martes, 25 de abril de 2017

Santo Evangelio 25 de Abril 2017


Día litúrgico: 25 de Abril: San Marcos, evangelista

Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien». 

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»
Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat 
(Barcelona, España)


Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.

Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.

El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente. 

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.

¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).

Hija de violación, esclava sexual a los 14 años, vendida a un mafioso... negarse a abortar la liberó


Darlene Pawlik rezó a Dios, tuvo un sueño especial... y hoy puede ayudar a muchas

Hija de violación, esclava sexual a los 14 años, vendida a un mafioso... negarse a abortar la liberó

Darlene Pawlik, en una radio con un periodista... a menudo comparte su testimonio para ayudar a dar esperanza a mujeres en apuros

Hija de violación, esclava sexual a los 14 años, vendida a un mafioso... negarse a abortar la liberó

Darlene Pawlik, norteamericana, está casada desde hace 24 años y es madre de cinco hijos. Es enfermera, activista en defensa de la vida y vicepresidenta de  Save The 1 (Salvar El 1), la plataforma de personas provida que conocen de cerca el trauma de la violación. 

Darlene Pawlik ha sido víctima por partida doble: fue engendrada en una violación, fue abusada por su padre y un tío materno, y luego fue vendida y usada prácticamente como esclava sexual durante varios años en su adolescencia. 

Un origen de abusos y sin amor

"Me concibieron en una violación brutal y me enteré de ello cuando era muy pequeña. El conocimiento de este hecho y el abuso sexual infantil del que fui víctima por parte de mi propio padre y, más tarde, por un tío materno me hicieron sentir que no valía nada y era una niña muy vulnerable", recuerda. 

Saber desde pequeña que era fruto de violación y ser objeto de abusos en su propia familia habían hundido su autoestima.

"Tenía 12 años cuando mi madre se divorció por segunda  vez. Desde los trece años, estuve metida metida en drogas y alcohol, vagando por el vecindario y saliendo con un fisicoculturista que conducía un Cadillac negro. Me cortejó y fue muy paciente mientras me manipulaba para meterme en su cama".

"Él me vendió por primera vez el día que cumplí 14 años. Yo estaba de pie sobre tres pulgadas de lodo congelado, con las zapatillas de tenis llenas de agua helada, tiritando delante de una farmacia local al final de la calle donde vivíamos, esperando a que me recogiera. El comprador estaba encantado de saber que yo era tan joven, inexperta y miedosa".

Vendida cientos de veces
"El proxeneta me vendió por sexo cientos de veces. Luego me vendió a otro hombre que, a su vez, me vendió por sexo también", recuerda.

Darlene resume así esos años: "Era un círculo vicioso de abusos, violación en grupo, intento de suicidio, insomnio, acurrucarme en puertas y escalinatas de iglesias, drogas, alcohol, arrestos y huir de nuevo".

¿Qué la mantenía tan sometida? La combinación de miedo y falta de esperanza. "Yo me sometía a ese tráfico sexual por miedo, no porque me encerraran o amenazaran. No tenía esperanzas de que las autoridades me ayudasen".

Ella veía que las "autoridades" no parecían pdoer ayudarla. "Un apartamento en el que me alojé fue alquilado al candidato a sheriff de esa pequeña ciudad. Algunos de mis clientes eran hombres de negocios, un concejal de la ciudad, profesionales, y algunos amantes de la violencia y mal".


  Darlene Pawlik hoy, madre y esposa feliz

Como "mascota" de un solo protector 
"A los diecisiete años, me vendieron a un hombre como una "mascota". Pensé que estaría más segura, al menos tendría que servirle solo a él. Me vestía bien y me llevaba a cenas agradables. Obtuve un trabajo y finalmente sentí un poco de estabilidad, era casi normal".

Pero había una condición para esa "normalidad": nada de bebés. "Él me había dicho que si me quedaba embarazada tendría que abortar. Me asustó, pero no sentí que tuviera elección".

"Después de cuatro meses, quedé embarazada. Mientras golpeaba su puño en el brazo de madera del sofá, me gritó: "¡No quiero vida!". Era aterrador - su voz se disparó a través de mí".

"Este hombre era un jefe del crimen organizado. Dijo que me haría un aborto o me mataría y yo sabía que esto era cierto. Uno de sus agentes había sido mi traficante y me había golpeado y violado en numerosas ocasiones. Concerté la cita para abortar en su presencia".

"Dios, si eres real, ayúdame"
"Esa noche alcé las manos al cielo mientras lloraba y rezaba: “¡Dios, si eres real, por favor, ayúdame!". De alguna manera, me quedé dormida y soñé con un aborto con todo detalle desde la perspectiva del interior de la matriz. No tenía conocimiento del aborto en ese momento, pero hoy sé que era preciso por el nivel de desarrollo gestacional en gran detalle. Esas pequeñas manos y pies, ese rostro diminuto, las costillas y la sangre... ¡Era horripilante! Yo siempre había querido ser mamá desde que tenía uso de razón".

"Cuando desperté, llamé a todos los que se me ocurría que me podrían ayudar. Busqué entre las tarjetas de presentación que la gente me había entregado en algún momento y di con una trabajadora social que había tratado de ayudarme una de las veces que me fugué. Ella me encontró un hogar para chicas embarazadas al que me llevaría. Algunos amigos llevarían mis cosas. Pero, ¿cómo me escaparía?"

El día de la fuga, vestida para una cena..
"Mi captor insistió en salir a cenar después de la cita para el aborto. Llegó el día. Me fui e hice arreglos con la trabajadora social, pero volví y me preparé para la cena. Estaba tan asustada que estaba llorando y casi histérica todo el día. Con mi cara hinchada, ojos inyectados en sangre, temblores y respiraciones superficiales, entré en el coche. Estaba muy intranquila - mi respiración lo delataba. Tartamudeé cuando le dije a él que me quería ir a vivir con una prima que me daría trabajo".

"Algo me pasó en esa mesa", le dije, "ya no quiero estar aquí". Pensé que él lo entendería porque me había hablado de otras chicas a las que había obligado a abortar y las había dejado ir. Toda la noche estuve muy nerviosa, no podía quedarme quieta porque tenía mucho miedo de que me descubriera. Fui al baño con frecuencia y lloré durante toda la cena, fingiendo náuseas y dolor. De camino a casa, me dijo que podía irme, pero si volvía a la ciudad, tendría que encontrarlo".

Prometió a Dios educar a sus hijos en la fe
"Salí de su casa rápidamente al día siguiente. Le prometí a Dios que formaría a mis hijos en el temor y admonición del Señor si mi bebé nacía bien. La niña nació y era perfecta. Y yo cumplí mi promesa. La gente que me conoce hoy, no puede comprender como pude haber vivido una vida así. Y yo les explico: Salvar a mi bebé me salvó la vida". 

Hoy Darlene puede hablar a otras muchas mujeres que viven en circunstancias duras y ayudarlas, asegurando que es posible la esperanza, que vale la pena apostar por la vida, que dar vida y cuidarla es sanador y transformador.


