sábado, 30 de agosto de 2025

León XIV: ¿doctrina social o adoctrinamiento?

 


León XIV: ¿doctrina social o adoctrinamiento?

En su primer discurso a los miembros de la Fundación Centesimus Annus pro Pontifice (17 de mayo de 2025), el Papa León XIV, luego de señalar que, cuando se oye “doctrina”, según la sensibilidad de nuestros días, viene a la mente “un conjunto de ideas propias de una religión”, de modo que uno se siente “poco libre de reflexionar, de someter a discusión o de buscar nuevas alternativas”, afirma que resulta urgente “la tarea de mostrar, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, que existe otro significado y promisorio de la expresión «doctrina», sin el cual el diálogo se vacía”. 

Los sinónimos de “doctrina pueden ser “ciencia”, “disciplina” o “saber”. “Así comprendida –agrega el Papa León XIV–, toda doctrina se reconoce fruto de una búsqueda y por tanto de hipótesis, de voces, de avances y de fracasos, a través de los cuales se busca transmitir un conocimiento confiable, ordenado y sistemático sobre una determinada cuestión. De este modo, una doctrina no equivale a una opinión sino a un camino común, coral e incluso multidisciplinar hacia la verdad”. 

Y agrega: “El adoctrinamiento es inmoral, impide el juicio crítico, atenta contra la sagrada de la libertad de la propia conciencia –también la errónea– y se cierra a nuevas reflexiones porque refuta el movimiento, el cambio o la evolución de las ideas ante los nuevos problemas. Al contrario, la doctrina en cuanto reflexión seria, serena y rigurosa, pretende enseñarnos, en primer lugar, saber abordar las situaciones y, en primer lugar, a las personas. Por otra parte, ayuda en la formulación del juicio prudencial. Son la seriedad, el rigor, la serenidad lo que debemos aprender de toda doctrina, también de la Doctrina Social”.

El texto citado tiene un contenido profundo e intenso que, para ser debidamente comentado, exigiría mucho más que la extensión de una columna. Voy a detenerme, solamente, en algunas ideas.

Por lo pronto, conviene destacar que existe un sentido legítimo de doctrina. Este punto es importante porque el Papa León XIV no descarta que haya algo denominado doctrina. El punto está en precisar qué significa tal cosa. El peligro no es la doctrina sino el adoctrinamiento. Bien visto, la doctrina queda mejor parada todavía en comparación con el adoctrinamiento porque sale a relucir, todavía más, la racionalidad de la misma. Una racionalidad, debe decirse, que es compleja como es la misma realidad que se estudia. Una racionalidad “jerárquica”, por otra parte, dado que la misma integra, de modo coral, saberes que se ubican desde la teología hasta las ciencias naturales.

Si tuviéramos que unir conceptos, doctrina se relaciona con ciencia, disciplina, saber, conocimiento confiable, ordenado y sistemático, un camino común, coral e interdisciplinar hacia la verdad, reflexión seria, serena y rigurosa, formación del juicio prudencial. Como concluye León XIV: “Son la seriedad, el rigor, la serenidad lo que debemos aprender de toda doctrina, también de la Doctrina Social”.

A propósito de la Doctrina Social de la Iglesia como doctrina, Santo Tomás de Aquino puede ayudarnos a comprender algo mejor el asunto bajo examen. El Aquinate, al comienzo de la Suma de Teología, ofrece un breve tratado sobre la Sacra Doctrina (S. Th. I, q. 1). La aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia como sacra doctrina la abordé en otro lugar. Ahora importa destacar lo siguiente, siguiendo las afirmaciones del Papa León XIV sobre la seriedad, serenidad y rigurosidad de la doctrina en general: la sacra doctrina es argumentativa. 

Tomás lo explica de la siguiente manera. Es un texto extenso que vale la pena. “Así como las otras ciencias no argumentan para probar sus principios, sino que, partiendo de tales principios, argumentan para demostrar otras cosas que hay en ellas, de la misma forma la doctrina sagrada no argumenta para probar sus principios, los artículos de fe, sino que, a partir de ellos, argumenta para probar otra cosa. Por ejemplo, el Apóstol en 1 Cor 15, 12ss, partiendo de la resurrección de Cristo, argumenta para probar la resurrección de la humanidad. Sin embargo, hay que tener presente que, dentro de las ciencias filosóficas, las inferiores ni prueban sus principios ni discuten contra quien los niega, sino que dejan que esto lo hagan las superiores. La metafísica, que es la suprema de las ciencias filosóficas, discute contra quien niega sus principios siempre que éste esté de acuerdo en algo; pues si el interlocutor lo niega todo, a la metafísica no le es posible discutir con él, aunque sí puede resolver sus problemas. Como quiera que la Sagrada Escritura no tiene por encima como superior otra ciencia, discute con quien niega sus principios. Si éste está de acuerdo en algo de los principios que se tienen por revelación, entonces argumenta. Así, con la autoridad de la Sagrada Escritura discutimos contra los herejes; y con un artículo de fe lo hacemos contra quien niega otro. Si, por otra parte, el interlocutor lo niega todo, ya no hay posibilidad de hacerle ver con razones los artículos de fe, aunque sí se pueden resolver los problemas que plantee contra la fe, si es que lo hace. Pues la fe se fundamenta en la verdad infalible, y lo que es contrario a la verdad no es demostrable; de donde se sigue que los razonamientos que se presentan contra la fe no son demostraciones inapelables, sino argumentos rebatibles” (S. Th. I, q. 1, a. 8, c.).

Poco antes, el Aquinate sostiene que la sacra doctrina es ciencia dado que ella “saca sus conclusiones a partir de los principios evidentes por la luz de una ciencia superior, esto es, la ciencia de Dios y de los Santos” (S. Th. I, q. 1, a. 2) y que nada impide “que unas mismas cosas entren dentro del campo de las materias filosóficas siendo conocidas por la simple razón natural, y, al mismo tiempo, dentro del campo de otra ciencia cuyo modo de conocer es por la luz de la revelación divina” (S. Th. I, q. 1, a. 2, ad 2).

Así es como puede apreciarse el carácter genuinamente doctrinal del Magisterio de la Iglesia en materia social. A partir de lo enseñado por Santo Tomás se concluye en la robustez que posee la Doctrina Social de la Iglesia en la cual se integran los principios naturales y sobrenaturales del conocimiento, por una parte, y la adecuada inter-relación o interdisciplinariedad de los diversos saberes complementarios a la cabeza de los cuales se ubica la teología, por otra. Robustez que se potencia al ponerse la teología al servicio de la Palabra de Dios (la primera Sacra Doctrina) y del Magisterio de la Iglesia (la depositaria y defensora de la Revelación divina) y, mediante la teología, los otros saberes humanos.

Fuente: Religión en libertad

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