miércoles, 20 de junio de 2018

Santo Evangelio 20 de junio 2018


Día litúrgico: Miércoles XI del tiempo ordinario



Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».


«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos invita a obrar para la gloria de Dios, con el fin de agradar al Padre, que para eso mismo hemos sido creados. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia: «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». Éste es el sentido de nuestra vida y nuestro honor: agradar al Padre, complacer a Dios. Éste es el testimonio que Cristo nos dejó. Ojalá que el Padre celestial pueda dar de cada uno de nosotros el mismo testimonio que dio de su Hijo en el momento de su bautizo: «Éste es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,17).

La falta de rectitud de intención sería especialmente grave y ridícula si se produjera en acciones como son la oración, el ayuno y la limosna, ya que se trata de actos de piedad y de caridad, es decir, actos que —per se— son propios de la virtud de la religión o actos que se realizan por amor a Dios.

Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.

Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).

Carta de Jesús para ti


Carta de Jesús para ti

Ámame como eres, ¡ahora mismo! Recuerda, Yo Soy tu Dios; tu Señor; tu Creador; tu Salvador; tu Maestro; tu Hermano; tu Amigo. Si crees en Mí, vivo siempre contigo y te amo; ámame tal como tú eres ahora mismo; lo demás déjamelo a Mí.



Conozco tu miseria, las aflicciones y tribulaciones de tu alma, la debilidad y enfermedad de tu cuerpo, lo mismo que tus pecados; y a pesar de todo Yo te digo: “Dame tu corazón, ámame tal como eres ahora”; si esperas a ser un ángel para amarme, no me amarás jamás. Aunque seas débil en la práctica del deber y la virtud, y caigas nuevamente en los mismos pecados que no quisieras cometer, ¡ámame!, no te permito que no me ames y que no confíes en todo en Mí, mas bien es la razón de que confíes en todo momento en Mí …



Ámame tal como eres ahora mismo; y confía en Mí en todo instante, en cualquier situación en que te encuentres, en el fervor o en la tibieza, en la fidelidad o en la infidelidad, ámame como tú eres, confía en Mí. Quiero el amor de tu corazón tal como estás, si esperas a ser perfecto, no me amarás jamás. ¡Qué!, ¿no podría Yo, acaso, hacer de cada grano de arena un serafín radiante de pureza, de nobleza y de amor?; ¿no soy Yo el Omnipotente, y no puedo preferir tu corazón al de aquellos posibles serafines perfectos? Hijo mío, deja que te ame, quiero tu corazón, tal como es ahora mismo.



Ciertamente quiero con el tiempo transformarte, pero, por ahora, te quiero como eres y deseo que tú hagas lo mismo. Quiero ver surgir desde el fondo de tu miseria el amor. Amo en ti hasta tu debilidad, amo tu amor pobre y miserable. Anhelo ardientemente que salga de lo más profundo de tu corazón un grito continuo: “Jesús, te amo”; “¡Jesús, confío en Ti!” Quiero únicamente el canto de amor de tu corazón, no necesito tu ciencia o tu talento. Una sola cosa me importa, el verte vivir amando. No son tus virtudes las que quiero, si te las diese, eres tan débil, que alimentarías tu amor propio.



Te podría haber destinado a cosas grandes, pero no serías siervo inútil, te amo aunque te creas poca cosa, porque te he hecho para el amor; para Mi eres algo muy grande, aunque te veas tan humilde como Mi Madre. Yo estoy siempre a la puerta de tu corazón, como un mendigo suplicante; ¡Yo, Rey de Reyes!; te busco y te espero, apúrate y ábreme. No alegues tu miseria; si conocieses perfectamente tu indigencia, morirías de dolor.



Lo que más me heriría el corazón, sería verte dudar de Mi y faltar a la fe, no confiar en Mi. Quiero que pienses y confíes en Mi cada hora del día y de la noche, quiero que tú hagas, aún la acción más insignificante por mi amor. Cuento contigo para que ames y así darme gloria. No te preocupes de no tener virtudes o muchos talentos, te daré los míos. Cuando tengas que sufrir, te daré mi fortaleza. Dame tu amor, y te enseñaré a amar más allá de lo que nunca has soñado, ¡te daré mi Amor!; pero recuerda, ámame tal como eres ahora mismo. Te he dado a Mi Madre, deja todo en su Corazón Purísimo, pase lo que pase. No esperes a ser Santo para abandonarte al Amor, anda, ámame como eres; Yo estoy locamente enamorado de ti, te espero cada día hecho pan en la Eucaristía; déjate querer, ven a recibirme todos los días; y recuerda, ámame y confía en Mi ahora mismo, tal como eres.

Jesús.

¡Dios te ama!

