jueves, 18 de octubre de 2018

Santo Evangelio 18 de octubre 2018


Día litúrgico: 18 de Octubre: San Lucas, evangelista


Texto del Evangelio (Lc 10,1-9): 

En aquel tiempo, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rogad, pues, al dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Id; mirad que os envío como corderos en medio de lobos. No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino. 

»En la casa en que entréis, decid primero: ‘Paz a esta casa’. Y si hubiere allí un hijo de paz, vuestra paz reposará sobre él; si no, se volverá a vosotros. Permaneced en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayáis de casa en casa. En la ciudad en que entréis y os reciban, comed lo que os pongan; curad los enfermos que haya en ella, y decidles: ‘El Reino de Dios está cerca de vosotros’».


«El Reino de Dios está cerca de vosotros»

Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet 
(Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)

Hoy, en la fiesta de san Lucas —el Evangelista de la mansedumbre de Cristo—, la Iglesia proclama este Evangelio en el que se presentan las características centrales del apóstol de Cristo.

El apóstol es, en primer lugar, el que ha sido llamado por el Señor, designado por Él mismo, con vistas a ser enviado en su nombre: ¡es Jesús quien llama a quien quiere para confiarle una misión concreta! «El Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir» (Lc 10,1).

El apóstol, pues, por haber sido llamado por el Señor, es, además, aquel que depende totalmente de Él. «No llevéis bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludéis a nadie en el camino» (Lc 10,4). Esta prohibición de Jesús a sus discípulos indica, sobre todo, que ellos han de dejar en sus manos aquello que es más esencial para vivir: el Señor, que viste los lirios de los campos y da alimento a los pájaros, quiere que su discípulo busque, en primer lugar, el Reino del cielo y no, en cambio, «qué comer ni qué beber, y [que] no estéis inquietos. [Porque] por todas esas cosas se afanan los gentiles del mundo; y ya sabe vuestro Padre que tenéis la necesidad de eso» (Lc 12,29-30).

El apóstol es, además, quien prepara el camino del Señor, anunciando su paz, curando a los enfermos y manifestando, así, la venida del Reino. La tarea del apóstol es, pues, central en y para la vida de la Iglesia, porque de ella depende la futura acogida al Maestro entre los hombres.

El mejor testimonio que nos puede ofrecer la fiesta de un Evangelista, de uno que ha narrado el anuncio de la Buena Nueva, es el de hacernos más conscientes de la dimensión apostólico-evangelizadora de nuestra vida cristiana.

De familia baptista, llegó a ser obispo episcopaliano diez años... y hoy es sacerdote católico

John Lipscomb fue obispo episcopaliano durante 10 años en Florida... pero llegó el momento en que eso ya no encajaba con la Biblia ni la Historia

John Lipscomb es uno de los 8 obispos anglicanos que se hicieron católicos en apenas 5 años

De familia baptista, llegó a ser obispo episcopaliano diez años... y hoy es sacerdote católico

John Lipscomb fue obispo episcopaliano durante 10 años en Florida... pero llegó el momento en que eso ya no encajaba con la Biblia ni la Historia 

John Lipscomb se crió en una familia baptista devota, fue pastor episcopaliano muchos años y llegó a ser obispo episcopaliano en Florida de 1997 a 2007. (Los episcopalianos son los anglicanos de Estados Unidos). Ese año, recién jubilado, con 58 años, se hizo católico. Por una dispensa especial de Roma, pese a estar casado, hoy es sacerdote.

Entre 2007 y 2012, en apenas cinco años, hubo un insólito "mini-boom" de obispos anglicanos que se hicieron católicos: lo hicieron 8. Fueron David Silk y Robert Mercer (que habían sido obispos misioneros en Australia), los ingleses Burnham, Broadhurst y Newton (hoy en el Ordinariato católico de Inglaterra), el obispo ya retirado inglés Edwin Barnes y dos norteamericanos: Jeffrey Steenson, que fue durante tres años obispo episcopaliano de Río Grande (y desde 2012 primer ordinario para los católicos ex-anglicanos de EEUU) y John Lipscomb, cuya historia ha explicado en el programa de TV CHNetwork.org y contaremos a continuación.

De bebé, en una caja, y adoptado

"Parte de lo que me llevó a la Iglesia Católica tiene que ver con un compromiso creciente con la santidad de la vida", explica Lipscomb. "Fui concebido fuera del matrimonio en 1949. Fui abandonado en una caja. El aborto podría haber sido quizá una forma conveniente de librarse de un problema para mis padres biológicos. Así que desde el principio he sentido gratitud por el don de la vida", explica.

Su padre adoptivo fue un pastor baptista, que le transmitió "un gran amor y reverencia por las Sagradas Escrituras": "los hombres y mujeres del Antiguo Testamento eran casi como miembros de nuestro familia". Su padre también le enseñó a amar y buscar la verdad: "Sigue la verdad adónde ella te lleve, porque donde esté la verdad estará Dios", decía. Estos factores (la defensa de la vida, el amor a la Escritura y la búsqueda de la verdad) serían los que le llevaron a la Iglesia Católica.

