miércoles, 26 de julio de 2017

Santo Evangelio 26 de julio 2017


Día litúrgico: Miércoles XVI del tiempo ordinario

Santoral 26 de Julio: San Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen María

Texto del Evangelio (Mt 13,1-9): En aquel tiempo, salió Jesús de casa y se sentó a orillas del mar. Y se reunió tanta gente junto a Él, que hubo de subir a sentarse en una barca, y toda la gente quedaba en la ribera. Y les habló muchas cosas en parábolas. Decía: «Una vez salió un sembrador a sembrar. Y al sembrar, unas semillas cayeron a lo largo del camino; vinieron las aves y se las comieron. Otras cayeron en pedregal, donde no tenían mucha tierra, y brotaron enseguida por no tener hondura de tierra; pero en cuanto salió el sol se agostaron y, por no tener raíz, se secaron. Otras cayeron entre abrojos; crecieron los abrojos y las ahogaron. Otras cayeron en tierra buena y dieron fruto, una ciento, otra sesenta, otra treinta. El que tenga oídos, que oiga».


«Una vez salió un sembrador a sembrar»
P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)


Hoy, Jesús —en la pluma de Mateo— comienza a introducirnos en los misterios del Reino, a través de esta forma tan característica de presentarnos su dinámica por medio de parábolas.

La semilla es la palabra proclamada, y el sembrador es Él mismo. Éste no busca sembrar en el mejor de los terrenos para asegurarse la mejor de las cosechas. Él ha venido para que todos «tengan vida y la tenga en abundancia» (Jn 10,10). Por eso, no escatima en desparramar puñados generosos de semillas, sea «a lo largo del camino» (Mt 13,4), como en «el pedregal» (v. 5), o «entre abrojos» (v. 7), y finalmente «en tierra buena» (v. 8). 

Así, las semillas arrojadas por generosos puños producen el porcentaje de rendimiento que las posibilidades “toponímicas” les permiten. El Concilio Vaticano II nos dice: «La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega» (Lumen gentium, n. 5). 

«Los que escuchan con fe», nos dice el Concilio. Tú estás habituado a escucharla, tal vez a leerla, y quizá a meditarla. Según la profundidad de tu audición en la fe, será la posibilidad de rendimiento en los frutos. Aunque éstos vienen, en cierta forma, garantizados por la potencia vital de la Palabra-semilla, no es menor la responsabilidad que te cabe en la atenta audición de la misma. Por eso, «el que tenga oídos, que oiga» (Mt 13,9).

Pide hoy al Señor el ansia del profeta: «Cuando se presentaban tus palabras, yo las devoraba, tus palabras eran mi gozo y la alegría de mi corazón, porque yo soy llamado con tu Nombre, Señor, Dios de los ejércitos» (Jr 15,16).

«El sufrimiento puede ser una una escuela de vida maravillosa»: esto afirma una joven tetrapléjica


Memé Alsina habla de Charlie Gard y echa abajo los argumentos de los que defienden que muera

«El sufrimiento puede ser una una escuela de vida maravillosa»: esto afirma una joven tetrapléjica

«El sufrimiento puede ser una una escuela de vida maravillosa»: esto afirma una joven tetrapléjica

Memé Alsina es tetrapléjica y ello no le ha impedido hacer una carrera y trabajar

El caso Charlie Gard ha dado la vuelta al mundo en un debate que va incluso va más allá del propio bebé. En juego está el valor de la vida humana mientras se pone de manifiesto lo que el Papa Francisco llama "cultura del descarte". ¿Quién tiene derecho a vivir y quién no? ¿Existe la muerte digna cuando es provocada? ¿Puede el Estado  decidir quien vive? Todas estas preguntas han circulado en el caso de este bebé británico.

Tristemente, este lunes 24 de julio los padres han anunciado que al haberse dilatado tanto la batalla legal, el tratamiento experimental que intentaban ya llega tarde, y ahora sólo esperan acompañar al bebé en sus últimos días.

A las preguntas sobre la vida en la debilidad ha respondido desde su propia experiencia de la enfermedad, y también desde su fe, Memé Alsina, una joven de Barcelona de 36 años.  

A los dos años por consecuencia de una enfermedad vírica quedó tetraplejica. Los médicos no le daban muchas esperanzas de vida. Sin embargo, llegó a terminar la carrera de Biblioteconomía. Con un 98% de parálisis en su cuerpo a sus 36 años está trabajando en la libreria Balmes siendo la responsable de la página web (www.balmeslibreria.com) y de la venta de libros online. Y además es catequista en su parroquia. Con estas credenciales de superación pese a la enfermedad analiza todo lo que rodea al caso Charlie en un artículo en Catalunya Cristiana.

