martes, 21 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 21 de noviembre 2017




Día litúrgico: Martes XXXIII del tiempo ordinario

Santoral 21 de Noviembre: La Presentación de la Santísima Virgen María

Texto del Evangelio (Lc 19,1-10): En aquel tiempo, habiendo entrado Jesús en Jericó, atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, que era jefe de publicanos, y rico. Trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura. Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verle, pues iba a pasar por allí. Y cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: «Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa». Se apresuró a bajar y le recibió con alegría. 

Al verlo, todos murmuraban diciendo: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: «Daré, Señor, la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo defraudé a alguien, le devolveré el cuádruplo». Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido».


«El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido»
Rev. D. Enric RIBAS i Baciana 
(Barcelona, España)


Hoy, Zaqueo soy yo. Este personaje era rico y jefe de publicanos; yo tengo más de lo que necesito y quizás muchas veces actúo como un publicano y me olvido de Cristo. Jesús, entre la multitud, busca a Zaqueo; hoy, en medio de este mundo, me busca a mí precisamente: «Baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa» (Lc 19,5).

Zaqueo desea ver a Jesús; no lo conseguirá si no se esfuerza y sube al árbol. ¡Quisiera yo ver tantas veces la acción de Dios!, pero no sé si verdaderamente estoy dispuesto a hacer el ridículo obrando como Zaqueo. La disposición del jefe de publicanos de Jericó es necesaria para que Jesús pueda actuar; y, si no se apremia, quizás pierda la única oportunidad de ser tocado por Dios y, así, ser salvado. Quizás yo he tenido muchas ocasiones de encontrarme con Jesús y quizás ya va siendo hora de ser valiente, de salir de casa, de encontrarme con Él y de invitarle a entrar en mi interior, para que Él pueda decir también de mí: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque también éste es hijo de Abraham, pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido» (Lc 19,9-10).

Zaqueo deja entrar a Jesús en su casa y en su corazón, aunque no se sienta muy digno de tal visita. En él, la conversión es total: empieza con la renuncia a la ambición de riquezas, continúa con el propósito de compartir sus bienes y acaba con la resolución de hacer justicia, corrigiendo los pecados que ha cometido. Quizás Jesús me está pidiendo algo similar desde hace tiempo, pero yo no quiero escucharle y hago oídos sordos; necesito convertirme.

Decía san Máximo: «Nada hay más querido y agradable a Dios como que los hombres se conviertan a Él con un arrepentimiento sincero». Que Él me ayude hoy a hacerlo realidad.

Anne-Christine Girardot es una cineasta francesa afincada en Holanda... que encontró a Dios en Bogotá


«Aquellas chicas rezaban junto al enfermo y entonces sentí muy fuerte que Dios estaba allí»

La directora premiada por «La Isla de los Monjes» explica cómo encontró a Dios junto a un moribundo

Anne-Christine Girardot es una cineasta francesa afincada en Holanda... que encontró a Dios en Bogotá

La directora premiada por «La Isla de los Monjes» explica cómo encontró a Dios junto a un moribundo

Anne Christine Girardot, nacida en 1970, es una cineasta y documentalista que ha ganado recientemente varios premios de cine, como el Religion Today de Turín, por su documental "La Isla de los Monjes", que llega a España de la mano de la distribuidora Bosco Films (www.boscofilms.es/la-isla-de-los-monjes/).

Francesa afincada en Holanda, explica a ReL que ella encontró tanto la fe como su vocación cineasta en Bogotá, Colombia. Amplió sus estudios en Dallas, Texas, y habla francés, inglés, español y neerlandés.


  Los trapenses holandeses dejaron a Anne-Christine entrar en su convento y contar la historia de su mudanza, con sus incertidumbres, y la serenidad de la presencia de Dios

Dejó la fe en la adolescencia
"Mi padre era protestante, no muy practicante, y mi madre era católica. Nos educaron en casa como católicos y yo de niña era muy creyente. Pero después, en la adolescencia, salí de la fe. Era una postura intelectual: Dios no se puede comprobar, decía yo. ¿Cómo creer algo no comprobable? En realidad, muy en el fondo, siempre tenía como una lucecita escondida en mi interior que decía que Dios debe existir, pero no afectaba a mi vida", explica. 

A los 20 años ella quería estudiar traducción e interpretación, y pensó en pasar un tiempo en un país hispano "haciendo algún tipo de voluntariado social y aprendiendo español". Acudió a su tío, que era religioso eudista: de hecho, había sido el superior general de esta congregación que hoy está presente en una veintena de países. Y su tío la envió a vivir a una comunidad de chicas de Minuto de Dios en Bogotá (www.minutodedios.org). 

Minuto de Dios empezó como un minuto de oración y reflexión en la radio en 1950 y en los años 60 pasó a ser una gran iniciativa católica para aportar viviendas a los necesitados, de la mano del sacerdote eudista Rafael García Herreros. Anne Christine aterrizó en una casa de varias chicas, que no eran consagradas ni tenían votos, pero que vivían juntas con una intensa vida de oración, con su misa cada mañana, su oración nocturna y  visitas a enfermos y necesitados.

El vecino moribundo... Dios en la oración
"Nuestros vecinos nos pidieron ir a rezar a su casa, por un pariente moribundo. Allí fui yo, con otras cinco chicas. Estábamos alrededor de su cama, y le tomaban de la mano mientras rezaban con él. En ese momento tuve la certeza de que estábamos siendo instrumentos en la mano de Dios, que Él nos estaba usando en ese momento para expresar su amor y sentí su presencia con fuerza. Y aquello me cambió". 

Anne Christine había llegado a Bogotá para pasar 3 meses pero se quedó 2 años. Y del mundo de la traducción pasó al cine y la televisión. En la pequeña pero incansable productora de Minuto de Dios le pidieron ayuda haciendo traducciones del inglés al español, y así descubrió que lo suyo era filmar, editar, dirigir, comunicar con imágenes. 

"Les dije: os hago traducciones gratis pero me enseñáis el oficio. Tenía muy claro la vocación de hacerme directora, quería ser un puente entre lo que veo y emitirlo. En lo espiritual fueron dos años superintensos: nunca sentí tan cerca la Presencia de Dios. Me confesaba, iba a misa cada mañana, a la oración de la noche..."


  El documental incluye: una calavera de monje, un buen rato cuidando en cementerio, un funeral... la muerte es lo que espera al hombre, pero la esperanza la afronta con serenidad

Muchos años después, sigue acompañando 
Después completó estudios en Dallas y desde 2005 tiene una productora que filma para la TV pública holandesa. Pasados más de 25 años, Anne Christine sigue encontrando a Dios y alimentando su fe en el trato con los enfermos.  "Soy voluntaria en una casa de cuidados paliativos, un hospicio para personas que se están muriendo. Es un lugar secular, allí no cree nadie y casi nunca me dan ocasión para hablar de la fe. Pero incluso sin poder hablar de Dios allí soy un instrumento de Dios con los enfermos". 

Un cámara que habla, desde arriba o desde cerca
En "La Isla de los Monjes" la cineasta tampoco habla mucho, apenas hace un par o tres de preguntas a los monjes y sus feligreses. El resto lo dice la cámara. Hay cámaras que graban desde el aire, como si fuera la mirada de Dios sobre el monasterio o sobre la playa mojada y desierta. Hay camaras cercanas, junto al monje, su icono, su vela. Hay imágenes del faro de la isla: "ellos, los monjes, son como el faro, una luz, una señal en la oscuridad".


Incluso se comprometió así con los monjes: “Ustedes me dejan, se abren y yo en la fotografía intento mostrar esa sintonía, sin añadir nada, siendo fiel a lo que vemos". Un monje no le dejó filmarle porque "las imágenes no pueden recoger la vida interior", dijo. Pero la comunidad, de 8 monjes en total, entendió que la película, y sus preguntas, ayudaban a entender su proceso, a buscar las raíces de su vocación. Su vocación no era el edificio, ni siquiera los hermanos: era escuchar a Dios, buscar a Dios, cada día. Además, así podían decir a otros medios de comunicación interesados en la historia de cómo se vende un monasterio que ya había un equipo cubriendo el tema.

