vicios, es encarcelado: «Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’» (Mc 6,18). La muerte del Bautista es el testimonio martirial centrado en la persona de Jesús. Fue su Precursor en la vida, y también le precede ahora en la muerte cruel.

San Beda nos dice que «está encerrado, en la tiniebla de una mazmorra, aquel que había venido a dar testimonio de la Luz, y había merecido de la boca del mismo Cristo (…) ser denominado "antorcha ardiente y luminosa". Fue bautizado con su propia sangre aquél a quien antes le fue concedido bautizar al Redentor del mundo».

Ojalá que la fiesta del Martirio de san Juan Bautista nos entusiasme, en el sentido etimológico del término, y, así, llenos de Dios, también demos testimonio de nuestra fe en Jesús con valentía. Que nuestra vida cristiana también gire en torno a la Persona de Jesús, lo cual le dará su pleno sentido.

Luanga, el P. Pro, el P. Kolbe y Margarita Clitherow, cuatro santos que se enfrentaron a dictadores

Luanga, el P. Pro, el P. Kolbe y Margarita Clitherow, cuatro santos que se enfrentaron a dictadores

Actualmente y no tan lejos de nosotros sigue habiendo persecución religiosa

Luanga, el P. Pro, el P. Kolbe y Margarita Clitherow, cuatro santos que se enfrentaron a dictadores


Michael Rennier explica en Aleteia que todavía recuerda lo que le impactó la primera vez que vió esa imagen infame de 21 cristianos vestidos con un mono naranja obligados a arrodillarse en la playa. La imagen fue tomada instantes antes de ser decapitados por terroristas musulmanes de ISIS. La crudeza y la violencia de la imagen "me dieron náuseas", explica este periodista y diácono permanente norteamericano. En esas mismas fechas, recuerda Rennier, hubo otro aniversario de la violencia contra personas de fe: el aniversario del Día de la Bastilla, que supuso el comienzo de una persecución contra la Iglesia que produjo el exilio o asesinato de unos 30.000 sacerdotes católicos. Como se ve, aquel no fue un incidente histórico aislado y sigue habiendo persecución de cristianos por todo el mundo. Lee su artículo a continuación.

No son solo grupos revolucionarios, rebeldes o extremistas violentos los perseguidores, sino que a veces un mismo gobierno es el que se vuelve contra sus propios ciudadanos. Por ejemplo, bajo la dictadura de Kim Jong-un, Corea del Norte sigue siendo implacablemente hostil al cristianismo y a los derechos humanos básicos.

No es demasiado disparatado imaginar que cualquiera de los que leen este artículo ahora mismo podría terminar pasando al menos parte de su vida bajo un régimen represivo o un dictador hostil. Pensamos que es algo que nunca puede pasarnos… hasta que nos pasa.

Me pregunto cómo reaccionaría yo de ser llamado a renunciar a todo por mis creencias, en particular para defender una sociedad justa. Si podría encontrar la valentía para hacerlo es simple especulación, pero sí encuentro motivación al reflexionar sobre santos que vivieron no hace tanto y no demasiado lejos, y que plantaron cara a dictadores y perseguidores. Nunca retrocedieron y, a su modo, todos salieron triunfantes.


Carlos Luanga, en Africa
Carlos Luanga fue asesinado junto a otros 22 jóvenes en 1887 por Mwanga, gobernante de una tribu ugandesa llamada Babadan. Mwanga exigía absoluta lealtad de sus súbditos y especialmente de su círculo más próximo. Carlos era el jefe de los pajes reales, un grupo de jóvenes conocidos por sus habilidades atléticas y su aspecto atractivo.

Entre otras obligaciones, estos pajes reales debían inclinarse ante Mwanga, luchar por él sin hacer preguntas e incluso estar disponibles para él sexualmente. Con Carlos como su líder, terminaron por plantarle cara y rechazar sus exigencias. Como resultado, fueron ejecutados.

Puede resultar intimidatorio que un gobierno exija cooperación con lo que podríamos considerar actos inmorales, aunque en cualquier sociedad hay un tira y afloja constante al respecto. Sin embargo, Carlos nos muestra que es mejor permanecer fieles a nuestros principios independientemente del coste. Al final, murió tratando de proteger a sus amigos del abuso e incluso perdonó a quienes le perseguían.


Miguel Pro, en México
En la década de 1920, México caía en las manos de un represivo dictador marxista llamado Plutarco Elías Calles.

Calles acosó a todos los que se cruzaron en su camino y, a su modo de ver, una de las organizaciones que más se interponían era la Iglesia católica, a la que decidió erradicar exiliando o asesinando a sacerdotes.

Uno de los sacerdotes fue Miguel Pro, quien, en vez de abandonar México para salvar su propia vida, se escondió y continuó rezando clandestinamente con feligreses y ejerciendo su ministerio para con ellos.

Terminó por ser capturado y ejecutado por un pelotón de fusilamiento, pero su legado perdura y su fe en que las personas tienen derecho a la libertad religiosa demostró ser mucho más duradera que la ideología represiva de Calles.

La libertad religiosa es un derecho natural precioso por el que merece la pena luchar contra cualquiera que amenace con arrebatárnoslo.