Desde los quince años quería ser pastor o sacerdote. Ya como baptista devoto, se hacía algunas preguntas sobre cómo debían entenderse algunas enseñanzas cristianas. Descubrió que en la historia hubo concilios (Nicea, Éfeso, Calcedonia) en la que la Iglesia fundaba unas enseñanzas... que luego usaban los baptistas "sin que francamente supiéramos que venían de ahí".

En el mundo episcopaliano

Se enamoró de una joven episcopaliana y empezó a profundizar en la historia, en el cristianismo litúrgico. Y estudió para ser sacerdote episcopaliano. En el seminario episcopaliano, en los años 70, contó con algunos profesores muy buenos que le ilustraron temas como los sacramentos y la confesión en el confesionario de una forma muy cercana ya a la católica. También tenía muchos colegas episcopalianos con devoción a la Virgen María. Mantenía firmes convicciones provida.

Fue misionero en África unos años, de donde volvió con una malaria pertinaz. Veía el poder transformador de la Palabra de Dios, pero también veía que algunos teólogos aguaban las Escrituras y las despojaban de su fuerza.

Al pasar los años, vio que en la Iglesia Episcopaliana cada vez más las doctrinas se desdibujaban, sin un centro ni autoridad. "Se decidían las doctrinas por votos mayoritarios de una generación concreta", señala. Cuando Marcus Grodi le pregunta en CHnetwork.org si había grupos de presión, grupos minoritarios e insistentes que lograban cambiar las doctrinas episcopalianas, Lipscomb, que como obispo asistió de cerca, responde: "Por supuesto".

Siendo pastor, y más adelante siendo obispo episcopaliano, "la falta de un Magisterio, de una autoridad central, era de lo que más me preocupaba. Como obispo veía crisis en la fe: yo no podía decir, 'tú cree lo que quieras, yo creeré lo que yo quiera, y nos encontraremos en un punto medio' ".

Durante años, Lipscomb rezó por la unión de los cristianos, por "sanar las heridas de la división". En los años 90 estudió los acuerdos ARCIC (de diálogo entre Roma y las iglesias anglicanas) que "me parecía que se movían en una buena dirección". Durante años se formó en reuniones de estudio y oración con pastores católicos, luteranos y anglicanos con deseo de unidad y profundizar en la fe.

¿Aceptar un obispo homosexual activo y militante?

En 2003 la Iglesia Episcopaliana designó obispo a Gene Robinson, un homosexual declarado, activo y militante, en relación homosexual con otro hombre, divorciado de una esposa previa, y con hijos.

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El obispo episcopaliano y militante gay Gene Robinson -con camisa fucsia- 
en una fiesta del Orgulo LGTB

Para entonces, desde 1997, Lipscomb era obispo de unos 40.000 episcopalianos en el suroeste de Florida. Él pensó que la Iglesia Episcopaliana se equivocaba con tal nombramiento y desde luego no pensaba defender el comportamiento homosexual, pero aún no le parecía un tema central, motivo de división. Pese a todo, firmó con otros clérigos que pensaban como él un texto señalando sus objeciones.

"Nunca pensé, entonces, que llegaría con el tiempo a ver, en 2006, en la revista Time, a la obispesa presidenta Katharine Jefferts Schori, negar que Jesús es la Verdad, el Camino y la Vida. Y entonces pensé: 'no puedo seguir estando aquí'". Él había sido misionero y evangelizador toda su vida: ver que Jesús no era reconocido fue la gota que colmó el vaso.

Fue ese el momento en que pensó en la Iglesia Católica. "Puedo servir mejor al Señor, ser más fiel, como laico en la Iglesia católica que como obispo episcopaliano", se dijo. Tenía deseo de seguir siendo clérigo, y había alguna posibilidad de serlo en la Iglesia Católica a través de una norma especial establecida por Juan Pablo II, la Provisión Pastoral para ex-clérigos protestantes. Sabía que no había ninguna garantía, pero ser simplemente laico católico ya le parecía bien.

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John y su esposa en 2009, ya como sacerdote católico;
un permiso especial de Roma permite ordenar hombres casados
que sean ex-pastores protestantes

"Mi esposa era episcopaliana desde niña. Yo tomé mi decisión de hacerme católico porque era lo que tenía que hacer. No le dije a ella nada de 'tú tienes que venir conmigo', por supuesto. Pero dos semanas después de que yo tomara mi decisión, ella entró en mi estudio, me dijo que había estado pensando y rezando, preguntando a Dios qué debía hacer, y sintió que tenía que tomar la misma decisión. Fue maravilloso poder ser recibidos juntos y confirmados juntos. Fuimos recibidos en la Iglesia Católica en 2007".

Uno de los momento más felices

Dice que el momento en que fue recibido en la Iglesia Católica fue uno de los más felices de su vida. "Mi nieta dijo: 'entraste aquí como obispo y ahora sales como nada'. Pero, no, yo salía como hijo de Dios, heredero del Reino".