Dejar un mundo, crear otro, y conservar lo valioso
La película trata de 8 monjes en un monasterio trapense holandés pensado para 120. Y sienten que Dios les llama a dejarlo todo y poner en marcha una nueva comunidad, pequeña, construyendo un pequeño convento, en una isla apartada que se llama, precisamente "la isla de los monjes grises", aunque llevan siglos sin ver un monje. 


  Los monjes caminan por la playa como Israel por el desierto

"Me gustó ver como afrontaban el proceso juntos. Cuando los conocí me parecían algo aislados unos de otros, que casi no se hablaban en ese monasterio tan grande, con pocos momentos de dialogar. Pero con la transición, la creación de algo nuevo, al mudarse y vivir cuatro en una casa más pequeña, todo cambia". 

¿Para qué sirven los monjes?
Ella les pregunta: ¿para qué sirven los monjes? Ellos responden: "No tienen un uso, la vida de monje es ser signo de la presencia de Dios". 

"La gente de la isla estaba muy intrigada con la llegada de los monjes y los miraban como animales exóticos. Hay pocos monjes y curas en Holanda, y los monjes no salen de sus conventos. Y, pese a todo, logran ser un signo. A estos monjes les sorprendió ver que la gente de su zona tenía muchos lazos con ellos y se apenaban muchísimo por su marcha. Eran vecinos que hablaban con ellos por cosas espirituales. 'Nuestros vecinos vienen de repente a decir que están tristes por nuestra marcha, incluso personas con las que nunca habíamos hablado', me decían. Creo que hay como una sensación de que 'tener monjes en la zona' aporta una seguridad y estabilidad, sabiendo que siempre estarán allí orando". 


Cada monje tiene su pasado
Los monjes, mientras empaquetan, cuentan su pasado a la cineasta. Las historias de su llegada al convento son de lo más peculiar y las cuentan con sinceridad. La mitad parecen haber llegado allí sin conocer a Dios, pero hartos del mundo. Solo después se convierten en 'escuchadores' de Dios. 

"Vivimos una época compleja para la fe en Occidente, y los monjes nos dan un mensaje de esperanza", explica la directora. "Me dijeron que quizá parte de la vida monacal morirá en Holanda y otros países, pero que aparecerá de nuevas formas, porque la búsqueda del ser humano hacia lo divino nunca cesará. Ellos veían esa necesidad de nuevas formas y me parece muy valiente". 


Fuente: Religión en Libertad

lunes, 20 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 20 de noviembre 2017


Día litúrgico: Lunes XXXIII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,35-43): En aquel tiempo, sucedió que, al acercarse Jesús a Jericó, estaba un ciego sentado junto al camino pidiendo limosna; al oír que pasaba gente, preguntó qué era aquello. Le informaron que pasaba Jesús el Nazareno y empezó a gritar, diciendo: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!». Los que iban delante le increpaban para que se callara, pero él gritaba mucho más: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!». Jesús se detuvo, y mandó que se lo trajeran y, cuando se hubo acercado, le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?». Él dijo: «¡Señor, que vea!». Jesús le dijo: «Ve. Tu fe te ha salvado». Y al instante recobró la vista, y le seguía glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al verlo, alabó a Dios.

«Tu fe te ha salvado»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench 
(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)


Hoy, el ciego Bartimeo (cf. Mc 10,46) nos provee toda una lección de fe, manifestada con franca sencillez ante Cristo. ¡Cuántas veces nos iría bien repetir la misma exclamación de Bartimeo!: «¡Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí!» (Lc 18,37). ¡Es tan provechoso para nuestra alma sentirnos indigentes! El hecho es que lo somos y que, desgraciadamente, pocas veces lo reconocemos de verdad. Y..., claro está: hacemos el ridículo. Así nos lo advierte san Pablo: «¿Qué tienes que no lo hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?» (1Cor 4,7).

A Bartimeo no le da vergüenza sentirse así. En no pocas ocasiones, la sociedad, la cultura de lo que es “políticamente correcto”, querrán hacernos callar: con Bartimeo no lo consiguieron. Él no se “arrugó”. A pesar de que «le increpaban para que se callara, (...) él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’» (Lc 18,39). ¡Qué maravilla! Da ganas de decir: —Gracias, Bartimeo, por este ejemplo.

Y vale la pena hacerlo como él, porque Jesús escucha. ¡Y escucha siempre!, por más jaleo que algunos organicen a nuestro alrededor. La confianza sencilla —sin miramientos— de Bartimeo desarma a Jesús y le roba el corazón: «Mandó que se lo trajeran y (...) le preguntó: «¿Qué quieres que te haga?» (Lc 18,40-41). Delante de tanta fe, ¡Jesús no se anda con rodeos! Y... Bartimeo tampoco: «¡Señor, que vea!» (Lc 18,41). Dicho y hecho: «Ve. Tu fe te ha salvado» (Lc 18,42). Resulta que «la fe, si es fuerte, defiende toda la casa» (San Ambrosio), es decir, lo puede todo.

Él lo es todo; Él nos lo da todo. Entonces, ¿qué otra cosa podemos hacer ante Él, sino darle una respuesta de fe? Y esta “respuesta de fe” equivale a “dejarse encontrar” por este Dios que —movido por su afecto de Padre— nos busca desde siempre. Dios no se nos impone, pero pasa frecuentemente muy cerca de nosotros: aprendamos la lección de Bartimeo y... ¡no lo dejemos pasar de largo!

Nació sin brazos ni piernas, su padre se suicidó, fue abusada...y da charlas motivacionales


Zuly Sanguino es una pintora reconocida y una ferviente cristiana

Nació sin brazos ni piernas, su padre se suicidó, fue abusada...y da charlas motivacionales


Zuly nació con focomelia, una enfermedad que provocó la ausencia de huesos en piernas y brazos

Nació sin brazos ni piernas, su padre se suicidó, fue abusada...y da charlas motivacionales

Zuly Sanguino es un ejemplo claro de superación para alguien que fue desahuciada en el mismo momento en el que nació. Pero con amor y fe todo es posible. Esta joven colombiana nació con focomelia, una rara enfermedad por la que no tiene brazos y piernas por la falta de los huesos.

“Cuando nací le dijeron a mi mamá que tenía que conformarse con ver a su hija como un vegetal en la cama”, recuerda Zuly, que a sus 27 años es una reconocida artista plástica y conferenciante, dando charlas motivacionales en colegios, cárceles, empresas y asociaciones. Y ha sido gracias a Dios como ha conseguido salir adelante en una vida llena de sufrimientos.

"Nacida para algo muy grande"
En una entrevista en La Contra TV, cuenta cómo su madre respondió a los médicos que Zuly había “nacido para algo muy grande”. Pero ella no lo vio hasta mucho tiempo después pues, cuenta, “en mi infancia pasé momentos muy difíciles” como por ejemplo que “mi papá cometió el error de suicidarse al saber que su hija había nacido sin brazos ni piernas”. Además, desde la niñez hasta la adolescencia, Zuly fue víctima de abusos sexuales y dejó la escuela por el acoso y burla de sus compañeros.


El descubrimiento de la pintura
Pero pese a ello, ella siguió adelante, en parte por la tenacidad que le enseñó su madre. Primero la enseñó a sentarse y luego quiso enseñarla a pintar, una vez que se salió de la escuela. “No era fácil para mí porque no sabía cómo hacerlo, pero mi madre me dijo que podía hacerlo con la boca”.

Así empezó a pintar mostrando un talento inaudito que la llevó a ingresar en Artes Plásticas. Sus cuadros llamaron incluso la atención del canal de televisión de National Geographic, que hizo un extenso reportaje sobre su obra.

"Me siento completa"
Pero fue a los 15 años cuando su vida cobró una nueva dimensión cuando conoció a Dios. “Desde que llegó Jesús a mi vida me siento renovada, no me falta de nada y aunque no tenga brazos y piernas me siento completa”, afirma en su entrevista en La Contra TV.

En otra entrevista pasada, Zuly agregaba que “el secreto de mi superación está en haber dejado entrar a Dios en mi corazón, de lo contrario no sabría qué hubiera hecho. Escucho a muchísimas personas quejarse por cosas sin importancia, y es porque ignoran el poder de Dios. Eso es algo que me duele bastante porque, cuando dejas a Jesús obrar en tu vida, suceden cosas maravillosas como las que ha hecho conmigo y con mi familia”.

