jueves, 17 de agosto de 2017

Santo Evangelio 17 de agosto 2017


Día litúrgico: Jueves XIX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 18,21—19,1): En aquel tiempo, Pedro preguntó a Jesús: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?». Dícele Jesús: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por eso el Reino de los Cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus siervos. Al empezar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía 10.000 talentos. Como no tenía con qué pagar, ordenó el señor que fuese vendido él, su mujer y sus hijos y todo cuanto tenía, y que se le pagase. Entonces el siervo se echó a sus pies, y postrado le decía: «Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré». Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda. 

»Al salir de allí aquel siervo se encontró con uno de sus compañeros, que le debía cien denarios; le agarró y, ahogándole, le decía: «Paga lo que debes». Su compañero, cayendo a sus pies, le suplicaba: «Ten paciencia conmigo, que ya te pagaré». Pero él no quiso, sino que fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase lo que debía. Al ver sus compañeros lo ocurrido, se entristecieron mucho, y fueron a contar a su señor todo lo sucedido. Su señor entonces le mandó llamar y le dijo: «Siervo malvado, yo te perdoné a ti toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también compadecerte de tu compañero, del mismo modo que yo me compadecí de ti?». Y encolerizado su señor, le entregó a los verdugos hasta que pagase todo lo que le debía. Esto mismo hará con vosotros mi Padre celestial, si no perdonáis de corazón cada uno a vuestro hermano».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, partió de Galilea y fue a la región de Judea, al otro lado del Jordán.


«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?»
Rev. D. Joan BLADÉ i Piñol 
(Barcelona, España)


Hoy, preguntar «¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano?» (Mt 18,21), puede significar: —Éstos a quienes tanto amo, los veo también con manías y caprichos que me molestan, me importunan cada dos por tres, no me hablan... Y esto un día y otro día. Señor, ¿hasta cuándo los he de aguantar?

Jesús contesta con la lección de la paciencia. En realidad, los dos colegas coinciden cuando dicen: «Ten paciencia conmigo» (Mt 18,26.29). Mientras la intemperancia del malvado, que ahogaba al otro por poca cosa, le ocasiona la ruina moral y económica, la paciencia del rey, a la vez que salva al deudor, a la familia y sus bienes, engrandece la personalidad del monarca y le genera la confianza de la corte. La reacción del rey, en labios de Jesús, nos recuerda aquello del libro de los Salmos: «Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido» (Sal 130,4).

Está claro que nos hemos de oponer a la injusticia, y, si es necesario, enérgicamente (soportar el mal sería un indicio de apatía o de cobardía). Pero la indignación es sana cuando en ella no hay egoísmo, ni ira, ni necedad, sino deseo recto de defender la verdad. La auténtica paciencia es la que nos lleva a soportar misericordiosamente la contradicción, la debilidad, las molestias, las faltas de oportunidad de las personas, de los acontecimientos o de las cosas. Ser paciente equivale a dominarse a uno mismo. Los seres susceptibles o violentos no pueden ser pacientes porque ni reflexionan ni son amos de sí mismos.

La paciencia es una virtud cristiana porque forma parte del mensaje del Reino de los cielos, y se forja en la experiencia de que todo el mundo tenemos defectos. Si Pablo nos exhorta a soportarnos los unos a los otros (cf. Col 3,12-13), Pedro nos recuerda que la paciencia del Señor nos da la oportunidad de salvarnos (cf. 2Pe 3,15).

Ciertamente, ¡cuántas veces la paciencia del buen Dios nos ha perdonado en el confesionario! ¿Siete veces? ¿Setenta veces siete? ¡Quizá más!

Hematóloga y atea, su aportación fue crucial para decidir un milagro: lo cuenta en el New York Times


Hematóloga y atea, su aportación fue crucial para decidir un milagro: lo cuenta en el New York Times

La doctora Jacalyn Duffin vive una doble vocación médica: la hematología y la historia.

Hematóloga y atea, su aportación fue crucial para decidir un milagro: lo cuenta en el New York Times

Jacalyn Duffin es canadiense, hematóloga y experta en Historia de la Medicina. Y además, una atea que cree en los milagros. No es que ella crea que Dios los hace (por eso es atea), simplemente los ha tenido entre sus manos. Y fue la primera sorprendida cuando vio la actitud de la Iglesia ante ellos, de escepticismo y confianza en el juicio de los médicos, creyentes o no.

La doctora Duffin contó el pasado lunes en The New York Times cómo se vio involucrada en la investigación de uno de ellos. Traducimos a continuación el artículo, que constituye un testimonio imprescindible: 

REFLEXIONANDO SOBRE LOS MILAGROS, MÉDICOS Y RELIGIOSOS
No había posibilidad de error en la significación diagnóstica de esa pequeña rayita roja dentro de la célula azul oscuro: el bastón de Auer implicaba que la misteriosa paciente tenía una leucemia mieloide aguda. A medida que pasaban las imágenes, su médula ósea contaba la historia: tratamiento, remisión, recaída, tratamiento, remisión, remisión, remisión.


Yo estaba interpretaando estas muestras de médula en 1987, pero habían sido extraídas en 1978 y 1979. La media de supervivencia de esa enfermedad letal con tratamiento estaba en torno a 18 meses; sin embargo, dado que ya había recaído una vez, supe que tenía que estar muerta. Probablemente alguien había planteado una demanda judicial, y por eso mis colegas hematólogos me habían pedido una interpretación a ciegas.

Suponiendo que tendría lugar una agresiva revisión contradictoria ante un tribunal, en mi informe insistí en que ni conocía la historia ni sabía para qué estaba interpretando las muestras. Una vez entregado el trabajo, pregunté a la médico de cabecera de qué se trataba. Ella sonrió y dijo que mi informe se había enviado al Vaticano. Este caso de leucemia estaba siendo estudiado como el milagro definitivo en el dossier de Marie-Marguerite d’Youville, fundadora de la Orden de las Hermanas de la Caridad de Montreal y candidata a convertirse en el primer santo nacido en Canadá.


Santa María Margarita d'Youville (1701-1771) .

Como en el caso de la Madre Teresa, que fue canonizada el domingo por el Papa Francisco, los milagros todavía se utilizan como prueba de que el candidato está en el cielo y ha intercedido ante Dios en respuesta a una petición. Normalmente se exigen dos milagros, que suelen ser curaciones que carecen de una explicación natural. En el caso de la Madre Teresa, el Vaticano concluyó que las oraciones dirigidas a ella condujeron a la desaparición de un tumor incurable en una mujer india y a la recuperación repentina de un brasileño con una infección cerebral.

El “milagro” atribuido a D’Youville ya había sido rechazado una vez por el comité médico del Vaticano, a quien no convencía la historia de una primera remisión, una recaída, y una segunda remisión más prolongada. Los clérigos argumentaban que nunca había recaído y que su supervivencia tras la primera remisión era rara pero no imposible. Pero el comité y los defensores de la beata coincidieron en que una interpretación “a ciegas” de las pruebas por otro experto podría servir para reconsiderarlo. Cuando mi informe confirmó lo que habían hallado los médicos de Ottawa, a saber, que ella realmente había tenido una pequeña remisión y luego había recaído, la paciente, que había rezado a D’Youville pidiendo ayuda y, contra todo pronóstico, seguía viva, quiso que yo testificara.

El tribunal que me interrogó no era jurídico, sino eclesiástico. No se me preguntó por mi fe. (Para que conste: soy atea.) No se me preguntó si se trataba de un milagro. Se me preguntó si podía explicarlo científicamente. No pude, aunque había acudido a prestar testimonio armada con la más actualizada literatura hematológica, que mostraba que no se conocían supervivencias largas posteriores a recaídas.

Cuando, al final, el comité vaticano me preguntó si tenía algo que añadir, yo les espeté que, si bien su supervivencia, tan prolongada, era extraordinaria, estaba convencida de que más pronto o más tarde recaería. ¿Qué haría entonces el Vaticano? ¿Revocaría la canonización? Los clérigos registraron mis dudas. Pero el caso siguió adelante y D’Youville fue canonizada el 9 de diciembre de 1990.

 


La doctora Duffin fue invitada a la canonización de Sor Margarita D'Youville.

Esa experiencia como hematóloga me condujo a un proyecto de investigación que llevé a cabo en mi otra faceta, la de historiadora de la Medicina. Tenía curiosidad. ¿Qué otros milagros se habían utilizado en pasadas canonizaciones? ¿Cuántas eran curaciones? ¿Cuántas implicaban tratamientos actualizados? ¿Cuántas fueron atendidas por médicos escépticos como yo? ¿Cómo había ido cambiando todo eso con el paso del tiempo? ¿Podemos ahora explicar esos desenlaces?

