martes, 21 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 21 de noviembre 2017




Día litúrgico: Martes XXXIII del tiempo ordinario

Santoral 21 de Noviembre: La Presentación de la Santísima Virgen María

Texto del Evangelio (Lc 19,1-10): En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».


«El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido»
Rev. D. Enric RIBAS i Baciana 
(Barcelona, España)


Hoy, Zaqueo soy yo. Este personaje era rico y jefe de publicanos; yo tengo más de lo que necesito y quizás muchas veces actúo como un publicano y me olvido de Cristo. Jesús, entre la multitud, busca a Zaqueo; hoy, en medio de este mundo, me busca a mí precisamente: «Baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa» (Lc 19,5).

Zaqueo desea ver a Jesús; no lo conseguirá si no se esfuerza y sube al árbol. ¡Quisiera yo ver tantas veces la acción de Dios!, pero no sé si verdaderamente estoy dispuesto a hacer el ridículo obrando como Zaqueo. La disposición del jefe de publicanos de Jericó es necesaria para que Jesús pueda actuar; y, si no se apremia, quizás pierda la única oportunidad de ser tocado por Dios y, así, ser salvado. Quizás yo he tenido muchas ocasiones de encontrarme con Jesús y quizás ya va siendo hora de ser valiente, de salir de casa, de encontrarme con Él y de invitarle a entrar en mi interior, para que Él pueda decir también de mí: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,9-10).

Zaqueo deja entrar a Jesús en su casa y en su corazón, aunque no se sienta muy digno de tal visita. En él, la conversión es total: empieza con la renuncia a la ambición de riquezas, continúa con el propósito de compartir sus bienes y acaba con la resolución de hacer justicia, corrigiendo los pecados que ha cometido. Quizás Jesús me está pidiendo algo similar desde hace tiempo, pero yo no quiero escucharle y hago oídos sordos; necesito convertirme.

Decía san Máximo: «Nada hay más querido y agradable a Dios como que los hombres se conviertan a Él con un arrepentimiento sincero». Que Él me ayude hoy a hacerlo realidad.

Anne-Christine Girardot es una cineasta francesa afincada en Holanda... que encontró a Dios en Bogotá


«Aquellas chicas rezaban junto al enfermo y entonces sentí muy fuerte que Dios estaba allí»

La directora premiada por «La Isla de los Monjes» explica cómo encontró a Dios junto a un moribundo

Anne-Christine Girardot es una cineasta francesa afincada en Holanda... que encontró a Dios en Bogotá

La directora premiada por «La Isla de los Monjes» explica cómo encontró a Dios junto a un moribundo

Anne Christine Girardot, nacida en 1970, es una cineasta y documentalista que ha ganado recientemente varios premios de cine, como el Religion Today de Turín, por su documental "La Isla de los Monjes", que llega a España de la mano de la distribuidora Bosco Films (www.boscofilms.es/la-isla-de-los-monjes/).

Francesa afincada en Holanda, explica a ReL que ella encontró tanto la fe como su vocación cineasta en Bogotá, Colombia. Amplió sus estudios en Dallas, Texas, y habla francés, inglés, español y neerlandés.


  Los trapenses holandeses dejaron a Anne-Christine entrar en su convento y contar la historia de su mudanza, con sus incertidumbres, y la serenidad de la presencia de Dios

Dejó la fe en la adolescencia
"Mi padre era protestante, no muy practicante, y mi madre era católica. Nos educaron en casa como católicos y yo de niña era muy creyente. Pero después, en la adolescencia, salí de la fe. Era una postura intelectual: Dios no se puede comprobar, decía yo. ¿Cómo creer algo no comprobable? En realidad, muy en el fondo, siempre tenía como una lucecita escondida en mi interior que decía que Dios debe existir, pero no afectaba a mi vida", explica. 

A los 20 años ella quería estudiar traducción e interpretación, y pensó en pasar un tiempo en un país hispano "haciendo algún tipo de voluntariado social y aprendiendo español". Acudió a su tío, que era religioso eudista: de hecho, había sido el superior general de esta congregación que hoy está presente en una veintena de países. Y su tío la envió a vivir a una comunidad de chicas de Minuto de Dios en Bogotá (www.minutodedios.org). 