Considera que estar durante unos años fuera del ministerio pastoral fue una bendición que le permitió estudiar, leer y mejorar su formación católica. Con todo, el permiso de Roma para ser ordenado sacerdote llegó pronto: en diciembre de 2009 volvía al servicio pastoral, ahora como sacerdote católico.

"La Iglesia es de verdad la que transmite la fe que sostenemos. La Iglesia es la que nos mantiene como Cuerpo de Cristo, con todas las manchas y fallos que sea, mantiene la verdad que recibimos. No somos nosotros, votando por un 51% de los votos, es la tradición de lo recibido".

Hoy cree que vivimos un asalto del Maligno, un ataque especial contra la Iglesia. Pero se muestra esperanzado. "En este momento la Iglesia tiene la oportunidad de ser más sana, de ser un agente más profundo del Evangelio, profundizando en la historia. Saquemos la pus, limpiemos la infección, dolerá un rato, pero el Espíritu Santo nos llevará hacia la verdad plena y nos hará más sanos", asegura.

Fuente: Religión en Libertad


miércoles, 17 de octubre de 2018

Santo Evangelio 17 de octubre 2018


Día litúrgico: Miércoles XXVIII del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Lc 11,42-46): 

En aquel tiempo, el Señor dijo: «¡Ay de vosotros, los fariseos, que pagáis el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejáis a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello. ¡Ay de vosotros, los fariseos, que amáis el primer asiento en las sinagogas y que se os salude en las plazas! ¡Ay de vosotros, pues sois como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!». Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!». Pero Él dijo: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!».


«Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello»

+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol 
(Igualada, Barcelona, España)

Hoy vemos cómo el Divino Maestro nos da algunas lecciones: entre ellas, nos habla de los diezmos y también de la coherencia que han de tener los educadores (padres, maestros y todo cristiano apóstol). En el Evangelio según san Lucas de la Misa de hoy, la enseñanza aparece de manera más sintética, pero en los pasajes paralelos de Mateo (23,1ss.) es bastante extensa y concreta. Todo el pensamiento del Señor concluye en que el alma de nuestra actividad han de ser la justicia, la caridad, la misericordia y la fidelidad (cf. Lc 11,42).

Los diezmos en el Antiguo Testamento y nuestra actual colaboración con la Iglesia, según las leyes y las costumbres, van en la misma línea. Pero dar valor de ley obligatoria a cosas pequeñas —como lo hacían los Maestros de la Ley— es exagerado y fatigoso: «¡Ay también de vosotros, los legistas, que imponéis a los hombres cargas intolerables, y vosotros no las tocáis ni con uno de vuestros dedos!» (Lc 11,46). 

Es verdad que las personas que afinan tienen delicadezas de generosidad. Hemos tenido vivencias recientes de personas que de la cosecha traen para la Iglesia —para el culto y para los pobres— el 10% (el diezmo); otros que reservan la primera flor (las primicias), el mejor fruto de su huerto; o bien vienen a ofrecer el mismo importe que han gastado en el viaje de descanso o de vacaciones; otros traen el producto preferido de su trabajo, todo ello con este mismo fin. Se adivina ahí asimilado el espíritu del Santo Evangelio. El amor es ingenioso; de las cosas pequeñas obtiene alegrías y méritos ante Dios.

El buen pastor pasa al frente del rebaño. Los buenos padres son modelo: el ejemplo arrastra. Los buenos educadores se esfuerzan en vivir las virtudes que enseñan. Esto es la coherencia. No solamente con un dedo, sino de lleno: Vida de Sagrario, devoción a la Virgen, pequeños servicios en el hogar, difundir buen humor cristiano... «Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas» (San Josemaría).

¿Por qué pide ahora el Papa que se rece el «Bajo tu amparo nos acogemos»? Responde «su» mariólogo

Confiar la Iglesia al cuidado de la Madre de Dios ha sido una constante en la historia, en particular en los últimos siglos, señala Corrado Maggioni.

Corrado Maggioni es subsecretario de la Congregación para el Culto Divino

¿Por qué pide ahora el Papa que se rece el «Bajo tu amparo nos acogemos»? Responde «su» mariólogo

Confiar la Iglesia al cuidado de la Madre de Dios ha sido una constante en la historia, en particular en los últimos siglos, señala Corrado Maggioni.

Francisco sorprendió a todos el 29 de septiembre con tres peticiones muy especiales, sobre todo las dos últimas: rezar el Rosario diariamente durante todo octubre, y añadir el Bajo tu amparo nos acogemos y la oración a San Miguel Arcángel. Se ha puesto mucho acento en esta segunda, por su directa relación con los ataques del diablo a la Iglesia y por ser la recuperación de una iniciativa de León XIII, y menos en la primera. El diario de los obispos italianos, L'Avvenire, ha entrevistado al respecto a un mariólogo de relieve, Corrado Maggioni, muy próximo a Francisco, y cuyas declaraciones ha traducido al español el portal mariano Cari Filii: 

El Rosario será un “dique” para proteger a la Iglesia de las divisiones inspiradas por el Maligno. El Papa Francisco está convencido de ello, y el pasado 29 de septiembre exhortó a los fieles de todo el mundo a rezar durante todo el mes de octubre con la oración mariana que Pío XII definió como “un compendio de todo el Evangelio”. 