(Adaptado de la versión en español de Save The 1, Salvar el 1, salvarel1.blogspot.com.es)

lunes, 24 de abril de 2017

Santo Evangelio 24 de Abril 2017

 

Día litúrgico: Lunes II de Pascua
 
Texto del Evangelio (Jn 3,1-8): Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios».
 
Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?». Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu».

«El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM
(Barcelona, España)
 
Hoy, un «magistrado judío» (Jn 3,1) va al encuentro de Jesús. El Evangelio dice que lo hace de noche: ¿qué dirían los compañeros si se enterasen de ello? En la instrucción de Jesús encontramos una catequesis bautismal, que seguramente circulaba en la comunidad del Evangelista.
 
 Hace muy pocos días celebrábamos la vigilia pascual. Una parte integrante de ella era la celebración del Bautismo, que es la Pascua, el paso de la muerte a la vida. La bendición solemne del agua y la renovación de las promesas fueron puntos clave en aquella noche santa.
 
 En el ritual del bautismo hay una inmersión en el agua (símbolo de la muerte), y una salida del agua (imagen de la nueva vida). Se es sumergido con el pecado, y se sale de ahí renovado. Esto es lo que Jesús denomina «nacer de lo alto» o «nacer de nuevo» (cf. Jn 3,3). Esto es “nacer del agua”, “nacer del Espíritu” o “del soplo del viento...”.
 
Agua y Espíritu son los dos símbolos empleados por Jesús. Ambos expresan la acción del Espíritu Santo que purifica y da vida, limpia y anima, aplaca la sed y respira, suaviza y habla. Agua y Espíritu hacen una sola cosa.
 
 En cambio, Jesús habla también de la oposición de carne y Espíritu: «Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu» (Jn 3,6). El hombre carnal nace humanamente cuando aparece aquí abajo. Pero el hombre espiritual muere a lo que es puramente carnal y nace espiritualmente en el Bautismo, que es nacer de nuevo y de lo alto. Una bella fórmula de san Pablo podría ser nuestro lema de reflexión y acción, sobre todo en este tiempo pascual: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Rom 6,3-4).
 

Persiguen y matan a los cristianos por el demonio: «Nos odia y suscita la persecución», dice el Papa



Oración memorial en Roma por los mártires de la yihad, el nazismo, el comunismo, las bandas...

Persiguen y matan a los cristianos por el demonio: «Nos odia y suscita la persecución», dice el Papa

Francisco en la basílica de los mártires modernos en la Isla Tiberina de Roma

Persiguen y matan a los cristianos por el demonio: «Nos odia y suscita la persecución», dice el Papa

¿Por qué hay tantas persecuciones contra los cristianos en el mundo?  El Papa Francisco lo explicó así este sábado por la tarde: "El origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución".

En la tarde del sábado, 22 de abril, el Papa Francisco acudió a celebrar un servicio memorial en recuerdo de los cristianos asesinados como mártires en el siglo XX y XXI, siglos de electricidad, viajes al espacio, alfabetización y ciencia y tecnología avanzada y energía atómica... y siglos enrojecidos por la sangre de cristianos asesinados por su fe, una fe que enseña a amar y perdonar a los enemigos.



El escenario era la Iglesia de San Bartolomé, en un lugar muy especial, la isla en el río Tiber, en pleno corazón de Roma, donde en la antigüedad ya hubo un templo dedicado a Asclepio, dios de la medicina, en el que se cuidaban enfermos. Hoy gestiona allí la Comunidad de San Egidio el Memorial de los mártires del siglo XX y XXI.

La lista de los grupos de mártires recordados (muchos de ellos cuentan con una capilla propia y específica, con su altar e iconos) es larga: 

- los cristianos armenios víctimas del genocidio turco a principios del siglo XX
- los cristianos mexicanos asesinados en las persecuciones laicistas de los años 20
- los mártires católicos de los años 30 en España, asesinados por anarquistas y comunistas
- los mártires de Albania, único país que se declaraba constitucionalmente ateo
- los asesinados por el nacionalsocialismo alemán
- los monjes de Argelia asesinados por facciones islamistas
- los que fueron asesinados por la mafia por no colaborar con su red de corrupción 
- el arzobispo salvadoreño, Óscar Arnulfo Romero, asesinado en 1980
- los que han muerto como "mártires de la caridad" sirviendo enfermos del ébola... 



La ceremonia, presidida por el Papa Francisco, recordó a los clérigos cristianos que hoy mismo están secuestrados en Siria, Yemen, Congo, Mali. También recordó a los cristianos coptos degollados en Libia por yihadistas, y a los cristianos que son asesinados porque luchan contra la corrupción. Se mencionó a los catequistas, “a las mujeres asesinadas en el silencio por defender la justicia y la paz cuyos nombre son conocidos solo por Dios”.

Hubo mención a “los católicos, ortodoxos, evangélicos y anglicanos que dieron testimonio de unidad con el martirio”. Y “a los cristianos muertos en la soledad y de los campos de concentración”. Se rezó también “para que sea desarmada la violencia blasfema de quien asesina en nombre de Dios”. Al resonar cada mención, una persona relacionada con el lugar mencionado encendía una vela. 

Una llegada festiva... una ceremonia solemne
La llegada del Papa a la Isla Tiberina fue festiva. Le recibieron con entusiasmo muchas personas, jóvenes y niños de las Escuelas de la Paz. Los niños le entregaban cartas y dibujos. Pero una vez entró en la basílica de los nuevos mártires se impuso la solemnidad. Ante el icono del altar principal, que recuerda a los nuevos mártires,  el Santo Padre rezó algunos instantes en silencio. El incienso y cantos polifónicos fueron parte de la liturgia, en la que el papa vestido de blanco usó la estola roja de un obispo que murió mártir.


El fundador de la Comunidad de San Egidio, el historiador Andrea Riccardi, buen conocedor de los horrores del siglo XX y de las historias de los mártires, dirigió unas sentidas palabras, agradeciéndole el “haber venido como peregrino al santuario de los nuevos mártires” recordando que esta coincidía con el aniversario del secuestro a manos de yihadistas en 2013 de dos obispos de Aleppo, Siria: el  greco-ortodoxo Boulos al-Yazigi y el siriaco-ortodoxo Gregorios Yohanna Ibrahim. Han pasado cuatro años y no se sabe nada de ellos.

Riccardi señaló también que fue voluntad de San Juan Pablo II que el santuario en Isla Tiberia custodiase "la memoria de los mártires católicos, ortodoxos, anglicanos y evangélicos unidos en la sangre derramada por Jesús”.


Testimonios: el nazismo, la yihad, las bandas...
Le siguieron lecturas intercaladas por tres testimonios. El primero fue Karl, hijo de Paul Schneider, pastor de la Iglesia Reformada alemana, asesinado en 1939 en el campo de Buchenwald porque había denunciado que el nazismo tenía objetivos “irreconciliable con el mensaje de la Biblia”.