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¡Dios te ama! 
   
Su amor es incondicional y supera todo límite. Este amor nos lo ha manifestado en todos los tiempos y de muchas maneras 
En la Sagrada Escritura hay una carta de Dios para ti. ¡Disfruta hoy de su amor! 
Yo conozco todo sobre ti… 
Sé cuando te sientas y cuando te levantas… 
Todos tus caminos me son conocidos… Sal. 139:1-3


Aun todos los cabellos de tu cabeza están contados… Mt 10:29-31
Porque tú has sido hecho a mi imagen… Génesis 1:27
En mí tú vives, te mueves, y eres: tú eres mi descendencia… Hech. 17:28


Te conocí aun antes de que fueras concebido… Jer. 1:4-5
Te escogí cuando planeé la creación… Ef. 1,4
No fuiste un error, porque todos tus días están escritos en mi libro… Sal. 139:15-16
Yo he determinado el tiempo exacto de tu nacimiento… Hech. 17:26
Has sido creado de forma maravillosa, te formé en el vientre de tu madre… Sal. 139:13-14
Te saqué del vientre de tu madre el día en que naciste… Sal. 71:6


  
Soy la manifestación perfecta del amor… 1 Jn 4:16
Es mi deseo gastar mi amor en ti porque tú eres mi hijo y Yo tu padre… 1 Jn 3:1
Cada dádiva que tú recibes viene de mis manos… Stg. 1:17
Porque Yo soy tu proveedor, quien suple tus necesidades… Mt 6,31:33

El plan que tengo para tu futuro está siempre lleno de esperanza… Jer. 29:11

  
Yo te amo con amor eterno… Jer. 31:3
Mis pensamientos sobre ti son incontables como la arena en la orilla del mar… Sal. 139,17-18
Me regocijo sobre ti con cánticos… Sof. 3:17
Yo nunca pararé de hacerte bien… Jer. 32:40
Tú eres mi tesoro más precioso… Éxodo 19:5
Deseo afirmarte dándote todo mi corazón y toda mi alma… Jer. 32:41
Yo quiero mostrarte cosas grandes y maravillosas… Jer. 33:3
Si me buscas con todo tu corazón, me encontrarás… Deum. 4:29
Deléitate en Mí y te concederé las peticiones de tu corazón… Sal. 37:4
Yo soy el que produce tus deseos… Fil. 2:13
Puedo hacer por ti mucho más de lo que tú podrías imaginar… Ef. 3:20
Yo soy tu aliento… 2 Tes. 2:16-17


  
Yo también soy el Padre que te consuela durante todos tus problemas… 2 Cor. 1:3-4
Cuando tu corazón está quebrantado, Yo estoy próximo a ti… Sal. 34:19
Así como el pastor carga a un cordero, Yo te cargo a ti cerca de mi corazón… Is. 40:11
Un día enjugaré cada lágrima de tus ojos y quitaré todo dolor que hayas sufrido… Apoc. 21:3-4


  
Yo soy tu Padre, y te he amado como a mi hijo, Jesús… Jn 17:23
porque en Jesús, mi amor hacía ti ha sido revelado… Jn 17:26
Él es la representación exacta de lo que Yo soy… Heb. 1:3
Él ha venido a demostrar que Yo estoy contigo, no contra ti… Rom. 8:31
Y también a decirte que Yo no estaré contando tus pecados… 2 Cor. 5:18-19
Porque Jesús murió para que tú y Yo pudiéramos ser reconciliados… 2 Cor. 5:18-19
Su muerte ha sido la última expresión de mi amor hacía ti… 1 Jn 4:10


  
Por mi amor hacía ti haré cualquier cosa que gane tu amor… Rom. 8:31-32
Si recibes el regalo de mi Hijo Jesús, me recibes a Mí… 1 Jn 2:23
Y ninguna cosa te podrá a ti separar otra vez de mi amor… Rom. 8:38-39
Vuelve a casa y participa de la mayor fiesta celestial que nunca has visto… Lc. 15:7
Yo siempre he sido Padre, y por siempre seré Padre… Ef. 3:14-15
La pregunta es… ¿quieres tú ser mi hijo?… Jn 1:12-13
Yo estoy esperando por ti… Lc. 15,11-3

  
Con amor…

  
Tu Padre Omnipotente, 
  
  

martes, 19 de junio de 2018

Santo Evangelio 19 de junio 2018


Día litúrgico: Martes XI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 5,43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»

Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu 
(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial» (Mt 5,45). ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿y nuestros compañeros de trabajo? ¿y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿cómo los amamos? ¿qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?

Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...

Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros.

Carta de Jesús para tí



Carta de Jesús para tí.