Minuto de Dios empezó como un minuto de oración y reflexión en la radio en 1950 y en los años 60 pasó a ser una gran iniciativa católica para aportar viviendas a los necesitados, de la mano del sacerdote eudista Rafael García Herreros. Anne Christine aterrizó en una casa de varias chicas, que no eran consagradas ni tenían votos, pero que vivían juntas con una intensa vida de oración, con su misa cada mañana, su oración nocturna y  visitas a enfermos y necesitados.

El vecino moribundo... Dios en la oración
"Nuestros vecinos nos pidieron ir a rezar a su casa, por un pariente moribundo. Allí fui yo, con otras cinco chicas. Estábamos alrededor de su cama, y le tomaban de la mano mientras rezaban con él. En ese momento tuve la certeza de que estábamos siendo instrumentos en la mano de Dios, que Él nos estaba usando en ese momento para expresar su amor y sentí su presencia con fuerza. Y aquello me cambió". 

Anne Christine había llegado a Bogotá para pasar 3 meses pero se quedó 2 años. Y del mundo de la traducción pasó al cine y la televisión. En la pequeña pero incansable productora de Minuto de Dios le pidieron ayuda haciendo traducciones del inglés al español, y así descubrió que lo suyo era filmar, editar, dirigir, comunicar con imágenes. 

"Les dije: os hago traducciones gratis pero me enseñáis el oficio. Tenía muy claro la vocación de hacerme directora, quería ser un puente entre lo que veo y emitirlo. En lo espiritual fueron dos años superintensos: nunca sentí tan cerca la Presencia de Dios. Me confesaba, iba a misa cada mañana, a la oración de la noche..."


  El documental incluye: una calavera de monje, un buen rato cuidando en cementerio, un funeral... la muerte es lo que espera al hombre, pero la esperanza la afronta con serenidad

Muchos años después, sigue acompañando 
Después completó estudios en Dallas y desde 2005 tiene una productora que filma para la TV pública holandesa. Pasados más de 25 años, Anne Christine sigue encontrando a Dios y alimentando su fe en el trato con los enfermos.  "Soy voluntaria en una casa de cuidados paliativos, un hospicio para personas que se están muriendo. Es un lugar secular, allí no cree nadie y casi nunca me dan ocasión para hablar de la fe. Pero incluso sin poder hablar de Dios allí soy un instrumento de Dios con los enfermos". 

Un cámara que habla, desde arriba o desde cerca
En "La Isla de los Monjes" la cineasta tampoco habla mucho, apenas hace un par o tres de preguntas a los monjes y sus feligreses. El resto lo dice la cámara. Hay cámaras que graban desde el aire, como si fuera la mirada de Dios sobre el monasterio o sobre la playa mojada y desierta. Hay camaras cercanas, junto al monje, su icono, su vela. Hay imágenes del faro de la isla: "ellos, los monjes, son como el faro, una luz, una señal en la oscuridad".


Incluso se comprometió así con los monjes: “Ustedes me dejan, se abren y yo en la fotografía intento mostrar esa sintonía, sin añadir nada, siendo fiel a lo que vemos". Un monje no le dejó filmarle porque "las imágenes no pueden recoger la vida interior", dijo. Pero la comunidad, de 8 monjes en total, entendió que la película, y sus preguntas, ayudaban a entender su proceso, a buscar las raíces de su vocación. Su vocación no era el edificio, ni siquiera los hermanos: era escuchar a Dios, buscar a Dios, cada día. Además, así podían decir a otros medios de comunicación interesados en la historia de cómo se vende un monasterio que ya había un equipo cubriendo el tema.

Dejar un mundo, crear otro, y conservar lo valioso
La película trata de 8 monjes en un monasterio trapense holandés pensado para 120. Y sienten que Dios les llama a dejarlo todo y poner en marcha una nueva comunidad, pequeña, construyendo un pequeño convento, en una isla apartada que se llama, precisamente "la isla de los monjes grises", aunque llevan siglos sin ver un monje. 


  Los monjes caminan por la playa como Israel por el desierto

"Me gustó ver como afrontaban el proceso juntos. Cuando los conocí me parecían algo aislados unos de otros, que casi no se hablaban en ese monasterio tan grande, con pocos momentos de dialogar. Pero con la transición, la creación de algo nuevo, al mudarse y vivir cuatro en una casa más pequeña, todo cambia". 

¿Para qué sirven los monjes?
Ella les pregunta: ¿para qué sirven los monjes? Ellos responden: "No tienen un uso, la vida de monje es ser signo de la presencia de Dios". 

