domingo, 4 de septiembre de 2016

Santo Evangelio 4 de Septiembre 2016


Día litúrgico: Domingo XXIII (C) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 14,25-33): En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.

»Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar. ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

«Cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos indica el lugar que debe ocupar el prójimo en nuestra jerarquía del amor y nos habla del seguimiento a su persona que debe caracterizar la vida cristiana, un itinerario que pasa por diversas etapas en el que acompañamos a Jesucristo con nuestra cruz: «El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,27).

¿Entra Jesús en conflicto con la Ley de Dios, que nos ordena honrar a nuestros padres y amar al prójimo, cuando dice: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío» (Lc 14,26)? Naturalmente que no. Jesucristo dijo que Él no vino a derogar la Ley sino a llevarla a su plenitud; por eso Él da la interpretación justa. Al exigir un amor incondicional, propio de Dios, declara que Él es Dios, que debemos amarle sobre todas las cosas y que todo debemos ordenarlo en su amor. En el amor a Dios, que nos lleva a entregarnos confiadamente a Jesucristo, amaremos al prójimo con un amor sincero y justo. Dice san Agustín: «He aquí que te arrastra el afán por la verdad de Dios y de percibir su voluntad en las santas Escrituras».

La vida cristiana es un viaje continuo con Jesús. Hoy día, muchos se apuntan, teóricamente, a ser cristianos, pero de hecho no viajan con Jesús: se quedan en el punto de partida y no empiezan el camino, o abandonan pronto, o hacen otro viaje con otros compañeros. El equipaje para andar en esta vida con Jesús es la cruz, cada cual con la suya; pero, junto con la cuota de dolor que nos toca a los seguidores de Cristo, se incluye también el consuelo con el que Dios conforta a sus testigos en cualquier clase de prueba. Dios es nuestra esperanza y en Él está la fuente de vida.

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«La Madre Teresa hizo un pacto con Jesús: por cada fotografía, un alma fuera del purgatorio»

El padre Brian Kolodiejchuk afirma que ser el postulador de la causa cambió su vida

«La Madre Teresa hizo un pacto con Jesús: por cada fotografía, un alma fuera del purgatorio»

El padre Brian Kolodiejchuk, durante una conferencia sobre la Madre Teresa a los Caballeros de Colón.
«La Madre Teresa  hizo un pacto con Jesús: por cada fotografía, un alma fuera del purgatorio»

El padre Brian Kolodiejchuk, postulador de la causa de canonización de la Madre Teresa de Calcuta, sintió el peso de la responsabilidad y afirma sin dudarlo que los años de investigación consagrados al proceso cambiaron su vida. Este domingo verá la coronación de esos esfuerzos, y así explicó sus sentimientos y recuerdos a Aleteia:

En su nuevo libro basado en los escritos de la Madre Teresa de Calcuta, el padre Brian Kolodiejchuk sigue el ejemplo del Papa Francisco y explica el profundo significado de la palabra “misericordia”.

“El Papa Francisco nos dice que el significado etimológico de la palabra misericordia, de origen latino, es ‘miseris cor dare’, es decir, ‘dar el corazón a los miserables’, a los necesitados, a los que sufren”, escribe el sacerdote Kolodiejchuk en la introducción de A Call to Mercy: Hearts to Love, Hands to Serve [Una llamada a la misericordia: corazones para amar, manos para servir]. “Esto fue lo que hizo Jesús: abrió Su corazón a la miseria del hombre”.

Tal vez no exista una descripción que se ajuste mejor a la monja que será canonizada este domingo: la descripción como alguien que entregó su corazón a los desdichados y los miserables.

Desde su base en la parte más mísera de una ciudad en la India, la Madre Teresa de Calcuta pasó toda su vida adulta intentando atender a las necesidades más profundas de “los más pobres entre los pobres” de todo el mundo.

El libro A Call to Mercy surge en vísperas de la canonización de la Madre Teresa el 4 de septiembre, cuya causa lleva coordinando como postulador el padre Kolodiejchuk los últimos 17 años.

Este sacerdote de origen canadiense es también superior de los Padres Misioneros de la Caridad, organización que fundó la misma Madre Teresa junto a las hermanas Misioneras de la Caridad.

La Madre Teresa de Calcuta presenta a Juan Pablo II al padre Kolodiejchuk.

Estuvo asociado con la Madre Teresa desde 1977 hasta su muerte en 1997. El libro reúne los escritos de la santa además de testimonios de personas que cercanas a ella.
El padre Kolodiejchuk conversó con Aleteia el lunes.

-Al editar este libro, ¿descubrió usted alguna cosa nueva y sorprendente sobre la Madre Teresa?
-Mientras repasábamos sus escritos, nos hizo bien recordar todas las cosas que logró. Trabajó mucho en esos 87 años de vida.

»Algunos ejemplos de su obra son extraordinarios, por ejemplo, como cuando habiendo conflicto entre hindúes y musulmanes, va al aeropuerto y se cruza con un grupo que está peleando.