Puede ser que tú no me conozcas, pero Yo sé todo acerca de tí… Yo sé cuando te sientas y cuando te levantas … Todos tus caminos me son conocidos … Conozco cuántos cabellos hay en tu cabeza … Pues fuiste hecho a mi imagen …


Te conocí desde antes que fueses concebido(a) … Te escogí cuando planifiquéla creación … Tú no fuiste un error, pues todos tus días están escritos en mi Libro … Fuiste hecho maravillosamente … Yo te formé en el vientre de tu madre …


Te saqué de las entrañas de tu madre el día en que naciste … He sido mal presentado por los que no me conocen … Yo no estoy distante ni enojado, sino que soy la completa expresión del amor, manifestado en mi Hijo, Jesús … Y es mi deseo amarte, simplemente, porque fuiste creado para ser mi hijo(a) y que Yo sea tu Padre …


Yo te ofrezco más de lo que tus padres te han dado o te darían jamás … Porque Yo soy el Padre perfecto … Toda buena dádiva que recibes procede de Mí … Yo soy tu Proveedor y suplo todas tus necesidades … Mi plan para tu futuro está lleno de esperanza … Porque te amo con amor eterno … Mis pensamientos hacia tí son incontables, como la arena del mar … Yo estoy en medio de tí y te salvaré; me gozaré sobre tí con alegría …


Nunca dejaré de hacerte bien … Si oyes mi palabra y la guardas, serás mi especial tesoro … Deseo plantarte con todo mi corazón y con toda mi alma … Deseo mostrarte cosas grandes y maravillosas … Si me buscas con todo el corazón, me encontrarás …


Deléitate en mí y Yo te concederé los deseos de tu corazón … Porque Yo soy el que pongo en tí el querer como el hacer … Soy poderoso para hacer en tí mucho más de lo que tú te imaginas … Porque Yo soy tu gran Consolador … Soy el Padre que te consuela en todas tus tribulaciones … Yo estoy cercano a tí cuando tu corazón está quebrantado …


Como el pastor carga a su oveja, Yo te he llevado cerca de mi corazón … Un día quitaré toda lágrima de tus ojos y todo el dolor que has sufrido en la tierra… Yo te amo tanto, que envié a mi Hijo, Jesús, para que tengas vida eterna … Porque en Jesús es revelado mi amor por tí … Él es la representación exacta de mi ser … Él vino a demostrarte que Yo estoy por tí, no contra tí … Y para decirte que no me acordaré más de tus pecados … Jesús murió para que tú te reconciliaras conmigo … Su muerte fue la máxima expresión de mi amor por tí … Yo lo di todo por ganar tu amor …


Ven a casa y celebraré la fiesta más grande que el cielo haya visto jamás … Yo siempre he sido y siempre seré … Padre … Mi pregunta para tí es … ¿Quieres ser mi hijo? … Estoy con los brazos abiertos esperando por tí … Solo tienes que recibir a mi Hijo, Jesús, en tu corazón …

lunes, 18 de junio de 2018

Santo Evangelio 18 de junio 2018


Día litúrgico: Lunes XI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».


«Pues yo os digo: no resistáis al mal»

Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos enseña que el odio se supera en el perdón. La ley del talión era un progreso, pues limitaba el derecho de venganza a una justa proporción: sólo puedes hacer al prójimo lo que él te ha hecho a ti, de lo contrario cometerías una injusticia; esto es lo que significa el aforismo de «ojo por ojo, diente por diente». Aun así, era un progreso limitado, ya que Jesucristo en el Evangelio afirma la necesidad de superar la venganza con el amor; así lo expresó Él mismo cuando, en la Cruz, intercedió por sus verdugos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

No obstante, el perdón debe acompañarse con la verdad. No perdonamos tan sólo porque nos vemos impotentes o acomplejados. A menudo se ha confundido la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No es eso. Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien lo ha hecho, con un gesto pacífico pero decidido, la injusticia que ha cometido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». Jesús respondió con serenidad al criado insolente del sumo sacerdote: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23).

Vemos, pues, cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de frenar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia. San Basilio nos aconseja: «Haced caso y olvidaréis las injurias y agravios que os vengan del prójimo. Podréis ver los nombres diversos que tendréis uno y otro; a él lo llamarán colérico y violento, y a vosotros mansos y pacíficos. Él se arrepentirá un día de su violencia, y vosotros no os arrepentiréis nunca de vuestra mansedumbre».

