lunes, 22 de mayo de 2017

Santo Evangelio 22 de Mayo 2017




Día litúrgico: Lunes VI de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,26—16,4): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho».


«También vosotros daréis testimonio»
Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE 
(Cobourg, Ontario, Canadá)


Hoy, en el evangelio Jesús anuncia y promete la venida del Espíritu Santo: «Cuando venga el Paráclito (…) que procede del Padre, Él dará testimonio de mí» (Jn 15,26). “Paráclito” literalmente significa “aquél que es llamado junto a uno”, y habitualmente es traducido como “Consolador”. De este modo, Jesús nos recuerda la bondad de Dios, pues siendo el Espíritu Santo el amor de Dios, Él infunde en nuestros corazones la paz, la serenidad en las adversidades y la alegría por las cosas de Dios. Él nos hace mirar hacia las cosas de arriba y unirnos a Dios.

Además Jesús dice a los Apóstoles: «También vosotros daréis testimonio» (Jn 15,27). Para dar testimonio es necesario:

1º Tener comunión e intimidad con Jesús. Ésta nace del trato cotidiano con Él: leer el Evangelio, escuchar sus palabras, conocer sus enseñanzas, frecuentar sus sacramentos, estar en comunión con su Iglesia, imitar su ejemplo, cumplir los mandamientos, verlo en los santos, reconocerlo en nuestros hermanos, tener su espíritu y amarlo. Se trata de tener una experiencia personal y viva de Jesús.

2º Nuestro testimonio es creíble si aparece en nuestras obras. Un testigo no es sólo una persona que sabe que algo es verdad, sino que también está dispuesta a decirlo y vivirlo. Lo que experimentamos y vivimos en nuestra alma debemos transmitirlo al exterior. Somos testigos de Jesús no sólo si conocemos sus enseñanzas, sino —y principalmente— cuando queremos y hacemos que otros lo conozcan y lo amen. Como dice el dicho: «Las palabras mueven, los ejemplos arrastran».

El Papa Francisco nos decía: «Agradezco el hermoso ejemplo que me dan tantos cristianos que ofrecen su vida y su tiempo con alegría. Ese testimonio me hace mucho bien y me sostiene en mi propio deseo de superar el egoísmo para entregarme más». Y añadía: «Quiero pediros especialmente un testimonio de comunión fraterna que se vuelva atractivo y resplandeciente». Eso es siempre una luz que atrae.


«Cuando venga el Paráclito, (...) el Espíritu de la verdad, (...) Él dará testimonio de mí»
Rev. D. Jordi POU i Sabater 
(Sant Jordi Desvalls, Girona, España)


Hoy, el Evangelio es casi tan actual como en los años finales del evangelista san Juan. Ser cristiano entonces no estaba de moda (más bien era bastante peligroso), como tampoco no lo está ahora. Si alguno quiere ser bien considerado por nuestra sociedad, mejor que no sea cristiano —porque en muchas cosas— tal como los primeros cristianos judíos, le «expulsarán de las sinagogas» (Jn 16,2).

Sabemos que ser cristiano es vivir a contracorriente: lo ha sido siempre. Incluso en épocas en que “todo el mundo” era cristiano: los que querían serlo de verdad no eran demasiado bien vistos por algunos. El cristiano es, si vive según Jesucristo, un testimonio de lo que Cristo tenía previsto para todos los hombres; es un testigo de que es posible imitar a Jesucristo y vivir con toda dignidad como hombre. Esto no gustará a muchos, como Jesús mismo no gustó a muchos y fue llevado a la muerte. Los motivos del rechazo serán variados, pero hemos de tener presente que en ocasiones nuestro testimonio será tomado como una acusación.

No se puede decir que san Juan, por sus escritos, fuera pesimista: nos hace una descripción victoriosa de la Iglesia y del triunfo de Cristo. Tampoco se puede decir que él no hubiese tenido que sufrir las mismas cosas que describe. No esconde la realidad de las cosas ni la substancia de la vida cristiana: la lucha.

