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lunes, 22 de julio de 2024

Sí, «un niño de 2 años puede estar sentado en misa y portarse bien»: 7 pasos de un consejero experto

 


Sí, «un niño de 2 años puede estar sentado en misa y portarse bien»: 7 pasos de un consejero experto

Una madre con sus hijos en misa.

El asesor en salud mental y licenciado en Teología y Filosofía Jacob Francisco asegura que los más pequeños pueden portarse bien en misa: todo es un trabajo de fondo y de preparación, explica.

Una familia se encuentra en misa y se acerca el momento de la consagración cuando se escucha un sonoro grito. "Se ha vuelto a caer del banco", piensa el padre. Las miradas de los fieles se vuelven hacia la familia, pacientes con quien por enésima vez trata de mantener a sus hijos en un imposible estado de perfección adulta. Finalmente, uno de los progenitores toma la decisión, se levanta y saca al pequeño de la Iglesia, aunque el resto de fieles le anima a quedarse. Los padres, ahora divididos, podrían tener que enfrentar lo que queda de misa tratando de mantener el control de unos hijos que exigen apremiantemente salir y disfrutar, como su hermano, de una brisa de aire fresco o simplemente de jugar entre ellos.

La descrita no es una situación anómala. Muchas familias acuden hasta con miedo a misa, dando incluso por imposible la idea de rezar unos minutos, aún a sabiendas de que el resto de fieles comprende la situación. Pero, ¿y si hubiese solución? ¿Y si los padres no solo no debiesen conformarse con unos minutos de conexión espiritual, sino que también pudiesen tenerlo sus hijos? ¿Y si ir a misa con ellos se convirtiese en motivo de alegría y, quizá, de oración en familia?

Desde hace años, el asesor en salud mental y licenciado en Teología y Filosofía Jacob Francisco ha consagrado su carrera al trabajo con niños y familia en situación de acogida. A su amplia experiencia psicológica y conductual en torno a traumas, ansiedad o problemas de comportamiento infantil, Francisco añade la adquirida en el Instituto de Soluciones Pastorales Catholic Counselors, desde donde busca ofrecer esperanza a matrimonios y familias, ya sea en crisis o en problemáticas cotidianas como la descrita.

Según él, la respuesta a esas preguntas no solo es afirmativa, sino que se atreve a afirmar  que "un niño de dos años puede aprender a sentarse en el banco y comportarse relativamente bien".

Madre con su hijo en misa.

`Les prometo que esto se puede hacer incluso con un niño pequeño. Un niño de dos años puede aprender a sentarse en el banco y comportarse relativamente bien durante una misa´, asegura el experto. 

Tal y como ha escrito en uno de los últimos artículos de Catholic Counselors, hay una serie de métodos y medidas que se pueden aplicar. Y no solo tendrán su resultado en la propia misa, sino que se extenderán a otros ámbitos de la vida del pequeño conforme crezca.

Extraemos algunas de sus propuestas:

1º El primer consejo, de fondo: Por qué se debe obedecer

Para Francisco, la pregunta es: ¿Por qué se debe obedecer? Cuenta que hay dos extremos para los padres, ser demasiado estrictos o demasiado "blandos". Pero mientras que el primero puede dañar la relación entre padres e hijos, el segundo puede llevar a una falta de disciplina. Y en su caso, propone algo similar a un "punto medio" pero que, en su opinión, está cargado de significado. Se trata de comprender la disciplina como una conexión por la que los hijos acuden al padre en busca de ayuda y orientación. La disciplina, dice, "consiste en generar confianza para que quieran escucharte y seguirte, porque saben que tienes en mente lo mejor para ellos".

"Lo que le estás enseñando a tu hijo es que, en realidad, la verdadera obediencia proviene del amor. Si realmente amamos a alguien, vamos a querer obedecerlo. Vamos a querer seguirlo y esa es la relación que estamos tratando de que nuestros hijos tengan con Dios", explica. Así entendido, explica que muchas otras cosas "encajan". También el comportamiento en misa.

