lunes, 27 de febrero de 2017

Santo Evangelio 27 de Febrero 2017


Día litúrgico: Lunes VIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,17-27): Un día que Jesús se ponía ya en camino, uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante Él, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?». Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, no seas injusto, honra a tu padre y a tu madre». Él, entonces, le dijo: «Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud». Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: «Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme». Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 

Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: «¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el Reino de Dios!». Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: «¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios». Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: «Y ¿quién se podrá salvar?». Jesús, mirándolos fijamente, dice: «Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para Dios».

«Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (...); luego, ven y sígueme»
P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. 
(Barcelona, España)


Hoy, la liturgia nos presenta un evangelio ante el cual es difícil permanecer indiferente si se afronta con sinceridad de corazón.

Nadie puede dudar de las buenas intenciones de aquel joven que se acercó a Jesucristo para hacerle una pregunta: «Maestro bueno: ¿qué he de hacer para tener en herencia la vida eterna?» (Mc 10,17). Por lo que nos refiere san Marcos, está claro que en ese corazón había necesidad de algo más, pues es fácil suponer que —como buen israelita— conocía muy bien lo que la Ley decía al respecto, pero en su interior había una inquietud, una necesidad de ir más allá y, por eso, interpela a Jesús.

En nuestra vida cristiana tenemos que aprender a superar esa visión que reduce la fe a una cuestión de mero cumplimiento. Nuestra fe es mucho más. Es una adhesión de corazón a Alguien, que es Dios. Cuando ponemos el corazón en algo, ponemos también la vida y, en el caso de la fe, superamos entonces el conformismo que parece hoy atenazar la existencia de tantos creyentes. Quien ama no se conforma con dar cualquier cosa. Quien ama busca una relación personal, cercana, aprovecha los detalles y sabe descubrir en todo una ocasión para crecer en el amor. Quien ama se da.

En realidad, la respuesta de Jesús a la pregunta del joven es una puerta abierta a esa donación total por amor: «Anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los pobres (…); luego, ven y sígueme» (Mc 10,21). No es un dejar porque sí; es un dejar que es darse y es un darse que es expresión genuina del amor. Abramos, pues, nuestro corazón a ese amor-donación. Vivamos nuestra relación con Dios en esa clave. Orar, servir, trabajar, superarse, sacrificarse... todo son caminos de donación y, por tanto, caminos de amor. Que el Señor encuentre en nosotros no sólo un corazón sincero, sino también un corazón generoso y abierto a las exigencias del amor. Porque —en palabras de san Juan Pablo II— «el amor que viene de Dios, amor tierno y esponsal, es fuente de exigencias profundas y radicales».

¿Puede volver un matrimonio tras seis años divorciados? Sí, y esta pareja quiere ayudar a otros



Les ha ayudado el Proyecto Amor Conyugal

¿Puede volver un matrimonio tras seis años divorciados? Sí, y esta pareja quiere ayudar a otros

¿Puede volver un matrimonio tras seis años divorciados? Sí, y esta pareja quiere ayudar a otros
Un matrimonio se puede reconstruir


Carlos y Andrea (nombres ficticios) se conocieron en la universidad, y allí iniciaron su noviazgo, «muy bonito e intenso», cuentan. Estuvieron saliendo cinco años, pero un embarazo imprevisto les animó a acelerar la fecha de su boda. «Yo me quedé embarazada y nos dimos prisa por casarnos, perolo hicimos muy enamorados, muy contentos y muy convencidos de lo que estábamos haciendo», recuerda Andrea.

El matrimonio, sin embargo, empezó «con una inmadurez por ambas partes», explican, porque «estábamos centrados en los estudios, en la universidad y cuando comenzaron a llegar los problemas no supimos reaccionar. Cuando te casas nadie te da un manual, no sabes bien qué es esto del matrimonio».

