lunes, 26 de enero de 2026

Santo Evangelio 26 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 3,22-30):

 En aquel tiempo, los escribas que habían bajado de Jerusalén decían: «Está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios». Entonces Jesús, llamándoles junto a sí, les decía en parábolas: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir. Si una casa está dividida contra sí misma, esa casa no podrá subsistir. Y si Satanás se ha alzado contra sí mismo y está dividido, no puede subsistir, pues ha llegado su fin. Pero nadie puede entrar en la casa del fuerte y saquear su ajuar, si no ata primero al fuerte; entonces podrá saquear su casa. Yo os aseguro que se perdonará todo a los hijos de los hombres, los pecados y las blasfemias, por muchas que éstas sean. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca, antes bien, será reo de pecado eterno». Es que decían: «Está poseído por un espíritu inmundo».



«El que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón nunca»


Rev. D. Vicenç GUINOT i Gómez

(Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy, al leer el Evangelio del día, uno no sale de su asombro —“alucina”, como se dice en el lenguaje de la calle—. «Los escribas que habían bajado de Jerusalén» ven la compasión de Jesús por las gentes y su poder que obra en favor de los oprimidos, y —a pesar de todo— le dicen que «está poseído por Beelzebul» y «por el príncipe de los demonios expulsa los demonios» (Mc 3,22). Realmente uno queda sorprendido de hasta dónde pueden llegar la ceguera y la malicia humanas, en este caso de unos letrados. Tienen delante la Bondad en persona, Jesús, el humilde de corazón, el único Inocente y no se enteran. Se supone que ellos son los entendidos, los que conocen las cosas de Dios para ayudar al pueblo, y resulta que no sólo no lo reconocen sino que lo acusan de diabólico.

Con este panorama es como para darse media vuelta y decir: «¡Ahí os quedáis!». Pero el Señor sufre con paciencia ese juicio temerario sobre su persona. Como afirmó san Juan Pablo II, Él «es un testimonio insuperable de amor paciente y de humilde mansedumbre». Su condescendencia sin límites le lleva, incluso, a tratar de remover sus corazones argumentándoles con parábolas y consideraciones razonables. Aunque, al final, advierte con su autoridad divina que esa cerrazón de corazón, que es rebeldía ante el Espíritu Santo, quedará sin perdón (cf. Mc 3,29). Y no porque Dios no quiera perdonar, sino porque para ser perdonado, primero, uno ha de reconocer su pecado.

Como anunció el Maestro, es larga la lista de discípulos que también han sufrido la incomprensión cuando obraban con toda la buena intención. Pensemos, por ejemplo, en santa Teresa de Jesús cuando intentaba llevar a más perfección a sus hermanas.

No nos extrañe, por tanto, si en nuestro caminar aparecen esas contradicciones. Serán indicio de que vamos por buen camino. Recemos por esas personas y pidamos al Señor que nos dé aguante.

Santo Evangelio 25 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mt 4,12-23):

 Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea. Y dejando Nazaret, vino a residir en Cafarnaúm junto al mar, en el término de Zabulón y Neftalí; para que se cumpliera el oráculo del profeta Isaías: «¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, allende el Jordán, Galilea de los gentiles! El pueblo que habitaba en tinieblas ha visto una gran luz; a los que habitaban en paraje de sombras de muerte una luz les ha amanecido». Desde entonces comenzó Jesús a predicar y decir: «Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado».

Caminando por la ribera del mar de Galilea vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés, echando la red en el mar, pues eran pescadores, y les dice: «Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres». Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. Caminando adelante, vio a otros dos hermanos, Santiago el de Zebedeo y su hermano Juan, que estaban en la barca con su padre Zebedeo arreglando sus redes; y los llamó. Y ellos al instante, dejando la barca y a su padre, le siguieron. Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo.



«Recorría Jesús toda Galilea»


Rev. D. Josep RIBOT i Margarit

(Tarragona, España)

Hoy, Jesús nos da una lección de “santa prudencia”, perfectamente compatible con la audacia y la valentía. En efecto, Él —que no teme proclamar la verdad— decide retirarse, al conocer que —tal como ya habían hecho con Juan Bautista— sus enemigos quieren matarlo a Él: «Sal y vete de aquí, porque Herodes quiere matarte» (Lc 13,31). —Si a quien pasó haciendo el bien, sus detractores intentaron dañarle, no te extrañe que también tú sufras persecuciones, como nos anunció el Señor.