Después de otra lectura, Roselyne, hermana del sacerdote francés Jacques Hamel, asesinado el 26 de julio de 2016 por milicianos del Isis recordó la paradoja de quien nunca quiso ser protagonista y que en cambio dio un testimonio a todo el mundo. Señaló que los musulmanes se reunieron para rendirle homenaje y del sentimiento que despertó en Francia.

El tercer testimonio fue de Francisco Hernández Guevara, amigo de William Quijano, un joven de San Egidio en El Salvador, asesinado en septiembre de 2009, empeñado con las Escuelas de la Paz que ofrecía a los jóvenes una alternativa a las pandillas violentas o maras. “Su culpa fue soñar un mundo sin violencia”, y hablar a todos de su sueño. Nunca hablaba de venganza contra las pandillas sino de un cambio de mentalidad a partir de los niños.

El demonio está detrás de las persecuciones
El Papa Francisco, en su homilía, relacionó las persecuciones contra los cristianos de todas las épocas con la acción del demonio: "La causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección".

Y añadió: "Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo. Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución".


La Iglesia necesita santos para avanzar
“Hemos venido como peregrinos –dijo el Sucesor de Pedro– en esta basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las absurdas ideologías del siglo pasado, y asesinados porque eran discípulos de Jesús”.

Cuantas veces se oyó decir que ‘la patria necesita héroes’, dijo el Papa, y precisó entretanto que sobre todo que la iglesia necesita son “mártires, testimonios, santos de todos los días que llevan la vida ordinaria adelante con coherencia, pero también de quienes tienen el coraje de aceptar la gracia de ser testimonios hasta el final, hasta la muerte”. “Ellos son agraciados por Dios”, y “sin ellos la Iglesia no puede ir hacia adelante”.

El Papa quiso recordar “a una mujer, no sé el nombre pero nos mira desde el cielo”. Supo de ella en su viaje a Lesbos cuando el marido con tres niños le dijo: “Soy musulmán, mi esposa era cristiana, vinieron los terroristas, nos pidieron la religión y a ella con su crucifijo, le pidieron de tirarlo. Ella no lo hizo y la degollaron delante de mi. Nos queríamos tanto”. Y Francisco concluyó este relato indicando: “Esto es un ícono que traigo como regalo aquí”.

El Papa pasó con diversas capillas del santuario, empezando por la de las víctimas del nazismo, después la de América Latina, finalizando por las víctimas del comunismo. En cada una encedió una vela. 

Al final de la celebración, Francisco tuvo un encuentro en una sala contigua a la basílica con un grupo de refugiados que llegó a Italia gracias a los corredores humanitarios, y con mujeres víctimas del tráfico humano, y con menores no acompañados. Después, al saludar a los fieles que le esperaban fuera de la basílica, el papa Francisco les agradeció “ la presencia y la oración en esta iglesia de los mártires”. 

  El Papa saludó a numerosos inmigrantes y refugiados de los que atiende la Comunidad de Sant'Egidio, invitados a la ocasión 

También habló a los fieles del desafío migratorio actual: “Pensemos a la crueldad que golpea a tantas personas, que llegan en barcos y son hospedados por países generosos, como Italia y Grecia. Pero después los tratados no dejan… Si en Italia cada municipio recibiera a dos inmigrantes, habría lugar para todos. Que la generosidad de Lampedusa, Sicilia y Lesbos, puedan contagiar a todos. Somos una civilización que no genera hijos y a pesar de ello cerramos las puertas a los migrantes: eso se llama suicidio”, dijo.

La ceremonia completa, 1h 44min, con comentarios en español


Texto íntegro de la homilía del Papa Francisco en el santuario de los mártires del siglo XX y XXI
Hemos venido como peregrinos a esta basílica de San Bartolomé en la Isla Tiberina, donde la historia antigua del martirio se une a la memoria de los nuevos mártires, de tantos cristianos asesinados por las absurdas ideologías del siglo pasado y asesinados también hoy porque eran discípulos de Jesús.

El recuerdo de estos heroicos testimonios antiguos y recientes nos confirma en la conciencia de que la Iglesia es Iglesia si es Iglesia de mártires. Y los mártires son aquellos que como nos recordó el Libro del Apocalipsis, “vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestidos, volviéndolos blancos en la sangre del cordero”.

Ellos tuvieron la gracia de confesar a Jesús hasta el final, hasta la muerte. Ellos sufren, ellos dan la vida, y nosotros recibimos la bendición de Dios por su testimonio. Y existen también tantos mártires escondidos, esos hombres y esas mujeres fieles a la fuerza humilde del amor, a la voz del Espíritu Santo, que en la vida de cada día buscan ayudar a los hermanos y de amar a Dios sin reservas.

Si miramos bien, la causa de toda persecución es el odio del príncipe de este mundo hacia cuantos han sido salvados y redimidos por Jesús con su muerte y con su resurrección.

En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado (Cfr. Jn 15,12-19) Jesús usa una palabra fuerte y escandalosa: la palabra “odio”. Él, que es el maestro del amor, a quien gustaba mucho hablar de amor, habla de odio. Pero Él quería siempre llamar las cosas por su nombre. Y nos dice: “No se asusten. El mundo los odiará; pero sepan que antes de ustedes, me ha odiado a mí”.

Jesús nos ha elegido y nos ha rescatado, por un don gratuito de su amor. Con su muerte y resurrección nos ha rescatado del poder del mundo, del poder del diablo, del poder del príncipe de este mundo.

Y el origen del odio es este: porque nosotros hemos sido salvados por Jesús, y el príncipe de este mundo esto no lo quiere, él nos odia y suscita la persecución, que desde los tiempos de Jesús y de la Iglesia naciente continúa hasta nuestros días. 

Cuántas comunidades cristianas hoy son objeto de persecución. ¿Por qué? A causa del odio del espíritu del mundo.

Cuántas veces en momentos difíciles de la historia se ha escuchado decir: ‘Hoy la patria necesita héroes’. El mártir puede ser pensado como un héroe, pero la cosa fundamental del mártir es que fue un ‘agraciado’: es la gracia de Dios, no el coraje, lo que nos hace mártires.

Hoy del mismo modo se puede interrogar: ‘¿Qué cosa necesita hoy la Iglesia?’. Mártires, testimonios, es decir, Santos, aquellos de la vida ordinaria, porque son los Santos los que llevan adelante a la Iglesia. ¡Los Santos!, sin ellos la Iglesia no puede ir adelante. La Iglesia necesita de los Santos de todos los días llevada adelante con coherencia; pero también de aquellos que tienen la valentía de aceptar la gracia de ser testigos hasta el final, hasta la muerte.

Todos ellos son la sangre viva de la Iglesia. Son los testimonios que llevan adelante la Iglesia; aquellos que atestiguan que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo, y lo testifican con la coherencia de vida y con la fuerza del Espíritu Santo que han recibido como don”.

Yo quisiera, hoy, añadir un ícono más, en esta iglesia. Una mujer, no se su nombre pero ella nos mira desde el cielo. Estaba en Lesbos, saludaba a los refugiados y encontré un hombre de 30 años con tres niños que me ha dicho: “Padre, yo soy musulmán, pero mi esposa era cristiana. A nuestro país han venido los terroristas, nos han visto y nos han preguntado cuál era la religión que practicábamos. Han visto el crucifijo, y nos han pedido tirarlo al piso. Mi mujer no lo hizo y la han degollado delante de mí. Nos amábamos mucho.