Formas "desconcertantes" de ataque del demonio 

“La Iglesia ha tenido desde siempre que lidiar con divisiones y pecados, aunque hoy asistimos a formas desconcertantes, porque uno no se las esperaría. Cuando se hacen más evidentes las tentativas diabólicas para desgarrar el vestido de la Esposa de Cristo, hay que recurrir a la oración, que es fuente de comunión y de paz. Y el Rosario es una forma probada de oración, tanto personal como comunitaria”, afirma el sacerdote montfortano Corrado Maggioni. Subsecretario de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos –un nombramiento de Francisco–, es profesor en la Pontificia Facultad Teológica Marianum y en el Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo de Roma. Y ha dedicado a la Virgen numerosas publicaciones.
El religioso explica en Avvenire el sentido de la iniciativa lanzada por Bergoglio. “Que el Papa señale una intención especial de oración, en particular en octubre, mes del Rosario, es una práctica conocida. Este año Francisco recomendó acudir a la ayuda de la Madre de Dios y de San Miguel Arcángel con el fin de no quedar atrapados en los lazos del diablo 'que busca siempre separarnos de Dios y separarnos entre nosotros'. Las divisiones en la Iglesia siempre hacen el juego al diablo, una palabra griega que significa 'el que divide'. La misión el diablo, en efecto, es justo provocar confusión, distorsionar la visión de las cosas, desacreditar, insinuar la sombra allí donde resplandece la luz”. 


Francisco ha pedido que durante el mes de octubre se rece la Oración a San Miguel Arcángel al finalizar el Rosario.

La invitación del Pontífice se inserta en el corazón del mes del Rosario por excelencia, octubre. De hecho, el 7 de octubre se celebra la memoria litúrgica de la Santísima Virgen María del Rosario. “Este vínculo remonta al siglo pasado –aclara el padre Maggioni-. Tras las apariciones de Lourdes (1858), en las que María se apareció con el Rosario en las manos, se abrió camino la costumbre de rezarlo todos los días de octubre con motivo de coincidir en este mes la evocación de la Virgen del Rosario, que se celebra hoy el 7 de octubre.



El Papa León XIII hizo obligatorio el rezo diario del Rosario durante el mes de octubre en todas las iglesias.

Esta costumbre, alabada por el Beato Pío IX, quien le asoció indulgencias, se difundió en toda la Iglesia con León XIII, quien lo hizo obligatorio en los días de octubre en todas las iglesias, indicando el rezo del Rosario como la vía segura para implorar de Dios, con la potente intercesión de María, serenidad y paz para la Iglesia y para la sociedad. Ése fue el periodo en el que el rezo del Rosario, a partir del mes de octubre, se difundió habitualmente en las familias más fervientes como cotidiana oración vespertina”.

Y en este escenario de 2018 la oración, en particular el Rosario, es propuesta por el Papa Francisco como fuerza par vencer al “gran acusador”.



“Es verdad”, subraya el mariólogo de la Compañía de María, la congregación más comúnmente conocida como los montfortianos, “la oración es fuerza porque permite recibir la fuerza del Espíritu de Cristo, vencedor del Maligno. Según las palabras de Jesús, el Espíritu Santo es nuestro abogado, el defensor seguro, quien impide al acusador, que es precisamente el diablo, dar vueltas por el mundo cobrándose víctimas”.



Y el padre Maggioni insiste en que se sepa: “Hoy las noticias diabólicas, es decir, que buscan la división, dan la vuelta al mundo en pocos minutos, envenenando los corazones. La oración es el modo del que disponemos para conectarnos con el Espíritu de Dios que trabaja para unir, suscitar concordia, crear armonía. Sin duda es sobre todo la misa dominical la que nos permite nutrirnos del Espíritu de Cristo. A su luz, también el Rosario, con las repeticiones de Padrenuestros, Avemarías y Glorias, meditando los misterios de la vida de Cristo, nos ayuda a custodiar la unión con Él y a huir de las garras del ‘gran acusador’”.

La más antigua oración mariana

Del Papa llega también una sugerencia más. Bergoglio pide que al final del rezo del Rosario, nos volvamos a la Virgen con la invocación Sub tuum praesidium.


Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios. No desoigas nuestras súplicas en las necesidades que te presentamos, antes bien líbranos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita. Amén.

