sábado, 23 de junio de 2018

Santo Evangelio 23 de junio 2018


Día litúrgico: Sábado XI del tiempo ordinario


Texto del Evangelio (Mt 6,24-34): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro; o bien se entregará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y al dinero. Por eso os digo: No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? 

»Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, cómo crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos. Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe? No andéis, pues, preocupados diciendo: ¿Qué vamos a comer?, ¿qué vamos a beber?, ¿con qué vamos a vestirnos? Que por todas esas cosas se afanan los gentiles; pues ya sabe vuestro Padre celestial que tenéis necesidad de todo eso. Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura. Así que no os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal».


«Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura»

P. Jacques PHILIPPE 
(Cordes sur Ciel, Francia)

Hoy el Evangelio habla claramente de vivir el “momento presente”: no darle vueltas al pasado, sino abandonarse en Dios y su misericordia. No atormentarse por el mañana, sino confiarlo a su providencia. Santa Teresita del Niño Jesús afirmaba: «Sólo me guía el abandono, ¡no tengo otra brújula!».

La preocupación jamás ha resuelto ningún problema. Lo que resuelve problemas es la confianza, la fe. «Pues si a la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe?» (Mt 6,30), dice Jesús.

La vida no es por sí misma demasiado problemática, es el hombre quien carece de fe… La existencia no siempre es fácil. A veces es pesada; con frecuencia nos sentimos heridos y escandalizados por lo que sucede en nuestra vida o en la de los demás. Pero afrontemos todo esto con fe e intentemos vivir, día tras día, con la confianza en que Dios cumplirá sus promesas. La fe nos llevará a la salvación. 

«No os preocupéis del mañana: el mañana se preocupará de sí mismo. Cada día tiene bastante con su propio mal» (Mt 6,34). ¿Qué quiere decir esto? Hoy, busca vivir de manera justa, según la lógica del Reino, en la confianza, la sencillez, la búsqueda de Dios, el abandono. Y Dios se ocupará del resto…

Día a día. Es muy importante. Lo que nos agota a menudo son todas esas vueltas al pasado y el miedo al futuro; mientras que cuando vivimos en el momento presente, de manera misteriosa, encontramos la fuerza. Lo que tengo que vivir hoy, tengo la gracia para vivirlo. Si mañana debo hacer frente a situaciones más difíciles, Dios incrementará su gracia. La gracia de Dios se da al momento, día a día. Vivir el momento presente supone aceptar la debilidad: renunciar a rehacer el pasado o dominar el futuro, contentarse con el presente.

La Iglesia y el profesor, testimonio

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La Iglesia y el profesor
Tomado de Voxfidei.com

Cortesía de This Rock
por Robert Ian Williams

¿Cómo pudiste hacer eso? ¿Es en serio tu conversión? ¿Y ahora idolatras a María? ¿Cómo le puedes contar tus secretos más íntimos a otro hombre en la confesión? ¿Por qué te converstiste? ¿Cómo puedes aceptar enseñanzas que no están en la Biblia?

Esas son algunas de las preguntas con las que me han asaltado desde que fui recibido en la Iglesia Católica. A medida que pasan los años se han hecho mas frecuentes, así que he decidido poner pluma al papel para informar a los curiosos. Espero que este somero recuento ayude a los católicos a entender la mentalidad "evangélica" y que tambien ayude a los evangélicos a pensar un poco sobre el problema central que yace en el corazón de este asunto: la autoridad.

Mi entrada en la Iglesia Católica no fue una conversión paulina, como la ocurrida en el camino a Damasco. Aunque es cierto que Dios puede hacer cosas así, mi camino a la fe de las edades fue una experiencia educativa y gradual. La conversión es, en suma, un asunto espiritual, pero muchos factores pueden contribuir a que ocurra. Mi desagrado por la confusión en que se encuentra la cristiandad evangélica fue el punto de partida. Creo que fue la gracia de Dios lo que me permitió discernir la debilidad de ese sistema religioso.

Antes que mi insatisfacción se hiciera sentir me sentía muy feliz en el cristianismo evangélico. Confiaba en Cristo, creía que mis pecados serían perdonados y pensaba que conocía los Evangelios y el Nuevo Testamento. Tambien pensaba que todas las demás religiones estaban equivocadas y veía a la Iglesia Católica como una iglesia apóstata llena de corrupción medieval, que oscurecía el Evangelio para ruina de las almas. Estaba convencido que la Palabra de Dios en la Biblia era la única autoridad para el creyente (Sola Scriptura) y que yo era justificado solamente por mi fe y nada mas que mi fe (Sola Fide). Estos eran para mí los principales lemas de batalla de la Reforma. Cuando me encontraba algún católico trataba de mostrarles la "verdad" y llevarlos al conocimiento de Cristo. Eran tan anticatólico que me negaba a orar en la capilla del capellán en la universidad donde enseñaba. Sabía que la Unión Evangélica Cristiana buscaba convertir a los católicos y pensaba entonces que todo el asunto católico era nada mas que pura hipocresía.

Pero la gracia de Dios comenzaba a operar en mi corazón. Todo comenzó con el asunto del bautismo. Los cristianos evangélicos están muy divididos en esto. Algunos aceptan el bautismo de infantes y otros creen que el bautismo es solo para el creyente adulto. Estudié los hechos y no pude encontrar ninguna referencia explícita al bautismo de infantes en el Nuevo Testamento, así que decidí averiguar cuándo había comenzado esta práctica entre los cristianos. ¿Podría ser que se remontara hasta los tiempos de los apóstoles o se había filtrado en la Iglesia durante los primeros siglos? A su tiempo encontré que el bautismo de infantes estaba claramente apoyado por el registro histórico. Si hubiera sido una innovación debiera entonces haber alguna huella de protesta contra su introducción en la Iglesia. No pude encontrar ni un solo grupo cristiano anterior al siglo XVI que rechazara el bautismo de niños. Y hasta descubrí que estos primeros cristianos bautistas tan sólo salpicaban la cabeza del adulto al bautizarlo. Hallé que la inmersión (que también era un punto importante para algunos evangélicos) no comenzó hasta el siglo XVII. Encontré entonces que las iglesias bautistas se quedaban cortas en lo que toca al rigor y la continuidad histórica.

Por lo tanto rechacé el bautismo de “exclusivamente adultos.” Para mí esta era una parte crucial de la verdad y traté de convencer a los evangélicos bautistas ahora que conocía del error de sus creencias. Algunos me dijeron que me estaba obsesionando con un asunto de importancia secundaria. Esto me chocó ¿Cómo podía ser que un mandamiento solemne de Jesucristo fuera considerado como de importancia secundaria? Me asombré cuando el renombrado líder evangélico Martyn Lloyd-Jones es su libro “What Is an Evangelical?” (¿Qué es un evangélico?) comentó sobre el asunto de la desunidad en las iglesias evangélicas diciendo: “Otro asunto que debemos poner en la misma categoría es la edad y el modo del bautismo: la edad del candidato y el modo de administrar el rito del bautismo. Debo ponerlo entonces en la categoría de cosas que no son esenciales porque no se puede probar ni uno ni otro usando solamente las Escrituras. He leido libros sobre el tema por cuarenta y cuatro años y creo que se menos ahora de lo que sabía antes de comenzar. Por lo tanto, mientras afirmo junto con todos nosotros que creo en el bautismo por lo que es evidentemente una orden de Dios, no debemos separarnos en lo que toca a la edad del candidato y el modo de administrarlo.”