***
En defensa de la vida de Charlie

Hace semanas conocimos por los medios a Chris Gard y Connie Yates. Ellos son un joven matrimonio británico que se han visto obligados a emprender una desgarradora batalla para defender la vida de su hijo Charlie. Un niño que sufre una grave enfermedad y que la “mal llamada” justicia británica condenó a “morir dignamente” sin escuchar los ruegos desesperados de sus progenitores. 

Ellos solo piden que a ese precioso bebe que hace 11 meses llego a sus vidas y los convirtió en papas no se le niegue la oportunidad de vivir. Pero gracias a la fuerza de sus padres millones de personas se han movilizado y reclaman que se permita a los padres aplicar a su hijo un tratamiento experimental que según afirman varios científicos podría mejorar los síntomas del pequeño.   

La mal llamada "muerte digna"
Tras las palabras de “muerte digna” de nuevo se esconde la negación del derecho a vivir que todo ser humano tiene. Los que quieren forzar la muerte se esconden tras una falsa compasión, “evitar que sufra”, pero está claro que ellos creen bajo criterios utilitaristas que la vida de ese pequeño ya no tiene sentido porque nunca será como la de los otros niños. Vivimos en una sociedad que sus principios son: creer que la felicidad la da el éxito profesional, los bienes materiales o cosas semejantes, y eso explica que cuando a alguien le sobreviene un problema se derrumbe y no sepa encontrar sentido a su vida.

Todos sabemos que la muerte forma parte de la vida; no es una ruptura especialmente importante que debemos aprender a aceptar, sin embargo, cuando estamos en una situación difícil no esperamos que nos digan que la solución es la muerte, necesitamos que nos tiendan una mano de esperanza, que la gente que nos rodea nos muestre su cariño que nos digan que nos estamos solos, que nos ayuden a no rendirnos a pesar de las dificultades.

¿Como puede parecernos normal que un padre pida la muerte para su hijo? Lo normal de un padre ¿no es mostrar su cariño y estar al pie de cañón sea como sea su situación? En estos detalles es cuando nos damos cuenta de que forma podemos ser manipulados. Nos han hecho creer que es normal que un médico en determinadas circunstancias recomiende la muerte, que los valientes son aquellos que tiran la toalla y deciden que quieren acabar con su vida.

"La vida es un regalo que se nos hace"
Muy probablemente Charlie, aunque reaccione a ese tratamiento sufrirá secuelas graves y quizás no vivirá muchos años, pero no por eso hay que rendirse. La vida es un regalo que se nos hace a cada uno y nadie tiene derecho a juzgar bajo ningún criterio si una vida deja de ser importante y por lo tanto se puede eliminar.

A todos se nos ha puesto en este mundo con un papel único e irrepetible, con un principio y un final. El derecho a la vida no lo recibimos del Estado o de la sociedad por lo tanto ellos no pueden quitar ni a Charlie ni a ningún individuo lo que no le dieron.

Se nos llena la boca diciendo que unos de los deberes fundamentales del Estado es respetar y hacer respetar los derechos fundamentales de las personas, y sin embargo en este caso niegan el derecho a la vida a un bebe porque ellos creen que esa vida no es digna”. Como minusválida me indigna el que se considere que la falta de salud implica una pérdida de la dignidad humana, estemos sanos o enfermos, seamos ricos o pobres todos poseemos una igual dignidad. Ese es el rasgo que nos distingue como seres humanos.


La vida de Charlie Gard depende en estos momentos de la decisión de un juez

Una escuela de vida maravillosa
Tarde o temprano el sufrimiento va a llamar a nuestra puerta. Si estamos preparados y nos enfrentamos a esta situación con actitud de fe y humildad éste se puede convertir en una escuela de vida maravillosa. Desde la experiencia muchas veces pienso, ¿cuántas cosas me habría perdido si alguien hubiera pensado que por tener limitaciones mi vida dejaba de tener sentido? La vida es el gran regalo que Dios ha puesto en nuestras manos, debemos amarla, compartirla y agradecer todo lo que nos regala cada día, por eso cada vez que escucho que un enfermo pide la eutanasia siento una pena inmensa y la necesidad de ir a su lado y ayudarle a descubrir lo grandioso que es ese regalo.