Margarita Clitherow, en Inglaterra
Margarita, también conocida como “la Perla de York”, vivió y murió en Inglaterra en el siglo XVI. La reina Isabel I, una de las hijas de Enrique VIII, había ascendido al trono y empezado a comportarse de manera dictatorial, en especial al prohibir la libertad religiosa en Inglaterra.

Muchos grupos fueron perseguidos durante este tiempo y el peso cayó con más notoriedad sobre los sacerdotes jesuitas, que fueron perseguidos y ejecutados despiadadamente.

Otros que se negaron a suscribir la Iglesia estatal oficial fueron castigados con multas ruinosas y vetados del servicio gubernamental.

Margarita se solidarizó con estos sacerdotes perseguidos y a menudo los escondía en su casa para mantenerlos a salvo. Con el tiempo la cogieron y, cuando se negó a rechazar su fe, fue condenada por crímenes contra el Estado y aplastada hasta morir bajo el peso de piedras. Arriesgando su propia seguridad, Margarita desafió las exigencias injustas de la reina de traicionar a otros seres humanos.

Incluso hoy podemos encontrarnos en situaciones similares y Margarita nos muestra el mejor camino: es mejor amar y proteger al prójimo incluso cuando hay una presión enorme para transigir.


Maximiliano Kolbe, en Polonia
Maximiliano Kolbe fue un sacerdote polaco que vivió durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un famoso escritor espiritual que tenía muchos lectores en un periódico mensual que había fundado. Tras la invasión alemana de Polonia, empezó a escribir artículos contra los nazis. Al mismo tiempo, usó su monasterio para esconder a unos 2.000 judíos que huían de la persecución.

Con el tiempo, sus actividades le valieron su arresto y encarcelamiento en el infame campo de concentración de Auschwitz. Su tiempo allí culminó con su muerte por inanición cuando se ofreció voluntario para cambiarse por otro prisionero y aceptar su castigo en su lugar para salvar al otro hombre.

Ciertamente, incluso en las circunstancias más funestas, como en un campo de muerte nazi, es posible que un ser humano se comporte con inmenso amor y dignidad. Hitler pudo conquistar temporalmente Polonia, pero nunca pudo conquistar el corazón y el alma de Maximiliano Kolbe.

Ningún dictador ni gobierno puede controlar a una persona mientras conserve su dignidad interior y permanezca fiel a sus valores y creencias.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 28 de agosto de 2017

Santo Evangelio 28 de julio 2017




Día litúrgico: Lunes XXI del tiempo ordinario

Santoral 28 de Agosto: San Agustín, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Mt 23,13-22): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos! Vosotros ciertamente no entráis; y a los que están entrando no les dejáis entrar. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros! ¡Ay de vosotros, guías ciegos, que decís: ‘Si uno jura por el Santuario, eso no es nada; mas si jura por el oro del Santuario, queda obligado!’ ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro, o el Santuario que hace sagrado el oro? Y también: ‘Si uno jura por el altar, eso no es nada; mas si jura por la ofrenda que está sobre él, queda obligado’. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda, o el altar que hace sagrada la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el Santuario, jura por él y por Aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por Aquel que está sentado en él».


«¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que cerráis a los hombres el Reino de los Cielos!»
P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP 
(San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)


Hoy, el Señor nos quiere iluminar sobre un concepto que en sí mismo es elemental, pero que pocos llegan a profundizar: guiar hacia un desastre no es guiar a la vida, sino a la muerte. Quien enseña a morir o a matar a los demás no es un maestro de vida, sino un “asesino”.

El Señor hoy está —diríamos— de malhumor, está justamente enfadado con los guías que extravían al prójimo y le quitan el gusto del vivir y, finalmente, la vida: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y, cuando llega a serlo, le hacéis hijo de condenación el doble que vosotros!» (Mt 23,15).

Hay gente que intenta de verdad entrar en el Reino de los cielos, y quitarle esta ilusión es una culpa verdaderamente grave. Se han apoderado de las llaves de entrada, pero para ellos representan un “juguete”, algo llamativo para tener colgado en el cinturón y nada más. Los fariseos persiguen a los individuos, y les “dan la caza” para llevarlos a su propia convicción religiosa; no a la de Dios, sino a la propia; con el fin de convertirlos no en hijos de Dios, sino del infierno. Su orgullo no eleva al cielo, no conduce a la vida, sino a la perdición. ¡Que error tan grave!

«Guías —les dice Jesús— ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello» (Mt 23,24). Todo está trocado, revuelto; el Señor repetidamente ha intentado destapar las orejas y desvelar los ojos a los fariseos, pero dice el profeta Zacarías: «Ellos no pusieron atención, volvieron obstinadamente las espaldas y se taparon las orejas para no oír» (Za 7,11). Entonces, en el momento del juicio, el juez emitirá una sentencia severa: «¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!» (Mt 7,23). No es suficiente saber más: hace falta saber la verdad y enseñarla con humilde fidelidad. Acordémonos del dicho de un auténtico maestro de sabiduría, santo Tomás de Aquino: «¡Mientras ensalzan su propia bravura, los soberbios envilecen la excelencia de la verdad!».