Aquí tenemos un hombre que creyendo en la autoridad de la Biblia como sola guía para el creyente no pudo establecer el patrón bíblico para el bautismo. Esto lo llamo “aprender y NO llegar al conocimiento de la verdad”. Irónicamente en la misma obra Lloyd-Jones enseña la suficiencia de la Escritura y que ¡el evangelicalismo es mucho mas claro en su razonamiento que el catolicismo! Esto me ayudó a enfocar mi mente en otros desacuerdos que existen entre los evangélicos. Si fueran simplemente asuntos secundarios no habría necesidad de tener denominaciones separadas cada una esgrimiendo diferentes teorías sobre el retorno del Señor, el significado de la Cena del Señor y si el creyente puede o no perder su salvación, o la disputa sobre los dones carismáticos. La lista es larga.

Mi formación académica es como historiador, y como tal me he concentrado en la historia de la Iglesia. No podía salir de mi asombro cuando vi que no podía encontrar una sola huella de cristianismo evangélico en la Iglesia con anteriordad al siglo XVI. Ni los valdenses ni los seguidores de Wyclif tenían idea de la salvación por fe solamente. Ambos grupos participaban en los sacramentos de la Iglesia Católica y comenzaron como movimientos de reforma dentro de la Iglesia y no como iglesias separadas. Ni uno de los Padres de la Iglesia predicó la salvación por fe solamente. ¡Wyclif mismo murió mientras atendía una Misa, sin haberse bautizado como creyente y contento con su bautismo católico como infante!

La teoría de que la conversión del emperador romano Constantino en el siglo IV comenzó la corrupción de la Iglesia es aún más increíble. Encontré que la Iglesia temprana creía en el bautismo de niños, en la regeneración bautismal, obispos, sucesión apostólica, la presencia de Cristo en la Eucaristía, el sacerdocio sacrificial, oraciones por los muertos y un papel especial para el obispo de Roma. Todo esto se halla claramente siglos antes de Constantino. En las palabras del Cardenal Newman “quien se sumerge en la Historia, deja de ser protestante.” No pude encontrar una sola huella de evangélicos bíblicos, un puñado de fieles que se aferraran a las creencias que distinguen a los evangélicos de hoy día: solo la Biblia y justificación solamente por fe. El tratamiento evangélico de la historia de la Iglesia es superficial: nos habla de gente como Ambrosio, Agustín, Atanasio como si fueran cristianos “sola Biblia” ignorando completamente el contexto católico en el que ellos vivieron. Encuentro que esto es intelectualmente deshonesto.

He hallado que la historia de los evangélicos está asentada en mitos. La Iglesia Católica, me informaban, había quemado las copias de la Biblia. Por el contrario comprobé que la Iglesia Católica ha preservado la Biblia, definiendo su canon y sí, ha quemado y prohibido la lectura de ediciones que eran traducciones inexactas y heréticas. Por ejemplo, Biblias como la traducción de Tyndale que ostentaba notas al pie atacando a la Iglesia y al Papa. Tambien he encontrado versiones traducidas a los idiomas vernáculos presentadas años y años antes de la reforma alemana ¡Los Evangelios habían ya sido traducidos al anglosajón mucho antes de que el idioma inglés fuera formado!

Tambien encontré que el famoso “Libro de los mártires” de John Foxe, un católico apóstata del siglo XVI, era inexacto. Muchos de los “mártires” durante el reinado de María Tudor eran antiortodoxos que hubieran sido quemados durante el reino de la protestante reina Isabel. De hecho, Foxe apoyó a un régimen que torturó y mató católicos que simplemente querían vivir en la fe de sus ancestros. ¡Tambien apoyó a un régimen que quemó a cristianos evangélicos como los bautistas! Fueron cristianos protestantes los que persiguieron a los padres del puritanismo en la Inglaterra del siglo XIX y ese grupo, a su vez, una vez que se establecieron en América participó en perseguir a sus propios compañeros en la fe.

Yo había aceptado la falsa idea perpetuada por Lloyd-Jones y otros maestros evangélicos, que los católicos creen en la revelación continua. Encontré, muy por el contrario, que la doctrina católica enseña que la revelación pública termina con lo recibido por los apóstoles y que la fe fue entregada una vez a los santos. Es el deber de la Iglesia com “pilar y fundamento de la fe” (1 Tim 3:15) el interpretar y discernir el depósito original de la fe. La Iglesia Católica no ha inventado la transubstanciación en el siglo XII como tampoco inventó el dogma trinitario en el siglo IV. Como evangélico me encontraba perplejo al encontrarme en la misma definición de los Testigos de Jehová que arguyen que la palabra “Trinidad” no está en la Biblia. Yo pensaba que la enseñanza estaba allí y que la palabra sencillamente la definía. Pero entonces tenía el problema de que no podía usar ese argumetno con un católico al discutir el purgatorio. Mi respuesta era que el caso del purgatorio no podía ser definido claramente. Esta era una respuesta mas bien débil desde el momento en que era subjetivamente evangélica. Después de todo Lutero, Calvino, Wesley y una cantidad de otros reformistas podían “ver” el bautismo de infantes mientras que Spurgeon, Billy Graham y otros muchos no lo podían encontrar en la Biblia. La enseñanza católica era más lógica: Dios ha establecido una Iglesia como árbitro final y no se lo puede culpar por la confusión. El desarrollo de la doctrina es como el revelado del filme fotográfico. La imagen está en el filme, pero a medida que el tiempo y las circunstancias cambian la imagen se hace mas visible.

No pude encontrar un solo texto que afirmara que la Biblia sola era suficiente. El famoso pasaje en donde se afirma que la Escritura es provechosa (2 Tim 3:16) significa claramente que es una ayuda pero no que es suficiente. Asi como es provechoso para mi salud el beber agua regularmente pero no es suficiente como alimentación completa. No pude encontrar un solo versúculo en el cual se enseñara que la Palabra de Dios tuviera que ser exclusivamente la palabra escrita. Encontré que Jesús había honrado las tradiciones de la fe judía de su comunidad que no se encontraban en la Escritura. Su condenación de las falsas interpretaciones de tradiciones dadas por los fariseos no era una condena de la tradición en si misma ya que la Iglesia que El fundó sobre los apóstoles ha aceptado tanto los escritos como la tradición oral.

