sábado, 25 de junio de 2016

Santo Evangelio 25 de Junio 2016



Día litúrgico: Sábado XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 8,5-17): En aquel tiempo, al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos». Dícele Jesús: «Yo iré a curarle». Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: ‘Vete’, y va; y a otro: ‘Ven’, y viene; y a mi siervo: ‘Haz esto’, y lo hace». Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos, mientras que los hijos del Reino serán echados a las tinieblas de fuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes». Y dijo Jesús al centurión: «Anda; que te suceda como has creído». Y en aquella hora sanó el criado. 

Al llegar Jesús a casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre la dejó; y se levantó y se puso a servirle. Al atardecer, le trajeron muchos endemoniados; Él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los enfermos, para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «Él tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades».

«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano»
Rev. D. Xavier JAUSET i Clivillé 
(Lleida, España)


Hoy, en el Evangelio, vemos el amor, la fe, la confianza y la humildad de un centurión, que siente una profunda estima hacia su criado. Se preocupa tanto de él, que es capaz de humillarse ante Jesús y pedirle: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos» (Mt 8,6). Esta solicitud por los demás, especialmente para con un siervo, obtiene de Jesús una pronta respuesta: «Yo iré a curarle» (Mt 8,7). Y todo desemboca en una serie de actos de fe y confianza. El centurión no se considera digno y, al lado de este sentimiento, manifiesta su fe ante Jesús y ante todos los que estaban allí presentes, de tal manera que Jesús dice: «En Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande» (Mt 8,10).

Podemos preguntarnos qué mueve a Jesús para realizar el milagro. ¡Cuántas veces pedimos y parece que Dios no nos atiende!, y eso que sabemos que Dios siempre nos escucha. ¿Qué sucede, pues? Creemos que pedimos bien, pero, ¿lo hacemos como el centurión? Su oración no es egoísta, sino que está llena de amor, humildad y confianza. Dice san Pedro Crisólogo: «La fuerza del amor no mide las posibilidades (...). El amor no discierne, no reflexiona, no conoce razones. El amor no es resignación ante la imposibilidad, no se intimida ante dificultad alguna». ¿Es así mi oración?

«Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo...» (Mt 8,8). Es la respuesta del centurión. ¿Son así tus sentimientos? ¿Es así tu fe? «Sólo la fe puede captar este misterio, esta fe que es el fundamento y la base de cuanto sobrepasa a la experiencia y al conocimiento natural» (San Máximo). Si es así, también escucharás: «‘Anda; que te suceda como has creído’. Y en aquella hora sanó el criado» (Mt 8,13).

¡Santa María, Virgen y Madre!, maestra de fe, de esperanza y de amor solícito, enséñanos a orar como conviene para conseguir del Señor todo cuanto necesitamos.

© evangeli.net M&M Euroeditors 

viernes, 24 de junio de 2016

La primera gitana mártir: embarazada en la cárcel republicana, no quiso delatar a su catequista

La primera gitana mártir: embarazada en la cárcel republicana, no quiso delatar a su catequista
Emilia la Canastera, a los altares con los mártires de Almería

La primera gitana mártir: embarazada en la cárcel republicana, no quiso delatar a su catequista

La primera gitana mártir: embarazada en la cárcel republicana, no quiso delatar a su catequista
Una canastera gitana de tiempos modernos... Emilia era una joven canastera de 24 años, recién casada y embarazada



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ReL24 junio 2016


Madre, esposa, joven pobre y analfabeta de 24 años, encarcelada con su bebé, que ha parido en condiciones inhumanas, en cautiverio... Podía haber mejorado su situación delatando a las autoridades su catequista, otra mujer encarcelada. Pero no lo hizo. Rezaba el Rosario y se aferraba a Dios durante 7 meses de cautiverio, meses de acercamiento a Cristo, de ser más como Cristo, hasta que el hambre y la enfermedad y un parto en malas condiciones, todo ello provocado y evitable, acabaron con ella.

Es la primera mujer gitana beata y mártir de la historia de la Iglesia Católica, Emilia Fernández Rodríguez, "Emilia la canastera", para los payos. El Papa Francisco ha ordenado hace pocos días su beatificación junto con otros 95 sacerdotes y 19 laicos mártires de la diócesis de Almeria.

Su historia está recogida en un librito de 2015, que difunde la diócesis de Almería y su delegado para las causas de los santos, titulado “Emilia, gitana mártir, y los héroes del río Almanzora”. 



Gitanos en las cuevas de Tíjola
Manuel Pozo Aller, un sacerdote natural de Tíjola, el pueblo de Emilia, a cien kilómetros de Almeria, escribe sobre sus recuerdos de infancia, un ambiente parecido al que vivió la joven mártir, en este pueblo.  

