jueves, 22 de junio de 2017

Santo Evangelio 22 de junio 2017


Día litúrgico: Jueves XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».


«Si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial»
Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach 
(Vilamarí, Girona, España)


Hoy, Jesús nos propone un ideal grande y difícil: el perdón de las ofensas. Y establece una medida muy razonable: la nuestra: «Si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,14-15). En otro lugar había mostrado la regla de oro de la convivencia humana: «Tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros» (Mt 7,12).

Queremos que Dios nos perdone y que los demás también lo hagan; pero nosotros nos resistimos a hacerlo. Cuesta pedir perdón; pero darlo todavía cuesta más. Si fuéramos humildes de veras, no nos sería tan difícil; pero el orgullo nos lo hace trabajoso. Por eso podemos establecer la siguiente ecuación: a mayor humildad, mayor facilidad; a mayor orgullo, mayor dificultad. Esto te dará una pista para conocer tu grado de humildad.

Acabada la guerra civil española (año 1939), unos sacerdotes excautivos celebraron una Misa de acción de gracias en la iglesia de Els Omells. El celebrante, tras las palabras del Padrenuestro «perdona nuestras ofensas», se quedó parado y no podía continuar. No se veía con ánimos de perdonar a quienes les habían hecho padecer tanto allí mismo en un campo de trabajos forzados. Pasados unos instantes, en medio de un silencio que se podía cortar, retomó la oración: «así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Después se preguntaron cuál había sido la mejor homilía. Todos estuvieron de acuerdo: la del silencio del celebrante cuando rezaba el Padrenuestro. Cuesta, pero es posible con la ayuda del Señor.

Además, el perdón que Dios nos da es total, llega hasta el olvido. Marginamos muy pronto los favores, pero las ofensas... Si los matrimonios las supieran olvidar, se evitarían y se podrían solucionar muchos dramas familiares.

Que la Madre de misericordia nos ayude a comprender a los otros y a perdonarlos generosamente.

Practicar eutanasias o despido, el ultimátum a una enfermera en Canadá: prefirió su fe a su trabajo


¿Quieren eliminar a los cristianos del ámbito de la Salud?

Practicar eutanasias o despido, el ultimátum a una enfermera en Canadá: prefirió su fe a su trabajo

Mary Jean ha tenido que dejar su profesión tras 30 años ejerciendo la atención a enfermos

Practicar eutanasias o despido, el ultimátum a una enfermera en Canadá: prefirió su fe a su trabajo

La ley de la eutanasia que lleva funcionando apenas un año en Canadá sigue cobrándose víctimas tanto de enfermos como del personal médico que se arriesga a ser despedido si no aplica esta normativa que consiste en acabar con la vida de los pacientes a los que juraron curar y cuidar.

La polémica Ley C-14 aprobada por el gobierno del liberal Justin Trudeau, defensor del aborto, la eutanasia y la ideología de género, provocó la muerte de 744 personas tan sólo en los primeros seis meses de vigencia aunque los expertos esperan que siga aumentando hasta superar el 5% de las muertes totales que se produzcan en Canadá.

Eutanasia o despido
Muchos médicos y enfermos se encuentran contra la espada y la pared. Es lo que le ha ocurrido a la enfermera Mary Jean Martin, que como católica ha tenido que enfrentarse a esta nueva ley, o practicar la eutanasia o ser despedida. Estas eran las dos opciones que le dieron a esta mujer que ejercía como coordinadora de atención domiciliaria en Ontario. Actualmente, está sin trabajo porque eligió su conciencia y su fe a provocar la muerte de unos pacientes a los que juró curar y no matar.

La región de Ontario añadió además una disposición a la ley estatal en la que eliminaba el derecho a la objeción de conciencia. Si el personal sanitario se niega a practicar la eutanasia tiene la obligación de indicar al interesado quién se la puede realizar.

Eligió su conciencia a su trabajo
Para ello, las autoridades sanitarias han obligado a firmar un documento en el que el personal sanitario debía jurar que respetará todas las leyes de Canadá, incluida la eutanasia y el suicidio asistido.