Durante cientos de horas en los archivos del Vaticano, estudié los expedientes de más de 1400 investigaciones de milagros, al menos uno por cada canonización entre 1588 y 1999. Una amplia mayoría (93% del total y 96% de los del siglo XX) eran historias de recuperación de una enfermedad o lesión, tratamientos detallados y testimonios de médicos desconcertados.


En 2009, la Universidad de Oxford publicó la investigación de Jacalyn: Milagros médicos: doctores, santos y curación en el mundo moderno.

Si una persona enferma se recupera por medio de la oración y sin la Medicina, eso está muy bien, pero no es un milagro. Tiene que estar enferma o moribunda a pesar de recibir el mejor de los cuidados. La Iglesia no encuentra incompatibilidad entre la medicina científica y la fe religiosa; para los creyentes, la medicina es sólo una más de las manifestaciones de la obra de Dios en la tierra. Contra toda lógica, pues, este antiguo proceso religioso, dirigido a celebrar vidas ejemplares, es rehén de la sabiduría relativista y de las opiniones temporales de la ciencia moderna. Los médicos, como testigos imparciales y como parte no alineada, son necesarios para corroborar las expectativas de los esperanzados candidatos. Sólo por esa razón, las historias de enfermedad coronan las alegaciones milagrosas. Nunca esperé ese escepticismo a la contra y ese énfasis en la ciencia dentro de la Iglesia.


La doctora Duffin es hoy catedrática de Historia de la Medicina en la Universidad de Queen, en Kingston (Canadá). 

También aprendí más cosas sobre la medicina y sus paralelismos con la religión. Ambos son sistemas elaborados y evolucionados de creencias. La medicina tiene su raíz en las explicaciones naturales y las causas, incluso en ausencia de una prueba definitiva. La religión se define por lo sobrenatural y la posibilidad de trascendencia. Ambas se dirigen a nuestros apuros como mortales que sufren: una para retrasar la muerte y aliviar los síntomas, la otra para consolarnos y reconciliarnos con el dolor y la pérdida.

El respeto por nuestros pacientes religiosos exige comprensión y tolerancia; sus creencias son tan verdaderas para ellos como los “hechos” pueden serlo para los médicos. Hoy, casi 40 años después, esa mujer misteriosa sigue todavía viva y yo todavía no puedo explicar por qué. En línea con el Vaticano, ella lo llama milagro. ¿Por qué mi incapacidad para ofrecer una explicación tendría que imponerse sobre su creencia? Se interpreten como se interpreten, los milagros existen, porque es así como son vividos en nuestro mundo.

Traducción de Carmelo López-Arias.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 16 de agosto de 2017

Santo Evangelio 16 de agosto 2017



Día litúrgico: Miércoles XIX del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 18,15-20): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma todavía contigo uno o dos, para que todo asunto quede zanjado por la palabra de dos o tres testigos. Si les desoye a ellos, díselo a la comunidad. Y si hasta a la comunidad desoye, sea para ti como el gentil y el publicano. Yo os aseguro: todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro también que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, sea lo que fuere, lo conseguirán de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».


«Si tu hermano llega a pecar, vete y repréndele, a solas tú con él (...) donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos»
Rev. D. Pedro-José YNARAJA i Díaz 
(El Montanyà, Barcelona, España)


Hoy, en este breve fragmento evangélico, el Señor nos enseña tres importantes formas de proceder, que frecuentemente se ignoran.

Comprensión y advertencia al amigo o al colega. Hacerle ver, en discreta intimidad («a solas tú con él»), con claridad («repréndele»), su equivocado proceder para que enderece el camino de su vida. Acudir a la colaboración de un amigo, si la primera gestión no ha dado resultado. Si ni aun con este obrar se logra su conversión y si su pecar escandaliza, no hay que dudar en ejercer la denuncia profética y pública, que hoy puede ser una carta al director de una publicación, una manifestación, una pancarta. Esta manera de obrar deviene exigencia para el mismo que la practica, y frecuentemente es ingrata e incómoda. Por todo ello es más fácil escoger lo que llamamos equivocadamente “caridad cristiana”, que acostumbra a ser puro escapismo, comodidad, cobardía, falsa tolerancia. De hecho, «está reservada la misma pena para los que hacen el mal y para los que lo consienten» (San Bernardo).

Todo cristiano tiene el derecho a solicitar de nosotros los presbíteros el perdón de Dios y de su Iglesia. El psicólogo, en un momento determinado, puede apaciguar su estado de ánimo; el psiquiatra en acto médico puede conseguir vencer un trastorno endógeno. Ambas cosas son muy útiles, pero no suficientes en determinadas ocasiones. Sólo Dios es capaz de perdonar, borrar, olvidar, pulverizar destruyendo, el pecado personal. Y su Iglesia atar o desatar comportamientos, trascendiendo la sentencia en el Cielo. Y con ello gozar de la paz interior y empezar a ser feliz.

En las manos y palabras del presbítero está el privilegio de tomar el pan y que Jesús-Eucaristía realmente sea presencia y alimento. Cualquier discípulo del Reino puede unirse a otro, o mejor a muchos, y con fervor, Fe, coraje y Esperanza, sumergirse en el mundo y convertirlo en el verdadero cuerpo del Jesús-Místico. Y en su compañía acudir a Dios Padre que escuchará las súplicas, pues su Hijo se comprometió a ello, «porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt 18,20).

Munilla denuncia a quienes «nos imponen un pensamiento único al servicio del nuevo orden mundial»


«Nuestra cultura idolatra la libertad, pero nuestro mundo está lleno de adictos»

Munilla denuncia a quienes «nos imponen un pensamiento único al servicio del nuevo orden mundial»

El obispo de San Sebastián, durante la tradicional Salve de la víspera de la Asunción.

Munilla denuncia a quienes «nos imponen un pensamiento único al servicio del nuevo orden mundial»

La ciudad de San Sebastián celebra de forma muy especial la festividad de la Asunción de María. La víspera tiene lugar la Salve en la catedral de Santa María, que este año volvió a abarrotarse, con presencia de las autoridades civiles encabezadas por el alcalde peneuvista Eneko Goia.



Se celebró misa y se entonó el Ave María de Usandizaga, seguido de la Salve compuesta en 1934 por Linitio Refice, maestro de la Capilla Sixtina, expresamente para ser interpretada en la basílica donostiarra. Para finalizar, el tradicional Agur Jesusen ama.



Este martes continuó la celebración litúrgica con la festividad de la Asunción, y en la misa del día el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla, pronunció una homilía en la que comenzó destacando que la protección que nos brinda Maria es independiente de nuestra actitud hacia ella: "Desde el cielo ejerce su vocación materna sobre todos nosotros, seamos o no conscientes de ello; ya lo estimemos, lo ignoremos o incluso lo rechacemos. Ella no puede dejar de ser madre de cada uno de sus hijos, aun cuando nosotros podamos ser insensibles hacia su acción maternal".

Dios le ha encomendado "ayudarnos en la lucha por nuestra propia libertad, tanto interior como en el orden social", dijo monseñor Munilla: "Sí, es una paradoja que nuestra cultura ensalce la libertad hasta el punto de idolatrarla, al tiempo que nuestro mundo está lleno de adictos, es decir, de esclavos. Es una paradoja que la libertad sociopolítica haya sido reivindicada tradicionalmente desde los sectores liberales y progresistas; y, sin embargo, seamos testigos de cómo nos imponen ahora, sin margen al disenso, un pensamiento único al servicio del nuevo orden mundial".

"Dios es infinitamente respetuoso con la libertad del hombre", subrayó, pero "porque es la condición indispensable para que el ser humano pueda llegar a amar la verdad", que es "el culmen de la vida de todo hombre y de toda mujer".

"En mi opinión", añadió el prelado donostiarra, "la gran herejía de nuestro tiempo es la contraposición entre la verdad y el amor; o dicho de otro modo, entre la justicia y la misericordia. El gran engaño del pensamiento contemporáneo consiste en confrontar ambas dimensiones, como si estuviésemos condenados a una dialéctica que hace irreconciliable el amor y la verdad. La historia misma es presentada bajo ese paradigma dialéctico: los estadios antiguos de la historia habrían estado marcados por el signo de la verdad, en detrimento de la caridad y la misericordia. Por el contrario, el hombre moderno habría logrado realizar un giro antropocéntrico para liberarse de la esclavitud de la verdad, y centrarse ahora meramente en el ideal del amor".