2º Parece obvio, pero hay que anticiparse a la necesidad

Aunque resulte obvio, explica que algo tan sencillo como asegurarse de que los niños coman y vayan al baño antes de ir a misa reducirá las posibles complicaciones.



3º Mantenerlos conectados

Siguiendo la primera premisa, los padres no solo buscarán "mantener tranquilos" a sus hijos en misa con comida o juguetes,  sino que en la medida de lo posible se buscará una "conexión" con el entorno que les rodea. Por eso, "pueden pasar una hora leyendo libros o simplemente estando en brazos o sentados en el regazo de sus padres, o pueden decir en voz baja las cosas que ven en la iglesia".

Una niña en una iglesia. 

En lugar de jugar, Jacob Francisco invita a tratar de `conectar´ a los hijos con el ambiente de la iglesia para captar su atención, incluso mencionando lo que se ve en el edificio. 

4º Si su único momento de silencio es la misa, será imposible

Según el experto, la mentalidad es similar a la de preparar una carrera antes de que tenga lugar. Así, "si el único momento en el que esperas que tu hijo esté en silencio es durante la misa, será mucho más difícil lograr que se calle", subraya. Sin embargo, "si están acostumbrados a tener que estar en silencio durante un periodo de tiempo, entonces la misa será pan comido". Por ello, recomienda seleccionar un momento de cada día en el que los niños participen en actividades tranquilas, como leer o dibujar, lo que le ayudará a aprender a controlar su comportamiento en un entorno controlado y eso facilitará aplicar estas habilidades en la iglesia.

5º Y llega el caos: ¿A la habitación del pánico?

Sin embargo, el experto es consciente de que tarde o temprano se desata la tormenta y las rabietas emergen. Ante las crecientes salas de guardería o "habitaciones del pánico" en las iglesias, no es raro que muchos padres lleven a sus hijos o sacarles de la iglesia, lo que para Jacob Francisco podría ser contraproducente: "Si quieres enseñarle a tu hijo a estar callado y comportarse durante toda la misa, eso no va a funcionar. "Lo único que estás haciendo es enseñarle que podemos ir a la sala de llanto y luego puedo jugar", advierte.

6º No darlo por perdido: explicar, empatizar y poner límites

Lejos de ignorar al niño al sacarlo de la misa, su propuesta es sujetarlo todo el tiempo y solo una vez calmados podrán volver al banco, lo que les ayudará a "aprender que la misa no es un juego". Tampoco recomienda negociar en plena "rabieta", lo que suele ser contraproducente. En lugar de ello, invita a empatizar con el niño al mismo tiempo que se establecen "límites claros". Como ejemplo ante un niño enrabietado al fondo de la iglesia, invita a explicarles: "Sé que quieres sentarte con mamá, pero ahora es el turno de tu hermano. Podrás sentarte con mamá cuando él haya terminado".

7º Tener en cuenta cada edad y 3 consejos válidos "para casi cualquier momento"

Antes de finalizar, recuerda que se ha de enfocar cada actuación de forma proporcionada y  adecuada a la edad y condiciones de cada niño, pero observa tres "elementos clave" que serán los mismos en casi cualquier situación:

Mantente conectado

Muéstrale a tu hijo que estás de su lado y listo para ayudarlo a superar sus momentos difíciles.

Establece límites claros

Establece límites claros y consistentes y respétalos. Evita los castigos severos y no permitas el mal comportamiento.

Concéntrate en entrenar y enseñar

Recuerda que tu objetivo principal es ayudar a tu hijo a aprender a ser la persona que Dios quiso que fuera.