Tras los problemas iniciales, económicos y laborales sobre todo, poco a poco empezaron a salir adelante, incluso llegaron al cabo de un tiempo los dos hijos de este matrimonio. «Pero teníamos muchas carencias, la base de nuestra relación no era sólida, y aparecieron otros problemas, sobre todo a nivel de comunicación». Andrea se reconoce más sensible y Carlos más callado y práctico, y poco a poco cada uno se empezó a refugiar en su trabajo para escapar a la situación que vivían en casa. «A nivel laboral nos iba bien, pero el matrimonio nos iba bastante mal».

Llega el divorcio
La situación era tan irrespirable que Andrea tomó por su cuenta la decisión de divorciarse, «en un arrebato de incomprensión y de dolor», en el año 2010. «Yo me fui con mis hijos y mis cosas, convencida de que aquello era inviable. No hubo infidelidad por ninguna de las partes, sino incomunicación. Yo no me sentía valorada y él no me entendía». Para Andrea «Paco seguía siendo el único hombre de mi vida, pero tras el divorcio comencé una relación con otro hombre que al final resultó ser terrible y dolorosa. Pensaba que iba a ser la panacea, que me iba a dar la complicidad y comprensión que no me había dado mi marido, pero no fue así».

Después de aquello Andrea cayó en una depresión, la misma situación en la que cayó Carlos, al que el divorcio le llevó incluso a amagar un intento de suicidio. «Los dos estábamos muy mal», reconocen.

Intentos de volver
Los años siguientes se centraron en su trabajo, pero Andrea seguía pensando en Carlos. «Yo seguía pensando en él, por la mañana y por la noche. Yo sabía que no podía haber otro hombre en mi vida pero tenía la frustración de que no había salido bien. Aunque me había mucho daño». Por su parte, Carlos empezó a cuidar a su mujer y a sus hijos a distancia: «Yo la apoyaba todo lo que podía, con los niños y con la casa. Mis amigos, especialmente los que están divorciados, decían que estaba loco, pero yo tenía muy claro que tenía que cuidar de ellos. Yo creo que siempre hubo amor entre nosotros. Yo insistí muchas veces y ella me cerraba las puertas, quizá por orgullo, pero yo sabía que mi vida era ella». En aquellos años hubo incluso algunos intentos de volver a retomar la relación que no llegaron a cuajar, porque ambos se dieron cuenta de que los problemas de comunicación persistían.

La decisión 
Hasta que en el año 2015 Carlos desistió de intentar retomar el matrimonio y comenzó una relación con otra mujer. «Yo vi entonces que podía perder al que había sido el amor de mi vida –explica Andrea– por mi orgullo y por no querer perdonar. Pensé que a lo mejor se había cansado de esperarme». Y entonces decidió llamar a Magüi, una amiga suya que junto a su marido José Luis son los responsables del Proyecto Amor Conyugal, que ya está implantado en varias ciudades de España y que ayuda a los matrimonios a reforzar su relación.

«A José Luis y Magüi les conocíamos porque nos dieron las catequesis prebautismales de nuestros hijos», y desde entonces se han vuelto inseparables. Poco a poco comprendieron que ambos eran el amor de la vida del otro, y que merecía la pena intentarlo. «El proceso de volver fue muy duro», pero aun así Carlos dejó aquella relación incipiente y volvió a casa con su mujer y sus hijos.

No hay un manual
«Nadie te enseña a ser un buen esposo o una buena esposa. No hay un manual, es muy difícil. Nosotros todavía estamos en construcción y luchando. Estamos intentando encajar de nuevo el puzzle, pero los dos tenemos claro que queremos estar juntos», cuentan.

Ya llevan un año y dos meses juntos de nuevo, y van al Proyecto Amor Conyugal todas las semanas, para conocer y practicar las herramientas necesarias para que toda relación funcione bien. «Estamos todavía en la Unidad de Cuidados Intensivos, nos ayudan mucho», explican. Por eso, «aunque mucha gente no nos entiende y nos dice: “Tú estás loca” o “Tú estás loco”, nosotros sabemos que un matrimonio se puede reconstruir, aunque estuvieran tan mal como nosotros. Se puede volver».