«Cuando oyó que Juan había sido entregado, se retiró a Galilea» (Mt 4,12). Sería imprudente desafiar los peligros sin un motivo proporcionado. Solamente en la oración discernimos cuándo el silencio o inactividad —dejar pasar el tiempo— son síntomas de sabiduría, o de cobardía y falta de fortaleza. La paciencia, ciencia de la paz, ayuda a decidir con serenidad en los momentos difíciles, si no perdemos la visión sobrenatural.

«Recorría Jesús toda Galilea, enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mt 4,23). Ni las amenazas, ni el miedo al qué dirán o las posibles críticas pueden retraernos de hacer el bien. Quienes estamos llamados a ser sal y luz, operadores del bien y de la verdad, no podemos ceder ante el chantaje de la amenaza, que tantas veces no pasará de ser un peligro hipotético o meramente verbal.

Decididos, audaces, sin buscar excusas para postergar la acción apostólica para “después”. Dicen que «el “después” es el adverbio de los vencidos». Por eso, san Josemaría recomendaba «una receta eficaz para tu espíritu apostólico: planes concretos, no de sábado a sábado, sino de hoy a mañana (...)».

Cumplir la voluntad de Dios, ser justos en cualquier ambiente, y seguir el dictamen de la conciencia bien formada exige una fortaleza que hemos de pedir para todos, porque el peligro de la cobardía es grande. Pidamos a nuestra Madre del Cielo que nos ayude a cumplir siempre y en todo la voluntad de Dios, imitando su fortaleza al pie de la Cruz.


Reconquistar el corazón: Asociación Bocatas y Cañada Real



 Reconquistar el corazón: Asociación Bocatas y Cañada Real

La fe que transforma la vida y la ciudad

En el artículo La reconquista, publicado en La voz de Córdoba - El Debate, Chules, de la Asociación Bocatas, nos invita a reflexionar, en un mundo que se siente cada vez más vacío y desconectado, sobre la importancia de la fe y el servicio a los más vulnerables. Con motivo del 30 aniversario de la fundación de Bocatas, Chules nos habla de cómo su fe cristiana lo ha llevado a trabajar con personas en situación de vulnerabilidad en Madrid, y cómo esta experiencia ha transformado su vida y la de muchos otros.

A través de su testimonio, nos muestra que la reconquista del corazón es posible, y que la fe puede ser la mecha que enciende la llama de la esperanza en los contextos más difíciles.

-En tu artículo del Diario de Córdoba "La reconquista", hablas sobre la necesidad de reconquistar la vida y encontrar un sentido más profundo. ¿Cómo te inspiró tu fe cristiana a escribir sobre esto y qué te motivó a compartir este mensaje, especialmente después de ver la realidad de la Cañada Real?

-Para mí, la fe cristiana lo es todo, es algo que tiene más valor que la vida misma, como siempre ha sostenido la sana tradición de la Iglesia, ya que sin ella, la vida habitualmente se convierte en una cárcel. Sobre todo la peor de todas las cárceles, la del propio yo, la imposibilidad de trascender de tu yo, te tenderá a un ideal, a "Alguien-más-grande-que-uno-mismo". Ojo, porque esta enfermedad de la falta de fe afecta también de modo muy primordial y evidente dentro de la Iglesia, donde a veces parece que somos capaces de meternos a Dios en el bolsillo y hacer lo que nos da la gana en nombre del mismísimo Dios. Estaríamos ante la misma situación de una prisión del yo. La clave de Andrea Monda, director de L'Osservatore Romano, de servir a o servirse de, me parece un buen resumen de cómo tenemos que estar nosotros los cristianos dentro de la Santa Madre Iglesia.