"En cierto modo, ayudar a un niño problemático en la misa es una buena práctica para ayudar a ese mismo niño a atravesar cualquier otra pequeña crisis durante su niñez, adolescencia y juventud. En definitiva, se trata de darles a nuestros hijos el ejemplo de la relación que queremos que tengan con Dios. Y no hay mejor lugar para empezar que la misa", concluye el orientador.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 22 de abril de 2020

¿Se te hace cuesta arriba el confinamiento? 3 consejos de un joven novicio de Leyre te pueden ayudar


Este joven novicio del monasterio de Leyre ofrece una ayuda a los que el confinamiento se les está haciendo muy largo

Fray Iñigo María entiende esta difícil adaptación y ofrece ayuda desde su vida monástica

¿Se te hace cuesta arriba el confinamiento? 3 consejos de un joven novicio de Leyre te pueden ayudar

Este joven novicio del monasterio de Leyre ofrece una ayuda a los que el confinamiento se les está haciendo muy largo


Tras más de un mes de confinamiento obligatorio, más las semanas que aún quedan por delante, millones de españoles han ido viviendo esta situación de diferente manera y con ánimos cambiantes. Momentos buenos de familia, pero también en los que gana el desánimo, momentos de creatividad con otros de gran monotonía, momentos de esperanza y otros de angustia...

Para muchos no está siendo fácil sobrellevar este tiempo pues en los primeros días el confinamiento podía ser más llevadero pero ya se les está haciendo demasiado largo,  pudiendo ser mucho más duro además si en la familia o el entorno hay casos de enfermedad o muerte.

En este punto concreto del confinamiento, ¿qué pueden ofrecer los que ya tienen una amplia experiencia de vivir sin salir? Un joven novicio de los benedictinos del monasterio de Leyre (Navarra) ofrece desde su propia experiencia algunos consejos. Con tan sólo 23 años y tras haberse graduado en Enfermería, fray Iñigo María, vive ya una vida religiosa en la clausura del monasterio, pero tiene todavía muy reciente su vida extramuros por lo que su testimonio supone un enlace muy válido para hablar de esta situación.

leyre

En declaraciones al diario El Correo, este joven novicio benedictino ofrece algunos datos de su día a día que pueden servir a personas que están pasándolo mal por el confinamiento. Y los resume básicamente en tres puntos que recoge Arguments: orden y horario; cuidar la convivencia; y valorar las pequeñas cosas.

1. Orden y un horario para vencer la rutina

Este joven novicio recuerda que “un día ordenado es vital para que no nos coma la rutina”. Fray Iñigo señala que “la gente de la calle, como el monje nada más llegar al monasterio, no está acostumbrada a parar, a salir de la espiral de ocupaciones y preocupaciones que tiene el día a día”.

Este pamplonés afirma que “pasar de la sensación de que el tiempo se escapa de las manos a aquella en que parece que el reloj se ha parado puede ser muy estresante”.  Y para ayudar considera que “es importante levantarse a la misma hora, seguir un patrón fijo con las comidas…”.

2. Cuidar la convivencia, pedir perdón y también ser agradecidos

Fray Iñigo señala que “ahora la gente tiene más tiempo que antes para pasarlo con la familia y esto puede asustar un poco al principio. Convivir más hace que surjan más discusiones y, como pedir perdón nos cuesta, todo se vuelve más incómodo. La ‘Regla’ (de San Benito) nos recomienda ‘reconciliarse antes del anochecer con quien se haya discutido’”.

Esto –agrega este joven- “puede ayudarnos a pedir perdón el experimentar, sin ser perfectos y fallando, que nos van a seguir queriendo. Aún podríamos añadir dos herramientas más: aprender a ser agradecidos y tener paciencia con los fallos de los demás”.

monotonia-confinamiento

Caer en la monotonía puede ser uno de los grandes peligros durante el confinamiento 

3. Aprender a valorar las pequeñas cosas de la vida

Este novicio entiende perfectamente lo que están pasando millones de personas en sus hogares puesto que hasta no hace mucho él vivía al otro lado de los muros del monasterio de Leyre. “Nos pasamos la vida soñando con hacer aquello que tanto nos gustaría si tuviésemos tiempo… ¡Ahora lo tenemos! Hay que aprovecharlo para hablar con aita (papá) y ama (mamá), con los hijos, con la pareja… Puede ser el momento perfecto para recuperar esa intimidad que la rutina ha podido hacer desaparecer”, agrega.