En un momento decidí reexaminar mi creencia en Cristo ¿Es posible que uno pudiera haber sido engañado? ¿Es posible que Cristo fuera un falso Mesías? Después de todo los judíos lo habían rechazado ¿Pudiera suceder que el pueblo más brillante y duradero en el mundo se equivocara? Por lo tanto comencé a leer apologética judía en contra del cristianismo que centraba sus ataques mayormente en afirmar que las profecías sobre el Mesías no se han cumplido. Afirman tambien que Jesús nunca declaró ser Dios y que los seguidores gentiles agregaron “conceptos paganos” como el del Nacimiento Virginal y la Encarnación. Esto me fascinaba porque se parecía mucho a las acusaciones de los anticatólicos que afirman que esas mismas cosas son agregados paganos. Comencé a ver esto como la culminación lógica de la teoría evangélica: si el paganismo contaminó al cristianismo entonces ¿cómo puede ser una enseñanza divina y permanente comparable a la incorruptible Torah? Otro libro anticristiano me llevó aun mas en esa dirección al preguntarme: si la religión de Cristo es la verdad, ¿por qué hay tantas diferentes iglesias cristianas? Así el intelecto judío ve al cristianismo, como un fracaso.

Entonces me volví a observar nuevamente a Cristo. No podría rechazar su divinidad. Podría ver que el Nuevo Testamento enseñaba que El es Dios, y esto no era un agregado pagano. El judaísmo moderno no era igual que el judaísmo del tiempo de Nuestro Señor. Era algo que se había desarrollado con el tiempo y que se había dividido en sectas. Incluso dentro de judaísmo ortodoxo hay interpretaciones rabínicas que están en conflicto. Continué aferrándose a mi creencia en el cristianismo “solamente la Biblia.” La forma de vida y la comunidad evangélicas son muy acogedoras y a mi vista los servicios católicos parecían fríos en comparación. Al mismo tiempo me desilusionaba cada vez más de la apologética anticatólica. Los libros como “Catolicismo Romano” de Loraine Boettner (un clásico anticatólico) presentaba gruesas distorsiones de la realidad de la doctrina y de la historia. Recuerdo haber leído un libro por un evangélico que ridiculizaba la doctrina católica de la intención sacramental. De hecho él ridiculizaba una mala representación de esa doctrina. La interpretación evangélica clásica de los textos petrinos cruciales, tales como Mateo 16, se fundamentaban en una visión defectuosa y ya entonces yo podía verlo claramente. El juego de palabras entre 'Petros' y 'petra' era periférico, pues Nuestro Señor hablaba arameo. La mayoría abrumadora de eruditos evangélicos de hoy acepta que Pedro es la roca y que él fue el recipiente de las llaves de autoridad de una manera especial. Pues así como los reyes antiguos de Israel delegaron sus llaves de autoridad a su ministro principal o visir, Jesús había designado a Pedro como su representante o vicario. Las llaves, en cualquier cultura civilizada representan poder. Me di cuenta que se forzaban a propósito los escritos de los Padres de la Iglesia para hacerlos entrar en el molde anticatólico.

Hay quienes proponen que los Padres de la Iglesia están en desacuerdo con la idea de que Pedro es la Roca de la que se habla en Mateo XVI. Un examen cuidadoso de los escritos patrísticos revela que se estan refiriendo a diversos aspectos y significados de las Escrituras así como una casa se construye sobre una serie de cimientos los escritores patrísticos observan los diferentes sentidos de la Escritura sin contradecirse en absoluto.

Contra lo que anunciaba el mito evangélico, allí encontré evidencia histórica abundante para la estancia de Pedro en Roma y del establecimiento de su obispado. Al escuchar a Nuestro Señor decir quea carne y sangre no le habían revelado su divinidad, se puede ver el regalo de Dios que es el papado en una forma embrionaria si se quiere. Me sorprendió encontrar ya desde el primer siglo (cuando el apóstol Juan todavía estaba vivo) que el obispo de Roma escribiera a la iglesia de Corinto, dando instrucciones y advertencia a sus miembros que, el no hacer caso de su consejo las implicaría un grave peligro. Con el progreso de los siglos la evidencia para el papado crece, y encontré que había respuestas razonables a las objeciones evangélicas. Recuerdo muy bien el comentario que leí en un libro de visitas en cierta iglesia anglicana, estaba escrito obviamente por un visitante católico y decía “Donde está Pedro allí está la Iglesia.” Esas palabras que se grabaron en mi mente, eran las palabras de Ambrosio dichas en el siglo IV. La iglesia anglicana puede haber conservado los edificios católicos construidos antes de la reforma pero ciertamente no ha conservado la antigua fe. A pesar de su pátina de catolicismo la iglesia anglicana del siglo XIX es protestante. Eso se manifiesta en la ordenación de mujeres y otras aberraciones que en ella han tomado forma. El papel de Pedro llegó a estar tan claro para mí que ni siquiera podía considerar la pretensión de las iglesias ortodoxas de oriente de ser la verdadera Iglesia de Cristo. En esas iglesias (o, mejor dicho, en esas comuniones) pude apreciar una hermosa liturgia pero tambien una falta de claridad magisterial. Por ejemplo, hasta los años de 1930 las iglesias cristianas rechazaron claramente la anticoncepción como una cosa intrínsecamente inmoral. En 1930 la iglesia anglicana la aprobó y otras han seguido desde entonces. Eso incluye a los ortodoxos que también aceptan el divorcio y casamiento posterior. Solamente la Iglesia Católica ha tendio una posición firme en estos asuntos y eso al costo de perder a Inglaterra en el siglo XVI.

Los ortodoxos abandonaron al sucesor de Pedro para plegarse al poder imperial de Constantinopla. Habiendo puesto su confianza en príncipes han cosechado finalmente un fracaso. Mientras que todas estas cosas me indicaban sin dudas que la roca de la Iglesia Católica era firme, el liberalismo de algunas gentes dentro de la Iglesia me perturbaba. Entonces, al leer la parábola de la casa construída sobre la roca, me dí cuenta que la lluvia y el viento la estropean tambien. Los excéntricos y los disidentes no pueden demoler la casa. Podrán sacarle pedazos a la roca pero no la pueden destruir. Así fue como encontré que, paralelamente a lo sucedido a Nuestro Señor, la oposición se concentra en tres áreas principales.

Durante su ministerio terrenal, las autoridades religiosas se horrorizaron ante sus declaraciones de ser Dios, el hecho de que perdonara los pecados y Su declaración de que, para tener vida eterna, había que comer de Su cuerpo y de Su sangre. Esto continúa siendo la razón de una oposición virulenta entre los evangélicos. Recuerdo muy bien que cuando era evangélico desdeñaba la enseñanza católica de la confesión a un sacerdote, la creencia de la transubstanciación, la Misa y la infalibilidad del Papa y de la Iglesia. Recuerdo haber replicado que solamente Dios puede ser infalible.

Mi examen detenido de las Escrituras me demostró también que la doctrina católica de María se arraiga en la Palabra de Dios y no es importada del paganismo. El hecho de que los paganos tuvieran diosas no invalida la creencia en María como el hecho de que los paganos hicieran sacrificios no invalida los sacrificios ordenados en la Biblia. Pude ver que los católicos no la adoran mas de lo que los anglicanos adoran a Oliver Cromwell cuando le dejan una guirnalda al pie de su estatua en los dias de fiesta.

