jueves, 22 de enero de 2026

Santo Evangelio 22 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 3,7-12):

 En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos hacia el mar, y le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón, una gran muchedumbre, al oír lo que hacía, acudió a Él. Entonces, a causa de la multitud, dijo a sus discípulos que le prepararan una pequeña barca, para que no le aplastaran. Pues curó a muchos, de suerte que cuantos padecían dolencias se le echaban encima para tocarle. Y los espíritus inmundos, al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero Él les mandaba enérgicamente que no le descubrieran.



«Le siguió una gran muchedumbre de Galilea. También de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán, de los alrededores de Tiro y Sidón»


Rev. D. Melcior QUEROL i Solà

(Ribes de Freser, Girona, España)

Hoy, todavía reciente el bautismo de Juan en las aguas del río Jordán, deberíamos recordar el talante de conversión de nuestro propio bautismo. Todos fuimos bautizados en un solo Señor, una sola fe, «en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo» (1Cor 12,13). He aquí el ideal de unidad: formar un solo cuerpo, ser en Cristo una sola cosa, para que el mundo crea.

En el Evangelio de hoy vemos cómo «una gran muchedumbre de Galilea» y también otra mucha gente procedente de otros lugares (cf. Mc 3,7-8) se acercan al Señor. Y Él acoge y procura el bien para todos, sin excepción. Esto lo hemos de tener muy presente durante el octavario de oración para la unidad de los cristianos.

Démonos cuenta de cómo, a lo largo de los siglos, los cristianos nos hemos dividido en católicos, ortodoxos, anglicanos, luteranos, y un largo etcétera de confesiones cristianas. Pecado histórico contra una de las notas esenciales de la Iglesia: la unidad.

Pero aterricemos en nuestra realidad eclesial de hoy. La de nuestro obispado, la de nuestra parroquia. La de nuestro grupo cristiano. ¿Somos realmente una sola cosa? ¿Realmente nuestra relación de unidad es motivo de conversión para los alejados de la Iglesia? «Que todos sean uno, para que el mundo crea» (Jn 17,21), ruega Jesús al Padre. Éste es el reto. Que los paganos vean cómo se relaciona un grupo de creyentes, que congregados por el Espíritu Santo en la Iglesia de Cristo tienen un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32-34).

Recordemos que, como fruto de la Eucaristía —a la vez que la unión de cada uno con Jesús— se ha de manifestar la unidad de la Asamblea, ya que nos alimentamos del mismo Pan para ser un solo cuerpo. Por tanto, lo que los sacramentos significan, y la gracia que contienen, exigen de nosotros gestos de comunión hacia los otros. Nuestra conversión es a la unidad trinitaria (lo cual es un don que viene de lo alto) y nuestra tarea santificadora no puede obviar los gestos de comunión, de comprensión, de acogida y de perdón hacia los demás.


miércoles, 21 de enero de 2026

Santo Evangelio 21 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 3,1-6):

 En aquel tiempo, entró Jesús de nuevo en la sinagoga, y había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle. Dice al hombre que tenía la mano seca: «Levántate ahí en medio». Y les dice: «¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?». Pero ellos callaban. Entonces, mirándoles con ira, apenado por la dureza de su corazón, dice al hombre: «Extiende la mano». Él la extendió y quedó restablecida su mano. En cuanto salieron los fariseos, se confabularon con los herodianos contra Él para ver cómo eliminarle.



«¿Es lícito en sábado hacer el bien en vez del mal, salvar una vida en vez de destruirla?»


Rev. D. Joaquim MESEGUER García

(Rubí, Barcelona, España)

Hoy, Jesús nos enseña que hay que obrar el bien en todo tiempo: no hay un tiempo para hacer el bien y otro para descuidar el amor a los demás. El amor que nos viene de Dios nos conduce a la Ley suprema, que nos dejó Jesús en el mandamiento nuevo: «Amaos unos a otros como yo mismo os he amado» (Jn 13,34). Jesús no deroga ni critica la Ley de Moisés, ya que Él mismo cumple sus preceptos y acude a la sinagoga el sábado; lo que Jesús critica es la interpretación estrecha de la Ley que han hecho los maestros y los fariseos, una interpretación que deja poco lugar a la misericordia.

