lunes, 25 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 25 de septiembre 2017



Día litúrgico: Lunes XXV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: «Nadie enciende una lámpara y la cubre con una vasija, o la pone debajo de un lecho, sino que la pone sobre un candelero, para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no quede manifiesto, y nada secreto que no venga a ser conocido y descubierto. Mirad, pues, cómo oís; porque al que tenga, se le dará; y al que no tenga, aun lo que crea tener se le quitará».


«Pone (la lámpara) sobre un candelero, para que los que entren vean la luz»
+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol 
(Igualada, Barcelona, España)


Hoy, este Evangelio tan breve es rico en temas que atraen nuestra atención. En primer lugar, “dar luz”: ¡todo es patente ante los ojos de Dios! Segundo gran tema: las Gracias están engarzadas, la fidelidad a una atrae a otras: «Gratiam pro gratia» (Jn 1,16). En fin, es un lenguaje humano para cosas divinas y perdurables.

¡Luz para los que entran en la Iglesia! Desde siglos, las madres cristianas han enseñado en la intimidad a sus hijos con palabras expresivas, pero sobre todo con la “luz” de su buen ejemplo. También han sembrado con la típica cordura popular y evangélica, comprimida en muchos refranes, llenos de sabiduría y de fe a la vez. Uno de ellos es éste: «Iluminar y no difuminar». San Mateo nos dice: «(...) para que alumbre a todos los que están en la casa. Brille así vuestra luz delante de los hombres para que, al ver vuestras buenas obras, den gloria a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt 5,15-16).

Nuestro examen de conciencia al final del día puede compararse al tendero que repasa la caja para ver el fruto de su trabajo. No empieza preguntando: —¿Cuánto he perdido? Sino más bien: —¿Qué he ganado? Y acto seguido: —¿Cómo podré ganar más mañana, qué puedo hacer para mejorar? El repaso de nuestra jornada acaba con acción de gracias y, por contraste, con un acto de dolor amoroso. —Me duele no haber amado más y espero lleno de ilusión, estrenar mañana el nuevo día para agradar más a Nuestro Señor, que siempre me ve, me acompaña y me ama tanto. —Quiero proporcionar más luz y disminuir el humo del fuego de mi amor.

En las veladas familiares, los padres y abuelos han forjado —y forjan— la personalidad y la piedad de los niños de hoy y hombres de mañana. ¡Merece la pena! ¡Es urgente! María, Estrella de la mañana, Virgen del amanecer que precede a la Luz del Sol-Jesús, nos guía y da la mano. «¡Oh Virgen dichosa! Es imposible que se pierda aquel en quien tú has puesto tu mirada» (San Anselmo).

Taliana Vargas, Miss Colombia, volvió a la fe gracias a un rosario muy especial de tres minutos


Probó de todo en el New Age, pero no encontraba la paz

Taliana Vargas, Miss Colombia, volvió a la fe gracias a un rosario muy especial de tres minutos

Taliana Vargas, Miss Colombia, volvió a la fe gracias a un rosario muy especial de tres minutos

Taliana Vargas, popular actriz y modelo colombiana que fue Miss Colombia con 19 años en 2008 (varios vídeos en YouTube y fotos recogen su reinado), fue la persona escogida por el cardenal Rubén Salazar Gómez para presentar al Papa Francisco en el encuentro con los jóvenes en la Plaza de Bolívar de Bogotá, el pasado 7 de septiembre, en su visita a este país, explica la web Cari Filii.

Taliana dice a todos los que quieren escucharla que Dios quiere acompañarnos y llenar nuestros corazones, y más aún el de los jóvenes. Ella habla por experiencia porque en su juventud de éxito como modelo se alejó de Dios y fue la Virgen la que la “atrapó” de vuelta.


Una infancia de fe, con flores a la Virgen
La mayor de seis hermanos, en una familia unida, recibió la fe sobre todo de su madre y su abuela. “Yo brincaba y bailaba en los grupos de oración de niña, con mis hermanitos, y le llevaba flores a la Virgen. Mi infancia fue muy cercana a la Virgen María y a la Iglesia”, explica.

A los 15 años pasó a vivir en Estados Unidos, donde estudió Comunicación e idiomas en Virginia. “Fui Miss Colombia a los 19 añitos: hoy veo que yo era una bebé como de llevar en brazos“. Empezó una época de éxito y reconocimiento pero sentía que algo le faltaba. “La euforia de un gran evento, ser el centro, pensar que lo que yo tenía era porque yo luchaba, que yo lo merecía… pero en el hotel siempre sentía ese vacío en el corazón“.

Buscando en la New Age y lo oriental
“Probé taichí, yoga, buda… buscaba esa paz que todos los seres humanos buscamos, y no la encontraba”.

No se metía en fotos demasiado atrevidas, no tenía una vida muy desordenada… pero no se confesaba, no comulgaba, no hablaba con Dios.

El proceso de retorno a la fe fue muy lento. “Yo iba a veces a un grupo de oración y sentía una paz muy linda… pero se esfumaba enseguida”.


Una presentadora le habló de la Virgen
La primera profesional de la comunicación que le habló de su fe fue la presentadora Rochy Stevenson, en 2009, cuando ambas trabajaron en El Desafío, de Caracol TV. Rochy Stevenson era devota de la Virgen porque había tenido una experiencia espiritual con Ella. Animó a Taliana a acercarse a la Madre del Señor.

Dos años más tarde, en 2011, protagonizaba la teleserie “Chepe Fortuna”. Allí conoció a la actriz Margalida Castro, que hacía el papel de su abuela. Margalida es otra devota de la Virgen, e incluso ha escrito sobre esa fe. Taliana leyó algunos de sus textos y aumentó su interés. Incluso rezaron juntas en algunas ocasiones.

El punto clave en la conversión de Taliana Vargas fue en 2012. El actor Freddy Flórez, compañero de set y amigo personal, la animó a ir una iglesia que estaban construyendo justo al lado del set de grabación en Valledupar. Le hizo caso un domingo. Allí encontró un buen sacerdote media hora antes de misa que le dio una estampita de la Virgen. Ella pensaba que era la Milagrosa, pero era la Virgen de la Paz.

Las cinco piedritas
Y el cura le dijo: “Y aquí van las cinco piedritas para combatir sus males”. Ella sabía que necesitaba un cambio, una disciplina, una apuesta fuerte.

Las cinco piedritas (son las cinco que se enseñan en los grupos de oración de Medjugorje y en la devoción a la Virgen de la Paz) eran:

1- Orar con el corazón el Santo Rosario
2- La Eucaristía diaria
3- La confesión
4- Ayuno
5- Leer la Biblia.

“Yo, Taliana Vargas, ¿en que momento iba a poder rezar el Rosario? Si a las 6 de la mañana estaba en el gimnasio, y luego grabando 14 horas…” Le dijo al sacerdote que no podía dedicar tiempo al Rosario, que era muy largo.

Y el cura dijo: “Está bien, te doy este Rosario de la Virgen de la Paz que es cortito: un Padrenuestro, un Dios Te Salve y un Gloria, siete veces. En tres minutos lo tienes chequeado”. Y ella dijo: “Bueno, tres minutos puedo dedicar”.

Ese primer día no alcanzó paz, pero se animó a insistir con 3 minutos de oración diaria. “Hoy me da vergüenza, pero ese fue mi inicio, las cosas del Espíritu van poco a poco”. Y así fue creciendo en la fe y en la vida sacramental.

La Virgen María la conquistó
“La que primero me conquistó, enamoró y me consentía en mis pataletas fue la Virgen María”, explica.


Un sacerdote y niños de la fundación rezan por Taliana y piden a Dios que la bendiga

Luego encontró un grupo de oración “que no eran viejitas, jóvenes como yo, administradoras, políticas, de todo…”. Antes pensaba que solo las abuelitas eran religiosas: hoy sabe que hay una multitud de jóvenes entusiastas del Señor, con ganas de ser santos, que hay muchas obras de fe fecunda.