"Los recuerdos de las mañanas de mi niñez en Tíjola (Almería) están llenps de jornaleros en la plaza del pueblo con azada y atillo sentados en el bordillo de la acera esperando ser contratados por los propietarios de las tierras dedicadas en su mayoría al cultivo del parral para uva de mesa. [...] Por desgracia los jornaleros no eran los más pobres del lugar. Un numeroso grupo de gitanos les adelantaba en necesidades y penurias. Habitaban en el barrio denominado de las Bodeguicas, en cuevas horadadas en las montañas, ofreciendo un espectáculo paisajístico verdaderamente troglodita, haciendo la vida en la calle y dejando solo para la intimidad del hogar el lugar de descanso y la despensa. No había distinción de estancia entre humanos y animales. Una rambla partía en dos el barrio y roturaba una única avenida por donde circulaban bestias, carros y humanos".

"En aquellos años difíciles el coadjutor de mi ciudad era don José Guirao Menchón, un joven y dinámico sacerdote. Él me abrió los ojos para mirar la realidad que me rodeaba. Con él visité muchas veces a las familias gitanas y fui testigo de su exquisita caridad con los más pobres. [...] En una de estas tertulias al aire libre y bajo las estrellas oí hablar por vez primera de la gitanilla Emilia a quien los “payos” le habían apodado “la Canastera” por el oficio humilde y artesano con que se ganaba el pan de cada día". 

Parroquia de Tíjola donde fue bautizada en 1914
la mártir con el nombre de Emilia Gregoria Margarita

Su nombre era Emilia Fernández Rodríguez, nacida y bautizada en la parroquia de Santa María de Tíjola el 13 de abril de 1914 con los nombres de Emilia, Gregoria y Margarita. Era la segunda de tres hermanos y vivía, como tantos gitanos, en las casas-gruta. Tenía 4 años cuando la gran gripe tras la Guerra Mundial (la de 1918, la que llamarían "gripe española") mató a unos 50 niños del pueblo: ella sobrevivió. Sus padres le enseñaron a hacer cestos de mimbre y los vendían en los pueblos.

Casada en plena guerra
Llegó la Guerra Civil. Tíjola fue territorio republicano durante toda la guerra y los gitanos trataban de no sentirse involucrados en el conflicto. De hecho, en plena guerra, en febrero o marzo de 1938, Emilia se casó con su pariente Juan Cortés, un año menor que ella, por el rito gitano.  

Pero al poco llegaron milicianos insistiendo en alistar a Juan para el frente. Ella ya estaba embarazada. Idearon un plan para que él no fuese a la guerra. Prepararon una sustancia que pusieron en los ojos de Juan para dejarlo temporalmente ciego y mostrarlo incapacitado para el servicio. Pero cuando un tiempo después los milicianos vuelven y comprobaron que el joven gitano volvía a ver, constataron el engaño y los encarcelaron en prisiones separadas. A él, en la antigua azucarera "El Ingenio", reconvertida en prisión. A ella, en la cárcel de mujeres llamada Gachas Colorás, donde ingresó el 21 de junio.  

Hambre en la prisión de mujeres
Su compañera de prisión María de los Ángeles Roda Díaz describiría así las condiciones en esta prisión republicana con unas 40 presas "de derechas", que a veces eran simplemente mujeres cristianas.

Por las mañanas, "agua sucia" (café) y un pedazo de pan; para comer, "lentejas con gusanos, habas cocidas con sus cáscaras y una torta de arroz cocido"; como cena, pan y agua. "Allí dentro todas nosotras estábamos más bien delgadas y desnutridas, pues el alimento que nos daban era apenas suficiente para vivir. A la gitana le daban la misma ración que a las demás, sin tener en consideración que llevaba un hijo en el seno. Algunas de nosotras en las comidas le pasábamos algo de los víveres que nos traían las familias. Lo mejor que nos llegaba de casa era para ella".

Emilia, embarazada, con su vientre hinchándose, fue juzgada el 9 de julio de 1938: se la condenó a seis años de cárcel.

Al principio, la joven gitana se sentía sola y no hablaba con las otras reclusas. Muchas veces hablaba en caló y sus compañeras ni la entendían. Pero su juventud y su estado despertaron enseguida la simpatía de las presas. Una chica de su misma edad, Dolores del Olmo Serrano, Lola, trabó amistad con ella. Era la que llevaba más tiempo presa allí por su militancia política en Acción Popular, el partido conservador fundado por el Siervo de Dios Ángel Herrera Oria. Al principio de la guerra se había significado demasiado visitando presos y celebrando algunas excarcelaciones.