No nos engañemos. ¿No será que la eutanasia no es más que una excusa para quitarse de encima a aquellos que estorban, ya sea enfermos o ancianos? ¿No será que algunos engañados creen que esa es la única manera de poner fin a su sufrimiento ¿no será el único camino que creen ver aquellos para los que su vida ha dejado de tener sentido?

Chris Gard y Connie Yates, desde aquí quiero agradeceros vuestra valentía y vuestra fuerza y pediros que no os rindáis porque con vuestra lucha a favor de la defensa de la vida no solo ayudáis a Charlie sino a millones de personas que creemos que hay que dejar a un lado las lamentaciones e intentar sacar la mayor partida a la vida; que las oportunidades no se presentan dos veces y por eso hay que aprender a disfrutar hasta de los detalles más pequeños. Estoy seguro que vuestro precioso bebe pese a todo es un niño feliz porque, aunque no os oiga ni os vea vuestro amor es tan fuerte que sabéis transmitírselo a través de esos canales misterios por los que solo en los sentimientos circulan.

Fuente: Religión en Libertad

martes, 25 de julio de 2017

Santo Evangelio 25 de julio 2017


Día litúrgico: 25 de Julio: Santiago apóstol, patrón de España

Texto del Evangelio (Mt 20,20-28): En aquel tiempo, se acercó a Jesús la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, y se postró como para pedirle algo. Él le dijo: «¿Qué quieres?». Dícele ella: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino». Replicó Jesús: «No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?». Dícenle: «Sí, podemos». Díceles: «Mi copa, sí la beberéis; pero sentarse a mi derecha o mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre». 

Al oír esto los otros diez, se indignaron contra los dos hermanos. Mas Jesús los llamó y dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las dominan como señores absolutos, y los grandes las oprimen con su poder. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos».


«¿Podéis beber la copa que yo voy a beber?»
Mons. Octavio RUIZ Arenas Secretario del Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización 
(Città del Vaticano, Vaticano)


Hoy, el episodio que nos narra este fragmento del Evangelio nos pone frente a una situación que ocurre con mucha frecuencia en las distintas comunidades cristianas. En efecto, Juan y Santiago han sido muy generosos al abandonar su casa y sus redes para seguir a Jesús. Han escuchado que el Señor anuncia un Reino y que ofrece la vida eterna, pero no logran entender todavía la nueva dimensión que presenta el Señor y, por ello, su madre va a pedir algo bueno, pero que se queda en las simples aspiraciones humanas: «Manda que estos dos hijos míos se sienten, uno a tu derecha y otro a tu izquierda, en tu Reino» (Mt 20,21). 

De igual manera, nosotros escuchamos y seguimos al Señor, como lo hicieron los primeros discípulos de Jesús, pero no siempre logramos entender a cabalidad su mensaje y nos dejamos llevar por intereses personales o ambiciones dentro de la Iglesia. Se nos olvida que al aceptar al Señor, tenemos que entregarnos con confianza y de manera plena a Él, que no podemos pensar en obtener la gloria sin haber aceptado la cruz. 

La respuesta que les da Jesús pone precisamente el acento en este aspecto: para participar de su Reino, lo que importa es aceptar beber de su misma «copa» (cf. Mt 20,22), es decir, estar dispuestos a entregar nuestra vida por amor a Dios y dedicarnos al servicio de nuestros hermanos, con la misma actitud de misericordia que tuvo Jesús. El Papa Francisco, en su primera homilía, recalcaba que para seguir a Jesús hay que caminar con la cruz, pues «cuando caminamos sin la cruz, cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor». 

Seguir a Jesús exige, por consiguiente, gran humildad de nuestra parte. A partir del bautismo hemos sido llamados a ser testigos suyos para transformar el mundo. Pero esta transformación sólo la lograremos si somos capaces de ser servidores de los demás, con un espíritu de gran generosidad y entrega, pero siempre llenos de gozo por estar siguiendo y haciendo presente al Señor.

7 consejos para parejas en situación irregular que desean vivir en gracia y recibir los sacramentos

Resultado de imagen de union de manos matrimonio

Cada situación es un mundo diferente, se necesita el apoyo de un sacerdote que les ayude a discernir

7 consejos para parejas en situación irregular que desean vivir en gracia y recibir los sacramentos

El matrimonio y la familia fueron los temas que el papa Francisco propuso a la reflexión de la Iglesia convocando un sínodo de obispos en dos etapas: la primera en octubre de 2014 y la segunda en octubre de 2015. De él surgió el documento Amoris Laetitia.