»La mayoría de las personas diría: “Me marcho de aquí porque es peligroso”, pero ella se detiene y sale e intenta crear paz, y les dice: “¿No os dais cuenta de que sois hermanos? Así que dejad de pelear”. Es una muestra de un valor extraordinario.

»Pero de la mayoría de los ejemplos que hay en el libro, si consideras las acciones individuales, la mayoría son cosas que cualquiera puede hacer: pequeñas acciones ordinarias, como visitar un hospital, visitar a un paciente o sostener un bebé. Hay todo tipo de acciones diferentes que podemos hacer nosotros mismos.

»La Madre Teresa diría “Calcuta está en todas partes”. No tenemos que ir a Calcuta necesariamente para encontrar a los pobres. Están justo a nuestro alrededor, en nuestro propio barrio, en nuestra parroquia, en nuestra comunidad, incluso en nuestra propia familia.

»¿Quién puede necesitar una pequeña sonrisa o un pequeño gesto de amor, una flor, o que le lean el periódico (a un preso) o visitar a alguien que se sienta solo? Si prestamos atención, si miramos buscando estas oportunidades, están a nuestro alrededor, nos diría ella.

-Y cuando usa usted el término “los pobres”, para ella incluiría no sólo a los pobres materialmente sino también a los espiritual y emocionalmente pobres, y los que no se sienten suficientemente amados.
-Cuando ella habla en esos términos, sí, es en un sentido amplio.


El padre Brien confiesa que los 17 años que ha pasado investigando la vida de la Madre Teresa, con quien trató habitualmente durante 20, le han descubierto un retrato impresionante de amor a Dios y al prójimo.

-La Madre Teresa va a ser declarada santa solamente 19 años después de su muerte. ¿Está sorprendido de que el proceso de canonización haya sido tan rápido?
-Es interesante que lo preguntes, porque desde la beatificación la gente se preguntaba “¿por qué están tardando tanto?”. A lo que yo respondía, “bueno, cuando sea el momento apropiado para la Iglesia, entonces tendremos un milagro y luego vendrá la canonización”.

»Y efectivamente, el milagro sucedió en 2008, aunque yo no oí hablar de él hasta septiembre de 2013, y eso condujo a la aprobación el año pasado. Así que el momento propicio para la Iglesia es el Año Jubileo de la Misericordia.

-¿Cómo ha sido la experiencia de participar en esta causa?
-Sin duda ha cambiado mi vida. Habría estado haciendo otras cosas estos últimos 17 años. Ha sido una oportunidad para descubrir más sobre la Madre Teresa. Recuerdo que después de completar la Positio [el caso escrito que examina de qué forma vivió la Madre Teresa su vida de cristiana], y en especial aquel primer volumen, que presenta cómo vivió sus virtudes cristianas y su prestigio para la santidad, recuerdo pensar para mis adentros: “De hecho,conozco ahora mejor a la Madre Teresa que cuando estaba con ella en vida”.

»Porque yo tengo mi propia y limitada experiencia y otros tienen la suya, pero cuando lo juntas todo y lo contemplas, es algo impresionante.

-Usted la conocía bien. Como discípulo de Cristo, ¿cómo le afectó su relación con ella?
-Justo haciendo este proceso [de canonización], recuerdo pensar que si hubiera intentado ver la amplitud este asunto al principio, habría pensado: “¿Cómo puede ser posible? ¿Cómo voy a conseguirlo? Es tan abrumador, es tanta la responsabilidad...”.

»Pero una de las cosas [en las que pensé era] lo que la Madre llamó “el espíritu de la sociedad”, que es “confianza en el amor, total entrega”, que es precisamente el “Caminito de Infancia Espiritual” [atribuido a santa Teresa de Lisieux], porque Santa Teresa utilizaba la “confianza y la entrega”.
Y la Madre Teresa era siempre práctica, así que añadió un tercer elemento a esos dos, que es la alegría: una forma externa de indicar lo bien que te sientes viviendo la confianza y la entrega.

»Así que con respecto al proceso, si hubiera podido contemplarlo todo desde un principio, habría sido aterrador: “¿Cómo voy a hacer esto y qué pasa si cometo un error y toda la Iglesia me observa?”.

»Pero luego me dije: “Paso a paso, con confianza y entrega, y Dios se encargará de todo, y Nuestra Señora está ahí, y la misma Madre también intercede, así que adelante”.

Y así llegamos hasta este punto.

-Al final de su vida, la Madre Teresa había llegado a ser una celebridad. ¿Cree usted que quería eso? ¿Cómo se sentía ella al respecto?
-Fue uno de los mayores sufrimientos, estar en los medios de comunicación, hablar con ellos, las fotografías… Probablemente la escuchó hablar usted del acuerdo que hizo con Jesús: “Por cada fotografía, un alma fuera del purgatorio”.

Con Diana de Gales y Ronald y Nancy Reagan: la Madre Teresa nunca rechazó ningún contacto que pudiese servir a los pobres a quienes atendía su congregación.