Después, cambiadas sus prioridades, se volcó en su fundación por niños necesitados, Casa En El Árbol (www.casaenelarbol.org), creada en 2013. “El éxito no me llenaba: entregar aquí el tiempo, un servicio, una sonrisa… eso sí me llena, duermo en el mismísimo cielo”.

  

domingo, 24 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 24 de septiembre 2017



Día litúrgico: Domingo XXV (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 20,1-16): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «El Reino de los Cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido’. Ellos fueron.

»Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: ‘¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?’. Le respondieron: ‘Nadie nos ha contratado’. Él les dijo: ‘Id también vosotros a mi viña’.

»Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: ‘Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros’. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: ‘Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno’. Él replicó a uno de ellos: ‘Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?’. Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».


«¿(...) vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?»
Rev. D. Jaume GONZÁLEZ i Padrós 
(Barcelona, España)


Hoy el evangelista continúa haciendo la descripción del Reino de Dios según la enseñanza de Jesús, tal como va siendo proclamado durante estos domingos de verano en nuestras asambleas eucarísticas.

En el fondo del relato de hoy, la viña, imagen profética del pueblo de Israel en el Primer Testamento, y ahora del nuevo pueblo de Dios que nace del costado abierto del Señor en la cruz. La cuestión: la pertenencia a este pueblo, que viene dada por una llamada personal hecha a cada uno: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros» (Jn 15,16), y por la voluntad del Padre del cielo, de hacer extensiva esta llamada a todos los hombres, movido por su voluntad generosa de salvación.

Resalta, en esta parábola, la protesta de los trabajadores de primera hora. Son la imagen paralela del hermano mayor de la parábola del hijo pródigo. Los que viven su trabajo por el Reino de Dios (el trabajo en la viña) como una carga pesada («hemos aguantado el peso del día y el bochorno»: Mt 20,12) y no como un privilegio que Dios les dispensa; no trabajan desde el gozo filial, sino con el malhumor de los siervos. 

Para ellos la fe es algo que ata y esclaviza y, calladamente, tienen envidia de quienes “viven la vida”, ya que conciben la conciencia cristiana como un freno, y no como unas alas que dan vuelo divino a la vida humana. Piensan que es mejor permanecer desocupados espiritualmente, antes que vivir a la luz de la palabra de Dios. Sienten que la salvación les es debida y son celosos de ella. Contrasta notablemente su espíritu mezquino con la generosidad del Padre, que «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tim 2,4), y por eso llama a su viña, «Él que es bueno con todos, y ama con ternura todo lo que ha creado» (Sal 145,9).

¡Me apunto con tan buen Señor!



4.- ¡ME APUNTO CON TAN BUEN SEÑOR!

Por Javier Leoz

Puede que, muchas veces, pensemos que el trabajo que merece le pena es aquel que se ve y se gratifica. Puede incluso, que en algunos momentos, pensemos que lo invisible a los ojos del mundo no tiene sentido llevarlo a cabo. Pero, los planes del Señor, son siempre distintos a nuestros planes y su forma de trabajar, pensar y valorar es muy distinta a la nuestra: nosotros nos quedamos en la apariencia y El… baja al corazón de cada persona.

1.- En la viña del Señor, su Iglesia, hay trabajo para todos. Pobres que necesitan atención, catequistas que exigen formación, enfermos que nos reclaman una visita, personas encerradas en la soledad que nos piden un poco de nuestro tiempo. ¡Vete a esa viña! Nos dice Jesús: a ese trozo de tierra en el que, la Iglesia, ofrece lo mejor de sí misma: el Evangelio. A esa persona que necesita un poco de cariño o a esas situaciones en las que, por no ser recompensadas, siempre hay huecos libres que nadie quiere. ¡Vete a esa viña, mi viña, nos dice Jesús!

Querer a Jesús no resulta difícil pero querer lo que Él quiere o cuidar lo que el cuidó…no siempre es gratificante. En cuántos momentos preferimos que, el tren del servicio o de la disponibilidad, pase de largo de nuestra casa. En cuantos instantes en vez presentarnos puntuales ante cualquier necesidad que nos reclama la Iglesia, preferimos no meter excesivo ruido por miedo al “qué dirán” o, simplemente, porque no son puestos de cierta relevancia.

2.- ¿Cómo podemos trabajar en la viña del Señor? ¿Con qué utensilios? La oración que riega lo que se siembra; la constancia en nuestro testimonio cristiano; la limosna al necesitado; la escucha atenta y meditada de la Palabra del Señor…son arados que nos ayudan a cultivar esa inmensa viña del Señor que es su Iglesia y, de paso, esa porción de tierra que es el corazón o el alma de cada uno. ¿Puede hacer algo más por cada uno de nosotros Jesús? ¿Por qué tanta resistencia para ir donde Él nos envíe? ¿Por qué los primeros, cuando ciertos señores de este mundo, nos piden colaboración y, en cambio, los últimos cuando se trata de asuntos divinos?

4.- Cristo, por si no lo sabes, te necesita. Nos necesita. Si en algunos lugares hay carencia de cariño y de justicia, escasez de libertad o de alimentos…no es porque Dios no quiere o no puede llegar: es porque, nuestras manos, se han conformado con estar pendientes exclusivamente de nuestras necesidades (y sus manos no olvidemos, son las nuestras); es porque nuestros pies se han cansado de acompañar al triste, al agobiado, al deprimido o al que ya no cree (y no olvidemos que los pies de Cristo avanzan con los nuestros); es porque, nuestros corazones, se han quedado tan encerrados en nuestro pecho que son incapaces de ser sensibles a otros mundos, a otras personas (y no olvidemos que el corazón de Cristo actúa por el nuestro).

5.- Cristo nos necesita. ¡Vayamos! Sacudámonos la pereza en este inicio del curso. No miremos quién vale más o qué trabajo es considerado como menos. No juzguemos a quién la suerte le acompaña o a quien la desgracia le impide llevar a cabo sus proyectos. Lo importante es que, el Señor, de nuevo nos envía a su Iglesia, a su viña. Decidámonos de una vez por todas.

¿Recompensa? ¿Salario? ¡Lo que ningún empresario ni magnate nos puede ofrecer en la tierra! ¡La vida eterna! ¿Y aún queremos más?

6.- NO ME OLVIDES, SEÑOR

sábado, 23 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 23 de septiembre 2017



Día litúrgico: Sábado XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,4-15): En aquel tiempo, habiéndose congregado mucha gente, y viniendo a Él de todas las ciudades, dijo en parábola: «Salió un sembrador a sembrar su simiente; y al sembrar, una parte cayó a lo largo del camino, fue pisada, y las aves del cielo se la comieron; otra cayó sobre piedra, y después de brotar, se secó, por no tener humedad; otra cayó en medio de abrojos, y creciendo con ella los abrojos, la ahogaron. Y otra cayó en tierra buena, y creciendo dio fruto centuplicado». Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga». 

Le preguntaban sus discípulos qué significaba esta parábola, y Él dijo: «A vosotros se os ha dado el conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás sólo en parábolas, para que viendo, no vean y, oyendo, no entiendan. 

»La parábola quiere decir esto: La simiente es la Palabra de Dios. Los de a lo largo del camino, son los que han oído; después viene el diablo y se lleva de su corazón la Palabra, no sea que crean y se salven. Los de sobre piedra son los que, al oír la Palabra, la reciben con alegría; pero éstos no tienen raíz; creen por algún tiempo, pero a la hora de la prueba desisten. Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez. Lo que cae en buena tierra, son los que, después de haber oído, conservan la Palabra con corazón bueno y recto, y dan fruto con perseverancia».

«Lo que cae en buena tierra, son los que (...) dan fruto con perseverancia»
Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés 
(Tarragona, España)


Hoy, Jesús nos habla de un sembrador que salió «a sembrar su simiente» (Lc 8,5) y aquella simiente era precisamente «la Palabra de Dios». Pero «creciendo con ella los abrojos, la ahogaron» (Lc 8,7). 