Conferenciante de éxito motivando a la gente
Además, añade que “nunca imaginé que iba a poder salir de la situación en la que me encontraba pero, para gloria de Dios, vamos progresando. La clave es no mirar las cosas que nos hacen falta en este instante, sino valorar las que Jesús pone a nuestro alrededor en cada momento para enamorarnos de Él”.

Ese cambió llevó a Zuly, una persona aparentemente desahuciada, a ser la portadora de alegría a los demás. “Pensé que la gente necesitaría las palabras que quizás a mí nunca me dijeron, que todo iría bien”, explica.

Así fue como empezó a dar charlas motivacionales a los 15 años siendo ahora muy reconocidas por ellas. “Yo les habló de ser libres  realmente, de ser libres para dar libertad a los que nos rodean y darles amor porque si no nos amamos a nosotros mismos no podemos amar a los demás”.

Fuente: Religión en libertad

domingo, 19 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 19 de noviembre 2017


Día litúrgico: Domingo XXXIII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 25,14-30): En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre, al ausentarse, llamó a sus siervos y les encomendó su hacienda: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad; y se ausentó. 

»Enseguida, el que había recibido cinco talentos se puso a negociar con ellos y ganó otros cinco. Igualmente el que había recibido dos ganó otros dos. En cambio el que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor. 

»Al cabo de mucho tiempo, vuelve el señor de aquellos siervos y ajusta cuentas con ellos. Llegándose el que había recibido cinco talentos, presentó otros cinco, diciendo: ‘Señor, cinco talentos me entregaste; aquí tienes otros cinco que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

»Llegándose también el de los dos talentos dijo: ‘Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes otros dos que he ganado’. Su señor le dijo: ‘¡Bien, siervo bueno y fiel!; en lo poco has sido fiel, al frente de lo mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor’. 

»Llegándose también el que había recibido un talento dijo: ‘Señor, sé que eres un hombre duro, que cosechas donde no sembraste y recoges donde no esparciste. Por eso me dio miedo, y fui y escondí en tierra tu talento. Mira, aquí tienes lo que es tuyo’. Mas su señor le respondió: ‘Siervo malo y perezoso, sabías que yo cosecho donde no sembré y recojo donde no esparcí; debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. Quitadle, por tanto, su talento y dádselo al que tiene los diez talentos. Porque a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará. Y a ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera. Allí será el llanto y el rechinar de dientes’».


«A todo el que tiene, se le dará y le sobrará»
P. Antoni POU OSB Monje de Montserrat 
(Montserrat, Barcelona, España)


Hoy, Jesús nos narra otra parábola del juicio. Nos acercamos a la fiesta del Adviento y, por tanto, el final del año litúrgico está cerca.

Dios, dándonos la vida, nos ha entregado también unas posibilidades -más pequeñas o más grandes- de desarrollo personal, ético y religioso. No importa si uno tiene mucho o poco, lo importante es que se ha de hacer rendir lo que hemos recibido. El hombre de nuestra parábola, que esconde su talento por miedo al amo, no ha sabido arriesgarse: «El que había recibido uno se fue, cavó un hoyo en tierra y escondió el dinero de su señor» (Mt 25,18). Quizá el núcleo de la parábola pueda ser éste: hemos de tener la concepción de un Dios que nos empuja a salir de nosotros mismos, que nos anima a vivir la libertad por el Reino de Dios.

La palabra "talento" de esta parábola -que no es nada más que un peso que denota la cantidad de 30 Kg de plata- ha hecho tanta fortuna, que incluso ya se la emplea en el lenguaje popular para designar las cualidades de una persona. Pero la parábola no excluye que los talentos que Dios nos ha dado no sean sólo nuestras posibilidades, sino también nuestras limitaciones. Lo que somos y lo que tenemos, eso es el material con el que Dios quiere hacer de nosotros una nueva realidad.

La frase «a todo el que tiene, se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Mt 25,29), no es, naturalmente, una máxima para animar al consumo, sino que sólo se puede entender a nivel de amor y de generosidad. Efectivamente, si correspondemos a los dones de Dios confiando en su ayuda, entonces experimentaremos que es Él quien da el incremento: «Las historias de tantas personas sencillas, bondadosas, a las que la fe ha hecho buenas, demuestran que la fe produce efectos muy positivos (…). Y, al revés: también hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación de la fe, se ha vuelto más dura…» (Benedicto XVI).

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

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El domínico Leon Pereira explica por qué la adoración puede cambiar el mundo

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

Uno de los aspectos centrales que se dan en Medjugorje o Lourdes, lugares de numerosas conversiones es la adoración,

«La adoración parece inútil, pero el mundo la necesita desesperadamente»: el ejemplo de Medjugorje

Cada vez son más las parroquias que han recuperado e impulsado la Adoración Eucarística mientras se van multiplicando las capillas de adoración perpetua. Los testimonios son unánimes, la adoración transforma las parroquias, barrios e incluso ciudades, provocando además numerosos milagros.

Sobre esto da fe también el fraile dominico Leon Pereira, que en estos momentos es capellán de los peregrinos de habla inglesa que acuden a Medjugorje, la pequeña localidad bosnia a la que acuden cada año millones de personas.

El mundo necestia la Adoración Eucarística
Tras ver pasar por Medjugorje tal cantidad de gente por un lugar en el que la Adoración tiene un papel central, afirma en un artículo en Catholic Herald que los milagros se producen y que aunque parezca algo inútil, el mundo necesita desesperadamente la Adoración Eucarística.

Este dominico asegura que para la mentalidad moderna la adoración eucarística es irrelevante y asegura que “no sorprende que el mundo pueda valorar las obras de caridad de los misioneros, como Santa Teresa de Calcuta, pero no da importancia a los monjes cartujos que rezan y contemplan”.


Leon Pereira OP habla del bien de la Adoración Eucarística

Para servir, primero hay que amar
Recuerda además el padre Pereira que en la elección entre Marta y María, entre Marta que estaba ocupada sirviendo, y María que se sentó a los pies de Cristo, estamos tentados a ponernos de parte de Marta, y desconcertados por el respaldo de Jesús a María.

En su opinión, “la Madre Teresa entendió esto claramente: todas sus obras de caridad fluyeron y se basaron en la Adoración de Jesús en el Santísimo Sacramento. Solo adorando a Cristo primero, sus hermanas pueden reconocerlo y servirlo en los más pobres y marginados”.

Tres aspectos necesarios en la Adoración y en crisis en el mundo
El fraile dominico habla de tres aspectos necesarios en la Adoración y que propician el encuentro con el Señor. Precisamente, estos tres puntos están en crisis en el mundo actual, también él sumiso en una deriva relativista.

“Primero necesitamos silencio. Cuando el Papa Benedicto XVI dirigió la Adoración en Hyde Park (Londres), cerca de 80.000 jóvenes guardaron silencio con el Papa, para la consternación de los medios de comunicación. El silencio aparentemente no sirve para una buena televisión. La televisión necesita conversaciones continuas. La adoración requiere silencio”, afirma Pereira.

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En segundo lugar, la adoración necesita “atención”. Pone el ejemplo de lo “desgarrador que es ver a parejas sentadas una frente a la otra en un restaurante mientras ambas miran ávidamente las pantallas de sus teléfonos. No hace falta mucho para ver quién o qué domina esa relación. Atendemos a lo que más apreciamos. En Adoración, atendemos al Señor”.

En tercer lugar, agrega el fraile dominico, la adoración necesita “receptividad”. “En nuestro silencio y atención, recibimos de Dios. Nos despojamos de la ilusión de que podemos hacer cualquier favor a Dios. Anhela derrocharse sobre nosotros. Él tiene sed de tener sed; Él anhela ser anhelado. Él nos guiará y nos enseñará, pero solo si lo dejamos. En Adoración recibimos de Dios la verdad acerca de Dios y acerca de nosotros mismos”, agrega.

Uno de los grandes signos de Medjugorje
Pereira cuenta que “aquí en Medjugore, donde soy capellán de los peregrinos de habla inglesa recibimos Adoración todos los días en la capilla y veneración pública del Santísimo Sacramento cuatro días a la semana. Es uno de los grandes signos de Medjugorje: entre siete mil y diez mil personas, arrodilladas en silencio, adorando al Señor. Aquí muchos laicos y sacerdotes aprenden a amar la Adoración. Ellos prueban y ven la bondad del Señor. La adoración es el corazón de Medjugorje, porque Jesús es el corazón de esta parroquia, como debe ser en cada parroquia”.