»Así que era casi una auténtica cruz, y debido a ese juramento que hizo en 1942 de no negarle nada al Señor, de ofrecerle a Él todo lo que pidiera, por difícil que fuera, aceptó su situación como parte de la vida, por el bien de dar a conocer mejor a los pobres.

»Así que los premios que recibió los aceptó en nombre de los pobres, para poder atraer más la atención hacia los pobres, para tener una oportunidad de hablar sobre Dios. Por ellos estaba dispuesta a pasar por todo aquello.

»Y sabía que si tenía que hacer una entrevista o que si alguien escribía un libro sobre su obra, eso ayudaría a la misión. Así que en última instancia todo era por el bien y por el beneficio de los pobres.

-¿Qué puede decirnos su vida a nosotros?
-A nivel espiritual y no a nivel práctico: en relación a la política no se pronunciaría, pero a nivel de principios o a nivel de valores cristianos, diría “hermano mío, hermana mía”, sin importar su religión.

»En la película Mother Teresa, de las hermanas Petrie, hay una escena durante el conflicto en Beirut, Líbano, donde la Madre se entera de que había unos niños musulmanes que pasaban verdaderas penurias, famélicos, así que quiso ir allí y rescatarles.

»Las personas que la aconsejaban le dijeron: “No, Madre, no puede ir allí, hay un conflicto, hay combates, no es seguro”. Y la Madre dijo: “No, tenemos que ir allí, debemos que hacer algo. Voy a rezar a nuestra Señora por el alto el fuego”.

»Y luego en la siguiente escena, encontramos el alto el fuego: el 15 de agosto (Fiesta de la Asunción de María).

»Así que va al lugar y trae a esos niños musulmanes para cuidar de ellos. Uno de los niños está traumatizado, literalmente no para de temblar, así que una hermana lo sostiene en brazos, hasta que se calma.

»Después de eso, la Madre habla con un médico, que es judío. Así que tenemos a un médico judío ayudando a una monja católica a cuidar de un niño musulmán.

»O cuando abrió un hogar en Sudáfrica en tiempos del apartheid. Eligió deliberadamente a una hermana blanca, otra negra, otra de piel marrón, es decir de la India, y una cuarta.

»Ella insistía en esto de que todos son mis hermanos y hermanas, y que desde un nivel humano todos tienen dignidad. Y que todos somos hijos de Dios.

»Y está el aspecto de la fe, que ella veía que todas las personas —presidente, reina, rey, primer ministro, un mendigo en la calle o en un comedor benéfico, un agonizante en una casa para los moribundos—, cada uno es Jesús.

»Así que estos eran sus principios, la visión de la fe que ella seguía, y depende de las personas el coger esos principios y hacer leyes con ellos.

sábado, 3 de septiembre de 2016

Santo Evangelio 3 de septiembre 2016


Día litúrgico: Sábado XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 6,1-5): Sucedió que Jesús cruzaba en sábado por unos sembrados; sus discípulos arrancaban y comían espigas desgranándolas con las manos. Algunos de los fariseos dijeron: «¿Por qué hacéis lo que no es lícito en sábado?». Y Jesús les respondió: «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, cuando sintió hambre él y los que le acompañaban, cómo entró en la Casa de Dios, y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?». Y les dijo: «El Hijo del hombre es señor del sábado».


«El Hijo del hombre es señor del sábado»
Fr. Austin Chukwuemeka IHEKWEME 
(Ikenanzizi, Nigeria)


Hoy, ante la acusación de los fariseos, Jesús explica el sentido correcto del descanso sabático, invocando un ejemplo del Antiguo Testamento (cf. Dt 23,26): «¿Ni siquiera habéis leído lo que hizo David, (...), y tomando los panes de la presencia, que no es lícito comer sino sólo a los sacerdotes, comió él y dio a los que le acompañaban?» (Lc 6,3-4). 

La conducta de David anticipó la doctrina que Cristo enseña en este pasaje. Ya en el Antiguo Testamento, Dios había establecido un orden en los preceptos de la Ley, de modo que los de menor rango ceden ante los principales.

A la luz de esto, se explica que un precepto ceremonial (como el que comentamos) cediese ante un precepto de ley natural. Igualmente, el precepto del sábado no está por encima de las necesidades elementales de subsistencia.

En este pasaje, Cristo enseña cuál era el sentido de la institución divina del sábado: Dios lo había instituido en bien del hombre, para que pudiera descansar y dedicarse con paz y alegría al culto divino. La interpretación de los fariseos había convertido este día en ocasión de angustia y preocupación a causa de la multitud de prescripciones y prohibiciones.

El sábado había sido hecho no sólo para que el hombre descansara, sino también para que diera gloria a Dios: éste es el auténtico sentido de la expresión «el sábado fue hecho para el hombre» (Mc 2,27). 

Además, al declararse “señor del sábado” (cf. Lc 6,5), manifiesta abiertamente que Él es el mismo Dios que dio el precepto al pueblo de Israel, afirmando así su divinidad y su poder universal. Por esta razón, puede establecer otras leyes, igual que Yahvé en el Antiguo Testamento. Jesús bien puede llamarse “señor del sábado”, porque es Dios. 

