Carla, la monja que rescata mujeres de la prostitución: «Encuentro fuerza en la oración»
A sus 64 años, la religiosa Carla Venditti, fundadora del Oasis Madre Clelia, enfrenta a las mafias con el Evangelio para ofrecer luz y esperanza a las víctimas de la explotación
Carla Venditti, de las Apóstoles del Sagrado Corazón de Jesús, vive en Avezzano (Italia) y es conocida como la
En Italia, miles de mujeres son víctimas cada año del crimen organizado con fines de explotación sexual. La trata de blancas es consolidada por la mafia local y se incrementa conforme también lo hace la inmigración, proliferando organizaciones criminales de explotación sexual de origen nigeriano, entre otras. La policía organiza redadas y desarticula las mafias, pero no siempre puede atender a las víctimas. Consciente de ello, la hermana Carla Venditti, de 64 años, se adentra en la noche italiana desde 2017, armada con el Evangelio, dispuesta a enfrentar las mafias y rescatar de ellas a mujeres, jóvenes y niñas. Conocida por su labor, las víctimas esperan su llegada.
En una reciente entrevista concedida a Il Centro, la religiosa recuerda su ingreso en el convento de las Apóstoles del Sagrado Corazón en 1981, tras un proceso vocacional estelar de entre uno y dos años.
Venditti se dedicó al servicio y la educación durante años, hasta que en 2015 descubrió que albergaba “un don dentro del don” de su vocación religiosa. Fue durante una misión comunitaria en Avezzano cuando un sueño “se hizo realidad”.
“Me di cuenta de que los menos afortunados eran invisibles. Especialmente las niñas explotadas, las obligadas a vivir en la calle, eran marginadas. Empezamos a ayudarlas con gran alegría, pero no teníamos un lugar físico donde acogerlas. Las apoyamos, pero también nos pedían un techo”, relata.
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Comenzar su labor de rescate y ayuda y ser conscientes de que las víctimas necesitaban un hogar fue la semilla de lo que hoy es el Oasis Madre Clelia, así llamado en honor a la fundadora de la congregación, y que acaba de cumplir ocho años con sus puertas abiertas.
Algo que reitera la religiosa es la consideración del Oasis como una familia en la que todos aportan algo.
“Hay diálogo y comprensión; nos ayudamos mutuamente, como sucede en todas las familias. Es increíble que la hija de dieciséis años de uno de nuestros huéspedes, hablando en la escuela, considere a nuestro Oasis su familia. No somos solo nosotras las que les damos algo, sino que ellas nos dan algo a nosotras: aprendemos paciencia, respeto y amor”, celebra Venditti.
Llegado un punto, dice, “sentimos que hacía falta más, y creamos una familia, no un albergue. Es importante escuchar el grito de Cristo en la Cruz para ayudar a quienes, como estas niñas, experimentan sufrimiento físico y mental”.
Actualmente son ocho las residentes en el Oasis, cada una con una historia de violencia, oscuridad y esperanza gracias a una religiosa que, armada con el Evangelio, admite no tener miedo incluso en las madrugadas más adversas.
'Sound of freedom' (2023), de Alejandro Monteverde, con Jim Caviezel y Eduardo Verástegui. Una película que hay que ver. Sin sexo ni violencia, pero muy dura porque denuncia el mal más aberrante: corromper la inocencia de los niños.
«Sound of freedom»: tienes que verla sí o sí
El peligro, cara a cara
“Salir de noche y volver a las tres de la mañana es arriesgado, la verdad”, confiesa la hermana, conocedora de que en ese momento y lugar no predominan las buenas intenciones.
Y si embargo, dice, “no tengo miedo”.
“Intentamos evitar situaciones peligrosas, aunque la otra noche tuvimos un episodio desagradable con una persona con problemas mentales, pero logramos subirnos al coche enseguida e irnos”, relata. “Nunca voy sola. El peligro a menudo no viene de quienes ayudamos, sino de quienes frecuentan esos entornos, rodeados de drogas y problemas de salud mental”.
La religiosa abunda en la descripción de cómo es cada noche de rescate acompañada por otras religiosas y voluntarias, buscando crear en todo momento un entorno de familia más que de tutela. Recorren las calles más difíciles por la noche y, al acercarse a las niñas, se busca “crear una relación sincera y abierta, basada sobre todo en la amistad y la confianza”.