"La gente de la isla estaba muy intrigada con la llegada de los monjes y los miraban como animales exóticos. Hay pocos monjes y curas en Holanda, y los monjes no salen de sus conventos. Y, pese a todo, logran ser un signo. A estos monjes les sorprendió ver que la gente de su zona tenía muchos lazos con ellos y se apenaban muchísimo por su marcha. Eran vecinos que hablaban con ellos por cosas espirituales. 'Nuestros vecinos vienen de repente a decir que están tristes por nuestra marcha, incluso personas con las que nunca habíamos hablado', me decían. Creo que hay como una sensación de que 'tener monjes en la zona' aporta una seguridad y estabilidad, sabiendo que siempre estarán allí orando". 


Cada monje tiene su pasado
Los monjes, mientras empaquetan, cuentan su pasado a la cineasta. Las historias de su llegada al convento son de lo más peculiar y las cuentan con sinceridad. La mitad parecen haber llegado allí sin conocer a Dios, pero hartos del mundo. Solo después se convierten en 'escuchadores' de Dios. 

"Vivimos una época compleja para la fe en Occidente, y los monjes nos dan un mensaje de esperanza", explica la directora. "Me dijeron que quizá parte de la vida monacal morirá en Holanda y otros países, pero que aparecerá de nuevas formas, porque la búsqueda del ser humano hacia lo divino nunca cesará. Ellos veían esa necesidad de nuevas formas y me parece muy valiente". 


Fuente: Religión en Libertad

lunes, 20 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 20 de noviembre 2017


Día litúrgico: Lunes XXXIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,35-43): En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

«Tu fe te ha salvado»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, el ciego Bartimeo (cf. Mc 10,46) nos provee toda una lección de fe, manifestada con franca sencillez ante Cristo. ¡Cuántas veces nos iría bien repetir la misma exclamación de Bartimeo!: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» (Lc 18,37). ¡Es tan provechoso para nuestra alma sentirnos indigentes! El hecho es que lo somos y que, desgraciadamente, pocas veces lo reconocemos de verdad. Y..., claro está: hacemos el ridículo. Así nos lo advierte san Pablo: «¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?» (1Cor 4,7).

A Bartimeo no le da vergüenza sentirse así. En no pocas ocasiones, la sociedad, la cultura de lo que es “políticamente correcto”, querrán hacernos callar: con Bartimeo no lo consiguieron. Él no se “arrugó”. A pesar de que «le increpaban para que se callara, (...) él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’» (Lc 18,39). ¡Qué maravilla! Da ganas de decir: —Gracias, Bartimeo, por este ejemplo.

Y vale la pena hacerlo como él, porque Jesús escucha. ¡Y escucha siempre!, por más jaleo que algunos organicen a nuestro alrededor. La confianza sencilla —sin miramientos— de Bartimeo desarma a Jesús y le roba el corazón: «Mandó que se lo trajeran y (...) le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» (Lc 18,40-41). Delante de tanta fe, ¡Jesús no se anda con rodeos! Y... Bartimeo tampoco: «¡Señor, que vea!» (Lc 18,41). Dicho y hecho: «Ve. Tu fe te ha salvado» (Lc 18,42). Resulta que «la fe, si es fuerte, defiende toda la casa» (San Ambrosio), es decir, lo puede todo.

Él lo es todo; Él nos lo da todo. Entonces, ¿qué otra cosa podemos hacer ante Él, sino darle una respuesta de fe? Y esta “respuesta de fe” equivale a “dejarse encontrar” por este Dios que —movido por su afecto de Padre— nos busca desde siempre. Dios no se nos impone, pero pasa frecuentemente muy cerca de nosotros: aprendamos la lección de Bartimeo y... ¡no lo dejemos pasar de largo!

Nació sin brazos ni piernas, su padre se suicidó, fue abusada...y da charlas motivacionales


Zuly Sanguino es una pintora reconocida y una ferviente cristiana

Nació sin brazos ni piernas, su padre se suicidó, fue abusada...y da charlas motivacionales


Zuly nació con focomelia, una enfermedad que provocó la ausencia de huesos en piernas y brazos

Nació sin brazos ni piernas, su padre se suicidó, fue abusada...y da charlas motivacionales

Zuly Sanguino es un ejemplo claro de superación para alguien que fue desahuciada en el mismo momento en el que nació. Pero con amor y fe todo es posible. Esta joven colombiana nació con focomelia, una rara enfermedad por la que no tiene brazos y piernas por la falta de los huesos.

