martes, 2 de mayo de 2023

¿Puede un concejal presidir una cofradía? Toledo lanza unas ideas católicas para la política

 


¿Puede un concejal presidir una cofradía? Toledo lanza unas ideas católicas para la política

Un minuto de silencio en el Parlamento de Castilla La Mancha

¿Puede un concejal ser presidente de una cofradía o hermandad? ¿Puede animar públicamente a votar a tal o cual partido el responsable de un movimiento espiritual? ¿Y el clero? Si ningún partido es "suficientemente bueno", ¿significa que los católicos no pueden entrar en ellos? ¿Toda la política ha de pasar por los partidos? ¿Es lícita tanta partitocracia, con listas cerradas y cúpulas todopoderosas?

Desde que existen elecciones y partidos políticos con campañas, la Iglesia ha ido elaborando una doctrina social al respecto. Pero no estamos en el siglo XIX ni en el XX: en nuestra época de redes, memes y comunicaciones continuadas, de mayor hostilidad a la presencia pública cristiana y de poder desproporcionado de los partidos, parecen necesarias nuevas matizaciones y aplicaciones prácticas.

Ahora, la Vicaría para Laicos, Familia y Vida de la archidiócesis de Toledo ha lanzado el documento Servidores de todos sobre "Orientación para la Participación de los Católicos en la Política".

Tiene varias virtudes: no es demasiado largo, es bastante completo y aterriza en bastantes temas concretos. Su primera mitad plantea principios más generales sobre Doctrina Social y Política, la segunda mitad puede ser usada por católicos interesados en la política como una ayuda de discernimiento.



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El documento está aquí en la web del arzobispado, en PDF.

El documento defiende la política y la democracia. Critica la partitocracia y sus vicios, recuerda que participar no es sólo votar y constata que en la Iglesia falta formación y acompañamiento a los cristianos con interés por la política (aunque enumera algunas opciones que funcionan en Toledo, como el Grupo Polis, la Asociación Católica de Propagandistas -ACdP- y Acción Católica).

Hace falta compromiso, dice el arzobispo

El documento se inicia citando al Papa Francisco (Fratelli Tutti, 180) que habla de que "la política es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común".

El arzobispo de Toledo, Francisco Cerro, añade en su prólogo: "El noble arte de la política, requiere de personas íntegras, virtuosas, que hayan conocido la Luz alta que Jesucristo nos ha traído con su Revelación, y que estén dispuestas a comprometerse en el trabajo por el bien común de la familia humana construyendo una sociedad noble que tenga semillas del Reino de Dios".

El prólogo del arzobispo es breve, pero dos veces menciona la necesidad de "compromiso". "Requiere en nuestro tiempo de un compromiso especial, a veces incluso “martirial”, en el sentido etimológico del término: testimoniar dando la vida", añade. "Oramos para que el Señor suscite esos líderes sociales que necesita nuestra generación".

Límites y peligros en la democracia

En línea con la Doctrina Social de la Iglesia, el documento anima a participar en el juego democrático pero señalando sus peligros y sus límites, especialmente cuando se excluye a Dios.

"Una sociedad que desprecia abiertamente a Dios, que rechaza radicalmente el valor que aporta la fe, a nivel individual y comunitario, personal y social, no puede permanecer largo tiempo como una sociedad de Derecho; desembocará en la tiranía después de haber sido desgarrada por la anarquía", advierte.

"Si la democracia se entiende como un mero dominio de la mayoría, sin estar orientada por el criterio de lo justo y partiendo de la realidad objetiva de las cosas, la libertad y la verdad están en peligro", añade el texto.

Ser testigos de Cristo: modelos santos

El católico participa en política para ayudar a sus hermanos en cosas prácticas, pero también para dar testimonio de Cristo.

"Esa presencia política de los católicos debería actuar, por sí misma, como testimonio de fe y no únicamente como acción canalizadora de la construcción del bien común. Ha de ser posible anunciar a Jesucristo desde la presencia en la vida pública –sin privilegios, pero también sin censuras ni discriminaciones–. Al mismo tiempo no ha de olvidarse que se puede ser antitestimonio cuando se incurre reiteradamente en incoherencias entre la fe y la acción pública", advierte el texto.