Medjugorje es conocida por las supuestas apariciones de la Virgen pero sobre todo, y como consecuencia, por la enorme cantidad de conversiones que se han producido allí durante estas últimas décadas gracias a la Adoración y la Confesión.



El poder de la adoración, la conversión y los milagros
“En mi propia experiencia, es poderoso”, asegura el capellán sobre la adoración en este centro de peregrinación. “Jesús nos espera con ansia ansiosa. Y anhela derrocharse en nosotros. Es como una torre hecha de copas de champán, y cuando el vaso superior se llena, se desborda y llena los vasos de abajo. En la Adoración, cuando estamos abiertos a recibir, Dios agranda nuestros corazones para amar, y ese amor se desborda para los demás, al igual que la torre de champán”.

Además, agrega “si estamos cerrados, si guardamos nuestras heridas y todo lo que nos rodea oculto del Señor, entonces muy poco puede cambiar. Entonces, la adoración se experimentará como una carga que debe evitarse. Pero cuando estamos abiertos al Señor, es muy poderoso. Dios tiene muchas gracias que quiere darnos, y nos guía en oración a través de la adoración. A veces nos mantenemos en vigilia con el Señor durante la Adoración, y hacemos actos de reparación y amor, porque el mundo lo necesita tanto”.

Pereira explica que “en Lourdes, la mayoría de los milagros ocurren durante la Adoración del Santísimo Sacramento. Medjugorje no es diferente. Aunque tanto poder y gracia irradian del Santísimo Sacramento durante la Adoración sincera, al final no se trata de obtener ‘algo’.

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 18 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 18 de noviembre 2017



Día litúrgico: Sábado XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 18,1-8): En aquel tiempo, Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer. «Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ‘¡Hazme justicia contra mi adversario!’. Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme’». 

Dijo, pues, el Señor: «Oíd lo que dice el juez injusto; y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche, y les hace esperar? Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?».


«Es preciso orar siempre sin desfallecer»
+ Rev. D. Joan FARRÉS i Llarisó 
(Rubí, Barcelona, España)



Hoy, en los últimos días del año litúrgico, Jesús nos exhorta a orar, a dirigirnos a Dios. Podemos pensar cómo los padres y madres de familia esperan que —¡todos los días!— sus hijos les digan algo, que les muestren su afecto amoroso.

Dios, que es Padre de todos, también lo espera. Jesús nos lo dice muchas veces en el Evangelio, y sabemos que hablar con Dios es hacer oración. La oración es la voz de la fe, de nuestra creencia en Él, también de nuestra confianza, y ojalá fuera también siempre manifestación de nuestro amor.

A fin de que nuestra oración sea perseverante y confiada, dice san Lucas, que «Jesús les propuso una parábola para inculcarles que es preciso orar siempre sin desfallecer» (Lc 18,1). Sabemos que la oración se puede hacer alabando al Señor o dando gracias, o reconociendo la propia debilidad humana —el pecado—, implorando la misericordia de Dios, pero la mayoría de las veces será de petición de alguna gracia o favor. Y, aunque no se consiga de momento lo que se pide, sólo el poder dirigirse a Dios, el hecho de poder contarle a ese Alguien la pena o la preocupación, ya será la consecución de algo, y seguramente —aunque no de inmediato, sino en el tiempo—, obtendrá respuesta, porque «Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a Él día y noche (...)?» (Lc 18,7).

San Juan Clímaco, a propósito de esta parábola evangélica, dice que «aquel juez que no temía a Dios, cede ante la insistencia de la viuda para no tener más la pesadez de escucharla. Dios hará justicia al alma, viuda de Él por el pecado, frente al cuerpo, su primer enemigo, y frente a los demonios, sus adversarios invisibles. El Divino Comerciante sabrá intercambiar bien nuestras buenas mercancías, poner a disposición sus grandes bienes con amorosa solicitud y estar pronto a acoger nuestras súplicas».

Perseverancia en orar, confianza en Dios. Decía Tertuliano que «sólo la oración vence a Dios».

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron


El almirante Shinjiro Yamamoto visitó al Papa y murió 3 meses después de Pearl-Harbour

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron

El almirante japonés Shinjiro Yamamoto en su juventud

Japonés, se hizo católico, fue almirante, llevó jesuitas españoles al Pacífico y allí los mataron

En 1944, cuando las tropas norteamericanas iban tomando, una tras otra, las islas de la Micronesia en combate con el Japón imperial, las tropas japonesas mataron a siete misioneros jesuitas españoles, personal desarmado, no combatiente y neutral, junto con varios de sus feligreses. A seis de ellos les dispararon al pie de una fosa común en Babeldaob, la mayor de las Islas Palaos, el 18 de septiembre de 1944. Al séptimo lo torturaron y decapitaron en Rota, una isla al sur de las Marianas. 

¿Cómo habían llegado esos misioneros españoles a la Micronesia, que dependía de Japón desde 1921? Los había invitado Japón mismo, en parte por sugerencia de uno de los católicos más influyentes del Japón moderno: el almirante Shinjiro Yamamoto. 

Yamamoto, católico devoto desde su adolescencia, veterano de la Guerra Ruso-Japonesa de 1904, no supo de la matanza de misioneros, que le habría horrorizado. Había muerto dos años antes, el 28 de febrero de 1942, con 64 años, 3 meses después del ataque de Pearl-Harbour (dirigido por otro almirante muy distinto, Isoroku Yamamoto) y la entrada de Japón en guerra con EEUU. Shinjiro no llegó a ver los horrores de esta guerra. 


  Shinjiro Yamamoto, almirante, católico, caballero de Malta
(se ve su condecoración) y un tutor del príncipe Hirohito

La conversión de un joven rico y pagano
En el libro de 1938 Though Hundred Gates, de Severin y Stephen Lamping, que recoge diversas historias de conversión a la fe católica en primera persona, el almirante Yamamoto explica cómo se convirtió en 1893, cuando tenía 16 años. 

Su padre era rico y vivía en el campo, y se negaba a dejar que su hijo, desordenado y poco considerado con los demás, estudiase en Tokio, donde estaba convencido que adquiriría sólo más vicios y aportaría deshonor a la familia. Entonces, un verano, unos europeos le alquilaron una propiedad para pasar unos meses: eran misioneros maristas recién llegados, con trajes negros y bufandas negras. Acababa de llegar la libertad religiosa solo en 1889 y el cristianismo era visto por los ricos y nobles como una religión extranjera y aborrecible. 

El padre preguntó a qué se dedicaban, y ellos explicaron: ""Educamos y formamos a los jóvenes muy estrictamente; quien sea aceptado en nuestro centro debe seguir la planificación diaria punto por punto y puede dejar la casa solo en ciertas ocasiones. Insistimos en la puntualidad. Tres días a la semana se habla inglés, y otros tres días, francés". 

Inglés, francés y educación estricta y disciplinada: eso convenció al padre del joven Shinjiro y así lo incribió en la que sería la prestigiosa escuela marista Estrella Matutina, Gyosei. El joven, que había disfrutado de actividades de verano con los hermanos más jóvenes, fue encantado. La mayoría de los alumnos eran adolescentes de familias ricas y antiguas que despreciaban la religión cristiana. 

"Yo sentía lo mismo que los demás", escribía el almirante más de 40 años después. "Detestaba la religión-Yaso [de Jesús] desde el fondo de mi alma, y naturalmente chocaba con mis profesores, que se veían retados por mi actitud. Sin embargo, al carecer yo de formación religiosa, no podía argumentar frente a ellos, y con el tiempo me sentí obligado a  admirarles".

Admiración por su vida obediente
"Aprendí sobre su vida espiritual y privada, como cada uno se sometía a su superior con obediencia incondicional, independientemente de su nacionalidad, edad o educación. Vi como nos amaban más que a si mismos, como seguían una regla estricta, hacían votos y los vivían de verdad. La explicación para todo eso sólo podía estar en su religión".

Cuando se dio cuenta de esa relación entre virtud y religión, admitió que tenía que hacerse católico. "Había llegado a la determinación de hacer el bien en la vida sirviendo lealmente a Dios y a mi país, y la Divina Providencia guió mis pasos y me ayudó a cumplir mi firme resolución". 