“Es la más antigua oración mariana, difundida por Oriente y Occidente, encontrada en 1927 sobre un papiro egipcio de finales del siglo III, que dice: ‘Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios’ –observa el subsecretario de la Congregación para el Culto Divino-. Su valor doctrinal es relevante porque aparece el título Theotokos, es decir, Madre de Dios, antes de su reconocimiento en el Concilio de Éfeso en 431. También es evidente su valor como culto, porque es una súplica dirigida directamente a María. Aunque ignoramos qué prueba la habrá inspirado, está claro que era un recurso común de los fieles a la Madre de Dios, seguros de que ella los ayudaría a causa de su maternidad divina. Buscar la protección de María no contradice el refugiarse en Dios, es más, lo facilita. ¿Dónde encontrar a Dios sino en aquella que nos lo ofreció como salvador y liberador del maligno? María es la casa en la que Dios mismo ha hecho morada. Buscamos refugio en ella para no engañarnos, arriesgándonos a buscar al liberador allí donde no se encuentra. Desde aquí se eleva la conmovedora invocación: ‘No desoigas nuestras súplicas en las necesidades que te presentamos y líbranos de todos los peligros’. Se suplica a la 'Virgen gloriosa y bendita' seguros de que, en lo que de ella dependa nuestra liberación del mal, no puede no concederlo y socorrer a quien la invoca. El Papa nos llama pues a pedir a María que ponga la Iglesia bajo su manto ‘para defenderla  de los ataques del maligno, el gran acusador, y hacerla, al mismo tiempo,  cada vez más consciente de las culpas, de los errores, de los abusos cometidos en el presente y en el pasado y comprometida a luchar sin ninguna vacilación para que el mal no prevalezca’”.

Pincha aquí para leer la noticia completa en Avvenire.

martes, 16 de octubre de 2018

Santo Evangelio 16 de octubre 2018


Día litúrgico: Martes XXVIII del tiempo ordinario

Ver 1ª Lectura y Salmo
Texto del Evangelio (Lc 11,37-41): 

En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba, un fariseo le rogó que fuera a comer con él; entrando, pues, se puso a la mesa. Pero el fariseo se quedó admirado viendo que había omitido las abluciones antes de comer. Pero el Señor le dijo: «¡Bien! Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. ¡Insensatos! el que hizo el exterior, ¿no hizo también el interior? Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros».


«Dad más bien en limosna lo que tenéis, y así todas las cosas serán puras para vosotros»

Rev. D. Pedro IGLESIAS Martínez 
(Rubí, Barcelona, España)

Hoy, el evangelista sitúa a Jesús en un banquete: «Un fariseo le rogó que fuera a comer con él» (Lc 11,37). ¡En buena hora tuvo tal ocurrencia! ¡Qué cara debió poner el anfitrión cuando el invitado se saltó la norma ritual de lavarse (que no era un precepto de la Ley, sino de la tradición de los antiguos rabinos) y además les censuró contundentemente a él y a su grupo social!. El fariseo no acertó en el día, y el comportamiento de Jesús, como diríamos hoy, no fue “políticamente correcto”.

Los evangelios nos muestran que al Señor le importaba poco el “qué dirán” y lo “políticamente correcto”; por eso, pese a quien pese, ambas cosas no deben ser norma de actuación de quien se considere cristiano. Jesús condena claramente la actuación propia de la doble moral, la hipocresía que busca la conveniencia o el engaño: «Vosotros, los fariseos, purificáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad» (Lc 11,39). Como siempre, la Palabra de Dios nos interpela sobre usos y costumbres de nuestra vida cotidiana, en la que acabamos convirtiendo en “valores” patrañas que intentan disimular los pecados de soberbia, egoísmo y orgullo, en un intento de “globalizar” la moral en lo políticamente correcto, para no desentonar y no quedar marginados, sin que importe el precio a pagar, ni como ennegrezcamos nuestra alma, pues, a fin de cuentas, todo el mundo lo hace.

Decía san Basilio que «de nada debe huir el hombre prudente tanto como de vivir según la opinión de los demás». Si somos testigos de Cristo, hemos de saber que la verdad siempre es y será verdad, aunque lluevan chuzos. Esta es nuestra misión en medio de los hombres con quienes compartimos la vida, procurando mantenernos limpios según el modelo de hombre que Dios nos revela en Cristo. La limpieza del espíritu pasa por encima de las formas sociales y, si en algún momento nos surge la duda, recordemos que los limpios de corazón verán a Dios. Que cada uno elija el objetivo de su mirada para toda la eternidad.

Pablo VI y Óscar Romero ya son santos: «Han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin cálculos»

El Papa canonizó este domingo al Papa Pablo VI, el obispo Óscar Romero, los sacerdotes Francesco Spinelli y Vinzenzo Romano, las religiosas Nazaria Ignacia y María Caterina Kasper, y el laico Nunzio Sulprizio.

Pablo VI y Óscar Romero ya son santos: «Han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin cálculos»

El Papa canonizó este domingo al Papa Pablo VI, el obispo Óscar Romero, los sacerdotes Francesco Spinelli y Vinzenzo Romano, las religiosas Nazaria Ignacia y María Caterina Kasper, y el laico Nunzio Sulprizio.

El Papa canonizó este domingo al Papa Pablo VI, el obispo Óscar Romero, los sacerdotes Francesco Spinelli y Vinzenzo Romano, las religiosas Nazaria Ignacia y María Caterina Kasper, y el laico Nunzio Sulprizio.