Hay una gran variedad de abrojos. «Lo que cayó entre los abrojos, son los que han oído, pero a lo largo de su caminar son ahogados por las preocupaciones, las riquezas y los placeres de la vida, y no llegan a madurez» (Lc 8,14). 

—Señor, ¿acaso soy yo culpable de tener preocupaciones? Ya quisiera no tenerlas, ¡pero me vienen por todas partes! No entiendo por qué han de privarme de tu Palabra, si no son pecado, ni vicio, ni defecto.

—¡Porque olvidas que Yo soy tu Padre y te dejas esclavizar por un mañana que no sabes si llegará! 

«Si viviéramos con más confianza en la Providencia divina, seguros —¡con una firmísima fe!— de esta protección diaria que nunca nos falta, ¡cuántas preocupaciones o inquietudes nos ahorraríamos! Desaparecerían un montón de quimeras que, en boca de Jesús, son propias de paganos, de hombres mundanos (cf. Lc 12,30), de las personas que son carentes de sentido sobrenatural (...). Yo quisiera grabar a fuego en vuestra mente —nos dice san Josemaría— que tenemos todos los motivos para andar con optimismo en esta tierra, con el alma desasida del todo de tantas cosas que parecen imprescindibles, puesto que vuestro Padre sabe muy bien lo que necesitáis! (cf. Lc 12,30), y Él proveerá». Dijo David: «Pon tu destino en manos del Señor, y él te sostendrá» (Sal 55,23). Así lo hizo san José cuando el Señor lo probó: reflexionó, consultó, oró, tomó una resolución y lo dejó todo en manos de Dios. Cuando vino el Ángel —comenta Mn. Ballarín—, no osó despertarlo y le habló en sueños. En fin, «Yo no debo tener más preocupaciones que tu Gloria..., en una palabra, tu Amor» (San Josemaría).

Ella había rechazado a Dios, Él intervino palpablemente para salvarla de la depresión y el suicidio

Ella había rechazado a Dios, Él intervino palpablemente para salvarla de la depresión y el suicidio

Ella había rechazado a Dios, Él intervino palpablemente para salvarla de la depresión y el suicidio

Milly estuvo en España un año después de su intento de suicidio. Es la imagen de la izquierda, una tristeza en la mirada que hoy ha desaparecido.

Cambio de agujas, el programa de HM Televisión consagrado a testimonios de conversión personal a Jesucristo, he tenido recientemente como invitada a la periodista italiana Milly Gualteroni, en España para la presentación de su libro Arrancada del abismo (Voz de Papel).


Milly, colaboradora de importantes publicaciones como Panorama, Vogue o Cosmopolitan, conoció el éxito profesional y lo que es sentirse en la cima de la influencia mediática en el Milán de los años 90, y con una vida sentimental entregada a la "liberación" que promete el mundo. Pero realmente vivía torturada por una depresión muy intensa que se le manifestaba dos veces al año, en el aniversario de los dos acontecimientos que enmarcaron su adolescencia: el suicidio de su hermano mayor cuando ella tenía 13 años, y de su padre cuando tenía 17.

En conversación con Cristina Casado, Milly explicó en la entrevista su primera formación católica, su decisión juvenil y consciente de rechazar a Dios, y a partir de ahí el creciente abismo de infelicidad al que fue asomándose a medida que iba cumpliendo sus objetivos académicos y profesionales y mantenía un buen nivel de vida urdido con toda clase de placeres.

Milly intentó quitarse la vida tres veces. De las dos primeras (arrojándose a un río peligroso estando semi-inconsciente por ingesta de pastillas, la primera, y con sobredosis de fármacos, la segunda) fue rescatada in extremis.

El impactante relato que detalló en Cambio de Agujas cobra especial relieve por el talante frío y racional de Gualteroni, que por ello se vio doblemente sorprendido por las intervenciones claramente providenciales de Dios para "arrancarla del abismo": ya sea a través de sueños donde podía ver los demonios que la atormentaban, o de la aparición de una misteriosa tau (signo cristiano que ignoraba) en lugares y circunstancias inverosímiles o del llamado público con el que la sorprendió un sacerdote que la desconocía.

Además de explicar las formas de intervención sobrenatural con las que Dios la rescató, Milly también recuerda que se libró de sus males aceptando, y trascendiendo, el sufrimiento que implicaban: "Nuestra sociedad ya no quiere oír hablar de sufrimiento y de dolor. Lo intenta todo para esconderlos o para solucionarlos de alguna manera. Yo misma, durante toda mi vida, intenté huir de mi sufrimiento. Y mi camino de curación empezó justo cuando acepté mi sufrimiento como parte de mí misma y asumí la responsabilidad de mi sufrimiento".

viernes, 22 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 22 de septiembre 2017



Día litúrgico: Viernes XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 8,1-3): En aquel tiempo, Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios; le acompañaban los Doce, y algunas mujeres que habían sido curadas de espíritus malignos y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Cusa, un administrador de Herodes, Susana y otras muchas que les servían con sus bienes.


«Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva del Reino de Dios»
Rev. D. Jordi PASCUAL i Bancells 
(Salt, Girona, España)


Hoy, nos fijamos en el Evangelio en lo que sería una jornada corriente de los tres años de vida pública de Jesús. San Lucas nos lo narra con pocas palabras: «Jesús iba por ciudades y pueblos, proclamando y anunciando la Buena Nueva» (Lc 8,1). Es lo que contemplamos en el tercer misterio de Luz del Santo Rosario.

Comentando este misterio dice el Papa San Juan Pablo II: «Misterio de luz es la predicación con la que Jesús anuncia la llegada del Reino de Dios e invita a la conversión, perdonando los pecados de quien se acerca a Él con fe humilde, iniciando así el misterio de misericordia que Él continuará ejerciendo hasta el fin del mundo, especialmente a través del sacramento de la Reconciliación confiado a la Iglesia».

Jesús continúa pasando cerca de nosotros ofreciéndonos sus bienes sobrenaturales: cuando hacemos oración, cuando leemos y meditamos el Evangelio para conocerlo y amarlo más e imitar su vida, cuando recibimos algún sacramento, especialmente la Eucaristía y la Penitencia, cuando nos dedicamos con esfuerzo y constancia al trabajo de cada día, cuando tratamos con la familia, los amigos o los vecinos, cuando ayudamos a aquella persona necesitada material o espiritualmente, cuando descansamos o nos divertimos... En todas estas circunstancias podemos encontrar a Jesús y seguirlo como aquellos doce y aquellas santas mujeres.

Pero, además, cada uno de nosotros es llamado por Dios a ser también “Jesús que pasa”, para hablar —con nuestras obras y nuestras palabras— a quienes tratamos acerca de la fe que llena de sentido nuestra existencia, de la esperanza que nos mueve a seguir adelante por los caminos de la vida fiados del Señor, y de la caridad que guía todo nuestro actuar.

La primera en seguir a Jesús y en “ser Jesús” es María. ¡Que Ella con su ejemplo y su intercesión nos ayude!

Años de lucha y miedo al silencio: Una joven cuenta cómo cambió el iPod y el móvil por la clausura

«Tenemos miedo a estar callados»

Años de lucha y miedo al silencio: Una joven cuenta cómo cambió el iPod y el móvil por la clausura

Años de lucha y miedo al silencio: Una joven cuenta cómo cambió el iPod y el móvil por la clausura

Kattie Devit es feliz en el convento de las clarisas Kokomo tras un largo viaje espiritual


Katie Devitt, ahora Mary Agnes del Cordero de Dios, dejó su proyecto de vida, su música, su Ipod, su pensamiento de casarse y ser madre y sobre todo el ruido que la rodeaba para entregarse a Cristo en un convento de clausura en el que no puede utilizar ni el teléfono.

