jueves, 8 de enero de 2026

Santo Evangelio 8 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 6, 34-44):

 En aquel tiempo, vio Jesús una gran multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas. Y como fuese muy tarde, se llegaron a Él sus discípulos y le dijeron: «Este lugar es desierto y la hora es ya pasada; despídelos para que vayan a las granjas y aldeas de la comarca a comprar de comer». Y Él les respondió y dijo: «Dadles vosotros de comer». Y le dijeron: «¿Es que vamos a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?». Él les contestó: «¿Cuántos panes tenéis? Id a verlo». Y habiéndolo visto, dicen: «Cinco, y dos peces».

Entonces les mandó que se acomodaran todos por grupos de comensales sobre la hierba verde. Y se sentaron en grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces y levantando los ojos al cielo, bendijo, partió los panes y los dio a sus discípulos para que los distribuyesen; también partió los dos peces para todos. Y comieron todos hasta que quedaron satisfechos. Y recogieron doce cestas llenas de los trozos que sobraron de los panes y de los peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.



«Porque eran como ovejas que no tienen pastor»


Rev. D. Xavier SOBREVÍA i Vidal

(Sant Just Desvern, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos muestra que Él es sensible a las necesidades de las personas que salen a su encuentro. No puede encontrarse con personas y pasar indiferente ante sus necesidades. El corazón de Jesús se compadece al ver el gran gentío que le seguía «como ovejas que no tienen pastor» (Mc 6,34). El Maestro deja aparte los proyectos previos y se pone a enseñar. ¿Cuántas veces nosotros hemos dejado que la urgencia o la impaciencia manden sobre nuestra conducta? ¿Cuántas veces no hemos querido cambiar de planes para atender necesidades inmediatas e imprevistas? Jesús nos da ejemplo de flexibilidad, de modificar la programación previa y de estar disponible para las personas que le siguen.

El tiempo pasa deprisa. Cuando amas es fácil que el tiempo pase muy deprisa. Y Jesús, que ama mucho, está explicando la doctrina de una manera prolongada. Se hace tarde, los discípulos se lo recuerdan al Maestro y les preocupa que el gentío pueda comer. Entonces Jesús hace una propuesta increíble: «Dadles vosotros de comer» (Mc 6,37). No solamente le preocupa dar el alimento espiritual con sus enseñanzas, sino también el alimento del cuerpo. Los discípulos ponen dificultades, que son reales, ¡muy reales!: los panes van a costar mucho dinero (cf. Mc 6,37). Ven las dificultades materiales, pero sus ojos todavía no reconocen que quien les habla lo puede todo; les falta más fe.

Jesús no manda hacer una fila de a pie; hace sentar a la gente en grupos. Comunitariamente descansarán y compartirán. Pidió a los discípulos la comida que llevaban: sólo son cinco panes y dos peces. Jesús los toma, invoca la bendición de Dios y los reparte. Una comida tan escasa que servirá para alimentar a miles de hombres y todavía sobrarán doce canastos. Milagro que prefigura el alimento espiritual de la Eucaristía, Pan de vida que se extiende gratuitamente a todos los pueblos de la Tierra para dar vida y vida eterna.


miércoles, 7 de enero de 2026

Santo Evangelio 7 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mt 4,12-17.23-25):

 En aquel tiempo, cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, se retiró a Galilea. Y dejando la ciudad de Nazaret, fue a morar en Cafarnaúm, ciudad marítima, en los confines de Zabulón y de Neftalí. Para que se cumpliese lo que dijo Isaías el profeta: «Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, camino de la mar, de la otra parte del Jordán, Galilea de los gentiles. Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz, y a los que moraban en tierra de sombra de muerte les nació una luz».

Desde entonces comenzó Jesús a predicar y a decir: «Haced penitencia, porque el Reino de los cielos está cerca». Y andaba Jesús rodeando toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el Evangelio del Reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia del pueblo. Y corrió su fama por toda Siria, y le trajeron todos los que tenían algún mal, poseídos de varios achaques y dolores, y los endemoniados, y los lunáticos y los paralíticos, y los sanó. Y le fueron siguiendo muchas gentes de Galilea y de Decápolis y de Jerusalén y de Judea, y de la otra ribera del Jordán.