»Este año cumplimos 30 algunos amigos desde que comenzó la aventura de bocatas. Y te das cuenta de que no sirven para nada, aún peor, que serían motivo de distracción, si no vuelves a poner todo lo recibido al servicio de lo que sucede ahora, del año 2026, del presente que tenemos ahora.

»Cañada Real. Se ha convertido como en el pasillo de nuestra casa. ¡Qué gusto poder ir allí y renovar este estar al servicio de algo más grande que uno mismo! Sin duda, uno de los grandes secretos de la vida.

-¿Qué significa para ti "reconquistar la vida" en el contexto de tu fe cristiana y cómo se refleja esto en el trabajo de Bocatas, especialmente en la atención a personas en situación de vulnerabilidad en Madrid, como las que viven en la Cañada Real?

-El cristianismo siempre predica un Dios vivo, que ¡¡¡se mueve!!!. Esto es incrible. Vas a donde pensabas que estaba Dios en 2025 y te das cuenta que tienes las manos vacias de nuevo, que tienes que pedir, mendigar de nuevo su presencia, el encuentro con él. Reconquista del cristianismo. Lo contrario es la tan temido tran-tran de la vida. Dios no es normal. Es el factor más potente de lo humano y de la historia.

»¿Cómo se vive con las personas más vulnerables? Dice Tom Holand en su libro sobre la historia del cristianismo que en la antigüedad "a los dioses, los pobres les importaban un comino. Pensar otra cosa era propio de «cabezas huecas»" . Resulta que nuestro Dios tanto en el Antiguo (veáse la elección de David como rey, el último de los hermanos que estaba cuidando de las cabras) como en el Nuevo Testamento (la viuda del Templo, la madre del hijo muerto, los enfermos, etc) se abaja con ternura infinita no solo sobre cada uno de nosotros sino sobre todo sobre los que más sufren.

»Y resulta que este es el gran remedio a la sed del corazón del hombre que, como comienza la Divina Comedia de Dante, se nos pierde enseguida por los vericuetos de la vida dedicándose solo a si mismo.

»Nosotros tenemos el fortunón de ser la carne de este Dios nada más y nada menos que en 2026.

-En el artículo, mencionas que "la gran gesta de vislumbrar el horizonte grande en la vida se produce en la cola del super". ¿Cómo crees que la fe cristiana puede ayudar a las personas a encontrar sentido y propósito en la cotidianidad, especialmente en contextos de exclusión social como la Cañada Real?

-El que ha descubierto este secreto a voces de un Dios que se ha hecho carne para salvarnos, que es pura ternura y que sigue vivo en su Iglesia, relanza su vida como un cohete (como un pepino iba decir pero nunca he visto un pepino a reacción). Da igual cuánto de hundido pueda estar uno, la adicción, depresión, mal que le afecte. Reconoce una corriente de aire fresco en su corazón que le hace vivir el dia a día como algo nuevo y potentísimo. Falta gente que transmita esa posición humana dentro de los contextos diarios en los que habita la persona y muy especialmente los más deteriorados como Cañada Real, cárceles (mi amiga Carmen y Javier de confraternitá por ejemplo), etc.

-¿Cómo crees que la fe cristiana te ha ayudado a superar obstáculos y a mantener una actitud positiva en el trabajo de Bocatas, especialmente en momentos difíciles como los que se viven en la Cañada Real?

-Creo que ya está respondida. La vida sin fe es como comerte un chuletón de Ávila sin sal. Jopetas, como que falta algo la vida. Se crea un vacío dentro y fácilmente empiezas a desbarrar a tomar decisiones incorrectas. Nosotros verificamos que, en la amistad que ofrecemos a toda la banda de Cañada Real (ya sean yonquis que traficantes que sencillos habitantes) hay algo más potente, mucho más potente que el mal que se vive a diario allí que les hace polvo.

-¿Qué papel juega la oración y la reflexión en tu vida y en tu trabajo en Bocatas, y cómo te ayudan a "reconquistar la vida" y a encontrar sentido en la cotidianidad, especialmente en situaciones de gran necesidad?