La religiosa, actualmente clarisa en el convento estadounidense de Kokomo (Indiana), quiso ofrecer su testimonio para ayudar a otras jóvenes que puedan pasar por la misma situación que vivió ella con los miedos a un cambio de vida tan grande. Era feliz antes de ingresar en el convento pero ahora vive en plenitud.

Al convento sólo pudo llevarse su Biblia, dos rosarios, algo de ropa y algunas fotos de su familia. Puede ver a sus padres algunas veces al año pero siempre con una reja entre medias. Se levanta todos los días a las cinco de la mañana, tiene limitación en el correo y no puede hacer llamadas personales.

Un encuentro en la universidad
¿Merece la pena este sacrificio? Para ella, definitivamente sí.  Aunque era católica y desde niña estaba acostumbrada a ir a misa los domingos, su encuentro fuerte con Dios se produjo cuando llegó a la Universidad de Marquette a estudiar Periodismo.


Tal y como cuenta en Cloistered Life, su sueño desde niña no era ser monja sino crítica de música en el Chicago Tribune pero una vez en la universidad católica regida por los jesuitas descubrió el grupo Catholic Outreach, en el que semanalmente se reunían para reflexionar sobre las Escrituras. Y un día cuanto cantaban Como la cierva sintió que algo se removía en su interior.

Ella pensaba que se casaría y tendría hijos
“Sentí la presencia de Jesús por primera vez. Sabía sin lugar a dudas que era real y me amaba”, recuerda esta clarisa. En ese momento cayó de rodillas y comenzó a llorar pues se cercioró de lo poco que sabía de su fe y de Aquel que tanto la amaba.

A raíz de ese acontecimiento, Devitt comenzó a asistir a misa diaria y dio un paso importante al dejar la carrera de Periodismo para estudiar Teología. Sin embargo, nunca se le había pasado por la cabeza una vocación religiosa. “Pensé que me casaría y tendría hijos como todos los demás”, afirma.

Una homilía que cambió su vida
Uno de los momentos más importantes en esta historia de vocación se produjo un año después. Estaba en misa en campus cuando se proclamó el Evanglio del joven rico que pregunta a Cristo cómo podía heredar la vida eterna. “Vende todo lo que tengas, dáselo a los pobres y entonces ven y sígueme”, le contestó.

El sacerdote instó a los estudiantes a contemplar lo que Jesús quería que hicieran con sus vidas. Tras comulgar oró y un pensamiento empezó a bombardear su mente. “No sabía cómo era ser monja, pero podía verme siendo una. No sabía lo que hacía una monja, pero podía verme a mí misma. Empecé a llorar porque sentí una paz y una felicidad tan intensas…”.

Una enorme lucha interna que duró varios años
Sin embargo, pasaron cinco años en su vida con una enorme lucha interna en la que no sabía si se había vuelto loca o si Dios realmente la estaba llamando a la vida religiosa. Mientras tanto, ella acabó la universidad y empezó a dar clase en un instituto.

Una vez que ella se convenció de esta llamada empezó a visitar conventos y comunidades religiosas tanto de clausura como de vida activa. Algo que hizo durante mucho tiempo. Sin embargo, rápidamente ella se dio cuenta que estaba llamada a una vida en el convento de clausura.

La atracción de la clausura
En una de estas visitas, Devitt recuerda que “parecía todo tan arcaico en algunos aspectos. Pero la hermana hablaba tan suavemente, y se podía ver la alegría en su vida. De una manera muy interna y sutil yo pensaba: ‘Quiero esto. Quiero esto en mi vida. Me parecía intensamente atractivo y, por otro lado, me asustaba que me pareciera atractivo”.

Cada vez más, ella fue sintiendo cada vez más atracción hacia las clarisas aunque le costó mucho tiempo decidirse. Cuatro veces estuvo en el convento de Kokomo con las monjas antes de unirse a la comunidad.


En esta comunidad religiosa todo gira alrededor de la oración

Los miedos no desaparecían
“Su propósito es dar sus vidas totalmente a Cristo y ofrecer oraciones y penitencias por todo el mundo. Están ocultas en el mundo para ser accesibles al mundo. Y eso es algo, muy, muy bonito, pero me asustó mucho pensar en las cosas prácticas. Significaría que ya no podría viajar, no podría ir a casa, no conseguiría abrazar a mi madre otra vez. Tenía mucho miedo”.

Devitt decidió encomendarse a Dios a través de la oración diciéndole a Dios: “Sé que quieres que sea monja, pero no seré una de esas hermanas contemplativas”. Pero no encontraba su lugar por lo que volvió al convento de las clarisas se arrodilló y de repente la paz y una calidez impresionantes se apoderaron de de ella. Había encontrado su hogar.

El gran descubrimiento del silencio
“Tenemos la vocación única de ser todas las cosas para todas las personas por estar completamente escondidas en Cristo. Un misionero en África que trabaja con enfermos de SIDA o  una hermana que se dedica a la enseñanza son gente noble, buena y desinteresada. Si eso es lo que Dios quisiera que hiciera, yo lo haría. Pero llegas a una cantidad limitada de personas directamente. A través de la oración eres capaz de llegar a todo el mundo”.

Uno de los grandes descubrimientos que ha hecho ha sido el “silencio”. “El mundo es tan ruidoso. Tenemos miedo a estar callados. Nos preocupa lo que podríamos averiguar sobre nosotros mismos. Estamos constantemente pendientes en nuestros teléfonos móviles, iPods y ordenadores”.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 21 de septiembre 2017



Día litúrgico: 21 de Septiembre: San Mateo, apóstol y evangelista

Texto del Evangelio (Mt 9,9-13): En aquel tiempo, cuando Jesús se iba de allí, al pasar vio a un hombre llamado Mateo, sentado en el despacho de impuestos, y le dice: «Sígueme». Él se levantó y le siguió. Y sucedió que estando él a la mesa en casa de Mateo, vinieron muchos publicanos y pecadores, y estaban a la mesa con Jesús y sus discípulos. Al verlo los fariseos decían a los discípulos: «¿Por qué come vuestro maestro con los publicanos y pecadores?». Mas Él, al oírlo, dijo: «No necesitan médico los que están fuertes sino los que están mal. Id, pues, a aprender qué significa aquello de: Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores».


«No he venido a llamar a justos, sino a pecadores»
Rev. D. Joan PUJOL i Balcells 
(La Seu d'Urgell, Lleida, España)


Hoy celebramos la fiesta del apóstol y evangelista san Mateo. Él mismo nos cuenta en su Evangelio su conversión. Estaba sentado en el lugar donde recaudaban los impuestos y Jesús le invitó a seguirlo. Mateo —dice el Evangelio— «se levantó y le siguió» (Mt 9,9). Con Mateo llega al grupo de los Doce un hombre totalmente diferente de los otros apóstoles, tanto por su formación como por su posición social y riqueza. Su padre le había hecho estudiar economía para poder fijar el precio del trigo y del vino, de los peces que le traerían Pedro y Andrés y los hijos de Zebedeo y el de las perlas preciosas de que habla el Evangelio.

Su oficio, el de recaudador de impuestos, estaba mal visto. Quienes lo ejercían eran considerados publicanos y pecadores. Estaba al servicio del rey Herodes, señor de Galilea, un rey odiado por su pueblo y que el Nuevo Testamento nos lo presenta como un adúltero, el asesino de Juan Bautista y el que escarneció a Jesús el Viernes Santo. ¿Qué pensaría Mateo cuando iba a rendir cuentas al rey Herodes? La conversión de Mateo debía suponer una verdadera liberación, como lo demuestra el banquete al que invitó a los publicanos y pecadores. Fue su manera de demostrar el agradecimiento al Maestro por haber podido salir de una situación miserable y encontrar la verdadera felicidad. San Beda el Venerable, comentando la conversión de Mateo, escribe: «La conversión de un cobrador de impuestos da ejemplo de penitencia y de indulgencia a otros cobradores de impuestos y pecadores (...). En el primer instante de su conversión, atrae hacia Él, que es tanto como decir hacia la salvación, a todo un grupo de pecadores».