Queremos ayudar a otros
Por la experiencia que han vivido quieren ofrecerse también a otras parejas para servir de ayuda: «Si hubiera a alguien que necesitara ayuda o escuchar nuestra experiencia que nos contacten a través de Proyecto Amor Conyugal. Si alguien tiene una experiencia dolorosa y nosotros podemos darle, sería maravilloso, porque se ha frivolizado mucho con el divorcio y no se dice que las separaciones son en realidad un trauma».

Puedes conocer más sobre el Proyecto Amor Conyugal AQUÍ

domingo, 26 de febrero de 2017

Santo Evangelio 26 de Febrero 2017


Día litúrgico: Domingo VIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,24-34): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. 

»Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 

»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal».

«No andéis preocupados por vuestra vida»
Rev. P. Floyd L. McCOY Jordán 
(Hormigueros, Puerto Rico)


Hoy, Jesús, recurriendo a metáforas tomadas de la naturaleza propias de su entorno en las más fértiles tierras de Galilea donde pasó su niñez y su adolescencia —los lirios del campo y los pájaros del cielo— nos recuerda que Dios Padre es providente y que, si vela por las creaturas suyas más débiles, tanto más lo hará por los seres humanos, sus creaturas predilectas (cf. Mt 6,26.30). 

El texto de Mateo es de un carácter alegre y optimista, donde encontramos un Hijo muy orgulloso de su Padre porque éste es providente y vela constantemente por el bienestar de su creación. Ese optimismo de Jesús no solamente debe ser el nuestro para que nos mantengamos firmes en la esperanza —«No andéis preocupados» (Mt 6,31)— cuando surgen las situaciones duras en nuestras vidas. También debe ser un incentivo para que nosotros seamos providentes en un mundo que necesita vivir lo que es la verdadera caridad, o sea, la puesta del amor en acción. 

Por lo general, se nos dice que tenemos que ser los pies, las manos, los ojos, los oídos, la boca de Jesús en medio del mundo, pero, en el sentido de la caridad, la situación es todavía más profunda: tenemos que ser eso mismo, pero del Padre providente de los cielos. Los seres humanos estamos llamados a hacer realidad esa Providencia de Dios, siendo sensibles y acudiendo en auxilio de los más necesitados. 

En palabras de Benedicto XVI, «los hombres destinatarios del amor de Dios, se convierten en sujetos de caridad, llamados a hacerse ellos mismos instrumentos de la gracia para difundir la caridad de Dios y para tejer redes de caridad». Pero también nos recordó el Santo Padre que la caridad tiene que ir acompañada de la Verdad que es Cristo, para que no se convierta en un mero acto de filantropía, desnudo de todo el sentido espiritual cristiano, propio de los que viven según nos enseñó el Maestro.

Extraordinario aumento de vocaciones clarisas en Soria: «Estamos siempre, día y noche, ante Jesús»

Extraordinario aumento de vocaciones clarisas en Soria: «Estamos siempre, día y noche, ante Jesús»

Entre una y tres incorporaciones cada año

Extraordinario aumento de vocaciones clarisas en Soria: «Estamos siempre, día y noche, ante Jesús»

Toma de hábito de una de las monjas / Foto: Diócesis Osma-Soria

El goteo de vocaciones en las clarisas de Soria es constante desde hace años. la Madre Abadesa atribuye los resultados al Señor y a la exposición del Santísimo. «Lo primordial de nuestra vida es adorar al Señor», explican al Diario de Soria. Este sábado ha profesado sus votos temporales otra novicia más, y dentro de un mes otra joven toma el hábito

La aldea gala de las monjas está en Soria. La resistencia de las clarisas se esconde sin clandestinidad alguna entre los muros del convento de Santo Domingo, que guarda como pócima mágica un sorprendente censo de novicias jóvenes, con extraordinaria formación académica, que están dictando una lección magistral de entrega y desafecto a lo material, en lo que es un regreso, con presente y futuro, a la regla primitiva, espacio milimétrico reservado para quienes se saben curtir entre la renuncia a lo superfluo y el abrazo a la providencia.

