viernes, 26 de agosto de 2016

Santo Evangelio 26 de agosto 2016


Día litúrgico: Viernes XXI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 25,1-13): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes, que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio. Cinco de ellas eran necias, y cinco prudentes. Las necias, en efecto, al tomar sus lámparas, no se proveyeron de aceite; las prudentes, en cambio, junto con sus lámparas tomaron aceite en las alcuzas. Como el novio tardara, se adormilaron todas y se durmieron. Mas a media noche se oyó un grito: ‘¡Ya está aquí el novio! ¡Salid a su encuentro!’. Entonces todas aquellas vírgenes se levantaron y arreglaron sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: ‘Dadnos de vuestro aceite, que nuestras lámparas se apagan’. Pero las prudentes replicaron: ‘No, no sea que no alcance para nosotras y para vosotras; es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis’. Mientras iban a comprarlo, llegó el novio, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de boda, y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras vírgenes diciendo: ‘¡Señor, señor, ábrenos!’. Pero él respondió: ‘En verdad os digo que no os conozco’. Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora».


«En verdad os digo que no os conozco»
Rev. D. Joan Ant. MATEO i García 
(La Fuliola, Lleida, España)


Hoy, Viernes XXI del tiempo ordinario, el Señor nos recuerda en el Evangelio que hay que estar siempre vigilantes y preparados para encontrarnos con Él. A media noche, en cualquier momento, pueden llamar a la puerta e invitarnos a salir a recibir al Señor. La muerte no pide cita previa. De hecho, «no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13).

Vigilar no significa vivir con miedo y angustia. Quiere decir vivir de manera responsable nuestra vida de hijos de Dios, nuestra vida de fe, esperanza y caridad. El Señor espera continuamente nuestra respuesta de fe y amor, constantes y pacientes, en medio de las ocupaciones y preocupaciones que van tejiendo nuestro vivir.

Y esta respuesta sólo la podemos dar nosotros, tú y yo. Nadie lo puede hacer en nuestro lugar. Esto es lo que significa la negativa de las vírgenes prudentes a ceder parte de su aceite para las lámparas apagadas de las vírgenes necias: «Es mejor que vayáis donde los vendedores y os lo compréis» (Mt 25,9). Así, nuestra respuesta a Dios es personal e intransferible.

No esperemos un “mañana” —que quizá no vendrá— para encender la lámpara de nuestro amor para el Esposo. Carpe diem! Hay que vivir en cada segundo de nuestra vida toda la pasión que un cristiano ha de sentir por su Señor. Es un dicho conocido, pero que no estará de más recordarlo de nuevo: «Vive cada día de tu vida como si fuese el primer día de tu existencia, como si fuese el único día de que disponemos, como si fuese el último día de nuestra vida». Una llamada realista a la necesaria y razonable conversión que hemos de llevar a término.

Que Dios nos conceda la gracia en su gran misericordia de que no tengamos que oír en la hora suprema: «En verdad os digo que no os conozco» (Mt 25,12), es decir, «no habéis tenido ninguna relación ni trato conmigo». Tratemos al Señor en esta vida de manera que lleguemos a ser conocidos y amigos suyos en el tiempo y en la eternidad.

© evangeli.net M&M Euroeditors |

Los Fatzinger: 13 hijos, misa diaria y, para el «Washington Post», un modelo de gestión financiera


Los Fatzinger: 13 hijos, misa diaria y, para el «Washington Post», un modelo de gestión financiera

Los Fatzinger, al completo: sus días empiezan y acaban temprano, es parte del buen orden organizativo e incluso espiritual.


The Washington Post ha llevado a sus páginas como modelo de gestión financiera familiar a los Fatzinger, una familia de Bowie (Maryland) formada por Rob (él, 51), Sam (ella, 48) y trece hijos. El titular resumía la hazaña: "Cómo una familia manda 13 hijos a estudiar, vive sin deudas... y encima piensa jubilarse pronto".

¿Exorcizar la casa?
Sam no trabaja (si es que no es trabajo el de encargarse de un hogar con quince personas) y Rob gana 100.000 dólares al año como programador informático, pero hasta hace una década nunca pasó de 50.000. Hace cuatro años terminaron de pagar la hipoteca (única deuda que han tenido nunca) y Rob ha preparado las cosas para jubilarse a los 62 años. Su filosofía es, por supuesto, ahorrar (el reportero del Post calculó el valor de la cesta de la compra que vio hacer a Sam en justo el doble de lo que realmente pagó gracias a su habilidad con las ofertas), pero tampoco se trata tanto de privarse de cosas como de "coger y elegir cuidadosamente". Y de ahorrar para invertir y acrecentar el capital con la regla del interés compuesto.