Las mujeres solían rezar en grupo por las tardes y Emilia pidió a Lola que le enseñase las oraciones y a hacer correctamente la señal de la cruz. 

Ángeles Roda cuenta que Emilia era "una persona muy buena, humilde y religiosa", una mujer "fascinante". En prisión, con Lola,  aprendió el padrenuestro, el avemaría y el Gloria, todo el rezo del rosario. Las letanías en latín no consiguió memorizarlas, pero a ella le bastaba con responder el "ora pro nobis". 

Entonces empezó el martirio propiamente dicho: el testimonio bajo persecución por la fe.

Interrogada por rezar
La directora de la cárcel, Pilar Salmerón Martínez, supo que la joven gitana había aprendido a rezar el rosario y llamó a Emilia para que delatara a su catequista. A cambio le ofrecía un mejor trato, e incluso interceder por su libertad o intentar sacar a Juan de prisión. Probablemente, consideraba que la gitana era la menos integrada en el grupo o la más débil y presionable.

Ninguna de las dos lo sabía, pero dos años antes se había dado una escena similar en Barbastro (Huesca), cuando otro gitano encarcelado, Ceferino "el Pelé", rechazó deshacerse de su rosario -como le proponían algunos mediadores- a cambio de ser liberado. Pero el caso del beato Ceferino, el otro gitano español en los altares, es distinto en el sentido de que él era ya un hombre de 74 años, un cristiano firme y comprometido de toda la vida, y apreciado en la vida pública como comerciante honrado, concejal, hombre generoso y pacificador. Su hija adoptiva ya estaba crecida. En cambio, Emilia no era nadie, sólo una gitana joven. Espiritualmente, ella apenas estaba empezando a crecer en la fe, era una joven recién casada y a punto de dar a luz.

Emilia se negó a delatar a Lola, que ya había estado antes en celdas de aislamiento. Y la directora decidió castigar a la gitana embarazada con esas celdas terribles. Lola, que era vista como la cabecilla evidente y veterana de 3 años de prisión, también fue encerrada en esas celdas que ya conocía. 

Encarnizamiento con la gitana
Con encarnizamiento, la directora mantuvo a Emilia en la celda de castigo en el frío invierno y le recortó la comida. Aunque Emilia pidió al gobernador civil que la liberasen por su embarazo y su delicado estado, no hubo respuesta. 

El 13 de enero, a las dos de la madrugada, Emilia dio a luz en el suelo de la celda a una niña, ayudada por algunas reclusas. Su amiga Lola bautizó a la pequeña esa tarde: se llamó Ángeles. 

Madre e hija fueron llevadas al hospital, pero 4 días después ambas vuelven a la misma celda de castigo pese a sus hemorragias. Emilia empeoró. El 25 de enero una carroza de caballos la llevó moribunda al hospital donde murió. El certificado médico lo atribuye a una infección postparto sumada con una bronconeumonía. 

Para la Iglesia está claro: su caso es como el de otros mártires del siglo XX, por ejemplo en los campos nazis o comunistas, que mueren por el trato inhumano en prisiones a causa de su fe. En este caso está claro que si ella hubiera delatado a su catequista y hubiera renunciado a una vida cristiana visible habría sido premiada con mejores condiciones. 

Está registrado que el cuerpo de Emilia fue arrojado a la fosa común del cementerio municipal de Almería. Juan, el joven viudo, quedaría libre al acabar la guerra y se casaría con Isabel, la hermana pequeña de Emilia. Ambos han muerto ya, al parecer sin hijos.  

De la bebé, que hoy sería una mujer de 77 años, no se sabe nada. Probablemente fue entregada en adopción a una familia republicana y perdió su nombre original, Ángeles Cortés Fernández. Si aún vive debe desconocer su origen e ignora que es hija de la primera mujer gitana mártir de la fe. 
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Santo Evangelio 24 de Junio 2016



Día litúrgico: 24 de Junio: El Nacimiento de san Juan Bautista

Texto del Evangelio (Lc 1,57-66.80): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: ‘Juan es su nombre’. Y todos quedaron admirados. 

Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él. El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel.

«El niño crecía y su espíritu se fortalecía»
Rev. D. Joan MARTÍNEZ Porcel 
(Barcelona, España)


Hoy, celebramos solemnemente el nacimiento del Bautista. San Juan es un hombre de grandes contrastes: vive el silencio del desierto, pero desde allí mueve las masas y las invita con voz convincente a la conversión; es humilde para reconocer que él tan sólo es la voz, no la Palabra, pero no tiene pelos en la lengua y es capaz de acusar y denunciar las injusticias incluso a los mismos reyes; invita a sus discípulos a ir hacia Jesús, pero no rechaza conversar con el rey Herodes mientras está en prisión. Silencioso y humilde, es también valiente y decidido hasta derramar su sangre. ¡Juan Bautista es un gran hombre!, el mayor de los nacidos de mujer, así lo elogiará Jesús; pero solamente es el precursor de Cristo.

