sábado, 18 de agosto de 2018

Tenía una vida de éxito, lo dejó todo y la llamaron loca: ahora evangeliza a pandilleros por cientos

Sair del Toro está volcada totalmente en la evangelización, especialmente entre la comunidad hispánica de EEUU

Sair del Toro, exitosa evangelizadora entre los hispanos de EEUU 

Tenía una vida de éxito, lo dejó todo y la llamaron loca: ahora evangeliza a pandilleros por cientos

Sair del Toro está volcada totalmente en la evangelización, especialmente entre la comunidad hispánica de EEUU

Sair del Toro era una mujer que abandonó en la adolescencia la fe católica en la que había sido educada por su madre. A los 28 se había convertido en un personaje conocido con su propio programa de radio y como exitosa y demandada planificadora de bodas en Seattle. Tenía mucho dinero e influencia pero se encontraba vacía. Fue entonces cuando se abrazó con fuerza a la fe de su infancia y se convirtió en una de las evangelizadoras más potentes de EEUU, especialmente en el mundo hispano.

Cientos de pandilleros, asesinos, ladrones, pero también mujeres maltratadas, violadas y en situaciones límites han encontrado a Dios gracias a su ministerio. “Creo que cuando te entregas libremente al Señor se dan grandes gracias, y puedes ser testigo”, afirma en Catholic News Agency.

"No tenía amor, sólo tenía dinero"

Recuerda su vida anterior a conocer a Cristo. Conducía un Mercedes, tenía una casa espectacular y no le faltaba el dinero. “Todo parecía perfecto, pero me faltaba algo, no tenía amor, sólo tenía dinero”. Este sentimiento le embargaba ya en todo momento por lo que un día se dirigió a Dios: “¿Dónde estás? ¿Quién eres?”.

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Iba a empezar así su regreso a la Iglesia Católica. Pero fue clave el consejo que recibió: si quería encontrar a Dios tenía que mirar al Santísimo Sacramento. Lo tomó al pie de la letra y rápidamente entró en una capilla de adoración para ver y abrazar el tabernáculo para saber por fin si  Dios estaba realmente en esa “cajita”.

“Entré allí, abracé a Jesucristo, y Él salió y me abrazó. Sentí su presencia en mi corazón, en mi mente y en mi alma, Él me estaba abrazando. Fue el abrazo más grande de mi vida”, asegura esta mujer, que define aquel momento como el que cambió completamente su vida.

Su madre quiso ingresarla en un psiquiátrico

Después de aquella experiencia de amor de Dios decidió dejar su exitoso trabajo, su casa y se fue a un convento en Omaha. “Mi madre pensó que estaba loca”, recuerda ella. Tanto que incluso llevó a Sair a un hospital psiquiátrico, que curiosamente era gestionado por unas monjas.

El médico le preguntó si escuchaba a Dios, si escuchaba su voz y le amaba. Ella tenía miedo a responder con sinceridad por si concluían que estaba loca y acaba ingresada en el psiquiátrico. Sin embargo, sintió que Dios quería que dijera la verdad. El doctor llegó a la conclusión de que Sair no estaba loca sino enamorada completamente de Dios.

De EEUU a México y vuelta de nuevo

Durante varios años estuvo en la vida religiosa hasta que supo que Dios la llamaba a otra cosa. Dejó el convento y también Estados Unidos para regresar a su México natal. Allí participó activamente y con gran éxito en distintos ministerios católicos de evangelización y de anuncio de devociones como la del Sagrado Corazón.

En 2013 regresó a Estados Unidos para enseñar la Teología del Cuerpo de Juan Pablo II a las parejas, especialmente hispanas, de la Archidiócesis de Los Ángeles.

Pero casi a la vez comenzó a hablar de Dios y a lograr numerosas conversiones entre expandilleros, presos y personas violentas, consiguiendo incluso que acabasen consagrando su vida y la de sus familias a Dios.

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Hace unos meses, por ejemplo, la llamaron para que anunciara la Buena Nueva a un grupo de 200 hombres, la gran mayoría pandilleros llenos de tatuajes, traficantes e incluso asesinos. “Logramos consagrar a todas esas personas –explica Sair- lo cual fue un milagro, porque la mayoría de esas personas han matado personas, han estado involucradas en negocios muy sucio, o han vendido droga…”.

Vidas que cambian

Ahora, “estas personas que nunca pensaríamos que estarían consagradas al Señor están cambiando sus vidas y las de sus familias también”. Buscando un terreno común con los miembros de estas pandillas, le comentó que la jerarquía de la Iglesia era muy parecida a la de una pandilla, pero del lado del Señor y no del lado de la muerte.

“Cuando les enseñas cómo funciona la Iglesia, cómo trabaja Dios, cómo funciona el respeto, en realidad es lo mismo, pero en el ejército de Dios”, agrega esta evangelizadora.

Sair del Toro afirma que les anuncia que su vida puede cambiar, que pueden ser más felices que nunca, que pueden conocer la gracia, y sobre todo vivir para siempre. “Sienten que realmente tienen ahora algo, que valen algo pues les damos la esperanza de la vida, de la eternidad”, concluye.

Ayuda a miles de mujeres hispanas

Pero además esta incansable católica es directora de Magnífica, el apostolado en español de Endow, un ministerio centrado en las mujeres. Y es aquí donde está realizando una importante labor con cientos de ellas, muchas con terribles historias a sus espaldas.

Una de las mujeres a las que ha podido ayudar es Rachel (nombre ficticio). Cuando tenía 14 años se escapó de casa de sus padres para ir a una fiesta. Esa noche fue secuestrada y llevada de Ciudad de México a la frontera con Estados Unidos, donde fue vendida a un hombre que la mantuvo en cautiverio durante 10 años.

En ese tiempo esta joven tuvo dos hijos con su secuestrador, hasta que un vecino se percató de que algo raro ocurría y llamó a la Policía, por lo que Rachel y sus hijos pudieron ser rescatadas. Ahora ella encuentra ayuda y sanación en la Iglesia a través del grupo Magnífica.

"Mi meta es el cielo"

Muchas mujeres que han experimentado violencia doméstica o el drama del aborto también llegan a la Iglesia a través de esta vía, y encuentran la felicidad en ella tras sufrir lo indecible durante años.

Gracias a personas como Sair son miles de personas las que conocen esta Iglesia, “hospital de campaña”, donde pueden sanar heridas profundas.

“La gente que me conoce sabe que lo hago de corazón, de lo contrario podría estar haciendo cosas diferentes por mucho dinero. Pero mi meta es el cielo y quiero ser santa, realmente quiero ser santa. Así que me relajo dejando que Dios haga lo que quiera conmigo”, concluye.

Fuente: Religión en Libertad

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