Jesucristo ha venido a proclamar el Evangelio de la salvación, pero sus adversarios, lejos de dejarse convencer, buscan pretextos contra Él: «Había allí un hombre que tenía la mano paralizada. Estaban al acecho a ver si le curaba en sábado para poder acusarle» (Mc 3,1-2). Al mismo tiempo que podemos ver la acción de la gracia, constatamos la dureza del corazón de unos hombres orgullosos que creen tener la verdad de su parte. ¿Experimentaron alegría los fariseos al ver aquel pobre hombre con la salud restablecida? No, todo lo contrario, se obcecaron todavía más, hasta el punto de ir a hacer tratos con los herodianos —sus enemigos naturales— para mirar de perder a Jesús, ¡curiosa alianza!

Con su acción, Jesús libera también el sábado de las cadenas con las cuales lo habían atado los maestros de la Ley y los fariseos, y le restituye su sentido verdadero: día de comunión entre Dios y el hombre, día de liberación de la esclavitud, día de la salvación de las fuerzas del mal. Nos dice san Agustín: «Quien tiene la conciencia en paz, está tranquilo, y esta misma tranquilidad es el sábado del corazón». En Jesucristo, el sábado se abre ya al don del domingo.


La terrible tragedia que marcó la vocación de Paul Coakley, nuevo presidente de los obispos de EE.UU.



 La terrible tragedia que marcó la vocación de Paul Coakley, nuevo presidente de los obispos de EE.UU.

El arzobispo de Oklahoma participó de joven en un viaje en el que murieron dos amigos

Dos compañeros de Coakley salieron a caminar por la costa de la isla de Inishbofin y no regresaron.

La vocación sacerdotal suele nacer de historias muy distintas: algunos la intuyen desde la niñez, otros la descubren en plena juventud, y hay quienes llegan a ella casi por sorpresa. 

El arzobispo de Oklahoma City Paul Coakley, hoy presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, pertenece a este último grupo. Su testimonio, compartido en el podcast Shepherd Circle Priest del Instituto Napa, revela un camino inesperado que comenzó sin grandes señales. National Catholic Register cuenta su historia.

El accidente que cambió todo

Aunque su familia jamás faltaba a la misa dominical —"nunca, nunca", recuerda—, la idea de convertirse en sacerdote no formaba parte de sus planes. 

En la secundaria, cuando sus padres le preguntaban si alguna vez había pensado en el sacerdocio, él cambiaba de tema de inmediato. "No estaba en mi radar. No me interesaba en absoluto", admite.

Todo empezó a cambiar cuando ingresó en la Universidad de Kansas (EE.UU). Allí se inscribió, junto a su amigo de la escuela (hoy obispo James Conley) en el Programa de Estudios Integrados. Al principio, su práctica religiosa se volvió irregular: su fe, dice, parecía tener poca relevancia más allá de las obligaciones culturales. Sin embargo, la vida universitaria y la convivencia con otros jóvenes católicos despertaron algo nuevo.

Puedes escuchar aquí el testimonio del obispo Coakley.

El programa, centrado en los Grandes Libros y en una formación humanística poco convencional, marcó profundamente a Coakley. "Memorizábamos poesía, observábamos las estrellas, leíamos obras clásicas… era una experiencia educativa extraordinaria", recuerda. Esa comunidad intelectual y espiritual se volvió aún más importante durante su tercer año de estudios, cuando el grupo viajó a Irlanda para un semestre completo.

Coakley tenía 20 años y esperaba una aventura sencilla, casi un simple paseo por los condados irlandeses. Pero la realidad fue muy distinta. En la primera semana, dos compañeros salieron a caminar por la costa de la isla de Inishbofin y no regresaron. La mañana siguiente, tras asistir a misa, Coakley informó al párroco local, el joven padre Martin O’Connor, quien inmediatamente movilizó a la comunidad.