Un contrapunto posible
Esta multiplicación de las vocaciones, y de las voluntades, opera bajo los velos blancos y las cabezas todavía descubiertas, y se da, para más inri, en Soria, reducto provincial acogotado por la despoblación, la inacción y el apego a las rentas seguras, más tangibles y terrenales. Un territorio que sirve de referencia para hablar de vacíos y de olvidados, desdeñando espacios muy llenos y presencias eternas. Como es el caso.

Este contrapunto, de sorprendente superpoblación y vitalidad, late en Santo Domingo como un fuego posible.

Ana Rus, una joven matemática con cuatro de estancia en el convento de Soria es una de sus llamas vivas. Una más que, prendida a Jesucristo, alumbra ya una decisión meditada, la de hacer su profesión temporal (por tres años) este próximo sábado 25 de febrero en el convento que la orden tiene en Valdemoro (Madrid).

Mientras otros conventos cierran
El torrente vocacional que se da en Soria, con un censo completo de 53 monjas, es un tesoro y una rareza enorme. Lo es en tiempos en los que la norma, otra clase de norma, es el cierre. Incluso en puntos de gran raigambre religiosa. Solo en Vizcaya y en la última década se han ‘clausurado’ tres conventos.

Mientras tanto, la Casa de Soria contempla un censo total de 93 integrantes, contando el convento desdoblado de Valdemoro, en Madrid, con el convento de Medinaceli y con las dos extensiones que se tienen en Zimbabwe y Mozambique, África.

La profesión temporal de Rus es solo uno de los indicadores de este florecimiento y atracción. El 25 de marzo, y en Soria, tendrá lugar una nueva toma de hábito, según se explica a este periódico desde la lógica que impone el torno del monasterio. «Es una ceremonia muy bonita, muy llamativa para la gente de fuera que ve cómo se deja el mundo exterior».

Entre una y tres por año
El goteo de vocaciones es constante y todos los años se registran incorporaciones «entre una y tres por año» en el convento de Soria. Con total modestia y naturalidad, en las antípodas de la soberbia, la Madre Abadesa atribuye los resultados al Señor y a la exposición del Santísimo.

La hermana Rus, «aquí todas somos hermanas», lo explica también en una misiva, en los renglones, firmes y entregados, de quien se sabe testigo de un amor inabarcable.

«Durante los cuatro años que llevo, el monasterio no ha dejado de derramar su infinita misericordia sobre mí. Me ha regalado su paz y su alegría y ahora desfonda ese saco de misericordia», detalla demostrando que la libertad puede anidar entre rejas aparentes.

Lo principal de nuestra vida es adorar
Sor Ignacia y Sor Clara regalan paz mientras explican que el trabajo se hace «en fraternidad y en conjunto». Las clarisas esconden un nombre verdadero, el de Hermanas Pobres de Santa Clara. «Ser hermanas y ser pobres, como Cristo fue pobre», razonan. «Lo primordial de nuestra vida es adorar al señor. Aquí está permanentemente el Santísimo expuesto que, siempre está en la custodia, y siempre con una hermana o dos adorándolo durante día y noche, porque no se interrumpe». El resto de la jornada se reparte entre trabajo y oración, con distintas horas de rezo. En este capítulo de principales cuidados también está el canto y la liturgia, «pero tenemos que trabajar para conseguir el pan de cada día y nuestro trabajo, entre 10 y 2 de la tarde, es hacer pastas con un horno y un obrador». El resto del tiempo cada una de las hermanas tiene asignados sus quehaceres y cuidados, también el de las hermanas más mayores.