Una lucha que es para todos, porque no hemos de vencer con nuestras fuerzas. El Espíritu Santo lucha con nosotros. Es Él quien nos da las fuerzas. Es Él, el Protector, quien nos libra de los peligros. Con Él al lado nada hemos de temer.

Juan confió plenamente en Jesús, le hizo entrega de su vida. Así no le costó después confiar en Aquel que fue enviado por Él: el Espíritu Santo.

domingo, 21 de mayo de 2017

Santo Evangelio 21 de Mayo 2017




Día litúrgico: Domingo VI (A) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 14,15-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre, el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros. No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él».


«Yo le amaré y me manifestaré a él»
P. Julio César RAMOS González SDB 
(Mendoza, Argentina)



Hoy, Jesús —como lo hizo entonces con sus discípulos— se despide, pues vuelve al Padre para ser glorificado. Parece ser que esto entristece a los discípulos que, aún le miran con la sola mirada física, humana, que cree, acepta y se aferra a lo que únicamente ve y toca. Esta sensación de los seguidores, que también se da hoy en muchos cristianos, le hace asegurar al Señor que «nos os dejaré huérfanos» (Jn 14,18), pues Él pedirá al Padre que nos envíe «otro Paráclito» (Auxiliador, Intercesor: Jn 14,16), «el Espíritu de la verdad» (Jn 14,17); además, aunque el mundo no le vaya a “ver”, «vosotros sí me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis» (Jn 14,19). Así, la confianza y la comprensión en estas palabras de Jesús suscitarán en el verdadero discípulo el amor, que se mostrará claramente en el “tener sus mandamientos” y “guardarlos” (cf. v. 21). Y más todavía: quien eso vive, será amado de igual forma por el Padre, y Él —el Hijo— a su discípulo fiel le amará y se le manifestará (cf. v. 21).

¡Cuántas palabras de aliento, confianza y promesa llegan a nosotros este Domingo! En medio de las preocupaciones cotidianas —donde nuestro corazón es abrumado por las sombras de la duda, de la desesperación y del cansancio por las cosas que parecen no tener solución o haber entrado en un camino sin salida— Jesús nos invita a sentirle siempre presente, a saber descubrir que está vivo y nos ama, y a la vez, al que da el paso firme de vivir sus mandamientos, le garantiza manifestársele en la plenitud de la vida nueva y resucitada. 

Hoy, se nos manifiesta vivo y presente, en las enseñanzas de las Escrituras que escuchamos, y en la Eucaristía que recibiremos. —Que tu respuesta sea la de una vida nueva que se entrega en la vivencia de sus mandamientos, en particular el del amor.

sábado, 20 de mayo de 2017

Santo Evangelio 20 de Mayo 2017



Día litúrgico: Sábado V de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,18-21): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado».


«Todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado»
Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell 
(Agullana, Girona, España)


Hoy, el Evangelio contrapone el mundo con los seguidores de Cristo. El mundo representa todo aquello de pecado que encontramos en nuestra vida. Una de las características del seguidor de Jesús es, pues, la lucha contra el mal y el pecado que se encuentra en el interior de cada hombre y en el mundo. Por esto, Jesús resucitado es luz, luz que ilumina las tinieblas del mundo. Karol Wojtyla nos exhortaba a «que esta luz nos haga fuertes y capaces de aceptar y amar la entera Verdad de Cristo, de amarla más cuanto más la contradice el mundo».

Ni el cristiano, ni la Iglesia pueden seguir las modas o los criterios del mundo. El criterio único, definitivo e ineludible es Cristo. No es Jesús quien se ha de adaptar al mundo en el que vivimos; somos nosotros quienes hemos de transformar nuestras vidas en Jesús. «Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre». Esto nos ha de hacer pensar. Cuando nuestra sociedad secularizada pide ciertos cambios o licencias a los cristianos y a la Iglesia, simplemente nos está pidiendo que nos alejemos de Dios. El cristiano tiene que mantenerse fiel a Cristo y a su mensaje. Dice san Ireneo: «Dios no tiene necesidad de nada; pero el hombre tiene necesidad de estar en comunión con Dios. Y la gloria del hombre está en perseverar y mantenerse en el servicio de Dios».