Este es el ícono que hoy les traigo como regalo aquí. No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración porque los campos de refugiados, muchos de ellos son campos de concentración, debido a la cantidad de gente que es abandonada allí.

Y los pueblos generosos que los acogen, que tienen que llevar adelante este peso, porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los derechos humanos. Y este hombre no tenía rencor. Él era musulmán y tenía esta cruz de dolor llevada sin rencor. Se refugiaba en el amor hacia su mujer, agraciada con el martirio.

Recordar estos testimonios de la fe y orar en este lugar es un gran don. Es un don para la Comunidad de San Egidio, para la Iglesia de Roma, para todas las comunidades cristianas de esta ciudad, y para tantos peregrinos. La herencia viva de los mártires nos dona hoy a nosotros paz y unidad.

Ellos nos enseñan que, con la fuerza del amor, con la mansedumbre, se puede luchar contra la prepotencia, la violencia, la guerra y se puede realizar con paciencia la paz. Y entonces podemos orar así: "Oh Señor, haznos dignos testimonios del Evangelio y de tu amor; infunde tu misericordia sobre la humanidad; renueva tu Iglesia, protege a los cristianos perseguidos, concede pronto la paz al mundo entero. A ti ,Señor, la Gloria y a nosotros la vergüenza".


domingo, 23 de abril de 2017

Santo Evangelio 23 de Abril 2017


Día litúrgico: Domingo II (A) (B) (C) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 20,19-31): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». 

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.


«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados»
Rev. D. Joan Ant. MATEO i García 
(La Fuliola, Lleida, España)


Hoy, Domingo II de Pascua, completamos la octava de este tiempo litúrgico, una de las dos octavas —juntamente con la de Navidad— que en la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II han quedado. Durante ocho días contemplamos el mismo misterio y tratamos de profundizar en él bajo la luz del Espíritu Santo.

Por designio del Papa San Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia. Se trata de algo que va mucho más allá que una devoción particular. Como ha explicado el Santo Padre en su encíclica Dives in misericordia, la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”. Dios pone nuestra mísera situación debida al pecado en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios. Jesucristo, muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina Misericordia. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn 3,16) y lo ha enviado a la muerte para que fuésemos salvados. «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.

La Santa Madre Iglesia, que quiere que sus hijos vivan de la vida del resucitado, manda que —al menos por Pascua— se comulgue y que se haga en gracia de Dios. La cincuentena pascual es el tiempo oportuno para el cumplimiento pascual. Es un buen momento para confesarse y acoger el poder de perdonar los pecados que el Señor resucitado ha conferido a su Iglesia, ya que Él dijo sólo a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,22-23). Así acudiremos a las fuentes de la Divina Misericordia. Y no dudemos en llevar a nuestros amigos a estas fuentes de vida: a la Eucaristía y a la Penitencia. Jesús resucitado cuenta con nosotros.

Evangelizar en Internet: «En realidad, al final lo que cala en las redes es nuestro ejemplo de vida»


Lo constata Gustavo Entrala, el creador del Twitter del Papa

Evangelizar en Internet: «En realidad, al final lo que cala en las redes es nuestro ejemplo de vida»

Gustavo Entrala, de 101, es el creador del Twitter del Papa, que siguen hoy 30 millones de personas

Evangelizar en Internet: «En realidad, al final lo que cala en las redes es nuestro ejemplo de vida»

Como creador de @Pontifex, la cuenta de twitter del Papa, que siguen 30 millones de 'followers', Gustavo Entrala sabe de lo que habla. Es el fundador de la empresa de publicidad 101, que asesora al Vaticano en temas de comunicación. Sabe como llevar el Evangelio a las redes sociales.

Con motivo de su participación en el II Congreso Internacional de iMisión (www.imision.org/icongreso-2017) habló con el periodista José Antonio Méndez, de Revista Misión, sobre la evangelización digital.

-Exactamente, ¿qué es la evangelización digital: compartir los tuits del Papa, volcar contenidos católicos, contactar con gente para hablar de Dios...?
-Muy buena pregunta. Lo resumió muy bien Benedicto XVI cuando pidió al cristiano que esté en las redes sociales tal y como es, de manera íntegra.


Gustavo Entrala hablando con el Papa Francisco

-Pero eso es lo lógico, ¿no?
-Las redes son un entorno en que la persona se presenta de forma idealizada u omitiendo aspectos de su vida que no ensalzan su imagen. Por eso es tan acertado lo que dijo Benedicto XVI. Si queremos redes sociales humanas, tenemos que estar como somos, no volcando solo contenido profesional, o fotos de mi gato o de mis hijos. Conviene pensar: como cristiano, ¿cómo estoy en las redes sociales? Ese es el vórtice profundo de la evangelización digital.

-¿Es una labor para especialistas?
- No es un encargo para determinadas personas, ni una profesión. En las redes sociales, lo que cala es nuestro ejemplo de vida.  Luego se alimenta de criterios, vídeos, reflexiones que podemos compartir... Yo sigo a mucha gente católica en España, y lo que más me ha conmovido en los últimos meses ha sido un vídeo compartido por una familia que recoge ropa para los refugiados. Son las palabras hechas vida las que impactan.

-¿Puede sustituirse el encuentro personal, de tú a tú, por el contacto online?
-Hay una dimensión formativa, de compartir ideas que pueden renovar mi fe o mantenerme en ella, para la que son útiles las redes. Pero para llegar a gente nueva, o que ha abandonado la fe o no está en la Iglesia, esos planteamientos necesitan de conversaciones cara a cara. El 90 por ciento de la evangelización debe hacerse de tú a tú, y el otro 10 por ciento, a través de abrir nuestros círculos desde las redes sociales.


-¿Cómo puede evangelizar una persona en Facebook, Twitter o Snapchat?

-No creo en el perfil del evangelizador autómata que constantemente comparte contenidos religiosos o lo que dice el Papa. Aconsejo más diálogo y menos emisión; si no, se acaba saturando a la gente. Claro que es procedente compartir palabras del Papa o de un sacerdote si hacen que la gente piense, pero, en la medida en que salga del corazón de quien lo comparte, tendrán más fuerza. 

-O sea, que no solo hablamos de compartir contenidos piadosos…
- No. Influye también cómo reaccionas a la actualidad o ante personalidades públicas. Ahí se nota si estás en las redes para escuchar, o para difundir tu idea política o tus frustraciones personales. Hay gente cristiana que le dedica mucho tiempo a las redes y transmiten cierta amargura.

»El examen hay que hacerlo de dentro a afuera: si estoy conversando o solo hago propaganda de mis ideas, si transmito alegría, optimismo y esperanza… No se trata de una receta fácil, sino de pensar cómo puedo servir a Dios y a los demás a través de las redes.