Y eso es una herejía porque "el ideal evangélico no deja lugar a dudas. Dios es el amor y Dios es la verdad. Jesucristo es la verdad de Dios, y el amor de Dios, simultáneamente. No son dos aspectos contrapuestos, sino un mismo misterio en Dios. La predicación del ideal evangélico es inequívoca: estamos llamados a amar la verdad; o, en otras palabras, a vivir la verdad en el amor".

Munilla respondió a la dialéctica antropocéntrica con dos ejemplos. Primero, las palabras de Jesús a la mujer adúltera, a quien rescata de la lapidación pero le pide no pecar más: "Ni el adulterio de aquella mujer justifica la falta de caridad hacia ella; ni la caridad hacia esa mujer hace que sea bueno el pecado del adulterio". Y segundo, las manipuladas palabras de Francisco sobre la homosexualidad: "¿Quién soy yo para juzgar?", de las que se mutiló su recordatorio de "la necesidad de que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a vivir conforme a la voluntad de Dios".

De ahí la razón de sacar a colación este discurso en la festividad que conmemora "el triunfo pleno y definitivo" de la Virgen María: "María es la persona humana en la que se ha realizado la alianza definitiva entre la verdad y el amor. Verdad y amor, que se 'divorciaron' por el pecado de Adán y Eva, y que han sido reunificados en María, por el don del Espíritu Santo".

Texto íntegro de la homilía de monseñor Munilla:
"María, hija y esposa de la Verdad y de la Caridad"
Queridos sacerdotes concelebrantes, queridas autoridades, queridos fieles donostiarras y visitantes que disfrutáis de estas fiestas entre nosotros; queridos todos, hijos de Dios, y por su gracia, hijos también de María:

El 15 de agosto es la fecha del calendario que, junto con el 8 de septiembre, concentra más fiestas patronales en los países de tradición católica. Si el 8 de septiembre celebramos la Natividad de María -el día de su nacimiento-, el 15 de agosto celebramos su asunción a los cielos en cuerpo y alma, es decir, el día de su entrada en la vida eterna; esto es, su triunfo pleno y definitivo. Desde el cielo ejerce su vocación materna sobre todos nosotros, seamos o no conscientes de ello; ya lo estimemos, lo ignoremos o incluso lo rechacemos. Ella no puede dejar de ser “madre” de cada uno de sus hijos, aun cuando nosotros podamos ser insensibles hacia su acción maternal.

En estos días de verano he leído un libro que quisiera recomendaros vivamente. Su título es Sobrevivir para contarlo, y narra la historia de una superviviente del genocidio de Ruanda. Una mujer que se apoyó en la Virgen María con una esperanza sobrenatural, en las circunstancias más duras que nadie pueda imaginar, que descubre en el rezo del rosario el medio más práctico para alcanzar la paz interior, así como la victoria sobre la espiral destructiva del odio. Pienso que es un testimonio que puede hacer mucho bien, especialmente a los que arrastran heridas profundas en la historia de su vida. María de Nazaret, la Virgen María, es una mujer libre y liberadora, que ha recibido de Dios la encomienda de ayudarnos en la lucha por nuestra propia libertad, tanto interior como en el orden social.

Sí, es una paradoja que nuestra cultura ensalce la libertad hasta el punto de idolatrarla, al tiempo que nuestro mundo está lleno de adictos, es decir, de esclavos. Es una paradoja que la libertad sociopolítica haya sido reivindicada tradicionalmente desde los sectores liberales y progresistas; y, sin embargo, seamos testigos de cómo nos imponen ahora, sin margen al disenso, un pensamiento único al servicio del nuevo orden mundial.

Ahora bien, Dios es infinitamente respetuoso con la libertad del hombre. Dios no quiere vencer, sino convencer. Dios no se impone, sino que se propone, llamando a nuestra puerta, como llamó a la puerta de María. Para Él la libertad tiene un valor infinito porque es la condición indispensable para que el ser humano pueda llegar a amar la verdad. Sí, lo repito, éste es el culmen de la vida de todo hombre y de toda mujer: AMAR LA VERDAD.

En mi opinión, la gran herejía de nuestro tiempo es la contraposición entre la verdad y el amor; o dicho de otro modo, entre la justicia y la misericordia. El gran engaño del pensamiento contemporáneo consiste en confrontar ambas dimensiones, como si estuviésemos condenados a una dialéctica que hace irreconciliable el amor y la verdad. La historia misma es presentada bajo ese paradigma dialéctico: los estadios antiguos de la historia habrían estado marcados por el signo de la verdad, en detrimento de la caridad y la misericordia. Por el contrario, el hombre moderno habría logrado realizar un giro antropocéntrico para liberarse de la esclavitud de la verdad, y centrarse ahora meramente en el ideal del amor.

Sin embargo, el ideal evangélico no deja lugar a dudas. Dios es el amor y Dios es la verdad. Jesucristo es la verdad de Dios, y el amor de Dios, simultáneamente. No son dos aspectos contrapuestos, sino un mismo misterio en Dios. La predicación del ideal evangélico es inequívoca: estamos llamados a amar la verdad; o, en otras palabras, a vivir la verdad en el amor.

Pongamos un ejemplo, para no perdernos en formulaciones abstractas. Todos recordamos el episodio del encuentro de Jesús con la mujer pecadora, en el que Jesús pronunció esta conocida expresión: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”… Sin embargo, es curioso, qué pocas veces recordamos las palabras finales que el Señor dirigió a esa mujer en el mismo episodio: “Tampoco yo te condeno, vete y no peques más”. Es decir, el ideal de Jesús es claro: ni el adulterio de aquella mujer justifica la falta de caridad hacia ella; ni la caridad hacia esa mujer hace que sea bueno el pecado del adulterio. Verdad y amor van siempre de la mano.

Otro ejemplo más cercano a nuestros días, fue el protagonizado por el Papa Francisco al pronunciar unas palabras en una rueda de prensa durante uno de sus viajes, que luego fueron mediática y popularmente cercenadas y manipuladas. El Papa Francisco no se había limitado a decir “¿Quién soy yo para juzgar?”, como se ha afirmado en innumerables ocasiones, sino que previamente había manifestado la necesidad de que todos y cada uno de nosotros estamos llamados a vivir conforme a la voluntad de Dios, tal y como se nos presenta en el pasaje evangélico: “¿Nadie te ha condenado, mujer? –Nadie, Señor. –Pues tampoco yo te condeno. Vete y no peques más” (Jn 8, 10-11).

Aun sabiendo que se trata de una extrapolación de la frase evangélica de Jesús: “Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”, ¿acaso no podríamos aplicar dicha expresión, no solo a la unión del hombre y la mujer en el matrimonio, sino también a la unión indisoluble entre la verdad y la caridad; entre la justicia y la misericordia? Sí, ¡lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre!

Pues bien, queridos hermanos, María es la persona humana en la que se ha realizado la alianza definitiva entre la verdad y el amor. Verdad y amor, que se “divorciaron” por el pecado de Adán y Eva, y que han sido reunificados en María, por el don del Espíritu Santo.

Pero no olvidemos algo importante, que nos debe llenar de esperanza: el triunfo de María no es algo bello, para ser simplemente contemplado, sino que es, sobre todo, la muestra viva de lo que Dios quiere hacer en nosotros. También en nosotros Dios quiere llevar a cabo esa obra de reunificación interior, por la que se superen definitivamente nuestras contradicciones interiores, de manera que ejerzamos la libertad para llegar a ser uno con la verdad y el amor.

Pidamos en esta fiesta de la Asunción de María a los Cielos, que Ella nos guíe y nos asista en los intrincados vericuetos de nuestro espíritu y de la vida, para que, sin perdernos por el camino, completemos nuestra ascensión hasta la cumbre.

Termino con una frase del diario de Immaculée Llibagiza, la protagonista del libro Sobrevivir para contarlo, al que me he referido anteriormente: «Me aferré al rosario de mi padre y pedí a Dios que me ayudara, hasta que oí su voz nuevamente: “Perdónalos porque no saben lo que hacen”.»

María, madre, hija y esposa de la Verdad y de la Caridad, ¡ruega por nosotros!

Fuente: Religión en Libertad

martes, 15 de agosto de 2017

Santo Evangelio 15 de agosto 2017



Día litúrgico: 15 de Agosto: La Asunción de la Virgen María

Texto del Evangelio (Lc 1,39-56): En aquellos días, se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo; y exclamando con gran voz, dijo: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno; y ¿de dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Porque, apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno. ¡Feliz la que ha creído que se cumplirían las cosas que le fueron dichas de parte del Señor!».

Y dijo María: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abraham y de su linaje por los siglos». María permaneció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.


«Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador»
P. Abad Dom Josep ALEGRE Abad de Santa Mª de Poblet 
(Tarragona, España)


Hoy celebramos la solemnidad de la Asunción de Santa María en cuerpo y alma a los cielos. «Hoy —dice san Bernardo— sube al cielo la Virgen llena de gloria, y colma de gozo a los ciudadanos celestes». Y añadirá estas preciosas palabras: «¡Qué regalo más hermoso envía hoy nuestra tierra al cielo! Con este gesto maravilloso de amistad —que es dar y recibir— se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, lo humilde y lo sublime. El fruto más granado de la tierra está allí, de donde proceden los mejores regalos y los dones de más valor. Encumbrada a las alturas, la Virgen Santa prodigará sus dones a los hombres».

El primer don que te prodiga es la Palabra, que Ella supo guardar con tanta fidelidad en el corazón, y hacerla fructificar desde su profundo silencio acogedor. Con esta Palabra en su espacio interior, engendrando la Vida para los hombres en su vientre, «se levantó María y se fue con prontitud a la región montañosa, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel» (Lc 1,39-40). La presencia de María expande la alegría: «Apenas llegó a mis oídos la voz de tu saludo, saltó de gozo el niño en mi seno» (Lc 1,44), exclama Isabel.

Sobre todo, nos hace el don de su alabanza, su misma alegría hecha canto, su Magníficat: «Proclama mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador...» (Lc 1,46-47). ¡Qué regalo más hermoso nos devuelve hoy el cielo con el canto de María, hecho Palabra de Dios! En este canto hallamos los indicios para aprender cómo se funden lo humano y lo divino, lo terreno y lo celeste, y llegar a responder como Ella al regalo que nos hace Dios en su Hijo, a través de su Santa Madre: para ser un regalo de Dios para el mundo, y mañana un regalo de nuestra humanidad a Dios, siguiendo el ejemplo de María, que nos precede en esta glorificación a la que estamos destinados.

Cómo «no» luchar contra la tentación: seis consejos realistas para no caer de nuevo en la trampa


Cómo «no» luchar contra la tentación: seis consejos realistas para no caer de nuevo en la trampa

Cómo «no» luchar contra la tentación: seis consejos realistas para no caer de nuevo en la trampa

Contra las tentaciones hay que luchar, pero... hay que luchar bien, o la lucha puede ser contraproducente.

Herido por el pecado original, el hombre se enfrenta cotidianamente a tres enemigos: el demonio, el mundo y la carne. Y tras la "crítica" decisión de seguir a Cristo, en seguida se descubre que la vida cristiana se parece mucho al deporte: para perfeccionar el juego hay que entrenar mucho más de lo que parecía.

Es la comparación a la que recurre un joven sacerdote para ofrecer unos buenos consejos para la vida espiritual. Clayton Thompson es vicario en la parroquia de San Bonifacio en Lafayette (Indiana, Estados Unidos) y fue ordenado en 2013.


En un artículo en Those Catholic Men explica que luchar contra el pecado y la tentación que conduce a él es complicado en ocasiones, pero que "son las cosas pequeñas las que, con la gracia de Dios, nos llevan a la victoria".

Siguiendo las pautas de un "gigante espiritual" como San Francisco de Sales (1567-1622) y su Introducción a la vida devota el padre Thompson desmonta seis estrategias equivocadas y propone las contrapuestas. Traducimos, con algunas adaptaciones, sus propuestas (las citas de San Francisco de Sales son todas de la Parte IV: Los avisos necesarios contra las tentaciones más ordinarias; el número indica el capítulo del que están tomadas).

1. No ames la tentación.
Parece obvio, ¿no? Pero, asumámoslo, incluso después de romper con ciertos pecados, la tentación hacia ellos aún puede hacernos sentir bien. Cuando un tipo ha apartado de su vida la rabia y la ira, regodearse en el pensamiento de lo que le diría a la gente que le ha hecho mal puede darle una gran sensación de victoria. Un hombre que nunca traicionaría a su mujer puede sentirse muy a gusto dándole vueltas a la idea de hacer una visita a esa chica de la oficina que le mira con buenos ojos.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
"La complacencia sirve, ordinariamente, de paso para llegar al consentimiento” (3).

2. No te pongas en tentación.
Esto es un asunto tanto de previsión como de honestidad. Primero, requiere previsión: si sé que cada vez que converso con esas personas a la hora de comer terminamos hablando de asquerosidades y cotilleando de los demás, es culpa mía si caigo en murmuraciones y deshonestidades. Al mismo tiempo, requiere honestidad: a menudo, cuando nos ponemos en situaciones porque nos decimos s nosotros mismos que estamos “por encima” de ciertos pecados. Esto puede ser verdad, pero es menos frecuente de lo que nos gusta pensar. Si me he dado cuenta de que me gustan ciertas tentaciones, tengo que ser honesto en evitar las situaciones que me conducen a ellas. Es lo que se llama “evitar la ocasión de pecado”.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Ocurre, a veces, que la sola tentación es pecado, porque somos causa de ella” (6).

3. No te angusties.
La tentación no es pecado (punto 1) siempre que no seamos causa de la tentación poniéndonos en la situación que la genera (punto 2). Si quiero algo que no es mío y siento el impulso de llevármelo cuando nadie me ve, mientras sea un sentimiento se queda solo en una tentación molesta. Las cosas empiezan a ir mal cuando nos ponemos histéricos por sentirnos tentados. Cuando perdemos la paz, empezamos a creernos la gran mentira del Tentador de que nunca superaremos el sentimiento de una lucha cuesta arriba… hasta que nos rindamos. Y cuando esa mentira se instala en nuestra mente, el siguiente paso es la caída.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“La inquietud es el mayor mal que puede sobrevenir a un alma, fuera del pecado” (11).

4. No escuches a la tentación.
San Francisco de Sales distinguía entre tentaciones mayores y menores: por ejemplo, la tentación de matar a alguien y la de enfadarse con él; la de robar algo y la de codiciarlo; la de cometer perjurio y la de decir una mentira; la de cometer adulterio y la de no guardar la vista. Mientras que contra las grandes tentaciones tenemos que luchar con todas nuestras fuerzas, con las tentaciones pequeñas dice San Francisco de Sales que nuestra principal tarea es simplemente dejarlas pasar: deshacernos de ellas tranquilamente y no dejar que nos roben la paz. Es el viejo truco del elefante rosa: cuando más intentamos no pensar en elefantes rosas, más ocupan nuestra conciencia. Cuando surjan las tentaciones y las reconozcas como tales, recházalas y sigue tu camino, no dedicándoles ni solo pensamiento más. Si no, se hacen abrumadoras.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Desprecia, pues, estos pequeños ataques… No hagas otra cosa que alejarlos sencillamente, sin combatirlos ni responderlos de otra manera que con actos de amor a Dios” (9).


Elefantes rosas... la pesadilla de Dumbo.

5. No conviertas la tentación en una cuestión de voluntad.
Cuando un hombre está intentando superar un cierto pecado en su vida, con frecuencia se descorazona por su debilidad al luchar contra las tentaciones hacia ese pecado. Muchas veces, el problema es de perspectiva. Si mi aproximación a la vida moral es decir “le voy a demostrar a Dios lo bueno que soy no pecando”, en vez de “amo a Dios y por tanto odio el pecado y quiero dominarlo porque perjudica mi relación con Él”, no hay que sorprenderse si Dios me permite caer: pensaría que soy mi propio salvador. La confianza en uno mismo es una de las principales causas de la caída. Cuando vienen las tentaciones, la claves está en confiar más intensamente en la gracia de Dios, humillarse ante Él y amarle más.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“Espera tu liberación más de la bondad y providencia de Dios que de tu industria y diligencia; si buscas tu liberación por amor propio, te inquietarás y acalorarás en pos de los medios, como si este bien dependiese más de ti que de Dios” (11).

6. No te calles. 
Quizá una de las verdades más importantes que recordar al hablar del pecado y de la tentación es que no estamos solos en esta lucha. Dios está ahí, pero también el Maligno. El Maligno no es un cuento de brujas: es real e influye en tu vida. Aunque una buena parte de las tentaciones provienen del desorden en nuestras almas, Satán y los espíritus malignos son también intensamente activos. Uno de los mayores peligros es intentar luchar por tu cuenta contra una inteligencia-angélica-entregada-al-mal. Comenta con otras personas tus luchas: ten otras personas a quienes rendir cuentas, un confesor habitual que conozca tu alma y comprenda las tretas de Satanás. Esa apertura y honestidad es esencial para vencer los pecados que nos conducen a la desgracia.