En su conversión se hace presente la misericordia de Dios como lo manifiestan las palabras de Jesús ante la crítica de los fariseos: «Misericordia quiero, que no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores» (Mt 9,13).

Tras casi morir en un entrenamiento conoció a Dios y ahora abandona su carrera para ser sacerdote


Grant Aasen afirma que su objetivo es «acercar a la gente a Cristo»

Tras casi morir en un entrenamiento conoció a Dios y ahora abandona su carrera para ser sacerdote

Grant se acercó a la fe tras el grave accidente que sufrió en un entrenamiento, y cuyas secuelas son visibles todavía hoy

Tras casi morir en un entrenamiento conoció a Dios y ahora abandona su carrera para ser sacerdote

Estaba llamado a ser un jugador de fútbol americano profesional en la NFL, lo que se traduciría en fama, reconocimiento y dinero. Sin embargo, decidió renunciar esta prometedora carrera para entregarse a Cristo a través del sacerdocio. Este curso ingresa en el seminario de Notre Dame en Nueva Orleans.

Se trata de Grant Aasen, estudiante y jugador de la Universidad de Georgia Tech, que en mayo se graduó en ingeniería industrial y que ha renunciado a su último año draft, cuando los equipos profesionales pueden elegirle para la liga profesional. Todo comenzó con un accidente que sufrió durante un entrenamiento en el que casi pierde la vida. Ahí descubrió a Cristo y a la Iglesia y nunca más se ha separado de este camino.

No era religioso hasta que casi pierde la vida
En distintas entrevistas en Catholic News Service y National Catholic Register, recuerda que nunca se había tomado en serio su catolicismo y pese que acudía desde niño a misa con sus padres “ni siquiera conocía las diferencias entre catolicismo y el protestantismo. No me importaba mucho la religión hasta después de un accidente en mi segundo año de Secundaria”. Antes, sus únicas preocupaciones eran el fútbol americano, sus amigos y los estudios.


Grant se enamoró de Cristo hasta tal punto de dejarlo todo por Él / Foto cortesía de Grant Aasen

Sin embargo, todo cambió durante un entrenamiento. Aasen era corredor, uno de los principales puestos ofensivos pero que más riesgos conlleva, y fue bloqueado de manera brutal por un jugador universitario, ahora profesional, de más de 2 metros de altura y 120 kilos, apodado la "pesadilla nigeriana". Se golpeó la cabeza fuertemente y se retiró del entrenamiento. Al siguiente decidió jugar el partido pero pronto se sintió mareado y al momento se desmayó.

Un derrame cerebral del que se recuperó casi de manera "milagrosa"
Sufría un derrame cerebral severo. Rápidamente un helicóptero medicalizado llegó al campo y le trasladó a un hospital en Atlanta. Fue intervenido y tuvieron que abrirle el cráneo. Estuvo a punto de morir ese día. Pero su recuperación fue mucho más rápido de lo previsto, lo que él achaca a la oración.

Aquel accidente le hizo mirar a la religión que le habían inculcado sus padres. Se involucró en grupos de atletas cristianos y de oración. Pero lo hacía de una manera superficial. Pero este pequeño cambio y su interés por Dios llamó la atención de su hermano mayor. Y en la universidad de Georgia Tech se juntó con chicos católicos, lo que ayudó mucho a Grant cuando él llegó al centro más adelante.

Su hermano y sus amigos le enseñaron "qué era ser católico"
“Mi hermano Davis y sus amigos me contaron y me mostraron lo que era ser católico, por qué la confesión y la misa son importantes, qué papel juega la Virgen en nuestras vidas espirituales, por qué hay que confiar en la Iglesia para tomar decisiones correctas...”, cuenta este candidato al sacerdocio.

Y de hecho informa que esta evangelización en el campus ha provocado que 10 graduados en esta universidad están estudiando en estos momentos en el seminario de Notre Dame.


El discernimiento sobre ser sacerdote o jugador
Este encuentro con Dios le fue despertando la vocación religiosa mientras seguía jugando y destacando en la universidad como jugador de fútbol. Grant cita la confesión y la misa como puntos clave en su proceso de discernimiento. “Estar en estado de gracia es el requisito primordial para tomar cualquier tipo de decisión vocacional clara. Después de esto, o asociado, están la devoción mariana, la adoración eucarística y la dirección espiritual”, asegura.

“Había tiempos de certeza del 100% de que debía ser un sacerdote, pero luego tiempos de duda. Sin embargo, esos momentos dudosos fueron cuando estaba tan ocupado con la universidad que no estaba rezando tanto como lo hago normalmente. No me estaba comunicando con Jesucristo, el Sumo Sacerdote, de manera suficiente, por lo que mi entrada en su sacerdocio necesariamente parecería menos segura”, confiesa.

Ser sacerdote para evangelizar
La decisión parecía clara pero dar el siguiente paso le costó mucho sufrimiento pues significa que debería abandonar su otra gran pasión, el fútbol americano y una posible carrera exitosa. Finalmente, decidió decírselo a sus compañeros y entrenadores y su decisión fue acogida y comprendida.

Incluso durante estos años de universidad, varios compañeros se han convertido al catolicismo, algunos incluso con toda su familia, gracias a conocer a Grant. “Quiero acercar a la gente a Cristo, y el sacerdocio me parece la mejor manera de hacer eso. El sacerdocio es una cosa asombrosa. Si esa es mi vocación, esa será mi llamada, igual que otro joven puede ser llamado al matrimonio”.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 20 de septiembre 2017



Día litúrgico: Miércoles XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 7,31-35): En aquel tiempo, el Señor dijo: «¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación? Y ¿a quién se parecen? Se parecen a los chiquillos que están sentados en la plaza y se gritan unos a otros diciendo: ‘Os hemos tocado la flauta, y no habéis bailado, os hemos entonando endechas, y no habéis llorado’. Porque ha venido Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y decís: ‘Demonio tiene’. Ha venido el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: ‘Ahí tenéis un comilón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores’. Y la Sabiduría se ha acreditado por todos sus hijos».

«¿Con quién, pues, compararé a los hombres de esta generación?»
Rev. D. Xavier SERRA i Permanyer 
(Sabadell, Barcelona, España)


Hoy, Jesús constata la dureza de corazón de la gente de su tiempo, al menos de los fariseos, que están tan seguros de sí mismos que no hay quien les convierta. No se inmutan ni delante de Juan el Bautista, «que no comía pan ni bebía vino» (Lc 7,33), y le acusaban de tener un demonio; ni tampoco se inmutan ante el Hijo del hombre, «que come y bebe», y le acusan de “comilón” y “borracho”, es más, de ser «amigo de publicanos y pecadores» (Lc 7,34). Detrás de estas acusaciones se esconden su orgullo y soberbia: nadie les ha de dar lecciones; no aceptan a Dios, sino que se hacen su dios, un dios que no les mueva de sus comodidades, privilegios e intereses.

Nosotros también tenemos este peligro. ¡Cuántas veces lo criticamos todo: si la Iglesia dice eso, porque dice aquello, si dice lo contrario...; y lo mismo podríamos criticar refiriéndonos a Dios o a los demás. En el fondo, quizá inconscientemente, queremos justificar nuestra pereza y falta de deseo de una verdadera conversión, justificar nuestra comodidad y falta de docilidad. Dice san Bernardo: «¿Qué más lógico que no ver las propias llagas, especialmente si uno las ha tapado con el fin de no poderlas ver? De esto se sigue que, ulteriormente, aunque se las descubra otro, defienda con tozudez que no son llagas, dejando que su corazón se abandone a palabras engañosas».

Hemos de dejar que la Palabra de Dios llegue a nuestro corazón y nos convierta, dejar cambiarnos, transformarnos con su fuerza. Pero para eso hemos de pedir el don de la humildad. Solamente el humilde puede aceptar a Dios, y, por tanto, dejar que se acerque a nosotros, que como “publicanos” y “pecadores” necesitamos que nos cure. ¡Ay de aquél que crea que no necesita al médico! Lo peor para un enfermo es creerse que está sano, porque entonces el mal avanzará y nunca pondrá remedio. Todos estamos enfermos de muerte, y solamente Cristo nos puede salvar, tanto si somos conscientes de ello como si no. ¡Demos gracias al Salvador, acogiéndolo como tal!