-Imaginate. Lo que pasa es que para mi los mometos de oración que he experimentado una mayor potentcia, como un avión justo en el momento de despegar es en plena acción. Estás en plaza ópera repartiendo comida a más de 300 pobres (hasta que ayutamiento de Madrid nos prohibió tan preciosa actividad) justo en medio de las dos colas de hombres y mujeres que montábamos, subido a una especie de bordillo alto que había, todos agolpados y justo 1 segundo antes de comenzar te viene a la cabeza lo que hacía Jesús con una multitud hambrienta que tenía delante. "Dadles vosortos de comer" va y les suelta Jesús los discípulos, frase que le encantaba repetir a nuestro amigo el Papa Francisco.

»Yo siempre digo que un buen truqui cotidiano y sencillísimo de retomar toda la potencia que tiene nuestra vida y nuestra humanidad consiste en pararse por la calle cuando veamos un pobre, preguntarle cómo se llama, de dónde viene y si podemos tocarle la mano con la nuestra, darnos cuenta de que es una mano áspera, probada por la vida, dura, no como la nuestra de marqués de Sotoancho que no ha cogido una pala en su vida. Y cuando te vas de ese encuentro, analizas cómo se queda tu corazón, tu alma. Y te das cuenta de que ha entrado una corriente de aire fresco brutal que tal vez llevabas días, semanas o meses buscando secretamente y no sabías cómo encontrarla. ¡¡¡La reconquista!!!

-¿Cómo crees que la fe cristiana puede inspirar a otros a involucrarse en el trabajo de Bocatas y a hacer una diferencia en la vida de las personas más necesitadas en Madrid, como las que viven en la Cañada Real?

-Tengo que reconocer que, 30 años después, me sigue sorprendiendo que haya gente que se siga acercando a bocatas que quiere colaborar. De hecho, todo lo que cuento de los efectos que produce sobre la vida el servicio a los más vulnerables, he caído en la cuenta cuando ya hace muchos años, no paraba de venir gente nueva a la "tontería" de dar de cenar los viernes a las gentes de Cañada Real (digo tontería porque nunca acabaremos con los grandes problemas de la droga, ni de la delincuencia, o de los delitos, sobre en sitio donde se dan todos los delitos del código penal a excepción tal vez del de sedición). Llevamos al menos 5 años donde todos los viernes viene alguien nuevo (excepto creo dos viernes en esos 5 años). El viernes pasado había 2/3 de nuevos y sólo 1/3 de viejunos como yo.

-¿Qué mensaje de esperanza y reconquista quieres transmitir a las personas que se sienten vacías o sin sentido, y cómo crees que la fe cristiana puede ayudarles a encontrar un nuevo propósito y a reconquistar su vida, especialmente en contextos de exclusión social?

-La clave ya la he dicho. O sirves a algo más grande o te sirves de. La vida es increíblemente grande pero necesita de una mecha que cuando nos la encienden. Esa mecha se llama Fe. No existe persona en esta vida con fe que sea mediocre. Si se da es porque la fe se apaga y hay que reconquistarla.

»Hay atajos para llegar a esta vida plena. El servicio a los más vulnerables tal vez sea el más potente. Hay otros, la oración que citabas, los buenos amigos, la comunidad viva no devorada por el narcisismo abierta a todo y a todos.

»Madre mía, cuando lo ves en acto, en el presente, te das cuenta de cómo merece la pena vivir a lo grande, luchar, salir de la pura conveniencia y partir una y mil veces, que no significa cambiar de lugar o de tareas que hacer, sino partir a caminar con este corazón y estos ojos renovados. ¡Ale hop!

Fuente: Religión en Libertad


domingo, 25 de enero de 2026

La numeraria, la abuela de Cursillos, los cofrades devotos... fe y muerte en Adamuz



 La numeraria, la abuela de Cursillos, los cofrades devotos... fe y muerte en Adamuz

Varios de los fallecidos en los accidentes de tren Adamuz y Gelida eran cristianos comprometidos en sus comunidades.

El obispo de Córdoba, Jesús Fernández, en los primeros momentos tras el accidente de Adamuz, atendiendo a los medios de comunicación

En el terrible accidente ferroviario de Adamuz del 18 de enero chocaron dos trenes, uno que iba de Málaga a Madrid y otro de Madrid a Huelva. Varios vagones cayeron por un talud de unos cuatro metros. Pasados cinco días, se contabilizan 45 fallecidos y 150 heridos.