Con una Plaza de San Pedro abarrotada de fieles provenientes de todo el mundo y en pleno Sínodo de los Obispos que se está celebrando en Roma, el Papa Francisco ha presidido la canonización de importantes figuras de la Iglesia. Los nuevos santos han sido el Papa Pablo VI, el obispo salvadoreño Óscar Romero, los sacerdotes italianos Francesco Spinelli y Vinzenzo Romano, las religiosas Nazaria Ignacia y María Caterina Kasper así como del laico Nunzio Sulprizio.

Durante la ceremonia de canonización se presentaron las reliquias de los nuevos santos. Destacó la camiseta ensangretada que Pablo VI llevaba cuando sufrió el atentado en Manila. Del mismo modo, hubo fragmentos óseos del obispo Romero y del resto de beatos, excepto de la religiosa Nazaria, de la que se presentó un mechón de pelo.

La "radicalidad" del Evangelio

En su homilía, el Papa Francisco habló de la radicalidad del mensaje de Jesús en el Evangelio, y destacó como los nuevos santos tienen como punto en común esta entrega y amor “radical” por la Iglesia y por Cristo.

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“Un corazón desprendido de los bienes, que ama libremente al Señor, difunde siempre la alegría, esa alegría tan necesaria hoy. El santo Papa Pablo VI escribió: ‘Es precisamente en medio de sus dificultades cuando nuestros contemporáneos tienen necesidad de conocer la alegría, de escuchar su canto’”, recordó Francisco.

Por ello, el Santo Padre indicó que “Jesús nos invita hoy a regresar a las fuentes de la alegría, que son el encuentro con él, la valiente decisión de arriesgarnos a seguirlo, el placer de dejar algo para abrazar su camino. Los santos han recorrido este camino”.

Pese a las dificultades e incomprensiones

Según recalcó Francisco, Pablo VI realizó este camino “siguiendo el ejemplo del apóstol del que tomó su nombre. Al igual que él, gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres. Pablo VI, aun en medio de dificultades e incomprensiones, testimonió de una manera apasionada la belleza y la alegría de seguir totalmente a Jesús. También hoy nos exhorta, junto con el Concilio del que fue sabio timonel, a vivir nuestra vocación común: la vocación universal a la santidad. No a medias, sino a la santidad”.

Para el Papa, “es hermoso que junto a él y a los demás santos y santas de hoy, se encuentre Monseñor Romero, quien dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos. Lo mismo puede decirse de Francisco Spinelli, de Vicente Romano, de María Catalina Kasper, de Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús y de Nuncio Sulprizio. Todos estos santos, en diferentes contextos, han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculos, con el ardor de arriesgar y de dejar. Que el Señor nos ayude a imitar su ejemplo”.

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Francisco insistió, citando las lecturas de la misa de este domingo, que “Jesús es radical”. Explicó que “Él lo da todo y lo pide todo: da un amor total y pide un corazón indiviso. También hoy se nos da como pan vivo; ¿podemos darle a cambio las migajas? A él, que se hizo siervo nuestro hasta el punto de ir a la cruz por nosotros, no podemos responderle solo con la observancia de algún precepto. A él, que nos ofrece la vida eterna, no podemos darle un poco de tiempo sobrante. Jesús no se conforma con un ‘porcentaje de amor’: no podemos amarlo al veinte, al cincuenta o al sesenta por ciento. O todo o nada”.

"¿De qué lado estamos?"

Durante su homilía, el Papa prosiguió asegurando que “el corazón es como un imán: se deja atraer por el amor, pero solo se adhiere por un lado y debe elegir entre amar a Dios o amar las riquezas del mundo; vivir para amar o vivir para sí mismo”

Por ello, lanzó varias preguntas: “¿de qué lado estamos? Preguntémonos cómo va nuestra historia de amor con Dios. ¿Nos conformamos con cumplir algunos preceptos o seguimos a Jesús como enamorados, realmente dispuestos a dejar algo para él? Jesús nos pregunta a cada uno personalmente, y a todos como Iglesia en camino: ¿somos una Iglesia que solo predica buenos preceptos o una Iglesia-esposa, que por su Señor se lanza a amar? ¿Lo seguimos de verdad o volvemos sobre los pasos del mundo, como aquel personaje del Evangelio? En resumen, ¿nos basta Jesús o buscamos las seguridades del mundo?”.

“Pidamos la gracia de saber dejar por amor del Señor: dejar las riquezas, la nostalgia de los puestos y el poder, las estructuras que ya no son adecuadas para el anuncio del Evangelio, los lastres que entorpecen la misión, los lazos que nos atan al mundo. Sin un salto hacia adelante en el amor, nuestra vida y nuestra Iglesia se enferman de 'autocomplacencia egocéntrica': se busca la alegría en cualquier placer pasajero, se recluye en la murmuración estéril, se acomoda a la monotonía de una vida cristiana sin ímpetu, en la que un poco de narcisismo cubre la tristeza de sentirse imperfecto”, sentenció.