Para animar a los cristianos en política, leemos, "puede ayudar la presentación de testimonios de políticos cristianos en activo, así como ya fallecidos (por ejemplo, el de Robert Schuman, uno de los padres fundadores de la Unión Europea, en proceso de beatificación)".

"En el ejercicio de esta actividad, no serán pocas las ocasiones en las que el político cristiano sufra situaciones de persecución, en diferente grado, según nos advirtió el Señor. No en vano Santo Tomás Moro, quien sufrió y murió por esta causa, ha sido proclamado patrono de los políticos", añade el texto. Schuman y Santo Tomás Moro son los únicos políticos mencionados en el documento.

El texto plantea la acción política del cristiano como una colaboración con Cristo. "Colaboremos con Él en la transformación de la historia, hasta su venida definitiva", exhorta.

El cristiano no debe ser acallado

En el debate social y democrático, el cristiano no debe acomplejarse ni dejarse acallar ni tiene por qué ocultar su fe.

"Resulta evidente que la sociedad se intenta cambiar por muchos de los sujetos que en ella conviven: los movimientos sociales y los propios poderes públicos. Los cristianos también gozamos de legitimidad para intervenir activamente y protagonizar ese cambio. Y queremos hacerlo posible desde el diálogo, la razón y la fe, superando el enfrentamiento", leemos.

Aunque los cristianos en política parezcan pocos, también a ellos se les aplica lo de ser sal de la tierra. "Somos conscientes de que, como nos recuerda Benedicto XVI citando al Pseudo-Rufino, “el género humano subsiste gracias a unos pocos; si ellos desaparecieran, el mundo perecería” (Spe Salvi, 15)".

La Doctrina Social de la Iglesia, fuente de creatividad

El documento anima a conocer y aplicar la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), y la expone con cierta agilidad. Una persona interesada en política que quiera conocer sobre ella, aprenderá bastante si lee este texto que no es largo.

"Una de las notas características de la DSI es su interdisciplinariedad. En su elaboración y despliegue necesita de todos los saberes humanos y sociales. Pero también, por su riqueza, contiene un potencial –muy poco explotado– de contribuir a la mejora de tales saberes", expone. "La DSI ofrece sus orientaciones para contar con unas sanas reglas de juego".

Algunas ideas básicas de la DSI son:

– La política está al servicio de la persona, de la familia y la sociedad y no al revés. Por tanto, se rechaza el estatalismo y cualquier forma de totalitarismo (Compendio DSI, 418).

– El bien común es el fin de la comunidad política

– Se valora el sistema de la democracia como fórmula de elección y sustitución de gobernantes y representantes (Centesimus Annus, 46), y se exige que esté bien fundamentada, por el riesgo de convertirse en una forma de totalitarismo encubierta (Centesimus Annus, 93) o de caer, como tantas veces denunció Benedicto XVI, en la dictadura del relativismo.

Las tentaciones en la política

En la política, como en cualquier otro ámbito, hay tentaciones. Se deben conocer y superar.

"Son frecuentes las tentaciones de egoísmo, corrupción, arribismo e idolatría del poder (la clásica hybris, desmesura o arrogancia, que se puede dar en todos los niveles de gobierno, desde una alcaldía hasta la Presidencia del Consejo de Ministros). Y esas mismas acusaciones son dirigidas a los hombres del Gobierno, del Parlamento, de la clase dominante o de los partidos políticos. Pero todo ello, así como la difundida opinión de que la política sea

un lugar de necesario peligro moral, no justifica lo más mínimo ni la ausencia de los cristianos en la arena pública ni su escepticismo sobre este decisivo ámbito de la actividad humana" (Christifideles Laici, 42).

El texto es muy duro y muy concreto contra la partitocracia y el exceso de poder que acumulan los partidos y sus cúpulas (esto es especialmente aplicable al actual sistema español).