Junto al sacerdote, Coakley y otros estudiantes pasaron horas recorriendo los acantilados en busca de alguna señal. Al final del día encontraron un fragmento de una chaqueta atrapado entre las rocas. Comprendieron entonces que sus amigos habían caído al mar. La Guardia Costera recuperó los cuerpos al día siguiente. Todo indicaba que uno de ellos resbaló y el otro intentó ayudarlo, sin conocer los peligros del Atlántico Norte en pleno febrero.

La tragedia sacudió profundamente al grupo. Ambos jóvenes eran católicos: uno desde la infancia y el otro recién convertido, apenas un mes antes. Para los 150 estudiantes que participaban en el programa, aquel acontecimiento se convirtió en un punto de inflexión espiritual. Muchos redescubrieron la fe durante ese semestre.

Para Coakley, ese tiempo junto al padre O’Connor fue decisivo. El sacerdote los acompañó con una cercanía que él nunca había experimentado. "Fue entonces cuando entendí por qué llamamos 'Padre' a los sacerdotes", explica. 

Comenzó a visitarlo en la rectoría, no por obligación, sino movido por una necesidad interior. Aquellas conversaciones terminaron en una confesión general que marcó su vida. Por primera vez, el sacerdocio dejó de parecerle algo ajeno.

Paul Coakley ya fue secretario de la conferencia episcopal estadounidense y ahora la preside por un periodo de tres años.

Coakley, nuevo presidente de los obispos de EE.UU., fue discípulo de John Senior y bendice su legado

Ese despertar vocacional no fue inmediato, pero sí profundo. Años después, Coakley ingresaría en el seminario, donde descubriría la importancia de la fraternidad sacerdotal y la figura inspiradora del beato Stanley Rother, mártir de Oklahoma. Su ordenación, recuerda, fue la confirmación de un camino que jamás había imaginado en su adolescencia.

n la entrevista, el arzobispo continúa relatando cómo esos años de formación, las amistades forjadas en la universidad y la experiencia en Irlanda moldearon su identidad sacerdotal. Su historia, como tantas otras, demuestra que la llamada de Dios puede surgir en los momentos más inesperados y a través de personas que aparecen justo cuando más se necesitan. 

Fuente: Religión en Libertad


martes, 20 de enero de 2026

Santo Evangelio 20 de Enero 2026



 Texto del Evangelio (Mc 2,23-28):

 Un sábado, cruzaba Jesús por los sembrados, y sus discípulos empezaron a abrir camino arrancando espigas. Decíanle los fariseos: «Mira ¿por qué hacen en sábado lo que no es lícito?». Él les dice: «¿Nunca habéis leído lo que hizo David cuando tuvo necesidad, y él y los que le acompañaban sintieron hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en tiempos del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió los panes de la presencia, que sólo a los sacerdotes es lícito comer, y dio también a los que estaban con él?». Y les dijo: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado. De suerte que el Hijo del hombre también es señor del sábado».



«El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado»


Rev. D. Ignasi FABREGAT i Torrents

(Terrassa, Barcelona, España)

Hoy como ayer, Jesús se las ha de tener con los fariseos, que han deformado la Ley de Moisés, quedándose en las pequeñeces y olvidándose del espíritu que la informa. Los fariseos, en efecto, acusan a los discípulos de Jesús de violar el sábado (cf. Mc 2,24). Según su casuística agobiante, arrancar espigas equivale a “segar”, y trillar significa “batir”: estas tareas del campo —y una cuarentena más que podríamos añadir— estaban prohibidas en sábado, día de descanso. Como ya sabemos, los panes de la ofrenda de los que nos habla el Evangelio, eran doce panes que se colocaban cada semana en la mesa del santuario, como un homenaje de las doce tribus de Israel a su Dios y Señor.

La actitud de Abiatar es la misma que hoy nos enseña Jesús: los preceptos de la Ley que tienen menos importancia han de ceder ante los mayores; un precepto ceremonial debe ceder ante un precepto de ley natural; el precepto del reposo del sábado no está, pues, por encima de las elementales necesidades de subsistencia. El Concilio Vaticano II, inspirándose en la perícopa que comentamos, y para subrayar que la persona ha de estar por encima de las cuestiones económicas y sociales, dice: «El orden social y su progresivo desarrollo se han de subordinar en todo momento al bien de la persona, porque el orden de las cosas se ha de someter al orden de las personas, y no al revés. El mismo Señor lo advirtió cuando dijo que el sábado había sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado (cf. Mc 2,27)».