"Llevar luz y esperanza te cambia por dentro"
Una de las más estrechas colaboradoras de Venditti es la hermana Lucía Soccio, de la misma orden, que lleva acompañándola durante una década y espera con ansias los viernes por la noche para poder entrar en el mundo de la vida nocturna.
“Llevar luz, amor y esperanza a lugares donde es difícil hablar de estas cosas es una misión muy profunda que te cambia desde dentro”, dijo Soccio a Catholic News Agency.
Uno de los detalles que más destaca es que no todas las víctimas están dispuestas a aceptar ayuda. Las que sí lo están son llevadas al Oasis, donde reciben apoyo. Sin embargo, esa familiaridad que busca Venditti es clave para dar un paso más allá de la ayuda inmediata.
Rodaje de "Si todas las puertas se cierran", cuyo estreno está previsto para 2023.
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La caridad es el motor, Dios es el sentido
“La invitación a cambiar de vida llega sólo después de muchos encuentros en los que se forjan amistad y confianza”, explica Soccio. Venditti agrega su elección de “ser una familia para quienes acuden a nosotros, y por eso todo es más exigente. Comencemos de nuevo con amor: este es el motor de nuestra misión”.
Si el motor es la búsqueda de la restauración en la familia del Oasis, lo que le da un sentido más profundo, dice la religiosa, “es saber que lo hacemos por Dios. Cada día entregamos nuestra vida sencilla para dar fuerza a quienes no la tienen”.
“Las víctimas esperan nuestra llegada”
Tras años analizando posibles riesgos o amenazas, las religiosas ya saben dónde se encuentran las víctimas y dónde rescatarlas. También ellas, que incluso esperan su llegada.
Sobre todo, en Roma, precisa la monja, consciente de que su labor ya no es ningún secreto. “Todos conocemos las zonas más concurridas. Se ha corrido la voz de nuestra presencia entre ellos también que saben que estamos allí y que podemos ayudarlas”.
El contacto se da generalmente con ayuda material. Por ejemplo, la de los viernes, cuando la religiosa y voluntarios les dan comida y suministros. Explica que muchas veces las víctimas solo buscan consuelo, pero también ser escuchadas o directamente auxilio y hogar.
“O como yo, o come mi hija”
Preguntada por el caso más destacado en sus ocho años de trayectoria, Venditti habla de una joven que ha recuperado la confianza. “Fue víctima de violencia, con dos hijos, uno de ellos autista, que antes tenía miedo de cualquier contacto. Ahora, sin embargo, se ha recuperado, cuida de sus hijos y se mantiene en contacto con nosotros”, relata.
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Preguntada por la evolución de la joven, la religiosa detalla que hoy ayuda a otras víctimas como lo fue ella en su día. Especialmente “con una mujer nigeriana que no tenía nada… Estaba sola, mendigando frente a los supermercados para alimentar a su hija, hasta que terminó en el hospital. Cuando le pregunté qué había pasado, por qué estaba hospitalizada, respondió: o como yo o come mi hija. No podíamos permitirlo, tuvimos que intervenir. Gracias a la ayuda del padre Gabriele Guerra, párroco de Celano, encontramos alojamiento temporal”.
“Solo en la oración encuentro la fuerza”
En último término, la fe y la transformación es lo que más hace crecer el Oasis, tanto en las víctimas como en la propia Venditti.
A las primeras, la religiosa les repite que “Dios no abandona a sus hijos”, y que juntas deben “tener la fuerza y el coraje de confiar, saber que el cielo no siempre estará nublado, y abrazar las nuevas posibilidades que Dios nos da”.
De las muchas historias que surgen del Oasis, lo que más le impacta a la religiosa es la transformación de sus rostros y vidas, que describe como el paso “de la desesperación a la serenidad”.
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En declaraciones a los medios, la fundadora del Oasis Madre Clelia admite que su fe se ha fortalecido desde que acompaña a las víctimas. “Me ayudan a vivirla porque, después de todo, ¿cómo podemos vivir el Evangelio si no nos confrontamos con los demás, con las debilidades y fragilidades de nuestros hermanos y hermanas?”, plantea.
Sin embargo, admite que, en ocasiones, también debe buscar fuerzas para seguir.
“Solo la encuentro en la oración. En el Oasis Madre Clelia, hemos invertido en la oración y ha dado frutos. Es allí donde encontramos la fuerza para nunca desanimarnos. El Señor transforma mi vida diaria en confianza, y soy feliz”, agrega.
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