"Es exigible la democracia interna, así como la mayor transparencia posible y la rendición de cuentas en su funcionamiento. Las listas electorales cerradas y la disciplina de partido hacen muy difícil el ejercicio de una genuina representación política", concreta el texto.

"Por esta misma razón, no es admisible la partitocracia, que busca copar las instituciones públicas y la mayoría de los centros de poder político o económico desde los partidos. De ella pueden observarse graves crisis institucionales con consecuencias nefastas para el conjunto del sistema. También debe rechazarse el partidismo, entendido como el sometimiento de todos los afiliados, especialmente los que desempeñan cargos públicos, a la ideología del partido y a las órdenes de su máximo responsable", sigue el texto.

Además, se recuerda un comentario de Pablo VI en 1972 dirigiéndose a políticos en un congreso: "Resulta muy difícil recordar algún debate en el que un representante político, tras la escucha de la postura del adversario y el correspondiente intercambio de pareceres y argumentos, se muestre convencido y opte públicamente por modificar los propios".



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En mayo de 2021, el arzobispo Cerro, el obispo García-Magán, el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García Page y la alcaldesa de Toledo, Milagros Tolón, visitaban al Papa. Los pastores participan como maestros y profetas en el debate social, pero no organizan partidos ni sindicatos. 

Las prioridades del católico en política

En nuestra época, hay campos en los que el católico deberá trabajar de forma prioritaria: el primero, la defensa de la vida y la familia; después, otros temas candentes como los retos del mundo laboral y de una economía más justa. El texto lo detalla.

"En primer lugar, la promoción de la dignidad de la persona, la defensa de la vida, la atención a los pobres, el establecimiento de una perspectiva de familia como marco de todas las políticas públicas (desde una adecuada visión de la mujer y del genio femenino –véase Mulieris Dignitatem de san Juan Pablo II– o la alerta ante la crisis demográfica. Todo ello en una situación en la que las consecuencias de la revolución sexual y los cambios biotecnológicos llevan a afirmar con Benedicto XVI que la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica (Caritas in Veritate, 75)", apunta el texto.

Y, después, "el trabajo como cuestión esencial en un momento de profundas transformaciones tecnológicas, con el desempleo juvenil como gran problema", junto con "la consideración moral de la economía, así como la introducción en la misma de la lógica del don y la gratuidad (Caritas in Veritate)".

¿Cómo se mete en política la Iglesia?

"Con cierta frecuencia se acusa a la Iglesia de 'meterse en política'", constata el documento. Recuerda que el derecho eclesiástico pide a la jerarquía pronunciarse sobre ciertos temas públicos (Código de Derecho Canónico 747): "Compete siempre y en todo lugar a la Iglesia proclamar los principios morales, incluso los referentes al orden social, así como dar su juicio sobre cualesquiera asuntos humanos, en la medida en que lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o la salvación de las almas. Sin embargo, lo que no cabe en ningún caso es que la Iglesia jerárquica entre en el juego partidista. Son los fieles laicos quienes están llamados a “animar cristianamente el orden temporal" (Christifideles Laici, 42).

El documento además recuerda que aunque votar es un derecho y un deber, hay más formas de participación política.

“Recuerden, por tanto, todos los ciudadanos el derecho y al mismo tiempo el deber que tienen de votar con libertad para promover el bien común.” (Gaudium et Spes, 75). Pero se presentan muchas otras vías a la creatividad de los actores sociales, de forma personal o, preferentemente, organizada:

-escribir en los medios y publicar en redes,

-recoger firmas,

- promover manifestaciones,

- ejercer una resistencia pasiva,

- establecer contactos con políticos,

- participar con propuestas en procesos normativos,

- apoyar económicamente una causa, etc..."

"Especialmente en el ámbito local, en las asociaciones vecinales y de todo tipo y a través de la participación en los plenos, juntas de distrito, iniciativas de presupuestos participativos, convocatorias de referéndum ciudadanos… Por último, y más claramente, con la afiliación a un partido político y la pretensión de participar de manera más directa en la actividad política", son otras formas de participar.