¿Qué aconsejaba San Francisco de Sales?
“El gran remedio contra todas las tentaciones, grandes y pequeñas, es desahogar el corazón y comunicar a nuestro director todas las sugestiones, sentimientos y afectos que nos agitan. Fíjate en que la primera condición que el Maligno pone al alma que quiere seducir es el silencio” (7).

* * *

"Son las pequeñas cosas las que cuentan en la vida", concluye el padre Thompson: "Así que haz caso a San Francisco de Sales y lucha contra las tentaciones en la forma correcta".

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 14 de agosto de 2017

Santo Evangelio 14 de agosto 2017



Día litúrgico: Lunes XIX del tiempo ordinario

Santoral 14 de Agosto: San Maximiliano Mª Kolbe, presbítero y mártir

Texto del Evangelio (Mt 17,22-27): En aquel tiempo, yendo un día juntos por Galilea, Jesús dijo a sus discípulos: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; le matarán, y al tercer día resucitará». Y se entristecieron mucho. 

Cuando entraron en Cafarnaúm, se acercaron a Pedro los que cobraban el didracma y le dijeron: «¿No paga vuestro Maestro el didracma?». Dice él: «Sí». Y cuando llegó a casa, se anticipó Jesús a decirle: «¿Qué te parece, Simón?; los reyes de la tierra, ¿de quién cobran tasas o tributo, de sus hijos o de los extraños?». Al contestar él: «De los extraños», Jesús le dijo: «Por tanto, libres están los hijos. Sin embargo, para que no les sirvamos de escándalo, vete al mar, echa el anzuelo, y el primer pez que salga, cógelo, ábrele la boca y encontrarás un estárter. Tómalo y dáselo por mí y por ti».


«Yendo un día juntos por Galilea»
P. Joaquim PETIT Llimona, L.C. 
(Barcelona, España)


Hoy, la liturgia nos ofrece diferentes posibilidades para nuestra consideración. Entre éstas podríamos detenernos en algo que está presente a lo largo de todo el texto: el trato familiar de Jesús con los suyos.

Dice san Mateo que Jesús y los discípulos iban «yendo un día juntos por Galilea» (Mt 17,22). Pudiera parecer algo evidente, pero el hecho de mencionar que iban juntos nos muestra cómo el evangelista quiere remarcar la cercanía de Cristo. Luego les abre su Corazón para confiarles el camino de su Pasión, Muerte y Resurrección, es decir, algo que Él lleva muy adentro y que no quiere que, aquellos a quienes tanto ama, ignoren. Posteriormente, el texto recoge el episodio del pago de los impuestos, y también aquí el evangelista nos deja entrever el trato de Jesús, poniéndose al mismo nivel que Pedro, contraponiendo a los hijos (Jesús y Pedro) exentos del pago y los extraños obligados al mismo. Cristo, finalmente, le muestra cómo conseguir el dinero necesario para pagar no sólo por Él, sino por los dos y no ser, así, motivo de escándalo.

En todos estos rasgos descubrimos una visión fundamental de la vida cristiana: es el afán de Jesús por estar con nosotros. Dice el Señor en el libro de los Proverbios: «Mi delicia es estar con los hijos de los hombres» (Prov 8,31). ¡Cómo cambia, esta realidad, nuestro enfoque de la vida espiritual en la que a veces ponemos sólo la atención y el acento en lo que nosotros hacemos, como si eso fuera lo más importante! La vida interior ha de centrase en Cristo, en su amor por nosotros, en su entrega hasta la muerte por mí, en su constante búsqueda de nuestro corazón. Muy bien lo expresaba san Juan Pablo II en uno de sus encuentros con los jóvenes: el Papa exclamó con voz fuerte «¡Miradle a Él!».

Tenía un buen trabajo pero mucha inquietud: inspirada por María Magdalena dejó todo por Cristo


Andrea es una nueva virgen consagrada tras sentir la llamada un Viernes Santo

Tenía un buen trabajo pero mucha inquietud: inspirada por María Magdalena dejó todo por Cristo

Andrea llevaba tiempo meditando esta vocación y finalmente la vio confirmada

Tenía un buen trabajo pero mucha inquietud: inspirada por María Magdalena dejó todo por Cristo

Son un número prácticamente insignificante en el seno de la Iglesia pero su número va creciendo poco a poco. Se trata de las vírgenes consagradas, una tradición de la Iglesia que se va recuperando y que tienen en el mundo unas 3.000 mujeres entregadas de esta manera a Jesucristo. En España son unas 100, como el caso de Inmaculada del que ReL se hacía eco recientemente.

Otra de estas nuevas vírgenes consagradas es Andrea, una enfermera estadounidense especializada en neuro-oncología pediátrica y que llegó a esta curiosa vocación por inspiración de Santa María Magdalena, que recoge Portaluz en este reportaje:

“Vírgenes prudentes, preparad vuestras lámparas: Ya llega el Esposo, salid a su encuentro”, cantaba un coro en la catedral de la Arquidiócesis de Denver (USA) el pasado 22 de julio de 2017; dando así inicio al Rito de Consagración de Vírgenes mediante el cual Andrea Polito celebró “desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, entregándose al servicio de la Iglesia” (Código del Derecho Canónico 604,1).

Mediante el Ordo Virginum, particular expresión de la vida consagrada, la Iglesia acogió el deseo de Andrea por dar un sí total de su vida a Dios, como lo hizo la Santísima Virgen  María; desafiándose entonces a ser modelo del amor esponsal que une a la Iglesia con Cristo.


Más de 20 sacerdotes y el arzobispo quisieron acompañar a Andrea en este momento

Inspirada por Santa María Magdalena
Enfermera de profesión, especializada en neuro-oncología pediátrica, Andrea cuenta que fue llamada por Dios con particular claridad a vivir casta, pobre y obediente en medio del mundo el 6 de abril de 2012. Tenía entonces 26 años de edad. Ese día era Viernes Santo y hacía lo que muchos católicos viven en este día de precepto: Oraba al pie de la cruz. En aquél instante -cuenta al semanario Denver Catholic- experimentó “un momento de profunda gracia”.

“Estaba mirando a María Magdalena y le pregunté al Señor: '¿Por qué de toda la gente que sanaste en tu ministerio, solo ella llegó hasta allí?' Y Él (Jesús) simplemente dijo: 'Porque ella lo dejó todo y me siguió'. En ese momento, instintivamente, yo solo pude decir: 'Ahí es donde quiero vivir, ahí es donde quiero estar'; y Él me dijo: 'Bien, entonces ven y sígueme'”.

De improviso, recuerda Andrea, reaccionó algo atemorizada por esta oración en que libremente le había dicho a Jesús que quería entregarle su vida. “Para ser sincera, me asusté”, confidencia. En los días, semanas y meses siguientes de forma espontánea su oración, sus diálogos con Jesús, fueron siendo cada vez más recurrentes y extensos. Lentamente iba comprendiendo lo que Dios esperaba de ella. “No me sentía llamada a dejar el mundo. Estaba segura que me quería en mi trabajo dando una presencia católica auténtica en el campo médico que suele ser secular. No sentía paz  si pensaba en dejar todo aquello”.

Discernimiento en oración 
En su camino le apoyó padre John Nepil, quien luego se convirtió en su director espiritual. Finalmente con el paso del tiempo Andrea lograría comprender que su vocación era ser una virgen consagrada. “Durante estos años discernimos y realicé un retiro de silencio por 30 días, luego hice la elección. Hablé con la arquidiócesis pues esto era lo que le daba más sentido a mi llamado”, recuerda.

El pasado 22 de julio, en la fiesta de Santa María Magdalena, casi cinco años después de escuchar que había sido elegida, Andrea fue consagrada como virgen para la Arquidiócesis de Denver por el arzobispo Samuel Aquila, con la presencia de 20 sacerdotes co-celebrantes de la Eucaristía.


Día de fiesta en el cielo y en la tierra
“Te has comprometido permanentemente al Señor, y donándote completamente a Él”, dijo el Arzobispo en su homilía. “Si realmente deseas la felicidad y la alegría, debes pertenecer a Cristo y solo a Él… Este es el deseo más profundo del Señor para ti Andrea y para cada cristiano”,agregó monseñor Aquila.

Tras ser interrogada por el Arzobispo acerca de su libre disposición para aceptar la consagración solemne como esposa de Cristo -y en consecuencia realizar la profesión o votos religiosos (castidad, pobreza y obediencia)-, Andrea se postró en el suelo mientras los fieles pedían a los santos interceder por ella.