Quizás el secreto de su grandeza está en su conciencia de saberse elegido por Dios; así lo expresa el evangelista: «El niño crecía y su espíritu se fortalecía; vivió en los desiertos hasta el día de su manifestación a Israel» (Lc 1,80). Toda su niñez y juventud estuvo marcada por la conciencia de su misión: dar testimonio; y lo hace bautizando a Cristo en el Jordán, preparando para el Señor un pueblo bien dispuesto y, al final de su vida, derramando su sangre en favor de la verdad. Con nuestro conocimiento de Juan, podemos responder a la pregunta de sus contemporáneos: «¿Qué será este niño?» (Lc 1,66).

Todos nosotros, por el bautismo, hemos sido elegidos y enviados a dar testimonio del Señor. En un ambiente de indiferencia, san Juan es modelo y ayuda para nosotros; san Agustín nos dice: «Admira a Juan cuanto te sea posible, pues lo que admiras aprovecha a Cristo. Aprovecha a Cristo, repito, no porqué tú le ofrezcas algo a Él, sino para progresar tú en Él». En Juan, sus actitudes de Precursor, manifestadas en su oración atenta al Espíritu, en su fortaleza y su humildad, nos ayudan a abrir horizontes nuevos de santidad para nosotros y para nuestros hermanos.

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Coronilla Divina Misericordia






La Coronilla de la Divina Misericordia





Se utiliza un rosario común de cinco decenas.

1. Comenzar con un Padre Nuestro, Avemaría, y Credo.

2. Al comenzar cada decena (cuentas grandes del Padre Nuestro) decir:

"Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, 
la Sangre, el Alma y la Divinidad 
de Tu Amadísimo Hijo,
Nuestro Señor Jesucristo,
para el perdón de nuestros 
pecados y los del mundo entero."

3. En las cuentas pequeñas del Ave María:

"Por Su dolorosa Pasión,
ten misericordia de nosotros
y del mundo entero."


4. Al finalizar las cinco decenas de la coronilla se repite tres
veces:

"Santo Dios, Santo Fuerte, 
Santo Inmortal, ten piedad de 
nosotros y del mundo entero."

jueves, 23 de junio de 2016

Se drogaba y ya pensaba en suicidarse, cuando hizo una oración desesperada... y Dios respondió

Se drogaba y ya pensaba en suicidarse, cuando hizo una oración desesperada... y Dios respondió

Testimonio de Gregory Aguado: peor que la droga, era la mentira

Se drogaba y ya pensaba en suicidarse, cuando hizo una oración desesperada... y Dios respondió

Gregory Aguado explica cómo Dios respondió a su oración, llevándole al lugar que le sanaría

El programa de testimonios Cambio de Agujas, de HM Televisión, ha publicado el testimonio de Gregory Aguado, un joven adoptado en una familia cristiana, que durante años vivió una doble vida enganchado a la droga, hasta que un día, pensando ya en suicidarse, hizo una oración desesperada y Dios pareció orientarle desde ese momento hacia la verdad, dura, pero liberadora.

Huérfano a los 9 años
Gregory Aguado nació en Madrid, “sin tener ya papá y con una mamá muy enferma”. Su madre murió después, cuando él tenía 9 años. El dolor, fuerte, se acumuló en su interior, en sus heridas de infancia. No sabía cómo expresarlo, y no tenía con quien compartirlo.

“Yo sufría mucho. Salía de la escuela, y todos mis amigos tenían a sus mamás fuera esperándoles para darles la merienda. Y yo salía y no tenía a nadie”.

No encajó bien en la primera familia de acogida con la que vivió: “Cuando yo me iba a la cama, lloraba, aunque tenía lo que todo niño puede querer. Juguetes, viajes, escuela... Todo. Pero me encontraba solo”. A los 13 años esta familia atravesó una serie de dificultades y tuvo que renunciar a la acogida de Gregory.


Poco tiempo después, Gregory era acogido en una nueva familia, esta vez en Valencia. Y era una familia firmemente católica. En casa se hablaba de Dios y de la Virgen con naturalidad, se rezaba el Rosario e iban a misa diaria.

Gregory estaba contento aquí, y cuando con 16 años le propusieron adoptarlo dijo que sí. “Era la primera vez que yo me sentía amado, querido, y me sentía en familia”.