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Homilía íntegra del Papa Francisco

La segunda lectura nos ha dicho que «la palabra de Dios es viva y eficaz, más tajante que espada de doble filo» (Hb 4,12). Es así: la palabra de Dios no es un conjunto de verdades o una edificante narración espiritual; no, es palabra viva, que toca la vida, que la transforma. Allí, Jesús en persona, que es la palabra viva de Dios, nos habla al corazón.

El Evangelio, en particular, nos invita a encontrarnos con el Señor, siguiendo el ejemplo de ese «uno» que «se le acercó corriendo» (cf. Mc 10,17). Podemos identificarnos con ese hombre, del que no se dice el nombre en el texto, como para sugerir que puede representar a cada uno de nosotros. Le pregunta a Jesús cómo «heredar la vida eterna» (v. 17). Él pide la vida para siempre, la vida en plenitud: ¿quién de nosotros no la querría? Pero, vemos que la pide como una herencia para poseer, como un bien que hay que obtener, que ha de conquistarse con las propias fuerzas. De hecho, para conseguir este bien ha observado los mandamientos desde la infancia y para lograr el objetivo está dispuesto a observar otros mandamientos; por esto pregunta: «¿Qué debo hacer para heredar?».

La respuesta de Jesús lo desconcierta. El Señor pone su mirada en él y lo ama (cf. v. 21). Jesús cambia la perspectiva: de los preceptos observados para obtener recompensas al amor gratuito y total. Aquella persona hablaba en términos de oferta y demanda, Jesús le propone una historia de amor. Le pide que pase de la observancia de las leyes al don de sí mismo, de hacer por sí mismo a estar con él. Y le hace una propuesta de vida «tajante»: «Vende lo que tienes, dáselo a los pobres […] y luego ven y sígueme» (v. 21). Jesús también te dice a ti: «Ven, sígueme». Ven: no estés quieto, porque para ser de Jesús no es suficiente con no hacer nada malo. Sígueme: no vayas detrás de Jesús solo cuando te apetezca, sino búscalo cada día; no te conformes con observar los preceptos, con dar un poco de limosna y decir algunas oraciones: encuentra en él al Dios que siempre te ama, el sentido de tu vida, la fuerza para entregarte.

Jesús sigue diciendo: «Vende lo que tienes y dáselo a los pobres». El Señor no hace teorías sobre la pobreza y la riqueza, sino que va directo a la vida. Él te pide que dejes lo que paraliza el corazón, que te vacíes de bienes para dejarle espacio a él, único bien. Verdaderamente, no se puede seguir a Jesús cuando se está lastrado por las cosas. Porque, si el corazón está lleno de bienes, no habrá espacio para el Señor, que se convertirá en una cosa más. Por eso la riqueza es peligrosa y –dice Jesús–, dificulta incluso la salvación. No porque Dios sea severo, ¡no! El problema está en nosotros: el tener demasiado, el querer demasiado sofoca nuestro corazón y nos hace incapaces de amar. De ahí que san Pablo recuerde que «el amor al dinero es la raíz de todos los males» (1 Tm 6,10). Lo vemos: donde el dinero se pone en el centro, no hay lugar para Dios y tampoco para el hombre.

Jesús es radical. Él lo da todo y lo pide todo: da un amor total y pide un corazón indiviso.  También hoy se nos da como pan vivo; ¿podemos darle a cambio las migajas? A él, que se hizo siervo nuestro hasta el punto de ir a la cruz por nosotros, no podemos responderle solo con la observancia de algún precepto. A él, que nos ofrece la vida eterna, no podemos darle un poco de tiempo sobrante. Jesús no se conforma con un «porcentaje de amor»: no podemos amarlo al veinte, al cincuenta o al sesenta por ciento. O todo o nada.

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Queridos hermanos y hermanas, nuestro corazón es como un imán: se deja atraer por el amor, pero solo se adhiere por un lado y debe elegir entre amar a Dios o amar las riquezas del mundo (cf. Mt 6,24); vivir para amar o vivir para sí mismo (cf. Mc 8,35). Preguntémonos de qué lado estamos. Preguntémonos cómo va nuestra historia de amor con Dios. ¿Nos conformamos con cumplir algunos preceptos o seguimos a Jesús como enamorados, realmente dispuestos a dejar algo para él? Jesús nos pregunta a cada uno personalmente, y a todos como Iglesia en camino: ¿somos una Iglesia que solo predica buenos preceptos o una Iglesia-esposa, que por su Señor se lanza a amar? ¿Lo seguimos de verdad o volvemos sobre los pasos del mundo, como aquel personaje del Evangelio? En resumen, ¿nos basta Jesús o buscamos las seguridades del mundo? Pidamos la gracia de saber dejar por amor del Señor: dejar las riquezas, la nostalgia de los puestos y el poder, las estructuras que ya no son adecuadas para el anuncio del Evangelio, los lastres que entorpecen la misión, los lazos que nos atan al mundo. Sin un salto hacia adelante en el amor, nuestra vida y nuestra Iglesia se enferman de «autocomplacencia egocéntrica» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 95): se busca la alegría en cualquier placer pasajero, se recluye en la murmuración estéril, se acomoda a la monotonía de una vida cristiana sin ímpetu, en la que un poco de narcisismo cubre la tristeza de sentirse imperfecto.