Tras recibir el libro de la Liturgia de las Horas, el velo y el anillo según indica el rito, Andrea -nueva virgen consagrada-, pudo finalmente cantar ante el obispo y la asamblea reunida:

“Estoy desposada con Aquél
a quien sirven los ángeles,
cuya hermosura admiran el sol y la luna”.
  
De acuerdo con la Asociación de Vírgenes Consagradas de los Estados Unidos en el mundo hay aproximadamente 3 mil mujeres miembros del Ordo Virginum; 235 de ellas viven en aquel país. En la arquidiócesis de Denver son ahora seis las vírgenes consagradas y dos mujeres más están proceso de formación y discernimiento.

domingo, 13 de agosto de 2017


Día litúrgico: Domingo XIX (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 14,22-33): Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».


«Empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, la experiencia de Pedro refleja situaciones que hemos experimentado también nosotros más de una vez. ¿Quién no ha visto hacer aguas sus proyectos y no ha experimentado la tentación del desánimo o de la desesperación? En circunstancias así, debemos reavivar la fe y decir con el salmista: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Sal 85,8). 

Para la mentalidad antigua, el mar era el lugar donde habitaban las fuerzas del mal, el reino de la muerte, amenazador para el hombre. Al “andar sobre el agua” (cf. Mt 14,25), Jesús nos indica que con su muerte y resurrección triunfa sobre el poder del mal y de la muerte, que nos amenaza y busca destrozarnos. Nuestra existencia, ¿no es también como una frágil embarcación, sacudida por las olas, que atraviesa el mar de la vida y que espera llegar a una meta que tenga sentido? 

Pedro creía tener una fe clara y una fuerza muy consistente, pero «empezó a hundirse» (Mt 14,30); Pedro había asegurado a Jesús que estaba dispuesto a seguirlo hasta morir, pero su debilidad lo acobardó y negó al Maestro en los hechos de la Pasión. ¿Por qué Pedro se hunde justo cuando empieza a andar sobre el agua? Porque, en vez de mirar a Jesucristo, miró al mar y eso le hizo perder fuerza y, a partir de ese instante, su confianza en el Señor se debilitó y los pies no le respondieron. Pero, Jesús «le extendió la mano [y] lo agarró» (Mt 14,31) y lo salvó.

Después de su resurrección, el Señor no permite que su apóstol se hunda en el remordimiento y la desesperación y le devuelve la confianza con su perdón generoso. ¿A quién miro yo en el combate de la vida? Cuando noto que el peso de mis pecados y errores me arrastra y me hunde, ¿dejo que el buen Jesús alargue su mano y me salve?

Santo Evangelio 13 de agosto 2017



Día litúrgico: Domingo XIX (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 14,22-33): Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. 

De madrugada se les acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!». Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante Él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».


«Empezó a hundirse y gritó: ‘Señor, sálvame’»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, la experiencia de Pedro refleja situaciones que hemos experimentado también nosotros más de una vez. ¿Quién no ha visto hacer aguas sus proyectos y no ha experimentado la tentación del desánimo o de la desesperación? En circunstancias así, debemos reavivar la fe y decir con el salmista: «Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación» (Sal 85,8). 

Para la mentalidad antigua, el mar era el lugar donde habitaban las fuerzas del mal, el reino de la muerte, amenazador para el hombre. Al “andar sobre el agua” (cf. Mt 14,25), Jesús nos indica que con su muerte y resurrección triunfa sobre el poder del mal y de la muerte, que nos amenaza y busca destrozarnos. Nuestra existencia, ¿no es también como una frágil embarcación, sacudida por las olas, que atraviesa el mar de la vida y que espera llegar a una meta que tenga sentido? 

Pedro creía tener una fe clara y una fuerza muy consistente, pero «empezó a hundirse» (Mt 14,30); Pedro había asegurado a Jesús que estaba dispuesto a seguirlo hasta morir, pero su debilidad lo acobardó y negó al Maestro en los hechos de la Pasión. ¿Por qué Pedro se hunde justo cuando empieza a andar sobre el agua? Porque, en vez de mirar a Jesucristo, miró al mar y eso le hizo perder fuerza y, a partir de ese instante, su confianza en el Señor se debilitó y los pies no le respondieron. Pero, Jesús «le extendió la mano [y] lo agarró» (Mt 14,31) y lo salvó.

Después de su resurrección, el Señor no permite que su apóstol se hunda en el remordimiento y la desesperación y le devuelve la confianza con su perdón generoso. ¿A quién miro yo en el combate de la vida? Cuando noto que el peso de mis pecados y errores me arrastra y me hunde, ¿dejo que el buen Jesús alargue su mano y me salve?

Su primer caso le dejó sin argumentos: un conocido psiquiatra explica por qué ayuda a exorcistas


Su primer caso le dejó sin argumentos: un conocido psiquiatra explica por qué ayuda a exorcistas

En la película El Exorcismo de Emily Rose un psiquiatra acompaña al sacerdote exorcista en su tratamiento a la chica afectada

Su primer caso le dejó sin argumentos: un conocido psiquiatra explica por qué ayuda a exorcistas

Formado en Princeton, Yale y Columbia (tres de las mejores universidades del mundo), el doctor Robert Gallagher es un psiquiatra especialista profesor de Psiquiatría Clínica en el New York Medical College. y miembro del Centro Psicoanalítico de la Universidad de Columbia. El 1 de julio publicó un artículo en The Washington Post en el que da a conocer su labor como asesor de exorcistas para diferenciar casos de enfermedad mental y de posesión diabólica ("Como psiquiatra, diagnostico enfermedades mentales y también ayudo a detectar la posesión diabólica. Cómo un científico aprendió a trabajar con exorcistas"). Traducimos a continuación su testimonio en primera persona.


Actualmente el doctor Robert Gallagher prepara un libro sobre el incremento de estos casos en Estados Unidos.

***
Cómo un científico aprendió a trabajar con exorcistas
por Robert Gallagher

A finales de los 80 me presentaron a una supuesta gran sacerdotisa satánica. Decía ser bruja y vestía como tal, con vaporosos vestidos negros y sombra negra de ojos hasta las sienes. En nuestras numerosas conversaciones admitió que adoraba a Satanás como su “reina”.

Soy un científico amante de la Historia. Tras estudiar Literatura Clásica en Princeton, me formé como psiquiatra en Yale y como psicoanalista en Columbia.

Precisamente por esa formación, un sacerdote católico había pedido mi opinión profesional, que ofrecí sin honorarios, sobre si esta mujer padecía un trastorno mental. Era el momento álgido del temor nacional al satanismo. (En un caso que ayudó a inducir la histeria, Virginia McMartin y otros acababan de ser acusados de abusos con ritual satánico en una guardería de Los Ángeles; los cargos fueron luego desestimados). Así que yo me inclinaba al escepticismo.

Pero el comportamiento de mi paciente sobrepasó lo que yo podía explicar con mis conocimientos. Ella les decía a algunas personas sus debilidades ocultas, como un orgullo exagerado. Sabía cómo habían muerto personas que no había conocido, como mi madre por un cáncer de ovario. Posteriormente, otras seis personas me aseguraron que, durante sus exorcismos, la habían escuchado hablar en muchos idiomas, incluido el latín, totalmente extraño para ella cuando no estaba en trance.

Esto no era una psicosis; era lo que sólo puedo describir como una capacidad paranormal. Concluí que estaba poseída. Mucho después, ella me permitió contar su historia.

El sacerdote que me pidió opinión ante este extraño caso era el exorcista más experimentado de país en aquella época, un hombre erudito y sensible.

Le había dicho que, aunque yo era católico practicante, no era probable que me tragase un montón de abracadabras. “Bueno”, replicó, “si hubiésemos pensado que a usted se le podía engañar fácilmente no le hubiésemos pedido que nos ayudase”.

Veinticinco años de experiencia
Así fue como comenzó una curiosa colaboración. Durante las últimas dos décadas y media y mediante varios cientos de consultas he ayudado a ministros de varias denominaciones y creencias a diferenciar episodios de enfermedad mental (que suponen la aplastante mayoría de casos) de, literalmente, la acción del demonio. Es un papel improbable para un médico en el ámbito académico, pero no veo que haya conflicto entre estos dos aspectos de mi carrera.

Los mismos hábitos que definen lo que hago como profesor y psiquiatra (apertura de mente, respeto ante los hechos y compasión por la gente que sufre) me condujeron a ayudar en la tarea de discernir los ataques de lo que creo que son espíritus malignos y, con el mismo espíritu crítico, diferenciar entre estos casos extremadamente raros y las enfermedades médicas.