(Publicado originariamente en Revista Mision, www.revistamision.com)

Fuente:Religión en Libertad

sábado, 22 de abril de 2017

Santo Evangelio 22 de Abril 2017


Día litúrgico: Sábado de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Mc 16,9-15): Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»
P. Jacques PHILIPPE 
(Cordes sur Ciel, Francia)


Hoy, confiando en Jesús resucitado, hemos de redescubrir el Evangelio como una “buena nueva”. El Evangelio no es una ley que nos oprime. Alguna vez hemos podido caer en la tentación de pensar que los que no son cristianos están más tranquilos que nosotros y hacen lo que quieren, mientras que nosotros tenemos que cumplir una lista de mandamientos. Es una visión de las cosas meramente superficial.

Personalmente, una de mis mayores preocupaciones es que el Evangelio se presente siempre como una buena nueva, una feliz noticia, que nos llene el corazón de alegría y consuelo. 

La enseñanza de Jesús es por supuesto exigente, pero Teresa del Niño Jesús nos ayuda a percibirla realmente como una buena nueva, puesto que para ella el Evangelio no es otra cosa que la revelación de la ternura de Dios, de la misericordia de Dios con cada uno de sus hijos, y señala las leyes de la vida que llevan a la felicidad. El centro de la vida cristiana es acoger con reconocimiento la ternura y la bondad de Dios —revelación de su amor misericordioso— y dejarse transformar por dicho amor. 

El itinerario espiritual tomado por santa Teresita, el “caminito”, es un auténtico camino de santidad, un camino con cabida para todos, hecho de tal manera que nadie puede desanimarse, ni los más humildes, ni los más pobres, ni los más pecadores. Teresa anticipa así el Concilio Vaticano II que afirma con seguridad que la santidad no es un camino excepcional, sino una llamada para todos los cristianos, de la que nadie debe ser excluido. Hasta el más vulnerable y miserable de los hombres puede responder a la llamada a la santidad.

Esta santidad consiste en un «camino de confianza y amor». Así, «el ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (…). Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias» (Santa Teresa de Lisieux).

Desapareció su cáncer maxilofacial, el paladar se cerraba... la cirujana decía que era imposible


Desapareció su cáncer maxilofacial, el paladar se cerraba... la cirujana decía que era imposible


La hermana Celina debe su milagrosa curación al padre Luis Ormières


“A mí me ha curado la oración”, explica rotunda la hermana Celina Sánchez del Río, que ha vivido 17 años en el convento de las hermanas de Santo Ángel de la Guarda de Gijón.

Tras 6 años de padecer un terrible cáncer, el padre fundador de su congregación, Luis Ormières, fallecido en 1890, obró desde el Cielo la curación, científicamente inexplicable según los médicos de la Congregación para la Causa de los Santos.

Un cáncer maxilofacial
En el 2001 los médicos diagnosticaron a Celina un grave cáncer maxilofacial por el que llegaron a realizarle hasta tres biopsias. Tuvieron que trasladarle de urgencia a Palencia para recibir un tratamiento adecuado. “Nada más conocer que tenía cáncer, todos los profesores, alumnos y familiares del colegio comenzamos a pedirle al fundador un milagro”, señala Celina Sánchez.

Aunque el diagnóstico no era favorable, la hermana no dudó: “En cuanto empecé a encontrarme mal me encomendé a él junto a toda la congregación. Oramos mucho”. Seis años después, la oración dio su fruto. Los médicos no podían explicar el viraje de su situación, se había curado completamente.



Algo que la ciencia no podía explicar
En su charla en el colegio de Almendralejo, en Extremadura el pasado marzo, Celina explicó su caso ante varios alumnos y padres. Según explica ella misma para el programa de radio La Tarde Contigo, de Canal Extremadura, en Palencia fue operada tres veces. Estas intervenciones le provocaron un orificio en el paladar, lo cual, unido a su cada vez peor salud fue motivo de su traslado a Madrid.

En Palencia comenzó la "campaña de oración" por la que alumnos, amigos y conocidos rezaron al fundador de la congregación por la sanación de Celina.

Una vez en Madrid consultó a un oncólogo que al practicarle la biopsia no encontró rastro de la enfermedad. El mismo médico declaró en el parte que "casi espontáneamente se cierra el paladar". Para asegurarse, éste se puso en contacto con la doctora que operó a Celina en Palencia. "Le dijo que era imposible".

Desde ese momento las autoridades de la Santa Sede comenzaron su investigación del caso. En el arzobispado de Madrid se formó un tribunal de médicos y teólogos que recopilaron pruebas minuciosamente durante cuatro años. "Teníamos que ir a testificar todos los que habíamos sido testigos de la curación: yo misma, doctores, enfermeras, gente conocida... Aquellos que me habían visto sufrir", declaró Celina en el progama.


Colegio Santo Ángel de Gijón, donde conviven las Hermanas del Santo Ángel

Tras estos cuatro años el caso pasó a Roma, donde otro tribunal, formado por siete doctores y varios teólogos revisaron el caso. Los siete doctores (entre los que había ateos) certificaron por unanimidad que aquello no podía explicarse de forma científica.

Celina llevaba 10 años luchando por la beatificación de Luis Ormières. “Sentí una gran emoción al conocer la noticia” asegura Celina. 

“Veo que el milagro real se realiza cada día en mí”, subraya. Estos dieciséis años han sido “esenciales” en su vida por el profundo cambio realizado en su manera de vivir la fe y la consagración. Un “regalo” que comparte con los demás para ensalzar la figura del fundador.

El ejemplo del fundador
Para las religiosas, como no puede ser de otra manera, se trata de un momento de “gracia y profunda alegría”, pues con todo ello se reconoce “la figura de un sacerdote con un gran espíritu de entrega y con unas virtudes que son un modelo a imitar, como son la fe, la esperanza y la caridad, fundamentadas en la confianza en la Divina Providencia”.

El padre Ormières, nació en Quillán, un pueblo del sur de Francia. En 1809, se ordenó sacerdote en 1833 y se dedicó principalmente a la educación. Con el tiempo fundó la congregación de las Hermanas del Santo Ángel de la Guarda. Falleció el 16 de enero de 1890, en el actual colegio del Santo Ángel, donde aún se conserva la que fue su habitación, ahora convertida en oratorio.


Se culmina así el proceso de beatificación que se inició en los años 40 con otro caso milagroso, aunque entonces el fallecimiento del médico que hubiera podido testificar lo extraordinario truncó aquella línea de investigación.

El sábado 22 de Abril se celebra en la catedral de Oviedo la beatificación del padre Ormières (aquí más datos sobre horarios, celebrantes y asistentes).

Procesión de devotos de la Divina Misericordia en Caracas, Venezuela... por todo el mundo crece esta devoción


La Fiesta de la Divina Misericordia es el primer domingo tras el de Pascua

La Divina Misericordia predicada por Santa Faustina Kowalska y sus visiones, una devoción que crece

La Divina Misericordia predicada por Santa Faustina Kowalska y sus visiones, una devoción que crece

Procesión de devotos de la Divina Misericordia en Caracas, Venezuela... por todo el mundo crece esta devoción

La devoción a la Divina Misericordia no es nueva, viene de antiguo. Sin embargo, en los últimos años ha arraigado en varios grupos de apostolado en España y en todo el mundo, siguiendo la herencia de Faustina Kowalska.