Además, fray Iñigo María añade que “tenemos que aprender otra vez a divertirnos de verdad, volver a ser como niños. Estos días son perfectos para aprender a valorar las pequeñas cosas de la vida que hacen que todo sea grande: la familia, el amor, la amistad… Dejemos una parte importante de nuestro tiempo para cuidar a los demás, para preocuparnos por ellos: esto es lo que nos hará redescubrir que no somos hormigas en medio del mundo, sino personas, que somos amadas y podemos amar”.

Aunque la vida dentro del monasterio les hace vivir a margen del día a día de la gente, la realidad es que ellos también están experimentando las consecuencias de la pandemia. “Ahora hacemos el oficio divino y la misa sin fieles. La gente ya no puede acercarse a rezar con nosotros, ni tampoco a visitar nuestra iglesia románica y el monasterio del siglo XI. El Jueves y Viernes Santo la iglesia se llenaba, algunas personas llevaban décadas viviendo con nosotros los días más importantes del año para un cristiano. Se les ha echado de menos”.

Y por último, como enfermero de formación, este novicio benedictino quiso recordar y rezar por quienes “están al pie del cañón, demostrando que vale la pena luchar para que el bien reine en este mundo”.

Fuente: Religión en Libertae

lunes, 23 de diciembre de 2019

8 consejos a los padres para que el móvil no sea una barrera para pasar más tiempo con sus hijos

Las pantallas roban tiempo de disfrutar de los hijos

8 consejos a los padres para que el móvil no sea una barrera para pasar más tiempo con sus hijos

Las pantallas roban tiempo de disfrutar de los hijos

El impacto de las pantallas no es un problema único y exclusivo en los niños, aunque sí que es grave, sino que afecta a toda la vida familiar. También los adultos están pegados a sus teléfonos móviles en casa y esto los hijos lo ven y les afecta.

María Zalbidea es una de las expertas consultadas por el estudio de Empantallados El impacto de las pantallas en la vida familiar. Hogares hiperconectados: el comportamiento de padres e hijos en un entorno multipantalla. Reconoce que los padres no solo usan el móvil para divertirse, también les ayuda en su trabajo o en la gestión del hogar. Sin embargo, “si estás en casa contestando e-mails mientras los niños hacen sus deberes, es importante que ellos sepan que son lo primero para ti y que no compiten por tu atención”, reclama Zalbidea. ¿Y cómo se logra? Esta analista en tendencias digitales y autora del blog Cosiendo la brecha digital da ocho claves que recoge Isabel Molina en Revista Misión:

1. Gobierna tú

“Soy una fiel defensora de las ventajas que nos ha traído la tecnología y creo con firmeza que se puede hacer un uso responsable y saludable de los dispositivos en el día a día. Pero tenemos que ponerlos a nuestro servicio, y no al revés: Yo gobierno mis dispositivos y les hago el hueco que quiero en mi vida. Si no, estos acaban por gobernarnos a nosotros”, sentencia Zalbidea. Y añade: “Nuestros hijos tienen que ver que, igual que intentamos comer sano, hacer ejercicio o no abusar del alcohol, hacemos el esfuerzo de controlar nuestro uso del móvil”.