Entre los fallecidos, han trascendido algunas historias de personas de fe y compromiso cristiano bien conocido en sus entornos. [Lea aquí dónde habrá funerales].



La numeraria del Opus Dei que vivió muchos años en Jerusalén

Murió en el choque María Luisa Eugui, natural de Pamplona, numeraria del Opus Dei, de 78 años, vivía en Madrid y tomó el tren para visitar a su hermana Rosa en Huelva. En el mismo tren iba la nieta de su hermana, llamada Blanca, que sobrevivió al accidente, herida con diversas fracturas. Rosa, hermana de la víctima, relató este miércoles en declaraciones a Onda Cero que mantuvo contacto telefónico con María Luisa durante el trayecto y le advirtió de que su nieta Blanca también se encontraba a bordo del tren. Según su testimonio, María Luisa le respondió que intentaría localizarla, pero la conversación se interrumpió y ya no volvió a contestar.

María Luisa Eugui, navarra numeraria del Opu Dei, fallecida en el accidente de Adamuz; vivió muchos años en Jerusalén

María Luisa Eugui residió durante más de un cuarto de siglo en Jerusalén, donde centró su labor en iniciativas educativas dirigidas a familias tanto de la ciudad como de otras regiones.

El Opus Dei se hizo eco del fallecimiento en sus redes sociales: «María Luisa Eugui, numeraria del Opus Dei, viajaba en el tren Alvia que cubría el trayecto entre Madrid y Huelva cuando ocurrió el accidente de Adamuz. Rezamos por ella y por todas las familias y afectados en esta tragedia».

El prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, difundió una carta expresando «mi más cariñoso pésame» a los familiares y amigos de Eugui. «Estos días he rezado especialmente por ellos». Declara que «desde que tuve noticia del accidente os he estado acompañando más de cerca con mi oración». "Pido a María Santísima —lo hace toda la Obra— por aquellos que han fallecido, por sus familiares y por todas las personas que están hospitalizadas", añade el Prelado del Opus Dei.

"Aunque a veces nos cueste entender estas situaciones podemos abandonarnos de nuevo en las manos de Dios para afrontar estas circunstancias sin desánimo y con sentido sobrenatural", exhorta. Finaliza dando gracias a Dios por la vida de María Luisa Eugui «y por su valiosa entrega, confiando en que el Señor la haya acogido en su misericordia, y conceda consuelo y esperanza a todos los que sufren las consecuencias de este accidente».

La abuela que rezaba el Rosario, veterana de Cursillos de Cristiandad

Casi la misma edad tenía Natividad de la Torre, de 79 años, veterana de Cursillos de Cristiandad, movimiento en el que servía desde 1970. Tenía 3 hijos y seis nietos. Viajaba junto a un hijo y tres nietos, que resultaron heridos pero están fuera de peligro. Como con otras víctimas, había ido a Madrid con su familia para ver el musical El Rey León, aprovechando un dinero conseguido por la venta de unos terrenos (a otros hijos y nietos los había llevado a un crucero).

Natividad de la Torre, fallecida en el accidente de Adamuz, era una incansable Cursillista de Cristiandad, y una abuela generosa


En Cursillos de Huelva destacan que fue auxiliar en numerosos cursillos y rectora en 20 ocasiones. "Siempre disponible, siempre generosa, siempre sembrando fe, amistad y esperanza". Insisten en que era "generosa sin medida —no tenía nada propio, todo lo ofrecía—, optimista y profundamente responsable".

Su hijo Fidel, vecino de Huelva, que no iba en el tren, ha hablado ante radios y televisiones, convencido de ella intercedió con su oración en el tren. "En mi familia nos agarramos a la fe. Mi madre iba rezando el Rosario en el momento del choque. Estoy seguro de que le pidió a Jesús de Nazaret un milagro: ‘Si yo me voy contigo, deja aquí a mi hijo y a mis tres nietos’. Y eso fue lo que ocurrió". Su hermano y sobrinos, pese a estar en uno de los vagones más golpeados, sobrevivieron. Fidel ha animado desde los medios de comunicación: "Que quien pueda besar hoy a su madre, lo haga… porque la vida te golpea sin avisar".