Heridas ocultas: y vivir ocultándolas
Sin embargo, Gregory arrastraba las heridas de su infancia en su interior. Le costaba aceptar las reglas familiares, las reglas de cualquier tipo, de hecho. Incluso el amor, aceptar un abrazo de sus nuevos padres... En general, tenía miedo a abrir su corazón, a mostrar su interior, “porque pensaba que lo que yo llevaba dentro no era bonito”.

Estaba convencido de que en su interior él no era bueno, y que debía disimularlo. Debía levantar fachadas, mentir: esa fue su línea de acción desde que tenía 16 años.

“Todo lo que yo pensaba que era malo de mí lo tapaba con la mentira. Yo después he sido un tóxicodependiente. He sido cocainómano durante mucho tiempo. Pero yo pienso que mi mayor droga ha sido la mentira. Tapar todo lo que era, tapar todo lo que yo vivía, todo lo que sentía, intentar no escuchar la voz de la conciencia...”

Doble vida: misa y drogas
Comenzó a llevar una doble vida. En casa, en esa familia que le amaba y le había adoptado, era como se esperaba que él fuera.

Pero fuera de casa era distinto. “Con dieciséis años empecé a tomar las drogas, la marihuana, los porros… Yo pienso que lo malo fue que a mí me gustaba, sobre todo me gusta cómo me sentía frente a los otros. Pasaba a transgredir más. Primero pastillas, luego cocaína, crack, heroína... tantas cosas que he tomado...”

Había conseguido una doble vida completa, y se había convencido a sí mismo de que podía “controlar”. “Yo incluso iba a Misa, si se tenía que rezar, yo rezaba”...

Pero cuando sus padres descubrieron que faltaba dinero y que Gregory les engañaba se pusieron serios.

“Tomaron una buena decisión. Me dijeron: «Bueno, si quieres hacer tu vida, vete de casa». Yo con mi orgullo, con mi prepotencia me fui. Y lo primero que sufrí fue la calle. Tuve que vivir cuatro meses en la calle. Trabajando. Lo que cobraba me lo gastaba todo: en mi fiesta, en mis drogas, en estas cosas. Y ahí, empecé a encontrar la soledad, ya la gente no me miraba igual, no. Y si yo salía, me tenía que drogar, porque si no me drogaba no era un día tranquilo”.

Cayendo en el abismo
Al principio se drogaba solo para salir: los sábados y los domingos. Luego lo fue ampliando a todos los días de la semana.

“Yo pensaba que lo tenía todo controlado y que no era como los yonquis o como el que está en la calle, que tiene que pincharse, que está pasando el mono… Pero ya consumía ocho gramos de cocaína al día. Tenía que robar, tenía que traficar, tenía que hacer de todo… Y lo que más me impresionó un día,  es que yo ya no quería salir… Yo me iba a mi apartamento, tenía mis cosas y ya estaba. Y eso era mi madre, eso era mi comida, eso era mi dios… Todo eso, la cocaína era todo eso”.

A los 21 años, Gregory empezó a entender que en realidad no controlaba nada. Y se asustó.

“Sólo me importaba llegar a casa y tener mi cocaína y ya está. Me empezó a dar miedo porque no me importaban las chicas, no me importaba el sexo, dejó de importarme todo... Yo me iba a la cama, y cuando me apoyaba decía: ¡qué mierda de vida tengo! Me levantaba y me iba al sofá, y ahí me drogaba más para evitar las voces”.

Antes del suicidio, clamar a Dios
A los 22 años, desesperado, Gregory pensó en el suicidio. Y también rezó. Debía tres meses de alquiler, se había roto una rodilla, estaba tremendamente mal…

“Mira, Dios, si estás ahí, dame una respuesta clara, porque ya no puedo más”. Esa fue su oración.

Pensaba suicidarse... pero antes telefoneó a su madre adoptiva, para hablar un poco. Ella le dijo:

- Ven a casa y vamos a hablar...

Gregory acudió, les habló de dinero... “No he pagado, estoy así, estoy mal, con esto de la crisis no me pagan…” Pero su madre tenía una propuesta muy concreta.

- Puedes volver a casa si quieres. Te propongo una cosa: ingresar en la Comunidad del Cenáculo. Pero a lo mejor no es para ti, porque es para drogadictos –dijo ella, sin saber de la adicción de Gregory.

- No, eso no es para mí -dijo Gregory.

Pero volvió con sus padres. Y en esos días conoció al padre Kevin Deakin, de los Siervos del Hogar de la Madre. Kevin Deakin también había vivido la adicción a las drogas y en la Comunidad del Cenáculo, con oración, comunidad y trabajo, se había desintoxicado. (Lea y vea aquí la hermosa historia de sanación de Kevin Deakin).