San Agustín nos dice: «Ama y haz lo que quieras». ¿Lo hemos entendido bien, o todavía la obsesión por aquello que es secundario ahoga el amor que hay que poner en todo lo que hacemos? Trabajar, perdonar, corregir, ir a misa los domingos, cuidar a los enfermos, cumplir los mandamientos..., ¿lo hacemos porque toca o por amor de Dios? Ojalá que estas consideraciones nos ayuden a vivificar todas nuestras obras con el amor que el Señor ha puesto en nuestros corazones, precisamente para que le podamos amar a Él.

Bicicletas, canoas, Biblias... mil campañas de ACN ayudan a catequistas en lugares complicados

 


Bicicletas, canoas, Biblias... mil campañas de ACN ayudan a catequistas en lugares complicados

Apoyo a los catequistas, que son la clave de comunidades católicas en muchos países donde hay persecución o gran pobreza

Unos frailes catequistas en una comunidad católica de Brasil, donde las distancias son enormes y escasean los evangelizadores

Cada vez hay más población católica en el mundo, y menos sacerdotes. La clave de la transmisión de la fe en muchos países descansa cada vez más en los catequistas, que según datos del Vaticano son ya 2,9 millones, de todas las lenguas y culturas.

En muchos lugares, los catequistas viven en entornos de persecución, discriminación o escasez absoluta de recursos. Allí les ayuda Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), que lanza ahora 1.000 proyectos a nivel mundial para apoyar a los catequistas en entornos complicados.

Un ejemplo lo cuenta la hermana Deisy Delgado, religiosa de las Franciscanas de María Inmaculada, que es coordinadora de catequesis en la diócesis de Colón, Panamá. Explica que hay zonas donde los catequistas "muchas veces tienen que caminar 5 o 6 horas, cruzar ríos, montañas e incluso el mar, para acceder a las comunidades más alejadas, donde el sacerdote solo puede ir una vez al año". Ayudarles con el transporte, por ejemplo, es una necesidad.

Su papel es muy especial en lugares de comunidades pequeñas, aisladas y a veces perseguidas, donde los sacerdotes no siempre llegan con asiduidad. Los catequistas reúnen a los fieles, preparan a los niños para los sacramentos y celebran la Palabra de Dios. Su presencia mantiene viva la llama de la esperanza en países marcados por la violencia y la discriminación religiosa.

ACN llama la atención este año con ejemplos de catequistas de Sudán del Sur, Burkina Faso, Tanzania, Pakistán y Brasil, donde enfrentan pobreza extrema o amenazas directas.



Un sacerdote con unos catequistas en Burkina Faso, donde muchos huyen de los terroristas yihadistasacn

En la Amazonía, por ejemplo, el matrimonio de Dirce Andres Zoguri y Leni Vitorino navega durante días para evangelizar en áreas marcadas por el narcotráfico y la violencia. Otros deben caminar durante horas o cruzar ríos sin apenas recursos para visitar aldeas remotas.

En Pakistán, país de mayoría musulmana donde hay una fuerte presión contra los cristianos, los catequistas mantienen firmes y cohesionadas a las comunidades.

La campaña quiere ayudar a los catequistas en 3 grandes ámbitos:

 su sostenimiento personal, ya que muchos de ellos carecen de lo mínimo para vivir dignamente y dedicar su tiempo a su ministerio;

su formación espiritual y catequética, ante retos pastorales cada vez más complejos;

la movilidad: poder llegar a sus comunidades, con bicicletas, motocicletas, coches y canoas.

En 2024 ACN logró financiar 805 proyectos de apoyo a catequistas. Aportó 1.141 vehículos para la pastoral, una cifra que incluye 474 coches, 11 barcos y numerosas motocicletas y bicicletas. También distribuyó más de 840.000 libros catequéticos y Biblias.

Este año, ACN quiere financiar 1.000 proyectos de este tipo en todo el mundo.