Esta fidelidad puede traer muchas veces la persecución: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). No hemos de tener miedo de la persecución; más bien hemos de temer no buscar con suficiente deseo cumplir la voluntad del Señor. ¡Seamos valientes y proclamemos sin miedo a Cristo resucitado, luz y alegría de los cristianos! ¡Dejemos que el Espíritu Santo nos transforme para ser capaces de comunicar esto al mundo!

¿Alguien se hace católico después de leerse la Biblia toda entera? Sí, este chico de 21 años


¿Alguien se hace católico después de leerse la Biblia toda entera? Sí, este chico de 21 años

Jesse Smith -en el centro, junto al párroco que lleva camisa blanca- y el grupo de jóvenes y otros parroquianos de Corpus Christi

¿Alguien se hace católico después de leerse la Biblia toda entera? Sí, este chico de 21 años

No es fácil leer la Biblia. Hay fragmentos más legibles, incluso apasionantes, en los Evangelios, o algunos pasajes de Génesis, historias del Rey David... pero leerla entera, de un tirón, y estudiándola, no es nada común. Y menos para un chico joven.

Pero esa fue la hazaña del joven australiano Jesse Smith, que se crió en una familia sin fe y a base de leer la Biblia, desde Génesis a Apocalipsis, hasta desgastar el libro, decidió que quería seguir a Cristo. Esta Vigilia Pascual de 2017 entró en la Iglesia, bautizándose y comulgando por primera vez en la Parroquia de Corpus Christi, en Nundah, un barrio de Brisbane (Australia). 


  Parroquia de Corpus Christi en Nundah, Brisbane

Una familia no religiosa
Jesse Smith nació en una familia numerosa anglosajona y nada religiosa en Australia. Es el mayor de 9 hermanos, y su nombre suena a rockero porque sus padres querían que llegara a ser una estrella de rock. A él le interesan otras cosas, como leer y el mundo de la pedagogía infantil. 

En la escuela primaria había clases de religión y allí aprendió de niño la historia del pastorcito David, hijo de Jesé, que sería luego el Rey David. Se acuerda porque Jesé es Jesse, en inglés, su nombre. También recuerda que se rezaba el Avemaría al empezar la clase.

Las cosas de la fe no le interesaban especialmente. Pero en el instituto, que era católico, se apuntó a un grupo juvenil y sus campamentos. Y en la clase sobre Religiones, se sintió llamado a investigar más y más sobre el judaísmo. Algo le atraía. 

Inmerso en el estudio del judaísmo... y la Biblia
"Estudié y leí tanto como pude sobre cultura y sabiduría judías antes de empezar la tarea de leer la Biblia".


La Biblia de esa época es la que aún tiene, ahora ya con el lomo destrozado de tanto uso. ¿Cuánto le costó leerla de inicio a final? "Me costó unos seis meses", explica. "De Génesis a Apocalipsis, incluyendo los Deuterocanónicos", detalla (es decir, los libros que omiten las Biblias protestantes). "No la he leído por encima, sino para considerarla, de verdad".

Hizo, pues, un camino, de descubrimiento de la fe de Israel y su desarrollo hasta el Evangelio de Cristo. Dice que el Evangelio de San Mateo le ayudó "porque hace de puente entre la comprensión judía y la cristiana". 

Pensó si debía ser judío, y rezó mucho sobre ello. Pero la oración (mucha, y con esfuerzo, dice) y "la figura de Jesús" le llevaban a servir a Dios como cristiano.


En los baptistas no le daban respuestas
"Entonces acudía  unas cuantas iglesias baptistas, distintas, pero nunca me parecía lo correcto. Yo hacía muchas preguntas y nunca podían responderme de verdad", explica Jesse.