Le costó decidirse a pedir permiso a su padre para hacerse cristiano. En su casa había un altar sintoísta y otro budista, y cada mañana, por tradición familiar antigua, se rendía culto en ambos. Más aún, su padre tenía un cargo como consejero o anciano en un importante templo budista. 

Cuando consultó a su padre, él le respondió que se quitase la idea de la cabeza, que la religión-Yaso era peligrosa para el Estado y que hundiría su carrera para siempre. Aún en 1873, apenas veinte años antes, había cristianos encarcelados por su fe. Ese día de la primavera de 1893, el joven lloró en su cama desconsoladamente. 
   
Pero en las vacaciones de verano, Shinjiro insistió a su padre: "Es mi firme convicción de que puedo guardar mi alma del error sólo si soy católico. Por eso te pido permiso. Tú me lo niegas. Pero valoras el honor por encima de todo. Así que si un día traigo el deshonor a esta casa, niego tener toda responsabilidad".

(O dicho de otra forma: si quieres tener un hijo virtuoso y disciplinado, permíteme seguir esa religión.) 

El padre cedió tras esta argumentación y en la Vigilia de Navidad Shinjiro fue bautizado con el nombre de Esteban. Era el primer bautizo y el primer converso en la escuela, el primer japonés bautizado por esos maristas. 


  Una visión japonesa de la guerra contra Rusia de 1904-1905, que consolidó a Japón como potencia internacional

La Guerra Ruso-Japonesa
En 1895 se graduó y entró en la Academia Naval. Participó en la Guerra Ruso-Japonesa de 1904 como oficial, y capitaneando el buque insignia Mikasa. Sucedió algo que conmovió al mundo: Rusia, el enorme imperio que había vencido al mismísimo Napoleón, perdía ante un país no occidental, una potencia "novata" como Japón.

En las negociaciones de rendición entre los almirantes Masayuki y Nebogatov, él actuó como intérprete, por su dominio del francés, aprendido con los maristas. Se casó con la hija de un banquero rico y tuvieron varios hijos, a los que formó en la fe. Su vida familiar fue feliz y uno de sus hijos escribiría un libro recordándolo.

"Tomé parte en tres batallas y, extrañamente, más de una vez me salvé milagrosamente de morir", explicaba Shinjiro en los años 30, sin detallarlo más, en su testimonio de conversión.

Con mensajes para el Papa...
"Después el Gobierno me encargó -por primera vez en la historia de Japón- llevar un mensaje al Santo Padre", ya en 1915. Más aún, acompañó al príncipe heredero Hirohito en su primer viaje por Europa y después se convirtió en uno de sus tutores y maestros en la corte en Japón durante 20 años. 

En 1919, tras los horrores de la Primera Guerra Mundial, fue recibido por el Papa Benedicto XV. Las Islas Carolinas, las Marianas y las Marshall dejaban de ser territorios alemanes para pasar a ser protectorados japoneses. Los japoneses expulsaban a los misioneros alemanes de esas islas... pero querían misioneros cristianos, si eran de un país neutral. Y así fue como Shinjiro pactó con el Papa el envío de 20 jesuitas españoles. 


  Una tarjeta de visita del  capitán Yamamoto de las que usaba en Roma siendo aún solo capitán; en esta explica en inglés a un "reverendo padre" que "lamenta de corazón" no haberle encontrado

En su vida visitó 6 veces el Vaticano y habló con 4 Papas distintos, todo un récord para un japonés. En 1936 fue nombrado caballero de la Orden de Malta (a menudo mostraba su insignia) y en 1938 visitó Tierra Santa. 

Ese mismo año, mientras China se desangraba en una guerra con Japón, aseguró en el Vaticano que el nuevo Emperador Hirohito, que había sido su pupilo, era un hombre pacífico, pero que no podía hacer nada frente a la masa popular y muchos oficiales que eran militaristas y expansionistas. 

Hay que tener en cuenta que también la madre de Hirohito, la emperatriz Sadako, admiraba la fe cristiana, tenía amigos y consejeros cristianos cuáqueros (famosos por su pacifismo), había sido educada por un matrimonio cuáquero y aunque se mantuvo sintoísta leía la Biblia cada día (lo explica el libro de Kevin M. Doak "Jesuit's Legacies"). Todo eso contrastaba con un país militarizado, expansionista y ultranacionalista.

En Japón Shinjiro apoyó a la Iglesia con donativos y favores y lanzó la creación de una asociación de Jóvenes Católicos. Murió en su país en 1942, tres meses después de la entrada de Japón en guerra con EEUU. 

Los jesuitas españoles en la Micronesia
Por obra de las negociaciones de Shinjiro Yamamoto en 1921 ya llegaban los 20 jesuitas españoles en la Micronesia. El portavoz japonés en la Liga de las Naciones, Mitsuada Horiguchi, proclamaba discursos sobre "la educación y la religión como los dos métodos más eficaces para asegurar, a la larga, el desarrollo de los habitantes". 


  Sellos con escenas de las misiones jesuitas en las Islas Carolinas 

La Sociedad de Naciones pedía a Japón "desarrollar y civilizar" esas islas, y Japón estaba convencido -quizá por la influencia de personas como Shinjiro y la emperatriz Sadako- de que los misioneros eran la clave. Los inspectores japoneses, cuando veían islas casi sin alcoholismo, con la población vestida y ocupada en mil quehaceres y los niños acudiendo a escuelas -católicas o protestantes-, quedaban satisfechos. Incluso permitieron en 1927 que volvieran algunos misioneros alemanes protestantes en las Carolinas y las Palaos.  

Tadao Yanaihara, un investigador japonés de tradición cristiana, que viajó por las islas a principios de los años 30, considerado la mejor fuente histórica de esos años, escribió, pensando en sus lectores japoneses: "el cristianismo ha hecho más que ningún otro agente para romper el totemismo y liberar la mente nativa de las garras del miedo supersticioso y la dominación del hechicero". Los misioneros lograron que los nativos se vistieran, que restringieran sus "impulsos licenciosos", que mejorara la salud e higiene y acabaran las frecuentes guerras entre islitas y clanes. 

Un comandante naval japonés visitando la isla de Losap quedó tan impresionado con el comportamiento de los nativos que prometió al profesor misionero que no dejaría que ningún extranjero sin fe llegase a la isla para dar mal ejemplo. 

Los misioneros y los jesuitas eran, pues, amados y respetados por los nativos y por los japoneses.

Pero en 1941, al empezar la Guerra, todo cambió.

El desastre de la Guerra Mundial
Llegaron nuevas las autoridades militares, que veían espías en cualquier extranjero. También cometían tropelías contra la población civil y les molestaba que los misioneros occidentales pudieran ser testigos. Interrogaron a los jesuitas españoles, los encerraron en varias ocasiones, les mantenían vigilados y les invitaban a marchar, aunque España era no solo neutral, sino incluso simpatizante del Eje.


Sello de Palaos recuerda a los jesuitas españoles

Después, los americanos empezaron a ganar la guerra y avanzar isla tras isla. Los mandos japoneses habían ido fanatizándose y desesperando cada vez más.

Trajeron a Babeldaob, desde la isla de Yap, a 3 jesuitas: Luis Blanco Suarez (canario de 48 años), Bernardo de Espriella (de 54 años, nacido en Colombia), y Francisco Hernández Escudero (extremeño de Zafra, de 57 años). En Yap había unos 3.000 habitantes, y 2.000 eran católicos.

Los encarcelaron con los 3 jesuitas que ya estaban en las islas Palaos: Elías Fernández González (de Vegamián, en León, de 64 años; parece que toda la isla de Tobi, con etnia y lengua propia, se convirtió por su predicación), Marino de la Hoz del Canto (de León, de 58 años) y Emilio del Villar Blázquez (de Villarejo del Valle, Ávila, de 51 años). 

Hay distintas versiones sobre cuánto tiempo estuvieron detenidos y cómo fueron torturados, aunque no hay duda de que sufrieron por enfermedades, mala alimentación y falta de ropa y refugio adecuado. El 18 de septiembre de 1944 la policía militar japonesa los llevó junto a una fosa excavada en la selva y los fusiló allí mismo. 

Un tiempo después, sacaron los cadáveres, los quemaron para dificultar su reconocimiento, y los volvieron a esconder. Los americanos supieron estos datos por los testigos, y los comunicaron a la Orden jesuita, pero aún no se han encontrado los cadáveres ni el lugar de la ejecución. Tanto en Yap como en Palaos los católicos nativos los recuerdan como mártires y misioneros. 