El director de ACN España, José María Gallardo Villares, que fue catequista en su parroquia durante años, ha enfatizado que los catequistas son la auténtica "primera línea de evangelización" en los rincones del mundo más vulnerables y desatendidos.

"En esta Navidad, al apoyar a los catequistas, mantienes viva la fe en los lugares más olvidados y necesitados del planeta", exhortó.

Unos catequistas en Pakistán, con Biblias y libros de catequesis que financia ACN



Ejemplos de proyectos para catequistas

 Burkina Faso, en África: terroristas yihadistas han expulsado a miles de familias de sus hogares; ACN impulsa la compra de 16 motos para la pastoral de 16 catequistas en la parroquia de Saint Albert Le Grand, en Rollo, que cubre una enorme cantidad de terreno (cuesta 18.700 euros).

 Sudán del Sur: Peter Jurwel, catequista de etnia dinka, como muchos otros catequistas, apoyan comunidades cristianas muy pobres, pero necesitan también manutención; ACN apoya a 360 catequistas en la diócesis Rumbek con alimentación (20.000 €).

Pakistán: formar a catequistas y líderes laicos en Faisalabad, en un entorno de pobreza donde a veces estalla la violencia contra los cristianos (9.000 euros) €.

Fuente: Religión en Libertad

lunes, 19 de enero de 2026

Santo Evangelio 19 de Enero 2026

 


Texto del Evangelio (Mc 2,18-22):

 Como los discípulos de Juan y los fariseos estaban ayunando, vienen y le dicen a Jesús: «¿Por qué mientras los discípulos de Juan y los discípulos de los fariseos ayunan, tus discípulos no ayunan?». Jesús les dijo: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos? Mientras tengan consigo al novio no pueden ayunar. Días vendrán en que les será arrebatado el novio; entonces ayunarán, en aquel día.

»Nadie cose un remiendo de paño sin tundir en un vestido viejo, pues de otro modo, lo añadido tira de él, el paño nuevo del viejo, y se produce un desgarrón peor. Nadie echa tampoco vino nuevo en pellejos viejos; de otro modo, el vino reventaría los pellejos y se echaría a perder tanto el vino como los pellejos: sino que el vino nuevo se echa en pellejos nuevos».



«¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?»


Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll

(Barcelona, España)

Hoy comprobamos cómo los judíos, además del ayuno prescrito para el Día de la Expiación (cf. Lev 16,29-34) observaban muchos otros ayunos, tanto públicos como privados. Eran expresión de duelo, de penitencia, de purificación, de preparación para una fiesta o una misión, de petición de gracia a Dios, etc. Los judíos piadosos apreciaban el ayuno como un acto propio de la virtud de la religión y muy grato a Dios: el que ayuna se dirige a Dios en actitud de humildad, le pide perdón privándose de aquellas cosas que, satisfaciéndole, le hubieran apartado de Él.

Que Jesús no inculque esta práctica a sus discípulos y a los que le escuchan, sorprende a los discípulos de Juan y a los fariseos. Piensan que es una omisión importante en sus enseñanzas. Y Jesús les da una razón fundamental: «¿Pueden acaso ayunar los invitados a la boda mientras el novio está con ellos?» (Mc 2,19). El esposo, según la expresión de los profetas de Israel, indica al mismo Dios, y es manifestación del amor divino hacia los hombres (Israel es la esposa, no siempre fiel, objeto del amor fiel del esposo, Yahvé). Es decir, Jesús se equipara a Yahvé. Está aquí declarando su divinidad: llama a sus discípulos «los amigos del esposo», los que están con Él, y así no necesitan ayunar porque no están separados de Él.

La Iglesia ha permanecido fiel a esta enseñanza que, viniendo de los profetas e incluso siendo una práctica natural y espontánea en muchas religiones, Jesucristo la confirma y le da un sentido nuevo: ayuna en el desierto como preparación a su vida pública, nos dice que la oración se fortalece con el ayuno, etc.

Entre los que escuchaban al Señor, la mayoría serían pobres y sabrían de remiendos en vestidos; habría vendimiadores que sabrían lo que ocurre cuando el vino nuevo se echa en odres viejos. Les recuerda Jesús que han de recibir su mensaje con espíritu nuevo, que rompa el conformismo y la rutina de las almas avejentadas, que lo que Él propone no es una interpretación más de la Ley, sino una vida nueva.