La doctrina católica de la comunión de los santos llegó a ser para mí una verdad establecida. Si “la oración del justo tiene mucho poder” entonces lo que han muerto en el Señor, siendo espíritus perfectos de hombres justos tienen que tener un valor superlativo para nosotros. Esto se ilustra perfectamente en el capítulo cinco de Revelación (Apocalipsis) en el que los veinticuatro ancianos representan a los santos que ofrecen sus oraciones a Dios. Antes de entrar en la Iglesia Católica, una de las últimas líneas de resistencia del evangélico es aducir que las vidas de ciertos católicos son en muchos casos desastrosas. Esa objeción me fue contestada al leer a Ronald Knox. Knox fue criado en un hogar fuertemente evangélico y luego se convirtió al catolicismo. Una vez dijo que si él se olvidara el paraguas a la entrada de un templo metodista, al volver lo encontraría allí, pero que no se podía asegurar que ocurriera lo mismo en un templo católico. Los metodistas usaron muchas veces esa frase en contra de él pero en realidad es un testimonio en contra de ellos. Cristo vino a salvar a pecadores y la red de la Iglesia esta echada para todos los hombres y mujeres. La iglesia no es un club para lectores de la Biblia de clase media, la Iglesia de Jesucristo es una poción mezclada y el error de los reformistas fue creer que la Iglesia debe estar compuesta ciento por ciento por los elegidos de Dios.

Nuestro Señor dijo claramente que "muchos son llamados pero pocos son los elegidos." Si bien es cierto que he conocido a algunos católicos que estan bastantes desviados de la fe, tambien es cierto que la gran mayoria de los católicos son personas de bien que tratan de vivir la vida de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia. El hecho de que muchos católicos desobedecen las enseñanzas de la Iglesia confirma las palabras de Nuestro Señor que "a quienes más les es dado, más les será exigido." Son los católicos los que tendrán el juicio más severo que comienza por la Casa de Dios cuando el Señor al final de los tiempos separe el trigo de la cizaña.

Comencé a darme cuenta que, como los fariseos del tiempo de Jesús, los evangélicos tenían un punto de vista superficial de la adoración de Dios. Esto puede sonar un poco áspero, pero en efecto muchos cristianos "sola Biblia" han acumulado una serie de reglas que condenan comportamientos ciertamente inofensivos como si fueran algo anticristiano. Primero se favorece la opinión de que beber alcohol es un pecado y luego se enseña que Nuestro Señor bebió solamente zumo de uvas y que el vino del milagro de Caná era jugo sin alcohol. A otro le puede parecer que bailar es abominable. Se puede hacer una larga lista de costumbres parecidas. Hay evangélicos que piensan que fumar es evidencia de que uno no es un creyente pero Spurgeon, el comentarista bautista del siglo XIX, fumaba. Otros no compran billetes de lotería pero invierten su dinero en la bolsa. Es casi imposible crear un estereotipo del creyente evangélico pero se puede decir con seguridad que la gran mayoría cree en la anticoncepción. Dan el diezmo de sus ganacias a Dios, (el evangelismo no le sale barato a nadie) pero no de sus cuerpos. El entero sistema de “solo la Biblia” es subjetivo. Se cuenta una historia sobre un señora a quien alguien le preguntó si creía realmente que ella y su criado eran los únicos cristianos, a lo que ella respondió: “Bueno… no estoy muy segura si Jaime lo es.”

No estoy solo y en años recientes muchos evangélicos tradicionales se han pasado a la fe católica. Lo han hecho aunque el camino a la Iglesia estuviera bloqueado por falsas representaciones sembradas por la oposición. Esto es seguramente una gracia de Dios pues siempre habrá oposición para quienes quieren cumplir perfectamente con las palabras de Nuestro Señor. La oposición viene de las fuerzas del secularismo, del materialismo del modernismo y de otras filosofías. Todos ellos rechazan las enseñanzas que son peculiares de la Iglesia Católica. La Iglesia es la piedra pequeña predicha por el profeta Daniel que romperá la imagen falsa. Es la semilla que crece hasta ser un árbol poderoso.. Es el camino que Isaías profetizó y que los hombres no podrán dejar de encontrar. Es la casa fundada sobre la roca.

El Cardenal Herbert Vaughan (1832-1903) lo resumió en muy sabias palabras qu usaré como corolario:

"Es práctica común de los opositores de la Iglesia Católica el tratar de frenar a las almas por medio de presntarles una multitud de dificultades y objeciones contra las doctrinas de la Iglesia. Sobre esto se pueden decir dos cosas. Primero, sería muy fácil examinar esta lista de dificultades y publicar un examen de las mismas, ya hecho por doctos católicos en grandes obras. Pero es obvio que para contender con tales problemas habría que ser un teólogo o pasarse la vida entera investigando ya que es necesario contestar todos los cargos. Por otro lado tenemos los trabajos de los escritores anticatólicos, escritos para cegar o confundir el camino. Obras compuestas de calumnias, citas alteradas y una mezcla cuidadosamente dosificada de error y verdad. Estas intentan al mismo tiempo golpear y alienar tanto el sentido moral como el sentido intelectual. Si no tienen éxito completo de esta manera, al menos pueden sembrar perplejidad, ansiedad y retardar el camino del que busca a Dios. Pero en vez de entrar en un laberinto sembrado de dificultades y un rompecabezas de objeciones, la via mas corta y satisfactoria debiera ser elegida. Primero, encontrad al divino maestro, el pastor supremo, el Vicario de Cristo. Concentre todas sus facultades mentales y morales en la cabeza terrestre de la Iglesia de Dios. Esa es la clave para resolver esta situación.”

Traducción por Ignacio de Argenzola

viernes, 22 de junio de 2018

Santo Evangelio 22 de junio 2018


Día litúrgico: Viernes XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,19-23): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No os amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corroen, y ladrones que socavan y roban. Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón. 

»La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará luminoso; pero si tu ojo está malo, todo tu cuerpo estará a oscuras. Y, si la luz que hay en ti es oscuridad, ¡qué oscuridad habrá!».


«Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben»

Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés 
(Tarragona, España)

Hoy, el Señor nos dice que «la lámpara del cuerpo es el ojo» (Mt 6,22). Santo Tomás de Aquino entiende que con esto —al hablar del ojo— Jesús se refiere a la intención del hombre. Cuando la intención es recta, lúcida, encaminada a Dios, todas nuestras acciones son brillantes, resplandecientes; pero cuando la intención no es recta, ¡que grande es la oscuridad! (cf. Mt 6, 23).

Nuestra intención puede ser poco recta por malicia, por maldad, pero más frecuentemente lo es por falta de sensatez. Vivimos como si hubiésemos venido al mundo para amontonar riquezas y no tenemos en la cabeza ningún otro pensamiento. Ganar dinero, comprar, disponer, tener. Queremos despertar la admiración de los otros o tal vez la envidia. Nos engañamos, sufrimos, nos cargamos de preocupaciones y de disgustos y no encontramos la felicidad que deseamos. Jesús nos hace otra propuesta: «Amontonaos más bien tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que socaven y roben» (Mt 6,20). El cielo es el granero de las buenas acciones, esto sí que es un tesoro para siempre.