¿Es posible ser un sofisticado psiquiatra y creer que los espíritus malignos, aunque sólo rara vez, atacan a las personas? La mayor parte de mis colegas y amigos científicos dicen que no, por su frecuente contacto con pacientes crédulos sobre demonios, por su generalizado escepticismo ante lo sobrenatural y por su determinación de utilizar solo tratamientos estándares y consensuados que no puedan potencialmente confundir (sin duda, un riesgo) o hacer daño a pacientes vulnerables.

Pero una observación cuidadosa de las pruebas que se me han presentado en mi carrera me ha llevado a creer que ciertos casos extremadamente poco frecuentes no pueden explicarse de otra forma.


La furia ante objetos y símbolos sagrados es un indicio de actividad demoníaca, pero también puede tener una causa meramente psíquica... el psiquiatra debe discernir con cuidado todos los síntomas

La demanda crece 
El Vaticano no hace un seguimiento global o nacional de los exorcismos, pero según mi experiencia, y según los sacerdotes que conozco, la demanda está creciendo. Según Vincent Lampert, sacerdote y exorcista de Indianápolis y miembro activo de la Asociación Internacional de Exorcistas, en Estados Unidos hay unos cincuenta exorcistas “estables” (designados por los obispos para dedicarse casi en exclusiva a combatir la actividad demoniaca), frente a 12 hace sólo una década.

Él mismo recibe unas veinte peticiones semanales, el doble de cuando le nombró su obispo, en 2005.

La Iglesia católica ha respondido ofreciendo más medios a los miembros del clero que desean afrontar el problema. Por ejemplo, en 2010 la conferencia episcopal organizó un encuentro en Baltimore para sacerdotes interesados. En 2014, el Papa Francisco reconoció formalmente la Asociación Internacional de Exorcistas, cuatrocientos de cuyos miembros se reunirán en Roma este octubre.

Sus miembros creen en estos casos raros porque les llaman continuamente para ayudar. (Yo mismo serví durante un tiempo como asesor científico de la dirección de la asociación.)

Por desgracia, no todos los sacerdotes que trabajan en este campo tan complejo son tan prudentes como el sacerdote que contactó conmigo la primera vez. En algunos círculos existe la tendencia a preocuparse en exceso con supuestas explicaciones demoniacas y a ver demonios en todas partes. En ocasiones, sobre todo en países poco desarrollados, han tenido lugar a veces malos diagnósticos fundamentalistas y absurdos o incluso peligrosos “tratamientos”, como golpear a las víctimas. Tal vez por esto los exorcismos tienen una connotación negativa en algunos ámbitos. Las personas que tienen problemas psicológicos deberían recibir tratamiento psicológico.

Cómo distinguir una posesión 
Pero creo que he visto hechos reales. Los ataques a personas se clasifican en “posesiones demoniacas” o en ataques (algo más frecuentes pero menos intensos) llamados normalmente “opresiones”. Un individuo poseído puede repentinamente, en una especie de trance, proferir afirmaciones sorprendentemente venenosas y despreciativas contra la religión, al tiempo que comprende y habla lenguas extrañas que antes desconocía. El sujeto podría también exhibir una fuerza enorme o incluso el extraordinariamente raro fenómeno de la levitación.

(Yo no he sido testigo directo de una levitación, pero media docena de personas con quienes trabajo la han visto en el curso de sus exorcismos.)

Puede demostrar “conocimientos ocultos” de todo tipo de cosas (cómo murió un ser querido de un desconocido, qué pecados secretos ha cometido, incluso dónde están algunas personas en un momento dado). Son habilidades que no pueden explicarse si no es por una capacidad psíquica o preternatural especial.

Personalmente he visto estos hechos racionalmente inexplicables, así como otros fenómenos paranormales. Mi perspectiva es inusual: como doctor en ejercicio, creo que he visto más casos de posesión que ningún otro médico en el mundo.

La mayor parte de las personas a quienes he examinado en ese papel sufren los más prosaicos problemas de trastornos médicos. Cualquiera que esté mínimamente familiarizado con las enfermedades mentales sabe que las personas que creen estar siendo atacadas por espíritus malignos generalmente no están experimentando nada de eso. Los facultativos ven continuamente pacientes psicóticos que afirman ver o escuchar demonios; o personas histriónicas o altamente sugestionables, como las que padecen síndromes de identidad disociativa; y pacientes con trastornos de la personalidad inclinados a malinterpretar sentimientos destructivos (en lo que los exorcistas llaman a veces “pseudo-posesión”) como un mecanismo de defensa o una proyección externa.

Pero ¿qué se supone que debo hacer con pacientes que inesperadamente comienzan a hablar en perfecto latín?

Yo me acerco a cada situación con un escepticismo inicial. Técnicamente no hago mi propio “diagnóstico” de posesión, sino que informo al sacerdote de que los síntomas no tienen ninguna causa médica imaginable.

Una actividad mal vista 
Soy consciente de cómo miran este tipo de trabajo muchos psiquiatras. Aunque la American Psychiatric Association no tiene opinión oficial sobre estos asuntos, el sector (como la sociedad en su conjunto) está plagado de escépticos irreductibles y, ocasionalmente, de doctrinarios materialistas que son con frecuencia extrañamente cáusticos en su oposición a todas las cosas espirituales.

Mi trabajo es ayudar a la gente a buscar ayuda, no convencer a los médicos que no son susceptibles de convencerse. Sin embargo, me ha sorprendido agradablemente el número de psiquiatras y otros profesionales de la salud mental que están hoy abiertos a prepararse para hipótesis similares. Muchos creen exactamente lo mismo que yo, aunque pueden ser renuentes a hablar de ello.

Analizar los hechos y ayudar a las personas 
Como hombre de razón, he tenido que racionalizar lo aparentemente irracional. La respuesta a preguntas que se me han planteado, sobre cómo un médico científicamente formado puede creer “semejante tonterías arcaicas y acientíficas”, tiene una respuesta sencilla. Yo sopeso honestamente los hechos.

Se me alega, de manera simplista, que la levitación desafía las leyes de la gravedad, ¡y por supuesto así es! Aquí no estamos tratando con realidades puramente materiales, sino con el ámbito espiritual. Uno no puede forzar a esas criaturas a someterse a estudios de laboratorio o a manipulación científica; tampoco se prestarán fácilmente a permitir que se las grabe con un equipo de vídeo, como a veces piden los escépticos.

(El Catecismo de la Iglesia Católica sostiene que los demonios son conscientes y poseen su propia voluntad. Como son ángeles caídos, también son más poderosos que los hombres. Por eso, después de todo, generan confusión y siembran la duda.) Tampoco la Iglesia desea comprometer la intimidad de una persona que sufre, no menos que un médico desea comprometer la confidencialidad de un paciente.


Sea por una causa sobrenatural, simplemente misteriosa o por una enfermedad mental, el deber del médico es intentar ayudar, sanar, combatir el sufrimiento y acompañar al que sufre 

Con frecuencia, en diversas culturas la ignorancia y la superstición han rodeado las historias de posesión demoniaca, y sin duda muchos supuestos episodios pueden explicarse como fraude, engaño o patología  mental. 

Pero los antropólogos creen que casi todas las culturas han creído en los espíritus, y que la amplia mayoría de las sociedades (incluida la nuestra) han registrado dramáticas historias de posesión espiritual. A pesar de sus variadas interpretaciones, la multiplicidad de descripciones del mismo fenómeno en formas sorprendentemente consistentes ofrece una evidencia acumulativa de su credibilidad.

Como psicoanalista, un rechazo generalizado a la posibilidad de ataques demoniacos parece menos lógica, y a menudo de naturaleza ilusoria, que una cuidadosa valoración de los hechos. Tal como lo veo, la prueba de la posesión es como la prueba de que George Washington cruzó el Delaware. En ambos casos, los relatos históricos escritos, junto con numerosos testigos sólidos, dan fe de su exactitud.

Sin embargo, finalmente no fue una visión académica o dogmática lo que me impulsó en esta línea de trabajo. Se me pidió consulta sobre personas que sufren. Siempre he pensado que, si se le pidiese ayudar a una persona torturada, un médico no debería rechazar arbitrariamente verse envuelto.

Quienes descartan estos casos impiden sin quererlo que los pacientes reciban la ayuda que necesitan desesperadamente, ya sea no recomendándoles tratamiento psiquiátrico (lo cual necesita claramente la mayoría) o no informando a sus directores espirituales de que parece haber en el asunto algo que va más allá de una enfermedad mental o de otro tipo.  Para cualquier persona de ciencia o de fe, debería ser imposible darle la espalda a un alma atormentada.