Pidámosle ayuda a la Virgen para creer y entender que el sábado pertenece a Dios y es un modo —adaptado a la naturaleza humana— de rendir gloria y honor al Todopoderoso. Como ha escrito San Juan Pablo II, «el descanso es una cosa “sagrada”» y ocasión para «tomar conciencia de que todo es obra de Dios».

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Estos son los 25 secretos que Jesús reveló a santa Faustina Kowalska para superar las tribulaciones


Estos son los 25 secretos que Jesús reveló a santa Faustina Kowalska para superar las tribulaciones

santa Faustina Kowalska

En Cracovia-Pradnik, el 2 de junio 1938, el Señor Jesús dictó a una joven Hermana de la Misericordia polaca un retiro de tres días. Sor Faustina Kowalska registró minuciosamente las instrucciones de Cristo en su diario, que es un manual de mística en la Oración y la Divina Misericordia.

Después de haber leído el Diario unas veces en los últimos 20 años, me había olvidado del único refugio que Cristo dio sobre el tema de la Guerra Espiritual. Luego, hace poco, fui invitado a dirigir un retiro en Trinidad basado en la "Conferencia sobre la Guerra Espiritual" de Cristo tal como se presenta en el Diario.

En el Santuario de la Sagrada Familia, un grupo increíble de líderes laicos al servicio del arzobispo y sacerdotes, patrocinó el retiro la arquidiócesis de Trinidad y llenamos el Seminario de St. John Vianney para reflexionar sobre esta enseñanza.

Aquí están los secretos que Jesús reveló a su pequeña novia Faustina sobre cómo protegerse de los ataques del demonio. Estas instrucciones se convirtieron en el arma de Faustina en la lucha contra el maligno enemigo.

Jesús comenzó: "Hija mía, quiero enseñarte acerca de la guerra espiritual".

1. Nunca confíes en ti misma, sino abandónate completamente a mi voluntad.

La confianza es un arma espiritual. La confianza es parte del escudo de la fe que san Pablo menciona en la Epístola a los Efesios (6,10-17): la armadura del cristiano. El abandono a la voluntad de Dios es un acto de confianza; la fe en acción disipa los malos espíritus.

2. En la desolación, oscuridad y dudas, acude a Mí y a tu director espiritual, él siempre te escuchará en mi nombre.

En tiempos de guerra espiritual, reza inmediatamente a Jesús. Invoca Su Santo Nombre, que es muy temido en el inframundo. Trae las tinieblas a la luz diciéndoselo a tu director espiritual o confesor y sigue sus instrucciones.

3. No negocies con cualquier tentación; enciérrate inmediatamente en Mi Corazón.

En el Jardín del Edén, Eva negoció con el diablo y perdió. Tenemos que recurrir al refugio del Sagrado Corazón. Corriendo hacia Cristo, es como le damos la espalda a lo demoníaco.

4. A la primera oportunidad, releva la tentación a tu confesor.

Una buena confesión, un buen confesor, y un buen penitente, son una receta perfecta para la victoria sobre la tentación y la opresión demoníaca, ¡esto no falla!

5. Pon tu amor propio en el último lugar, de modo que este no contamine tus obras.

El amor propio es natural, pero debe ser ordenado, libre de orgullo. La humildad vence al diablo, que es el orgullo perfecto. Satanás nos tienta al amor propio desordenado, que nos lleva a la piscina del orgullo.

6. Ten gran paciencia contigo misma.

La paciencia es un arma secreta que nos ayuda a mantener la paz de nuestra alma, incluso en las grandes tormentas de la vida. La paciencia con uno mismo es parte de la humildad y la confianza. El diablo nos tienta a la impaciencia, a que se vuelva contra nosotros mismos de modo que nos enojemos. Mírate a ti mismo a la vista de Dios. Él es infinitamente paciente.

7. No descuides las mortificaciones interiores.

La Escritura enseña que algunos demonios sólo pueden ser expulsados con oración y ayuno. Las mortificaciones interiores son armas de guerra. Pueden ser pequeños sacrificios ofrecidos con gran amor. El poder del sacrificio por amor desaloja al enemigo.

8. Siempre justifícate a ti misma las opiniones de tus superiores y de tu confesor.

Cristo habla a santa Faustina que vive en un convento. Pero todos tenemos personas con autoridad sobre nosotros. El diablo tiene como objetivo dividir y conquistar, de manera que la humilde obediencia a la auténtica autoridad es un arma espiritual.

9. Rechaza las murmuraciones como a una plaga.

La lengua es una poderosa embarcación que puede hacer mucho daño. Estar murmurando o chismeando, nunca es de Dios. El diablo es un mentiroso que suscita acusaciones falsas y chismes que pueden matar la reputación de una persona. Rechaza las murmuraciones.

10. Deja que todos actúen como quieran; pero tú tienes que actuar como Yo quiero que lo hagas.

La mente de uno mismo es la clave en la guerra espiritual. El diablo es un entrometido que intenta arrastrar a todo el mundo. Agrada a Dios y deja que las opiniones de los demás vayan por el camino.