“Me explicó su vida, que había estado también en las tinieblas, en la droga y cómo todo cambió.  Empezó a explicarme cómo se sentía, cómo encontró al Señor. Yo no había escuchado a nadie que sintiera lo mismo que yo. Y me sentí muy, muy igual”.

Gregory tenía pánico a admitir ante su familia que era drogadicto, pero se apuntó a “hacer una experiencia” en el Cenáculo.

Una comunidad sanadora
A los nuevos en una comunidad del Cenáculo se les asigna un acompañante o “ángel custodio”, un veterano que ha sido drogadicto y se conoce todas las mentiras y los trucos de quien ha sido esclavo de la droga.

En la primera reunión, su “ángel” le explicó:

-Aquí no hay música, no hay mujeres, no hay dinero, vas a rezar, vas a trabajar, vas a hacer amistad, no puedes ponerte las manos en los bolsillos, comerás cuando nosotros te digamos…
- Esto no es una cura, esto es la cárcel –dijo Gregory.
- Pero aquí vas a conseguir amar tu vida. Si quieres hacer un buen regalo a tu vida, a lo mejor tendrías que entrar – le respondió.

Él seguía negando ser drogadicto. Pero observó el caso de otro chico, de 22 años, que reconocía que fuera del Cenáculo se drogaba, que reconocía que necesitaba ayuda... “Lo que más me tocaba era que él sí era capaz de decir la verdad de modo abierto”.

En el Cenáculo, durante dos años, Gregory perseveró sin drogarse y descubrió la amistad verdadera. También descubrió que podía amarse a sí mismo. “Abrazar mis pobrezas y darme cuenta de que es normal ser débil y que es más bonito ser como soy. Me he dado cuenta que esa ha sido mi mayor droga, que siempre he querido tapar eso”.

La recaída y la verdad
En una semana con sus padres, Gregory se fue con los amigos y se emborrachó brutalmente.

Su madre, al día siguiente, le interrogó:

- ¿Qué te pasa? Dime la verdad.

Por primera vez, Gregory se animó a explicar la realidad.

- Hay una cosa que te tengo que decir y que a nadie se lo he dicho: soy toxicómano. ¿Te acuerdas cuando yo me escapaba? ¿Te acuerdas por qué yo gastaba tanto dinero?

Su madre lo abrazó. Y le animó a perseverar.

- Gracias, -dijo ella- porque ahora puedo entenderlo. Ahora te conozco más. Y sí han valido la pena estos dos años para que tú aunque salieras y recayeras… lo reconocieras. Vuelve, vuelve allí.

No fue fácil para Gregory volver al Cenáculo y reconocer, ante los sacerdotes y ante toda la comunidad que había mentido. También en esta ocasión, Gregory se sorprendió ante la reacción de la comunidad: “Todos me abrazaron y dijeron: menos mal que has abrazado tu vida”.

Gregory acompaña unas actividades del Cenáculo en México

Jesus sana la falta de amor
Gregory hoy va a la raíz del problema de su vida y de mucha gente: una falta de amor y autenticidad en el corazón.
Él, mediante el amor y la amistad en el Cenáculo, descubrió el amor y la amistad de Jesucristo, y eso sanó sus heridas.

“Quien esté en tristeza que se pregunte por qué y si realmente le gusta. A mí no me gustaba estar triste. Yo pienso que en Jesús está todo, hay gente de fuera que dicen que en la comunidad nos hacen cristoterapia. No es verdad. Cristo no es una terapia. Cristo es hombre y existe, no es una ideología, no es filosofía. Cristo es alguien, Jesús es alguien que cura, que si tú le hablas te responde. Y yo, cuando estaba tan desesperado que me quería quitar la vida, me respondió. Cuando estaba en lo más profundo de mi pecado, en la escoria misma, Cristo me escuchó, Jesús me escuchó y me dio una respuesta clara. A lo mejor yo no la veía, pero me dio una respuesta clara".  

"Quien esté en tristeza que se pregunte y que grite al Señor, porque tiene derecho a gritar. Si se siente desesperado, que lo haga, porque yo estoy seguro de que Cristo responde, estoy convencido de que Cristo responde y te da la oportunidad. No digo que sea en la Comunidad Cenáculo, pero Cristo te da las herramientas y no te va dejar perder”, anima.

Fuente: Religión en libertad

Santo Evangelio 23 de Junio 2016


Día litúrgico: Jueves XII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 7,21-29): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial. Muchos me dirán aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!’. 

»Así pues, todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica, será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, y embistieron contra aquella casa; pero ella no cayó, porque estaba cimentada sobre roca. Y todo el que oiga estas palabras mías y no las ponga en práctica, será como el hombre insensato que edificó su casa sobre arena: cayó la lluvia, vinieron los torrentes, soplaron los vientos, irrumpieron contra aquella casa y cayó, y fue grande su ruina».