Traducción de Carmelo López-Arias.
Fuente: Religión en Libertad

sábado, 12 de agosto de 2017

De prolífico maestro de reiki a luchar ferozmente contra él: una terrible experiencia le abrió ojos


De prolífico maestro de reiki a luchar ferozmente contra él: una terrible experiencia le abrió ojos

Juan Sánchez contó su experiencia como maestro de reiki y su conversión en la Vigilia de Asalto al Cielo

De prolífico maestro de reiki a luchar ferozmente contra él: una terrible experiencia le abrió ojos

El reiki y la Nueva Era (New Age) están cada vez más extendidas en la sociedad por el bienestar físico y mental que producen pese a que cada vez son más los que alertan de que tras esto lo que de verdad ocurre es que se abre la puerta al demonio. Incluso entre los católicos es un gran problema pues estas técnicas se disfrazan de tal manera que se venden como algo bueno y son adoptadas por muchos fieles, también por consagrados. Y sus efectos son devastadores.

De esto sabe y mucho, Juan Sánchez, es maestro de reiki que durante años introdujo en estas y otras técnicas a más de 1.500 personas. Y mientras lo hacía, él creía ser católico, era catequista y participaba en la parroquia, aunque en realidad se había hecho una religión a su medida en la que él era su propio dios.

Finalmente pudo ver la verdadera cara del mal que se esconde tras el reiki y tuvo una verdadera conversión que le llevó a la Iglesia. Su testimonio lo contó en la Vigilia de Asalto al Cielo, que organiza el padre Álvaro Cárdenas en la parroquia de Colmenar de Arroyo (Madrid).

La New Age se vende como algo bueno...pero cuidado
A sus 59 años, Juan está ahora retirado de la Armada y llegó al reiki tras intentar curar unas dolencias que tenía y que le podían impedir seguir con su trabajo. Se inició en terapias naturales para lo que se hizo naturologo y llegó a abrir una consulta. Haciendo estos cursos, “empecé a escuchar cosas de la Nueva Era, técnicas que parecían maravillosas, y yo entonces era una esponja y comencé a interesarme por un sinfín de técnicas”.

Con la comunión de su hijo volvió a integrarse en la parroquia, de la que formalmente no se separaría aunque en la realidad fuera un alejado. Fue en ese momento cuando descubrió el reiki por casualidad. Juan recuerda que “me impactó, lo presentaron como algo tan bonito…podía sanar a la gente, era fantástico para mis consultas y encima podía beneficiarme. Me lo presentaron como algo esotérico y ahí debí sospechar pero era como los fanáticos y yo lo veía como algo estupendo”.


Fuerzas que vienen del demonio
Así fue como accedió al primer nivel del reiki. “Había contactado con un maestro de reiki en Torre Pacheco (Murcia), allí me convertí en médium pues cuando accedemos a muchas de estas terapias estamos llamando a fuerzas que no vienen de Dios”.

Para explicar a los presentes en qué consiste el reiki, Juan Sánchez dijo que es una “canalización de energía por imposición de manos” pero no como la que realiza un sacerdote. “Se llama a una energía que nadie conoce su procedencia, bueno sí se sabe, pero no se quiere conocer. Viene del diablo”, contaba.

Y es que por experiencia propia puede decir que mediante el reiki se “producen curaciones que luego pasan facturas muy grandes. El reiki se divide en varios niveles. El primero a es nivel físico, hace falta que esté la persona presente para hacerle ese esoterismo. Se me enseñó un símbolo que es abrir la puerta al diablo para hacer una llamada de energía que no viene de Dios”.

Del primer nivel a la maestría
De ahí pasó a un segundo nivel. “Nos representaban a los guías reiki como ángeles de la guarda pero no eran más que demonios a los que estaba invocando”, alertaba Juan. En este nivel, ya no hace falta que esté la persona delante para que se le pueda aplicar esta “energía”. Y los símbolos que le enseñaron eran dos, uno que entra dentro de la mente de la persona, también a distancia pero también en el pasado y el futuro.

El demonio, recuerda le iba engañando a través de estas prácticas, pues “las terapias eran mucho más efectivas cuando practicaba reiki” y pasó a formar parte de su vida diaria mientras él seguía acudiendo a la parroquia.

Pero necesitaba más y buscó llegar al máximo nivel, la maestría. “Estaba dispuesto a pagar hasta un millón de pesetas (hablamos de 1999) para lograr la maestría”.

Estando de vacaciones unos amigos le hablaron de un maestro de reiki y contactó con él para que le diera la maestría. Y finalmente lo consiguió. “Ya era jefe de los médium y yo podía iniciar a otros a ser uno. Había entregado toda mi vida al demonio aunque él ponía todo muy bonito”, contaba a los presentes en la parroquia de Colmenar de Arroyo.

Llegó a iniciar a monjas y curas
Siendo ya maestro empezó a impartir cursos gratis. Primero una tarde a la semana y después varios días. Hasta 1.500 personas llegó a iniciar durante sus años como maestro. Hasta escribió un libro. Y recordaba que mientras hacía esto era catequista, daba cursillos prematrimoniales e incluso estudiaba Teología.

Con ello quería alertar a los católicos ante estas prácticas que muchas veces se presentan como algo bueno. “Llegué a iniciar a varias consagradas e incluso consagrados. Una de estas consagradas llegó a la maestría de reiki”, contaba Juan, que dijo que aún hoy esta religiosa sigue defendiendo sus bondades pese a que le explicó su conversión y los males del reiki.



Uno de los 'ganchos' del reiki es la gente que acude buscando un "bienestar físico"

Sin embargo, en la parroquia intentaban disuadirle de lo que hacía. Un diácono amigo suyo le entregó un documento de los obispos de Estados Unidos sobre el reiki, aunque “mi contestación fue que los obispos estaban equivocados”. Y un sacerdote le insistía una y otra vez que lo dejara. Ese cura es hoy su párroco y su director espiritual.

El día que vio al demonio haciendo reiki
Juan contó a los presentes una “anécdota” sobre el peligro del reiki y que también le hizo reflexionar sobre si debía seguir practicándolo. Esto es lo que ocurrió:

“Estaba haciendo una sesión de reiki a la señora. Ella quería solo que le hiciera reiki. Aquella persona se transformó, le empezaron a dar espasmos bestiales y mientras yo no sabía qué hacer. Su cara se transformó, era una cara diabólica. Si habéis visto la película de El Exorcista, pues la cara que vi en la habitación de mi casa en esa señora era peor”.

Dos minutos después esta mujer se calmó y finalizaron la sesión pero ella no se acordaba absolutamente de nada de lo que le había ocurrido. “Después de dejar el reiki comprendí esto, que si no había sido una posesión era una influencian demoníaca”, confesaba Juan en Asalto al Cielo.

Un retiro espiritual que le cambió la vida
Tras las insistencias del sacerdote, Juan acudió a un retiro espiritual para aclarar un poco su mente. Y su vida cambió a partir de ese momento. Durante aquel fin de semana se pasó la mayor parte del tiempo delante del Sagrario. Las Escrituras le hablaban de su realidad. “En ese momento Dios tocó la puerta de mi corazón de una manera tremenda. Empezó a convertir mi corazón de piedra, primero en arena hasta el que el sábado me dio la puntilla. Tienes que dejarlo, sentí. Aquella noche confesé delante de todos mi decisión de dejar el reiki”.


Antes de empezar su testimonio, Juan pidió al padre Álvaro Cárdenas que le impusiera las manos, una imposición completamente diferente a las que se hacen en el reiki

La carta con la que dejaba de enseñar reiki
Al llegar a casa el domingo escribió una carta a todos sus clientes anunciándoles que dejaba el reiki y avisando a los católicos de los peligros que entrañaba. Muchos no le comprendieron e incluso le criticaron.

“A partir de ahí comencé una vida de oración para salir de este siniestro mundo y ahora estoy muy feliz”, afirmaba Juan Sánchez.

Su conversión y la de una de sus alumnas
Después ingresó en la Renovación Carismática y también ha acudido a uno de los Retiros de Emaús y desde entonces, recordaba, “mi vida ha cambiado mucho”. La oración y el rezo del Rosario le ayudaron a salir de la New Age. Y ahora tiene un blog en el que alerta sobre lo que se esconde tras el reiki.

Para concluir, Juan dio gracias a Dios porque una de sus alumnas al leer su carta en la que dejaba el reiki tuvo un tiempo de reflexión. Al final lo dejó y al escuchar una de sus conferencias dejó también el yoga. “Con la ayuda de un sacerdote comenzó un camino de conversión y hoy tiene una vida de profunda fe”.