"Si lo que estamos viviendo muchas familias sirve para que la sociedad y el ser humano vea que vamos erróneos y muchas veces no vemos las cosas bonitas que el señor nos regala, entonces estoy encantado de estar aquí contigo", le dijo Fidel a la presentadora de televisión Susanna Griso. "En este caso se ha seguido el ciclo de la vida, se han quedado los chicos que tenían una vida por delante y mi madre goza de la grandeza del Señor y ha considerado que ella tiene que estar ahí", valoró.

A su hija de diez años la operaron del fémur tras el accidente (sacaron a la niña por una ventana), y está bien y tranquila pero con una placa y tornillos. Su hermano pasó una hora y media entre los hierros. "Se me iba la vida, yo me asfixiaba, con los pies tocaba cadáveres", explicaba el hermano, hoy fuera de peligro. "La vida a veces te da un vuelco y te dice: "Valora lo que tienes", dice Fidel.

Rafael Prados Godoy, párroco de Adamuz, explicaba ya el 19 de enero la movilización espontánea del pueblo ante la tragedia

En Adamuz, el párroco señala lo más importante ahora: escuchar, mirar a los ojos, rezar

Cofrades devotos

Otro de los fallecidos es José María Martín, de 37 años, que era cofrade en la Hermandad Servita Santo Entierro de Gibraleón. José María se encontraba de vuelta desde Madrid a Huelva. Había ido a la capital para disfrutar de un fin de semana.

"Fue un joven de fe y gran devoción por Nuestra Señora y Madre de los Dolores, de la cual era un costalero activo e implicado", han señalado en un mensaje sus compañeros de cofradía. Iba a misa los domingos y rezaba ante el Sagrario, destacan en declaraciones a Vida Nueva.

José María Martín, hermano y costalero del Santo Entierro en Gibraleón, devoto de la Virgen de los Dolores


También fallecieron Manuela Barba Domínguez y Esther Matito, que eran cuñadas, y volvían a Huelva después de haber pasado el sábado en Madrid. La noticia del fallecimiento la compartió la Hermandad de Nuestra Señora de la Peña de Huelva, de la que es vicepresidente el marido de Manuela. "Era una mujer cuya presencia iluminaba nuestra Hermandad. Su entrega desinteresada, su compromiso con nuestras tradiciones y su amor infinito hacia la Reina del Andévalo, su Virgen de la Peña, la convirtieron en una figura imprescindible para todos nosotros", señalan desde la hermandad en un comunicado. "Querida Manoli: te vas demasiado pronto, pero dejas una huella imborrable en el corazón de esta Huelva Peñera que hoy llora tu ausencia. Que tu devoción sea la luz que guíe a todos nosotros desde el Reino de los Cielos".

Ha habido otro accidente mortal estos días en la red ferroviaria española. Fernando Huerta Jiménez, de 27 años, murió la noche del martes 20 de enero de 2026 en el accidente ferroviario de la línea R4 de Rodalies entre Sant Sadurní d’Anoia y Gelida (Barcelona), cuando un muro de contención colapsó sobre la vía y provocó el descarrilamiento del tren en el que viajaba como maquinista en prácticas.

Fernando Huerta Jiménez, joven maquinista fallecido con 27 años, de la Hermandad de la Macarena


Fernando había estudiado Periodismo y había sido periodista deportivo. Era de Sevilla, del barrio de Pino Montano, y aficionado del Sevilla FC, miembro de una peña sevillista. Ahora era un maquinista en prácticas. Otros cuatro integrantes de la tripulación resultaron heridos de gravedad.

La Hermandad de la Macarena de Sevilla ora por el joven maquinista fallecido en el accidente de Gelida, uno de sus miembros



Era hermano de la Hermandad de la Macarena, por lo que la hermandad mostró su pésame mediante un comunicado en el que expresa «su más hondo pesar por el fallecimiento de nuestro joven hermano». "Elevamos nuestras oraciones a Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y a María Santísima de la Esperanza para que acojan su alma en la Gloria eterna y concedan consuelo, fortaleza y esperanza cristiana a sus familiares, amigos y seres queridos en estos momentos de inmenso dolor", añade la Hermandad.

El arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, en redes sociales, enseguida difundió el triste evento: "Anoche tuvo lugar un nuevo accidente ferroviario de un tren que circulaba entre Gelida y Sant Sadurní d'Anoia (Barcelona), con un fallecido y heridos de diversa consideración. El fallecido es Fernando Huerta, de Sevilla. Rezamos por su eterno descanso, por su familia, y por la pronta recuperación de los heridos".

Varias catedrales andaluzas acogerán funerales por las víctimas del accidente de tren de Adamuz

España

Fuente: Religión en Libertad

sábado, 24 de enero de 2026

Santo Evangelio 24 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 3,20-21):

 En aquel tiempo, Jesús volvió a casa y se aglomeró otra vez la muchedumbre de modo que no podían comer. Se enteraron sus parientes y fueron a hacerse cargo de Él, pues decían: «Está fuera de sí».



«Está fuera de sí»


Rev. D. Antoni CAROL i Hostench

(Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy vemos cómo los propios de la parentela de Jesús se atreven a decir de Él que «está fuera de sí» (Mc 3,21). Una vez más, se cumple el antiguo proverbio de que «un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio» (Mt 13,57). Ni que decir tiene que esta lamentación no “salpica” a María Santísima, porque desde el primero hasta el último momento —cuando ella se encontraba al pie de la Cruz— se mantuvo sólidamente firme en la fe y confianza hacia su Hijo.

Ahora bien, ¿y nosotros? ¡Hagamos examen! ¿Cuántas personas que viven a nuestro lado, que las tenemos a nuestro alcance, son luz para nuestras vidas, y nosotros...? No nos es necesario ir muy lejos: pensemos en el Papa San Juan Pablo II: ¿cuánta gente le siguió, y... al mismo tiempo, cuántos le interpretaban como un “tozudo-anticuado”, celoso de su “poder”? ¿Es posible que Jesús —dos mil años después— todavía siga en la Cruz por nuestra salvación, y que nosotros, desde abajo, continuemos diciéndole «baja y creeremos en ti» (cf. Mc 15,32)?

O a la inversa. Si nos esforzamos por configurarnos con Cristo, nuestra presencia no resultará neutra para quienes interaccionan con nosotros por motivos de parentesco, trabajo, etc. Es más, a algunos les resultará molesta, porque les seremos un reclamo de conciencia. ¡Bien garantizado lo tenemos!: «Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros» (Jn 15,20). Mediante sus burlas esconderán su miedo; mediante sus descalificaciones harán una mala defensa de su “poltronería”.

¿Cuántas veces nos tachan a los católicos de ser “exagerados”? Les hemos de responder que no lo somos, porque en cuestiones de amor es imposible exagerar. Pero sí que es verdad que somos “radicales”, porque el amor es así de “totalizante”: «o todo, o nada»; «o el amor mata al yo, o el yo mata al amor».

Es por esto que san Juan Pablo II nos habló de “radicalismo evangélico” y de “no tener miedo”: «En la causa del Reino no hay tiempo para mirar atrás, y menos para dejarse llevar por la pereza».


viernes, 23 de enero de 2026

Santo Evangelio 23 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 3,13-19):

 En aquel tiempo, Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso; y vinieron donde Él. Instituyó Doce, para que estuvieran con Él, y para enviarlos a predicar con poder de expulsar los demonios. Instituyó a los Doce y puso a Simón el nombre de Pedro; a Santiago el de Zebedeo y a Juan, el hermano de Santiago, a quienes puso por nombre Boanerges, es decir, hijos del trueno; a Andrés, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago el de Alfeo, Tadeo, Simón el Cananeo y Judas Iscariote, el mismo que le entregó.