El Derecho Canónico reconoce el derecho a recibir los medios espirituales necesarios para la salvación -de manera particular los sacramentos (Canon 213), y entre ellos la Comunión-, y también que hay que favorecer su recepción sin interponer ningún impedimento para recibirlos con provecho: lícita y válidamente.

Con respecto a los fieles que, a los ojos de la Iglesia, conforman parejas en situación irregular, el sínodo sobre el amor en la familia nunca dijo un “no” rotundo a la admisión a los sacramentos a todas estas parejas, como tampoco dijo un “sí” rotundo a todas ellas: se mirará caso por caso.


Muchas parejas “en situación irregular” (personas casadas con una persona ya casada, divorciados en nueva unión,…) buscan los medios para poder conformar la vida al querer de Dios en sintonía con la Iglesia. En este sentido, explica el P. Henry Vargas Holguín en Aleteia, nos han llegado varias preguntas: ¿puedo comulgar? ¿estoy actuando mal?…

Conocer cada caso
Resulta difícil dar respuestas generales, en frío, sin conocer a la persona y su situación concreta. Por eso, lo primero es animar a todos los que tengan dudas en este sentido a acercarse a un sacerdote o a un matrimonio católico comprometido de confianza que les ayude a discernir lo que les irá mejor a ustedes en su caso concreto.

Algunas consideraciones generales podrían servir de orientación previa. Por ejemplo, en los casos en que las dos personas no se hayan casado por la Iglesia, tengan o no tengan entre ellas algún vínculo conyugal desde el punto de vista civil, pueden acercarse a la parroquia y contraer el matrimonio canónico. Si alguna de las partes tuvo un matrimonio civil con otra persona se debe gestionar primero el divorcio.

Estudiar la nulidad del matrimonio anterior 
Los católicos con previo matrimonio canónico que quieran regularizar su situación tienen la opción, menos fácil pero posible, de indagar si pudieron haber fallado algunos elementos esenciales que permitan declarar nulo ese matrimonio.

Si se llega a descubrir que una pareja no contrajo matrimonio canónico válido, se puede y se debe declarar la nulidad de dicha “unión”, con perjuicio de los respectivos efectos civiles. Si se declara la nulidad, estas personas se pueden casar por la Iglesia, con alguien que no tenga previo matrimonio canónico válido.

Ahora, hay que tener en cuenta que anular un matrimonio canónico no es sinónimo de divorcio canónico, que no existe. La declaración de nulidad declara que el matrimonio sencillamente jamás existió, y por tanto es algo muy distinto del divorcio civil (cuando los efectos civiles cesan). Cuando se firma un decreto de nulidad no se trata de anular un vínculo sino de confirmar que tal vínculo no existió como válido ya desde un comienzo.

La Iglesia no anula ningún matrimonio válidamente contraído y consumado; en tal caso el matrimonio es absolutamente indisoluble (Catecismo, 1640). Por tanto mientras no se pruebe lo contrario, se presume la validez del matrimonio canónico.


Las parejas irregulares que no pueden contemplar alguna de las posibilidades mencionadas, ¿qué camino de salida tienen?

Mientras se verifica la validez o la invalidez del precedente matrimonio canónico o si, habiendo estudiado el matrimonio canónico, se constata realmente su validez, las parejas irregulares estarían invitadas en principio a:

1.- Ofrecer a Dios, con carácter penitencial, el dolor y el sufrimiento de haber quebrantado la exigencia de Cristo de valorar la sacramentalidad del amor conyugal entre un hombre y una mujer, así como el de no poder tener la plena comunión en la vida divina a través de los sacramentos.

2.- Pensar que en todo caso son personas amadas por Dios, y siguen siendo miembros de la Iglesia. La Iglesia seguramente también orará por estas personas, las animará y se presentará como madre misericordiosa.

3.- Confiar en la misericordia de Dios.

4.- Eliminar la situación de pecado. Esto no significa dejar de querer o dejar de ayudar a la pareja o dejar de estar a su favor; hay que seguir queriéndola bajo los mismos parámetros que pide Cristo cuando habla a todos sus discípulos de amar al prójimo.

5.- Respetar el vínculo matrimonial canónico precedente, dando así testimonio del valor, de la trascendencia y de la indisolubilidad del matrimonio canónico. Respetar lo que Dios ha bendecido es respetarlo a Él mismo. Como bautizados le debemos fidelidad a Dios, a Cristo, al propio cónyuge legítimo y a la unión esponsal canónica aunque ya no se conviva con él o con ella.