En la URSS, hijo de comunista, no sabía nada de religión pero leyó «Crimen y Castigo» y hoy es cura


Los libros de Dostoyevsky, vigilados, fueron el primer contacto con la fe para muchos

En la URSS, hijo de comunista, no sabía nada de religión pero leyó «Crimen y Castigo» y hoy es cura

El padre Mikhail Nasónov, párroco ortodoxo en Irlanda, conoció a Cristo leyendo a Dostoyevsky


Los libros de Fiódor Dostoyevsky (1821-1881) estaban vigilados en la Unión Soviética pero a veces se escapaban algunos y causaban "accidentes" espirituales. 

Lo explicaba en 2012 a ReL Tatiana Kasátkina, la directora de la comisión de estudios sobre Dostoyevsky de la Academia de la Ciencia Rusa, el mayor órgano cultural de este país.

Sus padres no eran creyentes. Sus abuelas sí creían, "pero nunca me hablaron de Dios porque estaba prohibido. Pero yo a los cinco años ya creía que Dios existía y que era bueno, como una madre", explicaba Kasátkina. "No pude hablar con nadie de esto, ni leer sobre Dios, hasta que a los once años leí El idiota, de Dostoievsky, y me confirmó lo que ya sospechaba, que la realidad habla de una realidad más profunda". 


  Tatiana Kasátkina, una de las mayores expertas en Dostoyevsky

Un autor siempre bajo sospecha
Los libros de Dostoyevsky estaban bajo vigilancia en la Unión Soviética. "Siempre lo mantuvieron fuera de las lecturas y estudios escolares. En los últimos años lo mencionaban algo, pero sólo por sus libros sobre pobres y miserables", explica Kasatkina. 

"Si pedías un libro suyo en las bibliotecas, había orden de apuntar tu nombre en una lista especial. Se desaconsejaba activamente su lectura. Hasta 1956 no se volvió a reeditar nada suyo. Y tiene lógica. En 1972 empezaron a reeditarse sus obras completas, que se acabaron en 1990... justo cuando se hundió el comunismo. Creo que no fue una casualidad", señalaba esta académica. Y añadía, rotunda: "Si desapareciera toda la cultura rusa, pero quedaran las obras de Pushkin y las de Dostoievsky, podríamos salvar todo el entramado de la Rusia cristiana". 

No sabía nada de religión... y leyó Crimen y Castigo
A Mikhail Nasonov le pareció algo parecido que lo de Kasátkina, aunque fue unos años después. Nació en la URSS en 1973, su padre era comunista, no sabía nada de nada de religión. Pero un día leyó Crimen y Castigo, de Dostoyevsky, y ahí conoció por primera vez una historia de Jesús, la de Lázaro. "Quedé muy impresionado por esta historia y empecé a buscar más cosas sobre Jesús", explica Nasonov en The Irish Catholic. 

"Intenté encontrar el Evangelio para leerlo, porque no era fácil en esa época. Tenía un amigo que le pidió a un artista que nos encontrase una Biblia", recuerda. Ya se sabe que los artistas están siempre un poco locos. 

Para entonces Nasonov era un joven estudiante en el ejército, en una academia militar. Él y su amigo leían los Evangelios en un librito pequeño de noche, "cuando nadie podía vernos. No era completamente ilegal, no era un crimen, pero te podía meter en líos porque en el ejército había un departamento especial para controlar el pensamiento ideológico. En el ejército has de ser como todos los demás".  

Sacerdote ortodoxo, y a Irlanda
Dejó la escuela militar a los 18 años y se bautizó en la Iglesia Ortodoxa. El Muro de Berlín ya había caído, Rusia estaba reestructurándose. Entró en el Seminario ortodoxo de San Petersburgo, estudió lengua rusa y teología, después amplió sus estudios ortodoxos en París y Moscú. A continuación, fue enviado a Irlanda. 


  Mikhail Nasónov, de hijo de comunista a párroco ortodoxo en Irlanda; al leer Crimen y Castigo quiso saber más de Cristo

La Isla Verde había tenido una pequeña parroquia ortodoxa entre 1969 y 1977, a cargo del padre Nicolas Couriss, un emigrado de Rusia que había conocido a los zares. Después cerró. Nasonov puso en marcha la nueva parroquia ortodoxa de Dublín, a la que acuden muchos europeos del Este: bálticos, moldavos, ucranianos, serbios y rusos. Hay clases de ruso para los hijos de los emigrantes y muchas actividades sociales. 

"Hoy la actitud [de las sociedades secularizadas] no es muy amigable con los cristianos, así que tenemos que apoyarnos unos a otros", dice refiriéndose a los cristianos de distintas denominaciones. "Tenemos que conservar los valores cristianos en la sociedad, católicos y protestantes, tenemos que ser testigos del Evangelio, juntos", anima.  

Sobre este mismo tema lea: Mi primera vez: «Lo hacíamos por las noches»,«mis padres me gritaron», «estaba prohibido». 

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Fuente: Religión en LIbertad

martes, 19 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 19 de septiembre 2017


Día litúrgico: Martes XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 7,11-17): En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naím, e iban con Él sus discípulos y una gran muchedumbre. Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de su madre, que era viuda, a la que acompañaba mucha gente de la ciudad. Al verla el Señor, tuvo compasión de ella, y le dijo: «No llores». Y, acercándose, tocó el féretro. Los que lo llevaban se pararon, y Él dijo: «Joven, a ti te digo: levántate». El muerto se incorporó y se puso a hablar, y Él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de todos, y glorificaban a Dios, diciendo: «Un gran profeta se ha levantado entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo». Y lo que se decía de Él, se propagó por toda Judea y por toda la región circunvecina.


«Joven, a ti te digo: levántate»
+ Rev. D. Joan SERRA i Fontanet 
(Barcelona, España)


Hoy, dos comitivas se encuentran. Una comitiva que acompaña a la muerte y otra que acompaña a la vida. Una pobre viuda, seguida por sus familiares y amigos, llevaba a su hijo al cementerio y de pronto, ve la multitud que iba con Jesús. Las dos comitivas se cruzan y se paran, y Jesús dice a la madre que iba a enterrar a su hijo: «No llores» (Lc 7,13). Todos se quedan mirando a Jesús, que no permanece indiferente al dolor y al sufrimiento de aquella pobre madre, sino, por el contrario, se compadece y le devuelve la vida a su hijo. Y es que encontrar a Jesús es hallar la vida, pues Jesús dijo de sí mismo: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25). San Braulio de Zaragoza escribe: «La esperanza de la resurrección debe confortarnos, porque volveremos a ver en el cielo a quienes perdemos aquí».

Con la lectura del fragmento del Evangelio que nos habla de la resurrección del joven de Naím, podría remarcar la divinidad de Jesús e insistir en ella, diciendo que solamente Dios puede volver un joven a la vida; pero hoy preferiría poner de relieve su humanidad, para que no veamos a Jesús como un ser lejano, como un personaje tan diferente de nosotros, o como alguien tan excesivamente importante que no nos inspire la confianza que puede inspirarnos un buen amigo.

Los cristianos hemos de saber imitar a Jesús. Debemos pedir a Dios la gracia de ser Cristo para los demás. ¡Ojalá que todo aquél que nos vea, pueda contemplar una imagen de Jesús en la tierra! Quienes veían a san Francisco de Asís, por ejemplo, veían la imagen viva de Jesús. Los santos son aquellos que llevan a Jesús en sus palabras y obras e imitan su modo de actuar y su bondad. Nuestra sociedad tiene necesidad de santos y tú puedes ser uno de ellos en tu ambiente.