11. Observa la regla tan fielmente como te sea posible.

Jesús se refiere a la regla de una Orden Religiosa aquí. La mayoría de nosotros hemos hecho algún voto delante de Dios y de la Iglesia y debemos ser fieles a nuestras promesas, es decir votos matrimoniales y promesas bautismales. Satanás tienta a la infidelidad, la anarquía y la desobediencia. La fidelidad es un arma para la victoria.

12. Si alguien te causa problemas, piensa en el bien que puedes hacer a la persona que te hizo sufrir.

Ser un vaso de misericordia divina es un arma para el bien y para derrotar el mal. El diablo trabaja sobre el odio, la ira, la venganza y la falta de perdón. Otros nos han hecho daño en algún momento. ¿Qué le devolveremos a cambio? Devolver una bendición rompe maldiciones.

13. No derrames tus sentimientos.

Un alma habladora será más fácilmente atacada por el demonio. Derrama tus sentimientos sólo ante el Señor. Recuerda, los espíritus buenos y malos escuchan lo que dices en voz alta. Los sentimientos son efímeros. La verdad es la brújula. El recogimiento interior es una armadura espiritual.

14. Guarda silencio cuando seas reprendida.

La mayoría de nosotros hemos sido reprendidos en algún momento. No tenemos ningún control sobre eso, pero sí podemos controlar nuestra respuesta. La necesidad de tener la razón todo el tiempo puede conducirnos a trampas demoníacas. Dios sabe la verdad. Déjala ir. El silencio es una protección. El diablo puede utilizar la justicia propia para hacernos tropezar también.

15. No le pidas opinión a todos, sino sólo a tu confesor; sé tan franca y sencilla como un niño con él.

La simplicidad de la vida puede expulsar a los demonios. La honestidad es un arma para derrotar a Satanás, el mentiroso. Cuando mentimos ponemos un pie en su terreno y él intentará seducirnos aún más.

16. No te desanimes por la ingratitud.

A nadie le gusta ser subestimado. Pero cuando nos encontramos con la ingratitud o la insensibilidad, el espíritu de desánimo puede ser una carga para nosotros. Resiste todo desaliento porque eso nunca proviene de Dios. Es una de las tentaciones más eficaces del diablo. Ten gratitud en todas las cosas del día y saldrás ganando.

17. No examines con curiosidad los caminos por donde yo te conduzco.

La necesidad de conocer, y la curiosidad por el futuro es una tentación que ha llevado a muchas personas a los cuartos oscuros de los psíquicos, brujas, etc. Elige caminar en la fe. Decídete a confiar en Dios quien te lleva por el camino al Cielo. Resiste siempre al espíritu de curiosidad.

18. Cuando el aburrimiento y el desánimo golpean tu corazón, huye de ti misma y escóndete en mi corazón.

Jesús entrega el mismo mensaje una segunda vez. Ahora Él se refiere al aburrimiento. A principios del Diario, dijo a santa Faustina que el diablo tienta más fácilmente a las almas ociosas. Ten cuidado con el aburrimiento, es un espíritu de letargo. Las almas ociosas son presa fácil de los demonios.

19. No temas a la lucha; la valentía a menudo intimida a los demonios, y ellos no se atreven a atacarnos.

El miedo es la segunda táctica más común del diablo (el orgullo es el primero). La valentía intimida al diablo, él huirá ante el perseverante coraje que se encuentra en Jesús, la roca. Todas las personas luchan, y Dios es nuestra provisión.

20. Siempre lucha con la profunda convicción de que yo estoy contigo.

Jesús instruye a una hermana en un convento para "luchar" con convicción. Ella puede hacerlo porque Cristo la acompaña. Los cristianos estamos llamados a luchar con convicción en contra de todas las tácticas demoníacas. El diablo trata de aterrorizar a las almas, debes resistir al terrorismo demoníaco. Invoca al Espíritu Santo en el transcurso del día.

21. No te dejes guiar por el sentimiento, porque no siempre está bajo tu control. Todo el mérito radica en la voluntad.

Todo el mérito radica en la voluntad, porque el amor es un acto de la voluntad. Somos completamente libres en Cristo. Tenemos que hacer una elección, una decisión para bien o para mal. ¿En qué terreno vivimos?

22. Siempre depende de tus superiores, incluso en las cosas más pequeñas.

Cristo está instruyendo a una religiosa aquí. Todos tenemos al Señor como nuestro Superior. La Dependencia de Dios es un arma de guerra espiritual, porque no podemos ganar por nuestros propios medios. Proclamar la victoria de Cristo sobre el mal es parte del discipulado. Cristo vino a derrotar a la muerte y el mal, ¡proclámalo!

23. No te engañes con perspectivas de paz y consuelo; por el contrario, prepárate para grandes batallas.

Santa Faustina sufrió física y espiritualmente. Ella estaba preparada para grandes batallas por la gracia de Dios que la sostuvo. Cristo nos instruye claramente en las Escrituras para estar preparados para grandes batallas, para ponernos la armadura de Dios y resistir al diablo (Ef. 6,11). Estar atentos y discernir siempre.