Después buscó en Google los horarios de misa de su parroquia más cercana, la de Corpus Christi, en su barrio de Nundah. Y precisamente en el momento que fue a la parroquia había una misa joven, "y tuve la suerte de conocer a los jefes del grupo de jóvenes adultos". En ese grupo pudo hablar de su pasión, de su fe, sus preguntas, su deseo de crecer en el conocimiento de Cristo...

El grupo le acogió y escuchaba sus preguntas en sus sesiones semanales. El tema que planteaban en el grupo iba muy ligado a los sacramentos, y eso ayudaba a Jesse.

Decidió bautizarse. Entonces le asignaron un "sponsor" (un cristiano veterano, accesible para sus preguntas y dudas) y unos padrinos para su bautizo, que le acompañarían en su viaje de fe. Todos ellos estaban asombrados por su pasión...¡y su viaje bíblico más que infrecuente!

La importancia de un grupo de iguales
Jesse se bautizó en la Vigilia Pascual y está encantado de tener un grupo de iguales, gente de su edad, con pasión por la fe. "Estoy feliz y emocinado de que Dios me haya dado el regalo de sumarme a esta familia católica", declara en The Catholic Leader. Quiere continuar con los grupos de jóvenes y quizá ser acólito en la parroquia. 

Jesse, a sus 21 años, anima a los jóvenes a seguir buscando el sentido de la vida, especialmente con otros jóvenes de inquietudes similares. "Es importante tener amistad con otros cristianos porque, por ti solo, no puedes hacer tantas preguntas como podrías querer", plantea. Las preguntas son lo que le ha hecho crecer.

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 19 de mayo de 2017

Santo Evangelio 19 de Mayo 2017



Día litúrgico: Viernes V de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,12-17): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros».



«Éste es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado»
Rev. D. Carles ELÍAS i Cao 
(Barcelona, España)


Hoy, el Señor nos invita al amor fraterno: «Que os améis los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 15,12), es decir, como me habéis visto hacer a mí y como todavía me veréis hacer. Jesús te habla como a un amigo, pues te ha dicho que el Padre te llama, que quiere que seas apóstol, y que te destina a dar fruto, un fruto que se manifiesta en el amor. San Juan Crisóstomo afirma: «Si el amor estuviera esparcido por todas partes, nacería de él una infinidad de bienes».

Amar es dar la vida. Lo saben los esposos que, porque se aman, hacen una donación recíproca de su vida y asumen la responsabilidad de ser padres, aceptando también la abnegación y el sacrificio de su tiempo y de su ser a favor de aquellos que han de cuidar, proteger, educar y formar como personas. Lo saben los misioneros que dan su vida por el Evangelio, con un mismo espíritu cristiano de sacrificio y de abnegación. Y lo saben religiosos, sacerdotes y obispos, lo sabe todo discípulo de Jesús que se compromete con el Salvador.

Jesús te ha dicho un poco antes cuál es el requisito del amor, de dar fruto: «si el grano de trigo no cae en tierra y muere queda él solo; pero si muere da mucho fruto» (Jn 12,24). Jesús te invita a perder tu vida, a que se la entregues a Él sin miedo, a morir a ti mismo para poder amar a tu hermano con el amor de Cristo, con amor sobrenatural. Jesús te invita a llegar a un amor operante, bienhechor y concreto; así lo entendió el apóstol Santiago cuando dijo: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: ‘Id en paz, calentaos y hartaos’, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta» (2,15-17).