6.- Pensar en la salvación propia y ajena favoreciendo un camino de conversión.

7.- A estas parejas se les invita además a escuchar la Palabra de Dios, a perseverar en la oración, a ir a misa, a colaborar en las iniciativas de la parroquia en favor de la caridad y la justicia, a educar y, o, dejar educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu de conversión y las obras de penitencia para encaminarse por los caminos de la salvación (Familiaris Consortio, 84).


Las puertas de la Iglesia están abiertas
La Iglesia desea que estas parejas participen de la vida de la Iglesia hasta donde les sea posible en el intento por lograr la completa participación sacramental. Respecto a la manera de hacerlo, serán muy útiles -reiteramos- los consejos del párroco, el acompañamiento personalizado que permitirá valorar las circunstancias concretas y un discernimiento más libre.

El amor de Dios está a su alcance y no solo abre las puertas a su perdón, concediendo a su vez la gracia sacramental, sino que, por medio de la misma, capacita y motiva para no vivir más en pecado.

En el caso de las parejas de casados por la Iglesia en situación irregular que han hecho un camino de conversión con un sacerdote acompañante, que reúnen las condiciones fundamentales para que puedan acceder a los sacramentos -“estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos” (can 843,1)- y que concluyen inequívocamente que pueden recibir la gracia sacramental, pueden recibir los sacramentos, pueden comulgar.

¿Qué condiciones fundamentales deben tener en cuenta las parejas irregulares para acceder a los sacramentos? La reconciliación a través del sacramento de la penitencia –que les abriría el camino al sacramento eucarístico– puede darse a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a seguir una vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio.

En líneas generales, esto podría implicar, si es posible, fácil y serena, la separación; y si, por motivos muy serios, no pueden cumplir la obligación de la separación, el compromiso de vivir en continencia. Pero cada caso es un mundo.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 24 de julio de 2017

Santo Evangelio 24 de julio 2017


Día litúrgico: Lunes XVI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 12,38-42): En aquel tiempo, le interpelaron algunos escribas y fariseos: «Maestro, queremos ver una señal hecha por ti». Mas Él les respondió: «¡Generación malvada y adúltera! Una señal pide, y no se le dará otra señal que la señal del profeta Jonás. Porque de la misma manera que Jonás estuvo en el vientre del cetáceo tres días y tres noches, así también el Hijo del hombre estará en el seno de la tierra tres días y tres noches. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con esta generación y la condenará; porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón».


«Maestro, queremos ver una señal hecha por ti»
P. Joel PIRES Teixeira 
(Faro, Portugal)


Hoy, Jesús es puesto aprueba por «algunos escribas y fariseos» (Mt 12,38; cf. Mc 10,12), que se sienten amenazados por la persona de Jesús, no por razones de fe, sino de poder. Con miedo a perder su poder, procuran desacreditar a Jesús, provocándolo. Estos “algunos” muchas veces somos nosotros mismos, cuando nos dejamos llevar por nuestros egoísmos e intereses individuales. O también cuando miramos a la Iglesia como una realidad meramente humana y no como un proyecto del amor de Dios hacia cada uno de nosotros.

La respuesta de Jesús es clara: «Ninguna señal les será dada» (cf. Mt 12,39), no por miedo, sino para enfatizar y recordar que las “señales” son la relación de comunicación y amor entre Dios y la humanidad; no se trata de una relación de intereses y poderes individuales. Jesús recuerda que hay muchas señales dadas por Dios; y que no es provocándole o chantajeándole como se consigue llegar a Él.

Jesús es la señal más grande. En este día la Palabra es una invitación para que cada uno de nosotros comprenda, con humildad, que sólo un corazón convertido, vuelto hacia Dios, puede acoger, interpretar y ver esta señal que es Jesús. La humildad es la realidad que nos acerca no solamente a Dios, sino también a la humanidad. Por la humildad reconocemos nuestras limitaciones y virtudes, pero sobre todo vemos a los otros como hermanos y a Dios como Padre.

Como nos recordaba el Papa Francisco, « ¡El Señor es verdaderamente paciente con nosotros! No se cansa nunca de recomenzar desde el inicio cada vez que nosotros caemos ». Por eso, a pesar de nuestras faltas y provocaciones, el Señor está con los brazos abiertos para acoger y recomenzar. Procuremos, por tanto, que nuestra vida, y hoy en particular, esta palabra se haga realidad en nosotros. La alegría del cristiano está en ser reconocido por el amor que se ve en su vida, amor que brota de Jesús.