Era musulmán, de la tribu de Mahoma, nieto de misioneros islámicos, pero Dios lo condujo a Cristo


Ha muerto a los 34 años Nabeel Qureshi, predicador del Evangelio, converso desde el Islam

Era musulmán, de la tribu de Mahoma, nieto de misioneros islámicos, pero Dios lo condujo a Cristo


Nabeel Qureshi no solo se convirtió a Cristo, sino que anunciaba su fe y su conversión... con riesgo para su vida

Era musulmán, de la tribu de Mahoma, nieto de misioneros islámicos, pero Dios lo condujo a Cristo

Nabeel Qureshi era musulmán convencido, nacido en una familia de misioneros musulmanes. Investigando sobre la vida de Mahoma, y sobre el cristianismo, sus convicciones se tambalearon. Pidió a Dios señales, y Dios le orientó con sueños y visiones. Dio el paso: se hizo cristiano, y su familia quedó destrozada por eso. Durante varios años predicó a Cristo y su cruz. Este pasado sábado 16 de septiembre murió de un cáncer de estómago, con tan solo 34 años. 

Afrontar la muerte
La vida de un hombre se expresa en su máxima autenticidad y en el drama en su muerte, en sus últimos días. Nabeel Qureshi publicó un vídeo el 8 de septiembre, cuando hacía tiempo que los médicos le habían quitado incluso el estómago y ya solo le aplicaban tratamientos paliativos. 

"Como creyente, soy una persona real, ¿dónde puedo encontrar mi fe?", planteaba en el vídeo, en las puertas de la muerte. "¿Tengo que fingir? ¿Tengo que decir: 'ahora voy a tener tal nivel de fe'? Honestamente, creo que no. Creo que Dios me entiende, sabe cómo me encuentro y me acompaña, nos ama y nos da fuerza". 

Esa honestidad combinada con la confianza en Dios es lo que le guió del Islam a Cristo. Su testimonio lo describió en su libro "Seeking Allah, Finding Jesus" ("Buscando a Alá, encontrando a Jesús"). 

De la misma tribu que Mahoma, misioneros musulmanes
La familia de Nabeel Qureshi pertenecía a la tribu Qureshi, descendientes de la tribu Quresh, la de Mahoma, señaló. Su abuelo y bisabuelo habían sido misioneros musulmanes en Indonesia y en Uganda. Su familia había llegado de Pakistán a Estados Unidos, donde él nació y creció. 

"Cada día me sentaba con mi madre, que me enseñaba a recitar el Corán en árabe. Cinco veces al día me colocaba tras mi padre, que dirigía la oración conjunta en familia. A los cinco años, había recitado ya todo el Corán en árabe y había memorizado los últimos 7 capítulos. A los 15 años, había memorizado los últimos 15 capítulos del Corán en árabe e inglés. Cada día recitaba incontables rezos en árabe, dando gracias a Alá por el nuevo día, al despertar, invocando su nombre antes de caer dormido". 

En el instituto, el joven Nabeel ya sabía descolocar a todos sus compañeros cuando hablaban de religión. "Jesús rendía culto a Dios, ¿cómo es que tú rindes culto a Jesús?", le planteaba a jóvenes cristianos. "Jesús dijo 'el Padre es mayor que yo', ¿cómo puede ser él Dios?", añadía. O les preguntaba por la Trinidad. Los cristianos solían decir, simplemente, "es un misterio". No sabían defenderse ni explicarse y él se reía de ellos. 

"Me sentía confiado en la verdad del Islam, me daba disciplina, propósito, moral, valores familiares y una clara dirección en el culto. El Islam era mi identidad y la amaba".

Un cristiano que sabía responder y acompañar
Pero en su primer año de universidad conoció a un compañero de estudios cristiano, David Wood, inteligente, lector diario de la Biblia, que era capaz de responder a sus preguntas. Y cuando no era capaz, decía "lo investigaré", y le dedicaba tiempo, a él y a sus retos. ¿Eran fiables los Evangelios? ¿Murió y resucitó Jesús? ¿Cómo entender la Trinidad? 

Nabeel respetaba la pasión de David por su fe y por Dios. Se hicieron amigos, estudiaban juntos, debatían sin cesar. David le dedicaba tiempo, amistad, respeto, le retaba intelectualmente. Y pasados 3 años, Nabeel fue convenciéndose de que los Evangelios eran textos fiables y que, efectivamente, Jesús murió en la cruz (el Islam dice, como algún apócrifo tardío, que no fue él, sino un sustituto), que Jesús sí resucitó y que sí afirmaba ser Dios. 

¿Qué sabemos de la vida de Mahoma? Violencia y sensualidad
David entonces animó a Nabeel a hacer la prueba inversa: someter la vida de Mahoma y el Corán a una investigación histórica. Después de todo, ¿acaso no creía él en su religión sólo por lo que le habían enseñado sus padres y parientes, sin investigarlo?



"Cuando leí las fuentes, encontré que Mahoma no era el hombre que yo pensaba. La violencia y la sensualidad brotaban de las páginas de sus biografías más antiguas, las historias de la vida del hombre que yo reverenciaba como el más santo de la historia. Impactado por lo que descubría, empecé a buscar una defensa en el Corán. Pero allí mis cimientos se hundían igual de rápido. Yo confiaba en su conocimiento milagroso y preservación perfecta como signo de que estaba inspirado por Dios, pero ambas cosas fallaban".

"Guíame, Dios; ¿eres Alá o eres Jesús?"
Nabeel entonces colocó un Corán y una Biblia sobre una mesa y empezó a orar pidiendo a Dios que le guiase. Y lo hizo cada día, durante una año. "Dime quién eres. Si eres Alá, muéstrame como creer en ti. Si eres Jesús, dímelo. Seas quien seas, te seguiré, a cualquier coste", rezaba. 

Dios respondió, como a muchas otras personas (vea más casos aquí), con una visión y tres sueños. Nabeel explica el segundo, el más poderoso y expresivo. Veía una hermosa boda a través de una entrada muy estrecha. Quería entrar pero no podía, porque tenía que aceptar una invitación de boda de su amigo David y no lo había hecho. Cuando despertó, sabía lo que quería decir Dios. Pero lo vio confirmado cuando después encontró en la Biblia la parábola de la puerta estrecha, en Lucas 13,22, que no conocía. "Dios me indicaba dónde estaba yo". 

Optar por Cristo... perderlo todo
Pero ¿cómo dar el paso al cristianismo? No solo su familia se entristecería: todo el honor del clan quedaría hundido, toda la familia quedaría sin honor ante el resto de los musulmanes. "Mi decisión no solo me destruiría a mí, sino también a los que me amaban, los que se habían sacrificado tanto por mí". 

Miró el Corán, lo abrió, buscó orientación en él. "Por primera vez el libro parecía completamente irrelevante a mi sufrimiento, irrelevante para mi vida, era como un libro muerto".

Después empezó a leer abriendo por el Nuevo Testamento. Enseguida leyó: "Bienaventurados los que sufren, porque ellos serán consolados". Y después, en Mateo 10,37: "Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí". 

Nabeel pensó: "Pero, Jesús, aceptarte es dejarlo todo, es como morir". 

Y la Biblia respondía, en los siguientes versículos: "Quien no toma su cruz y me sigue no es digno de mí, quien ha encontrado su vida la perderá, y quien la pierde por mí la encontrará". 

"Era una llamada a morir. Me arrodillé al pie de mi cama y entregué mi vida. Pocos días después, las dos personas que más amaba quedaban sacudidas por mi traición, Aún hoy mi familia está rota por la decisión que hice, y es muy doloroso cada vez que veo el precio que he pagado". 

Amar hasta la muerte
Y sin embargo, escribe Nabeel: Dios me alcanzó, en investigaciones, sueños y visiones y me llamó a la oración en mi sufrimiento. Ahí encontré a Jesús. Seguirle vale dejarlo todo". Eso fue lo que predicaría a muchos, con valor, hasta su muerte a los 34 años. 