«El Reino de los cielos está cerca»


Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala

(Vic, Barcelona, España)

Hoy, por así decirlo, recomenzamos. El «Pueblo que estaba sentado en tinieblas, vio una gran luz» (Mt 4,16), nos dice el profeta Isaías, citado en este Evangelio de hoy, y que nos remite al que escuchábamos en Nochebuena. Volvemos a comenzar, tenemos una nueva oportunidad. El tiempo es nuevo, la ocasión lo merece, dejemos —humildemente— que el Padre actúe en nuestra vida.

Hoy comienza el tiempo en que Dios nos da una vez más su tiempo para que lo santifiquemos, para que estemos cerca de Él y hagamos de nuestra vida un servicio de cara a los otros. La Navidad se acaba, lo hará el próximo domingo —si Dios quiere— con la fiesta del Bautismo del Señor, y con ella se da el pistoletazo de salida para el nuevo año, para el tiempo ordinario —tal y como decimos en la liturgia cristiana— para vivir in extenso el misterio de la Navidad. La Encarnación del Verbo nos ha visitado en estos días y ha sembrado en nuestros corazones, de manera infalible, su Gracia salvadora que nos encamina, nuevamente, hacia el Reino del Cielo, el Reino de Dios que Cristo vino a inaugurar entre nosotros, gracias a su acción y compromiso en el seno de nuestra humanidad.

Por esto, nos dice san León Magno que «la providencia y misericordia de Dios, que ya tenía pensado ayudar —en los tiempos recientes— al mundo que se hundía, determinó la salvación de todos los pueblos por medio de Cristo».

Ahora es el tiempo favorable. No pensemos que Dios actuaba más antes que ahora, que era más fácil creer cerca de Jesús —físicamente, quiero decir— que ahora que no le vemos tal como es. Los sacramentos de la Iglesia y la oración comunitaria nos otorgan el perdón y la paz y la oportunidad de participar, nuevamente, en la obra de Dios en el mundo, a través de nuestro trabajo, estudio, familia, amigos, diversión o convivencia con los hermanos. ¡Que el Señor, fuente de todo don y de todo bien, nos lo haga posible!

martes, 6 de enero de 2026

Santo Evangelio 6 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mt 2,1-12):

 Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.



«Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron»


Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll

(Barcelona, España)

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.

lunes, 5 de enero de 2026

Santo Evangelio 5 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Jn 1,43-51):

 En aquel tiempo, Jesús quiso partir para Galilea. Se encuentra con Felipe y le dice: «Sígueme». Felipe era de Bestsaida, de la ciudad de Andrés y Pedro. Felipe se encuentra con Natanael y le dice: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret». Le respondió Natanael: «¿De Nazaret puede haber cosa buena?». Le dice Felipe: «Ven y lo verás».

Vio Jesús que se acercaba Natanael y dijo de él: «Ahí tenéis a un israelita de verdad, en quien no hay engaño». Le dice Natanael: «¿De qué me conoces?». Le respondió Jesús: «Antes de que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi». Le respondió Natanael: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús le contestó: «¿Por haberte dicho que te vi debajo de la higuera, crees? Has de ver cosas mayores». Y le añadió: «En verdad, en verdad os digo: veréis el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».



«Ven y lo verás»


Rev. D. Rafel FELIPE i Freije

(Girona, España)

Hoy, Felipe nos da una lección cabal al acompañar a Natanael hasta el Maestro. Actúa como el amigo que desea compartir con otro el tesoro recién descubierto: «Ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado: Jesús el hijo de José, el de Nazaret» (Jn 1,45). Rápidamente, con ilusión, quiere compartirlo con los demás, para que todos puedan recibir sus beneficios. El tesoro es Jesucristo. Nadie como Él puede llenar el corazón del hombre de paz y felicidad. Si Jesús vive en tu corazón, el deseo de compartirlo se convertirá en una necesidad. De aquí nace el sentido del apostolado cristiano. Cuando Jesús, más tarde, nos invite a tirar las redes nos dirá a cada uno de nosotros que debemos ser pescadores de hombres, que son muchos los que necesitan a Dios, que el hambre de trascendencia, de verdad, de felicidad... hay Alguien que puede colmarla por completo: Jesucristo. «Solamente Jesucristo es para nosotros todas las cosas (…). ¡Dichoso el hombre que espera en Él!» (San Ambrosio).