Este carisma se extiende rápidamente y en él ya han profundizado muchos fieles que quieren seguir los pasos de esta santa polaca.

En 1922, Helena Kowalska, una joven polaca de 18 años, pidió permiso a sus padres para ingresar en un convento, porque se sentía llamada a la vida religiosa. Tras recibir su negativa, Helena fue poco a poco entregándose a una vida de frivolidades. 


Sin embargo, sus aficiones y vanidades no conseguían satisfacer su corazón. Un día de 1924, durante un baile, mientras todos se divertían, sintió una profunda tristeza. Tuvo entonces una de sus primeras visiones de Jesús crucificado que, con el cuerpo cubierto de llagas, le decía: “Helena, hija mía, ¿hasta cuándo me harás sufrir; hasta cuándo me negarás?”.

Al instante, la joven abandonó el baile y se dirigió a la iglesia más cercana, que resultó ser la catedral de San Estanislao de Kostka. Allí pidió al Señor ayuda para saber qué hacer, pidió perdón por sus pecados y escuchó cómo Jesús le decía: “Ve inmediatamente a Varsovia, allí entrarás en un convento”. Así fue como, en agosto de 1925, y no sin dificultades, Helena Kowalska pasó a ser sor Faustina. Posteriormente, describiría en su diario de casi seiscientas páginas, desde 1931 hasta 1938, diversas visiones místicas de Jesús en su Pasión.


A la izquierda el Cristo de la Divina Misericordia y a la derecha la versión de Vilnius, realizada a petición del confesor de sor Faustina, el padre Sopocko

Vivió 13 años como religiosa y murió en 1938, a los 33 años, de tuberculosis. Su fama de santidad fue multiplicándose. En 1966, sus restos fueron trasladados a una capilla, sobre la cual, con el tiempo, se construiría el santuario de la Divina Misericordia de Cracovia.

Doce promesas de Jesús
Esta devoción y el eco de las promesas que Jesús hizo a santa Faustina se universalizaron cuando –siguiendo las indicaciones recogidas en esos escritos–  san Juan Pablo II instituyó la Fiesta de la Divina Misericordia cada primer domingo de Pascua tras el domingo de Resurrección. En 2016 cobró nueva fuerza después de que el Papa Francisco se apoyase en ella para convocar el Jubileo de la Misericordia.

La Iglesia ha reconocido la veracidad de las visiones místicas de santa Faustina, incluidas las doce promesas que Jesús le hizo para quien venerase su Divina Misericordia a través de su imagen y rezase la Coronilla en la Hora de la Misericordia (a las tres de la tarde).


Entre esas doce promesas destaca la de que “por la propagación de la Divina Misericordia durante toda su vida, el alma será protegida por Cristo como una madre cariñosa protege a su hijo recién nacido y, a la hora de la muerte, no será para ella Juez, sino Salvador”.

Rezar y actuar
Ahora, las realidades eclesiales que han surgido en torno a esta devoción comienzan a unirse alrededor del Apostolado de la Divina Misericordia y el lema:  “Lo único que puede cambiar el mundo es la misericordia de Dios”.

Según cuenta a Misión el sacerdote Pedro Miret, presidente del Apostolado de la Misericordia en Valencia, en España estos grupos “comenzaron como una devoción de varios sacerdotes, a quienes se fueron uniendo otras personas para profundizar en el amor de Dios y rezar juntos”.


En su diario, santa Faustina relató sus experiencias más íntimas con Dios

En nuestro país, el Apostolado lleva pocos meses instituido como asociación pública de fieles, y busca unificar su identidad y objetivos. Para ello, en octubre de 2016 se celebró en Madrid el Congreso Nacional de la Divina Misericordia (www.divinamisericordia.es), al que asistieron varios obispos y más de cuatrocientos miembros de grupos de toda España.

Estos grupos aglutinan a sacerdotes, religiosos y seglares que desean vivir la misericordia en sus vidas, y que trabajan las enseñanzas de formación y oración que reciben desde Cracovia.

Además, rezan la Coronilla en la Hora de la Misericordia, se forman en las Escrituras, profundizan en los mensajes que el Señor dejó por medio de santa Faustina y realizan obras de misericordia espirituales y materiales para llevar el amor infinito de Dios a todos, y que la misericordia no sea un lema abstracto, sino un proyecto de vida concreto.

¿Por qué se reza la Coronilla? 
Según afirma santa Faustina, en una de sus visiones místicas –aprobadas por la Iglesia– Jesús le animó a propagar el rezo de la Coronilla, y le explicó: “Deseo conceder gracias inimaginables a aquellos que confían en mi Misericordia”.

Quien la rece “recibirá gran misericordia a la hora de su muerte; los sacerdotes la recomendarán a los pecadores como su último refugio de salvación; y aun si el pecador más empedernido hubiese recitado esta Coronilla al menos una vez, recibirá la gracia de Mi infinita Misericordia”.


En otra ocasión, Jesús pidió escribir a santa Faustina que “cuando se rece esta Coronilla en presencia del moribundo, Yo me pondré entre mi Padre y él, no como Justo Juez, sino como Misericordioso Salvador”.

¿Cómo se reza?
Se utilizan las cuentas del rosario. Se inicia con un Padre nuestro, un Avemaría y un Credo. Al iniciar cada decena, en la cuenta del Padre nuestro, se reza: “Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, para el perdón de nuestros pecados y los del mundo entero”.

En las cuentas del Avemaría, se reza: “Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero”. Al finalizar, se repite tres veces: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero”.

¿Cuál es la Hora de la Misericordia?
Según afirma santa Faustina Kowalska, en otra de sus visiones místicas de Jesús, fue Él mismo quien le dijo: “A la hora de las tres, implora mi misericordia, especialmente por los pecadores; y aunque sea por un brevísimo momento, sumérgete en mi Pasión, especialmente en mi desamparo en el momento de la agonía. Esta es la hora de mi gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré entrar dentro de mi tristeza mortal. En esta hora, no le rehusaré nada al alma que me lo pida por los méritos de mi Pasión”.

Artículo publicado originariamente en Revista Misión (www.revistamision.com) por Blanca Ruiz Antón.

Musical de la Vigilia en la JMJ de 2016, en Cracovia, con Sor Faustina como protagonista:



viernes, 21 de abril de 2017

Santo Evangelio 21 de Abril 2017


Día litúrgico: Viernes de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 21,1-14): En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada. 

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos. 

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


«Ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos»
Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart 
(Tarragona, España)



Hoy, Jesús por tercera vez se aparece a los discípulos desde que resucitó. Pedro ha regresado a su trabajo de pescador y los otros se animan a acompañarle. Es lógico que, si era pescador antes de seguir a Jesús, continúe siéndolo después; y todavía hay quien se extraña de que no se tenga que abandonar el propio trabajo, honrado, para seguir a Cristo.