 Fuente: Religión en libertad

lunes, 18 de septiembre de 2017

Santo Evangelio 18 de septiembre 2017



Día litúrgico: Lunes XXIV del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 7,1-10): En aquel tiempo, cuando Jesús hubo acabado de dirigir todas estas palabras al pueblo, entró en Cafarnaúm. Se encontraba mal y a punto de morir un siervo de un centurión, muy querido de éste. Habiendo oído hablar de Jesús, envió donde Él unos ancianos de los judíos, para rogarle que viniera y salvara a su siervo. Éstos, llegando donde Jesús, le suplicaban insistentemente diciendo: «Merece que se lo concedas, porque ama a nuestro pueblo, y él mismo nos ha edificado la sinagoga». 

Jesús iba con ellos y, estando ya no lejos de la casa, envió el centurión a unos amigos a decirle: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo, por eso ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace». 

Al oír esto Jesús, quedó admirado de él, y volviéndose dijo a la muchedumbre que le seguía: «Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande». Cuando los enviados volvieron a la casa, hallaron al siervo sano.


«Os digo que ni en Israel he encontrado una fe tan grande»
Fr. John A. SISTARE 
(Cumberland, Rhode Island, Estados Unidos)


Hoy, nos enfrentamos a una pregunta interesante. ¿Por qué razón el centurión del Evangelio no fue personalmente a encontrar a Jesús y, en cambio, envió por delante algunos notables de los judíos con la petición de que fuese a salvar a su criado? El mismo centurión responde por nosotros en el pasaje evangélico: Señor, «ni siquiera me consideré digno de salir a tu encuentro. Mándalo de palabra, y quede sano mi criado» (Lc 7,7). 

Aquel centurión poseía la virtud de la fe al creer que Jesús podría hacer el milagro —si así lo quería— con sólo su divina voluntad. La fe le hacía creer que, prescindiendo de allá donde Jesús pudiera hallarse, Él podría sanar al criado enfermo. Aquel centurión estaba muy convencido de que ninguna distancia podría impedir o detener a Jesucristo, si quería llevar a buen término su trabajo de salvación.

Nosotros también estamos llamados a tener la misma fe en nuestras vidas. Hay ocasiones en que podemos ser tentados a creer que Jesús está lejos y que no escucha nuestros ruegos. Sin embargo, la fe ilumina nuestras mentes y nuestros corazones haciéndonos creer que Jesús está siempre cerca para ayudarnos. De hecho, la presencia sanadora de Jesús en la Eucaristía ha de ser nuestro recordatorio permanente de que Jesús está siempre cerca de nosotros. San Agustín, con ojos de fe, creía en esa realidad: «Lo que vemos es el pan y el cáliz; eso es lo que tus ojos te señalan. Pero lo que tu fe te obliga a aceptar es que el pan es el Cuerpo de Jesucristo y que en el cáliz se encuentra la Sangre de Jesucristo». 

La fe ilumina nuestras mentes para hacernos ver la presencia de Jesús en medio de nosotros. Y, como aquel centurión, diremos: «Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo» (Lc 7,6). Por tanto, si nos humillamos ante nuestro Señor y Salvador, Él viene y se acerca a curarnos. Así, dejemos a Jesús penetrar nuestro espíritu, en nuestra casa, para curar y fortalecer nuestra fe y para llevarnos hacia la vida eterna.

El padre Tom se emociona en la rueda de prensa al hablar a las calcutas de sus hermanas asesinadas


Pensó que habían muerto las cinco, le alegró saber que se salvó la hermana Sally

El padre Tom se emociona en la rueda de prensa al hablar a las calcutas de sus hermanas asesinadas

El padre Tom se emociona al hablar de las calcutas mártires en Yemen, por las que oró en el cautiverio

El padre Tom se emociona en la rueda de prensa al hablar a las calcutas de sus hermanas asesinadas

El misionero salesiano Thomas Uzhunnalil, secuestrado el 4 de marzo de 2016 en Yemen y liberado el pasado 12 de septiembre, ha explicado este sábado en rueda de prensa en la Casa de los salesianos en Roma, en vía de la Pisana, más datos sobre su cautiverio de 18 meses, que no fue reivindicado por Estado Islámico ni por Al Qeda. Se sigue sin saber quienes fueron los secuestradores, ni tampoco se conoce bien la causa de la liberación, aunque colaboraron las autoridades del sultanato Omán.

Se emocionó al recordar las misioneras asesinadas
El secuestro sucedió durante un ataque con disparos a una casa para enfermos de las Misioneras de la Caridad, popularmente llamadas "calcutas", en la ciudad de Adén, durante el cual 16 personas fueron asesinadas, incluyendo a cuatro hermanas de la orden fundada por Madre Teresa de Calcuta.


El drama vivido por el misionero salesiano se reflejó en los primeros instantes de la conferencia de prensa, cuando el padre Tom al referir su dolor a las Misioneras de la Caridad presentes en la sala, se emocionó hasta las lágrimas, quedando en silencio por varios instantes.

Ni maltratado ni apuntado con armas
“No fui maltratado, Jesús estaba conmigo”, “nunca me apuntaron un arma, sí soy diabético. No sabía donde estaba o quienes eran mis secuestradores”, dijo.


Ellos “me dijeron que tenían médicos y que me cuidarían”. Estaba “en un cuarto con una cama, me acompañaban a la toilette cuando necesitaba”. Los secuestradores le pidieron quién podría interesarse por él, si el obispo, el Papa, o algún otro. Después cambiaron de lugares en que lo retenían.

Sobre un video en el cual lo maltrataban, señaló que los mismos secuestradores le dijeron que no le haría mal, sino que era escenificación para suscitar interés por su liberación. Y asegura: “No fui maltratado”.


Le daban la medicina cuando necesitaba y “una vez me visitó un médico por la hipertensión causada por la diabetis”, dijo. Si bien entendió que para ellos también “era difícil encontrar las medicinas en la situación de guerra del país”. “El 18 de agosto celebré mi segundo cumpleaños estando prisionero”, recordó.

Rezaba por las misioneras fallecidas
“En el cuarto donde estaba encerrado celebraba la misa espiritualmente sin el pan y el vino y rezaba por el Papa, los obispos, sacerdotes, las misioneras muertas y también por mis captores”, aseguró.

“Pensaba que las cinco monjas habían sido asesinadas y rezaba por ellas”, pero de los captores después “supe que una se había salvado”. “Rezaba por ellas, seguro de que estaban en el Cielo”.

El sacerdote recordó que para darse ánimo repetía las palabras de una canción en inglés, “un día por vez, dadme la gracia de vivir este día”.

“Estoy como estoy hoy porque Dios me ha cuidado”, aseguró, y añadió: “Agradezco en nombre de Dios a quienes no me hicieron mal durante el secuestro y creo que fue debido a tantas personas que rezaban por mi”.


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Técnico electrónico, repasaba circuitos mentalmente
Ocupaba también su tiempo, visto que es técnico electrónico, tratando de recordar los circuitos, o contando los segundos y para contabilizar los días, señaló, tomaba en cuenta las medicinas que iba tomando.

El último día de cautiverio le dieron ropa, le dijeron que lo iban a liberar y después de tres o cuatro horas en vehículo llegaron a una ruta asfaltada. Hicieron una parada larga y volvieron. Al día siguiente retornaron al mismo lugar, le entregaron a otros y le dijeron que estaba libre.

Desde allí cruzó el desierto en auto, en Omán le controlaron y posteriormente le llevaron en helicóptero hasta la base de la cual regresó en avión.

En la rueda de prensa estaba también el rector mayor de los Salesianos, Angel Fernández Artime. “No sabemos quien lo ha liberado”, dijo. “Supimos de repente por una llamada de un avión del sultanato que estaba llegando a Fiumicino”.

“Soy sacerdote –concluyó el padre Tom– y mi vida en el futuro está a disposición de Dios”.

(Publicado originariamente por agencia Zenit)