24. Sepas bien que estás en un gran escenario donde todo el Cielo y la tierra están mirando.

Estamos todos en un gran escenario donde el Cielo y la tierra están viendo. ¿Qué mensaje estamos dando con nuestra forma de vida? ¿Qué clase de tonalidades irradiamos: luz, oscuridad o grises? ¿La forma en que vivimos atrae más luz o más oscuridad? Si el diablo no tiene éxito en llevarnos a la oscuridad, tratará de mantenernos en la categoría de los tibios, que no es agradable a Dios.

25. Lucha como un caballero, de modo que Yo pueda recompensarte. No seas excesivamente temerosa, porque no estás sola.

Las palabras del Señor a Santa Faustina pueden convertirse en nuestro lema: ¡Lucha como un caballero! Un Caballero de Cristo sabe bien la causa por la que lucha, la nobleza de su misión, el Rey a quien sirve, y con la bendita certeza de la victoria, que lucha hasta el final, incluso a costa de su vida. Si una joven, una sencilla monja polaca unida a Cristo, puede luchar como un Caballero, todo cristiano puede hacer lo mismo. La confianza es victoriosa.

Citas del Diario de Santa Faustina son propiedad de los Marianos de la Inmaculada Concepción, Stockbridge, Massachusetts.

viernes, 2 de septiembre de 2016

Santo Evangelio 2 de Septiembre 2016


Día litúrgico: Viernes XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 5,33-39): En aquel tiempo, los fariseos y los maestros de la Ley dijeron a Jesús: «Los discípulos de Juan ayunan frecuentemente y recitan oraciones, igual que los de los fariseos, pero los tuyos comen y beben». Jesús les dijo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán en aquellos días».

Les dijo también una parábola: «Nadie rompe un vestido nuevo para echar un remiendo a uno viejo; de otro modo, desgarraría el nuevo, y al viejo no le iría el remiendo del nuevo. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino nuevo reventaría los pellejos, el vino se derramaría, y los pellejos se echarían a perder; sino que el vino nuevo debe echarse en pellejos nuevos. Nadie, después de beber el vino añejo, quiere del nuevo porque dice: ‘El añejo es el bueno’».


«¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?»
Rev. D. Frederic RÀFOLS i Vidal 
(Barcelona, España)


Hoy, en nuestra reflexión sobre el Evangelio, vemos la trampa que hacen los fariseos y los maestros de la Ley, cuando tergiversan una cuestión importante: sencillamente, ellos contraponen el ayunar y rezar de los discípulos de Juan y de los fariseos al comer y beber de los discípulos de Jesús.

Jesucristo nos dice que en la vida hay un tiempo para ayunar y rezar, y que hay un tiempo de comer y beber. Eso es: la misma persona que reza y ayuna es la que come y bebe. Lo vemos en la vida cotidiana: contemplamos la alegría sencilla de una familia, quizá de nuestra propia familia. Y vemos que, en otro momento, la tribulación visita aquella familia. Los sujetos son los mismos, pero cada cosa a su tiempo: «¿Podéis acaso hacer ayunar a los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Días vendrán...» (Lc 5,34).

Todo tiene su momento; bajo el cielo hay un tiempo para cada cosa: «Un tiempo de rasgar y un tiempo de coser» (Qo 3,7). Estas palabras dichas por un sabio del Antiguo Testamento, no precisamente de los más optimistas, casi coinciden con la sencilla parábola del vestido remendado. Y seguramente coinciden de alguna manera con nuestra propia experiencia. La equivocación es que en el tiempo de coser, rasguemos; y que durante el tiempo de rasgar, cosamos. Es entonces cuando nada sale bien.

Nosotros sabemos que como Jesucristo, por la pasión y muerte, llegaremos a la gloria de la Resurrección, y todo otro camino no es el camino de Dios. Precisamente, Simón Pedro es amonestado cuando quiere alejar al Señor del único camino: «¡Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!» (Mt 16,23). Si podemos gozar de unos momentos de paz y de alegría, aprovechémoslos. Seguramente ya nos vendrán momentos de duro ayuno. La única diferencia es que, afortunadamente, siempre tendremos al novio con nosotros. Y es esto lo que no sabían los fariseos y, quizá por eso, en el Evangelio casi siempre se nos presentan como personas malhumoradas. Admirando la suave ironía del Señor que se trasluce en el Evangelio de hoy, sobre todo, procuremos no ser personas malhumoradas.

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Alcohólico y mundano, una pregunta poderosa le transformó: ¿has amado al prójimo como a ti mismo?

Milán Hlavác sabía que no podía romper sus cadenas

Alcohólico y mundano, una pregunta poderosa le transformó: ¿has amado al prójimo como a ti mismo?