Seamos sinceros con nosotros mismos, ¿en qué empleamos nuestros esfuerzos, cuáles son nuestros afanes? Ciertamente, es propio del buen cristiano estudiar y trabajar honradamente para abrirse paso en el mundo, para sacar adelante la familia, asegurar el futuro de los suyos y la tranquilidad de la vejez, trabajar también por el deseo de ayudar a los otros... Sí, todo esto es propio de un buen cristiano. Pero si aquello que tú buscas es tener más y más, poniendo el corazón en estas riquezas, olvidándote de las buenas acciones, olvidándote de que en este mundo estamos de paso, que nuestra vida es una sombra que pasa, ¿no es cierto que —entonces— tenemos el ojo oscurecido? Y si el sentido común se enturbia, «¡qué oscuridad habrá!» (Mt 6,23).

De regreso a casa Hermoso testimonio de un ex pastor metodista

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De regreso a casa

Hermoso testimonio de un ex pastor metodista

Por Javier Arturo González

Mi nombre es Javier Arturo González Valdez, soy originario y vivo en la Ciudad de México, actualmente tengo 34 años y soy soltero Nací en el seno de una familia católica por tradición y no por convicción. De clase media acomodada. Mi padre es Ingeniero en electrónica y mi madre ama de casa. Soy el mayor de dos hermanos. 

Desde niño empecé a dar muestras de una profunda devoción religiosa. Me gustaba mucho ir a la Iglesia, rezar y solía construir ermitas en el jardín de mi casa para jugar a que yo era sacerdote y arrastraba a mi hermano y a mis primos en estos juegos tan curiosos. Nadie en mi casa era inclinado a la religión, nadie me inculcó ir a misa o tener devociones, todo ello surgía dentro de mí como cosa natural. Desde los cinco años tuve el deseo de llegar a ser sacerdote, era mi máximo anhelo, poder servir a Dios a quien tanto había aprendido a amar. Pero existía un gran problema en vida. Tenía una sería dislexia, que es un trastorno del aprendizaje, por lo que me iba bastante mal en la escuela. Mi padre había obtenido durante toda su vida académica excelentes calificaciones, por lo que yo era una vergüenza para él. Por lo mismo tanto mi padre como mi madre me golpeaban mucho, especialmente mi madre. Fui un niño que sufrió fuertes golpizas durante toda su infancia. Dios y mi vocación era lo único que me sostenía. Mi padre tenía planes de enviarme a Roma a estudiar si es que yo seguía manteniendo el deseo de ser sacerdote, pero dudaba que pudiera hacerlo por mis problemas de aprendizaje. 

A los nueve años, tuve el deseo de hacer mi Primera Comunión. La experiencia del Catecismo fue fabulosa. Tuve una catequista extraordinaria que nos enseñó a amar mucho a Jesús. Me preparó y llegó el anhelado día. Para mí fue uno de los días más hermosos de mi vida. 

De aquella experiencia mis padres comprendieron que debían hacer algo para ayudarme, así que me enviaron con una Pedagoga para que tratara mi problema. Ella me enseñó a estudiar, fue entonces que nació en mí un interés en la lectura y el conocimiento. Me devoraba los tomos de la enciclopedias. Como que se abría ante mis ojos un mundo nuevo. Desarrollé una excelente memoria. Mis calificaciones en la escuela mejoraron muchísimo. En todo ello vi claramente la mano de Dios. Deseaba ya terminar la preparatoria para poder ingresar entonces al seminario. 

Cuando entré en la secundaria, conocí a uno de mis profesores que era evangélico pentecostal y me invitaba a sus reuniones. Él había escuchado acerca de mi porque mis compañeros me decían “el padrecito” por mis deseos de ser sacerdote y mi forma de ser tan diferente a la de ellos. A fuerza de tanta insistencia de su parte finalmente asistí. Lo que vi aquella tarde me impresionó. Yo contaba con solo 13 años, cualquier cosa me impresionaba.Vi el amor y la unidad de aquellas personas, su amabilidad y sinceridad. La forma de alabar palmeando y levantando las manos no me eran ajenas ya que yo había llegado a asistir a “misas carismáticas”, pero el fervor y el compromiso de esa gente era mayor del que había visto hasta ese momento en la Iglesia Católica. Comencé pues a asistir a un estudio bíblico entre semana, pero los domingos seguía asistiendo a la Iglesia Católica. Hice muy buenos amigos entre los pentecostales con los que empezaba a salir a tomar el café y a asistir a campamentos y retiros. Entonces se llegó el tiempo de que ellos confrontaran mi fe católica. Empezaron atacar el hecho de que yo tuviera imágenes religiosas, que venerara a la virgen María y a los santos, que todo aquello era una abominable idolatría y superstición, cosas que Dios aborrecía, que la misa era falsa y supersticiosa, que la Iglesia Católica era la gran ramera del libro del Apocalipsis, que el papa era el anticristo, que las devociones católicas eran babilónicas, que dónde en la Biblia aparecía la palabra rosario, escapulario, veladora, misa o Papa, etc. etc. Me bombardeaban con versículos bíblicos a diestra y a siniestra. Yo no tenía en ese momento las armas ni conocimiento necesario para defenderme. Sus argumentos me parecían muy convincentes en aquel momento. Además, en verdad estimaba a mis nuevos amigos. Así que con todo el dolor de mi corazón abandoné la Iglesia Católica. Me obligaron a destruir mis imágenes, el rosario de mi primera comunión, mi vela, mi libro de oraciones, una pequeña cruz que me había regalado un fraile misionero franciscano (porque ese grupo era muy fundamentalista e incluso rechazaban la cruz de Cristo). De todo ello ahora me arrepiento, especialmente por los recuerdos de mi Primera Comunión que había sido una experiencia hermosa. 

Nunca acepté rebautizarme (práctica común en este grupo) porque yo infería que mi bautizo católico era válido aunque los líderes del grupo decían lo contrario, pero respetaron mi decisión. En realidad yo no había tenido una mala experiencia en el catolicismo, sino todo contrario, pero me habían convencido de que solo ellos tenían la verdad. Este grupo era verdaderamente recalcitrante. Todo era malo, todo era pecado. Ni siquiera había de tener templos, así que nos reuníamos en casas o en salones de fiesta. No celebraban Navidad ni Semana Santa porque esas eran tradiciones de hombres. El culto era ruidoso, se saltaba y aplaudía al ritmo de la música mientras se gritaban “amenes” y “aleluyas”. A mi madre también la convencieron pero mi padre se mantuvo al margen. Mi hermano era pequeño así que también asistía con nosotros a este grupo. 

Mis deseos de ser sacerdote quedaron opacados, ahora debía ser pastor, si es que Dios me llamaba. Sin embargo este grupo no creía en los seminarios, que también eran cosas de hombres, así que ellos sabrían cuando el Señor me llamaría para el ministerio, solo que debía estar casado. ¡Casado! Eso nunca había estado en mis planes. Yo jamás me imaginé con mujer ni hijos porque yo quería ser sacerdote. Desde niño sabía que Dios me había llamado a ser célibe, que era un don que Dios me había dado, que no tenía ninguna desviación sexual, sino que simplemente mi llamado era a la castidad. Así que este asunto lo puse en manos de Dios secretamente. Doy gracias a Dios porque hasta el día de hoy me ha mantenido en este estado, no por mis fuerzas, sino por el don que hay en mi. 