¡Aquella noche no pescaron nada! Cuando al amanecer aparece Jesús, no le reconocen hasta que les pide algo para comer. Al decirle que no tienen nada, Él les indica dónde han de lanzar la red. A pesar de que los pescadores se las saben todas, y en este caso han estado bregando sin frutos, obedecen. «¡Oh poder de la obediencia! —El lago de Genesaret negaba sus peces a las redes de Pedro. Toda una noche en vano. —Ahora, obediente, volvió la red al agua y pescaron (...) una gran cantidad de peces. —Créeme: el milagro se repite cada día» (San Josemaría).

El evangelista hace notar que eran «ciento cincuenta y tres» peces grandes (cf. Jn 21,11) y, siendo tantos, no se rompieron las redes. Son detalles a tener en cuenta, ya que la Redención se ha hecho con obediencia responsable, en medio de las tareas corrientes.

Todos sabían «que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da» (Jn 21,12-13). Igual hizo con el pescado. Tanto el alimento espiritual, como también el alimento material, no faltarán si obedecemos. Lo enseña a sus seguidores más próximos y nos lo vuelve a decir a través de San Juan Pablo II: «Al comienzo del nuevo milenio, resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús (...) invitó al Apóstol a ‘remar mar adentro’: ‘Duc in altum’ (Lc 5, 4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo (...) y ‘recogieron una cantidad enorme de peces’ (Lc 5,6). Esta palabra resuena también hoy para nosotros».

Por la obediencia, como la de María, pedimos al Señor que siga otorgando frutos apostólicos a toda la Iglesia.

Era terrorista yihadista, se hizo cristiano y ahora dirige un grupo de oración

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Era terrorista yihadista, se hizo cristiano y ahora dirige un grupo de oración

“Fui a Al Nusra en mi búsqueda de Dios. Pero después de ver a musulmanes asesinando a musulmanes, me di cuenta de que algo estaba mal

Hay un gran abismo entre el dios que yo solía adorar y el Dios que adoro ahora. Nosotros solíamos adorar con miedo, ahora todo ha cambiado, dijo el joven converso al cristianismo

Por: Redacción | Fuente: ACI Prensa 


Bashir Mohamed es un sirio que fue adoctrinado por extremistas y que perteneció al yihadista Frente Al Nusra, asociado a los terroristas de Al Qaeda. Sin embargo, una intensa experiencia de curación gracias a la oración hizo que se convirtiera al cristianismo.

Ahora Mohamed tiene 25 años, reside en Estambul, Turquía, con su esposa Hevin Rashid, y organiza reuniones de oración en su casa en la que participan otros musulmanes como él que se han convertido al cristianismo.

Mohamed nació en la ciudad de Afrin, en la zona kurda de Siria, en el seno de una familia musulmana. Cuando tenía 15 años, su primo Ahmad lo llevó a las prédicas yihadistas y se adhirió a una de las ramas más extremistas del Islam.

Al estallar la guerra civil en Siria en el 2011, Mohamed se unió a las fuerzas kurdas que luchaban por su autonomía, ya que no tienen un territorio propio.

El joven se horrorizó ante las matanzas que ocurrían en las batallas, pero paradójicamente estas revitalizaron su interés por las enseñanzas extremistas que aprendió en su adolescencia.



“Cuando vi todos esos cadáveres comencé a creer en todo lo que enseñaban las lecturas. Me hicieron buscar la grandeza de la religión”, contó a The New York Times.

En 2012 desertó con un amigo de las fuerzas kurdas para unirse al Frente Al Nusra. Este grupo busca derrocar al gobierno de Bashar al Asad en Siria y crear un estado islámico extremista.

Como miembro del Frente Al Nusra, Mohamed continúo atestiguando crudas matanzas. Entre otras cosas describió que los yihadistas ejecutaban a los prisioneros con gran crueldad como cuando los aplastan con excavadoras.

Mohamed explicó que la propaganda de los extremistas hacía ver la violencia como algo tolerable. “Nos decían que esa gente eran los enemigos de Dios y yo veía positivamente las ejecuciones”.

En el año 2013 volvió por un breve periodo de tiempo a su ciudad y cuando estuvo de vuelta en el campo de batalla comenzó a cuestionar los objetivos del Frente Al Nusra.

En una ocasión vio que las tropas del gobierno sirio también ejecutaban a sus prisioneros con excavadoras a sus prisioneros. Entonces pensó que no había mucha diferencia entre ambos bandos.

Desilusionado, abandonó el Frente Al Nusra y volvió nuevamente a Afrin. “Fui a Al Nusra en mi búsqueda de Dios. Pero después de ver a musulmanes asesinando a musulmanes, me di cuenta de que algo estaba mal”, manifestó.

Un año después, Mohamed huyó de Siria con su esposa a Turquía. Ya instalados en Estambul, Mohamed continúo siendo musulmán. Rezaba tan alto que sus vecinos se quejaban y quería que su esposa estuviera siempre cubierta en las calles.

A principios del año 2015, Hevin cayó gravemente enferma. Mohamed recuerda que llamó a su primo Ahmad, que para ese entonces ya residía en Canadá, para contarle su situación y se dio con la sorpresa de que la persona que lo había introducido en el mundo de los extremistas se había convertido al cristianismo.

Ahmad le pidió a Mohamed que colocara su teléfono cerca de su esposa para que su grupo pudiera cantar y orar por su salud. Al inicio Mohamed rechazó la idea porque consideraba al cristianismo como una religión repugnante, pero cedió porque estaba desesperado.

Días después de la llamada, la salud de Hevin comenzó a mejorar y su esposo atribuyó este cambio a la oración de su primo.

Entonces decidió pedirle que le presentara a un líder cristiano para poder aprender sobre la fe cristiana. Se puso en contacto con Eimad Brim, un misionero evangélico de un grupo llamado El Buen Pastor, que tenía su sede principal en Jordania.

Mohamed contó que cuando comenzó a leer la Biblia se dio cuenta de que le traía más paz que leer el Corán. Se sentía más acogido en las iglesias que en las mezquitas y percibió que las oraciones cristianas era más generosas que las musulmanas.

Tanto él como su esposa comenzaron a soñar con su conversión y a sentirse amados por Dios, según relató Hevin a The New York Times.

Cuando se convirtieron eran conscientes que podían sufrir persecución. Sin embargo, “yo confió en Dios”, expresó Mohamed.

“Hay un gran abismo entre el dios que yo solía adorar y el Dios que adoro ahora. Nosotros solíamos adorar con miedo, ahora todo ha cambiado”, dijo el joven converso al cristianismo


jueves, 20 de abril de 2017

Santo Evangelio 20 de Abril 2017


Día litúrgico: Jueves de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Lc 24,35-48): En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos. 

Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».



«La paz con vosotros»
Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido 
(Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España)



Hoy, Cristo resucitado saluda a los discípulos, nuevamente, con el deseo de la paz: «La paz con vosotros» (Lc 24,36). Así disipa los temores y presentimientos que los Apóstoles han acumulado durante los días de pasión y de soledad.