Y sucedió que, cuando acabó Jesús estos discursos, la gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas.

«No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos»
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu 
(Sant Feliu de Llobregat, España)


Hoy nos impresiona la afirmación rotunda de Jesús: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21). Por lo menos, esta afirmación nos pide responsabilidad en nuestra condición de cristianos, al mismo tiempo que sentimos la urgencia de dar buen testimonio de la fe.

Edificar la casa sobre roca es una imagen clara que nos invita a valorar nuestro compromiso de fe, que no puede limitarse solamente a bellas palabras, sino que debe fundamentarse en la autoridad de las obras, impregnadas de caridad. Uno de estos días de junio, la Iglesia recuerda la vida de san Pelayo, mártir de la castidad, en el umbral de la juventud. San Bernardo, al recordar la vida de Pelayo, nos dice en su tratado sobre las costumbres y ministerio de los obispos: «La castidad, por muy bella que sea, no tiene valor, ni mérito, sin la caridad. Pureza sin amor es como lámpara sin aceite; pero dice la sabiduría: ¡Qué hermosa es la sabiduría con amor! Con aquel amor del que nos habla el Apóstol: el que procede de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera».

La palabra clara, con la fuerza de la caridad, manifiesta la autoridad de Jesús, que despertaba asombro en sus conciudadanos: «La gente quedaba asombrada de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como sus escribas» (Mt 7,28-29). Nuestra plegaria y contemplación de hoy, debe ir acompañada por una reflexión seria: ¿cómo hablo y actúo en mi vida de cristiano? ¿Cómo concreto mi testimonio? ¿Cómo concreto el mandamiento del amor en mi vida personal, familiar, laboral, etc.? No son las palabras ni las oraciones sin compromiso las que cuentan, sino el trabajo por vivir según el Proyecto de Dios. Nuestra oración debería expresar siempre nuestro deseo de obrar el bien y una petición de ayuda, puesto que reconocemos nuestra debilidad.

-Señor, que nuestra oración esté siempre acompañada por la fuerza de la caridad.

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miércoles, 22 de junio de 2016

Cada vez más laicos toman responsabilidades evangelizadoras en las ciudades: son misioneros urbanos

Cada vez más laicos toman responsabilidades evangelizadoras en las ciudades: son misioneros urbanos

párrocos deben encauzar los dones que Dios da a sus feligreses

Cada vez más laicos toman responsabilidades evangelizadoras en las ciudades: son misioneros urbanos

Las parroquias necesitan laicos que complementen la labor espiritual que los sacerdotes realizan con las personas


Cada vez son más los laicos que ayudan en sus parroquias y a los párrocos, con las tareas de evangelización: catequesis, grupos y forman parte de asociaciones eclesiásticas. La Revista Misión recoge algún testimonio de estos laicos. El objetivo es poner al servicio de la Iglesia los dones de cada uno para mostrarlos a los demás.

Evangelizadores urbanos
“Ir a las periferias existenciales” es la frase que mejor resume el carisma de los Misioneros Urbanos de Jesucristo (MUJ), una asociación pública de fieles cuyo objetivo es formar orientadores parroquiales que “acompañen a las almas en las parroquias y complementen la labor espiritual que los sacerdotes realizan con las personas”, señala Carlos Vázquez, iniciador de los MUJ.

"Ayudamos a todo aquel que se acerque a la parroquia a que pueda cumplir la voluntad de Dios para su vida, y esto pasa por amar a Dios sobre todas las cosas”.

Los MUJ y los orientadores formados por ellos para este cometido son personas que saben comprender en nombre de Jesucristo, consolar en nombre de Jesucristo –lo cual despierta, poco a poco, en el orientado, la esperanza– y, finalmente, acompañar en nombre de Jesucristo. Para lograrlo, Vázquez explica que los MUJ “les ayudan a vivir la verdadera caridad”. 

En España, la asociación está ya presente en Madrid, Málaga, Valencia y Valladolid. En el resto del mundo, se encuentra en Argentina, Canadá, Chile, Colombia, Estados Unidos, Italia, México, Panamá y Puerto Rico.

Los laicos en la Iglesia
Este protagonismo de los laicos tiene que ver, por un lado, con que “los sacerdotes, llegamos hasta donde llegamos”, reconoce Alfredo Jiménez, párroco de Nuestra Señora del Buen Suceso, en Ma drid. Por eso, señala que la comunión entre el equipo de sacerdotes es crucial, pero también lo es con la comunidad parroquial. Así, la parroquia se trasforma en una auténtica “familia de familias” –como la ha denominado el Papa Francisco en Amoris laetitia– “donde se armonizan los aportes de las pequeñas comunidades, movimientos y asociaciones eclesiales” (n. 202).