Los políticos cristianos se sienten solos

En España, los cristianos que intentan participar en política se han quejado muchas veces de sentirse poco acompañados, tanto por la jerarquía como por las comunidades cristianas. El documento se hace eco de esto.

"Es una petición latente y expresa en muchas ocasiones, de los políticos cristianos, al sentirse en soledad en el difícil ejercicio de su tarea, sin el respaldo de sus pastores o de su comunidad cristiana. Cabría plantearse foros y estructuras más o menos formales de encuentro, oración, formación, puesta en común de buenas prácticas, “coaching”, etc. Esto exige que los fieles laicos estén cada vez más animados desde una real participación en la vida de la Iglesia e iluminados por su doctrina social", leemos.

"Formación: Sólo cabe insistir en su importancia y urgencia. ¿Existen escuelas de formación de líderes y cuadros cristianos que se quieran comprometer en la vida política? ¿Hay centros de análisis de la realidad sociopolítica que permitan plantearse diagnósticos bien fundados, con mirada cristiana, y la elaboración de políticas públicas inspiradas en la DSI? Se detecta una evidente carencia de una adecuada pedagogía de la DSI", constata el texto.

"Será preciso orar para que el Señor envíe fieles laicos a esta mies y colaborar en este areópago de la vida pública fomentando iniciativas creativas que animen la actividad sociopolítica de los cristianos", se añade.

En el caso concreto de Toledo, hay varias realidades que trabajan estos temas, "como el grupo Polis, y de la Delegación de Pastoral del Trabajo, además de la ayuda de la Pastoral Familiar, Social y Universitaria, el Equipo de trabajo del postcongreso de laicos o el resto de Asociaciones Apostólicas que trabajan en este ámbito –Acción Católica, general y especializada, Asociación Católica de Propagandistas…–. En el Instituto Superior de Ciencias Religiosas, que cualifica al más alto nivel la formación del laicado, se imparte la asignatura de Doctrina Social de la Iglesia, y sería muy deseable el desarrollo de

alguna iniciativa más completa".

La autonomía de los laicos

Se recuerda que "no es misión de la Iglesia como tal constituir partidos políticos o sindicatos. Atendiendo a las indicaciones de su fundador, promueve una “justa autonomía de las realidades terrenas” (Gaudium et Spes, 36)".

La Iglesia jerárquica sí "tiene esa misión profética que denuncia propuestas de organización social incompatibles con la condición espiritual del ser humano. Y siempre ofrece sus recursos y patrimonio para la construcción de la comunidad humana, con especial atención a los más necesitados".

Pero, respecto al clero, "la Iglesia cuida de que sus pastores no asuman una actividad de representación política pública: “El sacerdote estará por encima de toda parcialidad política, pues es servidor de la Iglesia: no olvidemos que la Esposa de Cristo, por su universalidad y catolicidad, no puede atarse a las contingencias históricas. No puede tomar parte activa en partidos políticos o en la conducción de asociaciones sindicales, a menos que, según

el juicio de la autoridad eclesiástica competente, así lo requieran la defensa de los derechos de la Iglesia y la promoción del bien común", dice el texto, citando el derecho canónico.

¿Qué pasa cuando un católico notable habla de un tema opinable, como a quién votar, o qué hacer con tal o cual proyecto público?

"Se observa ese cuidado por no identificar las posturas personales con las posturas de la Iglesia cuando se trate de concreciones opinables, no remisibles directamente a la fe o a la doctrina de la Iglesia", advierte el texto.

Laicos en las curias y cofradías

El derecho canónico pone algunos límites a los laicos, y afecta a los presidentes de las asociaciones públicas de fieles, como las cofradías: “En las asociaciones públicas de fieles, que se ordenan directamente al ejercicio del apostolado, no deben ser presidentes los que desempeñan cargos de dirección en partidos políticos” (CIC, Can. 317 § 4).

Además, esto afecta a "aquellos laicos que entran a formar parte de la curia pastoral, colaborando con la potestad de gobierno de los pastores" (Can. 129 § 2), tampoco deberían tomar parte activa en la dirección de entidades políticas o en la asunción de responsabilidades de gobierno en la autoridad civil.