Ante esta tesitura, Mary Jean le dijo claramente a su superior que no podía firmar este escrito porque no estaba de acuerdo con la nueva ley. “Se espera que todos los empleados, como servidores públicos presten este juramento de oficio y lealtad. Si no se firma esto se toma como una renuncia automática de su cargo”, le dijo su jefe.

“Cuando me dijeron que tenía que decidir, o el juramento o la renuncia automática, dije que prefería renunciar a comprometer mis creencias”, aseguró esta enfermera a Life Site News.

El quinto mandamiento, muy presente en su trabajo
Como persona creyente, Martín explicó que se toma muy en serio el quinto mandamiento, que dice ‘No matarás’.  Para ella, este mandamiento incluía que no podía ni siquiera ofrecer “cualquier información o dirección” a personas que quisieran quitarse la vida “ya que estaba en contra de mis creencias”.

“Si yo no quería hacerlo (la eutanasia), me dijeron que tenía que dirigir al paciente a alguien que lo hiciera. Pero les dije que no podía en conciencia incluso hacer eso. Yo no quiero jugar ningún papel en la muerte de alguien”, agregó esta enfermera.

Ante la situación que está viviendo, y tras 30 años sirviendo a los enfermos, asegura no poder sentirse orgullosa de ser canadiense. Además, ha enviado una carta al Parlamento y al primer ministro Justin Trudeau, en la que explica como esta nueva ley ha pisoteado sus derechos.



El gobierno canadiense del liberal Justin Trudeau y su partido están liderando este tipo de leyes

"Era buena en mi trabajo"
“Yo era buena en mi trabajo debido a mi formación, mi experiencia y mi compromiso con el cuidado compasivo a ancianos, enfermos, discapacitados o personas vulnerables”, les explicaba esta enfermera.

Además, añadía que espera “poder trabajar como enfermera de nuevo, pero esto puede ser un trágico final a mi carrera, lo que sería una gran pérdida para mí, mi familia y mi comunidad”.

El compromiso de esta enfermera con los enfermos sobrepasaba su horario laboral y su condición de enfermera y cómo incluso ha viajado al santuario de Lourdes por todos los enfermos a los que ha cuidado y los que no.

¿Acabar con la presencia de cristianos en el ámbito de la Salud?
Detrás de esta ley y de la eliminación de la objeción de conciencia está, según esta enfermera, el objetivo de que no haya médicos y enfermos cristianos pues son personajes incómodos que impiden que las políticas pro-muerte vayan a mayor velocidad.

Para Alex Schadenberg, director de la Coalición para la Prevención de la Eutanasia, es “absolutamente demencial” que el gobierno y las autoridades sanitarias estén “vulnerando los derechos humanos básicos de los ciudadanos que se niegan a matar a sus pacientes”.

Pero no es el único caso de facultativos canadienses que han sido despedidos por oponerse a las prácticas eutanásicas.  Recientemente Religión en Libertad contaba el caso de Kristina Hodggets, una enfermera que también trabajaba en Ontario. Durante años dejó morir de deshidratación a pacientes supuestamente para que tuvieran una buena muerte hasta que un caso concreto le hizo abrir los ojos. Después cuestionó estas prácticas ante sus superiores y fue despedida.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 21 de junio de 2017

Santo Evangelio 21 de junio 2017


Día litúrgico: Miércoles XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».


«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)



Hoy, Jesús nos invita a obrar para la gloria de Dios, con el fin de agradar al Padre, que para eso mismo hemos sido creados. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia: «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». Éste es el sentido de nuestra vida y nuestro honor: agradar al Padre, complacer a Dios. Éste es el testimonio que Cristo nos dejó. Ojalá que el Padre celestial pueda dar de cada uno de nosotros el mismo testimonio que dio de su Hijo en el momento de su bautizo: «Éste es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,17).

La falta de rectitud de intención sería especialmente grave y ridícula si se produjera en acciones como son la oración, el ayuno y la limosna, ya que se trata de actos de piedad y de caridad, es decir, actos que —per se— son propios de la virtud de la religión o actos que se realizan por amor a Dios.

Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.

Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).

El Cristo en quien no creía la rescató de una vida de depresión crónica y tres intentos de suicidio


La periodista Milly Gualteroni publica en español su bestseller «Arrancada del abismo»

El Cristo en quien no creía la rescató de una vida de depresión crónica y tres intentos de suicidio

La vida de Milly Gualteroni no tenía la brillantez que aparentaban sus éxitos profesionales.

El Cristo en quien no creía la rescató de una vida de depresión crónica y tres intentos de suicidio

Grandes opinadores de medios de comunicación italianos no han ocultado su impresión ante el testimonio de conversión de Milly Gualteroni, su influyente compañera de profesión, celebrada periodista habitual de las páginas del Cosmopolitan o el Panorama y de los principales diarios nacionales, que disfrutaba de una sólida presencia en los círculos más glamurosos e influyentes de Milán.

Lo ha dejado por escrito en un libro electrizante, el relato y profundo en su aproximación a los males sufridos por ella y a los bienes recibidos de Dios al final de un recorrido vital atormentado. Arrancada del abismo. De los psicofármacos a la fe (Voz de Papel) acaba de publicarse en España tras agotar ya cuatro ediciones en Italia en menos de dos años.


Con una formación cosmopolita en Estados Unidos y Europa, especializada en Lengua y Literatura Inglesas, la fachada de esplendor de sus éxitos profesionales escondía un drama recurrente y muy temido por ella. Dos veces al año, en torno a los aniversarios de dos hechos que traumatizaron su juventud, sencillamente se hundía en una depresión devastadora que la destruía hasta el extremo. No había conseguido superar los efectos del suicidio de su hermano mayor en 1971, cuando ella tenía 13 años, y de su padre en 1975 cuando ella tenía 18.

Tres intentos de suicidio
Ya en su vida adulta, cuando caía la careta que se ponía en las tertulias políticas y los círculos sociales, aparecía esa realidad de la depresión y de los psicofármacos. Insomnnio, aislamiento, un recorrido de un psiquiatra a otro, de una estancia hospitalaria a otra a la búsqueda de un tratamiento que nunca fue eficaz pero implicaba un continuo trasiego de pastillas.

Intentó suicidarse tres veces a lo largo de unos años marcados por los fármacos y las terapias. Arrojándose a un río, por sobredosis... Sufría además inconscientemente la herida viva de una agresión sexual sufrida en el pasado que su psique había sepultado en un olvido aparente.

Y cuando su descenso a los infiernos parecía completo… irrumpió el Misterio, y esta mujer racionalista que ironizaba sobre la religión empezó a ser protagonista de sucesos impresionantes e inexplicables. Una Luz inesperada liberó su cuerpo y su alma. Y volvió la fe en Alguien que, de forma discreta y amorosa, nunca había dejado de tenderle la mano.

En algún caso, de forma casi literal, como cuando, en su primer intento de suicidio, se debatía por no ahogarse tras lanzarse a unas aguas donde no debía haber habido nadie para rescatarla, pero su instinto vital pidió socorro. O como cuando, en la cripta del Duomo de Milán, pudo poner nombre (Jesús) a una presencia amorosa que le llevaba a una paz desconocida, y al mismo tiempo a exigencias inasumibles para una persona alejada hasta entonces de Él. Las lágrimas que derramó entonces no fueron las lágrimas estériles a las que estaba acostumbrada, sino un impulso decisivo a un cambio de vida.

Tres impactos de la obra
Vittorio Messori, amigo personal de Milly, destaca el valor de estas confesiones en las que lo sobrenatural está muy presente en la vida de alguien que había ido rechazando paulatinamente a Dios desde su adolescencia: "Rosanna, mi mujer, y yo, que la conocemos personalmente muy bien, sabemos hasta qué punto es ajeno a ella la sospecha de ser una crédula visionaria... Su temperamento es positivista, alejado de cierta mística demasiado ilusoria... Si Milly se ha decidido a confesarlo todo, pero absolutamente todo, incluidos algunos episodios tan perturbadores como inexplicables, sin duda no es para sí misma, sino para los demás", explica el escritor, quien añade que "el misterio de lo sobrenatural tiene un papel decisivo en este relato conmovedor de deseo de muerte y de imprevista resurrección".