Somos una familia
La más longeva de las hermanas supera los 90 y la más joven, por contra, tiene apenas 19. «Tenemos de todas las generaciones, disfrutamos de esa gracia. Procuramos adaptarnos a la mentalidad al tiempo en que vivimos. Somos una familia», aducen mientras recuerdan que la providencia en la que confían «se refleja en la ayuda que recibimos de fuera». Las monjas se podrían mantener, por su frugalidad, con el fruto de su trabajo, pero sin el apoyo externo el mantenimiento del edificio sería imposible. «Los cambios en el monasterio se han hecho con la ayuda de bienhechores», sostienen.

Con inmensa ternura ambas hermanas admiten que el canto «es nuestra manera de apostolado». Es un escaparate. «Evangelizamos desde la oración y cuidamos la liturgia. Intentamos cuidar el gregoriano. El canto se hace con el corazón, porque buenas voces, buenas voces, no sé», ironizan sin olvidar que con el canto «muchas personas encuentran paz, tranquilidad y a Dios».

Sabedoras de que Soria es especial, hablan con devoción de la Madre Clara y de la importancia de su fe. «Nos gustaría decir que seguir a Cristo es lo mejor. Estamos siempre, día y noche, ante Jesús, presentando cuantos problemas y necesidades tienen las personas, porque tenemos al Padre en un tiempo tan convulso». Con sosiego y calma, sin embargo, Sor Ignacia y Sor Clara abandonan el locutorio.

Puedes conocer más sobre las clarisas de Soria pinchando AQUÍ

sábado, 25 de febrero de 2017

Santo Evangelio 25 de Febrero 2017


Día litúrgico: Sábado VII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,13-16): En aquel tiempo, algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían. Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios. Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él». Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.


«Dejad que los niños vengan a mí»
Rev. D. Josep Lluís SOCÍAS i Bruguera 
(Badalona, Barcelona, España)


Hoy, los niños son noticia. Más que nunca, los niños tienen mucho que decir, a pesar de que la palabra “niño” significa “el que no habla”. Lo vemos en los medios tecnológicos: ellos son capaces de ponerlos en marcha, de usarlos e, incluso, de enseñar a los adultos su correcta utilización. Ya decía un articulista que, «a pesar de que los niños no hablan, no es signo de que no piensen».

En el fragmento del Evangelio de Marcos encontramos varias consideraciones. «Algunos presentaban a Jesús unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían» (Mc 10,13). Pero el Señor, a quien en el Evangelio leído en los últimos días le hemos visto hacerse todo para todos, con mayor motivo se hace con los niños. Así, «al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘No se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios’» (Mc 10,14).

La caridad es ordenada: comienza por el más necesitado. ¿Quién hay, pues, más necesitado, más “pobre”, que un niño? Todo el mundo tiene derecho a acercarse a Jesús; el niño es uno de los primeros que ha de gozar de este derecho: «Dejad que los niños vengan a mí» (Mc 10,14).

Pero notemos que, al acoger a los más necesitados, los primeros beneficiados somos nosotros mismos. Por esto, el Maestro advierte: «Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él» (Mc 10,15). Y, correspondiendo al talante sencillo y abierto de los niños, Él los «abrazaba (...), y los bendecía poniendo las manos sobre ellos» (Mc 10,16).

Hay que aprender el arte de acoger el Reino de Dios. Quien es como un niño —como los antiguos “pobres de Yahvé”— percibe fácilmente que todo es don, todo es una gracia. Y, para “recibir” el favor de Dios, escuchar y contemplar con “silencio receptivo”. Según san Ignacio de Antioquía, «vale más callar y ser, que hablar y no ser (...). Aquel que posee la palabra de Jesús puede también, de verdad, escuchar el silencio de Jesús».

Sor Querubina estudió Derecho a los 60 años y a sus 84 sigue ayudando a pobres, presos y familias


Esta monja quiere que hasta el último de los últimos sea tratado con dignidad

Sor Querubina estudió Derecho a los 60 años y a sus 84 sigue ayudando a pobres, presos y familias


Esta monja comenzó a estudiar derecho con 60 años y con 84 sigue ayudando a los presos

Sor Querubina estudió Derecho a los 60 años y a sus 84 sigue ayudando a pobres, presos y familias

Rosa Ketchedjian, conocida como sor Querubina, lleva una vida entera dedicada a Dios. A los 13 años ya sabía que quería ser monja y a sus 84 años sigue en primera fila ayudando a todo aquel que lo necesita. Y con este pensamiento fue cuando a una edad en la que muchos piensan en la jubilación ella decidió estudiar Derecho y abrir su propio bufete para representar a los que no tenían a nadie.