De luterano militar a capellán anglicano y hoy cura católico: «Vi que la unidad era esencial», dice


El padre Bernard Sixtus es hoy el responsable de los anglocatólicos de Gales

De luterano militar a capellán anglicano y hoy cura católico: «Vi que la unidad era esencial», dice

De luterano militar a capellán anglicano y hoy cura católico: «Vi que la unidad era esencial», dice

Bernard Sixtus en enero de 2014 con el arzobispo de Cardiff, al ser ordenado diácono

Bernard Sixtus, hacia el año 2012, llevaba cinco años como sacerdote anglicano en Gales, y antes lo fue en París. Había visto mundo (se educó en Alemania y fue militar), conocía el luteranismo, el anglicanismo, la fe en la Vieja Europa... y ahora veía a los anglicanos de Gales avanzando hacia la ordenación de sacerdotisas y eso le hacía pensar. 

Dos conceptos claves le llevaron al catolicismo. Por un lado, cuando veía al anglicanismo galés decidido a ordenar mujeres mientras aseguraban estar unidos "de alguna manera" a las Iglesias católicas y ortodoxas, se preguntaba "¿con qué autoridad deciden sobre eso... o sobre cualquier otro tema?". El otro concepto lo explica así: "pasé de considerar que la unidad era algo meramente deseable a entender que era esencial, una señal esencial de la Iglesia". 

En marzo de 2013, con algunos fieles más, ex-anglicanos de Gales, entró en la Iglesia Católica a través del ordinariato anglocatólico creado por Benedicto XVI para los fieles británicos de este origen. En julio de 2014 era ordenado sacerdote católico por el arzobispo George Stack, de Cardiff, que llevaba siete años sin ordenar ningún sacerdote (el último había sido el físico Gareth Leyshon, conocido por los lectores de ReL por su trabajo sobre los riesgos del reiki). 

Hoy Sixtus atiende una parroquia en la ciudad de Usk (cerca de donde fue asesinado San David Lewis, último mártir católico de Gales, en 1679) y supervisa la consolidación y crecimiento de los grupos anglocatólicos en Gales (hay tres por ahora, bastante pequeños). Siendo doctor en Pedagogía, también supervisa las clases de religión y los valores católicos en las escuelas de la diócesis de Cardiff (44 primarias, 10 secundarias y 3 especiales). 

Una infancia ecléctica
Bernard nació en Bremen (Alemania), de madre alemana y de padre inglés. En aquellos días, su familia era cristiana poco practicante. Acudían a la iglesia solo en Pascua y Navidad, a la luterana mientras estaban en Alemania y a la anglicana si visitaban Inglaterra. Su parroquia luterana tenía un pastor bastante anglófilo, "que se consideraba high church en su corazón", dice Bernard, es decir, que celebraba un culto muy litúrgico. "Había pocas diferencias en los servicios", recuerda. 

Bernard sintió despertar su fe a los 12 años, cuando acompañó a un amigo a una iglesia. "Fui repentinamente golpeado por el pensamiento: 'yo también quiero esto', y desde entonces me consideré religioso". 


  Policía Militar Alemana: en ella pasó 14 años Bernard Sixtus y los recuerda con alegría 

Catorce años como policía militar en Alemania
Cursó sus estudios escolares en Alemania. En el servicio militar estudió pedagogía en la Universidad de Hamburgo y luego sirvió como oficial de la Policía Militar Alemana durante catorce años, de 1987 a 2001. Se sacó el doctorado en Pedagogía estudiando la obra del filósofo cristiano Alasdair MacIntyre acerca de lo que puede tener de universal la educación. 

En los años 90, sirviendo en unas misiones de la OTAN, conoció más de cerca el anglicanismo. Y cuando dejó el ejército alemán en 2001 fue a Inglaterra a estudiar teología anglicana en la Universidad de Leeds.

"En la Policía Militar aprendí esfuerzo, disciplina, camaradería y, sobre todo, que eres capaz de mucho más de lo que piensas, que cuando crees que ya estás agotado aún te queda el 50% de tus fuerzas. A veces ilustro temas con historias de mi pasado militar", explica Sixtus en declaraciones a ReL. 