Se casaron hace 27 años y su primer negocio fue una librería católica (pues ambos lo son) que nunca les dio más de 36.000 dólares al año, y que cerraron en 2000 cuando ya tenían siete hijos. Siempre ahorraron entre un 10% y un 15% de sus ingresos, permitiéndose ciertos lujos: el 20 de cada mes, día en el que se casaron, el matrimonio sale a cenar, aunque sea a un lugar sencillo y barato.

Justo al empezar el nuevo trabajo de Rob compraron su casa actual. Estaba en tan mal estado que el sacerdote que vino a bendecirla bromeó diciendo que le haría también un exorcismo. Pero muchos familiares les ayudaron a reformarla.

En cuanto a los hijos, tienen su cuota de responsabilidad en la marca económica de la familia: "Empiezan a trabajar tan pronto como tienen edad para ello, y aprenden a discernir entre las necesidades y los deseos". Los mayores ya han concluido sus estudios universitarios: trabajo social, fisioterapia, matemáticas...

Los Fatzinger suelen salir juntos de paseo con sus respectivas bicicletas.

Misa diaria, y rosario también, si es posible
El artículo del Post, que aporta muchos detalles sobre la forma que tienen los Fatzinger de gestionar su economía doméstica, menciona que Rob y Sam son "católicos practicantes", pero no ahonda en esa cuestión.

Sí lo hace Epic Pew, lo que nos permite conocer, por ejemplo, sus hábitos religiosos: "Sin duda la misa diaria es lo más importante, el rosario por la tarde cuando es posible, y vivir el año litúrgico. Es difícil responder esto a nivel familiar, porque la mayor parte de nuestros hijos ya son mayores y son responsables de su propia formación en la fe. Nuestros hijos van a retiros en el instituto tanto como sea posible. Quo Vadis, Mount2000, Steubenville y Camp Maria son algunos de los retiros que nos ayudan a elevar nuestra espiritualidad. Aquellos de nuestros hijos que van al instituto acuden a clases de Biblia y van a grupos de jóvenes, y nuestros chicos son monaguillos".

"A mí", apunta Sam, "me gusta hacer una Hora Santa a la semana, pero fue difícil encontrar tiempo para ello dada mi familia y mi personalidad. Soy una persona madrugadora, así finalmente encontré que la mejor hora para mí era el sábado a las cinco de la mañana".

Consideran "una bendición" que su parroquia ofrezca numerosas actividades, e implicarse en ellas es "una parte esencial" de su vida.

Los Fatzinger: 13 hijos, misa diaria y, para el «Washington Post», un modelo de gestión financiera
Juntarse para comer, una prioridad familiar.

Como también lo son "las comidas familiares" y algo que consideran fundamental en la educación de sus hijos, "acostarse temprano": "No es tan fácil ahora como era al principio, cuando la mayoría de nuestros hijos eran pequeños". También son "prioridades esenciales" ayudarse unos a otros y celebrar los días festivos y los cumpleaños... y las bodas: en noviembre se casa en Arizona el hermano mayor.

Luz en un mundo oscuro
Los Fatzinger, como sucede con otras familias numerosas, son a veces mirados como seres de otro planeta. Sam confiesa que no permite que nadie se meta con ellos por ese motivo, y ambos dan un consejo: "Nunca te disculpes por tener muchos hijos; vive y muéstrate con confianza en tu familia y en las decisiones que tomáis. Ten una buena presencia pública y asegúrate de que tus hijos se portan bien".

Y para que la propia familia sea un instrumento de la Nueva Evangelización, una serie de interesantes sugerencias: "Sé amable e implícate de forma que convenga a la situación de tu familia en la vida. Ayuda a otras familias, échales una mano con los hijos o las comidas, apoyándoles en la oración y con actividades que les faciliten las cosas, no que les estresen. Mantén una sonrisa en tu boca, saluda a los demás y se amable. Sal de tu camino para ayudar a los demás. Ama al pecador y aborrece el pecado. Encuentra formas de que la gente vuelva a Dios, y sé un ejemplo en un mundo oscuro".

jueves, 25 de agosto de 2016

Santo Evangelio 25 de agosto 2016


Día litúrgico: Jueves XXI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 24,42-51): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Velad, pues, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora de la noche iba a venir el ladrón, estaría en vela y no permitiría que le horadasen su casa. Por eso, también vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre. ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón: ‘Mi señor tarda’, y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».