Leni y Dirce, catequistas conversos en zonas violentas y pobres de Brasil: «Dios me cambió con amor»

 


Leni y Dirce, catequistas conversos en zonas violentas y pobres de Brasil: «Dios me cambió con amor»

Ayuda a la Iglesia Necesitada difunde su testimonio porque necesitan con urgencia medios de desplazamiento.

Dirce y Leni, un matrimonio de catequistas en Brasil que llevan por el río en canoa la fe y su propia historia de conversión.

Uno de los proyectos que apoya Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) es el que llevan a cabo Dirce y Leni en apartadas zonas de Brasil: dos catequistas que transformaron su propia historia de conversión en una historia de evangelización de los ambientes que a ellos les habían llevado por mal camino.

El 60% de la población brasileña se declara católica, pero la práctica está decayendo. Sin embargo, en las zonas rurales e indígenas, regiones víctimas de la pobreza y la violencia, los catequistas son "los pies y la voz de la Iglesia", explica ACN.

Para la religiosa de las Franciscanas de María Inmaculada, el cayuco es en muchas ocasiones su única forma de poder catequizar a los cristianos en Colón-Kuna Yala.

Deisy, catequista en Kuna Yala: 4 horas a pie, cayuco y caballo para mantener la llama de la fe

Dirce y Leni son un matrimonio muy consciente de los errores cometidos en el pasado, que confiesan con pesar aunque agradecidos a la misericordia de Dios: “Él sabe que veníamos de una vida equivocada, una vida fea, pero aun así nos llamó”, explican.

Leni era esclavo de la bebida y se dedicaba también a la venta de alcohol a otras personas como él. Ambos se entregaban a todo tipo de actividades ilícitas, y entre las cosas de las que hoy se arrepienten figura que dejaban solos en casa a sus hijos pequeños, en circunstancias que envolvían un peligro para ellos.

"Uno de ellos se quitó la vida", evoca Leni con dolor: "Fue una tristeza profunda. Entonces decidí buscar a Dios, cambiar mi vida, ser ejemplo para mi familia. Hice la primera comunión, la confirmación, y después el matrimonio”.

Una vez casado con Dirce, decidieron hacerse catequistas y a ellos dedican su vida actualmente: "Dios me llamó y me cambió con amor”, cuenta.

Ahora se consagran a llevar a Dios a una comunidad que conocen bien porque participaron de su consumo de drogas y de las peleas y rupturas familiares que provocaba su consumo. El abandono de los hijos como hacían ellos, o el abandono de las mujeres por sus maridos, son moneda corriente en ese ámbito. Dios desaparece de su horizonte vital. Leni y Dirce lo llevan como un rayo de esperanza, con su propio testimonio como bandera.

Mathieu, catequista en Burkina Faso, estuvo cuatro meses en manos de terroristas.

«Elegí morir mártir»: Mathieu, catequista secuestrado en África

Actualmente, una de sus principales necesidades es una canoa motorizada y gasolina para alimentarla durante una temporada, porque el único acceso a muchos de los poblados a los que asisten es por el río.

Dirce Andrés y Leni son un matrimonio que se sumergió en el mal y ahora vuelve a hacerlo para llevar la fe a esos ambientes.

Dirce y Leni son matrimonio, conversos y catequistas entre narcos en la Amazonia

También sueñan con disponer de un lugar digno donde formar a niños y jóvenes: “Una escuela de catequesis para los hijos de familias jóvenes", donde puedan aprender la fe y encontrar un entorno distinto al que están acostumbrados. Un entorno como el que Leni y Dirce conocieron, del que escaparon por gracia de Dios, y del que quieren rescatar a sus amigos y vecinos.

Es posible ayudarles a través de Ayuda a la Iglesia Necesitada, en su campaña Sé apóstol ayudando a los catequistas más necesitados.

Unos frailes catequistas en una comunidad católica de Brasil, donde las distancias son enormes y escasean los evangelizadores

Fuente:Religión en libertad