2. Aparca la pantalla

Cada familia puede decidir en qué momentos del día quiere prescindir totalmente de las pantallas. Esos momentos de detox digital son necesarios para “charlar, charlar y charlar. Es decir, para tender puentes entre la propia familia y conocernos bien”, reclama Zalbidea. Además de los tiempos diarios sin interferencias digitales, “cada semana es bueno establecer unos tiempos de calidad para pasar con los hijos. Pregúntales qué les gusta y haz cosas a solas con cada uno de ellos, como montar en bici o en patines, leer con ellos esos libros que quieres que lean, o repasar esos vídeos de inventos en YouTube de los que siempre te habla y que nunca has visto. Y poner día y hora”, recomienda Zalbidea.

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3. Centra tu atención

La incapacidad de centrar la atención en una sola cosa es una condición que se conoce como “atención parcial continua”. Zalbidea explica que “hoy nos cuesta más entrar en profundidad en los temas y concentrarnos en las cosas. Vamos saltando de un lugar a otro, de un chat a otro, de una noticia a otra, y cuando la atención es parcial, lastra nuestras relaciones. Hoy nos cuesta más escuchar a un amigo que habla despacio, a un abuelo que repite las cosas… Nos gustaría hacer un salto de pantalla, pero no podemos. Así que aprende a quedarte ahí, a sonreír, a escuchar y a fomentar la capacidad de la espera”.

4. Saca el trabajo de casa

Hoy la oficina y los compañeros han entrado al hogar y cuesta separar el trabajar de la vida familiar. Zalbidea cuenta que a menudo se encuentra con padres a quienes sus hijos les han llegado a decir: “Papá, es que tú siempre estás hablando por el móvil”. “No nos engañemos –sentencia–, estar colgado a los auriculares del móvil no es estar en casa”. Para que el trabajo no interfiera en la vida familiar, la experta recomienda hacerse una planificación y tener claras las prioridades: “Salvo que sea una urgencia o un imprevisto, los tiempos de trabajo y de estar en familia deben quedar claros”, señala.

5. Evita interrupciones

“Una vez escuché a Sherry Turkle, profesora del mit y autora del libro En defensa de la conversación: El poder de la conversación en la era digital (Ático Bolsillo, 2019), decir que estamos educando a una generación que ha crecido sin mantener conversaciones sin interrupción”, explica Zalbidea. Y eso podemos cambiarlo. Diversos estudios han demostrado que la conversación sin interferencias entre padres e hijos es clave para el adecuado desarrollo del lenguaje en los niños y para mejorar su rendimiento escolar.

6. Vive el presente

“No descubro nada nuevo si digo que da pena ver a un padre columpiando a su hijo en el parque y mirando la pantalla del móvil que tiene en la mano. Como sociedad tenemos que cuidar estas cosas”, reclama María Zalbidea. “Si es del todo imprescindible utilizar el móvil durante el tiempo que pasamos con los niños, conviene que les expliquemos la razón: ‘Gabriela, papá está haciendo un pago urgente para comprar una cosa, pero enseguida se centrará de nuevo en ti’”.

7. Baja el ritmo

“La multitarea no nos la ha dado la tecnología; no hay nada más multitask que una madre: puede estar atendiendo a un niño que hace deberes mientras pela las patatas para la tortilla y piensa en la reunión que tendrá con un cliente al día siguiente”, comenta Zalbidea. Sin embargo, esta capacidad encomiable compite con la pérdida de atención, “una de las grandes plagas del siglo XXI”. Para combatirla, Zalbidea propone una revolución del silencio: “Recupera la capacidad de sopesar las cosas, de reencontrarte contigo mismo y de alimentar tu mundo interior. De esa forma, estarás en cada momento en lo que toca”.

8. Muéstrate disponible

“Por último, y sobre todo, tenemos que estar accesibles para nuestros hijos: para que nos cuenten, nos pregunten… Si nos ven con el móvil todo el día, pensarán que estamos ocupados, que no tenemos tiempo para ellos, y nos estaremos perdiendo momentos especialmente buenos para educar, charlar, comprender, empatizar y, en definitiva, quererles como ellos necesitan”.