Milly Gualteroni, junto a monseñor Angelo Riva y Vittorio Messori en la presentación de Arrancada del abismo en Como.

"Es un mensaje positivo para todos", afirma el vaticanista Andrea Tornielli sobre estas páginas: "Para quien busca y para quien sufre del mismo mal oscuro. También para quien quiere enfrentarse con los dramas más profundos de la vida, que tienen que ver con los abismos del alma".

"Esta historia emocionante y realista se lee en un suspiro", confirma Antonia Arslan en Famiglia Cristiana: "Es el viento de Dios que irrumpe, susurrándole al oído, penetrando en sus defensas y sustituyendo la desesperación por esperanza y haciéndole descubrir la intensidad de su Amor".

Carismáticos y monasterios
El relato de Milly Gualteroni adquiere, tras la dureza de una vida de sufrimiento interior, el aire vibrante de una fe y una esperanza reconquistadas hace muy pocos años.

Arrancada del abismo es un expresivo título de significación espiritual que también refleja la mano que tiró de ella para salvarla de su primer intento de darse muerte. Es la historia de una salvación del alma, y también de una salvación de la mente por la salvación del alma.


Milly Gualteroni, durante la presentación de una vida de Luigi Giussani, fundador de Comunión y Liberación.

Milly, poco amiga -como recuerda su amigo Messori- de las manifestaciones expansivas de religiosidad, vivió sorprendentes historias en círculos carismáticos. Ha nutrido su reencontrada experiencia de fe en varios movimientos eclesiales. Y, como en las viejas historias de redención, tuvo sabios monjes cuyos buenos consejos seguir.

Es lo que hace más universal su experiencia, más allá de la concreta circunstancia de la depresión que ha superado. "De las tribulaciones y de un largo camino de errores ha nacido una persona nueva, en la que finalmente ha podido tomar forma mi verdadero ser", resume Gualteroni: "Porque, en el fondo, mi depresión era también una especie de des-personalización; la pérdida de mi verdadera identidad de Persona, la que puede crecer y madurar en el armonioso interactuar de cuerpo, mente y alma espiritual". Y ¿quién no puede decir que no necesita también esa armonía?

Fuente: Religión en Libertad

martes, 20 de junio de 2017

Santo Evangelio 20 de junio 2017


Día litúrgico: Martes XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,43-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»
Rev. D. Iñaki BALLBÉ i Turu 
(Terrassa, Barcelona, España)



Hoy, Cristo nos invita a amar. Amar sin medida, que es la medida del Amor verdadero. Dios es Amor, «que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). Y el hombre, chispa de Dios, ha de luchar para asemejarse a Él cada día, «para que seáis hijos de vuestro Padre celestial» (Mt 5,45). ¿Dónde encontramos el rostro de Cristo? En los otros, en el prójimo más cercano. Es muy fácil compadecerse de los niños hambrientos de Etiopía cuando los vemos por la TV, o de los inmigrantes que llegan cada día a nuestras playas. Pero, ¿y los de casa? ¿y nuestros compañeros de trabajo? ¿y aquella parienta lejana que está sola y que podríamos ir a hacerle un rato de compañía? Los otros, ¿cómo los tratamos? ¿cómo los amamos? ¿qué actos de servicio concretos tenemos con ellos cada día?

Es muy fácil amar a quien nos ama. Pero el Señor nos invita a ir más allá, porque «si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener?» (Mt 5,46). ¡Amar a nuestros enemigos! Amar aquellas personas que sabemos —con certeza— que nunca nos devolverán ni el afecto, ni la sonrisa, ni aquel favor. Sencillamente porque nos ignoran. El cristiano, todo cristiano, no puede amar de manera “interesada”; no ha de dar un trozo de pan, una limosna al del semáforo. Se ha de dar él mismo. El Señor, muriéndose en la Cruz, perdona a quienes le crucifican. Ni un reproche, ni una queja, ni un mal gesto...