"En la OTAN yo acudía al culto de la capellanía anglicana, que no era muy distinto al luterano. La cuestión de ser ministro anglicano surgió bastante de repente de una experiencia de oración en el santuario de San Cuthberto, o lo que queda de él, en la catedral de Durham, cierto día", añade.


  La parroquia anglicana de París, Saint George 

Capellán anglicano en París
Ya ordenado como sacerdote anglicano, sirvió de 2003 a 2007 como capellán de Saint George, de los anglicanos de París, en Francia. "Nuestros parroquianos eran expatriados, algunos de los cuales llevaban viviendo y trabajando mucho tiempo en Francia y la capellanía era para ellos un hogar cultural además de espiritual. El clero católico de París nos trataba muy bien ecuménicamente, había cierto contacto. Como es obvio, en París la 'herencia eclesial' era católica, y me aportaba una experiencia de gran profundidad espiritual, especialmente lugares como Saint Gervais o el convento de las Hermanas de Belén cerca de la Plaza Victor Hugo". 

Ministro anglicano en Gales... con inquietudes
En 2007 llegó a Gales y empezó su tarea como vicario asociado en una parroquia anglicana en Abergavenny, una población de unos 10.000 habitantes (mencionada en novelas de Harry Potter y Sherlock Holmes, según Wikipedia).

La "Iglesia de Gales" es la iglesia anglicana de la zona: en Gales viven unos 3 millones de habitantes, pero solo unos 75.000 acuden con cierta asiduidad a las parroquias anglicanas, de formas litúrgicas no muy distintas a las católicas. Hay muchos cristianos que prefieren acudir a iglesias evangélicas de distintos tipos.

Bernard Sixtus, que había viajado mucho, que conocía Inglaterra, Francia, Alemania y ahora Gales, se planteaba la importancia de la unidad de la Iglesia. "Que todos sean uno", había enseñado Jesús. Él había fundado una sola Iglesia, no varias. ¿Cuán importante era trabajar por la unidad de los cristianos?

"Mi mayor cambio llegó cuando entendí que la unidad de la Iglesia no era solo 'deseable' sino que era esencial. Por supuesto, siempre estuve a favor de todo lo que acercase a los cristianos entre sí. Pero lo que añadía la doctrina católica era que la comunión real, plena, es una marca esencial de la Iglesia, y que la Iglesia de Cristo realmente 'subsiste' en la Iglesia Católica, como un tipo de 'centro' del trabajo unificador del Espíritu Santo", explica Sixtus a ReL. 

¿Quién da autoridad para decidir doctrinas?
También veía con inquietud que el anglicanismo parecía creerse autorizado para ordenar mujeres, pero ¿quién y cuándo le dio autoridad para eso? 

"Yo dudaba cada vez más de que el anglicanismo tuviese autoridad para cambiar unilateralmente la admisión a la Ordenación Sacerdotal, especialmente si decía compartir esa ordenación, las Sagradas Órdenes, con las otras iglesias históricas, como se afirmaba, es decir, con la católica y las ortodoxas. Vi que subyacía el problema de cómo la 'Iglesia de Gales' tomaba decisiones, definía las enseñanzas, etc... Pasaba el tiempo y la pregunta '¿con qué autoridad?' se me hacía más acuciante".  


  Bernard Sixtus, a la izquierda, recién ordenado como sacerdote católico en 2014, con su esposa e hijos 

El paso al catolicismo
Finalmente, en marzo de 2013, convencido de la importancia de estar unido a la Iglesia Católica, 'centro unificador' por obra del Espíritu Santo, entró en el ordinariato anglocatólico de Nuestra Señora de Walsingham (www.ordinariate.org.uk), la organización que con un prelado y normas propias reune a miles de ex-anglicanos que entran en la Iglesia Católica manteniendo aspectos de la liturgia y tradiciones anglicanas.

"La unidad es nuestra gran pasión, pero unidad en la verdad y en la comunión verdaderamente universal de la Iglesia, sin negar nuestras raíces. Precisamente es la idea de 'unidos pero no absorbidos' de las conversaciones ecuménicas de Malinas, hace muchos años", explica el padre Bernard.