«Estad preparados»
+ Rev. D. Albert TAULÉ i Viñas 
(Barcelona, España)


Hoy, el texto evangélico nos habla de la incertidumbre del momento en que vendrá el Señor: «No sabéis qué día vendrá» (Mt 24,42). Si queremos que nos encuentre velando en el momento de su llegada, no nos podemos distraer ni dormirnos: hay que estar siempre preparados. Jesús pone muchos ejemplos de esta atención: el que vigila por si viene un ladrón, el siervo que quiere complacer a su amo... Quizá hoy nos hablaría de un portero de fútbol que no sabe cuándo ni de qué manera le vendrá la pelota...

Pero, quizá, antes debiéramos aclarar de qué venida se nos habla. ¿Se trata de la hora de la muerte?; ¿se trata del fin del mundo? Ciertamente, son venidas del Señor que Él ha dejado expresamente en la incertidumbre para provocar en nosotros una atención constante. Pero, haciendo un cálculo de probabilidades, quizá nadie de nuestra generación será testimonio de un cataclismo universal que ponga fin a la existencia de la vida humana en este planeta. Y, por lo que se refiere a la muerte, esto sólo será una vez y basta. Mientras esto no llegue, ¿no hay ninguna otra venida más cercana ante la cual nos convenga estar siempre preparados?

«¡Cómo pasan los años! Los meses se reducen a semanas, las semanas a días, los días a horas, y las horas a segundos...» (San Francisco de Sales). Cada día, cada hora, en cada instante, el Señor está cerca de nuestra vida. A través de inspiraciones internas, a través de las personas que nos rodean, de los hechos que se van sucediendo, el Señor llama a nuestra puerta y, como dice el Apocalipsis: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20). Hoy, si comulgamos, esto volverá a pasar. Hoy, si escuchamos pacientemente los problemas que otro nos confía o damos generosamente nuestro dinero para socorrer una necesidad, esto volverá a pasar. Hoy, si en nuestra oración personal recibimos —repentinamente— una inspiración inesperada, esto volverá a pasar.

© evangeli.net M&M Euroeditors | 

Oración a San Benito


miércoles, 24 de agosto de 2016

Santo Evangelio 24 de agosto 2016


Día litúrgico: 24 de Agosto: San Bartolomé, apóstol

Texto del Evangelio (Jn 1,45-51): En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás». Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».

«Ven y lo verás»
Mons. Christoph BOCKAMP Vicario Regional del Opus Dei en Alemania 
(Bonn, Alemania)


Hoy celebramos la fiesta del apóstol san Bartolomé. El evangelista san Juan relata su primer encuentro con el Señor con tanta viveza que nos resulta fácil meternos en la escena. Son diálogos de corazones jóvenes, directos, francos... ¡divinos!

Jesús encuentra a Felipe casualmente y le dice «sígueme» (Jn 1,43). Poco después, Felipe, entusiasmado por el encuentro con Jesucristo, busca a su amigo Natanael para comunicarle que —por fin— han encontrado a quien Moisés y los profetas esperaban: «Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1,45). La contestación que recibe no es entusiasta, sino escéptica : «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Jn 1,46). En casi todo el mundo ocurre algo parecido. Es corriente que en cada ciudad, en cada pueblo se piense que de la ciudad, del pueblo vecino no puede salir nada que valga la pena... allí son casi todos ineptos... Y viceversa.

Pero Felipe no se desanima. Y, como son amigos, no da más explicaciones, sino dice: «Ven y lo verás» (Jn 1,46). Va, y su primer encuentro con Jesús es el momento de su vocación. Lo que aparentemente es una casualidad, en los planes de Dios estaba largamente preparado. Para Jesús, Natanael no es un desconocido: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi» (Jn 1,48). ¿De qué higuera? Quizá era un lugar preferido de Natanael a donde solía dirigirse cuando quería descansar, pensar, estar sólo... Aunque siempre bajo la amorosa mirada de Dios. Como todos los hombres, en todo momento. Pero para darse cuenta de este amor infinito de Dios a cada uno, para ser consciente de que está a mi puerta y llama necesito una voz externa, un amigo, un “Felipe” que me diga: «Ven y verás». Alguien que me lleve al camino que san Josemaría describe así: buscar a Cristo; encontrar a Cristo; amar a Cristo.