“Cuando nací le dijeron a mi mamá que tenía que conformarse con ver a su hija como un vegetal en la cama”, recuerda Zuly, que a sus 27 años es una reconocida artista plástica y conferenciante, dando charlas motivacionales en colegios, cárceles, empresas y asociaciones. Y ha sido gracias a Dios como ha conseguido salir adelante en una vida llena de sufrimientos.

"Nacida para algo muy grande"
En una entrevista en La Contra TV, cuenta cómo su madre respondió a los médicos que Zuly había “nacido para algo muy grande”. Pero ella no lo vio hasta mucho tiempo después pues, cuenta, “en mi infancia pasé momentos muy difíciles” como por ejemplo que “mi papá cometió el error de suicidarse al saber que su hija había nacido sin brazos ni piernas”. Además, desde la niñez hasta la adolescencia, Zuly fue víctima de abusos sexuales y dejó la escuela por el acoso y burla de sus compañeros.


El descubrimiento de la pintura
Pero pese a ello, ella siguió adelante, en parte por la tenacidad que le enseñó su madre. Primero la enseñó a sentarse y luego quiso enseñarla a pintar, una vez que se salió de la escuela. “No era fácil para mí porque no sabía cómo hacerlo, pero mi madre me dijo que podía hacerlo con la boca”.

Así empezó a pintar mostrando un talento inaudito que la llevó a ingresar en Artes Plásticas. Sus cuadros llamaron incluso la atención del canal de televisión de National Geographic, que hizo un extenso reportaje sobre su obra.

"Me siento completa"
Pero fue a los 15 años cuando su vida cobró una nueva dimensión cuando conoció a Dios. “Desde que llegó Jesús a mi vida me siento renovada, no me falta de nada y aunque no tenga brazos y piernas me siento completa”, afirma en su entrevista en La Contra TV.

En otra entrevista pasada, Zuly agregaba que “el secreto de mi superación está en haber dejado entrar a Dios en mi corazón, de lo contrario no sabría qué hubiera hecho. Escucho a muchísimas personas quejarse por cosas sin importancia, y es porque ignoran el poder de Dios. Eso es algo que me duele bastante porque, cuando dejas a Jesús obrar en tu vida, suceden cosas maravillosas como las que ha hecho conmigo y con mi familia”.

Conferenciante de éxito motivando a la gente
Además, añade que “nunca imaginé que iba a poder salir de la situación en la que me encontraba pero, para gloria de Dios, vamos progresando. La clave es no mirar las cosas que nos hacen falta en este instante, sino valorar las que Jesús pone a nuestro alrededor en cada momento para enamorarnos de Él”.

Ese cambió llevó a Zuly, una persona aparentemente desahuciada, a ser la portadora de alegría a los demás. “Pensé que la gente necesitaría las palabras que quizás a mí nunca me dijeron, que todo iría bien”, explica.

Así fue como empezó a dar charlas motivacionales a los 15 años siendo ahora muy reconocidas por ellas. “Yo les habló de ser libres  realmente, de ser libres para dar libertad a los que nos rodean y darles amor porque si no nos amamos a nosotros mismos no podemos amar a los demás”.

Fuente: Religión en libertad

domingo, 19 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 19 de noviembre 2017


Día litúrgico: Domingo XXXIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 25,14-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. 

»Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 

»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

»Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».


«A todo el que tiene, se le dará y le sobrará»
P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat 
(Montserrat, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos narra otra parábola del juicio. Nos acercamos a la fiesta del Adviento y, por tanto, el final del año litúrgico está cerca.

Dios, dándonos la vida, nos ha entregado también unas posibilidades -más pequeñas o más grandes- de desarrollo personal, ético y religioso. No importa si uno tiene mucho o poco, lo importante es que se ha de hacer rendir lo que hemos recibido. El hombre de nuestra parábola, que esconde su talento por miedo al amo, no ha sabido arriesgarse: «El que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor» (Mt 25,18). Quizá el núcleo de la parábola pueda ser éste: hemos de tener la concepción de un Dios que nos empuja a salir de nosotros mismos, que nos anima a vivir la libertad por el Reino de Dios.