El eslovaco Milan Hlavac hoy evangeliza y trabaja con niños discapacitados, pero su juventud fue distinta


“Memento mori”, recuerda que vas a morir algún día, dice la frase latina. Pensar en la muerte ayuda a madurar, a ser realista, a tomarse en serio la vida. Y así le sucedió a Milán Hlavác, un eslovaco que hoy es un apasionado de la evangelización y el trabajo con discapacitados psíquicos, pero que en su juventud era un juerguista alcoholizado.

Familia católica en un país comunista
El pequeño Milán crecía en los años 70 en una familia católica tradicional de la Eslovaquia comunista. Todos sus parientes tenían una fe sencilla, de costumbre, y la familia acudía a la Iglesia cada domingo.

Una vez unos adultos a la puerta de la parroquia dijeron al niño que la forma correcta de saludar a las personas de edad avanzada era usar la fórmula tradicional: “Alabado sea Jesucristo”. Y el joven Milán usó esta frase con entusiasmo muchos años en una época en que estaba muy mal visto por las autoridades celosas del laicismo impuesto por el régimen dictatorial.

Sin embargo, la fe infantil basada en la mera costumbre no le alimentó al crecer, y a los 17 años se declaró ateo en una discusión con su padre: “Basta, ¡Dios no existe, Dios ha muerto!”, gritó. “Me había convertido en un ateo y ni siquiera sabía cómo”. Simplemente, repetir oraciones porque era lo que hacían los mayores ya no le bastaba.

El fin de semana, emborracharse en grupo
Convencido de su increencia estaba convencido también de ser un valiente rebelde… básicamente porque se dedicaba a fumar y beber en exceso. Fue su ritmo cotidiano durante cuatro años, de los 17 a los 21. “Me pasaba el fin de semana con amigos en distintos pisos, y nuestra principal actividad era el consumo de alcohol. Yo trabajaba, tenía bastante dinero y me lo gastaba en los amigos y la bebida”.

A partir de cierto momento ya entendió que tenía un problema grave con el alcohol. Intentó seguir una terapia para dejarlo, sin éxito alguno. “Mi deseo de beber era más fuerte que esa pequeña voz interna que me instaba a parar”.

Alcohólico y mundano, una pregunta poderosa le transformó: ¿has amado al prójimo como a ti mismo?

Un libro sobre la muerte… y el sentido
Y llegó el verano de 1989, el año de la caída de los regímenes comunistas en Europa Oriental. Estaba con unos amigos de vacaciones en el campo, en teoría de pesca, en la práctica bebiendo y bebiendo.

Pero le gustaba leer y se había llevado un libro sobre experiencias cercanas a la muerte, testimonios de personas que habían vivido la muerte, o algo muy cercano, y habían sobrevivido. Todas hablaban del sentido de la vida, del por qué seguir viviendo. Y lo expresaban con una frase: “al final de todo… ¿has amado al prójimo como a ti mismo?”

A Milán aquello le sonaba: lo había oído en misa muchos años antes, era algo que había dicho Jesús. Amar al prójimo como a uno mismo… vivir con sentido, tener una vida que poder mirar con satisfacción al llegar los últimos momentos… He ahí una sabiduría válida, y venía de Jesús.

Para él fue un reencuentro con Jesucristo. Entendió que necesitaba a Jesús y su camino… y sin embargo no tenía fuerzas para dejar a sus malas amistades y la bebida. Prometió a Dios y a algunos seres queridos que dejaría el alcohol… pero no lo conseguía hacer. “Las cadenas eran más fuertes que yo”.

Cuando le echaron de casa
Un día llegó a casa completamente borracho y, según parece –él no recuerda cómo fue- pegó a su padre. Lo vio al día siguiente, con golpes en la cara, cuando entró en su habitación y le dijo, contundente: “Son las mueve y media; a las doce ten hechas las maletas y vete para siempre. Ya no eres mi hijo”.

Milán quedó perplejo: ni siquiera recordaba lo que había hecho. Pero sentía un enorme pesar y comprendía que si se hubiera mantenido sobrio no habría sucedido nada malo.

Allí, fuera de casa, se volcó en Cristo. “Fue un punto de inflexión, muy educativo. El Señor me liberó entonces de la esclavitud del alcoholismo. Mi padre, al cabo de un tiempo, me perdonó y me recibió de nuevo en casa. Desde entonces, nunca más me emborraché”, explica en la web de testimonios Moj Pribeh.

Buscando servir a Dios
Él se sabía salvado y sanado por Cristo, y quería trabajar para Dios de alguna manera. Primero probó como novicio en la Sociedad del Verbo Divino, pero entendió que no era su senda. Después empezó una relación con una chica, que no funcionó bien. Estaba algo desconcertado, buscando la voluntad de Dios.

Acudió en esos días al grupo de oración de estilo carismático de Tomás Pruzinec, en Bratislava, en el que participaban católicos y protestantes. Un amigo le había invitado muchas veces y por fin había accedido. Le gustó la oración de alabanza, y cuando Tomás Pruzinec apoyó sus manos en él y rezó a Dios pidiéndole que Milán experimentase plenamente el Espíritu Santo, que transformase su vida, supo que era el comienzo de un nuevo caminar.