Nadie puede dar lo que no tiene o no ha recibido. Antes de hablar del Maestro, es necesario haber hablado con Él. Sólo si lo conocemos bien y nos hemos dejado conocer por Él, estaremos en condiciones de presentarlo a los demás, tal como hace Felipe en el Evangelio de hoy. Tal como han hecho tantos santos y santas a lo largo de la historia.

Tratar a Jesús, hablar con Él como un amigo habla con su amigo, confesarlo con una fe convencida: «Rabbí, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel» (Jn 1,49), recibirlo a menudo en la Eucaristía y visitarlo con frecuencia, escuchar atentamente sus palabras de perdón... todo ello nos ayudará a presentarlo mejor a los demás y a descubrir la alegría interior que produce el hecho de que muchas otras personas le conozcan y le amen.

A la cueva de Belén sin fe, luego a Alpha y Renovación Carismática: «Era un Jesús distinto, cercano»



 A la cueva de Belén sin fe, luego a Alpha y Renovación Carismática: «Era un Jesús distinto, cercano»

Rosa Vera sintió a Dios en Belén, en el lugar del nacimiento de Jesús, pero aún le faltaba mucho por aprender

Rosa Vera en la gruta de Belén en 2017, el día que sintió la presencia de Dios; la estrella marca el lugar tradicional del nacimiento de Jesús

Rosa Vera, de 40 años, explicó en verano de 2025 su testimonio a Nuevo Pentecostés, la revista de la Renovación Carismática de España. Ella hace muy pocos años carecía de cualquier interés en las cosas espirituales. Pero todo empezó a cambiar a raíz de un viaje a Tierra Santa en 2017. Ahora conduce casi cada semana unos 60 km desde Alcalá la Real (Jaén) a La Zubia, Granada, para participar en el grupo de oración carismática Agua Viva, en la parroquia de la Asunción.

Alejada de la fe

"Mi madre sí tenía fe, una fe intensa. Me apuntó a un colegio de monjas. Pero yo no creía en nada. Para mí Jesús era sólo un personaje histórico", explicó Rosa en Nuevo Pentecostés.

Diplomada en Turismo, Rosa disfrutaba viajando y visitando lugares históricos. Así, regaló a su madre hacer juntas un viaje a Roma en enero para que ella conociera en persona al Papa Francisco. "En Roma no parábamos de ver iglesias y yo ya estaba harta. Le dije a mamá: ¿no podemos hacer otra cosa?". Su madre aceptó desviarse con ella a ver Florencia.

En la estación Termini de Roma encontraron una moneda en el suelo. "De donde sea esa moneda, será nuestro próximo viaje internacional", apostó Rosa. Y resultó ser un siclo o shekel, la moneda de Israel. Dios quería llevarla a Tierra Santa.

Experiencia transformadora en la cueva de Belén

En diciembre de 2017, en el Puente de Inmaculada, Rosa estaba en Israel y Palestina, en un viaje con un guía franciscano, "el padre Pedro, de los franciscanos de Madrid". "Yo iba un poco disgustada, yo no quería misas, yo quería ver cosas arqueológicas", recuerda.

Pero la cueva de Belén cambió a Rosa por completo. Tiene fotos y las enseña, su cara antes de entrar en la cueva de la Natividad y su cara al salir, emocionada, desconcertada.

Allí sintió que no estaba sola, que Dios estaba presente. "En la estrella que marca el lugar del nacimiento de Jesús quedé paralizada. Me puse a llorar, me arrodillé en la estrella y salí transformada. Nuestro guía franciscano me abrazó y me dijo: 'bienvenida a casa'. Él me habló de un Jesús cercano. Era un Jesús que yo no había conocido antes, un Jesús amoroso, que cuadraba con mi forma de pensar. Yo había oído mucho: 'no hagas tal cosa, que Dios te va a castigar'. Esto era muy distinto".