Si no había la posibilidad de entrar al Seminario entonces había de pensar en alguna carrera. Desde niño me había también gustado la Historia, así que me inscribí en la carrera de Historia en la UNAM. 

En el tercer semestre de la carrera llevé la materia de “Historia de España” fue allí donde encontré y conocí a la mujer que mas ha influido mi vida: Teresa de Jesús. El profesor de la materia era español y cuando habló de aquella Santa, nos dijo cómo ella había influido en el pensamiento espiritual no solo de su país, sino de todo el mundo. Nos habló de sus escritos, de su vida, de sus éxtasis y experiencias místicas. Solo habló de ella una clase, pero eso bastó para que aquella enigmática mujer me atrapara en sus redes amorosas. Para mis compañeros de clase (la mayoría ateos y marxistas) aquello no les decía nada, les parecía la historia de una mujer neurótica y fanática. Pero a mí me había movido mis más profundas fibras espirituales. Corrí a la biblioteca de la universidad para leer algunos de sus poemas, me impresionó “Vivo sin vivir en mí y tan alta vida espero que muero porque no muero”. Embelesado contemplaba la pasión de esta mujer por Dios, una pasión desbordante, plena, libre, una pasión que nunca había yo conocido ni inferido. Desde aquel momento comenzó una relación muy especial al grado que solía llamarla “mi novia”. Nunca había escuchado de ella cuando estaba en la Iglesia Católica. Cuando había sido católico tenía varios santos de mi devoción como San Judas Tadeo, San Martín de Porres y Santa Rita Casia, pero nunca había escuchado de Santa Teresa de Jesús. 

Mi encuentro con Santa Teresa y la carrera me hicieron más crítico hacia el grupo religioso al que pertenecía. Me di cuenta lo ignorantes que eran mis líderes, que aquello más bien tenía forma de secta y no de iglesia. Así que empecé a cuestionarles muchas cosas. El asunto llegó tan lejos que me dijeron que eligiera entre la carrera y la iglesia, así que abandoné aquel grupo. Me tacharon de aborto, de rebelde y hereje. El amor que manifestaban al principio se desvaneció. Había estado en este grupo pentecostal por ocho años. Mi salida del grupo se dio en un tiempo difícil porque coincidió con que mis padres se estuvieran divorciando. Mi papá nos quitó toda ayuda económica y mi madre entabló un juicio contra mi padre que al cabo de dos años ganó. Tuve que dejar la carrera por falta de dinero, pero un amigo me recomendó ingresar a un Instituto Teológico muy reconocido aquí en la Ciudad de México de trasfondo metodista. Yo conocía la Iglesia Metodista como una iglesia protestante muy prestigiosa y seria, además sabía que yo debía prepararme para el ministerio así que comencé a asistir a las clases en el Instituto. En el Instituto uno de mis compañeros me invitó a asistir a los servicios en su iglesia. El pertenecía a las Asambleas de Dios, una iglesia de corte pentecostal pero mucho más seria y organizada que el grupo en donde había estado. Asistí por dos años pero tampoco me gustó así que comencé a asistir a los servicios de la Iglesia Metodista. 

Me gradué del Instituto Bíblico en 1995 como bachiller en teología. Dado mi promedio de calificaciones, obtuve una beca para estudiar en los Estados Unidos en un Seminario para obtener la Licenciatura en Teología y Ministerio. Estuve en el Estado de Texas por dos años. En ese tiempo asistí a la Iglesia Metodista de los Estados Unidos. La teología metodista me convencía bastante. Juan Wesley, el fundador del metodismo, había sido sacerdote anglicano por lo que mantenía muchos elementos católicos como la liturgia, el uso de símbolos, la Eucaristía, las vestiduras, el bautizo de infantes, el Calendario Litúrgico, el Leccionario, las ordenes ministeriales de Obispos, Presbíteros y Diáconos etc. 

Me sentí mucho más identificado en ésta Iglesia. En Estados Unidos fui ordenado Diácono y serví en una congregación hispana. Por aquel tiempo nos visitaron los hermanos de Taizé. Ellos son unos monjes que viven en comunidad en Taizé Francia, pero son de origen protestante, aunque ahora tienen monjes de la Iglesia Católica y de las iglesias orientales. Ellos nos enseñaron la oración de recogimiento, la oración contemplativa, el valor del silencio, la oración y meditación frente a los íconos, etc. Todo esto despertó en mi aquellos anhelos espirituales que tenía reprimidos, comprendí que Dios me llamaba a vivir una vida espiritual en completa libertad. 

Gradué en 1997 y regresé a México en donde tuve que seguir estudiando para mi ordenación como presbítero de la Iglesia. Me enviaron a estudiar al Seminario Metodista de la Ciudad de México. El Seminario Metodista es parte de la Comunidad Teológica de México que está integrada por el Seminario Metodista, el Seminario Anglicano, el Seminario Luterano, el Seminario Presbiteriano y el Seminario Bautista. Este ambiente multiconfesional me ayudó mucho a ampliar mi visión y a conocer los esfuerzos ecuménicos en México. 

Fui ordenado en el 2000 como presbítero de la Iglesia Metodista. Impartía clases en el Seminario de Historia del Cristianismo, Liturgia, Teología Sistemática y Teología Espiritual. 

Durante todos estos años me fui acercado cada vez más al magisterio espiritual de la madre Santa Teresa de Jesús. He leído todos sus escritos varias veces además de clásicos teresianos como los “Estudios Teresianos” de Tomás Álvarez, “Tiempo y Vida de Santa Teresa”, la “Herencia Teresiana” etc., al grado de tener una buena sección de teresianismo en mi biblioteca personal. Mi interés por Santa Teresa, me llevó a acercarme y comprender la mística del Carmelo. He conocido y leído a San Juan de la Cruz, a Santa Teresita de Liseaux, Edith Stein, (nunca olvidaré cómo me conmoví al conocer la vida de esta mujer y de su encuentro con la verdad cuando leyó la autobiografía de Santa Teresa de Jesús), Sor Isabel de la Trinidad, Ana de San Bartolomé, etc. He leído otros místicos (Ignacio de Loyola, San Bernardo, Catalina de Siena, Francisco y Clara de Asís), pero la mística del Carmelo es la que más me ha cautivado. 

Cuando cumplí los treinta años empecé a orar para que Dios me permitiera ir a Ávila cuando tuviera 33 años y que pudiera asistir a las fiestas de la Santa. A partir de allí comenzaron a darse cosas extraordinarias en mi vida de oración personal. Gozo sobrenatural, oración de quietud, lágrimas y cosas semejantes. Comencé a tener un sueño en donde venía Santa Teresa con una vela en la mano, me tomaba del brazo, me llevaba por un largo pasillo que salía a un jardín, entonces el sueño terminaba. El fenómeno teresiano en mi vida me llevó a realizar estudios serios sobre la Iglesia Católica Romana, sus doctrinas, su historia, su organización y espiritualidad. Muchos de mis prejuicios contra el catolicismo se fueron diluyendo. Leí también algunos testimonios de protestantes que se han convertido al catolicismo como el cardenal John Newman, Scott Hahn, entre otros. 