Desde 2014 es sacerdote del ordinariato. La complejidad en esta unidad sigue, incluso en la familia del padre Bernard. "Mis padres se hicieron baptistas en los años 80, cuando descubrieron una fe real, viva, y aunque están contentos de que yo sea un 'fiel creyente' les cuesta admitir que yo sea sacerdote. Como laico quizá sería más fácil", explica. 

Como muchos antiguos pastores protestantes casados que hoy son sacerdotes católicos, Bernard Sixtus fue ordenado con un permiso especial. "Mi esposa siempre ha sido miembro de congregaciones protstantes independientes, nunca se hizo anglicana ni se ha hecho católica. Mis dos hijos, de 12 y 9 años, sí son católicos, y sirven en misa cada domingo", explica. 

Ordenar mujeres no da vocaciones
A los que dicen que ordenar mujeres es la solución para la escasez de clero, les dice que eso "no inmuniza contra una posible falta de vocaciones, porque faltan vocaciones también en otras denominaciones, como la anglicana". Él cree más bien que donde haya comunidades de fe viva de verdad habrá vocaciones: "comunidades con una identidad clara, sentido fuerte de misión y evangelización, que salgan al encuentro de los pobres con compasión... esas tienen vocaciones, creo". 


  Católicos del ordinariato de Nuestra Señora de Walsingham, en la parroquia galesa de Saints Basil & Gwladys, de Newport

¿Y para evangelizar a los jóvenes en las escuelas, o en las calles de Europa? "Tienen que ver en nosotros algo que les toque el corazón y la imaginación, que les haga querer más, querer pertenecer, una vida de fe vibrante, coherente, confiada, que encienda corazones y convenza mentes".  

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 18 de mayo de 2017

Santo Evangelio 18 de Mayo 2017


Día litúrgico: Jueves V de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 15,9-11): En aquel tiempo, Jesús habló así a sus discípulos: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado».


«Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros»
Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés 
(Tarragona, España)


Hoy escuchamos nuevamente la íntima confidencia que Jesús nos hizo el Jueves Santo: «Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros» (Jn 15,9). El amor del Padre al Hijo es inmenso, tierno, entrañable. Lo leemos en el libro de los Proverbios, cuando afirma que, mucho antes de comenzar las obras, «yo estaba allí, como arquitecto, y era yo todos los días su delicia, jugando en su presencia en todo tiempo» (Prov 8,30). Así nos ama a nosotros y, anunciándolo proféticamente en el mismo libro, añade que «jugando por el orbe de su tierra, mis delicias están con los hijos de los hombres» (Prov 8,31).

El Padre ama al Hijo, y Jesús no deja de decírnoslo: «El que me ha enviado está conmigo: no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada a Él» (Jn 8,29). El Padre lo ha proclamado bien alto en el Jordán, cuando escuchamos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido» (Mc 1,11) y, más tarde, en el Tabor: «Éste es mi Hijo amado, escuchadle» (Mc 9,7).

Jesús ha respondido, «Abbá», ¡papá! Ahora nos revela, «como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros». Y, ¿qué haremos nosotros? Pues mantenernos en su amor, observar sus mandamientos, amar la Voluntad del Padre. ¿No es éste el ejemplo que Él nos da?: «Yo hago siempre lo que le agrada a Él».

Pero nosotros, que somos débiles, inconstantes, cobardes y —por qué no decirlo— incluso, malos, ¿perderemos, pues, para siempre su amistad? ¡No, Él no permitirá que seamos tentados por encima de nuestras fuerzas! Pero si alguna vez nos apartásemos de sus mandamientos, pidámosle la gracia de volver corriendo como el hijo pródigo a la casa del Padre y de acudir al sacramento de la Penitencia para recibir el perdón de nuestros pecados. «Yo también os he amado —nos dice Jesús—. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado» (Jn 15,9.11).