Así sucedió para ese hombre, que –cuenta el Evangelio– «se marchó triste» (v. 22). Se había aferrado a los preceptos y a sus muchos bienes, no había dado su corazón. Y aunque se encontró con Jesús y recibió su mirada amorosa, se fue triste. La tristeza es la prueba del amor inacabado. Es el signo de un corazón tibio. En cambio, un corazón desprendido de los bienes, que ama libremente al Señor, difunde siempre la alegría, esa alegría tan necesaria hoy. El santo Papa Pablo VI escribió: «Es precisamente en medio de sus dificultades cuando nuestros contemporáneos tienen necesidad de conocer la alegría, de escuchar su canto» (Exhort. ap. Gaudete in Domino, 9). Jesús nos invita hoy a regresar a las fuentes de la alegría, que son el encuentro con él, la valiente decisión de arriesgarnos a seguirlo, el placer de dejar algo para abrazar su camino. Los santos han recorrido este camino.

Pablo VI lo hizo, siguiendo el ejemplo del apóstol del que tomó su nombre. Al igual que él, gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres. Pablo VI, aun en medio de dificultades e incomprensiones, testimonió de una manera apasionada la belleza y la alegría de seguir totalmente a Jesús. También hoy nos exhorta, junto con el Concilio del que fue sabio timonel, a vivir nuestra vocación común: la vocación universal a la santidad. No a medias, sino a la santidad. Es hermoso que junto a él y a los demás santos y santas de hoy, se encuentre Monseñor Romero, quien dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos. Lo mismo puede decirse de Francisco Spinelli, de Vicente Romano, de María Catalina Kasper, de Nazaria Ignacia de Santa Teresa de Jesús y de Nuncio Sulprizio. Todos estos santos, en diferentes contextos, han traducido con la vida la Palabra de hoy, sin tibieza, sin cálculos, con el ardor de arriesgar y de dejar. Que el Señor nos ayude a imitar su ejemplo.

Fuente: Religión en libertad

lunes, 15 de octubre de 2018

Santo Evangelio 15 de octubre 2018


Día litúrgico: Lunes XXVIII del tiempo ordinario

Santoral 15 de Octubre: Santa Teresa de Jesús, virgen y doctora de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 11,29-32): 

En aquel tiempo, habiéndose reunido la gente alrededor de Jesús, Él comenzó a decir: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación. La reina del Mediodía se levantará en el Juicio con los hombres de esta generación y los condenará: porque ella vino de los confines de la tierra a oír la sabiduría de Salomón, y aquí hay algo más que Salomón. Los ninivitas se levantarán en el Juicio con esta generación y la condenarán; porque ellos se convirtieron por la predicación de Jonás, y aquí hay algo más que Jonás».


«Esta generación es una generación malvada; pide una señal»

P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP 
(San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)

Hoy, la voz dulce —pero severa— de Cristo pone en guardia a los que están convencidos de tener ya el “billete” para el Paraíso solamente porque dicen: «¡Jesús, qué bello que eres!». Cristo ha pagado el precio de nuestra salvación sin excluir a nadie, pero hay que observar unas condiciones básicas. Y, entre otras, está la de no pretender que Cristo lo haga todo y nosotros nada. Esto sería no solamente necedad, sino malvada soberbia. Por esto, el Señor hoy usa la palabra “malvada”: «Esta generación es una generación malvada; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás» (Lc 11,29). Le da el nombre de “malvada” porque pone la condición de ver antes milagros espectaculares para dar después su eventual y condescendiente adhesión.

Ni ante sus paisanos de Nazaret accedió, porque —¡exigentes!— pretendían que Jesús signara su misión de profeta y Mesías mediante maravillosos prodigios, que ellos querrían saborear como espectadores sentados desde la butaca de un cine. Pero eso no puede ser: el Señor ofrece la salvación, pero sólo a aquel que se sujeta a Él mediante una obediencia que nace de la fe, que espera y calla. Dios pretende esa fe antecedente (que en nuestro interior Él mismo ha puesto como una semilla de gracia).

Un testigo en contra de los creyentes que mantienen una caricatura de la fe será la reina del Mediodía, que se desplazó desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y resulta que «aquí hay algo más que Salomón» (Lc 11,31). Dice un proverbio que «no hay peor sordo que quien no quiere oír». Cristo, condenado a muerte, resucitará a los tres días: a quien le reconozca, le propone la salvación, mientras que para los otros —regresando como Juez— no quedará ya nada qué hacer, sino oír la condenación por obstinada incredulidad. Aceptémosle con fe y amor adelantados. Le reconoceremos y nos reconocerá como suyos. Decía el Siervo de Dios Don Alberione: «Dios no gasta la luz: enciende las lamparillas en la medida en que hagan falta, pero siempre en tiempo oportuno».