“Me gustaban las monjas porque siempre estaban alegres y contentas, siempre estaban ayudando a los demás. Yo vengo de una familia muy cristiana. Mis padres eran personas que iban siempre a la misa dominical, y antes de dormir y de comer, rezábamos. Así que la semilla de querer ayudar al prójimo ya estaba en la familia”, cuenta esta religiosa a la edición uruguaya de El País.

Una familia muy religiosa
Y es que de los ocho hermanos que son, cinco son religiosos siendo dos ellos sacerdotes y tres religiosas capuchinas, entre ellas Rosa.

Con su vocación decidida, desde la Congregación la recomendaron que primero acabara sus estudios de Magisterio y luego ingresara en el noviciado. Y así hizo. Ya como monja se siguió formando y empezó a dar clases: "Enseñaba catequesis, historia, matemática, y también daba algún curso de filosofía, pero sobre todo de astronomía ya que en esa época había pocos docentes de esa materia".



Aún hoy, varias décadas después, sigue colaborando con algunos de los centros educativos en los que impartió clase a cientos de niños.

Enseñar a estudiar a su sobrino y sus compañeros
Y fue años después cuando un día volviendo de un viaje, sor Querubina se teneró de que tanto su sobrino como algunos de sus compañeros que estaban estudiando Derecho para ser abogados habían tenido que abandonar la carrera debido a que los exámenes eran muy exigentes.

La religiosa se empeñó en ayudarles para que no perdieran su oportunidad de estudiar. “Como era profesora les enseñé a estudiar, les enseñé cómo hacer resúmenes, y así los ayudé a que continuaran estudiando”.

Así fue como fue entrando en ella la idea de comenzar a estudiar Derecho. “Dije, ¿por qué no estudio y también doy los exámenes aprovechando que tengo facilidad, que tengo tiempo y que ya estaba estudiando con ellos?”.

Licenciada en Derecho con 64 años
Tenía casi 60 años cuando se lanzó a estudiar Derecho aunque no lo tuvo fácil pues no tenía el preparatorio.

"Al año siguiente ingresé a la Facultad de Derecho y me enganché con los compañeros a los que había ayudado, di los exámenes que ya había preparado y seguí con ellos toda la carrera", narró la monja, que cuatro años después ya era abogada.

La hora octogenaria religiosa recuerda todo aquello como “una experiencia impresionante. Formamos un grupo muy lindo. Íbamos a la facultad de noche porque la mayoría trabajaba” Con los compañeros de generación hacíamos chorizadas (barbacoa) en el Liceo de Lourdes donde yo daba catequesis. Hasta el día de hoy hay personas que cuando me ven se acuerdan de mí y me cuentan que ellos iban a aquellas chorizadas. Muchas personas que eran compañeros de facultad hoy son fiscales".



Un centro jurídico para ayudar a los pobres
El siguiente paso de esta emprendedora monja fue el de abrir un estudio jurídico en el barrio de La Teja. Rápidamente empezó a llegar gente del barrio con problemas, mujeres que tenían a sus maridos en prisión, con problemas de drogas… Y así empezó también a ir a las cárceles para visitar a esos presos.

Cuando los presos la veían llegar "se acercaban como moscas". Ella, cuaderno en mano, tomaba nota de sus nombres y los delitos por los que estaban acusados. "Siempre me decían lo mismo: que ellos no habían hecho nada, que había sido otro y que estaban cumpliendo pena injustamente. Por lo general eran personas que habían cometido rapiñas, hurtos, algún que otro homicidio, y me pedían que los ayudara. Mi función, principalmente, era hablar con jueces y fiscales para intentar atenuar penas, pedir libertades o salidas condicionales", indica. Durante su carrera representó a unas 30 o 40 personas privadas de libertad.