Mi fuerte acercamiento con la Iglesia Católica, mi  devoción por Santa Teresa, mi gusto por la liturgia, mi opción por el celibato, etc. me hicieron blanco de críticas por parte de mis compañeros ministros y de muchos laicos acusándome de la Iglesia Metodista por ser “demasiado católico”.

Sin embargo Dios concede “determinada determinación” para cumplir su voluntad que es agradable y perfecta. Sabía también que solo “la obediencia da fuerzas”. 

 La Santa me fue metiendo pues en “hartos trabajos” en los que me sentí muy solo e incomprendido. Estaba decidido a volver al seno de la Santa Madre Iglesia Católica, la única fundada por Cristo y sus apóstoles, pero no sabía cómo. Mucho rogué a Dios por alguien que me ayudara y comprendiera lo que está sucediendo en mi vida. 

Finalmente pude llegar a Ávila habiendo cumplido los 33 años y precisamente en el marco de las fiestas de la Santa. Allí vine a conocer al Padre Fray Enrique Castro o.c.d., en ese momento profesor del CITES. Fue la respuesta a muchas lágrimas y oraciones. Él me ayudó a dar el paso de mi reconciliación con la Iglesia. Fue difícil explicar a mis autoridades en la Iglesia Metodista los motivos de mi reconciliación con la Iglesia Católica y la consecuente renuncia al ministerio metodista. No podían entender como era posible que renunciara a un ministerio “exitoso” en la Iglesia (en ese momento era yo pastor de una congregación ubicada en una de las mejores zonas del norte de la ciudad, con casa pastoral, automóvil, buen sueldo y prestaciones), además tenía varias responsabilidades administrativas dentro de la denominación, además de ser profesor en el seminario.

Ciertamente que mi situación económica desde mi reconciliación ha sido difícil, pero por nada cambio el gozo que ahora tengo en mi corazón y el poder vivir en plenitud mi fe. 

Poco después de aquel viaje a España, el P. Enrique regresó a México, por lo que nuestra amistad fructificó. Fue nombrado párroco del Santuario de Nuestra Señora del Carmen “La Sabatina” que es a donde actualmente asisto. 

De manera natural he retomado mis deseos de ser sacerdote, pero ahora dentro de la bendita orden del Carmelo. Los perfumes del Carmelo me han subyugado, deseo intensamente pertenecer al Carmelo (mi familia) que es en donde el Señor me ha mostrado que encontraré el espacio para vivir mi vocación contemplativa y sacerdotal.

Ruego a Dios y me acojo a la intercesión de nuestra Señora del Monte Carmelo y de Santa Teresa de Jesús para que me alcancen de Dios mi mayor sueño y anhelo: ¡SER CARMELITA DESCALZO! Dios los bendiga abundantemente.

En el amor de Jesús y María,

Javier Arturo González Valdez (aspirante al Carmelo).

“Merezcamos todos amaros, Señor; ya que se ha de vivir, vívase para vos”.

Santa Teresa de Jesús (Excl. XV,3).

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jueves, 21 de junio de 2018

Santo Evangelio 21 de junio 2018


Día litúrgico: Jueves XI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 6,7-15): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Al orar, no charléis mucho, como los gentiles, que se figuran que por su palabrería van a ser escuchados. No seáis como ellos, porque vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes de pedírselo. 

»Vosotros, pues, orad así: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal’. Que si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas».

«Si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial»

Rev. D. Joan MARQUÉS i Suriñach 
(Vilamarí, Girona, España)

Hoy, Jesús nos propone un ideal grande y difícil: el perdón de las ofensas. Y establece una medida muy razonable: la nuestra: «Si vosotros perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras ofensas» (Mt 6,14-15). En otro lugar había mostrado la regla de oro de la convivencia humana: «Tratad a los demás como queráis que ellos os traten a vosotros» (Mt 7,12).

Queremos que Dios nos perdone y que los demás también lo hagan; pero nosotros nos resistimos a hacerlo. Cuesta pedir perdón; pero darlo todavía cuesta más. Si fuéramos humildes de veras, no nos sería tan difícil; pero el orgullo nos lo hace trabajoso. Por eso podemos establecer la siguiente ecuación: a mayor humildad, mayor facilidad; a mayor orgullo, mayor dificultad. Esto te dará una pista para conocer tu grado de humildad.

Acabada la guerra civil española (año 1939), unos sacerdotes excautivos celebraron una Misa de acción de gracias en la iglesia de Els Omells. El celebrante, tras las palabras del Padrenuestro «perdona nuestras ofensas», se quedó parado y no podía continuar. No se veía con ánimos de perdonar a quienes les habían hecho padecer tanto allí mismo en un campo de trabajos forzados. Pasados unos instantes, en medio de un silencio que se podía cortar, retomó la oración: «así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Después se preguntaron cuál había sido la mejor homilía. Todos estuvieron de acuerdo: la del silencio del celebrante cuando rezaba el Padrenuestro. Cuesta, pero es posible con la ayuda del Señor.

Además, el perdón que Dios nos da es total, llega hasta el olvido. Marginamos muy pronto los favores, pero las ofensas... Si los matrimonios las supieran olvidar, se evitarían y se podrían solucionar muchos dramas familiares.

Que la Madre de misericordia nos ayude a comprender a los otros y a perdonarlos generosamente.

La experiencia de David con María



La experiencia de David con María

Tomado de Davidmacd.com

Me recuerdo a mi mismo, parado frente a una iglesia en 1988, no mucho tiempo después de que había convertido mi vida hacia Jesús. Miré la estatua de María fuera de la iglesia y no pensé en la estatua propiamente sino en lo que representaba. No la estaba adorando; sino que sólo pensé en la Madre de Jesús. Todo lo que sabía de ella era que lo que había visto en las escenas de la natividad cuando era jovencito y algún chiste raro sobre "una virgen teniendo un niño".

En mi vida había tenido muchas experiencias negativas con las mujeres. Había sido herido emocionalmente por algunas mujeres y me sentía herido. Incluso había cortado de plano las relaciones con mi propia madre. Nunca pensé que podría querer o amar a ninguna mujer nuevamente. Fue entonces cuando me pasó esto con María, que era la Madre mi Señor y Salvador (a quien yo me había consagrado un mes atrás).

Rápidamente me enamoré de ella. Ni siquiera sabía que el frente de la iglesia en que me había parado era una parroquia católica. No conocía las diferencias entre católicos y protestantes y no sabía que para un buen número de cristianos pensar, hablar y enseñar de este sentimiento respecto de María era blasfemo. Solamente sabía lo que mi corazón me indicaba.