Amar sin esperar nada a cambio. A la hora de amar tenemos que enterrar las calculadoras. La perfección es amar sin medida. La perfección la tenemos en nuestras manos en medio del mundo, en medio de nuestras ocupaciones diarias. Haciendo lo que toca en cada momento, no lo que nos viene de gusto. La Madre de Dios, en las bodas de Caná de Galilea, se da cuenta de que los invitados no tienen vino. Y se avanza. Y le pide al Señor que haga el milagro. Pidámosle hoy el milagro de saberlo descubrir en las necesidades de los otros.

La exactriz erótica Claudia Koll se confiesa: «María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»


Esta católica devota habla ahora de la «dulzura y espíritu materno»

La exactriz erótica Claudia Koll se confiesa: «María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»

Claudia Koll cuenta ahora por el mundo la acción de Dios en su vida

La exactriz erótica Claudia Koll se confiesa: «María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer»

De actriz de éxito protagonizando películas eróticas en Italia a devota católica que descubrió en la Iglesia la verdadera dimensión de la mujer. Claudia Koll, cuya conversión fue muy sonada, encontró en la Virgen un camino a seguir que le ha llevado a ser verdaderamente feliz. Cari Filii News relata el testimonio de conversión de esta conocida artista:

Claudia Koll fue una de las estrellas del cine erótico en Italia, muy rentable a inicios de los 90 del pasado siglo. Tenía la fama que le daban sus papeles, como en Cosí fan Tutte, del director Tinto Brassy, y conseguía mucho dinero por ellos. Sin embargo, existía en ella un vacío enorme que no lograba llenar ni con ese éxito ni con los hombres.

Fue en el 2000, año del gran jubileo, cuando esta actriz se convirtió y su vuelta a la Iglesia fue muy sonada debido a los papeles que había protagonizado en el pasado. En este cambio, la Virgen María ha sido fundamental, también antes de su conversión, pues aunque ella no lo supiera ya había una semilla en ella.

Devota de la Virgen de Medjugorje y Fátima
Koll es una devota de la Virgen de Medjugorje, donde ha peregrinado en varias ocasiones, pero Fátima y Lourdes también han sido parte importante para ella. “María me enseñó a descubrir la belleza de ser mujer, a expresar mejor mis cualidades femeninas: la dulzura y el espíritu materno”, aseguraba.

En la entrevista en Medjugorje que recoge Aleteia, Claudia Koll contó cómo la Virgen estuvo cerca de ella durante todo su proceso de conversión y cómo lo pudo sentir así. Y habla concretamente de una experiencia que vivió en este pequeño pueblo bosnio.

Su experiencia con la Virgen
“Es uno de esos momentos en los que todo se detiene. Vi que estaba lloviendo pero no sentía caer la lluvia sobre el paraguas. Es realmente una experiencia maravillosa sentir a la Virgen en el corazón. No se me ocurrió en absoluto buscar signos ni mirar al cielo. Creo que el encuentro tiene lugar dentro de uno”, contaba esta actriz de 52 años.


Claudia Koll explicaba también que la Virgen siempre estuvo con ella aunque no pudiera verla. “Siempre ha estado presente en mi vida, desde que nací. Cuando tenía ocho o diez años, no me acuerdo, vi una película sobre la Virgen de Fátima. Entonces comprendí que la Virgen no era una estatua, era una mujer”.

María, presente en su infancia
La actriz cuenta que en ese momento de su infancia quedó “realmente impresionada al ver que la Virgen había dado una tarea tan importante a los videntes”, niños como ella. “A través de la película sentí que la Virgen me habló de la belleza, la paz, la serenidad”, contaba. Al llegar a su casa hizo una oración en la que pidió a María que llevara ya con ella como hizo con Francisco y Jacinta.