Oración Divina Misericordia


Fue ordenado en un campo de refugiados huyendo del Vietnam comunista y tras 17 años como diácono

Fue ordenado en un campo de refugiados huyendo del Vietnam comunista y tras 17 años como diácono

El padre Chanh cumple sus bodas de plata sacerdotales en Australia

Fue ordenado en un campo de refugiados huyendo del Vietnam comunista y tras 17 años como diácono

El padre Chanh fue ordenado en un campo de refugiados de Malasia tras huir de Vietnam


La del padre Paul Chanh es ciertamente una vocación probada, tanto por la persecución como por el tiempo. El poder ser sacerdote fue algo que se le resistió durante muchos años. Durante 17 años se vio obligado a esperar como diácono hasta que por fin pudo celebrar su primera Eucaristía.

Nacido en Vietnam quería ser sacerdote desde niño pero este sueño tardaría mucho tiempo en poder cumplirlo, mucho más de lo que hubiera deseado. “Entré en el seminario hace mucho tiempo, cuando tenía 11 años, primero en el seminario menor en 1961 y luego terminé Teología y Filosofía en Vietnam”, cuenta a Catholic Leader.

Los comunistas le impidieron ordenarse
Sin embargo, cuando estaba ya cerca de ser ordenado ocurrió algo que no esperaba y que le hizo ser probado por Dios durante años. El padre Chanh  recuerda que “cuando los comunistas se apoderaron de mi país, no me permitieron ser sacerdote”.

En ese momento ya era diácono de la Iglesia Católica, una condición que normalmente dura tan sólo unos meses antes de la ordenación. Pero él tuvo que esperar 17 años.

Huyó en barco y acabó en un campo de refugiados
Durante años permaneció en el Vietnam comunista con la esperanza de que de alguna manera podría ordenarse pero tras resignarse de que no sería posible intentó huir del país. Como tantos otros compatriotas se embarcó en un frágil bote sin saber si sobreviviría ni cuál sería su destino final.

Al final acabó llegando a la costa de Malasia en 1989. “Me escapé de Vietnam, llegué a Malasia y me quedé en un campo de refugiados como diácono”. Así estuvo durante casi cinco años puesto que además en este campo había un gran número de católicos que necesitaban algún tipo de cuidado espiritual.


En frágiles barcas como las de la imagen, miles de vietnamitas, entre ellos el padre Chanh, huyeron del régimen comunista

17 años después por fin se cumpliría su sueño
Precisamente, esta falta de atención espiritual que había en aquel campo  sería la que con el tiempo propiciase su ordenación sacerdotal. De manera rápida y casi sin darse cuenta  le dijeron que sería sacerdote.

Ese ansiado día llegó el 29 de marzo de 1992 cuando el que era entonces arzobispo de Kuala Lumpur, Anthony Soter, primer cardenal de Malasia, le ordenó en una curiosa ceremonia que se celebró en el propio campo de refugiados.

El ya padre Chanh tenía entonces 41 años y estaba en Malasia cuando debería haber sido ordenado en Vietnam con 24 años.

De Malasia a Australia
Pero Dios quería que este sacerdote siguiera con su viaje y acabó llegando a Australia, concretamente a la Diócesis de Brisbane, en la que ha permanecido durante todo este tiempo y donde acaba de cumplir sus bodas de plata sacerdotales.

Un cuarto de siglo después de que recibiese el orden sacerdotal en Malasia, el padre Chanh sigue con su espíritu de “ayudar al pueblo”, un ministerio que aprendió muy bien durante aquellos años entre los pobres y refugiados en los que la gente necesitaba una palabra.

"Dios quería otra cosa para mí"
Ahora, retirado de ocupaciones principales atiende como capellán a los ancianos de una residencia. “Estoy feliz”, asegura él, pues ha aprendido a valorar lo que tiene.

Al igual que ocurrió con otros muchos refugiados que huyeron de Vietnam habla con convencimiento de que “si dejo todo en las manos de Dios, Él proveerá”.

“Estaba en el seminario en Vietnam y quería ser sacerdote en Vietnam, pero Dios quería otra cosa para mí”, aseguraba este sacerdote, que tras discernir vio que lo mejor es “dejar todo en las manos de Dios”.