© evangeli.net M&M Euroeditors 

La curación milagrosa de Marion Carroll en el santuario de Knock tras la unción de los enfermos El santua

La curación milagrosa de Marion Carroll en el santuario de Knock tras la unción de los enfermos
El santuario de Knock en Irlanda, donde sucedió la aparición en el siglo XIX y la curación asombrosa en 1989


 Desde que se produjeron en Irlanda las apariciones de Knock en 1879 (explicadas aquí en CariFilii), cientos de miles de personas han visitado su santuario (www.knock-shrine.ie) y se han recogido testimonios de gracias recibidas por intercesión de la Virgen, pero sin duda el caso más radical y asombroso es el de la curación repentina y médicamente inexplicable de la esclerosis múltiple de Marion Carroll en 1989.

Aún hoy esta mujer, devota de la Virgen desde niña, se mantiene sana y viaja por el mundo contando su experiencia y testimonio. Lo ha contadocon detalle a televisiones internacionales y a la prensa regional, como el Independent Westmeath.

Un aparición sin palabras y muy peculiar
La aparición, aunque cuenta con reconocimiento eclesiástico, en sí ya es peculiar. La tarde del 21 de agosto de 1879, Mary Mcloughlin y Mary Byrne regresaban a casa bajo la lluvia y al pasar junto a la parte trasera de la parroquia de la aldea de Knockvieron, asombradas, a una mujer vestida de blanco en actitud de oración, con una corona brillante ajustada en la frente con una rosa. 

A la derecha vieron un hombre con túnica blanca y otro hombre vestido como obispo con ropaje blanco predicando. Junto a las figuras había un altar grande, y sobre él un cordero, y detrás una gran cruz. Llamaron a más testigos y durante dos horas, en este escenario, revoloteaban ángeles en torno al cordero. 

Seis semanas después de la visión, el Arzobispo de Tuam, John McHale, constituyó una comisión de investigación, en la que se examinaron a los 15 testigos. Sus conclusiones fueron rotundas: los testimonios de los 15 videntes eran coherentes entre sí y fiables. En 1936, el arzobispo de Gilmartin constituyó otra comisión para examinar a tres videntes sobrevivientes: Mary O´Connell (Mary Byrne), Patrick Byrne y John Curry. Los tres confirmaron sus declaraciones originales de 1879. 

La Iglesia interpretó la visión (que no contaba con mensajes hablados ni palabras) como una aparición de la Virgen María, San José, San Juan Evangelista (el obispo) yJesucristo como Cordero y Cruz, remitiéndose al Libro de Apocalipsis, atribuido a Juan. 

Una curación para asombro de la ciencia
Pero las curaciones y gracias que se han recibido en Knock durante más de un siglo se vieron reforzados en 1989 con un caso que ha asombrado a la medicina del siglo XX y la del XXI y que se ha enviado a dicasterios vaticanos para su análisis. El análisis incluye dejar pasar décadas para ver si la curación es definitiva, duradera, y 26 años después parece que así es. 

Marion Carroll vive aún en Athlone, la ciudad donde su familia durante varias generaciones tuvo una zapatería. De niña, en los años 50, poco después de hacer su primera comunión, sufrió un brote de tuberculosis que casi la mata. Se curó en el hospital y su padre, Joe McCormack, en agradecimiento a la Virgen hizo construir una capillita con una imagen. 

Desde niña Marion fue devota de la Virgen, y de joven ingresó en la Legión de María (www.legiondemaria.org). Siempre dedicó mucho tiempo a la iglesia, y le gustaba rezar el rosario desde su juventud.

Se casó en 1971 con Jimmy Carroll. Ya en su primer embarazó notó que tenía extraños problemas de salud, pero en esa época se conocía poco la esclerosis múltiple. Sólo se le diagnosticó oficialmente en 1978. 

Cada vez más partes de su cuerpo empezaban a fallar, sus miembros no le obedecían. A veces, mejoraba momentaneamente, pero enseguida se agravaban sus síntomas. Desde 1985 ya no hubo mejorías y quedó prácticamente paralizada en casa.