El otro jesuita español asesinado en Micronesia en esa época fue el hermano Miguel Timoner Guadera, de Manacor, Menorca, que tenía 51 años. Había estado cuidando al padre Juan Pons que murió de una úlcera en la pierna en 1944 en la isla de Rota, en las Marianas. Él y otros cinco católicos fueron después detenidos y llevados a Saipán, la capital de las Marianas, encarcelados varios meses y torturados. Se les acusaba de espías. Después fueron devueltos a Rota, que no sería asaltada por los americanos hasta el último día de la guerra. Un día de noviembre de 1944 el jesuita y sus 5 feligreses fueron ejecutados por decapitación. No se sabe donde fueron enterrados sus cuerpos. 

(Este blog en inglés da algunos más datos de los mártires y de su compañero el padre Jesús Baza, que era chamorro, es decir, nativo de Guam)

Fuente: Religión en Libertad

viernes, 17 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 17 de noviembre 2017



Día litúrgico: Viernes XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,26-37): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Como sucedió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; vino el diluvio y los hizo perecer a todos. Lo mismo, como sucedió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Lo mismo sucederá el Día en que el Hijo del hombre se manifieste.

»Aquel día, el que esté en el terrado y tenga sus enseres en casa, no baje a recogerlos; y de igual modo, el que esté en el campo, no se vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot. Quien intente guardar su vida, la perderá; y quien la pierda, la conservará. Yo os lo digo: aquella noche estarán dos en un mismo lecho: uno será tomado y el otro dejado; habrá dos mujeres moliendo juntas: una será tomada y la otra dejada». Y le dijeron: «¿Dónde, Señor?». Él les respondió: «Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres».


«Comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían»
Fr. Austin NORRIS 
(Mumbai, India)


Hoy, en el texto del Evangelio son remarcados el final de los tiempos y la incerteza de la vida, no tanto para atemorizarnos, cuanto para tenernos bien precavidos y atentos, preparados para el encuentro con nuestro Creador. La dimensión sacrificial presente en el Evangelio se manifiesta en su Señor y Salvador Jesucristo liderándonos con su ejemplo, en vista a estar siempre preparados para buscar y cumplir la Voluntad de Dios. La vigilancia constante y la preparación son el sello del discípulo vibrante. No podemos asemejarnos a la gente que «comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían» (Lc 17,28). Nosotros, discípulos, debemos estar preparados y vigilantes, no fuera que termináramos por ser arrastrados hacia un letargo espiritual esclavo de la obsesión —transmitida de una generación a la siguiente— por el progreso en la vida presente, pensando que —después de todo— Jesús no regresará.

El secularismo ha echado raíces profundas en nuestra sociedad. La embestida de la innovación y la rápida disponibilidad de cosas y servicios personales nos hace sentir autosuficientes y nos despoja de la presencia de Dios en nuestras vidas. Sólo cuando una tragedia nos golpea despertamos de nuestro sueño para ver a Dios en medio de nuestro “valle de lágrimas”... Incluso debiéramos estar agradecidos por esos momentos trágicos, porque seguramente sirven para robustecer nuestra fe. 

En tiempos recientes, los ataques contra los cristianos en diversas partes del mundo, incluyendo mi propio país —la India— han sacudido nuestra fe. Pero el Papa Francisco ha dicho: «Sin embargo, los cristianos están esperanzados porque, en última instancia, Jesús hace una promesa que es garantía de victoria: ‘Quien pierda su vida, la conservará’ (Lc 17,33)». Ésta es una verdad en la que podemos confiar… El poderoso testimonio de nuestros hermanos y hermanas que dan su vida por la fe y por Cristo no será en vano.

Así, nosotros luchamos por avanzar en el viaje de nuestras vida en la sincera esperanza de encontrar a nuestro Dios «el Día en que el Hijo del hombre se manifieste» (Lc 17,30).

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración


Douglas McKay es el capellán de la Calix Society y las casas de acogida Our House Ministries

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración

Su hermano murió por sobredosis; él lleva 40 años ayudando a drogadictos, con sacramentos y oración

El padre Douglas McKay combina los sacramentos y oración con un programa de 12 pasos para que muchos dejen la droga

El sacerdote Douglas McKay lleva más de 40 años acogiendo a adictos a las drogas y ayudándoles a sanar su adicción.

Cuenta que ya de niño su madre le daba platos de comida para llevar a los alcohólicos en las esquinas cercanas. “Tenía que esperar el plato y el tenedor y traerlos de vuelta”, dice riéndose. 

En el barrio de Grays Ferry, en Filadelfia, donde él nació, las drogas dañan a los trabajadores y los desempleados. Allí se fundó un ministerio católico para ayudar a adictos en 1997, Our House Ministries (ourhouseministries.org) de la cual el padre McKay es su capellán.


Muertes en la familia
Dos años antes, el propio hermano del sacerdote, Anthony, había muerto de sobredosis. 

“Murió en una casa de crack, con una aguja en el brazo”, cuenta padre Douglas al Catholic Philly, el periódico de la arquidiócesis, en un artículo resumido por Portaluz. “Tenía solo 30 años”.

Otro de los hermanos del sacerdote, Harry, también fue atrapado por la adicción después de servir en Vietnam, pero gracias al programa de Our House Ministries lleva ya sin drogarse 25 años. “He perdido a mi familia, amigos, primos,  por la adicción”, afirma el padre Douglas. “No es una epidemia sino una pandemia”.

Sanación con oración, sacramentos y acogida
El sacerdote y el equipo de Our House Ministries combaten la droga con hogares para recuperación y programas de sanación basados en la fe. Enfatiza el sanar el alma con oración y los sacramentos, particularmente la Eucaristía y la confesión, señala padre Douglas. “Se curan”, dice. “El médico divino es el médico de la mente y del alma”.


  Dos centros de acogida están dedicados a los arcángeles San Miguel y San Rafael

La misa se celebra los días laborables en una de las tres capillas que atienden, dedicadas a los arcángeles San Miguel, San Rafael y al venerable Matt Talbot, un asceta irlandés -alcohólico liberado por su fe, lea aquí toda su historia- cuya intercesión es ampliamente invocada entre quienes buscan superar el abuso de sustancias. El Ángelus, la adoración, la bendición y otras devociones también se observan diariamente en los tres lugares.

Las casas de recuperación del ministerio proveen refugio y estructura para los residentes, quienes deben asistir a la Misa dominical y reuniones semanales de la Sociedad Calix (www.calixsociety.org), una organización católica internacional de laicos que proponen a los participantes un programa de 12 pasos para lograr la liberación de su adicción.

La Calix Society se define como "una asociación de alcohólicos católicos que mantienen su sobriedad mediante la participación y afiliación en la Fraternidad de Alcohólicos Anónimos". Y destaca la importancia clave del capellán en sostener a esta asociación. El Padre Douglas McKay es actualmente el capellán nacional en Estados Unidos de Calix.

Cinco laicos en misa a las cinco de la mañana
“Todo empezó con un sacerdote alcohólico”, recuerda… Frustrados por la incapacidad del sacerdote para mantenerse sobrio, cinco laicos pidieron que se celebrara una misa diaria a las 5 de la mañana para rezar por su recuperación. Después de varias semanas de misas y sacrificios, el sacerdote pudo mantener su sobriedad y la Sociedad Calix surgió poco después.


  Llaman a esta imagen "Nuestra Señora de la Recuperación"

“Llevar a la gente a la Eucaristía es realmente llevarlos a la gracia sanadora del corazón de Cristo” enseña el Padre Douglas y, señalando hacia el tabernáculo en la capilla de San Rafael, añade: “Ahí está el remedio, ahí es donde fluyen todas las gracias. Eso es lo que predicamos como católicos… Puedes ver la imagen de Dios en los adictos, y puedes amarlos. La adicción es abrumadora, es poderosa. Pero Cristo es más poderoso”.

Fuente: Religión en Libertad

jueves, 16 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 16 de noviembre 2017



Día litúrgico: Jueves XXXII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Lc 17,20-25): En aquel tiempo, los fariseos preguntaron a Jesús cuándo llegaría el Reino de Dios. Él les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: ‘Vedlo aquí o allá’, porque el Reino de Dios ya está entre vosotros». 

Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearéis ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo veréis. Y os dirán: ‘Vedlo aquí, vedlo allá’. No vayáis, ni corráis detrás. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su día. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación».


«El Reino de Dios ya está entre vosotros»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM 
(Barcelona, España)


Hoy, los fariseos preguntan a Jesús una cosa que ha interesado siempre con una mezcla de interés, curiosidad, miedo...: ¿Cuándo vendrá el Reino de Dios? ¿Cuándo será el día definitivo, el fin del mundo, el retorno de Cristo para juzgar a los vivos y a los difuntos en el juicio final?

Jesús dijo que eso es imprevisible. Lo único que sabemos es que vendrá súbitamente, sin avisar: será «como relámpago fulgurante» (Lc 17,24), un acontecimiento repentino y, a la vez, lleno de luz y de gloria. En cuanto a las circunstancias, la segunda llegada de Jesús permanece en el misterio. Pero Jesús nos da una pista auténtica y segura: desde ahora, «el Reino de Dios ya está entre vosotros» (Lc 17,21). O bien: «dentro de vosotros».

El gran suceso del último día será un hecho universal, pero ocurre también en el pequeño microcosmos de cada corazón. Es ahí donde se ha de ir a buscar el Reino. Es en nuestro interior donde está el Cielo, donde hemos de encontrar a Jesús.

Este Reino, que comenzará imprevisiblemente “fuera”, puede comenzar ya ahora “dentro” de nosotros. El último día se configura ahora ya en el interior de cada uno. Si queremos entrar en el Reino el día final, hemos de hacer entrar ahora el Reino dentro de nosotros. Si queremos que Jesús en aquel momento definitivo sea nuestro juez misericordioso, hagamos que Él ahora sea nuestro amigo y huésped interior.

San Bernardo, en un sermón de Adviento, habla de tres venidas de Jesús. La primera venida, cuando se hizo hombre; la última, cuando vendrá como juez. Hay una venida intermedia, que es la que tiene lugar ahora en el corazón de cada uno. Es ahí donde se hacen presentes, a nivel personal y de experiencia, la primera y la última venida. La sentencia que pronunciará Jesús el día del Juicio, será la que ahora resuene en nuestro corazón. Aquello que todavía no ha llegado, es ya ahora una realidad.

Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina


Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina

Sara Burress se hizo católica y benedictina en 2006, cuando tenía 66 años

Era ministra presbiteriana y a los 66 años renunció a sus posesiones para hacerse monja benedictina

Una cosa es hacerse monja a los 20 o 25 años, casi sin posesiones materiales que dejar, y otra hacerlo a los 66 años, abandonando las seguridades materiales que has adquirido toda la vida, y viejas costumbres, libertades para actuar. Y también creencias del pasado. 

Es el caso de Sara Burress, que con 66 años, en 2006, entró en las Hermanas Benedictinas del Monasterio del Sagrado Corazón en Cullman, Alabama (www.shmon.org).

"Fue difícil. Era como un proceso de duelo que atraviesas cuando pierdes algo. Era duro dejar marchar, no solo mi herencia presbiteriana, sino mi estilo de vida; vivir sin tarjeta de crédito ni cuenta bancaria. Asusta que, de repente, no tienes esas cosas para apoyarte", explica al digital Over The Mountain Journal.

Ministra presbiteriana, con título de teología
Sara no solo era de tradición presbiteriana, la rama protestante que tiene presbíteros (pastores) pero no obispos. Era ministra de culto presbiteriana y tenía un título de teología protestante del Seminario Presbiteriano de Atlanta. Más aún, uno de sus antepasados había llegado de Escocia a Carolina del Sur precisamente como misionero para fundar una iglesia presbiteriana. 

Ella se crió en una familia presbiteriana devota de un pueblecito del Mississippi: "En cuanto abrían las puertas de la iglesia, allí estábamos", recuerda. 

No hubo nunca un momento en su vida en que no sintiese que Dios estaba en ella, presente. Sí hubo algunos momentos en que ella no se ponía ante Dios. Pero siempre supo, dice, que "Dios nunca se rinde con nosotros". 

Las comunidades protestantes se rompen sin cesar
Durante años fue ministra presbiteriana, pero al pasar el tiempo le desanimaba ver cómo las comunidades protestantes tendían a romperse y dividirse sin cesar.

"Cada vez me dolían más en el corazón esas divisiones constantes. Había una incapacidad para llegar a acuerdos con el otro, y la iglesia no dejaba de astillarse", recuerda. 

Por el contrario, veía que en la Iglesia Católica "intentas lograr que las cosas funcionen, te quedas y luchas. Donde estaba yo, sentía que vivía en una sociedad que no sabía como hacer eso". 

Reverenciar el pasado sin vivir en el pasado
Dice que ella buscaba "volver a las raíces de la Iglesia". Empezó a admirar algo que los católicos hacían bien: reverenciar el pasado pero sin vivir en el pasado. 

"Si vas al principio de todo, con Jesús dando a San Pedro las Llaves, ves que la Iglesia siempre se está reformando a sí misma. Me gusta que haya firmeza en la enseñanza pero que se entienda que con el tiempo se gana sabiduría", explica. 

Eso incluye apreciar la historia, los 2.000 años de tradición católica. "Es un tesoro de espiritualidad, con enseñanzas de los Padres Antiguos y santos que escribieron y vivieron vidas ejemplares. Y también me gusta que los 5 sentidos se implican en el culto", añade. 

Es algo que muchos protestantes comentan: en el culto protestante, la gran primacía la tiene el oído, que escucha sermones y canciones. En el culto católico se huele el incienso, uno se arrodilla y se levanta, se tocan imágenes, se encienden velas, se contemplan iconos y estatuas, muchos valoran sentir la comunión en la mano o en la lengua, otros valoran dar la mano en el momento de la paz. Tacto, oído, olfato, gusto y vista se suman para recibir a Dios. 

Sara conoció a las benedictinas de Cullman y empezó a acudir a retiros espirituales en su monasterio. Decidió hacerse no solo católica, sino monaje de su orden. Le costó dejar sus costumbres y seguridades materiales. Pero, al menos, sus dos hermanas de carne la apoyaron en su decisión. 

La ganancia: el estilo de vida benedictino
Hoy cree que todo lo que ha ganado vale mucho más que lo que dejó atrás. 

"Siento que yo era muy adecuada para el estilo de vida de una benedictina", afirma. Su ocupación principal, como benedictina, es: orar, trabajar y estudiar. 

En la ciudad de Birmimgham sirve como directora pastoral en la parroquia de San Francisco Javier. Visita a los parroquianos enfermos e impedidos, los que no pueden salir de sus casas.

También acompaña en el duelo a los que han perdido un pariente querido. "Es un ministerio importante estar con la gente en las alegrías y las tristezas", afirma. 

Asegura que siempre está ocupada y que nunca se cansa de su trabajo. Dios, dice, siempre está cerca. 
Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Santo Evangelio 15 de noviembre 2017




Día litúrgico: Miércoles XXXII del tiempo ordinario

Santoral 15 de Noviembre: San Alberto Magno, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Lc 17,11-19): Un día, de camino a Jerusalén, Jesús pasaba por los confines entre Samaría y Galilea, y, al entrar en un pueblo, salieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia y, levantando la voz, dijeron: «¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!». Al verlos, les dijo: «Id y presentaos a los sacerdotes».

Y sucedió que, mientras iban, quedaron limpios. Uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios en alta voz; y postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias; y éste era un samaritano. Tomó la palabra Jesús y dijo: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios sino este extranjero?». Y le dijo: «Levántate y vete; tu fe te ha salvado».


«Postrándose rostro en tierra a los pies de Jesús, le daba gracias»
P. Conrad J. MARTÍ i Martí OFM 
(Valldoreix, Barcelona, España)


Hoy, Jesús pasa cerca de nosotros para hacernos vivir la escena mencionada más arriba, con un aire realista, en la persona de tantos marginados como hay en nuestra sociedad, los cuales se fijan en los cristianos para encontrar en ellos la bondad y el amor de Jesús. En tiempos del Señor, los leprosos formaban parte del estamento de los marginados. De hecho, aquellos diez leprosos fueron al encuentro de Jesús en la entrada de un pueblo (cf. Lc 17,12), pues ellos no podían entrar en las poblaciones, ni les estaba permitido acercarse a la gente («se pararon a distancia»).