Arouna fue vendido como esclavo, cruzó los Alpes andando...: la Iglesia le acogió, se sintió amado y se bautizó

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Arouna fue vendido como esclavo, cruzó los Alpes andando...: la Iglesia le acogió, se sintió amado y se bautizó

Encontró en la Iglesia Católica el trato y el amor que no había recibido nunca en su vida


Por: J.L. | Fuente: Religión en Libertad 


“Porque tuve hambre, y me distéis de comer; tuve sed, y me distéis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y acudisteis a mí”. Estas palabras que pronunció Jesús, y que recoge el Evangelio de Mateo, han sido puestas en práctica por la Iglesia desde su fundación hace 2.000 años. Además del mandato de anunciar la Buena Nueva la Iglesia se ha volcado y lo sigue haciendo ayudando a los últimos, sabiendo que aquellos olvidados son el mismo Cristo.

Decenas de millones de personas en dificultad son atendidas, acogidas y queridas por la Iglesia. Una de ellas es Arouna, que se ha convertido al catolicismo precisamente al ver el amor con el que fue tratado tras vivir una vida llena de sufrimientos y un viaje a Europa en el que fue hecho esclavo en África y casi pierde la vida en los Alpes.

Una Iglesia que ama provoca conversiones
Arouna es natural de Costa de Marfil, y es uno más de los millones de africanos que se juegan la vida para buscar una vida mejor en Europa. Muchos llegan a su destino, aunque no como esperaban, pero otros tantos pierden sus vidas por el camino.

Este joven cuenta a la publicación católica La Vie cómo vio de cara a la muerte, su dura y peligrosa travesía hasta Europa y su encuentro con una Iglesia amorosa, que le sorprendió de tal manera que le llevó a pedir el bautismo.

Llegó a Francia en enero, a través de los Alpes desde Francia. Cruzó el Col de l´Echelle de noche y avanzaba con mucho esfuerzo mientras la nieve le llegaba casi a la cintura. El frío le invadía el cuerpo y no iba preparado para estas condiciones climatológicas, pero el miedo a hacerlo de día era aún mayor. Finalmente, llegó a Briançon y alguien le pagó un billete de tren a París. Allí fue acogido tres meses por la Iglesia como parte de la Operación Invierno Solidario, en la que participan 27 parroquias de la capital francesa.

Pidió el Bautismo en Francia
Esta experiencia de acogida en la parroquia fue una auténtica sacudida para Arouna, que hasta entonces sólo había visto el mal que puede hacer el hombre. “Nunca en mi vida he sido tratado de esta manera”, asegura este joven, lo que le ha llevado a pedir ser católico.

Los sacerdotes de la parroquia como los voluntarios de esta pastoral de acogida quedaron impresionados por la claridad y sinceridad de este joven. Decidieron acompañarles en sus primeros pasos en la fe católica. Ahora, con la perspectiva de una vida muy dura, Arouna confiesa: “Cuando me siento y pienso en mi vida, creo que el Dios bueno es fuerte”.

Su agradecimiento le ha llevado para ofrecerse como camillero en una peregrinación a Lourdes. Hasta ahora su viaje había sido de huida, ahora lo es de felicidad.

Su proyecto inicial no pasaba por ir a Francia, ni siquiera a Europa. Huyendo de las amenazas que había sufrido en su país quería llegar a Argelia, donde quería reunirse con un conocido.

Esclavo en Libia
Sin embargo, tras pasar Burkina Faso fue consciente de que el paso a través de Mali era muy peligroso. Los touareg conocían estas rutas y atrapaban a los inmigrantes para luego revenderlos. Por ello, decidió desviarse hacia Níger, y finalmente encontró un camión en el que tras pagar una cantidad importante de dinero le llevaría a Argelia.

Pero tras un larguísimo viaje, el vehículo entró en un edificio. "Cuando las puertas se cerraron, me di cuenta de que era demasiado tarde”, cuenta él. Al igual que otros muchos, había sido engañado y vendido. Estaba en Libia y no en Argelia.

Encerrado y privado de su libertad, solo le daban comida y bebida una vez al día, alimentos que le cabían entre sus manos. Pensó que aquel sería su final.

"Dios me ayudó, Dios me salvó"
Dos meses después, un libio fue al lugar en el que estaba recluido y lo compró. Se convirtió en el pastor de sus ovejas y en agricultor de sus tierras. Pero a pesar de ello, Arouna era apreciado por esta familia, que le cuidó bien.

Unos meses más tarde le permitieron seguir su camino e incluso le pagaron el viaje a Europa, aunque sería muy peligrosa. Fletado por las mafias de personas, embarcó con otras 145 personas en una lancha hinchable. Un carguero francés logró rescatarlos en mitad del Mediterráneo, aunque esto no impidió que dos mujeres que viajaran con él murieran aplastadas. Fue trasladado a Napoles, y desde allí inició su otro viaje a Francia, a través de los Alpes. “Dios me ayudó, Dios me salvó”, cuenta ahora este joven marfileño.