Marion mantuvo su fe y no se enfadó con Dios ni lo criticó. Veía acercarse la muerte y pensaba que Dios era bueno por haberle dado un buen marido e hijos, que muchos otros no habían podido tener. Su marido se levantaba varias veces cada noche para atenderla, y madrugaba luego para llevar los niños al colegio. Estuvo en Lourdes y en algunos otros encuentros donde sintió paz y confianza en Dios, pero no pedía nunca su curación, sólo fuerza para sobrellevar la enfermedad.

En camilla a Knock: unción de enfermos
Un domingo de septiembre de 1989 todo cambió. Su hígado tenía varias infecciones, estaba paralizada y quizá le quedaban pocos días de vida. Unos amigos del hospital St Vincent de Athlone le habían ofrecido llevarla al santuario de Knock en camilla, a una oración por los enfermos. Ella había aceptado tan solo para que su marido e hijos no tuvieran que atenderla durante unas horas y pudieran descansar.

Una vez en el santuario, la llevaron atada en su camilla frente al altar principal, bajo la estatua de la Virgen. El obispo Colm O´Reilly le administró la Unción de los Enfermos. La llamó por error Mary, en vez de Marion, y ella se puso de mal humor, incluso enfadada, porque no decían bien su nombre.

"Recibí después la Santa Comunión, y sentí un dolor malísimo en mis tobillos... y cuando ese dolor se fue, todos los dolores de mi cuerpo se fueron", explica. "Tenía una sensación hermosa en mi interior; como si una brisa susurrante me hubiera dicho que si se quitaban las correas de mi camilla, podría levantarme y caminar".

No lo hizo allí, en la iglesia, ante todos. Pero al acabar la misa pidió a sus amigos que quitaran las correas. "Mis dos piernas colgaron... y me mantuve en pie, y fue como si nunca hubiera enfermado", explica Marion.

En el camino de vuelta iba sentada y bebiendo té. Cuando llegó a casa, su marido salió para recogerla con la silla de ruedas... y quedó anonadado al ver que ella bajaba caminando de la ambulancia.

La curación milagrosa de Marion Carroll en el santuario de Knock tras la unción de los enfermos

Marion Carroll, en el centro, poco después de su curación en 1989, con su hija Cora y su marido Jimmy

El asombro de los técnicos sanitarios
Ese día le acompañaban dos profesionales sanitarios de Athlone que la conocían bien y que han contado cómo lo experimentaron al "Independent Westmeath" y a todos los que les preguntan: la enfermera residente en Athlone Ann Flanagan y el técnico de emergencias médicas Gerry Glynn.

Los dos visitaron a Marion al día siguiente... y la que había estado paralizada 24 horas antes les preparó un té. "Caminaba por la casa, un poco furtivamente, pero por todas partes y no podíamos creerlo. Era una experiencia irreal. Sus músculos deberían haber estado laxos después de tanto tiempo inmóviles, pero ahora ponía un pie delante de otro y caminaba", recuerda la enfermera Ann Flanagan.

Marion, que durante años estuvo protegida y escudada del mundo por su marido, ahora lleva ya varios años viajando y contando su testimonio. Cuando habla con gente que dice haber recibido algún don de la Virgen o de Dios suele comentarles que puede tratarse de dones sólo para la persona en sí, que no necesariamente deben difundirse, pero en su caso concreto está convencida de que debe hablar de lo que ha vivido. "Me gusta hacer lo que hago, pero no para que me reconozcan como Marion Carroll, sino porque el Señor me ha llamado y me ha dado un cubo y una fregona, no una corona", comenta alegre.

Bajo estas líneas, un vídeo de nuestros días; Marion y su marido Jimmy hablan (en inglés) 26 años después de la curación, agradecidos a Dios 



Publicado por primera vez en el portal mariano www.carifilii.es

martes, 23 de agosto de 2016

Santo Evangelio 23 de Agosto 2016


Día litúrgico: Martes XXI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 23,23-26): En aquel tiempo, Jesús dijo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que pagáis el diezmo de la menta, del aneto y del comino, y descuidáis lo más importante de la Ley: la justicia, la misericordia y la fe! Esto es lo que había que practicar, aunque sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello! ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro están llenos de rapiña y codicia! ¡Fariseo ciego, purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!».

«Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura»
Fr. Austin NORRIS 
(Mumbai, India)


Hoy tenemos la impresión de “pillar” a Jesús en un arrebato de mal humor —realmente alguien le ha hecho sentir molesto. Jesucristo se siente incómodo con la falsa religiosidad, las peticiones pomposas y la piedad egoísta. Él ha notado un vacío de amor, a saber, echa en falta «la justicia, la misericordia y la fe» (Mt 23,23) tras las acciones superficiales con las que tratan de cumplir la Ley. Jesús encarna esas cualidades en su persona y ministerio. Él era la justicia, la misericordia y la fe. Sus acciones, milagros, sanaciones y palabras rezumaban estos verdaderos fundamentos, que fluyen de su corazón amoroso. Para Jesucristo no se trataba de una cuestión de “Ley”, sino que era un asunto de corazón…

Incluso en las palabras de castigo vemos en Dios un toque de amor, importante para quienes quieran volver a lo básico: «Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios» (Miq 6,8). El Papa Francisco dijo: «Un poco de misericordia hace al mundo menos frío y más justo. Necesitamos comprender bien esta misericordia de Dios, este Padre misericordioso que tiene tanta paciencia... Recordemos al profeta Isaías, cuando afirma que, aunque nuestros pecados fueran rojo escarlata, el Amor de Dios los volverá blancos como la nieve. Es hermoso, esto de la misericordia».

«¡Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura!» (Mt 23,26). ¡Cuán cierto es eso para cada uno de nosotros! Sabemos cómo la limpieza personal nos hace sentir frescos y vibrantes por dentro y por fuera. Más aun, en el ámbito espiritual y moral nuestro interior, nuestro espíritu, si está limpio y sano brillará en buenas obras y acciones que honren a Dios y le rindan un verdadero homenaje (cf. Jn 5,23). Fijémonos en el marco más grande del amor, de la justicia y de la fe y no nos perdamos en menudencias que consumen nuestro tiempo, nos empequeñecen y nos hacen quisquillosos. ¡Saltemos al vasto océano del Amor de Dios y no nos conformemos con riachuelos de mezquindad!


«Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura»
Hno. Lluís SERRA i Llançana 
(Roma, Italia)


Hoy, Jesús toma una clara actitud de denuncia: «¡Ay de vosotros (...)! ¡Ay de vosotros (...)!» (Mt 23,23.25). Su objetivo son los maestros de la Ley y los fariseos, que representan a las clases poderosas porque ejercen sobre el pueblo un dominio espiritual y moral. ¿Cómo pueden orientar a la gente si son “guías ciegos”? Su ceguera reside en la incoherencia de observar escrupulosamente los pequeños detalles, que tienen su importancia, y dejar de lado las cosas fundamentales, como la justicia, el amor y la fidelidad. Tienen cuidado de su imagen, que no corresponde con su interior, lleno de «rapiña y codicia» (Mt 23,25). Curiosamente, Jesús emplea términos relativos a aspectos económicos.

El Evangelio de hoy constituye una invitación a que las personas y los grupos más relevantes de las comunidades cristianas, es decir, sus guías, hagan un examen de conciencia. ¿Respetamos los valores fundamentales? ¿Valoramos más las normas que a las personas? ¿Imponemos a los demás aquello que no somos capaces de cumplir nosotros mismos? ¿Hablamos desde la suficiencia de nuestras ideas o desde la humildad de nuestro corazón? Como decía Helder Cámara: «Quisiera ser un charco de agua para reflejar el cielo». ¿Ve la gente en sus pastores hombres de Dios, que distinguen lo accesorio de lo fundamental? La debilidad merece comprensión, la hipocresía provoca rechazo.

Al escuchar el Evangelio de hoy podemos caer en una trampa. Jesús dice a los maestros de la Ley y a los fariseos que son hipócritas. También los había sinceros. Nosotros podemos pensar que este texto se puede interpretar actualmente para los obispos y sacerdotes. Ciertamente, como guías de las comunidades cristianas, tienen que estar atentos para no caer en las actitudes que Jesús denuncia, pero hay que recordar que todo creyente —hombre y mujer— puede alojar en su interior un “fariseo ciego”. Jesús nos invita: «Purifica primero por dentro la copa, para que también por fuera quede pura» (Mt 23,26). La espiritualidad tiene las raíces en el interior del corazón.

© evangeli.net M&M Euroeditors |