«Jesús subió al monte y llamó a los que Él quiso»


Rev. D. Jordi POU i Sabater

(Sant Jordi Desvalls, Girona, España)

Hoy, el Evangelio condensa la teología de la vocación cristiana: el Señor elige a los que quiere para estar con Él y enviarlos a ser apóstoles (cf. Mc 3,13-14). En primer lugar, los elige: antes de la creación del mundo, nos ha destinado a ser santos (cf. Ef 1,4). Nos ama en Cristo, y en Él nos modela dándonos las cualidades para ser hijos suyos. Sólo en vistas a la vocación se entienden nuestras cualidades; la vocación es el “papel” que nos ha dado en la redención. Es en el descubrimiento del íntimo “por qué” de mi existencia cuando me siento plenamente “yo”, cuando vivo mi vocación.

¿Y para qué nos ha llamado? Para estar con Él. Esta llamada implica correspondencia: «Un día —no quiero generalizar, abre tu corazón al Señor y cuéntale tu historia—, quizá un amigo, un cristiano corriente igual a ti, te descubrió un panorama profundo y nuevo, siendo al mismo tiempo viejo como el Evangelio. Te sugirió la posibilidad de empeñarte seriamente en seguir a Cristo, en ser apóstol de apóstoles. Tal vez perdiste entonces la tranquilidad y no la recuperaste, convertida en paz, hasta que libremente, porque te dio la gana —que es la razón más sobrenatural—, respondiste que sí a Dios. Y vino la alegría, recia, constante, que sólo desaparece cuando te apartas de El» (San Josemaría).

Es don, pero también tarea: santidad mediante la oración y los sacramentos, y, además, la lucha personal. «Todos los fieles de cualquier estado y condición de vida están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, santidad que, aún en la sociedad terrena, promueve un modo más humano de vivir» (Concilio Vaticano II).

Así, podemos sentir la misión apostólica: llevar a Cristo a los demás; tenerlo y llevarlo. Hoy podemos considerar más atentamente la llamada, y afinar en algún detalle de nuestra respuesta de amor.


jueves, 22 de enero de 2026

Santo Evangelio 22 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 3,7-12):

 En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.



«Le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón»


Rev. D. Melcior QUEROL i Solà

(Ribes de Freser, Girona, España)

Hoy, todavía reciente el bautismo de Juan en las aguas del río Jordán, deberíamos recordar el talante de conversión de nuestro propio bautismo. Todos fuimos bautizados en un solo Señor, una sola fe, «en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo» (1Cor 12,13). He aquí el ideal de unidad: formar un solo cuerpo, ser en Cristo una sola cosa, para que el mundo crea.

En el Evangelio de hoy vemos cómo «una gran muchedumbre de Galilea» y también otra mucha gente procedente de otros lugares (cf. Mc 3,7-8) se acercan al Señor. Y Él acoge y procura el bien para todos, sin excepción. Esto lo hemos de tener muy presente durante el octavario de oración para la unidad de los cristianos.

Démonos cuenta de cómo, a lo largo de los siglos, los cristianos nos hemos dividido en católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, y un largo etcétera de confesiones cristianas. Pecado histórico contra una de las notas esenciales de la Iglesia: la unidad.

Pero aterricemos en nuestra realidad eclesial de hoy. La de nuestro obispado, la de nuestra parroquia. La de nuestro grupo cristiano. ¿Somos realmente una sola cosa? ¿Realmente nuestra relación de unidad es motivo de conversión para los alejados de la Iglesia? «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21), ruega Jesús al Padre. Éste es el reto. Que los paganos vean cómo se relaciona un grupo de creyentes, que congregados por el Espíritu Santo en la Iglesia de Cristo tienen un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32-34).

Recordemos que, como fruto de la Eucaristía —a la vez que la unión de cada uno con Jesús— se ha de manifestar la unidad de la Asamblea, ya que nos alimentamos del mismo Pan para ser un solo cuerpo. Por tanto, lo que los sacramentos significan, y la gracia que contienen, exigen de nosotros gestos de comunión hacia los otros. Nuestra conversión es a la unidad trinitaria (lo cual es un don que viene de lo alto) y nuestra tarea santificadora no puede obviar los gestos de comunión, de comprensión, de acogida y de perdón hacia los demás.