Rosa Vera en 2017 en Belén, antes y después de pasar por la gruta del Nacimiento de Jesús; sólo unos minutos separan las dos fotos

No sabía casi de la fe... y la pusieron de catequista

De vuelta a Andalucía, Rosa no podía negar lo que había vivido, pero no quería aceptarlo. "Me dije que lo había vivido metida en una especie de burbuja de fe, en el viaje, y ya está. Pero lo cierto es que yo ya quería saber más de Dios y de Jesús y de la fe. Me apunté a lo que encontré. Primero fue a un curso de Fundamentos Cristianos y Biblia. Yo no sabía nada de nada, necesitaba esa formación inicial. Y ya con eso, ¡me puse de catequista de confirmación! Yo ya estaba enamorada de Jesús, pero no sabía casi nada del Espíritu Santo".

Una experiencia fuerte ante el Santísimo, con Alpha

Rosa después se apuntó a un Curso Alpha en su parroquia de Alcalá la Real. "Lo impartía gente de Alpha que no sabía nada de los carismáticos", explica. Pero imponían manos, oraban pidiendo el Espíritu Santo, hacían oración de intercesión... y Dios actuaba.

En Tierra Santa, Rosa había experimentado que no estaba sola, que Dios estaba cerca allí. Pero aún no había tenido una experiencia fuerte de su amor. "En ese Alpha, el día de la intercesión fue muy fuerte, y todo el fin de semana, que trata del Espíritu Santo. Quedé muy impactada".

En Alpha, cuenta, "nos arrodillamos uno por uno ante el Santísimo. Nos animaron a que le hablásemos. Yo estaba de rodillas, pensando lo que quería decirle al Señor. Pero mi boca se cerró, me puse a llorar y llorar y me sentí miserable y superficial. Pensé: 'ni le he preguntado a Dios lo que Él quiere, parece que yo solo busque postureo'. Pero en ese momento sabía que de verdad estaba allí el Espíritu Santo. Sentí lo que buscaba yo: ese reconocimiento, ese amor..."

Rosa quería más de eso y buscó una palabra peculiar por Internet: "intercesión". Le salió la web de la Renovación Carismática Católica en España. "Vi un anuncio de que la Renovación Carismática de Granada hacía una Vigilia de Pentecostés y allí me presenté yo sola, por mi cuenta".

"Están locos, esto es una secta"

Era su primer contacto con un encuentro de oración carismática, Se trataba de la misa de Pentecostés. Era una misa entusiasta y fervorosa, con oración en lenguas, alabanza, brazos alzados, todo el 'pack' carismático, en la parroquia del Buen Pastor de Granada.

"Están locos, esto es una secta, esto no es lo mío, ¿dónde me he metido?", pensó Rosa en esa misa, como tantos otros en tantas otras ocasiones similares, de primer contacto.

"Yo era muy arisca y eso de los abrazos con desconocidos lo llevaba fatal. Pero me había sentado en las primeras filas y me daba vergüenza que me vieran si me iba. No me atreví a marchar. Dos horas después, no sé cómo, ¡era yo la que gritaba, cantaba y alababa eufórica! Llegué sin conocer a nadie y me fui sin conocer a nadie, pero sabía que necesitaba más de eso".

Perdonar a Jesús en el sufrimiento

A la semana siguiente, acudió a una cena solidaria de Manos Unidas y le preguntó a una catequista muy seria que ella conocía: "oye, ¿tú qué sabes de los carismáticos?" La mujer quedó parada y respondió: "yo soy carismática". "Era muy seria, nunca pensé que pudiera serlo", comenta Rosa, divertida. "Ella me dio el contacto para venir a la Asamblea Nacional de la Renovación y vine a la de 2024".