Obsérvese que se habla de "cargos de dirección", no de mera militancia en un partido, aunque sea pública y reconocida.

Pero luego"Servidores de Todos" baja a lo concreto para hablar de más cargos que tienen los laicos. "En ese sentido, los delegados diocesanos o directores de secretariados diocesanos, y  cualesquiera otros que tuvieran una delegación expresa del obispo diocesano para una materia en particular, en la medida en que tienen una función de visible representación de la Iglesia diocesana en ciertos ámbitos concretos, convendría que se abstuvieran de asumir otro tipo de representaciones de carácter político".

Se pide también "aplicar esa prudencia a todas esas otras personas que participan en la dirección de las entidades de carácter netamente diocesano (v. gr. fundaciones canónicas, colegios diocesanos…). En todo caso, dada la variedad de situaciones que pueden plantearse en la práctica concreta, a fin de clarificarlas oportunamente, parece necesario que las personas que tienen responsabilidades de carácter diocesano planteen su situación al Arzobispo para proceder en consecuencia".

Hay además un factor que no se daba hace apenas 20 años: redes sociales, móviles que lo graban todo, memes descontextualizados...

"El mundo de hoy, con la abundantísima exposición mediática a que somete todas las labores de carácter público, nos invita a ser especialmente cuidadosos para no confundir a la Iglesia institución con la particularidad con que la pueden reflejar cada uno de los bautizados en concreto. De cara a la toma de posición pública de cuestiones opinables, también convendría extremar la prudencia", se exhorta.

¿Y en los casos de política municipal o local?

"Corresponde a cada párroco, arcipreste o vicario - oída la Vicaría General - discernir con la persona vocacionada a la política si su presencia como candidato electoral, como dirigente de partido o como cargo electo, puede crear interferencias con la imagen y la presencia de la Iglesia en ese lugar. No será lo mismo en poblaciones muy polarizadas políticamente que en ámbitos donde se ve con mayor naturalidad la significación política".

Que los pastores y fieles acompañen al político

El documento no pretende que los curas y parroquias desanimen a los católicos de entrar en política, sino más bien lo contrario. "Los pastores de la Iglesia y toda la comunidad cristiana deben acompañar y sostener especialmente el esfuerzo de los fieles que se implican en la primera línea de la actividad política. En primer lugar, con la oración, pero también ofreciendo una comunidad de apoyo y contraste que puede ser de mucha utilidad. Y, por supuesto,

intentando cuajar las iniciativas de formación y acompañamiento", insiste el texto.

Para la acción: amor, diálogo, cruz, prudencia...

El final del documento ofrece "directrices para la acción" del católico en política:

1) Amor: "por ejemplo, la amabilidad en el trato cotidiano con el contrincante político o el intercambio respetuoso de opiniones", pero también amor al tomar decisiones que ayudan a la gente, como invertir en un puente, un hospital...

2) Diálogo: cultivar la amistad social, colaborar con los no creyentes...

3) Cruz: prepararse para un cierto nivel de persecución y martirio;

4) Prudencia: según el Compendio de la DSI (547, 548), es "la virtud que dispone para discernir en cada circunstancia el verdadero bien y elegir los medios"

5) Mayor bien posible y limitación de daños: cuando no se puede evitar la aplicación de una ley nefasta, o no hay capacidad para derogarla, "cabe ofrecer el apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños y disminuir sus efectos negativos en el campo de la cultura y la moralidad pública de dichas propuestas o leyes, siempre que la oposición personal sea clara y públicamente conocida a las mismas" (es una cita de Juan Pablo II).

6) Cambios por evolución, no por revolución: preferir las reformas paulatinas, evitar cambios bruscos si traerán mayores males que los que se pretende solucionar.

El documento también recomienda leer el texto "El Dios fiel guarda su alianza", sobre retos de la doctrina social en España en nuestra época, si bien es mucho más largo (son 100 páginas, resumen aquí).

Fuente: Religión en Liberta

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