La palabra "talento" de esta parábola -que no es nada más que un peso que denota la cantidad de 30 Kg de plata- ha hecho tanta fortuna, que incluso ya se la emplea en el lenguaje popular para designar las cualidades de una persona. Pero la parábola no excluye que los talentos que Dios nos ha dado no sean sólo nuestras posibilidades, sino también nuestras limitaciones. Lo que somos y lo que tenemos, eso es el material con el que Dios quiere hacer de nosotros una nueva realidad.

La frase «a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mt 25,29), no es, naturalmente, una máxima para animar al consumo, sino que sólo se puede entender a nivel de amor y de generosidad. Efectivamente, si correspondemos a los dones de Dios confiando en su ayuda, entonces experimentaremos que es Él quien da el incremento: «Las historias de tantas personas sencillas, bondadosas, a las que la fe ha hecho buenas, demuestran que la fe produce efectos muy positivos (…). Y, al revés: también hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación de la fe, se ha vuelto más dura…» (Benedicto XVI).

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

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El domínico Leon Pereira explica por qué la adoración puede cambiar el mundo

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

Uno de los aspectos centrales que se dan en Medjugorje o Lourdes, lugares de numerosas conversiones es la adoración,

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

Cada vez son más las parroquias que han recuperado e impulsado la Adoración Eucarística mientras se van multiplicando las capillas de adoración perpetua. Los testimonios son unánimes, la adoración transforma las parroquias, barrios e incluso ciudades, provocando además numerosos milagros.

Sobre esto da fe también el fraile dominico Leon Pereira, que en estos momentos es capellán de los peregrinos de habla inglesa que acuden a Medjugorje, la pequeña localidad bosnia a la que acuden cada año millones de personas.

El mundo necestia la Adoración Eucarística
Tras ver pasar por Medjugorje tal cantidad de gente por un lugar en el que la Adoración tiene un papel central, afirma en un artículo en Catholic Herald que los milagros se producen y que aunque parezca algo inútil, el mundo necesita desesperadamente la Adoración Eucarística.

Este dominico asegura que para la mentalidad moderna la adoración eucarística es irrelevante y asegura que “no sorprende que el mundo pueda valorar las obras de caridad de los misioneros, como Santa Teresa de Calcuta, pero no da importancia a los monjes cartujos que rezan y contemplan”.


Leon Pereira OP habla del bien de la Adoración Eucarística

Para servir, primero hay que amar
Recuerda además el padre Pereira que en la elección entre Marta y María, entre Marta que estaba ocupada sirviendo, y María que se sentó a los pies de Cristo, estamos tentados a ponernos de parte de Marta, y desconcertados por el respaldo de Jesús a María.

En su opinión, “la Madre Teresa entendió esto claramente: todas sus obras de caridad fluyeron y se basaron en la Adoración de Jesús en el Santísimo Sacramento. Solo adorando a Cristo primero, sus hermanas pueden reconocerlo y servirlo en los más pobres y marginados”.

Tres aspectos necesarios en la Adoración y en crisis en el mundo
El fraile dominico habla de tres aspectos necesarios en la Adoración y que propician el encuentro con el Señor. Precisamente, estos tres puntos están en crisis en el mundo actual, también él sumiso en una deriva relativista.

“Primero necesitamos silencio. Cuando el Papa Benedicto XVI dirigió la Adoración en Hyde Park (Londres), cerca de 80.000 jóvenes guardaron silencio con el Papa, para la consternación de los medios de comunicación. El silencio aparentemente no sirve para una buena televisión. La televisión necesita conversaciones continuas. La adoración requiere silencio”, afirma Pereira.

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En segundo lugar, la adoración necesita “atención”. Pone el ejemplo de lo “desgarrador que es ver a parejas sentadas una frente a la otra en un restaurante mientras ambas miran ávidamente las pantallas de sus teléfonos. No hace falta mucho para ver quién o qué domina esa relación. Atendemos a lo que más apreciamos. En Adoración, atendemos al Señor”.

En tercer lugar, agrega el fraile dominico, la adoración necesita “receptividad”. “En nuestro silencio y atención, recibimos de Dios. Nos despojamos de la ilusión de que podemos hacer cualquier favor a Dios. Anhela derrocharse sobre nosotros. Él tiene sed de tener sed; Él anhela ser anhelado. Él nos guiará y nos enseñará, pero solo si lo dejamos. En Adoración recibimos de Dios la verdad acerca de Dios y acerca de nosotros mismos”, agrega.