Una idea que ya le rondaba desde décadas atrás
Pero esta iniciativa de ayudar a los presos no surgió con la creación de este bufete ya que su congregación creó en los 60 un colegio y sor Querubina era la encargada de supervisar su construcción. Y ya entonces, cuenta ella, “hablé con el fiscal del departamento y conseguí que 10 presos de la cárcel de Maldonado vinieran a trabajar en la construcción. Eran reclusos sin antecedentes serios y que tenían buena conducta. Almorzaban en el colegio y trabajaban en la obra como peones o albañiles, por lo que la construcción del liceo se hizo toda con las manos de los reclusos”.

Su edad empieza a hacer mella en ella y como ya no puede ir tanto a los cárceles intenta ayudar de otra forma y está centrando su atención en ayudar a las familias de los presos.  "Pedimos a la gente que traigan alimentos para esas familias. Hay personas que llevan muchos años en la cárcel. Y mientras tanto, ¿qué puede hacer la mujer sola con 4 hijos?", se pregunta sor Querubina.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 24 de febrero de 2017

Santo Evangelio 24 de Febrero 2017


Día litúrgico: Viernes VII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 10,1-12): En aquel tiempo, Jesús, levantándose de allí, va a la región de Judea, y al otro lado del Jordán, y de nuevo vino la gente donde Él y, como acostumbraba, les enseñaba. Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: «¿Puede el marido repudiar a la mujer?». Él les respondió: «¿Qué os prescribió Moisés?». Ellos le dijeron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre». 

Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. Él les dijo: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».


«Como acostumbraba, les enseñaba»
Rev. D. Miquel VENQUE i To 
(Barcelona, España)


Hoy, Señor, quisiera hacer un rato de oración para agradecerte tu enseñanza. Tú enseñabas con autoridad y lo hacías siempre que te dejábamos, aprovechabas todas las ocasiones: ¡claro!, lo entiendo, Señor, tu misión básica era transmitir la Palabra del Padre. Y lo hiciste.

—Hoy, “colgado” en Internet te digo: Háblame, que quiero hacer un rato de oración como fiel discípulo. Primero, quisiera pedirte capacidad para aprender lo que enseñas y, segundo, saber enseñarlo. Reconozco que es muy fácil caer en el error de hacerte decir cosas que Tú no has dicho y, con osadía malévola, intento que Tú digas aquello que a mí me gusta. Reconozco que quizá soy más duro de corazón que aquellos oyentes.

—Yo conozco tu Evangelio, el Magisterio de la Iglesia, el Catecismo, y recuerdo aquellas palabras del papa Juan Pablo II en la Carta a las Familias: «El proyecto del utilitarismo asentado en una libertad orientada según el sentido individualista, es decir, una libertad vacía de responsabilidad, es el constitutivo de la antítesis del amor». Señor, rompe mi corazón deseoso de felicidad utilitarista y hazme entrar dentro de tu verdad divina, que tanto necesito.

—En este lugar de mirada, como desde la cima de la cordillera, comprendo que Tú digas que el amor matrimonial es definitivo, que el adulterio —además de ser pecado como toda ofensa grave hecha a ti, que eres el Señor de la Vida y del Amor— es un camino errado hacia la felicidad: «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla» (Mc 10,11). 

—Recuerdo a un joven que decía: «Mossèn el pecado promete mucho, no da nada y lo roba todo». Que te entienda, buen Jesús, y que lo sepa explicar: Aquello que Tú has unido, el hombre no lo puede separar (cf. Mc 10,9). Fuera de aquí, fuera de tus caminos, no encontraré la auténtica felicidad. ¡Jesús, enséñame de nuevo!

Gracias, Jesús, soy duro de corazón, pero sé que tienes razón.