Tomas Pruzinec, profesor de filosofía en la Universidad de Nitra y fundador de un relevante grupo de oración en Bratislava

Se avivó en él el deseo de servir a Dios. También creció su amor por los cristianos de otras congregaciones. “Todos, católicos, luteranos, baptistas y otros, sirven al mismo Dios y Señor Jesucristo”, escribe. Notó “el deseo de que pronto llegue el día en que todos los cristianos puedan unirse bajo la bandera de Cristo Jesús victorioso”.

Evangelizar… y aprender de los pequeños
Se casó con una chica de tradición luterana, y consideran “un gran regalo para nosotros la oración común”, en grupos de oración y en casa. Pensó en ser misionero en África, y estuvo un tiempo en la comunidad carismática ecuménica Chemin Neuf (Camino Nuevo) en Francia, para mejorar el idioma, y luego en la comunidad El Arca, fundada por Jean Vanier, varios años como voluntario en Francia y Canadá con discapacitados psíquicos. “Trabajar con estas personas me dio mucho, vi la intensidad con la que Dios vive en ellas: como dice el Señor Jesús: quien recibe a  un niño como este, a mí me recibe”.

No ha ido a África, pero sigue siendo misionero y evangelizador allí con quien se trata. Sigue trabajando con niños con discapacidad psíquica. “Cada uno puede ser misionero exactamente donde está ahora. Sé que no es fácil, pero no me avergüenzo de anunciar el Evangelio. Es para la salvación de todos. No dejo que nadie me disuada: el Evangelio es la vida”, afirma hoy.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Santo Evangelio 1 de Septiembre 2016


Día litúrgico: Jueves XXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 5,1-11): En aquel tiempo, estaba Jesús a la orilla del lago Genesaret y la gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios, cuando vio dos barcas que estaban a la orilla del lago. Los pescadores habían bajado de ellas, y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, le rogó que se alejara un poco de tierra; y, sentándose, enseñaba desde la barca a la muchedumbre. 

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar». Simón le respondió: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos pescado nada; pero, en tu palabra, echaré las redes». Y, haciéndolo así, pescaron gran cantidad de peces, de modo que las redes amenazaban romperse. Hicieron señas a los compañeros de la otra barca para que vinieran en su ayuda. Vinieron, pues, y llenaron tanto las dos barcas que casi se hundían. Al verlo Simón Pedro, cayó a las rodillas de Jesús, diciendo: «Aléjate de mí, Señor, que soy un hombre pecador». Pues el asombro se había apoderado de él y de cuantos con él estaban, a causa de los peces que habían pescado. Y lo mismo de Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas. Desde ahora serás pescador de hombres». Llevaron a tierra las barcas y, dejándolo todo, le siguieron.

«Boga mar adentro»
Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez 
(Rubí, Barcelona, España)


Hoy día todavía nos resulta sorprendente comprobar cómo aquellos pescadores fueron capaces de dejar su trabajo, sus familias, y seguir a Jesús («Dejándolo todo, le siguieron»: Lc 5,11), precisamente cuando Éste se manifiesta ante ellos como un colaborador excepcional para el negocio que les proporciona el sustento. Si Jesús de Nazaret nos hiciera la propuesta a nosotros, en nuestro siglo XXI..., ¿tendríamos el coraje de aquellos hombres?; ¿seríamos capaces de intuir cuál es la verdadera ganancia?

Los cristianos creemos que Cristo es eterno presente; por lo tanto, ese Cristo que está resucitado nos pide, no ya a Pedro, a Juan o a Santiago, sino a Jordi, a José Manuel, a Paula, a todos y cada uno de quienes le confesamos como el Señor, repito, nos pide desde el texto de Lucas que le acojamos en la barca de nuestra vida, porque quiere descansar junto a nosotros; nos pide que le dejemos servirse de nosotros, que le permitamos mostrar hacia dónde orientar nuestra existencia para ser fecundos en medio de una sociedad cada vez más alejada y necesitada de la Buena Nueva. La propuesta es atrayente, sólo nos hace falta saber y querer despojarnos de nuestros miedos, de nuestros “qué dirán” y poner rumbo a aguas más profundas, o lo que es lo mismo, a horizontes más lejanos de aquellos que constriñen nuestra mediocre cotidianeidad de zozobras y desánimos. «Quien tropieza en el camino, por poco que avance, algo se acerca al término; quien corre fuera de él, cuanto más corra más se aleja del término» (Santo Tomás de Aquino).

«Duc in altum»; «Boga mar adentro» (Lc 5,4): ¡no nos quedemos en las costas de un mundo que vive mirándose el ombligo! Nuestra navegación por los mares de la vida nos ha de conducir hasta atracar en la tierra prometida, fin de nuestra singladura en ese Cielo esperado, que es regalo del Padre, pero indivisiblemente, también trabajo del hombre —tuyo, mío— al servicio de los demás en la barca de la Iglesia. Cristo conoce bien los caladeros, de nosotros depende: o en el puerto de nuestro egoísmo, o hacia sus horizontes.

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