Por otro lado, el Concilio Vaticano II tornó los papeles en la Iglesia. Desde entonces, el sacerdote, considerado el protagonista de la evangelización, pasa a ser el servidor del Pueblo de Dios, cuya misión es ser luz en medio del mundo. El Papa Francisco lo recuerda en Evangelii gaudium (n.120): “La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización”. Por tanto, el sacerdote, como pastor, guía y orienta la diversidad de dones que nutren la parroquia, mientras que los laicos desempeñan tareas como, por ejemplo, atender a las personas que acuden a Cáritas.

A ello se dedica precisamente Carmen Rosa, voluntaria de Cáritas en la parroquia del Buen Suceso donde se asiste a más de 200 familias necesitadas. Ella se puso al servicio de su párroco hace treinta años, por su inquietud misionera, para “lo que mandara”, pero también porque “es en la Iglesia donde he recibido todo apoyo a lo largo de mi vida”.

 Poner los dones al servicio de la comunidad
“Cualquier don que tenga una persona es una necesidad para la parroquia”. Lo afirma el padre Daniel Navarro, vicario de la parroquia de San Germán, en Madrid, quien está convencido de que, para que las parroquias de nuestro tiempo sean luz en el barrio, necesitan de laicos y de familias que estén al servicio de la comunidad.

Porque, según Navarro, el papel de todo cristiano consiste en “llevar su amor al resto de la gente de cien mil formas diversas”. A estas “cien mil formas” se refiere el Papa Francisco en su exhortación apostólica Evangelii gaudium (n. 130): “El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas. Son dones para renovar y edificar a la Iglesia. No son un patrimonio cerrado”. Al contrario: hacen posible la misión evangelizadora del Pueblo de Dios.


Descubrir la voluntad de Dios
“Todo compromiso nace del encuentro con Jesucristo. Algunas personas no se dan cuenta: el Señor apela a su responsabilidad, a sus sentimientos…; en todo caso, es de su encuentro con el Señor de donde brota toda colaboración”, añade Navarro.

Es el caso de Mateo, un feligrés de la parroquia de San Germán, que cuenta que, tras participar en un retiro de Emaús, “mi vida se transformó” y ahora, dedica su tiempo a atender a todo aquel que pasa por la recepción. Su párroco, don Enrique González Torres, añade el ejemplo de un feligrés que se dedicaba a las finanzas y a quien el encuentro con el Resucitado le suscitó la puesta en marcha de un economato.

Pero, para esta entrega generosa, en muchas ocasiones, es el párroco quien tiene que “despertar en sus fieles la llamada concreta de Dios para una misión”, señala el padre Gabriel Benedicto, párroco de la Virgen de la Paloma y san Pedro el Real, quien recuerda las preguntas de san Ignacio de Loyola: “¿Qué estoy haciendo por Cristo?, ¿qué debo hacer por Cristo?”.

El padre Benedicto opina que esta es la pregunta que debe hacerse todo laico para ayudar a la evangelización. “Se trata de que cada persona descubra que Dios la llama a hacer su voluntad y esa voluntad de Dios es que todos los hombres se salven; así, con este convencimiento, el que limpia, lo hace sabiendo que esta es su misión, igual que el que lee y el que canta en misa”.

Esta multiplicidad de dones visibles en una parroquia tiene su reflejo en los numerosos carismas que el Espíritu continúa suscitando en la Iglesia universal con el fin de renovarla y edificarla. Insertados en la vida de la parroquia, movimientos como Renovación Carismática, Camino Neocatecumenal, Legión de María, Vida Ascendente, Comunión y Liberación, o Acción Católica dan vida a las parroquias a la vez que muestran que en la casa del Padre tienen cabida todos sus hijos.


 
Todos caben en la Iglesia
En parroquias como la Virgen de la Paloma, los laicos están al frente de los grupos de catequesis para niños, jóvenes y adultos; de los cursillos de novios; de la pastoral de posconfirmación y del coro, así como del servicio de Cáritas, que, entre otros servicios, da apoyo escolar a jóvenes de familias sin recursos. “Como de la Iglesia nacen nuevas formas de divertirse”, señala el padre Gabriel Benedicto, la parroquia proponen a los jóvenes ligas deportivas, excursiones a la montaña o sesiones de cine. 

Este templo, ubicado en el centro de Madrid, cuenta con una “pastoral de acogida”, en la que los feligreses encargados reciben a todo turista que se acerque y le ofrecen un recorrido cultural y catequético por la parroquia.