Veneración de la Palabra de Dios en la Asamblea 2024 de la Renovación Carismática Católica en Alcobendas

Asamblea de la Renovación Carismática 2024: alabanza, música y un llamado a la conversión

La gran asamblea carismática anual de 2024 en Madrid contó con muchos testimonios de sufrimiento. Eran testimonios duros. "Me vi reflejada en el testimonio de una hermana que decía '¿donde estás, Jesús'. Yo eso lo había sentido. Me había dicho: ¿dónde estabas, Jesús, cuando yo sufría? Yo le había echado la culpa de muchas cosas a Jesús. Pasé llorando toda la asamblea, y solo recordarlo me hace llorar. En cambio, en esta asamblea de 2025 he estado todo el rato feliz y cantando. Sé que he sanado de muchas penas que tenía".

Rosa Vera en verano de 2025 en la Asamblea Nacional de la Renovación Carismática, cuando cuenta su testimonio a Nuevo Pentecostés


Buscando hermanos para compartir el Espíritu

No encontró grupo carismático en Jaén. "La gente a la que pregunté no supo guiarme", comenta. Pero un conocido carismático le habló de un grupo en Granada que no cerraba en verano. Fue allí enseguida. Ella era la más joven, pero enseguida se sintió amada y acogida. "Noté que esos hermanos me querían sin conocerme de nada. Como si fueran de la familia, compartían su testimonio y me animaban a hacer el seminario de vida en el Espíritu. Estos hermanos vieron mi necesidad y la atendieron".

En septiembre de 2024 hizo su Seminario de Vida en el Espíritu a lo largo de las clásicas siete semanas. "Lo que me tocó más el alma fue el día del perdón. Perdonamos de todo. Una hermana dijo: 'te perdono, Dios, por no estar ahí cuando yo te necesitaba'. Eso resonó con lo que yo necesitaba, perdonar a Dios. Sé que Él no me había dejado, pero eso era necesario para perdonarme a mí misma también".

De la asamblea nacional carismática de 2025 destaca el llamado a servir como Jesús. "Nos piden dar amor, no solo cantar y alabar, sino ser discípulos. Yo he sido una catequista que contaba la vida de Jesús. Eso es bueno, pero hemos de aprender a ponernos en el lugar del hermano. Yo no estaría aquí si no me hubiera invitado ese hermano que vio mi necesidad", apunta Rosa, agradecida.

(Publicado, con modificaciones menores, en el número de otoño de 2025 de la revista Nuevo Pentecostés).

Tras más de una década organizando decenas de viajes, Julián Alcalde relata las implicaciones para los católicos de acudir a Tierra Santa.

León XIV en el Ángelus del 4 de enero de 2026 habló de Venezuela desde la ventana del Palacio Apostólico

«El bien del pueblo venezolano debe prevalecer», dice León XIV en el Ángelus

Los Reyes magos

Y la Luz llegó a la humanidad

El Evangelio del segundo domingo después de Navidad nos presenta el inicio del Evangelio de San Juan, que expresa la divinidad del Verbo encarnado.

Misa del Domingo 4 de enero, segundo después de Navidad: retransmisión, lecturas y homilía

Presentación del equipo de la Delegación episcopal del XXVI Sínodo Diocesano

Toledo, camino de renovación y esperanza

Hoy, el reto del amor es hacer dos actos de amor sin que nadie se entere: solo el Señor y tú

Fuente: Religión en Libertad

domingo, 4 de enero de 2026

Santo Evangelio 4 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Jn 1,1-18):

 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron.

Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.

Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de Él y clama: «Éste era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, Él lo ha contado.



«Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria»


Rev. D. Ferran BLASI i Birbe

(Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio de Juan se nos presenta en una forma poética y parece ofrecernos, no solamente una introducción, sino también como una síntesis de todos los elementos presentes en este libro. Tiene un ritmo que lo hace solemne, con paralelismos, similitudes y repeticiones buscadas, y las grandes ideas trazan como diversos grandes círculos. El punto culminante de la exposición se encuentra justo en medio, con una afirmación que encaja perfectamente en este tiempo de Navidad: «Y la Palabra se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14).