Él no es un fantasma, es totalmente real, pero, a veces, el miedo en nuestra vida va tomando cuerpo como si fuese la única realidad. En ocasiones es la falta de fe y de vida interior lo que va cambiando las cosas: el miedo pasa a ser la realidad y Cristo se desdibuja de nuestra vida. En cambio, la presencia de Cristo en la vida del cristiano aleja las dudas, ilumina nuestra existencia, especialmente los rincones que ninguna explicación humana puede esclarecer. San Gregorio Nacianceno nos exhorta: «Debiéramos avergonzarnos al prescindir del saludo de la paz, que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un nombre y una cosa sabrosa, que sabemos proviene de Dios, según dice el Apóstol a los filipenses: ‘La paz de Dios’; y que es de Dios lo muestra también cuando dice a los efesios: ‘Él es nuestra paz’».

La resurrección de Cristo es lo que da sentido a todas las vicisitudes y sentimientos, lo que nos ayuda a recobrar la calma y a serenarnos en las tinieblas de nuestra vida. Las otras pequeñas luces que encontramos en la vida sólo tienen sentido en esta Luz.

«Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí...»: nuevamente les «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,44-45), como ya lo había hecho con los discípulos de Emaús. También quiere el Señor abrirnos a nosotros el sentido de las Escrituras para nuestra vida; desea transformar nuestro pobre corazón en un corazón que sea también ardiente, como el suyo: con la explicación de la Escritura y la fracción del Pan, la Eucaristía. En otras palabras: la tarea del cristiano es ir viendo cómo su historia Él la quiere convertir en historia de salvación.

«Estaba perdida», decidió ir a Jerusalén en bicicleta y en un monasterio melquita encontró su lugar


Tras más de 4.000 kilómetros su vocación estaba en Belén para ayudar en el ecumenismo

«Estaba perdida», decidió ir a Jerusalén en bicicleta y en un monasterio melquita encontró su lugar

Esta joven encontró la felicidad y la paz en un pequeño monasterio de Tierra Santa

«Estaba perdida», decidió ir a Jerusalén en bicicleta y en un monasterio melquita encontró su lugar

Isabelle Rousselin era una joven en búsqueda. Tras acabar de estudiar y empezar a trabajar como profesora no sentía que esta fuera su vocación ni sabía que camino tenía que llevar en la vida. Ella misma reconoce que “estaba realmente perdida”. Y tras una aventura extraordinaria al fin encontró el camino a seguir muy lejos de su París natal y de su vida acomodada.

Proveniente de lo que ella llama un “entorno privilegiado”, esta joven francesa creció en el oeste de París siendo la segunda de seis hijos de una familia católica. Estudió Inglés y todo parecía ir sobre ruedas en su vida. Pero había un hueco en su corazón que no lograba llenar.

En un reportaje publicado La Croix, esta joven relata cómo llegó de vivir en París a ser monja de un convento católico de rito oriental como es el melquita en una ciudad como Belén, en el corazón de Tierra Santa.

De París a Jerusalén en bici buscando un sentido a su vida
La joven Isabelle, ahora Jeanne desde que profesó sus votos, explica que durante mucho tiempo “sentía en el fondo de su corazón” el deseo imperioso de ir a Jerusalén. Y así fue como en julio de 2006 cogió su bicicleta y empezó a pedalear durante semanas desde su París natal hasta la ciudad santa de Jerusalén. 

Al fin llegó tras recorrer más de 4.000 kilómetros pero antes de parar en Jerusalén pasó por Belén recorriendo el muro que separa Israel de los territorios palestinos. Allí descubrió un monasterio que le llamó poderosamente la atención. Era el monasterio greco-católico de Emmanuel, llevado por unas religiosas benedictinas y que estaba situado cerca del puesto de control israelí.

Como si hubiera sido providencial, esta joven afirma que “la señal estaba en árabe y francés” por lo que llegó sola hasta este pequeño monasterio pues hasta ese momento andaba perdida. Allí fue recibida por la hermana Martha, la religiosa más joven de la comunidad y la dio la bienvenida tras varios meses recorriendo Europa y parte de Asia.


El muro que separa Israel de los territorios palestinos está muy cerca del monasterio de Emmanuel, situado en el lado palestino

La oración en el Santo Sepulcro
A continuación quiso visitar la ciudad que tanto anhelaba ver pero quedó abrumada por la tensión que se vivía en ese momento en Jerusalén por lo que se refugió en la iglesia del Santo Sepulcro. Allí pudo rezar y leer la Biblia.

Poco a poco la paz empezó a inundar su corazón y el orden llegó a su vida. Ya no se encontraba tan perdida. Tras este rato de oración que resultó providencial para su vida volvió al monasterio que se había encontrado en Belén.

Tras cruzar el muro hacia el lado palestino entró de nuevo a este monasterio. Reconoce que en aquel lugar quedó tocada por la paz que allí se palpaba y por la simplicidad de la forma de vida de las hermanas. La liturgia que vio también la cautivó pues era extraña para ella que provenía del rito latino. Así asistió a la liturgia bizantina realizada en griego y también en árabe.

Jerusalén, la ciudad en la que confirmó su vocación
En este monasterio benedictino encontró lo que había estado buscando toda su vida, su lugar en el mundo. Volvió a Jerusalén y en la ciudad santa fue donde decidió que su vocación era entregar completamente su vida a Dios y a los que lo rodean, concretamente a la precaria comunidad cristiana árabe de la zona de Belén.

Su familia respetó completamente su decisión sabiendo que ella había encontrado realmente la felicidad allí. De este modo, el 16 de agosto de 2013 Isabelle hizo los votos y recibió el nombre de Joanne.


Estas religiosas reciben a numerosos peregrinos y a cristianos tanto católicos como ortodoxos de Belén

Ahora, ella es un puente entre los cristianos de Oriente y de Occidente en un convento benedictino que ha adoptado el rito melquita y cuya principal misión es permanecer. Al monasterio acuden cristianos de Belén tanto católicos como ortodoxos y grupos de peregrinos. Y sin pretenderlo se han convertido en un foco de ecumenismo en una zona vital para el cristianismo.

Un monasterio para afianzar la presencia cristiana en Tierra Santa
Este monasterio cercano a Belén fue fundado en 1963 por tres religiosas benedictinas después de la petición que realizó el entonces arzobispo melquita Georges Hakim para que hubiera allí unas religiosas que rezaran por los cristianos de Tierra Santa. 

Para estas religiosas el rito melquita, en griego, era completamente nuevo por lo que tuvieron “aprender todo” otra vez. Lo mismo que le ocurrió a la hermana Jeanne. Pero los frutos han sido inmensos y descubrir esta liturgia ha sido una gracia para esta joven francesa.

Estas religiosas explican que las principales características de su vocación se insertan en la gran tradición monástica de los padres de la Iglesia y de la Iglesia melquita mediante “la renovación de la vida en el Espíritu, los lazos de hermandad con nuestros vecinos árabes, la oración por la unidad de los cristianos, la recepción de peregrinos de todas las creencias y un hotel para retiros”.