Inmediatamente busqué unirme a alguna iglesia. Busqué en muchas denominaciones. Recorrí docenas de iglesias y me sentí desconcertado al ver que muchas de esas iglesias ni siquiera mencionaban a María. Les quería contar mi secreto pero era muy tímido en aquel tiempo y no hablaba ni hacía preguntas. No conocía la dinámica interdenominacional respecto de María.

De modo que me volví a aquella iglesia en que estaba la estatua. Es la parroquia a la que hoy pertenezco. Si hubiera sido de una denominación cristiana diferente probablemente me hubiera unido también. A mí solamente me encantaba el hecho de que honraran a la mujer más hermosa, la que me ayudó a sanar mi relación con las mujeres y con mi madre. ¿Si tú o yo podemos hacer milagros en el nombre de Jesús por qué no ella? (Mt. 10,1). Ella me demostró que podía amar de nuevo a las mujeres, empezando por ella.

Una vez en la iglesia me ocurrió otro milagro. Yo sabía algo de la Biblia pero nada acerca de los ángeles o la religión. Había allí una pintura de María alzando al Niño Jesús con un ángel a cada lado, llamada "Nuestra Señora del Perpetuo Socorro" que fuera pintada en los primeros siglos del cristianismo.

Mientras estaba sentado en silencio, le pregunté a María quiénes eran esos dos ángeles de la pintura. Escuché claramente una voz de mujer en mi cabeza que con toda ternura decía: "San Miguel y San Gabriel". Seis meses después encontré en esa iglesia un folleto explicando la pintura. Si la miras de cerca, hay un escrito en griego sobre cada ángel que traducidos significan: "Miguel" y "Gabriel" ¡Yo no leo griego! Esto para mí fue la confirmación, a través de ese milagro, de que yo estaba en el lugar correcto.



Alguien podría decir: "fue el demonio atontándote". De cualquier manera, veamos el resultado de esta experiencia. "Por los frutos se conocerán"(Mat 12,33). El fruto de este árbol es que fui conducido a profundizar mi relación personal con Jesucristo, Hijo del Dios viviente, el hijo de María. "Nadie puede decir "Jesús es el Señor sino por medio del Espíritu Santo"(I Cor 12,3)

Algunos de mis amigos evangélicos me dijeron que los íconos son ídolos. Gracias a Dios nunca lo hicieron antes de haberme ocurrido este milagro. Parece que Dios no estaba tan preocupado de que yo estuviera mirando un ícono. De hecho, Él decidió que me ocurriera un milagro mientras miraba un ícono. Gracias Dios por tus antigüedades católicas. Gracias Dios por darnos a María como madre. Gracias Dios por los milagros que obras a través de ella.

Debemos recordar que los apóstoles Pedro y Pablo hacían milagros en el nombre de Jesús. Incluso los pastores modernos lo hacen, milagros en el nombre de Jesús. Los católicos creemos que María también puede hacer lo mismo.

Y hubo otro milagro que Jesús hizo en mí por medio de María. Yo sufrí de un terrible desorden alimentario -anorexia/bulimia- por varios años. Un día le dije a María: "María, tú alimentaste a tu bebé Jesús durante todos esos años, apuesto a que podrías alimentarme". Este fue un momento decisivo en mi recuperación y desde entonces jamás he vuelto a sufrir esos desórdenes. Continúo en peso normal desde hace 12 años. Creo que ella hizo el milagro del mismo modo que los primeros cristianos curaban a la gente en el nombre de Jesús.

Una invitación -ora a Jesús acerca de María-

Espero no haber causado animosidades con este artículo. Solamente, deseo ayudar a construir un puente entre católicos y protestantes. No creo que evitar a María ayude en esta empresa de construir un puente. No puedo ver este punto fuera de discusión, al menos en mi propia vida como en la de millones de cristianos que vivimos en el espíritu de Cristo y hemos sido enriquecidos por la relación con María. El tiempo dedicado a María no nos separa de Jesús tal y como no nos separa de Jesús el tiempo que dediquemos a otros cristianos.

Quisera concluir con una invitación que podría ser muy difícil y tal vez imposible para algunos. Quisiera pedirte que olvides todo lo que has oído acerca de María, todo lo que leíste acerca de ella incluyendo lo que he dicho aquí.

Quiero invitarte a que ores a Jesús. La mayoría de los cristianos aceptarán que totalmente seguro orar Jesús acerca de lo que fuera. Quiero invitarte a que ores a Jesús acerca de María. Simplemente pide a Jesús qie te muestre la verdad acerca de su madre. Pídele que dirija tus pensamientos sobre ella. Pregunta a Jesús si su madre está viva con Él. Pregúntale si María está orando por nosotros. Simplemente ora a Jesús respecto de ella. Inténtalo cada noche durante seis semanas. Estoy seguro que Él te conducirá a la verdad acerca de su madre.

IMPORTANTE: Este testimonio ha sido reproducido por ApologeticaCatolica.org con el permiso expreso del señor David McDonald, si desea reproducirlo debe contactarlo a él directamente. La información puede encontrarla AQUI

miércoles, 20 de junio de 2018

Santo Evangelio 20 de junio 2018


Día litúrgico: Miércoles XI del tiempo ordinario



Texto del Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no lo vayas trompeteando por delante como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Y cuando oréis, no seáis como los hipócritas, que gustan de orar en las sinagogas y en las esquinas de las plazas bien plantados para ser vistos de los hombres; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. 

»Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas, que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo que ya reciben su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno sea visto, no por los hombres, sino por tu Padre que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará».


«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»

Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos invita a obrar para la gloria de Dios, con el fin de agradar al Padre, que para eso mismo hemos sido creados. Así lo afirma el Catecismo de la Iglesia: «Dios creó todo para el hombre, pero el hombre fue creado para servir y amar a Dios y para ofrecerle toda la creación». Éste es el sentido de nuestra vida y nuestro honor: agradar al Padre, complacer a Dios. Éste es el testimonio que Cristo nos dejó. Ojalá que el Padre celestial pueda dar de cada uno de nosotros el mismo testimonio que dio de su Hijo en el momento de su bautizo: «Éste es mi Hijo amado en quien me he complacido» (Mt 3,17).

La falta de rectitud de intención sería especialmente grave y ridícula si se produjera en acciones como son la oración, el ayuno y la limosna, ya que se trata de actos de piedad y de caridad, es decir, actos que —per se— son propios de la virtud de la religión o actos que se realizan por amor a Dios.

Por tanto, «cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial» (Mt 6,1). ¿Cómo podríamos agradar a Dios si lo que procuramos de entrada es que nos vean y quedar bien —lo primero de todo— delante de los hombres? No es que tengamos que escondernos de los hombres para que no nos vean, sino que se trata de dirigir nuestras buenas obras directamente y en primer lugar a Dios. No importa ni es malo que nos vean los otros: todo lo contrario, pues podemos edificarlos con el testimonio coherente de nuestra acción.

Pero lo que sí importa —¡y mucho!— es que nosotros veamos a Dios tras nuestras actuaciones. Y, por tanto, debemos «examinar con mucho cuidado nuestra intención en todo lo que hacemos, y no buscar nuestros intereses, si queremos servir al Señor» (San Gregorio Magno).