“El Señor no respondió a esa oración pero creo que Él me quiere para dar testimonio de Él. Toda esta experiencia que he tenido me ha ayudado a entender la grandeza de la misericordia divina”.

Hija del Jubileo del 2000
Este proceso que se inicio en el 2000, ella se considera hija del Jubileo, un día en se encontraba desesperada y no sabía qué hacer. Y acabó entrando en una iglesia de Roma.

“Buscaba, de alguna manera, la ayuda de Dios. Se me acercó un sacerdote y me dijo: ¿Qué quieres de Él?. Yo le dije: ‘Nada, soy una pecadora’. Cuando me hizo la señal de la cruz en la frente, sentí que mi corazón se abría y se llenaba de Jesús. Las rodillas se me doblaron, me tuve que sentar y empecé a llorar… Era la respuesta del Señor”, contaba esta mujer, tal y como recogía ReL en un reportaje.

“El Señor me invitaba a vivir sin miedo”
“Comprendí que el amor que había buscado siempre por caminos equivocados era el amor que deseaba desde el corazón, el que todos los corazones desean: la presencia de Dios. Comencé a degustar la vida y a entender que el Señor me empujaba a vivir sin miedo, porque Él estaba a mi lado”, aseguraba

Ella se dio cuenta de que “el mundo del espectáculo me ha utilizado” y usa “nuestra debilidad y nos golpea allí donde somos más frágiles. Por esta sed de amor me vi envuelta en historias equivocadas”.

“Quería probar emociones fuertes, pero nadie realmente me había enseñado a vivir. Lo más extraordinario para mí ha sido descubrir que el Señor venía en mi ayuda, a pesar de mi condición de gran pecadora. Pero después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en el que más lo necesitaba, venía a socorrerme. Nada me bastaba, no estaba contenta de verdad con nada, siempre estaba buscando algo más. Nadie me había enseñado la fidelidad y ni siquiera era capaz de expresar gestos de amor, no sabía amar”, concluía.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 19 de junio de 2017

Santo Evangelio 19 de junio 2017


Día litúrgico: Lunes XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5,38-42): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda».

«Pues yo os digo: no resistáis al mal»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García 
(Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos enseña que el odio se supera en el perdón. La ley del talión era un progreso, pues limitaba el derecho de venganza a una justa proporción: sólo puedes hacer al prójimo lo que él te ha hecho a ti, de lo contrario cometerías una injusticia; esto es lo que significa el aforismo de «ojo por ojo, diente por diente». Aun así, era un progreso limitado, ya que Jesucristo en el Evangelio afirma la necesidad de superar la venganza con el amor; así lo expresó Él mismo cuando, en la Cruz, intercedió por sus verdugos: «Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen» (Lc 23,34).

No obstante, el perdón debe acompañarse con la verdad. No perdonamos tan sólo porque nos vemos impotentes o acomplejados. A menudo se ha confundido la expresión “poner la otra mejilla” con la idea de la renuncia a nuestros derechos legítimos. No es eso. Poner la otra mejilla quiere decir denunciar e interpelar a quien lo ha hecho, con un gesto pacífico pero decidido, la injusticia que ha cometido; es como decirle: «Me has pegado en una mejilla, ¿qué, quieres pegarme también en la otra?, ¿te parece bien tu proceder?». Jesús respondió con serenidad al criado insolente del sumo sacerdote: «Si he hablado mal, demuéstrame en qué, pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?» (Jn 18,23).

Vemos, pues, cuál debe ser la conducta del cristiano: no buscar revancha, pero sí mantenerse firme; estar abierto al perdón y decir las cosas claramente. Ciertamente no es un arte fácil, pero es el único modo de frenar la violencia y manifestar la gracia divina a un mundo a menudo carente de gracia. San Basilio nos aconseja: «Haced caso y olvidaréis las injurias y agravios que os vengan del prójimo. Podréis ver los nombres diversos que tendréis uno y otro; a él lo llamarán colérico y violento, y a vosotros mansos y pacíficos. Él se arrepentirá un día de su violencia, y vosotros no os arrepentiréis nunca de vuestra mansedumbre».