Con un poco de imaginación, cada uno de nosotros puede reproducir la imagen de los marginados de la sociedad, que tienen nombre como nosotros: inmigrantes, drogadictos, delincuentes, enfermos de sida, gente en el paro, pobres... Jesús quiere restablecerlos, remediar sus sufrimientos, resolver sus problemas; y nos pide colaboración de forma desinteresada, gratuita, eficaz... por amor. 

Además, hacemos más presente en cada uno de nosotros la lección que da Jesús. Somos pecadores y necesitados de perdón, somos pobres que todo lo esperan de Él. ¿Seríamos capaces de decir como el leproso «Jesús, maestro, ten compasión de mi» (cf. Lc 17,13)? ¿Sabemos recurrir a Jesús con plegaria profunda y confiada?

¿Imitamos al leproso curado, que vuelve a Jesús para darle gracias? De hecho, sólo «uno de ellos, viéndose curado, se volvió glorificando a Dios» (Lc 17,15). Jesús echa de menos a los otros nueve: «¿No quedaron limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están?» (Lc 17,17). San Agustín dejó la siguiente sentencia: «‘Gracias a Dios’: no hay nada que uno puede decir con mayor brevedad (...) ni hacer con mayor utilidad que estas palabras». Por tanto, nosotros, ¿cómo agradecemos a Jesús el gran don de la vida, propia y de la familia; la gracia de la fe, la santa Eucaristía, el perdón de los pecados...? ¿No nos pasa alguna vez que no le damos gracias por la Eucaristía, aun a pesar de participar frecuentemente en ella? La Eucaristía es —no lo dudemos— nuestra mejor vivencia de cada día.

Él murió cosido a puñaladas por comunistas y ella a balazos por islamistas: mártires de ayer y hoy

Él murió cosido a puñaladas por comunistas y ella a balazos por islamistas: mártires de ayer y hoy

Él murió cosido a puñaladas por comunistas y ella a balazos por islamistas: mártires de ayer y hoy

El sacerdote húngaro murió en la Hungría comunista y la religiosa italiana en Somalia, frente al hospital pedriático


Este jueves el Papa aprobó los decretos de la Congregación para las Causas de los Santos en los que, entre otros, se reconocían las virtudes heroicas del Papa Juan Pablo I o del padre Tomás Morales, fundador de los Cruzados y Cruzadas de Santa María.

Sin embargo, dada la importancia de algunos de los miembros de la Iglesia que aparecían en el decreto ha pasado desapercibida la historia de algunos de los otros nombres de los que la Iglesia ha reconocido su papel. Un ejemplo es el del sacerdote húngaro, Janos Brener, que murió brutalmente asesinado en la Hungría comunista cosido a puñaladas mientras defendía la Eucaristía que llevaba a un moribundo, y por el que ahora el Papa ha reconocido su martirio.

Los mártires de ayer y de hoy
Del mismo modo, Francisco también ha reconocido el martirio de la religiosa italiana Leonella Sgorbati, que fue asesinada a tiros a las puertas del hospital para niños que su orden llevaba en Mogadiscio, en Somalia. La mataron durante la oleada de ataques contra los cristianos que se produjo por todo el mundo en 2006 tras el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció en Ratisbona, y cuyas palabras fueron sacadas de contexto y tomadas por líderes islamistas como un ataque contra el islam.

De este modo, Francisco ha recordado a los mártires de dos fuerzas que han causado y siguen causando la persecución de millones de cristianos.

El padre Brener fue asesinado en un momento de gran estabilidad y represión por el régimen comunista que regía Hungría en 1957, donde los comunistas intentaban aplacar cualquier conato de protesta en las calles.


Asesinado con 25 años en la Hungría comunista
Este sacerdote nació en 1931 y fue asesinado apenas 12 días antes de que cumpliese los 26 años y pese a su juventud no lo tuvo nada fácil para ser ordenado sacerdote, algo que finalmente consiguieron tanto él como sus dos hermanos.

Su ilusión era convertirse en monje cisterciense y desde niño fue  a sus escuelas hasta que éstas fueron nacionalizadas por el estado comunista. Consiguió más tarde ser admitido en el noviciado pero poco después las órdenes religiosas fueron disueltas en el país hasta que finalmente llegó al Seminario de Szombathely y allí estudió hasta que éste también fue cerrado, pasando al de Gyor, donde finalmente fue ordenado en 1955.

Murió protegiendo la Eucaristía
Brener conectó desde su ordenación muy bien con los jóvenes y realizó una importante pastoral con ellos, lo que levantó grandes recelos entre las autoridades comunistas, que le veían como un gran peligro debido a las revueltas estudiantiles que se habían producido en 1956. Y por ello, decidieron tenderle una trampa para quitárselo de en medio.

Durante la noche del 15 de diciembre de 1957, mientras preparaba su homilía dominical recibió una llamada telefónica de una supuesta persona enferma para que acudiese a visitarla. Él no se lo pensó y con su mochila con la que realizaba las visitas, donde llevaba el Santísimo Sacramento se dirigió a la aldea de Zsida, a través de un camino que cruzaba las colinas.

Entre dos de estas aldeas le esperaban sus asesinos, que le atacaron y le apuñalaron brutalmente hasta en 32 ocasiones mientras él protegía con su mano izquierda el Santísimo Sacramento, y así fue como murió.

Las coacciones a los vecinos
Los vecinos de las aldeas llamaron a los médicos pero no pudieron hacer nada. El funeral sería multitudinario por lo que las autoridades comunistas intentaron dispersar a la gente mediante amenazas y promocionando un horario falso del funeral.

Durante la investigación ‘oficial’ del asesinato del joven sacerdote, las autoridades intimidaron a los vecinos de estas aldeas para que olvidaran a este cura y lo que allí ocurrió. Pero consiguieron el efecto contrario y pronto creció una gran devoción al padre Brenner y tras la caída del régimen comunista dedicaron allí una capilla en su honor.

Perseguidos por el islamismo
Por su parte, la hermana Leonella Sgorbati, misionera de la Consolata, murió perdonando a sus asesinos después de que fuera disparada por islamistas a las puertas del hospital para niños de Mogadiscio, en el que ayudaba. Junto a ella, murió el hombre que la acompañaba y protegía.


Esta religiosa nació en Italia en 1940 y en 1965 emitió su primera profesión religiosa con esta congregación. Su vida religiosa la ofreció a los más débiles en África primero como misionera y enfermera en Kenia, donde formó a miles de jóvenes en esta profesión y luego en Somalia, uno de los países más inestables del mundo donde organizó una escuela para enfermos.

El discurso de Ratisbona
Fue precisamente en este país donde murió asesinada el 17 de septiembre de 2006 por varios islamistas que la dispararon durante la oleada anticristiana que se produjo tras el discurso de Benedicto XVI en Ratisbona en 2006. Ahora, su sucesor, el Papa Francisco ha reconocido su martirio.

“Los perdono, los perdono, los perdono”. Estas fueron las últimas palabras de la hermana Leonella antes de morir por las heridas de balas que sufrió.

Tal y como recordaba la hermana Marzia Feurra, también misionera de la Consolata los dos asesinos “estaban escondidos entre los coches aparcados en la calle que separa el hospital pediátrico y el pueblo donde viven las hermanas misioneras de la Consolación de Mogadiscio, comunidad a la que pertenecía Sor Leonella. Los dos hombres abrieron fuego contra Sor Leonella y el guardia que nos escolta cuando cruzaron la calle".

"Los perdono"
"Estaba en casa e íbamos a almorzar cuando oímos largas ráfagas de metralleta en la calle. Nos sorprendimos porque desde hacía varios días no oíamos armas de fuego. Mientras hablábamos de esto, un muchacho entró y nos dijo lo que había pasado. Nos precipitamos fuera mientras cargaban a la hermana Leonella sobre una camilla", añadió.

Cuando llegaron al hospital, recuerda la hermana Marzia, "Sor Leonella todavía estaba viva, sudaba frío. Estábamos tomadas de la mano, nos vimos y antes de apagarse como una pequeña vela, tres veces me repitió: Los perdono, los perdono, los perdono... Estas fueron sus últimas palabras".

Fuente: Religión en Libertad