El autor nos dice que Dios asumió la condición humana y se instaló entre nosotros. Y en estos días lo encontramos en el seno de una familia: ahora en Belén, y más adelante con ellos en el exilio de Egipto, y después en Nazaret.

Dios ha querido que su Hijo comparta nuestra vida, y —por eso— que transcurra por todas las etapas de la existencia: en el seno de la Madre, en el nacimiento y en su constante crecimiento (recién nacido, niño, adolescente y, por siempre, Jesús, el Salvador).

Y continúa: «Hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad» (Ibidem). También en estos primeros momentos, lo han cantado los ángeles: «Gloria a Dios en el cielo», «y paz en la tierra» (cf. Lc 2,14). Y, ahora, en el hecho de estar arropado por sus padres: en los pañales preparados por la Madre, en el amoroso ingenio de su padre —bueno y mañoso— que le ha preparado un lugar tan acogedor como ha podido, y en las manifestaciones de afecto de los pastores que van a adorarlo, y le hacen carantoñas y le llevan regalos.

He aquí cómo este fragmento del Evangelio nos ofrece la Palabra de Dios —que es toda su Sabiduría—. De la cual nos hace participar, nos proporciona la Vida en Dios, en un crecimiento sin límite, y también la Luz que nos hace ver todas las cosas del mundo en su verdadero valor, desde el punto de vista de Dios, con “visión sobrenatural”, con afectuosa gratitud hacia quien se ha dado enteramente a los hombres y mujeres del mundo, desde que apareció en este mundo como un Niño.

sábado, 3 de enero de 2026

Santo Evangelio 3 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Jn 1,29-34):

 Al día siguiente Juan ve a Jesús venir hacia él y dice: «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Éste es por quien yo dije: ‘Detrás de mí viene un hombre, que se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo’. Y yo no le conocía, pero he venido a bautizar en agua para que él sea manifestado a Israel». Y Juan dio testimonio diciendo: «He visto al Espíritu que bajaba como una paloma del cielo y se quedaba sobre Él. Y yo no le conocía, pero el que me envió a bautizar con agua, me dijo: ‘Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y se queda sobre él, ése es el que bautiza con Espíritu Santo’. Y yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios».



«Yo le he visto y doy testimonio de que éste es el Elegido de Dios»


Rev. P. Higinio Rafael ROSOLEN IVE

(Cobourg, Ontario, Canadá)

Hoy, san Juan Bautista da testimonio sobre el Bautismo de Jesús. El Papa Francisco recordaba que «el Bautismo es el sacramento en el cual se funda nuestra fe misma, que nos injerta como miembros vivos en Cristo y en su Iglesia»; y agregaba: «No es una formalidad. Es un acto que toca en profundidad nuestra existencia. Un niño bautizado o un niño no bautizado no es lo mismo. No es lo mismo una persona bautizada o una persona no bautizada. Nosotros, con el Bautismo, somos inmersos en esa fuente inagotable de vida que es la muerte de Jesús, el más grande acto de amor de toda la historia; y gracias a este amor podemos vivir una vida nueva, no ya en poder del mal, del pecado y de la muerte, sino en la comunión con Dios y con los hermanos».

Hemos escuchado los dos efectos principales del Bautismo enseñados en el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 1262-1266):

1º «He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29). Un efecto del Bautismo es la purificación de los pecados, es decir, todos los pecados son perdonados, el pecado original y todos los pecados personales así como todas las penas del pecado.

2º «Baja el Espíritu», «bautiza con Espíritu Santo» (Jn 1,34): el bautismo nos hace "una nueva creación", hijos adoptivos de Dios y partícipes de la naturaleza divina, miembros de Cristo, coherederos con Él y templos del Espíritu Santo.

La Santísima Trinidad —Padre, Hijo y Espíritu Santo— nos da la gracia santificante, que nos hace capaces de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo; de vivir y obrar bajo la moción del Espíritu Santo mediante sus dones; de crecer en el bien por medio de las virtudes morales.

Pidamos, como nos exhorta el Papa Francisco, «despertar la memoria de nuestro Bautismo», «vivir cada día nuestro Bautismo, como realidad actual en nuestra existencia».