Uno de los grandes signos de Medjugorje
Pereira cuenta que “aquí en Medjugore, donde soy capellán de los peregrinos de habla inglesa recibimos Adoración todos los días en la capilla y veneración pública del Santísimo Sacramento cuatro días a la semana. Es uno de los grandes signos de Medjugorje: entre siete mil y diez mil personas, arrodilladas en silencio, adorando al Señor. Aquí muchos laicos y sacerdotes aprenden a amar la Adoración. Ellos prueban y ven la bondad del Señor. La adoración es el corazón de Medjugorje, porque Jesús es el corazón de esta parroquia, como debe ser en cada parroquia”.

Medjugorje es conocida por las supuestas apariciones de la Virgen pero sobre todo, y como consecuencia, por la enorme cantidad de conversiones que se han producido allí durante estas últimas décadas gracias a la Adoración y la Confesión.



El poder de la adoración, la conversión y los milagros
“En mi propia experiencia, es poderoso”, asegura el capellán sobre la adoración en este centro de peregrinación. “Jesús nos espera con ansia ansiosa. Y anhela derrocharse en nosotros. Es como una torre hecha de copas de champán, y cuando el vaso superior se llena, se desborda y llena los vasos de abajo. En la Adoración, cuando estamos abiertos a recibir, Dios agranda nuestros corazones para amar, y ese amor se desborda para los demás, al igual que la torre de champán”.

Además, agrega “si estamos cerrados, si guardamos nuestras heridas y todo lo que nos rodea oculto del Señor, entonces muy poco puede cambiar. Entonces, la adoración se experimentará como una carga que debe evitarse. Pero cuando estamos abiertos al Señor, es muy poderoso. Dios tiene muchas gracias que quiere darnos, y nos guía en oración a través de la adoración. A veces nos mantenemos en vigilia con el Señor durante la Adoración, y hacemos actos de reparación y amor, porque el mundo lo necesita tanto”.

Pereira explica que “en Lourdes, la mayoría de los milagros ocurren durante la Adoración del Santísimo Sacramento. Medjugorje no es diferente. Aunque tanto poder y gracia irradian del Santísimo Sacramento durante la Adoración sincera, al final no se trata de obtener ‘algo’.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 18 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 18 de noviembre 2017



Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’». 

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».


«Es preciso orar siempre sin desfallecer»
+ Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó 
(Rubí, Barcelona, España)



Hoy, en los últimos días del año litúrgico, Jesús nos exhorta a orar, a dirigirnos a Dios. Podemos pensar cómo los padres y madres de familia esperan que —¡todos los días!— sus hijos les digan algo, que les muestren su afecto amoroso.

Dios, que es Padre de todos, también lo espera. Jesús nos lo dice muchas veces en el Evangelio, y sabemos que hablar con Dios es hacer oración. La oración es la voz de la fe, de nuestra creencia en Él, también de nuestra confianza, y ojalá fuera también siempre manifestación de nuestro amor.

A fin de que nuestra oración sea perseverante y confiada, dice san Lucas, que «Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Sabemos que la oración se puede hacer alabando al Señor o dando gracias, o reconociendo la propia debilidad humana —el pecado—, implorando la misericordia de Dios, pero la mayoría de las veces será de petición de alguna gracia o favor. Y, aunque no se consiga de momento lo que se pide, sólo el poder dirigirse a Dios, el hecho de poder contarle a ese Alguien la pena o la preocupación, ya será la consecución de algo, y seguramente —aunque no de inmediato, sino en el tiempo—, obtendrá respuesta, porque «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche (...)?» (Lc 18,7).

San Juan Clímaco, a propósito de esta parábola evangélica, dice que «aquel juez que no temía a Dios, cede ante la insistencia de la viuda para no tener más la pesadez de escucharla. Dios hará justicia al alma, viuda de Él por el pecado, frente al cuerpo, su primer enemigo, y frente a los demonios, sus adversarios invisibles. El Divino Comerciante sabrá intercambiar bien nuestras buenas mercancías, poner a disposición sus grandes bienes con amorosa solicitud y estar pronto a acoger nuestras súplicas».

Perseverancia en orar, confianza en Dios. Decía Tertuliano que «sólo la oración vence a Dios».